China propone abandonar el dólar como moneda de referencia… ¿Y qué hace Europa?
por Jochen Scholz*
El futuro de la economía mundial no sólo interesa y preocupa a los trabajadores e inversionistas financieros sino que en la actualidad es un tema sumamente estratégico, estudiado y analizado por las cúpulas dirigentes, quiénes encargan este trabajo a sus mejores servicios y especialistas. En el caso de Alemania que le presentamos a continuación, el gobierno germano encargo un estudio a los servicios de inteligencia, dicho análisis fue consultado por nuestros colegas de la Red Voltaire gracias a la autorización de las autoridades alemanas. Allí surge el pensamiento de alianzas y tácticas y otras alternativas económicas a desarrollar para fortalecer su economía frente al agotamiento y pérdida de poder de los EEUU.
Los servicios de inteligencia alemanes (BND) hicieron, al parecer por primera vez en toda su historia, un análisis que la izquierda [el autor se refiere a las fuerzas políticas de izquierda en Alemania, nota de la redacción] no podrá rechazar como una legitimación o una recomendación dirigida al gobierno federal para que actúe a favor de mantener o de extender el predominio de los países industrializados desarrollados.
Aunque no se ha observado hasta ahora ninguna divergencia en el seno del aparato gubernamental, la Deutsche Gesellschaft für Auswärtige Politik ha tenido en todo caso la amabilidad de permitirnos, a través de su publicación internacional Internationale Politik (IP), echar un vistazo al estudio confidencial del BND [1].
La izquierda alemana y europea tendrá que acostumbrarse al concepto de «geopolítica» porque no fue el BND quien lo inventó. [2].
Sin ese concepto no es posible entender ni la historia de Europa, desde la estrategia del «equilibrio de poderes» que le sirvió al Imperio británico para mantener a Europa a raya, ni la Guerra Fría, ni los acontecimientos posteriores a 1989 [caida del muro de Berlín y del comunismo], dos factores en los que tuvo gran influencia el alumno del geopolítico Halford Mackinder [3], Zbigniew Brzezinsky [4], principal consejero del presidente Obama.
Abordemos el estudio del BND con la esperanza de que Andreas Rinke, autor de la IP, haya resumido correctamente la hipótesis fundamental de los redactores de dicho estudio.
El BND toma como punto de partido de sus reflexiones –que nos conducen a 3 posibles escenarios: la crisis financiera y económica mundial y las recetas que Estados Unidos, China y Rusia han implementado para enfrentarla.
La economía estadounidense es frágil
Es cierto que el BND señala, con toda justicia, que las consecuencias del gigantesco mecanismo de bola de nieve organizado por la oligarquía financiera anglosajona –sistema que se derrumbó– tendrán un impacto sobre la correlación de fuerzas a nivel mundial. Pero deja entrever que los escenarios –eficaces o no– resultantes de las diferentes medidas anticrisis tienen una influencia decisiva sobre algo que viene perfilándose desde hace años: el fin definitivo del «siglo americano», cuyas bases se establecieron, a partir de los War and Peace Studies [5], en 1944, en Bretton Woods [6] con sus instituciones y con el dólar como moneda de referencia. Pero esto es, aparentemente, confundir deseos con realidades.
Cierto es que la economía estadounidense es todavía la más importante del mundo, pero no es menos cierto que ha perdido su base industrial favoreciendo la creación de valores en el ámbito financiero.
Esto ha sido posible porque el sistema mundial está basado en el dólar, lo cual ha permitido a Estados Unidos acumular una deuda cada vez más elevada con el resto del mundo, deslocalizar su producción en el extranjero y estimular un consumo basado en el endeudamiento.
A fines del año 2008, la deuda estadounidense representaba el 70% del producto interno bruto [7].
El atlantismo...
Según Rinke, el estudio del BND se abstiene de indicarle al gobierno cómo reaccionar ante los cambios en la correlación mundial de fuerzas. Lo anterior constituye ciertamente un defecto ya que es de temer que los grupos de prospectiva de la Cancillería federal [de Alemania] y del ministerio de Relaciones Exteriores [de Alemania] limiten sus perspectivas a los 4 años de mandato cuando los cambios que se están gestando tienen que ver con un periodo mucho más largo.
Sin embargo, las políticas de Alemania y de Europa tienen que adaptarse a ese proceso que los especialistas vienen abordando desde hace al menos 10 años. Mencionemos esencialmente a Chalmers Johnson [8], James Cumes [9], Andre Gunder Frank [10] y Kishore Mahbubani [11].
Lo que un público cada vez más numeroso va aprendiendo sobre la crisis actual no cae del cielo. Pero la política europea sigue estando determinada por quienes se imaginan que pueden resistirse a las fuerzas económicas de Asia y de América Latina.
Prueba de ello es el intento de instauración de una zona transatlántica de libre comercio [12], proyecto al que se dedica principalmente Elmar Brok, eurodiputado por la CDU.
...no tiene en cuenta las realidades
La historia militar nos enseña que todas las estrategias de defensa –desde la Gran Muralla china hasta la línea Sigfried de Hitler, pasando por la línea Maginot– fracasaron tarde o temprano. Esos ejemplos históricos palidecen cuando se comparan con las fuerzas económicas potenciales de que disponen solamente los países del BRIC (Brasil, Rusia, la India y China) [13]. A lo anterior se agrega la vulnerabilidad de Estados Unidos, que se debe a la dependencia de ese país del sistema del dólar que con toda intención ha evolucionado durante los últimos 65 años para contribuir de forma decisiva a las actuales modificaciones de los equilibrios a través del mundo [14].
El reclamo de liderazgo [15] formulado en 1948 en el exclusivo interés de Estados Unidos por el planificador en jefe del ministerio de Relaciones Exteriores George F. Kennan fue puesto en tela de juicio, por vez primera, durante los años 1970 por los países en desarrollo en el marco de CNUCED (ver UNCTAD por sus siglas en inglés) con la iniciativa conocida como «New Inter¬national Economic Order» [16]. Su objetivo era la disolución del sistema de Bretton Woods. El proyecto fracasó en aquel entonces debido a la correlación de fuerzas y la guerra fría. Hoy en día, la situación es totalmente diferente.
Siendo el mayor deudor a nivel mundial, Estados Unidos no puede seguir dictando solo las condiciones de la economía mundial.
Estados Unidos ya no está en condiciones de reducir el enorme déficit de su balanza comercial. Su economía no dispone de un abanico de productos lo suficientemente amplia y la calidad de sus productos no le permite lanzar una ofensiva exportadora.
Tampoco cuenta Estados Unidos con los medios necesarios para recobrar con suficiente rapidez la competitividad que puso en juego de forma deliberada.
La validez de la anterior afirmación se hace más evidente cuando vemos que la mayor parte de los planes de salvamento por miles de millones de dólares están destinados a mantener el sistema de la bola de nieve de los grandes bancos de Wall Street.
En ese contexto, los esfuerzos de los atlantistas alemanes y europeos por impedir, apoyando a Estados Unidos según las condiciones que dicta ese mismo país, un desplazamiento del poder económico y la influencia política hacia Asia parecen, más que dignos de un autista, decididamente suicidas.
Asia y América Latina abandonan el Titanic
En momentos en que China, principal acreedor de Estados Unidos, no parece sentir el menor deseo de agregar al balance de su banco central más obligaciones estadounidense carentes de valor [17] y estudia junto a los Estados del BRIC y otros socios asiáticos diversas alternativas al dólar, Estados Unidos está preparando para los 2 próximos años la emisión de nuevos bonos del Tesoro por un monto de 3 o 4 millones de millones de dólares [18] para financiar su propio déficit presupuestario, que será este año de 1,8 millones de millones de dólares y representará el 13% de su PIB.
Como es previsible que no haya suficientes compradores, la FED tendrá que intervenir y poner en marcha la máquina de hacer billetes. El problema es que ese incremento de la masa monetaria no se corresponde con la producción de bienes. Como consecuencia de ello el resto del mundo confía menos en la sabiduría del equipo gubernamental del presidente Obama que en el dólar.
En efecto, el billete verde sigue siendo considerado un refugio seguro cuando se producen fuertes turbulencias en el mercado de valores.
En Asia y en América Latina comienzan a implementarse otras soluciones para romper con el sistema del dólar. Los 6 Estados de la Organización de Cooperación de Shangai (OCS) [19] y los Estados del BRIC tienen intenciones de concretar sus transacciones utilizando sus propias monedas. Varios acuerdos bilaterales se han firmado ya entre China, Argentina y Brasil, así como entre China y Malasia [20].
Aunque esos acuerdos son por el momento de carácter regional, lo cierto es que eran algo inimaginable antes de la crisis. Hace menos de 5 años, el gobierno estadounidense tenía todavía la capacidad de impedir, presionando a Japón, la conclusión de un acuerdo energético de 20,000 millones de dólares con Irán sobre la base del yen.
Se niega el mundo a seguir a los Estados que se autoproclaman líderes
El mundo exterior a los 950 millones de habitantes de «Occidente» [21] se ha despertado. Y no acepta ya una división duradera de la economía mundial entre ricos y pobres, entre aprovechadores y mendigos, en la que estos últimos tendrían que seguir poniendo sus recursos a la disposición del lujoso estilo de vida de los Estados que se han autoproclamado líderes y a los que habría que seguir obedeciendo.
La nueva seguridad de los 5 800 millones de habitantes de los países emergentes o en vías de desarrollo también se manifesta en África. La Unión Africana, a la que pertenecen 53 países, rechaza la cooperación con la Corte Penal Internacional en el caso la orden de arresto contra el presidente del Sudán del Sur. Más de 40 Estados africanos prefieren colaborar con China porque ese país no les impone las «condiciones» [22] deshonrosas que el FMI impone a la concesión de préstamos y que favorecen al capital financiero occidental.
El hecho de que el Bundeszentrale für politische Bildung organice un debate público en el marco de un ciclo de conferencias sobre titulado «La penetración de China en África: una relación inmoral» [23] demuestra la soberbia del pensamiento capitalista, soberbia que se desarrolló a lo largo de 450 años de opresión colonial y de 250 años de explotación capitalista. La soberbia antecede a la caída, según dice el proverbio. La vida castiga a quien llega demasiado tarde, declaró el último secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética.
Arrogancia hasta el final
Es por ello que, ante la situación de Estados Unidos, es importante preguntarse lo que está pasando en las mentes de los adeptos del atlantismo que han sido, desde 1949, socializados desde su juventud en redes [24] cuyos convergen, en Alemania, hacia la Fundación Bertelsmann et, en Estados Unidos, hacia el Council on Foreign Relations y que ocupan posiciones claves en la política, la economía y la ciencia. ¿Qué les hace pensar que la Unión Europea es capaz, junto a la economía estadounidense en bancarrota, oponerse a la pérdida de predominio de Occidente?
Con un PIB de 14,3 millones de millones de dólares, Estados Unidos acumula una deuda de unos 12 millones de millones de dólares [25]. Nouriel Roubini piensa que el índice de endeudamiento público se multiplicará por 2 de aquí al año 2014 [26]. El número de desempleados crece cada mes en varios cientos de miles.
La tasa de desempleo, si se tiene en cuenta también la cantidad de personas que no cuentan con empleos a tiempo completo y las que han renunciado a la búsqueda de empleo, se sitúa en el entorno del 16,5%. El 50% del presupuesto estadounidense está dedicado al pago del servicio de la deuda. Al final del año fiscal, las deudas representarán el 13% del PIB [27]. El aumento del déficit presupuestario, el elevado costo de los planes destinados al salvamento del sector financiero y el aumento de la deuda pública tendrán un efecto inflacionista y provocarán un alza de las tasas de interés que impedirá una mejora en la demanda familiar.
