Jueves 25 de febrero de 2010.
Josep Maria Antentas y Esther Vivas
Movimientos como La Vía Campesina son un una referencia internacional y un ejemplo de quienes desde el campo resisten al actual modelo de globalización capitalista en alianza con otros sectores sociales. La Vía ha sido uno de los principales actores en la crítica a la globalización emergida en los años 90 y ha tenido un protagonismo clave en el seno del movimiento altermundialista.
Un internacionalismo campesino emergente
La Vía Campesina nació en 1993, en los albores del movimiento altermundialista, y progresivamente se convertiría en una de las organizaciones de referencia en la crítica a la globalización neoliberal. Hoy, La Vía agrupa a unas 150 organizaciones de 56 países.
El ascenso de La Vía Campesina es la expresión de la resistencia campesina al hundimiento del mundo rural, provocado por las políticas neoliberales y la intensificación de las mismas con la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Sus orígenes se remontan a mediados de los años 80, cuando, coincidiendo con la Ronda de Uruguay del GATT, varias organizaciones campesinas realizaron importantes esfuerzos para internacionalizar el movimiento (Desmarais, 2007).
La Vía emergió como una alternativa más radical a la hasta entonces única estructura campesina internacional, la Federación Internacional de Productores Agrícolas (IFAP), creada en 1946, representante de los intereses de grandes propietarios, dominada por organizaciones del Norte y favorable a las políticas de liberalización y al diálogo con las instituciones internacionales.
La membresía de La Vía es bastante heterogénea, en términos de procedencia ideológica y de los sectores representados (sin tierra, pequeños campesinos…), pero todos coinciden en pertenecer a las franjas campesinas más pobres y golpeadas por el avance de la globalización neoliberal (Borras, 2004). Uno de sus logros más importantes ha sido el de superar, de forma bastante satisfactoria, la brecha entre los campesinos del Norte y del Sur, articulando una resistencia conjunta al actual modelo de liberalización económica.
Evitar tensiones internas y contradicciones de intereses ha requerido por su parte de un esfuerzo en la discusión de los temas conflictivos, para encontrar los equilibrios necesarios. A pesar de ello, han existido tensiones importantes como el protagonizado por Karnakata State Farmer’s Association (KRRS), en India, cuando se opuso a las campañas de reforma agraria debido a que su base social estaba formada por agricultores medios y bienestantes, activos en luchas contra los OGMs o el fast food pero con intereses de clase opuestos a los sin tierra y al pequeño campesinado (Bello, 2009).
Desde su creación, La Vía ha creado una identidad “campesina” politizada, ligada a la tierra y a la producción de alimentos, construida en oposición al actual modelo del agrobusiness y en base a la defensa de la soberanía alimentaria (Desmarais, 2007). La Vía encarna un nuevo tipo de “internacionalismo campesino” (Bello, 2009) que podemos conceptualizar como el “componente campesino” del nuevo internacionalismo de las resistencias representado por el movimiento altermundialista (Antentas y Vivas, 2009).
Las relaciones con las ONGs
Desde sus orígenes, la relación de La Vía Campesina con las ONGs ha sido un tema controvertido y marcado por la polémica. El desequilibro y las relaciones de poder (acceso a recursos económicos, técnicos, visibilidad mediática…) han constituido la base de tensiones y dificultades para el trabajo conjunto y de algunas desconfianzas por parte de las organizaciones campesinas (Desmarais, 2007).
En sus inicios, el proceso de constitución de La Vía conllevó conflictos y malentendidos con determinadas ONGs que trabajaban temas rurales, lo que empujó a los dirigentes campesinos a afirmar de forma muy celosa su propio espacio organizativo y político. La Vía se configuró como alianza de organizaciones populares campesinas, sin aceptar la membresía formal de ONGs en su seno. La voluntad era construir una herramienta internacional a través de la cual las y los campesinos hablaran por sí mismos, no una herramienta formada por organizaciones no campesinas que hablara en su nombre.
A pesar de estas complejas relaciones, una vez clarificado su espacio organizativo y político, La Vía Campesina ha establecido progresivamente acuerdos y alianzas concretas con algunas ONGs como Amigos de la Tierra o FoodFirst International Action Network (FIAN), con quien lanzó en 1999 la Campaña Global por la Reforma Agraria (Borras, 2004). En paralelo, La Vía empezó a participar y fomentar coaliciones con otras organizaciones en el marco del naciente movimiento altermundialista, especialmente después de las protestas contra la OMC en Seattle en noviembre de 1999, emergiendo como uno de sus actores más relevantes.
