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jueves, 3 de septiembre de 2009

“Se roban a nuestros hijos para quitarles los órganos”




Joven palestino arrojando piedras y botellas a los soldados israelíes en la Ribera Occidental Norte, área en la cual Bilal Achmed Ghanan fue asesinado y luego abierto en un hospital. Foto: Donald Boström

Bilal Achmed Ghanan de 19 años fue asesinado y raptado por los solados israelíes. Su cuerpo fue devuelto con puntos desde el abdomen hasta el mentón. Foto: Donald Boström

Levy Izhak Rosenbaum siendo llevado por los agentes del FBI. Se sospecha que Rosenbaum actúa como intermediario en el tráfico de órganos humanos. Foto: AP
Las revelaciones de un periodista sueco sobre el escándalo del supuesto robo de órganos en Israel


04-09-2009
Donald Boström
Aftonbladet Kultur
Podrían llamarme “celestino”, dijo Levy Izhak Rosenbaum de Brooklyn, Estados Unidos, a quien creía ser un cliente en una grabación secreta con un agente del FBI. Diez días después, a fines de julio de este año, Rosenbaum fue arrestado y un gran enredo de lavado de dinero y comercio ilegal de órganos al estilo de Los Sopranos quedó al descubierto. El rol de Rosenbaum como celestino no guardaba relación alguna con el romance, sino que se trataba de la venta y compra de riñones en el mercado negro de Israel. Rosenbaum dice que compra los riñones por USD10.000 a la gente pobre. Luego, vende los órganos a pacientes desesperados en los Estados Unidos por USD160.000. Las acusaciones han sacudido al ámbito de los transplantes en Norteamérica. De ser ciertas, esto implicaría que el tráfico de órganos se ha documentado por primera vez en EE.UU., señalan los expertos al New Jersey Real-Time News.



