05-05-2010
Karl Müller
Mondialisation.ca
Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
Al adherirse a las Naciones Unidas 192 Estados del mundo asumieron los siguientes compromisos:
• “Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz”
• “Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otras medidas adecuadas para fortalecer la paz universal”.
En la Carta de las Naciones Unidas concerniente a los deberes de los Estados miembros se afirma además:
• “Los miembros de la Organización arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos, de tal manera que no pongan en peligro la paz y seguridad internacionales”.
• “Los miembros de la Organización se abstienen, en sus relaciones internacionales, de recurrir a la amenaza o al empleo de la fuerza, sea contra la integridad territorial o la independencia política de todo Estado, sea de cualquier otra manera incompatible con los objetivos de las Naciones Unidas” .
El hecho de que algunos Estados, miembros de las Naciones Unidas, hayan contravenido en muchas ocasiones estas disposiciones no dispensa al mundo actual de estos compromisos. Bien al contrario: todas las guerras que se han llevado a cabo desde la Segunda Guerra Mundial han demostrado de manera cruel hasta qué punto era verdad lo que en 1945 los miembros fundadores de las Naciones Unidas había escrito en el inicio del preámbulo de la Carta: “Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que por dos veces en el espacio de una vida humana ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles”.
¿Es compatible con estos principios el hecho de que representantes de gobiernos y medios de comunicación ataquen verbalmente con virulencia a un país y no excluyan emprender una guerra contra él?
Esto es efectivamente lo que está ocurriendo desde hace varios años con Irán y con nuevas fuerzas en las últimas semanas y meses.
No se tiene en cuenta el hecho
• de que no es el gobierno iraní quien afirma desde hace años no querer poseer armas atómicas, sino los inspectores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), del mismo modo que los servicios de inteligencia no pueden aportar ninguna prueba tangible de un programa de armas atómicas por parte de Irán. Los informes actuales de los servicios secretos estadounidenses incluso han atestiguado que Irán no lleva a cabo un programa de armas atómicas. Algunos enemigos de Irán incluso pretenden que no se trata de demostrar la existencia de semejante programa, sino que es a este país a quien le corresponde demostrar que no lo tiene. Pero, ¿cómo puede ser esto posible cuando todo lo que Irán presenta como prueba se pone en tela de juicio?;
• de que los medios de comunicación occidentales presentan de manera errónea las declaraciones del presidente iraní concernientes a Israel y de que no se conocen planes de guerra de Irán contra Israel;
• de que probablemente existen planes de guerra israelíes contra Irán (e incluso planes de Estados Unidos), aun cuando la Carta de las Naciones Unidas prohíba todo acto de agresión;
• de que Irán es amenazado con una intervención de guerra por parte de otros países, incluso por parte de altos oficiales alemanes. Se ha hecho público el manuscrito del discurso del general alemán de la OTAN, Karl-Heinz Lather, pronunciado en Bonn ante la Comunidad de soldados católicos el 25 de marzo, precisamente durante el Día Mundial de la Paz 2010: “Además, la comunidad internacional [de hecho, los Estados miembro de la OTAN] podría verse obligada a intervenir militarmente si Irán no renuncia a sus ambiciones de armamento atómico. Parece que la acción política, la diplomacia y las sanciones no aportan solución alguna”. A continuación añadió (en contra de las obligaciones de la Carta de la ONU) que “los Estados y gobiernos [los de la OTAN] en general aceptan [por consiguiente, no siempre] un mandato de las Naciones Unidas como condición para una intervención militar [lo que, según él, no es el caso obligatoriamente];
• de que las propuestas sometidas a Irán no respetan la igualdad de derechos de todos los Estados inscrita en la Carta de las Naciones Unidas. Se ha sometido a Irán a unas exigencias sin ningún fundamento en el derecho de los tratados relativos a lo nuclear, algo que las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU respecto al programa nuclear iraní no pueden ocultar;
• de que Estados que, como Israel, Pakistán e India, se niegan a someterse al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) y disponen de un enorme arsenal de armas nucleares no son obligados a acatar dicho Tratado (por no hablar de las cinco potencias nucleares “oficiales”, que también han firmado el TNP y se han comprometido a reducir sus arsenales nucleares, incluso a suprimirlos, pero que están muy lejos de hacerlo). También en esto existe un doble rasero;
• de que no es la “comunidad internacional” quien presiona a Irán sino sobre todo Israel, Estados Unidos y la Unión Europea, los cuales se han unido contra Irán y presionan a los demás países para que estos se sometan a su voluntad. La mayoría de los Estados y de los gobiernos, como por ejemplo los 118 miembros del Movimiento de los Países No Alineados, consideran de manera diferente la política de Irán y estiman que hay una posibilidad de mantener relaciones con este país y de resolver los conflictos, con lo que se desmarcan claramente del bloque político de los tres países antes mencionados, los cuales, en última instancia, sólo representan una pequeña minoría en el conjunto del mundo.