Según Roubini, el margen de maniobra de las incitaciones coyunturales se restringe cada vez más. Paul Craig Roberts, ministro de Finanzas adjunto durante la presidencia de Ronald Reagan y ex cronista del Wall Street Journal, planteó recientemente, refiriéndose a su país, la siguiente interrogante: «¿Qué economía? Ya no queda nada que mejorar. Por culpa de las deslocalizaciones hacia el extranjero y la ideología del libre comercio, la producción económica americana ya no existe.» [28]
Al referirse a la política económica que han aplicada hasta el momento los gobiernos de Bush y de Obama, Paul Craig Roberts fue implacable:
«Ninguna de las medidas adoptadas es capaz de resolver los verdaderos problemas.» En cuanto a los déficits: «Sólo un modo de financiarlos: imprimiendo moneda.»
Una alianza que costará más guerras y nuevas crisis
En ese estado se encuentra el país al que los Brok [el autor hace referencia a Elmar Brok diputado alemán y atlantista pro EEUU] de la Unión Europea quieren unirse más estrechamente aun para luchar contra los inevitables cambios geoeconómicos y geopolíticos, cambios que sólo podrán frenar, en el mejor de los casos. Pero ese magro resultado tendrá un costo en cambios políticos e implicará riesgos de nuevos conflictos armados en las regiones claves de Eurasia [29].
El sistema del dólar ya no es sostenible a mediano plazo porque los acreedores de Estados Unidos están retirándole poco a poco su confianza y ahora prefieren invertir sus excedentes en sus propios países antes que financiar el consumo estadounidense. Pero no se puede crear una zona de libre comercio sobre una base que se desmorona.
La Unión Europea y Alemania tienen que tener en cuenta esa realidad en vez de aferrarse a un Titanic que se está hundiendo. Sobre ese tema, el BND no ha cumplido su misión.
¿Sigue Europa anestesiada por la «comunidad transatlántica de valores»?
Estados Unidos, que fue hasta ahora el principal beneficiario del sistema económico y financiero basado en el dólar, hará todo lo posible por conservar su posición.
Esa ha ocasionado ya, fuera de Europa, muestras de resistencia que han conducido a la adopción de acuerdos y de medidas de respuesta [30].
China está pidiendo que se cree una moneda mundial de referencia que no esté bajo el control de ningún Estado en particular [31] y el desplazamiento de las exportaciones de Japón hacia la zona asiática en detrimento del mercado estadounidense –del 50 al 20%– es un síntoma de los cambios que se avecinan, cambios motivados por el caos mundial desencadenado por la crisis económica y financiera [32].
No se puede dejar que esos cambios se desarrollen solos. Hay que encauzarlos y para ello es necesaria la creación de nuevas estructuras para la economía mundial, creación que exige la colaboración de todos los Estados con vista al establecimiento de un orden económico mundial equitativo [33]. Mientras los Estados claves de Asia se crean nuevos mercados, Europa parece estar caminando en círculos, anestesiada por 50 años de «comunidad de valores transatlánticos» y preocupándose esencialmente por sí misma.
Es evidente que nadie ha previsto aquí la posibilidad de una caída del 40 al 60% del dólar provocada por la imposibilidad para Estados Unidos de financiar sus deudas y por la repercusión que ello tendría sobre la economía mundial.
Emancipación del hermano mayor y alternativas justas
Las medidas unilaterales de los Estados del BRIC y de otros países asiáticos son comprensibles, pero son también todo lo contraria de una transición ordenada. Es evidente que la Unión Europea no ha comprendido qué tipo de responsabilidades está evitando si no crea puentes con vistas a una futura cooperación económica de igual a igual con Rusia, con el Asia central y con América Latina.
Teme un conflicto previsible con Estados Unidos que consiste en hacerle entender a su principal aliado que, en un futuro orden económico mundial, sólo será, en el mejor de los casos, un primus inter pares y que Europa ya no está dispuesta a seguir librando las guerras estadounidenses.
En ese aspecto, China es más valiente ya que su pedido de abandonar el dólar como moneda de referencia también equivale a decir: No estamos dispuestos a seguir financiando sus guerras.
La Unión Europea tampoco ha entendido que aprovecharse de su superioridad no le proporciona socios seguros. Las negociaciones actualmente en marcha –bajo la responsabilidad de Alemania– con la alianza regional sudamericana CAN (Comunidad Andina) sobre un acuerdo de libre comercio están impregnadas de la ya conocida mentalidad del «divide y vencerás» imperialista [34].
Pero más condenables aun son la estupidez y la falta de previsión políticas y económicas que caracterizan ese tipo de negociaciones. Estamos estafando a los aliados que necesitamos para transformar la economía mundial. Pero los pueblos tienen una memoria colectiva histórica. ¿Quién puede saberlo mejor que los alemanes?
¿Qué está haciendo la izquierda europea ante esos inéditos desafíos mundiales? ¿Dónde está su concepto del papel activo que Europa y la Unión Europea deberían desempeñar en el contexto de los transformaciones en marcha para atenuar los efectos de cambios que pueden tener consecuencias desastrosas para gran parte de la humanidad?
El comunista Francis Wurtz, quien presidió durante muchos años el grupo Izquierda Unida Europea/Izquierda Verde Nórdica (GUE/GNL) en el Parlamento Europeo, estaba convencido de que Europa no se imponía lo suficiente a nivel mundial. Con el peso que ella representa, Europa debería desempeñar un papel mucho más importante [35].
Sin embargo, al igual que los autores del estudio del BND, la izquierda europea no presenta propuestas de acciones al único actor sobre el que puede tener alguna influencia: la Unión Europea.
¿No se trata acaso de cambiar el mundo? [36]
Jochen Scholz
Investigador.
* Conferencia pronunciada en el congreso «Mut zur Ethik» dedicado al tema «Soberanía del pueblo o imperialismo - ¿Qué es la auténtica democracia?» (4–6 de septiembre de 2009, Feldkirch/Vorarlberg).
Fuente: Zeit-Fragen, 15 de marzo de 2010
Traducción de H.V. para la Agencia IPI / Informe de Prensa Internacional / Perú.
[1] www.internationalepolitik.de...
[2] http://de.wikipedia.org/wiki/Geopolitik
[3] http://de.wikipedia.org/wiki/Halfor...
[4] cf. su libro «le Grand Echiquier» www.sandiego.indymedia.org/m...,
[5] http://en.wikipedia.org/wiki/War_an...
[6] http://de.wikipedia.org/wiki/Bretto...
[7] http://de.biz.yahoo.com/29052009/34...
[8] http:www.amazon.de/Imperium-verf%...
[9] www.authorsden.com/visit/vie... und www.authorsden.com/jameswcumes
[10] www.amazon.com/exec/obidos/ASIN/0520214749/o/qid=977701789/sr=2-1/102-4888843-1948159 sowie reorient.net/index.html
[11] www.mahbubani.net
[12] http://sandimgetriebe.attac.at/4947.html
[13] http://de.wikipedia.org/wiki/BRIC-S...
[14] Incluso antes de los planes de salvamento, Estados Unidos ya venía necesitando un aporte cotidiano de capitales por 2 000 millones dólares. Cf. Richard Haass (presidente del Council on Foreign Relations, in: Newsweek du 3/11/2008: «We require 2 bn a day just to stay afloat» www.newsweek.com/id/165648/o...
[15] http://de.wikipedia.org/wiki/George_F._Kennan, cf. «citations»
[16] http://en.wikipedia.org/wiki/New_In...
[17] Los bonos del Tesoro representan actualmente cerca de la mitad de las reservas de más de 2 millones de millones de dólares. Cf. también www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=13969
[18] www.handelsblatt.com/finanzen/breakingviews/wer-soll-nur-all-diese-us-staatsanleihenkaufen; 2152349
[19] http://es.wikipedia.org/wiki/Organi...
[20] Cf. Michael Hudson, «Dollarization: Dismantling America’s Financial-Military Empire», www.globalresearch.ca/index.... va&aid=13969
[21] América del Norte, Unión Europea, Australia, Nueva Zelanda, Japón.
[22] http://de.wikipedia.org/wiki/Internationaler_W%C3%A4hrungsfonds#Konditionalit. C3.A4t
[23] www.bpb.de/presse/E5HFUQ,0,Chinas_Engagement_in_Afrika:_eine_unmoralische_Beziehung. html
[24] Puente atlántico, Institut Aspen, Iniciativa atlántica, Deutsche Gesellschaft für Auswärtige Politik. Cf. también www.heise.de/tp/r4/artikel/28/28513/1.html
[25] http://de.wikipedia.org/wiki/Liste_der_L%C3%A4nder_nach_Bruttoinlandsprodukt
[26] www.ftd.de/wirtschaftswunder/index.php?op=ViewArticle&articleId=2060&blogId=16
[27] www.faz.net/s/Rub0E9EEF84AC1... 87F57F85384D1 ATpl Ecommon Scontent.html?rss_aktuell
[28] www.counterpunch.org
[29] Cf. Zbigniew Brzezinski, «Le Grand Echiquier», 1997.
[30] Cf. señalamientos 20 y 21 así como www.handelsblatt.com/politik/international/asiatenbauen-gemeinsamen-krisenfonds-aus;2263811.
[31] www.manager-magazin.de/geld/...
[32] «Exporte retten Japan», Financial Times Deutschland du 22/7/2009.
[33] Cf. Elmar Altvater «Stosst den Dollar vom Thron», in: Freitag du 9/7/2009 ainsi que Joseph Stiglitz, «Lasst die Armen mitentscheiden», in: Financial Times Deutschland du 21//2009.
[34] Cf. «Eine neue Kolonisation» www.german-foreign-policy.com/de/fulltext/57580.
[35] Cf. «Die drei aus dem Versuchslabor», Süddeutsche Zeitung du 29/5/2009.
[36] Karl Marx, «Tesis sobre Feuerbach», 1845.
miércoles, 14 de abril de 2010
«No estamos dispuestos a seguir financiando sus guerras»
martes, 9 de marzo de 2010
Objetivo de la Unión Europea en materia de biocarburantes provocará gigantesca hambruna
Según la asociación Action Aid, la decisión de la Unión Europea de aumentar su consumo de biocarburantes al 10% del consumo total para el año 2020 está teniendo catastróficas consecuencias en África
Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), los cultivos destinados a la producción de biocarburantes, destinados por entonces a Estados Unidos, ya provocaron en 2008 un alza de precios del 20 al 30% en el mercado internacional de alimentos.
El uso de los llamados biocarburantes tiene como objetivo la diversificación de las fuentes de energía así como dar respuesta a la presión de los partidos verdes.
La producción de la cantidad de biocarburantes que la Unión Europea se ha fijado como objetivo exigiría el cultivo de 17,5 millones de hectáreas de tierra, o sea un tercio de la superficie de la Francia continental, que dejarían por lo tanto de ser utilizadas para la producción de víveres destinados a las poblaciones pobres.
Se estima que la continuación de las políticas de Estados Unidos y de la Unión Europea en materia de producción de biocarburantes elevará los precios de los alimentos en un 76% de aquí al año 2020 poniendo en situación de hambruna a 600 millones de personas.
sábado, 27 de febrero de 2010
¿Quién se beneficia de la independencia de los bancos centrales?
