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sábado, 5 de diciembre de 2009

Ministro Turco: los Musulmanes Deben Retirar su Dinero de los Bancos Suizos


Al-Manar
02/12/2009

Un ministro turco ha señalado que espera que los musulmanes retiren su dinero de los bancos suizos en respuesta al resultado de un referéndum el domingo que prohibió la construcción de minaretes en el país, en unas declaraciones que fueron dadas a conocer el miércoles.

“Estoy seguro que esto (la votación) llevará a nuestros hermanos de los países musulmanes que mantienen su dinero e inversiones en los bancos suizos a revisar su decisión,” dijo el ministro de Estado Egemen Bagis, que es también el principal negociador en las conversaciones sobre la accesión a la Unión Europea, en declaraciones recogidas por el diario Hurriyet.

“Las puertas del sector bancario turco están siempre abiertas para ellos,” añadió.

Por su parte, Daniel Cohn-Bendit, co-presidente de los Verdes en el Parlamento Europeo, ha pedido también a los musulmanes ricos que vacíen sus cuentas de banco en Suiza como represalia por el referéndum del domingo.

Los líderes turcos han condenado el referéndum y pidieron a Suiza que “dé marcha atrás de este error tan pronto como sea posible.”

El primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, denunció la votación del domingo como una muestra de islamofobia y de “las olas racistas y nacionalistas extremas que surgen en Europa.” “Es nuestro deber apuntar a la necesidad de que Suiza dé marcha atrás tan pronto como sea posible,” dijo en un discurso en el Parlamento.

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Minaretes


06-12-2009
Samuel
Quilombo

El 57,5 % del 53 % de suizos con derecho a voto, es decir, un destacado tercio del censo, votó hace unos días a favor de la prohibición de la construcción de minaretes en Suiza, una iniciativa del ultraderechista Partido del Pueblo Suizo que ha sido acogida con simpatía por mucha gente en el resto de Europa, a juzgar por los comentarios y encuestas en los periódicos.

Lo más significativo de esta propuesta explícitamente racista son los argumentos supuestamente "liberales" o "progresistas" con la que ha pretendido legitimarse. Se trata de una decisión adoptada democráticamente. No se ha prohibido que haya mezquitas, tampoco la práctica de la religión musulmana. Y los suizos tienen todo el derecho del mundo a defender su identidad. Pero la democracia no se limita al rito del voto, la campaña se ha basado no en una crítica urbanística sino en el rechazo abierto de un sector de la población, y la identidad de la que hablan no se está defendiendo sino construyendo con este debate, a expensas de una determinada representación del Islam.

Algunas voces aparentemente críticas no hacen otra cosa que reforzar los estereotipos. El artículo "El islam en Europa", publicado por El País, recoge algunas perlas de colaboradores habituales del periódico. Antonio Elorza afirma que "atacar al Islam sin hacer distinciones destruye la noción de humanidad, pero el otro extremo, la angelización generalizada, tampoco es la aproximación adecuada." Para Elorza, si hay que buscar culpables de la sinrazón hay que hacerlo entre los propios musulmanes, y concretamente "los yihadistas". Fernando Reinares insiste en la misma idea: "esta inquietud [sobre la identidad colectiva] genera en muchas ocasiones hostilidad al extranjero y en este caso islamofobia, lo que debe hacernos reflexionar sobre si está funcionando o no la integración social de los musulmanes". Son los musulmanes los que deben probar que son buenos "suizos", buenos "franceses", buenos "españoles", lo que significa renunciar a la expresión pública de su cultura, como se probó con los moriscos que acabó expulsando Felipe III hace cuatro siglos y cuyo reconocimiento molesta al citado Elorza, no por casualidad.

Quienes invierten la carga de la prueba y responsabilizan a los propios discriminados de los ataques que reciben se niegan a encontrar relación alguna entre el ascenso de la islamofobia y las guerras imperiales en Mesopotamia y Asia, la persistencia de taras coloniales en una política migratoria que levanta muros internos entre los ciudadanos, o la crisis de gobernabilidad que lleva a los Estados a insistir en la identidad nacional como horizonte exclusivo de la política. Identidad, palabra equívoca de la que hay que recelar cuando la enarbola un ministerio.

Fuente:http://www.javierortiz.net/voz/samuel

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