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martes, 9 de marzo de 2010

La invención del pueblo judío


.09-03-2010
Harry Clark
Counterpunch
Traducido para Rebelión por LB

El mito fundamental del sionismo es el regreso del pueblo judío a su tierra. [Según dicho mito,] El pueblo soberano fue conquistado y exiliado a lo largo y ancho [del orbe] pero se mantuvo marginal y unido, inspirado por la memoria de su antigua soberanía. A finales del siglo XIX, el pueblo [judío] inició su retorno, que culminó en la dramática creación del Estado de Israel en 1948, dando cumplimiento al anhelo de dos milenios. El historiador de la Universidad de Tel Aviv Shlomo Sand, en su notable libro La invención del pueblo judío, explora el trabajo académico pasado y presente para refutar la historiografía sionista subrayando su carácter mitológico, y nos cuenta en cambio la historia de una minoría religiosa y de su credo oscilante entre el proselitismo y la conversión, sujeta a las mismas fuerzas sociales que afectan a cualquier otra minoría religiosa.




Inspirado por el mito sionista, judíos de Israel

"[Los judíos] Saben a ciencia cierta que una nación judía ha existido desde que Moisés recibió las tablas de la ley en el monte Sinaí, y que son sus descendientes directos y exclusivos (con excepción de las diez tribus, que todavía no se han encontrado). Están convencidos de que esta nación "salió" de Egipto, conquistó la "Tierra de Israel" (...) También están convencidos de que esta nación fue exiliada, no una vez sino dos, después de su periodo de gloria —tras la caída del primer templo en el siglo VI a.C., y de nuevo tras la caída del Segundo Templo, en el año 70 d.C. (…) "Creen que ese pueblo —su "nación", que debe ser la más antigua— vagó en el exilio durante casi dos mil años y, sin embargo, a pesar de esta prolongada estancia entre los gentiles logró evitar la integración o asimilación en el seno de éstos (...)

"Entonces —sostienen—, a finales del siglo XIX una circunstancias excepcionales se combinaron para despertar al viejo pueblo de su largo letargo y prepararlo para el rejuvenecimiento y para el retorno a su antigua patria. Y, de ese modo, la nación comenzó a regresar con alborozo (…)

"(...) Cierto, algunas personas a las que nadie había invitado se habían instalado en esta tierra, pero dado que "durante toda su Diáspora el pueblo se mantuvo fiel a ella" por espacio de dos milenios, la tierra [de Israel] pertenecía sólo al pueblo judío y no a ese puñado de gentes sin historia que simplemente se habían tropezado con ella. Por lo tanto, las guerras libradas por la nación errante para conquistar el país estaban justificadas, la violenta resistencia de la población local fue criminal, y solo merced a la (muy bíblica) misericordia de los judíos les fue permitido a esos extranjeros permanecer y vivir en el seno y al lado de la nación que había regresado a su idioma bíblico y a su tierra maravillosa".

Sand subraya la finalidad reaccionaria a la que sirve el mito.

"Dominado por el particular concepto de nacionalidad propio del sionismo, sesenta años después de su creación el Estado de Israel todavía se niega a verse a sí mismo como una República al servicio de sus ciudadanos (...) La excusa para esta grave violación de uno de los principios de la democracia moderna, y para la preservación de una etnocracia desbocada manifiestamente discriminatoria contra algunos de sus ciudadanos, se basa en el mito activo de una nación eterna que en última instancia debe congregarse en su tierra ancestral".

La ausencia de pruebas de expulsión, y la preeminencia —socavadora del mito— de la conversión y el proselitismo [en la historia de la comunidad judía], demuestran que los judíos y el judaísmo eran iguales a cualquier otra minoría religiosa y a su credo. Los babilonios, efectivamente, deportaron a la élite [judía] cuando conquistaron el reino de Judá en el siglo VI a.C., pero ni babilonios ni asirios deportaron a poblaciones enteras. El templo fue reconstruido y Jerusalén devastada por los romanos cuando éstos aplastaron la revuelta zelote en el año 70 d.C., pero "en ningún lugar de la abundante documentación romana se halla mención alguna sobre ninguna deportación de [la población de] Judea". Tampoco la revuelta de Bar Kochba terminó en expulsión. "Es probable que se llevaran a los combatientes cautivos, y otros seguramente huyeron (...) pero las masas de Judea no fueron exiliadas en el año 135 d.C."

Los historiadores nacionalistas (Heinrich Graetz a mediados del siglo XIX, Simon Dubnow a finales del XIX y principios del XX, Salo Baron a mediados del siglo XX) no vincularon [los conceptos de] exilio y destrucción. Graetz y Dubnow se hicieron eco del dramático relato de Flavio Josefo sobre la destrucción [de Jerusalén]; Baron fue más académico, pero buscó sobre todo "evitar una conexión entre el fin de Judea como entidad política y la desaparición de la ‘nación étnica’ judía, que ‘nunca encajaba completamente en los patrones generales de las divisiones nacionales’. Así pues, los judíos son un pueblo con un pasado extraordinario diferente de cualquier otro pueblo". Los historiadores sionistas (Yitzhak Baer y Ben-Zion Dinur, de la Universidad Hebrea, mediados del siglo XX) no abonaron la tesis de la expulsión en el año 70, pero la trasladaron a una fecha posterior a la conquista árabe del siglo VII d.C., tal como veremos más adelante.

El rápido crecimiento de la población judía en todo el Mediterráneo oriental antes del año 70 d.C. plantea otro problema para los historiadores nacionalistas. [Para explicar ese crecimiento,] La perspectiva sionista establece una lista [de posibles causas] que, en orden decreciente de importancia, comprende las deportaciones, las emigraciones para huir de la penuria, la emigración voluntaria, y, por último, un movimiento de proselitismo y de conversión que culminó en el siglo I d.C. Sand afirma que el último factor fue con mucho el más importante, a pesar de la visión convencional según la cual el judaísmo sería una religión no proselitista y aislante. En una disertación heterodoxa impartida en la Universidad Hebrea en 1965, Uriel Rapaport afirmó categóricamente: "Habida cuenta de su gran escala, la expansión del judaísmo en el mundo antiguo no puede explicarse por el crecimiento natural [de la población judía], por la migración [de judíos] desde su patria, o por ninguna otra explicación que no incluya la adhesión de extranjeros [al seno de la comunidad religiosa judía]". “Rapaport se unió a una tradición historiográfica (no judía) que incluía a los grandes eruditos de la historia antigua", los cuales “afirmaban, para usar las palabras fuertes de Theodor Mommsen, que ‘el judaísmo antiguo no era en absoluto exclusivo; al contrario, era tan proclive a propagarse como el cristianismo y el Islam lo serían en el futuro’”. La tesis "fue bien recibida en la Universidad Hebrea" en 1965, "antes de la guerra de 1967, antes del endurecimiento del etnocentrismo en Israel, y más tarde en las comunidades judías del mundo occidental".

La expansión mediante la conversión fue la práctica principal de la dinastía de los Asmoneos, fundada en 165 a.C. La historiografía sionista "presentó al judaísmo como opuesto al helenismo y describió la helenización de las élites urbanas como una traición". Sin embargo, "lo que los Macabeos expulsaron de Judea no fue el helenismo sino el politeísmo. Los asmoneos y sus estructuras de poder eran irreductiblemente monoteístas y típicamente helenísticas". "El helenismo inyectó al judaísmo el elemento vital del universalismo antitribal, que a su vez reforzó el apetito de los gobernantes por propagar su religión (...) Los asmoneos no se proclamaban descendientes de la Casa de David y no veían ninguna razón para emular la historia de Josué, el mitológico conquistador de Canaán”. Los asmoneos conquistaron Palestina central y meridional, convirtieron a sus habitantes por la fuerza y más tarde hicieron lo mismo en Galilea. A principios del siglo III a.C. se inició en Alejandría una traducción griega de la Biblia: el judaísmo se estaba "convirtiendo en una religión multilingüe”. "No es exagerado afirmar que, de no haberse producido la simbiosis entre judaísmo y helenismo, que fue lo que más que ningún otro factor transformó al judaísmo en una religión dinámica y de propagación durante más de trescientos años, el número de judíos en el mundo de hoy sería aproximadamente el mismo que el número de samaritanos." "La Mishna, el Talmud y numerosos comentarios rebosan de declaraciones y debates destinados a convencer al público judío de que acepte a los prosélitos y los trate como a iguales.” Parte de la competencia del cristianismo con el judaísmo en el siglo I d.C. surgió de la "mitología sobre la idea de que los judíos habían sido exiliados como castigo por haber rechazado y crucificado a Jesús", que data de los escritos de Justino el Mártir en el siglo II y que reprodujeron otros escritores cristianos.

