x Agustín Morán
En el artículo “Más dura será la caída”, hace casi 3 años, analizamos el previsible impacto de la crisis económica en España. Hoy, todos los indicadores muestran que somos uno de los países más afectados. Se destruye riqueza social: el producto interior bruto (riqueza producida durante un año) ha sido negativo tanto en 2008 (-2%) como en 2009 (-3,1%).
En el artículo “Más dura será la caída”, hace casi 3 años, analizamos el previsible impacto de la crisis económica en España. Hoy, todos los indicadores muestran que somos uno de los países más afectados. Se destruye riqueza social: el producto interior bruto (riqueza producida durante un año) ha sido negativo tanto en 2008 (-2%) como en 2009 (-3,1%). El Estado se vuelve insolvente: el déficit público (diferencia entre gastos e ingresos) ha pasado de –2% en 2008 a –11% en 2009, sobre todo por la reducción de ingresos fiscales asociada a la recesión. El desempleo se ha duplicado en los últimos 30 meses, llegando a 4,6 millones en marzo de 2010. Sumando parados y precarios, más del 50% de la población activa padece una gran inseguridad.
En España, la crisis es más dura por dos motivos. El primero, la especulación inmobiliaria y financiera favorecida por la trampa de los bajos intereses bancarios, el incentivo de las desgravaciones del IRPF y las hipotecas como forma de acceder a una vivienda. Todas ellas, políticas impulsadas por los gobiernos de derechas y de izquierdas. El segundo, el enorme volumen de contratos eventuales –tres cuartas partes en fraude de ley- cuyo origen cercano es el Acuerdo Interconfederal en Defensa del Empleo, firmado por CEOE-CEPYME-CCOO-UGT en mayo de 1997, abaratando la indemnización del despido por causas objetivas (económicas, organizativas y productivas) y subvencionando modalidades de contratación adscritas a esta ventaja empresarial. Con seis millones de contratos precarios, despido libre, indemnizaciones cada vez más bajas y un millón de inmigrantes sumergidos, las caídas de beneficio de las empresas por la recesión y la escasez de crédito bancario, se compensan destruyendo empleo y aumentando la productividad de las plantillas.
El anunciado final de la crisis tiene que ver con factores coyunturales: ayudas al automóvil, compras antes de la subida del IVA en julio y sustitución de televisores por el apagón tecnológico. Esto augura aún más paro y endeudamiento del Estado.
Paradójicamente, los beneficios de la banca y las grandes corporaciones durante la crisis han sido billonarios. La enorme producción de riqueza privada es a costa de la destrucción masiva de riqueza social y derechos de millones de personas.
Ahora, los “mercados” hacen negocio atacando a los países más afectados por la crisis que ellos mismos han producido. Por lo abultado del paro y del déficit público, la bolsa española cayó un 14% en la primera semana de mayo. Para aplacar a unos mercados implacables, la socialdemocracia europea, con el PSOE a la cabeza, no tiene más remedio que anunciar la reducción de las prestaciones sociales y la flexibilización –más aún-del mercado de trabajo. Pero lo hará por patriotismo y como mal menor.
Si esto fuera una democracia, el empleo, la vivienda, la sanidad y la jubilación no dependerían de los beneficios de bancos y multinacionales. Estaría prohibido realizar inversiones a gran escala y generar crecimiento económico sin aclarar quién crece, qué crece y para qué. Tampoco se podría crear empleo con medidas que lo destruyen ni endurecer las condiciones de la jubilación cuando la eventualidad dificulta a millones de trabajador@s alcanzar los plazos de cotización exigidos. Cualquier política en defensa del empleo debería comenzar por no destruirlo. Cualquier política en defensa de la protección social impediría poner el 3% del producto interior bruto a disposición de un sistema financiero en quiebra técnica por sus propios excesos y a pesar de todo, mantiene retribuciones astronómicas para sus accionistas y ejecutivos. Los recursos sociales deberían garantizar los derechos fundamentales de la población y no los beneficios del capital.
¿Cómo se atreven individuos con sueldos y patrimonios multimillonarios a imponer más sacrificios a los de abajo? Nadie quiere saber nada porque todos saben que la clase política está a sueldo de un poder económico despiadado. En plena erupción de fascismo neoliberal, judicial y eclesiástico, la derecha globalizadora y la izquierda alterglobalizadora protegen a los de arriba a costa de los de abajo, garantizando la paz social de las mayorías silenciosas. La izquierda plural, pastoreada por el entramado socialdemócrata, es el mecanismo para arrastrar a los movimientos sociales a esta ciénaga.
La generosidad, la cooperación y la potencia popular, al igual que la democracia, aparecerán de la mano del enfrentamiento con los daños, los argumentos y los agentes del capitalismo, o no aparecerán. Pero nadie quiere arriesgar nada porque todos queremos ser como los de arriba. Nuestros deseos forman parte del capitalismo aunque el capitalismo nos quite la vida. Esta tragedia tiene que ver con la modernización de la izquierda y sólo verá su fin con la reconstrucción de la izquierda.
La condición para pisar suelo firme es establecer la diferencia entre la izquierda electoralista e impotente -cuando no cómplice- y la izquierda que obtiene su fuerza en la organización política de la precariedad, el miedo y la rebeldía.
La lucha del pueblo griego frente a la cura de caballo que, en nombre del euro, quieren aplicarle su gobierno y las instituciones europeas, nos marca un camino.
Agustín Morán, CAES, 11 de mayo de 2010
lunes, 17 de mayo de 2010
Crisis. Democracia. Izquierda,
domingo, 2 de mayo de 2010
Un manifiesto para pensar el presente, examinar el pasado e imaginar el futuro por un nuevo ciclo sin sionismo
02-05-2010
Nicolás Chadud Díaz
Revista Hoja de Ruta
"La justicia para los palestinos es la principal cuestión moral de nuestra era", Nelson Mandela.
El presente escrito no trata de un artículo de actualidad o reseña historiográfica-política. Por ello, no se citan textos, a penas se traen a colación algunos autores y se comparten algunas ideas o propuestas. Por tanto no se refiere a un trabajo “académico, imparcial y científico”, difícilmente algún esfuerzo intelectual sea considerado como tal. Por esta razón, se ha propuesto ensamblar una especie de manifiesto que haga aflorar un sentido crítico y reflexivo respecto a un tema complejo y sumamente decisivo: “La Izquierda y el Sionismo político”.
