
3 de noviembre de 2009
Michael Hudson (GLOBAL RESEARCH)
Traducción: Ernesto Carmona
(especial para ARGENPRESS.info)
El exceso mundial de dólares está forzando a los bancos centrales extranjeros a financiar el costo de la expansión militar imperial de EEUU. La acumulación de reservas internacionales en “dólares” en los bancos centrales de los países significa que cuando la especulación financiera y el déficit de pagos en EEUU hagan colapsar ese “papel moneda” en las economías extranjeras, esos bancos centrales tendrán pocas opciones, pero podrían reciclar esos papeles dentro de EEUU.
Entretanto, las reservas “conservadas” en bonos del Tesoro son gastadas por ese mismo ministerio [equivalente al de Hacienda] en financiar la construcción de un enorme cerco militar hostil alrededor de los principales recicladores de esos mismos dólares, principalmente China, Japón y los países árabes productores de petróleo afiliados a la OPEP.
Estos gobiernos hoy son forzados a reciclar la afluencia de dólares de tal manera que ese flujo financie las políticas militares de EEUU, en cuya formulación [los países tenedores de los bonos] no tienen ninguna opción de opinar aunque representen para ellos mismos una amenaza cada vez más beligerante, como ocurre hoy con la habilitación de 7 nuevas bases militares en Colombia.
Hasta la fecha, los países se han mostrado impotentes para defenderse ellos mismos contra el hecho de que este financiamiento obligatorio del gasto militar de EEUU está incorporado al sistema financiero global. Los economistas neoliberales aplauden este trasvasije como “equilibrio,” como si fuera parte de naturaleza económica y del “libre mercado”, mientras los funcionarios de EEUU manejan la diplomacia de “nudillos desnudos” con un aumento de agresividad. Los medios de comunicación suenan en armonía, promoviendo la suposición de que el reciclaje de dólares para financiar el gasto militar de EEUU es la forma en que la comunidad internacional “demuestra su fe en la fortaleza económica de EEUU”, enviando a “invertir” aquí “sus” dólares. Tal “inversión” involucra una opción. Sin embargo, todos los países extranjeros en cuestión no son básicamente consumidores que compran exportaciones de EEUU, ni un sector privado de “inversores” que compran acciones, valores y bonos en EEUU. Más aún, la mayoría de las entidades extranjeras importantes que ponen “su dinero” aquí son bancos centrales, y no se trata en absoluto de su dinero. Están devolviendo los dólares que los exportadores extranjeros y otros beneficiarios volcaron a sus bancos centrales para sostener la moneda nacional.
La economía de EEUU puede crear dólares libremente, ahora que ya no son más convertibles en oro, e incluso comprar y estatizar compañías de EEUU. Por lo tanto, EEUU sigue siendo la economía más protegida del mundo. Solamente para proteger su agricultura permitió cupos de importaciones, autorizándolos en las reglas del comercio mundial hace medio siglo. El Congreso rechaza invertir fondos en “riqueza soberana” en sectores importantes de EEUU.
Las mayores salidas de capital de los inversores de EEUU se gastan en comprar economías extranjeras, el sector más lucrativo, donde los nuevos dueños de EEUU obtienen altas rentas monopólicas. Así, la mayoría de los fondos terminan en los bancos centrales extranjeros para apoyar el fortalecimiento militar global de EEUU.
Ningún libro de texto de teoría política o relaciones internacionales ha sugerido axiomas para explicar cómo las naciones actúan de una manera tan contraria a sus propios intereses políticos, militares y económicos. Con todo esto, ni siquiera ¿qué ha estado sucediendo para la última generación?
La última pregunta es ¿qué pueden hacer los países para contrarrestar este ataque financiero? ¿Cómo estos países podrían actuar como naciones reales, en su propio interés, en vez del interés de EEUU? Cualquier país que intentara hacer lo que ha hecho Estados Unidos en los últimos 150 años sería acusado de “socialista” o “proteccionista” por la economía más anti-socialista del mundo.
El problema de los movimientos de capital especulativo va más allá de apuntar a un sistema de regulaciones específicas. Concierne al alcance del poder del gobierno nacional. Las disposiciones estatutarias del Fondo Monetario Internacional (FMI) impiden que los países restauren los sistemas de “tipo de cambio dual” que muchos conservaron hasta abandonarlos en los años 50 e incluso en los ‘60. Antes fue una práctica extendida que los países tuvieran un tipo de cambio para los bienes y servicios (algunas veces diversos tipos de cambio para diferentes categorías de importación y exportación) y otro para los movimientos de capital. Bajo la presión de EEUU, el FMI hizo cumplir el falso precepto de que existe una tasa de “equilibrio” que justamente debe ser igual para los bienes y servicios como para los movimientos de capital. Los países que no compraron esta ideología fueron excomulgados de su calidad de miembro del FMI y del Banco Mundial o sus gobiernos simplemente fueron derrocados.
