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viernes, 14 de mayo de 2010

Zapatero y el PSOE se arrodillan frente al FMI


Eduardo Andrade Bone
(AIP, especial para ARGENPRESS.info)

Y no podía ser de otra manera, mientras los grandes empresarios y la oligarquía económica y financiera del país, junto a la mafia del Fondo Monetario Internacional se ríen a boca batiente del pueblo español, el Partido Socialista “Obrero” Español y su gobierno encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero, terminaron finalmente por someterse y arrodillarse ante la UE y el FMI.

Una vez más la crisis generadas por los inversionistas y especuladores del sistema capitalista español o de cualquier otro lugar del mundo, han logrado doblarle la mano a aquellos que se dicen “socialistas”, pero que gobiernan bajo los dictados del FMI, el Banco Mundial y las políticas económicas ultra neoliberales del sistema capitalista mundial, para favorecer a la clase económicamente dominante de sus países.

El PSOE y el gobierno de Zapatero, junto a los grandes empresarios del sector manufacturero y las mafias financieras locales, tienen a España con una cifra oficial del 20,6 % de desempleados y con una deuda pública del 11,2%, deuda además que crece gradualmente, debido a los dineros fiscales que se han invertido para salvar a los empresarios y al sistema bancario y financiero del país.

El paquete de medidas draconianas tomadas por el gobierno de Zapatero y el FMI, apuntan a que el sacrificio de la recuperación económica tienen que pagarlo finalmente los de siempre, vale decir los estratos sociales con menor poder adquisitivo del país, y que son la gran mayoría.

La prensa española destaca que el paquete de medidas significara una reducción paulatina de empleados del sector público, una rebaja y congelación de salarios. Se indica además la suspensión para 2011 de la revalorización de las pensiones, excluyendo a las no contributivas y las pensiones mínimas y la eliminación del régimen transitorio para la jubilación parcial. También se destaca que los hogares se verán afectados con la eliminación del llamado "cheque bebé" a partir del 1 de enero de 2011.

Las exigencias de los sostenedores del capitalismo en la Unión Europea y desde el FMI, le han exigido a España medidas económicas que no se diferencia mucho de las exigidas a Grecia y otros países que forman parte del espacio europeo. Lo que en realidad se privilegia y se busca es que el sistema financiero del capitalismo no colapse definitivamente, al costo del empeoramiento de las condiciones de vida de los pueblos europeos.

Las medidas exigidas por los sostenedores del capitalismo europeo (UE) no garantizan por si misma, que se vaya a producir la anhelada estabilidad y recuperación económica de los países que han sido duramente golpeados por la crisis de sus capitales especuladores.

Los medios de prensa de la península ibérica destacan además que al llamado sector progresistas del PSOE no le ha gustado para nada que sean "los funcionarios, los pensionistas y las madres" quienes tengan que pagar "las veleidades" del mercado. Pero estas declaraciones no pasan de ser de buena retórica, pues la realidad que tiene que vivir el común de los españoles en su día a día, es mucho más duro que las palabras de buena crianza.

Mientras tanto la postura de las dos centrales obrera más importantes, CC.OO. y UGT, su posición no pasa más allá de expresar unas cuantas declaraciones tibias de criticas hacia el gobierno, que no interpretan el sentir del conjunto de la clase trabajadora española, que viene pidiendo a gritos la huelga general contra las medidas antipopulares de la UE, el PSOE, su gobierno y el FMI.

Las medidas del gobierno rompen además con el acuerdo al que Gobierno y sindicatos llegaron en septiembre de 2009 y que suponía una subida salarial paupérrima del 0,3% para el presente año, revisable con el IPC.

Ahora el llamado a huelga general de UGT y CC.OO es tardío y solo busca neutralizar y apaciguar la rabia de los trabajadores públicos, a favor del paquete de medidas de los sostenedores del capital.

Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida ha manifestado a los medios de prensa locales que en su opinión las “medidas tienen que ver con que "el poder financiero internacional que ha puesto de rodillas a los Estados" y ahora "propone más sufrimiento para los trabajadores".

Mientras tanto el Partido Comunista de España rechaza el recorte de derechos sociales planteado por el Gobierno porque supone una "agresión sin precedentes" a los intereses de los trabajadores y llama a una gran movilización general. En un comunicado difundido ha propósito del paquete de medidas neoliberales, el PCE critica al Gobierno porque no plantea ninguna propuesta que afecte a los "verdaderos causantes de la crisis, que son la banca y las grandes empresas", y no toma medidas contra el fraude fiscal, la eliminación de los paraísos fiscales, el recorte de los grandes salarios y el control de los elevados beneficios de la banca.

De allí que el deterioro de las condiciones de vida del pueblo español es inminente y no descarta que la rabia de la clase trabajadora terminen por sobrepasar a las actuales directivas de las centrales obreras que suelen negociar con el gobierno y los empresarios, a espaldas de lo que piensa la gran masa laboral española.

Pero no solo eso, los sostenedores del capitalismo europeo como americano, vale decir Ángela Merkel y el decepcionante y alicaído Barack Obama y otros líderes de centro derecha europeos, han aplaudido a rabiar las medidas en beneficio de los capitales. Medidas que son toda un provocación a la clase trabajadora y los estratos sociales con menor poder adquisitivo de los países europeos. Los representantes de los capitales en los gobiernos europeos están apretando fuerte el acelerador de medidas y ver así hasta donde pueden llegar con su política de sometimiento económico de los pueblos europeos.

Y como no se podía esperar otra cosa, pues ellos saben muy bien lo que tienen que hacer en estos casos, el representante de la patronal española (CEOE), el cuestionado Gerardo Díaz Ferrán, también ha aplaudido con furor las medidas draconianas del gobierno “socialista”, pero las ha considerado insuficientes. Además ha propuesto la reducción de la ayuda a los países en “vías de desarrollo”, ha sugerido terminar con las subvenciones a determinados servicios públicos y la entrega de otros servicios a la voracidad de los capitales privados. Pero en ninguna parte de su exposición ante el presidente Zapatero planteo que la clase económicamente dominante del país, los grandes empresarios y la oligarquía más rica, debieran sacrificar parte de su riqueza en aras del bien común, eso no estuvo en la agenda del representante de los capitales españoles.

Mientras tanto el líder del franquismo y la derecha española, Mariano Rajoy (PP), cuenta con un paquete de medidas aún más a la extrema derecha que los socialistas, pues ellos apuestan por una reducción completa de las diversas entidades del aparato del Estado, privatizar todo lo que haya que privatizar, además de la reducción de los subsidios a los sindicatos y partidos políticos.

Y mientras continua profundizándose la crisis europea, cabe tomar las palabras de Martine Aubry, primera secretaria del Partido Socialista francés vertidas para medios de prensa españoles cuando expresa que “da la impresión de que para salvar a los pueblos, como en el caso griego, nadie es capaz de ponerse de acuerdo. Pero cuando peligran las bolsas y los mercados, sí”.

Así parece ser, pues las fuerzas progresistas, humanistas y de izquierda europeas y de otros lugares del mundo, se encuentran divididas, atomizadas, neutralizadas, reducidas a su minima expresión, sin capacidad de agitación y sin propuestas o alternativas claras ante la clase trabajadora y los pueblos mientras que los capitales en crisis y sus representantes siguen con sus embestidas contra los pueblos del mundo.

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jueves, 4 de marzo de 2010

Los salarios en España


Vicenç Navarro
Publicado en el diario PÚBLICO, 4 de marzo de 2010

Este artículo cuestiona la tesis generalizada en las culturas empresariales, políticas y mediáticas de España, de que los salarios son bajos como consecuencia de que la productividad laboral es baja. El artículo aporta datos que muestran el error de tal tesis, documentando que, excepto en algunos sectores de la economía, la productividad laboral promedio de España es comparable a la de otros países de semejante nivel de desarrollo económico al nuestro. El artículo analiza la evolución de la productividad laboral en los últimos veinte años explicando las causas político-económicas de que el crecimiento de la productividad no se haya reflejado en el crecimiento correspondiente del nivel de los salarios.

Existe una creencia generalizada en amplios círculos financieros, económicos, políticos, e incluso mediáticos en España, de que el hecho que los salarios sean bajos en nuestro país se debe a que la productividad de los trabajadores es baja. De ahí que se concluya que, a menos que la productividad de los trabajadores aumente, no se pueden subir los salarios. Es más, en estos momentos de crisis, estos mismos círculos están insistiendo en que hay que bajar los salarios para salir de la crisis. La evidencia existente, sin embargo, no soporta tales tesis. Veamos los datos.

Uno de los documentos más creíbles sobre la productividad en las economías mundiales es el informe que produce anualmente The Conference Board, titulado Performance 2009: Productivity, Employment and Growth in the World’s Economies. En su sector Productivity, se presenta un análisis detallado de la evolución de la productividad en la mayoría de países de economías avanzadas (incluyendo España) y de los países emergentes (países como China e India) que se están desarrollando muy rápidamente, convirtiéndose en elementos clave de la economía mundial Pues bien, en la página 15 de tal informe (que analiza el crecimiento de la productividad en los países de la OCDE, el club de países más ricos del mundo), puede verse que el periodo de nuestra reciente historia en el que la productividad por hora trabajada ha crecido más rápidamente fue durante el periodo 1987-1995. La tasa de crecimiento anual (2,3%) fue una de las mayores en este grupo de países. Tal crecimiento, sin embargo, disminuyó considerablemente durante el periodo 2000-2008 creciendo sólo un 0,9%, uno de los porcentajes más bajos en la OCDE. Varios factores explican este descenso, pero uno importante fue el gran crecimiento del sector de la construcción, resultado del boom estimulado por el complejo inmobiliario-bancario que se convirtió en el eje del crecimiento económico español. Este sector –de escasa productividad- absorbía gran cantidad de recursos que podrían (y deberían) haberse invertido en sectores más productivos.

