En la reunión del ALBA del día 25 de enero 2010 se decidió anular la deuda de Haití con sus países miembros, dando una lección a las potencias que se reunieron en Montreal el mismo día.
Igor Ojeda
Fato semanario brasileño
9-2-2010 a las
www.kaosenlared.net
En la opinión del politólogo Éric Toussaint, uno de los fundadores del FSM, que está en su décima edición, se debe crear un frente permanente de partidos, movimientos sociales y redes internacionales para llevar a cabo acciones políticas conjuntas.
El politólogo Éric Toussaint, es uno de los integrantes del Consejo Internacional del Foro Social Mundial (FSM), y uno de los defensores de la propuesta de que ese espacio se transforme en una plataforma de mayor incidencia política en las luchas sociales a lo largo y a lo ancho del mundo. Por el momento, no le preocupa demasiado la resistencia de ciertos sectores integrantes del FSM, que quieren mantener el formato original del evento. Para Toussaint, la solución es sencilla: “Si el Foro no quiere hacerlo, se debe construir otro instrumento, sin eliminar el Foro”.
En conversación con Brasil de fato |1|, Éric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM) de Bélgica, defiende el diálogo entre movimientos y partidos siguiendo la propuesta del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sobre la creación de una Quinta Internacional. En la entrevista que sigue, habla de la crisis económica mundial, de las iniciativas de integración del subcontinente Latinoamericano y del ascenso de los países del Bric (Brasil, Rusia, India y China) en el escenario internacional, potencias, que a su criterio, no son una alternativa progresista al viejo orden: “Lo que buscan es negociar con los viejos imperialismos su lugar en la división internacional del poder, del trabajo, de la economía global y del acceso a los recursos naturales”.
Entrevista
Brasil de Fato – ¿Cómo evalúa las dos visiones diferentes expuestas en el debate de apertura del Foro Social Mundial: por un lado, la que propone el “uso” del Foro como una plataforma política, con más poder de acción e incidencia política, y por el otro, la que defiende la idea de que el Foro mantenga su formato original, como un espacio para el intercambio de ideas?
Eric Toussaint – Es necesario tener un instrumento internacional para definir las prioridades en términos de demandas, de objetivos. Un calendario común de acción, un instrumento que permita elaborar una estrategia común. Si el Foro no lo permite, se debe construir otro instrumento, sin eliminar el Foro. Pienso que éste tiene su razón de existir, tiene sus ventajas, pero si algún sector no quiere una evolución hacia su transformación en un instrumento de movilización, es preferible construir otro con las organizaciones e individuos que estén convencidos de esa necesidad. Esto no impediría la continuación de la participación activa en el Foro. Digo esto para evitar una escisión, un debate sin fin que paraliza más que ayuda. Está claro que existe un sector que prefiere mantener el carácter de un Foro de discusión, de debate y que no se transforme en un instrumento de acción.
¿Es un sector bastante fuerte, no?
Sí. Es una parte del núcleo histórico que hizo la convocatoria para la formación del Foro. Pero no constituyen la totalidad del núcleo histórico, puesto que el MST |2| también es parte de ese núcleo. Y nosotros también, el CADTM forma parte del Consejo Internacional del Foro desde su creación, en junio de 2001. Pero es evidente que organizaciones como Ibase |3|, y personalidades como Chico Whitaker y Oded Grajew, se oponen a que el foro evolucione hacia un instrumento de lucha. Lo que me preocupó al llegar a Porto Alegre fue constatar que el seminario “10 años después” estaba patrocinado por Petrobras, Caixa, Banco do Brasil, Itaipú Binacional y que había una fuerte presencia del gobierno. Obviamente, eso es preocupante. Preferiría un foro con mucho menos apoyo financiero pero más militante. Podemos apoyarnos en las fuerzas voluntarias militantes, alojamiento solidario en casas, o en el campo, con la infraestructura necesaria, en escuelas, etc.
¿Y cuál sería el nuevo instrumento al que usted se refiere?
Existe una propuesta que, realmente, tuvo bastante poca repercusión. Se trata de la convocatoria realizada por Hugo Chávez a fines de noviembre 2009, para la creación de una Quinta Internacional, reuniendo movimientos sociales y partidos de izquierda. Pienso que la propuesta es, en principio, muy interesante. Puede ser una buena posibilidad si genera una reflexión, un diálogo entre partidos y movimientos sociales: una Quinta Internacional como instrumento de convergencias para la acción y para la elaboración de un modelo alternativo. Sin embargo, desde mi punto de vista, no sería una organización como las Internacionales anteriores, que eran –o todavía son, pues la Cuarta Internacional continúa existiendo– organizaciones de partidos con un nivel de centralización bastante elevado. Considero que la Quinta Internacional no debería tener ese alto nivel de centralización y no debería implicar la autodisolución de las redes internacionales. Éstas podrían adherir a una Quinta Internacional manteniendo sus características, aunque tal adhesión sería una prueba de que todas las redes o grandes movimientos nacionales tienen el propósito de ir más allá de frentes puntuales, como los que se constituyeron con motivo de la Cumbre del Clima de Copenhague, la soberanía alimentaría, la deuda… Tenemos banderas comunes con varias redes, y eso es positivo. Pero si fuese posible llegar a formar un frente permanente… Con esta última expresión, tal vez esté dando un elemento de definición. Para mí, la Quinta Internacional debería ser, en la situación actual, un frente permanente de partidos, movimientos sociales y redes internacionales. El término “frente” implica, claramente, que cada uno mantendría su identidad, pero que daría prioridad a lo que los une para alcanzar determinados objetivos en común y avanzar en la lucha. Los últimos meses fueron una nueva demostración de la necesidad de aumentar la capacidad de movilización, porque la movilización contra el golpe en Honduras fue totalmente insuficiente. Es preocupante, porque como los Estados Unidos apoyaron el golpe legitimando las elecciones, fuerzas golpistas en todo el mundo consideran que esa es nuevamente una opción razonable. En Paraguay, por ejemplo, la discusión de los golpistas es “¿Para cuándo? ¿Cómo?”. Pero están convencidos de que es preciso ejecutar un golpe a partir del Congreso Nacional contra Lugo. Esto muestra que la movilización relacionada con Honduras fue insuficiente, pero también la relacionada con Copenhague y, ahora, con Haití. La respuesta frente a la intervención de los Estados Unidos en Haití es totalmente insuficiente.
¿Entonces cree que es posible, en una Quinta Internacional, conciliar, en torno a acciones políticas comunes, las distintas corrientes de izquierda que formarían esa nueva organización?
Sí, pienso que es necesario comenzar con un diálogo consultivo para intentar llegar a ese resultado. No podemos precipitarnos. La Quinta Internacional, para ser algo realmente efectivo, tiene que escuchar y reunir una cantidad muy significativa de organizaciones. Hacer una Quinta Internacional con una pequeña parte del movimiento no valdría la pena. Sería matar el proyecto o limitarlo. Abrir la perspectiva de un debate sobre ello me parece muy necesario.
En una entrevista usted dijo que el Foro Social de Belem, llevado a cabo en enero del año pasado, fue la primera gran movilización internacional contra la crisis. Ahora dice que no hubo una respuesta satisfactoria contra lo ocurrido en Honduras y en Haití. ¿Qué ocurrió? ¿Qué está faltando?