Esto implica que hoy la única manera en que una nación puede bloquear los movimientos de capital es retirándose del FMI, del Banco Mundial y de la Organización Mundial del Comercio (WTO). Por primera vez desde los años 50 esto parece una posibilidad real, gracias a la conciencia mundial de cómo la economía de EEUU devoró a la economía global con “papel de sobra” y la resistencia de EEUU a ponen fin a su pase gratis. Para la perspectiva de EEUU, todo esto es nada menos que una tentativa de recortar su programa militar internacional de dominación global.
Actualización de Michael Hudson (de “Global Research”)
El más grande “almuerzo libre” del mundo es la capacidad del Tesoro de EEUU de emitir ahora 4 trillones (millones de millones de dólares) en papel a cambio de exportaciones extranjeras, ventas de compañías extranjeras y bienes raíces de compradores de EEUU y compras militares de EEUU en el extranjero. Estas tres dinámicas componen el déficit de la balanza de pagos de EEUU, que es “libre” en la medida en que los bancos centrales extranjeros reciclen los dólares sobrantes en bonos del Tesoro y otros valores de EEUU (incluyendo las hipotecas basura [“subprime”] de Fannie Mae durante 2004-07).
China intentó limitar su adquisición de dólares y otros países están discutiendo cómo limitar más futuras afluencias de dólares.
Los grandes medios corporativos continúan con la cháchara de una “superabundancia global de ahorros”, como si los gobiernos extranjeros invirtieran en bonos del Tesoro-Hacienda porque son “una buena compra” y los extranjeros “tienen fe en la economía de EEUU”. Pero las cuentas del Tesoro-Hacienda ahora están rindiendo solamente 1%, y el dólar se está debilitando, así que no es una buena compra en absoluto. Los extranjeros son atrapados en la mecánica del sistema financiero internacional controlado por EEUU vía FMI y Banco Mundial. En la reciente reunión de naciones G-20 en abril, los países llegaron a un callejón sin salida al abordar esta exacción. Pero la gran prensa no explicó el conflicto de intereses que existe detrás de este impasse.
He escrito [en inglés] sobre la dinámica del “pase gratis” del dólar en “Super Imperialismo: la estrategia económica del imperio estadounidense”, 1972, nueva edición de Pluto Press en 2002. La cosa más notable es que la información está “a simple vista”, en el sentido que Edgar Allen Poe significó cuando discurrió cómo ocultar “La carta robada”. Los reporteros ni siquiera leen el Boletín de la Reserva Federal ni el Boletín de Hacienda, donde parecen mes a mes las estadísticas que indican dónde sepultaron los cadáveres. En su lugar, repiten los contenidos de la folletería de propaganda del Tesoro o de la Reserva Federal, ignorando las estadísticas sobre las responsabilidades del gobierno ante los bancos centrales extranjeros y otros tenedores foráneos de bonos estadounidenses.
Fuente:
Global Research, 29 de marzo de 2009,“Economic Meltdown: The "Dollar Glut" is What Finances America's Global Military Build-up”, por Michael Hudson
Estudiante investigador: Frances Capell
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miércoles, 4 de noviembre de 2009
Proyecto Censurado: Superabundancia de dólares financia la expansión militar de Estados Unidos
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domingo, 29 de marzo de 2009
El Plan Obama o la gran estafa
La preocupación mayor y obsesiva de todos los gobiernos y de todos los capitalistas, en las actuales circunstancias, es evitar que se desmorone el mercado internacional de títulos privados
Bajo el régimen capitalista, las quiebras de los negocios pueden ser un gran negocio, lo mismo que las guerras. Desde el punto de vista de la tasa de beneficio, superan de lejos a la que se obtiene en períodos normales.
La observación viene a raíz del último programa de rescate bancario anunciado por Obama, que constituye un escandaloso fraude en perjuicio de las finanzas públicas.
En una conferencia de prensa que otorgó el martes pasado, el afroamericano demostró que es perfectamente consciente de lo que está haciendo. Lo tuyo es míoEl llamado programa público-privado para comprar los activos invendibles de los bancos y sus préstamos incobrables ha sido diseñado para que un grupo de cinco fondos de inversión, o de cobertura de inversiones, oferten por los llamados activos tóxicos de los bancos una suma superior a la que el banco obtendría en una venta corriente. Para incentivar este sobreprecio, el Estado aporta o garantiza aportes por el 90 por ciento del valor de la adquisición a tasas de interés cercanas a cero.
