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miércoles, 30 de diciembre de 2009

“Incremento” de EEUU en AfPak = Incremento de los ataques con aviones teledirigidos y de los asesinatos de civiles


30-12-2009
Bill Van Auken
World Socialist Web Site
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

El pasado fin de semana, los misiles de los aviones robot Predator estadounidenses atacaron un pueblo en Pakistán matando al menos a trece personas. El ataque coincidió con diversas informaciones que aseguran que los escuadrones de la muerte de las Fuerzas Especiales de EEUU están intensificando sus operaciones en el lado afgano de la frontera.

Esa modalidad de guerra, junto con los asesinatos selectivos, constituyen el rasgo más evidente de las primeras etapas del “incremento” ordenado por el Presidente Barack Obama a primeros de mes, en función del cual está enviando al menos 30.000 soldados más a Afganistán.

Esos métodos son un exponente de la guerra sucia de estilo colonial que intenta suprimir la resistencia ante una ocupación que tiene como objetivo establecer el dominio de Washington en Asia Central, una región estratégicamente vital y muy rica en energías.

Citando a funcionarios pakistaníes, el diario The Nation, con sede en Lahore, informó el pasado domingo que la cifra de víctimas en un ataque con aviones robot contra un pueblo en el norte de Waziristán había alcanzado la cifra de trece muertos. Al parecer, dos misiles impactaron en unas instalaciones del pueblo de Saidgi, a unos seis kilómetros al norte de la principal ciudad de Waziristán, Miranshah.

Los aviones teledirigidos continuaron cerniéndose sobre la zona a la vez que un bombardero estadounidense B-52 se unía a los sobrevuelos aterrorizando a la población local, según informaciones de los medios pakistaníes.

Ese ataque con misiles era el tercero de ese tipo desencadenado contra el norte de Waziristán desde el 17 de diciembre. La zona forma parte de la región tribal noroccidental de Pakistán utilizada por los elementos de la resistencia afgana, con apoyo de sus compañeros de las tribus pastunes de Pakistán, para lanzar ataques en Afganistán contra las fuerzas ocupantes dirigidas por EEUU.

Ha sido la Agencia Central de Inteligencia de EEUU quien ha dirigido la letal campaña con aviones teledirigidos, utilizando para ello un campo aéreo clandestino situado en la provincia pakistaní de Baluchistán, con los operativos de la CIA sentados frente a las pantallas de vídeo en Langley, Virginia, dirigiendo los misiles hacia sus objetivos. Se ha informado que el Pentágono está también llevando a cabo sus propios ataques con aviones robot.

La administración Obama ha incrementado en extremo los ataques con aviones teledirigidos, lanzando el doble de los que llevó a cabo la administración Bush en su último año en el poder. La naturaleza clandestina del programa de la CIA está en gran parte diseñado para esconder la horrenda cifra de muertos civiles infligida en los pueblos pakistaníes como consecuencia del lanzamiento de misiles Hellfire.

Al igual que en todos los ataques de ese tipo, los medios estadounidenses repitieron como papagayos las proclamas de funcionarios de inteligencia no identificados en el sentido de que las víctimas del último ataque con misiles eran todos “combatientes”, sin llegar a corroborar en absoluto quiénes eran los muertos.

El periódico de Lahore The News, citando cifras suministradas por funcionarios pakistaníes, informó en abril que habían muerto asesinados 687 civiles en los aproximadamente 60 ataques con aviones teledirigidos lanzados desde enero de 2008. Partiendo de esa tasa de mortalidad, y considerando los ataques casi diarios con aviones robot lanzados desde entonces, los civiles pakistaníes masacrados de esta forma podrían fácilmente haber superado la cifra de mil.

Durante los últimos dos años, el gobierno pakistaní –tanto el del dictador militar Pervez Musharraf como el de su sucesor, el Presidente del Partido Popular de Pakistán Asif Ali Zardari- había desarrollado un modus operandi con Washington en función del cual Pakistán protestaba públicamente por los ataques con aviones robot y exigía que cesaran, mientras por detrás daba luz verde para que prosiguieran.

Los oficiales estadounidenses han venido tratando de hacer pasar los ataques con misiles como un intento de matar a los dirigentes de Al Qaida. Sin embargo, las últimas series de bombardeos se han lanzado específicamente contra elementos de la resistencia afgana a los que las agencias de inteligencia y el ejército de EEUU se refieren como la red Haqqani, llamada así por su dirigente Jalaluddin Haqqani, quien a lo largo de la década de 1980 estuvo operando fuera de ese mismo santuario del norte de Waziristán. Entonces fue uno de los principales receptores de las armas y de la ayuda estadounidense durante la guerra contra el régimen de Kabul alineado con los soviéticos que la CIA apoyó.

Desde que Washington anunció el incremento de tropas en Afganistán, no ha dejado de presionar al gobierno pakistaní para que envíe sus tropas contra el grupo Haqqani y otras fuerzas alineadas con los talibanes afganos que actúan fuera del norte de Waziristán, justo al otro lado de la frontera de Afganistán. Sin embargo, Islamabad se ha negado justificándose en su actual campaña militar en el Sur de Waziristán, que forma parte de las Áreas Tribales Administradas de forma Federal (FATA, por sus siglas en inglés).

La campaña desplegada en el Sur de Waziristán va dirigida contra los insurgentes islamistas pakistaníes a los que se responsabiliza de toda una serie de ataques por el noroeste del país.

Como señalaba el Washington Post, el gobierno pakistaní acordó una tregua con Hafiz Gul Bahadur, señor de la guerra local del norte de Waziristán, a cambio de que mantuviera a sus fuerzas fuera de los combates del Sur.

“Los ataques con misiles sobre su territorio podrían hacer peligrar ese acuerdo”, según el Post, que añadió: “Sin embargo, EEUU indicó ya en el pasado que no vacilaría en lanzar misiles desde aviones robot si llegara a detectar un objetivo importante”.

En las últimas semanas, los comandantes militares y los funcionarios estadounidenses han incrementado las presiones sobre el gobierno pakistaní, advirtiéndole de que si no actuaba en el norte de Waziristán, el ejército estadounidense y la CIA intervendrían unilateralmente.

El New York Times informaba el lunes que el ejército estadounidense estaba haciendo un uso reforzado de sus unidades de Operaciones Especiales clandestinas como elemento clave del “incremento” de Obama en Afganistán. Estas fuerzas –entre ellas la Fuerza Delta del Ejército y los Focas de la Marina- se están dedicando a encontrar y asesinar afganos identificados como dirigentes o simpatizantes de la lucha contra la ocupación de su país que EEUU encabeza.

Los ataques de las fuerzas de Operaciones Especiales cesaron el pasado febrero por orden del jefe del Mando de Operaciones Especiales Conjuntas (JSOC, por sus siglas en inglés), el Vicealmirante William McRaven. Los ataques estaban provocando tantas víctimas civiles que estaban fomentando un gran apoyo popular hacia los insurgentes que superaba en importancia militar al hecho de matar a esos supuestos dirigentes de la resistencia. La suspensión de esas operaciones duró tan sólo dos semanas.

Ahora, el General Stanley McCrystal, el alto comandante estadounidense en Afganistán, ha ordenado que los ataques de esas tropas de Operaciones Especiales se extiendan en la mayor medida posible. Antes de asumir el mando en Afganistán, McChrystal había sido el predecesor de McRaven como jefe del JSOC, donde las unidades bajo su mando estuvieron implicadas en las torturas a los civiles detenidos en Iraq.

El lanzamiento de esas unidades clandestinas contra supuestos dirigentes de la resistencia afgana acarreará sin duda otro aumento notable de las masacres de hombres, mujeres y niños civiles.

El Times informaba también que al otro lado de la frontera con Pakistán, y bajo la dirección de la CIA, se estaban incrementando similares actuaciones de los escuadrones de la muerte.

Citando a un funcionario no identificado de la agencia de inteligencia militar de Pakistán (ISI), el Times informó que durante el pasado año se habían producido “más de sesenta operaciones conjuntas entre el ISI y la CIA en las Áreas Tribales Administradas de forma Federal y en Baluchistán”.

Según el periódico, “esas misiones incluían abducciones -el secuestro de destacados combatientes- y el asesinato de dirigentes”.

El incremento ordenado por Obama implicará una gran escalada de la violencia a ambos lados de la frontera entre Pakistán y Afganistán, así como la intensificación de la crisis social y política que asola a toda la región como consecuencia de la guerra emprendida por Estados Unidos.

Tanto Afganistán como Pakistán estaban incluidos entre los países que se enfrentan a las diez peores crisis humanitarias del mundo en una relación publicada por el grupo de ayuda sanitaria Médicos sin Fronteras, con sede en Francia:

“Durante el pasado año, los civiles afganos tuvieron que soportar niveles cada vez más graves de violencia por todo el país” informó el grupo. “Los combates han puesto al sistema de atención sanitaria del país al borde del colapso y los afganos que necesitan cuidados médicos tienen que enfrentarse ahora a una elección imposible: arriesgarse a viajar cientos de kilómetros a través de una zona en guerra en busca de cuidados médicos o arriesgarse a que su situación empeore hasta que su vida peligre antes de intentar llegar a una estructura sanitaria que sólo cuenta con servicios en un estado de precariedad total”.

“Las fuerzas ocupantes dirigidas por EEUU, en función de ‘sus iniciativas para ganarse los corazones y las mentes’ han cooptado la asistencia médica, ocupado hospitales y arrestado a los pacientes en sus camas” decía el informe.

“Pakistán ha vivido convulsionado a lo largo de todo el año a causa de la intensa violencia” afirmaba el informe, “agravando una situación de por sí desesperada. Por todo el país, la gente carece de atención sanitaria y uno de los rasgos de Pakistán es la alta tasa de mortalidad materna e infantil”.

Según Médicos sin Fronteras, las campañas desplegadas por el ejército pakistaní, azuzado por Washington, han creado más de dos millones de refugiados procedentes del valle de Swat y otros 300.000 del norte de Waziristán. La ofensiva militar obligó al grupo a tener que interrumpir su asistencia médica en el valle de Swat, donde trabajaban apoyando al hospital local y proporcionaban servicios de ambulancia.

Los hospitales y clínicas levantadas en los campos de desplazados de los distritos vecinos estaban “desbordados”, informó el grupo, de pacientes que sufrían “graves heridas como consecuencia de la guerra, entre ellos bastantes niños con heridas ocasionadas por disparos y explosivos”.