Vicenç Navarro
Publicado en la revista digital SISTEMA, 26 de febrero 2010
Este artículo señala como la excesiva influencia de la banca en la vida política de la mayoría de países de la Unión Europea explica la independencia de los Bancos Centrales, incluyendo del Banco Central Europeo. Esta independencia determina que la Unión Europea esté siguiendo políticas de austeridad de gasto público (incluyendo gasto público social) que dañan a las clases populares.
Existe casi consenso en la sabiduría convencional del país y de la UE (dominada por el pensamiento liberal), de que los Bancos Centrales deben ser independientes, no sujetos a las influencias políticas. El argumento de que es bueno que los bancos centrales sean independientes, está basado en el supuesto de que los temas sobre los cuales tales bancos deciden –los intereses bancarios y la cantidad de dinero existente en circulación en un país- son muy complejos y fuera del alcance de los políticos y de sus representados, es decir, de la población. De ahí la conclusión de que se dejen tales decisiones en manos de aquellos que entienden de estos temas. Dejarlos en manos de la población y de sus representantes es demasiado arriesgado.
Este argumento, además de ser claramente elitista y antidemocrático, es poco convincente, pues hay otros temas, tan o más importantes que la política monetaria (de la cual se encargan los Bancos Centrales), como son las políticas fiscales y económicas, igualmente complejas e importantes, que se desarrollan según los dictados políticos de los representantes de la población. Los temas presupuestarios y de carga fiscal son tan importantes y relevantes (con impactos sobre la economía iguales o incluso mayores que la tasa de los intereses bancarios) como las políticas monetarias, y nadie en su sano juicio ha propuesto que la Agencia Tributaria o que las Agencias presupuestarias del gobierno sean independientes de las autoridades políticas.
¿Por qué, pues, los Bancos Centrales son independientes? La respuesta es fácil de ver. Se debe al enorme poder de la banca, de la que el Banco Central depende. El Banco Central Europeo, por ejemplo, es independiente porque el Banco Central Alemán así lo decidió e impuso al gobierno alemán, pues era también el deseo de la banca alemana. Incluso la sede está en el mismo lugar que la sede del capital financiero alemán: Fránkfort del Meno.
Y, como era de esperar, las políticas del Banco Central Europeo son las políticas que favorecen al capital financiero, que pueden o no coincidir con los intereses del capital productivo (es decir, del mundo empresarial que produce bienes o servicios) o de la población. En realidad, raramente coinciden. Un ejemplo es la situación actual. En este momento de gran recesión, consecuencia del comportamiento especulativo de la banca y de la falta de supervisión de ésta por los Bancos Centrales de cada país, el Banco Central Europeo (y el Banco de España), en lugar de favorecer políticas de estímulo económico y de creación de empleo, están exigiendo una reducción de los déficits y de la deuda pública a base de reducir muy sustancialmente el gasto público, y con ello el crecimiento económico y la creación de empleo. Tales políticas de austeridad del gasto público social son suicidas para los países de la UE. Y, en cambio, los gobiernos las están siguiendo, resultado del excesivo poder del capital financiero. No hay duda de que si el Banco Central Europeo y/o los Bancos Centrales de cada país dependieran de los políticos serían mucho más sensibles, de lo que lo son ahora, a la creación de empleo, aunque ello fuera a costa de una mayor inflación.
Aquí, de nuevo, el BCE ha puesto como objetivo el mantener una inflación excesivamente baja en momentos de recesión. Es importante señalar que, incluso el Director económico del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Sr. Olivier Blanchard, ha reconocido que el objetivo de mantener un nivel de inflación de un 2% (propuesto por la mayoría de Bancos Centrales) puede que sea demasiado bajo y debiera permitirse un nivel mayor. Este señor también ha reconocido, en un artículo, con el significativo título de “Rethinking Macro Economic Policy”, que debiera haber un mayor control de los flujos financieros, terminando su excesiva movilidad especulativa. Cuando hace años algunos de nosotros sugerimos lo mismo, se nos llamó “trotskistas”, mostrando una vez más que ser radical no quiere decir más que avanzarse diez años al pensamiento de los demás.
Una última observación. Los países emergentes, cuyo crecimiento ha sido muy notable en los últimos años (China e India), no han tenido Bancos Centrales independientes. ¿Hasta cuándo continuaremos aceptando el excesivo dominio de la banca en nuestras vidas? Hoy, una de las mayores causas de la crisis económica es la escasez de crédito, debido a la crisis financiera, resultado de la especulación y escasa regulación del sistema bancario. La evidencia de ello es contundente. De ahí que las medidas que se están proponiendo sean tan insuficientes. Lo que se requiere es una banca pública y un Banco Central Europeo dependiente del poder público. En España, el Instituto de Crédito Oficial (ICO) es insuficiente. Debiera multiplicarse por cuatro, convirtiéndose en una entidad pública de crédito que hiciera lo que la banca ha dejado de hacer. Seguro que los liberales llamarán a la propuesta “trostkista”. Esperemos que no tengamos que esperar diez años más para que se vea lo lógico y razonable que es tal propuesta.
sábado, 20 de febrero de 2010
¿Quién paga los costes del euro?
Vicenç Navarro
Publicado en la revista digital SISTEMA, 19 de febrero de 2010
Este artículo analiza las consecuencias que tienen las políticas de austeridad del gasto público (incluyendo el gasto público social) en las clases populares de los países de la Unión Europea como consecuencia de la manera como se ha establecido la unidad monetaria.
La creación y el establecimiento de la Unión Europea y del euro ha sido un paso positivo en el proceso de construir un mundo multipolar, permitiendo que Europa se convierta en el punto de referencia por su dimensión social. Ahora bien, el establecimiento de la UE y del euro ha originado también unos elevados costes, los cuales han sido absorbidos, en su gran mayoría, por las clases populares, y de los cuales apenas se habla en nuestros medios.
En mis trabajos he mostrado con datos –que nadie ha rebatido- que la manera como se consiguió la adhesión de España al euro fue a base de retrasar la corrección del enorme déficit social de España, heredado de cuarenta años de una de las dictaduras más represivas y con menor sensibilidad social que hayan existido en Europa.
La reducción del déficit del estado, exigida para alcanzar la unidad monetaria, se consiguió en España (durante el periodo 1993-2004) a base de reducir el gasto público social por habitante en términos absolutos durante los años 1993-1995, y en términos relativos a partir de 1996. Ello implicó que el déficit de gasto público social por habitante entre España y el promedio de la UE-15 creciese enormemente (un 24%) (ver Navarro, V. (coord.) La Situación Social en España. Volumen III). Puesto que las clases populares son las que se benefician más del gasto público social (sanidad, pensiones, servicios sociales, vivienda, y otras transferencias y servicios públicos), ello supuso que fueran las clases populares las que pagaran los costes de alcanzar las condiciones para conseguir la integración monetaria de España al euro.
Hay que aclarar que la reducción del déficit del estado, exigida según los criterios de Maastricht, podría haberse conseguido mediante el aumento de los impuestos de los grupos más pudientes de la sociedad, lo cual no se hizo. En realidad, durante aquel periodo los impuestos se bajaron a tales sectores de la población, forzando a que la reducción del déficit del Estado se lograra primordialmente a base de reducir el gasto público social.
Estamos ahora en una situación semejante. Una vez más se está intentando reducir el déficit y la deuda del estado (a fin de salvar el euro) mediante políticas de austeridad de gasto público que afectan primordialmente a las clases populares. De ahí la lógica impopularidad de tales políticas. Pero la situación de España no es la única. Los criterios monetarios y fiscales vigentes en la eurozona y en la UE están provocando un enorme sacrificio para las clases populares de los países del este de Europa (que están tomando las medidas exigidas por la UE para permitir su integración), tales como Letonia, el país que está en peor situación en Europa. Veamos los datos.
LA AUSTERIDAD FISCAL: CONDICIÓN DE LA UNIDAD MONETARIA: El caso de Letonia
Letonia está sufriendo una enorme depresión económica. En los dos últimos años su PIB ha descendido un 25%, y se preve perder otros 4 puntos más este año. Su desempleo es más del 22% y continúa subiendo. Sólo EEUU, en la época 1929-1933, sufrió una depresión semejante. Y la razón de que ello ocurra es que el gobierno está llevando a cabo las políticas liberales necesarias para la integración en la Unión Europea, políticas supervisadas por el Fondo Monetario Internacional.
Estas políticas son las políticas estándar que los países tienen que seguir para integrarse a la eurozona. Y que España sufrió en los años noventa y principios del siglo XXI. Incluyen la reducción del déficit del Estado mediante la reducción del gasto público incluyendo el gasto público social.
Las medidas de austeridad de tal gasto han incluido, según las páginas económicas del The New York Times (12/2/10), un recorte del 50% de los salarios de los empleados públicos y un 40% de los gastos en los centros hospitalarios del Servicio Nacional de Salud. El problema de tales medidas no es sólo el descenso de la calidad de vida de la ciudadanía, sino la disminución del consumo doméstico, –tal como reconocía The New York Times- creando un problema grave de demanda interna, responsable de la enorme reducción del PIB, un descenso sin precedentes en Europa.
Otro factor que contribuye al descenso de la demanda interna, es la bajada de salarios, también promovida por el FMI (con el apoyo de la UE). En teoría la bajada de los salarios se justifica a fin de que la economía pueda competir mejor y exportar los productos producidos en el país, asumiendo que las exportaciones salvarán al país. Tal argumento se está utilizando también en España. Se subraya que la única manera de salir de esta crisis –dado que no está permitida la devaluación de la moneda, que está fijada al euro –es bajar los salarios, recomendación hecha también para España por Paul Krugman. Como consecuencia de estas políticas, la economía del país está en una situación desesperada.
Como era de esperar, el deseo popular de integrarse en el euro se está desvaneciendo muy rápidamente, pues no creían que Europa significara sufrir todo esto. Un hecho semejante está ocurriendo en otros países de la euro zona. El último caso es Francia, donde el rechazo al euro es hoy mayoritario en aquel país. El porcentaje de la población en contra del euro ha pasado de un 39% en 2002 a un 69% este año (Finantial Times, 17.02.10).
Otro euro y otra UE es posible
Todos estos casos muestran que la manera como ha estado construyéndose la UE está generando grandes sacrificios para las clases populares, sacrificios que podrían haberse evitado, si el euro se hubiera constituido de otra manera, con un cambio muy profundo de las políticas que están rigiendo la construcción de la UE. Estos cambios debieran haber incluido:
1. El desarrollo de una estructura federal europea, auténticamente democrática y participativa, en la que hubiera una instancia de gestión económica y fiscal a nivel europeo. Hoy ni siquiera hay una coordinación de las políticas económicas y fiscales
.
2. Un presupuesto europeo que, tal como sugirieron los primeros fundadores de la Comunidad Europea, debiera representar un mínimo de un 7% a un 9% del PIB de tal comunidad.
3. Un Banco Central Europeo dependiente de las autoridades políticas, cuyas políticas monetarias estarían dictadas por el gobierno europeo y aprobadas por el Parlamento.
4. Un Pacto Social a nivel europeo entre el mundo empresarial y el mundo sindical desarrollado dentro de convenios colectivos definidos en un marco legal europeo.
5. Un cambio de los criterios de Maastricht y del Pacto de Estabilidad, el cual debería tomarse en serio el componente de Desarrollo, dándole mayor protagonismo al crecimiento económico y a la creación de empleo.
6. Cambiar el límite autorizado de que el déficit del estado sea menor a un 3% del PIB y la deuda menor a un 60%, permitiendo mayor flexibilidad y facilitando que existiera una diferenciación en el cálculo del déficit del estado entre gasto en inversiones y gastos corrientes.