Sí, tiene toda la razón de hacer notar el defasaje entre el gran éxito de Belem y lo que ocurrió después. El saldo de 2009 es preocupante. No hubo, en las mayores economías industrializadas, en el epicentro de la crisis, manifestaciones sociales importantes. Sólo se realizaron grandes manifestaciones en Francia |4| y Alemania, en particular en Francia, donde más de un millón y medio de manifestantes se lanzaron a las calles en dos marchas durante el primer trimestre. En Estados Unidos, hubo algunas huelgas pero pocas. Allí la movilización es difícil para los sectores que sufren más con la crisis. Es como si la gente estuviese agotada. El desempleo aumentó de manera muy fuerte en el Norte; por ejemplo, en España, se pasó del 10 % al 20 % de la población económicamente activa., algo que no había ocurrido en los últimos 30 años. En cuanto al Sur, gobiernos como el de Lula dan la impresión de que Brasil y otros países del Sur no se verán afectado por la crisis del Norte, debido a que se tomaron medidas económicas y financieras que les permiten blindarse. Entonces, en el Sur hay también un bajo nivel de movilización en relación con la crisis internacional. Pero quiero hacer una comparación histórica. Después de la crisis de 1929 en Wall Street, la lucha social radical en el plano internacional comenzó en 1933, 1934 y 1935. Vemos así que históricamente la reacción de las masas no es inmediata. Si la crisis continúa, y sus efectos se mantienen muy fuertes, al final la gente comenzará a movilizarse masivamente.
¿Pero, además de este análisis histórico, cree que la izquierda tampoco supo prepararse para dar una respuesta adecuada?
Ese es otro aspecto. Hemos visto, por ejemplo, que la juventud brasileña del Estado de Pará estaba muy interesada, asistió en masa al Forum Social de Belem. Y participó en los debates en los que se hablaba de alternativas radicales. Pero como el Foro Social Mundial no es un instrumento de movilización… Además, las dirigencias de los sindicatos están muy burocratizadas. La política de los dirigentes sindicales consiste en esperar que las decisiones del gobierno eviten un gran shock. Acompañan y apoyan las políticas gubernamentales que limitan un poco el costo de la crisis para los más oprimidos. Existe una falta de voluntad por parte de los dirigentes sindicales, de los partidos de izquierda o de los partidos “socialistas”, que hace que los gobiernos continúen aplicando, en los países del Norte, soluciones sociales-liberales o neoliberales. No hay voluntad de implementar ni siquiera una política neokeynesiana. El New Deal de Roosevelt (Franklin Delano, por entonces presidente estadounidense), de 1933, en comparación con las políticas de Barak Obama, o de gobiernos como el de José Luís Rodríguez Zapatero (presidente del gobierno español, del Partido Socialista Obrero Español) y el de Gordon Brown (primer ministro británico, del Partido Laborista), parece de una izquierda radical. Por lo tanto, queda claro que existe una enorme responsabilidad de las direcciones de los partidos tradicionales de izquierda, los sindicatos y una gran debilidad en el Foro Social Mundial para hacer frente a la crisis. Por eso, retorno al primer punto de la entrevista: necesitamos un nuevo instrumento.
¿Cree que, con esta crisis, definitivamente se inauguró o puede inaugurarse en un futuro próximo una nueva era de multipolaridad?
Es evidente que la dominación económica de los Estados Unidos no es la misma que la de hace 20 años. Los Estados Unidos perdieron la primacía económica, pero es el único país que combina: dominación industrial –aunque en ese aspecto se esté debilitando–, una moneda que aunque debilitada continúa siendo la moneda internacional, y una presencia militar permanente en más de cien países, teniendo además una aceitada maquinaria para invadir territorios. Hace cinco meses publiqué un artículo en el que interpretaba el golpe en Honduras y las siete bases en Colombia como una demostración evidente de la agresividad norteamericana contra América Latina.
Algunos periodistas reaccionaron diciendo que yo estaba exagerando, que los Estados Unidos. no podían lanzar una intervención militar en América Latina, ya que no tienen disponibilidad de fuerzas por estar atrapados en Afganistán, Pakistán e Irak. Pero ahora, en dos días, fueron capaces de mandar 15.000 soldados a Haití. Por lo tanto, sí, reafirmo: los Estados Unidos continúan siendo una potencia capaz de agredir, de mandar equipamientos y materiales militares a todos lados. El caso de Haití es muy emblemático, ya que muestra que mantienen una gran capacidad y velocidad de reacción. La potencia estadounidense continúa siendo la principal del mundo en términos estratégicos. Está claro que están surgiendo otras nuevas, como China, la Unión Europea, y por detrás, Rusia, India y Brasil, que son potencias regionales. El concepto que para mí define la actuación internacional de Brasil es el de “imperialismo periférico”. Imperialismo, ¿por qué? Porque Brasil considera a los países vecinos como una potencia imperialista tradicional. Los considera como países destinatarios de inversiones de sus empresas trasnacionales, y la política externa del gobierno brasileño tiende a apoyar la estrategia de expansión de esas corporaciones: Petrobrás, Vale do Rio Doce, Odebrecht, etc., que están presentes en Bolivia, Ecuador, Perú, Venezuela, Chile, Argentina e inclusive África, donde han hecho inversiones importantes. Entonces existe un carácter multipolar en el sentido de que no hay un superimperialismo, sino potencias imperialistas (Estados Unidos, Unión Europea, Japón) entre las que existen imperialismos periféricos como Brasil y Rusia. Los llamados Bric [acrónimo de Brasil, Rusia, India y China) no constituyen una alternativa progresista a los viejos imperialismos. Lo que buscan es negociar con ellos un lugar en la división internacional del poder, del trabajo, de la economía global y del acceso a los recursos naturales. Por eso considero que no existe ninguna potencia progresista a la que podríamos apoyar. Pero existe sí una iniciativa como el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas, propuesta por el presidente venezolano Hugo Chávez), cuyos integrantes, felizmente, no son países imperialistas. Alternativas regionales como ésta, son muy importantes. Mi preocupación al respecto es que se debería ir más allá de los discursos, aumentando mucho más la integración entre los países miembros. Aunque es preciso destacar cosas positivas: en la reunión del ALBA del día 25 de enero 2010 se decidió anular la deuda de Haití con sus países miembros, dando una lección a las potencias que se reunieron en Montreal el mismo día, para discutir el alivio de la deuda de Haití, condicionándola a la aceptación de medidas de ajuste estructural.
¿En este contexto, cómo evalúa el avance de iniciativas como la del Banco del Sur? ¿Cree que ese proyecto se encuentra en una etapa satisfactoria?