Las responsables del descenso de la productividad promedio del país no eran -como los liberales subrayaban y continúan subrayando- las rigideces del mercado laboral y la supuestamente excesiva fuerza de los sindicatos, sino el comportamiento altamente especulativo del sector inmobiliario y de la industria de la construcción (el precio de la vivienda creció tres veces más rápidamente que el coste de producirlas) y de los bancos. También son responsables de este boom especulativo las autoridades públicas, incluyendo los equipos económicos de los sucesivos gobiernos que podían haber prevenido la burbuja inmobiliaria, y las autoridades locales para las cuales el boom inmobiliario significó una gran entrada de recursos. Pero el mayor responsable fue el Banco de España, que regula el sistema bancario y que fracasó estrepitosamente en prevenir la burbuja inmobiliaria, hecho ignorado sistemáticamente por el gobernador del Banco de España, el Sr. Miguel Fernández Ordóñez, que tiene la osadía (para ponerlo de una manera amble) de atribuir la supuesta baja productividad primordialmente a las rigideces del mercado de trabajo.

La productividad promedio del país depende primordialmente de su estructura económica. En realidad, hay muchos sectores productivos y de servicios en España, con productividad muy elevada, lo cual explica que, a pesar de que la tasa de crecimiento de la productividad ha disminuido, el nivel de la productividad promedio no es bajo, como los liberales acentúan erróneamente. En realidad, según el informe citado anteriormente, el nivel de productividad laboral es actualmente el 74% del nivel de productividad laboral de EEUU (y es sólo ligeramente inferior al canadiense, 79%, y superior al japonés, 71%). En cambio, los salarios son mucho más bajos que en EEUU, y el nivel de los ingresos por salarios es sólo un 65% del de EEUU. Lo que hemos estado viendo durante todos estos años es un gran crecimiento de las rentas (y beneficios) de la banca y del mundo empresarial, y un descenso, en términos porcentuales, de las rentas del trabajo, y ello como consecuencia de que las rentas derivadas del aumento de la productividad se han distribuido más a favor de los beneficios que a favor de los salarios. Esta situación ha ocurrido, por cierto, en la mayoría de países de la OCDE, resultado de la aplicación de las políticas liberales que han beneficiado sistemáticamente a las rentas del capital. Nada menos que Larry Summers, director de la oficina económica del Presidente Obama, subrayó que en EEUU, “cada familia perteneciente al 80% de la población envía cada año un cheque de 10.000 dólares al 1% de las familias de mayor renta del país” (citado en Howard J. Sherman, The Roller Coaster Economy, 2010, p. 46). Debería hacerse un estudio semejante en España (uno de los países con mayores desigualdades de renta en la OCDE), pues el cheque que la mayoría de familias envía a las rentas superiores (como consecuencia de la manera en que se distribuyen las rentas que derivan del trabajo) es también considerable.

De estos datos puede concluirse que los salarios no son demasiado altos, sino, al revés, son demasiado bajos. Y que ello se debe, no a la escasa productividad sino al excesivo poder que las fuerzas conservadoras y liberales (próximas al mundo empresarial y financiero) tienen en nuestro país. En realidad, el nivel bajo de los salarios es un gran obstáculo para el estímulo económico que el país necesita. La baja demanda, el mayor problema que tiene la economía española (y la europea) se basa precisamente en la gran disminución de la capacidad adquisitiva de las clases populares. La única manera de estimular la economía es, precisamente, a través del gasto público (que, equivocadamente, el gobierno quiere reducir) y a través del incremento de la masa salarial (es decir, del aumento del número de personas que trabajan y de sus salarios). De ahí que el gobierno Obama tenía, entre sus mayores medidas de estímulo, no sólo 700 mil millones de dólares en gasto público, sino el aprobar una ley que reforzara a los sindicatos, como medida de facilitar el crecimiento de los salarios. No así en España.

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lunes, 1 de marzo de 2010

¿Hacia la europeseta?


01-03-2010
Manuel Castells
La Vanguardia

Si usted guardó algunas pesetas como recuerdo, cuídelas. Puede que le sirvan. En tiempos de paro y congelación de salarios, cualquier ayuda es buena. Y es que el invento del euro puede desmontarse como castillo de naipes eurocráticos. Como la cosa va en serio, permítame que me explique.

En 1998 tuve un debate público en Bilbao con el entonces vicelehendakari Ibarretxe, por el que siempre he tenido, contra viento y marea de neofranquistas y radicales, un gran respeto, aun en desacuerdo. El debate era sobre las ventajas del futuro euro. Disentimos totalmente. Desde Euskadi y Catalunya todo lo que sea Europa se ve bien porque cuanto más se diluya España, mejor. Y como el euro dejaba Europa atada y bien atada, miel sobre hojuelas. En este caso todos coincidían en la riqueza del panal, incluidos los españolistas más acendrados, que suelen mirar la cotización de bolsa antes de proclamar esencias patrias. La idea era que el euro ampliaría el mercado, reduciría costos de transacción, simplificaría aranceles y constituiría una unidad de destino en lo universal económico frente a EE. UU., países asiáticos y otras gentes de mal vivir.

Yo expresé mis reservas sobre la bondad del euro, pensando en la gente de a pie para quien la economía no son modelos sino vida. Mi razonamiento era (y es) el siguiente: la moneda es expresión de una economía única en la que las diferencias territoriales dan un promedio en el que se basan las políticas económicas del país. O sea: la política monetaria, la política fiscal, las políticas crediticias del Banco Central (que determina los tipos de interés), la balanza por cuenta corriente (relación con el exterior), el nivel de deuda público y privado tienen que corresponderse. Porque hace tiempo que los países están integrados en una economía global de la que dependen en términos de sus intercambios comerciales y financieros. Si un país vive de prestado, con baja productividad y creciente déficit comercial, se le cierra el grifo del dinero, porque el costo de los préstamos que recibe se hace prohibitivo.

Al final, como nadie cree en la moneda en que el país paga, la moneda se devalúa, por decisión del Gobierno o del mercado, el país puede endeudarse menos, y como sus precios son más competitivos por la devaluación recupera poco a poco su crecimiento y su credibilidad económica. La creación del euro supuso algo distinto: que todas las economías eran iguales cuando no lo eran, ni en productividad, ni en competitividad, ni en responsabilidad fiscal. Para homogeneizar se dieron atribuciones al Banco Central Europeo para que decidiera los tipos de interés. Aún peor. Porque si una economía entraba en recesión porque no aguantaba el tirón de ser igual que las otras en competitividad, no podía recuperar esa competitividad ni bajando los tipos de interés ni devaluando su moneda. O sea, todos alemanes por narices.

A los alemanes les iba bien porque su moneda valía igual con competitividad mayor y así les comprábamos más. Algo había que hacer para mantener la ficción de la unidad de gestión económica. Y por eso el tratado de Maastricht impuso un límite al endeudamiento público y amenazó con multas de hasta el 0,5% del PIB.

Pero como no tiene a la Legión, a ver quién las cobra. La verdad es que España fue mientras pudo un buen ciudadano europeo y se mantuvo dentro de los límites. Fue posible mientras había un alto crecimiento fundado en el modelo especulativo e insostenible del gobierno del PP para crecer sin incremento de la productividad con una economía inmobiliaria, de turismo y de construcción alimentada por mano de obra inmigrada. Cuando la crisis mundial cerró el grifo del crédito fácil, no pudo proseguir ese crecimiento y el Estado tuvo que socorrer a la economía. Sacando el dinero de donde está: de los mercados financieros, o sea, endeudamiento. A finales del 2009 el porcentaje de déficit presupuestario sobre el PIB llegó al 11,8%, no lejos del 13% de la manirrota Grecia.

No crece la productividad, no exportamos suficiente (déficit de cuenta corriente del 5,7% del PIB), no hay crédito, baja la inversión y el consumo, por tanto, sube el paro a los niveles más altos de la OCDE, se encarece el crédito en los mercados financieros y es difícil subir impuestos por razones económicas y políticas. El Gobierno tiene las manos atadas, pues no puede hacer lo obvio: devaluar, reducir costos (incluidos laborales) y aumentar productividad.

¿Qué le pasa a la pobre Grecia? Pues que hizo trampa con la UE, ayudada por Goldman Sachs, que maquilló sus cuentas para que los mercados siguieran prestando a una economía fiscalmente quebrada (por el gobierno conservador, por cierto). Y cuando el socialista Papandreou explicó por qué tenía que imponer austeridad se descubrió el pastel. Los mercados dejaron de comprar deuda griega y los especuladores jugaron al alza de precios de los seguros CDS que cubren los riesgos de deuda. Merkel acudió al rescate porque un hundimiento del euro griego es inseparable de un hundimiento del euro. Pero con condiciones leoninas, porque los alemanes no están por la solidaridad a menos que les regalen el Mediterráneo. Esto implica reducción drástica del gasto público, despidos y limitar privilegios del sector público.