Campesinos altermundialistas
Una vez consolidada como proyecto internacional y definido su campo de intervención y su relación con otros actores como las ONGs, en un contexto marcado por el ascenso progresivo del movimiento altermundialista, La Vía se fue orientando hacia la búsqueda de alianzas con otras organizaciones, en particular en la lucha contra la OMC, sobretodo a partir de Seattle, participando en campañas internacionales como por ejemplo la red ¡Nuestro Mundo no Está en Venta! En las movilizaciones en Doha, Cancún y Hong Kong, los campesinos fueron uno de los actores más relevantes y visibles.
Detrás de esta política de alianzas estaba la comprensión de que la lucha campesina contra la agroindustria se inserta en un combate más amplio contra la globalización neoliberal y que la defensa de los intereses campesinos requiere el cuestionamiento del conjunto del modelo, que sólo puede ser revertido a través de amplias coaliciones y alianzas entre organizaciones y sectores sociales distintos.
La Vía participó desde el comienzo en el proceso del Foro Social Mundial (FSM), cuya primera edición se celebró en enero de 2001, formando parte de sus instancias organizativas, el Consejo Internacional y el Secretariado Internacional. Ha tenido una fuerte visibilidad durante los Foros, en los seminarios y paneles y en las manifestaciones.
La concepción del FSM que ha tenido La Vía ha sido siempre muy clara. El Foro tenía que ser un espacio orientado a la acción, ligado a los movimientos sociales reales y útil para los mismos. La Vía Campesina tuvo desde el comienzo la desconfianza de que los Foros pudieran convertirse en espacios de “turismo altermundialista”, para intelectuales y ONGs, y que al final acabaran desviando las energías organizativas que hay que poner en las luchas, en vez de ayudar a fortalecerlas. Por esta razón, desde bastante pronto fue partidaria de espaciar la frecuencia de los FSM a dos años, por ejemplo, y, al mismo tiempo, apostó por reforzar espacios como la Asamblea de Movimientos Sociales, que estructuran al sector más activista del Foro.
La implicación de La Vía en el proceso organizativo del FSM bajó con el tiempo y en los últimos años prefirió concentrarse en el impulso de campañas concretas frente a la OMC y algunas iniciativas propias como el Foro por la Soberanía Alimentaria de Nyéleni en 2007, en Malí. Un encuentro organizado conjuntamente con la Marcha Mundial de Mujeres, el Foro Mundial de los Pueblos Pescadores, entre otros, y que permitió fortalecer alianzas y sumar a nuevos actores en la lucha por la soberanía alimentaria.
Otro modelo alimentario para otro mundo
La principal aportación a La Vía Campesina a la crítica a la globalización neoliberal ha sido la denuncia del actual modelo agroindustrial y la defensa de otro sistema alimentario que tenga como eje central la soberanía alimentaria. Ésta no implica un retorno romántico al pasado, sino que se trata de recuperar el conocimiento y las prácticas tradicionales y combinarlas con las nuevas tecnologías y los nuevos saberes (Desmarais, 2007). No debe consistir tampoco, como señala McMichael (2006), en un planteamiento localista, ni en una “mistificación de lo pequeño” sino en repensar el sistema alimentario mundial para favorecer formas democráticas de producción y distribución de alimentos. Significa recuperar el control de la producción agrícola y alimentaria (devolverla a manos de las y los campesinos, pescadores, pastores, consumidores) y que los recursos naturales (la tierra, el agua y las semillas) estén en manos de los pueblos (Vivas, 2008).
La crítica al sistema agroindustrial dominante y la defensa de la soberanía alimentaria debe ser un eje central de lucha tanto del movimiento altermundialista como de cualquier proyecto anticapitalista que denuncie los intentos de buscar una salida pro-capitalista a la crisis contemporánea. Otro mundo requiere otro modelo de alimentación. Basta recordar, como señala La Vía Campesina, que hoy “comer se ha vuelto un acto político”.
jueves, 25 de febrero de 2010
La Vía Campesina hacia la justicia global
viernes, 29 de enero de 2010
Foro Social Mundial, diez años
29-01-2010
Esther Vivas
Altermundo-Galicia Hoxe
Desde el lanzamiento del Foro Social Mundial, en junio del 2000, en la Cumbre Social Alternativa de Ginebra, coincidiendo con la Asamblea de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Social, han pasado diez años. En esta década, el mundo ha cambiado y el contexto en que surgió el Foro Social Mundial (FSM) es distinto al que hoy nos encontramos.
