06-06-2010
Pierre Charasse
La Jornada
En la masa de informaciones que circula sobre la crisis del euro, no es fácil detectar los fenómenos de fondo que se están produciendo. Por eso, es importante tomar un poco de distancia, situar esta crisis en el curso de los acontecimientos de los últimos 20 años después del derrumbe de la Unión Soviética y proyectar una mirada geopolítica a mediano y largo plazo. La crisis griega confirmó, si fuera necesario, que Europa como unión política ya no existe. En las ultimas semanas, la Unión Europea (UE) reveló al resto del mundo su extrema debilidad. El euro no resistió a las ofensivas de todo tipo que sufrió en los últimos meses, a pesar de ser la moneda de una de las regiones mas ricas e industrializadas del mundo. A la primera gran crisis financiera mundial de la era de la globalización, saltó a la vista que la moneda europea no podía aguantar las turbulencias del mercado y los ataques especulativos, sencillamente porque no tenía el respaldo de una sistema político sólido y coherente. Los ideólogos ultraliberales que inventaron la moneda europea decidieron aplicar con rigor el principio de laisser-faire, prohibiendo a los gobiernos intervenir en las políticas del Banco Central Europeo (BCE). Los gobiernos de la zona euro se automutilaron cuando aceptaron el dogma de la independencia del BCE, renunciando a cualquier posibilidad de someter las políticas financieras a condiciones políticas. Después de mucha discusiones presentaron como un gran avance la decisión de constituir un fondo de rescate de 440 mil millones de euros. Y ningún gobierno, viendo el desastre social que producen los planes de ajuste impuestos por el BCE y el Fondo Monetario Internacional (FMI), quiso oponer políticas a contracorriente de la Doxa ultraliberal.
Lo que no ve el público europeo en general es que con la intervención del FMI Estados Unidos tienen ahora derecho de intervenir en la economía europea. Todas las decisiones del FMI necesariamente requieren la aprobación del gobierno estadunidense si es que no vienen inspiradas directamente por él. En la reforma del los derechos de voto en el FMI anunciada en la última cumbre del Grupo de los 20, Estados Unidos conserva intacta la minoría de control con 16 por ciento de los votos. A la UE se le pidió reducir su parte para poder aumentar la cuota de los países emergentes. El presidente Obama ejerce plenamente el poder que le da la nueva arquitectura financiera internacional, llamada gobernanza mundial, y exige de Grecia y de otros países europeos que bajen los sueldos de sus funcionarios, que reformen el régimen de las jubilaciones y que disminuyan el gasto publico en general. Y los europeos obedecen.
Con la crisis financiera europea, se está realizando un paso más en el avasallamiento de Europa. Con el Tratado de Lisboa, Europa entregó su defensa a la Organización del Tratado del Atántico Norte (OTAN): se acabó el viejo sueño de una defensa europea independiente. Y ahora con una política financiera controlada por el FMI, la UE renunció a un pilar esencial de su independencia. Sin la defensa y la moneda, no le queda nada para afirmar su independencia dentro del bloque occidental y frente al resto del mundo.
En este contexto, parece lógico que el euro tienda a acercarse a la paridad con el dólar. Se habla en los círculos financieros de una posible dolarización de la zona euro. Técnicamente le conviene a los grandes países industrializados de Europa para recuperar su competitividad económica, castigada en la última década por un euro fuerte. Políticamente le conviene a Estados Unidos eliminar una moneda rival del dólar frente a China y otros grandes países emergentes. Los nuevos miembros de la UE ven con muy buenos ojos la dolarización de Europa, que sería para ellos una garantía suplementaria de contar con el paraguas estadunidense, como para su defensa frente a Rusia, su enemigo de siempre.
El director del FMI, Dominique Strauss Khan, se refiere con frecuencia a la necesidad de una moneda mundial, consecuencia lógica de la globalización económica y financiera. En Zurich, el 12 de mayo, él hizo un llamado a favor de la creación de un banco central mundial con una moneda mundial. En Francia el secretario de Estado para Europa, Pierre Lellouche, incansable militante atlantista, anunció triunfalmente que en el plano monetario se llegó a un mecanismo de solidaridad automática idéntico a lo que prevé el articulo 5 del tratado de la OTAN. Con esto se da el último toque a la construcción de un espacio europeo subsidiario del territorio estadunidense para formar un bloque perfectamente homogéneo bajo el liderazgo de Washington. Desde su elección, el presidente Barack Obama pide a sus aliados cerrar filas para enfrentar las nuevas amenazas mundiales.
