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martes, 8 de junio de 2010

La mortífera obcecación israelí


Es poco probable que el declive de la reputación de Israel desde el brutal ataque a la flotilla de Gaza influya en los dirigentes del país

08-06-2010
Ilan Pappé
The Independent
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

En los puestos más altos de los sistemas político y militar de Israel están dos hombres, Ehud Barak y Benjamin Netanyahu, los cuales están detrás del brutal ataque contra la flotilla a Gaza que conmocionó al mundo aunque parece que el público israelí aclamó como un acto de pura defensa propia.

Aunque proceden de la izquierda (el ministro de Defensa Barak del Partido Laborista) y de la derecha (el primer ministro Netanyahu del Likkud) de la política israelí, su idea de Gaza en general y de la flotilla en particular está conformada por la misma historia y por una idéntica visión del mundo.

En una época Ehud Barak era el oficial al mando de Benjamin Netanyahu en el equivalente israelí a las SAS*. Más precisamente, sirvieron en una unidad similar a la enviada a atacar el barco turco la semana pasada. Otros miembros dirigentes de la elite política y militar israelí comparten su percepción de la realidad en la franja de Gaza y el electorado israelí lo apoya ampliamente.

Y es una percepción simple de la realidad: a pesar de ser el único gobierno en el mundo árabe elegido democráticamente por el pueblo, Hamás tiene que ser eliminado como fuerza militar tanto como política. No sólo porque continúan la lucha contra los cuarenta años de ocupación israelí de Cisjordania y Gaza lanzando cohetes primitivos contra Israel, la mayoría de las veces en represalia por el asesinato por parte de Israel de sus activistas en Cisjordania. Fundamentalmente se debe a su oposición al tipo de “paz” que Israel quiere imponer a los palestinos.

Por lo que se refiere a la elite política israelí, la paz forzada no es negociable y ofrece a los palestinos un control y soberanía limitados en Gaza y partes de Cisjordania. Se piden a los palestinos que abandonen su lucha por la autodeterminación y la liberación a cambio del establecimiento de tres pequeños bantustanes bajo un férreo control y supervisión israelíes.

Sin embargo, la idea oficial en Israel es que Hamás es un obstáculo formidable para la imposición de esta paz. Y de este modo su estrategia declarada es muy sencilla: matar de hambre y estrangular hasta la sumisión al millón y medio de palestinos que viven en el espacio más densamente poblado del mundo.

Se supone que el bloqueo impuesto en 2006 llevaría a los gazatíes a sustituir el actual gobierno palestino por otro que acepte los dictados de Israel, o al menos forme parte de la más aletargada Autoridad Palestina en Cisjordania. Mientras tanto, Hamás capturó a un soldado israelí, Gilad Shalit, con lo que el bloqueo se hizo más férreo. Se convirtió en una prohibición de los artículos más elementales sin los cuales a un ser humano le resulta difícil sobrevivir. Debido a la falta de comida y de medicinas, a la falta de petróleo y de cemento, los gazatíes viven en unas condiciones que los organismos y agencias internacionales consideran catastrófica y criminal.

Al igual que en el caso de la flotilla, hay vías alternativas para liberar al soldado cautivo, como cambiar a los miles de presos políticos que tiene Israel por Shalit. Muchos de ellos son niños y unos cuantos permanecen en prisión sin haber sido juzgados. Los israelíes han dado largas a las negociaciones sobre este intercambio, que no es probable que madure en un futuro inmediato.

Pero Barak y Netanyahu, y quienes están en torno a ellos, saben demasiado bien que el bloqueo a Gaza no va a producir ningún cambio en la postura de Hamás y se debería dar crédito a las palabras del primer ministro [británico], David Cameron, quien señaló en las Preguntas al Primer Ministro** de la semana pasada que, de hecho, la política israelí fortalece más que debilita el control de Hamás. Pero a pesar de su objetivo declarado, esta estrategia no va a tener éxito o al menos a nadie en Jerusalén le preocupa si sigue sin dar frutos y ser inútil o no.

Se podría pensar que el drástico declive de la reputación internacional de Israel provocaría una nueva forma de pensar en sus dirigentes. Pero las respuestas al ataque contra la flotilla durante los últimos días indican claramente que no hay esperanza de que haya ningún cambio significativo en la postura oficial. Un firme compromiso de continuar con el bloqueo y un recibimiento como héroes a los soldados que piratearon el barco en el Mediterráneo muestran que la misma política va a continuar durante mucho tiempo.