Ante la pregunta sobre la cantidad de órganos que ha vendido, Rosenbaum responde jactándose: “Bastantes. Y nunca he fallado”. Desde hace tiempo que este negocio se está llevando a cabo. Francis Delmonici, profesor de cirugía de transplante en Harvard y miembro de la Junta directiva de la National Kidney Foundation (Fundación Nacional de Riñón), señala al mismo periódico que el tráfico de órganos, similar al que tiene lugar en Israel, también se lleva a cabo en otros lugares del mundo. Según Delmonici, de las 5–6.000 operaciones que se realizan al año, alrededor del diez por ciento de los transplantes de riñón en todo el mundo se realizan ilegalmente.
Se sospecha que los países en los cuales se practican estas actividades son: Pakistán, Filipinas y China, donde supuestamente los órganos son extraídos de los prisioneros que se han ejecutado. No obstante, los palestinos también abrigan serias sospechas de que Israel captura hombres jóvenes para utilizarlos como reserva de órganos del país, una acusación muy grave, con suficientes interrogantes como para motivar al Tribunal de Justicia Internacional a iniciar una investigación sobre posibles crímenes de guerra.
Israel ha sido reiteradamente el blanco de las críticas debido a sus formas poco éticas de tratar el tema de los órganos y los transplantes. Francia fue uno de los países que dejó de participar en la colaboración de órganos con Israel en los noventa. El periódico Jerusalem Post escribió que “en breve, se espera que el resto de los países europeos siga el ejemplo de Francia”.
La mitad de los riñones transplantados a israelíes desde comienzos de 2000 han sido comprados ilegalmente en Turquía, Europa Oriental y América Latina. Las autoridades sanitarias israelíes tienen pleno conocimiento de este negocio pero no hacen nada para detenerlo. En una conferencia realizada en 2003, se demostró que Israel es el único país occidental cuya profesión médica no condena el comercio ilegal de órganos. Según Dagens Nyheter (5 de diciembre de 2003), dicho país no toma medidas legales en contra de los médicos que participan de este negocio ilegal, sino que por el contrario, los directores médicos de los hospitales más importantes de Israel están involucrados en la mayoría de los transplantes ilegales.
En el verano de 1992, Ehud Olmert, por ese entonces ministro de salud, intentó abordar el problema de la falta de órganos lanzando una gran campaña cuyo objetivo era que la sociedad israelí se registrara para la donación de órganos post mortem. Se distribuyeron medio millón de folletos en los periódicos locales. El mismo Ehud Olmert fue la primera persona en inscribirse. Un par de semanas más tarde, el periódico Jerusalem Post informaba que la campaña era un éxito. No menos de 35.000 personas se habían registrado. Antes de la campaña, la cantidad de personas registradas hubiera sido de 500 en un mes normal. Sin embargo, en el mismo artículo, el reportero Judy Siegel escribió que la brecha entre la oferta y la demanda era aún grande. Había 500 personas en espera para un transplante de riñón, pero sólo se pudieron realizar 124 transplantes. De 45 personas que necesitaban un hígado, sólo tres pudieron operarse en Israel.
Durante la campaña, jóvenes palestinos empezaron a desaparecer de sus aldeas en la Ribera Occidental y en Gaza. Después de cinco días, los soldados israelíes los devolvían muertos, con sus cuerpos abiertos.
La aparición de los cuerpos aterrorizó a la población de los territorios ocupados. Había rumores acerca de un aumento estrepitoso en la desaparición de hombres jóvenes, con subsiguientes funerales nocturnos de cuerpos sometidos a autopsias.
Por aquel tiempo, me encontraba en la zona trabajando en un libro. En varias ocasiones, miembros de las Naciones Unidas se me acercaron expresando su preocupación por lo sucedido. Dichas personas me confirmaron que el robo de órganos definitivamente ocurría, pero que no se les permitía hacer algo al respecto. Con motivo de una misión para una red televisiva, viajé a la zona y entrevisté a numerosas familias palestinas en la Ribera Occidental y en Gaza, quienes me contaron como sus hijos habían padecido la extirpación de sus órganos antes de ser asesinados. El joven Bilal Achmed Ghanan, quien arrojaba piedras, fue uno de los ejemplos con los que me encontré en este espeluznante viaje.
Era cerca de la medianoche cuando el estruendo del motor de una columna militar israelí sonaba en los alrededores de Imatin, una pequeña aldea al norte de la Ribera Occidental. Sus dos mil habitantes estaban despiertos. Estaban quietos, esperando, como silenciosas sombras en la oscuridad, algunos tendidos sobre los techos, otros ocultos detrás de las cortinas, de las paredes o de los árboles que brindaban protección durante los toques de queda, pero aún así ofrecían una visión completa hacia lo que se convertiría en la tumba del primer mártir de la aldea. Los militares habían cortado la electricidad y el área se había vuelto una zona militar cerrada, ni siquiera un gato podría moverse sin arriesgar su vida. Sólo llantos ahogados interrumpían el silencio abrumador de la noche oscura. No recuerdo si temblábamos por el frío o por la tensión. Cinco días antes, el 13 de mayo de 1992, una fuerza especial israelí había utilizado el taller de carpintería de la aldea para una emboscada. La persona que debían neutralizar era Bilal Achmed Ghanan, uno de los jóvenes palestinos que arrojaban piedras y le complicaban la vida a los soldados israelíes.