Tal vez funcione, porque, pese a las protestas de los afectados, la mayoría de los griegos apoya el plan de austeridad. Pero la urgencia de la intervención resulta de que Grecia es sólo la primera línea de defensa del euro. Los llamados PIGS (qué nombrecito) están en la mira de los especuladores. El coste de los seguros financieros para España se ha disparado desde diciembre. George Soros escribió esta semana que el problema no es Grecia, sino Portugal, Italia, Irlanda y España. Y hace poco Martin Feldstein, respetado economista de Harvard, propuso la restauración temporal del dracma griego para permitir a Grecia gestionar su crisis. Si la crisis del euro no se detiene, empezaremos a hablar de la euro-peseta.

Fuente: http://www.lavanguardia.es/free/edicionimpresa/res/20100227/53895349213.html?urlback=http://www.lavanguardia.es/premium/edicionimpresa/20100227/53895349213.html


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miércoles, 17 de febrero de 2010

¿Quiénes y por qué atacan a la economía española, o a la griega? ¿Y qué hacer para evitarlo?


17-02-2010
Juan Torres López
Rebelión

Todo el mundo es consciente de que "van a por España", como decía un artículo publicado hace unos días en el diario El País. Dicho de otra manera, eso quiere decir que "los mercados" atacan a la economía española, que se difunden rumores sobre su debilidad, que salen capitales y, sobre todo, que las agencias de calificación pueden estimar que la capacidad de España para hacer frente a sus compromisos de deuda disminuye, lo que dificultaría la colocación de la deuda española, haciéndola más costosa y quizá impidiendo que pudiera seguir haciendo frente a sus compromisos de pago. Hasta aquí es más o menos lo que cuentan los periódicos y lo que dicen la mayoría de los economistas, pero conviene saber algunas cosas más.

¿Quienes son los mercados que atacan a la economía española? Lógicamente, los mercados no son criaturas reales que tengan cuerpo y alma, sentimientos, voz y voluntad. De ninguna manera. Los "mercados" son en realidad los propietarios de los grandes capitales que operan en ellos: los grandes banqueros y los directivos de los bancos, los grandes inversores, los titulares de los gigantescos fondos de inversión, de pensiones, las grandes multinacionales...

Son, por tanto, personas normales concretas, ciudadanos como los demás pero que tienen muchísimo dinero y, por tanto, muchísimo poder. Privilegiados que dominan a los gobiernos y que se superponen a cualquiera de las decisiones que los órganos o instituciones representativos puedan adoptar, y también los que tienen influencia sobre los organismos internacionales. No creo que sea necesario que dé nombres, cualquier persona bien informada sabe con quiénes se han reunido los presidentes de los gobiernos, quiénes van a Davos, los que forman parte de la Trilateral o del Club Bilderberg, los empresarios multimillonarios... A esos me refiero. Son los que controlan no solo sus propios e inmensos recursos financieros sino también el ahorro, en nuestro caso, de los españoles, con el cual atacan a la economía española. Usan nuestro dinero para empobrecernos. Esos son "los mercados" a quienes los medios de comunicación nunca ponen nombre ni cara.

¿Por qué les preocupa ahora la situación de la economía española? Todos ellos han ganado miles de millones en los últimos años cuando lograron implantar en España, o en otros países, un modelo productivo especulativo gracias a las leyes que fueron aplicando los sucesivos gobiernos. Y, a escala global, difundiendo por todo el planeta e invirtiendo y especulando con activos financieros arriesgadísimos y gracias a la complicidad de las autoridades económicas. Hasta que todo saltó por los aires porque ese modo de ganar dinero es materialmente insostenible. Todos conocemos la historia, sus engaños y fraudes, su extraordinaria irresponsabilidad, su avaricia ilimitada... y lo que después ha sucedido, el colapso financiero y la práctica paralización de la economía mundial porque ésta no puede funcionar sin financiación.

Cuando todo estalló, los bancos que habían provocado el desastre y que antes pedían a los gobiernos que se abstuvieran de intervenir en sus negocios, enseguida les pidieron protección y que pusieran sobre la mesa cientos de miles de millones para salvar sus cuentas. Fue tanto el desastre que habían provocado que se hizo necesaria una intervención gigantesca de los gobiernos, que tuvieron que endeudarse hasta las cejas para evitar el colapso global de las economías y la quiebra generalizada del sistema financiero y bancario.

Y así, y con avales o préstamos al 1% o incluso a menor interés los bancos centrales han puesto a disposición de la banca mundial cientos de miles de millones de euros para que saliera a flote y reactivara el flujo de crédito a la economía (por cierto, cometiéndose de ese modo, cuando al mismo tiempo negaban unos pocos miles para luchar contra el hambre, uno de los crímenes más horrorosos de la historia humana).

Pero en lugar de eso, en lugar de dedicar ese dinero a financiar de nuevo la actividad económica, los bancos se han dedicado a sanear sus balances, bien colocando el mismo dinero que los bancos centrales les daban en depósitos mejor retribuidos allí mismo, o suscribiendo al 3, 4 o 5% la deuda que tenían que emitir los gobiernos para hacer frente a la situación que ellos habían creado, o invirtiendo en nuevas burbujas en los mercados del oro, de las materias primas o del petróleo.

Así se ha creado un nuevo y extraordinario negocio para la banca y los especuladores financieros: comprar la deuda que los gobiernos han tenido que emitir para tratar de hacer frente al desaguisado que la propia banca y los especuladores financieros han provocado. Por eso, lo que ahora les preocupa es, sobre todo, que los estados estén en condiciones de hacer frente a esa deuda. Y por eso les quieren imponer condiciones draconianas para que sus recursos se dirijan prioritaria e inexcusablemente a pagarla. Lo mismo que hicieron con los países del tercer mundo en los años ochenta.

¿En qué consiste el ataque a las economías que están haciendo los especuladores? Los especuladores están actuando de varias formas pero, sobre todo, tratando de mostrar que la economía española es sumamente débil, de modo que aparezca como imprescindible la adopción de medidas orientadas, como acabo de señalar, a garantizar en todo caso el pago de la deuda. Saben que, en realidad, España se encuentra en una situación de dificultad en principio pasajera (aunque eso no quiera decir que no haya otros problemas de fondo muy graves, como he analizado, por ejemplo, en Crisis inmobiliaria, crisis crediticia y recesión económica en España) porque ha tenido que dedicarse a echar agua sobre el fuego que provocaron sus propias irresponsabilidades, pero les da igual.

Lo que buscan ahora es apuntalar al máximo su nuevo negocio. Lo que están haciendo es un "pressing" en toda regla y en todos los ámbitos en los que pueden actuar buscando, principalmente, compromisos de recortes en el gasto público, mayor privatización de las pensiones y, en general, más facilidades al sector privado (en donde ellos mismos ganan dinero) para eliminar al máximo las cargas públicas que pudieran distraer recursos del pago de la deuda.

Lo que hacen estos grandes, gigantescos inversores es en realidad "sembrar la duda", no solo para prevenirse sobre cualquier riesgo de impago sino, además, para lograr que aumenten las primas de riesgo y los tipos a los que el gobierno ha de emitir la deuda y así ganar más dinero todavía. Juegan a crear ellos mismos, gracias a su inmenso poder directo e indirecto a través de académicos, periodistas y medios de comunicación, las condiciones que les resulten siempre más favorables.

Todo eso tiene un nombre: extorsión, o chantaje, como ustedes quieran. Y tiene también un resultado seguro: la sumisión de los gobiernos. Unas veces porque así lo aceptan sin más, cuando actúan como sus sicarios. Otras, como le ha ocurrido docenas de veces a gobiernos progresistas o simplemente honestos, sencillamente porque no disponen de poder suficiente para decirle Basta Ya a los banqueros y grandes inversores.

Poder ciudadano

Por eso no es suficiente con criticar a estos últimos gobiernos. Es ingenuo pensar que por el mero hecho de haber ganado unas elecciones se tiene capacidad para hacer frente a quienes detentan el poder monetario. Hay que disponer, además del gobierno, de otro poder, del poder de los ciudadanos y de las ciudadanas.

Gobernar sin este último no sirve para nada. O mejor dicho, sirve, como hemos visto tantas veces y estamos viendo ahora en España o en Grecia, para caer derrotado ante los poderosos, para ceder y aceptar todas sus condiciones. Cuando el poder de los ciudadanos y ciudadanas no existe o es insuficiente, como está pasando ahora en Grecia o en España, como ha pasado en tantos otros lugares, el dinero triunfa y siempre obtiene los resultados que he comentado, la reducción de salarios y del gasto público y el desmantelamiento de los servicios colectivos, o lo que es igual, el deterioro de las condiciones de vida de las personas que no tienen fortunas.

Por eso es tan necesario generar ese otro poder, el de los hombres y mujeres que amamos la vida y no el dinero, que buscamos la justicia y no la ganancia, que queremos la paz y no la avaricia. Y ser conscientes de que aunque ellos hacen todo lo posible para evitar que nazca, y fusilan, secuestran, mienten, torturan y matan para evitar que se consolide, también es verdad que nosotros perdemos también mucho tiempo y energías en balde. No deberíamos dejarnos derrotar tan fácilmente.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, colaborador habitual de Rebelión, editor de www.altereconomia.org y miembro del Consejo científico de ATTAC-España. Su web personal: www.juantorreslopez.com

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¿Es el gobierno español paranoico?


