Por el gran sabio y místico: Faid Al-Kashânî (quddisa sirruh)[1]
Traducción del persa: Lic. Sumeia Younes
El viajero espiritual ha de observar veinticinco cosas…
Primero:Observar las cinco oraciones diarias.
Me refiero a llevarlas a cabo al comienzo de su tiempo, en ÿamâ’ah (en congregación) y observando en ellas las tradiciones (sunan) y proceder apropiado (âdâb). Si, sin razón ni impedimento alguno, las retrasara respecto del comienzo de su tiempo, o no se presentara a realizarlas en congregación, u omitiera alguna de las tradiciones o alguno de sus procederes (âdâb), aunque sea un poco, se habrá salido del camino del peregrinaje espiritual, y será igual que el común de la gente que pace errante en la decadencia de la ignorancia y el desvío y que está desinformada del camino y del objetivo, y no progresará jamás.
Segundo :Observar la Oración del Viernes (Salât-ul Ÿum‘ah), la
de las dos Festividades (‘Îd Al-Fitr e ‘Îd Al-Ad·hâ) y la de los Signos
(Al-Aiât).
Se debe hacerlo en tanto se reúnan las condiciones, il·la ma‘al ‘udhr-il musqit (a menos que tenga un impedimento que le dispense de dirigirse a realizar la oración), puesto que, "si es que tres viernes (seguidos) abandona la oración sin razón alguna, su corazón se enmohecerá de manera tal que no podrá ser subsanado".
Tercero:Observar las oraciones meritorias diarias .
Incluso se llegó a considerar pecado abandonarlas, excepto cuatro rak‘ah o ciclos de la nâfilah (u oración supererogatoria) de la tarde, y dos rak‘ah de la nâfilah que sigue a la oración del ocaso (magrib) y el witr (que es la oración supererogatoria de la noche), que es permitido no llevarlas a cabo aun no existiendo impedimento alguno.
Cuarto: Observar el ayuno (sawm) del Mes de Ramadán y
perfeccionarlo.
De manera que controle la lengua respecto de las palabras vanas, de la maledicencia, de la mentira, de maldecir e insultar, y acciones semejantes, y al resto de los miembros del cuerpo respecto de la opresión y la traición, y desayunar con lo ilícito o dudoso, aún más de lo que los controla el resto de los días.
Quinto: Observar el ayuno preferible.
Que son tres días específicos de cada mes, lo cual equivale a un estado continuo de ayuno (sawm ad-dahr). Si es que no tiene impedimento alguno, que no lo abandone, y si lo abandona, que lo recupere, o en su defecto que dé como limosna una ración de comida.
Sexto: Observar el zakât (o impuesto religioso)
De manera que retrasarlo o actuar con languidez a su respecto no está permitido, a menos que tenga un impedimento, como no encontrar a quien sea acreedor al mismo (esto es, que no haya necesitados), o por esperar para dárselo a quien sea más virtuoso de entre los que son acreedores a ello, etc.
Séptimo: Observar el pago de "un derecho consabido de los bienes" como limosna.
Me refiero a que determine que cada día o cada semana o cada mes, dará algo de sus bienes a un mendigo o indigente, de una manera acorde a su riqueza, y que no lo suspenda. Y es mejor si no se informa nadie de ello:«Aquellos en cuyos bienes hay un derecho consabido para el mendigo y el indigente. En el hadîz (se transmitió) que (el derecho consabido) no incluye al zakât (sino que es otro tipo de caridad).
Octavo: Observar la Peregrinación obligatoria (Haÿÿat-ul Islâm).
De manera que debe llevarse a cabo en el año que se torna obligatoria (por haberse vuelto pudiente, etc.), y no es permitido retrazarla si no tiene impedimento alguno.
Noveno: Visitar los sepulcros sagrados del Profeta (BP) y los Inmaculados Imames (P).
Especialmente el del Imam Husein (P), ya que encontramos en el hadîz que: "Visitar al Imam Husein (P) es obligatorio para cada creyente, y todo el que deje de lado este acto, habrá dejado de lado un derecho de Al·lah y del Mensajero".
En otro hadîz se transmitió que: "Todo Imam tiene un pacto que rige sobre sus awliâ’ y shi‘as, y entre las cosas mediante las cuales se observa completamente ese pacto, se encuentra la visita a su sepulcro".