El año pasado fue también testigo de un aumento precipitado en la cifra de soldados estadounidenses muertos y heridos. Los muertos en Afganistán entre las fuerzas ocupantes estadounidenses han alcanzado la cifra de 310 desde el comienzo de 2009, el doble que el año anterior. Aproximadamente unos 2.500 soldados estadounidenses resultaron heridos durante el mismo período, muchos de ellos con amputaciones y graves quemaduras y heridas en la cabeza a causa de los atentados con bombas colocadas a los lados de las carreteras.

Como bien saben los comandantes del ejército de EEUU, la llegada a Afganistán de 30.000 soldados estadounidenses y decenas de miles de contratistas militares privados más va a traducirse en un espectacular aumento de las muertes producidas por la guerra emprendida por EEUU que ya dura ocho años.

http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=16675

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Afganistán: Las bajas militares estadounidenses se duplican en un año


29 de diciembre de 2009

Las bajas del Ejército estadounidense en Afganistán se doblaron al cierre de 2009 en relación al año anterior, informó el portal independiente icasualties.org.
Según datos del portal, que se dedica a calcular bajas militares de EEUU y otros países en Irak y Afganistán, para el domingo pasado, 310 soldados estadounidenses perdieron la vida en la República Islámica, mientras al cierre de 2008 esta cifra se situó en 155 militares.
El portal destaca un aumento considerable de bajas de la OTAN y la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad en Afganistán (ISAF). Durante 2009, en el país asiático murieron 506 efectivos extranjeros, frente a los 295 del año anterior.
Las bajas del contingente militar británico, el segundo más importante en el suelo afgano, se incrementaron en 2009 más de doble al alcanzar 106 soldados muertos frente a 51 el año 2008.
Según observadores locales, el recrudecimiento de acciones militares al sur de Afganistán conlleva un aumento de bajas por ambas partes.
A lo largo de 2009, militares extranjeros en Afganistán fueron objeto de 437 ataques armados, de los que 269 correspondieron a explosiones y atentados terroristas.
Las operaciones militares en el país islámico son llevadas a cabo por una coalición internacional bajo el mando de Estados Unidos, así como por la ISAF, bajo el mando de la OTAN. El próximo año 2010, con la llegada de un refuerzo de 30.000 efectivos estadounidenses, el contingente militar extranjero en Afganistán sumará unos 150.000 soldados.
Según icasualties.org, desde 2001 un total de 1553 militares extranjeros perdieron la vida en el suelo afgano.

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viernes, 23 de octubre de 2009

Iraq Afganistán y la guerra permanente de Estados Unidos



Homar Garcés
Rebelión
23-10-2009

A pesar del creciente número de bajas civiles y militares, además del repudio de la opinión pública, el gobierno de Estados Unidos insiste en mantener e incrementar sus tropas de ocupación en Afganistán en un despliegue bélico dirigido a controlar definitivamente el territorio de esta nación islámica, rico en yacimientos de gas y petróleo, gracias a los cuales tendría asegurada la cuota que requiere para su subsistencia la voraz civilización capitalista que representa.

Nadie (salvo la opinión consensuada de las elites dominantes gringas) cree en la veracidad de los argumentos sostenidos y divulgados ampliamente a través de las agencias noticiosas del Norte para legitimar la invasión a este país asiático, teniendo como excusa el supuesto ataque terrorista de Al Qaeda al Trade World Center de Nueva Cork y sobre el cual hay sospechas que fuera ejecutado por el mismo gobierno de George W. Bush. Sin embargo, esto no ha sido obstáculo para que los sectores políticos y militares estadounidenses sigan estimulando nuevas agresiones imperialistas, como se desprende de la campaña de amenazas e informaciones sobre Irán y Corea del Norte, en un área geográfica explosiva y sensible que tiene prácticamente a ambos costados a China y Rusia, enemigos o rivales a futuro de la hegemonía unipolar estadounidense, no obstante las demostraciones en contrario de sus regímenes respectivos.
De nada ha servido tampoco el encubrimiento y la manipulación informativos en relación a lo que ocurre realmente, tanto en Afganistán como en Irak, donde fuerzas irregulares, en menor número y dotación de armas, no han podido ser reducidas y doblegadas por el arsenal bélico y tecnológico de las fuerzas combinadas del Pentágono y la OTAN , además del ejército de mercenarios que allí opera, protegiendo los intereses de las grandes corporaciones transnacionales gringas, en una guerra que recuerda el fracaso padecido en Vietnam. Y aún cuando no lo quieran reconocer en Washington (manteniendo un optimismo que supera la fantasía), Afganistán e Irak han supuesto un serio revés con el cual no contaban, dada la resistencia tenaz que se le ha opuesto, frenando una victoria militar que se creía a la vuelta de la esquina, quedando expuesta la vulnerabilidad del imperialismo yanqui cuando enfrenta la lucha decidida de un pueblo que se resiste a ser subyugado, sin importar la desventaja que implica combatir a la mayor potencia bélica del planeta.
En todo esto, la ONU y otros organismos internacionales son tan culpables y responsables de la tragedia que se abate sobre estos países, tanto como los jerarcas políticos yanquis y sus socios. En ambas situaciones, le siguen el juego a los halcones de Washington. Como lo refiere James Petras, “la única vía verdadera hacia la paz, pudo haber sido un plan de paz de la ONU que incluyera el desarme mutuo de armas de destrucción masiva en Oriente Medio. Pero en ninguna de sus sesiones se mencionó siquiera un plan de este tipo, por cuanto implicaba que los miembros del Consejo de Seguridad en la oposición realizasen una evaluación crítica de su pasado apoyo a las conquistas militares de Estados Unidos”, llevadas a cabo contra naciones militarmente débiles, indefensas y dependientes, como Grenada y Panamá. Pero esto último no podría auspiciarse ni insinuarse sin afectar inmediatamente a Israel y a su política guerrerista, dueño de un arsenal nuclear que jamás ha sido cuestionado ni requisado por la “comunidad internacional”, siendo un factor de desestabilización de primer orden en la región del Medio Oriente, atacando impunemente a la población autóctona de Palestina y a los Estados árabes vecinos, en abierto desconocimiento y desafío a las resoluciones de la ONU , amparándose en el poder de veto de su gran protector y socio, Estados Unidos. Evidentemente, la estrategia de dominación que tiene por teatro de operaciones a todo el globo terráqueo, supone un estado de guerra permanente decretado por el imperialismo yanqui contra cualquier tentativa de independencia de nuestros pueblos; un asunto que no debe pasar por debajo de la mesa, propiciando inconscientemente una destrucción y una dominación generalizadas, del mismo modo que sucede en Irak y Afganistán.-

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miércoles, 21 de octubre de 2009

Afganistán: La duda


21-10-2009
Santiago O’Donnell
Página 12

Toda la semana esperó, y seguirá esperando y dejará que crezca la duda: ¿qué hacer en Afganistán? El comandante en jefe de la fuerza invasora y flamante Premio Nobel de la Paz tiene un plan, por supuesto. Se trata, nada menos, que del conflicto que definirá su presidencia. Por ahora espera.Para la revista Time, la decisión será tomada en noviembre, fines de noviembre. La “temporada de batalla”, como la llaman, dura hasta el invierno, o sea, nuestro verano. Para fines de noviembre se espera el voto de la reforma de salud. Pero puede ser mañana.El problema es que, haga lo que haga, Obama no puede hacer mucho. Hay realidades de las que no puede escapar. Los demócratas que pedían a gritos el retiro de tropas de Irak apoyan esta guerra, desde el primer momento. Los aliados que no quieren mandar más tropas tampoco apoyan un retiro inmediato ni nada que se le parezca.