Cuando el cristianismo se convirtió en la religión del Estado bizantino bajo Constantino I, "el estatuto jurídico de los judíos no se alteró drásticamente”, pero los edictos represivos contribuyeron al declive del judaísmo. Además, "los creyentes judíos comenzaron a adoptar la noción de exilio como castigo divino". "El concepto de exilio llegó a moldear las definiciones del judaísmo rabínico con respecto al creciente poder del cristianismo." El “futuro que habría de abolir [el exilio] era totalmente mesiánico y quedaba por completo fuera del poder de los judíos humillados”. La población judía comenzó a disminuir cuando las ganancias por proselitismo se convirtieron en pérdidas por conversión al cristianismo.

Para los historiadores sionistas, todavía "era necesario disponer de un exilio forzado, de lo contrario sería imposible comprender la historia ‘orgánica’ del pueblo judío ‘errante’ (...) El comienzo del ‘exilio-sin-expulsión’ (...) comenzó sólo con la conquista árabe”. Esto ayudó "a reducir al mínimo el tiempo de exilio para maximizar la reclamación nacional de propiedad sobre el país”. "Según Dinur, el país cambió de manos debido exclusivamente a ‘la incesante penetración en el país de gentes del desierto, a su fusión con sus exóticos elementos (sirio-arameos), a la adopción de la agricultura por parte de los nuevos conquistadores y a su apropiación de tierras judías’”. Sin embargo, “Dinur exhibe una “embarazosa falta de fuentes documentales en su empeño por fundamentar su tesis” acerca de una expulsión de los judíos a instancias de los musulmanes. La drástica disminución de la población judía "tras la conquista musulmana del siglo VII (...) no se debió a que los judíos fueran expulsados del país, un hecho sobre el que no existe la más mínima evidencia en las fuentes históricas".

La confiscación de tierras fue mínima debido a que el ejército conquistador era relativamente pequeño y tras su victoria partió rumbo a nuevas campañas. Además, los conquistadores tenían una "actitud bastante liberal hacia las religiones de los pueblos derrotados, siempre que fueran monoteístas, por supuesto". A cristianos y judíos solo les exigían el pago de un impuesto de capitación. A falta de otras pruebas, "es razonable suponer que en Palestina / Tierra de Israel se inició un lento y moderado proceso de conversión [al Islam] que supuso la desaparición de la mayoría judía en el país".

Sobrepasado por los flancos en el Mediterráneo, el judaísmo se expandió en los márgenes del cristianismo. La poderosa tribu y reino de Himyar, que de hecho gobernaba Yemen, se convirtió al judaísmo en el año 378, y una dinastía judía gobernó hasta el primer cuarto del siglo VI d.C. Es probable que los himyaritas fueran el origen de la tribu de los judíos falasas etíopes. En 525 el reino Himyar fue conquistado por el reino cristiano de Aksum, situado al otro lado del Mar Rojo, en la Etiopía moderna. En 570 la zona fue conquistada por los persas, que paralizaron su cristianización, pero el país no se convirtió al zoroastrismo. Cuando los ejércitos islámicos llegaron en el año 629 se encontraron con una población cristiana y judía, y "el profeta les advirtió en una carta que no obligaran a la población local a convertirse al Islam".

Los judíos Himyaritas fueron la base histórica de los judíos yemeníes. Baron escribió "varias páginas acerca de ‘los antepasados de la judería del Yemen’, y trató de varias maneras de justificar el duro trato que [aquellos judíos yemeníes] dispensaron a los cristianos", por ejemplo en el caso del rey Dhu Nuwas, que masacró a 20.000 personas por rechazar la conversión. Esta masacre fue objeto de debate en un programa de la BBC sobre los himyaritas y provocó las protestas de la Junta de Delegados de la judería británica, cuyo portavoz descalificó a Dhu Nuwas tachándolo de "renegado converso". "De todos es sabido que el judaísmo no es una religión proselitista" [sostuvo el portavoz de la Junta de Delegados]. La BBC recibió el apoyo de historiadores israelíes, uno de los cuales afirmó: "Él [el rey Dhu Nuwas] masacró efectivamente a muchos cristianos. El volumen de conocimientos sobre ese asunto es cada vez mayor. La tribu se convirtió a finales del siglo IV, y en aquellos días el judaísmo se consideraba misionero. Es un asunto sensible desde un punto judío [¡sionista!]”. Los himyaritas desaparecieron de la historiografía sionista.

"La monumental compilación de Dinur titulada Israel en el exilio se abre en el siglo VII d.C. con 'el pueblo judío camino al destierro’, de manera que el anterior reino judío al sur de Arabia desaparece. Algunos académicos israelíes cuestionaron el carácter judío de los himyaritas, que probablemente no eran enteramente rabínicos, mientras que otros [estudiosos] simplemente pasaron por alto este problemático capítulo de la historia. Los libros de texto publicados [en Israel] tras la década de 1950 no mencionaban el reino meridional proselitizado".

Haim Zeev Hirschberg, académico israelí especializado en los judíos árabes, afirmó que 'los judíos que llegaron de la Tierra de Israel (...) eran el alma viva de la comunidad judía del Yemen (...) decidían sobre todos los asuntos". Sand sostiene que "Hirschberg no tenía la menor prueba sobre el número, caso de haber alguno, de “judíos de nacimiento" existentes en las diferentes clases de la sociedad Himyarita, ni sobre el origen de los que abrazaron la fe judía. Pero [en Hirschberg] el imperativo etnocéntrico era más fuerte que su formación histórica, y le exigía concluir su trabajo con la 'llamada de la sangre’". Los historiadores yemeníes, en cambio, “insisten en que los judíos del Yemen son ‘una parte inseparable del pueblo yemenita. Estas gentes se convirtieron y adoptaron la religión judía en su patria, que por aquel entonces practicaba la tolerancia religiosa’".

El norte de África constituyó otro exitoso capítulo de proselitismo judío, probablemente a partir de los sobrevivientes fenicios del saqueo romano de Cartago. Existen pruebas arqueológicas y epigráficas sustanciales que dan fe de la existencia de vida religiosa judía. Los años 115-17 fueron testigo de una "revuelta mesiánica anti-pagana a gran escala" dirigida por un rey judeo-helenístico. Los emperadores romanos Severos de los siglos II y III eran oriundos del norte de África y practicaban una política filo-semita. Los escritores cristianos norteafricanos Tertuliano y Agustín reconocieron la fuerza del judaísmo.

Una reina bereber judía llamada Dihya al-Kahina agrupó a las tribus del este de Argelia y derrotó al general omeya Hassan ibn al-Numan en 689. Cinco años más tarde, las tropas de éste la mataron en el campo de batalla y sus hijos se convirtieron al Islam, uniéndose a los conquistadores. En el siglo XIV Ibn Khaldun escribió sobre el reinado de Dihya al-Kahina y describió a las tribus bereberes judías que habitaban el territorio comprendido entre la moderna Trípoli y Fez, en Marruecos.

"[E]stas áreas tribales coinciden aproximadamente con los lugares donde las comunidades judías persistieron hasta los tiempos modernos". En el relato de Sand, Hirschberg excluyó esta historia, y con ella a la reina bereber, así como las pruebas de la ascendencia bereber judía. "Su esfuerzo constante por demostrar que los judíos eran una nación étnica arrancada de su antigua patria (...) satisfacía el imperativo de la historiografía sionista dominante (...) [que] constituía la "fuente científica" de los "libros de texto estándar de historia del sistema educativo israelí".

Descartada esa historia, aún queda un "gran enigma en los textos de historia de Israel (...) la existencia en Hispania de una comunidad judía tan numerosa". La evidencia lingüística sugiere que 'los judíos sefarditas son mayoritariamente descendientes de árabes, bereberes y europeos convertidos al judaísmo". Además, "el hebreo y el arameo hicieron su aparición en los textos judíos [europeos] sólo en el siglo X d.C. y no fueron producto de una evolución lingüística autóctona previa. Eso significa que los exiliados o emigrados de Judea no se establecieron en Hispania en el siglo I ni introdujeron su lengua original”. Los judíos ibéricos dieron la bienvenida a sus conquistadores [musulmanes] por lo que suponían de respiro respecto al cristianismo visigodo, y la afluencia bereber, junto con un mayor proselitismo, incrementó la población judía hasta que la conversión al Islam se impuso. Ésta se vio contrarrestada sustancialmente por la inmigración "de judíos procedentes de todo el sur de Europa y en mayor número aún del norte de África", motivada por la "admirable simbiosis entre [judaísmo] y arabismo tolerante en el reino de Al-Andalus y en los principados que lo sucedieron".

Los prosélitos Himyaritas y bereberes palidecen ante los jázaros, que gobernaron desde el siglo IV a lo largo del Volga y al este de Ucrania en la península de Crimea y en la Georgia moderna. La Ruta de la Seda y el Don y el Volga dieron al reino un comercio rico y floreciente, así como los medios para mantener un poderoso ejército. Aunque el “lenguaje jázaro consistía en dialectos huno-búlgáricos más otros dialectos de la familia turca", “[n]o hay duda (...) de que la lengua sagrada de los jázaros y su lengua de comunicación escrita era el hebreo”. Los jázaros se convirtieron gradualmente [al judaísmo] entre mediados del siglo VIII y mediados del siglo IX, y [lo hicieron] por la misma razón "que explica la conversión de Himyar (...) [a saber, e]l deseo de seguir siendo independientes frente a poderosos imperios expansivos (...) Si los jázaros hubieran abrazado el Islam (...) se habrían convertido en súbditos del califa. Si hubieran permanecido paganos, los musulmanes los habrían marcado para la aniquilación (...) El cristianismo, por supuesto, los habría convertido en tributarios del Imperio Oriental”. La conversión [al judaísmo] se inició con la élite, y con el tiempo abarcó a la mayor parte de la población. El judaísmo jázaro era sustancialmente rabínico, aunque también es posible que floreciera el judaísmo Kairate, una secta similar al protestantismo que considera a la Biblia hebrea como la única autoridad.

