Reportaje desde Helmand, Afganistán. La gente de Marjah denuncia que hay doscientos civiles muertos y explica por qué prefieren a los talibanes
Enrico Piovesana
Peace Reporter
rebelion.org
Traducido para Rebelión por Gorka Larrabeiti
En una guerra siempre es difícil contar la verdad, lograr separar la realidad de los hechos en la propaganda de una y otra parte. El único modo para tratar de entender lo que está pasando verdaderamente estos días aquí en Helmand, en el sur de Afganistán, escenario de la mayor ofensiva militar desde que empezara esta guerra, es hablar con la población civil, con la gente de Marjah que consigue llegar hasta aquí, hasta Lashkargah para ponerse a salvo o traer a familiares heridos en los combates.
Muchos de ellos están ingresados en el hospital de Emergency, única estructura sanitaria de alta calidad (y gratuita) en esta polvorienta ciudad rural y en toda la provincia de Helmand, que se ha convertido en el epicentro del conflicto entre las fuerzas de ocupación extranjeras y la resistencia talibán.
Hoy es día de visitas. Los pasillos están repletos de familiares de los heridos ingresados; en el pórtico de entrada y los jardines hay decenas de hombres con turbantes que están sentados al tibio sol charlando a media voz. De vez en cuando un estallido a lo lejos interrumpe su tertulia y se vuelven hacia el horizonte; más allá los cazas aliados, que pasan zumbando por el cielo sin cesar, siguen bombardeando sus aldeas.
Sad Maluk, de 60 años, turbante blanco y barba gris acaba de llegar desde Marjah para visitar a su nieto, ingresado con una herida grave de bala. "No sé quién le disparó, pero me importa poco. Esta nueva operación está causando muchas víctimas inocentes, demasiadas. Dicen que han matado por error a unos pocos civiles solamente, pero la verdad es que han matado a pocos talibanes. Vivo cerca del zoco de Marjah, y os puedo asegurar que durante los primeros días las bombas lanzadas desde los aviones y los misiles de los helicópteros destruyeron muchas viviendas. Hemos sacado de los escombros hasta ahora unos doscientos cadáveres de civiles, y todavía quedan unos cien desaparecidos sepultados bajo las ruinas de las casas bombardeadas. Ayer recuperamos otros cinco. Nadie cuenta estas cosas, pero os juro que es así porque lo he visto con mis propios ojos. Lo hemos visto todos". Los hombres a su alrededor asienten silenciosos con sus turbantes.
"Llevamos un par de días en Marjah sin disparos -continúa Sad Maluk-, lo que no significa que los talibanes se hayan ido o hayan sido derrotados: tan sólo han dejado de combatir por el momento. Los talibanes están todavía en Marjah porque son gente del lugar. No son extranjeros que han venido de fuera, como se suele decir: hay muchos de nosotros que están con los talibanes. ¿Sabéis por qué? Porque estos últimos años con ellos no hemos tenido problemas: hasta que en Marjah gobernaban ellos, todo iba bien, todo tranquilo. Nosotros no queremos más, no queremos intrusiones de extranjeros ni del gobierno. Sólo queremos que nos dejen en paz, así, tal cual somos".
Un murmullo de aprobación se levanta entre el público de curiosos que se ha formado en torno a nosotros. Uno de ellos, un joven de Marjah que se llama Zia Ulaq, interviene para explicar lo dicho por el "baba", tratamiento que se da a los ancianos en señal de respeto afectuoso. "Ahora en Marjah vuelve a mandar la policía afgana, igual que antes de que llegaran los talibanes. Nosotros, más que de los estadounidenses, tenemos miedo de los policías afganos, de estos criminales que van por ahí con sus todoterrenos verdes comportándose como si fueran los dueños de todo: roban nuestras casas, nos sacan dinero, y quienes se rebelan son detenidos y denunciados como talibanes. Hacen cosas incluso peores, como secuestrar niños para después abusar de ellos".