7. Instruir al Banco Central Europeo que tenga como función el desarrollo de bonos europeos que sirvan para ayudar a los estados a resolver las crisis deficitarias en momentos de recesión.
8. No permitir que un estado pueda estar en condiciones de no poder pagar su deuda, presentado un frente común que proteja a cualquier país de la UE frente a la especulación de los mercados financieros.
9. Establecer un impuesto europeo que alimentaría un fondo común para gastos de nivelación del consumo, mediante políticas redistributivas dentro de la UE, que estimulen el crecimiento económico, la creación de empleo y la redistribución de los recursos a nivel continental y dentro de cada país.
¿Es esto utópico?
Soy consciente de que estas propuestas pueden percibirse, por amplios sectores, como utópicas e irrealizables. Y en el clima actual, llevan razón. Pero tienen que darse cuenta que estas propuestas se hicieron cuando se planeaba establecer la UE y el euro por fuerzas políticas en la Europa de entonces (dentro y fuera de la socialdemocracia, así como de otros partidos de izquierda), así como sindicatos y movimientos sociales, que fueron ignoradas, escogiéndose en su lugar las políticas liberales que han dañado a las clases populares, que han sido las que han pagado los costes de construir esta UE.
Hubo una lucha ideológica y política fuerte en la que unos ganaron (los liberales) y otros perdieron. Los primeros existieron no sólo en los partidos conservadores y liberales, sino también en los equipos económicos y financieros de la socialdemocracia, llegando incluso a ser el pensamiento mayoritario en sus políticas económicas y fiscales. En realidad, la enorme crisis de la socialdemocracia de la Unión Europea se debe precisamente a este dominio liberal de la socialdemocracia. De hecho, la gran mayoría de personas claves en este entramado, desde los Presidentes del Banco Central Europeo, Duisenberg y Trichet, hasta los Comisarios de Economía, Solbes o Almunia, eran todos ellos socialistas (y algunos continúan considerándose como tales) y habían sido y/o continúan siendo miembros activos o simpatizantes de partidos socialistas. El problema fue y es, que el socialismo en la gran mayoría de países aceptó el liberalismo, con las correspondientes consecuencias que estamos viendo ahora.
Pero la situación paradójica es que sin aquellos elementos expuestos en la sección anterior, la unidad monetaria es insostenible. De ahí que la salvación de la UE pasa precisamente por reconducir la UE, en sentido opuesto al que ha estado desarrollando, recogiendo las propuestas entonces abandonadas, a fin de poder construir una Europa, no a las espaldas y en los hombros de las clases populares, sino a su servicio.
viernes, 19 de febrero de 2010
¡Es Europa, estúpidos!
19-02-2010
Juan Torres López
Sistema Digital
Me sirvo de la famosa frase del asesor de Clinton en las elecciones de 1992 James Carville ("¡Es la economía, estúpidos!"), para referirme a la consciente confusión que se está generando desde los medios liberales sobre la situación económica de los países de la periferia europea.
Como es inevitable dado su nivel más atrasado de desarrollo, países como España, Portugal o Grecia han tenido que hacer en los últimos años un gran esfuerzo presupuestario para tratar de alcanzar los niveles de convergencia y bienestar de su entorno más próximo. Sin embargo, en gran medida ha sido insuficiente porque las políticas neoliberales de los últimos años debilitaron sus sistemas productivos y porque los pactos de estabilidad (y la propia voluntad de gobiernos que hacían suyas estas políticas) les obligaron a restringir el gasto. Pero incluso así, algunos pudieron presentar mejores registros y cumplimientos de los pactos de estabilidad que otros grandes países con más poder para saltárselos. Hoy día, Grecia no es ni mucho menos el país europeo que tiene más deuda en porcentaje del PIB y el de España está unos veinte puntos por debajo de la media y, por supuesto, ninguno de ellos ha dejado de hacer frente a sus compromisos.
En los últimos meses, la crisis financiera causada por el irresponsable y a veces incluso criminal comportamiento de gran parte de la banca internacional desembocó, como es bien sabido, en una gran recesión a la que los gobiernos han debido hacer frente, para evitar un completo colapso económico, con planes extraordinarios de gasto. Esa y no otra ha sido la circunstancia que ha hecho subir el déficit presupuestario a niveles tan elevados. Es una burda mentira, por tanto, afirmar que éste último se debe a la irresponsabilidad presupuestaria del gobierno (Grecia, España y Portugal son "unos cuantos derrochadores" según David Sanger en el suplemento en español de The New York Times que acompaña a El País del 18 de febrero). Como es una simple maldad afirmar, como hace el expresidente Aznar, que no se debería haber realizado ese gasto e incurrir en el déficit subsiguiente. Ni los gobiernos más liberales han dejado de llevarlo a cabo y es seguro que sin él la economía española estaría hoy día en el desastre más absoluto.
Otra cosa es que precisamente quienes critican ahora el déficit ganaran el pulso a la hora de diseñar las respuestas fiscales a la crisis y hayan conseguido evitar que se le haga frente con más recursos obtenidos no de la deuda sino de un mayor esfuerzo fiscal de las rentas y patrimonios más altos. No sólo para pagar así menos impuestos sino también para que la banca pueda disfrutar del negocio inmenso que supone suscribir la deuda pública al tres, cuatro o cinco por ciento con el dinero de sus depositantes o incluso con el que el Banco Central Europeo le está proporcionando al uno por ciento con el objetivo, dicen pero que no cumplen, de que vuelva a financiar convenientemente la economía.
También es verdad que estas economías de la periferia son más débiles y atrasadas que las del núcleo duro de la unión monetaria y que eso provoca constantemente desequilibrios y asimetrías de muy difícil gestión. Pero eso es debido, por un lado, al efecto de las propias políticas neoliberales de los últimos años (que han desmantelado sus industrias, frenado la creación de capital social, aumentado la desigualdad y convertido en el patio trasero de las grandes corporaciones europeas). Y, por otro, a que la unión monetaria se diseñó solamente para proporcionar un espacio de ganancia a los capitales europeos y no para lograr una óptima y plena integración de las economías que la conforman. Razón por la cual se instituyó sin disponer de mecanismos suficientes ni adecuados para hacer frente a esas asimetrías o a los shocks que pudieran darse de forma singularizada en alguno de sus países miembros. Una unión monetaria sin hacienda propia, sin política fiscal integrada, sin coordinación política (han tenido que improvisar sobre la marcha para responder al problema griego), sin supervisión financiera centralizada, sin auténticas políticas económicas comunes,... como la que tenemos en Europa está condenada a multiplicar las diferencias y a sufrir más tarde o más temprano en su conjunto los efectos de cualquier problema que afecte alguno de sus países. Aunque eso, evidentemente, no les preocupe a los grandes capitales europeos mientras sigan ganando dinero, como siguen ganándolo.
Se sabía sin lugar a dudas que eso era lo que iba a ocurrir en esta coyuntura de crisis cuando se decidió que cada país le hiciera frente por su cuenta y riesgo. Y así ha ocurrido. Las economías intrínsecamente más débiles por su atraso histórico o por las políticas neoliberales sufren como es natural con más dureza el impacto de la crisis. Lo que además se agrava porque en el marco de la unión monetaria no tienen política de cambio para hacer frente a los problemas externos de su economía y porque bajo el principio de plena libertad de movimientos de capital prácticamente carecen de capacidad de maniobra.
Se dice entonces que hay un problema en Grecia, o en España o en Portugal, y por supuesto también en Italia aunque se mencione menos, pero esa afirmación está sencillamente desenfocada porque donde está el problema es en Europa en su conjunto.
Lo que está ocurriendo es la coincidencia de tres procesos. Uno, la toma de posiciones de los acreedores para imponer a los gobiernos que se están endeudando condiciones que les sean más favorables a la hora de cobrar y de rentabilizar sus inversiones (Ver mi artículo ¿Quiénes y por qué atacan a la economía española, o a la griega? ¿Y qué hacer para evitarlo?). Y eso se está haciendo con la anuencia y complicidad de los dirigentes europeos. Otro, la especulación contra el euro y la presión a las instituciones europeas por parte, principalmente, de capitales de Estados Unidos y Reino Unido. La razón es fácil: después de que esos países hayan puesto más dinero que nadie para hacer frente a la crisis que se inició en sus sistemas financieros ahora van a hacer todo lo posible para pasarle la factura a Europa. Saben que eso lo pueden conseguir si la debilitan y que si la debilitan suficientemente quizá se liberen por mucho tiempo de una molesta piedra en sus zapatos. Y tercero, el aprovechamiento de la coyuntura por parte de los bancos y el capital europeos para garantizar el reembolso de la inmensa deuda que tienen con ellos los bancos de la periferia (sobre todo españoles) y para propiciar de paso un fuerte ajuste neoliberal que no han podido conseguir en los últimos años y que puede llegar a ser tan drástico como el de América Latina de los ochenta y noventa del siglo pasado.
La confusión a la que me refería al comenzar este artículo consiste en creer que todo esto que está pasando es un simple problema de los países de la periferia a quienes graciosamente han de socorrer los más poderosos. No es verdad. El estado de opinión en los mercados tan desfavorable a la deuda de España o Grecia ha sido orquestado y eso se ha podido conseguir fácilmente porque en el actual marco institucional de la Unión Europea se sabe que no hay manera de responder con "orden de escuadra" ante las situaciones delicadas de cualquiera de sus miembros. Es decir, se genera el problema porque se sabe el tipo de respuesta que habrá y que ésta conviene: se juega, pues, sobre seguro.
Es verdad que los ciudadanos españoles o griegos o portugueses o italianos pagarán en mayor medida las consecuencias de esta situación y que sus economías se van a resentir especialmente. Pero quien acabará saltando por los aires si se mantiene el criterio de que cada país arregle sus problemas cuando esto es imposible que pueda ocurrir en una unión monetaria, será la Unión Europea.
En mayo de 2008 un buen grupo de líderes socialdemócratas europeos señalaban que " cuando todo está en venta, la cohesión social se pulveriza y el sistema se hunde" y que además de pragmatismo estábamos necesitados también "de una visión amplia y cooperativa en la búsqueda de objetivos comunes". Lo decían en una carta conjunta que llevaba un título bien significativo: " La locura financiera no debe gobernarnos".
Sus sucesores no les han hecho caso (en realidad tampoco ellos actuaron como luego pregonaban cuando estaban fuera del gobierno) y ahora esa locura gobierna la Unión Europea y la pone a toda ella al borde del abismo.
Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, colaborador habitual de Rebelión, editor de www.altereconomia.org y miembro del Consejo científico de ATTAC-España. Su web personal: www.juantorreslopez.com
martes, 9 de febrero de 2010
Semestre español de la UE: Lo que está en juego
7 de febrero de 2010
Nodo50
Jaime Pastor
I. ¿Más neoliberalismo o cambio de rumbo por la izquierda?
La presidencia española de este primer semestre de 2010 se va a desarrollar en una coyuntura especialmente crítica para el futuro de la UE. Porque es ahora cuando se está comprobando la mezcla explosiva, por un lado, de las consecuencias nefastas de la convergencia monetarista fijada en Maastricht y el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (que, además, fomentaron el fraude de más de un gobierno, como se ha podido comprobar ahora en Grecia) con, por el otro, el “efecto dominó” de la crisis financiera y sistémica desencadenada desde Estados Unidos.
