Mostrando entradas con la etiqueta Palestina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Palestina. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de marzo de 2013

UNICEF critica malos tratos de Israel a los niños palestinos


César Chelala
Common Dreams
 Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

 Un nuevo informe de UNICEF: “Niños en detención militar israelí” critica enérgicamente el trato dado por Israel a niños palestinos detenidos. Según UNICEF, 700 niños palestinos entre 12 y 17 años, en su mayoría varones, son arrestados cada año en Cisjordania ocupada y sufren duros interrogatorios por militares, policías y agentes de seguridad israelíes. En algunos casos, declara UNICEF, ha identificado prácticas que “equivalen a trato o castigo cruel, inhumano o degradante según la Convención de los Derechos del Niño (CRC) y la Convención contra la Tortura (CAT). El informe de UNICEF confirma lo que numerosos activistas por los derechos humanos (entre ellos individuos y organizaciones israelíes) han estado denunciando durante años. El informe de UNICEF es el resultado de varios años de recogida de información por la agencia de las Naciones Unidas, relacionada con graves violaciones de los derechos humanos cometidas contra niños palestinos en Israel y el territorio palestino ocupado, incluyendo el arresto y detención de niños. La información reunida es pasada regularmente al Grupo de Trabajo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre Niños y Conflicto Armado. Crecientes afirmaciones sobre malos tratos de niños palestinos retenidos en el sistema de detención militar de Israel condujeron a este estudio. Según el Artículo 37 de la Convención de Derechos del Niño, los Estados Parte deben asegurar que “ningún niño será sometido a tortura o a otro tratamiento o castigo cruel, inhumano o degradante”, y “Todo niño o niña privado de su libertad tendrá derecho a rápido acceso a ayuda legal y otra apropiada, así como derecho a cuestionar la legalidad de la privación de su libertad ante un tribunal u otra autoridad competente, independiente e imparcial y a una rápida decisión sobre dicha acción”. Estas provisiones han sido repetidamente violadas por las autoridades israelíes. Como declara UNICEF, “Fuera de las obligaciones de Israel según el derecho internacional, los principios guiadores relacionados con la prohibición de la tortura en Israel se encuentran en una decisión de 1999 de la Corte Suprema que también es legalmente vinculante para los tribunales militares israelíes. La Corte concluyó que un interrogatorio razonable es necesariamente libre de tortura y tratamiento cruel, inhumano o degradante, y que esta prohibición es absoluta.” Lo que hace que las conclusiones de este informe sean particularmente relevantes es que Yigal Palmor, portavoz del Ministerio de Exteriores israelí, declaró que funcionarios del ministerio y los militares israelíes habían cooperado con UNICEF en el trabajo realizado para este informe, y que el objetivo del gobierno israelí es mejorar el tratamiento dado a menores palestinos detenidos. El maltrato de menores palestinos comienza con el arresto, que es realizado usualmente en medio de la noche por soldados fuertemente armados, y continúa durante el procesamiento y la sentencia. La mayoría de los menores son arrestados por arrojar piedras; sin embargo, sufren violencia física y amenazas, muchos son forzados a confesar actos que no han cometido y, además, muchas veces no tienen acceso a un abogado o a su familia durante el interrogatorio. Los resultados de UNICEF se basan en más de 400 casos documentados reunidos desde 2009, así como en documentos legales, informes gubernamentales y no gubernamentales, y entrevistas con niños palestinos y sus familias y con funcionarios y abogados israelíes y palestinos. Los abusos del gobierno israelí contra niños palestinos no se limitan a Cisjordania. En el pasado, UNICEF también ha informado que un bebé de cada tres corre riesgo de muerte debido a carencias médicas en Gaza. El gobierno de Israel también ha prohibido la distribución de alimentos especiales a unos 20.000 niños de Gaza de menos de cinco años, lo que lleva a anemia, problemas de crecimiento y debilidad general causados por la desnutrición. El 20 de octubre de 2011, Richard Falk, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados había urgido al gobierno israelí a adoptar directivas para la protección de niños palestinos en línea con los principios humanitarios internacionales y los estándares de derechos humanos. En su informe, Falk señala el caso de una niña de tres años que fue llevada de su casa a las 3 de la madrugada y amenazada a punta de pistola: “Se le dijo que se le dispararía y que la casa de su familia sería destruida a menos que confesara el paradero de su hermano”, dijo el señor Falk, “y ahora, su madre explicó, la niña no puede dormir por la noche y es incontinente”. El tratamiento dado a niños y adolescentes detenidos contraviene los principios democráticos de Israel, contribuye a la perpetuación del conflicto en Medio Oriente y perjudica la búsqueda de paz en la región. César Chelala, MD, PhD, es co-galardonado con el premio del Overseas Press Club of America. También es corresponsal extranjero de Middle East Times International (Australia). Fuente: http://www.commondreams.org/view/2013/03/14-3

Leer más...

martes, 26 de febrero de 2013

Samer Issawi: Siete meses en huelga de hambre para exigir justicia, dignidad y libertad

Hoy en día, la detención administrativa, práctica ilegal bajo el derecho internacional, afecta a cerca de 200 personas palestinas 18 de febrero de 2013, por RESCOP Ver estadísticas de las "detenciones administrativas" desde Enero de 2001 (y de prisioneros políticos palestinos en general) Samer Issawi, palestino de 33 años encarcelado en la prisión israelí de Ofer, ha batido todos los records de huelga de hambre habidos en el mundo, al superar los 210 días sin ingerir alimentos. Después de siete meses de someter su organismo a esta forma de protesta, su estado de salud se ha deteriorado hasta el punto de poderle fallar un órgano vital en cualquier momento. Samer Issawi fue detenido en su casa de Jerusalén Este en abril 2002 cuando el ejército israelí invadió la mayoría de las ciudades palestinas de Cisjordania. Israel le condenó entonces a 30 años de prisión acusándole de pertenecer al Frente Popular de Liberación de Palestina, un partido político palestino que el gobierno israelí logró introducir en la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea. Después de pasar 10 años en cárceles israelíes, Samer Issawi fue uno de los más de mil presos palestinos canjeados por el soldado Gilad Shalit en octubre 2011. Ocho meses después de su liberación, en julio del año pasado, Samer Issawi fue arrestado por el ejército israelí en Hizma, una localidad que, según el ordenamiento territorial israelí, queda dentro de los límites municipales de Jerusalén. Alegando que había incumplido las condiciones de su liberación que le obligaban a permanecer en Jerusalén, las fuerzas israelíes encarcelaron nuevamente a Samer. Aunque ningún tribunal israelí militar o civil le ha acusado formalmente de cometer un delito penal, se le comunicó que, por haber supuestamente infringido la prohibición de entrar en Cisjordania, debería acabar de cumplir la pena por la que fue condenado a 30 años de cárcel en 2002. El mismo mes, Samer Issawi inició la huelga de hambre más larga de la historia, en señal de protesta contra una detención que las organizaciones de derechos humanos coinciden en calificar de arbitraria, y con el propósito de exigir su inmediata puesta en libertad. Por la flagrante injusticia que entraña su caso, Samer Issawi ha despertado un movimiento de solidaridad que sólo puede ser comparado con los que acompañaron a Khader Adnan o Hana Shalabi en sus respectivas huelgas de hambre en 2011. El pasado sábado, a modo de presión psicológica para que Samer abandone su huelga de hambre, según afirma la familia, el ejército israelí incursionó de noche en la casa familiar y detuvo a su hermano, Sadi Issawi, para supuestamente interrogarle. En la actualidad, hay otros cuatro presos palestinos en huelga de hambre en cárceles israelíes. Aymen Sharawna, también liberado en el intercambio con Shalit y arrestado otra vez el 21 de enero de 2012 y tres prisioneros más, Jafar Azzidine, Yousef Yassin y Tarek Qa’adan, que llevan 65 días en ayuno voluntario después de haber sido arrestados el 22 de noviembre bajo detención administrativa, lo que significa ser encarcelado sin cargos ni juicio. Hoy en día, la detención administrativa, práctica ilegal bajo el derecho internacional, afecta a cerca de 200 personas palestinas. En total, hay más de 4500 palestinos en cárceles israelíes, muchos en situación de aislamiento e incomunicación, y sometidos a tortura en un país, Israel, que no ha firmado la Convención Internacional contra la Tortura de Naciones Unidas. El fallecimiento de Samer Issawi podría desatar la cólera de un pueblo que en los últimos meses, ha acusado con calma tensa una serie considerable de humillaciones, vulneraciones y crímenes de guerra. El estallido de un movimiento de rebeldía similar –o distinto- al que sublevó a la población palestina en la Primera Intifada, podría frustrar las expectativas de los diplomáticos -en activo y retirados- que intentan relanzar el timo y el negocio de lo que se ha venido publicitando como proceso de paz, pero que en realidad ha sido un proceso de colonización, Apartheid y limpieza étnica. Ni estos diplomáticos, ni la Autoridad Palestina, ni el gobierno israelí tienen interés alguno en que salte la chispa. Razón por la cual, además de las consideraciones humanitarias que se le debería presuponer a quien ostenta el cargo de Alta Representante de la Unión Europea, Catherine Ashton expresó finalmente el pasado viernes su “preocupación” por la situación de los presos palestinos en huelga de hambre. ¿Será a raíz de esta llamada de atención, que las autoridades israelíes han anunciado una audiencia urgente para tratar el caso Samer Issawi? ¿Qué capacidad tendrán los amigos europeos de Israel, de evitar el escándalo de otro crimen odioso? En una carta enviada a su familia a través de su abogado, Samer ha declarado: “Le digo a mi pueblo que soy más fuerte que el ejército de ocupación y sus leyes racistas. Yo, Samer Al-Assawi, hijo de Jerusalén, dicto mi última voluntad en caso de que yo caiga como un mártir: llevarás mi alma como un grito por todos los presos, mujeres y hombres, un grito por la libertad, por la emancipación y la salvación de aquellos que han experimentado la pesadilla de la cárcel y su terrible oscuridad”. Ya se habían anunciado que cientos de presos palestinos iniciarán una huelga de hambre en las cárceles israelíes en apoyo a Samer y sus compañeros, mientras miles de personas se manifestarán alrededor del mundo para demandar la liberación de Samer Issawi y protestar contra las detenciones ilegales practicadas por el régimen de Apartheid Israelí. La Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina, que agrupa a más de 20 ONG y asociaciones ha convocado concentraciones en apoyo a las reivindicaciones de los presos palestinos en huelga de hambre en varias ciudades del Estado Español. En Madrid, será el martes 19 de febrero a las 19h30 frente al Ministerio de Asuntos Exteriores, en Málaga a las 19h en la Plaza de la Marina. fuente: Red solidaria contra la ocupación de Palestina (RESCOP) http://www.nodo50.org/causapalestina/spip.php?article295 La detención administrativa en cifras - Estadísticas actualizadas sobre presos políticos en cárceles israelíes Presos políticos palestinos a 16 de Febrero de 2013 Nº de presos Total de presos políticos 4.743 "Detenciones administrativas" 178 (5 miembros del Consejo Legislativo Palestino) Mujeres encarceladas 10 Niños encarcelados 193 (23 menores de 16 años) Miembros del Consejo Legislativo Palestino 12 Presos de Jerusalén Este 167 Presos de Palestinos del 1948 191 Presos de Gaza 437 Presos condenados a cadena perpetua 529 Presos condenados a más 20 años 456 Presos que llevan más de 25 años encarcelados 23 Presos que llevan más de 20 años encarcelados 72 Presos desde antes de los acuerdos de Oslo 111