El FSM nació con la voluntad de ser un punto de encuentro de los movimientos sociales contrarios a la globalización neoliberal y alzarse como una voz alternativa a las directrices del Foro Económico Mundial de Davos, que reunía anualmente a empresarios y líderes políticos, “cocina” del capitalismo actual.
Objetivo conseguido
El Foro Social Mundial consiguió su objetivo. Evento tras evento sumó cada vez a más participantes, llegando a los 130 mil en la última edición en enero del 2009 en Belem (Brasil), aunque sí es cierto que el impacto político y mediático de los primeros años no es comparable con el actual. Entonces, las críticas y las propuestas del Foro tenían el mismo eco que los pronunciamientos en Davos. Hoy, esto ha cambiado.
Otro logro del Foro Social Mundial ha sido su capacidad para descentralizar el evento, tanto el mundial (que se celebra actualmente cada dos años en un continente distinto en el Sur) como vinculándolo a experiencias más cercanas y enraizadas en el territorio como los foros sociales continentales (Foro Social Europeo, Foro Social de las Américas, Foro Social Africano), regionales (Foro Social Mediterráneo, Foro Social Amazónico) o local (Foro Social Mundial en Madrid, Foro Social Catalán), entre otros.
Muchos movimientos sociales le han reconocido su papel de referente y han participado activamente en el mismo, haciendo suyos los llamados surgidos de estos encuentros, el más significativo de los cuales la jornada de acción global contra la guerra del 15 de febrero del 2003.
Pero el Foro Social Mundial no está exento de peligros como la rutinización, la “oenegización”, la cooptación, la falta de participación de movimientos sociales reales, etc., como vimos en la 7a edición celebrada en Nairobi (Kenya) en 2007. Aun así, el Foro Social Mundial cuenta con potencialidades, como se puso de manifiesto en la última edición en Belem, que fue la primera muestra de rechazo colectiva a la crisis sistémica del capitalismo, señalando la necesidad de una ruptura con el mismo. También las tesis de que el Foro Social Mundial debe ser ante todo un espacio útil para los movimientos sociales y empujar a la acción han sido más aceptadas en los últimos tiempos.
Algunos dilemas
Desde finales de los años 90, estos movimientos se han visto enfrentados a nuevos retos y dilemas y el Foro Social Mundial no ha quedado al margen.
Un ejemplo: la guerra global contra el terrorismo impulsada por George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre del 2001 y que sirvió de excusa para criminalizar y perseguir a los movimientos de disidencia. En aquel momento, algunos medios, como el Financial Times, auguraron el fin del movimiento “antiglobalización”, pero éste hizo de la lucha contra la guerra en Irak un eje de protesta vertebrador sacando a la calle a millones de personas contra la guerra en Irak, el 15 de febrero del 2003, marcando uno de los hitos del movimiento.
Pero otros acontecimientos en el escenario político, como el derrumbe económico en Argentina, el posterior auge de los movimientos sociales piqueteros, asambleas barriales, etc. y al final la vuelta al poder de los “mismos de siempre”, plantearon nuevos interrogantes. Del mismo modo que lo hizo la irrupción en el poder de Chávez en Venezuela y sus políticas de ruptura parcial con el imperialismo y el neoliberalismo, que posteriormente encontraron alianzas con los gobiernos de Morales en Bolivia y Correa en Ecuador.
Si en una primera fase del movimiento “antiglobalización” dominaban las tesis de “Cambiar el mundo sin tomar el poder” de Toni Negri y John Holloway, con el desarrollo de estos acontecimientos el escenario del debate político y estratégico cambio sustancialmente.
Todos estos elementos han influido en el debate sobre el futuro del Foro Social Mundial y se plantean cuestiones como: ¿Qué relación entre partidos políticos anticapitalistas y movimientos sociales? ¿Qué vínculos con gobiernos como el de Chávez, Correa y Morales? ¿Qué estrategia ante el llamado de Chávez a una 5ª Internacional?
Frente a la crisis sistémica del capitalismo, con una crisis climática, política, social, alimentaria sin precedentes, estos retos se plantean como más urgentes que nunca. A lo mejor ya va siendo hora, como decía la escritora india Arundhaty Roy, en la 4ª edición del Foro Social Mundial en Mumbai (India), “de centrarnos en blancos reales e infligir daño real”. ¿Cuándo?
