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sábado, 27 de febrero de 2010

El 69% de los alemanes pide la retirada de las tropas. Dimiten altos cargos por la masacre de Kunduz



26 de febrero de 2010

La responsabilidad alemana en la matanza de decenas de civiles afganos en septiembre de 2009 alimenta la oposición a la guerra de Afganistán.

Mariano Pastrana Sepúlveda, Berlín (Alemania)


“Aunque su Gobierno lo niegue, la verdad es más que evidente: la República Federal se encuentra en una guerra contraria al Derecho Internacional en Afganistán”. De esta manera comenzaba una carta abierta del Colegio de Médicos y Fisioterapeutas, que expresa en gran medida el sentir creciente de la opinión pública alemana sobre la presencia de tropas germanas en territorio afgano.

El nuevo Gobierno de coalición conservador-liberal de Angela Merkel y Guido Westerwelle justifica su participación defendiendo que aporta parte de la estabilidad necesaria para la reconstrucción del país y su democratización, bajo la tutela de la ONU. Sin embargo, cada vez más voces señalan que en Afganistán se está desarrollando una guerra y no una “misión humanitaria”, como insisten desde el Gobierno. Una encuesta llevada a cabo por la cadena alemana ARD a finales de julio de 2009 arroja datos reveladores: un 69% de los encuestados exigían una retirada inmediata de las tropas y consideraban que ésta era la mejor manera de ayudar a la población afgana.

El Partido de La Izquierda (Die Linke), la principal organización parlamentaria opuesta a la intervención, recuerda que la ayuda humanitaria y la reconstrucción civil nunca fueron prioritarias en los planes para Afganistán. Desde 2002, la comunidad internacional ha invertido 58.000 millones de euros en planes militares y apenas 5.200 millones para la reconstrucción. En Alemania la proporción muestra también la evidencia: 530 millones de euros de presupuesto militar frente a 100 millones dedicados a la reconstrucción civil. Por si fuera poco, señalan desde el partido de Oskar Lafontaine, “gran parte del dinero destinado para ayuda en Afganistán termina en bolsillos de empresas occidentales”.

Masacre alemana en Kunduz

El 4 de septiembre, la naturaleza de la intervención alemana en Afganistán quedó al descubierto cuando aviones de EE UU respondieron a una llamada del mando alemán y bombardearon dos camiones de combustible varados en el lecho de un río en la región de Kunduz, provocando la muerte de 142 personas, entre ellos más de 40 civiles que se estaban aprovisionando de gasolina. El ataque no sólo costó el puesto al entonces ministro de Defensa Franz Josef Jung, sino también al jefe del Estado Mayor, Wolfgang Schneiderhan, acusado de no facilitar toda la información sobre el ataque aéreo, y el secretario de Estado de Defensa, Peter Wichert. El escándalo produjo una escalada en las críticas a la misión alemana en Afganistán.

Los periódicos Bild Zeitung y Süddeutsche Zeitung revelaron la existencia de informes internos del ejército en los que se informaba de las víctimas civiles del ataque, algo que el entonces ministro de Defensa, Franz Josef Jung, negó en un primer momento. Por ello, diputados de la oposición exigieron y lograron la dimisión de este ministro demócrata cristiano, así como la formación de una comisión parlamentaria de investigación. A principios de febrero, el coronel Georg Klein admitía en esta comisión ser responsable de haber ordenado el ataque, aunque defendía que se trataba de una “decisión objetivamente legal”. Diputados del Gobierno, por su parte, defendieron la actuación del comandante: “El único motivo que tuvo para ordenar el bombardeo fue realmente el de proteger a los soldados”, sostuvo el cristiano demócrata Ernst-Reinhard Beck, en referencia a la cercanía de un importante cuartel militar alemán.

Sin embargo, se extienden las demandas, difundidas entre otros por el semanario alemán Der Spiegel, sobre la posibilidad de que el bombardeo de Hindu Kush sea considerado crimen de guerra y, como tal, sus responsables puedan ser juzgados. El principal punto de conflicto es que hasta ahora el Gobierno alemán se ha negado a reconocer que sus soldados estén tomando parte en una guerra, por lo que las convenciones internacionales sobre derechos humanos no tendrían vigencia.