Esta semana Gran Bretaña, que ya tiene 10 mil soldados allá, anunció que manda más tropas. La España socialista pidió permiso al Congreso para mandar un contingente, por el acercamiento Obama-Zapatero, tras el freezer diplomático durante el gobierno de Bush. Los jefes militares de la OTAN de Holanda y Dinamarca apoyan el plan de mandar más tropas. Hasta Sarkozy defendió con pasión la presencia de las tropas francesas en la zona de guerra antes de agregar, para la otra tribuna, “ni un soldado más”.Ocho años después de despojar al gobierno talibán del poder en Afganistán, al frente de una coalición de países bajo bandera de la OTAN, es evidente que la insurgencia muestra un crecimiento militar y político, y que la crisis se ha extendido y confluido con el conflicto interno de Pakistán y aun el de Pakistán con la India.Si las acciones terroristas tienen por objetivo enviar un mensaje, entonces el atentado con coche bomba contra la Embajada de India en Kabul, con un saldo de varios muertos y heridos, el segundo en dos años, dejó al descubierto el juego de complicidades entre los servicios secretos paquistaníes, sectores del gobierno afgano y fuerzas talibán que en otros conflictos aparecen enfrentados.Mientras tanto en Pakistán la situación es más compleja, y no sólo por su arsenal nuclear. El creciente sentimiento antiestadounidense es muy superior al que se registra en la propia Afganistán, según encuestas de las cadenas de tv estadounidenses.La semana pasada la guerrilla talibán asaltó un cuartel en Rawalpindi y coordinó una serie de asaltos y ataques con coches bomba en la estratégica Peshawar, cuna del clan Bhutto, en una de las semanas de mayor audacia demostrada por la guerrilla talibán, cuyos aliados ganan representatividad en el sistema político paquistaní. Cuando hasta hace pocos años eran una fuerza marginal, ahora controlan provincias enteras. El presidente paquistaní, Asif Zardari, es el viudo de la ex primera ministra Benazir Bhutto. Benazir era la hija de un presidente asesinado por un general pronorteamericano golpista y la candidata de Washington para reemplazar a otro general pronorteamericano golpista, cuando ella fue baleada en plena campaña electoral. Este señor Zardari, apodado por el pueblo paquistaní “Mister Diez por Ciento,” por su actuación como asesor de su esposa cuando ella era primera ministra, ganó las últimas elecciones y acaba de lanzar una fuerte ofensiva militar contra los bastiones talibán en la provincia de Warziristán. Es la segunda gran ofensiva de la temporada, después de la llevada a cabo a principio de año en el valle de Swat.Dado que las fuerzas talibán entran y salen de la frontera entre Pakistán y Afganistán, cualquier repliegue de las tropas de la OTAN dificultaría la ofensiva de las huestes de “Mister Diez por Ciento”. Y Obama no puede permitir que eso suceda. En Pakistán, al menos tiene un presidente legítimo.En cambio Afganistán es distinto. Afganistán tiene un Estado dibujado hace ocho años por una fuerza invasora, que pactó con los aliados internos de las potencias regionales para imponer un sistema político y una Constitución. Y un plan estratégico de desarrollo. Lo que los académicos estadounidenses llaman, modestamente, “nation building” o “construcción de nación”.Ese era el plan para Afganistán. “Construir” un país cuya independencia precede a la de Estados Unidos. Un país que tradicionalmente se manejó a través de un sistema de alianzas tribales con un gobierno central débil y que supo de décadas de coexistencia pacífica entre las ocupaciones inglesa, soviética y estadounidense.Pero como suele suceder en los dedazos, el hombre elegido no parece ser el correcto. Hamid Karzai, líder pashtún, la primera minoría étnica, no sólo viene de ganar una escandalosamente fraudulenta reelección, sino que su hermano, Ahmed Viali Karzai, gobernador de Kandahar, es uno de los políticos más sospechados de corrupción y de nexos con el tráfico de opio, del que Afganistán produce el 80 por ciento de la producción mundial.Según los reportajes que llegan desde el interior de Afganistán, el Estado en gran parte de ese país es percibido casi como parasitario, ya que no provee servicio alguno, mientras las fuerzas talibán proveen justicia, seguridad, educación.El dinero para “construir Afganistán”, que mandó la comunidad internacional, bajo el auspicio de la ONU, supuestamente sirve para levantar carreteras y escuelas y juzgados, y convencer a los afganos de las bondades de la democracia y el mercado. Pero el último informe de Time muestra que gran parte de ese dinero termina financiando a la guerrilla, ya que los contratistas les pagan a los talibán para no ser atacados. Sumados a los recursos provenientes del narcotráfico, el talibán tiene pertrechos para rato.El problema es que ya dos tercios de los estadounidenses se oponen a la guerra. Será cuestión de tiempo hasta que convenzan a sus representantes en el Congreso. El “ala liberal” del Partido Demócrata ya viene golpeada por las concesiones en la reforma de salud y su descontento se traduce en una caída de cerca de veinte puntos en la popularidad de Obama, mientras que su nivel de aprobación entre los republicanos casi no ha variado.El ala pacifista mostró su músculo esta semana al hacerse públicas las declaraciones del vicepresidente Joe Biden, quien supuestamente habría integrado la fórmula demócrata por su experiencia en política exterior, diciendo que “siempre había tenido dudas sobre la presencia de nuestras tropas en Afganistán.” La oleada pacifista cobró impulso con el anuncio del Premio Nobel, todo un mensaje de la Unión Europea.Las razones son bastante evidentes: el desgaste de ocho años de una guerra que empezó después del 9/11 con el reiterado objetivo de vencer al régimen que daba protección a la red terrorista Al Qaida, para así llegar a la guarida del líder de esa red, autor ideológico del atentado y enemigo numero uno, Osama bin Laden.Pero resulta que pasan los años y Bin Laden no aparece por ningún lado. Apenas se lo oye en algún audio autentificado por algún supuesto experto en contraterrorismo de la CIA. Bin Laden, tan poderoso, tan tecnológico, no aparece y para los expertos en contrainteligencia antiterrorista es casi un juego de niños mantener vivo un mito, si el mito sirve para cristalizar la idea del terrorismo que se quiere combatir. Se llama propaganda antiterrorista. Porque cada vez que aparece un audio del supuesto Bin Laden, los primeros beneficiados son los presupuestos de inteligencia militar.O quién sabe, por ahí los expertos de la CIA dicen la verdad, por ahí Bin Laden no aparece justamente para meter miedo, porque es eso, un terrorista, y se especializa en no hacer lo que se espera de él.Sin embargo, la opinión pública estadounidense no cuestiona abiertamente el mito de Bin Laden porque cree en sus instituciones, en los “briefings” secretos de la CIA a los líderes del Congreso.Más allá del costado emocional, lo que la opinión pública cuestiona es la premisa central de la misión: que es necesario derrotar al régimen talibán afgano para proteger a Estados Unidos de atentados terroristas.Pero ahora el objetivo ha cambiado. Ahora la prioridad es consolidar el régimen paquistaní y custodiar su arsenal nuclear. Por eso ahora la prensa estadounidense habla de “la guerra AfPak”. Por eso Obama no se puede ir de Afganistán, como se está yendo de Irak.Obama ya sabe lo que va a hacer y la gente que está cerca de él también. Primero va a esperar, abrir el debate, abrochar si puede el tema de la salud, su principal iniciativa doméstica.Después, según el columnista Joe Klein, Obama va a aceptar el pedido de su jefe militar en Afganistán y le va a mandar las cerca de cuarenta mil tropas que pide, aunque va a decir que son para entrenar al ejército afgano, lo cual, por supuesto, no va a ser verdad.Porque el general McChrystal es su pollo. Obama lo puso para que reemplace al general McKiernan no bien asumió. Y McChrystal tiene maneras más discretas de hacerle llegar un consejo a su presidente que una publicitada audiencia pública ante un comité legislativo. Si lo hizo así fue con un guiño de Obama.Pero Obama quiere un plan ganador, un plan a prueba de balas talibán. Y ese plan no existe. Por eso duda, al menos en público, aunque en el fondo ya sabe lo que va a hacer, porque mucho margen no tiene.Mientras el apoyo a la guerra completa el proceso de erosión en Estados Unidos y Europa, mientras ese apoyo desciende la espiral de resultados nulos y objetivos cambiantes y mientras crece la pila de cadáveres, Obama sigue adelante.Con el fantasma del 9/11, ese que lo puso ahí en el primer lugar. Con los votos que acompañaron su propuesta de retirarse de Irak, pero, eso sí, para ganar la guerra de Afganistán. Por eso la paz del Nobel tendrá que esperar. Por eso la duda.http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-133658-2009-10-18.html

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martes, 20 de octubre de 2009

Los héroes inútiles y las guerras hacia ningún lado


20 de octubre de 2009
Adolfo Pérez Esquivel (ALAI)

¿Cuantos soldados norteamericanos, británicos y de otros países murieron en las guerras contra Afganistán e Irak?, ¿Cuántos más tendrán que morir antes de terminar las guerras?.
Se cuentan los muertos de los países invasores, pero nada se dice de los muertos en los países invadidos y la resistencia de afganos e iraquíes. Se silencian las miles de muertes de mujeres y niños, las poblaciones devastadas por la destrucción y el saqueo de la OTAN del patrimonio de la humanidad, y de los recursos de esos países.

Toda la destrucción y muerte se hace en nombre de la “libertad”, de la “democracia”, de liberar a esos países de la dictadura, cuando les conviene. La OTAN es aliada de EE.UU., como lo fue Sadam Hussein utilizado en la guerra contra Irán.
El Primer Ministro Británico, Gordon Brown, ha rendido honores póstumos a los 221 soldados muertos en la guerra contra Afganistán y se compromete a enviar más soldados. Estados Unidos rinde homenaje a sus soldados caídos en las guerras que sostiene en diversas partes del mundo. Las viudas y familiares de los soldados muertos recibirán una medalla, una pensión y el olvido de sus vidas que engrosarán las páginas de los héroes inútiles de las guerras hacia ningún lado. Guerras que sólo sirven para vender armas y potenciar el complejo industrial militar y los intereses hegemónicos del imperio.
Los costos en vidas y la destrucción de otros pueblos no cuentan en la agenda del “debe y haber” del Pentágono, la CIA y el Departamento de Estado, ni en los países de la OTAN, involucrados en el conflicto armado. La complicidad de los monopolios informativos es pavorosa e hipócrita
En la mitología griega, Sísifo, dios del Olimpo fue castigado por el Dios Supremo, Zeus, y tiene que cargar en sus hombros por toda la eternidad una gran piedra que debe colocar en la cima de la montaña. Una y otra vez Sísifo hace el gran esfuerzo que nunca logra concretar de llegar a la cumbre, y la piedra cae y así en permanente devenir por toda la eternidad vuelve a buscar la piedra al pie de la montaña.
Albert Camus ha retomado el mito de Sísifo a quien llama “el héroe inútil”, en la incesante derrota de si mismo en su camino existencial. Es la situación del hombre moderno, de los gobernantes y del sistema dominante, que vuelven una y otra vez a repetir las mismas derrotas de la conciencia y los actos inútiles, como si fueran grandes logros de la imbecilidad humana.
En nombre de la libertad se impone el sometimiento contra otros pueblos, como ocurre en la franja de Gaza contra el pueblo palestino, testigo de los crímenes de guerra de Israel, condenados por Naciones Unidas. Y también en Colombia, con la intervención de los grupos paramilitares, EE.UU e Israel, se cometen crímenes contra el pueblo. Las guerrillas y el narcotráfico generan la incertidumbre, la muerte y suman héroes inútiles, a la inutilidad de la violencia social y estructural.
En nombre de la democracia, EE.UU invade, tortura y realiza vuelos clandestinos en diversos países con secuestros y asesinatos contra quienes considera “terroristas”. Justifica el horror y los llamados “daños colaterales”: la muerte de miles de niños, mujeres y población civil.
Nada de esto figura en los medios de comunicación y los noticieros de la BBC y de la CNN, ni en las estadísticas. Los muertos son considerados “no personas”. De eso “no se habla”.
Las muertes de los soldados de EE.UU, Gran Bretaña y los aliados de la OTAN, nada tienen de gesta heroica, sino de rapiña, de destrucción y muerte. Los soldados no saben porqué van a la guerra, simplemente van a matar o morir; les prometen la nacionalidad de EE.UU y lo único que logran es la ciudadanía de la muerte en tierras extrañas. Los sobrevivientes y mutilados sólo tendrán la mirada del horror y recordarán las muertes de otros jóvenes, como ellos, héroes inútiles.
Vietnam vuelve a repetirse. Es hora que el pueblo de EEUU despierte, que el presidente Obama, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, ponga la “barba en remojo”, pero como no tiene barba, debe poner “otras cosas en remojo” y sacudirse el yugo a que está sometido Si llegó al gobierno, que gobierne. Es urgente terminar con las guerras, es necesario que actúe en bien de la humanidad, que pida el apoyo de su pueblo y el mundo, para evitar mayor destrucción y muerte. Es su obligación.
No puede continuar enviando soldados a matar y destruir a otros pueblos; no es justo, es inmoral y atenta contra toda la humanidad. Que no termine siendo otro Sísifo que cargue la piedra del horror, la destrucción y la derrota de EEUU que suma guerras perdidas porque no tiene ideales. Las tropas no tienen mística ni causa justa que defender. Y una y otra vez cargará la piedra, cada vez más pesada que no podrá colocar en la cumbre de la montaña, porque la derrota está en la mente y el corazón de EEUU transformado en Sísifo en su incesante devenir de la angustia existencial.
Adolfo Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz 1980.