Como uno de los líderes de los jóvenes que arrojan piedras, Bilal Ghanan era buscado hace un par de años por el ejército. Junto con otros jóvenes que arrojaban piedras, él se ocultaba en las montañas Nablus, sin ningún techo sobre su cabeza. Ser atrapado significaba tortura y muerte para estos jóvenes; debían permanecer en las montañas a toda costa.
El 13 de mayo, Bilal hizo una excepción, cuando por alguna razón pasó indefenso por el taller de carpintería. Ni siquiera Talal, su hermano mayor, sabe por qué tomó ese riesgo. Quizá los jóvenes ya no contaban con alimentos y necesitaban reabastecerse.
Todo salió según lo planeado para la fuerza especial israelí. Los soldados apagaron sus cigarrillos, apartaron las latas de Coca-Cola y apuntaron tranquilamente a través de la ventana rota. Cuando Bilal estuvo lo suficientemente cerca, sólo bastaba con apretar los gatillos. El primer disparo impactó en su pecho. Según los aldeanos que presenciaron el incidente, luego recibió un disparo en cada pierna. Posteriormente, dos soldados salieron del taller de carpintería y dispararon a Bilal en el estómago una vez. Por último, lo tomaron por los pies y lo arrastraron hacia arriba por los veinte escalones de piedra de la escalera del taller. Los aldeanos cuentan que tanto las Naciones Unidas como la Media Luna Roja se encontraban cerca, oyeron los disparos y se acercaron en búsqueda de personas heridas que necesitaran ayuda. Se produjeron algunos entredichos respecto de quién debería hacerse cargo de la víctima. La discusión culminó cuando los soldados israelíes cargaron a Bilal gravemente herido en un jeep y lo llevaron a las afueras de la aldea, donde un helicóptero militar los aguardaba. El joven fue llevado a un destino desconocido por la familia. Cinco días después, él volvió muerto y envuelto en una tela de hospital verde.
Un aldeano reconoció al capitán Yahya, el líder de la columna militar quien había transportado a Bilal desde el instituto forense Abu Kabir, fuera de Tel Aviv, hacia el lugar de su morada final. “El capitán Yahya es el peor de todos”, me susurró un aldeano al oído. Después de que Yahya descargó el cuerpo y reemplazó la tela verde por una de algodón liviano, algunos familiares hombres de la víctima fueron escogidos por los soldados para encargarse de excavar y mezclar el cemento.
Junto con los ruidos secos de las palas, se podían oír las carcajadas de los soldados quienes, mientras esperaban el regreso a casa, intercambiaban algunas bromas. El cuerpo de Bilal yacía con el pecho descubierto a medida que descendía a su última morada. De repente, para los pocos allí presentes, se hizo evidente el abuso al que el joven había sido expuesto. Obviamente, Bilal no era el primer joven palestino en ser enterrado con un tajo desde su abdomen hasta su mentón.
Las familias de la Ribera Occidental y de Gaza sentían que sabían exactamente lo que había sucedido: “Nuestros hijos son utilizados como donantes de órganos involuntarios”, afirmaron los familiares de Khaled de Nablus, al igual que la madre de Raed de Jenin y los tíos de Machmod y Nafes de Gaza, quienes también estuvieron desaparecidos por unos días para luego aparecer por la noche muertos y con sus órganos extirpados.
“¿Por qué retienen los cuerpos por hasta cinco días antes de permitirnos enterrarlos? ¿Qué sucedió con sus cuerpos durante ese tiempo? ¿Por qué realizan autopsias en contra de nuestra voluntad cuando la causa de muerte es obvia? ¿Por qué devuelven los cuerpos de noche? ¿Por qué lo hacen con escolta del ejército? ¿Por qué cierran el área durante el funeral? ¿Por qué cortan la electricidad?”. El tío de Nafe estaba muy perturbado y con muchos interrogantes.
Ya no quedaba duda alguna para los familiares de los palestinos muertos respecto del motivo de estos asesinatos, pero el vocero del ejército israelí afirmaba que las acusaciones sobre robo de órganos eran totalmente falsas. “Todas las víctimas palestinas son sometidas a autopsias como procedimiento de rutina”, dijo. Bilal Achmed Ghanem fue uno de los 133 palestinos asesinados de distintas formas ese año. Según las estadísticas palestinas, entre las causas de muerte se incluían: asesinato en la calle, explosión, gas lacrimógeno, choque intencional, ahorcamiento en prisión, asesinato en la escuela, muerte en el hogar, etc. Las edades de las 133 personas asesinadas abarcan desde los cuatro meses hasta los 88 años de edad. Sólo la mitad de ellas, 69 víctimas, fueron sometidas a autopsias. La autopsia de rutina de los palestinos asesinados, de la cual hablaba el vocero del ejército, no guarda relación alguna con la realidad en los territorios ocupados. El interrogante persiste.
Sabemos que existe una gran necesidad de órganos en Israel, que existe un vasto comercio ilegal de órganos que tiene lugar desde hace años, que las autoridades están al tanto de su existencia y que los médicos en puestos gerenciales en los grandes hospitales, al igual que algunos funcionarios, participan de este comercio en distintos niveles. También sabemos que los jóvenes palestinos desaparecieron, fueron devueltos después de cinco días, por la noche, en secreto, con sus cuerpos cosidos después de haber sido abiertos desde el abdomen hasta el mentón.
Ya es tiempo de que este macabro negocio salga a la luz, que se sepa lo que está sucediendo y lo que ha pasado en los territorios ocupados por Israel desde que comenzó el Intifada. Fuente: ”Våra söner plundras på sina organ” (Aftonbladet Kultur)Artículo original publicado el 17 de agosto de 2009Sobre el autorTraducido por Victoria Blanco, del colectivo Tlaxcala.