Esther Vivas es coautora, junto con Josep M. Antentas, de Resistencias Globales. De Seattle a la crisis de Wall Street (Editorial Popular, 2009).
viernes, 2 de octubre de 2009
Soberanía alimentaria: algo se mueve en Europa
Letra A- A+
Esther Vivas *
Adital -
En Europa, más de mil explotaciones agrícolas desaparecen cada día, según datos de la Coordinadora Europea de la Vía Campesina (2008). La falta de voluntad política por parte de los gobiernos y de las instituciones internacionales por respaldar una agricultura local, familiar y campesina es la principal causa de este fenómeno. La Política Agraria Común (PAC), en el marco de la Unión Europea (UE), y la regulación agraria de la Organización Mundial del Comercio (OMC) son un buen ejemplo de este proceso de globalización agroalimentaria al servicio de los intereses de la agroindustria y de las instituciones que las amparan. Unas políticas que anteponen el afán de lucro corporativo a las necesidades alimenticias de la población y a una producción local y respetuosa con el medio ambiente.
La PAC actual, según la Coordinadora Europea de la Vía Campesina (2008), es resultado de una mala PAC desde antes de 1992 y de unas malas reformas según los criterios de la OMC en 1992, 1999 y 2003. La aplicación de la PAC, con la industrialización de la agricultura y el estímulo de los precios garantizados, generó un aumento de la producción agrícola y la consiguiente caída de los precios, reforzando una dinámica productivista con un fuerte impacto social y ecológico (Soler, 2007). Además, la PAC destina la mayor parte de sus ayudas a los grandes productores, en detrimento de las pequeñas explotaciones familiares. Como señala el informe Goliat contra David. Quién gana y quién pierde con la PAC en España y en los países pobres (Intermón Oxfam, 2005): "Las millonarias ayudas de la PAC sostienen un modelo de producción intensiva que premia al que más tiene y provoca importantes distorsiones en mercados internacionales, a menudo a costa de los países en desarrollo" y añade que "tras la maraña legal y técnica que acompaña el funcionamiento del sistema se esconde un principio muy simple: cuanto más produces y más tierras posees -es decir, cuanto más rico eres-, más apoyo público recibes".
Según datos de la Comisión Europea(1), en el año 2000, unos 2,3 millones de agricultores europeos recibieron tan sólo el 4% de las ayudas, mientras que el 5% de los mayores productores obtuvieron la mitad de las subvenciones. Ponemos algunos ejemplos. En Gran Bretaña, familias al frente de los rankings de las principales fortunas del país recibieron cuantiosas ayudas por parte de la UE: el duque de Westminster, 470.000 euros; sir Adrian Swire, 300.000 por su granja en Oxfordshire; el duque de Malborough, 535.000 por su explotación de cereales, entre otros. La misma lógica se repite en países como Francia, Alemania o el Estado español. Según datos del gobierno francés, un cuarto del total de los agricultores no recibe ninguna ayuda, mientras que el 15% de las mayores explotaciones concentran seis de cada diez euros en subsidios (Watkins, 2003). Esta dinámica ha conducido a que, por ejemplo, en el Estado español, el 17% de los propietarios de las mayores explotaciones tengan unos ingresos muy por encima de la media general, mientras que el 60% de las explotaciones más pequeñas está por debajo de la misma (Intermón Oxfam, 2005).
Otro de los frentes de batalla en Europa, se da en la lucha contra los Organismos Modificados Genéticamente (OMG). El Estado español es el único país de la Unión Europea que cultiva transgénicos a gran escala y en consecuencia se ha convertido en la puerta trasera de entrada de OMG en el continente. Anualmente importa unos nueve millones de toneladas de soja y de maíz de países que han optado por el uso masivo de transgénicos como Estados Unidos, Argentina y Brasil, aproximadamente la mitad de los cuales procede de cultivos transgénicos que se incorporan a la cadena alimentaria humana y animal. Sus importadores (Cargill, Bunge, Simsa, ADM, etc.) no separan los cereales convencionales de los modificados genéticamente, contaminando masivamente las partidas (Greenpeace España, 2004). En Europa, al no darse una protección sistemática de las semillas convencionales y ecológicas y al aceptarse un umbral de contaminación accidental por transgénicos en las mismas, se atenta contra la libertad de elección de los campesinos y de los consumidores, a la vez que se ponen en peligro la producción agrícola convencional y orgánica.
