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miércoles, 30 de diciembre de 2009

¿Un monstruo fuera de control?


30-12-2009
Alan Hart
alanhart.net
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

En el primer aniversario del comienzo de la guerra de Israel contra la Franja de Gaza –a mi juicio fue una demostración del terrorismo de Estado israelí en su forma más descarada– no basta con decir que los gobiernos de las potencias occidentales (y otras) son cómplices del continuo castigo colectivo por parte de Israel de 1,5 millones de palestinos, un 53% niños.


Lo que sucede realmente en la Franja de Gaza bloqueada, y de modo menos obvio en Cisjordania ocupada, es la continuación furtiva de la limpieza étnica de Palestina por el sionismo. Mi amigo, el profesor Ilan Pappe, destacado historiador “revisionista” (es decir honesto) y autor de La limpieza étnica de Palestina*, lo diría y lo dice de otra manera. Lo que estamos presenciando es, en sus palabras, “un genocidio a cámara lenta”. Y en eso, realmente, son cómplices los gobiernos de las potencias occidentales (y otros).

La pregunta que provoca en mi mente es: ¿Por qué, realmente, las principales potencias (y otras) permiten que eso suceda?

La única respuesta que tiene algo de sentido es la siguiente. Han llegado a la conclusión, pero no lo pueden decir, de que Israel con armas nucleares, con la ayuda del lobby sionista en todas sus manifestaciones, es un monstruo fuera de control.

En mi análisis es posible identificar el momento histórico en el cual las principales potencias abandonaron toda esperanza que podrían albergar de contener las ambiciones coloniales del sionismo.

Llegó, ese momento, en la secuela inmediata de la guerra de 1967.

Contrariamente a la versión sionista de la historia, fue una guerra de agresión israelí, no de autodefensa. Como documento en detalle en mi libro Zionism: The Real Enemy of the Jews, los dirigentes militares y políticos de Israel sabían que los árabes no tenían la intención de atacar.

Al ser así, lo que las principales potencias deberían haber dicho a Israel (en el lenguaje diplomático de una Resolución del Consejo de Seguridad y más explícitamente tras puertas cerradas) es algo como: “No se puede premiar una agresión. Los agresores no pueden conservar territorio conquistado en una guerra. Ahora se les exige que se retiren de inmediato sin poner condiciones para su retirada”.

Para enfatizar ese punto, podían y debían haber recordado a Israel lo que el presidente Eisenhower dijo al pueblo de EE.UU. cuando exigió la retirada incondicional de Israel del territorio egipcio después de su colusión con Gran Bretaña y Francia en 1956. Eisenhower, el primer y último presidente estadounidense que contuvo al sionismo, dijo lo siguiente: “Si aceptamos que el ataque armado puede lograr adecuadamente los propósitos del atacante, temo que habremos retrasado el reloj del orden internacional. Habremos aprobado el uso de la fuerza como medio para resolver diferencias internacionales y obtener ventajas nacionales… Si la ONU admite una vez que las disputas internacionales pueden resolverse mediante el uso de la fuerza, habremos destruido el fundamento mismo de la organización y nuestra mejor esperanza de establecer un verdadero orden mundial”.

Lo que pasa es que las principales potencias no pudieron decir eso a Israel en 1967 porque el gobierno de Johnson se había coludido con Israel hasta el punto de darle luz verde para la destrucción de las fuerzas armadas de Egipto, con la esperanza de que una humillante derrota llevara al derrocamiento del presidente Nasser.

Pero también es verdad que el presidente Johnson buscó y obtuvo una garantía de que Israel no aprovecharía la situación en la guerra para apoderarse de territorio jordano y sirio. Debido a que algunos en el gobierno de Johnson (probablemente el secretario de defensa McNamara y el Estado Mayor Conjunto) no confiaban en que Israel cumpliría su palabra, el barco espía estadounidense, el Liberty, se situó frente a la cosa de Israel y Gaza para escuchar las órdenes de movimiento del ejército israelí. Y el ministro israelí de defensa Dayan ordenó el ataque contra el Liberty porque no quería que Johnson supiera que se proponía apoderarse de Cisjordania y los Altos del Golán. (La historia completa de ese ataque y del encubrimiento de Johnson del mismo también está en mi libro, en un capítulo titulado “The Liberty Affair – ‘Pure Murder’ on a ‘Great Day’”).