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domingo, 23 de agosto de 2009

Asesinar a palestinos para extirparles sus órganos


23-08-2009
Khalid Amayreh
www.xpis.ps
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Altos cargos y portavoces israelíes han estado clamando contra un importante periódico sueco por haber publicado un reportaje en el que se afirmaba que el ejército de ocupación israelí asesina a palestinos para trasplantar sus órganos a pacientes judíos.

El periódico Aftonbladet, uno de los más populares de Suecia, informaba el martes 18 de agosto que los soldados del ejército de ocupación israelí habían estado matando jóvenes palestinos en Cisjordania para extirparles los órganos y venderlos. En el reportaje se mostraba una foto del cuerpo de una víctima con una larga costura desde la barbilla al abdomen.
El reportaje cita las palabras de la familia de una de las víctimas que afirma que “a nuestros hijos los despojaron de sus órganos”. El reportaje establece también una relación entre el tráfico ilegal de órganos y un reciente escándalo de corrupción en Nueva Jersey en el que están implicados altos cargos [israelíes] y rabinos.
El autor del reportaje, Donald Bostrom, habla de las fuertes sospechas que hay entre los palestinos de que el ejército israelí extirpó los órganos de los jóvenes. Sugiere que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya debería abrir una investigación.
Testigo
Bostrom cita a un testigo palestino que describe un caso en que el ejército de ocupación israelí mató de un disparo a un joven palestino de un pueblo de Cisjordania y después le extirpó los órganos. La víctima palestina ha sido identificada como Bilal Ahmed Ghniyan. “Se lo llevó un helicóptero militar y el ejército lo trajo cinco días después, muerto. Cuando su familia lo enterró vio una larga costura desde el estómago a la barbilla”.
Bostrom también cita a otro testigo que afirma que sus hijos fueron utilizados como “donantes forzados de órganos”.
“Sangrienta calumnia”
Un portavoz israelí y altos cargos del ministerio de Asuntos Exteriores despotricaron y echaron pestes contra Aftonbladet y acusaron a este popular periódico de “sangrienta calumnia” y de propagar “rumores” contra Israel.
El portavoz israelí Yigal Palmor afirmó que el periódico sueco “había convertido la demonización de Israel en una causa sagrada”.
Otros altos cargos israelíes amenazaron con denunciar al periódico sueco por calumnias y afirmaron que el reportaje era una expresión de antisemitismo.
Israel ha estado reaccionando con una sensibilidad exagerada a las críticas internacionales al trato manifiestamente muy duro que inflige a los palestinos y el racismo descarado que se asocia a este trato.
A principios de este año el ejército israelí emprendió un blitzkrieg generalizado y mortífero contra la prácticamente indefensa población de Gaza, en el que utilizó armas prohibidas internacionalmente y mató, mutiló y carbonizó a miles de civiles inocentes, incluidos cientos de niños.
Organizaciones de derechos humanos describieron esta descomunal devastación de terror y muerte que duró más de 20 días como “claros crímenes de guerra” y “crímenes contra la humanidad”.
Igualmente, Israel había matado a miles de inocentes en Cisjordania y muchas de las víctimas fueron enviadas al instituto forense de Abu Kabir para que se les realizara la autopsia.
Sin embargo, no está claro si los órganos vitales de estos jóvenes siempre se extirpan para ser trasplantados a pacientes judíos.
