14-05-2010
Meylin Suárez
CEAMO
Somalia es un país mayoritariamente islámico. El Islam desde su penetración en el siglo VII, ha sido un factor vinculado a los enfrentamientos de la población somalí contra los intentos de conquista en la región del Cuerno Africano.
La religiosidad desempeñó un papel destacado en los intentos unificadores de las tribus y los clanes somalíes. El navegante portugués Vasco de Gama, en su paso por Mogadiscio, en el siglo XV, la describió como una ciudad con casas de cuatro cinco pisos de altura, grandes palacios en el centro y muchas mezquitas con minaretes cilíndricos (1) Entre los siglos XV-XVI, en el Cuerno tuvo su etapa de esplendor el Reino de Adal, calificado como uno de los más grandes y poderosos Estados islámicos existentes en esa región y el cual estuvo vinculado a los intentos de conquista del antiguo Reino de Shoa, en la actual Etiopía. (2)
Desde temprana fecha, el Cuerno fue escenario del enfrentamiento entre el Islam y el Cristianismo. Sin embargo, la derrota del Califato musulmán asentado en el territorio somalí significó un duro golpe al proceso de construcción de una identidad nacional fundamentada sobre esa religión. Ese proceso de desintegración de la entidad política se agudizó tras la irrupción del colonialismo europeo, y con la posterior dispersión de la etnia somalí en cinco territorios diferentes. En la resistencia a la colonización italiana e inglesa, las cofradías de derviches y de sufíes desempeñaron un papel destacado. (3) No obstante, la superioridad tecnológica-militar del colonialismo se impuso sobre la resistencia somalí.
Somalia, como consecuencia quedó dividida entre Inglaterra, Italia y Francia. Como ha señalado Mohamed Hassan, las fronteras coloniales representaron para Somalia una verdadera catástrofe. (4). En 1960 al descolonizarse los territorios bajo soberanía italiana y británica, se constituyó la República de Somalia. Pero, quedaron somalíes residiendo en Etiopía, Kenya y la Somalia francesa (actual Djibouti)
El nacionalismo somalí frente a la división del territorio por el colonialismo, adoptó como ideología política el denominado pansomalismo. Esa corriente, desde la lucha por la independencia planteó la unificación en un único territorio de todas las poblaciones somalíes. Cada uno de los brazos de la estrella de la bandera nacional representa los cinco territorios donde habitan somalíes. Esa es la razón que explica la reivindicación, tanto por las Cortes Islámicas, como por Al-Shabah, del proyecto de la “Gran Somalia”, enarbolado durante el gobierno del general Mohamed Siad Barre.
El colapso de las instituciones estatales iniciado tras la caída de Siad Barre, en 1990 y el comienzo de una prolongada guerra civil, aún inconclusa, colocaron a la religión en su versión política en el centro de la vida somalí. (5)
Un hecho que contribuyó a la exacerbación del irredentismo somalí fue la intervención de Estados Unidos en 1992, y la eufemística Operación Restaurar la Esperanza. Las multinacionales del petróleo mandaron a las tropas estadounidenses a invadir Somalia, aunque fue presentada como una misión humanitaria que iba a salvar unos 2 millones de somalíes mediante la apertura de líneas de suministro. La derrota de las poderosas fuerzas demostró la incapacidad de Estados Unidos y sus aliados de manejar el tema somalí.
En medio de un caos generalizado tras la salida del país de las tropas de las Naciones Unidas, las Cortes Islámicas se convierten en una alternativa de orden. Inicialmente las Cortes se encargaron de la atención a los servicios de salud y de la educación primaria, secundaria, la formación profesional e instrucción islámica, se responsabilizaron con la dirección de los orfanatos, así como otros servicios, para finalmente devenir en garantes de la seguridad de los ciudadanos, extorsionados por las acciones depredadoras de los numerosos señores de la guerra. (6)
Paralelamente esa versión del Islam cumplió otras funciones, conectó a esos grupos con los recursos financieros del Golfo Pérsico y los proveyó de base legal para reforzar sus actividades comerciales. Los Tribunales Islámicos, debido a sus funciones recibieron el apoyo de la población. Ello demuestra que además de religión, el Islam en ese escenario de desintegración estatal desempeña una importante función social. Su ascenso al primer plano de la política somalí constituyó además, el resultado de un movimiento de reacción identitario. (7)
No obstante, Somalia desde los inicios del actual siglo ha estado insertada en la denominada guerra global contra el terrorismo-desatada por Estados Unidos, tras el 11 de septiembre-y calificada como de verdadera lucha contra la cultura musulmana y sus preceptos.
Todo ello ha repercutido en el escenario somalí, donde tradicionalmente las intervenciones extranjeras han exacerbado el irredentismo.
A mediados del 2006, la capital somalí fue tomada por las Unión de las Cortes Islámicas, iniciándose las contradicciones entre las Cortes y la población, pues algunas de sus ramas, partidarias de una interpretación radical del Corán, intentaron prohibir todo lo que tuviese relación con Occidente. Esas medidas extremistas provocaron el rechazo en una población que en un inicio las apoyó frente a los señores de la guerra.
Aunque sus ideólogos han tratado de explicar la adopción de esas medidas extremistas, con el pretexto de búsqueda de una ética pérdida, tras años de enfrentamientos y de una situación humanitaria atroz, no han encontrado el apoyo esperado. Una explicación más real descansa en que desde las últimas décadas del pasado siglo, el sufismo somalí ha estado presionado por las interpretaciones salafistas y wahabíes del Islam, quienes consideran que el sufismo debe purificarse de innovaciones prohibidas por esa religión y retomar la pureza de la época del profeta Mahoma y sus seguidores. (7)
En medio del conflicto, han reverdecido prácticas islámicas extremistas. Destaca entre ellas el intento de dogmatizar la vida familiar y condenar a las mujeres a una posición de total subordinación, negándoles los más elementales derechos sociales y políticos. Esta interpretación y aplicación retrograda contrasta con la práctica islámica en el siglo VII, cuando la religión aseguró a la mujer los derechos que se le negaban. Como parte de esas practicas extremistas se han incrementado las condenas por lapidación a mujeres por cometer adulterio. En la mayoría de los casos, las mujeres son enterradas hasta el cuello y luego apedreadas hasta fallecer. La última norma dictada por el grupo más radical somalí ha sido prohibir el uso de sujetadores en la población femenina, por considerarla una prenda ofensiva e impura y que tiene como fin motivar los deseos sexuales. Como resultado de esa forma legal, varias féminas han sido azotadas en público por el uso de esas prendas.
Todo lo anterior demuestra que un proyecto político fundamentado en esa variante extrema del Islam, en lugar de ganar adeptos, solo encontrará la oposición de una población, agotada por la guerra y las incursiones foráneas, pero acostumbrada a una práctica de la religión que corra al ritmo de los tiempos y no a la contramarcha. En medio del caos que vive ese Estado colapsado, una versión radical islamista con posibilidades de llegar al poder constituye el nuevo pretexto para nuevas intervenciones foráneas. La posición estratégica del país, así como los recursos naturales de su subsuelo y mares adyacentes pesan mucho en las extrañas alianzas que han caracterizado ese conchito, donde los enemigos de ayer son los aliados de hoy.
Las extrañas combinaciones entre Estados Unidos, primero con los señores de la guerra y hoy, con los sectores moderados de las Cortes Islámicas, demuestran que coyunturalmente podrían coincidir las agendas foráneas con el interés de grupos político-religiosos y con los deseos de la población de frenar el camino a un proyecto político fundamentado en interpretaciones islamistas extremistas.
Referencias:
(1) Carranci, C: “El Pansomalismo”: Claves históricas del conflicto del cuerno africano. Editorial IEPALA 1987.
(2) Ibíd.
(3) S/a. “Las fronteras en el Cuerno de África” En: Revista Cuadernos para el diálogo. Madrid, 1971.
(4) Lalieu, G y Collon, M.: “Cómo mantienen a Somalia en el caos las potencias coloniales”. Entrevista a Mohamed Hassan, Serie Comprender al Mundo Musulmán.
(5) Quaranto, P.: Building states while figting terror, Intitute for Security Studies, Pretoria, 05-08.
(6) Ibíd.
(7) Tazón, S. Un “Islamismo Aceptable” ¿la solución para Somalia? Grupo de Estudios Estratégicos. Colaboraciones nº 2511 | 12 de Febrero de 2009.
Meylin Suárez es investigadora del Centro de Estudios sobre África y Medio Oriente de La Habana (Cuba)
Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article821
viernes, 14 de mayo de 2010
Las interpretaciones extremas del Islam en Somalia: una alternativa de riesgo
sábado, 13 de marzo de 2010
EEUU le hace la guerra del hambre a Somalia
13-03-2010
Glen Ford
Blackagendareport
Traducido para Rebelión por Mariola y Jesús García Pedrajas
En Somalia, los EEUU han vuelto a las antiguas tácticas de asedio para rendir al pueblo por inanición. EEUU intenta evitar que la ayuda de alimentos llegue a las áreas controladas por las fuerzas de la resistencia de Shabab. De todos modos, “si la ayuda internacional se restringiera a las zonas controladas por el gobierno títere apoyado por EEUU, sólo unos pocos barrios en Mogadiscio, la capital, serían alimentados.”
“La conformidad de las Naciones Unidas con las condiciones de EEUU significaría la muerte por inanición de alrededor de tres millones de personas.”
Mientras que casi la mitad de la población de Somalia se tambalea al borde de la muerte por hambre, EEUU está impidiendo a las Naciones Unidas el reparto de los alimentos que se necesitan desesperadamente. Según documentos obtenidos por el New York Times, los estadounidenses exigen a las agencias de ayuda que garanticen que no se pagan tasas de ningún tipo en “controles de carretera, puertos, almacenes, aeropuertos y otros puntos de tránsito” controlados por las fuerzas de la resistencia de Shabab. Dado que Shabab y otras milicias controlan más de la mitad del área en conflicto, la conformidad de las Naciones Unidas con las condiciones de EEUU significaría la muerte por inanición de alrededor de tres millones de personas. De hecho, si la ayuda internacional se restringiera a las zonas controladas por el gobierno títere apoyado por EEUU, sólo unos pocos barrios en Mogadiscio, la capital, serían alimentados.
Las marionetas somalíes de EEUU son incapaces de defenderse incluso a si mismas, mucho menos de mantener un gobierno y una infraestructura que funcionen. Cinco mil soldados de la Unión Africana (UA) - formados en su mayor parte por ugandeses, la fuerza de choque de EEUU en África – mantienen el control del aeropuerto, el principal vínculo del régimen con el mundo exterior. Según las Naciones Unidas, soldados de la UA están involucrados en “el bombardero indiscriminado” de civiles.
Mientras que la posición de las marionetas somalíes de EEUU se hace cada vez más insostenible, EEUU exprime el sistema de reparto de comida de la ONU, castigando de hecho a todo el pueblo de Somalia. La ayuda alimentaria de EEUU a las operaciones de la ONU en territorio somalí fue en 2.009 sólo la mitad que en 2.008. En 2.007, los funcionarios de las Naciones Unidas declararon a Somalia “la peor crisis humanitaria en África…peor que Darfur,” como resultado de la invasión etíope de 2.006, apoyada por EEUU. Es decir, EEUU ha estado haciendo la guerra continuamente al pueblo de Somalia, directamente o por medio de sus agentes, durante más de tres años con la excusa de “la guerra contra el terror.”
El funcionario de las Naciones Unidas encargado de la misión humanitaria en Somalia, Mark Bowden, afirma que las acusaciones de EEUU de que los militantes de Shabab están desviando la ayuda de la ONU son “infundadas.” Un portavoz de la Casa Blanca declaró que no es EEUU, sino Al-Shabab los que están denegando el acceso de los somalíes a la ayuda alimentaria, con su guerra contra el “gobierno” de Mogadiscio. Se trata de una macabra variación de la excusa que EEUU ofrece de manera rutinaria cuando masacra civiles: que los “insurgentes” usan a los civiles como “escudos humanos,” forzando a los americanos a matarlos.
“EEUU ha estado haciendo la guerra continuamente al pueblo de Somalia, directamente o por medio de sus agentes, durante más de tres años.”
Cuando Mark Bowden, de la ONU, se quejó ante los funcionarios de Washington de que se estuviera reteniendo la ayuda alimentaria a Somalia, le dijeron, “Esto está más allá de nuestras atribuciones.” Es decir, que las órdenes venían de mucho más arriba, probablemente de la embajadora ante la ONU, Susan Rice, la más prominente acólita dentro de la administración de la “intervención militar humanitaria” - una doctrina que Rice ha convertido en la obscenidad definitiva en el Cuerno de África.
La “intervención militar humanitaria” sostiene que es tarea de las grandes potencias – esto es, EEUU y sus aliados – intervenir en los asuntos de los países más débiles si sus gobiernos no pueden, o no quieren, atender las necesidades de su pueblo. También conocida como la “responsabilidad de proteger” – o “R2P”– la doctrina no requiere, por definición, el consentimiento de las poblaciones que serán sometidas. R2P puede ser invocado inmediatamente contra los “estados fallidos,” según los designios del “protector” y “humanitario” interviniente. De hecho, una vez que un estado ha sido declarado “fallido,” las grandes potencias tienen la obligación de intervenir, de acuerdo con la lógica del R2P. Esto es de lo más conveniente cuando han sido los EEUU los que han causado que “falle” dicha débil nación.
Éste fue el caso en 2.006, cuando un estado en ciernes surgió finalmente en el centro y el sur de Somalia, organizado por un movimiento llamado las Cortes Islámicas. Cuando las Cortes Islámicas derrotaron a los señores de la guerra apoyados por EEUU y consiguieron traer un mínimo de paz, ley y orden a esta región de Somalia, EEUU instigó y financió la invasión por parte de Etiopía, sumiendo a Somalia en una “crisis humanitaria.”
“Una vez que un estado ha sido declarado ‘fallido,’ las grandes potencias tienen la obligación de intervenir, de acuerdo con la lógica del R2P.”