Leer más...

martes, 25 de mayo de 2010

La diplomacia “a pesar de los palestinos”

La lucha armada atrajo la atención del mundo hacian la causa palestina [GETTY]

As'ad AbuKhalil
Al Jazeera
Traducido para Rebelión por J.M. y revisado por Caty R.

“La lucha armada fue la responsable de llamar la atención del mundo sobre la causa palestina e impidió que las Naciones Unidas adopten una resolución sobre el ‘problema’ palestino sin referirse a los palestinos como pueblo…
Cada año los árabes de todo el mundo conmemoran La Naqba (o Catástrofe) el 15 de mayo, el día siguiente al de la declaración del Estado de Israel en el año 1948.

Pero ahora los poemas y discursos resultan demasiado embarazosos para exhibirlos y los Gobiernos árabes están poco interesados en recordarlos; están muy ocupados tratando de ganarse la aprobación de Israel en negociaciones directas o indirectas.

Mientras que en el pasado los gobiernos árabes invertían dinero para combatir la propaganda sionista, en el último año la Liga Árabe, con financiación saudí, publicó avisos en periódicos occidentales con el propósito de convencer a Israel de que los gobiernos árabes están, de hecho, ansiosos por llegar a la paz y normalizar las relaciones.

La escena palestina no es muy diferente.

Los símbolos del nacionalismo palestino cambiaron repentinamente. En lo que concierne a la Autoridad Palestina (AP) lo revolucionario quedó en el museo, la kufiya y el musakkhan (plato tradicional palestino) se celebran como únicos elementos del rico tapiz de la identidad nacional palestina.

Y con Mahmud Abbas, el presidente de la Autoridad, como una figura cada vez más insignificante, y Mohamed Dahlan, que sigue siendo una perspectiva inaceptable como líder, Salam Fayyad, el Primer Ministro palestino, se ha convertido en el nuevo favorito de Occidente.

En consecuencia, la prensa occidental produce una interminable provisión de muestras de servilismo y alabanzas en torno al liderazgo del hombre que -junto con su socia Hanan Ahsrawi, quien aún piensa que puede transitar por ambos extremos y hablar contra la corrupción mientras está alineada con el régimen de Ramala-, apenas recibió poco más del dos por ciento del apoyo palestino en las últimas elecciones legislativas celebradas bajo la ocupación.

Fayyad fue elegido esencialmente por Occidente, con toda clase de ayudas y posteriormente con una prensa favorable a su persona.

En realidad el pueblo palestino fue más libre para elegir a sus líderes en la década de 1930 que ahora, aunque, naturalmente, cuando a los británicos no les gustaba la elección de los palestinos, como ocurrió cuando eligieron a Muhammed Amin al-Husseini, el Gran Mufti de Jerusalén, simplemente lo exiliaron.

Abandonados por los regímenes árabes

Mientras se multiplican las imágenes que aparecen en cada conmemoración de la Naqba –palestinos sosteniendo las llaves de las casas de las cuales fueron expulsados y las escrituras de propiedad de las tierras que hoy están ocupadas- la realidad es que los regímenes árabes hace mucho que se lavaron las manos en lo que concierne a la lucha de los palestinos. Anuar al- Sadat, el presidente egipcio que firmó el histórico acuerdo de paz con Israel, abrió un nuevo camino que después han seguido los demás regímenes árabes.

Pero la Naqba no se olvida nunca en los campos de refugiados; esos lugares mugrientos que pretendían ser las tumbas de los palestinos se convirtieron, en cambio, en los lugares donde se recrean la memoria y la revolución.

Año tras año los palestinos que viven en los campos rememoran su ira y su desafío.

Pero con cada conmemoración de la Naqba la necesidad de hacer un balance de la cobertura del histórico conflicto entre la lucha armada y los caminos de la diplomacia, crece con más urgencia.

La diplomacia especulativa

La lucha armada de los palestinos fue la responsable de que el mundo prestara atención a su causa; antes de esto se permitía que las Naciones Unidas tomasen resoluciones sobre el ‘problema’ sin referirse específicamente al pueblo palestino. Se pasó de una época de negación a otra en la que la ONU tuvo que reconocer los frutos de la autodeterminación de los palestinos. No olvidemos que hubo más países que reconocieron a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) que al Estado de Israel, hasta que los Acuerdos de Oslo cambiaron el panorama.

La lucha armada también unificó a los palestinos bajo un solo paraguas que generó ayuda árabe, acciones militares de la OLP dentro de Israel y otras recordadas desde países cercanos. También fue la lucha armada la que forzó a los gobiernos árabes a entregar el control al movimiento nacional palestino.

Gamal Abdel Nasser, el fallecido presidente egipcio a quien hoy se recuerda como un adalid de la causa palestina, creó la OLP con el propósito de controlar el activismo palestino y asegurarse de que la lucha armada quedara bajo la mirada vigilante de los regímenes árabes.

La lucha armada palestina también sirvió para derribar las barreras tradicionales del conservadurismo religioso que mantenía a las mujeres palestinas alejadas de la lucha política, aunque, por supuesto, todas las organizaciones fueron responsables de la marginación de las mujeres a pesar de los sacrificios y las contribuciones que hicieron a todas las formas de lucha.

La lucha armada también instaló un cierto sentido de orgullo entre los palestinos y puso fin a la sensación de desesperanza sobre el despertar de la Naqba. Esos sentimientos de abandono estaban abonados por los regímenes árabes, temerosos de las consecuencias del espíritu revolucionario de los palestinos.

La diplomacia de tinta y papel

El camino de la diplomacia seguido por Yasser Arafat, el fallecido líder de la OLP, y por sus sucesores, dio el resultado del establecimiento de una débil y dependiente autoridad en Ramala que se pliega a Israel y a sus aliados occidentales .

Con el fin de proteger a Israel de una legítima lucha armada se creó una Autoridad Palestina funcional que, en definitiva, sirve a sus enemigos, y los éxitos o fracasos de su diplomacia se establecen de acuerdo con Israel. Más aún, si la lucha armada se orientó para empezar a presionar con el fin de conseguir la independencia del movimiento nacional palestino con respecto a los regímenes árabes, la camarilla de la diplomacia palestina dejó sus asuntos en manos de Estados Unidos, jefe, patrón y “aliado eterno” de Israel.

El camino diplomático creó las más profundas divisiones entre los palestinos desde la década de 1930 y, así y todo, sin ningún resultado tangible. El camino de la diplomacia se les impuso a los palestinos desde afuera, ya sea por los regímenes árabes, los Estados Unidos o por otros amigos de Israel. Pero, mientras que la escena palestina parece oscurecerse a 62 años de la Naqba, incluso con la suspensión de la lucha palestina armada la larga vida de Israel es más dudosa que nunca.

Siempre se dio por supuesto que el Líbano sería un vecino seguro y confiable, pero ahora Israel tiene en su frontera norte asentado a su más formidable enemigo, y su arsenal de armas biológicas y nucleares no lo resguardarán del futuro negro del sionismo instalado desde la creación del Estado.

El régimen segregacionista de Sudáfrica alguna vez pareció formidable, ahora es un asunto del pasado en los libros de historia.

As'ad AbuKhalil es profesor de ciencias políticas en la universidad del estado de California, Stanislaus, y responsable de angryarab.blogspot.com

Fuente: http://english.aljazeera.net/focus/2010/05/201051664435120219.html

Leer más...

domingo, 16 de mayo de 2010

“Queremos vivir”


Salam Fayad ex-ministro de Finanzas, tecnócrata en la esfera internacional y ex funcionario del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Nombrado por Abu Mazen Primer Ministro de un gobierno provisional de emergencia en junio del 2007 para sustituir ilegalmente al Primer Ministro ismail Haniya, líder de Hamas.