No evocaremos aquí las verdaderas razones de los planes de guerra contra Irán. Nos contentaremos con señalar que toda esta agitación guerrera es alarmante para cualquier persona que se interese razonablemente por este problema. También es cierto que todos aquellos que amenazan a Irán no quieren necesariamente la guerra. Sin embargo, allanan el terreno a este pequeño grupo de países que quieren esta guerra, en violación de la Carta de las Naciones Unidas.
Es particularmente inquietante constatar que no se oye ninguna voz contraria en estos gobiernos y estos medios de comunicación. No existe debate alguno, se contentan con bailar al son que ellos tocan aún cuando este son no tenga nada que ver con la verdad. Únicamente se les empuja para que apoyen unos proyectos políticos inconfesables.
Esta voluntad de ignorar la Carta de las Naciones Unidas no es un delito menor. Es exactamente un intento de dañar el esfuerzo de los pueblos y de los Estados de vivir en paz y en la justicia. Es una amenaza para la humanidad y por ello dentro de la comunidad internacional son muchas las personas que no quieren seguir esta vía.
En el curso de los últimos veinte años se han desencadenado varias guerras en contra de la voluntad de la comunidad internacional, con unas consecuencias dramáticas tanto para las víctimas como en lo que concierne a los costes de dichas guerras. Por consiguiente, es importante reflexionar sobre la manera de impedir una nueva guerra y sobre los medios que tenemos a nuestra disposición para hacer respetar el derecho internacional, y ello para todos los Estados.
Fuente: http://www.mondialisation.ca/index.php?context=va&aid=18902
miércoles, 5 de mayo de 2010
La campaña contra Irán y el derecho internacional
martes, 5 de enero de 2010
Los estados son los «señores de los Tratados»
El alto funcionario bruselense José Manuel Barroso y el presidente checo elegido, Vaclav Klaus.
por Karl Müller
La Unión Europea recnooce un " déficit democrático ", sin embargo, no abandona sus viejos demonios.
Una campaña de desinformación fuelanzada contra el presidente de un Estado miembro para forzarlo a ratificar un tratado.
Los elegidos del Pueblo, cuando no comparten el punto de vista de Bruselas, deben someterse o dimitir.
«¿Qués lo que quieren que vote la gente?»
Esto respondió el entonces ministro alemán del exterior, Joseph Fischer, el 28 de febrero de 2004, en un reportaje del «Berliner Zeitung».
La pregunta fue, ¿Qué tenía él en contra de un referendo alemán sobre el planeado contrato de la UE en aquel momento?
Fischer ni siquiera consideró necesario fundamentar objetivamente su punto de vista.
El método de Fischer se ha impuesto mayoritariamente dentro de la UE. Sin tener reparos frente a los estados democráticos, los jefes de estado y de gobierno de los 27 países miembros, después de su fracaso en los referendos de Francia y Holanda, retocaron un poco el acuerdo, le dieron entonces el nombre de Tratado de Lisboa y negaron a sus pueblos el derecho a votar. Sólo en Irlanda no fue posible.
Después de cinco años y medio, en octubre de 2009, se hace evidente cómo, por medio de una acción concentrada, se quiere obligar al presidente electo de un país miembro, quien tiene dudas sobre el planeado Tratado de Lisboa, a cambiar de opinión. Dudas que, por otro lado, comparten millones de europeos.
En la campaña contra Václav Klaus participaron también los medios mainstream. Por ejemplo, el «Frankfurter Rundschau» alemán. En un artículo del 16 de octubre, el presidente electo es presentado como un hombre a quien le gusta estar «solo en contra del mundo»; un hombre en el «rol de un excéntrico» que también en su propio país «entre tanto sería bastante discutido». Sus ideas sobre libertad serían «desenfrenadas», tiene una »tendencia misionera», muchos checos «se burlan de él» y sólo deja tras de sí «platos rotos» … En los otros medios es similar.
También políticos de la UE participan en la campaña. El «Sunday Times» británico informó el 11 de octubre, que un parlamentario alemán de la UE, el político del SPD Jo Leinen, exige un «proceso de suspensión del cargo» contra el presidente checo. El lenguaje es revelador: diplomáticos alemanes y franceses piensan que «el obstáculo Klaus debe sacarse de por medio».