Como una Demócrata en la oposición, Rice estuvo vociferando por una mayor intervención militar en el Cuerno de África, incluyendo un bloqueo naval y aéreo de Sudan. Los desvaríos de Rice, modulados por propósitos diplomáticos, se convirtieron en la política de EEUU después de la elección de Obama. Miles de personas en Kenia de etnia somalí fueron reclutados por las fuerzas del gobierno títere somalí, a todo lo largo de su frontera común (puede leerse en “EEUU siembra las semillas de una guerra total en África Oriental”) - a pesar de todo, parecía que estos movimientos no tenían apenas efecto en Somalia. De todos modos, estos reclutamientos no podían menos que ayudar a minar la cohesión nacional de Kenia, al animar a las minorías étnicas somalíes a identificarse, no con Kenia, sino con el estado vecino. De manera más inquietante, EEUU ha presionado al Consejo de Seguridad de la ONU para que impongan sanciones a Eritrea, bajo las acusaciones de que está proporcionando apoyo a los somalíes de Shabab, una acusación que Eritrea niega de manera vehemente (ver en “¿Quién demoniza a Eritrea y por qué?”).
Cada acción que EEUU realiza en el Cuerno de África parece calculada para minar la estabilidad de alguno de los estados emergentes en la región o, en el caso de Somalia, impedir totalmente que surja un estado nacional, a no ser que haya sido elegido por EEUU. (En Sudán, EEUU y Israel han trabajado durante mucho tiempo por la fragmentación del estado más grande de África.)
Incapaz de encontrar o crear un líder somalí capaz de derrotar a Shabab, EEUU mantiene el asedio al pueblo de Somalia, para rendirlo por inanición. Negándose a autorizar el reparto de la gran cantidad de grano apilado en almacenes de Mombasa, Kenia, el régimen de EEUU se muestra a si mismo como, de alguna manera, menos humanitario que Gengis Khan.
Fuente: http://blackagendareport.com/?q=content/us-wages-food-war-against-somalia
viernes, 12 de marzo de 2010
La nada en Somalia
Jesús García Pedrajas
Rebelión
La rutina ha vuelto a Somalia. Unos meses después del secuestro y posterior liberación, por medio del pago de un rescate, del pesquero Alakrana, el país africano ha desaparecido de los noticieros internacionales. A pesar de haber sido declarada en varias ocasiones por la ONU como “la peor catástrofe humanitaria de África…peor que Darfur”, la situación en la región no merece ni una línea en nuestros informativos, si bien es verdad que tampoco se habló de ella durante el secuestro del atunero vasco.
Alguno de estos datos, al menos, merecieron que se les recordara entonces: la invasión de Somalia por parte de Etiopía en 2.006 ha provocado un éxodo masivo de la población civil hacia campos de refugiados, una hambruna que afecta a más de tres millones de personas y saqueos y violaciones a cargo de los invasores y de sus aliados ugandeses, país que actúa de manera rutinaria como agente de EEUU, principal instigador y financiador de la invasión, en la zona.
La existencia de un gobierno islamista como el de Shabab, independiente y opuesto a los intereses de EEUU, era un reto demasiado abierto para la nueva potencia colonial como para poder ser admitido.
Cuatro años después la situación sólo ha empeorado: el gobierno títere somalí, impuesto por los invasores, apenas controla la capital, Mogadiscio, y sus alrededores; EEUU se niega a que la ayuda humanitaria, tanto de sus agencias como de la ONU, llegue a las zonas dominadas por los insurgentes de Shabab, es decir, más de la mitad del país; más de tres millones de personas se enfrentan a la muerte por hambre…
Todo esto está ocurriendo ahora, y estaba ocurriendo también durante el secuestro de nuestro pesquero, bastaría, en ambos casos, con un sincero interés por parte de los medios de comunicación de masas por desvelar la verdad de la situación en Somalia, por inquietante o molesta que nos resulte.
lunes, 4 de enero de 2010
Combates en el centro de Somalia dejan al menos 47 muertos
3 de Ene de 2010.
YVKE Mundial
Al menos 47 personas murieron en el centro de Somalia tras combates entre rebeldes islámicos y un grupo pro Gobierno por el control de una ciudad estratégica, dijo el domingo un organismo de derechos humanos. Hay un centenar de heridos.
Al Shabaab, que busca imponer la ley islámica en Somalia, atacó el sábado a Dusamareb, unos 560 kilómetros al norte de Mogadiscio, para expulsar al grupo musulmán moderado Ahlu Sunna Wal Yamaa.
Fueron los primeros enfrentamientos en la localidad desde diciembre del 2008, cuando Ahlu Sunna tomó control del sector luego de expulsar a los combatientes de Al Shabaab.
La ciudad es capital de la región central de Galgadud, codiciada por Al Shabaab, que le gustaría extender su área de control entre Mogadiscio y la región noreste de Puntland, una zona pro Gobierno.
"Hemos contabilizado 47 muertos y 100 heridos", dijo a Reuters Ali Yasin Gedi, vicedirector del grupo de paz y derechos humanos Elman.
"La mayoría de las víctimas son de los dos grupos. La cifra de muertos podría duplicarse porque los residentes aún están recuperando los cuerpos de callejones y bajo los árboles. Toda la región está tensa y los residentes están huyendo de sus aldeas", agregó.
Los musulmanes moderados controlan la ciudad
Un portavoz de Ahlu Suna dijo que habían recuperado el control de la ciudad luego de perderlo brevemente el sábado ante Al Shabaab.
"Nuestras fuerzas están en total control de la ciudad ahora. Los sacamos de aquí ayer. Sus cuerpos están apilados en las calles. Con seguridad los cazaremos en otras localidades a las que vayan", dijo a Reuters el jeque Abdullahi Abu Yusuf.
Un residente indicó que la presencia de los combatientes de Ahlu Sunna en las calles de la ciudad no estaba completamente asegurada.
"Tenemos miedo de que Al Shabaab nos ataque de nuevo. Somos civiles, nuestra única posibilidad es huir", dijo Abdullahi Bile.
Al Shabaab, al que Washington acusa de ser el brazo de Al Qaeda en la región, no estuvo disponible de inmediato para hacer comentarios.
La insurgencia liderada por Al Shabaab ha socavado los esfuerzos de Occidente por instalar un Gobierno efectivo en el país, que no ha contado con una administración estable en los últimos 19 años.
sábado, 12 de diciembre de 2009
Somalia: De cómo las potencias coloniales mantienen al país sumido en el caos
Entrevista a MOHAMED HASSAN
12-12-2009
Gregoire Lalieu y Michel Collon
La Haine
Somalia tenía todo lo necesario para salir adelante: una situación geográfica privilegiada, petróleo, minerales y, algo raro en África, una sola religión y una única lengua para todo el país. Somalia hubiera podido ser una gran potencia regional. Pero la realidad es muy diferente: hambrunas, guerras, pillaje, piratas, atentados... ¿Cómo se ha desmoronado este país? ¿Por qué no existe un gobierno somalí desde hace casi veinte años? ¿Qué escándalos se ocultan tras los piratas que secuestran nuestros barcos? En esta nueva entrega de la serie “Comprender el mundo musulmán”, Mohammed Hassan nos explica por qué y cómo las potencias imperialistas han aplicado a Somalia la teoría del caos.
¿Cómo se ha desarrollado la piratería en Somalia? ¿Quiénes son los piratas?
Desde 1990, no existe un gobierno en Somalia y el país se encuentra en manos de los señores de la guerra. Los barcos europeos y asiáticos se han aprovechado de la situación caótica para pescar en las costas somalíes sin licencia alguna y sin respetar unas normas elementales. No han respetado las cuotas vigentes en sus países de origen para preservar las especies, y han empleado técnicas de pesca- en especial, dinamita- que han producido graves daños a la riqueza pesquera de los mares somalíes.
Pero eso no es todo. Aprovechándose, asimismo, de esta falta de autoridad política, las empresas europeas, ayudadas por la mafia, han vertido residuos nucleares a lo largo de las costas de Somalia.
Europa estaba al corriente, pero ha cerrado los ojos porque esta solución presentaba ventajas prácticas y económicas para el tratamiento de los residuos nucleares.
Por otra parte, el tsunami de 2005 depositó gran parte de esos residuos nucleares en las tierras somalíes, lo que ha ocasionado la aparición de enfermedades desconocidas entre la población de Somalia.
Este es el contexto en el que se ha desarrollado, esencialmente, la piratería somalí. Los pescadores de Somalia, con técnicas rudimentarias, no estaban en condiciones de faenar, por lo que han decidido protegerse y proteger sus mares. Es exactamente lo mismo que hizo Estados Unidos en su guerra civil contra los británicos (1756-1763): al no disponer de fuerzas navales, el presidente Georges Washington llegó a un acuerdo con los piratas para proteger la riqueza de las costas estadounidenses.
¿Cómo es posible que desde hace casi veinte años no exista un Estado somalí?
Es la consecuencia de una estrategia estadounidense. En 1990, el país estaba conmocionado por los conflictos, el hambre y el pillaje, y el Estado se vino abajo. Ante la situación, Estados Unidos, que había descubierto unos años antes las reservas de petróleo de Somalia, lanzó en 1992 la operación Restore Hope [Restaurar la Esperanza], y por primera vez, los marines estadounidenses intervinieron en África para controlar el país. También por vez primera, una invasión militar se llevó a cabo en nombre de la injerencia humanitaria.
¿Se refiere a los famosos sacos de arroz exhibidos en una playa somalí por Bernard Kouchner?
Sí, todo el mundo recuerda las imágenes, cuidadosamente preparadas. Pero las verdaderas razones eran estratégicas. Un documento del departamento de Estado estadounidense preconizaba que, tras la caída del bloque soviético, Estados Unidos se mantuviera como la única super potencia mundial y, para conseguir este objetivo, recomendaba ocupar una posición hegemónica en África, muy rica en materias primas
Sin embargo la operación Restore Hope fue un fracaso. La película La chute du faucon noir [La caída del halcón negro] impactó a los estadounidenses con sus pobres soldados “asaltados por los perversos rebeldes somalíes”...
Ciertamente, la resistencia nacionalista somalí derrotó a los soldados estadounidenses y desde entonces, la política de Estados Unidos ha sido mantener Somalia sin un verdadero gobierno, es decir, balkanizarla.
La antigua estrategia británica, ya aplicada en numerosos lugares: establecer Estados débiles y divididos para manejar mejor el tinglado. Esa es la razón de que no exista un Estado somalí desde hace casi veinte años: Estados Unidos mantiene su teoría del caos para impedir la reconciliación de los somalíes y mantener así al país dividido
En Sudán, tras la guerra civil, Exxon tuvo que abandonar el país después de descubrir la existencia de petróleo. ¿Dejar que Somalia se suma en el caos no es contrario a los intereses de Estados Unidos que no pueden explotar el petróleo hallado?
La explotación del petróleo somalí no es su objetivo prioritario. Estados Unidos sabe que las reservas están ahí y no tienen una necesidad inmediata de ellas.
Para su estrategia, son otros dos los factores más importantes. Ante todo, impedir a sus competidores negociar ventajosamente con un Estado somalí rico y fuerte.
Ustedes hablan de Sudán, y la comparación resulta interesante.
El petróleo que las compañías petroleras descubrieron hace treinta años, ahora se vende a los chinos. Podría ocurrir lo mismo en Somalia.
Cuando Abdullah Yussuf era presidente del gobierno de transición se fue a China, a pesar de estar apoyado por Estados Unidos, y los media estadounidenses criticaron ferozmente la visita.
El hecho cierto es que EE.UU. no tiene garantía alguna en este tema: si mañana se estableciera un gobierno somalí, con independencia de su color político, podría adoptar una estrategia independiente de la estadounidense y comerciar con China.
Así que los Estados occidentales imperialistas no quieren en modo alguno un Estado somalí unido y fuerte.
El segundo objetivo, buscado mediante la teoría del caos, está relacionado con la situación geográfica de Somalia, estratégica para los imperialistas de Estados Unidos y Europa.
¿Por qué es estratégica?
Miren el mapa, para controlar el océano Índico. Tal como he dicho antes, las potencias occidentales tiene una gran responsabilidad en el desarrollo de la piratería en Somalia. Pero en lugar de decir la verdad y pagar indemnizaciones por lo que han hecho, criminalizan el fenómeno con el fin de justificar sus actuaciones en la región. Con el pretexto de combatir la piratería, la OTAN sitúa su marina de guerra en el océano Índico.
¿El verdadero objetivo?
Controlar el desarrollo económico de las potencias emergentes, en especial de India y China: la mitad de la flota mundial de transporte de contenedores y el 70% del tráfico total de productos petroleros pasa por el océano Índico.
Y, desde el punto de vista estratégico, Somalia ocupa un lugar importante: el país tiene la costa más grande de África (3.300 kilómetros) y se encuentra frente al golfo Árabe y el estrecho de Ormuz, dos de los centros neurálgicos de la economía de la región.
Además, si se llegara a una solución pacífica al problema somalí, las relaciones entre África e India y China podrían desarrollarse a través del océano Índico y los competidores de Estados Unidos podrían entonces influir en esta zona de África. Mozambique, Kenia, Madagascar, Tanzania, Zanzíbar, Sudáfrica..., todos ellos unidos por el océano Índico tendrían un fácil acceso al mercado asiático y podrían desarrollar unas relaciones económicas beneficiosas.
Nelson Mandela, cuando era presidente de Sudáfrica, ya aludió a la necesidad de una revolución en el Índico con nuevas relaciones económicas. Proyecto que tanto Estados Unidos como Europa no quieren. Y esa es la razón por la que prefieren que Somalia siga sumida en el caos.
Usted afirma que Estados Unidos no quiere la reconciliación en Somalia, pero ¿Cuáles han sido los orígenes de las divisiones somalíes?
Para comprender la actual situación caótica, es preciso remontarse a la historia de Somalia, un país dividido por las fuerzas coloniales.
En 1959, Somalia consigue la independencia con la unión de las colonias italiana del sur y británica del norte.
Pero los somalíes viven además en ciertas zonas de Kenia, de Etiopía y de Djibuti. El nuevo Estado somalí, en principio, adopta como bandera una estrella, en la que cada punta representa una de las partes de la Somalia histórica. El lema que se incluye tras este símbolo es el siguiente: “Se han reunificado dos Somalias pero todavía quedan tres que siguen colonizadas”.