En 2007 participé, a pedido del gobierno de Rafael Correa y de su ministro de Economía y Finanzas, en la redacción de la posición de Ecuador con respecto al Banco del Sur. El proyecto que el país defendía era un modelo de Banco para financiar proyectos públicos o de comunidades tradicionales, nativas, etc. Por ejemplo, financiar a nivel regional, una política de soberanía alimentaría, potenciar las reformas agrarias necesarias, las reformas urbanas, la interconexión ferroviaria –y no la de autopistas–. Esta es una de las opciones posibles para el Banco del Sur. Brasil y Argentina tienen otro proyecto. Quieren el Banco para financiar proyectos, en los países más pobres, que forman parte de la iniciativa IIRSA (Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Suramericana), es decir proyectos de obras públicas en el marco de IIRSA, mediante la contratación de empresas brasileñas o argentinas. O sea, de nuevo dinero público para contratar empresas privadas, para grandes proyectos que no respetan el medio ambiente y que no dan prioridad a la mejora de la situación de las masas. Y la opción de Brasil y Argentina es la que comienza a dominar en las negociaciones del Banco del Sur. Es necesario que los gobiernos de izquierda de verdad opten por una integración de los pueblos, y no por favorecer a grandes empresas multinacionales, sean éstas del Sur o del Norte. Una integración que no tome como modelo la construcción europea. En Europa tenemos integración, pero totalmente dominada por la lógica de la acumulación del capital privado, o sea, la lógica liberal o neoliberal. Con los gobiernos existentes en América Latina, con la fuerza de los movimientos sociales y con la tradición de las luchas radicales, es el lugar del mundo en el que se puede implementar un modelo alternativo, y no más de lo mismo.
Usted acostumbra a decir que hay dos izquierdas: la ecosocialista y la social-liberal. ¿Como se explica que a pesar de que el modelo neoliberal haya sido puesto en jaque a causa de la crisis, ha sido el presidente Lula –al que usted ubica entre los social-liberales– uno de los que salieron más fortalecidos por ella?
Fundamentalmente, lo que define la suerte de un país son las movilizaciones sociales, las experiencias que las masas acumulan a través de su movilización. Y vemos que los países donde los gobiernos, en el ámbito político, son los más avanzados, son aquellos que tuvieron los movimientos sociales más radicales. Ese nivel de movilización social ejerce una presión que empuja a los gobiernos hacia medidas políticas y sociales más coherentes con la opción de izquierda. Lamentablemente, en Brasil no hubo, en los últimos cinco o seis años, ese nivel de movilización. Y el gobierno, además de eso, comenzó con una situación económica favorable. Entre 2003 y 2008, hubo un aumento en el precio internacional de las materias primas, un aumento que acompañaba la burbuja especulativa del norte y generaba más exportaciones para el país. Y, hasta ahora, como comentamos antes, la crisis internacional no afectó inmediatamente a Brasil. Por ello, el Gobierno podrá presentar como resultado de su política una situación económica que no depende exactamente de la misma. A no ser por el hecho de mantener tasas de interés muy altas, que permitió a los bancos privados brasileños no tener que invertir tanto en subprimes estadounidenses para obtener mayores beneficios, porque ya los obtenían con sus altos intereses. Está claro que no apoyo la política de tasas de interés altas, pero, en un mundo en el que los bancos pueden mover fácilmente su capital, esa medida protegió, de algún modo, el sistema bancario de Brasil.
¿Pero por qué razones, además de las tasas de interés, Brasil no fue afectado por la crisis?
Porque la caída de los precios de las materias primas que ocurrió en el segundo semestre de 2008 fue seguida por un alza. Los ingresos por exportación se mantuvieron y el colchón social representado por el programa de Bolsa Familia proporcionó a los sectores pobres cierto nivel de consumo que mantuvo el mercado interno. La pregunta es: ¿qué va a ocurrir en los próximos años? ¿Qué va a ocurrir con el crecimiento de China? Puede o no seguir con el actual crecimiento. Sabemos que en China existe una burbuja inmobiliaria, una burbuja en la Bolsa de Valores, una explosión de deudas. El crecimiento en China se debe a la muy importante inyección de gasto público por parte del gobierno para contraatacar la pérdida de mercados externos debido a la crisis en los Estados Unidos, Europa y Japón. Se mantiene el nivel de crecimiento, pero de manera artificial, por medio de esas burbujas. En la situación mundial actual, China es la locomotora de lo que resta de crecimiento económico. Sin China, estaríamos en una recesión mundial al estado puro. La situación de Brasil está relacionada con China por medio de las exportaciones de minerales, etc., pero también porque la situación de China mantiene la economía mundial en cierto nivel de crecimiento. Si China cae, lo que para mí no es una certeza, pero sí una posibilidad, afectará a Brasil, que también sufrirá las consecuencias si ocurrieran otras explosiones financieras internacionales, porque existen otras bombas, como los precios de las materias primas, que son más altos de lo que la actividad económica justifica. Hay una inversión especulativa en materias primas de varios productos alimenticios exportados por Brasil, como la soja. Si esa burbuja especulativa explotase, tendremos una reducción en los precios de estos productos, y eso golpeará a Brasil. Por eso la idea de que Brasil tiene una economía blindada es falsa. Depende de la evolución internacional sobre la que no tiene control. Lo que Brasil podría hacer para reparar esta situación es conseguir un crecimiento mayor de su mercado interno, protección, ejercer más control sobre los movimientos de capitales, implementar otro modelo económico – un modelo redistributivo–, atacar a los monopolios, a los especuladores, realizar una reforma agraria y urbana radical. Este podría ser un modelo dentro de un marco de integración regional. Pero eso implicaría un cambio de opciones en el gobierno.
¿Cómo evalúa las respuestas a la crisis por parte de los gobiernos más progresistas como Venezuela, Bolivia y Ecuador?
Hubo un aspecto positivo, no solo por parte de esos tres gobiernos, sino también, de alguna manera, en las gestiones de Lula, Cristina Fernández de Kirchner (presidenta de Argentina) y Michelle Bachelet (presidenta de Chile). O sea, a pesar de las recomendaciones del FMI, de reducir el gasto público, los gobiernos aplicaron políticas heterodoxas. Incluso el gobierno de Alan García, del Perú, que es un gobierno de derecha. Eso les permitió mantener un cierto nivel de crecimiento económico. La reacción de Bolivia, Ecuador y Venezuela fue realizada por gobiernos que no tienen las mismas características. De los tres, el que actuó más radicalmente sobre la política económica fue el de Hugo Chávez, con más nacionalizaciones. Pero, francamente, las políticas de Correa, Chávez y Evo Morales no son tan diferentes de las de otros gobiernos en la región. No hay una diferencia radical en el aspecto económico. Creo que hay grandes diferencias en términos de antiimperialismo, de reformas constitucionales, de recuperación de control de los recursos naturales. Pero sería una simplificación decir que hay diferencias astronómicas entre las experiencias económicas de la región. Personalmente, preferiría poder decir que los gobiernos de Ecuador, Venezuela y Bolivia están implementando un modelo realmente alternativo. Sin embargo todavía no es el caso. Hay anuncios y perspectivas que pueden ser muy interesantes, pero no deben confundirse discursos e intenciones con hechos reales.
¿Cómo está actualmente el debate acerca de la deuda pública?
El tema de la deuda tiene sus altos y bajos. El tema era muy candente en los años ochenta, y volvió a tener mucha fuerza con el default de Argentina al final de 2001. Ahora estamos de nuevo en una situación de tensión, pero es solo el inicio. Entre 2007 y 2008, Ecuador formó una comisión para la auditoria de la deuda de la que formé parte. Sobre la base de nuestras conclusiones, el gobierno de Correa decidió suspender el pago de 3.200 millones de dólares de deudas en títulos comerciales vendidos en Wall Street y que vencían entre 2012 y 2030. Correa suspendió el pago a partir de noviembre de 2008 y enfrentó a los acreedores, los poseedores de títulos. Y consiguió, el 10 de junio de 2009, que el 91 % de los títulos fuesen vendidos por sus dueños al gobierno de Ecuador con un descuento del 65 %. O sea, Ecuador compró títulos con un valor total de 3.200 millones de dólares pagando sólo 1.000 millones. Economizó entonces 2.200 millones de dólares y todos los intereses que el país tenía que pagar hasta el año 2030. Esto demuestra que incluso un pequeño país puede enfrentarse a los poseedores de títulos e imponerles un “sacrificio”. Esos poseedores, que siempre ganaron, tuvieron que abandonar la perspectiva de continuar ganando mucho dinero con sus títulos. La lección es que, si Ecuador consiguió hacerlo, países como Brasil, Argentina y otros también lo podrían hacer.