Pero es que, además, el “tsunami” financiero y social no ha terminado todavía y está sacudiendo fuertemente no sólo a países procedentes del extinto bloque soviético (con varias quiebras financieras y caídas de gobierno) sino también a otros como Grecia (verdadero polvorín desde finales de 2008), Irlanda, Gran Bretaña o el Estado español; sin olvidar a otros candidatos como Islandia, en donde se anuncia un referéndum popular sobre las escandalosas compensaciones que se propone hacer su gobierno a los especuladores extranjeros, la mayoría de la UE.
En este contexto las desigualdades y la heterogeneidad de intereses dentro de la UE saltan con mayor motivo a la vista, como ya hemos podido verificar con el paso atrás de Van Rompuy y Zapatero en sus tímidas amenazas de sanciones a los países miembros que no se comprometieran a volver pronto a la aplicación estricta del “Pacto de Estabilidad y Crecimiento” (no superar el 60 % de deuda sobre el PIB y el 3 % del déficit). Porque, en efecto, la existencia de un “centro” (Alemania y Francia), de un aliado firme de EE UU (Inglaterra) que se mantiene fuera del euro y de una “periferia” (a la que ya se está incorporando la economía española), crecientemente endeudada y enfrentada a un paro masivo, es cada vez más evidente y genera un creciente riesgo incluso para el futuro del euro, debilitado ahora frente al dólar.
No sorprende, por tanto, que ahora ya todos reconozcan que la famosa “Estrategia de Lisboa” de convertir a la UE en la “economía más competitiva del mundo” en 2010 ha sido un “fracaso”, pese a los duros ataques que se han ido asestando a la clase trabajadora y a la población con sus políticas neoliberales. Porque la relación de fuerzas geoeconómica y geopolítica de la UE frente a las viejas y nuevas grandes potencias sigue deteriorándose y en este semestre se buscará un nuevo “consenso” para tratar de frenar esa tendencia mediante una nueva vuelta de tuerca neoliberal y autoritaria. El objetivo, de nuevo, es un “crecimiento” económico, medido siempre con el falso baremo del PIB y destinado únicamente a restaurar la tasa de ganancia de los grandes capitalistas y a facilitar nuevas “burbujas” que no harán más que prolongar y agravar el estancamiento de la “economía real” por un largo período, especialmente en países como el español.
Ése es el propósito de la “Nueva Estrategia de Crecimiento y de Empleo 2020” que pretenden promover las elites europeas y no es casualidad que la primera reunión con la “sociedad civil” que ha tenido Zapatero haya sido con el “lobby” de la ERT (Mesa Redonda Industrial), ya que son los grupos empresariales representados en el mismo los que han ido marcando directamente la agenda de la UE desde, al menos, 1985. Una estrategia todavía por concretar pero que probablemente suponga dar nuevos pasos en las políticas de liberalización y privatización de servicios públicos (este año se inician la liberalización de las líneas ferroviarias de largo recorrido y la mercantilización de las Universidades con el Plan Bolonia), de congelación salarial ( incluyendo mayores diferencias entre hombres y mujeres) y precarización de la fuerza de trabajo (con la “flexiguridad”, además de seguir sobreexplotando los trabajos de cuidado y querer reanudar la discusión sobre la directiva de 65 horas), de deterioro y desmantelamiento progresivo del sistema público de pensiones y, por supuesto, de reforzamiento de la “Europa fortaleza” y autoritaria (con la ayuda de la “directiva de la vergüenza” y aprovechando el ascenso del racismo, como estamos viendo en tantos lugares, desde Calabria hasta Catalunya, y la “lucha contra el terrorismo”). Al lado de toda esta agenda y pese a la “decepción” de algunos gobiernos europeos por la “Cumbre” de Copenhague, la aspiración a luchar contra el cambio climático se va a quedar en mera retórica y sólo la “carbonocracia” parece que va a seguir funcionando como disfraz de un capitalismo “verde”.
La competencia con las grandes potencias en el plano económico y comercial va a ir en detrimento, una vez más, de los pueblos del Sur, especialmente los de América Latina, el Caribe y Africa. La Cumbre que se va a tener con Marruecos en Granada el 8 de marzo, por ejemplo, va a confirmar sin duda el apoyo al régimen dictatorial marroquí en su papel de gendarme de los intereses de la UE en el Norte de Africa, pese a la enorme solidaridad que se ha desarrollado a escala europea y española con Aminatou Haidar y la justa lucha del pueblo saharaui por su autodeterminación e independencia. Las Cumbres con gobiernos de América Latina y el Caribe del mes de mayo servirán también para hacer valer ante los pueblos que se siguen rebelando contra el neoliberalismo y el golpismo que deben respetar el “derecho” al expolio de sus recursos por parte de las empresas transnacionales europeas y las oligarquías locales.
En el plano geopolítico y militar tampoco quedan dudas sobre la firme voluntad de las elites europeas de subordinar su presunta “política de defensa y seguridad autónoma” a los intereses de su principal aliado, Estados Unidos. Por eso la Cumbre del 24 y 25 de mayo con Obama en Madrid adquiere especial relevancia, ya que en ella se pretenderá revalorizar la función de la OTAN como gendarme global de un capitalismo en crisis y su papel crucial en la guerra de Afganistán-Pakistán en la lucha por el control de una zona geoestratégica clave. Tampoco, desde luego, la reunión de la “Unión por el Mediterráneo” del 6 y 7 de junio en Barcelona, va a contribuir a acercar las dos orillas más distantes del mundo por sus diferencias en desigualdades sociales y, muy probablemente, se limitará a lamentos “humanitarios” por la situación del pueblo palestino para a continuación seguir considerando Estado asociado a Israel pese a ser un régimen “canalla” y genocida.
Frente a ese panorama, las campañas que se están desarrollando contra la presidencia española deberían servir para volver a poner de actualidad la necesidad de otra Europa y de una salida a la crisis por la izquierda que permita avanzar hacia una ruptura abierta no sólo con el actual “modelo de crecimiento” sino también con el capitalismo neoliberal que lo sustenta. Por eso los 7 puntos que en el número 66 de Corriente Alterna ya presentamos con ocasión de las elecciones al Parlamento Europeo continúan teniendo vigencia: Queremos una Europa que garantice trabajar menos para trabajar todos y todas; que aspire a la socialización de los bienes comunes y de la banca y al reparto de la riqueza; que luche contra el cambio climático y siente las bases de otro modelo civilizatorio; que se base en la igualdad plena de todas las mujeres, en su derecho a decidir y en el respeto a la libertad sexual; sin muros, vallas, guetos ni CIEs; que sea democrática y laica y reconozca todos los derechos para todas las personas, todos los pueblos y todas las culturas, y que respete la soberanía de los pueblos del Sur y esté fuera de la OTAN.
II. El Tratado de Lisboa. Una Constitución que no se atreve a decir su nombre
La ratificación final del Tratado de Lisboa, gracias al Sí finalmente conseguido en el segundo referéndum celebrado en la República de Irlanda en octubre de 2008, ha venido a satisfacer la aspiración neoliberal de dotar a la UE de un blindaje legal y de una maquinaria institucional al servicio de los intereses de los grandes poderes económicos europeos y transnacionales. Queda así superado el obstáculo interpuesto por el No al anterior proyecto constitucional en Francia y Holanda en sendos referendos, aunque haya tenido que ser al precio de mostrar una vez más el despotismo antidemocrático de la eurocracia.
En realidad, el Tratado que ahora entra en vigor coincidiendo con la Presidencia española no es más que una nueva versión del Tratado Constitucional Europeo, sólo que eliminando la denominación de “Constitución” (para así evitar la celebración de nuevos referendos en el resto de países, como reconoció el mismo padre de aquel Tratado, Giscard d’Estaing) y una simbología oficial (bandera, himno...) que parecía molestar a determinados países, aunque, como estamos ya sufriendo, se mantiene su (ab)uso. Es además mucho más farragoso que el anterior, ya que se basa en dos Tratados reformados (el de la UE de Maastricht (TUE), con 55 artículos, y el de la Comunidad Europea, ahora denominado de “Funcionamiento de la UE” (TFUE), 358 artículos) y en una larga relación de Protocolos (37), Declaraciones particulares (65 más las de Irlanda y Chequia, generalmente dirigidas a facilitar la exención de los gobiernos en el respeto a determinados derechos sociales o de las mujeres o a seguir permitiendo los “paraísos fiscales” dentro de la UE) y 2 Anexos.
En lo fundamental, este conjunto de documentos conserva los rasgos que en su momento criticamos ya desde la izquierda anticapitalista al anterior proyecto: impone un modelo económico neoliberal (el “principio de una economía de mercado abierta y de libre competencia” es archirrepetido a lo largo de los documentos), subordinando al respeto al mismo cualquier política social o ambiental y de relación solidaria con el Sur; impide cualquier restricción al libre movimiento de capitales no sólo dentro sino también fuera de la UE (art. 63 TFUE) y al “libre comercio” y fomenta el desmantelamiento gradual de los servicios públicos; incluye una Carta de Derechos Fundamentales que supone un mero reconocimiento “por abajo” de los derechos existentes en los Estados miembros, siempre además que sean compatibles con el “libre movimiento de capitales” y el creciente “dumping” fiscal y laboral, como ha venido justificando el Tribunal Europeo de Justicia con sentencias como las de los casos Laval, Viking, Ruffert y Luxemburgo; respeta los compromisos contraídos en el marco de una OTAN (art. 42.2 TUE) bajo hegemonía estadounidense, como estamos comprobando en Afganistán, obliga a los Estados miembros a “mejorar progresivamente sus capacidades militares” (art. 42.3 TUE) y amplía su campo de intervención militar a la “lucha antiterrorista”, ya formalizado con el Documento Solana en el marco de la “guerra global preventiva” no abandonada por Obama; no reconoce plenos derechos de ciudadanía para todas las personas “nacionales de terceros países en situación de residencia”; tampoco asume la realidad plurinacional de muchos de los Estados miembros, ya que exige el respeto a la “integridad territorial” de cada Estado (art. 4.2 TUE), negando así el derecho de autodeterminación a aquellos pueblos que lo soliciten; no hay un reconocimiento efectivo de la autonomía y el derecho a decidir de las mujeres ni de los trabajos de cuidados, permitiendo además que países como Malta y ahora Irlanda sigan prohibiendo el aborto; refuerza la independencia del Banco Central Europeo (que seguirá teniendo como objetivo la “estabilidad de precios” y la “disciplina presupuestaria” dentro del marco del Pacto de Estabilidad y Crecimiento) y, si bien aumenta las competencias del Parlamento Europeo, éste sigue sin poder disponer de capacidad de iniciativa legislativa (igual que los Parlamentos estatales) y tiene que codecidir con el Consejo Europeo de Jefes de Estado y de Gobierno. Éste último es de hecho el organismo que, desde su puesta en marcha en 1974, ha ido convirtiéndose en el verdadero “núcleo duro” de decisión (confirmado, además, mediante su transformación ahora en “institución”, el protagonismo de su Presidencia permanente y la Alta Representación Exterior y la inclusión de más materias –principalmente económicas- en su sistema de aprobación por mayoría cualificada), a cuyo servicio está la Comisión presidida por el anfitrión del “trío de las Azores”, Durao Barroso. A todo este galimatías se suma también la existencia de una Presidencia del Eurogrupo.