A semejanza de Al-Andalus, "el poder jázaro protegió a judíos, musulmanes, cristianos y paganos". A finales del siglo X y principios del XI, Kiev, hasta entonces territorio vasallo [del poder] jázaro, se alió con Bizancio y derrotó el reino jázaro. El judaísmo pervivió en las ciudades, las estepas y las montañas para ser barrido por la conquista mongol del siglo XIII, exceptuando algunos vestigios que pervivieron en las montañas. El imperio jázaro estaba demasiado bien atestiguado “por fuentes árabes, persas, bizantinas, rusas, armenias, hebreas, e incluso por fuentes chinas" como para ser ignorado, pero Graetz, Dubnow, Baron y Dinur lo rechazaron por considerarlo un fenómeno pasajero, un rompecabezas, o el resultado de una migración masiva de la "Tierra de Israel". El único estudio israelí de los jázaros, realizado por Abraham Polak y publicado por última vez en 1951, aseguraba a sus lectores que 'una gran comunidad judía creció allí, de la cual los jázaros prosélitos eran sólo una parte’". Sand sugiere que en los años 1950 y 1960 "los mercaderes israelíes de memoria" temían "por la legitimidad del proyecto sionista en caso de que se llegara a saber de forma amplia que las masas judías de colonos [que se estaban asentando en Palestina] no eran descendientes directos de los ‘Hijos de Israel’". "La conquista de la ‘Ciudad de David’ en 1967 debía ser obra de los descendientes directos de la Casa de David y no, Dios nos libre, de descendientes de los curtidos jinetes de las estepas del Volga y del Don, de los desiertos del sur de Arabia o de la costa del norte de África."

Sand también tiene en cuenta el argumento popularizado por Arthur Koestler en La treceava tribu según el cual la migración de los jázaros habría sido el origen de los judíos de Europa oriental, en contra de la opinión sionista estándar según la cual esos judíos emigraron de Alemania occidental (vía Roma y la "Tierra de Israel"). "Jazaria se derrumbó poco antes de la llegada de los judíos a Europa del Este, y es difícil no relacionar ambos [sucesos]". Desde principios del siglo XIX los jázaros fueron estudiados a fondo por acreditados estudiosos rusos, polacos y soviéticos, tanto judíos como gentiles, y fueron comúnmente considerados como el origen de los judíos de Europa del Este. Polak, y después de él Baron y Dinur reconocieron a los jázaros como el origen de los judíos orientales, aunque todos ellos fustigaron los orígenes proselitizados de los jázaros.

Quizás la fuente más persuasiva citada por Sand sobre los orígenes proselitizados de los judíos ashkenazis sea el lingüista de la Universidad de Tel Aviv Paul Wexler, autor de Los judíos ashkenazis: un pueblo eslavo-turco en busca de una identidad judía (y autor asimismo de Los orígenes no judíos de la judíos sefarditas). Wexler afirma que "el lenguaje conocido como yiddish (...) se desarrolló en el siglo IX en tierras bilingües germano-eslavas como una forma judaizada del sorabo". El sorabo es un idioma eslavo hablado hoy por unas 50.000 personas en Brandenburgo, al sureste [de Alemania]. "El yiddish no es una ‘forma de alemán’”. Las "pequeñas comunidades judías en los territorios monolingües del oeste de Alemania" no pueden haber sido el origen de los millones de judíos de la Europea oriental. "El judeo-sorabo sufrió una 'relexification" (...) a partir de los siglos IX y X y, como más tarde, a principios del siglo XIII". "El resultado fue (...) el injerto de vocabulario del alto alemán [oriental] (...) a la sintaxis, fonología, fonotaxis y, en cierta medida, morfología del judeo-sorabo. Así, a pesar de su ‘aire alemán’, el yiddish sigue siendo un idioma eslavo occidental". El hebreo moderno es también una lengua eslava, no un "renacimiento" del antiguo hebreo semita, algo "imposible (...) porque no existen [hablantes] nativos que puedan proporcionar una norma nativa". "El hebreo moderno simplemente incorpora la sintaxis y el sistema fonético de la lengua yiddish oriental hablada por los primeros planificadores modernos del idioma hebreo en la Palestina Otomana, mientras que su léxico (...) fue sistemáticamente sustituido por vocabulario hebreo tomado de la Biblia y de la Mishná".

Wexler argumenta a partir de la evidencias lingüísticas y de otro tipo "que los judíos ashkenazis han debido de consistir en una mezcla de griegos, romaníes balcánicos, eslavos balcánicos, germano-eslavos y turcos (jázaros, avares) convertidos al judaísmo y sus descendientes, junto con una exigua minoría de judíos étnicos, éstos últimos con toda probabilidad oriundos de otras partes de Europa más que de la propia Palestina”. Por razones lingüísticas, Wexler rechaza la hipótesis de la migración masiva de jázaros, argumentando que hubo más conversión sobre el terreno que migración. "Por lo tanto, el judaísmo contemporáneo se define mejor no como la continuación del judaísmo que sirvió como antecedente del cristianismo y del Islam, sino como una nueva variante judaizada del paganismo europeo (principalmente eslavo) y del cristianismo (...) la mayoría de las características del antiguo judaísmo palestino y del hebreo semita que se hallan en el ‘judaísmo’ ashkenazi y en el ‘hebreo’ ashkenazi medieval/israelí moderno fueron préstamos posteriores y no herencia original [subrayado en el original]". Esta tesis ha sido oscurecida por el chovinismo filo-alemán y anti-eslávico de estudiosos de ascendencia ashkenazi, tanto judíos como gentiles, debido a sus anteojeras disciplinarias y también a la inercia.

Sand estudia también el racismo sionista, desde el proto-sionista Moses Hess, que "necesitaba una buena dosis de teoría racial para elaborar su ensoñación del pueblo judío", hasta las ideas del padrino de los kibutz Arthur Ruppin "sobre la lucha darwinista de la ‘raza judía’”, incluyendo consultas con "expertos" de la Alemania nazi, hasta el discreto intento de los genetistas israelíes tras 1948 "para descubrir una homogeneidad biológica entre los judíos del mundo" mientras investigaban enfermedades de judíos reveladas por portadores de Tay-Sachs oriundos de Europa del Este, pero también por portadores de favismo yemenitas e irakíes. "El control israelí desde 1967 sobre una población no judía cada vez mayor", y la consiguiente necesidad de "encontrar una frontera etnobiológica" que subraye “las similitudes genéticas básicas (...) y la pequeña proporción de genes ‘extranjeros’ en el paquete genético de los judíos" condujo a "nuevos hallazgos" que "corroboraron la literatura acerca de la dispersión y el vagabundeo de los judíos desde la antigüedad hasta el presente. Por fin, la biología confirmó la historia" en la actual pseudo-ciencia de la "genética judía”.

Israel “se convirtió en líder mundial en la ‘investigación de los orígenes de las poblaciones’”, aunque "los investigadores israelíes (...) mezclaban regularmente mitologías históricas con presunciones sociológicas y con dudosos y escasos hallazgos genéticos". Entre estos se cuentan el ADN mitocondrial que supuestamente demostraría que "el 40% de todos los ashkenazis del mundo descienden de cuatro matriarcas (como en la Biblia)”, y un haplotipo presente en el 50% ciento de los varones llamados Cohen, que "demostraba" que "la casta sacerdotal judía fue realmente fundada por un antepasado común hace treinta y tres siglos”. Esta basura apareció impresa en publicaciones como Nature y el American Journal of Human Genetics, y fue respetuosamente reproducida en Haaretz y en otras publicaciones, pero pocas veces [se publicaron] opiniones escépticas o hallazgos sensu contrario. "Sin embargo, hasta ahora, ninguna investigación ha encontrado características únicas y unificadoras de herencia judía basadas en un muestreo aleatorio de material genético cuyo origen étnico no sea conocido de antemano (...) a pesar de todos los costosos esfuerzos ‘científicos’ realizados, un individuo judío no puede ser definido de ninguna manera por criterios biológicos”.

El relato del judaísmo que realiza Sand desde la exclusiva genealogía israelita hasta el proselitismo helénico pasando por el proselitismo y la conversión en los márgenes de la Cristianidad, en Arabia, Norte de África, Hispania y entre los jázaros y eslavos, junto con la introversión defensiva posterior al triunfo final del cristianismo, constituye la interesante y convincente historia de una minoría religiosa sometida a fuerzas históricas comunes.