No es sorprendente. El gobierno Barak-Netanyahu-Avigdor Lieberman no conoce ninguna otra manera de responder a la realidad en Palestina e Israel. Para estos políticos el único rumbo posible es el uso de la fuerza brutal para imponer su voluntad y una frenética maquinaria de propaganda que lo describe como defensa propia al tiempo que demoniza a la medio muerta de hambre población de Gaza y a quienes acuden en su ayuda calificándolos de terroristas. Las terribles consecuencias en muertes humanas y en sufrimiento no les preocupan ni tampoco la condena internacional.

A diferencia de la declarada, la estrategia real es continuar con esta situación. Mientras la comunidad internacional sea complaciente, el mundo árabe impotente y se contenga a Gaza, Israel puede tener todavía una economía próspera y un electorado que contempla el dominio del ejército en sus vidas, el continuo conflicto y la opresión de los palestinos como la realidad exclusiva de la vida pasada, presente y futura en Israel. Recientemente los israelíes humillaron al vice-presidente estadounidense Joe Biden cuando anunciaron la construcción de 1.600 nuevas viviendas en el polémico distrito de Ramat Shlomo de Jerusalén el mismo día que Biden llegaba para tratar de congelar la política de las colonias. Pero el actual apoyo incondicional estadounidense a la última acción israelí hace que los dirigentes israelíes y su electorado se sientan justificados.

Sin embargo, sería erróneo asumir que el apoyo estadounidense y la débil respuesta europea a las criminales políticas israelíes como la que se lleva a cabo en Gaza son la razón principal de los prolongados bloqueo y estrangulamiento de Gaza. Lo que probablemente es más difícil de explicar a los lectores del mundo es lo profundamente arraigadas que están en la mentalidad y en la psique israelíes dichas percepciones y actitudes. Y también es difícil comprender lo diametralmente opuestas que son, por ejemplo en Reino Unido, las reacciones comunes ante estos acontecimientos a la emociones que suscita dentro de la sociedad judía israelí.

La respuesta internacional se basa en la asunción de que más concesiones palestinas futuras y un continuo diálogo con la elite política israelí producirán una nueva realidad sobre el terreno. El discurso oficial en occidente es que una solución muy razonable y alcanzable está a la vuelta de la esquina si todas las partes hicieran un esfuerzo final: la solución de los dos Estados.

Nada está más lejos de la realidad que este optimista escenario. La única versión de esta solución que es aceptable para Israel es la que nunca podrían aceptar ni la dócil Autoridad Palestina en Ramala ni el más firme y enérgico Hamás en Gaza. Es una oferta de encarcelar a los palestinos en enclaves sin Estado a cambio de acabar con su lucha.

Así pues, incluso antes de discutir una solución alternativa (un sólo Estado democrático para todos, solución que yo apoyo) o bien antes de explorar un acuerdo más plausible de dos Estados, hay que transformar fundamentalmente la manera de pensar israelí tanto pública como oficial. Esta mentalidad es la principal barrera para una reconciliación pacífica en la desgarrada tierra de Israel y Palestina.

* N de la t.: Special Air Service, es un regimiento de fuerzas especiales británicas que ha servido como modelo a las fuerzas especiales de otros países.

** N. de la t.: Se trata de una convención constitucional en el Reino Unido que consiste en que cada miércoles el primer ministro responde durante media hora a las preguntas de los parlamentarios en la Cámara de los Comunes.

El profesor Ilan Pappé dirige en Centro Europeo de Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter y es autor de La limpieza étnica de Palestina, Barcelona, Crítica; traducido por Luis A. Noriega Hederich
Fuente: http://www.independent.co.uk/opinion/commentators/ilan-papp-the-deadly-closing-of-the-israeli-mind-1992471.ht

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domingo, 23 de mayo de 2010

La desposesión del pueblo palestino iniciada con las matanzas y expulsiones de 1948 prosigue hoy con el cerco de Gaza y la 'judaización' de Jerusalén y Cisjordania

Todo obedece a un plan de 'limpieza étnica'

