El Agente Michel Abdo Admite su Implicación en la Muerte de Awali
01/03/2010
Fuentes de seguridad dijeron a Al Manar el lunes que el agente Michel M. Abdo había admitido durante las investigaciones su implicación en el asesinato del mártir de la Resistencia, Galib Awali.
Las fuentes dijeron que un grupo del Mossad israelí se había reunido con el mencionado agente en su casa, donde se planeó el asesinato de Awali.
Entretanto, una fuerza militar detuvo a un residente de Trípoli, en el norte de Líbano, bajo la sospecha estar colaborando con el Mossad israelí. El sospechoso, Yaudat H. fue sometido a un interrogatorio.
Según el diario libanés As Safir, el arresto del hombre fue posible gracias a la información obtenida de otros sospechosos, que fueron detenidos en el pasado bajo la sospecha de colaborar con el enemigo israelí y apuntaron a la implicación de Yaudat H. El sospechoso estuvo bajo vigilancia hasta que fue finalmente arrestado el pasado domingo por la Inteligencia militar libanesa.
El sospechoso fue detenido en su vivienda, donde según informes, los militares descubrieron varios pasaportes que fueron utilizados para viajar a Chipre y otros destinos. As Safir también informó que un ordenador portátil y varios equipos avanzados de telecomunicaciones fueron hallados en su apartamento, incluyendo un dispositivo que estaba oculto en una caja y que fue utilizado para la comunicación por radio con aviones.
Los informes también revelaron que el sospechoso, que comerciaba con repuestos de coches, tiene a varios miembros de su familia sirviendo en el Ejército libanés, incluyendo un pariente que es un oficial de alto rango. Algunos conocidos de Yaudat H. dijeron que su situación financiera parecía muy buena últimamente y que poseía varios coches de lujo.
fuente:http://www.almanar.com.lb/NewsSite/NewsDetails.
martes, 2 de marzo de 2010
Un día tras otro, más redes israelíes “se colapsan” y más “secretos” son descubiertos...
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Tras una investigación, Sudáfrica deporta a un oficial de las líneas aéreas israelíes
¿Se han infiltrado los espías israelíes en los aeropuertos internacionales?
25-11-2009
Jonathan Cook
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
La semana pasada Sudáfrica deportó a un oficial de las líneas aéreas israelíes después de que se acusara al Shin Bet, la policía secreta de Israel, de haberse infiltrado en el aeropuerto internacional de Johannesburgo en un intento de recoger información sobre determinados ciudadanos sudafricanos, especialmente en el caso de viajeros negros y musulmanes.
La decisión del gobierno sudafricano se produjo tras una investigación llevada a cabo por la TV local en la que se mostraba cómo un periodista encubierto era ilegalmente interrogado por un oficial de El Al, la compañía de bandera de Israel, en una zona pública del aeropuerto de Tambo OR de Johannesburgo.
El programa ofrecía asimismo el testimonio de Jonathan Garb, un ex guardia de El Al, quien afirmaba que la compañía aérea era desde hacía muchos años una tapadera del Shin Bet en Sudáfrica.
Sobre la secuencia grabada del interrogatorio al periodista encubierto, Garb comentaba: “Aquí, en Sudáfrica, hay un servicio secreto que actúa por encima de la ley. Engañamos a todo el mundo. Hacemos exactamente lo que nos da la gana. Las autoridades locales no saben lo que estamos haciendo”.
Se ha sabido que el ministerio israelí de asuntos exteriores tuvo que enviar un equipo a Sudáfrica para intentar calmar la crisis diplomática abierta después de que el gobierno de Johannesburgo amenazara con deportar a todo el personal de la seguridad de El Al.
Las acusaciones del Sr. Garb se han visto apoyadas por una investigación llevada a cabo por el regulador para las industrias de seguridad privadas de Sudáfrica.
Grupos de derechos humanos en Israel han confirmado asimismo que el personal de seguridad israelí está realizando una serie de perfiles discriminatorios en base a la raza en muchos aeropuertos del mundo, al parecer sin que las autoridades locales tengan conocimiento alguno de sus actividades.
En Sudáfrica, la preocupación por las actividades del personal de El Al ha ido creciendo desde agosto, cuando el principal programa sudafricano de periodismo de investigación, Carta Blanca, trató de forma encubierta de probar las acusaciones del Sr. Garb.
Un cámara escondido captó cómo un oficial de El Al, situado en el vestíbulo de Salidas, afirmaba pertenecer a la “seguridad del aeropuerto” y le pedía al periodista encubierto que le entregara su pasaporte o tarjeta de identidad como parte de las actuaciones exigidas por la “normativa del aeropuerto”. Cuando el periodista protestó diciendo que no iba a volar sino que esperaba a un amigo, el gerente de la seguridad de El Al, identificado como Golan Rice, se acercó para interrogarle. El Sr. Rice le advirtió entonces que se encontraba en una zona restringida y que debía marcharse.