17-05-2010
Azmi Bishara
Al Ahram Weekly
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Felicitar a Israel por su “independencia”, o por su creación, si Vds. quieren, equivale a felicitarle por el éxito de su robo armado de Palestina y expulsión sistemática del pueblo palestino. Esto es lo que podríamos decir ante las felicitaciones presentadas por los presidentes de Estados Unidos, Francia o Costa de Marfil. Pero cuando un jefe de estado árabe felicita al jefe de estado israelí “en el día de su fundación”, la única política que cabe es el silencio. No un silencio contemplativo, me apresuro a añadir, sino más bien un silencio impotente, porque ante una situación tal uno pierde completamente las palabras. Nuestro lenguaje, dicen, es un país común a todos nosotros, pero, evidentemente, es una tierra en la cual (Al-Mutanabbi acude en mi rescate de nuevo) “los jóvenes árabes se sienten extraños unos a otros en rostro, manos y lengua”.

No es ésta la primera vez que se ofrecen ese tipo de felicitaciones y probablemente no será la última, eso es todo cuanto cabe esperar. Tampoco debería sorprendernos. En realidad, lo que sería sorprendente es que nos sorprendiéramos ya de algo. Aunque este año los hechos nos han superado. La mayoría de los habitantes de Gaza son los refugiados expulsados de sus hogares en 1948, lo que significa que las mencionadas felicitaciones le han llegado a quien les expulsó y se convirtió en carcelero de la mayor prisión del mundo. Esta vez hay algo muy próximo y agobiante en el fenómeno, que hace que los sofocantes túneles de Gaza, a través de los cuales un pueblo se arrastra para aprehender una bocanada de vida, parezcan más espaciosos que los túneles de la política árabe.

Uno de esos oscuros túneles políticos produjo una entrevista concedida por el designado presidente del designado gobierno palestino en Haaretz el 2 de abril de 2010. En ella lanzó afirmaciones del tipo de: “No tengo problema con la gente que cree que Israel es la tierra de la Biblia… Pero hay un montón de colinas y espacios deshabitados. ¿Por qué no construyen allí y nos dan una oportunidad para seguir con nuestra vida?”. También dijo: “La principal disputa en la región no es entre nosotros sino entre moderados y extremistas” y: “Estamos trabajando para recibir a los refugiados en el estado palestino”. Ese es el lenguaje de los israelíes. Algunas frases incluso se hacen eco del léxico de los colonos que afirman que están construyendo “sobre colinas deshabitadas”. A mí me recuerda a uno de esos dirigentes árabes que alardean de entender el lenguaje de los estadounidenses, después de lo cual nos damos cuenta que eso significa que harán lo que Washington les pida sin cuestionar nada (algo que, desde luego, es un requisito previo para ciertos tipos de “entendimientos”).

Con consumada facilidad, el ex funcionario del Banco Mundial y actual empleado de la “comunidad internacional” ha reducido el concepto de estatalidad a “áreas deshabitadas” que es preciso equipar con los recursos necesarios para sobrevivir. Esto se ajusta perfectamente a la noción israelí de un estado palestino en los densamente poblados pedazos de los territorios palestinos. Todo lo que tiene que hacer ahora es cuchichear en un aparte que esto era necesario para impedir el aumento de elementos terroristas, y dar por entendido que el derecho al retorno de los palestinos sólo significa que los refugiados palestinos tendrían derecho a retornar a ese conjunto de retales que conformarían el estado palestino.

Hay en marcha una elaborada ilusión óptica financiada por Occidente. Se intenta que el transcurrir de la vida en los atestados enclaves palestinos se vea como algo normal, hacer que lo artificial parezca normal, imponer calma mientras la Autoridad Palestina (AP) construye edificios para el gobierno con fachadas elegantes, organizar un juego gigante de fantasía bajo la ocupación.

La idea de los bantustanes palestinos empezó como teoría. Después apareció gente que se tomó la teoría muy en serio. Como parte del proceso de defensa, intentaron demostrar que la teoría suena peor que cuando se aplica en la práctica. Quienes la habían experimentado en otras partes encontraron que ofrece una forma de vida relativamente confortable, dicen, añadiendo que cada vez se ve mejor cuando la comparas, cronológicamente, con el caos de la lucha armada popular de los últimos años y, a nivel espacial, con el destino de quienes se encuentran en Gaza bajo el bloqueo rechazándola. Naturalmente, no hacían referencia alguna a la causa nacional palestina.

El hombre que expuso esas ideas que estaban tan lejos del discurso nacional palestino fue nombrado presidente de la AP tras un golpe contra el gobierno electo. En aquellas elecciones había conseguido el 1% del voto popular. No mucho antes era el ministro de Hacienda que Washington le impuso a Arafat cuando Arafat estaba asediado en Ramala. La prensa israelí le llamó el “Ben Gurion palestino”. ¿Pueden imaginarlo? Recientemente, la revista Time le colocó en el puesto diez de la lista de las cien personas más importantes del mundo. ¿Para qué? Una de las ventajas del imperialismo es su poder para vincularnos con sus categorías (como, por ejemplo, moderados y extremistas), para clasificarnos según sus grados y categorías y otorgarnos premios y honores.

La entrevista anteriormente mencionada aparecida en el Haaretz me llevó a echar una mirada a las entrevistas concedidas por las autoridades palestinas a la prensa israelí en años recientes. Fue un esfuerzo penoso y estresante y, después de dos días de paralizante lectura arrojé la toalla, aunque con la certeza de que hay un libro por ahí sobre los modelos para inculcar la personalidad colonizada y que todo lo que se necesita son investigadores y escritores con estómago para un estudio de esa clase. No soy el candidato ideal, pero desde mi breve investigación hallé que virtualmente en todas las entrevistas los funcionarios utilizaban los términos y conceptos israelíes para describir al pueblo palestino y su situación, y ofrecían concesiones gratuitas a la opinión pública israelí. Como si a todos les inspirara un deseo de congraciarse con esa opinión o, a lo sumo, cortejar la admiración de la audiencia mediante una broma pícara. Casi todas las autoridades desmintieron algunas de las afirmaciones hechas el día después de su entrevista: en árabe y sin pedir que el periódico en lengua hebrea se retractara o corrigiera lo que había aparecido en su entrevista. Los políticos con complejo de inferioridad están cada vez más intoxicados por la idea de impresionar un día a los ocupantes, aunque se despiertan al siguiente repentinamente atemorizados sobre cómo reaccionará ante tal evento el pueblo ocupado.

Desde el punto de vista de la potencia ocupante, el impostor palestino, hinchado por los elogios y palmaditas en la espalda israelíes, está cautivo de las concesiones dadas a cambio de nada más que la etiqueta de “moderado”. Después, cuando empieza a dar marcha atrás bajo la mirada del pueblo palestino, los israelíes se burlan de su debilidad, le llaman mentiroso y le señalan como prueba de esos supuestamente intrínsecos rasgos árabes. Mientras tanto, sus posiciones, incluso la de airear la ropa sucia palestina ante el público israelí, criticando el caos y la corrupción interna de los palestinos y burlándose de Hamas y otras gentes, no han producido cambio alguno en la posición israelí ni nada positivo en absoluto. Las concesiones gratuitas sólo animan al adversario a presionar más y a elevar sus demandas. Desde luego, protestará y alegará que ha conseguido un logro significativo. Dirá que le ha dado a “las fuerzas de la paz en Israel” un medio para persuadir a los israelíes a aceptar la idea de un estado palestino. Lo que no dice es que esto significa regalar un estado palestino como solución al problema demográfico israelí, indicándoselo así a esos funcionarios que obligan a la prensa israelí a entrevistas conciliatorias como prueba de la existencia de palestinos moderados y flexibles que serán buenos socios para la paz, a los que siempre se podrá convencer con zalamerías para que hagan más concesiones.

Apenas hube acabado con esa investigación sobre las entrevistas, cuyo solo lenguaje se merece un estudio separado, cuando ya el presidente de la AP se había embarcado en una “ofensiva” para ganar la aprobación del público israelí. Ahora que la administración Obama ha dejado totalmente claro hasta dónde va a llegar presionando a Israel, y teniendo en cuenta que la “vida significa negociar”, las negociaciones deben ser el único camino para seguir adelante. Pero en lugar de sólo negociar con el gobierno israelí, el presidente de la AP ha intensificado su “ofensiva” lanzando negociaciones con cada uno de los israelíes. Develó esta audaz y agresiva estrategia en una reunión del Consejo Revolucionario de Fatah.

El presidente de la AP se verá pronto sorprendido por una horda de negociadores. Alrededor de seis millones de israelíes, junto con asociaciones y partidos políticos, se apresurarán a urgirle que ofrezca pruebas de que realmente quiere la paz y quiere hacer aún más para garantizar su seguridad. Sin embargo, estaba evidentemente impaciente por que todo esto comenzara. El día siguiente al anuncio de esta “iniciativa” decidió apresurar a los israelíes, y quizá también a nosotros, manteniendo una entrevista por el Canal 2 de la televisión de Israel en la que enterró los últimos residuos del discurso nacional palestino de su gobierno. “No hay crisis de confianza con Netanyahu” proclamó. Sobre el derecho al retorno, dijo: “Estamos hablando de una solución justa y acordada. No se puede ser más flexible que eso” y: “Acordaremos la solución y la llevaremos ante el pueblo palestino”. Dicho de otro modo, el presidente palestino le entregó a la potencia ocupante el derecho a aceptar o rechazar el principio del derecho al retorno, y lo que pondrá delante del pueblo palestino no será otra cosa que la fórmula israelí para una solución aceptable. Debe estar rezando para que Netanyahu responda de forma favorable a esta estrategia, porque no quiere que los palestinos “piensen siquiera en manifestarse”. También, probablemente, tanto celo para apelar a la opinión pública judía estadounidense e israelí le va a llevar finalmente a dirigirse al AIPAC. Seguramente entonces la opinión pública israelí y los instrumentos de Israel en EEUU se darán cuenta de que el liderazgo de la AP bajo la ocupación ha renunciado a todos los instrumentos de persuasión que no sean palabras conciliatorias y que se ha rendido ante su estatus de rehén de la autoridad ocupante.