Décimo: Observar los derechos de los hermanos
Y satisfacer sus necesidades, puesto que, ¡qué énfasis elocuente se hizo al respecto!, es más, consideraron que ello tiene prerrogativa por sobre la mayoría de los deberes religiosos.
Décimo primero: Compensar los recuerdos de Al·lah que no se hayan realizado en su momento.
Cuando se dé cuenta: "mahmâ amkana" – [Cuando y como sea posible].
Décimo segundo: Eliminar de sí mismo las conductas censurables como la vanidad, la mezquindad, la envidia y sus semejantes.
Imponerse prácticas de ascetismo, cualidades opuestas (a las mencionadas) y atributos morales encomiables, como el buen carácter, la munificencia, la paciencia y sus semejantes, hasta que se tornen una conducta arraigada.
Décimo tercero: Dejar de lado totalmente los actos prohibidos.
Y si ocasionalmente aconteciera un acto de desobediencia, que rápidamente pida perdón, se arrepienta y vuelva (a Al·lah) a fin de que sea amado por Al·lah:
[«Ciertamente que Al·lah ama a los arrepentidos»].
Décimo cuarto: Dejar de lado las cosas dudosas y ambiguas.
Lo cual conlleva a caer en las prohibiciones, y dijeron: "Todo aquel que deje de lado un adab (o proceder pertinente determinado), se verá privado de una sunnah (tradición religiosa), y todo aquel que deje de lado una sunnah, se verá privado de realizar un precepto obligatorio".
Décimo quinto: No inmiscuirse en "mâ lâ ia‘nî" (lo que no incumbe) .
Puesto que ocasiona la dureza de corazón y la ruina, y en el hadîz: –[Quien procure
aquello que no le incumbe ni posee valor para sí, perderá aquello que sí es de valor para sí]. Y si se produjera por negligencia, tras percatarse, deberá compensar ello mediante el pedido de perdón y la contrición: «Por cierto que los timoratos, cuando les alcanza alguna tentación de Satanás, recapacitan, y heles aquí iluminados. En cuanto a los compañeros de los demonios, éstos les sumen en el error, luego no se detienen».
Y hasta que no abandone la compañía de los battâlîn (quienes pasan su tiempo indolentemente), los mugtâbîn (quienes hacen maledicencia) y aquellos que hablan palabras dispersas y así pasan los días, no se librarán del "mâ lâ ia‘nî" (lo que no incumbe), puesto que no hay nada como esto que ocasione insensibilidad, negligencia y pérdida de tiempo.
Décimo sexto: Comer poco, dormir poco y hablar poco.
Convertir ello en su propio lema, ya que influye plenamente en la iluminación del corazón.
Décimo séptimo: Recitar un poco del Corán cada día.
Y lo mínimo son cincuenta aleyas , con cavilación, reflexión y sumisión, y es mejor si algo de ello acaece en medio del salât.
Décimo octavo: Disponer como wird (acto devocional habitual)
algunos recuerdos de Al·lah y súplicas en momentos específicos.
Especialmente después de las oraciones obligatorias, y si puede ocupar su lengua la mayoría de su tiempo en recordar a Al·lah, aunque (el resto de) los miembros (de su cuerpo) estén siendo utilizados en otros trabajos, ¡qué bienaventuranza!
Se transmitió que el Imam Muhammad Al-Bâqir (P) la mayoría del tiempo tenía su bendita lengua humedecida con la pura frase "lâ ilâha il·lal·lah" – [No hay divinidad sino Al·lah] cuando comía algo, cuando hablaba, cuando caminaba, etc. Ello conforma un fuerte medio y ayuda para el peregrino espiritual, y si vincula el "recuerdo del corazón" con el "recuerdo de la lengua", en poco tiempo sobrevendrán muchos logros espirituales. Mientras pueda que se esfuerce incesantemente en recordar a Al·lah, a fin de que no sea negligente, puesto que ningún asunto aventaja a éste en el peregrinaje espiritual, y es una fuerte ayuda para renunciar al hecho de contrariar a Al·lah, Glorificado y Altísimo sea, mediante los actos de desobediencia.
Décimo noveno: Procurar la compañía del sabio y hacerle preguntas.