Ante la legimitidad de sus reivindicaciones, los británicos- que controlaban Kenia- organizaron un referéndum en la región del país que reivindicaba Somalia. El 87% de la población, originaria esencialmente de etnias somalíes se pronunció por la unión con Somalia.
Pero al hacerse públicos los resultados, Jomo Kenyatta, líder de un movimiento nacionalista keniano, amenazó a los británicos con la expulsión de sus colonos si cedían una parte del territorio a Somalia. Y Gran Bretaña decidió entonces no tener en cuenta el resultado del referéndum y, todavía hoy, una importante comunidad de somalíes vive en Kenia.
Hay que entender que estas fronteras coloniales han sido una verdadera catástrofe para Somalia. Es una cuestión que, por otra parte, ya ha sido motivo de un debate importante sobre el continente africano.
¿Qué estaba en juego en el debate?
En los años sesenta, mientras muchos países africanos alcanzaban la independencia, un debate enfrentó a los países pertenecientes a los grupos de Monrovia y de Casablanca.
Este último, formado entre otros por Marruecos y Somalia, aspiraba a que se replantearan las fronteras heredadas del colonialismo, que en su opinión no tenían legitimidad alguna, ya que la mayoría de los países africanos y sus fronteras son producto del colonialismo.
Finalmente, la Organización de la Unidad Africana (OUA), antecesora de la actual Unión Africana, puso fin al debate al decidir que las fronteras eran intocables, y que volver a sus delimitaciones provocaría guerras civiles en todo el continente. Con posterioridad, uno de los promotores de la OUA, el tanzano Julius Nyerere, confesó que esta decisión fue la mejor pero que se arrepentía de ella en el caso somalí.
¿Cuál fue el impacto de las divisiones coloniales en Somalia?
Produjeron tensiones con los países vecinos.
Durante los años en que Somalia reclamaba la revisión de las fronteras, Etiopía se había convertido en un bastión del imperialismo estadounidense que, asimismo, tenía bases militares en Kenia y en Eritrea.
Fue entonces cuando Somalia, joven democracia de nómadas, expresó el deseo de tener su propio ejército, con el fin de no ser demasiado débil frente a sus vecinos armados, de ayudar a los grupos somalíes en Etiopía e incluso de recuperar mediante la fuerza algunos territorios. Pero las potencias occidentales se opusieron a la creación de un ejército somalí.
En aquella época, Somalia tenía relaciones tensas con sus vecinos. ¿No era razonable oponerse a la idea de un ejército somalí? ¿No hubiera provocado guerras?
A occidente no le preocupaban los conflictos entre países africanos sino sus propios intereses.
Estados Unidos y Gran Bretaña equipaban y formaban a los militares en Etiopía, en Kenia y en Eritrea, países que todavía vivían bajo el yugo de sistemas feudales muy represivos.
Pero se trataba de gobiernos neocoloniales sometidos a los intereses de occidente. En Somalia, por el contrario, el poder era mucho más democrático e independiente, por lo que los occidentales no tenían interés alguno en armar a un país que podía escapar a su control.
Por consiguiente, Somalia decidió volverse hacia la Unión Soviética, lo que produjo una gran preocupación entre las potencias occidentales, temerosas de que la influencia de la URSS se extendiera por África. Temores que se acentuaron con el golpe de Estado de 1969.
¿Qué quiere decir?
La ideología socialista se había extendido por el país y, en efecto, una comunidad importante de somalíes vivía en Adén, al sur del Yemen. Es decir, la ciudad a la que Gran Bretaña acostumbraba a enviar al exilio a todas las personas que consideraba peligrosas en la India: comunistas, nacionalistas, etc., que eran arrestadas y enviadas a Adén, donde se desarrollaron rápidamente las ideas nacionalistas y revolucionarias que afectaron después a los yemeníes y también a los somalíes.
Con la presión de civiles de ideología marxista, los militares organizaron un golpe de Estado que llevó al poder en Somalia a Siad Barré.
¿Qué motivó el golpe de Estado?
El gobierno somalí era un gobierno corrupto que, sin embargo, tenía en sus manos todos los requisitos para convertir al país en una gran potencia de la región: situación estratégica, una lengua única, una sola religión y demás elementos culturales comunes. Algo que resulta muy raro en África.
Pero al fracasar en el desarrollo económico del país, el gobierno creó un clima favorable a la división en clanes.
Con el pretexto de dedicarse a la política, las élites somalíes se dividieron y crearon cada una su propio partido sin auténtico programa y reclutando sus electorados según los clanes existentes, lo que acentuó las divisiones y resultó totalmente inviable.
Una democracia de tipo liberal no se adaptaba a Somalia: ¡en un momento dado hubo 63 partidos políticos en un país de tres millones de habitantes!
Y el gobierno se sintió incapaz, incluso, de establecer una lengua oficial, lo que produjo graves problemas en la Administración. El nivel educativo era muy bajo, pero a pesar de ello se creó una burocracia, una policía y un ejército, que por otra parte, jugaron un papel fundamental en el golpe de Estado progresista.
¿“Progresista” con el ejército?
El ejército era la única institución organizada en Somalia.
Como aparato para la represión, se suponía que debía proteger al supuesto gobierno civil y a las élites. Pero para muchos somalíes procedentes de familias de regiones distintas, el ejército era también un lugar de encuentros y de intercambios, en el que no existían fronteras, ni tribus ni división entre clanes... Y así las ideas marxistas traídas desde Adén empezaron a propagarse en el seno del ejército.
El golpe de Estado lo prepararon oficiales ante todo nacionalistas que, sin tener buenos conocimientos del socialismo, sentían simpatía por sus ideas. Además, estaban al corriente de lo que ocurría en Vietnam y abrigaban sentimientos anti-imperialistas. Los civiles, buenos conocedores de Marx y Lenin, pero carentes de un partido político de masas, apoyaron el golpe y se convirtieron en asesores oficiales cuando los militares tomaron el poder.
¿Que cambios aportó el golpe de Estado a Somalia?
Un importante aspecto a resaltar fue que el nuevo gobierno adoptó de inmediato una lengua oficial. Además, tenía el apoyo de la Unión Soviética y China; los estudiantes y el pueblo se movilizaron; se mejoraron la educación y la situación social... los años inmediatos al golpe de Estado fueron así los mejores que Somalia haya conocido. Hasta 1977.
¿Qué cambió entonces?
Somalia, dividida por las potencias coloniales, atacó Etiopía para recuperar el territorio de Ogadén, donde los somalíes eran mayoritarios. Pero, en aquella época, Etiopía también era un Estado socialista apoyado por los soviéticos. El país había estado dirigido por el emperador Selassie, pero durante los años setenta la movilización para derrocarle había sido muy intensa y los movimientos estudiantiles- en los que yo participé personalmente- planteaban cuatro reivindicaciones principales.
La primera, resolver las tensiones con Eritrea de forma democrática y pacífica.
En segundo lugar, llevar a cabo una reforma agraria que distribuyera la tierra entre los campesinos.
La tercera, establecer el principio de igualdad entre las diversas nacionalidades: Etiopía, era todavía un país multinacional dirigido por una élite no representativa de la diversidad.
Por último, abolir el sistema feudal y establecer un Estado democrático.
Al igual que en Somalia, el ejército era la única institución organizada en Etiopía, y los civiles se unieron a los oficiales para derrocar a Selassie en 1974.
¿Cómo fue posible que dos Estados socialistas apoyados por la Unión Soviética se enfrentaran bélicamente?
Tras la revolución etíope, una delegación de representantes de la Unión Soviética, Cuba y Yemen del Sur organizó una mesa redonda, con la participación de Etiopía y Somalia, para resolver sus diferencias.
Castro fue a Addis Abeba y a Mogadiscio y, según él, las reivindicaciones de Somalia estaban justificadas. Finalmente, la delegación etíope aceptó estudiar seriamente las peticiones de su vecino somalí y ambos países firmaron un acuerdo en el que se estipulaba que no habría provocación alguna mientras se tomaba una decisión. Las cosas parecían bien encarriladas pero Somalia no respetó el acuerdo...
Dos días después del regreso a su país de la delegación etíope, Henry Kissinger, ex ministro del presidente Nixon, desembarcó en Mogadiscio.
Kissinger representaba a una organización no oficial: el Safari Club, que agrupaba al Irán del Shah, al Congo de Mobutu, Arabia Saudí, Marruecos y los servicios secretos franceses y paquistaníes.
El objetivo de la organización era combatir la supuesta infiltración soviética en el Golfo y en África.
Movido por las presiones y las promesas de ayuda del Safari Club, Siad Barré iba a cometer un desastre, un grave error estratégico: atacar Etiopía.
¿Cuáles fueron las consecuencias de esta guerra?
Los soviéticos abandonaron la región, y Somalia, todavía presidida por Siad Barré, se integró en la red neocolonial de las potencias imperialistas.
El país había quedado gravemente afectado por el conflicto, y el Banco Mundial y el FMI se encargaron de su “reconstrucción”, lo que iba a agravar las contradicciones en el seno de la burguesía somalí.
Cada una de las élites regionales aspiraban a tener sus propios mercados, lo que acentuó las divisiones entre clanes y contribuyó al desmembramiento progresivo del país hasta la caída de Siad Barré en 1990. Desde entonces, no ha habido ningún otro jefe de Estado.
Pero, treinta años después de la guerra de Ogaden, la situación se invierte: Etiopía, apoyada por Estados Unidos, ataca a Somalia...
Sí, tal como ya he dicho, desde el fracaso de la operación Restore Hope, Estados Unidos ha preferido mantener Somalia sumida en el caos.
Sin embargo, en 2006, se desarrolló un movimiento espontáneo, que enarbolaba la bandera de los tribunales islámicos, para combatir a los señores de la guerra locales y rehacer la unidad del país. Fue una especie de Intifada.
Para impedirlo, Estados Unidos decidió de repente apoyar al gobierno de transición somalí al que nunca había querido reconocer. De hecho, se dieron cuenta de que su plan de una Somalia sin un Estado real ya no era posible, y que un movimiento estaba a punto de conseguir la reconciliación del país, ¡y además era islámico!
Con el propósito de sabotear la unidad del país, decidieron entonces apoyar al gobierno de transición. Pero como éste no disponía ni de una base social ni de un ejército, fueron las tropas etíopes, dirigidas por Washington las que atacaron Mogadiscio para acabar con los tribunales islámicos.
¿Lo consiguieron?
No. El ejército etíope fue derrotado y debió abandonar Somalia. Por su parte, los tribunales islámicos se disgregaron en diversos movimientos que todavía hoy controlan buena parte del país. En lo que respecta al gobierno de transición de Abdullah Yussuf, se desmoronó y Estados Unidos lo ha sustituidos por Sheik Sharif, antiguo portavoz de los tribunales islámicos.
¿Entonces Sheik Sharif se ha pasado al “otro bando”?
Él era el portavoz de los tribunales islámicos porque es un buen orador pero no tiene experiencia política, ni idea alguna de qué es el imperialismo o el nacionalismo. Por eso lo han recuperado las potencias occidentales.
Era el eslabón más débil de los tribunales islámicos y hoy preside un pseudo gobierno, establecido en Djibuti. Un gobierno sin base social ni autoridad en Somalia y que se mantiene en la escena internacional porque le apoyan las potencias occidentales.
En Afganistán, Estados Unidos dice estar dispuesto a negociar con los Talibán. ¿Por qué no trata de dialogar con los grupos islámicos de Somalia?
Porque estos grupos pretender expulsar a los ocupantes extranjeros y conseguir una reconciliación nacional del pueblo somalí. Así que Estados Unidos quiere acabar con esos grupos, porque una reconciliación – bien sea a través de los movimientos islámicos o bien sea por medio del gobierno de transición- no sirve a los interese de las fuerzas imperialistas. Quieren el caos.
El problema es que hoy este caos se extiende también a Etiopía, muy debilitada tras la guerra de 2007. Allí ha aparecido un movimiento de resistencia nacional que lucha contra el gobierno pro-imperialista de Addis Abeba. Con su teoría del caos, Estados Unidos ha provocado problemas en toda la región. Y ahora la emprenden con Eritrea.
¿Por qué?
Este pequeño país mantiene una política nacional independiente.
Eritrea tiene también una perspectiva global de la región: el cuerno de África (Somalia, Djibuti, Etiopía, Eritrea) no necesita la injerencia de las potencias extranjeras, y sus riquezas deben permitirles establecer unas relaciones económicas nuevas, basadas en el respeto mutuo.
Para Eritrea, esta región debe ponerse a la tarea y sus miembros deben discutir sus problemas. Pero está claro que esa política asusta a Estados Unidos que teme que otros países sigan el ejemplo. Por eso, acusan a Eritrea de enviar armas a Somalia y de promover disturbios en Etiopía.
En su opinión, ¿Eritrea no envía armas a Somalia?
¡Ni un solo cartucho! Eso es propaganda pura y dura, como la que se montó contra Siria en relación con la resistencia iraquí. La visión global de Eritrea se ajusta al proyecto de revolución para el océano Índico de la que hemos hablado antes. Las potencias occidentales no lo aceptan y aspiran a meter a Eritrea en el círculo de los Estados neocoloniales que controlan, como Kenia, Etiopía o Uganda.
¿No hay terroristas en Somalia?
Las potencias imperialistas siempre califican de terroristas a los pueblos que luchan por sus derechos. Los islandeses eran terroristas hasta que firmaron un acuerdo. [Mahmud]Abbas era un terrorista, ahora es un amigo.
Sin embargo se habla de la presencia de Al Qaeda
Al Qaeda está por todas partes, ¡desde Bélgica a Australia!
Esta Al Qaeda invisible es un logotipo destinado a justificar ante la opinión pública las operaciones militares.
Si Estados Unidos dijera a sus ciudadanos y a sus soldados: “ Vamos a enviar nuestras tropas al océano Índico por si hay que enfrentarse a China”, por supuesto que la gente tendría miedo. Pero si dicen que se trata de luchar contra los piratas y contra Al Qaeda, no les plantea problemas.
En realidad, el auténtico objetivo es otro. Se trata de desplegar fuerzas en la región del Índico que va a ser el escenario de conflictos de más importancia en los próximos años. Pero eso lo analizaremos en el capítulo siguiente...