El relato contrario, que nos habla de un pueblo judío unitario expulsado de su patria y errante en el aislamiento de su exilio durante dos mil años hasta que comienza a regresar a finales del siglo XIX d.C., es un mito reaccionario que el sionismo ha desplegado para conquistar Palestina y recabar apoyo para esa conquista. Hoy en día el mito pervive incuestionado tanto en Israel como en el resto del mundo. Nada "ha desafiado a los conceptos fundamentales que se elaboraron a finales del siglo XIX y principios del XX". Los avances en el estudio de las naciones y del nacionalismo no "afectaron a los departamentos de ‘Historia del Pueblo de Israel’ (también conocido como de historia judía) de las universidades israelíes. Ni, sorprendentemente, han dejado huella alguna en la amplia producción de los departamentos de estudios judaicos de las universidades americanas o europeas”. El mito sionista expresa una conciencia judía virulentamente racista. Desde el punto de vista canónico liberal, "cualquier persona que argumentara que todos los judíos pertenecen a una nación de origen extranjero habría sido catalogado automáticamente como antisemita. Hoy en día, quienquiera que se atreva a sugerir que la gente conocida en el mundo como judíos (a diferencia de los actuales israelíes judíos) nunca han sido, y siguen sin serlo, un pueblo o una nación, es denunciado inmediatamente como alguien que odia a los judíos".

En su conclusión, Sand afirma "el estado de ánimo al final de este libro. (…) es más pesimista que optimista”. En su párrafo final pregunta:

"A fin de cuentas, si fue posible cambiar el imaginario histórico de forma tan profunda, ¿por qué no realizar un esfuerzo de imaginación igualmente potente para construir un mañana distinto? Si la historia de la nación [judía] fue básicamente un sueño, ¿por qué no soñar de nuevo, antes de que se convierta en una pesadilla?".

Es posible contactar con Harry Clark en: andalus01@gmail.com.

Fuente: http://www.counterpunch.org/clark02042010.html

Hay disponible un PDF de este artículo con notas en: http://sites.google.com/site/alandalusdoc/palestine/sand.pdf

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domingo, 10 de enero de 2010

El final de la historia judía: La guerra contra el terror interior


Archivos recuperados

jueves 26 de marzo de 2009
Gilad Atzmon´
Palestine Think Tank
25-03-2009
Traducido para Rebelión y Tlaxcala por S. Seguí

El artículo que presento hoy es probablemente lo más importante que he dicho nunca en relación con la brutalidad israelí y la identidad contemporánea judía.
Soy consciente de que podía haber expuesto mis pensamientos en un libro de más alcance o en un texto académico de análisis; sin embargo, voy a hacer exactamente lo contrario: lo voy a expresar del modo más corto y sencillo posible.

En las pasadas semanas hemos sido testigos de una campaña genocida israelí contra la población civil palestina en Gaza. Hemos visto cómo uno de los ejércitos más potentes del mundo aplastaba mujeres, ancianos y niños. Hemos visto cómo un vendaval de armas no convencionales estallaba sobre escuelas, hospitales y campamentos de refugiados.
Antes de esto sabíamos de crímenes de guerra, pero esta vez la transgresión israelí ha sido radicalmente diferente: contaba con el apoyo de la absoluta mayoría de la población judía israelí.

La campaña militar del ejército israelí en Gaza contó con el apoyo del 94% de la población israelí. El 94% de los israelíes aparentemente aprobaron los ataques aéreos contra civiles. El pueblo de Israel pudo ver la carnicería en sus televisores, oír las voces, ver los hospitales y campamentos de refugiados en llamas, y sin embargo nada de ello les provocó la menor emoción. No hicieron gran cosa por poner coto a sus despiadados líderes, “democráticamente elegidos.” En cambio, algunos de ellos tomaron sus asientos plegables y se instalaron en las colinas que dominan la Franja de Gaza, para observar cómo su ejército convertía Gaza en un moderno coliseo de sangre hebreo.

Incluso ahora, cuando la campaña parece haber acabado y se conoce la escala de la carnicería de Gaza, los israelíes siguen sin dar señales de remordimiento. Como si todo esto no fuera suficiente, durante todo el tiempo que duró la guerra, judíos de todo el mundo se movilizaron en apoyo a su Estado únicamente-judío.Un apoyo popular de esta envergadura a los crímenes de guerra es algo inaudito.

Los estados terroristas efectivamente matan, pero siempre con un punto de timidez al respecto. En la URSS de Stalin se mataba en remotos gulags, y los nazis alemanes ejecutaban a sus víctimas en el fondo de los bosques, tras alambres de espinos.En el Estado judío, los israelíes asesinan a la luz del día a mujeres, niños y ancianos indefensos, y utilizan armamento convencional contra escuelas, hospitales y campamentos de refugiados.

Este nivel de barbarie exige a gritos una explicación. La tarea pendiente puede definirse, fácilmente, como una búsqueda de comprensión de la brutalidad colectiva israelí. ¿Cómo puede ser que esta sociedad haya conseguido perder hasta el último rastro de compasión y misericordia?

El terror interior

Más que cualquier otra cosa, los israelíes y todas las comunidades judías que les han apoyado están aterrorizados por la brutalidad que encuentran en sí mismos. Cuanto más implacables son, más asustados se vuelven.

La lógica es sencilla. Cuanto más sufrimiento se inflige al otro, más ansiedad acumula uno ante el potencial de capacidad de muerte que halla en torno. En otras palabras, el israelí proyecta en el palestino, el árabe, el musulmán y el iraní la agresividad que encuentra en sí mismo. Teniendo en cuenta que la brutalidad israelí ha demostrado no tener límites ni comparación posible, su ansiedad es por lo menos igual de grande.

Al parecer, los israelíes sienten temor de que ellos mismos sean sus propios esbirros. Han entablado una mortífera batalla con el terror interior. Pero los israelíes no están solos. El judío de la diáspora que se manifiesta en apoyo de un Estado que lanza fósforo blanco sobre civiles está atrapado en la misma trampa devastadora. Con su entusiasta respaldo de un crimen insoportable, siente horror ante el pensamiento de que la crueldad que encuentra en sí pueda manifestarse también en otros.
El judío de la diáspora que apoya a Israel está destrozado por la imaginaria posibilidad de que un acto brutal similar al suyo pueda un día infringírsele.

Esta misma preocupación explica todo lo relativo al antisemitismo.
Es básicamente la proyección de una acción colectiva sio-céntrica tribal e implacable sobre otros.

No hay conflicto israelo-palestino

Lo que tenemos a la vista es la clara formación de un círculo vicioso en el que los israelíes y sus defensores se están convirtiendo en un meteoro vengativo insular, alimentado por una agresión interna explosiva.

El significativo de todo ello es bastante revelador.
Dado que los palestinos no pueden hacer frente militarmente a la agresión israelí y su capacidad destructiva, tenemos derecho a afirmar que no hay un conflicto israelo-palestino. Todo lo que hay es una psicosis israelí en la que este pueblo está siendo demolido por la ansiedad producida por el reflejo de su propia crueldad.

Al ser considerados los nazis de nuestra época, los israelíes están por ello condenados a ver un nazi en cualquier persona.Del mismo modo, no hay un aumento del antisemitismo.
El judío de la diáspora sionista está simplemente destrozado por la posibilidad de que alguien más esté tan corrompido éticamente y sea tan cruel como él mismo ha demostrado ser.

En pocas palabras, las políticas israelíes y la acción de los grupos de presión sionistas deberían ser considerados nada menos que como una paranoia colectiva sio-céntrica letal, al borde de la psicosis total.

¿Hay modo de redimir a los sionistas de esta sangrienta incursión?
¿Hay manera de cambiar el curso de la historia y salvar a los israelíes y sus partidarios de la depravación total?

Probablemente, la mejor manera de plantear esta cuestión es preguntando si hay algún modo de salvar a los israelíes y los sionistas de sí mismos.

Como pueden imaginarse, no estoy exactamente interesado en salvar a los israelíes o los sionistas; sin embargo, tengo para mí que la redención de los sionistas de su transgresión puede traer perspectivas de paz a Palestina, Iraq y probablemente el resto de nosotros.

Para los que no consiguen verlo, Israel es sólo la parte visible del iceberg. A fin de cuentas, Estados Unidos, Gran Bretaña y Occidente están en la actualidad sujetos a formas similares de la política del miedo, que son el producto directo de la mortífera ideología y práctica intervencionista de los neocon.

El psicoanalista de Nazaret

Hace muchos años –se afirma– vivía entre sus hermanos un israelita, en la tierra de Canáan. Como los actuales israelíes, estaba rodeado de odio, venganza y miedo.

En un momento dado, decidió intervenir e introducir cambios: se había dado cuenta de que no había otro modo de combatir la crueldad que buscando la gracia. “Poner la otra mejilla”, fue la sencilla sugerencia que propuso.