Después de la peor matanza de civiles desde la II Guerra Mundial en la que se ve envuelto el ejército alemán, la situación de las tropas de este país en suelo afgano se torna insostenible. Con una opinión pública cada vez más contraria a la presencia militar, la falta de entendimiento de los altos mandos castrenses y el ministerio de Defensa y el convencimiento, cada vez mayor, de que no se trata de una “misión humanitaria en zona de conflicto”, hacen del tema uno de los principales problemas del nuevo Gobierno.

fuente:http://www.nodo50.org/tortuga/El-69-de-los-alemanes-pide-la

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miércoles, 14 de octubre de 2009

Testigo presencial: los talibanes en Kunduz


14-10-2009
Gran parte de la provincia afgana bajo control de la insurgencia

Gul Rahim Niazmand
. IWPR/ICH
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El vehículo está marcado cuartel de la policía provincial de Kunduz, pero sus ocupantes no son necesariamente servidores del Estado.
Los talibanes en Kunduz capturaron recientemente ocho camiones Ford Ranger de la policía en el distrito Chahr Dara, y las utilizan para movilizarse.

No cuesta notar la diferencia, sin embargo. Cuando los que están tras el volante son talibanes, hacen tronar canciones islámicas y nacionales por los altavoces montados sobre el techo del vehículo; se abrazan y ríen.
A veces, los talibanes usan motocicletas, cuando los caminos son demasiado estrechos o difíciles para las Ranger. Se cubren las cabezas y caras con pañuelos cuadriculados.
Una fila de talibanes en motocicletas acaba de pasar en camino a Chahr Dara, y desaparece rápidamente en una nube de polvo.
Los talibanes tienen el control total del distrito. Han establecido su propia forma de ley islámica y se mueven abiertamente por las aldeas y bazares, sin temor. Aquí no existe la autoridad del gobierno.
“Sólo controlamos la oficina del gobernador,” dijo el gobernador del distrito de Chahr Dara, Abdul Wahid. “Fuera de estos muros no tenemos ninguna jurisdicción. La gente no viene a la oficina del gobernador a resolver sus problemas, van donde los talibanes.”
Otros cuatro distritos están aproximadamente en la misma situación. La ciudad de Kunduz, capital de la provincia, está rodeada de áreas en las cuales el control del gobierno prácticamente ha desaparecido.
Archi, a 50 kilómetros al norte de Kunduz, está, como Chahr Dara, totalmente bajo control talibán. Ali Abad, 25 km al sur, está dominada en gran parte por los fundamentalistas. El control gubernamental es casi inexistente en Imam Saheb, 70 km al norte, y en Abad, a sólo 25 km al este, el gobierno sólo controla el centro del distrito y unas pocas aldeas cercanas.
Hace sólo un año la provincia Kunduz se consideraba estable, los negocios florecían y los residentes se mostraban optimistas.
Los funcionarios afganos y extranjeros se pelean por explicar el cambio. Las razones y explicaciones son tan diversas como extravagantes. Cada cual tiene una teoría, pero parece que nadie puede presentar pruebas.
El gobernador de Kunduz, ingeniero Mohammad Omar, culpa a Pakistán por la emergencia de los insurgentes.
Hasta hace muy poco, la mayoría de los suministros para las fuerzas internacionales llegaba a Afganistán a través del vecino al sur del país, lo que representaba vastas sumas de dinero en impuestos y aranceles para Islamabad.
Pero con la creciente inseguridad en las rutas de aprovisionamiento por Pakistán, algunos países de la OTAN tratan de traer su combustible y otros suministros desde Tayikistán, a través del puerto de Sher Khan, en el río entre los dos países y Kunduz.
“El suministro logístico de la OTAN a través del puerto de Sher Khan a Afganistán traerá beneficios económicos para la región y el país,” dijo el gobernador. “Esto no es aceptable para Pakistán, porque no quiere perder los privilegios que recibe de la OTAN. Por eso trata de desestabilizar la situación en esta región para que la OTAN se vea obligada a pedir ayuda a Pakistán en cuanto a rutas de abastecimiento.”
Funcionarios paquistaníes en Kabul no respondieron a las solicitudes de comentario.
El teniente coronel Carsten Spiering, portavoz del Equipo Provincial de Reconstrucción alemán en Kunduz, no descartó la idea de que el cambio de rutas de abastecimiento podría tener que ver con parte de los problemas en la provincia.
“Hay varios motivos detrás del deterioro de la situación de la seguridad en Kunduz, uno de los cuales es el cambio de los convoyes de suministro de las fuerzas de la coalición dirigidas por la OTAN y [EE.UU.] a través del puerto de Sher Khan,” dijo, sin entrar en detalles.