Vicenç Navarro
EL PLURAL
17 de Febrero de 2010.

Este artículo señala que, en contra de lo que sostienen autores y medios de información liberales, el gobierno español (y otros gobiernos de la UE) están sujetos a una campaña hostil de los mercados financieros especulativos que tienen como objetivo afectar al euro, campaña que coincide con las presiones realizadas por instituciones (como Davos) y medios de información liberales (como The Financial Times y The economist) sobre tales gobiernos para que desarrollen las medidas que favorezcan los intereses que representan. El artículo aporta evidencia de tales hechos.

Lo que estamos viendo estos días es la confluencia de dos hechos. Uno de ellos es la movilización de los mercados financieros especulativos para desestabilizar el euro. El otro, es la presión ejercida por el capital financiero (es decir, la banca), así como por el mundo de las grandes empresas (y por los medios y economistas liberales afines a tales intereses financieros y empresariales) sobre el gobierno español (así como sobre otros gobiernos de la eurozona) para que responda a la crisis financiera mediante políticas liberales, que favorezcan sus intereses.

En ambos casos, el leitmotif del ataque se presenta como la necesidad de reducir el déficit y la deuda pública de España y de aquellos otros países que los mercados financieros consideran estar excesivamente endeudados. Su solución es la gran reducción del gasto público y de los derechos sociales y laborales de las clases populares. Es así como –según ellos- se calmarán los mercados financieros.

Estos dos hechos son una realidad fácilmente demostrable, y que no pueden trivializarse a las personas que los denuncian acusándolos de paranoicos, tal como hicieron varios intelectuales (como Moisés Naim, director de la revista Foreign Policy) y economistas liberales (como Xavier Sala i Martín) en unas declaraciones realizadas a El País (02-11-10). En ellas, Moisés Naim alabó, incluso, a los mercados financieros por disciplinar a los gobiernos que no hacían lo que –según él- tenían que hacer (es decir, reducir los derechos laborales y sociales). Declaraba, el que es también colaborador semanal de El País, que no era correcto “poner a los especuladores o inversores como malos y a los gobiernos como víctimas, cuando en realidad los ataques de los inversores son los que obligan a las administraciones a mantener políticas públicas sostenibles”.
Una postura semejante se reproducía en el editorial de El País, titulado sarcásticamente “Bienvenido a la conspiración” que aplaudió a los mercados financieros por su impacto disciplinario sobre los gobiernos, acusando también a las voces dentro del gobierno Zapatero de haber denunciado tal hostilidad de los “mercados” de ser paranoicos.

A la luz de la profunda crisis causada por tales mercados especuladores (y de la extensa evidencia que documenta que los grupos bancarios, en su acción conjunta, fueron responsables de la mayor recesión existente desde principios del siglo XX), la bondad expresada hacia ellos por dichos autores es sorprendente. Tales autores dan la impresión de que no han entendido ni lo que ha estado ocurriendo todos estos últimos años, ni la crisis profunda que estamos sufriendo. Su fe liberal parece impermeable a la evidencia que les rodea.

Los llamados “mercados financieros” tienen muy poco de mercados y son instituciones e individuos con nombres conocidos. Hoy el centro de los mal llamados mercados financieros son las famosas (infames) “hedge funds”, fondos altamente especulativos, manejados, en parte, por grandes grupos bancarios. Cualquier lector mínimamente informado sobre temas económicos y financieros, habrá leído cómo Wall Street (el centro del capital financiero de EEUU) estuvo en el centro del escándalo de los banqueros, cuya codicia y comportamiento especulativo contribuyó a crear la crisis financiera más importante del mundo después de la Gran Depresión.

En realidad, estos mercados están altamente centralizados y tienen nombre propio, como Goldman Sachs, J.P. Morgan, Bank of America y otros bancos que, a través de sus influencias políticas en el Congreso de EEUU (el Comité de Finanzas del Senado de aquel país está en su bolsillo) consiguieron durante la Administración Clinton (la administración del Partido Demócrata más cercana a Wall Street que haya existido en la historia reciente de EEUU) y la Administración Bush (una de las administraciones más corruptas que aquel país haya tenido), la desregulación de la banca, lo cual quiere decir que los bancos pueden hacer lo que quieran, creando y expandiendo los ”hedge funds” con toda una batería de instrumentos especulativos (incluyendo los famosos credit default swans), que están en el centro de aquellos mercados financieros.

Pues bien, estos “inversores” están intentando causar el colapso del euro. Y esto no lo dicen los “paranoicos” sino ellos mismos. Según declaraciones hechas al Finantial Times (F.T.) (14.02.10) “varios hedge funds han informado al F.T. que han acordado posiciones conjuntas en contra del euro, basado en su lectura de la situación política en Europa y debido a su temor al deseo de regulación del capital financiero por parte de los estados”.

Es difícil decirlo con mayor claridad. Estos “hedge funds” han estado manipulando y especulando con la deuda de aquellos países. Este pasado domingo, el The New York Times (14.02.10) publicaba, en primera página, cómo Wall Steret contribuyó a crear tal crisis del euro. Documenta también tal rotativo como Goldman Sachs, junto con sus aliados en el gobierno conservador griego, manipuló la deuda del gobierno heleno, ocultando su verdadero tamaño y especulando con ella de manera que agravó la crisis griega. Fue precisamente el nuevo gobierno socialista griego el que descubrió y denunció tal comportamiento, creando las represalias del “mercado financiero”. Andrew Cockburn, en otro artículo detallado en CounterPunch (13.02.10) titulado significadamente “The Economic Velociraptors” documenta cómo se está orquestando este ataque.

La presión liberal sobre los gobiernos
En cuanto a las presiones de las instituciones y autores liberales para que el gobierno español aplique medidas liberales para salir de la crisis, creo que la evidencia existente es también robusta y convincente. Sólo hace falta leer los editoriales del Finantial Times y del The Economist durante estos últimos treinta años para encontrar la evidencia.

Estos dos rotativos fueron los mayores promotores de la filosofía económica liberal en Europa y, tienen, por lo tanto, gran responsabilidad en el desarrollo de la crisis financiera que ha creado una enorme miseria en el mundo. Léanse los editoriales de tales rotativos, y verán lo que han estado promoviendo en los últimos treinta años. Ambos estimularon políticas –tales como la desregulación de los mercados financieros- que llevaron directamente a la crisis. Editorial tras editorial, aconsejaron tomar las medidas que causaron el desastre mundial. Son ellos, pues, los que carecen de toda credibilidad, y es de una extrema insensibilidad autocrítica que ahora sermoneen al respecto de cómo resolver la crisis. Lo primero que deberían hacer para ganar credibilidad es hacer una autocrítica, lo cual es como pedirle peras al olmo.

Las continuas referencias a la postura editorial de tales diarios (como hacen los rotativos liberales en España) como voces de autoridad, representa un provincialismo ignorante de los hechos. Y ninguno de ellos se ha excusado por ello. Todo lo contrario. Por paradójico que parezca continúan con el mismo dogma liberal a pesar de que la evidencia de su error es extensa y abrumadora. Imagínese que una revista médica hubiera estado promoviendo un tratamiento médico que hubiera causado millones de muertos en el mundo, y que no hubiera corregido y cambiado de tratamiento. ¿Habría alguien que le estuviera escuchando o, incluso, citando como voz de autoridad? Pues esto es lo que está ocurriendo con el Finantial Times y el The Economist.

Un tanto semejante ocurre con Davos, el Vaticano del movimiento liberal.
En un escrito mío en Público, “La escasa credibilidad de Davos” (11.02.10) señalaba los errores y manipulaciones que había realizado un informe de Davos, sobre la competitividad de la economía española, en la que ésta aparecía por los suelos, a nivel de países del tercer e incluso cuarto mundo.

Las falsedades de este informe alcanzaban niveles nunca vistos antes en dichos medios, tales como señalar que el conocimiento de matemáticas y ciencias en España está a la cola de la mayoría de los países del mundo, a nivel del cuarto mundo (PISA muestra que España está ligeramente inferior al de los países más ricos del mundo). Tal informe estaba dirigido por el mismo Xavier Sala i Martín, que niega en unas declaraciones que el gobierno español esté sujeto a ninguna presión internacional de los mercados y asociaciones e instituciones internacionales, los cuales –según Sala i Martín- responden de una manera lógica y razonable frente a lo que él define como la raíz del problema, es decir, la supuesta excesiva proximidad del gobierno Zapatero con los sindicatos, que dificulta que se hagan los cambios que los mercados y él desean.

Todos estos autores, rotativos, agencias y medios comparten la ideología liberal (que es la ideología del capital financiero y del mundo empresarial), promovida también en nuestros rotativos de mayor difusión. De ahí su acción coincidente, que tiene como objetivo común: disminuir el nivel de vida de las clases populares aplicando medidas de gran austeridad que les permitan salir de la crisis en términos favorables a sus intereses.