Argentina había suspendido el pago en 2001, pero en 2005, cometió el error fundamental de canjear los títulos en vez de comprarlos o anularlos totalmente. Canjearon con descuentos, pero debieron seguir pagando los intereses, con una alta tasa. Actualmente la deuda Argentina tiene el mismo volumen que en 2001. La cuestión del pago de la deuda volverá a la escena internacional debido a dos factores fundamentales. Primero, la crisis económico-financiera, que hizo disminuir las exportaciones del Sur y los ingresos fiscales correspondientes, lo que vuelve más difícil el reembolso de la deuda pública interna y externa. El segundo factor es el aumento del costo de refinanciación de la deuda. Como los banqueros del Norte entraron en crisis, su tendencia es exigir más a los países del Sur que desean endeudarse a nivel internacional.
Traducido del portugués por Guillermo F. Parodi
notes articles:
|1| Periódico semanal brasilero de ámbito nacional. Editado y de propiedad de movimientos sociales, entre ellos organizaciones como Vía Campesina, Consulta Popular, pastorales sociales vinculadas a la iglesia católica progresista, sindicatos, partidos de izquierda, colectivos feministas, organizaciones estudiantiles... http://www.brasildefato.com.br/v01/agencia/entrevistas/para-alem-do-forum-social-mundial-a-quinta-internacional
|2| Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra) http://www.mst.org.br/
|3| Instituto Brasileiro de Análises Sócias e Econômicas (Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos). http://www.ibase.org.br/
|4| También se debe mencionar las extraordinarias huelgas en Martinica y Guadalupe, territorios franceses de ultramar.
Eric Toussaint
www.cadtm.org
345, Avenue de l'Observatoire
4000 Liège
Belgique
sábado, 6 de marzo de 2010
Entrevista a Eric Toussaint: Más allá del Foro Social Mundial, la Quinta Internacional
miércoles, 27 de enero de 2010
Haití: ¿Donaciones para pagar una deuda odiosa?
Terremoto en el Caribe
por Éric Toussaint*, Sophie Perchellet*
Mientras que los EEUU aprovechan del caos en Haití a consecuencia del terremoto para invadir y ocupar militarmente el país, como lo hicieron ya de 1915 a 1934, la prensa internacional compara su pobreza como una fatalidad más al igual que el terremoto que ha golpeado a sus habitantes. Los investigadores Sophie Perchellet y Eric Toussaint nos recuerdan que no es así. Desde el siglo XIX, los esclavos tuvieron que indemnizar a sus colonizadores, pasando por los abusos del Fondo Monetario Internacional, la pobreza es el fruto de la explotación.
Una de las más grandes operaciones de ayuda de la historia podría resultar muy similar a la realizada después del tsunami de 2004, salvo que el modelo de reconstrucción adoptado sea radicalmente diferente. Haití ha quedado en parte destruido a consecuencia de un violento terremoto de magnitud 7. Todo el mundo gimotea y los medios de comunicación, ofreciéndonos imágenes apocalípticas, repiten los anuncios de ayuda financiera que los generosos Estados aportarán.
Escuchamos que hay que reconstruir Haití, ese país abatido por la pobreza y «el infortunio». Los comentarios no van más allá del terrible cataclismo. Nos recuerdan precipitadamente que es uno de los países más pobres del planeta pero sin explicar las causas de esa pobreza. Nos dejan creer que esa pobreza se abatió sobre Haití porque sí, que es un hecho irremediable: «Es la desgracia que los golpea.»
Es indiscutible que esta nueva catástrofe natural ha causado daños materiales y humanos tan enormes como imprevistos. Una ayuda de urgencia es por lo tanto necesaria y todo el mundo está de acuerdo con eso. Sin embargo, la pobreza y la miseria de Haití no provienen de ese terrible temblor de tierra. Es necesario reconstruir el país porque éste ya había sido despojado de los medios para construirse. Haití no es un país libre ni siquiera soberano. Durante los últimos años, la política interior es realizada por un gobierno que está constantemente bajo la presión de las órdenes llegadas del exterior y de las maniobras de los grupos de poder locales.
Haití ha sido tradicionalmente denigrado y a menudo descrito como un país violento, pobre y represivo en el mejor de los casos. Casi no hay comentarios que nos recuerden la independencia conquistada en 1804 tras una cruenta lucha contra las tropas francesas de Napoleón. En vez de subrayar la gestión humanitaria y el combate por los Derechos Humanos, serán el salvajismo y la violencia las características asignadas a los haitianos. Eduardo Galeano habla de la «maldición blanca»: «En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes. [1]»
Es indispensable recordar la lucha de emancipación llevada a cabo por el pueblo haitiano, porque en represalia a esa doble revolución, a la vez antiesclavista y anticolonial, el país heredó «el rescate francés de la independencia», correspondiente a 150 millones de francos oro (o sea, el presupuesto anual de Francia en esa época). En 1825, Francia decidió que «los habitantes actuales de la parte francesa de Santo Domingo pagarán a la caja federal de depósitos y consignas de Francia, en cinco plazos iguales, año a año, el primero expirando el 31 de diciembre de 1825, la suma de ciento cincuenta millones de francos, destinada a indemnizar a los antiguos colonos que reclamaron una indemnización. [2]»
Esto equivaldría a cerca de 21.000 millones de dólares actuales. Desde el comienzo, Haití tiene que pagar un alto precio, la deuda sería el instrumento neocolonial para facilitar el acceso a los múltiples recursos naturales de este país.
El pago de este rescate fue por lo tanto un elemento fundador del Estado haitiano. En términos jurídicos, esto significa que fue contraído por un régimen despótico y utilizado contra el interés de la población. Francia y después Estados Unidos, cuya zona de influencia se va ampliando en Haití desde 1915, son totalmente responsables. Mientras que habría sido posible enfrentarse a las dolorosas responsabilidades del pasado en 2004, la comisión Régis Debray [3] prefirió descartar la idea de una restitución de esta suma, con el pretexto de que no tenía «fundamento jurídico» y que eso podría abrir la «caja de Pandora».
Las demandas del gobierno haitiano vigente fueron rechazadas por Francia: no ha lugar a reparaciones. Francia no reconoció tampoco su papel en el ignominioso regalo que hizo al dictador «Baby Doc» Duvalier en su exilio, ofreciéndole el estatuto de refugiado político y la inmunidad.
