
Foto: Vietnam, guerra, Estados Unidos - Evacuación de la embajada norteamericana en Saigón.
Estados Unidos, fracaso y frustración en Vietnam
Marcos Alfonso
(AIN, especial para ARGENPRESS.info)
Tocó al cuáquero Richard Milhous Nixón (1913-1994), presidente 37 de los Estados Unidos degustar, contrario a sus deseos, el sabor de la capitulación en la guerra contra Vietnam.
Tal conflagración resultó la más prolongada en la historia estadounidense. Analistas la califican como “fracaso y frustración”. Deviene la más notoria de las derrotas del imperio norteño durante la denominada Guerra Fría.
El descalabro bélico, traumático para la sociedad norteamericana, se tradujo en cifras inéditas y escalofriantes: 58 mil muertos y más de 300 mil heridos; miles de soldados adictos a las drogas… No fue casual que medios de prensa describieran ese panorama como “síndrome de Vietnam”.
Cuando hace 35 años -30 de abril de 1975- los blindados de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Vietnam penetraban por los muros del antiguo Palacio Presidencial de Saigón, sepultaban decenios de metralla y muerte padecidos por el pueblo anamita.
La prolongada guerra y la ocupación militar y política de EEUU finalizaron ese día.
Los antecedentes se remontan a la derrota francesa y los Acuerdos de Ginebra de 1954, momento en que Washington entró a escena para apoyar al régimen anticomunista de Vo Dinh Diem, de marcada factura antipopular.
La respuesta de la población no se hizo esperar y nació el Frente Nacional de Liberación (FNL), aglutinador de las mayorías.
En agosto de 1964, el mandatario de USA a la sazón, Lyndon B. Jonson, ordenó la autoagresión de un buque de su país -conocido como los sucesos de Tonkín- e iniciaba la guerra aérea destructiva contra el norte vietnamita y justificaba la presencia de sus tropas en el sur.
Tras la ofensiva vietnamita del Tét en 1968, el cowboy Johnson decidió desvincularse progresivamente del conflicto y la búsqueda de alguna solución negociada. El empuje de los combatientes vietnamitas, tanto en el norte como en el sur, pusieron en jaque el poderoso armamentismo norteamericano y demostraban al mundo la voluntad del pueblo para no dejarse vencer ni dominar.
Liberados más de la mitad de los escenarios en conflicto por las fuerzas populares, y la potente ofensiva militar llevada a cabo en el sur, obligaron al gobierno de Washington a sentarse en la mesa negociadora y vieron la luz los denominados Acuerdos de París, signados en enero de 1973, para restablecer la paz en el norte anamita.
A pesar de lo suscrito, Estados Unidos aún no se rendía y Richard Nixón, mandatario estadounidense a la sazón, mantenía su obstinada idea de dominar y acabar con el FLN en el sur.
Apenas se asomaba 1974, y el mando político vietnamita dio órdenes al Estado Mayor de las fuerzas armadas para alistar la batalla final por la liberación: el deterioro del enemigo y las continuas violaciones a los acuerdos parisinos, así lo aconsejaban.
La primera victoria aconteció en Phuoc Long, que contaba con cinco mil efectivos del ejército saigonés. Los sucesivos triunfos, propiciaron que el Comité Central del Partido de los Trabajadores de Vietnam escogiera el 10 de marzo de 1975 para el inicio de la gran ofensiva final.
Entre el 26 y el 28 de abril, a poco más del mes de victoriosas acciones, se consolidaron las regiones militares I y II y se ordenó la Operación Ho Chi Minh. En menos de 48 horas el régimen de Nguyen Van Thieu era liquidado en el sur y el embajador de Estados Unidos a la sazón G. Martin , escapaba, presa de pánico, en helicóptero desde la azotea de la sede diplomática.
Las fuerzas liberadoras tomaban Saigón, las tropas norteamericanas eran retiradas en masa y, como homenaje al gran líder y revolucionario vietnamita, la ciudad de Saigón cambiaba para siempre su nombre por el de Ho Chi Minh.
sábado, 24 de abril de 2010
35 aniversario de la victoria del pueblo vietnamita
miércoles, 21 de abril de 2010
El Pentágono “Actualiza” los Planes Militares contra Irán
Al-Manar
20/04/2010
El Pentágono y el Mando Central de EEUU están poniendo al día sus planes militares para un posible ataque contra los sitios nucleares de Irán y preparando opciones para el presidente Barack Obama por si decide emprender tal acción, dijo el lunes la CNN.
Según las informaciones, han sido realizados esfuerzos durante varias semanas en un trasfondo de una creciente preocupación entre el equipo de seguridad nacional de la Administración.
El presidente del Jefe de Estado Mayor Conjunto, Almirante Michael Mullen, criticó a sus planificadores por “no tomarse lo suficientemente en serio” la necesidad de repensar la forma de atacar los sitios nucleares de Irán si el presidente ordenara tal ataque. Uno de los asesores de Mullen dijo que él “quería crear un sentido de urgencia para generar opciones militares para el presidente.”
El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, afirmó que EEUU estaba “tomando en serio” el hecho de que Teherán no estaba “cumpliendo con sus obligaciones internacionales.”
El Pentágono ha publicado también un informe “clasificado” el pasado lunes, según el cual Irán podría construir un misil intercontinental capaz de alcanzar EEUU hacia el año 2015.
“Con suficiente ayuda externa, Irán podría desarrollar probablemente un misil balístico intercontinental (ICBM) capaz de alcanzar EEUU hacia el año 2015,” dijo el informe publicado en abril, una copia del cual fue obtenida por Reuters.
Los avances en la tecnología de misiles de largo alcance de Irán están siendo estrechamente vigilados en Washington, que acusa a Teherán de tener un programa nuclear y está promoviendo una nueva ronda de sanciones. Irán niega firmemente estos cargos y dice que su programa nuclear está siendo dirigido sólo a propósitos pacíficos.
“El programa nuclear de Irán y su disposición a abrir la posibilidad de desarrollar armas nucleares forma parte central de su estrategia de disuasión,” dijo el informe.
El informe también incluía una evaluación de las capacidades militares más amplias de Irán y de su supuesto apoyo a los insurgentes en Iraq y Afganistán, así como a organizaciones como Hamas en los territorios palestinos y Hezbollah en Líbano.
Con el apoyo iraní, Hezbollah ha reabastecido su arsenal más allá de los niveles que tenía en la guerra de 2006, señala el informe, sin dar más detalles. “Irán, a través de su larga relación con Hezbollah de Líbano, mantiene una capacidad de atacar directamente a Israel y amenaza los intereses de EEUU e Israel en todo el mundo,” señaló.
En respuesta a un informe publicado en el New York Times el 17 de abril, que señalaba que los responsables de la Administración Obama han comenzado a considerar nuevas opciones, incluyendo potenciales alternativas militares para tratar con el tema del programa nuclear de la República Islámica, el Departamento de Defensa dijo que el secretario de Defensa, Robert Gates, creía que el presidente Obama y su equipo de seguridad nacional “han dedicado una extraordinaria cantidad de tiempo y esfuerzo a considerar y prepararse para toda una rama de contingencias” con respecto al programa nuclear de Irán.
El informe del Times, que cita responsables gubernamentales no identificados, dijo que el secretario Gates había advertido en un reciente memorando que EEUU carece de una “política efectiva a largo plazo para tratar con el firme progreso de Irán hacia la consecución de una capacidad nuclear.”
El informe señala que el memorando, enviado el pasado mes de enero, desarrollaba nuevas opciones, incluyendo las potenciales acciones militares que podrían ser consideradas si la diplomacia y las sanciones no logran convencer a Irán de que frene su programa nuclear.
Associated Press citó al portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Benjamin Rhodes, que dijo que la Administración estadounidense “ha estado planeando todas las contingencias con respecto a Irán durante muchos meses” y que ningún reciente memorando había dado lugar a una “nueva evaluación” de las opciones.
domingo, 18 de abril de 2010
En 1992, Estados Unidos trató de aplastar militarmente la Transnistria
Cosacos y soldados pridnestrovianos conducen un blindado ruso cerca del puente de Bender (1992)
por Thierry Meyssan*
En medio de la confusión del desmembramiento de la URSS y de las proclamaciones de independencia de los Estados soviéticos, los medios de difusión concedieron muy poca atención a la de Transnistria. Esto motivó que Estados Unidos, ansioso por consolidar su propia influencia, se opusiera al reconocimiento de la Transnistria por parte de la ONU y que Washington tratara incluso de aplastarla aportando su apoyo a una invasión rumano-moldava a través del río Dniéster. Los estadounidenses cometieron sin embargo un grave error al subestimar a los generales de Moscú que se oponían Boris Yeltsin. Utilizando los medios del 14º Ejército ruso, estacionado en la propia Transnistria, esos generales hicieron posible la victoria de la resistencia popular dirigida por el actual presidente de la Transnistria (también conocida como Pridnestrovia), Igor Smirnov. Este artículo refiere acontecimientos no divulgados que permitieron alcanzar el status quo que las discusiones sobre el estatus de Kosovo y la retirada rusa del CFE han puesto nuevamente sobre el tapete.
En los primeros tiempos de la Unión Soviética, la Transnistria era una República Autónoma (RASSM) y formaba parte de la República Socialista Soviética de Ucrania (RSSU). Pero, después de los acuerdos de Munich –en los que Francia e Inglaterra dejaban Checoslovaquia en manos del III Reich– la URSS, al verse aislada, concluyó un acuerdo con Alemania para no convertirse en la siguiente víctima del expansionismo nazi y de la cobardía de las naciones del Europa occidental. Sin embargo, lejos de limitarse a salvar Moscú, el pacto firmado el 23 de agosto de 1939 por los ministros de Relaciones Exteriores Joachim Von Ribbentrop y Viacheslav Molotov estipulaba la repartición de todo el centro de Europa. Una de las consecuencias de este juego de influencias fue la anexión por parte de la URSS de una parte del territorio de Rumania, su incorporación administrativa a la república autónoma antes mencionada (RASSM) y, por consiguiente, la formación de la nueva República Socialista Soviética de Moldavia (RSSM) en la que se hablaban simultáneamente el rumano y el ruso.
Cincuenta años después, los pueblos que habían sido víctimas del Pacto Ribbentrop-Molotov recuperaron su libertad como consecuencia del derrumbe de la Unión Soviética. A pesar de la oposición del presidente Mijail Gorbatchov, los países bálticos y la Transnistria tratan de proclamar unilateralmente su propia independencia en 1990. Moscú envía rápidamente sus tropas especiales a restablecer el orden en los países bálticos, pero no toma en serio a la pequeña Transnistria y no interviene allí. El gobierno de Moldavia tampoco se inquieta. En pleno periodo de descomposición de la URSS, Moldavia estima que su futuro está ligado a Rumania, país con el cual tiene en común el idioma, y admite la separación a corto plazo de la Transnistria de lengua rusa.
El 19 de agosto de 1990, en Moscú, un grupo de generales nostálgicos del sueño soviético derroca al presidente de la URSS, Mijail Gorbatchov, pero encuentra la oposición del presidente de Rusia, Boris Yeltsin. El golpe fracasa en 3 días. En medio de la confusión generalizada, Estonia y Letonia salen definitivamente de la URSS. Bielorrusia y Moldavia hacen lo mismo el 25 de agosto, seguidas por la Transnistria (por segunda vez) el 1º de septiembre y, posteriormente, por todas las demás repúblicas soviéticas, una por una, durante un proceso que dura 2 meses.
En su declaración de independencia, la Moldavia ex soviética proclama solemnemente la anulación de todos los actos políticos y legales derivados del Pacto Ribbentrop-Molotov, incluyendo la incorporación forzosa de la Transnistria a su propio territorio [1]. Pero los servicios secretos moldavos –fuera de todo control político– tratan impedir la separación de la Transnistria secuestrando al líder Igor Smirnov en territorio ucraniano [2]. Tiraspol mantiene su posición y proclama rápidamente su independencia, como ya vimos anteriormente. El nuevo Estado exige además la liberación inmediata de su presidente o, de lo contrario, interrumpirá sus entregas de gas y de electricidad a la nueva Moldavia [3]. En definitiva, Moldavia y la Transnistria confirman cada una su propia independencia a través de un referéndum y designan a sus nuevos dirigentes. Sangrientas escaramuzas tienen lugar entre las Unidades Especiales del ministerio del Interior de Moldavia y la Guardia Nacional de la Transnistria. Moldavia no sólo fracasa en sus intentos de desplazar la frontera hacia el este sino que Bendery, ciudad de lengua rusa situada en la orilla occidental del río Dniéster, decide pasarse del lado de Tiraspol. Se establece entonces un cese del fuego.
Aprovechando la disolución de la URSS, Estados Unidos trata de atraer a los nuevos Estados. Los moldavos sólo piensan en el nivel de vida occidental mientras que los transnistrios pretenden concretar el abandonado sueño de Gorbatchov: adoptar la libertad de empresa y la democracia (Perestroika) así como la transparencia en los medios de difusión (Glasnost) pero conservando al mismo tiempo las conquistas del socialismo. ¡Inadmisible para el tío Sam que está tratando de dinamitar Yugoslavia y que espera acabar para siempre con el socialismo! Washington trata entonces de manipular a Chisinau contra Tiraspol. Este contexto determina el secuestro de Igor Smirnov por los servicios secretos moldavos y, sobre todo, los posteriores acontecimientos.
El 28 de febrero de 1992, Estados Unidos hace entrar triunfalmente a la ONU 8 nuevos Estados, entre los que se encuentra Moldavia. Pero no se reconoce a la Transnistria post-soviética, que pasa entonces del estatus de nuevo Estado en espera del reconocimiento internacional al de región separatista moldava. A la luz del derecho internacional, la nueva situación permite presentar la conquista militar de la Transnistria como una simple operación de restablecimiento del orden público durante un enfrentamiento con secesionistas.
Luego de una breve visita del entonces secretario de Estado, James Baker III, Washington instala su dispositivo. El embajador John R. Davis Jr., quien hizo maravillas manipulando a Solidarnosc en Polonia, dirigirá las operaciones desde Bucarest. El jefe de la estación CIA será Harold James Nicholson [4]. Se abre en Chisinau una representación diplomática [estadounidense] que servirá de centro de operaciones al coronel Howard Steers.
