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lunes, 1 de marzo de 2010

Salva la Selva: ¿Querrá IKEA ver la luz?


01-03-2010
ConsumeHastaMorir

En las 267 tiendas de la multinacional IKEA en 26 paises el negocio marcha de perlas: el volumen de ventas es de más de 21.500 millones de euros. Su éxito comercial se basa en un estricto cálculo de los costes y precios. Además de muebles, IKEA vende accesorios como velas.
Entre los principales ingredientes de las velas de IKEA se encuentran junto a la parafina, sobre todo cera y estearina: esto significa aceite de palma, que actualmente cuesta unos 250 euros menos por tonelada que la parafina. Asi se pueden ofrecer las velas a precios bajisimos.

IKEA utiliza para la fabricación de las velas unos 32.000 toneladas de aceite de palma por año, más unas 8.000 toneladas adicionales para otros productos. La mayor parte del aceite de palma tiene su origen en Malasia e Indonesia.

IKEA es consciente de este problema ya que ante la consulta de Rettet den Regenwald (Salva la Selva en Alemania) admitó que no se puede garantizar la sostenibilidad del aceite de palma. Lamentablemente IKEA (aún) no toma la decisión de actuar en consecuencia excluyendo el aceite de palma como materia prima. IKEA se justifica con su pertenencia a la Mesa Redonda de Aceite de Palma Sustentable (Roundtable on Sustainable Palm Oil, RSPO). Pero RSPO es un «lavado verde» que no garantiza ni la protección del medio ambiente ni estándares sociales. Esto ha sido repetidamente denunciado por Salva la Selva y por mucha otras organizaciones sociales y ambientales. Ver: Agroindustria pretende “maquillar” de verde el negocio de la palma aceitera y Las plantaciones de palma aceitera no serán nunca sostenibles.

Con la posición que ocupa IKEA en el mercado, le sería posible establecer un precedente si se decidiera en contra del uso de la palma de aceite. No hay ningún motivo para aferrarse a la palma de aceite. Pero hasta ahora parece que en la empresa no existe auténtica conciencia sobre este problema. El tener conocimiento de los impactos que tiene la utilización de aceite de palma en los países de origen de esta materia prima no ha provocado una reacción por su parte. Y esto a pesar de que en la página de inicio de la web de IKEA España puede leerse «En IKEA nos esforzamos en mantener nuestros precios lo más bajos posible para que sean accesibles a la mayoría de las personas. Aunque no a cualquier precio. El proceso de diseño en IKEA tiene como objetivo crear un impacto mínimo en el medio ambiente [...]».

Firme una carta exigiendo a IKEA que sea consecuente con sus afirmaciones y que retire las velas de aceite de palma de la venta.

- Más información sobre la palma de aceite aquí >

- Para firmar la carta, pinchad aquí >


12 Preguntas y Respuestas sobre el tema Palma Aceitera


1. ¿Qué es la palma aceitera o palma africana?

Es un tipo de palma, cuyo nombre científico es Elaeis guineensis. Es un cultivo perenne y de tardío y largo rendimiento, cuya vida productiva puede durar más de 50 años. Comienza a producir frutos a partir de los dos años y medio de su siembra, y alcanza su mayor producción entre los 20 y 30 años (12 mts. de altura), luego de lo cual declinan y dejan de ser rentables, especialmente por la altura a la que se encuentran los frutos (hasta 40 mts!). Es una planta propia de la región tropical (selva húmeda tropical cálida), crece a altitudes por debajo de los 500 msnm. Su fruto es rojizo.

2. ¿Qué es el aceite de palma?

El aceite de palma se extrae de la pulpa del fruto de la palma aceitera mediante varias operaciones. Se produce en forma de monocultivo a gran escala y se exporta desde las zonas tropicales al mercado global (fundamentalmente la Unión Europea, China, India, EEUU). Es el segundo aceite vegetal más comercializado y consumido en el mundo (después del aceite de soja), en los sectores alimenticio, industrial y energético. Por eso, el aceite de palma es una materia prima estratégica en el sector de los agronegocios. Las ganancias son extraordinarias.

3. ¿Dónde se produce el aceite de palma?

La palma aceitera crece en climas tropicales. Países productores son: Indonesia, Malasia, Papua Nueva Guinea, Camerún, Uganda, Costa de Marfil, Camboya, Filipinas y Tailandia, así como Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Guatemala, México, Nicaragua y Costa Rica. En estos países, la palma aceitera se está expandiendo rápidamente sobre ecosistemas como las selvas tropicales, en forma de monocultivos industriales. Los monocultivos industriales ocupan todo amplias extensiones de territorio socavando así el derecho de los pueblos locales a producir sus propios alimentos de acuerdo a las condiciones de sus tierras y su cultura alimentaria tradicional. Esto tiene como consecuencia que mientras el aceite de palma y sus derivados se comercializan mayormente en los mercados internacionales, los países productores se ven obligados a importar alimentos. Por estos motivos, muchas organizaciones sociales, ambientales y de derechos humanos han respondido críticamente a la expansión indiscriminada de la palma aceitera.