Y beneficiarse de las ciencias religiosas en la medida que se encuentre avenido a ello. Que se esfuerce todo lo que pueda en incrementar un conocimiento al que ya posee:
[El más sagaz de entre la gente es aquel que incorpora el conocimiento de la gente al suyo propio] .
Hacerse de la compañía de quien es más sabio que uno se considera una gran victoria, y si encuentra un sabio que actúa según su conocimiento se considera imperioso imitarlo y no deberá salirse de ese juicio. El "viejo" a quien se refieren los sufis es éste mismo, y el propósito de "conocimiento" es el conocimiento de la otra vida, no el conocimiento de lo mundano. Y si no encuentra a alguien así, ni tampoco encuentra a alguien más sabio que él mismo, que procure la compañía del libro y la buena gente, de manera que obtenga de ellos la moral encomiable, y que no pierda la oportunidad de ninguna compañía que le permita pasar un buen rato, recordando a Al·lah y la otra vida.
Vigésimo: Tratar a la gente con buenas maneras y sencillez.
A fin de que no se conduzca de una manera insoportable para nadie y su accionar sea objeto de un buen pensamiento; y a su vez no debe pensar mal de nadie.
Vigésimo primero: Hacer, de la sinceridad en las palabras y en el accionar, un lema para sí.
Vigésimo segundo: Encomendarse a Al·lah Ta‘âla en todos los asuntos.
Y no tener la vista puesta en las causas materiales, y ser desapegado (en lo relacionado a) obtener el sustento sin dedicarse a ello con extrema seriedad, ni tener esperanzas excesivas en ello, y en la medida que pueda conformarse con poco y abandonar lo excedente.
Vigésimo tercero: Ser paciente ante el trato desagradable de familiares y parientes.
Y no perder rápido el temperamento y no desear el mal, que cuanto más sea objeto de desdeño y más las aflicciones con las que se topa, llegará más rápido a lo procurado.
Vigésimo cuarto: Encomendar el bien y prohibir el mal
En la medida que uno pueda, y hacer partícipes a los demás en el bienestar y la congoja, y asimismo en el peregrinaje espiritual, si es que existiera la capacidad interior, de lo contrario, abstenerse de acompañarlos con precaución y reticencia a fin de que no ocasione repulsión.
Vigésimo quinto: Organizar los momentos de uno.
Y en cada momento del día disponer un wird (acto devocional habitual) en el que ocuparse para que su tiempo no se desperdicie "puesto que el valor de cada tiempo depende de aquello en que se lo transcurre" y esto es primordial en el peregrinaje espiritual.
Esto es lo que nos ha llegado de los Imames Infalibles –que la paz sea con ellos- y lo que ellos practicaban y decían a los demás, pero asuntos como observar un acto devocional por el período de cuarenta días, no comer (carne de) animales y realizar el recuerdo consistente en forma manifiesta y oculta , y otras cosas que se transmitieron de los sufis, no se narró de ellos (P), y aparentemente, algunos de los mashâiej, veían adecuado algunos de éstos debido a que, para las almas de ciertas personas, resultaba en la facilidad del peregrinaje espiritual, y por ello ordenaban realizar ello.
El origen del período de cuarenta días tal vez sea el Hadîz:
– [Quien actúe sinceramente y con exclusividad para Al·lah durante cuarenta días se manifestarán fuentes de sabiduría desde su corazón hacia su lengua].
Y el origen de dejar (de comer la carne de) los animales:
- [No hagáis de vuestros estómagos cementerios de animales], y otros semejantes.
Y no cabe duda de que comer poca carne, en momentos retraerse y ocuparse en los recuerdos (a Al·lah) con la mente despreocupada y con completa atención, influye en la iluminación del corazón, pero con la condición de que no constituya un impedimento para (participar en) la Oración del Viernes y la Oración en Congregación.
Publicado por Centro Islámico Marplatense
domingo, 18 de abril de 2010
LAS PROVISIONES DEL VIAJERO ESPIRITUAL (II)
jueves, 15 de abril de 2010
LAS PROVISIONES DEL VIAJERO ESPIRITUAL(I)
Por el gran sabio y místico: Faid Al-Kashânî (quddisa sirruh)[1]
Traducción del persa: Lic. Sumeia Younes
En el Nombre de Al·lah, el Clemente, el Misericordioso
Alabado sea Al·lah y que la paz sea con sus siervos elegidos[2]
Éste es un tratado titulado “Las provisiones del viajero espiritual” que fue escrito en respuesta a una pregunta de uno de los hermanos religiosos que había consultado respecto a la manera de atravesar el sendero de la verdad.