Reclutando elementos de disímil procedencia, los consejeros militares estadounidenses fabrican una fuerza moldava. Siendo Moldavia una república que acaba de obtener la independencia, Chisinau todavía no dispone de un ejército. Washington obtiene entonces de Bucarest el envío de cierta cantidad de oficiales rumanos y de blindados, en calidad de préstamo. En cuanto a los soldados, se recurre al reclutamiento en las prisiones. Se proclama una amnistía para los presos comunes que acepten participar en los combates. No se les ofrece remuneración, pero se les autoriza a hacerse de su propio botín. Podrán incluso apoderarse de las casas de los transnistrios que maten [5].
En Tiraspol, las autoridades transnistrias comprenden rápidamente el vuelco que se ha producido en la situación, sobre todo teniendo en cuenta que, debido al acantonamiento de 8 000 hombres del 14º Ejército ruso en territorio transnistrio, las familias de los militares rusos constituyen la mitad de la población transnistria. Con el apoyo de las estructuras sindicales, de las que él mismo procede, Igor Smirnov organiza en primer lugar una defensa popular. Además, los legendarios cosacos se unen «espontáneamente» a Igor Smirnov. Varios voluntarios llegan a Tiraspol para garantizar la dirección militar de la población [6]. Pero se necesitan armas. Y estas abundan en el arsenal del 14º Ejército ruso. Sin embargo, el Estado Mayor ruso, obligado a enfrentar otros muchos conflictos en ese mismo momento dentro del espacio ex soviético, se declara neutral [7]. El 15 de marzo, una multitud rodea el arsenal y exige la entrega de armas. Al cabo de un largo y angustioso periodo de tensión, los oficiales desisten de defender el arsenal. La multitud se apodera de 1 000 fusiles kalachnikov, 1,5 millones de balas y 1 300 granadas que pone en manos de los cosacos [8].
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Cosacos ante un vehículo blindado improvisado construido a partir de un camión recubierto con planchas de acero.
Las armas llegan justo a tiempo. Chisinau, que ha proclamado el estado de urgencia, se prepara para retomar Bendery. Igor Smirnov pide a la Comunidad de Estados Independientes (CEI) el envío de observadores y que se imponga el respeto del cese del fuego, pero Boris Yeltsin se niega a implicarse [9]. Pero Bendery es sede de una unidad del 14º Ejército ruso y esa unidad anuncia que no tiene intenciones de quedarse cruzada de brazos ante una ofensiva moldava, independientemente de las órdenes de su propia jerarquía. Se abren negociaciones. El vicepresidente ruso, coronel Alexander Rutskoy, viaja a la región en calidad de mediador pero los moldavos, confiados en el apoyo estadounidense, ni siquiera responden a las llamadas telefónicas del vicepresidente y se niegan a recibirlo. Rutskoy viaja a Bendery, donde pronuncia un apasionado discurso a favor de la Transnistria [10], y regresa después a Moscú, donde trata infructuosamente de movilizar a la Duma [11].
En un prudente retroceso, los moldavos aceptan el despliegue de observadores militares de la CEI [12] y los cosacos se desmovilizan [13]
En respuesta a la visita del vicepresidente ruso Rutskoy, los moldavos reciben por su parte al presidente rumano Ion Iliescu para discutir con él la fusión de los dos Estados. Temeroso de verse envuelto en un conflicto militar, Iliescu se limita a hacer unas cuantas declaraciones mientras que se abstiene de firmar los protocolos que le son presentados [14].
Prosiguen las negociaciones pero, independientemente de la buena voluntad de los diplomáticos, estas se enfrentan a la diversidad de protagonistas. En Rusia, ya Rutskoy no aparece como un exaltado solitario. Entran en escena el general Albert Makashov [15] y otras personalidades. Y Boris Yeltsin acaba por tomar una decisión dando orden al 14º Ejército de prepararse para una retirada total. En Chisinau, el presidente moldavo Mircea Snegur y sus consejeros estadounidenses ven en esa noticia la luz verde que tanto han esperado. Se ponen directamente al mando de todas las fuerzas disponibles (policía, aduanas y ejército), exigen la aprobación del parlamento moldavo para «aplastar a los separatistas» y lanzan un llamado a la ONU [16].
Una multitud de mujeres rodea nuevamente el arsenal del 14º Ejército ruso. Se apoderan esta vez de una treintena de blindados, sin encontrar oposición de parte de los soldados rusos [17].
En Moscú se produce un vuelco en el marco de las difíciles negociaciones entre Estados Unidos y Rusia sobre el desarme. El muy conciliador ministro ruso de Relaciones Exteriores Andrei Kozirev declara sorpresivamente que «no excluye que la Transnistria vuelva un día a [ser parte de] Rusia» [18].
En Chisinau, los partidarios de la Gran Rumania organizan manifestaciones contra los «separatistas» al grito de «¡La maleta, el tren, Rusia!». El 20 de junio de 1992, Moldavia ataca la Transnistria. El objetivo no es la toma de posiciones estratégicas sino sembrar el terror entre la población para provocar un éxodo. Los soldados [de Chisinau] abren fuego sobre los civiles en todas partes. Las principales calles de Bendery se cubren de cadáveres [19].
A pesar de las órdenes de Moscú, los tanques del 14º Ejército ruso rompen filas y enfrentan la invasión. Tres de esos tanques son destruidos [20]. Uno de ellos forma parte actualmente del monumento erigido en memoria de los muertos en aquellos trágicos sucesos.
El presidente [moldavo] Mircea Snegur interviene ante el parlamento de Chisinau y declara, en un discurso transmitido por la televisión, que «Rusia ha desencadenado una guerra no declarada contra Moldavia. El Dniéster es una zona ocupada por el 14º Ejército ruso» [21]. Por su parte, el gobierno de Bucarest desmiente haber enviado pilotos al ejército moldavo [22]. Será desmentido a su vez por el 14º Ejército ruso, que afirma que una decena de aviones rumanos participan en los combates [23].
Los combates de los primeros días serán particularmente sangrientos –con más de mil víctimas civiles– y decisivos. Inmediatamente se advierte que una resistencia popular organizada y armada se impondrá ante un adversario que, a pesar de ser superior en número y en equipamiento, carece de motivación y actúa como una tropa mercenaria.
Los combates se prolongan todavía durante 3 días, pero la guerra ya ha terminado.
El 29 de junio, el encargado de negocios estadounidense, coronel Howard Steers, presente en Bendery para coordinar las operaciones militares, escapa por muy poco margen a los disparos de francotiradores transnistrios [24].
Boris Yeltsin decide recuperar el control del 14º Ejército. El 30 de junio pone al general Alexander Lebed a la cabeza de esa fuerza y lo encarga de recuperar el control de todas las unidades y sacar a Rusia del conflicto. El retroceso se acompaña de declaraciones marciales que no engañan a nadie [25]. Para compensar la retirada, los «patriotas» rusos envían nuevamente los cosacos a Tiraspol [26]. Por su parte, Washington concede a los moldavos «la cláusula de nación más favorecida», como una forma de indemnización por la fracasada aventura.
El 3 de julio, Boris Yeltsin y Mircea Snegur firman en Moscú un acuerdo de cese del fuego. Desde entonces, la Transnistria (rebautizada como Pridnestrovia para hacer notar que ya no se limita a la margen oriental del Dniéster y que incluye también la ciudad de Bendery) vive en paz bajo la protección de los últimos soldados del 14º Ejército ruso. Este pequeño territorio de medio millón de habitantes sigue negándose a alinearse detrás de la OTAN y de la Unión Europea y, como represalia, se le sigue negando el reconocimiento internacional.
Catorce meses después de haber rechazado la invasión orquestada por Estados Unidos, Rumania y Moldavia, los pridnestrovianos probaron su agradecimiento a sus amigos rusos. En septiembre de 1993, cuando el presidente Boris Yeltsin –con el apoyo de Estados Unidos– trata de extender sus poderes mediante el uso de la fuerza y disuelve ilegalmente el parlamento, los diputados se rebelan, lo destituyen y ponen en su lugar al vicepresidente Alexander Rutskoy. Los parlamentarios se atrincheran en el hemiciclo con el general Albert Makashov y voluntarios pridnestrovianos se unen a ellos para garantizar la defensa. Pero Yeltsin bombardea la sede del parlamento [ruso] y ordena el asalto. Los insurgentes, entre los que se encuentran Rutskoy y Makashov, son encarcelados. Serán amnistiados 4 meses más tarde.
Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).
Los artículos de esta autora o autor
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[1] «Declaratia de independenta a Republicii Moldova», in Romania libera, 28 de agosto de 1991, p.8.
[2] «Moldovians kidnap Russian rival» The Washington Times, 30 de agosto de 1991.
[3] «Russian-Speaking Area of Moldova Declares Independence», Reuters, 2 de septiembre de 1991. Sobre la cuestión energética, ver «Au cœur de la Guerre du gaz, la petite République de Transnistrie», por Arthur Lepic, Réseau Voltaire, 3 de julio de 2007.
[4] Dos años más tarde, Harold James Nicholson comienza a trabajar para los servicios rusos. Es descubierto en 1996.
[5] Testimonios recogidos por el Museo de Tiraspol.
[6] «Cossacks march out of History into moldovan conflict», Reuters, 8 de marzo de 1992. «Cossaks assisting rebels who seek split from Moldova» por Ken Gluck, The Dallas Morning News, 9 de abril de 1992.
[7] «Soviet army in Moldova takes refuge in neutrality», por Vanora Benett, Reuters, 10 de marzo de 1992.
[8] «Russians in Moldova seize CIS arms stock», AFP, 15 de marzo de 1992.
[9] «Trans-Dnestr leader calls for neutral observers in Moldova», AFP, 30 de marzo de 1992.
[10] «Rutskoy calls for independent Dnestr», AFP; «Moldova accuses Russia of interfering in conflict», Reuters, 5 de abril de 1992. «Moldovan president slams Russian support for Dnestr independence», AFP, 7 de abril de 1992.
[11] «Réformateurs elstiniens contre contestataires: premières escarmouches au Congrès des députés» por Jan Krauze, Le Monde, 8 de abril de 1992.
[12] «Observers force to be deployed in Trans-Dnestr», AFP, 18 de abril de 1992.«Trêve armée de part et d’autre du Dniestr » par Jean-Baptiste Naudet, Le Monde, 20 mai 1992
[13] «Cossak aides to Moldova separatists return home», AFP, 10 de abril de 1992. «Rebel Moldova leader thanks cossacks «defending democracy», por Philippe Naughton, 24 de abril de 1992.
[14] «Moldavie: durant la visite du président roumain, de nouveaux combats ont fait une vingtaine de morts», por Jean-Baptiste Naudet, Le Monde, 21 de mayo de 1992.
[15] Entrevista con el general Makashov, Sovietskaya Rossiya, 26 de mayo de 1992
[16] ] «Moldova calls on Russia to end aid to separatists», por Justin Burke, The Christian Science Monitor, 27 de mayo de 1992.
[17] «Dniester fracture a soviet legacy of self-proclaimed republic well-disposed toward Yeltsin’s soldiers» por John Gray, Globe and Mail; «Russian role in Moldova underlined» por Chrystia Freeland, Financial Times, 29 de mayo de 1992.
[18] «Moldova rejects Russian claims on Dniestr», AFP, 13 de junio de 1992. «CEI: le conflit du Dniestr "La Russie ignore les réalités et l’Histoire" nous déclare le ministre moldave des affaires étrangères», por Jean-Baptiste Naudet, Le Monde, 14 de junio de 1992
[19] «Moldovan troops press attack on stronghold defended by rogue soldiers», por Thomas Grinsberg, Associated Press;«Hundred fill morgue after fierce moldovan fighting» por Dimitri Solovyov, Reuters, 23 de junio de 1992.
[20] «Moldavie: le conflit de Transnistrie. Les combats ont fait des dizaines de morts à Bendery» por Jean-Baptiste Naudet, Le Monde, 23 de junio de 1992.
[21] «De nombreux morts et blessés à Bendery», por Jean-Baptiste Naudet, Le Monde, 24 de junio de 1992.
[22] «Romania denies military involvement in Moldova», Reuters, 22 de junio de 1992.
[23] «Romanian air force over-flies Moldova conflict zone», AFP, 24 de junio de 1992.
[24] «International Observers Come Under Fire in Moldova», Associated Press, 29 de junio de 1992. «U.N. team ducks shots by snipers in Moldova», Austin American-Statesman; «U.N. team caught in sniper fire in Moldova», por Tom Squitieri, USA Today, 30 de junio de 1992
[25] «M. Eltsine donne de nouveaux gages à l’armée russe», Le Monde, 1º de julio de 1992.
[26] «Moldova: fearsome cossack warriors return to the battle front» por Chris Stephen, IPS, 1º de julio de 1992
jueves, 11 de marzo de 2010
Lo que queda de Iraq
BAGDAD. La autora, que cubrió la invasión desde Bagdad, señala que las tropas ocupantes hicieron todo lo posible por aumentar el odio étnico y religioso.
VIOLENCIA, DIVISIÓN, MUERTE E INJUSTICIA DESTRUYEN EL PAÍS
Siete años después del inicio de la ocupación liderada por EE UU, Iraq presenta un paisaje desolador, minado por la invasión y la guerra.
Olga Rodríguez, periodista especialista en Oriente Próximo y autora de los libros "Aquí Bagdad" y "El hombre mojado no teme la lluvia"
Miércoles 10 de marzo de 2010.
Apesar de que los mandamases del mundo aseguraran en 2003 que la guerra de Iraq –lo llamaban guerra, cuando en realidad fue una invasión ilegal– había sido limpia, eficaz y exitosa, los que estábamos en Bagdad sabíamos que aquello de exitoso había tenido poco y de limpio menos. Era evidente que las acciones de los ejércitos invasores estaban favoreciendo el caos, la corrupción y la violencia.
En abril de 2003 contemplé cómo la Biblioteca de Bagdad, víctima de los saqueos masivos, era devorada por las llamas. “Arde a 451 grados Fahrenheit”, pensé en referencia al libro de Bradbury. A tan sólo unos metros más allá, varios soldados estadounidenses contemplaban impasibles el incendio. Tenían orden de no intervenir. Aquellas lenguas de fuego devorando la historia de Iraq eran una metáfora inequívoca del futuro del país.