La única “guinda” que sigue apareciendo en todo esto es la del reconocimiento del derecho a la “Iniciativa Ciudadana Europea”, pendiente todavía de reglamentación, y que en cualquier caso y tras el arduo esfuerzo de recoger un millón de firmas en un cuarto o un tercio de países miembros, sólo podrá “invitar a la Comisión Europea, en el marco de sus atribuciones, a que presente una propuesta adecuada sobre cuestiones que estos ciudadanos estimen que requiere un acto jurídico de la Unión para los fines de la aplicación de los Tratados” (art. 11.4 TUE); o sea, que cualquier “cuestión” que entre en conflicto con alguno de los artículos del Tratado tendría una difícil aceptación por la Comisión, la cual deberá además trasladarla al Consejo y el Parlamento Europeos.
Ésa es, por tanto, la Constitución escrita con la que va a iniciar la UE una “nueva aventura” (en definición de su Presidente permanente, el conservador Van Rompuy). Pero no hay que dejarse engañar por la aparente euforia de sus líderes porque ellos mismos saben muy bien que la crisis financiera y sistémica que les afecta no se resuelve con estos acuerdos ni con una arquitectura institucional cada vez más complicada (y costosa) que pretende dar la falsa imagen de una “Unión política” que no existe.
Fuente: Viento Sur
viernes, 22 de enero de 2010
Mentiras y fantasmas en una Unión Europea para hombres
Josu JUARISTI
Si alguien piensa que el Tratado de Lisboa es el remedio de todos los males de la Unión Europea, se equivoca. A veintisiete estados, con o sin Lisboa, el futuro es incierto, y el presente caótico. Los contactos previos para la elección (en la cumbre extraordinaria del día 19) de un presidente estable del Consejo Europeo y del Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y de Seguridad han reflejado perfectamente que los intereses estatales y la falta evidente de criterios han sumido a la Unión en el caos, la improvisación y el engaño, tal y como informábamos el pasado jueves. Pero hay otros muchos temas en los que la UE sigue naufragando. Aquí analizamos cuatro:
Barroso II, un equipo casi completamente masculino. A pesar de sus insistentes llamamientos, José Manuel Durao Barroso apenas cuenta con mujeres para su segundo mandato. De las veinte personas nominadas hasta ahora, sólo tres son mujeres. Si Barroso aspira, como dice, a tener más féminas en su segundo equipo, de los siete estados miembros que aún no han desvelado su candidato seis deberían elegir mujeres. Su primer equipo contaba con ocho.
La cuestión del género podría convertirse en un auténtico problema para Barroso, puesto que son ya varias las formaciones que han advertido que rechazarán a la nueva Comisión si no hay más mujeres que en el anterior mandato. Además, varias parlamentarias de diferentes grupos políticos han suscrito una carta conjunta lanzando la misma advertencia. Conviene recordar que todos los candidatos deben ser aceptados por Barroso, por los gobiernos y el Parlamento, que tiene la potestad de rechazar en bloque al colegio de comisarios (o a candidatos concretos «sugiriendo» a Barroso que retire a éste o aquel).
Por otra parte, nadie sabe aún cuándo comenzarán las audiencias de los candidatos a comisario ante el Parlamento Europeo. La Cámara había reservado la última semana de noviembre y la primera de diciembre para llevarlas a cabo, pero el retraso en la convocatoria del Consejo Europeo extraordinario provocará retrasos en cadena. Desde el grupo Liberal se ha insinuado ya que los «exámenes» no podrán comenzar antes del 4 de enero y que la votación en pleno sería el 20, con lo que la nueva Comisión no comenzaría a trabajar antes de febrero. O más tarde si los diputados europeos rechazan a los candidatos. No sería la primera vez que los parlamentarios deciden enseñar músculo; ya lo hicieron con la Comisión de Jacques Santer.
Además, los estados no enseñarán todas sus cartas hasta que se sepa definitivamente quién es el presidente del Consejo Europeo, quién el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y quién el nuevo secretario general del Consejo, cargo éste más técnico pero con relativo poder de control del trabajo diario de los estados y también jugoso para muchos. Sólo entonces comenzará una nueva lucha por los mejores puestos y carteras de la Comisión.
De momento, la propuesta lanzada por el presidente del Partido de los Socialistas Europeos, el danés Poul Nyrup Rasmussen, el 24 de junio pasado, de crear una Carta de Derechos de las Mujeres para fomentar sus derechos y oportunidades, ha caído en saco roto.
¿Cuándo asumirán plenamente sus escaños los 18 nuevos diputados europeos surgidos del Tratado de Lisboa? En las elecciones al Parlamento Europeo se eligieron 736 diputados (en base al Tratado de Niza); el texto de Lisboa contemplaba un máximo de 751, incluyendo al presidente, pero en la cumbre de diciembre pasado la cifra se aumentó a 754 hasta 2014 para que Alemania pudiera mantener sus 99 (en 2015 perderá 3). Conclusión: hay 18 nuevos diputados europeos.
Esta posibilidad estaba contemplada ya en los comicios, y se sabe cuántos más tendrá cada estado miembro, pero aún nadie sabe cuándo ocuparán sus escaños, debido, al parecer, a que la atribución de los nuevos escaños no está clara en los estados que ganan diputados y que cuentan con sistemas electorales más complicados. El Estado español, que tendrá 4 más, es el que más prisa tiene por ocupar los asientos; el Estado francés, Suecia y Austria tendrán dos más; y uno Gran Bretaña, Polonia, Portugal, Holanda, Bulgaria, Letonia, Eslovenia y Malta.
Se supone que para el 1 de diciembre, fecha prevista para que Lisboa entre en vigor, la cuestión estará decidida y los 18 se sentarán en Estrasburgo, pero es sólo un suponer, y aunque tomen asiento, es seguro que no tendrán los mismos derechos que sus vecinos. La UE adoptará, una vez más, una decisión provisional. De momento, sólo consta la voluntad de los Veintisiete de que estos 18 «diputados fantasmas», como se les denomina ya en la jerga comunitaria, asuman plenamente su responsabilidad «a lo largo de 2010», con lo que es probable que, mientras tanto, tengan un estatus de «diputado observador». Ésto, que ya se ha hecho coincidiendo con las últimas ampliaciones, les impedirá participar en las votaciones... pero cobrarán como el que más desde el primer día, sean «observadores» o «fantasmas».
¿Alguien entiende que puedan ocurrir estas absolutas estupideces? (el término no es de cosecha propia en este caso, la han utilizado ya muchos diputados al referirse a este tema).
El caso más inexplicable se da en Francia, donde se habla directamente de misterio al referirse a este tema. La legislación francesa no ha resuelto la cuestión y ni tan siquiera se sabe a quién corresponden los dos escaños adicionales. Los Verdes los reclaman para sí, y la derecha dice que no hay prisa.
Alguien podría decir que los estados que lo tienen resuelto envíen a los «fantasmas» desde el primer día, pero el Parlamento Europeo sólo aceptará un desembarco en bloque, para no alterar el balance ya prefijado por el Tratado de Lisboa.
Y hay quien asegura que el tema exige cuando menos un protocolo adicional al Tratado de Lisboa, cuando no una enmienda al texto, lo que podría exigir incluso que Lisboa tuviese que ser de nuevo ratificada por los Veintisiete. La sangre no llegará finalmente al río por esta minucia, es obvio, pero ofrece una idea bastante aproximada del embrollo jurídico y político en que se está convirtiendo la Unión Europea.
Más caos. La gran apuesta democrática del Tratado de Lisboa, la «iniciativa ciudadana», está en pañales. Recordemos lo que dice Lisboa sobre la iniciativa ciudadana: «Un grupo de al menos un millón de ciudadanos de la Unión, que sean nacionales de un número significativo de estados miembros, podrá tomar la iniciativa de invitar a la Comisión, en el marco de sus atribuciones, a que presente una propuesta adecuada sobre cuestiones que estos ciudadanos estimen que requieren un acto jurídico de la Unión para los fines de la aplicación de los tratados». Esta farragosa redacción, típicamente comunitaria, dejaba abiertas muchas cuestiones: número mínimo de estados de los que debe proceder la iniciativa; número mínimo de ciudadanos que deben firmarla en cada estado; edad mínima de los firmantes; estructura y formulación de las iniciativas; normas sobre recogida y autentificación de firmas; plazos de recogida; normas de transparencia; y plazo máximo de respuesta por parte de la Comisión.
La decisión sobre estas cuestiones corresponde al Parlamento Europeo y al Consejo mediante reglamento. La Comisión Europea lanzó este pasado miércoles una consulta pública para lanzar el proceso.
Teóricamente, la decisión de la Comisión Europea de poner en marcha esta consulta para que particulares, asociaciones, empresarios y autoridades públicas expresen su opinión sobre cómo debe funcionar la iniciativa de los ciudadanos es un ejercicio de transparencia. Por otra parte, la iniciativa sólo puede referirse a un campo en el que la Comisión tenga competencias y esto exige información previa y transparencia. Pero, ¿por qué no han hecho antes los deberes -incluida esta consulta pública- para que la iniciativa pueda ponerse en marcha desde el primer día de aplicación del Tratado de Lisboa?
Lisboa entrará en vigor el 1 de diciembre, pero la iniciativa ciudadana no podrá hacerlo antes de principios de 2011, lo cual es un auténtico disparate. Esto no hace sino alimentar la idea de que, en realidad, la Unión está tratando de perder tiempo para retrasar lo más posible una posibilidad de democracia directa para sus ciudadanos.
Ahora, la Comisión ha editado un Libro Verde planteando las cuestiones pendientes y algunas posibles respuestas a las mismas. Algunas de las sugerencias que propone este Libro Verde para que quien lo desee participe en la consulta pública están formuladas como preguntas del siguiente modo:
- ¿Considera que un tercio del número total de estados miembros es «el número significativo« requerido por el Tratado? Si la sugerencia de la Comisión prospera, con firmantes de nueve estados sería suficiente.
- ¿Considera que un 0,2% de la población de cada Estado miembro es un porcentaje adecuado? Esto, por poner dos ejemplos, representaría a unas 160.000 personas en Alemania y a unas 20.000 en Bélgica.
- ¿Considera que la edad mínima requerida por cada Estado miembro para las elecciones europeas es la apropiada también para la iniciativa ciudadana? Y es que la edad para votar no es la misma en todos los estados de la Unión Europea ni, puestos a ello, tampoco los sistemas de verificación de firmas.
En el resto de los temas el Libro Verde se moja menos. Aunque, por ejemplo, apunta a la posibilidad de que el periodo de recogida de firmas pueda prolongarse, para una iniciativa concreta, durante un año.
En cualquier caso, muchas de estas cuestiones podrían ser decididas y clarificadas con mucha mayor rapidez de la prevista. La fecha límite para participar en la consulta es el 31 de enero de 2010; a lo largo del 2010 la Comisión estudiará las aportaciones y elaborará un proyecto de Reglamento; y el Parlamento y el Consejo codecidirán para que pueda entrar en funcionamiento a principios de 2011.
Y ello a pesar de que la comisaria europea de Relaciones Institucionales y Comunicación, Margot Wallstrom, solicitó que la iniciativa pudiera ser usada inmediatamente por los europeos, y argumentó incluso que sería bueno que esto planteara problemas a la Comisión, porque pondría a esta institución mucho más en contacto con las personas y sus intereses o preocupaciones. No parece que los deseos de la activa comisaria sueca hayan tenido mucho eco.
Otro dislate más, que nos llevará a abordar en próximos días la infinidad de aplazamientos, dudas, cuestiones no resueltas y salvaguardas que guarda en sus entrañas el Tratado de Lisboa.