El reino de los Duvalier comenzó con la ayuda de Estados Unidos en 1957 y duró hasta 1986, fecha en que el hijo, «Baby Doc», fue derrocado por una rebelión popular. La violenta dictadura, ampliamente respaldada por los países occidentales, reinó durante cerca de 30 años. Estuvo marcada por un crecimiento exponencial de la deuda. Entre 1957 y 1986, la deuda externa se multiplicó por 17,5. En el momento de la fuga de Duvalier, representaba 750 millones de dólares. Posteriormente, aumentó, con los intereses y penalidades a más de 1.884 millones de dólares.
Esta deuda, lejos de servir a la población, que siguió empobreciéndose, estaba destinada a enriquecer al régimen. Por lo tanto es una deuda odiosa. Una investigación reciente demostró que la fortuna personal de la familia Duvalier (bien resguardada en cuentas de bancos occidentales) representaba unos 900 millones de dólares, o sea, una suma mayor que la deuda total del país en el momento de la fuga de «Baby Doc».
Existe un proceso en curso ante la justicia suiza para la restitución al Estado haitiano de haberes y bienes mal adquiridos durante la dictadura de los Duvalier. Esos haberes están por el momento congelados por el banco suizo UBS, [4] que impone unas condiciones intolerables en cuanto a la restitución de esos fondos. Jean Baptiste Aristide, inicialmente elegido con un gran entusiasmo popular, fue posteriormente acusado de corrupcion y depuesto.
A costa de convertirse en una marioneta de los Estados Unidos fue restablecido en el poder, solo para ser finalmente capturado y expulsado por las tropas de dicho pais. Aristide, desgraciadamente, tampoco fue innmune a la tragica malversacion de fondos y al endeudamiento establecidos por los Duvalier. Por otro lado, según el Banco Mundial, entre 1995 y 2001, el servicio de la deuda, es decir los intereses más la amortización de capital, alcanzó el considerable monto de 321 millones de dólares.
Toda la ayuda financiera anunciada en este momento debido al terremoto ya está comprometida en el pago de la deuda
Según las últimas estimaciones, más del 80 % de la deuda externa de Haití está en propiedad del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cada uno con un 40 %. Bajo su férula, el gobierno aplica los «planes de ajuste estructural», maquillados como «Documentos Estratégicos para la Reducción de la Pobreza» (DSRP). A cambio del recomienzo de los préstamos, se le concedió a Haití algunas anulaciones o alivios de la deuda, insignificantes pero que dan una imagen de buena voluntad de los acreedores.
La Iniciativa Países Pobres Muy Endeudados (PPME), en la que Haití fue admitido es una maniobra típica de blanqueo de la deuda odiosa, como fue el caso con la República Democrática del Congo. Así se reemplaza la deuda odiosa por nuevos préstamos, que se suponen legítimos. El CADTM considera estos nuevos préstamos como parte de la deuda odiosa, ya que sirven para pagar esa antigua deuda. Existe, por lo tanto, una continuidad del delito.
En 2006, cuando el FMI, el Banco Mundial y el Club de París aceptaron que Haití entrara en la iniciativa PPME, el stock de la deuda externa pública total era de 1.337 millones de dólares. En el punto de culminación de la iniciativa (en junio de 2009), la deuda era de 1.884 millones de dólares. Se decidió una anulación de la deuda de un monto de 1.200 millones de dólares para que «ésta fuera sostenible». Mientras tanto, los planes de ajuste estructural arrasaban el país, especialmente en el sector agrícola, cuyos efectos culminaron con la crisis alimentaria de 2008.
La agricultura campesina haitiana sufrió el dumping de los productos agrícolas estadounidenses. «Las políticas macroeconómicas apoyadas por Washington, la ONU, el FMI y el Banco Mundial no se preocupan en absoluto de la necesidad de desarrollo y de la protección del mercado nacional. La única preocupación de estas políticas es la producción a bajo coste para la exportación hacia el mercado mundial». Por consiguiente, es escandaloso oír que FMI diga que «está listo para ejercer su función con el apoyo apropiado en los dominios de su competencia».
Como se expresa en el reciente llamamiento internacional, «Haití nos llama a la solidaridad y al respeto de la soberanía popular»: «A lo largo de los últimos años y junto con muchas organizaciones haitianas, hemos denunciado la ocupación militar por parte de las tropas de la ONU y los impactos de la dominación impuesta por medio de la deuda, el libre comercio, el saqueo de su naturaleza y la invasión de intereses transnacionales. La condición de vulnerabilidad del país a las tragedias naturales –provocada en gran medida por la devastación del medio ambiente, por la inexistencia de infraestructura básica, por el debilitamiento de la capacidad de acción del estado- no está desconectada de esas acciones, que atentan históricamente contra la soberanía del pueblo.
«Es momento de que los gobiernos que forman parte de la MINUSTAH, las Naciones Unidas y especialmente Francia y Estados Unidos, los gobiernos hermanos de América Latina, revean esas políticas a contramano de las necesidades básicas de la población haitiana. Exigimos a esos gobiernos y organizaciones internacionales sustituir la ocupación militar por una verdadera misión de solidaridad, así como la urgente anulación de la ilegítima deuda que hasta el día de hoy se cobra a Haití.»
Independientemente de la cuestión de la deuda, se teme que la ayuda tome la misma forma que la que acompañó al tsunami que devastó, a fines de diciembre de 2004, varios países de Asia (Sri Lanka, Indonesia, India y Bangladesh), o incluso la ayuda después del ciclón Jeanne en Haití en 2004. Las promesas no se cumplieron y una gran parte de los fondos sirvieron para enriquecer a las compañías extranjeras o a las cúpulas locales. Esas «generosas donaciones» provienen mayoritariamente de los acreedores del país.
En lugar de hacer donaciones, sería preferible que anularan las deudas que tiene Haití con ellos: totalmente, sin condiciones e inmediatamente. ¿Podemos realmente hablar de donaciones cuando sabemos que la mayor parte de ese dinero servirá para el pago de la deuda externa o para el desarrollo de «proyectos de desarrollo nacional», decididos de acuerdo con los intereses de esos mismos acreedores y de las oligarquías locales?
Es evidente que sin esas donaciones inmediatas sería imposible pedir el reembolso de una deuda cuya mitad, por lo menos, corresponde a una deuda odiosa. Las grandes conferencias internacionales de cualquier G8 o G20, ampliado a las IFIS, no harán avanzar en nada el desarrollo de Haití sino que reconstruirán los instrumentos que les sirven para establecer sólidamente el control neocolonial del país. Tratarán de garantizar la continuidad en el reembolso de la deuda, base de la sumisión, al igual que en recientes iniciativas de alivio de la deuda.
Por el contrario, para que Haití pueda construirse dignamente, la soberanía nacional es el desafío fundamental. Una anulación total e incondicional de la deuda reclamada a Haití debe ser el primer paso de una política más general. Un nuevo modelo de desarrollo alternativo a las políticas de las IFIs y a los acuerdos de partenariado económico (APE firmado en diciembre de 2008, Acuerdo Hope II, etc.) es necesario y urgente. Los países más industrializados que sistemáticamente explotaron Haití, comenzando por Francia y Estados Unidos, deben pagar reparaciones con un fondo de financiación para la reconstrucción controlada por las organizaciones populares haitianas.
Éric Toussaint
Presidente del CADTM-Bélgica (Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo). Último libro publicado: Banque du Sud et nouvelle crise internationale, CADTM/Syllepse, 2008.