Desde luego, el final de este capítulo era de prever. Cuando se abra el capítulo siguiente, su protagonista será el hombre que abandonó el discurso nacional, que abjuró de los derechos nacionales y que vino de fuera del movimiento nacional. El ex funcionario del Banco Mundial, que alardea de ser pragmático, está ofreciendo soluciones de vida cotidiana en lugar de una causa nacional. Dice que esto es ser práctico y se regodea en la admiración del siempre tan pragmático Occidente porque no malgasta su tiempo en política, eso se lo deja a Occidente, el Cuarteto e Israel, mientras se concentra en construir estructuras económicas. Por desgracia, el aspecto económico de estos tipos de estructuras no es más que un espejismo. Esas denominadas estructuras económicas no son más que instrumentos políticos y después de que cumplan su función, las agencias que las financian las dejarán caer en el olvido.

La economía palestina en Cisjordania no es más que un camuflaje para acuerdos y medidas de seguridad. Es una economía rentista que vive de la ayuda a cambio de seguridad y servicios políticos, una economía enteramente construida a partir de subsidios del exterior a cambio de ciertas posiciones políticas, dirigida por el deseo de promover a aquellos que aceptan las condiciones israelíes y priorizan la protección a la seguridad de Israel. El hombre que promueve esta economía está implicado en política hasta las cejas, pero es la política de Occidente y el Cuarteto. Su economía se construye para servir a esa política, y de los rendimientos de la ayuda monetaria que recibe paga sueldos y construye las fachadas de instituciones económicas. Si Fatah desaprobara esto, responderá con su consumado pragmatismo concediendo a los oficiales de Fatah una mayoría de escaños en su gabinete. Este tipo de política aparentemente apolítica me trae a la mente a aquellos que pidieron al pueblo palestino, a través de los medios israelíes, que abandonaran la resistencia, que tanto enoja a los israelíes y destruye sus casas, y combatieran a los “extremistas” y a la Organización para la Liberación de Palestina. Su eslogan para esta campaña era “Queremos vivir”.

El “amor por la vida” llega a través de dos categorías: una para los estados agresores, como Israel, y otra para sus víctimas, como Palestina. En la primera no hay contradicción entre el amor por la vida y la política y la participación política, nacionalismo, religiosidad y laicismo; literatura y arte; nihilismo y disolución; ejército, parlamento y procesos electorales; industria, agricultura y ciencias e incluso guerra si es necesario. Eso se aplica a Israel tanto como a EEUU. Para los pueblos ocupados, por otra parte, el “amor por la vida” tiene que practicarse a distancia de la política, de las armas y de la resistencia, de las empresas nacionales y la producción autónoma. Esta forma de vivir la vida toma sus símbolos de la cocina –kebab, humus y tabuleh-, tiene que ver con manifestaciones de jolgorio y alegría, y de competiciones para otorgar regalos y premios a las elites. La ocupación ama los cafés y restaurantes bulliciosos y abarrotados de Ramala y proyecta películas en esos vibrantes locales como prueba de la vida detrás de las barreras.

Cuando la vida se reduce a esta categoría de “queremos vivir”, tienes que fabricarla, porque no tiene medios para regenerarse. No puede haber vida bajo ocupación sin luchar contra la ocupación. Sin independencia ni soberanía nacional, la pena y la alegría y la vida misma sólo pueden existir dentro del contexto de un proyecto por la independencia nacional. Cuando eso se abandona o deshace, todo lo que consigues es un artificioso festival folklórico que se hace pasar por auténtico y por amor a la vida.

El negocio de las relaciones públicas, que es una ciencia en EEUU, se esfuerza por aislarse de la verdad, por amortiguarse contra la conciencia y por permanecer indiferente a lo que no sea un hecho o ficción de marketing. Es una rama aplicada del instrumentalismo, y el mercado y la cosificación de las relaciones humanas son su campo y medio de aplicación. Su función es encontrar una vía para comercializarlo todo, para crear un paquete vendible hasta para las cosas estética o moralmente más repugnantes. Pero incluso a las más imaginativas de las mentes de las relaciones públicas les resultaría difícil empaquetar para que cause admiración el plato más grande de musajan de Ramala o la kunafa estilo Nablus, o ponerse en cuclillas para comer aceitunas y queso junto con el pueblo como forma de lucha nacional. No necesitas decirle a la gente qué tipo de alimentos comen, al igual que no tienes que decirle que el cielo es azul o que ellos “quieren vivir”. No necesitar comercializar lo obvio. No hay necesidad de relaciones públicas, redactores o incluso dirigentes políticos que le digan al pueblo lo que ya forma parte de su conciencia diaria.

La labor de los dirigentes políticos es ayudar a la gente a que responda a preguntas como: “¿Cómo podemos vivir?” “¿Cómo deberíamos vivir?” “¿Nos permitirá la potencia ocupante alguna vez vivir con el esfuerzo de nuestros propios brazos?” “¿Quién va a financiar todas estas instituciones económicas una vez que los países donantes pierdan interés por ellas?” “¿Quién financiará 200.000 puestos de trabajo que sirven de apoyo a más de un millón de personas que están viviendo en la esperanza de que la supuesta comunidad internacional apoye un acuerdo injusto?” “¿Qué será de nosotros sin el resto de nuestro pueblo?” “¿Qué pasa con nuestras obligaciones hacia los refugiados y hacia Jerusalén?” “¿Qué clase de vida le espera a un pueblo que entrega su soberanía a cambio de unas migajas?”. Su trabajo no es vender apatía empaquetada como “Queremos vivir”. De todas formas, es un producto barato y como todas las cosas baratas tiene un período muy corto de vida.

Fuente:
http://weekly.ahram.org.eg/2010/998/op3.htm

Leer más...

sábado, 24 de abril de 2010

Expulsión masiva del siglo XXI


24-04-2010
Nasim Ahmed
Palestinian Telegraph
Traducción para Rebelión de Loles Oliván

Sobre la Orden de Israel en relación con la prevención de la infiltración (enmienda nº 2) y la Orden sobre Disposiciones de seguridad (enmienda nº 112) aprobadas el pasado martes, 13 de abril de 2010.

Tras el eufemismo “prevención de la infiltración” se esconde una terrible realidad que los responsables israelíes tratan desesperadamente de ocultar. Esta simple realidad ha sido cardinal a lo largo de la existencia de Israel y lo sigue siendo. Se trata de una realidad que conecta la limpieza étnica de los palestinos en 1948 y las recientes órdenes militares que darían lugar a la expulsión forzosa de miles de palestinos. Es la realidad de que Israel se fundó sobre la política del traslado sistemático de población con la que ha seguido comprometido desde su creación.

Este simple hecho es un resultado natural de la ideología esencial de Israel: “redimir la tierra con la menor cantidad posible de población indígena”. Desde sus inicios, esta ideología esencial se ha aplicado eficazmente a través de métodos modernos de traslado de población y de apropiación de la tierra. Ello explica por qué, aun cuando cambien la retórica y la política, la expulsión y la desposesión se mantienen a través de diversos métodos.

Su estrategia comenzó con la negación absoluta de los palestinos como pueblo. Desde entonces y durante muchas décadas, Israel ha desarrollado y perfeccionado políticas para dispersar, encarcelar y empobrecer al pueblo palestino, en un esfuerzo incesante para destruirlos como nación. Ha industrializado la miseria palestina mediante sistemas cada vez más sofisticados de toques de queda, puestos de control, muros, permisos y apropiaciones de tierras. Ha transformado Cisjordania y Gaza en un laboratorio de pruebas sobre la infraestructura del confinamiento, la firmeza y el límite de la desesperación humana.

A lo largo de la historia de Israel rara vez se ha perdido una oportunidad de poner en práctica el núcleo principal de la política de traslado de población y ha seguido sin descanso el mismo rumbo mediante sus muchas guerras, mediante la colonización progresiva en la forma de construcción de asentamientos, a través de un régimen que combina ocupación, apartheid y colonización.

Toda la estructura legal de Israel en los territorios ocupados se ha diseñado para servir a este fin. Desde 1967, con el fin de controlar a la población palestina ocupada, Israel ha aprobado más de 1.200 órdenes militares y ha alterado la situación administrativa y legal en los territorios ocupados palestinos violando el derecho internacional humanitario. Otras partes de Cisjordania ocupada, incluyendo Jerusalén Oriental, fueron anexionadas a Israel inmediatamente después de la guerra de 1967; la colonización de la ciudad ocupada sigue adelante en violación del derecho internacional. Su régimen militar, en efecto, ha legalizado lo ilegal.

Para asegurar sus aspiraciones y mantener los privilegios judíos sobre la tierra, Israel aprobó la Ley del Retorno (1950), la Ley de Propiedad de los Ausentes (1950), la Ley de la Propiedad del Estado (1951), la Ley de Ciudadanía (1952), la Ley sobre el Estatuto (1952), la Ley de Administración de Tierras de Israel (1960), la Ley de Construcción y Edificación (1965), y la Ley “temporal” de 2002 que prohíbe el matrimonio entre palestinos de Israel y palestinos de los territorios ocupados. En consonancia con esta tendencia se han promulgado en abril de 2010 dos nuevas órdenes militares, la Orden sobre la Prevención de Infiltraciones (enmienda nº 2) y la Orden sobre Disposiciones de Seguridad (enmienda nº 112).

Esta orden militar forma parte de una serie de medidas aplicadas por Israel para vaciar Cisjordania de palestinos, especialmente sacándolos a Gaza. Supondrá que decenas de miles de palestinos sean deportados de los territorios ocupados de Cisjordania. Las órdenes han modificado sustancialmente la definición de “infiltrado” y de hecho se aplica a todo el que se encuentre en Cisjordania sin permiso israelí. Las órdenes no definen lo que Israel considera un permiso válido. A la gran mayoría de personas que viven en Cisjordania no se les ha exigido nunca disponer de ningún tipo de permiso para estar en su propia tierra y exigirlo es absurdo.