Los talibanes, dice el gobernador Omar, también han sido alentados por la escasez de fuerzas policiales en Kunduz.
“Cuando la policía llega a un área, [los insurgentes] corren y se ocultan,” dijo. “No son suficientemente fuertes para combatir cara a cara. Pero [los insurgentes] no tienen una ubicación fija, la policía no puede establecer un frente en la lucha. En su lugar, los insurgentes realizan ataques de guerrilla.”
El jefe de policía de Kunduz, Mohammad Razaq Yaqubi, sin embargo, vincula los problemas de seguridad con contrabandistas de narcóticos en Kunduz.
“Los talibanes tratan de aumentar el cultivo y la producción de opio en esta región,” dijo. “Esta guerra en Kunduz pertenece a la mafia de los narcóticos, que opera en nombre del Islam.”
Yaqubi llamó a las fuerzas internacionales a combatir a los contrabandistas.
“Tienen que luchar contra ellos,” insistió. “Al Qaeda obtiene una gran parte de sus ingresos de la droga y compra equipos militares con ellos”
Kunduz ha sido declarada libre de amapolas durante los últimos tres años, pero los expertos en narcóticos estiman que es un centro importante para el contrabando de opio y heroína a Tayikistán o Uzbekistán, y de ahí a Rusia y Europa.
El analista político Ghulam Haidar Haidar cree que los extranjeros son responsables de la inseguridad en Kunduz.
Según Haidar, las fuerzas de la coalición están entrenando y equipando a los insurgentes con el fin de extender la inseguridad a Asia Central.
“EE.UU. quiere una base desde la cual amenazar a Rusia,” dijo. “Los intereses políticos de EE.UU. en Asia Central no son ningún secreto. EE.UU. puede lograr sus objetivos sólo si los talibanes pasan al otro lado del Oxus (el río Amu Darya, que forma la frontera entre Afganistán y Tayikistán y Uzbekistán). Entonces las fuerzas estadounidenses podrán entrar en Asia Central en nombre de la guerra contra el terror.”
La versión de Haidar parece estar de acuerdo con la de los residentes del distrito de Chahr Dara.
Un residente local, que no quiso dar su nombre, insistió en que los talibanes están apoyados por EE.UU.
“Lo vi con mis propios ojos,” dijo. “Yo llevaba mi ganado a casa por la tarde y vi a talibanes que bajaban de helicópteros estadounidenses. También estaban descargando motocicletas de esas naves. Más tarde, un mulá local al que conozco muy bien fue a hablar con los estadounidenses y luego los helicópteros partieron.”
La capitana Elizabeth Mathias, hablando por las fuerzas de EE.UU. en Afganistán, rechazó la acusación.
“EE.UU. no apoya a militantes talibanes, ni estamos expandiendo el conflicto a Asia Central… la región Afganistán-Pakistán, y específicamente la inestabilidad dentro de esos dos países, mantienen suficientemente ocupadas a las fuerzas de EE.UU. y la OTAN,” dijo.
“En cuanto a los rumores, creo honradamente que es una reacción natural de gente que trata de comprender las situaciones difíciles que enfrenta… [El gobierno y las fuerzas de la coalición] siguen combatiendo contra fuerzas desestabilizadoras en el área y comunican esos esfuerzos a los residentes de Kunduz.”
Otro tema que puede haber aumentado la influencia de los talibanes es la percepción entre los pastunes de que la OTAN y las fuerzas de la coalición libran la guerra sólo contra un grupo étnico: el suyo.
Los talibanes son pastunes en su abrumadora mayoría, y la guerra se ha concentrado en áreas pastunes. Esto ha llevado a un sentimento de agravio entre los pastunes, según Haidar, y a una disposición a apoyar a los insurgentes por venganza o para obtener protección.
“Dondequiera que viven pastunes, hay enfrentamientos, y matan a civiles,” dijo. “Esta guerra ha sido impuesta a los pastunes, pero ya no quieren más guerra.”
Incidentes como el bombardeo en Chahr Dara del 4 de septiembre, cuando los militares alemanes pidieron un ataque aéreo contra dos camiones cisterna que habían sido secuestrados por los talibanes, sólo profundizan el enojo local.
Varias docenas de civiles resultaron muertos cuando las bombas dieron en un grupo de personas reunidas alrededor de los vehículos. Aunque los alemanes dicen que pensaron que todos eran insurgentes, muchos eran aldeanos que trataban de conseguir combustible gratuito de los camiones.
El gobernador del distrito Chahr Dara, Abdul Wahid, culpa al gobierno por no hacer más.
“Al principio había muy pocos talibanes y el gobierno podría haberlos derrotado,” dijo. “Pero ignoraron el problema. Ahora [la insurgencia] está creciendo a diario.”
Gul Rahim Niazmand es un aprendiz del IWPR basado en Kunduz.
Institute for War & Peace Reporting
Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article23695.htm


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