4. ¿Cómo se expande la palma aceitera?
Además de los problemas ambientales que surgen del hecho de que las plantaciones de palma se expanden sobre los bosques tropicales, como destrucción del ecosistema y así de su biodiversidad.

En otro orden de cosas, las plantaciones se usan plaguicidas muy tóxicos (como el Paraquat o el Gramoxone), extremadamente perjudiciales para la salud humana y ambiental. Además, el cultivo de la palma es exótico en la mayoría de países que lo han implementado, lo que conlleva alto riesgo de plagas y enfermedades

Más allá de los problemas meramente ambientales, se reportan continuamente problemas sociales, conflictos laborales e incluso graves violaciones de derechos humanos que llegan hasta el asesinato.

5. ¿Qué tiene que ver la expansión de la palma con la deforestación?

La sustitución de los bosques por plantaciones industriales de árboles fomentada por las políticas gubernamentales de muchos países ha sido identificada oficialmente como una de las mayores causas de deforestación a nivel mundial (p.ej. en países como Malasia, Indonesia donde el nivel de deforestación ha aumentado dramáticamente en los últimos años, en paralelo a la expansión de la palma ).

Aunque muchos países y empresas argumentan que las plantaciones de palma se expanden sobre tierras degradadas o “marginales”, lo cierto es que la mayoría de tierras son utilizadas o aprovechadas por pobladores, y el concepto de tierras “marginales” es muy relativo. En muchos casos, la frontera agrícola es empujada por los monocultivos provocando la deforestación.

Por esas razones, en la práctica, monocultivos como el de la palma aceitera sustituyen bosques tropicales y otros ecosistemas, provocando una grave deforestación. Es sabido que la desaparición de los bosques afecta a la humanidad en su conjunto: la deforestación trae aparejada una gran pérdida de biodiversidad, cambio climático y agravamiento de las sequías, erosión de suelos. Además, las plantaciones de palma implican contaminación de los cursos de agua y la aparición de plagas y enfermedades por la ruptura del equilibrio ecológico y cambios en las cadenas alimentarias. Esto significa que la conservación del agua, de los suelos, de la flora y de la fauna se ven seriamente amenazados por las plantaciones de palma en aquellos países donde se están expandiendo.

6. Las plantaciones de palma ¿provocan o contienen el cambio climático?

La expansión de los monocultivos de palma aceitera se da a costa de la degradación, la quema de turberas y la deforestación, las cuales implican de por sí ingentes emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. A estas se suman las emisiones por la pérdida de carbono del suelo, el uso de fertilizantes nitrogenados, las emisiones de la maquinaria agrícola y la pérdida de sumideros de CO2.

El aceite de palma se utiliza para la producción industrial de agrocombustibles. A pesar de que este tipo de combustibles se promocionan vomo más amigables con el medio ambiente, existen estudios que demuestran que incrementar la cantidad de agrocarburantes importando aceite de palma aumenta las emisiones de CO2 en vez de reducirlas.

7. ¿Quién y para qué utiliza el aceite de palma?
El aceite de palma se encuentra entre los ingredientes de muchísimos productos alimentarios que consumimos diariamente. Todos nosotros consumimos aceite de palma procedente de la deforestación de selvas tropicales. Este se vende a empresas multinacionales como Unilever, Nestlé y Procter & Gamble, y a otras grandes marcas de la alimentación, cosmética y agrocombustibles.

8. ¿Quién se beneficia de las plantaciones de palma?

Las plantaciones de palma aceitera son altamente rentables. Pero están altamente mecanizadas y el número de trabajadores contratados es muy pequeño en relación a la superficie de su extensión. Aún así, en plantaciones de palma en diversos países se han reportado conflictos laborales serios. Son las empresas productoras las se llevan los beneficios de su comercialización, por lo que no constituyen una auténtica opción de desarrollo local. Aunque en algunos lugares y de modo experimental existen proyectos con pequeños productores, ha habido casos en los que estos han resultado arruinados debido a las fluctuaciones del mercado.

Como contracara, según el Forum Permanente de Asuntos Indígenas de las Naciones Unidas, 60 millones de indígenas en el mundo corren riesgo de perder sus tierras y medios de subsistencia por la expansión de plantaciones para producir agroenergía. Muchas plantaciones de palma se están expandiendo sobre tierras reclamadas por comunidades indígenas cuyos gobiernos no reconocen derechos territoriales ancestrales o indígenas (por ejemplo en Indonesia). Esto significa que ni indígenas u otros pobladores locales, ni trabajadores, ni pequeños productores se benefician de la expansión de la palma, sino las empresas palmicultoras que son propiedad de las élites locales o de las grandes multinacionales, las cuales terminan controlando amplias extensiones de tierra, profundizando la explotación laboral, provocando más migración campo-ciudad, pobreza, conflictos sociales y violaciones de los Derechos Humanos.