El Sr. Garb comentó en el programa: “Estamos entrenados para buscar la amenaza inmediata: el tipo musulmán. Puedes pensar que es un terrorista suicida, que está recogiendo información. Lo demencial es que estamos discriminando a la gente en virtud de razones raciales, étnicas e incluso religiosas… Eso es lo que hacemos”.
El Sr. Garb y otros dos trabajadores despedidos dijeron a los medios sudafricanos que los agentes del Shin Bet detienen rutinariamente a pasajeros negros y musulmanes, una afirmación que ha encendido la controversia en una sociedad que aún sufre el legado de décadas de gobierno de apartheid.
A los individuos sospechosos, dicen los ex trabajadores, les llevan a una habitación aneja, donde les interrogan, a menudo sobre asuntos que no tienen nada que ver con la seguridad del aeropuerto, e incluso les cachean mientras llevan su equipaje a otro lugar. También se realizan registros clandestinos de sus pertenencias y portátiles tratando de identificar documentos e informaciones útiles.
Todo esto se hace violando la ley sudafricana, que sólo autoriza a la policía, a las fuerzas armadas o al personal designado por el ministro de transportes a llevar a cabo tales registros.
Los ex trabajadores acusan también a El Al de introducir armas –con autorización de la embajada local israelí- por el aeropuerto para uso de sus agentes secretos.
El Sr. Garb hizo público después que le despidieron por haber dirigido una campaña para conseguir mejores salarios y beneficios médicos para el personal de El Al.
Un judío sudafricano ofreció también su testimonio declarando que el Shin Bet le había reclutado hacía diecinueve años. “Fuimos entrenados en un campo secreto [en Israel], el mismo en el que se entrenan las fuerzas especiales israelíes y te enseñan a utilizar revólveres, metralletas y cómo actuar en combates sin armas”.
Añadió que le asignaron a la “seguridad armada” a principios de la década de 1990. “La seguridad armada tiene que ser secreta, tienes que llevar un arma o un revólver y, aunque suene demencial, en aquella época llevábamos maletines Samsonite con una ametralladora Uzi dentro”.
El Sr. Garb afirmó haber hecho para Israel, a lo largo de los últimos veinte años, el perfil de unas 40.000 personas, incluyendo recientemente el de Virginia Tilley, una experta en Oriente Medio que es la investigadora-jefe del Consejo de Investigación de Ciencias Humanas de Sudáfrica. El think tank publicó recientemente un informe acusando a Israel de apartheid y colonialismo en los territorios palestinos.
“La decisión que nos llegó es que había que investigarla de la forma más dura posible debido a sus conexiones”, dijo el Sr. Garb.
La Sra. Tilley confirmó que el personal de El Al la había detenido en el aeropuerto y la había separado de su equipaje. El Sr. Garb manifestó que, durante ese período, un agente “fotocopió toda su documentación y después la remitió a Israel”. Piensa que para uso del Shin Bet.
Los oficiales israelíes se negaron a comentar estas acusaciones. Una carta presentada por el Sr. Garb –firmada por Roz Bukris, el administrador general de El Al en Sudáfrica- sugiere que fue el Shin Bet quien le empleó y no la línea aérea. El Sr. Bukris, según el programa televisivo, se negó a confirmar o negar la validez de la carta.
La Embajada israelí en Sudáfrica declinó discutir las pruebas que indicaban que, más que El Al, eran ellos quienes habían autorizado que los administradores de seguridad de la línea aérea utilizaran armas. La pasada semana, al peguntarle Ynet, el mayor portal de noticias de Israel, a Yossi Levi, portavoz del ministerio israelí de asuntos exteriores, sobre la deportación del oficial de la línea aérea, contestó que no podía “hacer comentarios sobre asuntos de seguridad”.
Un informe publicado en 2007 por dos organizaciones israelíes para los derechos humanos, la Asociación Árabe para los Derechos Humanos, con sede en Nazaret, y el Centro contra el Racismo, halló que el personal de la línea aérea israelí ejercía la discriminación racial en la mayoría de los aeropuertos más importantes del mundo al someter a pasajeros árabes y musulmanes a un trato discriminatorio y degradante, vulnerando tanto el derecho internacional como las leyes del país anfitrión.
“Nuestra investigación mostró que los controles efectuados por El Al en aeropuertos internacionales tenían todos ellos la marca de los interrogatorios del Shin Bet”, dijo Mohammed Zeidan, el director de la Asociación para los Derechos Humanos. “Normalmente, las preguntas se referían menos a la seguridad del vuelo y eran más un intento de reunir información sobre las actividades o simpatías políticas de los pasajeros”.
Los grupos para los derechos humanos se dirigieron a cuatro aeropuertos internacionales –Nueva York, París, Viena y Ginebra-, donde diversos pasajeros se habían quejado de haber sido sometidos a un trato discriminatorio, para preguntar bajo qué autoridad estaban actuando los servicios israelíes de seguridad. Los primeros dos aeropuertos se negaron a responder, mientras que en los de Viena y Ginebra dijeron que no era posible supervisar los procedimientos de El Al.