Este modelo de agricultura industrial e intensiva, apoyada por la Unión Europea y los respectivos gobiernos, tiene un fuerte impacto social y medioambiental. En el Estado español, entre los años 1999 y 2003, desaparecieron 147.000 explotaciones familiares, provocando el despoblamiento de las zonas rurales, su empobrecimiento y la retirada de los servicios públicos esenciales (Intermón Oxfam, 2005). El impacto sobre el ecosistema no podía ser menor. La erosión de la tierra debido al uso excesivo de pesticidas y fertilizantes y su agotamiento por la ausencia de cultivos rotativos y períodos de barbecho; la pérdida de biodiversidad como consecuencia de la extensión de los monocultivos, el creciente uso de variedades híbridas y la degradación del ecosistema; y la contaminación y el agotamiento del agua, con un gasto excesivo en cultivos de regadío y con un impacto directo en el proceso de desertificación del territorio, han sido algunas de sus consecuencias.
Alternativas y resistencias
La imposibilidad para llevar a cabo una vida y un trabajo digno en el campo europeo ha generado una respuesta social activa. Sindicatos campesinos, organizaciones ecologistas, grupos de consumidores, entidades de comercio justo, redes de economía solidaria, entre muchas otras, se han puesto manos a la obra en distintos países para denunciar el impacto de las políticas agrícolas de la Unión Europea y la necesidad de plantear alternativas reales a las mismas. Unas respuestas que han sido dispares entre unos países y otros, en función del tejido asociativo local, pero que en mayor o menor medida han consistido en: la creación y el fortalecimiento de alianzas entre distintos sectores afectados por estas políticas agroalimentarias y la elaboración de alternativas prácticas en el ámbito de la producción agrícola, la distribución y el consumo.
En Francia, por ejemplo, se han desarrollado redes de solidaridad entre productores y consumidores a través de las AMAP (Association pour le Maintien de l'Agriculture Paysanne). Una experiencia que parte de un "contrato solidario" entre un grupo de consumidores y un campesino local agroecológico, en base el cual los primeros pagan por adelantado el total de su consumo por un período determinado y el campesino les provee semanalmente de los productos de su huerta. Desde la creación de la primera AMAP, en abril del 2001 entre un grupo de consumidores de Aubagne y la explotación agrícola de las Olivades en la región de la Provenza, la experiencia se ha multiplicado por todo el país sumando hoy a 750 AMAP y suministrando a un total de 30 mil familias.
En otros países de Europa, experiencias como las de las AMAP se remontan a los años 60, cuando en Alemania, Austria o Suiza se empezaron a desarrollar iniciativas similares como consecuencia de la creciente industrialización de la producción agrícola. En Ginebra (Suiza), por ejemplo, es bien conocida la experiencia de Les Jardins de Cocagne, una cooperativa de productores y consumidores de verduras ecológicas que agrupa hoy a unos 400 hogares.
En Gran Bretaña, estas experiencias, que llevan funcionando desde los años 90, reciben el nombre de CSA (Community-Supported Agriculture) o "Vegetable box scheme". A principios del 2007, existían en el país unas 600 iniciativas de este tipo, un 53% más respecto al año anterior, según datos de Soil Association(2), llegando a igualar el número de mercados locales campesinos que funcionan en el país (Times, 03/03/08)(3). En Bélgica, estas experiencias se han venido desarrollando más recientemente, a lo largo de los años 2006 y 2007, sobretodo en Bruselas, donde en la actualidad podemos encontrar a unos 200 hogares que reciben periódicamente fruta y verdura fresca a través de los GASAP (Groupes d'Achat Solidaires de l'Agriculture Paysanne).
En el Estado español, existen varias iniciativas de este tipo, algunas tienen un modelo muy parecido al de las AMAP francesas, como las cooperativas unitarias de producción-distribución-consumo de agricultura ecológica que reciben el nombre de Bajo el Asfalto está la Huerta (BAH), principalmente en Madrid y sus alrededores. Otras, representan distintos modelos de funcionamiento y de relación con el productor, como las más de 70 cooperativas existentes en Cataluña, algunas de las cuales agrupadas en la coordinadora Ecoconsum. En Andalucía, iniciativas similares existen desde principios de los años 90.
Todas estas experiencias ponen de relieve que es posible llevar a cabo otro modelo de distribución y consumo de alimentos a partir de una relación directa con el campesino y en base a unos criterios de justicia ambiental y social. Unas prácticas que se han venido multiplicando en toda Europa en los últimos años, así como otras iniciativas que apuntan en la misma dirección: mercados campesinos, distribución directa, modelos de certificación participativa, huertas urbanas, etc.