La división de Iraq
Los ejércitos de ocupación impulsaron el desmantelamiento de las Fuerzas Armadas iraquíes, impusieron por ley la persecución de todas aquellas personas vinculadas al partido Baaz de Sadam Hussein, lo que incluía a los funcionarios –también los bajos rangos de la Administración, profesores, médicos y periodistas–, y fomentaron las divisiones sectarias a la hora de repartir el poder político y militar. De ese modo, Iraq fue dejando de ser un Estado para convertirse en un conjunto de grupos divididos en función de las sectas religiosas y de los intereses políticos, cada uno de ellos con su propio ministerio en el Gobierno y sus propias milicias armadas. El vecino Irán aprovechó esas profundas grietas para establecer su control en importantes sectores del país.
Han pasado siete años e Iraq ha perdido prácticamente su tejido social. La ocupación y la guerra han dejado un millón de muertos y cuatro millones de huérfanos, según cifras gubernamentales y de organizaciones internacionales independientes.
Cientos de profesionales liberales –médicos, artistas, profesores, abogados, periodistas, etc.– han sido asesinados y otros miles han tenido que huir del país. Apenas quedan intelectuales en Iraq.
Decenas de miles de personas han pasado por cárceles secretas. En la actualidad hay al menos 20.000 presos sin posibilidad real de conocer sus cargos o de ser juzgados; algunos llevan así años, sin haber cometido delito alguno y sin que sus familiares conozcan su paradero.
Otros han sido ahorcados en ejecuciones oficiales masivas denunciadas reiteradamente por los defensores de los derechos humanos. Tengo conocidos que han sido torturados o vejados sexualmente y obligados a firmar declaraciones juradas bajo coacción. Tras ello, han decidido formar parte de la resistencia armada iraquí. Otros se han exiliado, han escapado de la violencia y emprendido rumbo a Jordania o Siria, donde viven esperando la posibilidad de un regreso que siempre se pospone. Cinco millones de iraquíes han huido de sus hogares . Es uno de los mayores éxodos de las últimas décadas en el mundo, según datos de Acnur. Buena parte de las mujeres han tenido que abandonar sus empleos tras recibir amenazas de muerte por parte de grupos integristas. El país ha sufrido un proceso de islamización y un claro retroceso en materia de género.
Los escuadrones de la muerte han ejercido un papel fundamental en la violencia sectaria. Su época de auge coincidió con la llegada de John Negroponte a Bagdad como embajador estadounidense. Washington ha practicado el “divide y vencerás”: primero tejió alianzas con líderes chiíes claramente cuestionables para decantarse, después, por la colaboración temporal con grupos principalmente suníes que aceptaron la unión con el Ejército estadounidense a cambio de dinero y armas. Y así las empresas armamentísticas se frotan las manos porque la entrada de arsenales en Iraq es constante.
Y ¿qué ha sido de los artífices de esta catástrofe? Tony Blair afirma orgulloso que lo volvería a hacer, ejerce como enviado especial para Oriente Medio, tiene una fortuna millonaria y oculta al fisco parte de sus ingresos, tal y como desveló recientemente The Guardian; Aznar –y su dedo– se pasea por el mundo como portador de la verdad absoluta y, al igual que su colega Blair, se embolsa jugosas cantidades por ejercer de asesor o de conferenciante; del cowboy estadounidense mejor no hablemos, pues ya que estamos en Europa debemos preguntarnos qué Europa es ésta que tiene al cuarto de las Azores, Durão Barroso, como un hombre fuerte de la Unión Europea.
Esto es Iraq hoy: un tablero de ajedrez en el que Washington y Teherán echan un pulso por el control de la zona. Un lugar donde se conculcan a diario los derechos humanos, donde la corrupción campa a sus anchas y donde los daños psicológicos provocados por la violencia y la injusticia perdurarán durante generaciones. Un territorio que merece justicia y libertad para gestionar su futuro. Así lo establece la ley internacional. Ya es hora de que ésta se aplique.
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LA CUMBRE DE LAS AZORES. Días antes de iniciar la invasión de Iraq, Bush, Blair y Aznar se reunieron en las islas portuguesas con Durão Barroso como anfitrión.SÉPTIMO
ANIVERSARIO DE LA INVASIÓN
En marzo se cumplen siete años de la invasión de Iraq, una operación decidida en 2001 y sostenida por una gigantesca mentira. Ahora se empieza a conocer la historia completa de una guerra que ha provocado cientos de miles de muertos.
Roberto Montoya, Madrid
Miércoles 10 de marzo de 2010. Número 121
“La guerra es de vital importancia para el Estado; es el dominio de la vida o de la muerte, el camino hacia la supervivencia o la pérdida del Imperio: es forzoso manejarla bien”. No es una frase del frustrado aspirante a César del siglo XXI, George W. Bush, pero lo parece. Fue escrita hace cerca de 2.500 años, por el clásico chino Sun Tzu, en El arte de la guerra. Aquel gran autor militar hablaba también del engaño como elemento fundamental en un conflicto bélico.
Bush junior parece haber leído e inspirado especialmente en esa parte. Es verdad que de las políticas de varios de sus predecesores, empezando por Woodrow Wilson en 1916, tenía bastante para aprender en relación al engaño, a la propaganda de guerra, a cómo se prepara a una población, y más aún, a una opinión mundial, para llegar a ver la guerra contra un determinado país como “inevitable”. Él lo tenía más fácil que nadie, en su propio hogar le podían decir cómo hacerlo, ya que sólo 13 años antes, en 1990, lo había hecho su propio padre, George Bush senior, y en el mismo escenario, en Iraq. La llamada Guerra del Golfo, la primera contra Sadam Husein, fue precedida, al igual que la que la segunda, de una meticulosamente preparada ola de mentiras (ver recuadro).
Sadam Husein, el hombre al que visitaba en 1983 en Bagdad Donald Rumsfeld, entonces enviado especial de Ronald Reagan; el hombre al que se financió y armó para que declarara la guerra contra la naciente república islámica iraní, había demostrado su incapacidad para ocupar el rol que EE UU necesitaba en la zona y había que acabar con él y desmontar su poder. Toda mentira era válida para ello. Una gran operación mediática se puso en marcha.
Las agencias de noticias escupían decenas de teletipos por hora, repetidos por las grandes cadenas de TV estadounidenses y de todo el mundo, con alarmistas declaraciones de altos cargos del Pentágono que vaticinaban que si no se actuaba con rapidez, Sadam sería imparable. Con ese bombardeo mediático en el que no se escatimaron gastos ni falsos testigos ni fotografías obtenidas por satélites militares manipuladas, decenas de países secundaron a EE UU y Reino Unido para armar la más poderosa coalición militar vista desde la II Guerra Mundial.
Cientos de miles de muertos después, y tras dejar el hasta entonces desarrollado Iraq devastado, las tropas de EE UU y sus aliados se retiraron, al no encontrar una alternativa para sustituir a Sadam Husein, no sin dejar de someter a Iraq a un cruel embargo durante los 12 años siguientes… hasta enlazar con la nueva guerra, en 2003.
El 11-S daría una nueva oportunidad a los Bush para hacerse con el control de uno de los productores de petróleo más importantes del mundo. George W. Bush junior estaba tan obsesionado por terminar la faena que había dejado inconclusa su padre que en su primera rueda de prensa al asumir el poder en 2001 arremetió contra Iraq. Y tras el 11-S se sacaría de la manga “nuevas pruebas” que ligaban a Sadam con al- Qaeda y con mortíferas armas de destrucción masiva.
Desde dentro de la Casa Blanca En su libro Plan de Ataque, el periodista del Washington Post Bob Woodward relata un encuentro entre George Bush junior y Donald Rumsfeld el 21 de noviembre de 2001, sólo un mes y medio después de haberse iniciado la guerra contra Afganistán, en el que el presidente reclamó a su secretario de Estado que actualizara el plan de ataque contra Iraq. A partir de ese momento se ponía en marcha el complejo plan militar, compuesto por múltiples elementos militares, logísticos, económicos, políticos y diplomáticos, mientras se preparaba una gran maquinaria mediática para poder ablandar progresivamente el terreno, en espera del momento oportuno para iniciar la guerra.
En 2008, el ex portavoz de la Casa Blanca Scott McClellan, publicaba a su vez el libro Lo que ocurrió en la Casa Blanca de Bush y la cultura de engaño de Washington, en el que aseguraba que “por el verano de 2002, los asesores de Bush lanzaron una campaña cuidadosamente orquestada para promover agresivamente la guerra”. “En una época de campaña permanente, todo se basó en un intento de manipulación de las fuentes de opinión pública para ventaja del presidente”, según McClellan.
La suerte de Sadam ya estaba echada, aunque la guerra no se iniciaría hasta un año y cuatro meses más tarde. Paralelamente a la comisión de la verdad que investiga actualmente en Londres el papel del Reino Unido en la guerra, en Holanda una comisión similar reconoció en enero pasado que la decisión de secundar a EEUU y Reino Unido “se tomó en los despachos del Ministerio de Asuntos Exteriores ya en 2002” y que a partir de entonces sólo se difundieron las informaciones de los servicios secretos que justifican esa operación contra Bagdad. En 2003 Holanda aportó 1.100 soldados a la guerra.
El sitio web de The Center for Public Integrity (www.publicintegrity. org) publicó en 2008 una minuciosa relación de las mentiras probadas en relación a Iraq dichas por George W. Bush y siete de los más altos cargos de su Administración, entre ellos, Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Condoleezza Rice o el falso ‘paloma’ Colin Powell, desde poco después del 11-S hasta bien entrada la guerra. Y recogieron nada menos que 935 mentiras. En este trabajo recopilatorio se detalla, por ejemplo, que Bush hizo a sabiendas 232 declaraciones falsas sobre las armas de destrucción masiva y otras 28 sobre las supuestas relaciones de Iraq con al-Qaeda. La construcción de una poderosa bomba nuclear por parte de Sadam era algo inminente, aseguraban diariamente portavoces del Pentágono, del Departamento de Estado y la Casa Blanca, aseveraciones que eran repetidas sin matiz alguno por Tony Blair, José María Aznar y el resto de cómplices.
En septiembre de 2002 el Congreso aprobaba por amplia mayoría el uso de la fuerza contra Iraq. De nada valían los informes sobre el terreno de los cientos de expertos de la ONU dirigidos por Hans Blix, en los que se aseguraba que Iraq no contaba con la capacidad armamentística que se le adjudicaba, que gran parte de su arsenal había sido destruido en la Guerra del Golfo y que los constantes controles a los que era sometido imposibilitaban el desarrollo de armas de destrucción masiva.
EE UU y Reino Unido, bendecidos por sus amigos de las Azores, iniciaron los demoledores bombardeos contra Iraq el 20 de marzo de 2003. Todas las mentiras posteriores que urdieron para asegurar que se habían encontrado restos de armas de destrucción masiva se cayeron rápidamente. El mundo entero tomaba conciencia del gran engaño, de cómo nuevamente Estados Unidos, junto a muchos cómplices, volvían a demoler un país justificándolo en una falsa terrible amenaza contra la humanidad.
En Estados Unidos son innumerables los datos aparecidos en los últimos años en los que se prueba de manera irrefutable cómo los servicios de inteligencia facilitaron pruebas y acusaciones falsas a la carta a la Administración Bush, para que esta pudiera dar fuerza a sus declaraciones alarmistas y con ellas justificar la inevitable guerra. Sin embargo, ninguna de esas informaciones han obtenido una cobertura mediática semejante a las que tuvieron las mentiras vertidas en su momento que conmovieron al mundo.
¿Qué interés tiene eso ahora?, se preguntan los directores de los medios, relegando esas informaciones a un secundarísimo plano, para regocijo de los responsables de esos crímenes, envueltos en su cálido manto de impunidad.
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Lo que queda de Iraq por Olga Rodríguez.
21 DE NOV. 2001 Un mes y medio después de iniciarse la guerra contra Afganistán, la administración de Bush actualiza el plan de ataque contra el Iraq de Sadam Husein. Se pone en marcha la maquinaria de guerra.
23 DE JULIO DE 2002 Reunión del gabinete Blair. Se discute en términos confidenciales la estrategia para vender la invasión a la opinión pública sobre la base de las armas de destrucción masiva, sin mencionar directamente el cambio de régimen, que no estaba contemplada por las leyes internacionales.
VERANO DE 2002 Los asesores de Bush lanzan una campaña para convencer a la opinión pública. En septiembre de 2002, el Congreso aprueba por amplia mayoría el uso de la fuerza contra Iraq. Los informes dirigidos por Hans Blix son ignorados por completo.
22 DE FEBRERO 2003 Reunión entre Bush y Aznar en el rancho de Crawfod, Tejas. Durante una larga conversación privada, Bush dejó claro que había llegado el momento de deshacerse de Sadam: “En dos semanas estaremos militarmente listos. Estaremos en Bagdad a finales de marzo”.
16 DE MARZO DEL 2003. Reunión de las Azores entre los máximos mandatarios de EE UU, Reino Unido, España y Portugal, para lanzar el último aviso a Iraq (pese a que la invasión estaba decidida dos años antes) y fijar la fecha del inicio del ataque aéreo a Bagdad.
20 MARZO DE 2003 Inicio de la guerra de Iraq. Los efectos: según el Ministerio de Salud iraquí, 151.000 muertes violentas de 400.000 muertes debidas a la guerra. Según el periódico Lancet, 601.027 muertes violentas. Según Opinion Research Business, un millón de muertes violentas por el conflicto.
sábado, 6 de marzo de 2010
30 años de guerra de EE.UU. contra Afganistán
06-03-2010
James A. Lucas
Information Clearing House
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Hace más de 30 años hubo movimientos sociales en Afganistán para mejorar el nivel de vida de su pueblo, para asegurar más igualdad para las mujeres, y hubo una democracia en funcionamiento, aunque imperfecta. Sin embargo EE.UU., utilizando la subversión, armas y dinero pudo, como dirigente de una coalición de naciones, detener el progreso en esas áreas de bienestar humano.