A pesar de eso, las principales potencias, incluyendo a EE.UU. y bajo su dirección, podrían haber actuado firmemente para contener las ambiciones coloniales del sionismo. Podrían haber dicho a Israel algo como: “Podemos apenas tolerar el hecho de que retendréis los territorios árabes recién ocupados como una carta de cambio, para cambiarla por paz con vuestros vecinos árabes, pero no permitiremos que os asentéis en esos territorios. Ni un edificio. Si nos desafiáis en este punto, el Consejo de Seguridad autorizará la acción necesaria para obligaros a cumplir con el derecho internacional”.

Lo que se convirtió en la Resolución 242 del Consejo de Seguridad, fue que las principales potencias no lograron impedir la acción ilegal de Israel de asentarse en los territorios recién ocupados, lo que marca el momento en el que las principales potencias se resignaron al hecho de que el Estado sionista, con la ayuda de su pavorosamente poderoso lobby global, era un monstruo al que no podían controlar. (Podían darle un tirón de orejas de vez en cuando, pero no controlarlo.)

La lección del ataque a sangre fría contra el Liberty fue que no hay nada que el Estado sionista no pueda hacer, a sus amigos así como a sus enemigos, a fin de salirse con la suya. (En mi libro explico, sobre la base de una conversación con Dayan, la verdadera razón de la decisión de Israel de adquirir un arsenal nuclear. Fue para tener la capacidad de amenaza disuasiva de decirles a sus amigos: “No nos presionéis más allá de donde estamos dispuestos a ir o utilizaremos estas cosas”.)

De modo que a la luz de la verdad histórica, en lo que tiene que ver con la generación y la sustentación del conflicto en Palestina, que se convirtió en Israel, no sorprende que las principales potencias (y otras) sean actualmente cómplices, más por omisión que por intención, en los crímenes del sionismo.

* Traducción de Luis A. Noriega, ed. Crítica, 2008.


Alan Hart ha sido corresponsal extranjero de ITN y de Panorama de la BBC. Ha cubierto guerras y conflictos dondequiera que ocurrían en el mundo y se especializó en Oriente Próximo. Autor de: Zionism: The Real Enemy of the Jews: The False Messiah. Tiene su blog en www.alanhart.net



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jueves, 26 de noviembre de 2009

Clinton y ahora Obama: ¿Quién diablos se cree que es Netanyahu?


26-11-2009
Alan Hart
alanhart.net
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

No pasa a menudo que haya historias sobre el conflicto israelí/palestino que me hagan reír, pero una de Jeremy Bowen, el editor de Oriente Próximo de la BBC lo logró. Porque es el corresponsal de la corporación a quien más odian los partidarios de ‘Israel con razón o sin ella’ –de vez en cuando presionan a la BBC para que lo despida– imagino que le encantó escribirlo.

En un lúcido informe sobre la situación para From Our Own Correspondent, titulado “Tough Lessons for Obama on Mid-East peace” [Lecciones duras para Obama sobre la paz en Oriente Próximo], Jeremy recordó algunas de las “falsas alboradas” de los preciosos esfuerzos de paz presidenciales.

Una fue un viaje del presidente Clinton a Gaza en 1998 cuando Netanyahu estaba disfrutando de su primer período como primer ministro de Israel. “Sí", agregó Jeremy, "un presidente estadounidense en Gaza. No es concebible en nuestros días.”

Después de señalar que Netanyahu volvió loco a Clinton, Jeremy sigue diciendo:
“Después de que él (Netanyahu) hubo sermoneado al presidente sobre Oriente Próximo, Clinton preguntó genialmente a sus asesores: “¿Quién diablos se cree que es? ¿Cuál es la maldita superpotencia?” Sólo que no usó la palabra ‘diablos’, sino otra.
Lo que Clinton dijo en realidad fue: “¿Quién mierda se cree que es? ¿Cuál es la maldita superpotencia?”

Después de recordar a su manera cómo ha sido humillado hasta la fecha el presidente Obama por Netanyahu en su segundo período como primer ministro, Jeremy comentó que él, Obama, “podría estar utilizando el lenguaje 'clintoniano' sobre el señor Netanyahu.”

Mi propia especulación es que a puerta cerrada Obama incluso podría estar superando a Clinton en su uso de improperios sobre Netanyahu.
Pero realmente no hay motivos para la risa. Lágrimas de furia son más apropiadas.

La verdad documentada, que fluye por mi libro “Zionism: The Real Enemy of the Jews”, es que a cada ocupante del Despacho Oval, como dijo una vez el presidente Ford, le han “vuelto loco” los primeros ministros israelíes. De modo que el uso de improperios para describirlos, y a los líderes del lobby sionista, en momentos de gran tensión, probablemente tiene una historia que cubre todo el camino desde la declaración unilateral de independencia de Israel.