"Desde que hace más de dos años Marjah pasó a estar bajo control de los talibanes -prosigue Zia Ulaq- estas cosas no habían vuelto a suceder. Ellos nos respetaban, respetaban nuestras propiedades y nuestras costumbres. Garantizaban la seguridad, administraban justicia con los "qadi" (los jueces de los tribunales islámicos, N.d.R.) y hacían respetar nuestras leyes islámicas. Nosotros estábamos bien porque nos sentíamos seguros: no sufríamos más los robos ni los abusos de esos criminales con uniforme. Si los nuevos gobernantes de Marjah hacen lo mismo, si respetan a nuestra gente y nuestra religión y nos dejan vivir y trabajar en paz, por nosotros, fenomenal. Pero ahora que han vuelto los hombres de los todoterrenos verdes tenemos mucho miedo".
lunes, 1 de marzo de 2010
"Dejadnos en paz"
viernes, 6 de noviembre de 2009
Afganistán: crece la rabia
Protestas en Helmand y Jost por la muerte de civiles en bombardeos aliados. La ONU abandona Kabul
07-11-2009
Enrico Piovesana
Peacereporter
Traducido para Rebelión por Juan Vivanco y Gorka Larrabeiti
Hay dos taxis y dos furgonetas aparcadas en el centro de Lashkargah, capital de la provincia meridional de Helmand, delante del palacio del gobernador, Gulab Mangal. Tienen las puertas traseras abiertas para que todo el mundo pueda ver lo que hay dentro: nueve cadáveres ensangrentados y envueltos en mantas de colores.
Son los cuerpos de nueve campesinos: tres son niños. Murieron el miércoles por la noche en un bombardeo aéreo aliado en su pueblo, Korjashien, mientras trabajaban en el campo. Las autoridades locales han confirmado que hubo una incursión aérea, pero dicen que las víctimas son sólo ocho militantes talibanes.
"¡Muerte a los extranjeros! ¡Muerte a Karzai!", gritan sus familiares y vecinos, que han venido a manifestarse a la ciudad, bajo la mirada de los paseantes que se paran a mirar la macabra escena, guardando silencio y haciendo gestos de desaprobación con sus cabezas envueltas en turbantes.
Se multiplican las protestas antioccidentales. También en Jost, otra ciudad importante de la misma provincia, en el Este del país, la gente salió a la calle a gritar eslóganes contra los estadounidenses y contra Karzai. Protestaban por la muerte de al menos un civil en otro bombardeo aéreo que tuvo lugar el miércoles por la noche en el pueblo de Baramjil.
Cientos de personas desfilaron por la ciudad. Gritaban su rabia y blandían largos bastones. Muchos de ellos son estudiantes universitarios: los mismos que el pasado 22 de octubre habían salido a la calle en todo Afganistán y quemaron banderas de EEUU al conocer la noticia de un ataque de los marines a una mezquita de Wardak, durante la cual habían quemado un ejemplar del Corán.
París: «Karzai es un corrupto, pero es nuestro hombre». A pesar de la censura mediática impuesta por las fuerzas occidentales de ocupación y por el mismo gobierno afgano, el resentimiento de la población afgana contra la presencia militar extranjera cada vez está más extendido en el país. Así como el desprecio hacia Karzai: los afganos, incluso quienes al principio apoyaban a Karzai, no comprenden cómo Occidente puede seguir legitimando el poder de un campeón tan descarado de la corrupción y la inmoralidad, hasta el extremo de felicitarse con él por el éxito de sus fraudes electorales. «De acuerdo, Karzai es un corrupto, pero es nuestro hombre y debemos legitimarlo», declaró al New York Times el ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner.
Luego nos sorprendemos de que en las manifestaciones de estudiantes afganos se vean pancartas que dicen: «¡Queremos el Islam, no la Democracia!».
La ONU se va de Kabul. Los talibanes están ganando la guerra en Afganistán porque Occidente ha perdido la paz, ha perdido la cara, ha traicionado las esperanzas y la confianza del pueblo afgano.
Mandar más soldados, como hará Obama, o más cazabombarderos, como acaba de hacer Italia, para seguir apuntalando un régimen impopular con el de Karzai, sólo servirá para retrasar la derrota militar, política y cultural de Occidente.
El regreso de los talibanes a Kabul es sólo cuestión de tiempo.
Lo sabe la ONU, que ha decidido salir de la capital afgana, cercada por los insurgentes, y llevarse su personal al norte, a Mazar y Herat, las únicas dos ciudades afganas que se libran por ahora de la amenaza talibana, o incluso a Dubai, porque ni siquiera el repliegue tradicional a Pakistán es ya seguro.