Hay decenas de miles de personas en situación de riesgo, que en absoluto representan amenaza de seguridad alguna, intentando vivir sus vidas. La orden los convertirá en delincuentes —porque convierte en delito estar en la propia casa. Como consecuencia, el tejido de la vida en Cisjordania quedará hecho añicos.

La orden clasifica a las personas que no tengan los documentos israelíes apropiados como “infiltrados”. El texto de la Orden ha sido modificado respecto de la orden original redactada en 1969, que ya entonces contravenía el derecho internacional. Entonces la definición de “infiltrado” era: “Persona que ha entrado en el área a sabiendas e ilegalmente después de haber estado presente en la franja oriental del Jordán [Cisjordania], Siria, Egipto o Líbano tras la fecha vigente (de la orden dada)”. En el marco de la nueva Orden se ha cambiado a: “Infiltrado: persona que ha entrado ilegalmente en la zona después de la fecha vigente, o persona que esté presente en la zona sin disponer de un permiso legal”.

Las órdenes están redactadas de manera tan vaga que teóricamente habilitaría al ejército para vaciar Cisjordania de casi todos sus habitantes palestinos. El documento en sí no especifica exactamente qué se entiende por “un permiso” y deja a los palestinos a merced de los israelíes.

A tan indiscriminada propuesta le es ilegalmente indiferente la composición del pueblo palestino. Desde que se produjo la expulsión del pueblo palestino de su tierra en 1948, la gran mayoría ha sido forzada a vivir como refugiada en países de acogida a lo largo de Oriente Próximo y muchos se han visto forzados a huir a otras partes del mundo. La naturaleza de la Diáspora es tal, que las personas se ven obligadas a vivir bajo regímenes diferentes con muy diversos retos planteados y con extrema dificultad respecto a las funciones de la comunidad. Tales retos no han impedido a los palestinos regresar a su tierra y vivir como palestinos en Palestina.

Este asalto indiscriminado a las familias y a la comunidad palestina no sólo contraviene el derecho internacional sino la mera humanidad. El modelo de familia palestina tiene lazos muy extensos y la orden militar está concebida para separar a las familias palestinas. Ello tendrá enormes implicaciones que auguran dolor, ira y frustración que serán ventilados en la calle.

Hasta diez diferentes grupos de derechos humanos han condenado estas medidas, incluida Btselem y algunas otras israelíes. Han planteado graves preocupaciones sobre el futuro impacto que tendrá para decenas de miles de palestinos que pueden ser expulsados de sus hogares. Las organizaciones de derechos humanos también han mencionado su impacto inmediato, que se dejará sentir muy pronto a través de dos grupos distintos de palestinos: los de Gaza y los palestinos y no palestinos de otros países casados con palestinos de Cisjordania. De acuerdo con las nuevas órdenes, los “infiltrados” sospechosos podrían asimismo ser encarcelados hasta siete años. Además, el deportado deberá pagar el coste de su propia deportación.

Subyace de manera implícita en la orden el intento israelí de fragmentar la causa palestina y apresurar el “politicidio” palestino. Gaza y Cisjordania es una sola entidad e Israel no tiene jurisdicción ni derechos legítimos para alterar esta realidad.

Los palestinos de Gaza y los palestinos de Cisjordania son todos palestinos, al igual que son ciudadanos británicos los de Londres y los de Birmingham y no hay autoridad moral ni jurídica que menoscabe los derechos de unos sobre los otros. La división del pueblo palestino es un intento temerario de disolver la causa palestina en unidades manejables con la intención de perjudicarla, e incluso, quizá, de echar por tierra las negociaciones sobre un estatuto final.

La política israelí de anexión no tiene límites. Se sigue comportando como un Estado canalla con un desprecio gratuito hacia los palestinos y hacia el derecho internacional. La comunidad internacional no debería sorprenderse por este nuevo paso porque no es más que una nueva manifestación del principio que vertebra y recorre la historia humana y no hay duda de que seguirá dando muestras de sus más detestables rasgos en los próximos años.

Estas órdenes militares pertenecen a un Estado de apartheid y no a una denominada democracia. Son productos de una visión del mundo basada en supuestos racistas y no en los valores de los derechos humanos y de la libertad humana.

Si la comunidad internacional se toma en serio la paz y el imperio de la ley no debe aceptar estas órdenes militares sencillamente porque se trata de un mero intento de expulsión masiva de palestinos. No se debe permitir que ninguna propaganda disuada del hecho de que esto no es sino legalizar la expulsión masiva del siglo XXI. En esencia, se trata del producto de una ideología que tiene por objeto la transferencia y la expulsión sistemática de palestinos de sus tierras. Cuando la guerra no es una opción, cuando el traslado abierto de población es intolerable internacionalmente, se busca cualquier otro método que sea menos visible.

Occidente sabe que se trata de un territorio ocupado y que Israel, a través de su ocupación, contraviene el derecho internacional todos los días sin ningún tipo de escrúpulos; y sin embargo, se le recompensa con un probable nombramiento como miembro de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Recompensar a Israel cuando Israel es poco menos que un Estado paria ha sido un tema permanente y es también la causa raíz del fracaso constante para lograr la paz y la justicia en la región. La paz exige justicia y la justicia no se sirve con un doble rasero en las declaraciones y en las acciones.

Nasim Ahmed es investigador sobre Oriente Próximo.

Fuente: http://www.uruknet.com/index.php?p=m65287&hd=&size=1&l=e

Leer más...

jueves, 22 de abril de 2010

Palestina ¿un pueblo con derechos o individuos con necesidades?


22-04-2010
Julien Salingue
Europe-Solidaire

"Palestina es un país sin pueblo; los judíos son un pueblo sin país".
(Israël Zangwill, diciembre de 1901) (1).

"Mi plan se basa en la idea según la cual la prosperidad económica permite preparar un arreglo político y no la inversa"
(Benyamin Netanyahu, diciembre de 2008) (2).

Más de 100 años separan estas dos declaraciones. La primera, enunciada por un dirigente del movimiento sionista a comienzos del siglo XX, intentaba legitimar el proyecto de colonización de Palestina. La segunda, pronunciada por el actual Primer Ministro israelí, es ilustrativa de una retórica en boga hoy, la de la "paz económica" entre Israel y los palestinos. A pesar de las apariencias, estas dos sentencias no están tan alejadas una de la otra. Son en realidad reveladoras de una misma tendencia, vigente desde hace más de un siglo: la negación, por el movimiento sionista y luego por el estado de Israel, de la existencia de un pueblo palestino con derechos nacionales.


"Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra"

El movimiento sionista se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX alrededor de la idea de que el resurgir del antisemitismo en Europa era la prueba de la imposibilidad de la coexistencia entre los judíos y las naciones europeas. Apoyados en esta constatación, los dirigentes sionistas afirmaron la necesidad de la constitución de un estado judío, único refugio posible contra las persecuciones. Al término de agrias discusiones, fue Palestina la elegida para ser el lugar del establecimiento del estado judío.

Popularizando la consigna de la "tierra sin pueblo", los dirigentes sionistas perseguían dos objetivos: defender la legitimidad y la posibilidad de la construcción de un estado judío en una tierra que ningún pueblo reivindicaría; adornar el proyecto de colonización con una dimensión de "domesticación de un territorio virgen", como lo que había existido en los Estados Unidos alrededor de la "Conquista del Oeste" y del mito de la Frontera.

El primer objetivo pretendía responder a una dificultad mayor: los equilibrios demográficos reales. Cuando el I Congreso sionista se reunía en Basilea en agosto de 1897, el 95% de los habitantes de Palestina, entonces bajo dominación otomana, eran no judíos. La creación de un estado judío implicaba, pues, un proceso de colonización sistemática que no podía atraer a los potenciales colonos más que si su dimensión conflictiva era descartada: no habrá pueblo indígena que reivindique también su soberanía sobre Palestina.

La segunda dimensión es a menudo subestimada. Es sin embargo una de las fuentes del entusiasmo suscitado por el proyecto sionista entre un cierto número de judíos europeos, en particular con la imagen de los "colonos que hacen un vergel del desierto". Esta mitología está hoy aún muy presente en la historiografía israelí, incluso entre "nuevos historiadores" como Tom Segev: "(Palestina en la época otomana) no era más que una provincia atrasada, sin leyes ni administración. La vida se desarrollaba allí al ralentí, en la sujeción a la tradición y al ritmo del camello" (3).

La negación de la existencia de un pueblo árabe palestino es pues uno de los pilares esenciales del proyecto sionista. Pero contrariamente a una interpretación corriente, la fórmula de la "tierra sin pueblo" no ha servido solo para afirmar que Palestina era una tierra virgen. Cuando cualquiera pudo constatar, desde los años 20 y las primeras revueltas de los autóctonos contra la colonización, que no era así en absoluto, se ha tratado de negar que los palestinos formaran propiamente hablando un pueblo que pudiera reivindicar una soberanía y derechos nacionales.

Refugiados que no lo son, territorios que no pertenecen a nadie

Cuando la ONU adoptó el plan de reparto de Palestina en noviembre de 1947, los judíos representaban 1/3 de la población. El 55% de Palestina fue atribuido al estado judío, el 45% al estado árabe. Incluso si aceptaron formalmente el reparto, los dirigentes del estado de Israel no renunciaron a su proyecto de construir un estado judío sobre "toda Palestina". Se trataba pues de conquistar territorio y desembarazarse de los no judíos.