Incluso antes hubo momentos en los que el presidente Truman no pudo contener su cólera ante las tácticas que empleaban los sionistas para imponer su voluntad a él y a las Naciones Unidas. En una reunión del gabinete, Truman estalló: “Jesucristo no pudo complacerlos cuando estuvo aquí, de modo que ¿cómo podría alguien esperar que yo tuviera esa suerte?”

En las “Memorias” publicadas mucho después de los eventos, Truman fue muy franco sobre la coerción sionista en la cuenta atrás antes del voto de la Asamblea General sobre la resolución del plan de partición. Escribió:
“Los hechos fueron que no sólo hubo movimientos de presión alrededor de las Naciones Unidas, diferentes de cualquier cosa que se hubiera visto antes, sino que también la Casa Blanca fue sometida a un bombardeo constante. Creo que nunca he visto tanta presión y propaganda dirigida a la Casa Blanca como la que vi en este caso.
La persistencia de algunos dirigentes sionistas extremistas –impulsados por motivos políticos e involucrados en amenazas políticas– me inquietó y me molestó. Algunos incluso sugirieron que presionáramos a naciones soberanas para que votaran favorablemente en la Asamblea General. Nunca he aprobado que los fuertes impongan su voluntad a los débiles sea entre los hombres o entre las naciones.”

En realidad, la campaña de amenazas para llevar a una serie de naciones soberanas a cambiar su intención de votar “No” a la partición por un “Sí", o por la abstención, fue ejecutada por el lobby sionista con la ayuda de un grupo de ataque de 26 senadores estadounidenses. Todo el esfuerzo por imponer la voluntad del sionismo a la Asamblea General de la ONU fue coordinado por los ojos y oídos del sionismo en la Casa Blanca, David K. Niles. (Una vez confesó que “si Roosevelt hubiera vivido, Israel probablemente no habría llegado a ser un Estado.”

El presidente Roosevelt se oponía a la creación de un Estado judío en Palestina, y hay buenos motivos para creer, como digo en mi libro, que si hubiera vivido, habría utilizado a las Naciones Unidas para decir “No” a la empresa colonial del sionismo).
Cuando Truman supo después que una nación soberana en particular, Haití, había sido amenazada en su nombre, escribió en un memorando no desclasificado hasta 1971 que “los grupos de presión (quería decir grupos de presión sionistas) lograrán hundir a las Naciones Unidas si se continúa con este tipo de cosas.”
Los eventos probaron que Truman tenía bastante razón al respecto.

Eisenhower fue el primer y último presidente de EE.UU. que contuvo al sionismo (cuando insistió en 1956/57 en que Israel, después de su colusión con Gran Bretaña y Francia en la guerra contra el Egipto de Nasser, debía retirarse incondicionalmente del territorio árabe ocupado).

Existe mucha evidencia que sugiere que el presidente Kennedy, si hubiera seguido vivo, se proponía continuar la contención del sionismo de Eisenhower en un segundo período, y que como resultado de ese enfoque no habría habido un giro en la política de EE.UU. a favor de ‘Israel con razón o sin ella’. En ese caso, y es muy probable, la guerra de 1967 no habría tenido lugar –No se habría creado el Gran Israel y no se habría permitido que el Estado sionista desarrollara armas nucleares.

Aunque no contenía exabruptos, la declaración más explícita de enfado que conozco fue la que hizo el candidato a presidente Kennedy después de que le llevaran a una reunión con los donantes sionistas en Nueva York. De vuelta en Washington, fue a dar un paseo con un viejo amigo de confianza, el columnista Charles L. Bartlett. Según su relato, Kennedy dijo:
“Como ciudadano estadounidense me indigna que venga un grupo sionista y me diga: “Sabemos que su campaña tiene problemas. Estamos dispuestos a pagar sus cuentas si nos permite que controlemos su política en Oriente Próximo. ¡Querían control!”

A mi juicio, la pregunta de quién diablos se cree que es Netanyahu no da en el clavo. El hecho es que sabe quién es: otro primer ministro israelí que, con la ayuda del lobby sionista y sus títeres en el Congreso, tiene a otro presidente de EE.UU. agarrado por las bolas. Por lo menos de momento.
……
Alan Hart es ex corresponsal extranjero de ITN y de Panorama de la BBC. Ha cubierto guerras y conflictos dondequiera que ocurrían en el mundo y se especializó en Oriente Próximo. Autor de: “Zionism: The Real Enemy of the Jews: The False Messiah.” Tiene su blog en www.alanhart.net
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viernes, 6 de noviembre de 2009

Títeres del lobby de Israel en el congreso de EE.UU. atacan el derecho humanitario internacional


07-11-2009
Alan Hart
alanhart.net
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Como se esperaba, la Cámara de Representantes de EE.UU. votó, el martes 3 de noviembre, por 344 votos contra 36, para instar al gobierno de Obama a fin de que se oponga al apoyo del Informe Goldstone.