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lunes, 19 de octubre de 2009

Con amigos como EE.UU., Pakistán no necesita enemigos


Los torpes intentos de Washington de fortalecer el gobierno de Pakistán sólo sirven para agudizar un conflicto que se acerca a una guerra civil

19-10-2009
Simon Tisdall
The Guardian/ICH
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Mientras el gobierno de Obama titubea sobre qué hacer por el bien de Afganistán, el vecino Pakistán paga un precio cada vez más elevado. Como una serie de anteriores ataques talibanes en los últimos días, el caos de hoy en Lahore subrayó los temores de que la consecuencia principal de la parálisis afgana de Washington, aunque no deliberada, represente la ulterior desestabilización del Estado paquistaní.

Se perdonará a los paquistaníes si se preguntan: con amigos como los de Washington, ¿quién necesita enemigos? La resonante disputa por un paquete de ayuda quinquenal estadounidense de 7.500 millones de dólares es un buen ejemplo. Condiciones apremiantes agregadas a la ley por un Congreso renuente a enviar incontables miles de millones “por un agujero de ratas”, como dijera elegantemente el demócrata Howard Berman, fueron condenadas por insultantes y colonialistas en Pakistán.
Al vincular el dinero a un control civil más estricto de las fuerzas armadas de Pakistán, Washington estaba tratando, torpemente, de fortalecer el gobierno de Asif Ali Zardari. Pero logró exactamente lo contrario. El presidente fue acusado de no defender la soberanía del país, igual como no ha logrado detener la escalada de ataques aéreos estadounidenses a través de la frontera, y la ocasional incursión terrestre clandestina, contra objetivos dentro de Pakistán.
Después de apresuradas consultas en Washington, Shah Mahmood Qureshi, ministro de exteriores de Pakistán, obtuvo esta semana un “documento explicativo” del Congreso que dijo desechaba efectivamente algunas de las condiciones más censurables de la ley. Pero es poco probable que esto silencie a críticos que se basan en un profundo sentimiento antiestadounidense en el público paquistaní que proviene de la invasión de Afganistán en 2001 y el lanzamiento de la “guerra global contra el terror” de George Bush.
“Un sondeo tras el otro muestra que los paquistaníes temen cada vez más la amenaza planteada por extremistas islámicos… pero creen que EE.UU. es un peligro aún mayor para su país,” según una cita de esta semana de Bruce Riedel de Brookings Institution. Muchos paquistaníes estimaron la amenaza planteada por EE.UU. para su independencia y seguridad como superior a la de su enemigo histórico, India, dijo. “En cualquier momento en que alguien obtenga resultados peores que India en sondeos en Pakistán, el peligro es inmenso.”
Intensa presión sobre Pakistán del gobierno de Obama para extirpar el Tehrik-e-Taliban (Movimiento Talibán de Pakistán), estrecho aliado y colaborador de los talibanes afganos, resultó en la costosa ofensiva militar de esta primavera en Swat, en la provincia de la Frontera Noroeste, que desplazó a cientos de miles de civiles.
Sin embargo, la campaña de Swat probablemente parecerá pequeña en comparación con una inminente ofensiva del ejército paquistaní en Waziristán del Sur, en las áreas tribales no gobernadas adyacentes a Afganistán. Aunque altos funcionarios paquistaníes niegan que lo estén haciendo por orden de Washington, no es ningún secreto que los comandantes de EE.UU. se concentran crecientemente en ambos lados de la frontera oriental de Afganistán con Pakistán, donde militantes talibanes y sus aliados yihadistas extranjeros y de al Qaeda, han establecido un terreno común ignorando las fronteras nacionales.
El líder talibán de Pakistán, Hakimullah Mehsud, quien reemplazó a Baitullah Mehsud después de que este último fue muerto en agosto en un ataque con misiles de un drone estadounidense, dijo en un vídeo que ataques como el de hoy en Lahore cesarán rápidamente si el gobierno deja de comportarse como lacayo de EE.UU. y rompe su alianza con ese país. Si eso sucediera, Mehsud dijo que volvería sus armas contra India, presumiblemente en Cachemira. Para muchos paquistaníes, eso no parecería ser una mala idea.
En EE.UU. se comienza a comprender gradualmente que Washington está avivando un conflicto que se aproxima a una guerra civil generalizada. El columnista Ralph Peters del New York Post hizo una comparación con Iraq después de la invasión. “La guerra civil nunca llegó a tener lugar [allí]. Pero nadie parece darse cuenta de que ahora estamos envueltos en dos auténticas guerras civiles – una en Afganistán, la otra en Pakistán,” Al agrupar los dos conflictos en una política “Afpak”, el gobierno de Obama efectivamente empeoró los dos problemas.
Peters argumentó que ni más soldados de EE.UU., o ayuda adicional, ni más “estupideces de contrainsurgencia de abrazos en lugar de cartuchos” constituyen la respuesta. “La única esperanza para cada uno de los territorios asediados (son realmente territorios, no Estados auténticos) es una decisión de su propia población de combatir y derrotar a los talibanes.”
El impulso, alimentado por esta especie de arrogancia imperial, de salir de Afganistán, o por lo menos de limitar la lucha a una campaña de contraterrorismo contra al Qaeda, ha ganado adherentes en EE.UU. en los últimos meses. Pero un editorial del Washington Post argumentó esta semana que con una reducción considerable de al Qaeda, los talibanes en ambos países constituyen ahora el principal enemigo. Pakistán se orienta hacia “una guerra generalizada,” dijo. La retirada en Afganistán también podría tener consecuencias desastrosas, tal vez fatales.
Según esta medida y otras, sólo queda una conclusión: Pakistán ya está tan desestabilizado por acciones de EE.UU. desde el 11-S que no se puede dejar que se las arregle solo. En una lógica tan tortuosa se funda la muerte de los imperios.

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article23736.htm

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sábado, 17 de octubre de 2009

Preguntad a Awal Khan por el premio de Obama


La casa equivocada

17-10-2009
Brendan Cooney
Counterpunch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Dar a Obama el Premio Nobel de la Paz es como darle a alguien el premio de literatura a la espera de que escriba algunos libros buenos.
Ni siquiera tiene que aspirar a ser escritor. Decir que Obama aspira a la paz es ignorar la escalada de la ocupación de Afganistán.