De hecho, los progresos que se habían logrado fueron realmente revertidos. En 2010 la condición económica y social de los afganos se ha retrasado en generaciones; la condición de las mujeres se ha deteriorado en tal medida que la frecuencia de los suicidios ha aumentado entre mujeres desalentadas, y actualmente no hay democracia: EE.UU. toma las principales decisiones en su calidad de potencia ocupante.
Con el acrecentamiento militar recientemente anunciado por el presidente Obama, los dirigentes de EE.UU. están a punto de hacer lo virtualmente imposible –empeorar aún más la situación-. Pero el aspecto más catastrófico de esta cronología de eventos es que EE.UU. y el mundo son menos seguros, ya que la imagen de EE.UU. en el mundo es la de la principal potencia militar del mundo que ataca a la que posiblemente sea la nación más pobre del globo.
A finales de los años setenta Afganistán era una nación musulmana predominantemente pobre, rural y moderada. Aunque eran ciudadanas de segunda clase, se permitía que las mujeres se sacaran el velo y tenían derecho a voto. Entre 1933 y 1978 las mujeres comenzaron a ingresar a la fuerza de trabajo y llegaron a ser maestras, enfermeras e incluso políticas. Trabajaron para terminar con el analfabetismo y los matrimonios forzados. La mayoría de estos progresos tuvieron lugar sobre todo en Kabul, la ciudad más moderna y populosa de Afganistán, aunque en la mayoría de las áreas rurales, las mujeres eran tratadas como propiedad. [1]
En los años setenta Afganistán también tuvo serios problemas económicos, uno de los cuales fue la concentración de la propiedad de la mayor parte de la tierra en manos de dirigentes tribales y religiosos (mullahs). Un 75% de la tierra estaba en manos de sólo un 3% de la población rural.
Los sindicatos estaban legalizados, se estableció un salario mínimo, un impuesto progresivo a los ingresos y la separación de la iglesia y el Estado.
Luego, en los últimos años de esa década varios grupos progresistas y comunistas lucharon por modernizar Afganistán y resolver esas desigualdades. Por desgracia sus esfuerzos por introducir cambios involucraron un grado de coerción y violencia dirigida sobre todo hacia los que vivían en áreas fuera de Kabul en las que la vasta mayoría de la población vivía en áreas montañosas, rurales y tribales donde había tasas excepcionalmente elevadas de analfabetismo. Se iniciaron pasos para redistribuir las tierras pero enfrentaron objeciones de los que tenían el monopolio de la propiedad de la tierra.
La concesión por el gobierno revolucionario de nuevos derechos a las mujeres llevó a hombres musulmanes ortodoxos en las aldeas pastunas de Afganistán a tomar las armas. Incluso aunque algunos de estos cambios sólo se hicieron en el papel, hubo quien dijo que se introducían con demasiada rapidez.
Según esos oponentes, el gobierno dijo que sus mujeres tenían que asistir a reuniones y que sus hijos tenían que ir a la escuela. Ya que creían que esos cambios amenazaban su religión, estaban convencidos de que debían enfrentarlos. Un movimiento opositor comenzó en ese punto que fue conocido como los muyahidín, una alianza de grupos islámicos conservadores. [2]
En la primavera de 1979, la rebelión se había extendido a la mayoría de las 29 provincias del país. El 24 de marzo, una guarnición de soldados en Herat mató a un grupo de asesores soviéticos (y a sus familias) que habían ordenado que soldados afganos dispararan contra manifestantes antigubernamentales. Desde ese momento, el régimen ya no estuvo sólo aislado de campesinos en el campo, sino dividido por la abierta hostilidad de una mayoría abrumadora de todo el pueblo.
La policía secreta del gobierno y una fuerza policial civil represora entraron en acción en todo Afganistán, y se enviaron soldados del ejército al campo a doblegar a aldeanos “feudales” [3]
En ese momento la situación en Afganistán era muy grave, pero EE.UU. iba a empeorarla considerablemente. El conflicto inicial podría haberse resuelto sin llegar a una guerra civil si EE.UU. no hubiera fomentado el levantamiento. Incluso si la lucha hubiera llegado a una guerra civil, la nación podría haberse recuperado y seguido adelante. Las guerras civiles son desastrosas para las naciones, pero después de mucho dolor y sufrimiento pueden terminar por superar ese revés, como hizo EE.UU. después de su guerra civil.
A continuación detallamos cómo EE.UU. hizo el trabajo de base para fomentar la insurrección y el enorme apoyo que dio posteriormente a la revuelta en curso, que condujo a la invasión soviética de Afganistán en 1979.
La intervención de EE.UU. en Afganistán comenzó en los años cincuenta y sesenta. La CIA utilizó impresionantes sobornos y amenazas para apoyar la creciente oposición a los cambios progresistas, y también reclutó a estudiantes afganos en EE.UU. para que actuaran como sus agentes al volver a su país. Durante ese período por lo menos un presidente de la Asociación de Estudiantes de Afganistán (ASA), Zia H. Noorzay, trabajó con la CIA en EE.UU. y después fue presidente del tesoro estatal de Afganistán. Uno de los estudiantes afganos a los que Noorzay y la CIA trataron en vano de reclutar, Abdul Latif Hotaki, declaró en 1967 que una buena cantidad de funcionarios clave en el gobierno afgano que estudiaron en EE.UU. “han sido entrenados o adoctrinados por la CIA.” [4]
Según Roger Morris, miembro del personal del Consejo Nacional de Seguridad de EE.UU., la CIA ya comenzó a ofrecer respaldo clandestino a radicales islámicos en 1974-1974. [5]
Subsiguientemente, varios funcionarios estadounidenses más también indicaron su disposición a sacrificar el bienestar del pueblo afgano a los intereses del objetivo de dominación mundial de EE.UU.
En agosto de 1979, cuatro meses antes del ataque soviético, un informe confidencial del Departamento de Estado señaló: “Los intereses más amplios de EE.UU.… serían servidos por el fin del régimen Taraki-Amin, a pesar de cualesquiera reveses que pueda significar para futuras reformas sociales y económicas en Afganistán.” [6]
Según un alto responsable: “La pregunta en este caso era si era moralmente aceptable, a fin de desequilibrar a los soviéticos, que fue el motivo para la operación, si era permisible utilizar otras vidas para nuestros intereses geopolíticos.” El director de la CIA de Carter, Stansfield Turner respondió a la pregunta: “Decidí que podía vivir con eso.” [7]
A juzgar por ejemplos de otras interferencias de EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial, no incluidas en este artículo, parece que respuestas similares a la de Turner pudieron haberse dado con similares resultados de genocidio. [8]
En 1998 Zigniew Brzezinski, ex consejero nacional de seguridad del presidente Carter admitió que ciertamente EE.UU. ayudó a provocar la invasión soviética. Le Nouvel Observateur en Paris, en su edición del 15-21 de enero publicó un informe sobre una entrevista en la que se le preguntó si había jugado un papel en el suministro de inteligencia a los muyahidín antes de la invasión soviética. Su respuesta fue:
“Sí, según la versión oficial de la historia, la ayuda de la CIA a los muyahidín comenzó durante 1980, es decir, después de que el ejército soviético invadió Afganistán, el 24 de diciembre de 1979. Pero la realidad guardada en secreto hasta ahora es completamente diferente. Por cierto, el 3 de julio de 1979 el presidente Carter firmó la primera directiva para la ayuda secreta a los oponentes del régimen pro soviético en Kabul. Y ese mismo día escribí una nota al presidente en la que le expliqué que a mi juicio esa ayuda iba a provocar una intervención militar soviética.” [9]
En esos días la Unión Soviética limitaba con Afganistán por el norte y tuvo diversos vínculos con Afganistán durante años. Esas áreas son ahora las naciones de Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán. Ya que esas áreas tenían grandes poblaciones musulmanas, al estallar la guerra civil en Afganistán la Unión Soviética temió que la revuelta podría propagarse dentro de sus propias fronteras. Ya que no pudo convencer a las facciones del gobierno comunista en Afganistán para que resolvieran sus diferencias y redujeran la velocidad de su programa de modernización los soviéticos invadieron en diciembre de 1979 para aplastar la insurrección.
Para contrarrestar a los soviéticos, EE.UU. decidió deliberadamente dar la mayor parte de su apoyo a los grupos más extremos. Una parte desproporcionada de las armas de EE.UU. se destinó a Gulbuddin Hekmatyar, un fundamentalista y misógino particularmente fanático. Según el periodista Tim Weiner: “los seguidores [de Hekmatyar] llamaron por primera vez la atención arrojando ácido a las caras de mujeres que se negaban a portar velo. Los funcionarios de la CIA y del Departamento de Estado con los que he hablado lo califican de ‘temible’, ‘depravado’, ‘fascista’, material evidente para una dictadura.” [10]
Los muyahidín, cuando estuvieron en el poder, mataron o forzaron al exilio a la mayoría de la gente progresista, especialmente los sospechosos de ser socialistas o marxistas. Por lo tanto, las posibilidades de alguna forma progresista secular de gobierno en Afganistán terminaron por ser debilitadas. Esto continuó después de la partida de los soviéticos. Edmund McWilliams fue enviado a Afganistán en 1989 como analista semi-independiente de política de EE.UU. respecto a la yihad afgana. Descubrió que al partir los soviéticos, Hekmatyar en alianza con la Inteligencia Inter-servicios (ISI) de Pakistán y otros grupos, actuó para eliminar a sus rivales, secuestrando y asesinando a miembros de la oposición afgana. [11]
EE.UU. suministró rápidamente armas a los muyahidín. En febrero de 1980, el Washington Post informó de que estos últimos estaban recibiendo armas provenientes del gobierno de EE.UU. [12] La CIA compró, sobre todo al gobierno chino, lanzagranadas, minas y armas antiaéreas ligeras SA-7 y luego organizó su embarque a Pakistán. Las cantidades fueron importantes –10.000 toneladas de armas y munición en 1983 que aumentaron a 65.000 toneladas al año en 1987-, según Mohamad Yusaf, el general paquistaní que supervisó la guerra clandestina de 1983 hasta 1987. [13]
Milton Bearden, jefe de estación de la CIA en Pakistán de 1986 hasta 1989, responsable del armamento de los muyahidín, comentó: “EE.UU. estaba combatiendo a los soviéticos hasta el último afgano.” [14]
En octubre de 1984, el director de la CIA William Casey, quien quería mantenerse al tanto de la operación de la CIA en Afganistán, fue en avión a la base aérea militar al sur de Islamabad, Pakistán. Helicópteros llevaron a Casey a tres campos secretos de entrenamiento cerca de la frontera afgana, donde observó el entrenamiento de muyahidín. Oficiales paquistaníes también viajaron a EE.UU. para ser entrenados en el lanzamisiles Stinger en junio de 1986 y luego establecieron una instalación secreta de entrenamiento muyahidín con los Stinger. [15] Entre 1986 y 1989, EE.UU. suministró a los muyahidín más de 1.000 de esos lanzamisiles antiaéreos de tecnología de vanguardia, disparados desde el hombro que, según algunas informaciones, impidieron una victoria soviética. Los misiles Stinger podían destruir aviones soviéticos que volaban a baja altura, lo que los obligaba a volar más alto limitando así el daño que podían causar. En 1987 un “flujo incesante” de funcionarios de la CIA y del Pentágono visitó a la ISI. [16]
Durante la guerra con los soviéticos, los muyahidín, con ayuda financiera de EE.UU. y Arabia Saudí, aumentaron su fuerza obteniendo reclutas adicionales de dos maneras. Primero, se establecieron escuelas religiosas islámicas fundamentalistas llamadas madrazas en las áreas fronterizas entre Pakistán y Afganistán. Los participantes provenían a menudo de campos de refugiados y eran huérfanos de guerra.
Aunque el tema de enseñanza de las escuelas era en gran parte fundamentalista en su contenido, estructurado para desarrollar un fervor para expulsar a los soviéticos, las familias empobrecidas no tenían otra posibilidad de asegurar una educación para sus hijos.
Los posibles estudiantes generalmente no habían aprendido las faenas agrícolas u otros oficios de sus padres, ni tenían otras oportunidades laborales. Estaban sólo entrenados para combatir en guerras y en cómo usar fusiles. Aparte de eso, alimento, albergue y entrenamiento militar fueron suministrados sin coste alguno. Algunos muchachos, que sólo tenían 13 o 14 años, veían un futuro período con los militares como una fuente segura de ingresos. En varias ocasiones, madrazas fueron cerradas para que todos los estudiantes pudieran unirse a los combatientes en el campo de batalla.
La otra fuente de reclutas adicionales para los muyahidín provenía de una variedad de naciones de todo el mundo con grandes poblaciones musulmanes fundamentalistas. Eran varones que querían combatir a los “impíos rusos”, y algunos de ellos esperaban ser mártires en una guerra santa.
Según el especialista en Asia Central y periodista Ahmed Rashid:
“Entre 1982 y 1992 unos 35.000 musulmanes radicales de 43 países islámicos en Oriente Próximo, del Norte de África y de África Oriental, de Asia Central y del Lejano Oriente pasaron su bautismo de fuego con los muyahidín afganos. Otras decenas de miles de musulmanes radicales llegaron a estudiar en los cientos de nuevas madrazas que el gobierno militar de Zia comenzó a financiar en Pakistán y a lo largo de la frontera afgana. Más de 100.000 musulmanes radicales terminaron por tener contacto directo con Pakistán y Afganistán y a ser influenciados por la yihad.” [17]
Según John Ryan, experto de la Universidad de Winnipeg: “En cuanto a los muyahidín creados por este conflicto, desarrollaron una vida propia, y ahora se han diseminado por el mundo musulmán y al parecer están en células por doquier. Unos 5.000 de ellos fueron llevados a Bosnia para combatir a los serbios – incluso Osama bin Laden puede haber visitado al presidente bosnio Izetbegovic en 1992. [18] Los muyahidín ayudaron más adelante a los albanos de Kosovo.” [19]
En 1989 los soviéticos se retiraron de Afganistán y dejaron 1,5 millones de afganos muertos [20] y 14.000 de los suyos. [21]
Pero entonces comenzó una nueva guerra, esta vez entre los muyahidín y el gobierno afgano. Duró tres años, hasta que el gobierno fue derrotado en 1992. Después de eso, los ejércitos en competencia dentro de los muyahidín lucharon entre ellos por el control de Kabul, utilizando los arsenales que habían sido suministrados por EE.UU. para combatir a los soviéticos. Murieron unas 50.000 personas y gran parte de la ciudad fue reducida a escombros. [22] Incluso actualmente, sólo una pequeña parte de Kabul ha sido reconstruida. Cientos de miles de personas fueron llevadas a escuálidos campos de refugiados, y millones de exiliados no pudieron volver al país.