La operación consiste en la formación de un fondo público-privado con aportes iguales de las partes, pero que luego podrían recibir financiación del Banco Central o del Fondo de Seguros de depósitos, por un monto seis veces superior a ese capital.
Sin la menor dosis de anestesia, el gobierno recrea de este modo las pirámides financieras que provocaron la crisis actual, con la única pero nada despreciable diferencia de que el lugar y la función del dinero privado pasa a ser ocupado por dinero público.
La expectativa oficial es que las ventajas que ofrece el financiamiento estatal se transfieran en parte a los precios de los activos o de los préstamos que son puestos en subasta, o sea por encima de sus precios de quiebra.
En resumen: una oferta generosa para los bancos, pero sobre todo para los llamados fondos buitres, cuyo negocio consiste, precisamente, en especular con la compra muy barata de valores que no valen nada.La noticia de que el gobierno anunciaría este esquema de fraude público pareció desatar el entusiasmo de los especuladores bursátiles, que respondieron con una suba cercana al 8 por ciento en la Bolsa de Nueva York - algo enorme para un solo día, pero típico de los períodos de bancarrota, cuando el precio oscila con la especulación.
Los operadores más inescrupulosos pronosticaron de inmediato que la crisis había tocado piso. La verdad era más prosaica: aquellos especuladores que habían estado invirtiendo fuerte a la baja de las acciones de las empresas, pero en especial de los bancos -cuya situación de bancarrota es irreversible- , se apresuraron a cambiar de ruta y a comprar esos valores para adelantarse al movimiento de suba que no podía dejar de provocar el anuncio. En los días siguientes, los analistas más importantes hicieron ver que el plan era precisamente un fraude financiero y que no tiene la capacidad para recrear el sistema de crédito.La cosa es muy simple. Por un lado, los activos (bonos, acciones) y préstamos en poder de los bancos no están afectados en su cotización porque no haya dinero para negociarlos, sino simplemente porque la contraparte (el que vendió el bono o recibió el préstamo) no está en condiciones de cancelarlo.
El planteo de Obama buscaría crear un precio que, por esta razón, de inmediato se revelaría artificial.
La consecuencia sería una quiebra del capital público que financia la operación. La expectativa de que una reactivación de la economía revitalice a los capitales quebrados es remota, incluso porque los tiempos de la quiebra y de la reactivación están completamente desfasados.
Muchos observadores ya han advertido que los bancos acabarán retirando los activos y los préstamos que pongan a subasta cuando no les satisfaga el precio que se les ofrezca. En este caso, Obama hará la experiencia de cómo ‘se puede' caer en una crisis política mayúscula en el primer año de mandato. Más de lo mismoLa evidencia de que el gobierno tiene claras las limitaciones de su plan es que el financiamiento que promete ni siquiera es tal, o sea, no es en efectivo, sino que en su mayor parte está compuesto de garantías, no de dinero, que recién habría que transformar en efectivo si la operación produce pérdidas al operador privado.
Los analistas que han hecho notar esta contradicción se quejan de que el Estado sigue sin poner el dinero en la escala necesaria para hacer frente a la bancarrota. Es probable que el flamante programa fracase de la misma manera que lo han hecho todos los que lo precedieron.Este relato demuestra que los izquierdistas que se rascaron la testa, al principio de la crisis, para rechazar cualquier hipótesis de derrumbe del capitalismo y pontificar que, a lo sumo, "dejará de ser el que habíamos conocido hasta ahora", simplemente estaban macaneando.
El plan anunciado por Obama intenta, exactamente, recrear el mercado de títulos privados derribado por la crisis, con el respaldo de los recursos fiscales y no fiscales del Estado, atenuado por la promesa de una mejor regulación por parte de las instituciones públicas (¡cómo si pudiera ser de otra manera y, peor, cómo si fuera a servir para algo!).
La preocupación mayor y obsesiva de todos los gobiernos y de todos los capitalistas, en las actuales circunstancias, es evitar que se desmorone el mercado internacional de títulos privados, es decir de los bancos que tienen esos títulos y de los acreedores de los bancos que tienen los propios.
El valor derivado bruto de este mercado es de 500 billones de dólares y su valuación neta de 60 billones. Solamente los bonos emitidos para asegurar los títulos en circulación suman 25 billones de dólares. Para que sirva de comparación, todo el PBI mundial es de 50 billones.Lo señalado explica el repudio al plan por parte de economistas como el premio Nobel Paul Krugman -quien quiere, al igual que cualquier otro capitalista, salvar a los bonistas internacionales. Pero para ello -dice esta gente- no se debe rifar el dinero público o recurrir a la emisión extraordinaria de moneda, sino nacionalizar temporalmente el sistema bancario.