Podrá ser un chiste, pero los noruegos han contado otros más morbosos: Roosevelt en 1906 y Kissinger en 1973 tenían ambos historiales mucho más sanguinolentos que cualquier cosa para la cual le haya alcanzado el tiempo a Obama.
Pero ha tenido tiempo para hacer impacto en gente como Awal Khan, quien podría opinar sobre el premio de Obama.
Khan estaba sirviendo como comandante de artillería en el Ejército Nacional Afgano lejos de su casa en la provincia oriental de Khost el 8 de abril, cuando fuerzas estadounidenses golpearon a su puerta. En un caso de “casa equivocada,” mataron a su hija de 17 años, Nadia, y a su hijo de 15, Aimal. También mataron a su mujer, una maestra de escuela que daba clases gratuitas a los aldeanos. Mataron a su hermano e hirieron a otra hija.
Después de que pensó que la situación se había despejado, la mujer del primo de Khan salió de la casa. Estaba embarazada de nueve meses. Recibió cinco tiros en el estómago. Su feto murió, pero ella sobrevivió. Tal vez tiene sus propias ideas sobre Obama como hombre que “creó un nuevo clima,” como afirmó el comité del Nobel.
El portavoz militar de EE.UU., coronel Greg Julian dijo que la familia masacrada no tenía conexión con enemigos de EE.UU. “Fue un desafortunado conjunto de circunstancias,” dijo.
Khan, acongojado, dijo a Agence France-Presse: “La coalición (internacional) tiene que detener esta crueldad y su acción brutal.”
No es probable que Obama satisfaga el deseo de Khan. Incluso en su anuncio de que aceptaría el premio, Obama recurrió a palabras belicistas: “Soy el comandante en jefe de un país que… trabaja… para enfrentar a un adversario implacable que amenaza directamente al pueblo estadounidense y a sus aliados.”
Eso es una osadía. En el peor de los casos, la amenaza al pueblo estadounidense de los talibanes es indirecta. Y sea cual sea el riesgo de retirarse, es algo con lo que tenemos que vivir. Decir que la posible reducción de un riesgo indirecto para los estadounidenses vale miles de civiles muertos tiene sentido sólo en el deforme cálculo nacionalista en el cual una vida estadounidense vale muchas vidas extranjeras. Un premio de la paz debería ir a alguien que crea en la cuenta: 1 vida humana = 1 vida humana.
Tal vez el único motivo por el cual conocemos el nombre de Awal Khan sea que es coronel del ejército. El Consejo Provincial de Khost cerró sus oficinas durante un mes en señal de protesta. Los consejos provinciales de Laghman, Logar y Zabol han cerrado sus oficinas para protestar por otras muertes de civiles. Y Obama sigue escuchando a asesores militares que hablan de cómo el secreto de la contrainsurgencia es conquistar corazones y mentes.
Podríamos entrevistar a miles de personas menos “importantes” que Khan. Podríamos hablar con las familias de 95 niños muertos en un ataque de EE.UU. el 4 y el 5 de mayo en la provincia occidental Farah. Una lista de los muertos, con nombres y edades, fue compilada por una comisión del gobierno afgano sobre la base del testimonio de aldeanos, dijo Obaidullah Helali, legislador de Farah y miembro del equipo de investigación gubernamental.
Para ver cómo se ven las cosas desde una perspectiva afgana, ¿por qué no leer el periódico independiente Cheragh? Tal vez Obama devolvería su medalla si leyera el editorial del 7 de mayo sobre “el asesinato de tantos seres humanos, cuerpos despedazados sin ataúdes, y los niños huérfanos y las viudas. En realidad, las voces y los murmullos están ahogados por el dolor, y las plumas no pueden escribir al respecto.”
Compárense esas palabras con la voz de Obama sobre el tema. ¿Tiene algo que ver una persona que califica la ocupación de Afganistán de “guerra de necesidad” y que envía decenas de miles de soldados más con “la abolición o reducción de los ejércitos permanentes,” que estipuló Alfred Nobel en su testamento?
En un sondeo de Pew Global Attitudes en junio de 2009, una mayoría relativa o absoluta en cada uno de los 25 países encuestados se opuso al aumento de las tropas en Afganistán. Una abrumadora mayoría de los paquistaníes se opone a los ataques con drones lanzados por Obama. Con la mayoría de los estadounidenses opuestos a la guerra, uno se pregunta por qué Obama no escucha a nadie que argumenta lo que parece ser obvio: que EE.UU. no tiene ningún derecho a estar en Afganistán.
En lugar de escuchar a la izquierda, que en su mayoría sigue pasmada por su etnicidad, Obama quiere aplacar a la derecha. Como una larga fila de liberales antes de él, le preocupa que pueda parecer débil. Ha dudado respecto a Honduras, chachareado sobre Guantánamo y exacerbado Afganistán. Son malas noticias para los que buscan la paz. Como dijera Lou Brock: “Muéstrame a un sujeto que teme verse mal, y te mostraré un sujeto al que puedes derrotar en todo momento.”
Hasta al títere estadounidense Hamid Karzai le bastan los muertos civiles. En 2005 dijo: “No pienso que haya todavía una gran necesidad de actividad militar en Afganistán”. En 2007: “El pueblo afgano comprende que se cometan errores. Pero después de cinco años, de seis años, definitivamente, de modo muy claro, no puede comprender por qué se sige necesitando potencial aéreo.” El 5 de noviembre de 2008, después deque aviones de guerra estadounidenses mataran a 23 mujeres y 10 niños en una boda, dijo: “Esta es mi primera demanda al nuevo presidente de EE.UU.: que se ponga fin a las víctimas civiles.”
Karzai sabe que no es posible. Obama ha sacado la retirada de la mesa, y mientras haya ocupación, matarán civiles. Es probable que Obama sea responsable de las muertes de miles de personas antes de que abandone su puesto.
“Washington sigue bombardeando áreas residenciales en el país sin prestar ninguna atención a las objeciones”, dijo el editorial del 7 de mayo de Cheragh después de la matanza en Farah. Karzai está “sacrificando a la gente a los señores de la Casa Blanca… ¿Puede EE.UU. separar a la gente de los talibanes y de al Qaeda, con la consigna de que ellos son sus asesinos y nosotros sus salvadores? Qué fútil fantasía y ambiciones irrealizables.”
En lugar de perseguir halcones a ciegas, Obama debe escuchar al parlamentario afgano
Shukria Barakzai, quien dijo al Christian Science Monitor que en lugar de enviar 30.000 soldados más, Obama debería “enviarnos 30.000 expertos… o 30.000 ingenieros. Pero no nos envíen más soldados , sólo producirá más violencia.”
Los comités originales del Nobel de los primeros cinco años tuvieron razón. Dieron premios de la paz a gente de la que nunca habíamos oído, pero gente que luchaba por la paz. Noruega era entonces parte de Suecia. Se piensa que Nobel, traficante de armas e inventor de la dinamita, encargó a Noruega que otorgara el premio de la paz porque carecía de aparato de relaciones exteriores, para que su comité pudiera ser neutral. Parecía un reconocimiento implícito de que la nación-Estado y la paz son como un tiburón y una pierna, y que los estadistas no cumplían los requisitos para el premio. Pero luego Noruega logró la independencia y al año siguiente trató de comprar un gran amigo al otorgar el premio a Teddy Roosevelt, abriendo así la puerta al juego político con el premio.
Obama ha dicho que donará los 1,4 millones de dólares a obras benéficas. Como EE.UU. da un pago de condolencia de 2.000 dólares a la familia de cada civil que mata en Afganistán, eso alcanzaría para 700 vidas.
O podría dárselos a la doctora Sima Samar, por nombrar a una de miles de personas más merecedoras. Después de graduarse de la escuela de medicina en Kabul en 1982, ha dedicado su vida a suministrar atención sanitaria a mujeres en Afganistán y, forzada al exilio, en Pakistán. Ha ganado una serie de premios durante los últimos 15 años por su valentía y trabajo, pero no el Nobel. Ha llevado la paz a mucha gente. Y es poco probable que vaya a ocupar algún país.
Brendan Cooney es antropólogo y vive en la Ciudad de Nueva York. Para contactos escriba a: bcooney50@gmail.com
Fuente: http://www.counterpunch.org/cooney10132009.html

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miércoles, 29 de julio de 2009

Pakistán y el mito de la «bomba islámica»


por Nicolas Ténèze

28 de julio de 2009
DesdeToulouse (France

Washington esgrime el riesgo de que la bomba atómica pakistaní pueda caer en manos de «terroristas islámicos» u otros «talibanes» para justificar su participación militar en Afganistán y Pakistán. Sin embargo, según el estudio de Nicolas Ténèze que presentamos, dicha amenaza es imaginaria: la bomba pakistaní se ha desarrollado con asistencia técnica de China y Estados Unidos. Más allá de las peripecias políticas, en la actualidad, Washington sigue conservando el control.

La Coalición, comprometida desde noviembre de 2001 en «el cementerio de los imperios», Afganistán tiene que enfrentarse a un agravamiento de la situación desde 2005, con bajas civiles y militares en constante aumento, una islamización rampante y las violencias de insurgentes de todo tipo: talibanes, señores de la guerra recalcitrantes, traficantes, separatistas étnicos o simples bandidos. La guerra se propaga hacia Pakistán (se habla de la guerra AfgPak), de la que en realidad forma parte. El país oscila entre una colaboración moderada, y a veces forzosa, con la Coalición y una voluntad de respetar a los talibanes para preservar el frágil equilibrio político interno. En los últimos meses, el avance de los «estudiantes» los aproxima a la capital, Islamabad.
Pakistán, Estado artificial de mayoría musulmana suní, fundado el 14 de agosto de 1947, sobre la base de una federación de regiones autónomas, teóricamente posee la bomba atómica más o menos desde 1987, pero al parecer no la probó por primera vez hasta el verano de 1998; actualmente se considera esa fecha como la del estatuto nuclear del país, que en la actualidad tendría entre 20 y 100 cabezas nucleares, los estudios son divergentes. Pakistán no ha firmado el Tratado de No Proliferación (TNP), ni el Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares (TICE), ni el Código de Conducta de La Haya sobre la Proliferación Balística. Además, varios informes concordantes de 1966 recuerdan la existencia de un programa biológico, centrado en el ántrax, a pesar de que la Convención sobre las Armas Químicas (CAC) y la de las Armas Bacteriológicas (CAB) fueron firmadas y ratificadas. Su presencia fue una consecuencia de su empleo por los soviéticos en Afganistán.

Zulfikar Ali Bhutto (1928-1979).
En la actualidad, los medios de comunicación mantienen el miedo de que ese arsenal caiga en manos de «terroristas», que entonces podrían utilizarlos o amenazar con hacerlo contra «Occidente», Israel, sus aliados, o contra el enemigo indio. Sin embargo, surgen muchas preguntas con respecto a la misteriosa «red Khan», a la que se acusa de estar en el origen de todos los males de la proliferación y de la «bomba islámica», según la expresión del presidente Zulfikar Ali Bhutto (1972-1977). Se puede dudar de que Pakistán realmente haya proseguido sus investigaciones a espaldas de las grandes potencias y que su arsenal escape efectivamente al control de éstas. Para saber de qué se trata, es necesario hacer una revisión histórica del programa nuclear pakistaní.