Sabe, “aîiadaka al·lahu birûhen minhu” -que Al·lah te afiance con un espíritu de Su parte-, que así como el viaje aparente posee un punto de partida, un final, una distancia y un camino (que recorrer), provisiones, montura, compañeros de viaje y un guía, asimismo el viaje espiritual, que es el viaje del espíritu hacia Al·lah Glorificado y Altísimo, posee todo ello.
Su “punto de partida” es la ignorancia y la imperfección natural que trajo consigo desde el vientre de su madre:
وَاللَّهُ أَخْرَجَكُم مِّن بُطُونِ اُمَّهَاتِكُمْ لاَ تَعْلَمُونَ شَيْئاً“ual·lahu ajraÿakum min butûni ummahâtikum la ta‘lamûna shai‘an”
(«Al·lah os extrajo de las entrañas de vuestras madres desprovistos de conocimiento»).[3]
Su “final” es la perfección real, que es alcanzar a Al·lah, Glorificado sea:وَأَنَّ إِلَى رَبِّكَ الْمُنتَهَى
“Ua anna ilâ rabbika al-muntahâ”
(«Y que el final será a tu Señor»).[4]
يَآ أَيُّهَا الإِنسَانُ إِنَّكَ كَادِحٌ إِلَى رَبِّكَ كَدْحاً فَمُلاَقِيهِ“Iâ aiiuhâ-l insân-u innaka kâdihun ilâ rabbika kadhan famulâqîh”
(«¡Oh humano!, por cierto que te esfuerzas afanosamente por tu Señor. ¡Ya le encontrarás!»).[5]
La “distancia del camino” en este viaje, son los niveles de perfección en el conocimiento y la práctica que el espíritu atraviesa -“shai’an fa shai’an” (“poco a poco”)- cada vez que da pasos sobre el sendero recto de la legislación religiosa que atravesaron los Auliâ’ (devotos y santos) y Asfiâ’ (puros e íntegros):
وَأَنَّ هَذَا صِرَاطِي مُسْتَقِيماً فَاتَّبِعُوهُ وَلاتَتَّبِعُوا السُّبُلَ فَتَفَرَّقَ بِكُمْ عَن سَبِيلِهِ“Ua anna hadhâ sirâtî mustaqîman fattabi‘ûhu ua lâ tattabi‘û-s subula fatafarraqa bikum ‘an sabîlih”
(«Y que ésta es Mi recta senda. ¡Seguidla y no sigáis las demás sendas para que éstas no os desvíen de la Suya!») .[6]
Y estas perfecciones se suceden unas a otras; hasta que no se atraviese la perfección anterior, no podrá trasladarse a la ulterior, tal como sucede en el viaje aparente, hasta que no recorra un tramo de la distancia inicial, no podrá atravesar la posterior.