A nivel político, se han desarrollado y fortalecido redes de coordinación de actores que trabajan en la producción, la distribución y el consumo de alimentos y que se ven afectados por el impacto de las políticas neoliberales en el sector. En Francia, se han dado varias experiencias de colaboración entre redes de economía solidaria como Minga, que agrupa a unas 800 asociaciones que trabajan a favor de un comercio justo local e internacional, el sindicato campesino Confédération Paysanne y otras organizaciones agroecológicas, campesinas y de consumo responsable.
En el Estado español, la Plataforma Rural es el espacio más amplio y diverso que agrupa desde campesinos a consumidores, pasando por ecologistas, ONGs... que apuestan por crear mayores lazos de solidaridad entre lo rural y lo urbano, fortalecer la vida en el campo y promover una agricultura social, ecológica y de proximidad. Desde la Plataforma Rural, se promueven campañas unitarias contra los transgénicos, las grandes superficies, la PAC, los agrocombustibles y a favor de la soberanía alimentaria, un comercio local, un turismo responsable, unos servicios públicos y de calidad en el campo, entre otros.
En el continente, una de las principales redes de referencia es la Coordinadora Europea de la Vía Campesina que agrupa a organizaciones y a sindicatos agrarios de Dinamarca, Suiza, Francia, Italia, Países Bajos, España, Grecia, Malta y Turquía. Su objetivo es luchar contra las actuales políticas agrícolas y alimentarias promovidas por la Unión Europea en el marco de la PAC y apostar por una agricultura campesina diversa, vinculada al territorio y por un mundo rural vivo. La Coordinadora Europea de la Vía Campesina trabaja en coordinación con otros movimientos sociales en el marco del Foro Social Europeo y en otras campañas unitarias contra la PAC, contra los transgénicos, etc.
Un reto importante en el continente consiste en aumentar la articulación y la coordinación entre las distintas redes que se sienten partícipes del movimiento altermundialista y conseguir un trabajo conjunto y coordinado a favor de la soberanía alimentaria. El Foro Internacional por la Soberanía Alimentaria, celebrado en Malí a principios del año 2007, con la participación de redes de mujeres, campesinos, pescadores, consumidores, pastores... es un buen ejemplo a repetir en Europa(4). De hecho, en países como Hungría o en el Estado español se está empezando a trabajar en esta dirección a partir de foros de carácter nacional. En definitiva, se trata de coordinar estrategias de acción a favor de la soberanía alimentaria a nivel local, nacional y continental e incluir a nuevos actores y sumar fuerzas para avanzar en esta lucha.
El reto no es nada fácil, pero resulta alentador comprobar cómo frente a las crecientes agresiones del sistema capitalista, quienes combaten la globalización neoliberal se unen en un frente común siguiendo la llamada de la Vía Campesina: "Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza".
Bibliografía
Coordinadora Europa de la Vía Campesina, (2008) Creación de la Coordinadora Europea Vía Campesina en: http://www.viacampesina.org/main_sp/index.php?option=com_content&task=view&id=537&Itemid=1
Greenpeace España, (2004) España es la puerta trasera de entrada de transgénicos a Europa en: http://www.greenpeace.org/espana/news/espa-a-es-la-puerta-trasera-de
Intermón Oxfam (2005) Goliat contra David. Quién gana y quién pierde con la PAC en España y en los países pobres en: http://www.intermonoxfam.org/UnidadesInformacion/anexos/2970/0_
2970_170305_Goliat_contra_David.pdf
Soil Association, (2005) Cultivating communities farming at your fingertips en: http://www.soilassociation.org
Soler, M. (2007) "OMC, PAC y globalización alimentaria" en Viento Sur, nº94, pp. 37-45.
Vivas, E. (2007) "Foro por la Soberanía Alimentaria, nuevas alianzas" en Ecología Política, nº33, pp. 133-135 .
Watkins, K. (2003) Northern agricultural policies and world poverty: will the Doha ‘development round’ make a difference?, documento presentado en la conferencia ABCDE del Banco Mundial, París.
Notas:
(1) Ver: informe de Intermón Oxfam (2005).
(2) Más información en la página web: http://www.soilassociation.org
(3) Para obtener más información de estas experiencias en Gran Bretaña ver el informe Cultivating communities farming at your fingertips (Soil Association, 2005).
(4) Para más información acerca del Foro Internacional por la Soberanía Alimentaria ver: Vivas (2007).
*Artículo publicado en El Viejo Topo, nº 255.