“Es sorprendente que esos países no hagan esfuerzo alguno para supervisar las acciones que el personal israelí de seguridad lleva a cabo en su territorio, especialmente a la luz de los procedimientos discriminatorios y humillantes que aplican”, afirma el informe.
Jonathan Cook es escritor y periodista. Vive en Nazaret, Israel. Sus libros más recientes son: Israel and the Clash of Civilizations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (Pluto Press) y Disappearing Palestina: Israel’s Experiments in Human Despair (Zed Books).
Su página en Internet es: www.jkcook.net. La versión original de este artículo apareció publicada en The National, en Abu Dhabi (www.thenational.ae).
Fuente:
http://www.counterpunch.org/cook11232009.html
sábado, 24 de octubre de 2009
En la revista Foreign Policy: El espía Larry Franklin, condenado a 10 meses, explica su plan para derrocar al Gobierno iraní
23 de octubre de 2009
Jean-Guy Allard
Larry Frankin, el espía condenado a 10 meses de prisión domiciliaria por haber entregado a Israel miles de documentos secretos del Pentágono, explica en la última edición de la conocida revista Foreign Policy su plan para derrocar el gobierno de Iran.
Lawrence "Larry" Franklin es uno de los espías más devastadores de la historia de Estados Unidos. Regaló al gobierno sionista de Israel miles de documentos ultra-secretos sacados directamente del sistema informático del Pentágono.
En un texto titulado My Secret Plan to Overthrow the Mullahs (Mi plan secreto para derrocar a los Mullahs), Franklin expone detalladamente cual fue el plan que propuso a la administración de George W. Bush para derrocar al actual gobierno de la República Islámica de Irán.
La palabra mollah (del persa mollā) designa en Irán a los sacerdotes de fe islámica.
En su texto, sin ningún escrúpulo, este ex funcionario del Pentágono entra en cada aspecto de su proyecto maquiavélico para acabar con el gobierno legítimo de Irán, desde el reconocimiento por EE.UU. de un “gobierno en exilio” ubicado en una región fronteriza “de herencia pérsica” hasta poner en relieve “casos” de violación de derechos humanos, al ritmo de “uno por día”.
Su plan que se parece en todo a la formula usada decenas de veces contra países cuya soberanía molesta al imperio, prevé el “congelamiento” de cuentas bancarias de dirigentes y la obstaculización sistemática de las transacciones financieras del país.
Poco innovador, el plan de Franklin sugiere el uso de la estrategia desarrollada en Polonia con el grupo Solidarność , con activistas que “entran y salen del país subrepticiamente”.
El espía Franklin, cuya sentencia se extiende – se supone – hasta abril y quien se encuentra teóricamente bajo control de las autoridades penitenciarias, prosigue así a lo largo de varias cuartillas la exposición de sus ideas injerencistas y subversivas sin que a los editores les parezca esto una anomalía.
De 12 años a 10 meses
En junio pasado, el juez T.S. Ellis, de la Corte de distrito de Alexandria, Virginia, decidió reducir la ya leve sentencia de 12 años de prisión que se le había impuesto a Franklin, a una simbólica sentencia de 10 meses de estancia en una casa de transición para ex reclusos.
El FBI sorprendió a Franklin con miles de documentos clasificados, escondidos en su casa, algunos fechados de varios años atrás, "una verdadera mina de secretos norteamericanos", según un investigador.
Más absurdo aún, en el país donde cinco cubanos acusados no de espiar, sino de “conspirar para espiar” y que nunca se apoderaron ni de la sombra de un secreto de estado, recibieron sentencias que alcanzaron hasta la perpetuidad: el Gobierno norteamericano abandonó los cargos de espionaje contra dos agentes israelíes que recogieron los secretos robados por Franklin, por cuenta del lobby isareli en la capital norteamericana.
Franklin trabajaba en la Oficina de los Planes Especiales, directamente bajo Paul Wolfowitz, colaborador emérito de los Bush, de siniestra reputación.
Descubrió el FBI que en su afán de complacer a sus clientes israelíes, el funcionario Franklin – que habla farsi - fue hasta organizar reuniones de “disidentes” iraníes en la oficina del Subsecretario de la Defensa Douglas Feith,
Con otro colega poliglota, Harold Rhode, el funcionario también contactó con la red del contrabandista de armas de reputación más que dudosa Manucher Ghorbanifar, conocida figura del escándalo Iran-Contra, involucrado en complots contra Teheran.
Esto ocurrió en el país donde cinco cubanoamericanos antiterroristas infiltrados en redes terroristas de Miami fueron arrestados a solicitud de congresistas de extrema derecha, por un oficial del FBI asociado a la fauna mafiosa de Miami, y enjuiciados en una ciudad dominada por esta misma mafia terrorista.
Se dedicaban a proteger las vidas de sus compatriotas y de los propios norteamericanos y recibieron, al total, nada menos que cuatro cadenas perpetuas más 75 años de cárcel.