Este manifiesto no propone la “izquierdización del sionismo”, ni mucho menos levantar “el espíritu” de los “militantes sionistas de izquierda” para llevar a cabo algo así como una revolución social, política o económica en la tierra de Palestina. Lo que no sería posible puesto que el sionismo es en si misma una ideología que no se encuentra en la perspectiva política de emancipar a la humanidad o parte de ella, de cualquier forma de opresión y de establecer una cierta igualdad entre las personas, que les permita desarrollarse integralmente en libertad y con posibilidades ciertas de acceder a bienes materiales para cumplir dichos fines. Por tanto, referirse a la Izquierda y Derecha en la política israelí se ha convertido en algo nebuloso, extraño, paradojal. El sionismo es una ideología totalitaria en plena potencia que complejiza cualquier intento académico de la Ciencia o Sociología Política por dotarla de categorías o cualidades distintivas en su interior.
La Izquierda política se encuentra acostumbrada a utilizar un lenguaje y retórica que explicita las contradicciones de clase y económicas que existen en el sistema capitalista, lo que lógicamente impacta negativamente las relaciones humanas, entre comunidades políticas, étnicas, culturales, etcétera. Pues bien, nos proponemos dar a conocer algunas de las contradicciones de la Izquierda en cuanto a su posición respecto a las denominadas cuestión judía y cuestión palestina, dejando a la vista también que su propuesta más genuina de superar un sistema económico excluyente y desequilibrado ha ido quedando atrás, dando paso a un conformismo con suerte reformista recluido en el espacio del Estado de Bienestar y claudicando de manera fáctica la construcción de una utopía libertaria.
Por un lado, un hecho histórico significativo es que se apoya la creación del Estado de Israel como una forma de compensar los perjuicios y el intento de exterminio que sufrieron los judíos por parte del movimiento fascista en general y nazi en particular, ideología de extrema derecha que proponía un nuevo devenir para la humanidad, llevando a su máxima expresión el desarrollo de “la técnica”[1](techne) no sólo para la producción industrial de bienes, sino para instalar una efectiva industria de la muerte de opositores y de ciertas etnias que se consideraban inferiores, prescindibles y además culpables de los supuestos males que sufrían dichas sociedades. Una premisa que cobra una actualidad vertiginosa en Europa e Israel, respecto al “tratamiento” que reciben en general “los musulmanes” y los “árabes palestinos” respectivamente. Achacar a los “inmigrantes musulmanes[2]” los males que sufren las grandes economías europeas, no es sólo patrimonio de los sectores conservadores, ultra nacionalistas y derechistas, en países como Francia, Inglaterra, España o Italia. Intelectuales de la talla de Giovanni Sartori sostienen sin tibiezas que “El Islam es incompatible con la democracia”. De la misma forma que los árabes palestinos de nacionalidad israelí son percibidos por el sistema político, incluido el partido laborista[3], no sólo como ciudadanos de tercera clase en la “democracia israelí”, sino que su existencia y presencia misma se percibe como una amenaza potencial y real para ejecutar el proyecto del “Gran Israel” (Eretz Yisrael Hashlemah), anhelos que también compartía la Alemania nazi y los fundadores sionistas desde la década de los treinta.
Por esta razón principal se explica que la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas haya sido el segundo país, luego de Estados Unidos[4], en reconocer el establecimiento del Estado judío en 1948, además se pensaba que Israel sería un Estado socialista, fomentando un sistema de propiedad colectiva por medio de los Kibutz o granja colectiva para trabajar la tierra, proyecto que se esfumó rápidamente[5]. Sin embargo, es bastante común que los militantes e intelectuales izquierdistas observen con “buenos ojos” la “causa judía”, percibiéndola a lo menos como un proyecto estatal “progresista y democrático”, muy diferenciado de sus “vecinos árabes”, que son más bien “incivilizados, triviales, religiosos y tribales”, a menudo sin entender muy bien la diferencia entre un kurdo, un paquistaní, un musulmán, un tuareg, un turco, un árabe o un semita. De todas formas, lo más patético de todo es asimilar cómo militantes “izquierdistas radicales” de origen palestino que criticaban al partido Fatah por considerarlo moderado, condenaban a la OLP y Arafat por los Acuerdos de OSLO y la corrupción galopante, ahora se encuentren instalados como “nobles” funcionarios de planta o asesores en el Gobierno palestino de la ANP[6]-que efectivamente no gobierna- para supuestamente defender los derechos del pueblo palestino ¿Tanto se puede transar por un “cargo honorífico”?[7].
Es notorio que las fuerzas políticas de Izquierda o Centro Izquierda, particularmente en Europa, bastión del parlamentarismo y la socialdemocracia, que hoy en día se encuentra extraviada y desorientada en sus fines[8] y también en sus medios, se encuentren impregnadas de lo que Edward W. Said denominó como Orientalismo, lo que opera como un dispositivo discursivo; a través de unos lentes constituidos de prejuicios y objetivos políticos(definidos de antemano) para observar y representar el Mundo Árabe Islámico para conveniencia de lo que se denomina en contraposición como “Occidente”.
Lógicamente dicha perspectiva ha permeado a los diversos movimientos, partidos y gobiernos de Izquierda, inclusive aquellos que se han declarado a favor de la causa palestina y sus reivindicaciones. Nada más evidente que Gobiernos como el de Zapatero en España que se declaran en contra de la invasión a Irak, critican la colonización israelí en Cisjordania, pero es al mismo tiempo uno de los mejores Estados-proveedores de armamento sofisticado del ejercito israelí desde el año 2007, que han sido utilizado en las sucesivas invasiones a Gaza. Por su parte, la Unión Europea no ha tomado ninguna decisión en política exterior que conduzca a Israel a romper el bloqueo total de la Franja de Gaza o derribar el Muro que consolida el sistema de Apartheid. Ni siquiera se ha negado el ingreso de productos israelíes que son elaborados en las colonias instaladas en territorio palestino ilegalmente ocupado[9].
Nada más incoherente e inconsistente que la posición de los países miembros plenos de MERCOSUR (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) que se declaran a favor de un Estado palestino y en general por la resolución pacífica del conflicto mediante el cumplimiento de las resoluciones de la ONU. Pero al mismo tiempo, establecen con Israel el primer tratado de libre comercio (TLC) con un Estado fuera de la región, que sólo falta ser ratificado por Argentina. Un acuerdo que es firmado a sabiendas que no se ha finalizado la ocupación y colonización de Palestina y, peor aún, sigue en marcha un proyecto de construir más asentamientos y anexar más y más territorio, incluido en Jerusalén, haciendo “revivir” el concepto nazi de “espacio vital”. De la misma forma el Estado chileno, presidido por dos socialistas[10], ha venido negociando un TLC con Israel, acuerdos que también posee con Corea, Estados Unidos y China, entre otros. Se hace evidente que el llamado “pragmatismo” económico financiero con el que operan los Gobiernos de cortes socialistas o socialdemócratas, tiene sumidos a las Izquierdas en una grave crisis, por su incapacidad de diferenciarse del neoliberalismo en aquellos asuntos públicos que son decisivos en las estrategias y políticas de desarrollo en los países.