Mientras los muyahidín estaban en el poder hubo una fuerte erosión de los derechos de las mujeres. El Ministerio por la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio fue establecido para controlar las reglas de vestimenta de las mujeres y el largo de las barbas de los hombres. La violación fue un instrumento de guerra común para los fundamentalistas. Como dijera un hombre: “mujeres jóvenes que no querían ser violadas por esos fanáticos se lanzaron de los pisos elevados de edificios altos y prefirieron la muerte a la violación…Numerosas familias con hijas no querían que los fundamentalistas las violaran. Por lo tanto, cuando los fundamentalistas atacaban sus casas, las mataban, porque preferían que murieran a que fueran violadas por esos criminales.” [23]
A pesar de toda esa brutalidad todavía se permitía que las mujeres trabajaran, y obtuvieran una educación bajo el gobierno muyahidín. De hecho, antes que los talibán se apoderaran de Kabul, cerca de la mitad de la población laboral eran mujeres que estaban empleadas como maestras, doctoras, así como en otras ocupaciones profesionales.
Durante los cuatro años siguientes hubo una guerra entre los muyahidín y los talibanes, y estos últimos emergieron victoriosos en 1996. Muchos afganos saludaron su victoria, ya que creían que terminarían con la corrupción de los muyahidín. Pero como musulmanes fundamentalistas, sus políticas eran similares a las de los muyahidín.
Una guerra virtual contra las mujeres se declaró bajo los talibanes, sin una base en la ley islámica. No se les permitió que participaran en la fuerza laboral o incluso que los médicos las trataran (sin la presencia de un pariente varón), y a las muchachas se les prohibía ir a la escuela. Se les prohibía que trabajaran, que abandonaran la casa sin escolta masculina; no se les permitía obtener asistencia médica de un doctor varón, y eran obligabas a cubrirse de la cabeza a los pies, incluso cubriéndose los ojos. Las mujeres que antes eran doctoras y maestras fueron forzadas repentinamente a convertirse en mendigas o incluso prostitutas para alimentar a sus familias. [26]
No es cosa fácil el intento de comprender el modo de pensar que permite que tengan lugar semejantes injusticias. Pero una cosa es obvia, como he mencionado antes en este artículo: EE.UU. fue la principal fuerza que permitió que los muyahidín y los talibanes llegaran al poder por el apoyo que dio hace entre 20 y 30 años a las fuerzas más violentas y antidemocráticas dentro de Afganistán, que gobernaron implacablemente, erradicando a los dirigentes progresistas educados, forzando a otros al exilio y corrompiendo las mentes de muchos de sus jóvenes.
Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, EE.UU. reaccionó atacando Afganistán, aunque ninguno de los secuestradores de los aviones en esos ataques eran afganos. La justificación presentada para los ataques aéreos de EE.UU. contra Afganistán fue que el entrenamiento de los secuestradores fue hecho por al-Qaida en campos en Afganistán. Aunque supuestamente ese bombardeo de represalias logró el objetivo declarado del gobierno de EE.UU., se decidió a invadir en todo caso y todavía sigue allí ocho años después. Los talibanes fueron reemplazados por la Alianza del Norte y ahora existe un gobierno afgano que representa a EE.UU.
¿Qué frutos ve el pueblo afgano ahora, más de 30 años después de la invasión soviética en las áreas de democracia, derechos de las mujeres y progreso económico y social? ¡Nada! En realidad, al pueblo afgano le va peor ahora. Y el futuro de los afganos a manos de EE.UU. es probablemente horrendo.
La democracia se ha menoscabado en Afganistán, porque muchos de los dirigentes progresistas fueron eliminados o forzados al exilio por señores de la guerra apoyados por EE.UU. durante y después de la guerra contra los soviéticos. Este nuevo gobierno se formó en un proceso antidemocrático promovido por EE.UU. y ahora consiste en algunos de los señores de la guerra que fueron depuestos por los talibanes.
Actualmente el afgano de a pie está atrapado entre tres fuerzas: EE.UU., los talibanes y el gobierno títere compuesto de antiguos miembros de los muyahidín que muchos afganos quisieran ver juzgados como criminales de guerra. Además, la Cámara Alta del Parlamento no es una institución democrática, ya que sus miembros son nombrados por el presidente. Asimismo, la constitución afgana, aunque proclama la igualdad de hombres y mujeres, es de importancia secundaria frente a la supremacía de la ley islámica, que se puede utilizar para aplastar el disenso y los derechos humanos, incluidos los derechos de las mujeres. [27]
Además es ridículo afirmar que una nación que está ocupada por una potencia extranjera pueda tomar decisiones importantes. En breve, cuando los ocupantes estadounidenses dicen “¡Salta!” el gobierno afgano responde: “¿A qué altura?”
Malalai Joya, es una joven mujer afgana que fue elegida a la Cámara Baja del Parlamento y quien posteriormente fue excluida de ese organismo por su crítica contra algunos de sus miembros. Ha estimado que hasta un 60% de los diputados en la Cámara Baja están directa o indirectamente conectados con abusos de los derechos humanos actuales o pasados. [28]
Bajo el nuevo gobierno establecido en 2001, se permitió que las mujeres volvieran a trabajar y a ir a la escuela. No obstante, los abusos contra mujeres continúan, ya que el gobierno es demasiado débil para hacer cumplir algunas de las leyes, especialmente en las áreas rurales. [29]
Según Human Rights Watch, “La ley da a un esposo el derecho a retirar la manutención básica de su mujer, incluyendo la comida, si ésta niega a obedecer sus exigencias sexuales. Entrega la tutela de los niños exclusivamente a sus padres y abuelos. Exige que las mujeres obtengan permiso de sus esposos para trabajar. También permite efectivamente que un violador evite el enjuiciamiento mediante el pago de “dinero de sangre” a una joven que fue herida cuando la violó.” [30]
Según Joya:
“Las condiciones de las mujeres en algunas ciudades han mejorado ligeramente desde el régimen talibán. Pero si las comparamos con la era antes del gobierno de los fundamentalistas en Afganistán, no han cambiado mucho. Las mujeres tuvieron más derechos en los años entre los sesenta y los ochenta que actualmente. Violaciones, raptos, asesinatos, matrimonios forzados y violencia aumentan de modo alarmante nunca antes visto en nuestra historia. Mujeres cometen suicidio para escapar a esta miseria, y la cantidad de suicidios aumenta en numerosas provincias. Afganistán todavía enfrenta una catástrofe de los derechos de las mujeres.” [31]
La condición económica y de asistencia social actual de los afganos debida a la intervención de EE.UU. que comenzó hace 30 años es catastrófica. EE.UU. no es la única nación culpable: Pakistán y Arabia Saudí también jugaron papeles importantes en este deterioro.
El pueblo afgano está en una situación desesperada. Perdió cerca de un millón medio de personas en su guerra con la Unión Soviética, según Rashid, y decenas de miles más han muerto en guerras civiles. Además 600.000 han sido heridos. Cerca de uno de cada diez afganos está discapacitado debido a las guerras y las minas terrestres. Su expectativa de vida es de unos 43 años. [32]
Muchos estadounidenses explican esta contienda interna en Afganistán diciendo que “siempre han estado luchando entre sí.” Pero la verdad es que EE.UU. ha estado más o menos tras la mayor parte de la violencia, como lo demuestra este artículo.
Desde que EE.UU. inició sus bombardeos en 2001 se estima que después del 20 de junio de 2008 7.309 civiles afganos han sido eliminados por fuerzas dirigidas por EE.UU., según un cálculo hecho por el profesor Mark Herold de la Universidad de Nueva Hampshire. Los que murieron después del impacto de un explosivo no se han contado. [33]
Aunque más de 3,7 millones de refugiados afganos han vuelto a sus casas en los últimos seis años, varios millones siguen viviendo en Pakistán e Irán. Unos 132.000 han sido desplazados en el interior como resultado de sequías, violencia e inestabilidad. Además, según se informa, hay unos 400.000 huérfanos en Afganistán. [34]
Afganistán padece una tasa de desempleo de un 40% y la mayoría de los que tienen puestos de trabajo sólo reciben salarios miserables. Muchos jóvenes se unieron a los muyahidín o a los talibanes a fin de recibir alimento, albergue e ingresos. El nivel educacional promedio de los afganos es de 1,7 años de escuela, lo que limita severamente sus oportunidades de empleo. Hasta 18 millones de afganos todavía viven con menos de 2 dólares al día. [35]
Hasta hoy los afganos se enfrentan a muchos peligros. En sus tierras hay todavía unos 10 millones de minas que causan pérdida de vidas y extremidades y reducen la cantidad de tierra disponible para los cultivos.
Se calcula que siete millones de personas siguen expuestas al hambre en todo el país, y Afganistán es también vulnerable a desastres naturales así como a un elevado riesgo de enfermedades. [36]
Afganistán necesita ayuda para el desarrollo económico, la atención sanitaria y la educación –no bombas-.
Funcionarios estadounidenses hablan de la construcción de la nación en Afganistán. Pero no dicen que EE.UU. ha hecho exactamente lo contrario: ha fomentado la destrucción de gran parte de esa nación y ahora plantea un peligro claro e inminente para lo que queda del resto de ese país asediado.
…………
James A. Lucas es miembro de Peace Action y de Veterans for Peace. Para contactos escriba a: jlucas511@woh.rr.com
NOTAS
1. Abdullah Qazi, “The Plight of the Afgan Woman,” August 30, 2009 Afghanistan Online.
http://www.afghan-web.com/woman/afghanwomenhistory.html
2. New York Times, 9 February, 1980, p.3, (From Willian Blum, Killing Hope, Ref. 52 on p. 346)
3. Philip Gasper, “Afghanistan, the CIA, bin Laden, and the Taliban,” International Socialist Review,
November-December 2001. http://www.isreview.org/issues/20/CIA_binladen_afghan.shtml
4. “How the CIA turns foreign students into traitors”, Ramparts Magazine (San Francisco ), April 1967, pp.
23-4. (Mencionado en: William Blum, “Killing Hope,” Ref 29 en p.343.)
5. “CIA Activities in Afghanistan,Wikipedia.”.http://en.wikipedia.org/wiki/CIA_activities_in_Afghanistan
6. Gasper.
7. Gasper.
8. James A. Lucas, “Deaths in Other Nations Since WWI Due to US Interventions”, Countercurrents, Abril
24, 2007. http://www.countercurrents.org/lucas240407.htm
9. “The CIA's Intervention in Afghanistan, Interview with Zbigniew Brzezinski”, President Jimmy Carter's National Security Adviser. http://www.globalresearch.ca/articles/BRZ110A.html
10. Gasper.
11. Steve Coll, “Ghost Wars”, (Penguin Books) p 181.
12. Gasper.
13. Steve Coll, “Anatomy of a Victory: CIA's Covert Afghan War”, 'Washington Post', July 19, 1992.
http://emperors-clothes.com/docs/anatomy.htm
14. Milton Bearden, “Afghanistan Graveyard of Empires.” Foreign Affairs, November/December 2001.
15. Coll., Anatomy
16. Gasper.
17. Ahmed Rashid, “Taliban,” Yale University Press, New Haven, London, 2001, p. 130.
18. Dianna Johnstone, “Fools Crusade: Yugoslavia, NATO and Western Delusions”, New York: Monthly
Review Press, 2002, pp. 61-62, comunicación personal con el embajador de Canadá en Yugoslavia, James Bissett.
19. John Ryan, “Afghanistan, A Tale of Never Ending Tragedy”, Global Research , July 19 , 2006.
http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=2750FA
20. Rashid, p.13.
21. Borhan Younus, “Understanding the Afghan War”, January 29, 1988.
http://www.islamonline.net/servlet/Satellite?c=Article_C&cid=1199279994255&pagename=Zone-English-Muslim_Affairs%2FMAELayout
22. Patricia Gossman, “Afghanistan in the Balance”, Middle East Report, Winter 2001.
http://www.merip.org/mer/mer221/221_gossman.html
23. Sonali Kolhatkar and James Ingalls, “Bleeding Afghanistan”, Seven Stories Press, 2006.
24. Abdullah Qazi, “Afghan Women's History”, January 4, 2009.
http://www.afghan-web.com/woman/afghanwomenhistory.html
25. Qazi.
26. Qazi
27. Qazi.
28. Foreign Policy in Focus, “Interview with Malalai Joya”, October 16, 2009.
http://www.fpif.org/articles/interview_with_malalai_joya
29. Qazi.
30. Qazi.
31. Foreign Policy.
32. Fund for Peace June 22, 2009.
http://www.fundforpeace.org/web/index.php?option=com_content&task=view&id=385&Itemid=542
33. Marcus Raskin and Devin West, “Collateral Damage: A U.S. Strategy in War?” Institute for Policy
Studies, October 10, 2008. http://www.ips-dc.org/reports/collateral_damage
34, Fund for Peace.
35. Fund for Peace.
36. Fund for Peace.
Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article24897.htm
sábado, 27 de febrero de 2010
EE.UU. utiliza la discordia política iraquí para justificar el mantenimiento de la ocupación
27-02-2010
Dahr Yamail
Mideast Dispatches
Traducido para Rebelión por Loles Oliván
La violencia y el desacuerdo político aumentan vertiginosamente en el país según se aproximan las elecciones nacionales iraquíes del 7 de marzo. El 22 de febrero, el general Ray Odierno, comandante en jefe estadounidense en Iraq, anunció que EE.UU. preparaba planes de contingencia para retrasar la retirada de todas las fuerzas de combate de Iraq si la violencia o la inestabilidad política aumentaban tras las elecciones nacionales programadas para el 7 de marzo [1].
Hay aproximadamente 96.000 efectivos militares de EE.UU. en Iraq. Según el plan actual del presidente Obama, que es una continuación de la política de George W. Bush, la intención declarada es reducir el número de tropas estadounidenses en el país hasta 50.000 el 31 de agosto. El gobierno estadounidense tiene previsto mantener indefinidamente al menos 50.000 soldados en Iraq como una denominada fuerza de entrenamiento para las fuerzas de seguridad iraquíes.