9. ¿Cuál es la responsabilidad de los países del Norte en los impactos descritos de las plantaciones de palma aceitera?
Sin prestar debida atención a las denuncias de cientos de ONGs ambientales y sociales y grupos de la sociedad civil, científicos y portavoces de la diferentes organismos internacionales, que han hablado de los impactos de dimensiones incalculables, la Unión Europea fijó un porcentaje obligatorio del 10% de ‘energía renovable para energía y transporte’. Este porcentaje impulsa una demanda masiva de materias primas para la producción de biocombustibles, ya que no existen en la actualidad otras fuentes renovables de energía suficientemente desarrolladas.

El aceite de palma es una de las materias primas que se utilizan para la producción de biocombustibles o agrocombustibles, lo que consiguientemente catapulta su necesidad y demanda. Debido a las críticas que han surgido, y para conseguir la aceptación política y social, la Unión Europea y otros organismos e instituciones proponen elaborar unos criterios formales de sostenibilidad para la producción de materias primas para agrocombustibles. Sin embargo, como ya hemos explicado, el cultivo de palma aceitera, como todos los monocultivos agroindustriales, NO ES ni puede ser NUNCA sostenible.

10. ¿La certificación de monocultivos de palma de aceite constituye una garantía de sostenibilidad?
Las iniciativas de certificación de los monocultivos de palma han sido calificados por organizaciones ambientalistas como un intento más de “lavado” o “maquillaje” de la agroindustria. Argumentan que los procesos de certificación no puede garantizar soluciones a los problemas provocados por los monocultivos y que por eso, las plantaciones de palma aceitera no son ni serán nunca sostenibles, debido a la misma lógica de su producción.

Una de estas iniciativas es la Mesa Redonda de Aceite de Palma Sostenible (RSPO). RSPO es un proceso de certificación voluntaria promovido por grandes ONGs (como el World Wildlife Founf WWF) y la industria. Pero organizaciones afectadas han declarado que esta iniciativa que va en contra de los intereses populares. Los sellos de certificación se han diseñado más bien como un instrumento de expansión del negocio de la palma y no como una estrategia para contener sus impactos ambientales y sociales. Muchas de las empresas miembros de la RSPO siguen destruyendo grandes zonas de selva húmeda y violando derechos humanos, como es el caso de Wilmar International en la Isla de Bugala (Uganda) y en Indonesia, PT SMART, Agro Group e IOI Group en Indonesia, FEDEPALMA en Colombia, o Unilever en Indonesia, Malasia y Costa de Marfil. Es evidente que el interés principal de este proceso de la “sostenibilidad de la palma aceitera” es puramente comercial. No existe una auténtica intención de contener sus impactos sociales y sobre los derechos humanos, sino que tiende a silenciar los graves crímenes, las irregularidades y el control paramilitar relacionados con el agronegocio de la palma aceitera en países como Indonesia y Colombia.

11. ¿Qué se puede hacer para evitar la destrucción de selvas tropicales y poblaciones afectadas a causa de la expansión de la palma aceitera?

Se hace necesario evitar nuevas deforestaciones y conversiones de uso del suelo para el cultivo palma aceitera; no se debe destruir ni una sola hectárea más de ecosistemas naturales para implementar palma aceitera.

Para ello, se debe exigir a los gobiernos de los países productores
-La detanción inmediata de la expansión de las plantaciones de palma de aceite

-La protección de los derechos humanos de pueblos indígenas y comunidades campesinas afectados por plantaciones de monocultivos a gran escala y el respeto de sus tierras y territorios.

-La reparación integral de los daños humanos y ambientales generados por la imposición de los monocultivos a gran escala y por las violaciones de los derechos humanos por parte de fuerzas del Estado y empresas privadas.

-Resolución de los conflictos de tierras vinculados al monocultivo de la palma, restitución de tierras ancestrales a las comunidades desplazadas por los monocultivos, y la implementación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo OIT en todos los casos en que sea pertinente.

-Resolución de los procesos judiciales, denuncias y otros reclamos iniciados por parte de las comunidades afectadas.

Y se debe exigir a la Unión Europea

-La eliminación del porcentaje obligatorio del 10% de ‘energía renovable para energía y transporte’, que traducido significa un aumento exponencial de la demanda de aceite de palma para el mercado europeo, para la producción de combustible y generación de electricidad. Eliminación de los incentivos como exenciones de impuestos y subvenciones para los agrocombustibles industriales, incluida la financiación a través del comercio de carbono, de cooperación internacional al desarrollo o de créditos de organismos multilaterales como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo.