Mohammed Hassan es especialista en geopolítica y mundo árabe. Nacido en Addis Abeba (Etiopía), en 1974 participó en los movimientos estudiantiles durante la revolución socialista de su país. Ha estudiado ciencias políticas en Egipto antes de especializarse en Administración Pública en Bruselas. Como diplomático de su país natal en los años 90, ha trabajado en Washington, Pekín y Bruselas. Es co-autor de L’Irak sous l’occupation (EPO, 2003), y ha participado en obras sobre el nacionalismo árabe y los movimientos islámicos, así como sobre el nacionalismo flamenco. Es uno de los mejores conocedores actuales del mundo árabe y musulmán.
Traducido del francés para La Haine por Felisa Sastre
Fuente: http://www.lahaine.org/index.php?p=41978
La fuente original se encuentra aqui : http://www.michelcollon.info/index.php?option=com_content&view=article&id=2426:somalie-comment-les-puissances-coloniales-maitiennent-le-pays-dans-le-chaos&catid=1:articles&Itemid=2
jueves, 19 de noviembre de 2009
Como era de esperar tras el pago del rescate a los "terroristas", la tripulación del "Alakrana" navega ya libre
Kaos. Izquierda a debate
18-11-2009
www.kaosenlared.net
La tripulación del "Alakrana" navega en libertad tras el pago del rescate a los piratas
Los 36 tripulantes del "Alakrana" y sus familiares cuentan ya las horas que les faltan para el reencuentro. La angustia terminó ayer a mediodía, después de que los insistentes rumores disparados por la mañana se confirmaran desde el atunero. "Sólo falta comprobar que el dinero es bueno", indicaban. Unos minutos más tarde, estaban libres 47 días después. Se había solucionado la parte económica del secuestro y se había encarrilado también la situación jurídica de los dos piratas encarcelados en Madrid.
GARA
BERMEO-. La explosión de alegría -mejor decir de alivio- se extendió rápidamente por localidades como Bermeo, Sestao, Bilbo, Ondarroa... toda Euskal Herria en general, porque el secuestro ha provocado una gran conmoción social. Familiares que han tenido que salir de su anonimato estos días para dar la voz de alarma -como María Ángeles Jimé- nez, esposa de Gaizka Iturbe- se mostraron agradecidos con todos: "Es un día superfeliz, pero ahora lo celebraremos de manera privada". El armador les había trasladado la buena noticia justo un minuto antes de que compareciera en Madrid el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero.
A su vez, los representantes institucionales y políticos destacaron al alimón la "entereza" de los familiares y su disposición a evitar declaraciones públicas en los últimos días del secuestro para dar margen a que el Ejecutivo español resolviera el problema que había creado.
Llamada desde la cárcel
El secuestro se alargó por la decisión del Gabinete Zapatero de traer a su territorio a dos de los presuntos secuestradores, y se ha solucionado también cuándo se ha desbloqueado el escollo jurídico consiguiente. Antes de que se produjera ayer la liberación del buque, se filtró un dato significativo: la llamada telefónica hecha por uno de los supuestos piratas, desde la prisión, a los compañeros que seguían en el "Alakrana".
Según un informe que elaboró la Policía española para el juez Santiago Pedraz, el viernes el preso Raageggesey Hassan Ajy telefoneó desde la cárcel de Soto del Real a alguno de sus supuestos secuestradores del barco para mantener una charla que se transcribe en folio y medio. En ella, Raageggesey le habría dicho a su interlocutor que "nuestra libertad está en vuestras manos". Tanto él como el otro encarcelado, Abdu Willy, serán juzgados en unos días, por un procedimiento extrarrápido, y existiría un acuerdo para que cumplan la condena posterior en Somalia.
La segunda parte de la solución era la económica. Agencias españolas se encargaron ayer de propagar que el precio del rescate es de 2,3 millones de euros y citan para ello a fuentes de los piratas, aunque otras versiones extraoficiales lo elevan a cerca de cuatro millones. Tanto en uno como en otro caso, son más de los dos millones de euros comprometidos al parecer hace una semanas, antes de que la liberación encallara por el conflicto de los dos encarcelados en Madrid. En ese momento, el capitán del barco confirmó que había acuerdo económico, y el Gobierno español también dio a entender que los secuestradores querían más dinero. De ambas afirmaciones se deduce que la decisión de traer a los piratas al Estado español ha encarecido el rescate, además de dilatarlo en el tiempo.
Camino a casa
Tras marcharse sus captores, el atunero puso su timón rumbo a las islas Seychelles, donde se cree que llegará en unas 40 ó 45 horas -es decir, a partir de la próxima madrugada-. En el caso del Playa de Bakio, necesitó tres días hasta alcanzar Puerto Victoria, donde fue recibido por autoridades españolas como el director general del Mar, Juan Carlos Martín, o el embajador español en Kenia, Juan Martín Cinto, que también ha participado en estas negociaciones.
Desde allí, un avión del Ejército español se encargará de traerlos a la Península, y la pesadilla habrá acabado por fin.
--------------------------------------------------------------------------------
Editorial Gara
Responsabilidad y negociación
El secuestro del «Alakrana» ha tenido el feliz desenlace que, tras 47 días, la mayoría de la sociedad vasca esperaba con creciente ansiedad: la liberación de la tripulación del atunero sana y salva. Finalmente, tanto los propios secuestrados como sus familiares y allegados pueden respirar con tranquilidad tras mes y medio de angustia, y después de haber vivido momentos de auténtica desesperación ante las inquietantes y confusas noticias que llegaban desde Somalia. Atrás queda la pesadilla y toca ahora saborear la satisfacción de poder volver a abrazar a quienes llegaron a temer, y mucho, por su vida.
Un temor que, lógicamente, comenzó el mismo día en el que los piratas abordaron el «Alakrana», pero que se intensificó cuando, de forma incomprensible y sin que se conociesen precedentes similares, el Gobierno español decidió capturar a dos de los secuestradores. Desde ese día, y hasta hace escasas fechas, el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero no ha hecho otra cosa que dar palos de ciego, a cual más incoherente, exponiendo a la tripulación a un riesgo innecesario que, al final, se ha conjurado merced a lo que desde el principio se vislumbraba como la única salida: la negociación.
«El acuerdo entre nosotros y España parece satisfactorio», declaraba horas antes de la liberación uno de los portavoces de los secuestradores. No deja lugar a la duda: lo vistan como lo vistan, el Estado español ha negociado la salida a la crisis. Pero eso no borrará de la memoria que tanto el Gobierno como la Judicatura de Madrid han retardado inútil e irresponsablemente el momento de sentarse a dialogar con los representantes de los secuestradores, poniendo en peligro lo único realmente importante en el caso: la vida y la integridad física de los arrantzales. Han tenido que ser los familiares, desde su determinación y con una modélica actuación serena y responsable, quienes marcaran el camino a seguir, el camino de la negociación, el único viable y el que, a la postre, ha dado los frutos esperados.
--------------------------------------------------------------------------------
El Gobierno español se puso en jaque a sí mismo
Iñaki IRIONDO
Hasta tal punto ha sido desastrosa a actuación del Gobierno español que en lugar de poner en jaque a los piratas ha acabado generando una crisis interministerial, con informes clasificados de secretos volando por las redacciones de los principales medios de comunicación sin otra intención que la de señalar con el dedo acusica a la compañera o compañero de Consejo de Ministros, que respondía con un «y tú más». Es decir, lo más parecido a un patio de escuela. Un espectáculo divertido para verlo desde la barrera, de no ser porque había 36 hombres secuestrados en la costa de Somalia.
En medio de todo, por si fuera poco, apareció la Audiencia Nacional para, en una nota informativa inusual, dejar claro que su intervención fue en todo momento por orden del Gobierno, a través de la Abogacía del Estado.
En las últimas semanas, desde instancias más o menos cercanas a los responsables de todo este guirigay se ha responsabilizado a los medios de información de que el del «Alakrana» fuera el único secuestro «retransmitido en directo» de los muchos que todavía se mantienen en Somalia. El elemento diferenciador de este secuestro con respecto a otros, hay que aclararlo, no es la posición de los medios, sino que es el único en el que se ha detenido a dos secuestradores, convirtiéndolos así en parte de las negociaciones. Sirva como ejemplo lo acontecido en abril del año pasado en torno al secuestro del «Playa de Bakio». No sólo la liberación fue entonces mucho más rápida, sino que apenas hubo debate sobre la actuación gubernamental, ni siquiera en torno al pago del rescate.
Una y otra vez -la última ayer mismo- el Gobierno español ha asegurado que estaba «haciendo lo que tenía que hacer», por lo que pedía mutismo -incluso a los familiares de los secuestrados- y también confianza. Y lo cierto es que nadie abrió la boca en 33 días, durante los cuales el Ejecutivo de Zapatero mantuvo que la suerte de los dos somalíes detenidos no estaba formando parte de las nego- ciaciones, mientras en los tribunales se jugaba una partida de ping-pong con uno de ellos para saber si era mayor o menor de edad. Quien repase la hemeroteca verá que durante todo ese mes, las únicas noticias que se generaron alrededor del «Alakrana» fueron algunos datos sobre la tripulación al principio y después las relacionadas con el apresamiento, conducción y andanzas por los juzgados de los dos detenidos. Nada más.
Pero el 5 de noviembre los piratas dieron un golpe en la mesa a través de los corazones de los familiares de los secuestrados, demostrando una eficacia comunicativa y unos conocimientos de sociología moderna mucho más avanzados que los de los responsables gubernamentales. Madrid y Lakua quedaron desnudos ante los ojos de la opinión pública y sólo entonces comenzó a percibirse que ambos ejecutivos se tomaban en serio esta negociación. Y en diez días la liberación ha sido posible. El dinero, lo dijo en su día el armador y lo corroboraron las familias, nunca ha sido un problema. El problema ha sido el Gobierno.
TERRORISTA: QUIEN PROVOCA TEMOR Y/O ATACA A PERSONAS INOCENTES NO IMPLICADAS EN UN CONFLICTO POLÍTICO O MILITAR
viernes, 6 de noviembre de 2009
Los piratas son “Guardacostas Voluntarios de Somalia”
Escrito por Jesْs
04 de octubre de 2009
Los “piratas” somalíes son pescadores en lucha contra el saqueo occidental de la pesca de arrastre y la descarga de basura tóxica
Los barcos IUUs arrasan anualmente con un estimado de 450 millones de dólares en mariscos y peces de las aguas somalíes
La evidencia de descarga de basura tóxica en aguas somaliés emergió cuando el tsunami de 2004 azotó el país
En sus bien nutridos informes los periodistas Najad Abdullahi (Al Jazeera English), Johann Hari (Huffington Post) y Mohamed Abshir Waldo (WardheerNews), que Ernesto Carmona tradujo para Argenpress, puede leerse otra “versión” acerca de los aborrecibles piratas somalíes que la que suelen ofrecer con escenografía de dibujito animado los medios comerciales.