Es menester declarar que el fin del Gobierno Hitleriano es percibido por el establishment político y en consecuencia por la opinión pública mundial como el fin del nazismo, nada más lejano de la realidad empírica. La “raza aria” ha devenido en un concepto del todo mesiánico: “el pueblo elegido”, pero la distinción es sumamente decisiva en nuestro tiempo, puesto que dicho proyecto totalitario capta el apoyo implícito y explicito de las grandes potencias cómplices con intereses bien específicos en la región, sin duda, pero también de países medios y pequeños cooptados por sus propias debilidades internas que permiten la oligarquización de la política, que frecuentemente se aparta del bienestar ciudadano y de la justicia a nivel nacional y mundial.
Queda en evidencia también una política comunicacional propagandista, sistemática y eficaz a nivel global para hacer “revivir o resucitar” el exterminio y horror nazi como una experiencia única, innombrable, sagrada, monstruosa e incomparable. ¿Qué importancia tienen los 1.400 palestinos acribillados en Gaza en unos pocos días? O ¿los más de 20.000 durante las últimas décadas sólo en Gaza y Cisjordania? El Estado de Israel siempre tiene una respuesta y justificación de sus crímenes: La culpa es de los terroristas de la OLP, la culpa es de la Intifada, la culpa es de Saddam Hussein, la culpa es de Arafat, la culpa es de la carta nacional de la OLP, la culpa es de Hamas, la culpa es de los movimientos islamistas y ahora último del arsenal nuclear de Irán.
En ningún lugar del planeta se asesinan a niños con tanta impunidad, en ninguna parte del planeta se le exige al pueblo ocupado velar por la seguridad del ocupante, ¡qué cosa tan insensata, sínica y poco realista! ¿En qué lugar se encuentra la Izquierda para defender la igualdad, la libertad y solidaridad con el pueblo que ha sufrido en “carne propia” las prácticas de exterminio que provienen del siglo XX y persisten en el siglo XXI? Es cierto que no se puede borrar de un plumazo la nefasta posición de los Gobiernos Árabes, incluidos los estados y gobiernos que se declaran socialistas, para instrumentalizar la causa palestina y sólo para eso, con tal de reafirmarse en el poder y asegurar sus intereses por décadas de décadas.
Un aporte para explicitar esta problemática es generar reflexión crítica para poner en evidencia la contradicción fragante entre el apoyo sistemático del proyecto racista y excluyente judío y, simultáneamente, apoyar el proyecto nacional palestino. Es posible que los grandes proyectos nacionales hayan perdido una cierta vigencia, pero dicha situación histórica no se constituye en una justificación válida para dejar a los palestinos “como carne a la intemperie, a la deriva de sus verdugos”, sujetos a una terrorífica experiencia de encierro, sujeción, control, vigilancia y castigo permanente de sus vidas. Israel ha hecho posible macro socialmente hablando, la consagración absoluta y radical del Panóptico diseñado por Bentham[11].
Una posición ambigua de los Gobiernos de Izquierda al respecto dan cuenta no necesariamente de lo ilegitimo de los valores que encarnan, sino del estado de descomposición en la cual esos valores se manifiestan en la política en sus respectivas dimensiones, puesto que no se ven reflejados en casi ningún sentido. La campaña a favor del boicot en contra de los productos y servicios israelíes[12] es fomentada más bien por militantes, movimientos internacionales y ONGs, principalmente de países más desarrollados, que en general no militan en partidos o movimientos de Izquierda, aunque por su perspectiva de la política y de lo que deben ser las relaciones humanas y económicas, sí lo son. Se debe constatar la brecha existente entre la sociedad civil y los partidos políticos que debieran representar los intereses y demandas de la misma. Más bien los partidos se han convertido en verdaderas “industrias” que “producen” “militantes-burócratas” , con escasa capacidad analítica, para engrosar los diversos estamentos del Estado y en particular los partidos socialistas, laboristas o socialdemócratas han perdido su genuina vocación internacionalista y emancipadora.
La Izquierda se encuentra en una encrucijada que ha llegado por si misma, sin proyecto y eso se refleja en la falta de estrategia, cooperación y coordinación internacional para encarar los problemas de la humanidad, paradojalmente en un momento económico en donde la Globalización Neoliberal ha mostrado graves falencias. Sin duda, Palestina se ha convertido, sin habérselo imaginado, en el centro mismo de las tensiones y conflictos que se presentan en la modernidad. Así como en un lugar de experimentación caótica en el cual se manifiestan y contra manifiestan en su mayor intensidad las teorías y prácticas del fascismo contemporáneo.
¿Será este territorio “sagrado y profanado” a su vez un punto de dislocación para ingresar a un nuevo ciclo humano disruptivo que se rebele en contra de la catástrofe que significan las teorías y prácticas raciales, coloniales e imperiales, de unos sobre otros? Y en este mismo sentido, ¿Se podrá superar el discurso civilizador y policial que ostentan quienes piensan en una supuesta superioridad moral “Occidental” en relación a “Oriente”?
Nicolás Chadud. Es politólogo e investigador.
Nota: El presente documento se ha podido llevar a cabo gracias al aporte generoso, valiente, comprometido y decidido de los miembros del Movimiento Palestino Revolucionario de Esperanza con sede en Shams Yedid e Ibdaa.
NOTAS
[1] Palabra tan de moda en nuestro tiempo. “Gobierno de especialistas y técnicos”.
[2] Que provienen sobre todos de países como Argelia, Egipto, Túnez o Marruecos que sufrieron en “carne propia” el colonialismo y el saqueo desenfrenado de sus recursos, métodos que persisten a través de políticas económicas sofisticadas y fomentadas por las oligarquías internas.
[3] El Partido Laborista israelí, el más importante de su historia, es parte de un Gobierno de “Unidad Nacional” que es integrado por partidos que se encuentran de acuerdo en transferir masivamente a los palestinos fuera de las fronteras, tal como se hizo en 1948 y 1967. A su vez, el Partido Laborista, se encuentra a favor de aplicar leyes que faciliten la expulsión de palestinos. El Partido Laborista israelí es el mejor ejemplo de lo que está convertida la Socialdemocracia de Hoy: aquella que se declara “moderna, laica, progresista, racional”.
[4] Luego de finalizar la segunda Gran Guerra, Estados Unidos de Norteamérica pasó no sólo a ser la gran potencia mundial sino también el país con mayor influencia en la región levantina(Zona de Al Shams) y norte de África(Egipto y Magreb), remplazando el poderío anglo francés que se mantuvo durante décadas.