-Una moratoria a las importaciones de aceite de palma.

- La cancelación de las relaciones comerciales de las empresas compradores de aceite de palma con proveedores que destruyen los bosques y turberas, y que son responsables o beneficiarios de violaciones de los Derechos Humanos.

-Incluir aspectos sociales y de derechos humanos estrictos en los criterios de sostenibilidad para la producción de materias primas para agrocombustibles que están desarrollando. Es de esperar que en el proceso, los hacedores de políticas de la UE, llegarán por fin a comprender que por definición, monocultivos industriales a gran escala como los de palma aceitera no son ni ambiental ni socialmente sostenibles.

-Al mismo tiempo, ni oficialmente la UE, ni las empresas deben caer en la falsedad de apoyarse en la supuesta sostenibilidad o “maquillaje verde” del lobby de la industria del agronegocio (como RSPO), para justificar la expansión indiscriminada del cultivo de la palma que sólo beneficia a grandes empresas a costa del futuro de los pueblos y el planeta, creando una ilusión falsa de comportamiento responsable para el consumidor final.

12. ¿Constituye la expansión de la palma una amenaza para el futuro?

No es una amenaza para el futuro, sino una de las causas más importantes y preocupantes de destrucción de los bosques tropicales ya en la actualidad. Muchos daños provocados por la agroindustria de la palma aceitera en los países tropicales son ya irreparables.

Como muestra, presentamos unos ejemplos críticos de expansión de plantaciones de palma:

En Indonesia los conflictos por la expansión de las plantaciones de palma han aumentado: las grandes empresas están expropiando ilegalmente a los agricultores y contratan vigilancia privada para imponer el estado de hecho. Sólo en 2006 se documentaron 350 conflictos agrarios y 1.753 casos de violaciones de Derechos Humanos.

El plan estratégico para la plantación de especies agrocombustibles para el estado de Chiapas, México –plan piloto a nivel nacional- establece como superficie potencial en el estado de Chiapas, 900.000 has (¡ 7ª parte de la superficie estatal !). Ya se han establecido al sur de la Selva Lacandona dos viveros para palma africana, los más grandes de América Latina. Este megaproyecto es calificado por las organizaciones ecologistas y sociales locales de ecocida y etnocida por permitir e impulsar la titulación individual y posterior privatización de las tierras de los pueblos indígenas y comunidades campesinas, conocidas en México como ejidos y bienes comunales.

En Colombia, la expansión del aceite de palma está relacionada con graves violaciones y abusos de los derechos humanos. Se han documentado 113 asesinatos en la cuenca fluvial de Curvaradó y Jiguamiandó, región Chocó, a manos de paramilitares que trabajan con compañías palmicultoras, para que éstas se adjudiquen tierras que legalmente pertenecen a comunidades afrocolombianas. Los grupos paramilitares operan con el apoyo de la Brigada 17 de la Armada Colombiana y son responsables de 13 desplazamientos forzosos. La estrategia paramilitar desarrollada en complicidad con la armada colombiana incluye bloqueo económico, asesinato selectivo, masacres y tortura. A pesar de las evidencias de la ilegalidad del establecimiento de las plantaciones de palma (reconocidas por el Fiscal General y el Defensor del Pueblo de Colombia; la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, etc.) y de la destrucción de vidas humanas, el gobierno colombiano aún no ha tomado medidas efectivas para prevenir esta situación o para restituir la tierra robada a las comunidades afro colombianas.

También se han registrado conflictos en Tumaco, Magdalena Medio, Vichada, Meta y las regiones amazónicas.

En Ecuador las plantaciones de palma aceitera provocaron la pérdida de bosques primarios únicos que constituían el territorio comunitario y ancestral de comunidades, acabando con sus fuentes de agua, alimentación, medicina, espiritualidad y cultura. En la actualidad, el Plan Agrario y Forestal del gobierno tiene previsto más de 450.000 h de palma, entre otros monocultivos para la producción de agrocombustibles, ocupando bosques tropicales y cultivos alimenticios en territorios indígenas, afroecuatorianos y de comunidades campesinas. Su derecho humano al agua será severamente violentado.

En Perú, en plena Amazonía, regiones de San Martín y Loreto, la política del gobierno peruano y la actuación de las empresas palmicultoras está provocando la destrucción de miles de hectáreas de selva virgen. Sin ningún tipo de consulta con la población, miles de hectáreas de selvas han sido concesionadas a empresas palmicultoras que están deforestando la selva desde 2006 y forzando el desplazamiento de las comunidades de la zona que se resisten a ser desalojadas.