Y “las estaciones” de este viaje son las exaltadas cualidades y la moral encomiable que son los estados y posiciones del espíritu. Se traslada gradualmente desde cada uno hacia aquel que se encuentra por encima:
La primera estación es la “vigilia”, que es el estado de alerta, y la última estación es el Tawhîd (la Unicidad Divina), que constituye el propósito último de este viaje. Se mencionaron en forma explayada estas estaciones y niveles en el libro “Manâzil As-Sâ’irîn”.[7]
“El camino” de este viaje es poner completa dedicación y gran voluntad, mostrar motivación por esforzarse al atravesar estas estaciones y auto-disciplinarse para soportar las dificultades de los deberes de la religión de entre las obligaciones, tradiciones (sunan), proceder ético (adâb), autocontrol y cómputo (de las acciones) del alma: “ânân fa ânân ua lahdzatan falahdzatan” (“momento a momento e instante a instante”) y concentrar todas las preocupaciones en una sola a la cual dirigir nuestra atención y aniquilarse en Al·lah, Glorificado y Altísimo:وَتَبَتَّلْ إِلَيْهِ تَبْتِيلاً“ua tabattal ilaihi tabtîlan”
(«Y conságrate íntegramente a Él»).[8]
وَالَّذِينَ جَاهَدُوا فِينَا لَنَهْدِيَنَّهُمْ سُبُلَنَا“Ual ladhîna ÿâhadû fînâ lanahdiîannahum subulanâ”
(«A quienes se esfuerzan por Nuestra causa les encaminaremos por nuestras sendas»).[9]
Y “la provisión” de este viaje es la piedad (taqwâ):
وَتَزَوَّدُوا فَإِنَّ خَيْرَ الزَّادِ التَّقْوَى“ua tazawuadû fa’inna jaira az-zâdi at-taqwâ”
(«Y aprovisionaos, mas (sabed que) la mejor provisión es la piedad»).[10]
Y la taqwâ significa llevar a cabo aquello que el Legislador ordenó y abstenerse de aquello que prohibió, con discernimiento, a fin de que el corazón, a través de la luz de la legislación religiosa y el bruñido producido por actuar en base a los preceptos de ésta, sea susceptible a la efusión de sapiencia por parte del Creador, Glorificado sea:
وَاتَّقُواْ اللّهَ وَيُعَلِّمُكُمْ اللّهُ“uattaqûl·laha ua iu‘al·limukumul·lah”
(«¡Temed a Al·lah, y Él os instruirá!»).[11]
Y así como, hasta que el viajero aparente no obtenga de las provisiones el sustento para su cuerpo no podrá recorrer el camino, de la misma manera, el viajero espiritual, hasta que no se constituya con la “taqwâ” y la purificación religiosa, tanto en su aspecto exterior como interior, y fortalezca su espíritu con ello, no proliferarán alrededor de su camino las ciencias y conocimientos y la moral encomiable que resultan de la “taqwâ”; y el ejemplo de esto, es el ejemplo de alguien que lleva consigo una lámpara en la noche oscura, y por medio de su luz ve el camino y anda, y al dar cada paso, se ilumina un tramo de dicho camino y avanza sobre él, y asimismo, hasta que no de un paso y no avance (ese tramo) no se iluminará, y hasta que no se ilumine no podrá andar. Ese “ver” representa “saber” y ese “andar” representa “actuar y tener piedad”. (Se transmitió del Imam As-Sâdiq (P) que:) “Quien actúe de acuerdo a lo que sabe Al·lah le proporcionará el conocimiento de lo que no sabe. El conocimiento es estimulado mediante su puesta en práctica. Si es que lo acata (permanece) y si no, se marcha. No es aceptada ninguna acción sino en base a un conocimiento, ni ningún conocimiento sino en base a su puesta en práctica. Aquel que sabe, su conocimiento lo guía hacia la acción, y aquel que no actúa no tiene un conocimiento; solo que la fe está dividida en grados”.[12]
Así como en el viaje aparente aquel que no tiene camino no llega a destino, de la misma manera, en el viaje espiritual, aquel que no posee conciencia en su accionar no llega a destino: “El que actúa sin discernimiento es como el caminante sin camino, a quien el mucho andar sólo le aleja más”.[13]
Y “la montura” de este viaje es según su proporción y capacidades; entonces, así como en el viaje aparente, si es que la montura es débil y lisiada, no podrá recorrer el camino, asimismo en este viaje, hasta que no haya salud del cuerpo y un fuerte sustento, no se podrá hacer nada. Entonces, obtener el sustento, desde este aspecto, es imperioso y aquello que es para algo imperioso debe obtenérselo en la medida necesaria.
Así, requerir lo innecesario en el sustento conforma un impedimento para el viaje espiritual, y la vida mundanal censurada respecto a la cual se advirtió, consiste en ese mismo exceso que conforma un daño para el que la posee, pero que requerido en la medida necesaria entra en los asuntos del Más Allá, y el obtenerla es adoración.
Asimismo, si es que alguien, durante el viaje aparente, suelta su cabalgadura en medio del camino, mientras la misma se encuentra pastando, no recorrerá su camino. De la misma manera, en este viaje espiritual, si es que deja al cuerpo y las fuerzas corporales hacer su parecer, y no se atiene a las costumbres y tradiciones de la religión ni sostiene sus riendas en las manos, no se recorrerá el camino de la verdad.