Sólo el 22 de febrero, el mismo día que el general Odierno hizo sus declaraciones [2], por lo menos 44 iraquíes y un soldado de EE.UU. murieron en enconados ataques por todo el país. En uno de los ataques, una bomba suicida de una mujer mató a 22 personas e hirió a otras 33 en un ataque en la casa de un comisario de policía de Balad Ruz. En otro, tres rondas de mortero impactaron la denominada Zona Verde en Bagdad hiriendo al menos a seis personas.
Los ataques han motivado comparaciones por parte de analistas iraquíes con los ataques desenfrenados que se produjeron durante el derramamiento de sangre sectario que asoló Iraq entre 2006-2007.
El 19 de febrero, pocos días antes de que Odierno hiciera la declaración acerca de la posibilidad de que la violencia actual desacelerara la retirada de EE.UU., el general de brigada estadounidense Kevin Mangum advirtió de que la violencia en Iraq podría empeorar como resultado de las próximas elecciones.
La Administración Obama ha considerado las elecciones como un punto crucial esperando que proporcionen mayor estabilidad política en Iraq permitiendo con ello una retirada de EE.UU. En su lugar, hasta ahora, están teniendo el efecto contrario, como el general Mangum sugirió que podría suceder.
“¿Se producirá una lucha sectaria tras las elecciones?" se preguntaba Mangum [3]. "Esa es nuestra mayor preocupación en este momento". Mangum, uno de los comandantes militares de más alto rango en Iraq, advirtió de que el período después de la votación nacional iraquí puede ser más peligroso que el día de las elecciones en sí. Sus observaciones muestran que los militares podían esperar ya que los planes de contingencia de Odierno para retrasar la retirada eran una realidad. Mientras tanto, el proceso político iraquí parece encontrarse ya en estado de descomposición en gran medida fomentado por los actores que antes y ahora han sido y están siendo respaldados por EE.UU.
Meses de retrasos y crecientes llamamientos al boicot, junto con el boicot efectivo de las elecciones por parte de los candidatos y de los grupos a los que recientemente se les ha prohibido participar están alimentando la discordia política que amenaza con impedir que ninguna parte forme con éxito un gobierno derivado de las elecciones.
Uno de los más prominentes parlamentarios suníes de Iraq, Saleh al-Mutlaq del Frente del Diálogo Nacional, ha decidido recientemente retirar su partido de las elecciones y boicotear la votación [4] después de haber sido prohibida por el Comité de Rendición de Cuentas y la Justicia acusado de tener afiliaciones con el disuelto Partido Baas iraquí.
Al-Mutlaq protesta por lo que denomina, junto con otros muchos políticos shiíes, una campaña de "trucos sucios", que él considera está ideada por Irán y que tiene por objeto asegurar el poder a un gobierno shií. Muchos analistas evalúan su posición en gran medida como un reflejo del boicot suní a las elecciones parlamentarias de 2005, que supuso que una gran parte de la población iraquí quedase marginada por la votación y que se consideró como una importante contribución a la violencia sectaria que siguió después.
En lo que respecta al primer ministro Nuri al-Maliki, las acusaciones de al-Mutlaq ganan credibilidad. El gobierno de EE.UU. y los medios corporativos prefieren centrarse en la intromisión "de Irán" en Iraq, sin embargo, los principales actores responsables de la mayoría de la discordia política iraquí son hombres instalados y apoyados por EE.UU. que siempre han tenido una clara relación con Teherán.
Al-Maliki es un buen ejemplo [5]. Es un iraquí que estuvo exiliado en Teherán entre 1982 y 1990 y que posteriormente permaneció en Siria antes de regresar a Iraq tras la invasión de EE.UU. de 2003. Al-Maliki trabajó como político del partido Dawa mientras estuvo en Siria desarrollando estrechos vínculos con Hizbulá e Irán. El partido Dawa apoyó la revolución iraní, así como al ayatolá Ruholah Jomeini durante la guerra Irán-Iraq. El grupo sigue recibiendo el apoyo financiero de Teherán. Al-Maliki es el secretario general del partido Dawa.
En abril de 2006, la entonces secretaria de Estado de EE.UU. Condoleezza Rice y su homólogo británico, Jack Straw, viajaron a Bagdad para reemplazar al entonces primer ministro iraquí Ibrahim al-Yafari por Nuri al-Maliki. No hubo un proceso democrático relacionado con esta decisión.
Otro iraquí expatriado respaldado por EE.UU. con lazos con Irán es Ahmed Chalabi. Hace poco el embajador estadounidense en Iraq, Christofer Hill, junto al general Odierno, se refirieron a Chalabi como el agente principal de Teherán en Iraq. De Chalabi —que preside el Comité de Rendición de Cuentas y la Justicia que ha prohibido a ciertos candidatos presentarse a las próximas elecciones— dijo la semana pasada el general Odierno que “estaba claramente influenciado por Irán”.
Chalabi desempeñó un papel importante proporcionando a la Administración Bush la información que quería para justificar la invasión de Iraq. Él es el responsable de haber eliminado a al-Mutlaq junto a otros centenares de candidatos de las elecciones bajo la acusación, en la mayor parte de los acaso falsa, de que son o fueron leales al Partido Baas de Sadam Husein.
Junto a los líderes suníes, sus objetivos también incluyen a los nacionalistas laicos; los dos candidatos más importantes que han sido prohibidos son los miembros principales de alianzas sectarias lo que aumenta los temores de que Iraq podría estar derivando hacia una autocracia shií.
Otro importante partido político suní, el Partido Islámico Iraquí, culpa a EE.UU. de haber abierto la puerta a "la influencia iraní" en Iraq y al Frente del Diálogo Nacional (FDN) por la decisión de boicotear las elecciones de marzo.
“[…] Al Partido Islámico Iraquí le sorprende leer declaraciones de EE.UU. relacionadas con la injerencia negativa de Irán en asuntos internos iraquíes”, afirmaba una declaración del partido el 22 de febrero expresando su “tristeza” por la decisión de boicot del FDN. "Nos preguntamos: ¿Quién ha convertido la tierra iraquí en un escenario abierto a la injerencia regional e internacional?, ¿quién es legal y éticamente responsable de las violaciones en Iraq?", se pregunta el comunicado del grupo [6].
Amenazas y acusaciones se lanzan por igual tanto por el gobierno iraquí como por la oposición. El 20 de febrero, As-Sabah News [7] informaba de que al-Maliki había denunciado que en Iraq se está introduciendo dinero desde el exterior para cambiar el resultado de las próximas elecciones.
El 21 de febrero, el periódico Al-Yarida [8] informó de que al-Mutlaq dio como razón para su decisión de boicotear las elecciones lo siguiente: "Después de las declaraciones que hizo ayer el comandante de las tropas estadounidenses en Iraq, general Ray Odierno, y de las del embajador de EE.UU. en Bagdad, Christopher Hill, creo que el Comité para la Rendición de Cuentas y la Justicia está dirigido por actores exteriores, es decir, por Fuerza al-Quds de Teherán. Por lo tanto, el Frente de Diálogo ha anunciado su boicot de las elecciones”.
Fuerza al-Quds es una unidad especial de la Guardia de la Revolución Islámica del ejército iraní. Fuerza al-Quds ha sido descrita como un grupo cuya misión principal es organizar, capacitar, equipar y financiar movimientos revolucionarios islámicos extranjeros; informan directamente al líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei.
Como resultado de todo esto, los observadores internacionales de las próximas elecciones en Iraq han reducido sus expectativas respecto a los comicios. Pocos diplomáticos hablan ahora de "elecciones libres y justas" en Bagdad. En cambio, el nuevo objetivo públicamente declarado es tener unas "elecciones creíbles", sin embargo, incluso esto parece dudoso en este momento.
El 23 de febrero, el periódico árabe Al-Arab publicó un artículo de opinión de Fadel al-Rubaie. "Los observadores políticos aseguran que el periodo poselectoral será mucho más peligroso que el actual (antes de las elecciones) porque estallará el conflicto entre los diferentes poderes y en más de un frente", escribía Rubaie [9] antes de pasar a discutir gran parte de las maquinaciones políticas mencionadas anteriormente entre los candidatos y los partidos.
Por estas razones así como por otras cuestiones volátiles como el control kurdo de Kirkuk en el norte y el tema del federalismo en Iraq, la conclusión de Rubaie es inquietante: "Por todas estas razones, sería ilusorio decir que la solución mágica a la situación de Iraq reside en las elecciones ya que antes al contrario, estas elecciones podrían abrir las puertas del infierno”.
Notas:
1. http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2010/02/22/AR2010022202933.html
2. http://news.yahoo.com/s/ap/20100223/ap_on_go_ca_st_pe/us_us_iraq
3. http://www.google.com/hostednews/canadianpress/article/ALeqM5iqjENwIYS7v97mmyq6FLcIrKefow
4. http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/middle_east/article7035621.ece. El candidato al-Mutlaq ha rectificado su posición y afirma ahora que se presentará a las elecciones haciendo un llamamiento para que se acuda a las urnas masivamente. http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2010/02/25/AR2010022504962.html [Nota de la Traductora].
5. http://www.guardian.co.uk/world/2008/jan/23/iraq.usa
6. http://www.monstersandcritics.com/news/middleeast/news/article_1535528.php/Sunni-Iraqi-party-blames-US-for-foreign-interference-poll-boycott#ixzz0gNpooixb
7. http://www.alsabaah.com/paper.php?source=akbar&mlf=interpage&sid=98296
8. http://www.aljarida.com/aljarida/Article.aspx?id=148937
9. http://www.alarab.com.qa/details.php?docId=120064&issueNo=799&secId=15
Fuente: http://dahrjamailiraq.com/us-using-iraqi-political-discord-to-justify-continuance-of-occupation#more-1744
sábado, 13 de febrero de 2010
Hace 60 años, 13-14 de febrero de 1945: Por qué se destruyó Dresde
El mito de la guerra buena: EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial
13-02-2010
Jacques R. Pauwels
Global Research
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
La noche del 13 al 14 de febrero de 1945 la antigua y hermosa capital de Sajonia, Dresde, fue atacada tres veces, dos por la RAF [las Fuerzas Aéreas Británicas] y una por la USAAF, Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, en una operación en la que participaron más de 1.000 bombarderos. Las consecuencias fueron catastróficas ya que el centro histórico de la ciudad quedó incinerado y perdieron la vida entre 25.000 y 40.000 personas [1].
Dresde no era un centro industrial o militar importante y, por lo tanto, no era un objetivo que mereciera el considerable e inusual esfuerzo conjunto estadounidense y británico que supuso el ataque. La ciudad tampoco fue bombardeada como represalia por anteriores bombardeos alemanes de ciudades como Rotterdam y Coventry. En venganza por la destrucción de estas ciudades, bombardeadas despiadadamente por la Luftwaffe en 1940, Berlín, Hamburgo, Colonia y otras muchas ciudades alemanas grandes y pequeñas ya habían pagado un alto precio en 1942, 1943 y 1944. Además, a principios de 1945 los comandantes aliados sabían perfectamente que ni siquiera el bombardeo aéreo más feroz lograría “aterrorizar [a los alemanes] hasta rendirse” [2], por lo tanto no es realista pensar que quienes planearon la operación tuvieran esta motivación. El bombardeo de Dresde parece, pues, que fue una masacre sin sentido y aparece como una tarea más terrible incluso que la devastación atómica de Hiroshima y Nagasaki que, por lo menos, se suponía habían llevado a la capitulación de Japón.
Sin embargo, en los últimos tiempos el bombardeo de países y ciudades se ha convertido en un acontecimiento casi cotidiano, no sólo justificado por nuestros dirigentes políticos sino también presentado por nuestros medios de comunicación como una empresa militar eficaz y un medio perfectamente legitimado de lograr objetivos que supuestamente merecen la pena. En este contexto, incluso el terrible ataque a Dresde ha sido rehabilitado por un historiador británico, Frederick Taylor, que argumenta que quienes planearon el ataque no tenían intención de provocar a la ciudad sajona esa descomunal destrucción, sino que ésta fue el resultado imprevisto de una combinación de desafortunadas circunstancias, incluyendo unas condiciones climatológicas perfectas y un sistema de defensas aéreas alemanas completamente inadecuado [3]. Sin embargo, la afirmación de Taylor la contradice un hecho, que él mismo cita en su libro, en concreto que aproximadamente 40 [bombarderos] “pesados” estadounidenses se desviaron de su ruta de vuelo y acabaron arrojando sus bombas en Praga en vez de en Dresde [4]. Si todo hubiera ocurrido como se había planeado, la destrucción de Dresde seguramente habría sido aún mayor de lo que fue. Por consiguiente, es obvio que se había buscado un grado de destrucción excepcionalmente grande. Más grave es la insistencia de Taylor en que Dresde constituía un objetivo legítimo ya que no sólo era un importante centro militar sino también un punto de cruce de primera categoría del tráfico por ferrocarril así como una importante ciudad industrial en la que gran cantidad de fábricas y talleres producían todo tipo de equipamiento fundamental desde el punto de vista militar. No obstante, una serie de hechos indican que estos objetivos “legítimos” apenas tuvieron peso en los cálculos de quienes planificaron el ataque. En primer lugar, no se atacó la única instalación militar verdaderamente importante, el aeródromo de la Luftwaffe situado a pocos kilómetros al norte de la ciudad. En segundo lugar, los aviones británicos que señalaban los objetivos a los bombarderos no marcaron como objetivo la supuesta crucialmente importante estación de tren. En vez de ello se ordenó a las tripulaciones que arrojaran sus bombas dentro de la ciudad, situada al norte de la estación [5]. A consecuencia de ello, aunque los estadounidenses bombardearon la estación y gran cantidad de personas murió allí, sus instalaciones sufrieron relativamente pocos daños estructurales, tan pocos que, de hecho, a los pocos días de la operación otra vez pudieron circular trenes que transportaban tropas [6]. En tercer lugar, la gran mayoría de las industrias militarmente importantes de Dresde no estaba situadas en el centro de la ciudad sino a las afueras, donde no se arrojaron bombas, al menos deliberadamente [7].