En Guatemala, se han puesto en marcha mega-proyectos de palma aceitera para la producción de agrodiesel, provocando un acelerado cambio en el uso del suelo, que ha afectado la soberanía alimentaria de las zonas rurales, así como el desplazamiento de grandes contingentes de población campesina. El presidente del país se vio obligado hace pocos meses a declarar oficialmente el estado de emergencia alimentaria.

Elaborado por Guadalupe Rodríguez, Salva la Selva, guadalupe@regenwald.org

Febrero 2010

FUENTES:

-Wikipedia, Aceite de Palma

-Wikipedia, Eleais guineensis

-Documentacións acerca de la Palma Aceitera en Stop-Agrocombustibles

-Declaración internacional en contra del “maquillaje verde” de monocultivos de la ‘Mesa Redonda de Aceite de Palma Sostenible’ (RSPO). En defensa de los Derechos Humanos, la Soberanía Alimentaria, la Biodiversidad y la Justicia Climática, en

-Carta Abierta a RSPO y WWF. Las plantaciones de palma aceitera no serán nunca sostenibles

-Biofuelwatch

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jueves, 18 de febrero de 2010

Acaparan tierras en África para destinarlas a la producción de agrocombustibles


18-02-2010
REDES-Amigos de la Tierra Uruguay
Ecoportal

Desde 2006 se han comprado en África más de 9 millones de hectáreas. De ellas, al menos 5 millones se dedicarán a producir agrocombustibles mediante el cultivo de jatrofa, palma aceitera y sorgo dulce, entre otros. Pero las cifras son mayores, ya que sólo en Mozambique, funcionarios de gobierno informan que inversionistas han solicitado 4,8 millones de hectáreas (casi un séptimo del área cultivable del país) para dedicarlas a los agrocombustibles.Los gobiernos africanos reconocen la pérdida de tierras, los desplazamientos de comunidades y su preocupación por los impactos que tendrán estos proyectos en la capacidad de sus países para satisfacer las necesidades internas de la producción agrícola de alimentos.

La afluencia de grandes capitales hacia la agricultura cobra cada vez mayor impulso. Ello se evidencia en los masivos arrendamientos y compras de tierras por parte de inversionistas extranjeros y grandes agroempresas transnacionales en regiones como África, América Latina y Asia.

Informes de GRAIN [1], del Relator Especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación Olivier De Schutter [2] y del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo [3] (iied, por sus siglas en inglés), reflejan y fundamentan la creciente preocupación que los impactos de este modus operandi generan en movimientos y organizaciones sociales, y en instituciones y autoridades internacionales.

Conforme se profundiza el fenómeno, claramente neocolonizador, se intensifican la extranjerización de los territorios y el despojo a las comunidades locales, volviéndose otro de los nefastos procesos de “contrarreforma agraria”.

La investigación de Amigos de la Tierra (AT). El informe, titulado Africa: up for Grabs. The Scale and Impact of Land Grabbing for Agrofuels [4], que en febrero de 2010 estará disponible en el sitio Web de Amigos de la Tierra Europa (http://www.foeeurope.org), analiza la dimensión y los impactos sobre los territorios del acaparamiento de tierras para producir agrocombustibles en el continente africano, en especial el papel que desempeñan las empresas europeas.

Se detalla el proceso en Angola, Camerún, la República Democrática del Con-go, Etiopía, Benin, Ghana, Kenia, Mozambique, Nigeria, Sierra Leona y Tanzania.

Para el informe, los acaparamientos de tierra adoptan por lo menos tres variantes, según la situación y las leyes locales: la adquisición de la tierra, el arrendamiento y la contratación de agricultores para producir determinados cultivos.

La importancia de la tierra en África. Los procesos analizados ocurren en un continente en donde “para la gran mayoría de las sociedades […] la tierra no es considerada simplemente un activo económico o ambiental, sino un recurso social, cultural y ontológico. La tierra sigue siendo un factor importante en la construcción de la identidad social, la organización de la vida religiosa y la producción y reproducción de la cultura” [5].

Según la investigación, desde 2006 se han comprado en África más de 9 millones de hectáreas. De ellas, al menos 5 millones se dedicarán a producir agrocombustibles mediante el cultivo de jatrofa, palma aceitera y sorgo dulce, entre otros. Pero las cifras son mayores, ya que tan sólo en Mozambique, funcionarios de gobierno informan que inversionistas han solicitado 4,8 millones de hectáreas (casi un séptimo del área cultivable del país) para dedicarlas a los agrocombustibles.

Los gobiernos africanos reconocen la pérdida de tierras, los desplazamientos de comunidades y su preocupación por los impactos que tendrán estos proyectos en la capacidad de sus países para satisfacer las necesidades internas de la producción agrícola de alimentos. A esto deben sumarse las adquisiciones y la “financiarización” de la tierra, por parte de inversionistas extranjeros [6].