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Sophie Perchellet
Investigadora del CADTM Bélgica.
martes, 29 de septiembre de 2009
Hacia una nueva crisis de la deuda
por Éric Toussaint*
La onda expansiva de la crisis financiera estadounidense está afectando la economía mundial. Los recursos de los países en vías de desarrollo se van agotando mientras que el alquiler del dinero va en aumento. Una nueva crisis de la deuda se hace inminente y amenaza con tragarse a las economías emergentes. Lo importante no es saber si los banqueros de los países ricos podrán cobrar sus regalías sino cómo podrán sobrevivir las poblaciones de los países pobres. La situación está lejos de encontrarse bajo control y es necesario actuar con decisión para que no sean nuevamente los pueblos quienes tengan que pagar los platos rotos.
A pesar de representar una gran erogación en las ganancias de los poderes públicos, el pago de la deuda pública no constituyó, entre 2004 y 2008, un gran problema para la mayoría de los países con ingresos medios ni para los países exportadores de materias primas en general. En efecto, la mayoría de los gobiernos de esos países obtenían fácilmente préstamos con tasas de interés históricamente bajas que les permitían obtener los fondos necesarios. Pero la crisis de la deuda privada que estalló en 2007 en los países más industrializados modificó radicalmente las condiciones de endeudamiento de los llamados «países en desarrollo» (PED), actualmente arrastrados hacia una nueva crisis de la deuda.
Un poco de historia
Varias crisis internacionales de la deuda se produjeron durante los dos siglos anteriores a la historia del capitalismo. Tres de ellas tuvieron lugar en el siglo 19 y dos en el siglo 20 [2]. Esas crisis afectaron directamente el destino de los países emergentes [3]. Los orígenes de las crisis y el momento en que estallan están íntimamente vinculados al ritmo de la economía mundial, principalmente a la de los países más industrializados. Cada crisis de la deuda ha estado precedida de una etapa de recalentamiento de la economía de los llamados países del Centro, etapa que se ha caracterizado por una excepcional abundancia de capitales, parte de los cuales ha sido reciclada hacia la economía de los llamados países de la Periferia. La crisis es generalmente consecuencia de una recesión o de una sucesión de quiebras que afectan a algunas de las principales economías industrializadas. La crisis que estalló a partir de 2007-2008 en la llamada Tríada [4] confirma esta «regla».
Entre 2004 y 2008 gran parte de los PED han registrado un fuerte aumento de sus ingresos provenientes de las exportaciones debido al alza de los precios de las mercancías que ellos venden en el mercado mundial: hidrocarburos (petróleo y gas), minerales y productos agrícolas. Esto les permitió, al mismo tiempo, recurrir a sus propios ingresos en divisas para pagar la deuda y mantener el nivel de credibilidad necesario para obtener nuevos préstamos.
Además, los bancos comerciales de los países del norte, que habían reducido drásticamente sus préstamos a partir de los años 1990 como consecuencia de las crisis financieras registradas en los PED, fueron reabriendo ampliamente sus cofres a la realización de préstamos entre 2004 y 2008 [5]. Otros grupos financieros privados (fondos de pensiones, compañías aseguradoras, fondos de inversión libre [en inglés hedge funds]) han extendido créditos a los PED mediante la compra de los bonos que éstos emitían en las principales plazas financieras. Algunos Estados han aumentado además la oferta de créditos a los PED, desde China –que presta fondos hacia todas las regiones del mundo– hasta Venezuela –que está financiando a Argentina y a los países del Caribe. En general, las tasas de intereses concedidas eran mucho más ventajosas que las que habían prevalecido hasta principios de los años 2000. Hay que agregar a lo anterior el abundante crédito concedido, dentro de los propios PED, por los bancos locales o extranjeros que operan en los países del sur.
El viraje del año 2007
Un cambio se produjo en 2007 a raíz de la crisis de la deuda privada en los países más industrializados [6]. El detonante fue la explosión de la burbuja especulativa del mercado inmobiliario en Estados Unidos, que provocó el derrumbe de varios mercados de la deuda privada (mercados de las subprimes, de los ABCP [7], de las CDO [8], de las LBO [9], de los CDS [10], de las ARS [11]…). Esta crisis está lejos de haber terminado y el mundo sólo está comenzando a descubrir sus múltiples repercusiones.
El dinero proveniente del crédito corrió abundantemente hasta julio del año 2007, momento en que las diferentes fuentes privadas de crédito se secaron bruscamente en los países del norte. Atrapados en montajes de deudas mal equilibrados, los bancos privados, empezaron a desconfiar unos de otros y a mostrarse reacios a prestarse dinero entre sí. Los poderes públicos de Estados Unidos, Europa occidental y Japón tuvieron que inyectar dinero de forma masiva y reiterada (más de 2 000 millardos [Un millardo = mil millones] de dólares y de euros en 2007-2009) para que no se paralizara el sistema financiero de los países del norte. Mientras tanto, los bancos privados que se financiaban vendiendo títulos no garantizados no lograron encontrar compradores en los mercados financieros del norte. Se vieron entonces obligados a sanear sus cuentas pagando las enormes pérdidas provenientes de las arriesgadas operaciones en las que se habían metido durante los últimos años. Para poder salir de ese atolladero tuvieron que recurrir a aportes de dinero fresco. Al principio, ese dinero fresco vino de los fondos soberanos de los países asiáticos y de los países del Golfo Pérsico. Posteriormente, los Estados del norte vinieron, en masa, al rescate de los bancos. Los bancos que no encontraron a tiempo dinero fresco fueron comprados por otros bancos (JPMorgan compró Bear Stearns [12] y WAMU) o por el Estado (así sucedió en Gran Bretaña con Northern Rock Bank, Royal Bank of Scotland y con el establecimiento de crédito hipotecario Bradford & Bingley mientras que el gobierno de Holanda compró ABN Amor, el gobierno belga compró temporalmente el Fortis Bank para revenderlo después al banco francés BNP Paribas, el gobierno estadounidense «nacionalizó» Freddie Mac y Fannie Mae así como AIG [13], etc.). La nacionalización de Freddie Mac y de Fannie Mae ilustra a la perfección la privatización de las ganancias en tiempos de prosperidad económica y la socialización de las pérdidas en tiempos de depresión. Ambas instituciones fueron privatizadas en momentos en que estaban produciendo enormes beneficios. Con la crisis del sector inmobiliario, que estalló en 2007, la situación de Freddie Mac y de Fannie Mae se degradó dramáticamente. Al verse de pronto al borde del abismo, estas dos firmas –que habían distribuido grandes dividendos entre sus accionistas privados en 2007– pidieron ayuda al Estado para que fuera éste quien asumiera sus pérdidas. El monto de los créditos hipotecarios de ambas firmas asciende a 5 300 millardos (4 veces la deuda externa pública de todos los PED). Hasta el muy neoliberal The Economist reconoce en su editorial del 30 de agosto de 2008: «Este es el peor aspecto del capitalismo: significa que los accionistas y los dirigentes gozan de las ganancias mientras que los contribuyentes pagan la cuenta cuando hay pérdidas».