[5] Antes del nacimiento del Estado sionista ya se excluía a los palestinos y se les negaba el acceso a la tierra.
[6] Según el portal oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado de Israel, una de las principales tareas de las Fuerzas de Defensa Israelí (FDI) es garantizar la seguridad global en la Margen Occidental (Cisjordania) en coordinación con la Autoridad Palestina. “Sus principales tareas incluyen consolidar los arreglos de paz; garantizar la seguridad global en la Margen Occidental en coordinación con la Autoridad Palestina; luchar contra el terrorismo, tanto dentro de Israel como más allá de sus fronteras; y mantener una capacidad de disuasión para evitar el estallido de hostilidades”. Véase en: http://www.mfa.gov.il/MFAES/Facts+About+Israel/EL+ESTADO-+Fuerzas+de+Defensa+de+Israel.htm. Esto hace evidente que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) opera bajo la tutela israelí y que Israel no tiene la más mínima intención de acabar su dominio sobre la nación palestina, como bien apuntaba Edward W. Said.
[7] Son precisamente los (no) militantes o ciudadanos oportunistas los que atentan contra los proyectos que pretenden democratizar la sociedad. Un desafío de la Izquierda en general y la Izquierda palestina en particular, si pretende volver a ser Izquierda, debería aplicar exigentes criterios de selección, ¡si selección!, para rescatar a aquellas personas preparadas que actúan por convicciones, utopías y propósitos colectivos.
[8] Sin un proyecto colectivo realmente diferenciador del libre mercado y de la democracia (no) representativa.
[9] Véase lo siguiente: ¿Es legal el boicot contra los productos israelíes? En http://www.voltairenet.org/article161496.html
[10] Se refiere a Lagos y Bachelet, que comparten militancia en el Partido Socialista de Chile, partido que posee un historial de cooperación y solidaridad mutua con la OLP.
[11] Véase la obra de Michel Foucault.
[12] Por ejemplo, el adiestramiento y “asesoría” de las Fuerzas de Defensa israelíes(FDI) con sus respectivos pares en América Latina y el Caribe para formar verdaderos ecuadores de la muerte, principalmente como un medio para combatir a opositores y defender Golpes de Estados.
Fuente:http://www.hojaderuta.org/ver_articulos.php?id_texto=557&id_revista=41
viernes, 5 de marzo de 2010
Brasil: Crisis del gobierno y de la izquierda
Osvaldo Coggiola
La candidatura presidencial de Dilma Roussef (ex ministra de Minas y Energía, y actual “Jefe de la Casa Civil”, un primer ministro informal) por el PT, fue proclamada por unanimidad en un evento nacional del partido, con presencia de 1600 delegados, y un costo de seis millones de reales (casi cuatro millones de dólares), o sea, 2500 dólares por delegado (en tres días!). El detalle no es secundario, pues retrata a un partido aburguesado hasta la médula de los huesos (hace poco más de dos décadas, los congresos del PT y del movimiento sindical se realizaban en gimnasios, con muchos más delegados, que dormían en colchonetas y habitaciones colectivas).
La candidatura fue impuesta al PT por el presidente (Lula), sin debate en sus instancias orgánicas, que se limitaron a endosarla. Ya no quedó ni un simulacro de democracia (en un partido que nació defendiendo, contra la “vieja izquierda”, la “democracia de base”). En 2002, el pintoresco senador petista Eduardo Suplicy reivindicó elecciones internas, y se autoproclamó pre-candidato (contra Lula), declarando expresamente que lo hacía sin esperanzas, y sólo para que se preservase alguna formalidad democrática, que hoy ni siquiera preocupa. Del programa, ni hablemos: las “instancias orgánicas” se limitan a repetir las declaraciones que el propio Lula va haciendo al calor de los acontecimientos, y a elogiar su gobierno de ocho años. Algún “comité de expertos” redactará, seguramente, algún libreto lleno de vacíos grandilocuentes, acompañado de figuras, gráficos y fotografías. La “izquierda” del PT (AE, Articulación de Izquierda) acompaña la "mise en scène" afirmando que “dos campos políticos y sociales van a enfrentarse en las elecciones presidenciales de 2010: de un lado, las fuerzas de izquierda y progresistas, encabezadas por el PT; del otro, las fuerzas neoliberales de derecha, capitaneadas por el PSDB”. Dilma Roussef, que hasta la víspera de la primera elección de Lula “militaba” en el PDT (un partido burgués de pasado nacionalista, alquilado por sectas evangelistas) coincide con AE, y propone una campaña basada en la comparación de los ocho años (de gobierno) del PSDB, contra los ocho del PT, o sea, un plebiscito.
El “debate” propuesto por Dilma también es una fantochada, pues se concentra en cuestiones secundarias (aumento de 0,4% del PIB en gastos sociales compensatorios, por ejemplo, ignorando una reducción porcentual semejante en gastos en salud, educación y transporte), a las que el PSDB opondría otros índices de la misma magnitud e importancia, pues existe un “consenso” (un acuerdo tácito) entre “progres” y neoliberales en no tocar (apoyando silenciosamente) los centros neurálgicos de las políticas capitalistas de Lula, los 300 mil millones de reales (más de US$ 150 mil millones), 10% del PIB, concedidos al gran capital, en los últimos dos años (en exenciones impositivas, subsidios y otras regalías) para evitar la quiebra de sectores enteros del capital (en especial las grandes plantas automotrices), las renegociaciones ad infinitum de las deudas de latifundistas y grandes debedores de la previsión social, sin hablar de las centenas de miles de despidos provocados por las repercusiones de la crisis capitalista mundial. Pese a la extrema generosidad del gobierno para con el gran capital (que provocó la primera caída de la recaudación fiscal en más de una década), el costo estimado de la crisis, medido en términos de reducción de la producción y desvalorización del capital, ha sido, en el último trimestre de 2008 y todo el 2009, de R$ 220 mil millones (US$ 120 mil millones) sin contar la fuga de capitales, que registró, ya en 2008, un saldo negativo de mil millones de dólares (después de un saldo positivo de casi 88 mil millones en 2007), con un déficit de cuenta corriente de más de US$ 24 mil millones en 2009, y un déficit previsto de 40 mil millones de dólares en 2010. El flujo de capitales externos ha caído casi 50% en 2009; el promedio mundial de esa caída fue de 39% (2,5% en China). O sea, que la “casa brasileña” camina alegremente hacia un défault a la griega, mientras sus políticos (mayoritarios) engañan a los trabajadores discutiendo el mejor color para la pintura de las ventanas. Como en el título de la película, “de eso no se habla”: la supuesta “polarización” izquierda (PT) / derecha (PSDB), propuesta por la “izquierda petista” (y aceptada por buena parte de la izquierda no petista), es una falacia de primera magnitud, y un crimen político contra la nación y los explotados.