A medida que pasan los años resulta cada vez más evidente que el mayor desafío al que debemos enfrentarnos es el triste hecho de que la Nakbah no ha terminado. Y cuando digo "debemos" me refiero a todos aquellos que individualmente o como miembros de algún colectivo hemos aceptado la responsabilidad de mostrar al mundo nuestra solidaridad con el pueblo palestino y nuestra determinación de poner fin a su opresión. De explicar y presentar la catástrofe de 1948 como un proyecto de desposesión de todo un pueblo que no ha terminado todavía y que si no hacemos algo para detenerlo -cosa que aún no hemos logrado- alcanzará, ineludiblemente, sus últimas y siniestras metas

Ilan Pappe
El País, 18 de mayo de 2010

A medida que pasan los años resulta cada vez más evidente que el mayor desafío al que debemos enfrentarnos es el triste hecho de que la Nakbah no ha terminado. Y cuando digo "debemos" me refiero a todos aquellos que individualmente o como miembros de algún colectivo hemos aceptado la responsabilidad de mostrar al mundo nuestra solidaridad con el pueblo palestino y nuestra determinación de poner fin a su opresión. De explicar y presentar la catástrofe de 1948 como un proyecto de desposesión de todo un pueblo que no ha terminado todavía y que si no hacemos algo para detenerlo -cosa que aún no hemos logrado- alcanzará, ineludiblemente, sus últimas y siniestras metas.

Recientemente hemos sido testigos de un cambio de actitud en algunos países occidentales, incluyendo a los Estados Unidos. No obstante, ninguna de las élites emergentes parece tener el mínimo interés en enfrentarse a Israel o a sus atroces políticas. Sin embargo, y a diferencia de sus gobernantes, la opinión pública de estos mismos países ha dado muestras de comprender mucho mejor la situación y de estar dispuesta, además, a enfrentarse a ella.

Ahora bien, nada de esto es suficiente cuando los principales medios de comunicación continúan considerando, en el mejor de los casos, la Nakbah como una simple disputa iniciada allá por 1967 entre dos contendientes iguales y, en el peor, como un problema menor que conviene delimitar evitando en todo caso que vaya a más, pero sin ninguna intención de resolverlo.

Hay que reconocer que nuestra tarea no resulta fácil debido, principalmente, al extraordinario éxito que obtuvieron en su día (1948) las maniobras de desposesión llevadas a cabo por el Estado de Israel al ocupar el 80% de la tierra palestina consiguiendo expulsar, de esta forma, a más de la mitad de la población autóctona. Gracias a la magnitud de estas drásticas operaciones, sus responsables pueden hoy permitirse -e implementar- toda clase de políticas genocidas con el único objetivo de dar fin a la limpieza étnica, sustituyendo así a la población palestina eliminada durante los días de la Nakbah.
Es por eso por lo que debemos, y podemos, encontrar la manera más efectiva de hacer entender al mundo la relación existente entre la destrucción en 1948 de 531 pueblos y 11 ciudades y la demolición en 2010 de las casas palestinas de Jerusalén, cuyos propietarios, en buen número, fueron seguramente en su día víctimas también de la limpieza étnica perpetrada por Israel en 1948.

Quizá para convencer a los lectores de lo que en verdad sucedió sería bueno explicar brevemente la destrucción de 64 de esas 531 aldeas y cómo se desarrolló el drama que condujo a la casi completa aniquilación de la Palestina rural. Estas aldeas se encontraban en el área situada entre las ciudades costeras de Tel Aviv y Haifa. Una de las brigadas de la Haganá, la Alexandroni, se encargaba de la misión de judaizar esta parte de Palestina. Desde finales de abril hasta finales de julio de 1948, en casi todas las aldeas se repetiría la misma lúgubre escena. Soldados israelíes armados rodeaban la aldea por tres lados y obligaban a huir a la población por el otro. En muchos casos, si las gentes se negaban a abandonar la aldea, los llevaban a la fuerza en camiones hasta Cisjordania. En algunas de estas aldeas había voluntarios árabes que se resistían, así que cuando las tropas tomaban la aldea la destruían inmediatamente con explosivos.