Según cuentan, la comunidad internacional condenó con fuerza y declaró la guerra a los piratas-pescadores somalíes, mientras protege discretamente las operaciones de sus flotas dedicadas a la Pesca Ilegal No Declarada y No Reglamentada (IUU, por su sigla en inglés) procedentes de todo el mundo, que pescan furtivamente y, además, descargan basura tóxica en aguas somalíes desde que cayó el gobierno de ese país hace 18 años. Cuando colapsó el gobierno de Somalia, en 1991, los intereses extranjeros aprovecharon la oportunidad para comenzar a saquear las fuentes alimentarias del mar del país y a utilizar las aguas sin vigilancia como vertedero de basura nuclear y tóxica.Según el Grupo de Trabajo de Alta Mar (HSTF, sigla en inglés), en 2005 más de 800 barcos pesqueros IUU operaban al mismo tiempo en aguas de Somalia, aprovechándose de la incapacidad del país de vigilar y controlar sus propias aguas y zonas de pesca. . Así roban una fuente inestimable de proteína a una de las naciones más pobres del mundo y arruinan el sustento de vida legítimo de los pescadores.Los reclamos contra la descarga de basura tóxica, así como la pesca ilegal, han existido desde principios de los años 90, pero las pruebas físicas emergieron cuando el tsunami de 2004 azotó el país. El Programa del Ambiente de Naciones Unidas (UNEP, por su sigla en inglés) reportó que el tsunami reventó la herrumbre de los contenedores de basura tóxica que se vararon a orillas de Puntland, en el norte de Somalia.Nick Nuttall, portavoz del UNEP, dijo a la cadena árabe Al Jazeera que cuando los envases fueron rotos y abiertos por la fuerza de las olas, los contenedores expusieron a la luz una “actividad espantosa” que se había estado llevando a cabo por más de una década. “Somalia está siendo utilizada como vertedero para desechos peligrosos desde comienzos de los años 90, y continuó desde con la guerra civil desatada en ese país”, dijo. “La basura es de muy diversas clases. Hay desechos radioactivos de uranio, la basura principal, y metales pesados como cadmio y mercurio. También hay basura industrial, desechos de hospital, basuras de sustancias químicas y lo que se desee nombrar”.Nuttall también dijo que desde que los contenedores llegaron a las playas, centenares de residentes han caído enfermos, afectados por hemorragias abdominales y de boca, infecciones en la piel y otras dolencias. “Lo más alarmante aquí es que se está descargando basura nuclear. La basura radiactiva de uranio está matando potencialmente a los somalíes y está destruyendo totalmente el océano”, dijo.Ahmedou Ould-Abdallah, enviado de la ONU para Somalia, dijo que en la práctica el petróleo contribuyó a la guerra civil de 18 años en Somalia, pues las compañías pagan para descargar su basura a los ministros del gobierno y/o a los líderes de la milicia. “No hay control gubernamental… y sí hay pocas personas con alta base moral…, están pagándole a gente encumbrada, pero a causa de la fragilidad del “gobierno federal transitorio”, algunas de estas corporaciones ahora ni siquiera consultan a las autoridades: simplemente descargan su basura y se van”.En 1992 los países miembros de la Unión Europea y otras 168 naciones firmaron la Convención de Basilea, sobre el control de movimientos transfronterizos de desechos peligrosos y su almacenamiento. El convenio prohíbe el comercio de basura entre los países signatarios, así como también a los países que no hayan firmado el acuerdo, a menos que haya sido negociado un acuerdo bilateral. También prohíbe el envío de desechos peligrosos a zonas de guerra.Asombrosamente, la ONU ha desatendido sus propios principios y ha ignorado súplicas somalíes e internacionales para detener la devastación continua de los recursos marinos somalíes y la descarga de basura tóxica. Las violaciones también han sido largamente ignoradas por las autoridades marítimas de la región. Éste es el contexto en el que aparecieron los hombres que estamos llamando “piratas”.Hay acuerdo en que al principio los pescadores somalíes ordinarios fueron quienes usaron lanchas rápidas para intentar disuadir a los barcos descargadores y rastreadores, o por lo menos aplicarles un “impuesto”. Se llamaron a sí mismos “Guardacostas Voluntarios de Somalia”.Uno de los líderes de los piratas, Sugule Ali, explicó que su motivo fue “poner alto a la pesca ilegal y a las descargas en nuestras aguas… No nos consideramos bandidos del mar. Consideramos que los bandidos del mar [son] quienes pescan ilegalmente y descargan basura, y portamos armas pero en nuestros mares”.El periodista británico Johann Hari observó en el Huffington Post que, mientras nada de esto justifica la toma de rehenes, los “piratas” tienen, de manera aplastante, el apoyo de la población local que les da la razón. El sitio web independiente WardherNews, de Somalia, condujo la mejor investigación que tenemos sobre qué está pensando el somalí ordinario. Encontró que el 70% “apoya fuertemente la piratería como una forma de defensa nacional de las aguas territoriales del país”.En vez de tomar medidas para proteger a la población y las aguas de Somalia contra las transgresiones internacionales, la respuesta de la ONU a esta situación ha sido aprobar resoluciones agresivas que dan derecho y animan a los transgresores a emprender la guerra contra los piratas somalíes.Un coro de países que demanda endurecer la acción internacional condujo a una precipitación naval multinacional y unilateral por invadir y tomar el control de las aguas somalíes. El Consejo de Seguridad de la ONU (algunos de cuyos miembros pueden tener muchos motivos ocultos para proteger indirectamente a sus flotas pesqueras ilegales en aguas somalíes) aprobó las resoluciones 1816, en junio de 2008, y 1838, en octubre de 2008, que “invitan a los estados interesados en la seguridad de las actividades marítimas a participar activamente en la lucha contra la piratería en alta mar fuera de las costas de Somalia, particularmente desplegando buques de guerra y aviones militares…”La OTAN y la Unión Europea han publicado órdenes al mismo efecto. Rusia, Japón, India, Malasia, Egipto y Yemen se han unido a la batalla, junto con un número cada vez mayor de países.Durante años, las tentativas realizadas para controlar la piratería en los mares del mundo a través de resoluciones de la ONU no pudieron aprobarse, en gran parte porque las naciones miembro sentían que tales acuerdos afectarían a su soberanía y seguridad. Los países son poco proclives a ceder el control y patrullaje de sus propias aguas. Las resoluciones 1816 y 1838 de la ONU, a las que se opusieron algunas naciones de África Occidental, del Caribe y Sur América, por consiguiente fueron acordadas para aplicarse solamente a Somalia, un país que no tiene ninguna representación en las Naciones Unidas con fuerza como para exigir enmiendas destinadas a proteger su soberanía. Igualmente, fueron ignoradas las objeciones de la sociedad civil somalí al proyecto de resolución, que no hizo ninguna mención a la pesca ilegal ni a los peligros de la descarga de basura.Hari preguntó: “¿Esperamos que los somalíes hambrientos permanezcan masivamente en sus playas, remando entre nuestra basura nuclear, y nos observen cómo les arrebatamos sus peces para comérnoslos en restaurantes de Londres, París y Roma? No hemos actuado contra esos crímenes. Pero cuando algunos pescadores respondieron interrumpiendo el tránsito por el corredor marítimo del 20% del suministro de petróleo del mundo, comenzamos a chillar sobre esta “maldad”. Si realmente queremos ocuparnos de la piratería, necesitamos extirpar la raíz que la causa -nuestros crímenes-, antes de enviar a las cañoneras a despejar la ruta de criminales somalíes”.El informe verdaderamente no tiene desperdicio; tampoco sus conclusiones.Por otro lado ya en abril de esta año el líder del autoproclamado estado somalí de Puntland, Abdirahman Mohamed Mohamud, conocido como Farole, acusó a la flota pesquera española de sumarse “al robo de nuestros recursos marítimos al pescar ilegalmente”. Farole aseguró que esta práctica ilegal ha sido “el origen de la piratería”.“Somalia ha denunciado en muchas conferencias internacionales que hay que detener la pesca ilegal sin que se haga nada. Los pescadores somalíes han sufrido mucho a manos de estos navíos. Se armaron para atacarles”, indicó.“Hay muchos barcos de propiedad española que están operando de forma ilegal en nuestras costas. No les hemos otorgado ninguna licencia”, añadió el dirigente del territorio somalí.Farole incidió en el escaso resultado que está generando el amplio despliegue naval de las flotas militares extranjeras -en el que participa España- frente al elevado coste que supone tal operativo.“¿Cuántos barcos tienen los españoles, ingleses y americanos y no pueden parar a los piratas? La solución se encuentra en tierra. Lo hemos repetido mil veces”, precisó el general Abdi Hassan Xajar, recientemente nombrado jefe máximo de la Fuerza Especial anti-piratería de Puntland. ”A todas esas naciones les hemos pedido que, en vez de gastar tanto dinero, gasten menos ayudándonos a luchar contra los piratas”, dijo Farole.La opinión de la cúpula dirigente de Puntland coincide con la de la mayoría de los expertos y los mismos responsables militares desplazados a la zona. “No podemos escoltar todos los barcos”, admitió en abrilo el capitán español Juan Garat, jefe en aquellas fechas de la misión naval de la UE que lucha contra este flagelo.Farole también insistió en que el pago de rescates una práctica común entre los propietarios de los buques capturados es el principal acicate que está fomentando la expansión de esta actividad. “Al principio eran sólo los pescadores, pero en cuanto han comenzado a recibir rescates se les ha unido todo tipo de gente, incluso algunos ex militares”, dijo.Tras un periodo en el que se registró una significativa reducción en la acción de los piratas somalíes “relacionado en gran parte con la climatología en la zona”, éstos han vuelto a reactivar sus razzias desde hace semanas y casi no hay jornada en la que no protagonicen una intentona.El dinero que están obteniendo estos grupos armados ha propiciado una espiral que ahora se ha extendido también a tierra, donde cualquier occidental se ha convertido en una cotizada pieza para los milicianos. Los responsables del rapto, tamién en abril de 2009, de un ciudadano belga y otro danés miembros de la ONG Médicos sin Frontera exigieron 1 millón de dólares por su liberación.Analistas y somalíes inciden en que bajo este caos cualquier acción antipiratería internacional está dirigida al fracaso. “Si quieren pueden traer portaaviones y matar a cientos pero los piratas seguirán activos. La desesperanza es ingobernable”, declaró Abdulahi Daib, un activista de derechos humanos de Puntland.
La misma confusión legal en la que se mueven las flotas extranjeras ha propiciado que en repetidos casos los bandoleros capturados sean puestos en libertad. “Eso les está dando ánimos. La amenaza a su vida es muy pequeña y lo mismo la posibilidad de que les arresten y les envíen a una prisión de Kenia”, manifestó Peter Lehr, autor de ‘Violencia en el mar: Piratería en la edad del terrorismo global’.En este sentido, el gobierno federal somalí instalado en Mogadiscio exigió que este delito sea castigado con la pena de muerte. “Convertirse en pirata es un crimen y el Islam dice que si eres un pirata debes ser ajusticiado porque estás matando a tu gente”, precisó el vice primer ministro somalí, Abdurrahman Haji Adam.
lunes, 19 de octubre de 2009
Defensa ofrece a los atuneros la formación de los empleados de seguridad privada
El ministerio de defensa se ofrece a formar y transportar a Somalia a los mercenarios que contraten los atuneros
Viernes.16 de octubre de 2009
Recordemos que diversos armadores atuneros están contratando con la empresa del ultraderechista José Luis Roberto, nota de Tortuga.
El Gobierno estudia la posibilidad de permitir a los vigilantes el uso de armamento pesado.
NATALIA JUNQUERA - Madrid
El Ministerio de Defensa ha vuelto a negar hoy a los atuneros la subida de militares a bordo para proteger a los pesqueros en el Índico. Representantes del ministerio y de las dos principales asociaciones atuneras (ANABAC y OPAGAC) han discutido esta mañana en Madrid las posibilidades para incrementar la seguriad de la flota española frente a los piratas. Tras negarse nuevamente al embarque de militares, ambas partes han discutido sobre las debilidades de la opción de llevar a vigilantes privados a bordo de los atuneros.
Así, Defensa ha ofrecido a los armadores la formación del personal de vigilancia privada y el apoyo para su traslado al océano índico. También han discutido sobre el armamento que podrán utilizar a bordo de los pesqueros y el Ministerio se ha comprometido a estudiar la posibilidad de que puedan utilizar armamento complementario. Los armadores se quejan de que el que pueden llevar ahora es inútil frente a los bazocas y lanzagranadas con los que cuentan los piratas. Los ministerios de Defensa e Interior ya habían actualizado el uso de armas largas de precisión.
La flota atunera congeladora española lleva faenando en el Índico desde 1984. Actualmente, la flota española en el Índico se compone de 33 buques, de los que 18 son de pabellón español. La media de tripulación que llevan a bordo es de 30 personas. Los armadores aseguran que para ellos "no existen caladeros alternativos". "Tanto las aguas del Atlántico como las del Pacífico están reguladas por las correspondientes ORP( Órganos Regionales de Pesca) y no hay capacidad para albergar más buques de la UE fuera del Índico", explican en un informe. Según las estimaciones de la Confederación Española de Pesca, la flota atunera genera 2.000 puestos de trabajo y la conservera, otros 12.000.
sábado, 17 de octubre de 2009
Accion antimilitarista en Bilbao por el conflicto pesquero en Somalia
Correo Tortuga - KEM-MOC
Bilbo -
7 de octubre de 2009
Movimiento de Objeción de Conciencia -Grupo Antimilitarista de Bilbao (KEM-MOC)
E-mail: betxea@yahoo.es telefonoa: 609.469.599
COMUNICADO DE PRENSA
“Mares esquilmados por armadores militarizados. Arrantzaliak, nora zoize?”
“Ez hemen, ez Somalian: militarrik, ez!!”
Hoy, sábado, 17 de octubre, el Grupo Antimilitarista de Bilbao (K.E.M.-M.O.C.), hemos realizado una acción de calle para denunciar la militarización del conflicto pesquero en Somalia.
A las 12 horas de hoy, hemos “embarcado” en la ría de Bilbao 15 arrantzales junto al armador, patrón y otros componentes de las fuerzas vivas de Bermeo, rumbo a Somalia para iniciar una nueva marea de pesca. Junto a los arrantzales, y protegiendo los intereses económicos, también han embarcado las fuerzas militares, con un destacamento de aguerridos soldados. Todo ello, bajo la supervisión de Bermio Irratia y la producción de un making-off, para que tan magno evento conste en los gloriosos anales de la historia marina.
Con esta acción de calle, el Grupo Antimilitarista de Bilbao (K.E.M.-M.O.C.) queremos denunciar el papel del ejército en la resolución de conflictos. La petición de presencia militar para proteger intereses neocoloniales en África es la búsqueda de parchear el debate del empobrecimiento de los países africanos, y a su vez, militarizar un conflicto con la falsa apariencia de crear soluciones rápidas a problemas propios, sin importar las cuestiones de fondo.
Más de 800 barcos pesqueros extranjeros operan al mismo tiempo en aguas de Somalia, aprovechándose de la incapacidad del país de vigilar y controlar sus propias aguas y zonas de pesca. Los 800 barcos arrasan anualmente con peces y mariscos en aguas somalíes, obteniendo unos beneficios estimados en 450 millones de dólares. Así roban una fuente inestimable de proteína a una de las naciones más pobres del mundo y arruinan el sustento de vida legítimo de los pescadores.
Las marinas de guerra aliadas del mundo –con una flota superior a 40 buques de guerra, de ellos 10 asiáticos, árabes y de países africanos, así como de muchas naciones miembros de la OTAN y de la Unión Europea– intensificaron su cacería de pescadores-piratas somalíes, sin importar si realmente practican la piratería o la pesca normal en las aguas somalíes, en las que, para mayor INRI, los países poderosos llevan años vertiendo residuos tóxicos.
Si en Iraq era sangre por petróleo, en Somalia es militarización por pescado.
Es un acto de justicia denunciar el uso de la vía militar para robar los recursos naturales de un pueblo. Nuestra reflexión intenta trascender más allá de esta coyuntura y preguntarnos si es posible buscar una sociedad justa y en paz con el uso del ejército.
sábado, 3 de octubre de 2009
Proyecto Censurado: Los “piratas” somalíes son pescadores en lucha contra el saqueo occidental de la pesca de arrastre y la descarga de basura tóxica
2 de octubre de 2009
Najad Abdullahi (Al Jazeera English), Johann Hari (Huffington Post) y Mohamed Abshir Waldo (WardheerNews)*
Traducción de Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)
La comunidad internacional condenó con fuerza y declaró la guerra a los piratas-pescadores somalíes, mientras protege discretamente las operaciones de sus flotas dedicadas a la Pesca Ilegal No Declarada y No Reglamentada (IUU, por su sigla en inglés) procedentes de todo el mundo, que pescan furtivamente y, además, descargan basura tóxica en aguas somalíes desde que cayó el gobierno de ese país hace 18 años. Cuando colapsó el gobierno de Somalia, en 1991, los intereses extranjeros aprovecharon la oportunidad para comenzar a saquear las fuentes alimentarias del mar del país y a utilizar las aguas sin vigilancia como vertedero de basura nuclear y tóxica.
Según el Grupo de Trabajo de Alta Mar (HSTF, su sigla en inglés), en 2005 más de 800 barcos pesqueros IUU operaban al mismo tiempo en aguas de Somalia, aprovechándose de la incapacidad del país de vigilar y controlar sus propias aguas y zonas de pesca. Los barcos IUUs arrasan anualmente con un estimado de 450 millones de dólares en mariscos y peces del mar somalí. Al obrar así, roban una fuente inestimable de proteína a una de las naciones más pobres del mundo y arruinan el sustento legítimo de vida de los pescadores.