Tras la guerra de 1948, Israel controla el 78% de Palestina. 800.000 palestinos se vieron obligados al exilio por una política de limpieza étnica sistemática (4), indispensable para proclamar un estado judío en la mayor superficie posible. Más allá de la negación, por Israel, de sus responsabilidades en este éxodo, es el desarrollo de una cierta retórica israelí lo que nos interesa aquí: los ex-habitantes de Palestina son árabes "como los demás", sería lógico que intentaran integrarse en el seno de los estados árabes en los que se han refugiado más que querer vivir en un estado judío.

Tras la guerra de junio de 1967, el estado de Israel ocupó, entre otras cosas, el 100% de Palestina. Cisjordania y la Banda de Gaza están bajo la ocupación israelí pero Israel no acepta que esos territorios sean "ocupados", en la medida en que no pertenecen a nadie. Es así como Golda Meir, primera ministra israelí, declara en marzo de 1969: "¿Cómo podríamos devolver esos territorios?. No hay nadie a quien entregarlos". La lógica es la misma que con los refugiados de 1948: los palestinos no eran un pueblo, no tienen ningún derecho sobre la tierra de Palestina. Los dirigentes israelíes no hablarán pues de "territorios ocupados" sino de "territorios disputados"; no habrá "colonias" en Cisjordania y Gaza, solo "implantaciones". Dan Ayalon, viceministro israelí de asuntos exteriores, escribía aún recientemente: "No se han comprendido los derechos de Israel sobre un territorio disputado, que se llama impropiamente "territorio ocupado". En efecto, conocido con el nombre de Cisjordania, este territorio al oeste del Jordán no puede, en forma alguna, ser considerado como ocupado, en el plano de la ley internacional, pues no ha tenido jamás una soberanía reconocida antes de su conquista por Israel" (5).

Un "reconocimiento" impuesto y relativo

A iniciativa de los estados árabes, y particularmente del Egipto de Nasser, la Organización de Liberación de Palestina (OLP) fue fundada en 1964. Al comienzo instrumento en manos de los regímenes árabes que rechazan a los palestinos toda autonomía institucional, la OLP pasa bajo control de las organizaciones palestinas en 1968. Durante los 25 años que siguen, Israel se negará a reconocer a la OLP y a negociar con ella. Este planteamiento se inscribe en la continuidad de las dinámicas expuestas hasta aquí: reconocer a la OLP, es reconocer que existe un pueblo palestino en lucha para la satisfacción de sus derechos nacionales.

Sin embargo el nacionalismo palestino se desarrolla, en los campos de refugiados del exterior y en los territorios ocupados. A finales del año 1987 se produce un levantamiento masivo y prolongado de la población de Cisjordania y de Gaza: es la 1ª Intifada. En el cambio de los años 1990 la cuestión palestina es un factor de inestabilidad en Medio Oriente, zona estratégica sobre la que los Estados Unidos quieren asegurar su dominio tras la caída de la URSS. La administración estadounidense obliga a Israel a negociar con la OLP, negociaciones que desembocarán en los Acuerdos de Oslo (1993-1994).

Yasser Arafat, presidente de la OLP, y Yitzhak Rabin, primer ministro israelí, intercambian entonces "cartas de reconocimiento mutuo". Pero mientras la OLP reconoce "el derecho del estado de Israel a vivir en paz y en seguridad (…), acepta las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de la ONU (…), renuncia a recurrir al terrorismo y a cualquier otro acto de violencia (…)" (6) y modifica su Carta, Israel se contenta con informar de su decisión de "reconocer a la OLP como el representante del pueblo palestino y comenzar las negociaciones con la OLP en el marco del proceso de paz en Próximo Oriente" (7).

Si Israel parece reconocer la existencia de un pueblo palestino, no se trata sin embargo de reconocer sus derechos. Lo demuestran las declaraciones de Rabin ante los diputados israelíes sobre los Acuerdos de Oslo: "El estado de Israel integrará la mayor parte de la Tierra de Israel en la época del mandato británico, con una entidad palestina a su lado que será un hogar para la mayoría de los palestinos que viven en Cisjordania y Gaza. Queremos que esta entidad sea menos que un estado y que administre, de forma independiente, la vida de los palestinos que estarán bajo su autoridad. Las fronteras del estado de Israel (…) estarán más allá de las líneas que existían antes de la Guerra de los 6 días. No volveremos a las líneas del 4 de junio de 1967" (8). No se trata de satisfacer las reivindicaciones de los palestinos sino de crear una entidad administrativa encargada de gobernarlos.

De la fragmentación al unilateralismo

Los Acuerdos de Oslo consagran una división de hecho entre los palestinos de Israel (hoy 1.1 millones), los palestinos de Cisjordania y de Gaza (cerca de 4 millones), los palestinos de Jerusalén (250.000) y los palestinos exilados (más de 6 millones). Esta fragmentación en 4 grupos con estatus diferentes participa de una "desnacionalización" de la cuestión palestina: los proyectores están enfocados solo sobre los palestinos de Cisjordania, de Gaza y de Jerusalén, cuyos derechos sin embargo internacionalmente reconocidos se convierten en un objeto de negociaciones subordinado a las exigencias israelíes, particularmente en materia de seguridad.

El proceso de fragmentación es en realidad doble, puesto que es también interno a los territorios ocupados con el desarrollo de la colonización, de las carreteras reservadas a los colonos y los múltiples puntos de control israelí: Jerusalén está aislada del resto de Cisjordania, Gaza está aislada del resto del mundo, Cisjordania está separada en diversas "zonas autónomas". La respuesta israelí a la "2ª Intifada" (septiembre de 2000) es un refuerzo de estas políticas, en particular con la construcción del Muro que, lejos de "separar" Israel y los territorios ocupados, encierra a los palestinos en enclaves aislados unos de otros.

Esta doble fragmentación y esta política de enclave apuntan en particular a destruir las bases materiales del sentimiento de pertenencia a una nación con una situación e intereses comunes, pero también a hacer imposible la existencia de una dirigencia nacional representativa y que reivindique derechos para el conjunto de los palestinos. Mientras la población adquiere cada día más reflejos localistas, las fuerzas políticas palestinas están cada vez más divididas, tanto sobre bases políticas como territoriales. División en seno del Movimiento nacional, pero también en el interior de los partidos.

Esta debilidad del Movimiento nacional será uno de los pretextos invocados por Ariel Sharon, primer ministro israelí entre 2001 y 2006, cuando afirme que es imposible negociar con los palestinos y que Israel debe actuar solo adoptando medidas "unilaterales", como la retirada-bloqueo de Gaza en 2005. Fenómeno aparentemente paradójico, los palestinos son de hecho excluidos del arreglo de la cuestión palestina. Se trata de hecho, una vez más, de hacer desaparecer a los palestinos de la escena no considerándoles como un pueblo con derechos sino como simples residentes a penas tolerados y sometidos a la buena voluntad de Israel.

¿La "paz económica" contra los derechos políticos?

Cuando Hamás gana las elecciones legislativas de enero de 2006, la Unión Europea, los Estados Unidos e Israel adoptan una actitud que equivale a un rechazo a reconocer los resultados del escrutinio: boicot diplomático del nuevo gobierno, suspensión de las ayudas económicas a la Autoridad Palestina, apoyo a la tentativa de derrocamiento de Hamás en Gaza… Esta actitud culmina en 2007 con el condicionamiento del reinicio de las ayudas internacionales al nombramiento de un nuevo gobierno palestino bajo la dirección del "candidato preferido" de Israel, de Europa y de los Estados Unidos: Salam Fayyad, cuya lista no tenía sin embargo más que dos diputados (de 132).
El no reconocimiento de la victoria de Hamás y la imposición de Salam Fayyad en el puesto de primer ministro se inscriben en las dinámicas descritas hasta aquí. Negación de las aspiraciones reales de la población palestina, voluntad de despolitizar sus reivindicaciones.
Salam Fayyad no es un dirigente del Movimiento nacional sino un antiguo alto funcionario del Banco Mundial y del FMI. Las negociaciones que siguen al nombramiento de Fayyad no estarán consagradas a la satisfacción de los derechos nacionales de los palestinos sino a la mejora de sus condiciones de vida: levantamiento de algunas barreras, aumento de las ayudas internacionales, proyectos de desarrollo económico… La temática de la "paz económica", particularmente planteada por el actual gobierno israelí, viene pues de lejos.

La afirmación de Netanyahu según la cual "la prosperidad económica permite preparar un arreglo político" (9) no es en realidad más que el nuevo rostro de la retórica de la "tierra sin pueblo": no se trata de considerar a los palestinos como un pueblo con derechos colectivos sino como individuos con necesidades. El derecho a la autodeterminación, el derecho al retorno de los refugiados, la igualdad de los derechos para los palestinos de Israel… están totalmente ausentes de los discursos.

Quienes, en las cancillerías u otros lugares, piensan que los palestinos están dispuestos a renunciar a sus derechos a cambio de contrapartidas económicas, se equivocan profundamente. La cuestión palestina es y sigue siendo una cuestión fundamentalmente política. Desde hace varias semanas la removilización visible de la población palestina debería sonar como una advertencia: nadie podrá comprar la paz (10).

Notas

1. Israel Zangwill, «The Return to Palestine», New Liberal Review, diciembre de 1901, p. 615.

2. Benyamin Netanyahu, entrevista en Le Figaro, 18 de diciembre de 2008.

3. Tom Segev, C’était en Palestine au temps des coquelicots, Liana Levi, 2000, p. 7.

4. Se pueden leer sobre este tema los libros del historiador israelí Ilan Pappe. La guerre de 1948 en Palestine, La Fabrique, 2000, La limpieza étnica de Palestina, traducción de Luis A. Noriega Hederich, Crítica 2008, y la Historia de la Palestina Moderna, traducción de Beatriz Mariño,Akal 2007, así como el libro de Dominique Vidal y Sébastien Boussois, Comment Israël expulsa les Palestiniens (1947-1949), Editions de l’Atelier, 2007.