Otro efecto de la crisis, los planes de ajuste estructural impuestos como remedio tendrán como consecuencia a corto plazo la tacherización de la Europa continental, o sea el fin del modelo social europeo. Gran Bretaña, aliado incondicional de Estados Unidos, no miembro de la eurozona con la libra esterlina, será el gran vencedor de esta crisis, con la imposición de su modelo económico y financiero a toda Europa, y el fortalecimiento de la City como plaza financiera impermeable a todos los intentos de regulación que se sugieren para prevenir nuevas catástrofes financieras mundiales.
Con la dolarización de Europa se cerrará un capítulo de la historia moderna abierto con el derrumbe del campo socialista. Para la corriente atlantista europea, actualmente mayoritaria, la desaparición de Europa como actor político y financiero autónomo es el precio a pagar para que Occidente continúe controlando el mundo frente a los países emergentes.
*Ex embajador de Francia
http://www.jornada.unam.mx/2010/06/05/index.php?section=opinion&article=022a1mun
domingo, 6 de junio de 2010
¿Desaparecerá pronto el euro?
viernes, 12 de febrero de 2010
El Tratado de Lisboa o el fin del sueño europeo
12-02-2010
Pierre Charasse
La Jornada
El Tratado de Lisboa que acaba de entrar en vigor entre los 27 países de la Unión Europea (UE) es el punto culminante de medio siglo de construcción europea, finalmente aprobado después del rechazo de los ciudadanos franceses e irlandeses de la mal llamada "Constitución Europea". El Parlamento Europeo ratificó el 9 de febrero los nuevos miembros de la Comisión Europea como lo prevé el tratado. Desgraciadamente, el resultado de este largo y penoso proceso de construcción institucional cristaliza una situación de ingobernabilidad y una fuerte pérdida de influencia de Europa en el mundo. Vale la pena recordar cómo llegamos a esta situación.
Mientras se construía el Mercado Común Europeo con seis países, luego con nueve, 12, 15, la cuestión de fondo de las instituciones y de la naturaleza jurídica supranacional o no de esta asociación de países, fue siempre renviada a más tarde.
El asunto se complicó con el ingreso de 10 nuevos miembros. En este contexto había que dar a la UE instituciones claras, eficaces y democráticas al lado o encima de 27 gobiernos con intereses diferentes. ¡La cuadratura del círculo!
Después de años de arduas negociaciones nació el Tratado de Lisboa, con el cual la UE iba a tener por fin un presidente del Consejo Europeo estable por dos años y medio, un ministro de Relaciones Exteriores, a la vez vicepresidente de la Comisión Europea, y un Parlamento con más poderes. ¡Loable intención!
Pero los jefes de Estado escogieron a un desconocido, sin legitimidad democrática ni peso político, el belga Herman van Rompuy. Mientras, las presidencias semestrales continúan como antes y el presidente de turno en este semestre, el español José Luis Rodríguez Zapatero, no está dispuesto a dejar el primer rol a un funcionario de Bruselas sin carisma, ni al presidente de la Comisión Europea, Manuel Barroso. Situación francamente vodevilesca, a tal punto que el presidente Obama no acudirá a la cumbre bianual UE-Estados Unidos en Madrid, por no tener un “alter ego” de su estatura, además de considerar que no hay mucho que conversar con los europeos. Una bofetada para Europa.
Paralelamente a la laboriosa institucionalización de la UE, el ingreso de los nuevos miembros de Europa central y oriental cambió profundamente la relación de fuerzas internas.
En toda Europa, en la última década, los procesos electorales favorecieron a la derecha, la izquierda entró en crisis y en lugar de oponerse al modelo neoliberal lo aceptó en nombre de la "modernidad". De tal manera que los políticos de todos colores lanzaron ofensivas contra el papel regulador del Estado (en nombre de "una libre competencia sin distorsiones" prevista en un anexo al tratado) y dejaron a los tecnócratas desmantelar paulatinamente lo que hacía la fuerza y la ejemplaridad de modelo europeo, es decir, un mercado regulado por estados protectores de los ciudadanos.
Ahora la carga va contra los sistemas de pensión por repartición, acusados de aumentar escandalosamente el déficit público. Los gobiernos pretenden que el "viejo" sistema de solidaridad intergeneracional es insostenible (pero es fácil demostrar lo contrario), y con la ayuda de los ideólogos fundamentalistas de la OCDE impulsan nuevamente los fondos de pensión, como si la crisis financiera de 2008-2009 no hubiera afectado a millones de pequeños ahorradores.