Y “los compañeros” de este viaje son los sabios, virtuosos y adoradores, viajeros espirituales que se auxilian y ayudan unos a otros, puesto que la persona no se percata rápido de sus defectos, pero se percata rápidamente de los defectos ajenos. Entonces, si es que varias personas se auto-edifican juntas y se informan unas a otras de los defectos y flagelos, ellos recorrerán rápido el camino, y se verán protegidos de los salteadores de camino y los bandidos, que ciertamente que: “Shaitán está más cerca de la persona solitaria que del grupo, y la mano de Al·lah está con el grupo”.[14]
Si es que uno se sale del camino, el otro se lo hará notar, pero si es que está solo, le tomará mucho tiempo percatarse de ello.
Y “el guía” en este camino es el Profeta –que la paz y las bendiciones de Al·lah sean con él y su familia- y el resto de los Imames Inmaculados –que la paz sea con ellos-, quienes han mostrado el camino, establecieron las tradiciones y costumbres, informaron de los beneficios y perjuicios del camino y ellos mismos lo han transitado, y han ordenado a la ummah imitarlos y seguirlos:
لَقَدْ كَانَ لَكُمْ فِي رَسُولِ اللَّهِ اُسْوَةٌ حَسَنَةٌ“laqad kâna lakum fi rasûli·lahi usuatan hasanah”
(«Realmente tenéis en el Enviado de Al·lah un excelente ejemplo»);[15]
قُلْ إِن كُنْتُمْ تُحِبُّونَ اللَّهَ فَاتَّبِعُونِي يُحْبِبْكُمُ اللّهُ“qul in kuntum tuhibbûnal·laha fattabi‘ûnî iuhbibkumul·lah”
(«Di: “Si verdaderamente amáis a Al·lah, seguidme, que Él os amará”») .[16]
En conclusión, lo que ellos hacían y aquello hacia lo cual ordenaban, tal como se desprende de las tradiciones fiables de Ahl-ul Bait (P), conforma parte de las cuestiones que indefectiblemente el viajero espiritual ha de observar, y no está permitido, de ninguna manera, desacatarlas después de haber obtenido las verdaderas creencias.
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Notas:[1] Fallecido en el año 1091 de la Hégira.[2] Tomado de la aleya 59 de la Sûra An-Naml (27). La aleya completa es de la siguiente manera: «Di: “¡Alabado sea Al·lah, y que la paz sea con sus siervos elegidos! ¿Quién es preferible, Al·lah o los que idolatran?”».[3] Sûra An-Nahl; 16: 78.[4] Sûra An-Naÿm; 53: 42.[5] Sûra Al-Inshiqâq; 84: 6.[6] Sûra Al-An‘âm; 6: 153.[7] Manâzil As-Sâîrîn, de Joÿeh ‘Abdul·lah Ansârî.[8] Sûra Al-Muzzammil; 73: 8.[9] Sûra Al- ‘Ankabût; 29: 69.[10] Sûra Al-Baqarah; 2: 197.[11] Sûra Al-Baqarah; 2: 282.[12] Esta narración no fue citada en ninguna parte en forma completa, pero se mencionaron partes de la misma en varios lugares, entre ellos, referirse a: Usûl Al-Kâfî, T. 1, p. 44, Capítulo: “Quien actué sin conocimiento”; Muniat Al-Murîd, del Shahîd Az-Zânî, corregido por Rezâ Mujtârî, p. 181; Bihâr Al-Anwâr, T. 1, p. 206, Capítulo: “La acción sin conocimiento”.[13] Usûl Al-Kâfî, T. 1, p. 43, Capítulo: “Quien actúa sin conocimiento”. Primer Hadîz, y allí, en vez de “mucho andar” dice “mucha rapidez”.[14] Esto fue tomado de las palabras de Amîr Al-Mu’minîn, Jutbah nº 127, donde ‘Alî (P) dijo: “Aferraos a una concentración numerosa, puesto que la mano de Al·lah está con el grupo; y alejaos de la desunión puesto que quien se aparta de la gente es de Satanás” (Nahÿ Al-Balâghah).[15] Sûra Al-Ahzâb; 33:21.[16] Sûra Âli ‘Imrân; 3: 31.
Publicado por Centro Islámico Marplatense