La gran mentira: la participación de los parlamentos de los estados en el proceso de integración europeo. Otro de los puntos del texto de Lisboa que fue presentado en su día como el no va más de la «nueva» arquitectura democrática de la UE surgida de la última reforma es el referido a la mayor participación de los Parlamentos estatales en la política europea. Este punto contempla su participación a través de un nuevo mecanismo para controlar que la Unión actúe exclusivamente cuando la intervención a nivel de la UE resulte más eficaz (subsidiariedad). Esta novedad, se asegura, acrecentará la democracia y la legitimidad de las actuaciones de la Unión, ya que los Parlamentos estatales podrán manifestar su parecer desde la fase inicial de una propuesta, antes de que la estudien a fondo el Parlamento Europeo y el Consejo de Ministros.
Esta es la teoría. Vayamos ahora a la práctica, porque se cumplen tres años y dos meses desde que se introdujera exactamente esta misma posibilidad presentada como novedad en Lisboa. Es decir, desde 2006 la Comisión Europea envía sus propuestas legislativas y borradores directamente a los parlamentos de los estados para que estos le hagan llegar sus sugerencias y comentarios. El sistema es el mismo y los objetivos idénticos a los que el Tratado de Lisboa presenta como un gran avance democrático.
Pues bien, hoy sabemos cuál es la participación exacta de los parlamentos estatales en estos tres últimos años, y los datos ridiculizan a varios estados que se las dan de campeones del europeísmo:
- el Parlamento más activo en la política comunitaria, de largo, es el portugués: sus diputados han enviado 102 comentarios sobre propuestas legislativas europeas a Bruselas. Le siguen el Senado francés (58), el Bundestag alemán (48), el sueco (44) y de la Cámara de los Lores (39).
- de los últimos en incorporarse a la UE, destaca la participación de los senadores checos, con 41 opiniones remitidas.
- y ustedes se preguntarán: ¿dónde están los diputados españoles que tanto y tan alto hablan de su europeísmo...? ¡Cero! El Parlamento español no ha enviado ni un solo comentario a Bruselas (otro tanto sucede con Rumanía y Malta).
- los restantes quince parlamentos han enviado entre 1 y 10 notas cada uno. Es decir, de los datos aportados puede deducirse que sólo nueve parlamentos estatales se han tomado en serio este trabajo.
Estos datos dejan a cada cual en su lugar, y cuestionan la presentación de la participación de los parlamentos de los estados en la política europea como uno de los grandes avances democráticos del Tratado de Lisboa. Si, como apuntara el pasado 4 de noviembre el eurodiputado Alain Lamassoure, los «parlamentos nacionales son la llave del éxito de Lisboa», ya pueden ir buscando otro tema de comunicación y propaganda.
La presidencia española de la Unión Europea, lo que mal empieza…

22-01-2010
Alberto Montero Soler
El Observador
Han sido necesarios muy pocos días y propuestas para que se ponga de manifiesto el cariz que puede tomar la presidencia española de la Unión Europea.
Y es que hace falta ser muy atrevido para comenzar el mandato aludiendo a la decisiva contribución que España va a realizar para sacar a Europa de la crisis.
No sé cómo no se dan cuenta quienes escriben los discursos del presidente español de que para hacer ese anuncio uno debe tener una cierta legitimidad y unos hechos detrás que avalen la credibilidad del mismo. Y de ambos factores este país anda, precisamente, un tanto escaso. No contribuye mucho a que alguien pueda tomar esa declaración en serio cuando se realiza desde el país en el que con mayor gravedad y profundidad se ha manifestado la crisis, el que tiene una tasa de desempleo que duplica la media comunitaria y el que posee unas perspectivas de salida de la misma que se retrasan hacia un horizonte bastante más lejano que el de las economías de nuestro entorno.
En cualquier caso, a pesar de que las perspectivas sean tan pesimistas, no cabe descartar que una mínima recuperación de unas décimas de la tasa de crecimiento del PIB español se anunciaría a bombo y platillo como el inicio de la recuperación de la economía española y de que, por tanto, ya estaríamos en condiciones de mostrar a Europa cómo avanzar para encontrar la luz al final del túnel.
Sin embargo, hablar de salida de la crisis en términos de crecimiento del PIB es ignorar que el principal problema económico que en estos momentos preocupa a los españoles es, sin lugar a dudas, el desempleo. Así lo demuestra la última encuesta del CIS en la que el paro aparece como la principal preocupación del 79% de los españoles.
Por lo tanto, si consideramos que para los españoles el problema no es si el PIB crece o no unas décimas sino si ese crecimiento se traduce o no en creación de empleo, el presidente Zapatero debería ser un poco más prudente cuando anuncie que España ya ha salido de la crisis y recordar lo que hace unos días manifestaba Campa, su secretario de Estado de Economía, al que no le duelen prendas para advertir de que este país no retornará a una tasa del desempleo del 8% -es decir, aquélla en la que nos encontrábamos cuando comenzó la crisis-, hasta el año 2015. Ello siempre y cuando a partir de 2012 el PIB crezca a una tasa del 2% y de que la economía española, a esa raquítica tasa, sea capaz de crear empleo ya que, como lo demuestra su historia económica reciente, siempre se ha necesitado de unas tasas algo más elevadas para generar empleo neto.
Sé que este llamamiento a la prudencia es casi incompatible con la necesidad política de ofrecer, cuanto antes, resultados económicos positivos. Buena prueba de ello se produjo cuando, preguntado por cómo España iba a aportar soluciones para la crisis a nivel europeo teniendo en cuenta la gravedad de la situación doméstica y la incapacidad para resolverla, el presidente Zapatero sacó pecho y, ofendido porque la pregunta se la hiciera un compatriota, respondió con una de esas frases para el recuerdo: “España está a punto de salir de la crisis si no lo ha hecho ya”.
Con ese tipo de declaraciones Zapatero sólo consigue demostrar que sigue sin tener un conocimiento mínimamente aquilatado de la situación de la economía española o que, si lo tiene, no quiere difundirlo por negativo, como ocurrió cuando se negó a reconocer la existencia de la crisis en este país. Aquella postura, que ahora trata de justificar apelando a su planteamiento optimista ante la vida, sólo puede ser tachada de irresponsable. Y es que no niego que ser optimista no sea una actitud positiva a nivel personal pero cuando se es el presidente del gobierno de un país ante todo debe primar la responsabilidad y no el optimismo pensando que éste es una virtud que se contagia y que, una vez extendida en forma de pandemia, los problemas se arreglan solos.
Evidentemente, cuando uno peca de ese nivel de imprudencia es normal que comiencen a llover las críticas. Y éstas no tardaron en llegar de la mano de “Financial Times” o “The Economist” que vinieron a recordar, precisamente, que la situación de la economía española no era como para que el presidente Zapatero fuera ofreciendo al resto de Europa su experiencia en el tratamiento de la crisis y de que, por lo tanto, no estarían demás unas mayores dosis de humildad y algún tranquilizante para los aires de grandeza con las que se iniciaba el mandato.
Sin embargo, no contento con el chaparrón inicial, el presidente Zapatero quiso ir un poco más allá y lanzó rápidamente una propuesta cuya vida duró lo que tardaron alemanes y franceses en rechazarla y el “Wall Street Journal” en mofarse de ella.
Así, Zapatero planteó la ingeniosa idea de que, ante el fracaso de la estrategia de Lisboa en donde se planteaban objetivos tales como el incremento de la tasa de empleo hasta el 70% de la población o el aumento de la inversión en I+D hasta el 3% del PIB, la nueva estrategia para los próximos años debería no sólo incluir nuevos objetivos concretos sino que, además, éstos debían ir acompañados de “medidas que actúen como incentivo y, si resulta aconsejable, medidas correctivas por lo que se refiere a los objetivos fijados en nuestras políticas económicas”. Una propuesta que, casualmente y para más inri, iba en la misma línea que la planteada por Guy Verhofstadt, el líder del grupo liberal en el Parlamento Europeo.
La propuesta apuntaba a replicar en materia de empleo y competitividad la filosofía del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que constriñe la posibilidad de que los estados miembros de la Unión Monetaria puedan realizar políticas fiscales excesivamente expansivas.
La respuesta de alemanes y franceses no se hizo esperar y, por ejemplo, el ministro alemán de Economía manifestó que la propuesta “no tenía mucho sentido” y que lo máximo a lo que estaban dispuestos era a aumentar la coordinación entre los gobiernos nacionales.
La contrarréplica española fue inmediata: “donde dije digo ahora digo diego”. La vicepresidenta del gobierno se apresuró a declarar que en ningún caso Zapatero había hablado de sanciones y que España y Alemania “coincidían absolutamente en una mayor coordinación de las políticas económicas". ¿Y es que puede ser de otra forma? ¿O es que alguien va a estar en contra de que el aumento de la coordinación de las políticas económicas en una unión monetaria es algo deseable en sí mismo?
Sin embargo, y este es el problema de fondo, la realidad demuestra que esa coordinación no existe y que ni siquiera el mecanismo de las sanciones es válido para conseguir que los países de la Unión Europea avancen juntos hacia un proyecto económico común.
Que la coordinación no existe se ha puesto de manifiesto de una forma cruda en los planes de actuación que los distintos gobiernos han planteado frente a la crisis. Más allá de acuerdos puntuales en materia de rescate del sistema financiero, cada país ha implementado los programas de recuperación económica que ha estimado oportuno en función de sus intereses nacionales y evitando que, en la medida de lo posible, los mismos pudieran tener efectos más allá de sus fronteras. El temor a una apuesta decidida por la expansión de la demanda agregada en países como Alemania, por ejemplo, tiene mucho que ver con la incidencia positiva que las medidas que se articularan para ello tendrían sobre otros países de la región y, por lo tanto, con la imposibilidad de rentabilizarlas electoralmente a nivel interno.
Es más, ¿cómo puede plantearse más allá de las meras declaraciones retóricas la importancia de la coordinación en materia de políticas económicas que afecten a la economía real cuando la mayor parte del comercio de los países de la Unión Europea (el 67,4% de las exportaciones y el 62,6% de las importaciones) es intrarregional? Esa estructura del comercio se ha conseguido, en gran medida, a base de estimular la competitividad nacional para copar cuotas de mercado en el resto de Estados miembros al tiempo que se eliminaban las restricciones a la circulación de mercancías y capitales con vistas a crear un mercado único en el que cada país compitiera en igualdad de condiciones con el resto.
En este sentido, plantear ahora objetivos basados en el refuerzo de la competitividad, aunque sea para hacer frente comercialmente al resto del mundo o para equiparar la Unión Europea a los Estados Unidos, y además establecer compromisos vinculantes sometidos a sanción en caso de incumplimiento es desconocer radicalmente la esencia del proyecto europeo.
No es que sea una propuesta inviable es que, como plantearon inmediatamente lo alemanes, no tiene sentido en esta Europa de los mercaderes.
Es por eso que el carácter de las propuestas iniciales de la presidencia española anda tan desencaminado. Porque la Europa que los mercaderes pensaron ya existe, es cierto que no con el grado de profundidad en la liberalización de las relaciones económicas que ellos desearían (aún puede irse más lejos al respecto y la crisis se está convirtiendo en una buena excusa para ello), pero sí con la suficiente intensidad como para vetar cualquier medida que pudiera entenderse como un incentivo a la posibilidad de equiparar las condiciones productivas entre países y, con ello, a incrementar la competencia por los mercados nacionales.
Si este presidente quiere pasar a la historia de la Unión Europea por sus propuestas rechazadas debería pensar más en todas aquellas que sería posible realizar para incrementar la democracia a nivel europeo, para construir una hacienda pública comunitaria o para conseguir que los niveles de bienestar que disfruta un ciudadano sueco o danés sean similares a los de uno griego o español. Puestos a pedir lo imposible, que al menos parezca por sus peticiones que es socialista.