Y el más alto funcionario del momento en la UE, el presidente de la comisión, Barroso, también opina que podría amenazar al presidente electo de un país, y decidir lo que es «inconcebible», «absurdo» o incluso «surreal». Así calificó Barroso a las consideraciones de acceder a las propuestas del presidente checo, para realizar cambios en el Tratado de Lisboa. También deberá ignorarse lo que el Tribunal Constitucional alemán estipuló claramente:que los estados miembros son los «deciditorios de los acuerdos» y no los comisarios en Bruselas. Y debe recordarse también lo que estipula el artículo 63 de la constitución checa: «El presidente negocia acuerdos entre los estados y los ratifica.» O no. Y en este caso el acuerdo no entra en vigencia.
¿Por qué la UE no se toma el tiempo para un debate democrático? ¿Por qué tanto apuro? ¿ Los de arriba en la UE le temen a los referendos como el diablo al agua bendita? El posible próximo jefe de gobierno británico – según las últimas encuestas – ha prometido a los votantes que, en caso de ganar las elecciones, va a hacer votar a los británicos sobre el Tratado. El actual primer ministro ha negado ese derecho a la población, porque sabe que el Tratado no tendría mayoría en su país.
Si Europa quiere recuperarse, la cuestión sobre la democracia debe estar en el orden del día. Elites incapaces de ser democráticas, no son una perspectiva para una Europa que quiere aportar algo para la comunidad humana, la paz, y la justicia en el mundo. Las personas a las que se respeta y protege su dignidad, deben poder decidir por sí mismas, cómo quieren vivir y configurar su destino. Sólo así es posible un desarrollo duradero. P.S.
Karl Müller
viernes, 23 de octubre de 2009
Negociar con Irán en base al derecho
por Karl Müller
http://www.voltairenet.org
En momentos en que las negociaciones P5 con Irán sobre el programa nuclear de ese país están a punto de reanudarse, Karl Müller se pregunta cuáles son las intenciones de los diplomáticos. ¿Los cinco interlocutores de Irán están interesados en obtener garantías de que el programa nuclear civil iraní no oculta un programa militar o están tratando de provocar una escalada hacia la guerra?
En política, la moral consiste, en primer lugar, en respetar el derecho y aplicarlo, en crear y garantizar condiciones conformes al derecho. Entre las naciones excesivamente armadas de este planeta hay dos Estados, Estados Unidos e Israel, que al igual que sus gobiernos y aliados se han distinguido durante los últimos años por su desprecio hacia el derecho internacional, probando así el carácter esencialmente imprevisible de sus acciones y sumiendo el mundo en un permanente estado de tensión y enfrentamiento. Los Estados antes mencionado han violado concientemente y de forma flagrante la Carta de las Naciones Unidas, que estipula en su artículo 2, párrafo 4, que «los miembros de la Organización se abstienen, en sus relaciones internacionales, a recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza, ya sea contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado o por cualquier otro medio incompatible con los objetivos de las Naciones Unidas.»
Las graves y reiteradas violaciones del derecho imputables al gobierno israelí se han visto confirmadas repetidamente por comisiones investigadoras e instituciones internacionales. La más reciente de esas confirmaciones la ofreció la Comisión Investigadora del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre los actos cometidos por el ejército israelí en la franja de Gaza a finales del año 2008 y principios de 2009.
La amenaza de recurrir al uso de la fuerza contra Irán, en violación del derecho internacional, y las acciones ilegales y violentas de los servicios secretos que han venido teniendo lugar desde hace años en territorio iraní así como otros indicios y testimonios que deben ser tomados muy en serio demuestran desde hace años la existencia de preparativos de guerra por parte de los gobiernos de Israel y de los Estados Unidos. Todo ello hace que esté más que justificado el que los nuevos indicios que anuncian un estado de guerra inminente, como por los que citamos en el llamado que mencionaremos posteriormente y que citamos entre muchos otros ejemplos, hayan llevado a numerosas personalidades pacifistas a levantar sus voces para lanzar un llamado de alerta.
Nadie del exterior sabe con certeza lo que está en proyecto o lo que ya se ha decidido en las oficinas de Washington y Tel Aviv. Pero el eterno regreso a posibles escenarios de guerra ya se ha hecho insoportable en la medida en que no van acompañados de contraproyectos y modalidades de arreglo pacífico. Las «discusiones» se desarrollan entonces fuera del ámbito del derecho y sin tener en cuenta el aspecto humano, y tales «proyectos», aunque no sean aún más que ideas, llenan de terror a los pueblos del mundo, sobre todo teniendo en cuenta que se está amenazando abiertamente con una guerra atómica. Ya en marzo de 2006, Stephen M. Osborn, un hombre que estuvo presente, durante los años 1950 en las explosiones de bombas atómicas en el Pacífico, donde las poblaciones autóctonas hicieron el papel de simples conejillos de Indias, expuso en estas mismas páginas lo que significa para la humanidad el uso de «bunker busters» (bombas antibunker con cargas de penetración) atómicos contra instalaciones nucleares iraníes. Sobre ese tema Stephen M. Osborn escribía hace tres años y medio: «Si se usan ‘bunker busters’ en Irán, se evaporarán cientos de miles de toneladas de tierra, de agua y rocas, y esa ‘sopa radioactiva’ llevada por el viento, matará o enfermará pueblos enteros […] Los casos de cáncer y de diversas enfermedades aumentarán de forma acentuada en el mundo entero.»