Un programa poco "secreto"
Una iniciativa china-occidental

El programa nuclear debutó en los años 70, oficialmente en reacción a la guerra contra la India de 1971 y a su ensayo atómico de 1974. En esa época, la India era un «país amigo» de la Unión Soviética mientras que Pakistán, aunque no alineado, «eligió» por reacción el campo estadounidense. También Islamabad se lanzó a un programa atómico competidor del de su vecino, con el beneplácito de Estados Unidos. La bomba estaba llamada a desempeñar un papel en la «contención» de la influencia soviética que, tras la invasión de Afganistán en 1979, amenazaba a Pakistán.
Washington y Pekín organizaron conjuntamente esa proliferación (especialmente después de la visita de Nixon a China, en febrero de 1972). Pekín, aunque reticente a entregar sus conocimientos, apoyó al «País de los puros» proporcionándole tecnología y misiles rudimentarios a través de la China National Nuclear Corporation. Desde los años 60, en efecto, la República Popular China se disoció del Gran Hermano soviético, con la excusa de divergencias ideológicas, para asumir su propia política exterior. Aunque sobre muchos puntos, chinos y occidentales, ceden. En esa perspectiva, Pekín e Islamabad se aliaron sobre la cuestión de Cachemira, de la que ambos países reclaman parte a la India… Así, las bombas indias, chinas y pakistaníes permitirían un equilibrio en la región.
El padre de la bomba pakistaní es el doctor Abdul Qadeer Khan. En la actualidad, los medios de comunicación occidentales le presentan como un peligroso científico loco. Es un ingeniero formado en 1976 en Almelo (Grupo Urenco), en los laboratorios de dinámica física FDO, en los Países Bajos, Bélgica y Alemania. El reactor de Kahuta, primer núcleo del programa, se construyó en 1979 con China y Francia, y se puso en servicio en 1984. Los medios de comunicación transmitieron la idea de que los planos de Almelo (que sirvieron para crear Kahuta) fueron robados por Khan, mientras que en realidad Urenco los entregó en secreto con la aprobación de Estados Unidos.
Desde la llegada de los soviéticos a Kabul, Estados Unidos delegó en China la transferencia de los planos de armas nucleares a Pakistán para proteger el país. Pero en 1983, el Washington Post denunció la negociación, y en 1985 lo hizo el senador Alan Cranston. Así pues, es probable que Pakistán, desde esa fecha, posea una bomba nuclear, pero no su propia bomba.
Con el fin de legitimar sus propios «proyectos» nucleares, Israel denunciaba el peligro pakistaní, alternándolo con los de Iraq y Libia, mientras que ambos países tejían, por aliados interpuestos (EEUU y Arabia Saudí), interesantes relaciones secretas. Entonces se instrumentalizó la noción de «bomba islámica», hecho que molestó a Pakistán porque la expresión mezcla dos conceptos, uno religioso y otro político estratégico, con una connotación peyorativa: Pakistán no sería un Estado de derecho, sino un nido de terroristas. Es entonces cuando apareció la idea de que los activistas podrían robar o simplemente utilizar esas bombas. Abdul Sattar, ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán, recordó que en los años 70 Zulfikar Ali Bhutto señalaba que las bombas atómicas occidentales no eran «bombas cristianas» ni las israelíes «bombas judías».
A continuación, Pakistán adquirió la capacidad de enriquecer el uranio por ultracentrifugación en Dera Ghaza Khan. Arabia Saudí y Libia participaron en la financiación de esa etapa: Trípoli para su propio programa (al parecer sin el aval de EEUU), y Riad por orden de Estados Unidos. En cambio para China y Francia, los dos principales proveedores, eran divisas suplementarias. Washington presionó a París, en 1976, contra la venta de una instalación de tratamiento, sometida al control de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA). De hecho, Francia habría proporcionado la tecnología atómica bajo orden de Estados Unidos, pero tomando algunas iniciativas. En cualquier caso, Francia suspendió su contrato pero proporcionó una planta de extracción de plutonio.
Tras el golpe de Estado contra el presidente Bhutto en 1977, el general Zia ul Haq (1977-1988) recibió una ayuda de Washington más importante. Dicha ayuda pasó de 5 millones a 10, después a 35 millones y luego a 1.000 millones de dólares para esa most favored nation (nación más favorecida), una de sus «mejores aliadas fuera de la OTAN». En 1986, el país empezó a producir el UAE (Uranio Altamente Enriquecido).
A menudo se afirma que la entrega de misiles stinger a los rebeldes afganos impulsó la retirada soviética de Afganistán. Eso es exagerado. Aunque ese punto explica el estancamiento del Ejército Rojo, no justifica su retirada. Según el director adjunto de la CIA, Richard Kerr, por el hecho de que Pakistán obtuviese su primera arma nuclear en 1987, la URSS, para evitar una crisis mayor, decidió retirarse gradualmente de Afganistán. El 31 de diciembre de 1990, Pakistán compró a China un potente reactor nuclear de 300 megavatios del que algunos elementos procedían de Estados Unidos, Japón, Francia, Alemania e Italia. Se habló de la compra de otros tres reactores y 5.000 imanes especiales.
En 1988, el presidente Ghulam Ishaq Khan y la Primera Ministra Benazir Bhutto tomaron las riendas de un país que se había vuelto inútil en una Guerra Fría que agonizaba. En el tumulto, en 1990, la subvención estadounidense de 574 millones de dólares anuales se interrumpió.
Pero el temor de que el arsenal pakistaní pasara de la defensa a la ofensiva y la filtración de tecnología hacia China y los «Estados canallas», pronto suscitaron la inquietud de Washington. El 6 de enero, el senador republicano Larry Pressler anunció que Pakistán poseía el arma y dio a entender que Islamabad cooperaba con Teherán a la vista de las estancias de Khan en ese país. De repente, George H. Bush denunció la «bomba islámica» que hasta entonces había evitado. Acusada de corrupción, Benazir Bhutto fue derrocada en beneficio de Nawaz Sharif, más próximo a los militares. El centro de investigación de Karachi se modernizó y el de Kahuta ya tenía capacidad para producir uranio enriquecido. La CIA denunció, pero dejaba hacer, encargando a varios servicios de investigación occidentales, entre ellos el BVD holandés (¡una prueba de la pista Almelo!), para que vigilaran que el programa no se volviera incontrolable y demasiado ambicioso.
En 1993, Washington favoreció el regreso de Benazir Bhutto al poder después de que ella aceptase apoyar a las fuerzas pastunes (talibanes) en Afganistán contra las fuerzas tadjiks (las del comandante Massud). Sin embargo, Bill Clinton presionó al presidente Faruq Leghari para que firmase el TNP, pero este último se negó.
En 1996, Benazir Bhutto fue destituida nuevamente por corrupción y sustituida por su eterno rival Nawaz Sharif. Parecía que éste había aceptado que Pakistán no produjese más materiales de uso nuclear.
1998: Los ensayos oficiales de una potencia presuntamente no nuclear
El doctor Samar Mobarik Mand, jefe del programa nuclear, efectuó sus primeros ensayos nucleares el 28 y 29 de mayo de 1998, como respuesta a los ensayos indios. Esas pruebas, cinco, eran de 30 a 40 kilotones, la del 30 de mayo de 15 a 18 kilotones. Las cargas eran escasas pero Mand pretendía que el país pudiera efectuar pruebas termonucleares. El Primer Ministro pakistaní triunfó: «Hemos igualado a la India (…). Pakistán se ha visto obligado a ejercer su opción nuclear debido a la militarización del programa nuclear indio» (…). Khan explicaba: «Las bombas testadas el 28 de mayo eran de fisión mejorada, es decir, las cargas utilizan el uranio 235, como en los ensayos indios. Una de las explosiones era una poderosa bomba de unos 30 ó 35 kilotones. Las otras cuatro cargas pakistaníes eran tácticas, de baja potencia».
Para los occidentales, el problema no eran los ensayos indios, sino los pakistaníes. Aunque después del golpe de Estado del general Musharraf en 1999, Pakistán era un régimen militar autoritario próximo a los islamistas radicales, en esa época la India estaba dirigida por los hindúes radicales del BJP
¿Cuál es la razón de esa parcialidad? En realidad, Islamabad buscaba arrebatar el liderazgo «islámico» disimulando sus relaciones occidentales, incluido Israel, sobre el que fabulaba pero no amenazaba. Así, el 27 de mayo, el ministro de Asuntos Exteriores Shamshad Ahmed informó a Estados Unidos de que los ensayos se debían al temor de un ataque aéreo nuclear… indio-israelí, procedente de la India, del tipo del bombardeo del reactor Osirak por Israel. El embajador de Pakistán en Egipto, Tayyab Siddiqui, señaló que Israel apoyaba claramente a la India a mejorar su disuasión nuclear.
El 1 de junio, el asesor mediático de Benjamín Netanyahu, Shay Bazaq repitió que Tel Aviv no tenía intención de atacar a Pakistán. Por su parte, el embajador indio en El Cairo afirmó falsamente que no existía cooperación militar entre la India e Israel.
Las preocupaciones israelíes sobre esta proliferación se relativizaron el 5 de junio por la declaración de un oficial pakistaní: «Pakistán ha llevado a cabo las pruebas nucleares únicamente para su defensa y no con la intención de transferir su tecnología a otros». Pakistán quiso incluir en el protocolo de negociación no sólo la prohibición de la futura producción de materias fisibles, sino además la instauración de un control internacional sobre las existencias, decisiones que afectaban en primer lugar a la India e Israel. Pero los Estados dotados del arma nuclear (EDAN) rechazaron la iniciativa.
Washington aseguró que esos rumores sólo eran pretextos que disimulaban las intenciones hostiles hacia Nueva Delhi, que se iba convirtiendo poco a poco en un aliado de Occidente a medida que éste rebajaba la colaboración con Pakistán.
Oficialmente, Israel no es aliado de Pakistán. Pero, sorprendentemente, Tel Aviv raramente ha denunciado al único país musulmán realmente nuclear, pertrechado de misiles competentes, salvo para justificar su propio programa en la materia. Pakistán casi nunca ha amenazado a Israel, pero le ha atacado en la OIEA. Sin embargo, sus madrasha (escuelas religiosas) nutren los circuitos «terroristas» y el doctor Khan colabora con los programas iraní y libio. El embajador israelí en Estados Unidos recibió la confirmación de que Islamabad no tenía intención de compartir su poder con Irán «u otros adversarios de Oriente Próximo». Sin embargo, Pakistán exportaba al menos su conocimiento balístico, acelerado por la visita del ministro de Asuntos Exteriores iraní, Kamal Harrazi en mayo de 1998.
También Simon Peres consideraba que, al contrario, esa situación retrasa las negociaciones sobre la desnuclearización de Oriente Próximo (Middle East Nuclear Free Zone – MENFZ) ya que Pakistán es una clara amenaza para Israel: «Me sentiría más seguro si se destruyeran todas las armas nucleares, es la forma más segura para todo el mundo».
Pero sabemos que su diplomacia es de geometría variable. Sin embargo Pakistán, al contrario que Irán, Libia, Corea del Norte e Iraq, nunca ha amenazado a nadie con sus armas de destrucción masiva, excepto a la India, y no posee, salvo que se demuestro lo contrario, vectores capaces de llegar a Israel.
Pakistán y la India anunciaron finalmente su decisión de no divulgar su tecnología nuclear, ¡con la condición de que no los reconocieran como poseedores de la bomba! Esto se hizo cuando los cinco Estados dotados del arma nuclear (EDAN) declararon que «a pesar de sus ensayos nucleares, la India y Pakistán no tienen el estatuto de Estados dotados de armas nucleares», es decir, ironizaba Lorentz «¡Estados que poseen la bomba atómica pero no son potencias nucleares!».
Así, el Senado francés hizo un análisis de medias tintas: «En realidad, los ensayos nucleares indios y pakistaníes de 1988 hicieron oficial la ascensión de ambos países, que no forman parte del TNP, al rango de potencias nucleares (…) El hecho de que la India y Pakistán estén actualmente prácticamente reconocidas como potencias nucleares de hecho, refuerza la expresión de ese sentimiento de desigualdad».
La hipocresía, o al contrario, la honestidad occidental (si la teoría de los ensayos practicados por otros es la buena), se hizo efectiva cuando los miembros permanentes se pusieron de acuerdo en Ginebra: «A pesar de sus recientes ensayos nucleares, la India y Pakistán no tienen el estatuto de EDAN, según el TNP». En cualquier caso, en principio los ensayos indios y pakistaníes pagaron sanciones formales que se levantaron un año después ante la indiferencia general.
En 1999 y 2000, el general Pervez Musharraf tomó el poder convirtiéndose sucesivamente en Primer Ministro, presidente y jefe de los ejércitos, con el apoyo de Estados Unidos, con el fin de estabilizar el país contra el islamismo.
Para obligar a Libia a abandonar sus armas de destrucción masiva y dar la apariencia de la que comunidad internacional lucha contra la proliferación denominada clandestina, se arrestó a Khan en 2001. Estaba acusado vender secretos a Libia, Irán y Corea del Norte; después le liberaron… ¡A cambio de que se excusase públicamente! Estados Unidos presionó para que la investigación se terminase enseguida. El doctor, sólo condenado a confinamiento, precisó las condiciones en las cuales pudo adquirir en el extranjero ciertas tecnologías nucleares esenciales y llevar a cabo con éxito sus investigaciones, por un coste reducido de 20 a 30 millones de dólares anuales. Realmente Khan es la cabeza de la red de proliferación, pero únicamente la «cabeza visible» que enmascara la implicación de otros países. La implicación de las firmas BSA Tahim, Gulf Techinical Industries, SMB computer, SCOMI Precision Engenering, y de los intermediarios como John Meyer, es conocida. Por otra parte, el Senado francés lo explica ocultando la ayuda francesa:
«Eso no significa que el gobierno malasio tenga una responsabilidad en esta situación. Los Emiratos Árabes Unidos son una zona de paso importante y los países europeos están implicados en esas redes. En Alemania, Austria o España, se encuentran empresas que han contribuido a esa red pakistaní convertida en mundial, con corresponsales por todas partes, a veces empresas de buena fe que han entregado, con certificados de utilización final en regla, los componentes que se han desviado después hacia terceros países».
La OIEA subraya que la cadena de aprovisionamiento usa falsos certificados de utilización de forma que en algunos casos, el suministrador de origen puede ignorar el auténtico uso final de los equipamientos y materiales. ¿Es una forma de ocultar a los medios los bajos fondos reales de la proliferación?
El reactor de Kushab, que se puso en marcha en marzo de 2000, podría producir suficiente plutonio para fabricar 4 ó 5 armas nucleares al año, con una capacidad de 1.000 megavatios térmicos (MWth).
A finales de 2001, Condoleezza Rice saludó a ese país como «nuestro importante aliado en la guerra contra el terrorismo». Y «curiosamente», a partir de esa fecha, la «bomba islámica» ya no es objeto de discordia. Pero con la intensificación de la lucha en Afganistán y la mala voluntad de Islamabad, el asunto se vuelve a recordar… A partir de imágenes de satélite del 19 de mayo de 2009, el ISI señaló que Pakistán había aumentado las capacidades de dos sitios estratégicos, entre ellos el de Dera Ghazi Khan, así como el número de las cabezas nucleares.