Al definir la psicosis del israelita como “una guerra contra el terror interno”, Jesús percibió que el único modo de contrarrestar la violencia es mirarse en el espejo a la vez que se busca la Bondad dentro de sí.

Es bastante evidente que la lección de Jesús creó las condiciones para la formación de la ética universal occidental.

Las ideologías políticas modernas sacaron conclusiones de esta perspectiva cristiana.
En Marx, la búsqueda normativa de la igualdad puede considerarse una reescritura secular del concepto de hermandad que propone Jesús.
Buscar la paz es, en primer lugar, buscarse a uno mismo dentro de sí.

Mientras que los israelíes y sus hermanos gemelos neocon pretenden conseguir la paz por medio de la fuerza disuasoria, la auténtica paz se consigue mediante la búsqueda de la armonía interior.

Como nos sugeriría un estudioso lacaniano, amar a tu prójimo es realmente amarte a ti mismo amando a tu prójimo.

El caso de los israelíes es exactamente el caso opuesto.
Tal como demuestran una y otra vez, se están realmente amando a sí mismos odiando a su prójimo, o, dicho más brevemente, simplemente se aman a sí mismo odiando en general.

Odian casi todo: a su prójimo, los árabes, Chávez, los alemanes, el Islam, los gentiles, el cerdo, el palestino, la Iglesia católica, Jesús, Hamás, los calamares e Irán. Piense usted en alguna cosa y seguro que la odian.

Uno puede llegar a admitir que odiar tanto debe de ser un proyecto particularmente agotador, a menos que haya en ello algún placer.
Y, sin duda, el principio del placer israelí podría articularse así: el impulso continuo de los israelíes a buscar el placer en el odio, a la vez que infringen dolor a otros.

Debemos señalar aquí que la guerra contra el terror interior no es exactamente una invención judía. Todos, sean naciones, pueblos o individuos, están sujetos potencialmente a ella. Las consecuencias de la masacre nuclear estadounidense perpetrada en Hiroshima y Nagasaki convirtieron al pueblo estadounidense en un colectivo aterrorizado. Esta ansiedad colectiva se conoce con el nombre de guerra fría. Estados Unidos tiene todavía que redimirse del temor a que alguien más se muestre tan inmisericorde como demostró ser Estados Unidos.

En cierto modo, la operación Shock and Awe (Conmoción y pavor) tuvo un efecto similar sobre Gran Bretaña y Estados Unidos. Condujo a la creación de masas horrorizadas fácilmente manipulables por una élite altamente motivada. Este tipo concreto de política es lo que se denomina política del miedo.

Y sin embargo, en el discurso occidental se ha instalado un mecanismo de corrección. A diferencia del Estado judío, que se está radicalizando cada vez más por su propia autoadministrada paranoia, en Occidente se consigue hacer frente y contener el mal. El asesino ha sido denunciado y la esperanza de paz se vuelve a sentir, por ahora.

Aunque no sea de los que esperan grandes cambios por parte del presidente Barack Obama, hay una cosa meridianamente clara: Obama fue votado presidente para que trajera cambios. Obama es un símbolo de nuestro genuino intento de limitar el alcance del mal.En el estado judío, no sólo no sucede esto sino que nunca puede suceder.

La diferencia entre Israel y Occidente es bastante evidente: en Occidente la herencia cristiana nos da la posibilidad de un deseo enraizado en la creencia en la bondad universal. Sin embargo, estamos ante el peligro constante de la exposición al mal, y tendemos a creer que el bien al final prevalecerá.

Por otra parte, en el discurso tribal hebreo, el Bien es la propiedad de los elegidos. Los israelíes no ven bondad o amabilidad en sus vecinos, los ven como salvajes y como una entidad amenazadora para sus vidas. Para los israelíes, la amabilidad es la propiedad específica de ellos mismos, y accidentalmente también son inocentes y víctimas.

En el marco del discurso occidental universal, la bondad no pertenece a un pueblo o un único país, pertenece a todos y a ninguno al mismo tiempo. En el marco del patrimonio universal occidental, la Bondad se halla en cada uno de nosotros, y no pertenece a ningún partido político ni ideología. Los elevados conceptos de la gracia y de un Buen Dios están ahí en cada uno de nosotros, siempre cercanos al hogar.

¿Qué clase de Padre es éste?
“Y será, cuando Jehová tu Dios te hubiere introducido en la tierra que juró á tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, que te daría; en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste, y casas llenas de todo bien, que tú no henchiste, y cisternas cavadas, que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste: luego que comieres y te hartares” (Deuteronomio: 6: 10 -11).
“Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra de la que vas a tomar posesión, él expulsará a siete naciones …y tú los derrotarás. (…) no hagas con ellos ningún pacto ni les tengas compasión.” (Deuteronomio: 7: 1 -2).

Llegados a este punto podemos intentar llegar hasta la causa radical que subyace a la grave falta de compasión del discurso israelí y de los grupos de presión que lo apoyan. Considero que una elaboración de las turbulentas relaciones entre los judíos y sus diferentes dioses pueden arrojar algo de luz sobre este tema.

Es evidente que la creciente lista de “dioses”, “ídolos” y “figuras paternas” judías es bastante problemáticas, por lo menos en lo que se refiere a ética y amabilidad. La relación misma entre “el hijo” y “el padre no ético” debe analizarse.

La filósofa Ariella Atzmon (mi madre, por más señas) define la complejidad del falso comienzo como el síndrome de Fagin.
El personaje de Fagin, de Charles Dickens, es un adulto que recluta a niños y los forma como carteristas y ladrones, cambiándoles por alimentos y cobijo las cosas que los niños roban. Aunque los niños deben estar agradecidos a su maestro, también deben despreciarlo por hacer de ellos ladrones y carteristas. Los niños se dan cuenta de que las cosas que tiene Fagin son robadas y que su amabilidad está lejos de ser honesta o pura. Antes o después los niños se volverán contra su protector, Fagin, en un intento de liberarse de esa trampa inmoral.

Desde una perspectiva padre-hijo, Jehová, el bíblico Dios judío, no difiere mucho de lo que podemos observar en el síndrome de Fagin.
El padre de Israel conduce a su pueblo elegido por el desierto hasta la tierra prometida, para que puedan robar y saquear a sus habitantes indígenas. Esto no es exactamente lo que uno podría esperar de un padre ético o de un Dios amable. Por consiguiente, por mucho que los hijos de Israel amen a Jehová, también deben abrigar alguna sospecha sobre el hecho de que los convierta en ladrones y asesinos. También podrían tener alguna aprensión sobre su amabilidad. Así, no deberíamos estar sorprendidos de que a lo largo de la historia judía un buen número de judíos se haya vuelto contra su padre celestial.

Sin embargo, teniendo en cuenta la concepción secular común de que los dioses son en realidad invenciones humanas, uno puede preguntarse qué conduce a la invención de un Dios tan poco ético. ¿Qué es lo que hace que los humanos sigan los mandatos de un Dios así?

También sería interesante saber qué clase de Dios alternativo puedan escoger los judíos, una vez se hayan desembarazado de Jehová.
Desde la emancipación, muchos judíos se han disociado del marco tribal tradicional y del judaísmo rabínico. Muchos se han integrado en sus realidades circundantes, han abandonado sus supuestos privilegios y se han convertido en seres humanos corrientes.

Muchos otros han insistido en abandonar a Dios, pero a la vez manteniendo su afiliación tribal orientada racialmente; han decidido basar su pertenencia tribal en razones étnicas, raciales, políticas, culturales e ideológicas en lugar de en los preceptos judaicos. Aunque es evidente que han abandonado a Jehová, han insistido a su vez en adoptar una visión secular que pronto se convirtió en un precepto monolítico de características religiosas.

A lo largo del siglo XX, las dos ideologías políticas de tipo cuasi religioso que más han atraído a las masas judías fueron el marxismo y el sionismo.
Es factible describir el marxismo como una ideología ética seglar universal. Sin embargo, dentro del proceso de transformación en un precepto tribal judío, el marxismo se las arregló para perder todo rasgo de humanismo o universalismo.

Como sabemos, la ideología y la práctica sionistas originales estuvieron dominadas por izquierdistas judíos que se consideraban auténticos seguidores de Karl Marx. Creían, sinceramente, que la celebración de la resurgencia nacional judía a expensas de los palestinos constituía una empresa socialista legítima.

Es interesante constatar que sus oponentes, el Bund antisionista, formado por trabajadores judíos de Europa Oriental, no creían en el despojo institucionalizado de los palestinos; en cambio, creían que despojar a los europeos ricos es un precepto, un gran mitzvah universal, un paso hacia la justicia social.

He aquí algunas estrofas del himno del Bund:
Juramos perseverar en nuestro odio
Hacia los que roban y matan a los pobres
El zar, el patrón, el capitalista
Nuestra venganza será rápida y segura
Así pues, jurad: ¡juntos vivir o morir!

Sin entrar en cuestiones relativas a la ética o la afiliación política, es bastante evidente que el himno judeo-marxista está saturado de odio y venganza.