Cuando el grado de coincidencia es tan amplio, no hace falta ninguna conspiración o conjura. Tal ideología les define, motiva y marca lo que promueven y creen en ello, pues coincide, y justifica sus intereses. Lo que es frustrante es que el gobierno Zapatero parece estar creyéndose lo que sus críticos liberales le dicen, tomando toda una serie de iniciativas (desde la reducción del gasto público –que es una nota de suicidio en estos momentos de gran recesión- hasta las reformas del sistema de pensiones) que, como bien ha dicho el Premio Nóbel de Economía, Joseph Stiglitz, no tienen nada que ver con la crisis del euro o de la economía española.

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sábado, 13 de febrero de 2010

La distribución de las rentas y la sostenibilidad de las pensiones


Vicenç Navarro
Artículo publicado en la revista digital SISTEMA, 12 de febrero de 2010

Este artículo analiza el impacto negativo de la polarización de las rentas en los ingresos a los sistemas de pensiones públicos en la mayoría de los países de la OCDE (resultado del desarrollo de las políticas neoliberales).

El erróneo énfasis que se da a la transición demográfica como causa de la posible inviabilidad del sistema de pensiones públicas (ver mi artículo Los errores del determinismo demográfico: el caso de las pensiones. Sistema Digital, 05.02.10) ha hecho que no se preste atención a otros temas que tienen gran importancia para determinar la viabilidad de tal sistema. Uno de ellos es la evolución de la distribución de la renta en un país y su impacto en la sostenibilidad de los sistemas de pensiones. Veámos.
El gran crecimiento de la productividad que se ha dado en la mayoría de países de la OCDE, durante los últimos treinta años, no se ha traducido en el correspondiente incremento de los salarios y de la masa salarial. En realidad, ésta última, la masa salarial como porcentaje de la renta nacional ha disminuido, en parte, como consecuencia de la aplicación de las políticas neoliberales llevadas a cabo por gran número de países. Este descenso de las rentas del trabajo ha sido a costa de un aumento muy considerable de las rentas del capital. País tras país, los beneficios empresariales han crecido sustancialmente y esta polarización de las rentas ha afectado a los ingresos de la Seguridad Social, pues las cotizaciones sociales derivan del trabajo. En realidad, incluso las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social se basan en la masa salarial de la empresa y es una aportación basada en el trabajo.
Una consecuencia de este descenso de la masa salarial ha sido una reducción de la cantidad aportada a la Seguridad Social por parte de la fuerza laboral. Este hecho del cual no se habla queda muy bien documentado en el artículo de Christian E. Weller, “The future of public pensions in the OECD”, publicado en el Cambridge Journal of Economics (2004. 28.4895-504). Es una lástima que este artículo no incluyera a España (incluye a Francia, Alemania, Italia, Japón, Suecia, Gran Bretaña y EE.UU.). Pues en España también hemos visto un descenso de la masa salarial como porcentaje de la renta nacional.
No es de extrañar que una de las conclusiones del estudio de Weller sea que una de las medidas importantes para mejorar la viabilidad de los sistemas de pensiones es no sólo aumentar la productividad –lo cual, como he señalado en otro texto es enormemente importante (ver mi artículo Las pensiones son viables. en www.vnavarro.org)- sino también los salarios, asegurándose que el incremento de la productividad repercuta en el nivel de los salarios y en los ingresos a la Seguridad Social. Como bien dice Weller, el futuro de las pensiones depende, en parte, de la cantidad de buen empleo que exista en un país y de la distribución de las rentas entre el trabajo y el capital. Otra de sus conclusiones es que el crecimiento del empleo, el crecimiento de los salarios y la disminución de las desigualdades (con mayor proporción de la renta procedente del trabajo y menor proporción procedente del capital) son condiciones importantes para asegurarse la viabilidad de las pensiones públicas.
Ni que decir tiene que el crecimiento de los salarios requiere crecimiento de la productividad. Esto último, sin embargo, no es suficiente, pues hemos visto en muchos países de la OECD que tal crecimiento de la productividad no fue acompañado del correspondiente crecimiento de los salarios, aumentándose así las desigualdades en la distribución de las rentas a favor de las rentas del capital. El crecimiento salarial depende sobre todo de factores políticos y muy en especial de la fuerza de los sindicatos. En España se hace referencia constantemente a que los salarios son bajos porque la productividad es baja. Pero, podría decirse al revés que la productividad es baja porque los salarios son bajos. No existe estímulo e incentivo para que el empresario sienta la necesidad de invertir en los puestos de trabajo. Contribuye también a reproducir la baja productividad la limitada relación que existe entre el mundo educativo, por un lado, y el mundo productivo, por el otro, y aún cuando mucho se ha hecho en los últimos años, mucho más queda por hacer.
Una consecuencia de lo dicho es que las políticas redistributivas favorecen a la sostenibilidad de los sistemas de Seguridad Social. De ahí la urgencia e importancia de que se recuperen las políticas fiscales progresistas en las que los grupos más pudientes contribuyan más de lo que lo están haciendo ahora. No es cierto, como constantemente se dice en los medios (la mayoría de los cuales son de persuasión liberal) que la población esté en contra de aumentar los impuestos. Depende de a quien se le hace la pregunta y de que impuestos estemos hablando y con que propósito. La experiencia del estado de Oregón en EE.UU., hace unas semanas, es un indicador de ello. La mayoría del electorado votó favorablemente a una propuesta de aumentar los impuestos de las personas con mayores ingresos en el Estado para evitar los recortes de los servicios públicos. Ello significó un aumento de un 5% de los ingresos al Estado lo que permitió evitar aquellos recortes, que el gobierno estaba dispuesto a hacer en caso de no conseguir la aprobación de la propuesta de subir los impuestos. ¿Hay alguien en España que dude de que la gran mayoría de las clases populares (clase trabajadora y clases medias) aprobarían que el 20% de la población que goza de una renta superior, viera incrementada su carga fiscal para mejorar las pensiones? En realidad, esta medida redistributiva favorecería también el estímulo económico, pues las rentas superiores ahorran más que consumen, mientras que las clases populares consumen más que ahorran. Y ahora se necesita, como el aire que se respira, que aumente el consumo. Ahora bien, es improbable que esta propuesta la lea usted en los medios de información y persuasión, pues la gran mayoría de los formadores de opinión pertenecen a aquel 20% de población de renta superior. Así es nuestro país.

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La escasa credibilidad de Davos


Vicenç Navarro
Público
12-02-2010

Un mensaje que se está promoviendo ampliamente en medios liberales es que la economía española es escasamente eficiente y muy poco competitiva, y ello como resultado de las supuestas rigideces de su mercado de trabajo y del excesivo gasto público. Uno de los centros que han promovido más este mensaje es el Foro Económico Mundial que se celebra en Davos, citado frecuentemente como el Vaticano del pensamiento liberal.

Uno de sus informes, Global Competitiveness Report 2009-2010 (en el que analiza la competitividad de los países del mundo), sitúa a España en términos muy desfavorables, por debajo de países del tercer e incluso del cuarto mundo. Y como era de esperar, el coordinador del estudio, Xavier Sala i Martín, ha sido ampliamente entrevistado por los medios de información de mayor difusión del país (la mayoría de los cuales son de persuasión liberal), proveyendo las cajas de resonancia a tal mensaje.
Un análisis riguroso de tal informe cuestiona, sin embargo, la validez del estudio, así como sus conclusiones. En primer lugar, el estudio no se basa, en su mayoría, en un análisis que utilice datos objetivos sobre los cuales construir el informe y alcanzar sus conclusiones. El estudio es primordialmente una encuesta de opinión en la que, en cada país, se pregunta a una institución próxima al mundo empresarial (con orientación liberal, en la mayoría de países) su opinión sobre una serie de asuntos: “¿Cómo valora la percepción popular sobre el comportamiento ético de los políticos en su país?”, “¿cómo valora la contratación y el despido de trabajadores en su país?” o “¿cómo valora la disponibilidad de nuevas tecnologías?”, entre muchas otras. La institución que responde a la pregunta pone un número en una escala, sin que exista, sin embargo, una homologación en el criterio que guíe las respuestas. De esta manera se abre el estudio a toda una serie de subjetividades. En algunos países la institución que responde a las preguntas es muy crítica sobre la situación en su propio país, mientras que en otros lo es muy poco. Esta subjetividad, sin intento de homologación de criterios, es lo que caracteriza el estudio.
Esto lleva a resultados que son, como mínimo, sorprendentes (para expresarlo de una manera amable). Así, en la pregunta que se hace sobre corrupción en un país (“¿es práctica generalizada que se den fondos públicos a compañías o individuos como consecuencia de la corrupción?”), una dictadura como Qatar (que se ha convertido en el paraíso del mundo empresarial) aparece como uno de los países menos corruptos del mundo (en aquel país, la distribución de los recursos petroleros la hace el Gobierno entre miembros de la familia real), muy por encima de España. No hay duda de que hay corrupción en España. Pero poner una dictadura medieval como modelo de honradez es poco creíble.
Otra valoración sorprendente es que Omán, otra dictadura feudal del Medio Oriente, sueño del mundo empresarial por la enorme riqueza petrolera y por tener una fuerza de trabajo (la mayoría inmigrante) sin ningún derecho laboral, aparece como uno de los países que (según el contestador del cuestionario en aquel país) goza de mayor confianza popular respecto al comportamiento ético de sus políticos, muy por encima de un país democrático como España. Por lo visto, confianza popular quiere decir, para el que contesta la pregunta, confianza empresarial. En cuanto a “cómo considera usted la contratación y despido de los trabajadores”, España aparece a la cola, muy por debajo de Senegal. España, por cierto, se encuentra al mismo nivel que Senegal en el capítulo de “disponibilidad de nuevas tecnologías”.
En todos estos casos, lo único que muestra el informe es que la institución española (IESE, el centro de estudios empresariales que ha respondido por parte de España) es más crítica hacia su propio país que la institución de Senegal (Centre de Recherches Economiques Appliquées, Universidad de Dakar) o que la de Omán (The International Research Foundation) o que la de Qatar (Qatari Businessmen Association). Pero en ningún caso aportan datos que puedan compararse y permitan llegar a conclusiones. Me parece muy bien que las instituciones a las cuales se les pida su opinión sobre la situación en su país la den. No hay nada censurable en ello. IESE contestó acentuando el aspecto crítico y me parece muy bien. Pero me parece muy mal, y refleja una enorme falta de rigor (que da pie a todo tipo de manipulación), que el equipo coordinador ponga todas estas respuestas juntas, se amalgamen en un indicador y se produzca entonces una lista de países según su nivel de competitividad. En realidad, lo único que puede deducirse del informe Davos es que la agencia de Senegal que llena el cuestionario es menos crítica hacia su país de lo que es IESE hacia España. El informe mide distintos niveles de subjetividad. Pero nada más. Construir toda una serie de conclusiones sobre ello es no sólo frívolo, sino profundamente erróneo. Lo cual es fácilmente demostrable cuando se contrasta con datos objetivos. En el capítulo dedicado a la educación, cuando el informe Davos analiza la calidad educativa (en materias como matemáticas o ciencias), España aparece de nuevo a la cola (nº 99) junto con Kirguizistán. Pero el informe PISA, mucho más imparcial que el informe Davos, al basarse en datos objetivos, muestra que Kirguizistán tiene el conocimiento en matemáticas y ciencias más bajo de la lista de países analizados, mientras que España está ligeramente por debajo del promedio de los países de la OCDE, el grupo de países más ricos del mundo. Es en base a este tipo de estudios que la cultura liberal de Davos está presentando una visión de España deliberadamente negativa a fin de presionar al Gobierno español para que haga los cambios que ella desea.
Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/1830/la-escasa-credibilidad-de-davos/