El 14 de mayo, el día en que se declaró el Estado judío, ya habían desaparecido 58 aldeas. Quedaban seis. Tres de ellas, Jaba', Ijzim y Ein Ghazal, serían arrasadas en julio. Dos, Fureidis y Jisr al-Zarqa, a unos 35 kilómetros al sur de Haifa, siguen todavía en pie. Ambas proporcionan mano de obra barata a los viejos asentamientos judíos de Zichron Yaacov y Binyamina, y por eso se salvaron.

Tantura, la más grande de las citadas seis aldeas restantes, quedó en medio de territorio judío, como "una espina en la garganta", en palabras de la historia oficial de la guerra de la brigada Alexandroni. El 23 de mayo le llegaría su turno. Oficiales de la inteligencia judía ofrecieron a dos o tres notables, incluido el mukhtar (el alcalde), ciertas condiciones para que se rindiese. Esas condiciones fueron rechazadas sospechando, al parecer con razón, que una rendición sería sólo el paso previo antes de la expulsión. La noche del 22 de mayo atacaron el lugar por cuatro lados. Buena parte de la población quedó en manos de la fuerza ocupante. Después, los cautivos fueron trasladados a la playa. Allí se separó a los hombres de las mujeres y los niños, a los que se obligó a marchar hasta la cercana Fureidis; algunas familias lograron reunirse 18 meses después. La brigada Alexandroni y otras fuerzas judías asesinaron a 200 hombres entre los 13 y los 30 años. Sólo la venganza, así como el deseo consciente de matar a varones en edad de combatir, explican los motivos de esta masacre.

En Galilea y el Neguev, así como en la llanura costera, otras brigadas israelíes utilizaron estrategias similares para judaizar el nuevo Estado. El sistema consistía, primero, en aterrorizar a la población, ejecutar a unos cuantos para inducir a otros a abandonar el lugar y pedir entonces a un comité oficial que valorase la tierra y las propiedades de las aldeas o de los barrios desiertos.

De manera que sí, es esencial que encontremos la forma de explicar a las buenas gentes de este mundo que la ideología que respaldó en 1948 la masacre de miles de palestinos inocentes es la misma que justificaría años después (enero de 2009) la matanza de 1.400 palestinos en Gaza.

Y hemos de advertir también que es esta misma ideología la que convierte a todos los palestinos, ellos y ellas y allá donde estén, en objetivos potenciales de las próximas etapas de desposesión que el Estado de Israel tiene intención de llevar a cabo: beduinos de la zona de Naqab amenazados por nuevas expulsiones y por la guetización de sus reservas y enclaves; la población de Gaza que vive bajo la constante amenaza de brutales ataques por parte del ejército israelí, enfrentada al hambre y a una muerte lenta; palestinos residentes en el área del Gran Jerusalén, habitantes de unas zonas condenadas a su desaparición por los planes políticos y urbanísticos de las autoridades encaminados a conseguir una ciudad por completo desarabizada; y, también, los palestinos de Muthalath, Wadi Ara, Jaffa, Ramleh, objetivos directos de una miserable política de judeización que acabará privándoles de sus medios de subsistencia, de sus derechos elementales y de toda calidad de vida, sin olvidar tampoco los palestinos de los campos de refugiados de Líbano y Siria: ninguno de ellos se encuentra a salvo del último empujón sionista a un proyecto que se inició en 1882 y que pretende someter, también por la fuerza, a los países árabes vecinos.

Las presiones contra todos estos grupos se van produciendo en lo que podríamos llamar "un goteo diario". Desde un punto de vista mediático, no resultan llamativas ni son tampoco lo suficientemente dramáticas como para provocar un levantamiento.

Pero ha llegado la hora de darles un nombre, de hablar de ellas, de que todos reunamos nuestras energías y nos esforcemos en explicar que cada hora que pasa forma parte de un crimen organizado que dio comienzo en 1948 y que no tendrá fin hasta que consigamos que no vuelva a haber un solo refugiado más y que todos los expulsados en 1948 pueden regresar por fin a su país.
Y esta, no lo olvidemos, es una de las condiciones esenciales de un plan de paz verdaderamente justo y duradero.

Ilan Pappe, historiador israelí, preside el Departamento de Historia en la Universidad de Exeter y es codirector del Centro de Estudios Etno-Políticos de Exeter. En 2007 publicó The Ethnic Cleansing of Palestine. Traducción de Pilar Salamanca.

Fonte original:
http://www.elpais.com/

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