Una potencia vectorial con fuerte dependencia extranjera
Pakistán se fijó como un reto producir sus propios misiles, a pesar de sus modestas capacidades industriales; Estados Unidos en principio se negó a suministrar los cazabombarderos F16 y los misiles de largo alcance y alta tecnología para evitar la proliferación y una escalada. Pero en febrero de 2003, Estados Unidos aceptó la venta de los F16. Mientra tanto, la francesa Dassault, por cuenta de Washington, vendió los Mirage III de potencial atómico. Francia (DCNS) y Alemania (HDW) se disputaban el mercado para la venta de submarinos. Francia ya había vendido los Agosta 90B, que contenían los derivados de M-11 (Tarmuk) y de Tomawack (Babur).
La National Developement Complex de Mund y la PAEC estudiaban los misiles a carburante sólido mientras que los propulsados por carburantes líquidos incumbían a la KRL.
Sobre todo eran los sistemas de orientación, navegación, control de impulso y escudos térmicos los que planteaban problemas. Es porque, en realidad desde los años 70, Islamabad alberga balísticas chinas y norcoreanas. En enero de 1989, tuvo lugar una serie de ensayos de Hatf 1 y 2, con capacidades bastante modestas, que en los años 80 se destinaban a golpear objetivos soviéticos en Afganistán y después en la India. Los científicos trataban de aumentar los alcances, pero China y Estados Unidos no podían, por razones diplomáticas, vender misiles de largo alcance. A partir de 1991, se entregó a Pakistán una cantidad indeterminada de M-9 y M-11 los cuales, una vez modificados, dan lugar a dispositivos que alcanzan 700 kilómetros. Sin embargo hubo que esperar hasta el 15 de abril de 1999 para que tuviera lugar el primer ensayo del Sahaheen-1. En 1999, China vendió al menos 30 misiles M-11 en piezas sueltas, de un alcance de 300 kilómetros. Parece que se montaron en serie desde 1997, para una cabeza atómica de 500 kg., que se probó por primera vez en 1998.
Sin embargo, China cedió a las presiones occidentales, en particular estadounidenses e israelíes, preocupadas por tales ejercicios. Islamabad se volvió hacia Corea del Norte, que subcontrató el negocio por cuenta de China con el fin de evitarle problemas diplomáticos. La transferencia está relacionada con la tecnología No-dong y Taepo-dong, de mayor alcance, pero de precisión nula.
El 6 de abril de 1998 tuvo lugar el primer ensayo exitoso del Ghauri-1, con un alcance de 1.100 kilómetros. Se proclamó falsamente como nacional, mientras que plagiaba el No-Dong-1. Le siguió el Ghauri-2 (Hatf-6) testado con éxito el 14 de abril, tres días después del ensayo del Agni-2 indio. Aunque la capacidad de carga no había evolucionado, en cambio el alcance máximo se elevaba a 2.500 kilómetros, lo que permitiría amenazar a más del 50% del territorio de la India. Un Sahaheen se probó con éxito el 15 de abril de 1999.
En 25 de junio de 1999, las autoridades indias arrestaron a un cargo norcoreano que hacía la ruta hacia Pakistán transportando los planos y manuales de instrucciones, así como elementos de misiles. En mayo, Anwarul Haq, responsable de los Ghauri en Kahuta, prometió una tercera versión con un alcance de 3.000 kilómetros.
En 2003, Estados Unidos impuso sanciones a una compañía norcoreana (Changgwang Sinyong Corp) que exportaba misiles a Pakistán e Irán. Los misiles de largo alcance con propulsor líquido (laboratorios Khan) y con propulsor sólido (laboratorios Samar Mubarak Mand), desembocaron en el misil de alcance medio (2.400 kilómetros) Shaheen-2, desvelado en marzo de 2000. Para defender a un país transformado en aliado, el Pentágono aseguró, en enero de 2001, que sólo se trataba de un prototipo, como el Ghaznavi, de un alcance de 2.000 kilómetros.
Comenzó el estudio de un misil de un alcance similar lanzado por un submarino. En marzo de 2006, Pakistán efectuó, con éxito, un segundo disparo de prueba de un misil de crucero de tipo Hatf-7 Babur, capaz de transportar una carga nuclear a 500 kilómetros. El presidente Pervez Musharraf estalló en un discurso ditirámbico que ocultaba las ayudas externas. «La nación se enorgullece de sus investigadores y de sus ingenieros, que han demostrado una vez más su capacidad para dominar tecnologías excepcionales con facilidad y profesionalidad (…). El programa estratégico, que simboliza la determinación del país de garantizar su seguridad, proseguirá, se hará más poderoso y su piedra angular será la constitución de un umbral mínimo de disuasión creíble». El ministerio de Asuntos Exteriores pakistaníes no informó a Nueva Delhi «porque nuestro acuerdo va únicamente sobre los ensayos de misiles balísticos. Hemos propuesto a la India incluir los misiles de crucero, pero lo ha rechazado».
El 19 de abril de 2008, el país disparó los Shaheen-2, aunque hasta ahora no existe ninguna prueba de un eventual apoyo de Pekín.

Pervez Musharraf
Una potencia que no es propietaria de su disuasion

¿Un arsenal bajo llave y bajo vigilancia?
Si China y Estados Unidos han permitido a ese país pobre obtener la bomba, se plantea una cuestión legítima: ¿Pakistán es propietario de su bomba o está bajo llave estadounidense o china?
En primer lugar, ¿las bombas de 1998 eran de los mini-nukes chinos? Islamabad prueba, quizás, las bombas iraníes o chinas, Pekín (aliado de Irán) cumple una moratoria desde agosto de 1996. La periodista Dominique Lorentz desarrolla esta teoría en su obra, prologada por Jacques Attali y Alexandre Adler, en la que considera que los ensayos se realizaron por cuenta de Irán o China: «Ellos necesitan llevar a cabo una última campaña de disparos antes de evaluar únicamente los simulacros».
Durante la guerra del Kargil, de mayo a julio de 1999, Islamabad fantaseaba con emplear el arma nuclear tras la contraofensiva india en Cachemira, según una conversación entre Bill Clinton y Nawaz Sharif, en julio. El proyecto fue destacado por la prensa. Pero más bien se trataba de presionar para que Washington interviniera. Sin embargo, Attali nos enseña que, curiosamente, «esos dos países han establecido un acuerdo mutuo de no agresión de sus instalaciones nucleares». Ya que Estados Unidos y China llaman a la contención, eso indicaría que la bomba no es pakistaní.
La idea de una bomba estrictamente nacional choca con la opinión de los especialistas de investigación que tienen, por definición, un poco más de credibilidad que los expertos, para pasar del análisis a la fuente. El dispositivo estaría claramente bajo vigilancia estadounidense.
Así, según Éric Denece, especialista reconocido, si se temiera una confiscación por parte de los terroristas o un chantaje de un Estado incontrolable, la Junta Especial de Operaciones Comando estadounidense y el Sayeret Matkal israelí, estarían preparados para evacuar las bombas nucleares pakistaníes en caso de necesitad.
El periodista Rashid Zujbair también considera que: «Los estadounidenses quieren desestabilizar el país. Pakistán debe considerarse un Estado fallido, con el fin de poder requisar de nuevo su arsenal nuclear. El ejército estadounidense ya dispone de una unidad especial para esta tarea (…) En cuanto a las bombas atómicas, no son petardos de feria que se puedan llevar en el bolsillo (…) 80 ojivas nucleares necesitan 70.000 personas, entre ellas algunos miles de científicos».
Hasta el año 2000 no se creó una autoridad nacional de mando para gestionar el arsenal. Por otra parte, a finales de 2001, Estados Unidos financió por importe de 100 millones de dólares el sistema de seguridad de las instalaciones e incluso propuso hacerse cargo de los propios códigos de disparos. En realidad, las bombas ni siquiera estarían montadas, los elementos están dispersos precisamente para evitar un empleo accidental y abusivo.
Incluso en caso de robo, habría que pasar además el sistema de permiso «Action Link». Por regla general, sólo tres personas por Estado nuclear poseen las claves y el código, como es el caso, por ejemplo de Israel. Incluso existen «códigos informáticos programados para destruir los componentes estratégicos del arma en caso de intrusión no autorizada».
Por su parte, el resumen de las agencias de investigación presentado al Senado de Estados Unidos en febrero de 2008, menciona que:
«Aunque Nueva Delhi e Islamabad tienen en servicio una grande y madura estrategia nuclear, no parece que estén comprometidas en una carrera armamentista de tipo numérico como durante la Guerra Fría. Consideramos que la incertidumbre política que existe en Pakistán no amenaza seriamente el control militar de las capacidades nucleares, aunque la vulnerabilidad existe. El ejército pakistaní supervisa el programa nuclear y consideramos que sus responsabilidades, incluida la seguridad física del arsenal atómico, no se han resentido por la crisis».
Así, si las palabras tienen un sentido, el término «supervisar» significa que el ejército pakistaní vigila una disuasión de la cual no es propietaria. Todo lleva a pensar que la «bomba islámica» sólo es un nombre.
Esta tesis está confirmada por numerosas declaraciones oficiales, tanto estadounidenses como pakistaníes, e incluso indias.
Así, el Primer Ministro de Pakistán, Raza Gilani confirmó que: «la defensa de Pakistán está en buenas manos. Y nuestro programa de armas nucleares está seguro». El almirante Mike Mullen, jefe de la junta de jefes de estado mayor de Estados Unidos, también declaró que «el arsenal nuclear de Pakistán está seguro», aunque los talibanes están en el distrito de Buner, donde está ubicada una planta de enriquecimiento. Por otra parte, este aspecto es muy plausible según otro especialista (un experto del Mossad muy conocido, aunque controvertido), que señala que «en efecto, Benazir Bhutto confesó que ¡Ni siquiera ella estaba autorizada a entrar en los laboratorios de su propio país!».
Tel Aviv afirma que la posición de los centros pakistaníes ya está integrada en sus programas informáticos, ¡entregada por el propio Pakistán a la CIA! En junio de 2009, Mustafá Abu Al-Yazid, un «responsable de Al Qaeda en Afganistán», tuvo este lapsus en Al-Jazeera: «Con la ayuda de dios, las armas atómicas no caerán en manos de los estadounidenses y los muyahidines, se tomarán para utilizarlas contra los estadounidenses».
Parece que el país no ha repetido los ensayos de 1998, lo que confirma esta tesis.