El ejército israelí, que ejerce una enorme influencia política y legal en Israel, casi siempre se resiste a que se investiguen las operaciones que lleva a cabo en Cisjordania, que se hacen violando de manera flagrante el Derecho internacional, especialmente el Derecho humanitario internacional.
Precedente
En enero de 2002 un ministro israelí admitió tácitamente que órganos extirpados de cuerpos de víctimas palestinas podían haber sido utilizados para ser trasplantados a pacientes judíos sin que lo supieran las familias de las víctimas palestinas.
En respuesta a la pregunta de un miembro árabe del Knesset [parlamento israelí] el ministro, Nessim Dahan, afirmó que no podía negar o confirmar que el ejército hubiera extirpado los órganos de jóvenes y niños palestinos para trasplantes o para investigación científica: “No podría afirmar con seguridad que no ocurriera algo de eso”.
Se cree que el miembro árabe del Knesset que hizo la pregunta a Dahan es Ahmed Teibi, quien señaló que había recibido “pruebas creíbles” que demostraban que médicos israelíes del instituto forense de Abu Kabir habían extraído órganos vitales como el corazón, los riñones y el hígado de los cuerpos de jóvenes y niños palestinos a los que había matado el ejército israelí en Gaza y Cisjordania.
En una entrevista de la televisión al-Jazeera en 2002 el difunto dirigente palestino Yasser Arafat acusó al régimen de apartheid israelí de asesinar bebés, niños y jóvenes palestinos y de quitarles sus órganos para trasplantes: “Asesinan a nuestros niños y utilizan sus órganos como piezas de recambio. ¿Por qué calla el mundo entero? Israel se aprovecha de este silencio para intensificar su opresión y terror contra nuestro pueblo”, afirmó un enfadado presidente Arafat.
Durante la entrevista, que tuvo lugar el 14 de enero de 2002, Arafat mostró fotos de los cuerpos mutilados de los niños.
“No estoy preocupado por mí mismo”, afirmó el presidente cuando estaba bajo arresto domiciliario, “estoy preocupado por el pueblo palestino que está bajo asedio desde hace quince meses”.
Israel había admitido que médicos del Instituto L. Greenberg de medicina forense en Abu Kabir habían extirpado los órganos de tres jóvenes palestinos a los que había matado el ejército israelí cerca de Khan Younis. Diez días después los cuerpos fueron devueltos a sus familias para que los enterraran, pero les habían extirpado los órganos y los ojos.
Israel nunca llevó a cabo una investigación seria sobre éste y otros incidentes relacionados con la extirpación de órganos vitales de los cuerpos de víctimas palestinas asesinadas por las fuerzas de ocupación israelíes.
Según la periodista Saira Soufan, la extirpación ilegal de órganos de soldados y combatientes palestinos está documentado desde antes de los años noventa. “Una vez que los cuerpos de los soldados [palestinos] se devolvían a las familias en duelo, se descubría el robo de sus órganos durante el proceso del entierro. Las cavidades vacías habían sido rellenadas con materiales de desecho, como algodón, mangueras de jardinería y palos de escoba, y después cosidas a consecuencia de la llamada ‘autopsia’”.
De manera esporádica, las autoridades israelíes han robado los órganos de turistas muertos en Israel. Un caso al que no se dio publicidad ocurrió en 1998 cuando un escocés, Alistair Sinclair, murió en circunstancias misteriosas en un calabozo del aeropuerto de Ben-Gurion [en Tel Avivi]. Su familia denunció a las autoridades israelíes cuando descubrió que faltaban el corazón de su hijo y otros órganos. A su madre le enviaron otro corazón y otros órganos, pero ella nunca creyó que fueran los de su hijo.
Fuente: Exposing Israel
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sábado, 8 de agosto de 2009