Al principio, la mayoría de los PED no tuvo problemas
En 2007, las bolsas de valores de una serie de PED se beneficiaron con el flujo de capital especulativo que huía del epicentro del cataclismo financiero, o sea de Norteamérica. Los capitales liberados por la explosión de la burbuja inmobiliaria, explosión que atravesó el Atlántico del oeste hacia el este (Irlanda, Gran Bretaña y España se vieron duramente perjudicadas y la lista de naciones afectadas fue alargándose con el tiempo), se encauzaron hacia otros mercados, como las bolsas de materias primas y de productos alimenticios, que se encuentran en los países del norte (lo cual acentuó el alza de precios) y hacia ciertas bolsas de valores del sur. Pero ese fenómeno no duró mucho. En 2008 todas las bolsas de valores del sur se convirtieron en las grandes perdedoras. Algunas, como las de China, Taiwán, Brasil y Rusia, volvieron a registrar un alza durante el año 2009. Pero, ¿por cuánto tiempo?
Por otra parte, la decisión de la Reserva Federal estadounidense de reducir varias veces su tasa directora de interés también alivió temporalmente el peso de la deuda del sur. Pero la situación cambió radicalmente a mediados del año 2008, cuando las primas de riesgo-país aumentaron fuertemente y los bancos del norte restringieron la oferta de nuevos créditos destinados al refinanciamiento del pago de la deuda. De la misma manera, los inversionistas institucionales (fondos de pensiones, aseguradoras y bancos…) redujeron la compra de títulos de la deuda del sur para priorizar la compra de bonos del Tesoro estadounidense. Los precios de las materias primas, que se habían mantenido en alza hasta julio de 2008, sufrieron una caída brutal. Además, en 2008-2009 las monedas de los países latinoamericanos se devaluaron ante el dólar, lo cual elevó nuevamente el costo de la deuda externa, cuyo pago se efectúa principalmente en dólares.
El Banco de Pagos Internacionales (BPI, también conocido bajo las siglas en inglés BIS por Bank for Internacional Settlements. Nota del Traductor.) confirma que «La crisis económica y financiera ha golpeado de lleno a las «Economías emergentes» (EcEm) durante el último trimestre de 2008. Tras la quiebra de Lehman Brothers, en septiembre de 2008, se produjo un retroceso sin precedentes de la demanda de exportaciones, lo cual coincidió con un importante reflujo de los préstamos bancarios internacionales y de inversiones de carteras extranjeras. Se redujeron las tasas de cambio de numerosos países, bajó el valor de las acciones mientras que el costo del financiamiento exterior aumentó acentuadamente. Con el descenso del consumo y de los gastos de inversiones en las economías avanzadas, se produjo un desplome de la demanda de exportaciones de las Economías Emergentes, lo cual acentuó la inversión del sentido de los flujos de capitales y puso fin a un largo periodo de crecimiento que había estado basado en las exportaciones y sostenido por las entradas de fondos [14].»
Descenso de las reservas en divisas de los PED en 2008-2009
También según el Banco de Pagos Internacionales, las reservas en divisas en posesión de los PED empezaron a reducirse: «La reserva de haberes de cambio, que alcanzó su punto culminante en 2008, disminuyó fuertemente en varias Economías Emergentes llegando en enero de 2009 a más de 4 300 millardos [de dólares] para todo el conjunto de países de ese grupo. […] De esa forma, en el primer trimestre de 2009, el nivel de reservas de cambio había caído en Corea y en la India al 80% de lo que era en junio de 2008, a cerca del 75% en Polonia y al 65% en Rusia. De continuar los choques exteriores, esas punciones provocarán interrogantes, aunque las reservas sigan siendo abundantes, según los indicadores clásicos [15].»
La disminución del crecimiento económico, claramente perceptible en Norteamérica, Europa y Japón, provocó una reducción de las exportaciones de productos manufacturados, principalmente en China, México y otros países asiáticos. La demanda interna china no podrá aliviar la reducción de la demanda externa.
El reflujo de la actividad económica en los países industrializados, en China y en otros países asiáticos grandes consumidores de materias primas (como Malasia, Tailandia y Corea del Sur), así como la reducción de los capitales financieros disponibles para especular al alza en los mercados del futuro provocaron una reducción de los precios de los hidrocarburos y de casi todas las materias primas (incluyendo los productos agrícolas): «La caída de los gastos en bienes durables de consumo en los países desarrollados durante el segundo trimestre de 2008 afectó cruelmente las exportaciones en los sectores de la industria automovilística y las tecnologías de la información» (TI). En el caso específico de la industria automovilística, que representa una parte importante del PIB en varias Economías Emergentes (3% en Turquía, 6% en México, 8% en Corea y Tailandia y más del 10% en Europa central), las exportaciones cayeron, por ejemplo, en un 45% en México en febrero de 2009 y en un 54% en Turquía durante el primer trimestre de 2009. […] Además, la disminución del crecimiento mundial trajo como consecuencia una disminución de los precios de los productos básicos. Entre julio de 2008 y marzo de 2009, los precios del petróleo disminuyeron en un 65% y los de los demás productos básicos en un 34%. […] El problema es que los productos básicos representan más del 40% de las exportaciones en Latinoamérica (más del 20% en el caso de México) [16].»
A lo anterior se suma una fuerte reducción de las cantidades de dinero que los emigrantes envían a sus países de origen. Grandes cantidades de trabajadores mexicanos, ecuatorianos, bolivianos que trabajan en el sector de la construcción en Estados Unidos y España se ven directamente afectados por la crisis inmobiliaria y se están quedando sin trabajo.
Condiciones más duras para la concesión de préstamos
Mientras que los ingresos de los Estados siguen bajando, los gastos vinculados al pago de la deuda van en aumento. Los bancos reducen su oferta de créditos y exigen un aumento de las primas de riesgo. Las pérdidas que los bancos deben asumir han ido en constante aumento desde el año 2007. La cantidad de impagos ha aumentado en los países del norte. El mercado de los Credit default swaps, productos derivados no regulados que deberían proteger a los prestamistas en caso de impago, se ha hecho extremadamente azaroso debido al enorme volumen de las sumas en juego [17].
Y estamos asistiendo solamente al comienzo del endurecimiento de las condiciones. En junio del año 2008, el Banco de Pagos Internacionales señalaba: «Aunque las primas soberanas (o sea, las primas de riesgo que los poderes públicos pagan a los prestamistas) siguen siendo muy inferiores a los niveles observados durante los anteriores episodios de turbulencias financieras, son mucho más elevadas que en el primer semestre de 2007, de forma tal que las tensiones sobre los financiamientos pudieran hacerse difíciles» [18]. Esa misma institución agregaba más adelante: «En cuanto a las empresas, la reciente alza de las primas de riesgo de sus obligaciones ha sido menudo más importante que la de las primas soberanas, lo cual hace pensar que algunos beneficiarios de préstamos están empezando a sentir los efectos de un endurecimiento de las condiciones del crédito al cabo de muchos años de endeudamiento fácil [19].» Y continuaba: «En el contexto de turbulencia que sufren los bancos de las economías avanzadas, la segunda gran fuente de vulnerabilidad para ciertas economías emergentes es el riesgo de agotamiento de las entradas de capitales bancarios. En el pasado, el sentido de esos flujos se invirtió bruscamente en varias ocasiones, como sucedió al principio de los años 1980 en el caso de América Latina y en 1997-1997 en el Asia emergente [20].»