5. Dany Ayalon, "Israel’s Right in the "Disputed " Territories" (Los derechos de Israel en los territorios "disputados"), Wall Street Journal, 30 de diciembre de 2009.

6. Cartas de reconocimiento mutuo intercambiadas entre Yasser Arafat y Yitzhak Rabin, septiembre de 1993, disponibles en http://www.monde-diplomatique.fr/ 7/ Idem.

8. "Address to the Knesset by Prime Minister Rabin on the Israel-Palestinian Interim Agreement", 5 de octobre de 1995, disponible (en inglés) en la página web del Ministerio de Asuntos exteriores de Israel.

9. Cf. nota 2.

10. Ver sobre este tema mi artículo "L’échec programmé du plan « Silence contre Nourriture » (juin 2008)", disponible en http://juliensalingue.over-blog.com

www.europe-solidaire.org/ http://www.vientosur.info/

Traducción de Alberto Nadal para Viento Sur

Leer más...

jueves, 4 de marzo de 2010

La penalización de la Nakba por parte de Israel, un paso más en el camino del apartheid


BADIL/Rebelión

El Comité Legal del parlamento israelí [Knesset] acaba de aprobar una propuesta de ley (el “proyecto de ley Nakba”) que si lo aprueba el Knesset, impondría sanciones económicas a los organizadores de las conmemoraciones de la Nakba. Cada año durante el mes de mayo los palestinos y quienes apoyan el derecho al retorno conmemoran la Nakba de 1948, que señala el hecho más traumático y de mayor alcance en el largo y todavía en marcha proceso de desplazamiento y desposesión forzados del pueblo palestino por parte del Estado de Israel.

Las conmemoraciones de la Nakba son acontecimientos importantes en Israel, donde a unos 335.000 palestinos, ciudadanos de Israel, se les siguen denegando su derecho a retornar a sus hogares y comunidades, y están obligados a vivir como desplazados internos en su propio país.
Los ciudadanos palestinos de Israel han experimentado la Nakba (palabra árabe que significa catástrofe) no sólo en 1948 sino todos y cada uno de los días desde entonces. La “actual Nakba” está causada por el sistema de Israel de discriminación racial institucionalizada compuesto de leyes, políticas y prácticas que han dado como resultado un estatuto de ciudadanos de segunda clase para los palestinos, más confiscación de tierra, una planificación urbana discriminatoria, la segregación de las comunidades palestinas, las demoliciones de casas y los desahucios forzados, para garantizar el privilegio y la dominación judíos. A consecuencia de ello continúa el desplazamiento forzado de ciudadanos palestinos, particularmente en el [desierto del] Naqab (Negev), en Galilea y en las ciudades con una población “mista” judía y palestina. Cada aspecto de la vida de los ciudadanos palestinos se ve afectado por el sistema de discriminación racial de Israel, incluyendo un sistema educativo que ha trabajado para impedir que los estudiantes palestinos conozcan su historia e identidad.
El “proyecto de ley Nakba” que se ha presentado prohíbe a las organizaciones apoyadas por el gobierno gastar dinero en actividades que conmemoren la Nakba, y descontará de su presupuesto hasta diez veces la cantidad de dinero que se gaste en dichas actividades. En efecto, el proyecto de ley exige que los ciudadanos palestinos de Israel nieguen su propia historia e identidad y se identifiquen con los “valores sionistas” que niegan su identidad nacional palestina. Exige que los palestinos aprueben su propia desposesión histórica y acepten su actual estatuto de ciudadanos de segunda categoría en el “Estado judío” y su diferenciación respecto al pueblo palestino.
El Knesset se prepara para discutir el proyecto de ley Nakba en un momento en que ya ha aprobado otra ley que declara que son refugiados todos los judíos que han emigrado a Israel desde países árabes. Esta ley, similar a una resolución anterior aprobada por el Congreso de Estados Unidos, se aprobó en un intento de empañar y minar la búsqueda de soluciones basadas en derechos para los refugiados palestinos. Su objetivo es distraer del hecho de que los derechos individuales y colectivos de los refugiados no es una cuestión de compensación sino que se tienen que examinar según cada caso. Como con todos los refugiados, incluyendo los refugiados palestinos, a las personas judías que son refugiadas según el derecho internacional no se les deben negar su derecho a retornar a sus lugares de origen.
En el año 62 desde la Nakba palestina, BADIL invita a la comunidad internacional a condenar el proyecto de ley de la Nakba de Israel y a que haga que éste asuma sus responsabilidades según el derecho internacional, incluyendo su obligación de respetar, proteger y promover el derecho de todos los desplazados palestinos a retornar a sus hogares de origen como parte de las reparaciones.

Leer más...

martes, 2 de marzo de 2010

DE LA USURPACIÓN A LA LIBERACIÓN: [1] LA ESPERANZA PALESTINA


Dan Lieberman [2]

Yasser Arafat creó la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en un intento de liberar a los palestinos de lo que él consideraba una grave injusticia y una persecución. La ocupación de tierras palestinas y las tácticas opresivas por parte de Israel facilitaron que los palestinos adoptaran un lenguaje, una cultura y una historia comunes para recuperar sus derechos. La política opresiva de Israel forjó una identidad nacional palestina.

Una serie de conferencias internacionales pronosticaron la aparición de un Estado palestino viable, pero varias negociaciones frustradas desbarataron ese esfuerzo, y la solución de los dos Estados no ha sido posible. Por esta razón se ha restablecido una difícil trayectoria de lucha para abrirse camino hacia la liberación nacional palestina, liderada principalmente por Hamas. [3] Esta lucha, a pesar de la confusión de la propaganda, intenta unir a los palestinos musulmanes y cristianos de Gaza, Cisjordania e Israel, y transformar el Israel actual en un nuevo Estado democrático, donde los palestinos gobiernen en pie de igualdad con los judíos israelíes, y en el que todos tengan una sola identidad nacional y los mismos derechos.

Mientras tanto, la idea original de crear un hogar nacional para el pueblo judío ha perdido fuerza y se ha desviado hacia la creación de un país nacionalista y militarista que recientemente se ha convertido en hogar de quienes intentan medrar económicamente e imponer ideas religiosas extremistas. De un modo similar a los puritanos que llegaron a América buscando la libertad religiosa y personal para luego eliminar a la población de nativos americanos y dar lugar a una empresa como la Colonia de la Bahía de Massachussets, los sionistas, que también llegaron a Palestina buscando la libertad religiosa y personal, han creado una Colonia del Mar Mediterráneo que elimina a la población indígena y parece especialmente interesada en los negocios de una élite gobernante. Israel parece transitar desde el intento de liberación de un pueblo hacia una indeseable empresa colonial de varias camarillas, lo cual plantea una serie de preguntas fundamentales: ¿Ha retomado el conflicto de Oriente Medio su carácter original de guerra de liberación? En caso afirmativo, ¿puede tener éxito? y ¿cuál será el resultado?. Por último, ¿puede hoy en día calificarse a Israel como un asentamiento colonial?

La historia proporciona indicios para responder a estas preguntas. Desentrañar estos indicios indicaría lo que puede ocurrir.

Guerras de liberación

Las guerras de liberación no tienen límite en el tiempo. Si una parte de la población oprimida tiene suficientes estímulos para continuar luchando, la historia demuestra que su guerra de liberación finalmente puede tener éxito. Las tribus que habitaban Estonia en el siglo XIV competían por el territorio. Los ataques de los cruzados forzaron a los paganos estonios a convertirse al Catolicismo y unieron a las tribus en una lucha común contra el invasor y su brutalidad. Los estonios combatieron contra los sucesivos invasores y gobernantes durante otros 600 años, hasta agosto de 1991, cuando se liberaron de la autoridad soviética y una vez más proclamaron ser una nación. Unos 350.000 rusos, que constituyen el 25% de la población de Estonia, permanecen en el país.

La penetración francesa en el norte de África en 1830 permitió que los argelinos poco a poco tomaran conciencia de sus derechos de soberanía. A pesar de ofrecer la nacionalidad francesa a los argelinos, éstos se dispusieron a librar una exitosa guerra de independencia [4] . El 3 de julio de 1962, el presidente francés declaró que Argelia era una nación independiente. La mayoría del 1.025.000 colonos franceses (pied-noirs) abandonó Argelia.

La expulsión o la colonización de una población indígena, seguida por una grave opresión, casi siempre forja una fuerte identidad nacional en personas que poseen un idioma, unas costumbres, una cultura, una perspectiva social y una historia comunes. El sometimiento conduce a la destrucción total y la idea de libertad estalla en una guerra muy intensa por la independencia.

Arafat Arafat comprendió que la promesa de independencia no podría cumplirse fácilmente y que a su pueblo le esperaba una catástrofe. Esta revelación dio forma a Hamas, que ha mostrado con sus acciones y declaraciones una renovación de lo que se entiende por guerra palestina de liberación. Para la mayoría de los palestinos, la liberación nacional promete un único Estado democrático con igualdad para todos en el territorio ocupado por el antiguo Mandato británico. Israel responde que tiene derecho a combatir a los grupos terroristas. Las acciones israelíes atacando Gaza y Cisjordania, y destruyendo infraestructuras humanitarias y de asistencia social como escuelas, orfanatos o clínicas, demuestran que Israel está luchando contra un movimiento de liberación nacional.

No hay duda de que el actual gobierno israelí está oprimiendo severamente al pueblo palestino. Esta acusación está bien documentada, aceptada y más allá de cualquier debate [5] . Otra cuestión es si la experiencia sionista original, aunque pudo haber sido razonable y bien intencionada, ha degenerado en una empresa colonial que alimenta una guerra de liberación. Podrían escribirse varios libros sobre este tema, aunque un análisis breve y metódico puede proporcionar una respuesta satisfactoria a la cuestión.