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viernes, 12 de febrero de 2010

“En 2010 empieza la crisis”


SEAT. Concentración contra los despidos en la planta de Martorell el 22 de enero. Foto: Manu Fernández.


SANTIAGO NIÑO BECERRA, CATEDRÁTICO DE ECONÓMÍA

Este catedrático de Economía de la Universidad Ramón Llull y autor de ‘El crash del 2010’ anuncia un próximo desplome del precio de la vivienda, un paisaje deflaccionario y altas tasas de paro.

Roberto Calera / Madrid
Miércoles 3 de febrero de 2010.
Diagonal

DIAGONAL: ¿La crisis financiera de 2009 es la buena o sólo es un aviso?

SANTIAGO NIÑO BECERRA: Entre septiembre de 2007, momento en el que se manifiesta la problemática de las subprime y mediados de 2010, momento en el que, pienso, se producirá el comienzo de la crisis, hemos vivido, estamos viviendo, un periodo de precrisis. Lo que ha estado sucediendo durante 2009 con las entidades financieras ha sido el inicio de una problemática que fue abortada gracias a la concesión de ayudas billonarias al subsector financiero, abortada, pero no resuelta. Es decir, dentro de unos meses, cuando los problemas ya no sean contenibles, cuando las ayudas finalicen, la problemática se reeditará.

D.: ¿Cómo se explica la pobre corrección de precios inmobiliarios? ¿No deberíamos estar viendo correcciones de entre un 30% y 50%?

S.N.B.: Primero, porque parte de la deuda de los promotores y constructores con el sistema financiero se ha “resuelto” traspasando, aquéllos a éste, edificios y urbanizaciones, aunque esta vía tiene un límite. Y segundo, porque diversos promotores, constructores e inversores prefieren no vender antes que perder, ya que sus acreedores han aceptado esperar el cobro de sus deudas. El derrumbe de los precios se producirá cuando toda esta oferta salga al mercado. Pienso que entre 2011 y 2012 quien vaya con el dinero en la mano podrá comprar, literalmente, al precio que quiera.

D.: ¿Nos acercamos a una caída de precios (deflación) o las políticas de “regar” con liquidez los mercados harán que todo ese dinero se vaya a materializar desatando tendencias hiperinflacionarias?

S.N.B.: En última instancia, el nivel de precios lo determina la oferta y la demanda. La demanda, pienso, va a hundirse a medida que se vayan produciendo ajustes de capacidad, ganancias de productividad y ahorros de costes, porque las rentas medias irán cayendo, y en un decorado de alto desempleo, reducida actividad y recaudación fiscal a la baja, los precios no pueden subir, al contrario. A eso añadamos la enorme deuda acumulada hasta el momento. Es decir, nos enfrentamos a un escenario deflacionario y con las posibilidades de crecimiento estancadas... como en la Gran Depresión.

D.: ¿Cuál puede ser el próximo modelo económico sobre el que funcione la economía en el futuro?

S.N.B.: La recuperación, pienso, se sustentará en la productividad y en la eficiencia: fabricación de lo necesario de la forma más conveniente para utilizar la menor cantidad de commodities (materias primas) que sea posible, lo que suena francamente bien, pero eso tiene consecuencias: va a ser necesaria muy poca población activa, por lo que el desempleo del factor trabajo será muy elevado. En cuanto a los sectores con verdadero futuro, pienso en biotecnología, la investigación energética, la logística (ayuda a mejorar la productividad), y lo que yo denomino el Sector-R: reciclaje, rehabilitación, recuperación, reparación.

D.: ¿Qué pasará con el ahorro?

S.N.B.: Con respecto al ahorro se ha exagerado muchísimo. El ahorro medio de una familia española media es de 4.000 euros, eso es la media, porque el 60% de los españoles tienen problemas para llegar a fin de mes, y el 35% de esos españoles no pueden hacer frente a un imprevisto. Luego, claro, están las familias con un patrimonio superior a los diez millones de euros de los que el 10% lo mantienen en liquidez. Los segundos tienen acceso a instrumentos muy sofisticados para protegerse –aunque no pueden contar con la invulnerabilidad total–, los primeros simplemente no ahorran nada. Quienes se encuentran verdaderamente en la media pueden disponer de sus ahorros como consideren oportuno: su influencia es muy, muy limitada.

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lunes, 1 de febrero de 2010

El punto de no retorno


01-02-2010
Beppe Grillo
www.beppegrillo.it
Traducido para Rebelión por Gorka Larrabeiti

En 2008 los Estados salvaron de la quiebra a los bancos, los mismos bancos que habían causado la crisis. Comenzó entonces un dominó mundial. De la crisis financiera, que duró ciertos meses, el tiempo necesario para inyectar liquidez a los bancos, se pasó a la crisis económica que progresaba como una reacción en cadena.

Cierre de empresas, despidos masivos, caída del consumo, derrumbe del valor del mercado inmobiliario, disminución de los ingresos fiscales. Para evitar el colapso, los Estados recurrieron a la deuda pública. Endeudaron a los ciudadanos inconscientes (en el imaginario la deuda pública siempre es de otro); primero para mantener en vida los bancos, luego los gastos corrientes. El aumento de la deuda tuvo como efecto el aumento de los intereses que los Estados debían pagar a quien había comprado nuevas emisiones de títulos. Los intereses son un lastre para el desarrollo de un país. A más intereses por la deuda, menor capacidad de política económica. Cuanto más crece la deuda, más fácil resulta recurrir a los recortes del Estado social como única solución posible.

Si un Estado, antes de la crisis, tenía una alta deuda pública, tuvo que endeudarse más allá del punto de no retorno. La pregunta que se hace todo el mundo es: “¿Cuándo se alcanza el punto de no retorno?”. Es sencillo: cuando ya nadie compra títulos de Estado. A falta de compradores el Estado debe declarar la bancarrota, entra en quiebra, no paga los salarios a los empleados públicos ni las pensiones. Otra cuestión que hemos de plantearnos es: “¿Qué Estados tienen mayor probabilidad de quebrar?”. También en este caso la respuesta es sencilla: aquellos que, además de una gran deuda pública anterior a la crisis y a un fuerte aumento posterior a la crisis, han disminuido su capacidad productiva. Producen menos (el llamado PIB), y a la vez aumentan su deuda. En la UE, los Estados con estas características son al menos tres: Grecia, Italia y España.

A Grecia e Italia les une la misma estrategia: venden su deuda a los Estados extra UE, ya que la UE no consigue dar abasto a la oferta continua de Tremorti (1) y de Yorgos Papandreu. Tremorti vendió nuestra deuda a China el mes pasado; curiosamente, como la deuda es nuestra, ignoramos el valor de la venta. China, mediante la deuda, compró parte de nuestra soberanía nacional, acaso Termini Imerese (2) o atajos privilegiados para el comercio exterior.

Pero incluso la Gran China tiene sus límites, y tras haber digerido a Tremorti, no compró los 25.000 millones de euros de títulos griegos que propuso la semana pasada Goldman Sachs.