La función de la nacionalización sería negociar con los acreedores una quita de la deuda de los bancos, de la misma manera que General Motors está negociando, para evitar la quiebra, una reducción de los precios de sus proveedores, una reducción de los salarios y prestaciones sociales de los obreros y una rebaja por parte de los tenedores de su gigantesca deuda. Pero la dimensión principal del plan Obama ha sido escandalosamente omitida por la prensa. Es que se trata de una suerte de golpe internacional en las vísperas de la reunión del G-20, que fue convocado para elaborar una salida ‘coordinada' a la crisis.
Los europeos pretenden que los fondos especulativos norteamericanos, que montaron el régimen financiero paralelo que llevó a la crisis, carguen con los costos.
El choque toca el nudo más sensible de todo el andamiaje financiero internacional -la capacidad excepcional de Estados Unidos para emitir moneda ("seignorage") en virtud del status del dólar como principal medio de pago internacional y principal reserva de valor. Precisamente, el plan Obama está basado principalmente en la capacidad de emisión de la FED, que ya anunció billonarias compras de bonos del Tesoro de su país y que ya ha comprado en gran escala títulos privados en poder de los bancos (‘aflojamiento cuantitativo de moneda').
El resto de los bancos centrales no tiene esa capacidad para socorrer a capitales siniestrados.
El Banco Central Europeo asegura que, si siguiese la política de emisión que desarrolla Estados Unidos, el euro y la Unión Europea tendrían los días contados.
Incluso Estados Unidos corre un riesgo similar, o sea que la emisión desenfrenada de dólares acabe con el rol internacional de su moneda. Algunos analistas prometen que esta emisión terminará llevando al oro a los 6.000 dólares la onza - hoy en 950 dólares.
Europa enfrenta la necesidad de salir en socorro de Europa oriental, cuya deuda externa total es de 1.5 billones de dólares y los vencimientos de este año, de 500 mil millones. Los bancos austríacos están comprometidos por el equivalente al 80 por ciento del PBI de Austria; algo similar ocurre con Italia y con Suecia.La estabilidad de las monedas será puesta en juego en la próxima etapa de la crisis.
China - que tiene reservas por dos billones de dólares e inversiones en títulos públicos de los Estados Unidos por aproximadamente 800.000 millones, y que es por eso el principal bonista interesado en el éxito de los rescates norteamericanos- teme a justo título por su dinero.
El premier chino se aventuró, la semana pasada, a reclamar que una moneda internacional sustituya al dólar, a sabiendas que esto es incompatible con la rivalidad que caracteriza al capitalismo.
Los dolores del euro le debían haber advertido sobre esto.
En una fase extrema de la crisis, la Unión Europea se encontrará ante la alternativa de disolver su unión monetaria o que sus países sean forzados a integrarse en un Estado único por una de las potencias del continente.
Existe una propuesta para que el Banco Central Europeo emita un bono único para rescatar a bancos y empresas en desastre, que debería ser respaldado por cada uno de los países de la UE, en proporciones a establecer.
El tratamiento de la propuesta pondrá al desnudo las tendencias centrífugas en Europa. Un FMI nacional y popularPor último, la producción, el comercio y el empleo siguen en picada.
Rusia acaba de informar que perdió un millón de puestos de trabajo desde noviembre y que renuncia a seguir rescatando a oligarcas quebrados. Admite, si no se trata de una empresa estratégica, que la compre el capital extranjero. A éste, sin embargo, ni se le ocurre; antes, los servicios de seguridad de Rusia deberán dar garantías más apropiadas en términos políticos y jurídicos -un verdadero vía crucis de crisis políticas e internacionales.
China vive una caída extraordinaria de su comercio exterior y también una marcada salida de capitales.
Por fin, América Latina ha comenzado a sentir las consecuencias del derrumbe del crédito que financia el comercio internacional.
Los K creen que en Londres tendrán la oportunidad de parir un FMI nacional y popular, dispuesto a prestar plata para que la economía no se contraiga. No entienden una jota de lo que ocurre: el capitalismo mundial necesita estabilizar las monedas de los países periféricos y para ello no conocen otro camino que la ‘austeridad'.
Si Brasil obtuvo un préstamo de la FED de 50 mil millones de dólares, la explicación no tiene que ver con la amabilidad de Lula ni su ‘sotaque' nordestino, sino simplemente con que tiene bonos del Tesoro norteamericano por 150 mil millones de dólares. En Londres, los banqueros le van a pedir a madam K que devalúe el peso como se lo piden Ferrer y Curia -con una vasta trayectoria nac & pop.
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