Para los que se interesan por la verdad y la justicia, para no hablar de democracia, el punto culminante en el debate fue la contribución de dos minutos de duración de Dennis Kucinich, representante del Partido Demócrata por el distrito 10 de Ohio (y precandidato para la candidatura demócrata para la presidencia en 2004 y 2008).

Su declaración fue una condena irrecusable de 344 de sus homólogos. A continuación cito el texto completo.

Hoy hemos ido de la Operación Plomo Fundido a la Operación Duda Fundamentada, Casi tan grave como cometer crímenes de guerra es encubrir crímenes de guerra, pretender que crímenes de guerra nunca fueron cometidos y no existieron.

Porque detrás de todo engaño semejante se encuentra la anulación de la humanidad, la destrucción de la dignidad humana, la aniquilación del espíritu humano, el triunfo del pensamiento orwelliano, la prisión eterna del corazón oscuro de lo totalitario.

La resolución que está ante nosotros, que rechazaría todos los intentos del Informe Goldstone de fijar responsabilidad de todas las partes por crímenes de guerra, incluyendo a Hamas e Israel, también podría ser llamada resolución “Abajo es arriba, noche es día, mentira es verdad.”

Porque si este Congreso vota a favor de condenar un informe que no ha leído, sobre eventos que ha ignorado totalmente, sobre violaciones de la ley que no conocía, habrá avergonzado a esta gran institución.

¿Cómo podemos llegar a esperar que haya paz en Oriente Próximo si aprobamos tácitamente violaciones del derecho internacional y de los derechos humanos internacionales, si miramos para otro lado, o si cerramos los ojos ante la angustia de gente a ambos lados encubriendo una investigación legítima?

¿Cómo podemos proteger al pueblo de Israel contra amenazas existenciales si no nos preocupamos por la protección de los palestinos, por su seguridad física, su derecho a la tierra, su derecho a sus propias casas, su derecho al agua, su derecho al sustento, su derecho a la libertad de movimiento, su derecho a la seguridad humana de puestos de trabajo, educación y atención sanitaria?

Tendremos paz sólo cuando los problemas tanto de palestinos como de israelíes sean presentados a esta Cámara y reciban igual consideración en reconocimiento del principio de que toda la gente en este planeta tiene derecho a sobrevivir y prosperar, y que es nuestra responsabilidad, nuestro deber, asegurar que ningún individuo, ningún grupo, ningún pueblo sea excluido de esta humilde reivindicación humana.

Vea y oiga la declaración de Kucinich [en inglés] en

http://pulsemedia.org/2009/11/04/rep-dennis-kucinich-blasts-operation-cast-doubt/

El único ligero desacuerdo que tengo es con la posible inferencia de que sea la primera vez que los títeres del sionismo en el Congreso han avergonzado a esa institución. Lo han estado haciendo con una regularidad automática y monótona desde la creación del Gran Israel, mediante una guerra de agresión, no de autodefensa, en 1967.

http://www.alanhart.net/how-zionist-lobby-stooges-in-congress-brought-shame-to-their-institution/

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¿El derecho a existir de Israel?


06-11-2009
Alan Hart
ICH
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El lunes 12 de octubre, el Primer Ministro Netanyahu inauguró la sesión de invierno de la Knesset [Parlamento israelí] arremetiendo contra el Informe Goldstone que acusa a Israel de cometer crímenes de guerra y prometiendo que nunca permitirá que israelíes sean juzgados por haberlos cometido. Pero ése no fue su mensaje principal. Fue un llamado, presentado – pensé – con cierta desesperación, a la ‘dirigencia palestina', presumiblemente a la dirigencia del “presidente” Abbas y a sus compinches de Fatah, dirigentes que son considerados por numerosos, si no por la mayoría de los palestinos, como títeres estadounidenses e israelíes en el mejor de los casos, y como traidores en el peor.