En cuanto al papel internacional de la UE, muchos europeos de la "vieja Europa" creyeron que con el derrumbe de la Unión Soviética un nuevo mundo multipolar iba remplazar al mundo bipolar, y que la UE sería un actor mundial de peso. Este deseo no se cumplió. Estados Unidos no podía permitir que sus propios aliados propiciaran tal perspectiva contraria a su voluntad de hegemonía mundial, y al contrario esperaban de ellos claras muestras de avasallamiento.
Este movimiento de acercamiento "natural" se volvió explícito después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. En su "Estrategia Europea de Seguridad" adoptada por los jefes de Estado en 2003, la UE retomó como propia la visión estadunidense del mundo, maniquea y simplista, poniéndose del lado del "bien" contra el "mal", justificando las "guerras preventivas" en un mundo enfrentado a "amenazas globales".
Los gobiernos europeos, en su mayoría, observaron un silencio cómplice sobre gravísimas cuestiones como Guantánamo, el uso de la tortura (algunos autorizaron los vuelos secretos de la CIA), las restricciones a las libertades individuales o las violaciones de los derechos humanos por Israel (país considerado como pilar del bloque occidental y casi miembro de la UE).
En Francia, la derecha gaullista resistió hasta cierto punto, y la última manifestación de desacuerdo con los estadunidenses fue expuesta con brío por el canciller Dominique de Villepin en su memorable discurso en Naciones Unidas contra la invasión de Irak.
Pero el presidente Sarkozy, al llegar a la presidencia en 2007, anunció el fin de 40 años de tradición gaullista de independencia nacional con el regreso de Francia "en la familia occidental" y en la estructura militar de la OTAN.
De hecho, el Tratado de Lisboa señala claramente que la OTAN es el marco en el cual se organiza la defensa europea, con lo cual Estados Unidos logró el objetivo que siempre había tenido con la ayuda de Gran Bretaña, de amarrar los países de Europa al oeste y sur de Rusia en un solo bloque político-económico-militar dominado por ellos. No hay espacio para discrepancia, como lo muestran las groseras presiones de Washington sobre el Parlamento Europeo para obtener en los próximos días la ratificación de un acuerdo de cooperación antiterrorista leonino, al cual se opone una mayoría de los eurodiputados.
Cumpliendo con el Tratado de Lisboa, los jefes de Estado nombraron a la baronesa británica Catherine Ashton "alta representante" del Consejo Europeo para Relaciones Exteriores y vicepresidenta de la Comisión Europea. Su comparecencia ante el Parlamento Europeo sorprendió a todas las bancadas por su falta de visión y de ambición para Europa.
Lady Ashton (quien recordó que apoyó la guerra en Irak) puso énfasis sobre la cooperación con Estados Unidos y la OTAN. Incapaz de explicar cuáles serían los objetivos de la UE en Afganistán, sus respuestas fueron evasivas. No parecía al tanto de la próxima cumbre UE-América Latina de abril en Madrid. Sobre las relaciones con Cuba, la vicepresidenta reiteró su preocupación por los derechos humanos. No habrá cambio en la "posición común" impuesta por Aznar hace 13 años sin consultar probablemente a... ¡Washington! En cuanto al futuro servicio diplomático europeo bajo su responsabilidad, la confusión es total en Bruselas. No obstante, el Parlamento aprobó a la candidata.
En el plan financiero, el Banco Central Europeo (BCE) es totalmente autónomo y no responde a "gobierno económico" alguno. Las tensiones no faltan entre el presidente del BCE, el comisario de Economía y el presidente del "eurogrupo", cada uno reivindicando ser "Mister Euro": la falta de un liderazgo político de la zona euro pone en peligro su credibilidad cuando países como Grecia, España y Portugal se enfrentan a las primeras grandes crisis de la "fortaleza" euro.
La cumbre de Copenhague sobre el cambio climático puso en evidencia que la UE como bloque ya no juega en el patio de los grandes. Después de haber tomado posiciones bastante fuertes sobre el tema del medio ambiente en los meses anteriores, la UE desapareció del escenario, dejando a los "tenores" Angela Merkel, Nicolas Sarkozy y Gordon Brown ponerse de acuerdo con algunos países del G-20 para presentar como un paso positivo el "no acuerdo" propuesto por Obama. En la recomposición del mundo que empezó en Pittsburgh y Copenhague, la UE renunció a su posible papel de puente entre civilizaciones, y prefirió afirmar su pertenencia un bloque occidental euroatlántico cada vez más cuestionado.
La Europa política murió en Lisboa, y el sueño europeo se acabó. De profundis ad te Domine.
* Diplomático francés
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/02/11/index.php?section=opinion&article=021a1mun