No se puede negar que Dresde, como cualquier otra ciudad alemana importante, contenía instalaciones militarmente importantes y que al menos algunas de estas instalaciones estaban situadas en el centro de la ciudad y, por lo tanto, fueron destruidas en el ataque, pero esto no lleva lógicamente a la conclusión de que el ataque se planeó con este propósito. También se destruyeron hospitales e iglesias, y murieron muchos prisioneros de guerra aliados que estaba casualmente en la ciudad, pero nadie argumenta que el ataque se hiciera para provocar eso. Del mismo modo, muchos judíos y miembros de la resistencia a los nazis de Alemania que esperaba ser deportados y/o exterminados pudieron escapar de la prisión durante el caos ocasionado por el bombardeo [8] pero nadie afirma que éste fuera el objetivo del ataque. Por tanto, no hay razón lógica para concluir que la destrucción de una cantidad desconocida de instalaciones militares de mayor o menor importancia fuera la razón del ataque. La destrucción de la industria de Dresde, como la liberación de unos cuantos judíos, sólo fue una consecuencia secundaria de la operación que no se había planeado.
Con frecuencia se sugiere, Taylor también, que el objetivo del bombardeo de la capital sajona era facilitar el avance del Ejército Rojo. Supuestamente los propios soviéticos habían pedido a sus socios occidentales durante la Conferencia de Yalta, celebrada del 4 al 11 de febrero de 1945, que debilitaran la resistencia alemana en el frente oriental por medio de ataques aéreos. Sin embargo, no existe prueba alguna que confirme esta afirmación. La posibilidad de ataques aéreos anglo-estadounidenses sobre objetivos del este de Alemania sí se discutió en Yalta, pero durante estas conversaciones los soviéticos expresaron su preocupación de que sus propias líneas fueran atacadas por los bombarderos, por lo que pidieron que la RAF y la USAAF no operaran demasiado al este [9] (el temor de los soviéticos a padecer el llamado “fuego amigo” no era infundado, como quedó demostrado durante el propio ataque a Dresde cuando una cantidad considerable de aviones bombardeó por error Praga, situada igual de lejos de Dresde de lo que estaban las líneas del Ejército Rojo). Fue en este contexto en el que un general soviético llamado Antonov expresó un interés general en “ataques aéreos que impidieran los movimientos del enemigo”, pero esto no se puede interpretar como una petición de imponer a la capital sajona (a la que, por cierto, no mencionó en absoluto) ni a cualquier otra ciudad alemana el tipo de tratamiento que recibió Dresde el 13-14 de febrero. Ni en Yalta ni en ninguna otra ocasión los soviéticos pidieron a sus aliados occidentales el tipo de ayuda aérea que supuestamente se materializara en forma de la devastación de Dresde. Es más, nunca dieron su aprobación al plan de bombardear Dresde, como a menudo se ha afirmado [10]. En cualquier caso, aun cuando los soviéticos hubieran pedido esa ayuda desde el aire, es extremadamente poco probable que los aliados hubieran respondido lanzando inmediatamente la potente flota de bombarderos que de hecho atacó Dresde.
Para entender por qué esto es así tenemos que examinar de cerca las relaciones entre los aliados a principios de 1945. Desde mediados a finales de enero los estadounidense seguían envueltos en las convulsiones finales de la “Batalla del Saliente” [a], una inesperada contraofensiva alemana en el frente occidental que les había causado grandes dificultades. Los estadounidenses, británicos y canadienses todavía no habían cruzado el Rin, ni siquiera habían alcanzado las riberas occidentales de este río, y todavía les separaban de Berlín más de 500 kilómetros. Mientras tanto, en el frente oriental el Ejército Rojo había lanzado una importante ofensiva el 12 de enero y avanzaba rápidamente a 100 kilómetros de la capital alemana. La resultante probabilidad de que los soviéticos no sólo tomaran Berlín sino que penetraran profundamente en la mitad occidental de Alemania antes de que acabara la guerra perturbaba enormemente a muchos dirigentes militares y políticos estadounidenses y británicos. ¿Es realista creer que en esas circunstancias Washington y Londres estuviera deseosos de posibilitar a los soviéticos hacer progresos aún mayores? Aunque Stalin hubiera pedido ayuda anglo-estadounidense, Churchill y Roosevelt le habrían proporcionado alguna ayuda simbólica, pero nunca habrían lanzado la operación masiva y sin precedentes combinada de la RAF y la USAAF que resultó ser el bombardeo de Dresde. Es más, atacar Dresde significaba enviar cientos de grandes bombarderos a más de 2.000 kilómetros a través del espacio aéreo enemigo, acercarse tanto a las líneas del Ejército Rojo que podían correr el riesgo de arrojar por error sus bombas sobre los soviéticos o de ser disparados por la artillería antiaérea soviética. ¿Se podía esperar que Churchill o Roosevelt invirtieran semejante cantidad de recursos humanos y materiales, y corrieran semejantes riesgos en una operación que haría más fácil al Ejercito Rojo tomar Berlín y posiblemente llegar al Rin antes de lo que lo hicieron? Tajantemente no. Los dirigentes políticos y militares estadounidenses y británicos sin lugar a dudas opinaban que el Ejército Rojo ya estaba avanzando bastante deprisa.
Hacia finales de enero de 1945 Roosevelt y Churchill se prepararon para viajar a Yalta para celebrar una reunión con Stalin. Habían solicitado esta reunión porque querían establecer acuerdos vinculantes sobre la Alemania de posguerra antes de que acabaran las hostilidades. Si estos acuerdos no existían, las realidades militares sobre el terreno determinarían quién iba a controlar qué partes de Alemania y parecía que para cuando los nazis capitularan finalmente, los soviéticos iba a controlar la mayor parte de Alemania, con lo que podrían determinar unilateralmente el futuro político, social y económico del país. Los propios Washington y Londres habían creado un fatídico precedente de este tipo de plan de acción unilateral cuando liberaron Italia en 1943 y negaron categóricamente a la Unión Soviética toda participación en la reconstrucción de ese país; lo mismo hicieron en Francia y Bélgica [11]. Stalin, que había seguido el ejemplo de sus aliados cuando liberó países en el este de Europa, obviamente no necesitaba o quería este acuerdo vinculante respecto a Alemania y, por lo tanto, esa reunión. Aceptó la propuesta, pero insistió en que el encuentro tuviera lugar en territorio soviético, en el balneario crimeo de Yalta. Contrariamente a las creencia convencionales sobre la Conferencia, Stalin demostraría ser de lo más complaciente y acceder a la fórmula propuesta por los británicos y estadounidenses, que era extremadamente ventajosa para ellos, es decir, la división de la Alemania de posguerra en zonas ocupadas, de las que sólo aproximadamente una tercera parte del territorio alemán (lo que luego serían “Alemania del este”) se asignaba a los soviéticos. Roosevelt y Churchill no podían haber previsto este afortunado resultado de la Conferencia de Yalta, de la que volvieron “con un ánimo exultante” [12]. Durante las semanas anteriores a la conferencia esperaban que el dirigente soviético fuera un interlocutor exigente y difícil, animado por los recientes éxitos del Ejército Rojo y por el hecho de gozar de una especie de ventaja en el juego. Había que encontrar una manera de hacerle volver a poner los pies en la tierra, de condicionarle para que hiciera concesiones a pesar de ser el favorito provisional del dios de la guerra.
Era de una importancia crucial dejar claro a Stalin que no se debía subestimar el poder militar de los aliados occidentales a pesar de los recientes reveses en las Ardenas belgas. Había que reconocer que el Ejército Rojo disponía de enormes masas de soldados de infantería, de excelentes tanques y de una artillería formidable, pero los aliados occidentales tenían en sus manos una baza militar que los soviéticos eran incapaces de igualar. Esta baza era su fuerza aérea, que contaba con la más impresionante colección de bombarderos que jamás había visto el mundo. Esta arma hacía posible que estadounidenses y británicos lanzaran los más devastadores ataques aéreos sobre objetivos que estaban muy lejos de sus propias líneas. ¿No resultaría más fácil negociar con Stalin en Yalta si se pudiera conseguir que fuera consciente de esto?
Fue Churchill quien decidió que la destrucción total de la ciudad alemana en las narices de los soviéticos, por así decirlo, enviaría el mensaje deseado al Kremlin. Durante cierto tiempo la RAF y la USAAF habían sido capaces de infligir golpes devastadores a cualquier ciudad alemana y se habían preparado meticulosamente planes detallados para esta operación conocida como “Operación Trueno”. Sin embargo, durante el verano de 1944, cuando el rápido avance desde Normandia hizo probable que la guerra se ganara antes de fin de año y ya se empezaba a pensar en la reconstrucción de posguerra, una operación al estilo de la Operación Trueno se había empezado a ver como un medio de intimidar a los soviéticos. En agosto de 1944 un memorandum de la RAF señalaba que “la devastación total del centro de una vasta ciudad [alemana] […] convencería a los aliados rusos […] de la eficacia de la potencia aérea anglo-estadounidense” [13].
A principios de 1945 ya no se consideraba necesaria la Operación Trueno para derrotar a Alemania. Pero hacia finales de enero de 1945, mientras se preparaba para viajar a Yalta, Churchill vio de pronto un gran interés en este proyecto, insistió en que se debía llevar a cabo inmediatamente y ordenó específicamente al jefe del Comando de Bombarderos de la RAF, Arthur Harris, que borrara del mapa una ciudad en el este de Alemania [14]. El 25 de enero el primer ministro británico indicó dónde quería que “se acribillara” a los alemanes, a saber, en algún lado “en su retirada [en dirección oeste] desde Breslau [ahora Wroclaw, en Polonia]” [15]. En términos de centros urbanos esto equivalía a deletrear D-R-E-S-D-E. El hecho de que el propio Churhill estuviera detrás de la decisión de bombardear una ciudad del este de Alemania también se daba a entender en la autobiografía de Arthur Harris, quien escribió que “en aquel momento gente mucho más importante que yo mismo consideraba que el ataque a Dresde era una necesidad militar” [16]. Es obvio que sólo personalidades del calibre de Churchill eran capaces de imponer su voluntad al zar de los bombardeos estratégicos. Como ha escrito el historiador militar británico Alexander McKee, Churchill “trató de escribir [una] lección en el cielo nocturno [de Dresde]” para los soviéticos. Sin embargo, puesto que la USAAF acabó implicándose también en el bombardeo de Dresde, podemos asumir que Churchill actuó con el conocimiento y aprobación de Roosevelt. Los socios de Churchill en lo más alto de la jerarquía tanto militar como política de Estados Unidos, incluyendo al general Marshall, compartían su punto de vista; como escribe McKee, estaban demasiado fascinados por la idea de “intimidar a los comunistas [soviéticos] aterrorizando a los nazis”[17]. La participación estadounidense en el ataque a Dresde no era verdaderamente necesaria porque sin lugar a dudas la RAF era capaz de borrar del mapa Dresde actuando en solitario. Pero el efecto de “exageración” resultante de una redundante contribución estadounidense era perfectamente funcional para el propósito de demostrar a los soviéticos lo letal que era el poderío aéreo anglo-estadounidense. También es probable que Churchill no quisiera que fuera exclusivamente británica la responsabilidad de lo que él sabía iba a ser una masacre terrible; era un crimen para el que necesitaba un socio.
Una operación al estilo de la Operación Trueno dañaría, por supuesto, cualquier instalación militar e industrial, así como la infraestructura de comunicaciones que hubiera en la ciudad que era su objetivo y, por consiguiente, supondría otro golpe para el ya tambaleante enemigo alemán. Pero cuando finalmente se lanzó esta operación con Dresde como objetivo, se hizo mucho menos para acelerar la derrota del enemigo alemán que para intimidar a los soviéticos. Utilizando la terminología de la escuela de sociología estadounidense del “análisis funcional”, golpear a los alemanes lo más duramente posible era la “función manifiesta” de la operación, mientras que intimidar a los soviéticos era su mucho más importante función “latente” u “oculta”. La destrucción masiva infligida a Dresde se planeó (en otras palabras, era “funcional”) no para infligir un golpe devastador al enemigo alemán, sino para demostrar al aliado soviético que los anglo-estadounidenses tenían un arma que el Ejército Rojo no podría igualar, sin importar lo poderoso que éste fuera y el éxito que éste tuviera contra los alemanes, y que tenían un arma contra la que los soviéticos no tenían defensas adecuadas.
Sin lugar a dudas, muchos generales y oficiales de alto rango estadounidenses y británicos eran conscientes de la función latente de la destrucción de Dresde y aprobaron esta empresa; también los comandantes locales de la RAF y la USAAF, así como los “maestros bombarderos” eran conscientes (después de la guerra dos de ellos afirmaron recordar que se les había dicho claramente que la intención de este ataque era “impresionar a los soviéticos con el poder destructor de nuestro Comando Bombardero”) [18]. Pero los soviéticos, que hasta el momento habían hecho la mayor contribución a la guerra contra la Alemania nazi y que por ello habían sufrido no sólo las mayores pérdidas sino que también habían tenido los éxitos más espectaculares, por ejemplo, en Stalingrado, gozaban de muchas simpatías entre el personal militar de baja graduación estadounidense y británico, incluyendo las tripulaciones de los bombarderos. Estas personas seguramente habrían desaprobado un plan para intimidar a los soviéticos y con toda seguridad un plan (la destrucción de una ciudad alemana desde el aire) que ellos tendrían que llevar a cabo. Por lo tanto, fue necesario camuflar el objetivo de la operación tras unas razones oficiales. En otras palabras, como no se podía decir la atroz función latente de la operación, había que inventarse una función manifiesta que se pudiera decir [b].