Aprobada la candidatura de Dilma, los sondajes inmediatamente aumentaron su porcentaje de votos para 28%, casi emparejando con la intención de voto del candidato derechista (PSDB) José Serra, que cayó al 32%. Si a los 28% de Dilma-Lula se le suman los 12% de Ciro Gomes (PSB) y los 8% de Marina Silva (ex ministra petista de medio ambiente, candidata presidencial por el Partido Verde, fruto de una oscura maniobra política) tendríamos un “frente progre” con casi 50% de las intenciones de voto, sin contar los votos del “Frente de Izquierda” encabezado por el PSOL (con el PSTU y el PCB), con Heloísa Helena como candidata presidencial, en 2006 (7%). Un panorama aparentemente rosado para la “izquierda progresista”, con todos los escándalos de corrupción (desde el “mensalão” de José Dirceu, hasta el monumental sistema de robos del “coronel” marañense - y ex-presidente - José Sarney, del PMDB, que Lula se encargó personalmente de auxiliar) de sus ocho años de gobierno, debidamente enterrados a seis palmos. ¿Fin de la crisis política? En realidad, sólo su comienzo, siendo Lula el primero a saber que la supuesta “marolinha” (olita) de la crisis económica puede transformarse, combinada con la crisis política, en un tsunami de proporciones inéditas.
El PMDB, partido que suministra la base parlamentaria de apoyo a Lula, anunció de inmediato su intención de que el Vice de Dilma fuese Milton Temer, jefe del partido, a lo que Lula declaró su inmediata oposición. La cuestión del Vice, aparentemente secundaria, puede desatar la crisis del “frente progre”. Sucede que el PMDB, una enorme (y precaria) articulación de gobernadores represivos, diputados corruptos, intendentes cleptómanos y chorros de todos los matices, originada bajo la dictadura militar, ya preside la Cámara de Diputados y el Senado, es el partido con mayor control de alcaldías (más de 1200, contra 550 del PT) y, con la vice-presidencia del país, pasaría a controlar las palancas decisivas del poder político, sin desgastarse en una elección presidencial, y escudándose en la popularidad y votos de Lula. En cuanto al poder económico, el PMDB controla seis ministerios (con presupuesto de 150 mil millones de dólares) incluido el de mayores recursos (Minas y Energía, con 80 mil millones de reales), lo que le permitió, con su poder de nombramientos, controlar un porcentaje mayor que el del PT de la parte estatal (40%; el resto está distribuido entre accionistas, en especial fondos de pensión norteamericanos) de la Petrobrás, la más grande empresa del país (y una de la diez más grandes del mundo, con facturamiento bruto de R$ 285 mil millones, y 175 mil millones de dólares de inversiones previstas hasta 2013). La presidencia, y responsabilidad política, de la Petrobrás, está a cargo de José Sergio Gabrielli, del PT.
Este “gran aliado” del PT, cuyo jefe parlamentario (Sarney) fue salvado del impeachment (y hasta de la cárcel) por el propio Lula, ha hegemonizado (después de rechazarla de palabra) la CPI (comisión parlamentaria de investigación) de la Petrobrás, esto es, de desmoralización de su presidencia petista, comisión llamada de “antipatriótica” por Lula, y que el PMDB usa como una espada de Damocles sobre el gobierno del ex-metalúrgico. Una investigación periodística reveló que la Petrobrás gastó, sin licitación pública, R$ 47 mil millones (37% de sus gastos) en los últimos seis años, lo que dejaría al “mensalão” reducido al tamaño de un hurto de salame en el supermercado.
El chantaje de la CPI petrolera está al servicio de una maniobra mucho más amplia, de alcance internacional. Como es sabido, han sido descubiertas importantes reservas petroleras en la llamada “camada pre-sal” del mar territorial, estimadas entre 100 y 300 mil millones de barriles, lo que cubriría el consumo del país hasta el 2060, y dejaría amplio margen para la exportación (las reservas actuales del país no superan los 12 mil millones de barriles; las reservas estimadas de Arabia Saudita, las mayores del mundo, son de 264 mil millones de barriles). Después de la quiebra del monopolio estatal, adoptada por el gobierno derechista de F. H. Cardoso, Brasil adoptó el sistema de concesiones, vía subasta, al sector privado, que el “progresista” Lula mantuvo. En 10 años, Brasil entregó más de 500 bloques de explotación a 72 grupos, mitad de ellos extranjeros, siendo uno de los países que menos recibe en concepto de royalties y participación en los beneficios (54%, contra 95% de Libia, 80% de Nigeria o Angola, 78% de Noruega, etc.). El PMDB no está sólo con la mira puesta en el manantial de “recursos” de la gran petro-vaca lechera del Brasil, sino también en las comisiones espectaculares garantizadas por la intermediación de los contratos con los pulpos internacionales del petróleo.
Está planteada una cuestión de soberanía nacional de primera magnitud. Lula, ya en campaña electoral, ha adoptado un aire nacionalista, defendiendo la constitución de una empresa estatal (una “Petrosal”), con participación obligatoria en todos los negocios y explotaciones futuras. Además de demagógico (Lula ya adoptó un tono “izquierdoso” en la campaña electoral del segundo turno de 2006, después del susto que llevó en el primero, en el que esperaba más del 50% de los votos), el planteo es recontralimitado, pues nada garantiza (al contrario, todo favorece) que la eventual nueva empresa no se transforme en una estatal trucha, como la Petrobrás. Ildo Sauer, profesor de la USP y ex director de gas y energía de la Petrobrás (dimitido por Lula y sus amigos del PMDB) ha planteado un plebiscito en favor de la retomada del monopolio estatal del petróleo (acabando con la “herencia maldita” de FHC) y la reestatización de la Petrobrás (sin aclarar si sería comprando las acciones de los privados, o nacionalizando sin indemnización). Una campaña por el monopolio estatal sobre todos los recursos naturales, y por la renacionalización de la Petrobrás bajo control obrero, única garantía de soberanía efectiva, plantearía la cuestión nacional en el terreno de la lucha de clases, y le daría la dimensión latinoamericana que la pseudo-izquierda usa de modo demagógico. El PSOL, centro de todos los debates acerca de una alternativa de izquierda a Lula-Dilma, endosa el planteo del profesor uspiano.