Netanyahu volvió a llamar a esa dirigencia a aceptar el reconocimiento de Israel como Estado judío, diciendo que era, y sigue siendo, la llave para la paz. Y siguió dale que dale con el mismo tema.
“Durante 62 años los palestinos han estado diciendo ‘no’ al Estado judío. Una vez más llamo a nuestros vecinos palestinos – decid ‘sí’ al Estado judío. Sin el reconocimiento de Israel como el Estado de los judíos no podremos lograr la paz… Un tal reconocimiento es un paso que requiere coraje y la dirigencia palestina debería decir la verdad a su pueblo – que sin ese reconocimiento no puede haber paz… No hay alternativa a que los dirigentes palestinos muestren coraje reconociendo el Estado judío. Ha sido y sigue siendo la auténtica llave para la paz.”
Como señaló Ha’aretz en su informe, la demanda de Netanyahu de la aceptación palestina de Israel como Estado judío es para él “un modo de asegurar el reconocimiento del derecho de Israel a existir, a diferencia del simple reconocimiento de Israel”. Es, como agregó Ha’aretz, el reconocimiento que Netanyahu y muchos otros israelíes ven como el verdadero núcleo del conflicto israelí-palestino.
En nombre del pragmatismo, la disposición a “simplemente reconocer” a Israel – queriendo decir aceptar y vivir en paz con Israel dentro de sus fronteras previas a junio de 1967 – ha sido hace tiempo la posición formal palestina y panárabe. ¿Por qué no llega a reconocer el “derecho a existir” de Israel, y por qué, realmente, es tan importante para el sionismo que los palestinos reconozcan ese derecho?
La respuesta es la siguiente:
Según la historia, tal como la escribió el vencedor, el sionismo, Israel recibió su certificado de nacimiento y por lo tanto su legitimidad mediante la Resolución de Partición de la ONU del 29 de noviembre de 1947. Se trata de un disparate propagandístico.
En primer lugar, la ONU sin el consentimiento de la mayoría del pueblo de Palestina, no tenía derecho a decidir la partición de Palestina o a asignar parte alguna de su territorio a una minoría de inmigrantes extranjeros para que ellos establecieran su propio Estado.
A pesar de eso, por el más estrecho de los márgenes, y sólo después de una votación amañada, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución para dividir Palestina y crear dos Estados, uno árabe, y otro judío, sin que Jerusalén formara parte de uno de ellos. Pero la Resolución de la Asamblea General fue sólo una propuesta – lo que significa que no podía tener ningún efecto, no podía convertirse en política, a menos que fuera aprobada por el Consejo de Seguridad.
La verdad es que la propuesta de partición de la Asamblea General nunca llegó al Consejo de Seguridad para ser considerada. ¿Por qué no? Porque EE.UU. sabía que, si era aprobada, sólo podría ser implementada por la fuerza en vista del grado de oposición árabe y otra musulmana; y el presidente Truman no estaba dispuesto a utilizar la fuerza para dividir Palestina.
Por lo tanto el plan de partición estaba invalidado y la cuestión de qué diablos hacer respecto a Palestina – después de que Gran Bretaña había hecho un lío y se había ido, rindiéndose efectivamente ante el terrorismo sionista – fue devuelta a la Asamblea General para más discusión. La opción favorecida y propuesta por EE.UU. era un fideicomiso temporal de la ONU. Mientras la Asamblea General estaba discutiendo qué hacer, Israel declaró unilateralmente su existencia – desafiando efectivamente la voluntad de la comunidad internacional organizada, incluido el gobierno de Truman.
La verdad en aquel entonces era que el Estado sionista, que llegó a ser sobre todo como consecuencia de la limpieza étnica pre-planificada, no tenía derecho a existir y, es más, no podría tener derecho a existir A MENOS… A menos que fuera reconocido y legitimado por los que fueron desposeídos de su tierra y sus derechos durante la creación del Estado sionista. En el derecho internacional, sólo los palestinos podían dar a Israel la legitimidad que ansiaba.
Y esa legitimidad era lo único que los sionistas no podían y no pueden arrebatar a los palestinos por la fuerza.
No es de extrañar que el primer ministro Netanyahu esté más de un poco preocupado al respecto.
Los dirigentes de Israel siempre han conocido esa verdad. Es hora de que el resto del mundo lo sepa.
….
Alan Hart es ex corresponsal extranjero de ITN y de Panorama de la BBC, quien cubrió guerras y conflictos dondequiera ocurrían en el mundo y se especializó en Oriente Próximo. Autor de: “Zionism: The Real Enemy of the Jews: The False Messiah (Zionism, the Real Enemy of the Jews).” Tiene su blog en http://www.alanhart.net/

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