El corredor de riñones y los rabinos lavadores de dinero



09-08-2009
Saul Landau
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Pensé en el primo Harry cuando leí sobre la detención el 21 de julio de cinco rabinos ortodoxos de Nueva York y Nueva Jersey junto con numerosos funcionarios de Nueva Jersey. Como el bien afeitado, muy aseado y secular Harry, esos líderes religiosos de largas barbas y vestimentas negras y una red de políticos, se habían convertido en tramposos profesionales.

Se dedicaban a masivos lavados de dinero y operaciones de comercio ilegal de órganos, aparte de vender carteras Gucci y Prada falsificadas y cualquier otra cosa. La red al estilo Soprano operaba con rabinos de Brooklyn y Nueva Jersey que lavaban decenas de millones de dólares a través de obras benéficas que controlaban.
Los arrestados incluyeron a alcaldes de Hoboken, Secaucus y Ridgefield, dos legisladores estatales, el presidente del Concejo de la Ciudad de Jersey y su alcalde subrogante. Los rabinos enviaban parte de sus beneficios ilegales a yeshivas [centros de estudio ortodoxos judíos, N. del T.] israelíes ligados al ultra-súper ortodoxo Partido Shas y a su ‘über’ rabino Ovadia Yosef.
Los funcionarios federales también descubrieron que parte del dinero lavado por esos supuestos pilares de la ley y la ética judía provenía de la venta de riñones humanos por un judío ortodoxo de Brooklyn llamado Levi Izhak Rosenbaum.
Los sobornos a políticos, los negocios ilegales de venta de órganos y el lavado ilícito de dinero por los rabinos – supuestamente para apoyar a sus congéneres ultraortodoxos en Israel – representaron nuevos giros en la lógica talmúdica. En esta enrevesada narrativa el principal sospechoso de lavado de dinero, el buen compinche del rabino Eliyahu Ben-Haim en Israel, rabino David Yosef, es también hijo del jefe de Shas, Ovadia Yosef. Ben-Haim logró que judíos ricos en Nueva York financiaran el instituto. Debido al escándalo, concluye el reportero de Haaretz, Zvi Zrahiya, “se espera que esas donaciones cesen.” También informa que bancos no identificados también estuvieron aparentemente involucrados en el escándalo. (Haaretz, 26/07/2009) ¡Chocante!
Cuando era niño, acompañaba a mi abuelo a interminables servicios sabatinos en la sinagoga ortodoxa de East Bronx. Después de horas farfullando en hebreo, los hombres con taled y solideos se retiraban a una mesa llena de bizcochos y pasteles de miel junto con vasitos de whiskey. Mientras participaban, uno de los colegas en las plegarias de mi abuelo inevitablemente me ofrecía un vasito y contemplaba, con los otros, mientras un niño de siete años imitaba a sus piadosos mayores. Me quedaba mareado durante horas mientras los mayores reían diciendo: “el pequeño ‘pisher’ está borracho”.
El abuelo también me presentó a algunos rabinos de barbas largas, de apariencia extremadamente piadosa, vestidos del negro tradicional, con solideos o sombreros negros. Sólo unos pocos años después, a inicios de los años cincuenta, algunas de esas autoridades en la ley y la ética judías vieron sus nombres en los periódicos de Nueva York como dueños de tugurios de Harlem acusados por negarse a suministrar calor en el invierno, a hacer reparaciones básicas o llamar al exterminador en las propiedades repletas de ratas y cucarachas que poseían.
Por cierto, semejantes escándalos estallaban a menudo alrededor de la hipocresía de los predicadores fundamentalistas de la fe hebrea, como los llamaba mi abuela metodista de Texas. Pero la familia expresó su frustración y sorpresa cuando el Primo Harry fue atrapado en un sucio fraude de dinero en Florida y fue a la cárcel. “¿Cómo podía un buen muchacho judío hacer algo tan terrible?”
Después que murió mi abuelo y que reconocí a uno de los dueños de los tugurios como rabino amigo de mi abuelo, pregunté a mi abuela cómo era posible que un hombre religioso podía haberse negado a suministrar calor a familias negras pobres y no haber llamado a los exterminadores para que echaran a las ratas y las cucarachas. Se encogió de hombros.
“No son gente nuestra,” dijo mi abuela en yiddish.
En octubre de 1964, volvió a estallar una historia. Manifestantes judíos hicieron piquetes ante las oficinas en Manhattan del Consejo de Rabinos de Nueva York para protestar contra los dueños judíos de casas en mal estado. Los manifestantes – en su mayoría jóvenes – adolescentes y de unos veinte años – afirmaron que una lista publicada de dueños de tugurios contenía una gran proporción de nombres judíos y pedían que “los rabinos de Nueva York encontraran a los dueños de tugurios en sus congregaciones y los amenazaran con ser denunciados desde el púlpito e incluso con que serían excomulgados si no reparaban y mantenían sus propiedades.” Más de 250 propietarios judíos poseían más de 500 casas en mal estado sólo en Manhattan.