El otro punto de la demagogia preelectoral es (o, tal vez, era) la reactivación de la Telebrás, otra estatal trucha, para ofrecer al público servicios de Internet de banda ancha a R$ 10 mensuales por cabeza (“inclusión digital”, como se dice ahora), en un Plano Nacional de Banda Larga (PNBL). Las telecomunicaciones fueron privatizadas bajo el gobierno de FHC. La Telebrás, sin embargo, continuó cotizada en Bolsa, y ha acumulado una milagrosa valorización de sus acciones en... 35.000%. La red que le permitiría “universalizar” la banda ancha serían 16.000 km. de cabos de fibra óptica, en poder de una empresa (Eletronet) que declaró quiebra en 2003, primer año del gobierno de Lula, con deudas de R$ 800 millones. El ministro de Economía (Mantega) declaró que no existe definición acerca de si el gobierno asumirá esa deuda para recuperar los cabos. El procurador general de la nación, sin embargo, declaró que el gobierno ya depositó R$ 270 millones como garantía... lo que los acreedores niegan. El ministro de Comunicaciones (oh casualidad, del PMDB) ya declaró su oposición al PNBL y a la reactivación de la Telebrás. Y en el medio de la historia reapareció... José Dirceu, el ex-ministro y ex-diputado petista destituido de todos sus cargos por financiamiento ilegal de diputados, “reactivado”, este sí, como dirigente del PT, y contratado por la Eletronet (quebrada!) por módicos 400 mil dólares, para prestar “asesoría” (!). El esquema (valorización artificial de acciones y desvío de fondos públicos) apunta hacia el financiamiento ilegal de la campaña electoral de Dilma Roussef (especialidad del ex-ministro y ex-diputado). La oposición derechista ya entró con pedido de CPI, ahora de la Telebrás. El PMDB, nuevamente, deshoja la margarita, metiendo un cuchillo en la voluminosa barriga de Lula, además de la espada que ya tenía sobre su cabeza. Todo el proceso electoral amenaza con transformarse en un (gigantesco) caso policíal, llevando a una crisis institucional (de régimen). El PCB, candidato a la “reactivación” del “Frente de Izquierda” del 2006, ya reivindica el pasaje a un sistema parlamentarista, o sea, la transferencia del centro de poder del mini-grupo gangsteril presidencial a la gran banda mafiosa parlamentaria.
Esta crisis debería llevar al fortalecimiento de la izquierda, pero sucede todo lo contrario. Heloísa Helena (PSOL) ha renunciado a la candidatura presidencial para garantizar su elección como senadora en Alagoas. No se limitó a eso, sino que también declaró (sin consultar a nadie) su apoyo a la candidatura Marina Silva (PV), 100% burguesa, por su programa y base social, sin contar su función de línea auxiliar de apoyo a Dilma Roussef, contra la derecha, pero sobre todo contra la izquierda. En el mejor estilo del seguidismo petista a Lula, la dirección del PSOL salió a buscar un acuerdo electoral explícito con el PV, con la reducción al mínimo de su anterior programa mínimo. La dirección del PV (incluído el hijo de José Sarney, “Zequinha”, que sigue las huellas de su padre, cuida de las inmensas propiedades familiares en su feudo de Maranhão, y representa al eco-feudalismo) rechazó cualquier acuerdo. La izquierda del PSOL comenzó a lanzar candidaturas alternativas (Plinio de Arruda Sampaio, Babá), cosa que también comenzó a hacer la derecha del partido, lanzando nombres ignotos, frente al fracaso de las negociaciones con el PV. Y la convención electoral del partido fue postergada ya dos veces.
Frente a esa crisis total, el PSTU lanzó la candidatura de Zé Maria (metalúrgico, ex dirigente de la CUT y actual coordinador del agrupamiento sindical Conlutas) como “pre-candidatura obrera independiente”, al mismo tiempo proponiendo la reactivación del Frente de Izquierda con el PSOL y el PCB, y declarando que su candidata presidencial debería ser... Heloísa Helena, como si ésta pudiera ser la “candidata obrera independiente”, después de declarar su preferencia explícita por una candidatura burguesa. La confusión política es la más completa, e incluye todas las variantes de la izquierda brasileña.
Desde 2009, frente a la crisis y los despidos, se ha producido un repunte de las luchas obreras, inclusive en sectores estratégicos, pero todavía lejos de una ofensiva de clase. Grandes categorías de asalariados, como metalúrgicos, bancarios, petroleros (estos, por primera vez en huelga en 14 años, después de la derrota de 1995, en 17 plantas y refinerías), obreros de la construcción, Correos, cruzaron los brazos y ganaron las calles en defensa de sus salarios y reivindicaciones. Los agrupamientos Conlutas e Intersindical, independientes de la CUT y de las demás (seis) centrales sindicales, burocratizadas y progubernamentales, han sido los más activos en esas luchas, y convocan para el mes de junio, en Santos, a un Congreso Nacional de la Clase Trabajadora (Conclat) para crear una central sindical y popular clasista (lo de “popular” se refiere a la presencia, además de sindicatos y oposiciones antiburocráticas, de movimientos barriales, estudiantiles y campesinos). Está claro que está planteada la adopción de un plan de lucha nacional por el salario, contra los despidos y por la escala móvil de horas de trabajo, por la independencia clasista de las organizaciones obreras, por la reforma agraria y urbana y por la defensa de las ocupaciones de tierra, especialmente en el Norte-Nordeste, donde las ocupaciones están siendo objeto de un masacre militar-policial en regla, capitaneado por el gobierno petista de Pará.
La tendencia de las corrientes políticas metidas en ese proceso (PSOL y PSTU especialmente, pero no sólo ellas, sin contar que “PSOL” es una sigla que abriga corrientes de las más diversas, que actúan de modo independiente y contradictorio) será substraer la cuestión político-electoral de los debates - no está en el temario -, lo que significaría someter nuevamente los trabajadores a enjuagues políticos burocráticos hechos a sus espaldas, en momentos en que se configura una crisis política profunda, que determinará el destino de los explotados. El Conclat estará puesto frente a la necesidad objetiva de fijar una política independiente para la clase obrera y los explotados, rechazando toda candidatura electoral, a cualquier cargo, que no esté comprometida, política, programática y organizativamente, con las organizaciones obreras y sus asambleas. Esto dependerá de la participación de la clase obrera organizada, y de la efectiva democracia de los debates.
El futuro político del Brasil es determinante para todos los explotados de América Latina. La experiencia del PT, de su gobierno y su aburguesamiento reaccionario, y de su crisis, implica a casi todas las variantes de la izquierda continental y mundial, para las cuales la lucha de clases en Brasil será un test decisivo a escala internacional.
lunes, 12 de octubre de 2009
Berlusconi y la sociedad italiana
12-10-2009
Guillermo Almeyra
La Jornada
Silvio Berlusconi, como dicen los italianos, posiblemente è cotto (o sea, está ya cocinado), pero el verdadero problema no es él sino las condiciones sociales y las relaciones de fuerza que lo han hecho posible y le han dado una sólida mayoría que le permitió ser primer ministro en cuatro ocasiones y, por otra parte, la recomposición del bloque político-social del bloque de la derecha que lo está marginando tal como una corriente de agua fuerte margina un desecho flotante.