Los reclamos contra la descarga de basura tóxica, así como la pesca ilegal, han existido desde principios de los años 90, pero las pruebas físicas emergieron cuando el tsunami de 2004 azotó el país. El Programa del Ambiente de Naciones Unidas (UNEP, por su sigla en inglés) reportó que el tsunami reventó la herrumbre de los contenedores de basura tóxica que se vararon a orillas de Puntland, en el norte de Somalia.
Nick Nuttall, portavoz del UNEP, dijo a la cadena árabe Al-Yazira que cuando los envases fueron rotos y abiertos por la fuerza de las olas, los contenedores expusieron a la luz una “actividad espantosa” que se había estado llevando a cabo por más de una década. “Somalia está siendo utilizada como vertedero para desechos peligrosos desde comienzos de los años 90, y continuó con la guerra civil desatada en ese país”, dijo. “La basura es de muy diversas clases. Hay desechos radioactivos de uranio, la basura principal, y metales pesados como cadmio y mercurio. También hay basura industrial, desechos de hospital, basuras de sustancias químicas y lo que se desee nombrar”.
Nuttall también dijo que desde que los contenedores llegaron a las playas, centenares de residentes han caído enfermos, afectados por hemorragias abdominales y de boca, infecciones en la piel y otras dolencias. “Lo más alarmante aquí es que se está descargando basura nuclear. La basura radiactiva de uranio está matando potencialmente a los somalíes y está destruyendo totalmente el océano”, dijo.
Ahmedou Ould-Abdallah, enviado de la ONU para Somalia, dijo que en la práctica el petróleo contribuyó a la guerra civil de 18 años en Somalia, pues las compañías pagan para descargar su basura a los ministros del gobierno y/o a los líderes de la milicia. “No hay control gubernamental… y sí hay pocas personas con alta base moral…, están pagándole a gente encumbrada, pero a causa de la fragilidad del “gobierno federal transitorio”, algunas de estas corporaciones ahora ni siquiera consultan a las autoridades: simplemente descargan su basura y se van”.
En 1992 los países miembros de la Unión Europea y otras 168 naciones firmaron la Convención de Basilea, sobre el control de movimientos transfronterizos de desechos peligrosos y su almacenamiento. El convenio prohíbe el comercio de basura entre los países signatarios, así como también a los países que no hayan firmado el acuerdo, a menos que haya sido negociado un acuerdo bilateral. También prohíbe el envío de desechos peligrosos a zonas de guerra.
Asombrosamente, la ONU ha desatendido sus propios principios y ha ignorado súplicas somalíes e internacionales para detener la devastación continua de los recursos marinos somalíes y la descarga de basura tóxica. Las violaciones también han sido largamente ignoradas por las autoridades marítimas de la región. Éste es el contexto en el que aparecieron los hombres que estamos llamando “piratas”.
Hay acuerdo en que al principio los pescadores somalíes ordinarios fueron quienes usaron lanchas rápidas para intentar disuadir a los barcos descargadores y rastreadores, o por lo menos aplicarles un “impuesto”. Se llamaron a sí mismos “Guardacostas Voluntarios de Somalia”.
Uno de los líderes de los piratas, Sugule Ali, explicó que su motivo fue “poner alto a la pesca ilegal y a las descargas en nuestras aguas… No nos consideramos bandidos del mar. Consideramos que los bandidos del mar [son] quienes pescan ilegalmente y descargan basura, y portamos armas pero en nuestros mares”.
El periodista británico Johann Hari observó en el “Huffington Post” que, mientras nada de esto justifica la toma de rehenes, los “piratas” tienen, de manera aplastante, el apoyo de la población local que les da la razón. El sitio web independiente WardherNews (1), de Somalia, condujo la mejor investigación que tenemos sobre qué está pensando el somalí ordinario. Encontró que el 70% “apoya fuertemente la piratería como una forma de defensa nacional de las aguas territoriales del país”.
En vez de tomar medidas para proteger a la población y las aguas de Somalia contra las transgresiones internacionales, la respuesta de la ONU a esta situación ha sido aprobar resoluciones agresivas que dan derecho y animan a los transgresores a emprender la guerra contra los piratas somalíes.
Un coro de países que demanda endurecer la acción internacional condujo a una precipitación naval multinacional y unilateral por invadir y tomar el control de las aguas somalíes. El Consejo de Seguridad de la ONU (algunos de cuyos miembros pueden tener muchos motivos ocultos para proteger indirectamente a sus flotas pesqueras ilegales en aguas somalíes) aprobó las resoluciones 1816, en junio de 2008, y 1838, en octubre de 2008, que “invitan a los estados interesados en la seguridad de las actividades marítimas a participar activamente en la lucha contra la piratería en alta mar fuera de las costas de Somalia, particularmente desplegando buques de guerra y aviones militares…”
La OTAN y la Unión Europea han publicado órdenes al mismo efecto. Rusia, Japón, India, Malasia, Egipto y Yemen se han unido a la batalla, junto con un número cada vez mayor de países.
Durante años, las tentativas realizadas para controlar la piratería en los mares del mundo a través de resoluciones de la ONU no pudieron aprobarse, en gran parte porque las naciones miembro sentían que tales acuerdos afectarían a su soberanía y seguridad. Los países son poco proclives a ceder el control y patrullaje de sus propias aguas. Las resoluciones 1816 y 1838 de la ONU, a las que se opusieron algunas naciones de África Occidental, del Caribe y Sur América, fueron, por consiguiente, acordadas para aplicarse solamente a Somalia, un país que no tiene ninguna representación en las Naciones Unidas con fuerza como para exigir enmiendas destinadas a proteger su soberanía. Igualmente, fueron ignoradas las objeciones de la sociedad civil somalí al proyecto de resolución, que no hizo ninguna mención a la pesca ilegal ni a los peligros de la descarga de basura.
Hari preguntó: “¿Esperamos que los somalíes hambrientos permanezcan pasivamente en sus playas, remando entre nuestra basura nuclear, y nos observen cómo les arrebatamos sus peces para comérnoslos en restaurantes de Londres, París y Roma? No hemos actuado contra esos crímenes. Pero cuando algunos pescadores respondieron interrumpiendo el tránsito por el corredor marítimo del 20% del suministro de petróleo del mundo, comenzamos a chillar sobre esta “maldad”. Si realmente queremos ocuparnos de la piratería, necesitamos extirpar la raíz que la causa -nuestros crímenes-, antes de enviar a las cañoneras a despejar la ruta de criminales somalíes”.
Actualización de Mohamed Abshir Waldo (de “WardheerNews”)
Las crisis de piratería múltiple en Somalia no ha disminuido desde mi artículo anterior, “Las dos piraterías en Somalia: ¿Por qué una palabra ignora a la otra?”, publicado en diciembre de 2008. Continúa con nuevos bríos toda la piratería ilegal de pesca, la descarga de basura y el tráfico marítimo ilegal. Los pescadores somalíes, convertidos en piratas como reacción a la pesca furtiva masiva extranjera armada, han intensificado su guerra contra toda clase de naves en el golfo de Adén y el Océano Índico.
En una respuesta internacional, los gobiernos extranjeros, las organizaciones internacionales y los grandes medios de información se han unido en demonizar a Somalia y en describir a sus pescadores como hombres malvados que sorprenden a las naves y aterrorizan a los marineros (aunque no se ha dañado a ninguno). Esta presentación es torcida. Los grandes medios dijeron relativamente poco sobre las otras piraterías, la de la pesca ilegal y la descarga de basura.
Las marinas de guerra aliadas del mundo –con una flota superior a 40 buques de guerra, de ellos 10 asiáticos, árabes y de países africanos, así como de muchas naciones miembros de la OTAN y de la Unión Europea– intensificaron su cacería de pescadores-piratas somalíes, sin importar si realmente practican la piratería o a la pesca normal en las aguas somalíes.
Las diversas reuniones del Grupo Internacional de Contacto para Somalia (ICGS, por su sigla en inglés) en Nueva York, Londres, El Cairo y Roma continúan intensificando la demonización de los pescadores somalíes e impulsan otras acciones punitivas, sin una sola mención a las violaciones de la pesca ilegal y la descarga tóxica de buques con bandera de aquellos mismos países que se sientan en los foros del ICGS y de la ONU para juzgar a la piratería.
En la reunión anti-piratería del ICGS en El Cairo, el 30 de mayo de 2009, Egipto e Italia fueron los países que más insistieron en pedir un castigo severo a los piratas-pescadores somalíes. Mientras estos países ICGS se reunían hoy en Roma (10 de junio de 2009), la comunidad local de la ciudad costera somalí de Las Khorey retuvo a una gabarra italiana y a dos barcos rastreadores egipcios abarrotados de peces capturados ilegalmente en aguas somalíes, que a la vez remolcaban dos enormes tanques sospechosos de contener basura tóxica o nuclear. La comunidad de Las Khorey invitó a los expertos internacionales a que vinieran a investigar estos casos, pero hasta ahora no hubo respuesta a la invitación.
Debe señalarse que la IUU (sigla en inglés de Pesca Ilegal, No Declarada y No Reglamentada) y la descarga de desechos están ocurriendo también en otros países africanos. Costa de Marfil es otra víctima importante de la descarga tóxica internacional.
Se dice que los actos de piratería realmente son actos de desesperación y, como en el caso de Somalia, un hombre transformado en pirata a la vez es guardacostas.
Notas:
1) http://wardheernews.com/Editorial/editorial_54.html
*) Fuentes:
Al Jazeera English, 11 de octubre de 2008, “Toxic waste behind Somali piracy”, por Najad Abdullahi; Huffington Post, 4, de enero de 2009, “You are being lied to about pirates”, por Johann Hari; y WardheerNews, 8 de enero de 2009, “The Two Piracies in Somalia: Why the World Ignores the Other”, por Mohamed Abshir Waldo.
Estudiante investigador: Christine Wilson
Evaluador académico: Andre Bailey, EOP Advisor
Sonoma State University
Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico
martes, 18 de agosto de 2009
Somalia, en la mira de las potencias
18-08-2009
Maximiliano Sbarbi Osuna
Observadorglobal.com
La lucha por el control de Somalia moviliza desde el año pasado a barcos militares de varios países, con el pretexto de combatir la creciente piratería. Si bien, es cierto que aumentaron los robos en las costas de Somalia, varios países acusan de piratas a pequeños pescadores que se ven privados de sus recursos por el saqueo de los buques extranjeros.
En los últimos meses Somalia fue noticia por los ataques de los piratas a los buques occidentales y por las sangrientas peleas entre el ejército y los milicianos de Al Qaeda en las calles de la capital. ¿Por qué las potencias se preocupan tanto por este país? ¿Qué intereses económicos atraen a Estados Unidos, Europa, Rusia y China al convulsionado cuerno de África?
Soldados del gobierno somalí miran el cuerpo de un militante islámico - AP
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas anunció, en junio pasado, que levantaba temporalmente el embargo de armas que le había impuesto a Somalia, país que se encuentra en guerra desde 1991. De esta manera, Washington tiene vía libre para suministrarle insumos militares al desmoralizado ejército somalí.
Al mismo tiempo, la ONU acusó al gobierno de Eritrea (un país vecino) de armar a los militantes guerrilleros de Al Qaeda que luchan en Somalia.
La doble moral del Consejo de Seguridad responde claramente a los intereses de las potencias, ya que el objetivo de Occidente, Rusia y China es apoyar al gobierno de transición de Somalia para derrotar a los islámicos y poder abrir los mercados de materias primas en el Cuerno de África.
Cronología del caos
Con la caída de la Unión Soviética en 1991, el gobierno socialista de Somalia perdió el apoyo, lo que provocó su derrumbe y el comienzo de una guerra civil que aun hoy no tiene un fin visible.
Diversos clanes de todo el país han luchado entre sí, para imponer sus reglas y beneficiarse de las riquezas naturales somalíes. Los abundantes bancos de pesca de mariscos y atún, son disputados ilegalmente por buques de todo el mundo.
Además de la estratégica situación geográfica - por sus costas transita el 13 % del comercio mundial y gran parte del petróleo de Medio Oriente - Somalia posee uno de los acuíferos de agua dulce más caudalosos del mundo, que comparte con Etiopía y Eritrea y cantidades significantes de gas y petróleo.
Luego, a mediados de 2006, de acuerdo con el gobierno de Estados Unidos, militantes armados del mundo islámico lograron establecerse en Somalia gracias a la anarquía que allí reinaba, y bajo la denominación de Unión de Tribunales Islámicos (UTI) tomaron el control del país, desplazando a los debilitados clanes, que llevaban 15 años de lucha.
Inmediatamente, Washington dio el visto bueno a Etiopía para que invadiera el país y depusiera a los guerrilleros de la UTI. Etiopía, por su parte, tenía interés de aplastar a los musulmanes para que su influencia no se extendiera por su territorio.
Los meses en que la UTI se mantuvo en el poder, fueron los únicos momentos de calma que vivió Somalia en tantos años de guerra, ya que se redujo la delincuencia y la piratería y además hubo un esbozo de orden civil, pero el gobierno estableció la Sharía, la ley coránica similar a la impuesta por los talibanes en Afganistán.
Desde comienzos de 2007 hasta mediados de 2008, aviones de Estados Unidos bombardearon frecuentemente bases de la UTI para apoyar a los etíopes en su contienda.
Desde hace un año, la UTI perdió el control de la capital, sin embargo lo mantiene en gran parte del resto del territorio. Las tensiones internas entre los líderes del gobierno de transición provocaron su ruptura y debilitamiento.
Además del apoyo estadounidense y etíope, el gobierno somalí recibió la ayuda de las tropas de la Unión Africana (UA).
Se calcula que sólo 4.300 de los 8 mil militares previstos por la UA se encuentran desplegados en Somalia, mientras que la UTI cuenta con 6 mil combatientes, de los cuáles unos 300 forman parte de un ejército de elite entrenado por Al Qaeda, de acuerdo con informes del departamento de Estado norteamericano.