En la siguiente versión de su informe, en 2009, el propio Banco de Pagos Internacional afirma: «En América Latina, por ejemplo, durante el primer trimestre de 2009, varios grandes bancos internacionales sólo prolongaron un 50-60% de las líneas de crédito comercial concedidas en 2008. […] Además, en ciertos casos aumentó la repatriación de las ganancias ya que, al igual que los bancos internacionales, muchas multinacionales necesitaron los fondos para utilizarlos en sus mercados de origen. Según el Centro de Desarrollo de la OCDE, la repatriación de los recursos financieros hacia las empresas madres explica la caída de la reinversión de las ganancias y de los préstamos intragrupos. Como la actual crisis viene acompañada de una contracción sin precedentes de la actividad económica mundial, es extremadamente difícil prever cuándo y en qué medida regresarán los capitales privados a las Economías Emergentes [21].»
Conclusiones
Como consecuencia de la crisis que estalló en los países más industrializados, se ha producido un considerable endurecimiento de las condiciones de los préstamos para los PED. Las importantes reservas de divisas que estos países habían obtenido durante los últimos años amortiguaron los efectos de este endurecimiento, pero es probable que no logren protegerlos totalmente. Algunos eslabones débiles de la cadena de endeudamiento de los países del sur se están viendo directamente afectados por la caída de las materias primas. En ese caso se encuentran, por ejemplo, Ecuador (debido a la caída de los precios del petróleo) y Argentina (a causa de la caída del precio de sus exportaciones de soya). La situación está lejos de encontrarse bajo control y es necesario actuar con decisión para que no sean nuevamente los pueblos quienes tengan que pagar los platos rotos [22].
Éric Toussaint
Presidente del CADTM-Bélgica (Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo). Último libro publicado: Banque du Sud et nouvelle crise internationale, CADTM/Syllepse, 2008.Los artículos de esta autora o autor Enviar un mensaje
[1] Muchos países dedican entre el 20 y el 35% del presupuesto del Estado al pago de la deuda pública. En el caso de Brasil, la parte del presupuesto del Estado destinada al pago de la deuda pública interna y externa es superior en cuatro veces a la suma de los gastos destinados a la educación y la salud. Ver Rodrigo Vieira de Avila, «Brésil: La dette publique est toujours bien là!»
[2] Ver Eric Toussaint, La Finance contre les peuples, CADTM-Syllepse-Cetim, 2004, capítulo 7. Ver también, Eric Toussaint, Banque mondiale: le Coup d’État permanent. L’agenda caché du Consensus de Washington, CADTM-Syllepse-Cetim, 2006, capítulo 4.
[3] En el siglo 19, se trataba esencialmente de Argentina, Egipto, Túnez, China y el Imperio Otomano.
[4] La Triada es el conjunto de países de Norteamérica, Europa y Japón.
[5] «Las obligaciones transfronterizas de los bancos que presentan declaraciones al Banco de Pagos Internacionales sobre las Economías Emergentes se estimaron en 2 600 millardos en 2007, o sea un aumento de 1 600 millardos en cinco años» Banco de Pagos Internacionales, 78e Rapport annuel, Basilea, junio de 2008, p. 44.
[6] Para un análisis detallado del estallido de la crisis y del contexto internacional, ver Eric Toussaint, Banque du Sud et nouvelle crise internationale, CADTM-Syllepse, Lieja-París, 2008, capítulos 9 y 10.
[7] Los Commercial papers estadounidenses («asset backed commercial paper», ABCP) son títulos de obligaciones negociables que emiten los bancos u otras empresas en el mercado financiero por un corto plazo (de 2 a 270 días). Estos títulos de obligaciones no están garantizados por una contraparte (como, por ejemplo, un bien inmueble) sino que se basan en la confianza del comprador del commercial paper hacia el banco o la empresa que lo vende.
[8] Collateralized Debt Obligations.
[9] Leveraged Debt Buy-Out. Se trata de operaciones de compra de empresas financiadas mediante deudas.
[10] Credit Default Swaps. La compra de un CDS tiene como objetivo proteger al comprador ante la posibilidad de no poder cobrar una deuda. El mercado de los CDS ha conocido un amplio desarrollo a partir del año 2002. El volumen de las sumas vinculadas a los CDS se ha multiplicado por 11 entre 2002 y 2006. El problema es que estos contratos de seguros se venden sin que exista ningún tipo de control por parte de las autoridades públicas. La existencia de estos CDS ha llevado a las empresas a arriesgarse cada vez más. Al creerse protegidos contra la posibilidad de impago, los prestamistas otorgan préstamos sin verificar la posibilidad real de pago de los solicitantes.
[11] Auction Rate Securities. Estos títulos vendidos en Estados Unidos representan créditos concedidos a municipios, universidades (para becas estudiantiles) y hospitales. Cada semana, los clientes podían comprarlos o venderlos a través de un sistema subastas («auction»). En junio y julio de 2008, este mercado se desplomó y los bancos que habían comercializado esas deudas tuvieron que volver a comprarlas a sus clientes y pagar multas al Estado. Las sumas en juego se estiman en 330 millardos de dólares y las multas que tuvieron que pagar la UBS (150 millones de dólares), Citigroup (100 millones), JPMorgan, Morgan Stanley… totalizan varios cientos de millones de dólares.
[12] Bear Stearns, el quinto banco de negocios de Estados Unidos, estaba completamente atrapada en el mercado de los CDS.
[13] AIG, el grupo asegurador más importante del mundo, también estaba completamente empantanado en el mercado de los CDS.
[14] Banco de Pagos Internacionales, 79º Informe Anual 2009, p. 80.
[15] Ibid, p. 84 y p. 94.
[16] Ibid, p. 84.
[17] «En particular, numerosas empresas brasileñas, coreanas, mexicanas y polacas habían firmados contratos sobre derivados con bancos extranjeros o locales, en 2007 y 2008, para proteger sus ingresos provenientes de las exportaciones ante una fuerte valorización de las monedas locales, e incluso, en ciertos casos, para especular sobre la continuación del alza. Estas posiciones generalmente no figuraban en el balance de las empresas. Cuando las tasas de cambio retrocedieron ante el dólar o el euro, estas sufrieron grandes pérdidas: según los estimados, cerca del 0,8% del PIB en Corea y más del 1% en Polonia.» Fuente: Banco de Pagos Internacionales, 2009, Op. cit., p. 89.
[18] Banco de Pagos Internacionales, 2008, Op. cit., p. 55.
[19] El Banco de Pagos Internacionales escribe también: «El crédito bancario del sector privado se ha desarrollado enormemente durante los últimos 5 años: de 7 puntos porcentuales en términos de PIB en América Latina y de 30 puntos porcentuales en los países de Europa central y oriental. No es imposible que esta extensión haya sobrepasado la capacidad de los establecimientos para evaluar y vigilar eficazmente su propia exposición…», Op. cit., p. 57.
[20] Banco de Pagos Internacionales, 2008, Op. cit., p. 56.
[21] Banco de Pagos Internacionales, 2009, Op. cit., pp.92-93.
[22] Sobre las proposiciones de alternativas, ver Eric Toussaint, Banque du Sud et nouvelle crise internationale, CADTM-Syllepse, Lieja-París, 2008, capítulo 1 al 4. Ver también: Eric Toussaint, Quelles alternatives pour le développement humain?, asó como Damien Millet y Eric Toussaint, 60 questions/60 réponses sur la dette, le FMI et la Banque mondiale, CADTM-Syllepse, 2008, capítulos 10 al 12.