Porque es cierto que el individuo es un corrupto que hizo su fortuna con la mafia y con el poder, es un pervertido y amoral y, además, un payaso, pero lo era también cuando los poderes fácticos, arrastrando detrás de sí media Italia, votaron por él y en cuatro ocasiones le dieron el cargo máximo del Estado. A Berlusconi no lo están minando tanto sus escándalos financieros (que no son nuevos ni recién conocidos) ni su vida de emperador del Bajo Imperio romano constelada de prostitutas, proxenetas y de amantes menores de edad, ni sus relaciones con la mafia. Esos escándalos no sorprenden a los italianos, que los conocieron ya hace decenios con los democristianos y con el gobierno del socialista Bettino Craxi, con el cual comenzó a hacerse rico el actual candidato a la cárcel; es más, incluso un importante sector popular vota por Berlusconi no a pesar de dichos escándalos sino precisamente por ellos, porque de ellos se beneficia, como se beneficia con la mafia y la camorra, y porque su código moral no los condena. Lo que los franceses elegantemente llaman affaires de cu (es decir, el uso libertino del culo propio y de los ajenos) tampoco escandalizan a millones de machistas y de misóginos, y de machismo y misoginia están llenas la gran prensa popular y las principales revistas ilustradas mientras la pornografía adorna todos los kioscos de periódicos y en los colegios todos los días hay casos de alumnos que filman estupros de sus compañeras o coitos para colgarlos en Internet.
El racismo y la xenofobia han envenenado ya la mente de millones de italianos e incluso de obreros y no faltan cotidianamente los más odiosos crímenes racistas contra inmigrados ni el tratamiento racista de las noticias en los diarios serios. La mafia fue siempre un puntal de un padre de la patria tres veces pimer ministro y 11 veces ministro, el democristiano Giulio Andreotti, a quien también sostuvo en su momento el Partido Comunista italiano.
Por lo tanto, aunque media Italia repudia a Berlusconi, sobre todo por su política racista, antiobrera, favorecedora del gran capital, y encuentra en sus robos y su corrupción motivos para querer sacárselo de encima, no es solamente ese repudio lo que está acabando con la carrera política de Il Cavaliere. Porque 200 mil personas que manifiestan contra él en Roma no ocultan el hecho de que esa misma ciudad tiene un alcalde fascista, culpable de matonismo y terrorismo en el pasado, que fue elegido por mayoría popular en una elección muy reñida y concurrida.
¿Por qué entonces Berlusconi se está esfumando como el gato de Alicia en el país de las maravillas? En primer lugar, porque ya no sirve ni al gran capital, que está ligado al capital financiero internacional, ni al Vaticano. El primero habla violentamente en su contra mediante el Financial Times, The Wall Street Journal, The New York Times, pero también, en Italia, por el grupo empresarial que edita La Repubblica y el segundo le ha retirado el apoyo y le cava la tierra bajo los pies mediante el órgano oficial de la curia, Avvenire. Por su parte la Confindustria (la organización de los grandes empresarios) también lo ha abandonado. El aventurero ha causado demasiados daños a la economía italiana y ha aislado a la Italia del establishment de la Europa capitalista, que es indispensable para sacarla del desastre. También ha espantado a la curia, que está demasiado empantanada en los casos del cura Maciel y de la pederastia en los colegios católicos de todos los países como para permitir que el hijo dilecto de la Iglesia, el que ostenta sus siete tías monjas, aparezca desnudo en las tapas de las revistas rodeado de prostitutas bastante baratas. Por lo tanto, Berlusconi está herido por el fuego amigo, es decir, por una disputa interburguesa y por la lucha sorda que combate contra él, en la mayoría y en el gobierno, el fascista Gianfranco Fini, presidente de la Cámara de Diputados, que aspira a sustituirlo. Fini, con el apoyo de los democristianos de derecha, del Vaticano, de la gran industria y de los financieros, busca crear un gran partido del orden, de tipo democristiano de derecha, que establezca reglas del juego capitalista y una ficción de moralidad y de normalidad indispensable tanto para los negocios como para la dominación.
Ante Berlusconi –si éste se viese obligado a huir al extranjero para no ser encarcelado como le sucedió a su padrino Bettino Craxi, también popular y aparentemente poderoso primer ministro– no aparece la sombra de una opción de izquierda, por moderada que sea, porque tal izquierda no existe: lo más probable es un gobierno de derecha ultraconservadora y clerical que blanquee el prostíbulo actual. Eso, de todos modos, llevaría a nuevas elecciones que podrían reservar sorpresas para los conspiradores, ya que Fini no tiene la popularidad de Berlusconi y el centralismo nacionalista de los fascistas choca con el cuasisecesionismo regionalista y antitaliano de la Liga Norte. Pero a favor de la derecha juega el factor de que Italia, por su papel secundario en Europa, la fragilidad de su economía, por el peso del Vaticano, y por la complicidad de Togliatti y el Partido Comunista italiano con los valores capitalistas, jamás tiró a la basura la putrefacta placenta del fascismo.
http://www.jornada.unam.mx/2009/10/11/index.php?section=opinion&article=030a1pol
domingo, 28 de junio de 2009
¿De qué es síntoma Berlusconi?

SAMI NAÏR
27/06/2009
Italia, democrática y culta, está hoy gobernada por la demagogia. Gracias a su control del poder mediático y su cultivo de las bajas pasiones, Il Cavaliere ha explotado la decadencia de los grandes partidos políticos
Hemos visto cómo funcionan los totalitarismos del siglo XX y sabemos con toda claridad y exactitud a qué atenernos. Si el Mal pudiera tener un único sentido en política tendría probablemente éste. ¿Debemos, sin embargo, cerrar los ojos ante las aberraciones que se producen regularmente en el centro de democracias consensuales?
La desaparición de la Democracia Cristiana y del Partido Comunista dejó el campo libre
Ninguna democracia está exenta del surgimiento de fenómenos parecidos al berlusconismo
De George W. Bush a José María Aznar, pasando por Tony Blair, hemos tenido que soportar recientemente a unos dirigentes que no dudaban a la hora de sortear las reglas más elementales de la moral para justificar la violación del derecho internacional. Es verdad que tanto americanos como españoles y británicos han echado finalmente, y sin contemplaciones, a esos hombres culpables de perjurio. Pero Italia sigue padeciendo las extravagancias de Silvio Berlusconi y los males de su sistema. Ante él, nuestros amigos intelectuales italianos están desmoralizados, aplastados por algo que están viviendo como una auténtica maldición.