Obama se involucra
Desde la asunción del nuevo presidente norteamericano, las tropas somalíes recibieron de Estados Unidos 40 toneladas de armamento y municiones, a pesar del embargo de la ONU. Varios analistas alertan que el envío de armas a Somalia va a acrecentar la violencia, ya que una gran parte suelen ser capturadas por los rebeldes islámicos.
La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, se entrevistó, hace diez días, en Kenia con el presidente provisional de Somalia, Sheikh Ahmed, a quien le prometió una mayor contribución de pertrechos militares en los próximos meses.
Sheikh Ahmed, que perteneció a la UTI, es considerado un islamista moderado, y fue nombrado para ese cargo con motivo de alcanzar un acuerdo de paz con los combatientes más radicales, algo que hasta ahora es improbable que suceda. Sheikh Ahmed concedió a la UTI el establecimiento de la ley coránica, en parte del territorio, como medida principal para iniciar un dialogo, que nunca se produjo.
En tanto, Hillary Clinton desde Kenia anunció que Estados Unidos va a tomar medidas drásticas en contra del gobierno de Eritrea por suministrar armas a la UTI, precisamente a la milicia Al Shabab, que está acusada por Washington de albergar a los responsables de la voladura de las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania en 1998.
Resultados de la catástrofe
De acuerdo con ONG independientes, 16 mil personas murieron durante la guerra civil, mientras que 1,3 millones se han visto forzadas a desplazarse, de las cuáles 200 mil lo hicieron desde mayo hasta la fecha.
La lucha por el control de Somalia moviliza desde el año pasado a barcos militares de varios países, con el pretexto de combatir la creciente piratería. Si bien, es cierto que aumentaron los robos en las costas de Somalia, varios países acusan de piratas a pequeños pescadores que se ven privados de sus recursos por el saqueo de los buques extranjeros.
Además, grupos de militantes ecologistas locales han intentado disuadir a los barcos de diversas procedencias que arrojan desechos químicos y nucleares en aguas de esta tierra sin ley. A los que defienden la limpieza de sus mares también los acusan de piratas.
A pesar de los 18 años de guerra civil, intervenciones extranjeras, bombardeos norteamericanos, injerencia de extremistas religiosos y la sequía que azota al país desde hace un año, el sufrimiento de la población somalí no parece detenerse. La paz llegará una vez que la UTI logre islamizar a todo el país o bien que las potencias alcancen finalmente el control de los valiosos recursos naturales.
Fuente: http://observadorglobal.com/somalia-en-la-mira-de-las-potencias-n2275.html
martes, 2 de junio de 2009
Las fuerzas del Gobierno de Somalia expulsaron hoy a los insurgentes de dos distritos de la capital

2 de junio, 6:32 PM
Por Ibrahim Mohamed y Abdi Guled
MOGADISCIO (Reuters) - Fuerzas del Gobierno somalí expulsaron el martes a insurgentes islamistas de dos distritos de la capital tras fuertes combates y prometieron librar a Mogadiscio de los rebeldes de línea dura para la próxima semana.
Insurgentes con vínculos con Al Qaeda intensificaron los ataques en Mogadiscio a comienzos de mayo y las fuerzas de Gobierno han luchado por recapturar el terreno perdido. Los combates han causado la muerte a más de 200 personas desde entonces y alrededor de 70.000 residentes han huido.
"Nuestras fuerzas controlan la situación y esperamos que a partir de la próxima semana, todos los combatientes islámicos sean expulsados de Mogadiscio", dijo el ministro de Defensa somalí Mohamed Abdi Gandi.
Gandi dijo a periodistas durante una visita a Burundi, uno de los dos países africanos con tropas de paz en Somalia, que las fuerzas del Gobierno y sus aliados ahora se encontraban en 14 de 16 suburbios de Mogadiscio.
La lucha por Mogadiscio es la más dura prueba hasta el momento para el nuevo presidente Jeque Sharif Ahmed, un ex rebelde islamista que se unió a un proceso de paz mediado por Naciones Unidas el año pasado y fue elegido para el Parlamento en enero.
Los avances del grupo insurgente Al Shabaab y aliados han estado preocupando a potencias occidentales y vecinos ya que temen que los rebeldes islamistas puedan usar a Somalia como una base para desestabilizar las dos mayores economías de la región, Kenia y Etiopía.
Abdiqadir Odweyne, un oficial de policía de alto rango, dijo a Reuters que fuerzas de Gobierno habían recapturado el martes los distritos de Madina y Dharkenley, áreas de Mogadiscio que limitan con bases que alojan a fuerzas de paz de Burundi y Uganda.
Antes de las más recientes ofensivas, el nuevo Gobierno había luchado por imponer su control en más que unos pocos distritos de la capital y algunas regiones centrales.
Los avances fueron logrados después de un segundo día de fuertes enfrentamientos en la capital y cuando los combates se extinguieron los residentes salieron de sus hogares.
"Recién salí de mi casa ahora. El combate fue feroz", dijo Mohamed Ali, quien vive en Dharkenley. "Las fuerzas de Gobierno están en todas partes y no vemos a combatientes de oposición", añadió.
(Reporte adicional por Patrick Nduwimana en Bujumbura; Editado en español por Juana Casas
jueves, 14 de mayo de 2009
Piratería e Imperio


Mundo
14-05-2009
John Feffer
Foreign Policy In Focus
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
La actual “guerra contra la piratería,” que se extiende a los tribunales kenianos y estadounidenses después pasar meses hirviendo a fuego lento ante las costas de Somalia, es sólo la última en una larga serie de acciones de EE.UU. al servicio del imperio contra protagonistas no-estatales.
La “Guerra Global contra el Terror,” que el gobierno de Obama reemplazó recientemente por el término más vago de “operaciones de contingencia en ultramar,” justificó un aumento en gran escala de los gastos militares, dos grandes intervenciones, y llamados explícitos a que EE.UU. mantenga su poderío sin igual. Al poner en peligro los puntos neurálgicos marítimos del mundo, los piratas emergen como la última amenaza no-estatal: los terroristas de los mares.
Sin embargo, no es una historia nueva. Hace doscientos años, los piratas de Barbería llevaron a los primeros gastos militares de importancia en la historia pos-revolucionaria de EE.UU. y aumentaron el perfil del Cuerpo de Marines de EE.UU. Después de los ataques del 11-S, los conservadores utilizaron comparaciones forzadas entre esos piratas y al-Qaeda como justificación para invadir Afganistán y lanzar una guerra global contra el terrorismo.
Hubo piratas presentes en la creación del imperio de EE.UU. ¿Han vuelto para el acto final del imperio?
Los neoliberales y los neoconservadores tienen diferentes respuestas a esta pregunta.
El mito del guerrero renuente
Según un agradable mito liberal excepcionalista, EE.UU. siempre ha defendido la democracia en el extranjero y ha renunciado a primeros ataques militares. George Washington, quien estableció un ejemplo al renunciar a su cargo militar para convertirse en el primer presidente civil del país, recomendó la neutralidad en la política exterior del nuevo país. Como tema utilizado por Jefferson en su advertencia contra “alianzas enmarañadas,” la neutralidad de los Padres Fundadores inspiró un siglo de subsiguientes aislacionistas. En el Siglo XX, EE.UU. entró a dos guerras mundiales sólo cuando fue provocado (el Lusitania, Pearl Harbor), y libró las guerras de Vietnam y Corea no para conseguir ventajas territoriales o por ambición imperial sino para defender a todo el Mundo Libre de una creciente mancha roja.
Las recientes guerras en Afganistán e Iraq pueden ser reempaquetadas para que se ajusten a esa narrativa inofensiva. Lanzamos la guerra contra los talibanes sólo después de que nos atacaron el 11 de septiembre. Luego apuntamos (inicialmente) a Sadam Husein por sus vínculos con el terrorismo, la amenaza (después) de sus armas de destrucción masiva, y (finalmente) por su verdaderamente atroz historial de violaciones de derechos humanos. En los tres casos, fuimos guerreros renuentes y combatimos por cuenta de otros, por razones altruistas de seguridad general o de democracia iraquí. En la más amplia Guerra Global contra el Terror, según la doctrina Bush, EE.UU. combate a terroristas en el extranjero para que no tengamos que combatirlos en nuestro suelo. La guerra “preventiva”, aunque pueda parecer imprudente y agresiva, es en los hechos prudente y defensiva. Como guerreros renuentes, loa estadounidenses son en última instancia hijos de George Washington.
Es un hermoso cuento de hadas para contarlo a niños a la hora de acostarse o a la ONU en tiempos de guerra. Pero, patrocinadores de la Guerra Global contra el Terror, incómodos con la visión de EE.UU. como pacífico excepto cuando es provocado, construyeron una contra-narrativa para servir sus propios propósitos. Para justificar una agenda bastante poco liberal – la adopción de masivos aumentos de los gastos militares, la suspensión de leyes internacionales como las Convenciones de Ginebra y la Convención de la ONU contra la Tortura, la perpetración de violaciones generalizadas de las libertades cívicas dentro del país – los neoconservadores prefirieron una narrativa con más testosterona. Ni siquiera se avergonzaron al utilizar la palabra “imperio.” Su contra-narrativa ha rastreado la historia intervencionista de EE.UU. desde el comienzo del imperio estadounidense hasta fines del Siglo XIX pasando por la construcción del “Siglo Estadounidense” durante la Guerra Fría. Esa desenfadada adopción del imperio suministra el elemento crítico – el thymós o el deseo y el esfuerzo y por lograr reconocimiento – cuya defunción fue lamentada por Francis Fukuyama en el fin de la historia. Los nostálgicos por la era del imperio reconocen que el mundo tiende hacia una inmensa democracia uniforme de mercado. Pero siguen existiendo por ahí diversas fuerzas antidemocráticas y anticapitalistas – vestigios comunistas como Cuba, potencias autoritarias como China, líderes dictatoriales como Robert Mugabe de Zimbabue, y la junta de Myanmar – y los facilitadores de la “Vieja Europa” carecen de las agallas para resistir a toda esa tiranía. Sólo el coraje y el poder de fuego pueden restaurar el thymós a su lugar de honor en el desarrollo de la historia del mundo.
La historia convencional de la expansión de EE.UU. en el extranjero se ha concentrado en que habría repelido a otros imperios y naciones-estado: españoles, soviéticos, vietnamitas, norcoreanos. Perceptiblemente ausentes en esa lista, excepto por un breve período durante el gobierno de Reagan, han quedado los protagonistas no-estatales y el mundo musulmán. Como tal, la campaña inspirada por los ataques del 11-S pareció ser un desvío en la historia de EE.UU.: una reacción sin precedentes a un evento sin precedentes. La Guerra Global contra el Terror se exponía a parecer no-estadounidense en su singularidad. Después de todo, ¿no fueron las Cruzadas algo europeo? ¿No fue el terrorismo un problema local para Londres, Madrid, Moscú, y Beijing? ¿No eran los Estados totalitarios los que libraban guerras globales?
De modo que, después de que decreció el choque inicial de los ataques del 11-S, los arquitectos de la nueva campaña de contraterrorismo se apresuraron a establecer una continuidad histórica. Para sustentar lo que se convertiría en la campaña militar más cara de la historia de EE.UU., era importante fabricar una genealogía – tal como la familia de un nuevo rico construye un escudo de armas falso para establecer un orgulloso y aristocrático linaje. La Guerra Global contra el Terror tenía que convertirse en una expresión esencial del destino de EE.UU. en lugar de ser un desvío del camino hacia una economía liberal de mercado global.
De esta manera, los propugnadores de la guerra global contra el terror descubrieron a los piratas de Barbería. A fines del Siglo XVIII y comienzos del XIX, EE.UU. mantuvo un conflicto de dos décadas de duración contra varios Estados a lo largo de la costa norafricana. La campaña inspiró la expansión de los Marines y la creación de la moderna Armada de EE.UJU. En días de debilidad general de EE.UU. – luchando con poco éxito contra los franceses y los británicos – las guerras de Barbería constituyeron un raro éxito para la joven república. Fue, en breve, una historia predispuesta para ser abusada: una guerra contra terroristas musulmanes antes de los hechos que resultó en una victoria militar de EE.UU. y un temprano triunfo del libre comercio.
La interpretación errónea de este episodio en la historia de EE.UU. es muy reveladora sobre los objetivos de la guerra global contra el terror. Y sirve como punto de salida útil para una consideración del futuro de la disputa entre los neoliberales y los neoconservadores sobre la trayectoria del poder global en lo que Thomas Friedman ha llamado una “era de piratería.”
Un paralelo pirata forzado
Los propugnadores de una Guerra Global contra el Terror no tuvieron que buscar mucho en los libros de historia después del 11-S para encontrar lo que necesitaban. Thomas Jewett, en la edición de invierno/verano de Early America Review, escribió que el 11-S “no es el primer conflicto en el que EE.UU. ha enfrentado semejantes ofensas contra la vida y la propiedad. Hubo otra época en la que se determinó que la diplomacia no sería sólo fútil, sino humillante y a la larga desastrosa. Una época en la que un rescate o tributo no compraría la paz. Una época en la que la guerra era considerada más efectiva y honorable. Y una época en la que la guerra se libraría, no contra grandes concentraciones de poderío militar, sino por pequeñas bandas formadas por individuos de espíritu indomable. Hace casi 180 años nuestro joven país atacó Trípoli bajo circunstancias que son extrañamente similares a los tiempos contemporáneos.”
Los panfletistas identificaron rápidamente los paralelos religiosos. Rick Forcier, director ejecutivo de la Coalición Cristiana del Estado de Washington, escribió en noviembre de 2001 sobre el terrorismo: “Es bastante antiguo, y así es su empleo por fundamentalistas islámicos, quienes durante siglos, han atacado con bombas, secuestrado, raptado, asesinado y extorsionado para difundir su religión y la gloria de su dios Alá. Conocidos en el pasado como ‘piratas de Barbería,’ los terroristas hicieron que el mundo de otrora temblara ante el pensamiento de ser capturado en alta mar y ser muerto o vendido a los traficantes de esclavos de Timbuktú.”