Debido a todo lo anterior y a muchas cosas más todos los gobiernos están en la obligación de decir alto y claro que hay que excluir definitivamente la opción de la guerra y exigir el regreso al campo del derecho. El 1º de octubre, todas las potencias nucleares, Alemania e Irán emprenderán negociaciones directas en el Consejo de Seguridad. Durante los últimos días se han oído en los medios señales que pudieran servir de punto de partida para un arreglo pacífico del conflicto en el Medio Oriente [1]
• El 16 de septiembre, la revista estadounidense Newsweek («Intelligence Agencies Say No New Nukes in Iran») escribía que los servicios secretos del presidente de los Estados Unidos habían confirmado en noviembre de 2007 que Irán había abandonado su programa militar desde el año 2003 [2]
• El 17 de septiembre varias agencias de prensa occidentales (Reuters, AFP) anunciaban que el ministro israelí de Defensa, Ehud Barak, había «cambiado de lenguaje en lo relativo a Irán» en una entrevista concedida al diario Yediot Aharonot. Según Barak, Irán no representaría una amenaza seria para el Estado judío: «Israel es fuerte. Yo no veo a nadie que pueda ser una amenaza para su existencia».
• Ese mismo día, la cadena alemana Phoenix publicaba un comunicado de prensa en el que llamaba la atención sobre una entrevista (retransmitida el 20 de septiembre) del presidente del Servicio Federal de Inteligencia (BND), Ernst Uhrlau. En esa entrevista, el jefe de los servicios secretos alemanes desmentía un anuncio anterior según el cual Irán estaría a punto de fabricar una bomba de uranio: «Esa citación no corresponde a las declaraciones del BND ya que Irán no tiene la capacidad de nuclearizarse en los seis próximos meses.»
• El presidente de los Estados Unidos fundamentó su decisión de renunciar al despliegue de sistemas antimisiles en Polonia y en la República Checa mencionando, entre otras cosas, que Irán estaba teniendo más dificultades de lo previsto en cuanto a la concepción de sus misiles de largo alcance.
• Lo último aunque no menos importante es que el propio Irán declaró a través de su embajador en Austria, en entrevista concedida al Wiener Zeitung (edición del 18 de septiembre) que no amenazaba a Israel ni representaba un peligro para ese país: «Irán nunca ha dicho que atacaría militarmente a Israel. Cuando representantes de mi país han dicho que Israel no debería existir bajo su forma actual, querían decir que rechazaban el sistema sionista y la tiranía, no que desearan erradicar Israel mediante un ataque militar.» [3]
Todavía estamos lejos de una renuncia a las armas, pero se trata de señales que indican que existe un camino diferente al de la escalada. Y ese es el camino que hay que seguir. En el seno de los tanques pensantes que gozan de influencia sobre los gobiernos de Estados Unidos y de Israel debe existir suficiente materia gris como para evaluar los efectos catastróficos de una nueva guerra, que además sería probablemente nuclear, así como para buscar una vía diplomática y encontrarla.
Y debe existir también suficiente sentido común para rechazar vías como la del atlantista alemán Josef Joffe. En el número de septiembre/octubre de la revista estadounidense Foreign Affairs este señor se dejó llevar por un verdadero delirio sobre los Estados Unidos como potencia hegemónica mundial y la «cultura de la guerra» de ese país. También hay que rechazar claramente puntos de vista como el publicado el 18 de septiembre en el diario londinense The Times, según el cual las «intenciones agresivas» de Irán serían una «amenaza para Occidente». Tales afirmaciones constituyen una perversión de la realidad.
«War is obsolete» [la guerra es obsoleta], declaraba hace dos años en estas mismas columnas Doug Rokke, veterano estadounidense de la guerra del Golfo y experto en armas de uranio. Y de hecho, es para el género humano un derecho fundamental el poder contar con gobiernos que respeten el derecho, que renuncien a la violencia y que resuelvan sus conflictos a través de negociaciones pacíficas. Es la única vía aceptable en un mundo civilizado.
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