Los manifestantes trataron de ver al Rabino Principal Harold Gordon, pero se negó. Los piqueteros distribuyeron panfletos que acusaban que “la mayoría de los 600 edificios cuyos ocupantes se quejaron a ‘clínicas’ de la vivienda y a consejos de ‘inquilinos’ en Lower East Side tienen dueños judíos” y que “74 de los 80 edificios en Lower East Side afectados por las huelgas de arriendos tienen dueños judíos.”
Un rabino conservador declaró al periodista de Village Voice – negándose a dar su nombre o revelar su congregación – que la línea de piquete era “más exótica que efectiva.” Al preguntarle lo que habían hecho los rabinos,” dijo: “Hicieron lo que podían.” Al insistir en qué habían hecho específicamente los rabinos, respondió: “Específicamente, no lo sé.” (Stephanie Gervis Harrington, Village Voice, 7 de mayo de1964)
Cuarenta y cinco años después, otro escándalo que involucró a rabinos y prácticas de negocios cuestionables produjo el siguiente comentario de uno de mis primos: “Por lo menos no hacen pruebas de hemorroides y hernias a los niños pequeños como los curas católicos.”
Durante siglos, rabinos, como numerosos curas y ministros protestantes, se han involucrado en juegos sexuales así como en robos convencionales. A menudo, tratan de cubrir sus fechorías con pretensiones de celo religioso – como que se mantengan abiertos esos yeshivas necesitados de dinero en Jerusalén o que se financien otras obras benéficas. Pero el escudo invisible de la ética no impidió que esos supuestos hombres santos participaran en crímenes flagrantes.
Un fiscal de Nueva Jersey dijo: “parecía que todos querían participar. La corrupción era generalizada y omnipresente.” Los políticos vendían sus servicios a los rabinos, quienes “ocultaban su amplia actividad criminal tras una fachada de rectitud.”
El dinero lavado provenía de Israel, a través de bancos suizos y luego iba a Nueva Jersey. Malhechores israelíes compraban riñones a “gente vulnerable” en Israel por 10.000 dólares, y luego los enviaban a sus asociados rabínicos que los vendían en EE.UU. por 160.000 dólares, dijo. (AP, 25 de julio de 2009)
Como el Primo Harry, Levy Izhak Rosenbaum de Brooklyn se veía como “casamentero.” En una conversación grabada en secreto, Rosenbaum alardeó de juntar a los donantes de riñones con los receptores. “Lleva a un tipo lo que creo que sirve para su tío.” Rosenbaum, de 58 años, judío ortodoxo de Brooklyn, se parece a Tony Soprano quien trabajaba en “administración de desechos.” Rosenbaum afirmaba que tenía que ver con “construcción.” ¡Criminales que tienen vidas convencionales!
A diferencia del shotchen (yiddish para casamentero) tradicional, Rosenbaum promovía trasplantes ilegales de riñones, no matrimonios, como explicó a un informante del gobierno y a un agente del FBI que se presentó como secretario del informante. El agente afirmó que tenía un tío que estaba en diálisis, en una lista a la espera de trasplantes en un hospital en Filadelfia. Pero la escasez de riñones podría costarle la vida. 4.540 personas murieron en EE.UU. el año pasado mientras esperaban un riñón, según la Red Unida para la Compartición de órganos. ¡De ahí, el mercado negro de riñones!
En 2002, Nancy Sheper-Hughes de la Universidad de California Berkeley, advirtió al FBI que Rosenbaum era un intermediario para una banda internacional de tráfico de riñones. Utilizaba a aldeanos de Moldavia como donantes. Les prometía puestos de trabajo en EE.UU., luego los presionaba para que “donaran” sus riñones a receptores que se presentaban como parientes y los amenazaba con un arma si se resistían. Rosenbaum mostraba su verdadera pistola y luego simulaba una pistola con sus dedos y apuntaba a la cabeza del donante poco dispuesto. (Somatosphere: Science, Medicine and Anthropology. 27 de julio de 2009,
Algunos trasplantes de hígado utilizando a donantes de Rosenbaum fueron realizados en el Hospital Mount Sinai en Nueva York. Grabaciones secretas de Rosenbaum realizadas por el FBI mostraron que decía que tenía que distribuir generosamente dinero a doctores israelíes, preparadores de visas y a los que cuidaban a los donantes de órganos en EE.UU. Se informa que uno de sus dichos era: “Uno de los motivos para que sea tan caro es que hay que shmear (pagar a otros) todo el tiempo.” (AP, 25 de julio de 2009)
Como el Primo Harry, Rosenbaum alardeaba: “Hasta ahora, nunca he fracasado.”
Harry iba a la sinagoga en los principales días festivos y oraba. Rosenbaum iba más seguido. Los rabinos oraban a diario. En ninguno de los textos sagrados alguno de ellos encontró la cita: “La religión tiene que ver con enriquecerse, no importa cómo, y puedes usar a Dios para cubrir tu camino.” O: “Está bien cometer crímenes para ayudar a los yeshivas israelíes,” porque sionistas estadounidenses verdaderamente entusiastas – incluso criminales curtidos – tienen una relación emocional con Israel.
………….
Saul Landau es vicepresidente del consejo de fideicomisarios del Instituto de Estudios Políticos. Su libro más reciente es “A BUSH AND BOTOX WORLD” (CounterPunch / AK Press).

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