Quiénes están detrás. Pese a la limitada información oficial disponible, las evidencias sugieren que son empresas privadas quienes están tras la mayoría de los negocios de tierras en África, pero también gobiernos nacionales, a menudo con empresas de propiedad estatal o sociedades privadas de inversión, que adquieren o arriendan tierras.

Los agrocombustibles son un motor clave de gran parte de las recientes adquisiciones de tierras, y el informe resalta el papel nefasto del objetivo de la Unión Europea (ue) de que en 2010 el 10% del combustible usado en el transporte de la ue provenga de fuentes “renovables” de energía. Mercados garantizados y acceso barato a tierra y mano de obra, hacen de los agrocombustibles una gran oportunidad de negocios para las empresas europeas.

Las empresas de biotecnología también se interesan en impulsar los agrocombustibles en África, intentan abrir nuevos mercados para sus variedades transgénicas y encuentran aliados importantes en la Fundación Bill y Melinda Gates —que destina 120 millones de dólares al “desarrollo” de cultivos en África, con fondos específicos para desarrollar cultivos transgénicos— y en la Alianza para una Nueva Revolución Verde en África (agra por sus siglas en inglés).

Los impactos. En un continente donde el acceso a la energía es crucial para el desarrollo, cala hondo la promesa de cultivos para producir combustibles dedicados al consumo local. Sin embargo, citando un estudio de la fao [7], ningún cultivo para agrocombustibles en Etiopía, Ghana, Madagascar o Mali se destina al consumo interno: todos los cultivos se exportan.

Los promotores —empresas y gobiernos— prometen combustibles para consumo local, empleo, desarrollo económico, reducción de las emisiones de gases con efecto de invernadero (gei), que utilizarán sólo “tierras marginales” y menor consumo de agua y erosión del suelo. La realidad es que:

* No reducen las emisiones de gei. Las aumentan. Según la investigación de AT, varios estudios demuestran que producir agrocombustibles a partir de algunos cultivos ocasiona más emisiones de gei que una cantidad equivalente de combustible fósil.

A la producción en sí misma hay que agregarle los efectos de los cambios en el uso del suelo. Se calcula que en los territorios donde se han eliminado bosques para producir palma aceitera, tardará 150 años para que el ahorro de carbono procedente de su cosecha sustituya al carbono perdido con la tala de los bosques.

* Tierra y agua, dos bienes comunes seriamente amenazados. Parecería que los países africanos tienen vastas áreas de tierra cultivables en desuso. Es el mito de las tierras marginales.

Pero las tierras oficialmente clasificadas marginales, porque no son privadas, con frecuencia tienen funciones vitales para las comunidades y los ecosistemas: pueden ser comunales (usadas en pastoreo, cultivo de alimentos o recolección de plantas medicinales), pero también pueden ser humedales, pantanos o terrenos montañosos. at señala que el uso o reclamo de tierras pasa desapercibido cuando radica en manos de comunidades marginadas de los derechos formales de propiedad y acceso a la ley y a las instituciones. Derechos locales a la tierra poco claros, falta de acceso al proceso de registro de la tierra, requisitos de uso productivo poco definidos, vacíos legales y falta de transparencia, control y equilibrio en las negociaciones, entre otros factores, debilitan la posición de las comunidades.

La clave no es quién posea oficialmente la tierra, sino quién depende de ella para su sustento. La competencia por la tierra agrícola plantea cuestiones fundamentales para la promoción de la soberanía alimentaria y por ende debería ser considerada al fijar las prioridades gubernamentales. “¿Debe un país dependiente de la ayuda alimentaria (como Kenya o Etiopía) vender sus tierras fértiles para que se destinen al desarrollo de agrocombustibles?”, pregunta el informe.

No todas las tierras fértiles disponen de un suministro de agua adecuado. Siendo el agua un bien común cada vez más escaso en África, la producción de agrocombustibles consume grandes cantidades de agua y hace un uso intensivo de agrotóxicos, lo que contamina los cuerpos de agua adyacentes.

* Limitada e indecente oferta de empleo. La mayoría de los cultivos para agrocombustibles requiere poca mano de obra. Generan empleos de corta duración para la “limpieza” previa del terreno y la cosecha. Si la agricultura es mecanizada, el empleo es mucho menor [8]. Aun cuando se creen puestos de trabajo, la remuneración es bajísima y las empresas incumplen las leyes laborales locales.