Y así se instruyó a los comandantes regionales y los maestros bombarderos para formular otros objetivos, que se esperaba fueran creíbles, por el bien de sus tripulaciones. En vista de ello podemos entender por qué las instrucciones dadas a las tripulaciones respecto a los objetivos eran diferentes de una unidad a otra y por qué a menudo fueron descabelladas e incluso contradictorias. La mayoría de los comandantes hicieron hincapié en los objetivos militares y citaron “blancos militares” indefinidos, hipotéticas “fábricas vitales de munición” y “depósitos de armas y suministros”, el supuesto papel de Dresde como “ciudad fortificada” e incluso la existencia en la ciudad de algún “cuartel general del ejército alemán”. Con frecuencia se hicieron también vagas alusiones a “importantes instalaciones militares” y a “depósitos de vagones y máquinas de tren” . Para explicar a las tripulaciones por qué se atacaba el centro de la ciudad y no los barrios periféricos industriales, algunos comandantes hablaron de la existencia en el centro de “cuarteles generales de la Gestapo” y de "una gigantesca fábrica de gas”. Algunos oradores o bien fueron incapaces de inventarse esos objetivos imaginarios o bien por alguna razón no deseaban hacerlo y dijeron escuetamente a sus hombres que se iban a arrojar las bombas en el “centro construido de la ciudad de Dresde” o, simplemente, “en Dresde” [19]. Destruir el centro de una ciudad alemana con la esperanza de provocar tanto daño como fuera posible a las instalaciones militares e industriales, y a las infraestructuras de comunicaciones resultó ser la esencia de la estrategia aliada, o al menos británica, de “bombardear una zona” [20]. Las tripulaciones de los bombarderos habían aprendido a aceptar este desagradable hecho de la vida, o más bien de la muerte, pero en el caso de Dresde muchos de ellos se sintieron incómodos. Cuestionaron las instrucciones respecto a los objetivos y tuvieron la impresión de que este ataque implicaba algo inusual y sospechoso, y de que sin lugar a dudas no era un asunto “de rutina”, tal como Taylor lo presenta en su libro. Por ejemplo, el radio-operador de un B-17 declaró en una comunicación confidencial que “ésta era la única vez” que “a [él] (y a otros) les parecía que la misión era inusual”. La angustia que experimentaron las tripulaciones quedó también ilustrada por el hecho de que en muchos casos unas órdenes del comandante no provocaron los tradicionales vítores de las tripulaciones sino que se recibieron con un silencio gélido [21].
Directa o indirectamente, con intención o sin ella, las instrucciones y órdenes dirigidas a las tripulaciones a veces revelaban la verdadera función del ataque. Por ejemplo, una directriz de la RAF a las tripulaciones de varios grupos de bombarderos emitida el día del ataque, el 13 de febrero de 1945, afirmaba de forma inequívoca que la intención era “enseñar a los rusos, cuando lleguen a la ciudad, lo que es capaz de hacer nuestro Comandante de Bombarderos” [22]. En esas circunstancias apenas es sorprendente que muchos miembros de las tripulaciones entendieran claramente que tenían que borrar Dresde del mapa para asustar a los soviéticos. Un miembro canadiense de la tripulación de un bombardero declararía después de la guerra a un historiador oral que estaba convencido de que el objetivo de bombardear Dresde había sido dejar claro a los soviéticos “que tenían que portarse bien, si no les íbamos a enseñar lo que también podíamos hacer a las ciudades rusas” [23].
Las noticias de la destrucción particularmente espantosa de Dresde también causaron un gran malestar entre civiles británicos y estadounidenses, que compartían la simpatía de los soldados por los aliados soviéticos y que tras conocer las noticias del ataque sintieron igualmente que esta operación rezumaba algo inusual y sospechoso. Las autoridades trataron de eliminar la inquietud del público explicando la operación como un esfuerzo para facilitar el avance del Ejército Rojo. En una conferencia de prensa de la RAF en el París liberado el 16 de febrero de 1945 se les dijo a los periodistas que la destrucción de este “centro de comunicaciones” situado cerca del “frente ruso” se había inspirado en el deseo de hacer posible que los rusos “continuaran su lucha con éxito”. Que esto era meramente una excusa inventada por lo que ahora se llama “vendedores de humo” [c] lo reveló el propio portavoz militar que reconoció sin convicción que él “creía” que la intención “probablemente” había sido ayudar a los soviéticos [24].
La hipótesis de que el ataque a Dresde fuera intimidar a los soviéticos explica no sólo la magnitud de la operación sino también la elección del objetivo. Para quienes planearon la Operación Trueno Berlín siempre se presentaba como el objetivo perfecto. Sin embargo, a principios de 1945 la capital alemana ya había sido bombardeada varias veces. ¿Se podía esperar que otro bombardeo aéreo, sin importar lo devastador que fuera, tuviera el efecto deseado sobre los soviéticos cuando luchara para abrirse camino hacia la capital [alemana]? La destrucción creada en 24 horas seguramente sería mucho más espectacular si el objetivo fuera una ciudad bastante grande, compacta y “virginal”, esto es, todavía no bombardeada. Dresde, afortunada por no haber sido bombardeada hasta entonces, era ahora lo suficientemente desafortunada para reunir todos esos criterios. Además, los comandantes británicos y estadounidenses esperaban que los soviéticos llegaran a la capital sajona en unos pocos días, por lo que podrían ver enseguida con sus propios ojos lo que la RAF y la USAAF podían lograr en una sola operación. Aunque el Ejército Rojo entró en Dresde mucho después de lo que los británicos y estadounidenses esperaban, es decir, el 8 de mayo de 1945, la destrucción de la capital capital sajona tuvo el efecto deseado. Las líneas soviéticas estaban situadas sólo a unos doscientos kilómetros de la ciudad de modo que los hombres del Ejército Rojo pudieron admirar el resplandor del infierno de Dresde en el horizonte nocturno. Supuestamente la tormenta de fuego era visible a una distancia de 300 kilómetros.
Si intimidar a los soviéticos se considera la [función] “latente”, en otras palabras, la función real de la destrucción de Dresde, entonces tiene sentido no sólo la magnitud de la operación sino también el momento en que se hizo. Al menos según algunos historiadores, se suponía que el ataque iba a tener lugar el 4 de febrero de 1945, pero debido a las inclemencias del tiempo se tuvo que posponer a la noche del 13 al 14 de febrero [25]. La Conferencia de Yalta empezó el 4 de febrero. Si los fuegos artificiales de Dresde hubieran tenido lugar ese día, podría haber dado qué pensar a Stalin en ese momento critico. El dirigente soviético, que volaba alto tras los recientes éxitos del Ejército Rojo, habría sido llevado a poner los pies en la tierra con esta proeza de las fuerzas aliadas y, por consiguiente, se habría vuelto un interlocutor menos confiado y más condescendiente en la mesa de la conferencia. Esta expectativa quedó reflejada claramente en un comentario hecho por un general estadounidense, David M. Schlatter, una semana después de que empezara la Conferencia de Yalta: “Creo que nuestras fuerzas aéreas son una fuerte baza con la que nos acercaremos a la mesa del tratado para la posguerra y que esta operación [el planeado bombardeo de Dresde y/o Berlín] se sumará poderosamente a su fuerza o, más bien, ayudará a que los rusos conozcan su fuerzas [26]”.
El plan de bombardear Dresde no se canceló sino que meramente se pospuso. El tipo de demostración de potencia militar que se suponía que era mantuvo su utilidad psicológica incluso después de terminada la Conferencia de Crimea. Se seguía esperando que los soviéticos entraran pronto en Dresde y así pudieran ver de primera mano la horrible destrucción que las fueras aéreas anglo-estadounidenses eran capaces de causar a una ciudad completamente arrasada en una sola noche. Después, cuando los bastante vagos acuerdos alcanzados en Yalta se tuvieran que poner en práctica, los “chicos del Kremlin” seguramente recordarían lo que habían visto en Dresde, sacarían útiles conclusiones de sus observaciones y se comportarían como Washington y Londres esperaban que hicieran. Cuando hacia el final de las hostilidades las tropas estadounidenses tuvieron la oportunidad de llegar a Dresde antes que los soviéticos, Churchill vetó lo siguiente: incluso a esas alturas, cuando Churchill estaba muy deseoso de que los anglo-estadounidenses ocuparan la mayor cantidad de territorio alemán posible, todavía insistió en que se debía permitir a los soviéticos ocupar Dresde, sin duda para que pudieran beneficiarse del efecto demostrativo del bombardeo.
Dresde fue arrasado para intimidar a los soviéticos con una demostración del inmenso poder destructivo que permitió a los bombarderos de la RAF y de la USAAF sembrar muerte y destrucción a cientos de kilómetros de sus bases y el trasfondo era claro: este poder destructivo se podría dirigir a la propia Unión Soviética. Esta interpretación explica las muchas particularidades del bombardeo de Dresde, como la magnitud de la operación, la unusual participación en una sola operación tanto de la RAF como de la USAAF, la elección de un objetivo “virginal”, la (buscada) enormidad de la destrucción, el momento del ataque y el hecho de que no se tocaran lo que supuestamente era crucialmente importante, la estación central y los barrios periféricos con sus fábricas ni tampoco el campo de aviación Luftwaffe. El bombardeo de Dresde tenía poco o nada que ver con la guerra contra la Alemania nazi: fue un mensaje anglo-estadounidense a Stalin, un mensaje que costó la vida de cientos de miles de personas. Más tarde ese mismo año siguieron dos mensajes codificados de manera similar aunque no muy sutiles que supusieron más víctimas, pero esta vez el objetivo fueron ciudades japonesas, y la idea era llamar la atención de Stalin sobre la letalidad de la terrible nueva arma estadounidense, la bomba atómica [27]. Dresde tenía poco o nada que ver con la guerra contra la Alemania nazi; tenía mucho que ver, si no todo, con un nuevo conflicto en el que el enemigo iba a ser la Unión Soviética. Había nacido la Guerra Fría en el espeluznante calor del infiero de Dresde, Hiroshima y Nagasaki.
* Jacques R. Pauwels es escritor nacido en Bélgica aunque reside en Canadá desde 1969. Es autor de El mito de la guerra buena : EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial, Hondarribia, Hiru, 2002; traducción de José Sastre.
Notas:
[1] Frederick Taylor, Dresden: Tuesday, February 13, 1945, Nueva York, 2004, pp. 354, 443-448; Götz Bergander, Dresden im Luftkrieg. Vorgeschichte, Zerstörung, Folgen, Weimar, 1995, capítulo 12 y especialmente pp. 210 ff., 218-219, 229;
“Luftangriffe auf Dresden”, http://de.wikipedia.org/wiki/Luftangriffe_auf_Dresden, p. 9.
[2] Véase, por ejemplo, los comentarios hechos por el general Spaatz citados en Randall Hansen, Fire and fury: the Allied bombing of Germany, 1942-45, Toronto, 2008, p. 243.
[3] Taylor, p. 416.
[4] Taylor, pp. 321-322.
[5] Olaf Groehler, Bombenkrieg gegen Deutschland, Berlín, 1990, p. 414; Hansen, p. 245; “Luftangriffe auf Dresden”, http://de.wikipedia.org/wiki/Luftangriffe_auf_Dresden, p.7.
[6] “Luftangriffe auf Dresden”, http://de.wikipedia.org/wiki/Luftangriffe_auf_Dresden, p. 7.
[7] Taylor, pp. 152-154, 358-359.
[8] Eckart Spoo, “Die letzte der Familie Tucholsky”, Ossietzky, No. 11/2, junio de 2001, pp. 367-70.
[9] Taylor, p. 190; Groehler, pp. 400-401. Citando un estudio sobre Yalta, al autor británico del último estudio sobre el bombardeo aliado durante la Segunda Guerra Mundial señala que los soviéticos “claramente preferían mantener a la RAF y la USAAF lejos del territorio que pronto ocuparían”, véase C. Grayling, Among the Dead Cities: Was the Allied Bombing of Civilians in WWII a Necessity or a Crime?, Londres, 2006, p. 176.
[10] Alexander McKee, Dresden 1945: The Devil’s Tinderbox, Londres, 1982, pp. 264-265; Groehler, pp. 400-402.
[a] N. de la t.: En términos militares un saliente es un campo de batalla que se adentra en territorio enemigo y, por lo tanto está rodeado por el enemigo en tres de sus lados, lo que hace que las tropas que lo ocupan sean vulnerables. Esta batalla también se conoce como “Batalla de las Ardenas”.
[11] Véase, por ejemplo, Jacques R. Pauwels, The Myth of the Good War: America in the Second World War, Toronto, 2002, p. 98 ff. [Traducción al castellano, El mito de la guerra buena : EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial, Hondarribia, Hiru, 2002; traducción de José Sastre.]
[12] Ibid., p. 119.
[13] Richard Davis, “Operation Thunderclap”, Journal of Strategic Studies, 14:1, marzo de 1991, p. 96.
[14] Taylor, pp. 185-186, 376; Grayling, p. 71; David Irving, The Destruction of Dresden, London, 1971, pp. 96-99.
[15] Hansen, p. 241.
[16] Arthur Travers Harris, Bomber offensive, Don Mills/Ont., 1990, p. 242.
[17] McKee, pp. 46, 105.
[b] N. de la t.: el autor juega con los términos “unspeakable” (que significa inefable, pero también atroz) y “speakable”, término que no existe en inglés y resultaría de eliminar el prefijo privativo “un-” y vendría a significar “decible”.
[18] Groehler, p. 404.
[19] Ibid., p. 404.
[20] Los estadounidenses preferían el “bombardeo de precisión”, en teoría si no siempre en la práctica.
[21] Taylor, pp. 318-19; Irving, pp. 147-48.
[22] Cita de Groehler, p. 404.Véase también Grayling, p. 260.
[23] Citado en Barry Broadfoot, Six War Years 1939-1945: Memories of Canadians at Home and Abroad, Don Mills, Ontario, 1976, p. 269.
[c] N de la t.: El término empleado es “spin doctors” término anglosajón de difícil traducción que se refiere a los profesionales de la manipulación política con fines propagandísticos, tan en boga durante la “era Bush”.
[24] Taylor, pp. 361, 363-365.
[25] Véase,por ejemplo, Hans-Günther Dahms, Der Zweite Weltkrieg, segunda edición, Frankfurt am Main, 1971, p. 187.
[26] Citado en Ronald Schaffer, “American Military Ethics in World War II: The Bombing of German Civilians”, The Journal of Military History, 67: 2 de septiembre de 1980, p. 330.
[27] A. C. Grayling, por ejemplo, escribe en su último libro sobre el bombardeo aliado que “se ha reconocido que uno de los principales objetivos de los ataques con bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki era demostrar a los rusos la superioridad armamentística que habían alcanzado los estadounidenses [...]. En el caso de Dresde algo similar es desgraciadamente cierto”
Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=17515