Un programa conocido y encuadrado
En segundo lugar, ya lo dijimos, la red Khan no puede ser totalmente secreta, debido a sus ramificaciones occidentales y asiáticas (China, Malasia, Dubai, Tailandia, Irán Libia, Corea del Norte, EEUU, Países Bajos, Alemania, Francia, España, Austria, Emiratos Árabes Unidos, Sudáfrica).
En 2009, los principales proveedores de armas de Pakistán estuvieron en Suiza, Dinamarca, Alemania, EEUU, Francia y Arabia Saudí. Como reconoció el Senado francés: «Es muy probable que al menos una parte de sus actividades (de Khan) no sea conocida por las autoridades estatales» de los países proliferantes.
El especialista Bruno Tertrais mantiene esta teoría:
«No se puede decir que Khan actúe solo, pero tampoco se puede decir que en los más altos niveles del Estado hayan estado siempre al corriente de los movimientos de este hombre. Ciertamente se ha beneficiado de complicidades gubernamentales (sobre todo militares), pero eso no quiere decir que el Estado pakistaní, como tal, sea directamente responsable de ese tráfico (…). En términos de riesgos de utilización del arma nuclear, Pakistán es el más peligroso (…) Sin duda Pakistán será inducido a “lanzar el primero” el arma nuclear».
Así, resulta difícil de creer, como indica el New York Times, que «La administración del presidente Obama se pregunta sobre la capacidad de los militantes para conseguir un arma durante un transporte o de infiltrar a los simpatizantes en los laboratorios o instalaciones de enriquecimiento de combustible nuclear. Washington no sabe exactamente dónde están situados todos los centros nucleares pakistaníes y la preocupación ha crecido durante las dos últimas semanas tras la entrada de los combatientes talibanes en Burner».
Sin embargo, si la CIA puede elaborar informes muy precisos sobre los arsenales iraníes y norcoreanos (Estados aislados y opacos), ¿por qué no puede tenerlos sobre el arsenal de su aliado pakistaní? Existen satélites apropiados para vigilar los sitios nucleares de todo el mundo. En 1955, el tratado «Open Sky», entre Estados Unidos y sus socios, autorizaba el sobrevuelo de los territorios respectivos a cambio de la venta de tecnologías sensibles.
Por otra parte, unas semanas después, el mismo periódico informaba finalmente de que el Congreso estadounidense temía que la ayuda anual no financia un programa que «crece rápidamente», de 80 a 100 cabezas. El Congreso está tan preocupado… que vota la ayuda de 3.000 millones anuales, a pesar de la aseveración del jefe de la junta de jefes de estado mayor, el almirante Mike Mullen, de que los fondos tendrían muchas posibilidades de financiar la disuasión del país.
En sus informes, en todo caso, la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), aparece perfectamente informada. En el año 2000, el arsenal no parece plantear problemas. El organismo estipula que el programa nuclear pakistaní garantiza un 1,7% de sus necesidades de electricidad.
En 2001, la OIEA incluso firma con Pakistán «contratos de investigación y desarrollo y programas de ensayo». En un anexo de su informa anual, la OIEA clasifica los acuerdos que enmarcan los programas nucleares de cada Estado, entre ellos el de Pakistán, bajo el título: «Situación relativa a los acuerdos de garantías y de protocolos adicionales». Se puede leer y dice así:
Fecha
Nº de acuerdos
Vigentes el 5 de marzo de 1962
34
Vigentes el 17 de junio de 1968
116
Vigentes el 17 de octubre de 1969
135
Vigentes el 18 de marzo de 1976
239
Vigentes el 2 de marzo de 1977
248
Vigentes el 10 de septiembre de 1991
393
Vigentes el 24 de febrero de 1993
418
En el informe 2005, todavía se lee: «A la vista de sus resultados, Pakistán ha adoptado un programa de desarrollo a largo plazo previendo la construcción de centrales nucleares de 8.800 MW (T) durante los próximos 25 años».
Los reactores se mencionan claramente en un documento anexo denominado Cuadro A5. Instalaciones bajo garantía de la OIEA o que contienen materiales bajo garantía, a 31 de diciembre de 2005: «KANUPP (tramo 1), Karachi y Chasnupp-1 (tramo 1), Kundian. Reactores de investigación y montajes críticos: PARR-1 [1], Rawalpindi, PARR-2 [1] Rawalpindi. Instalaciones de almacenaje independientes: Depósito de Hawks Bay Karachi».
Ciertamente, no todas las instalaciones están sometidas a la OIEA (como en la India e Israel). Pero es curioso que la OIEA, cuyo presupuesto es inferior al 1% del conjunto de la inteligencia estadounidense, sea la mejor informada…

Conclusión
Desde los atentados del 11-S, Pakistán y Estados Unidos, con relaciones tibias desde el fin de la Guerra Fría, se reconciliaron. Su deuda de 1.700 millones se aplazó sine die. Washington concedió una ayuda de 3.000 millones de dólares para 2004-2009 en el marco de la lucha contra el terrorismo.
La ayuda total al ejército pakistaní ascenderá a 7.000 millones de dólares entre 2008 y 2012.
En 2008, de los 21.000 millones de ayudas internacionales a Kabul, un tercio se esfumó entre los donantes y los receptores, de los cuales algunos son pakistaníes. En Afganistán, 242.000 armas se han «perdido» por la coalición, el ejército y la policía afgana, pero sobre todo por el ejército estadounidense, según el Governement Accontability Office (GAO).
En este momento, la guerra cuesta 100 millones de dólares diarios. Esta cifra se explica por las deserciones en el ejército y la policía afganas, cuyos soldados se pasan con armas y equipos al enemigo, e informan sobre las tácticas aliadas. Hay que decir que gracias a los tráficos de todo tipo, los rebeldes pagan mucho mejor que los aliados.
Suponemos que en el desarrollo de las ayudas, Islamabad ha prometido un vasallaje atómico. Está prevista la creación de un gasoducto que unirá Uzbekistán con el océano Índico a través del puerto de Gwadar. La visita de Georges W. Bush el 22 de septiembre de 2006 dio continuidad a la asociación contra el terrorismo, renovada bajo Obama con un efecto inmediato: la contraofensiva pakistaní.
Los talibanes, originariamente entrenados y armados por el ISI, acaban de obtener concesiones legislativas en las zonas tribales y lo único que quieren es una autonomía local y en absoluto la bomba. Eso corrobora la opinión de la investigadora asociada al CERI-Sciences Po, Mariam Abu Zahab. Cuando le preguntaron «En caso de que ganen en Pakistán, ¿cuál es el programa de los talibanes?», ella respondió «La cuestión ni siquiera se plantea, porque los talibanes pakistaníes son un movimiento periférico, al margen de la sociedad y el Estado».

A principios de 2009, Islamabad llegó a un acuerdo con los talibanes de la región de Swat, restituyó al antiguo reinado su autonomía legislativa y se comprometió a no llevar a cabo acciones militares. Pakistán elaboró un doble juego. Oficiosamente, la «bomba islámica» disuadirá a Rusia y China (actualmente, el país se disputa entre Washington y Pekín) en un futuro conflicto. Pero la India, convertida en aliada de Washington e Israel, podría cumplir ese papel. Entonces, China podría ampliar el acercamiento nuclear con Pakistán. En la actualidad, Islamabad hace que crezcan las apuestas entre China y EEUU…
El programa disuasorio pakistaní, deseado por Occidente y China, parece que está controlado y no puede ser utilizado por los terroristas, porque necesitarían saber dónde se encuentran las armas y conocer los códigos y sus funcionamientos. Incluso la posibilidad de una «bomba sucia» exige un mínimo de conocimientos, infraestructura y equipamiento que los talibanes no poseen.
Por otra parte, ¿quién se opone al programa nuclear pakistaní como se hace con Irán y Corea del Norte? Esto demuestra que Pakistán no es en absoluto la amenaza nuclear islamista que Bernard Henri-Lévy quiere hacernos creer en su obra Qui a tué Daniel Pearl. No existe realmente ese peligro, ya que Estados Unidos viola con frecuencia la frontera pakistaní de Afganistán para golpear a los talibanes, sin miedo a represalias atómicas. ¿Qué pasaría si lo hiciera la India (salvo en Cachemira)? Tanto es así, que algunos think tank ya no creen oportuno hablar de la amenaza de la "bomba islámica", ni considerar que el país es una potencia nuclear independiente, como ocurre con la disuasión británica, que depende de la voluntad estadounidense.

Nicolas Ténèze
Doctorado en Historia por el Instituto de Estudios Políticos de Toulouse en abril de 2009. Su tesis, financiada en parte por el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional (IHEDN) trata de la disuasión, convencional y no convencional, israelí."


Traducido por Caty R.

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