* Falsas expectativas. Josam Ndaabona, pequeño agricultor de Zambia, resume muy claramente la modalidad de contrato de producción de jatrofa. “Ésta me recuerda al algodón. Hace muchos años cuando Dunavant vino aquí, prometió que si cultivábamos algodón, ganaríamos mucho dinero. Dejamos de cultivar nuestro maíz para hacer más dinero con el algodón. Pero al tiempo de vender, nos pagaban muy poco. Pasamos hambre porque habíamos descuidado nuestro cultivo de maíz tradicional” [9].

* Degradación ambiental. La agricultura industrial, impacta mucho el ambiente al generar deforestación y pérdida de humedales; degradación de los suelos a causa de los inadecuados métodos de cultivo; contaminación y agotamiento de los recursos hídricos. Redunda en pérdida de ecosistemas y reservas de carbono.

Más los impactos sociales y culturales en las comunidades que viven en esos ecosistemas.

En Camerún las plantaciones de palma aceitera están sustituyendo al bosque nativo de la cuenca del Congo, el segundo más grande del mundo después del Amazonas, e importante reserva de carbono. También impacta severamente a las comunidades que dependen del bosque para su vida diaria.

Conclusiones. La ávida inversión extranjera impulsa que una serie de países africanos reciba con brazos abiertos los agrocombustibles, muchos de éstos desarrollados por empresas europeas con el objetivo de satisfacer el mercado europeo generado por las metas de la ue.

Hace mucho tiempo que las sociedades africanas ven cómo sus recursos naturales son explotados por empresas extranjeras para su beneficio. Por qué esperar algo distinto con la producción de agrocombustibles, en manos de empresas extranjeras. Lo cierto es que las comunidades sufrirán los impactos sociales, ambientales y culturales de esta nueva promesa de desarrollo.

Recomendaciones para la acción

• Frenar el acaparamiento de tierras. Eliminar los objetivos políticos que incrementan la demanda de agrocombustibles, en particular los objetivos obligatorios de la ue, y suspender de inmediato las adquisiciones de tierras y las inversiones en agrocombustibles.

• Promover una agricultura respetuosa del agricultor y del ambiente, dirigida a la comunidad local.

• Promover la inversión en sociedades sustentables que reduzcan su consumo de energía.

• Establecer normas claras, jurídicamente vinculantes y exigibles, para los inversionistas, que tengan en cuenta todos los posibles impactos de las actividades que pretendan realizar.

• Exigir el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades locales afectadas, para cualquier venta o arrendamiento de tierra.

• Proteger los derechos consuetudinarios de las comunidades y pueblos indígenas.

• Proteger los derechos laborales y humanos de los trabajadores y las trabajadoras agropecuarios. www.ecoportal.net

Notas:

Una nueva investigación realizada conjuntamente por Amigos de la Tierra Europa y grupos de Amigos de la Tierra África, será lanzada en febrero de 2010. El texto que presenta REDES-Amigos de la Tierra Uruguay es un adelanto del informe en extenso. Fuente: Grain

1. GRAIN (octubre 2008) ¡Se adueñan de la tierra! El proceso de acaparamiento agrario por seguridad alimentaria y de negocios. Ver: http://www.grain.org/briefings/?id=214. Ver versión abreviada en Biodiversidad, sustento y culturas, núm 60.

2. Informe del Relator Especial sobre el derecho a la alimentación. Mayor capacidad de respuesta: un marco de derechos humanos para la seguridad alimentaria y nutricional mundial, p.13, septiembre de 2008,
http://daccess-ods.un.org/access.nsf/Get?Open&DS=A/HRC/9/L.15&Lang=S

3. Cotula, L., Vermeulen, S., Leonard, R. and Keeley, J., 2009, Land Grab or Development Opportunity? Agricultural Investment and International Land Deals in Africa, IIED/FAO/IFAD, Londres/Roma. http://www.fao.org/docrep/011/ak241e/ak241e00.htm

4. África: crece la usurpación. Escala e impacto del acaparamiento de tierras para agrocombustibles.

5. Unión Africana (marzo 2009) Framework and guidelines on land policy in África.
http://www.pambazuka.org/aumonitor/images/uploads/Framework.pdf

6. Ibídem.

7. Op. cit, nota 3.

8. Ustulin, E. J. & Severo, J. R. (2001): Cana-de-Açúcar : Proteger o ambiente e continuar gerando empregos.
http://www.cna.org.br/Gleba99N/Set01/cana01.htm

9. African Biodiversity Network (julio 2007) Agrofuels In Africa-The Impacts On Land, Food And Forests.

Fuente: http://www.ecoportal.net/content/view/full/91122

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jueves, 12 de noviembre de 2009

Los grandes capitalistas a la conquista de tierras de cultivo de países pobres


12 de noviembre de 2009
Rómulo Pardo Silva (especial para ARGENPRESS.info)

Se apoderan de los recursos naturales cada vez más escasos por medio de la guerra de las armas o del trato con dinero. La extinción de pueblos en desarrollo no les importa.