Fuente: http://it.peacereporter.net/articolo/18777/Afghanistan%2C+monta+la+rabbia
viernes, 3 de julio de 2009
Crónica desde el hospital de Emergency de Lashkargah, Afganistán

En el ojo del huracán
04-07-2009
Enrico Piovesana
Peace Reporter
Traducido para Rebelión por Gorka Larrabeiti
Hace unos días en Lashkargah reinaba una calma irreal, insólita. Los lugareños decían que era la quietud que precede a la tormenta, y llevaban razón. Los talibanes, que tienen rodeada la capital de Helmand desde hace meses, están tan cerca que sus comunicaciones de radio interfieren con las de la ciudad.
En la provincia son tan fuertes que han obligado a la compañía telefónica afgana, Roshan, a apagar los repetidores desde las seis de la tarde hasta el amanecer para evitar que les localicen los mandos de la OTAN, y así poder operar sin peligro. Son tan poderosos que han convencido a la población local para que no retiren los carnets electorales para la votación de agosto, so pena de degollarlos. Los pocos que saben que en agosto se vota han optado decididamente por la abstención.
Por lo demás, a nadie le interesa la política por estos lares: Kabul está lejos, y aquí, en Helmand, arrecia la guerra. De vez en cuando se concede un día de tregua, para luego volver a empezar peor que antes. La única señal de que algo iba a ocurrir fue que días atrás las tropas de ocupación lanzaron desde aviones muchísimas octavillas para informar a la población de la ofensiva inminente. Después de las octavillas, llegó el "Golpe de Espada" -así se llama la ofensiva de EEUU- que se abatió sobre Helmand con una fuerza que nadie podía prever.
Todo está listo para recibir a civiles heridos en el hospital de Emergency de Lashkargah. El martes por la noche llegó el primero: murió antes de que lo ingresaran. La previsión del personal es que llegarán pocos heridos. La gente del lugar dice que los marines han cerrado a cal y canto toda el área de las operaciones y que, por tanto, será difícil que las víctimas de la ofensiva consigan llegar hasta las ciudades más importantes.
Rahirmullah Yusufzai es un renombrado periodista pakisaní, uno de los mayores expertos mundiales de Afganistán y terrorismo islámico. Lleva cubriendo el conflicto afgano desde la guerra contra los soviéticos. Se hizo famoso por ser el último periodista que entrevistó a Osama Ben Laden antes del 11 de setiembre de 2001. "El Consejero para la Seguridad nacional de Obama, James Jones, sólo ayer dijo que la guerra no puede ser la solución del problema afgano", dice Yusufzai. "Acto seguido lanzaron una ofensiva militar sin precedentes. A mi entender, Obama quiere cambiar de estrategia efectivamente, para luego empezar a dialogar con los talibanes, pero desde una posición de fuerza y no de debilidad. Además, esta operación en Helmand hay que leerla relacionándola con las próximas elecciones de agosto: los talibanes controlan toda la provincia de Helmand excepto la capital Lashkargah, de modo que hoy por hoy sería imposible celebrar elecciones en dicha región, cosa que constituiría un daño de imagen tanto para el gobierno afgano como para las fuerzas de los Estados Unidos y la OTAN".
Sin embargo, esta no es la primera gran ofensiva a la que se enfrentan los talibanes, y a diferencia de los Estados Mayores de EEUU, los afganos están acostumbrados a resistir con las armas desde hace unos treinta años. "En cuanto empezaron las maniobras militares de los marines en Helmand, el portavoz talibán, Quari Yussuf Ahmadi, declaró que no están asustados en absoluto por las proporciones de esta ofensiva", confirma Yusufzai. "Los Estados Unidos tienen prisa para hacerse de nuevo con el control de Helmand antes de las elecciones, mientras que los talibanes están listos para combatir hasta la liberación de su país. Así pues, no entablarán batalla frontal con los marines, sino que se retirarán, les darán tiempo para que ocupen los distritos contendidos, y luego empezaran a atacarlos conforme a las técnicas de guerrilla más clásicas: emboscadas, atentados, etcétera. Hace tiempo un comandante talibán me dijo: 'Los estadounidenses tienen reloj; nosotros tenemos tiempo'".
http://it.peacereporter.net/articolo/16529/Afghanistan%2C+nell%27occhio+del+ciclone