En Davos están discutiendo sobre economía mundial las mismas personas que provocaron la mayor burbuja de los últimos 150 años. Corre por ahí una pregunta: “¿Quebrará antes Italia o Grecia?”. Los inversores internacionales ya han dado una respuesta técnica. Los títulos de Estado de los países en peligro están cubiertos por un seguro de riesgo llamado CDS, Credit Default Swap [Permuta financiera de cobertura por incumplimiento crediticio].

Italia es la primera con diferencia, a mucha distancia de la segunda (3). Grecia sólo es quinta. Hacia la catástrofe con optimismo.

http://www.beppegrillo.it/2010/01/il_punto_di_non_ritorno/index.html



Notas del Traductor:

1. El autor llama “Tremorti”, “Tres muertos”, al ministro de Economía italiano, Giulio Tremonti.
2. Complejo industrial que la FIAT está desmantelando en Termini Imerese, Sicilia.
3. Sorpresa: en el gráfico que cita Grillo tomado de The Economist, la segunda en la lista es España.

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miércoles, 30 de diciembre de 2009

El dilema de Krugman


30-12-2009
España
Pedro Montes
Rebelión

Una gran confusión prevalece sobre el futuro de la economía española, una vez que para algunos países parece haber pasado el peor momento de la crisis financiera y la recesión posterior, y una vez que el presidente Zapatero ha osado dar por iniciada oficialmente la recuperación. Dejemos de lado la economía internacional, en una situación mucho más problemática, compleja y peligrosa de lo que se cree, y centrémonos en lo que ocurre en nuestro país.

Zapatero fue el último en enterarse de la crisis económica y ha sido el primero en anunciar la recuperación. No sabe por qué ha comenzado, no puede calibrar su fuerza, no está en condiciones de asegurar su continuidad, no se atreve a pronosticar cuándo la mejora se traducirá en el empleo, pero para él la recuperación está en marcha. No hay que perder ni dos líneas en resaltar la insolvencia del presidente del Gobierno, ni su afición a actuar como un prestidigitador sacando conejos de la chistera (el último, la patraña del proyecto de ley de economía sostenible).
El presidente del PP, siempre al acecho en su triste papel de buitre para aprovechar los desastres, no tiene inconveniente en decir que la crisis se ha detenido pero que la recuperación es imposible con este Gobierno. Los dirigentes de CCOO y UGT, extraviados en una crisis que se les ha venido encima sin preverla, han puesto en marcha una estrategia de apaciguamiento pensando que, con algunas concesiones, en varios años se recuperará la normalidad y con ella el papel institucional reformista relevante que ellos tienen. Podría decirse, pues, que al margen de matices y precisiones temporales, se da por supuesto que la recuperación es el horizonte de la economía española.
Frente a esta previsión, hay razones para sostener que no sólo no hay recuperación a la vista, lo cual elimina el debate sobre los años que durará la crisis, sino que la economía se adentrará en el futuro en un proceso de degradación continuo, al que no se puede por el momento vaticinar fin. A partir del difícil estado actual, el deterioro de la economía llevará a una situación con extremas tensiones políticas y sociales, que traspasará el ámbito electoral en el que por ahora se piensa que están los forcejeos sobre la salida de la crisis. Se comprende bien que los dos partidos mayoritarios vivan y se preparen para mantener la competencia electoral con la crisis como tema estrella, pero se entiende mal que los sindicatos no se dediquen a preparar a los trabajadores para los conflictos inexorables que hay por delante.

Una economía en quiebra
Hay que partir de caracterizar a la economía española como una economía en quiebra. Arrastra un déficit exterior extremadamente agudo, que lo ha convertido en uno de los países con una deuda exterior neta más grave del mundo, y tiene un nivel de paro desolador. Con estos datos, se puede concluir que esta economía no ha encontrado su sitio en el puzle de la globalización, y más concretamente, que no ha logrado un equilibrio razonable en el marco de la unión monetaria europea.
El vaticinio de la no recuperación surge de la imposibilidad de financiarla. Una economía en expansión daría lugar a unas necesidades de financiación exterior que son muy difíciles de cubrir. En primer lugar, por el montante exigido. En el 2008, el déficit de la balanza por cuenta corriente, lo que se requería financiar, fue un impresionante 10% del PIB. Se reducirá acusadamente en este año, por el hundimiento de la demanda y la actividad, pero aún representará más de un nada desdeñable 5% del PIB, y un relanzamiento lo dispararía de nuevo.
En segundo lugar, por el enorme volumen de deuda exterior acumulada, que debe refinanciarse cuando la solvencia del país anda en tela de juicio en los mercados financieros internacionales. Esa deuda se ha canalizado fundamentalmente por las entidades de crédito y ha atrapado a todos los sectores económicos, incluido ya el sector público, que será incapaz durante bastante tiempo de practicar una política fiscal expansiva. En tercer lugar, la crisis financiera se dejará sentir durante mucho tiempo: se mantendrán los circuitos del crédito obturados y la desconfianza y la inseguridad como clima general. La falta de crédito y liquidez en la economía española, las restricciones financieras actuales no se disiparán, si no se agravan con la crisis latente del sistema crediticio español. En esas condiciones, no es posible la recuperación.
Las miserias de la política
Pero el problema del desajuste estructural que sufre el país es más complicado. La situación insostenible, bloqueada, sin salidas visibles, la han puesto de manifiesto muchos prestigiosos analistas, paradójicamente más los extranjeros que los españoles, quizás por estar menos sometidos a las miserias de la política y a al conflicto de intereses que la crisis ha exacerbado. Pueden tomarse las declaraciones del premio Nobel Krugman como un buen exponente de las opciones existentes. Este ha dicho, en lo que podría denominarse como su dilema: la economía española ha de reequilibrar su situación en la economía internacional por medio de una mejora de su competitividad, que sólo puede venir por dos caminos: una devaluación de la moneda, cosa imposible por la pertenencia al euro, o un drástico ajuste interno de precios y costes.
La magnitud de ese ajuste es discutible, pero se ha manejado una cifra entre el 15 y el 20%. Esta salida tiene muy serios inconvenientes y su aplicación es casi imposible. No se puede descartar que la crisis promueva un ajuste interno progresivo, como de hecho se está produciendo ya. Pero no cabe esperar que por un acuerdo social se reduzcan los costes, es decir los salarios, en una proporción tan intensa como la situación reclama, y mucho menos los precios, de por sí incontrolables. Hay que tener en cuenta, además, que un ajuste depresivo de esta naturaleza hundiría la economía, lo que a partir de los niveles de paro existentes crea un panorama tan estremecedor como inquietante.
Y el problema se complica porque si llegara a producirse el ajuste y a remediarse el desequilibrio exterior, la economía española no podría adentrarse en una fase de recuperación sostenida digna de tal calificación, porque desde el mismo momento en que esto empezara a suceder se reproduciría la pérdida de competitividad y con ello reaparecerían los problemas de financiación exterior. Así pues, la salida posible que nos marca Krugman es un hundimiento inmediato de la economía, con más millones de parados, y la condena a permanecer en el fondo estancada, pues las aventuras de recuperación son poco menos que imposibles. Esta es por lo demás la que se considera la opción realista, la única, pues se ha logrado un pensamiento común generalizado entre los políticos y economistas de que la pertenencia al euro es algo irreversible.
Cabría empezar rebatiendo esta opinión, pues no hay en la política nada irreversible. Descolgarse del euro es verdad que está fuera de todos los proyectos para remontar la crisis. Entre los políticos es imposible encontrar alguno que apueste por la salida del euro. Entre los economistas y analistas la posición no es tan cerrada, pero abiertamente nadie ha puesto la cuestión sobre el tapete. Pero con realismo es necesario replantearse la pertenencia a la moneda única pues, como se ha visto, la salida que propone Krugman es lanzarse a un precipicio, y las sociedades no son proclives al suicidio.
Una catástrofe financiera
Después de más de una década de pertenencia al euro y los fuertes compromisos en dicha moneda que tienen adquiridos todos los agentes sociales, salir del euro y restablecer una moneda propia fuertemente devaluada conduciría, entre otros males y conmociones, a una catástrofe financiera, al tenerse que pagar en euros la deuda descomunal exterior existente. Que el país tendría que declararse en bancarrota es más que probable, pero, y esto es lo que da dramatismo a la situación de la economía española, es que posiblemente no hay otra alternativa. Esta implicaría hacer tabla rasa del pasado y tener que empezar de nuevo a construir una economía con una moneda mucho más débil, con una relación de intercambio más acorde con los fundamentos económicos, más protegida y menos abierta al exterior, pero al mismo tiempo con más posibilidades internas de ser dirigida y controlada. De nuevo se dispondría de una moneda para equilibrar los flujos económicos con el exterior y se ganaría un instrumento esencial para intervenir en la economía como es la política monetaria propia, a la que se renunció con el euro.
En fin, lo que se ha presentado como el dilema de Krugman es realmente una aporía, esto es, como dice el diccionario: dificultad lógica insuperable de un problema especulativo. Ninguna de las dos alternativas es razonable, las dos encierran problemas gravísimos de aplicación y las dos implican consecuencias pavorosas. De ahí la opinión de que la salida de la crisis no se resolverá en claves económicas sino como resultado de los conflictos sociales y políticos que promoverá una situación económica insostenible. Y de ahí a decir que la lucha de clases será la que determine el futuro de la economía sólo queda un paso lógico, si bien abrirá un proceso social largo y muy complejo, donde por el momento nada está escrito si bien constituirá un escenario propicio para la aparición de demagogos.
Parece claro que el futuro de la economía y de la sociedad española será convulso, está lleno de interrogantes y en modo alguno se encuentra despejado, como quieren hacer creer los que divulgan que la recuperación está a la vuelta de la esquina o la fijan ya como telón de fondo para el porvenir inmediato. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que las dos alternativas existentes comentadas, que contradicen esa perspectiva, determinan escenarios muy diferentes, con implicaciones que van mucho más allá del problema complejo de la salida de la crisis económica.
La opción del ajuste interno supone en definitiva un ajuste permanente de la economía en el marco conceptualmente ultra neoliberal de la Europa de Maastricht, que tendrá que ser muy duro en un primer momento y sostenido después. Crea las condiciones para un continuo acoso a las condiciones de vida de la mayoría de la población, en sus salarios, en las pensiones, en los servicios sociales básicos, en los derechos laborales, en la fiscalidad. Es la continuación endurecida de lo que ha ocurrido desde que se aprobó el tratado de Maastricht para crear la moneda única, sin las ventajas ya de una expansión económica y los fuegos artificiales del bienestar. Es el peor escenario que cabe imaginar para los trabajadores, capas sociales modestas y sectores amplios de la pequeña y mediana burguesía, pues estarán sometidos a una ofensiva perenne contra sus condiciones de vida e intereses, por la presión constante que ejercerá el objetivo de no perder competitividad, contando además con que tienen una posición de fuerza política débil y en continuo desgaste.
No cabe edulcorar las consecuencias de la opción de salirse del euro. Los desbarajustes y excesos pasados amparados por el euro tienen que pasar factura. Como habrán de quedar desautorizados todos aquellos que apostaron por el euro, muchos de los cuales creyeron descubrir en la moneda única un maravilloso taumaturgo para poder cometer impunemente todo tipo de barbaridades y desmanes, llegando incluso a pensar que con el euro las crisis se habían acabado. La conmoción de una salida del euro sería terrible, o con más precisión, será terrible, porque todo hace pensar que será algo irremediable. Pero dicho esto, la sociedad española estará en mejores condiciones para dominar su futuro al hacerse con los resortes básicos para diseñar una economía diferente que, en la medida en que la izquierda imponga sus criterios, será lo mismo que decir que la economía podrá ponerse al servicio de las personas, y no como sucede ahora con el neoliberalismo, en que las fuerzas ciegas del mercado se imponen y domestican a la sociedad.
Por no olvidar a Krugman: cabría decir que su dilema es correcto, pero se equivoca en la elección desde el punto de vista económico y, contando con que es un progresista, desde el punto de vista político.
* Pedro Montes es economista.