El uso de las tierras arables alcanzó su límite y para continuar destruyen selvas; el cambio climático no da ninguna seguridad alimentaria hacia el futuro; los países desarrollados y dependientes persiguen un crecimiento económico permanente y por tanto la explotación irracional de la naturaleza; en el año 2050 se necesitará alimento para 3 mil millones de personas más; el petróleo se agota y se ocupan tierras en la siembra de biocombustibles; los precios de los alimentos han subido provocando inestabilidad social y hambre.


Ante esa perspectiva crepuscular los burgueses buscan su propia seguridad. El método, llamado agrocolonialismo, consiste en lanzarse en una avalancha de adquisiciones internacionales de campos de pobres. (1) Sus gobiernos y empresarios asociados con las corruptas burguesías locales los comprar o comúnmente arriendan por largos años.


Bahrein, Omán, Qatar, China, Corea del Sur, Kuwait, Malasia, India, Suecia, Libia, Brasil, Rusia y Ucrania han adquirido tierras en África. El 2008 Arabia Saudita trató con el gobierno de Tanzania el arriendo de 500.000 hectáreas para producir arroz y trigo, empresarios de Kuwait arrendaron tierras en Camboya y el gobierno de Qatar creó una empresa agrícola en Sudán en sociedad con su par local. El mismo año Ghana, Etiopía, Malí y Kenia les dieron en arriendo millones de hectáreas para la producción agrícola o de biocarburantes. En Sudamérica se han vendido decenas de miles de hectáreas en Argentina, Uruguay y Paraguay. Corporaciones de la India están comprando plantaciones de palma aceitera indonesias y buscan en Uruguay, Paraguay y Brasil tierras para cultivar lentejas y soja.


Según el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias, con sede en Washington, DC, se han transferido entre 15 y 20 millones de hectáreas de tierras arables en los países pobres de África y en Camboya, Pakistán y Filipinas. Sobre el dinero utilizado hay oscuridad, pero da una idea lo sucedido en cinco países subsaharianos donde por la venta o arriendo de 2,5 millones de hectáreas se pagó 920 mil millones de dólares en los últimos cinco años.


Solo un sistema depredador de hombres y medio ambientes en unión con gobiernos nativos indiferentes del futuro de sus pueblos pueden explicar que personas subalimentadas sean despojadas de sus tierras en beneficio de países ricos donde la obesidad es un problema de salud grave.


El aparato de propaganda dominante justifica la conquista colonial diciendo que se trata de algo mutuamente conveniente porque los países ricos aportan tecnología, capital, mercados y conocimientos. Ocultan que el hambre ha sido permanente y sin embargo antes no hicieron este ‘aporte’. También argumenta con el libre comercio y la necesidad de la competencia para erradicar a los productores ineficientes. Principios que no son válidos en las economías desarrolladas que subsidian a sus agricultores arruinando a los de estos países pobres.


En realidad los inversionistas foráneos saben claramente que provocan graves perjuicios a los explotados de siempre. Dañan los suelos con los cultivos intensivos que rompen sus ritmos naturales, agotan las aguas subterráneas, contaminan con químicos. No ignoran que son expulsados agricultores locales sin títulos, que se estafa a pequeños propietarios en el pago de sus tierras, que sus siembras de biocarburantes significan menos alimentos locales y precios inalcanzables. Saben que el cambio de propiedad y el acaparamiento ha aumentado el suicidio de campesinos en países como Sri Lanka, China y Corea del Sur. En India entre 1997 2007 lo hicieron 182.936 personas. Se desconoce la cifra en África.


Los capitalistas se han apoderado del mundo. Se condena su modo violento de hacerlo, pero su vía solapada de conquista a través de la compra de naturaleza, como petróleo, coltan, diamantes, cobre, hierro… sí, aunque significa un despojo de futuro.


La respuesta popular a este despojo es imprescindible. Cuando Madagascar llegó a un acuerdo para arrendar a la transnacional Daewoo Logistics 1,3 millones de hectáreas durante 99 años y cultivar y exportar maíz y aceite de palma a Corea del Sur por 6 mil millones de dólares, los agricultores hicieron caer al gobierno y lo impidieron.


La Coalición de Campesinos Asiáticos y la Liga Internacional Panasiática de Campesinos realizaron una campaña en diez países del continente con la exigencia “¡Paremos el acaparamiento de la tierra! Luchemos por una verdadera reforma agraria y por la soberanía alimentaria de los pueblos.”


Es necesario entender el presente y los peligros del futuro para encauzar con luchas la única salida humanista posible: el socialismo poscapitalista solidario, sustentable, planificado, de decrecimiento en los países ricos.


Nota:
1) Ver Ama Binev http://www.rebelion.org/noticia.php?id=94638

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