Del mismo modo que el entusiasmo de los judíos por Marx, el marxismo, el bolchevismo y la igualdad, el final de la historia es conocido: los judíos abandonaron el marxismo en masa hace ya mucho tiempo.
Dejaron la revolución en manos de gentiles ilustrados como Hugo Chávez y Evo Morales, líderes que realmente han internalizado el significado auténtico de la igualdad y la ética universales.

Desde finales del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX, el marxismo tuvo muchos seguidores entre los judíos europeos; tras el Holocausto, el sionismo se convirtió gradualmente en la voz del judaísmo universal.
Como Fagin, los dioses e ídolos sionistas (Herzl, Ben Gurión, Nordau, Weizmann) prometieron a sus seguidores un nuevo comienzo desprovisto de ética, y el expolio de los palestinos fue su vía hacia una justicia histórica pendiente desde hacía siglos.

El sionismo transformó el Viejo Testamento de un texto espiritual en un registro de la propiedad de la tierra. Pero, una vez más, como en el caso de Jehová, el sio-Dios transformó a los judíos en ladrones y les prometió la propiedad de otras personas.

Esto, en sí mismo, puede explicar el resentimiento israelí hacia el sionismo y la ideología sionista.
Los israelíes prefieren verse a sí mismos como los habitantes naturales de la tierra y no como pioneros de un proyecto colonial no-ético de la diáspora judía.
Los judíos israelíes alcanzan una posición política por medio de un peligroso escapismo ético. Esto puede explicar el hecho de que del mismo modo que los israelíes aman sus guerras, realmente odian luchar en ellas. No están dispuestos a morir por una gran ideología abstracta y remota, como la nación judía o el sionismo. En su gran mayoría, prefieren lanzar fósforo blanco y bombas de racimo desde lugares alejados.

Sin embargo, durante la relativamente corta historia del moderno nacionalismo judío, el Dios sionista ha hecho buenas migas con otros dioses e ídolos aceptables para la ortodoxia.
Ya en 1917, Lord Balfour prometió a los judíos que construirían su hogar nacional en Palestina.
Inútil decir que, como en el caso de Jehová, Lord Balfour convirtió a los judíos en saqueadores y ladrones con su promesa directamente falta de toda ética. Prometió a los judíos la tierra de otros, con lo que dio pie a un comienzo en falso. Evidentemente, no tuvo que pasar mucho tiempo antes de que los judíos se volvieran contra el Imperio Británico.

En 1947, las Naciones Unidas cometieron exactamente el mismo estúpido error: dieron acta de nacimiento a un Estado sólo para judíos, de nuevo a expensas de los palestinos. La ONU legitimó el robo de Palestina en nombre de las naciones. Como en el caso del arrinconado Jehová, no pasó mucho tiempo antes de que los judíos se volviesen contra la ONU.

“No importa lo que digan los gentiles, lo que importa realmente es lo que hagan los judíos”, afirmó el primer ministro israelí David Ben Gurión.

Recientemente, los israelíes se las han arreglado para rechazar incluso a sus mejores y más servidores amigos en la Casa Blanca. La víspera de las últimas elecciones presidenciales, algunos generales israelíes fueron filmados denunciando al presidente Bush por “perjudicar los intereses israelíes con su abrumador apoyo”, en palabras del general de brigada retirado Shlomo Brom.

Los generales israelíes culpaban básicamente a Bush por no haber puesto freno a Israel en la destrucción de sus vecinos. La moral es bastante clara: los sionistas y los israelíes se volverán inevitablemente contra los dioses, ídolos, padres, etc. que traten de ayudarlos. Este es el significado real del síndrome de Fagin, en el contexto político israelí. Siempre se volverán contra sus padres.

En mi opinión, el más interesante de todos los sistemas de creencias judíos es la Religión del Holocausto, que el filósofo israelí Yeshayahu Leibowitz definió acertadamente como la nueva religión judía.

El aspecto más interesante de la Religión del Holocausto es su Dios-figura, es decir “el Judío.”
El seguidor judío de este nuevo precepto dogmático cree en “el Judío”, aquél que se redimió a sí mismo. El que sobrevivió al acontecimiento genocida final. Los creyentes creen en “el Judío”, la víctima inocente atormentada que volvió a su “tierra prometida” y ahora celebra su exitosa narrativa del renacer.

Hasta cierto punto, en el discurso religioso del Holocausto, el judío cree en “el Judío” que se manifiesta en sus poderes y sus cualidades eternas.
Dentro de este marco religioso de nuevo cuño, la Meca es Tel Aviv y los Santos Lugares el Museo Yad Vashem del Holocausto.

La nueva religión tiene muchos lugares de culto (museos) en todo el mundo y tiene muchos sacerdotes que difunden el mensaje y castigan a los elementos que lo cuestionan.

Desde una perspectiva judía, la Religión del Holocausto es una expresión totalmente transparente del amor a uno mismo. Es el lugar donde se unen pasado y futuro en un presente significativo, el momento en que la historia se traduce en praxis. Conscientemente o no, todas las personas que se identifican política e ideológicamente (más que religiosamente) como judíos, sucumbe, en la práctica, a la Religión del Holocausto, y se convierte en seguidor de su figura paterna: “el Judío.”

Sin embargo, podemos preguntarnos, ¿qué sucede con la Bondad? ¿hay algún tipo de gracia en esta nueva figura del padre? ¿Hay algún tipo de gracia en esta narrativa de víctimas inocentes que se celebra cada día a expensas del pueblo palestino?

Si la Historia tiene fin, la Religión del Holocausto representa el fin de la historia judía.
A la luz de la Religión del Holocausto, el Padre y el Hijo se unen al fin. Al menos en el caso de Israel y el sionismo, se funden en una amalgama de ideología y realidad genocidas.

A la luz de la Religión del Holocausto y su épica ética de la supervivencia, el Estado judío se considera legitimado para arrojar fósforo blanco sobre mujeres y niños que previamente ha encerrado en una prisión al aire libre de la que no pueden escapar.

Tristemente, los crímenes cometidos por el Estado judío se han cometido en nombre del pueblo judío y de su turbulenta historia de persecuciones. La Religión del Holocausto trae a la vida lo que parece ser la última forma posible de brutal encarnación insular.

Históricamente, los judíos han abandonado a muchos dioses: a Jehová, a Marx; incluso algunos nunca siguieron el sionismo. Pero a la luz de la Religión del Holocausto, con las escenas de Gaza, Jenin y Líbano en mente, el Judío puede verse obligado a continuar la tradición y abandonar al “Judío.” Tendrá que aceptar que esta nueva forma de figura paterna fue creada a su imagen y semejanza.

Más preocupante aún es el hecho devastador de que el nuevo padre ha demostrado ser una llamada al crimen.
Aparentemente, el nuevo padre es el definitivo Dios del mal de la lista.

Me pregunto cuántos judíos tendrán el valor de expulsar a esta esotérica figura-padre de reciente creación. ¿Tendrán el valor de unirse al resto de la Humanidad y adoptar un discurso ético universal?

Si los judíos son capaces de deshacerse del “Judío” es algo que sólo el tiempo dirá. Para aclarar dudas, diré que yo personalmente me deshice de mi “Judío” hace ya mucho tiempo y la vida me sonríe.

Fuente: War On Terror Within: The End of Jewish History Gilad Atzmon es músico, compositor y productor de jazz, y escritor.
S. Seguí pertenece a los colectivos Tlaxcala, Rebelión y Cubadebate.

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar el nombre del autor y el del traductor, y la fuente.

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"El pueblo judío es una invención"


Archivos recuperados

El historiador israelí Shlomo Sand cuestiona varios de los mitos oficiales del sionismo en su libro Cuándo y cómo se inventó el pueblo judío.
Las tesis que defiende Shlomo Sand han mantenido a su libro en las listas de los más vendidos durante un mes.

EUGENIO GARCÍA GASCÓN
Tel Aviv
02/06/2008

Shlomo Sand, profesor de Historia de Europa en la Universidad de Tel Aviv, acaba de publicar "Cuándo y cómo se inventó el pueblo judío", donde cuestiona algunos principios de la historia sionista oficial.

El libro se ha mantenido cuatro semanas en la lista de los más vendidos en Israel, algo que Sand no acaba de entender. A cambio ha tenido pagar el peaje de recibir anónimos donde se le amenaza e insulta, llamándole kelev natzi masria (perro nazi apestoso) y otras lindezas. Sin embargo, no parece muy preocupado. El libro contiene dos tesis que en el pasado tuvieron cierto predicamento, también entre historiadores sionistas, pero que hoy han sido archivadas: que los actuales judíos provienen de pueblos paganos que se convirtieron al judaísmo lejos de Palestina, y por lo tanto no descienden de los antiguos judíos, y que los palestinos árabes son los únicos descendientes de los antiguos judíos.

Decir que el pueblo judío es una invención del siglo XIX parece una provocación.
A finales del XVIII y principios del XIX surgió el nacionalismo, y en la segunda parte del XIX se cimentó la idea del nacionalismo judío. Los franceses sabían que su pueblo existía desde los galos, los alemanes sabían que su pueblo existía desde los teutones, y los judíos empezaron a pensar que eran un pueblo desde el segundo Templo.