Es inútil recordar con detalle los rasgos, hechos y palabras del personaje: megalómano, vulgar, despiadado con sus adversarios, retorcido e hipócrita con sus aliados, manipulador, amoral y, sobre todo, frívolo, de una frivolidad que lo convierte en impermeable a la vergüenza y al ridículo. Pero es un hombre de negocios prudente, un político astuto, que utiliza su imperio mediático básicamente para fomentar los más bajos instintos de los sectores de la población que le brindan su apoyo.
¿Cómo ha podido llegar hasta aquí el país de Dante y Petrarca? El fenómeno Berlusconi tiene lugar en una sociedad que no sólo es democrática y moderna, sino que también está asentada en una larga tradición cultural. Todos los ámbitos de la inteligencia y de las artes han sido fecundados por el genio italiano: la literatura, la creación pictórica, el cine, la ciencia. Ahora bien, Berlusconi parece que representa lo contrario a toda esa tradición. ¿Por qué entonces sigue ganando elecciones?
Hay dos características de la actual situación en Italia que pueden ayudarnos a avanzar hacia una respuesta. La primera está relacionada con el significado ideológico del "berlusconismo". Lo veamos como lo veamos, el discurso berlusconiano se muestra siempre como la expresión de una voluntad de poder irracional, de tipo casi nietzscheano, surgida brutalmente en el corazón mismo del sistema político italiano. Puesta en escena por el comportamiento de Il Cavaliere, dicha voluntad de poder es inyectada diariamente en el imaginario de la sociedad a través de su imperio mediático. Éste, a su vez, se parece de facto a una suerte de poder "totalitario democrático", si semejante fórmula no fuera contradictoria en sí misma. Pero, ¿no es Berlusconi el propietario legal de este inmenso imperio puesto al servicio de sus ambiciones políticas? ¿No es, aquí, el poder del dinero la base democrática de la voluntad de poder?
Esta situación, de la que todo el mundo es consciente en Italia, viene provocada por la destrucción dramática del sistema de partidos que dominó la vida política durante el último medio siglo. Varios son los factores que han conducido al debilitamiento estructural tanto de las instituciones estatales como del poder de las leyes (hechas, deshechas y rehechas según las necesidades de la voluntad de poder berlusconiana): la disgregación de los grandes bloques políticos, la emergencia de fuerzas minoritarias que han formado alianzas coyunturales, la existencia de un sistema electoral fabricado para que sea imposible crear mayorías amplias y portadoras de programas con vocación estructural, la corrupción localizada en el seno de las políticas públicas con el fin de engendrar lealtades paralelas a la legalidad (clientelismo, zonas de sombra para las actividades mafiosas en la economía...).
La maquinaria berlusconiana se ha compuesto así en el espacio que históricamente dejaron libre, por su desaparición, la democracia cristiana y la izquierda reformista de aquel entonces, encarnada por el difunto Partido Comunista. De estas dos grandes formaciones políticas, queda sólo una derecha disgregada, rota, y una izquierda impotente, que ha ido transformándose en centro-izquierda para acabar hoy convertida en un magma sin identidad definida.
Desde hace casi 20 años, el berlusconismo ha desempeñado fundamentalmente el papel de sustituto de la decadencia de los grandes partidos políticos. Ha introducido una forma de hacer política que no tenía precedentes en Italia desde el fin del fascismo, basada íntegramente en un populismo reaccionario y trivial, típico de los partidos de la extrema derecha tradicional. Entre el racismo de la Liga Norte de Umberto Bossi y el neofascismo soft y empalagoso de Gianfranco Fini en el sur, Berlusconi ha añadido una nota propia: ataques constantes al poder judicial, odio visceral hacia el mundo del espíritu, conversión de los inmigrantes en chivos expiatorios... Este conglomerado de partidos, cimentado sólo para la conquista y conservación del poder, se apoya sin embargo en los estratos de la sociedad que tradicionalmente sostienen a los regímenes autoritarios: clases medias comerciantes, alta aristocracia financiera, bajo proletariado, asalariados abandonados por la izquierda.
Ante eso, la sociedad civil italiana reacciona desde luego con algunos grandes nombres y formando partidos políticos que prometen (como Italia dei Valori del ex magistrado Di Pietro), pero, al carecer de fuerza política de futuro, parece que acabe entregada a sí misma y en la impotencia. La Iglesia católica, concretamente en el norte, se inscribe dentro de ese movimiento de resistencia, prestando ayuda a los inmigrantes y extranjeros frente al odio que los rodea.
La segunda característica que también puede explicar la preeminencia política de la voluntad de poder berlusconiana se refiere al debilitamiento de las condiciones de expresión de la voluntad general en Italia. La existencia de un sistema electoral basado en la representación proporcional integral supone la disolución de la voluntad general en una multitud de voluntades que acaban anulándose. Además, todas las reformas del sistema electoral impuestas por Berlusconi buscan el mismo objetivo: reproducir hasta el infinito la fisiparidad del sistema representativo, favorecer el estallido de la expresión de la voluntad general, generar impotencia política en el contexto de la superpotencia de su imperio mediático.
Dicho de otra forma, el sueño berlusconiano consiste en que la voluntad general deje de ser el resultado de la competición deliberativa entre los partidos políticos y pase a ser asunto del poder mediático, que él controla casi por completo.
La incapacidad que demuestra el modelo político italiano para crear una voluntad general coherente no es la única consecuencia de la existencia de un sistema electoral particularmente nefasto. En realidad, la cuestión de fondo estriba en la descomposición prolongada, desde hace casi 20 años, de las élites políticas y culturales italianas de derechas y de izquierdas. El berlusconismo se manifiesta ante todo como el síntoma de tal descomposición, pero como su base social es ampliamente popular, parece evidente que la responsabilidad de la izquierda italiana también es aplastante.
La principal consecuencia de esta situación es más grave de lo que parece. La disgregación de la voluntad general mayoritaria, unida a la emergencia de la voluntad de poder berlusconiana, conduce de pleno a uno de los vicios más letales de la democracia, denunciado en la Antigüedad griega por Aristóteles: la transformación del sistema democrático en un sistema demagógico. Porque la demagogia, además de ser lo contrario a la ley democrática del término medio, es también la forma de expresión privilegiada de todos los populismos.
A buen seguro que el pueblo italiano se librará de la anomalía berlusconiana. Pero esta experiencia también debe hacernos comprender que ninguna democracia queda exenta del surgimiento de fenómenos parecidos al berlusconismo italiano, cuando descuida la lógica profunda de sus instituciones.
Traducción de M. Sampons.
Sami Naïr es profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.