Alberto Montero Soler (amontero@uma.es) es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga y puedes leer otros textos suyos en su blog La Otra Economía.
martes, 5 de enero de 2010
Los estados son los «señores de los Tratados»
El alto funcionario bruselense José Manuel Barroso y el presidente checo elegido, Vaclav Klaus.
por Karl Müller
La Unión Europea recnooce un " déficit democrático ", sin embargo, no abandona sus viejos demonios.
Una campaña de desinformación fuelanzada contra el presidente de un Estado miembro para forzarlo a ratificar un tratado.
Los elegidos del Pueblo, cuando no comparten el punto de vista de Bruselas, deben someterse o dimitir.
«¿Qués lo que quieren que vote la gente?»
Esto respondió el entonces ministro alemán del exterior, Joseph Fischer, el 28 de febrero de 2004, en un reportaje del «Berliner Zeitung».
La pregunta fue, ¿Qué tenía él en contra de un referendo alemán sobre el planeado contrato de la UE en aquel momento?
Fischer ni siquiera consideró necesario fundamentar objetivamente su punto de vista.
El método de Fischer se ha impuesto mayoritariamente dentro de la UE. Sin tener reparos frente a los estados democráticos, los jefes de estado y de gobierno de los 27 países miembros, después de su fracaso en los referendos de Francia y Holanda, retocaron un poco el acuerdo, le dieron entonces el nombre de Tratado de Lisboa y negaron a sus pueblos el derecho a votar. Sólo en Irlanda no fue posible.
Después de cinco años y medio, en octubre de 2009, se hace evidente cómo, por medio de una acción concentrada, se quiere obligar al presidente electo de un país miembro, quien tiene dudas sobre el planeado Tratado de Lisboa, a cambiar de opinión. Dudas que, por otro lado, comparten millones de europeos.
En la campaña contra Václav Klaus participaron también los medios mainstream. Por ejemplo, el «Frankfurter Rundschau» alemán. En un artículo del 16 de octubre, el presidente electo es presentado como un hombre a quien le gusta estar «solo en contra del mundo»; un hombre en el «rol de un excéntrico» que también en su propio país «entre tanto sería bastante discutido». Sus ideas sobre libertad serían «desenfrenadas», tiene una »tendencia misionera», muchos checos «se burlan de él» y sólo deja tras de sí «platos rotos» … En los otros medios es similar.
También políticos de la UE participan en la campaña. El «Sunday Times» británico informó el 11 de octubre, que un parlamentario alemán de la UE, el político del SPD Jo Leinen, exige un «proceso de suspensión del cargo» contra el presidente checo. El lenguaje es revelador: diplomáticos alemanes y franceses piensan que «el obstáculo Klaus debe sacarse de por medio».
Y el más alto funcionario del momento en la UE, el presidente de la comisión, Barroso, también opina que podría amenazar al presidente electo de un país, y decidir lo que es «inconcebible», «absurdo» o incluso «surreal». Así calificó Barroso a las consideraciones de acceder a las propuestas del presidente checo, para realizar cambios en el Tratado de Lisboa. También deberá ignorarse lo que el Tribunal Constitucional alemán estipuló claramente:que los estados miembros son los «deciditorios de los acuerdos» y no los comisarios en Bruselas. Y debe recordarse también lo que estipula el artículo 63 de la constitución checa: «El presidente negocia acuerdos entre los estados y los ratifica.» O no. Y en este caso el acuerdo no entra en vigencia.
¿Por qué la UE no se toma el tiempo para un debate democrático? ¿Por qué tanto apuro? ¿ Los de arriba en la UE le temen a los referendos como el diablo al agua bendita? El posible próximo jefe de gobierno británico – según las últimas encuestas – ha prometido a los votantes que, en caso de ganar las elecciones, va a hacer votar a los británicos sobre el Tratado. El actual primer ministro ha negado ese derecho a la población, porque sabe que el Tratado no tendría mayoría en su país.
Si Europa quiere recuperarse, la cuestión sobre la democracia debe estar en el orden del día. Elites incapaces de ser democráticas, no son una perspectiva para una Europa que quiere aportar algo para la comunidad humana, la paz, y la justicia en el mundo. Las personas a las que se respeta y protege su dignidad, deben poder decidir por sí mismas, cómo quieren vivir y configurar su destino. Sólo así es posible un desarrollo duradero. P.S.
Karl Müller
lunes, 4 de enero de 2010
La presidencia española, Zapatero, Bambi, Mr. Bean y la mala educación
Alfredo R. Mendizabal
En realidad, nadie menciona su nombre como líder fuerte que va a guiar por el buen camino a la Unión Europea estos seis meses. Hay quienes se quejan (o alegran) de que tanto él como España estén en un momento histórico tan bajo y que ahora ven el momento de recuperar presencia internacional. Otros se basan en la enorme cabeza creada con el Tratado de Lisboa como justificación para las expectativas tan limitadas que existen de cara a estos seis meses. En el mejor de los casos, se acredita como éxito personal suyo el que se vayan a celebrar en España dos cumbres previstas antes para Bruselas: con EEUU y con América Latina. Y en el peor de los periodismos, hay insultos, analogías y alusiones a Bambi, Mr. Bean y otras lindezas.
Zapatero no lo ha tenido fácil este comienzo de presidencia española de la Unión Europea.
Los representantes de la mala educación, que probablemente se creen graciosos a fuerza de que les digan que son graciosos y, peor aún, se ven en la obligación de hacerse los graciosos porque tienen que estar a la 'altura' de su nombre, no han esperado ni un día para ensañarse con lo fácil: muchos adjetivos y epítetos y pocos datos. Llamados aquí columnistas, no podrían nunca aspirar a un contrato ni de becario en la gran prensa internacional.
Pero esto no quiere decir que por ahí fuera esperen mucho del liderazgo de ZP. En sólo tres días de los 180 que va a durar la presidencia española ya se amontonan los artículos, análisis y ensayos con tinte fundamentalmente negativo. A continuación, algunos ejemplos de cómo se ve esta anhelada presidencia y qué se espera de ella.
Handelsblatt afirma que no hay grandes expectativas, y no por falta de ambición de los españoles y de Zapatero, sino por los 'desafíos particulares' en estos momentos de la crisis mundial y en esta nueva Europa de Lisboa. De hecho, recuerdan que el presidente se las prometía muy felices para la economía española y luego ha pasado lo que ha pasado. Cree que España puede y debe avanzar en la reforma estructural --aparte de la economía nacional-- de la propia UE, algo que permite la interpretación del Tratado de Lisboa.
Les Echos recuerda que en algunos ambientes lo llaman 'Bambi', pero muy posiblemente la cita es sin ánimo de molestar, porque es precisamente el periódico financiero francés el que subraya el éxito de llevarse a casa dos cumbres importantes. También destaca gráficamente que en Europa ahora hay 'un sillón para cuatro', y que por eso y por muchas otras razones, ni Sonsoles cantando 'El amor brujo' va a devolverle la popularidad.
Le Monde, por su parte, escribe en una frase algo hiriente que 'a falta de reconocimiento internacional' como el de Felipe González, Zapatero deberá trabajar en concierto con el nuevo esquema creado por el Tratado de Lisboa, y señala que Francia no va a ser un obstáculo. Le Figaro evoca los tiempos en que Zapatero era el 'alumno modelo' de los socialistas europeos, en contraste con el día de hoy, cuando espera que la presidencia europea 'le permitirá mejorar su imagen en un país en plena recesión'.
Financial Times se ocupa más de los problemas individuales de España y generales de la UE con su complicado nuevo mecanismo que de Zapatero como gobernante. En este punto, reconoce que 'no sería humano' el renunciar a la oportunidad que da el escaparate de la presidencia para mejorar su imagen personal y la del país. Esta idea de que el papel de España en el mundo está capitidisminuído aparece en varios medios. The Guardian dice que España, Irlanda y Grecia 'no sólo están en recesión, sino en depresión, y mientras permanezcan en el euro no hay salida".
Hay muchos más comentarios en la prensa internacional. Hasta George Soros ha publicado a través del prestigioso Project Syndicate un artículo --en este caso absolutamente positivo y esperanzador-- bajo el título de 'Liderazgo español para los gitanos de Europa'. Al menos hay alguien que tiene fe en ese liderazgo del que se duda en otros ámbitos europeos. Escribe Soros: 'España puede enorgullecerse de cómo ha tratado a su propia minoría gitana. Espero que la presidencia española de la UE se apoyará en esta experiencia para liderar el lanzamiento de una estrategia integral sobre los gitanos. Si España enseña el camino, toda Europa se beneficiará'.
Junto a los grandes medios, los blogs y los chats de internet especializados en temas europeos también se han volcado este inicio de año en la presidencia española. Pero como todavía no hay grandes argumentos ni temas de fondo, se han cebado en la página web oficial que ha creado Moncloa. La comparan con la sueca y dicen que ni se le acerca en visualización, diseño, claridad, facilidad de búsqueda intuitiva y otros factores.
Para arreglarlo todo, dos puñetazos seleccionados entre unos cuantos. Uno se refiere a la profesionalidad o, mejor dicho, a la improvisación. Jon Worth, un socialdemócrata europeo, reproduce un pantallazo frustrante: al pinchar en el título de una sección llamada 'Qué va a pasar', no aparece nada. Todo está en blanco, como si no hubiera nada previsto para los próximos seis meses.
El segundo es más inquietante y se refiere a la seguridad. Julien Frisch, en su blog Watching Europe, reproduce el pantallazo captado a las once de la noche este domingo: es la página web oficial de la presidencia española, pero sólo aparece un inconmensurable Mr. Bean con una de sus muecas.
* * *
Aquí mismo lluvia de sondeos en este primer lunes del año, primer laborable de 2010. Tras otras encuestas dominicales, Antonio Martín Beaumont publica en Semanal Digital los datos de un macrosondeo del PP con 21.000 entrevistas. Resultado: aventaja al PSOE por 5,5 puntos. En cambio, las valoraciones del Publiscopio de Público dicen que la nota del Gobierno ha frenado su caída y sube a 4,4 mientras el PP se queda en 3,7.
Por su parte, ABC pregunta a los directivos: el 85% (¿sólo?) creen que la situación económica española está mal o muy mal. Y en El Mundo, nuevos datos en la tercera entrega de su megaencuesta: sólo un 13% cree que Zapatero ha respondido bien a la crisis, y el 69% no cree que haya recuperación en 2010.
Y sobre la presidencia de la UE, aparte de críticas, algunas chirriantes, Luis R. Aizpeolea dice en El País que Zapatero ha citado mñana martes a Delors, Solbes y González para encarar la crisis y fortalecer "el gobierno económico europeo". José Hervás escribe en Capital Madrid que los primeros días son 'desalentadores' por retrasos en Bruselas y malos augurios económicos. Y en La Vanguardia, Magí Camps se lamenta de que se use la sigla en inglés (EU) y no UE.
Situación económica y lo que viene. Víctor Relaño cuenta en La Gaceta que la deuda pública está creciendo a un ritmo de 330 millones diarios, con un aumento de 110.000 millones en once meses, y que este año se pagarán 23.200 millones en intereses. En ABC, Juan Velarde Fuertes escribe sobre 'el futuro que nos espera', y habla de Argentina... La Razón da algunas cifras-recuento en este principio de año, entre ellas que el paro provoca un sobrecoste de 21.000 millones para los subsidios.