Agencias | Kabul
22/02/2010
Al menos 27 civiles, entre ellos mujeres y niños, han muerto en un ataque aéreo de la OTAN contra tres vehículos en el sur de Afganistán, informó el gobernador de la provincia de Dai Kundi, Sultan Ali Urusgani. Según el Ministerio del Interior, el número de fallecidos sería 21.
Este no es primer ataque de la OTAN que acaba por error con la vida de civiles. Desde que comenzara la gran ofensiva de las fuerzas internacionales en la provincia de Helmand (al sur del país) los ataque 'erróneos' han sido una constante.
La semana pasada siete policías murieron en una de estas ofensivas sumándose a otros 12 civiles muertos en Helmand por las mismas circunstancias. La ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad) también ha dado parte de bajas civiles, con cinco fallecidos en la provincia de Kandahar.
La ONU ya ha pedido a las partes en conflicto que eviten las bajas civiles y respeten al personal humanitario que se ha desplegado en la zona para atender a los desplazados a causa de la ofensiva.
El enorme operativo en el sur de Afganistán, con 15.000 efectivos desplegados, pretende proteger en mayor medida a la población civil, y se ha impuesto el control por tierra y puerta a puerta frente a los ataques aéreos, menos selectivos.
En la memoria colectiva permanece el triste recuerdo del ataque a Faluya, en Irak, en noviembre del 2004, en el que perecieron cientos de civiles en un ataque masivo, que provocó más de 200.000 desplazados.
Se calcula que entre los 80.000 habitantes de la zona, que lleva cinco años bajo control talibán, habría alrededor de 1.000 insurgentes camuflados.
fuente:elmundo.es
martes, 23 de febrero de 2010
Ataque aéreo de la OTAN en Afganistán mata a 27 civiles
lunes, 1 de febrero de 2010
Israel y Estado Unidos aterrorizan al mundo

Un texto de 2006: La historia de las guerras desde el final de la Segunda Guerra Mundial revela la inutilidad de la violencia a gran escala
01-02-2010
Howard Zinn
Palestine Chronicle
En homenaje al fallecido historiador Howard Zinn rescatamos este texto del 14 de septiembre de 2006, traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
Hay algo importante que aprender de la reciente experiencia de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio: los ataques masivos, que inevitablemente son indiscriminados, no sólo son moralmente censurables, sino también inútiles para lograr los fines declarados por quienes los llevan a cabo.
En tres años de guerra, que empezaron con el bombardeo “Conmoción y pavor” [contra Iraq] y continúan con la violencia y el caos actual, Estados Unidos ha fracasado completamente en su objetivo declarado de llevar la democracia y la estabilidad a Iraq. La invasión y bombardeo de Líbano por parte de Israel no han proporcionado seguridad a Israel; de hecho, ha aumentado la cantidad de sus enemigos, ya sea en Hizbolá, en Hamás, o entre árabes que no pertenecen a ninguno de estos dos grupos.
Recuerdo la novela de John Hersey, The War Lover [El amante de la guerra] en la que un machista piloto estadounidense, al que le encanta arrojar bombas sobre la gente y que también se vanagloria de sus conquistas sexuales, resulta ser impotente. El president Bush, pavoneándose con su cazadora de aviador en un avión de guerra y anunciando la victoria sobre Iraq, ha resultado ser muy parecido a este personaje de Hersey, sus palabras igual de jactanciosas y su maquinaria militar igual de impotente.
La historia de las guerras que ha habido desde el final de la Segunda Guerra Mundial revela la inutilidad de la violencia a gran escala. A pesar de sus descomunales arsenales, Estados Unidos y la Unión Soviética fueron incapaces de derrotar a movimientos de resistencia en naciones pequeñas y débiles -- Estados Unidos en Vietnam, la Unión Soviética en Afghanistan – y fueron obligados a retirarse.
Incluso las “victorias” de las grandes potencias militares resultaron ser fugaces. Era de suponer que tras atacar e invadir Afganistán el presidente era capaz de declarar que los talibán habían sido derrotados. Pero más de cuatro años después, en Afganistán reina la violencia y los talibán continúan activos en la mayor parte del país.
Las dos naciones más poderosas después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética, con todo su poderío militar no han sido capaces de controlar acontecimientos en países que ellos consideraban bajo su esfera de influencia – la Unión Soviética en la Europa del este y Estados Unidos en América Latina.
Más allá de la inutilidad de la fuerza armada, y en última instancia más importante, es el hecho de que la guerra en nuestra época provoca inevitablemente la muerte indiscriminada de gran cantidad de personas. Por decirlo más rotundamente, la guerra es terrorismo. Ésta es la razón por la que una “guerra contra el terrorismo” es una contradicción en los términos. Las guerras emprendidas por naciones, ya sea Estados Unidos o Israel, son cien veces más mortales para personas inocentes que los atentados terroristas, atroces como son.
La repetida excusa dada tanto por los portavoces del Pentágono como por los altos cargos israelíes para arrojar bombas donde viven personas ordinarias es que los terroristas se esconden entre los civiles. Por consiguiente, el asesinato de personas inocentes (en Iraq, en Líbano) se dice que es accidental, mientras que las muertes causadas por el terrorismo (el 11 de septiembre, por los cohetes de Hizbolá) es deliberado.
Ésta es una distinción falsa que se refuta rápidamente en cuanto se piensa un poco. Si se arroja deliberadamente una bomba sobre una casa o un vehículo sobre la base de que un “sospechoso terrorista” está dentro (nótese el frecuente uso de la palabra sospechoso como prueba de la incertidumbre en torno a los objetivos), las subsiguientes muertes de mujeres y niños pueden no ser intencionales. Pero tampoco son accidentales. La descripción adecuada es “inevitable”.
Por lo tanto, si una acción inevitablemente matará a personas inocentes, es tan inmoral como un atentado deliberado contra civiles. Y cuando se considera que el número de personas inocentes que muere inevitablemente durante acontecimientos “accidentales” ha sido mucho, muchísimo mayor que el de todos las muertes causadas deliberadamente por los terroristas, se debe rechazar la guerra como una solución al terrorismo.
Por ejemplo, las bombas estadounidenses asesinaron a más de un millón de civiles en Vietnam, supuestamente por “accidente”. Sumen ustedes todos los atentados terroristas ocurridos en todo el mundo a lo largo del siglo XX y no equivalen a esa espantosa cifra.
Si reaccionar por medio de la guerra contra los atentados terroristas es indefectiblemente immoral, entonces debemos buscar otros medios que no sean la guerra para acabar con el terrorismo, incluyendo el terrorismo de la guerra. Y si la represalias militar por el terrorismo no sólo es inmoral sino también inútil, entonces los dirigentes políticos, por más fríos que sean sus cálculos, puede que tengan que reconsiderar sus políticas.
Howard Zinn era profesor emérito de la Universidad de Boston. Sus principales obras traducidas al castellano son Nadie es neutral en un tren en marcha, Hondarribia, Hiru, 2001 (traducción de Roser Berdagué ), La otra historia de Estados Unidos, Hondarribia, Hiru, 2005 (ed. revisada y corregida por el autor, traducción de Toni Strubel) y Sobre la guerra: la paz como imperativo moral, Barcelona, Debolsillo, 2008 (traducción de Ramón Vilà Vernis)
[Artículo publicado originalmente en Palestine Chronicle, el 14 de septiembre de 2006]
Fuente: http://windowintopalestine.blogspot.com/2010/01/israel-and-america-terrorize-world.html?