¿Y en su opinión eso no es correcto?

Sostengo que eso es una "invención", de la misma manera que no creo que hubiera un pueblo francés hace 250 años. La mayoría que vivía en el reino francés no sabían que eran franceses, incluso no lo sabían en la primera mitad del siglo XIX.
Sin embargo, los judíos siempre han tenido una identidad.
No creo que haya habido un pueblo judío hasta recientemente. Incluso le diré que ni siquiera pienso que hoy haya un pueblo judío.

¿Por qué?
La Biblia no es un libro histórico, es un libro de teología. Fueron los protestantes, y luego los judíos, los que convirtieron la Biblia en un libro de historia.

¿El pueblo judío es una invención cristiana?
Así es. Pongamos por ejemplo el supuesto exilio judío. El exilio nunca existió. Cuando los romanos destruyeron el Templo en el año 70 de la era cristiana, no expulsaron a los judíos por la fuerza. Los romanos nunca exiliaron a pueblos, algo que sí hicieron los asirios y los babilonios con algunas elites.

¿Cuándo empezó entonces esa versión de la historia?
La historia sionista tomó un mito cristiano del mártir Justino, que fue el primero que dijo, en el siglo III, que Dios había castigado a los judíos con el exilio porque no aceptaron a Jesús. Esa es la primera vez que afirma que los judíos fueron deportados.

Entonces, no hubo deportación...?
Es cierto que los romanos no permitieron a los judíos que vivieran en Jerusalén, pero los cristianos crearon la fantasía de que no se les permitió vivir en toda Judea. La raíz del mito del exilio judío es cristiana. Nunca hubo exilio. No hay ningún libro científico que lo diga. En los billetes de 50 shekels se dice que Tito deportó a los judíos, pero es un mito.

Esto va en contra de lo que se dice comúnmente.
Así es, aunque ahora hay historiadores que dicen "Bueno, no hubo exilio pero sí que hubo emigración". Lo cierto es que como los griegos y los fenicios, los judíos viajaron por el Mediterráneo...

¿Acaso no es cierto? En España ya había judíos en aquella época.
Antes de Jesucristo había en Palestina entre medio millón y un millón de judíos. La inmensa mayoría, un noventa por ciento, o quizás un noventa y cinco por ciento, eran campesinos. Los judíos no eran como los fenicios o los griegos, no viajaban tanto como ellos por el mar. La proporción de los que salieron es infinitamente muy pequeña.

¿Incluso después de la destrucción del Templo en el año 70?
Incluso entonces. Lo que ocurrió antes del 70, en el periodo que va de los Macabeos a Adriano, es que el judaísmo comenzó a dispersarse. Atención, el judaísmo fue el que se dispersó, no los judíos. Es cierto que salieron comerciantes y soldados que llevaron consigo la idea monoteísta, pero no fueron muchos. Los Macabeos conquistaron Edom y obligaron por la fuerza a sus habitantes a convertirse al judaísmo. Lo mismo ocurrió en Galilea. Desde el siglo II antes de Cristo hasta el siglo II después de Cristo, el judaísmo fue el primer monoteísmo proselitista.

¿Ocurrió lo mismo en la diáspora?
En el Mediterráneo, a finales del siglo I después de Cristo había cuatro millones de creyentes judíos. Es en ese periodo proselitista cuando el judaísmo se proyecta en el Mediterráneo.

¿Quiere decir que la mayoría de los judíos del Mediterráneo no venían de Palestina?
Efectivamente, la inmensa mayoría no venían de Palestina. Eran conversos. Desde la época de Adriano, en el siglo II, se experimentó una caída drástica del número de judíos porque muchos se convirtieron al cristianismo. De cuatro millones de creyentes judíos se bajó a un millón.

¿Se convirtieron al cristianismo?
Y lo que voy a decir ahora está relacionado con España. A principios del siglo IV se produce la victoria del cristianismo con Constantino y decrece el número de judíos. El judaísmo prevalece sobre todo en Palestina, en Babilonia y en el norte de África. En el norte de África, en el siglo VII, cuando llega el islam, quienes luchan contra el islam son los judíos. Hay una reina judía bereber, Dahia Kahina, que luchó contra los musulmanes. El historiador árabe Ibn Jaldun menciona que en la zona había tribus judías muy populosas. La reina Kahina murió luchando contra los musulmanes en 694. Tariq ibn Ziyad, el conquistador de España en 711, era bereber. Hay muchos testimonios cristianos antiguos que dicen que los conquistadores eran judíos y musulmanes. Muchos judíos se sumaron al ejército musulmán porque padecieron mucho durante los reinos visigodos.

¿Sólo entonces entran los judíos en España de forma masiva?

Me he preguntado a menudo por qué había tantos judíos en España y no en Francia o Italia, por qué había tantos judíos en el lugar geográficamente más alejado de Palestina. Es obvio que hubo algunos soldados y comerciantes que se convirtieron, como en Francia o Italia. Pero, ¿por qué de repente hay tantos judíos en España? Creo que la respuesta se ha de buscar en la conquista bereber de judíos y musulmanes. El conquistador Tariq ibn Ziyad pertenecía a la tribu Nafusa, la misma tribu de la reina Kahina. Si en 711 Tariq ocupó un puesto tan destacado, es muy posible que en 694 fuera un soldado en el ejército judío de Kahina. No puede ser de otra manera. Con gran seguridad Tariq era un judío que se convirtió al islam. Si se leen los testimonios antiguos, se ve que los cristianos acusan conjuntamente a los musulmanes y a los judíos de la conquista de España. Creo que es por eso por lo que el número de judíos en España es tan superior al número de judíos en Francia o Italia.
Enton
ces, ¿la mayoría de los judíos españoles provenían de los judíos bereberes conversos?

En efecto. Pondré otro ejemplo, el de los judíos de Yemen. También hubo un reino judío en Yemen durante 120 años, a finales del siglo V y principios del VI, una tribu que se había convertido al judaísmo.

Usted menciona también el reino de los jázaros, un pueblo originario de Asia central, que se convirtió al judaísmo.
Con los jázaros ocurre exactamente lo mismo: es el judaísmo, y no los judíos, el que se expande. La masa demográfica más numerosa es la de los jázaros. Es curioso que el sionismo reconoce la importancia de los jázaros hasta 1967, y después deja de ser una tesis legítima.

¿De los jázaros provienen los judíos ashkenazis de Europa?
Así es. Los mongoles expulsaron a los jázaros hacia Europa. No puede ser que los judíos de Polonia vengan de Alemania, porque en Alemania, en los siglos XII y XIII, apenas había unos cientos de judíos, y de ahí no se puede pasar de la noche a la mañana a tres millones de judíos en Polonia, es sencillamente imposible. Los judíos de Polonia, y de otros países de Europa oriental, sólo pueden venir de los jázaros. Todavía en 1961 hay un prestigioso historiador israelí que afirma que los jázaros son los antepasados de los judíos de Europa oriental. Entonces aún se aceptaba que no provenían de Alemania.

Su teoría es que la inmensa mayoría de los judíos de hoy no provienen de Palestina sino de otros pueblos que se convirtieron al judaísmo.
Así es. Pero hay otra cuestión importante: Si no hubo exilio en Palestina, si los romanos no expulsaron a los judíos, ¿qué les ocurrió a los judíos de Palestina? Hay muchos historiadores israelíes, incluidos Yitzhak ben Zvi, el segundo presidente de Israel, o David ben Gurion, que hasta 1929 afirman que los palestinos árabes son los verdaderos descendientes de los judíos. Esta tesis que sostuvieron los mayores sionistas se murió en 1929. Todavía en 1918 Ben Zvi y Ben Gurion escribieron juntos un libro donde se afirma que los palestinos son los auténticos descendientes de los judíos. Sin embargo, decir esto hoy es causa de escándalo.

El sionismo no lo acepta.
Es necesario comprender que hay dos versiones del nacionalismo, una del río Rin hacia Occidente y otra del Rin hacia Oriente. En todas partes se inicia el nacionalismo como un fenómeno racista etnocéntrico, pero en Occidente deriva hacia un movimiento político civil. En cambio, al Oriente del Rin prevalece su carácter etnocéntrico. En las dos partes hay racismo. En Francia, si tienes la nacionalidad francesa eres francés, gracias a los valores republicanos. Pero en Alemania, incluso aunque tengas la nacionalidad no eres necesariamente alemán. En Polonia, desde 1919, si no eres católico no eres polaco. El sionismo nació entre Alemania y Polonia y por eso recibió una forma medio alemana y medio polaca.

Pero un judío es el hijo de una madre judía.
Sí según la ley religiosa, pero para el sionismo el judaísmo es pueblo y nación. No se puede entrar pero tampoco se puede salir. Sólo se puede entrar si te conviertes religiosamente. El sionismo no era religioso pero utilizó la religión porque no disponía de otros instrumentos para delimitar el judaísmo. Mi tesis es que el sionismo asumió los componentes etno-religiosos de los polacos y etno-biológicos de los alemanes y creó una especie de nacionalismo cerrado, que no es político ni civil como fueron los nacionalismos occidentales.