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martes, 29 de diciembre de 2009

Las Navidades en España vistas desde la prensa internacional


Alfredo R. Mendizabal.-

Barbara Kollmeyer relata para los lectores de Market Watch el duelo por una víctima de la crisis en España: la caída de la elegancia social de las cestas de Navidad.

Tom Keene and Simone Meier entrevistan en Bloomberg a Jim O’Neill, de Goldman Sachs. Su punto de vista no es tranquilizador, sino más bien al contrario: los problemas presupuestarios y de deuda de España, entre otros países, pueden dañar la estabilidad del euro y su credibilidad como moneda de referencia.

The Wall Street Journal, como docenas de periódicos, agencias y medios informativos de todo el mundo, se ocupa del colapso de Air Comet.

Son algunos ejemplos de la actualidad española que aparecen en la prensa internacional estos días de Navidad.
Hay bastantes más. La misma agencia Bloomberg divulga un análisis de Laura Cochrane titulado 'Brazil Bonds Beat Spain as Rally Sinks Emerging Market Yields' (Los bonos de Brasil superan a los de España mientras el rebote hunde los rendimientos de los mercados emergentes).

Los datos: unos bonos brasileños en euros con vencimiento en enero de 2011 bajaron al suelo el 14 de diciembre, con un interés del 1,07%, mientras otros bonos españoles que vencen en abril de ese mismo año rendían el 1,16%.
Ese mismo día, otros bonos en dólares de Brasil con vencimiento en abril de 2010 rendían el 0,33%, mientras otros españoles similares daban 0,38%. Y eso que el rating español está todavía varios niveles por encima del brasileño.

Bloomberg carga un poco más las tintas en una publicrónica bien vestida pero con un vaporoso contenido que se transparenta y huele desde lejos. La agencia y empresa de servicios financieros propiedad del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, dedica unos buenos párrafos, 15 en total, a cantar las virtudes de Bestinver, gestora del Grupo Acciona. Por eso tiene aroma a publi.

El llamativo título invita a leer: 'Los esqueletos de la banca española asustan a Bestinver, el fondo de mayor rentabilidad'.
El texto no dice nada nuevo en torno al temor en organismos internacionales y entidades privadas sobre los supuestos 'esqueletos en los cajones' de los bancos españoles y su presunto maquillaje para presentar mejores números que los reales. De ahí la alergia a invertir.

Y al mostrar esa desconfianza y 'pesimismo sobre España', el gestor Álvaro Guzmán le dice al periodista de Bloomberg Charles Percy que el impacto del estallido de la burbuja inmobiliaria y la caída de ingresos en las arcas públicas podría llegar a una situación en la que Alemania tuviera que rescatar a España.

Siguen los mensajes navideños pesimistas.
Un incansable seguidor de la economía española, Edward Hugh, ha colgado en su blog y en la página que usa para su asesoría un nuevo análisis a fondo de la situación en estos momentos.
Como hace habitualmente, también lo ha recogido el gurú Nouriel Roubini en su portal RGE Monitor.
El título centra el contenido que desmenuza Hugh: 'Por qué Standard and Poor's tiene razón en precuparse por las finanzas españolas'.

El autor, crecido porque recientemente han citado sus comentarios algunos periódicos importantes, está que se sale y ha confeccionado un estudio bastante minucioso. Tiene la virtud de una metodología que recoge todo lo que se ha dicho estas semanas sobre la poca confianza que destila la política de Zapatero y Salgado.
Lo dice así: 'Pocos observadores externos están preparados para compartir el optimismo del señor Zapatero'.

En una segunda entrega sobre lo mismo, Edward Hugh ha preparado con su colaborador Matthew Bennett una autoentrevista que ofrece como 'podcast sobre el estado actual de la economía española'.
Contesta a preguntas tan fascinantes sobre qué está pasando con España, por qué y qué va a pasar en 2010, 2011 y 2012.
Y otras como las siguientes: ¿van poder rescatar los alemanes, los franceses o la UE a varios países europeos al mismo tiempo si se producen varios default soberanos?;
¿por qué no hay un plan coherente para que España se recupere?;
¿por qué el Gobierno español no le dice a los ciudadanos la verdad sobre la que pasa con su economía?;
¿podría España encontrarse en una situación económica peor que la de Grecia?...
Y la traca final: ¿es José Luis Rodríguez Zapatero el mayor problema que tiene la economía española en estos momentos?

Pero no todo es tan terriblemente negativo. La revista Time tiene dos artículos más amables. Uno, de Frances Romero, cuenta la 'breve historia de la mayor lotería del mundo', enésima muestra del encantamiento que produce El Gordo en otras gentes.

También The Daily Telegrapah habla de la lotería al contar lo de Air Comet, y no puede resistirse a la tentación de comparar la situación de Díaz Ferrán y sus empleados de Marsans, que con una cosecha de 260 millones, son 'colectivamente más ricos que él', el empresario. Tampoco falta aquí la referencia obligada a Charles Dickens, su Cuento de Navidad y el tacaño Scrooge.

La otra pieza de Time, firmada por Judith D. Schwartz, es un elogio sin fisuras al complejo Mondragón. Desde su creación y desarrollo hasta convertirse en un conglomerado de cooperativas que se estudia en las Universidades internacionales y que figura entre las grandes empresas españolas y mundiales.

El 'modelo Mondragón' se ha copiado en Cleveland como 'fórmula de estabilizar el empleo en una zona y democratizar la propiedad'.
Además, la Corporación Mondragón selló en octubre una alianza con el poderosísimo sindicato norteamericano del acero, que cuenta con un millón de miembros.
Objetivo: crear cooperativas en EEUU y Canadá.
Y en el área de San Francisco, una organización de panificadoras inspirada por el modelo Mondragón incluso se llama Arizmendi: ha tomado prestado el nombre del fundador de la cooperativa guipuzcoana, José María Arizmendiarrieta.

Y un aguinaldo bien navideño, en forma de monedas de oro de la época colonial en Perú. El juez Steven Merryday ha dictado sentencia en Tampa, Florida, sobre el caso del botín recuperado por la empresa norteamericana Odyssey Marine Exploration en aguas gibraltareño-gaditano-portuguesas hace casi tres años.
El juez ordena a los pescadores de tesoros hundidos que devuelva las 17 toneladas que pesan las 600.000 monedas de oro y plata. Su valor aproximado: unos 500 millones de dólares. Aunque el caso no se se ha cerrado y va ahora a un tribunal de apelaciones, es el segundo dictamen judicial favorable a las tesis de la soberanía española sobre el pecio del buque Nuestra Señora de las Mercedes, hundido en 1804.

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