El periodista conservador Joshua London también tocó el tema de la Guerra Santa. Escribiendo en The National Review, opinó: “Aunque hay mucho en la historia de las guerras de EE.UU. contra los piratas de Barbería que es de relevancia directa con la actual guerra global contra el terrorismo, un aspecto parece ser particularmente instructivo para informar nuestro entendimiento de los asuntos contemporáneos. Dicho de modo muy simple, los piratas de Barbería eran musulmanes comprometidos, militantes, que insistían en hacer exactamente lo que decían.”
Sólo un mes después del 11-S, la derivación de paralelos era suficientemente significativa como para justificar un artículo del Washington Post que destacó los puntos de vista de numerosos historiadores sobre el tema. Entre los citados estaba el profesor de derecho de la Universidad George Washington, Jonathan Turley, quien utilizó explícitamente la analogía histórica en su recomendación al Congreso. “Invocó el precedente de los piratas de Barbería, diciendo que EE.UU. tenía pleno derecho a atacar y destruir a la dirigencia terrorista sin declarar la guerra,” informó el artículo.
Tres años después, cuando el entusiasmo por la Guerra de Iraq seguía siendo fuerte en las filas conservadoras, Christopher Hitchens escribió una apología de alto perfil de Thomas Jefferson y su tratamiento de los piratas de Barbería en la revista Time. El punto de partida para Hitchens fue el carácter definitivo de Jefferson. “Considerado en conjunto con algunas otras acciones ambiciosas y casi-constitucionales de Jefferson – la Compra de Luisiana y el envío de la expedición de Lewis y Clark al Oeste – la guerra de Barbería lo expuso a algunas críticas federalistas y en los periódicos por su secretismo, su prepotencia y su estilo exageradamente ‘presidencial.’ Pero no fue posible argüir contra el éxito,” escribió en una obvia reverencia hacia el gobierno de Bush.
En su minería de la historia estadounidense, periodistas, historiadores, y activistas conservadores encontraron las pepitas que buscaban: las humillaciones de la diplomacia, la importancia de demostraciones individuales de valor (¡el thymós!), las contribuciones de un poderoso presidente, y la perfidia militante de los musulmanes. Este establecimiento de paralelos entre los talibanes y al-Qaeda por una parte y los piratas de Barbería por la otra logró varios objetivos. Primero, estableció que los propios Padres Fundadores de EE.UU. habían ido a la guerra contra terroristas islámicos, dando a la guerra global contra el terror un pedigrí indiscutible. Segundo, reveló que desde el comienzo, el apaciguamiento en la forma de diplomacia estéril y del pago a chantajistas era poco efectivo, y que sólo una enérgica reacción militar podía asegurar la victoria. Tercero, esas batallas necesitaban nuevos enfoques (guerra preventiva) y nuevas capacidades (una armada expandida, una guerra centrada en la red). Finalmente, no se trataba de un simple conflicto local sino de una guerra global entre fundamentalistas retrasados y los que defendían el vigor de la ley.
Los mismos temas reaparecieron en una más reciente vinculación de la reacción del gobierno de Obama frente los piratas somalíes con el enfoque de Jefferson ante los piratas de Barbería. Los piratas somalíes son musulmanes y vinculados a fundamentalistas, el apaciguamiento no funciona, y la guerra es la respuesta. Y los expertos utilizan a los piratas como argumento a favor de una transformación de las capacidades del Pentágono. La asociación de piratas y terroristas es tan poco probable hoy en Somalia como lo fue en la histórica malinterpretación de las guerras de Barbería.
El “descubrimiento” de los piratas de Barbería es casi demasiado bueno como para ser verdad – como si un activista contra el aborto descubriera un dictamen desapercibido de la Corte Suprema del Siglo XVII sobre la concepción como inicio de la vida. Al proyectar sus prejuicios hacia el pasado, los neoconservadores deformaron la historia para que sirviera sus intenciones. Por cierto hay paralelos entre las Guerras de Barbería y los conflictos actuales. Pero no son los paralelos aprovechados por Jewett, London, y otros.
La verdadera historia del contraterrorismo
A pesar de las interpretaciones de los neoconservadores, las guerras de Barbería no tuvieron que ver con la religión. Los Estados del Norte de África, distantes tributarios del Imperio Otomano, no eran califatos islámicos sino gobiernos seculares dirigidos por un dey y sus jenízaros turcos. Clérigos musulmanes controlaban la esfera eclesiástica pero tenían poco poder político real. Además, los ataques contra los barcos comerciales no tenían nada que ver con el yihad. Más bien, excluidos de los mercados europeos, Argel, Trípoli y Marruecos se volvieron a la piratería para sobrevivir económicamente. EE.UU., en el intertanto, no inició una guerra santa contra esos Estados. En su lugar, estaba librando la Guerra Revolucionaria a posteriori a fin de conseguir mercados abiertos para productos estadounidenses. Fue, como argumentó Thomas Paine en “Common Sense,” una clave para la supervivencia de un país recientemente independizado. Pero Gran Bretaña no dio la bienvenida al recién independizado EE.UU. en sus mercados. Peor todavía, los británicos lanzaron a los piratas de Barbería contra la navegación comercial de EE.UU. en el Mediterráneo. Lo que algunos intérpretes contemporáneos ven como una temprana confrontación entre Occidente y el Resto – un prototipo para el choque de civilizaciones – fue en realidad la continuación de una batalla entre EE.UU. y sus rivales europeos.
Sin embargo, existen algunos paralelos útiles entre entonces y ahora. Por ejemplo, los Padres Fundadores identificaron rápidamente a sus oponentes de Barbería como piratas y negreros. Pero los británicos interpretaron las incursiones realizadas por John Paul Jones durante la Guerra Revolucionaria como poco más que piratería. La piratería, como el terrorismo, depende del punto de vista del observador. En cuando a la esclavitud, EE.UU. era en esos días el centro de la trata de esclavos. La hipocresía del trato por los Estados de Barbería de un par de cientos de marineros estadounidenses – cuando los negreros estadounidenses había llevando cientos de miles de esclavos africanos – no fue percibida por la mayoría de los comentaristas de la época (con la notable excepción de Benjamin Franklin).
Se puede encontrar un paralelo más pertinente en la esfera militar. A fines del Siglo XVIII, EE.UU. carecía de fuerzas armadas que se pudieran enfrentar frente a frente con las potencias europeas, mucho menos con la flota de Barbería. Muchos Padres Fundadores consideraban que una armada permanente era una amenaza para la libertad. Era costosa y, con el fin de la Guerra Revolucionaria, no existían razones compulsivas para gastar dinero en la construcción de barcos de guerra. James Madison recomendó que EE.UU., en una temprana versión de la Seguridad Interior, se concentrara en la defensa de las líneas costeras. En 1794, sin embargo, el Congreso rechazó los argumentos de Madison y Jefferson y aprobó legislación, firmada por el presidente Washington, para la construcción de seis fragatas. Los propugnadores de la ley utilizaron a los piratas de Barbería como justificación explícita para ese fuerte aumento en los gastos militares, pero sin duda también pensaban en las flotas de Gran Bretaña y Francia.
Había, sin embargo, una cláusula interesante en la ley: “Si llegara a haber paz entre EE.UU. y la Regencia de Argel, no habrá actuaciones ulteriores bajo esta ley.” Después, EE.UU. firmó un tal tratado con Argel. Washington invocó esa cláusula en 1796 para reducir los desembolsos navales. Pero incluso entonces, cuando el complejo militar-industrial estaba en su nadir histórico, hubo preocupaciones sobre el desempleo en el sector de la defensa. De modo que, en un compromiso, la temprana república siguió adelante con la construcción de tres barcos.
La guerra que terminó por acontecer entre EE.UU. y primero Trípoli, y luego Argel, estableció muchos de los mitos fundadores de las hazañas militares de EE.UU. (las hazañas de Stephen Decatur), nuevos tipos de guerra (misiones militares secretas), y la vinculación de la intervención en el extranjero con el comercio. En otras palabras, los neoconservadores del Siglo XXI recibieron una cierta mitología prefabricada en la cual basarse. Todo lo que necesitaban era vincular a los piratas de Barbería con al-Qaeda. Eso precisaba que se convirtiera a los agentes de gobiernos seculares con limitados objetivos económicos en musulmanes terroristas con los más amplios objetivos ideológicos. De esta manera, una guerra de EE.UU. contra el terrorismo islámico adquiriría la distinción de un antiguo interés nacional.
Piratería y globalización
Cuando EE.UU. declaró la Doctrina Monroe en 1823, sólo ocho años después del fin de la Guerra Argelina, tenía el deseo, pero no la capacidad, de mantener a sus rivales europeos fuera del Caribe y de Latinoamérica. Fueron las guerras contra los Estados de Barbería – y ciertamente no la desastrosa guerra de 1812 – lo que había dado a EE.UU. la confianza necesaria para desafiar a los imperios europeos. Esos tempranos conflictos suministraron a EE.UU. la retórica y la visión de un imperio comercial cuando EE.UU. no era más que un simple páramo.
La noción de que EE.UU. pudiera mantenerse fuera de guerras y de las sucias complicaciones de la política imperial europea se acabó durante los conflictos de Barbería. El crecimiento económico de EE.UU. dependía del libre comercio, y los barcos de guerra de EE.UU. eran necesarios para mantener abiertas las líneas de navegación. Cuando Thomas Friedman escribió sobre la importancia de McDonnell Douglas para la seguridad de los restaurantes McDonald's – el puño de hierro de los militares tras la mano invisible del mercado – heredó esa tradición de lógica imperial. Es también el espíritu que animó la visión geoeconómica de Bill Clinton de mantener el poder económico de EE.UU. mediante la conservación del poder militar de EE.UU., que he llamado en otro contexto “globalización de cañonera.”
Con la presidencia de Barack Obama, sobreviene una cierta versión resucitada del enfoque de Clinton. Se deja de lado toda el habla de imperio, en la que los adversarios son derrotados definitivamente, y viene el arte de la hegemonía, en el que aliados y adversarios de EE.UU. son persuadidos para que vean la confluencia de sus intereses y de los intereses de EE.UU. Obama sigue comprometido con unas inmensas fuerzas armadas – está redistribuyendo tropas de Iraq a Afganistán, aumentando la cantidad de soldados en 92.000 hombres, y manteniéndose “a la ofensiva” de Djibouti a Kandahar" – incluso mientras promete utilizar su pericia persuasiva con los dirigentes de Irán, Corea del Norte, y Venezuela. Obama ha prometido echar marcha atrás en algunos de los aspectos más ofensivos de la Guerra Global contra el Terror (Centro de detención de Guantánamo, la tortura) pero el marco general será mantenido bajo la designación AfPak. Mientras tanto, el nuevo presidente se concentrará en la expansión del poder económico global de EE.UU. como parte de un intento de reanimar la moribunda economía del país.
En este entorno neoliberal reanimado, al-Qaeda seguirá siendo el mismo importante “otro” que constituyeron los Estados de Barbería en el Siglo XVIII: una excusa útil para nuevos gastos militares y la proyección de la fuerza. Pero ahora se le suman otros herederos más directos del manto de Barbería: los piratas de Somalia. Esos piratas atacan la sangre vital misma de la globalización – los barcos que transportan energía y bienes por el Canal de Suez – tal como los piratas de Barbería bloqueaban la intención del temprano EE.UU. de convertirse en un protagonista económico global. Como parte de su propia transformación después de la Guerra Fría, la Armada está alejando su estrategia de la custodia de alta mar al control de las líneas costeras. Ya ha tenido una importante confrontación con China (relacionada con el USNS Impeccable). Pero ante las inversiones de China en la economía de EE.UU., los piratas representan una justificación más segura para este cambio de dirección.
Los terroristas en tierra y en el mar son útiles de otra manera. Precisamente porque no son Estados sino entidades dispersas, los piratas y los terroristas pueden servir mejor para justificar tanto una guerra global como una nueva doctrina militar. El Pentágono ha insistido en costosos, pero bastante anticuados, sistemas de armas para encarar la creciente amenaza de China: portaaviones de tecnología avanzada, inmensos destructores navales, y nuevos submarinos nucleares. Una amenaza dispersa, mientras tanto, requiere una defensa dispersa: Bases militares de EE.UU. (reconfiguradas como “hojas de nenúfar” [ciudades flotantes], tanto mejores para salirse de ellas), unidades de reacción rápida, nuevas capacidades de C4 (comando, control, comunicación y computadores). También justifica una nueva doctrina militar que subraya la rapidez por sobre la posición. Obama ha apoyado esos cambios. Permitirán al Pentágono que reaccione rápido ante amenazas a los intereses económicos de EE.UU., sean ataques paramilitares contra oleoductos en el Golfo de Guinea y Colombia, disputas territoriales que afecten rutas de navegación en el Sudeste Asiático, o piratas en los Estrechos de Malaca.
El fin de la Guerra Fría creó una crisis de misión para la OTAN. ¿Para qué era necesaria si la Unión Soviética ya no existía? Pero esa crisis de misión podía ser aplicada más generalmente al Pentágono. El celebrado segundo frente de la zona desmilitarizada de Corea perdió su propósito cuando Corea del Sur dejó de considerar a Corea del Norte como su enemiga. La amenaza china disminuyó considerablemente cuando Beijing se convirtió en el principal socio comercial de todos los países de la región. Cuba ya no representaba ningún potencial de amenaza aparte de enviar botes cargados de refugiados a la costa de Florida. Sadam Husein está muerto. Colin Powell hizo la genial declaración después de la primera Guerra del Golfo: “Se me acaban los malvados. Sólo me quedan Kim Il Sung y Castro.” Osama bin Laden llegó justo a tiempo para el gobierno de Bush. Los piratas somalíes son el último lazo salvavidas para el Pentágono.
La conservación de altos gastos militares, sea para impulsar los “duros” objetivos imperiales de los conservadores o los “suaves” objetivos económicos hegemónicos de los neoliberales, requiere a malvados de una estatura comparablemente grande. El hermano de Castro y el hijo de Kim Il Sung no bastan. Si al-Qaeda no existiera Washington tendría que crearlos. Por cierto, en su construcción de terroristas islámicos de piratas bastante corrientes, ha hecho precisamente eso.
----------
John Feffer es co-director de Foreign Policy In Focus.
Redactora: Emily Schwartz Greco
http://www.fpif.org/fpiftxt/6073
Envía esta noticia