¿Y cuál es su pronóstico de cara al futuro?
Al día de hoy el sionismo conserva su carácter etnoreligioso y creo que eso destruirá el Estado de Israel.

¿Por qué?
El Estado de Israel dice que es el Estado del pueblo judío y que es un Estado democrático y judío, y eso es un oxímoron, una contradicción. Un Estado democrático pertenece a todos sus ciudadanos. Una cuarta parte de los ciudadanos de Israel no son judíos, pero el Estado dice que pertenece sólo a los judíos. Hay leyes que dicen que el Estado es judío, y que el Estado no está abierto a los demás. El sionismo no reconoce a los "israelíes" no judíos y esto no puede continuar. Incluso si Israel sale de los territorios ocupados no habrá calma. Los árabes están viviendo en un Estado que dice que no es de ellos, en cuyo himno nacional se habla del "espíritu judío". ¿Cuánto tiempo puede durar esta situación?

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miércoles, 15 de abril de 2009

Los judíos de Hispanoamérica denuncian el encuentro de dirigentes judíos en Colombia patrocinado por Uribe.





Rebelion.org
2009-04-14


Las organizaciones abajo firmantes, judíos de Hispanoamérica, REPUDIAMOS la realización del encuentro de dirigentes de instituciones y comunidades judías el próximo mes de Mayo en Colombia.

En dicho encuentro, auspiciado por el presidente colombiano Álvaro Uribe, el discurso de apertura estaría, según informaciones, a cargo mismo de este primer mandatario.Es absolutamente sospechoso que, sólo algunos meses después del brutal ataque a la franja de Gaza por parte del ejército israelí, estos dirigentes decidan hacerse auspiciar nada menos que por Uribe, aliado declarado del Estado de Israel y confeso admirador de las políticas genocidas que este país practica contra la resistencia palestina.Las relaciones políticas y militares de estos dos países son de vieja data. Por ejemplo, en la década de los ochenta mercenarios dirigidos por el coronel retirado Yair Klein entrenaron paramilitares colombianos en técnicas de terrorismo. La entrada de Klein al país fue cubierta por el alto mando militar y el pago por sus servicios provino del llamado “cartel de Medellín”, en particular de Pablo Escobar. El contacto con estos mercenarios se realizó por intermedio de la empresa israeli ISREX, la cual vendía armamento al Ministerio de la Defensa colombiano, desde fines de la década anterior. Aunque la justicia pide su extradición, ni el gobierno de Colombia ni el de Israel realizaron acción alguna para lograr su captura y extradición, premiando con tal negligencia a los entrenadores de criminales de lesa humanidad.El jefe narcoparamilitar Carlos Castaño reconoció ante la prensa que él mismo había sido entrenado en Israel en técnicas de terrorismo y en coordinación con mandos militares colombianos. Castaño, del que se dice que está muerto, pero que muchos aseguran vive en Israel, es el responsable de miles de horribles crímenes contra la población civil. La ciudad de Montería, al norte del país, era el refugio de Castaño. En esta localidad colombiana, se veía regularmente al embajador israelí a mediados de los años '90.Como también lo han denunciado organizaciones de derechos humanos, en la actualidad el general israelí, Israel Ziv, en la reserva, asesora en asuntos de seguridad al Gobierno Colombiano. Ziv es ex comandante del regimiento de Gaza y ex comandante de operaciones. Bajo su mando están varios oficiales retirados del ejército israelí. Según han informado algunos medios de prensa colombianos, el grupo siempre está acompañado por dos coroneles colombianos y tres traductores argentinos, ya que ninguno habla castellano. El contrato por la asesoría es de diez millones de dólares, y lo firmó el Ministro de Defensa colombiano y copropietario del diario El Tiempo, Manuel Santos, a su paso por Jerusalén en febrero de 2008. Esta relación del gobierno colombiano con mercenarios israelíes ha sido denunciada por el Grupo de Trabajo de la ONU sobre el uso de mercenarios como medio de violar los derechos humanos y de obstaculizar el ejercicio del derecho de los pueblos a la libre determinación. (Este Grupo de Trabajo fue creado por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en 2005, y está compuesto de cinco expertos independientes que trabajan en sus capacidades personales). En ese viaje, el ministro colombiano encontró al primer ministro israelí, Ehud Olmert. De ahí pasó a firmar un contrato por adquisición de 24 aviones de combate Kfir. Como es de conocimiento público, Colombia es uno de los principales compradores del mundo del fusil israelí "Galil".No es secreto, tampoco, que la decisión de Uribe Vélez del año pasado de invadir y bombardear el territorio ecuatoriano, asesinando a sangre fría a varios miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, y algunos estudiantes que se encontraban acampando junto a ellos, estuvo inspirada en las prácticas tradicionales israelíes en Palestina.Por lo tanto, identificamos en la decisión de realizar en Colombia una reunión de dirigentes de comunidades e instituciones judías latinoamericanas y de conceder a Uribe el discurso inaugural, un eslabón más en la "cooperación" de cierta dirigencia judía con regímenes de corte fascista y aliados del Estado de Israel cuya administración controla, de facto, las orientaciones políticas de estas instituciones. Esta iniciativa constituye, además, una torpe maniobra política, a través de la cual se pretende:1) Legitimar la discusión sobre temas espurios, tales como el supuesto “aumento del antisemitismo en la región”, o las supuestas “relaciones tensas de la comunidad judía venezolana con el gobierno de Venezuela”, o la supuesta “injerencia del gobierno iraní en la región”, etc. etc., que no tienen basamento real más allá de los intereses propagandísticos que los originaron,2) Colocar nuevamente en jaque al Gobierno de Venezuela, explotando las divergencias ideológicas que existen entre éste y el Gobierno del país sede de la reunión, Colombia. Pues a nadie se le escapa que el gobierno de Venezuela ha sido recientemente víctima de una campaña de difamación por parte de factores vinculados al oficialismo israelí, que no perdonan al Presidente Hugo Chávez su decisión de romper relaciones diplomáticas con el Estado de Israel como legítima reacción ante las masacres contra Palestinos. Tampoco escapa la fuerte rivalidad ideológica que existe entre Uribe y Chávez y las delicadas relaciones que, consecuentemente, existen entre ambos gobiernos y entre sectores de las naciones de Colombia y Venezuela. El hecho de discutir en Colombia sobre la supuesta “tensa relación entre la colectividad judía y el gobierno de Venezuela”, por ejemplo, tiene un evidente tinte sedicioso.3) Provocar sentimientos de rechazo hacia las comunidades judías. Sabemos que tanto el oficialismo israelí como los factores sionistas de las instituciones judías suelen nutrirse de tales sentimientos al usarlos como elemento unificador de sus filas y/o como argumento para intentar acallar o descalificar legítimas críticas y manifestaciones de repudio hacia las políticas asesinas del Gobierno israelí contra palestinos o libaneses. Es natural, lamentablemente, que la realización de una maniobra tan torpe y maliciosa como ésta tienda a producir sentimientos de rechazo contra aquellos que la orquestan, quienes, además, se autoproclaman líderes y representantes de las comunidades judías latinoamericanas. Estos representantes, afianzando lazos con una de las oligarquías más sangrientas en Sudamérica, presentarán una imagen falseada, como si todo el grupo humano "judío" de Hispanoamérica adhiriera a doctrinas y practicas de terrorismo de Estado, como las del gobierno de Uribe Vélez.Por lo tanto, LLAMAMOS a esos dirigentes de las colectividades e instituciones judías de Latinoamérica a renunciar claramente a este nefasto plan, modificando el lugar de la reunión, eligiendo para ello alguna otra parte de nuestro vasto continente.Sugerimos, además, que en lugar de pretender instalar a través de ella temas vinculados a meros intereses propagandísticos, que se traten otros de urgentísima relevancia para la vida de las comunidades judías, como por ejemplo:Tema (A): Cómo acabar con la complicidad silenciosa de la mayor parte de las Instituciones de las colectividades judías con el Gobierno del Estado de Israel y sus prácticas invasoras y asesinas contra los pueblos palestino y libanés;Tema (B): La urgente necesidad de movilizarse para que los criminales de guerra israelíes, quienes suelen declarar que actúan en defensa de los intereses de los judíos, sean juzgados y castigados;Tema (C): Cómo conseguir que el Estado de Israel, que con la bandera del sionismo dice representar a la "nación judía", derogue sus leyes racistas. Esta medida constituiría una muestra de voluntad progresista y de acercamiento a la esencia humanista del judaísmo. En el mismo sentido, que inicie un proceso de reconocimiento de sus crímenes históricos en Palestina, que abandone las prácticas que llevaron a los mismos, seguido por un plan explícito de compensación a sus víctimas.IJANEn Nuestro Nombre NoJudíos Antisionistas de Españaadherir:judiosantisionistasenespanya@gmail.com

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