Del sionismo al colonialismo

El sionismo es presentado por el pueblo judío como un movimiento de masas. La historia contradice esta imagen. Los primeros sionistas de finales del siglo XIX y principios del XX eran un pequeño grupo de intelectuales europeos que apoyaba a una serie de movimientos sionistas rivales. Sus convicciones procedían de experiencias personales e intelectuales que cada uno pensaba sinceramente que representaban o debían representar al mundo judío. No muchos de los 11,2 millones de judíos de aquel entonces los apoyaban, y tenían buenas razones para ello. Los judíos se estaban emancipando, se integraban en la atmósfera democrática del nuevo siglo y estaban siendo rápidamente reconocidos en las ciencias, la educación, la literatura, el arte, las leyes y la política. El mensaje sionista impedía su avance. El sionismo ponía en cuestión la lealtad de los ciudadanos judíos a sus respectivas naciones y reforzaba una teoría racista según la cual los judíos participaban en conspiraciones internacionales. Theodore Herzl

“El primer Congreso Sionista (1887) tendría que haberse celebrado en Munich, Alemania. Sin embargo, debido a la considerable oposición de los líderes de la comunidad local, tanto ortodoxos como reformistas, se decidió trasladar el evento a Basilea, Suiza. Theodore Herzl actuó como presidente del Congreso, al que asistieron unos 200 participantes (sólo 69 de los cuales eran delegados).” [6]

“Los movimientos de emancipación del siglo XIX liberaron a los judíos de Europa Oriental y Central y les permitieron integrarse en la sociedad europea. Los judíos rusos, quienes tenían graves problemas, no consideraban el sionismo como un alivio a sus dificultades. Entre 1881 y 1914, dos millones y medio de judíos emigraron desde Rusia –dos millones a América y sólo treinta mil a Palestina (quince mil regresaron a Rusia). Otros quinientos mil se dirigieron a las grandes capitales de Europa Occidental.” [7]

En 1914, el experimento sionista, debido al bajo número de emigrantes a Palestina, parecía acabado, pero la destrucción del Imperio Otomano, la Declaración Balfour y la creación de un Mandato británico para Palestina resucitaron el objetivo sionista [8] . Sin embargo, la entrada de judíos en el Mandato no fue del todo debida a la fe en la causa sionista. El Mandato británico creó un vacío de poder político y socioeconómico en Palestina. Los judíos hablantes de inglés y los colonos de Europa oriental, no todos ellos impulsados por una convicción sionista, llenaron ese vacío de poder. En 1920, después de que la población judía creciera hasta las 60.000 personas en una Palestina habitada por 585.000 árabes, un reportero señaló que los antiguos colonos se sentían incómodos con los inmigrantes que llegaron más tarde. Estos últimos estaban menos dispuestos a trabajar en la agricultura y no tenían capacidad para sustentarse con la tierra disponible:

“Puede que en general no sea conocido, pero un buen número de los habitantes judíos de esta tierra no se muestra ansioso de ver una inmigración masiva hacia el país. Esto se debe en parte al temor de que el resultado de tal inmigración pudiera ser la sobresaturación del mercado industrial y agrícola; el caso es que algunos de los colonos más antiguos y respetados se han disgustado con la reciente llegada a Palestina de sus correligionarios, individuos descontentos procedentes de Rusia y Rumania que han entrado bajo los auspicios de la Comisión Sionista procedentes de las ciudades del sureste de Europa, y que no pueden ni quieren trabajar como agricultores o granjeros.

[...] el conjunto de la población se resistirá al plan de la Comisión Sionista de una inmigración masiva de judíos hacia Palestina, a razón de cien mil al año y hasta llegar a un total de tres millones, número que según ellos el país puede asumir si se cultiva al máximo.

Los actuales colonos judíos protestarían por un experimento semejante, pero los árabes cristianos y musulmanes harían algo más que protestar. Si fueran capaces, impedirían por la fuerza la inundación masiva de su país por colonos judíos a los que consideran forasteros y europeos.” [9]

Territoros Palestinos La siguiente ola de inmigración procedía de los judíos europeos perseguidos antes de la Segunda Guerra Mundial y de las personas desplazadas tras la contienda. En ambos casos, los sionistas del Mandato británico prestaron un admirable servicio facilitando un refugio a los judíos evadidos. Si los británicos no hubieran obstaculizado esta inmigración, muchas más personas podrían haberse fugado hacia el Mandato. Sin embargo, no existe ningún indicio de que todos estos inmigrantes llegaran expresamente para crear un hogar nacional judío. Igual número huyó a otros países, y de los que llegaron al Mandato, muchos lo hicieron a falta de otra opción; la crisis económica, las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial, las leyes restrictivas con respecto a la inmigración y el caos de la postguerra limitaron sus posibilidades de emigrar hacia otras naciones ya consolidadas.

La indiferencia fue el cruel modo de llevar a los desplazados judíos que habían sufrido las brutalidades de la Segunda Guerra Mundial hacia otro ámbito de violencia y un futuro incierto. Los desplazados judíos estuvieron temporalmente a salvo en los campos de refugiados. En 1947, estos campos comenzaron a vaciarse en dirección a las naciones de América del Norte que habían revisado las leyes de inmigración para admitir a las personas desplazadas.

La creación de Israel y el desplazamiento de los palestinos llevó a las naciones árabes a revisar su compromiso con sus ciudadanos judíos [10] . Las incertidumbres a las que se enfrentaban, debido al conflicto árabe-israelí, impulsó a estos ciudadanos (mizrahim) a abandonar sus hogares en Oriente Medio y el norte de África y emigrar a Israel. La libertad fue un estímulo, pero no necesariamente el principal factor. Una consecuencia de esta emigración desde territorio árabe ha sido la destrucción de una fuerte presencia y una arraigada historia judía en Bagdad, El Cairo, Kairawan, Túnez y otros lugares. Áreas que mantuvieron segmentos de población judía e hicieron posible su supervivencia durante varios siglos se convirtieron en un recuerdo.

Judios Falashas Las posteriores emigraciones a Israel desde Etiopía (judíos falashas) y la antigua Unión Soviética se debieron sobre todo a razones económicas y no tanto a un deseo de participar en la creación de un hogar nacional judío. Los falashas , que no se identifican genéticamente con los demás judíos, estaban atrapados en una hambruna [11] . La mayoría de los emigrantes soviéticos preferían ir a los Estados Unidos, pero sólo se les permitió ir a Israel.

Otra inmigración a gran escala de judíos ultra-ortodoxos llegó a Israel tras la guerra de 1967. Este grupo ha resultado ser problemático. Sus costumbres especiales los separan de los israelíes laicos y de gran parte del mundo judío.

En lugar de integrar a los judíos en una relación compatible entre correligionarios diversos, Israel eliminó las culturas de los inmigrantes y creó un nuevo judío: el judío israelí. El gobierno impuso condiciones artificiales, incluyendo el renacimiento y la revisión de la lengua hebrea, para establecer una identidad específica e implicar a sus ciudadanos judíos en una nación que negaba las identidades previas. Mantener vivo el trauma y construir toda una identidad en torno a él está en el corazón de la corriente principal del judaísmo:

“Desde que tengo memoria, en Israel se nos ha dicho que los judíos no tienen otro sitio a donde ir porque el mundo no los quiere. Hace diecisiete años, cuando mi ex-marido y yo nos disponíamos a emigrar a Australia, casi todos nuestros conocidos estaban consternados por nuestra decisión. Muchos me dijeron que estaba cometiendo un gran error. El cardiólogo de mi padre, por ejemplo, se mostró absolutamente conmocionado cuando conoció la noticia. Me llevó aparte y dijo que no comprendía cómo podía marcharme; que él nunca estaría dispuesto a vivir en ningún lugar donde pudiera haber un solo antisemita. Como muchos otros, pensaba que los judíos sólo pueden vivir a salvo en Israel.” [12]

La clase dirigente de Israel unió a los mizrahim dispersos y a otros miembros del mundo judío. Sin embargo, los mizrahim, que incluyen a los judíos sefardíes cuya herencia se remonta a la época dorada en España antes de la Reconquista católica, han visto interrumpida su trayectoria histórica y su herencia se ha convertido en un débil recuerdo [13] . Los judíos están ahora divididos entre los del oeste, o judíos ashkenazi, y los del este, o judíos israelíes. Los dos mundos judíos tienen poca relación entre sí desde un pasado reciente, no tienen ningún objetivo común en el presente y no es previsible que muestren una identidad común en el futuro.

La historia demuestra que sólo una relativa minoría de los judíos que abandonaron sus hogares y emigraron a Israel eran fervientes sionistas. The Economist (11 de enero de 2007) menciona que sólo el 17% de los judíos estadounidenses se considera pro-sionista y sólo el 57% dice que “interesarse por Israel es un aspecto muy importante de ser judío”. El término “nación judía” no ha sido adecuadamente definido e Israel no ha sido aceptado como criterio para definir la moral y la cultura judías o como creador de un ambiente judío.

Resulta cada vez más difícil aclarar quién es israelí. De acuerdo con el Resumen Estadístico de Israel del 2007 [14] , 1.875.000 judíos israelíes son israelíes de segunda generación (aquellos que al menos uno de sus padres nació en Israel); no muchos más del 1.400.000 árabes israelíes, la mayoría de los cuales pueden remontar su ascendencia en Israel a varias generaciones atrás. Los nativos árabes israelíes son casi los mismos que los judíos, si entendemos por nativos quienes tienen al menos dos generaciones nacidas en Israel, y también considerando que algunos de entre el 1.875.000 judíos israelíes de segunda generación viven fuera del país. La inmigración judía a Israel se ha detenido casi por completo (quizás unos 20.000 al año) y la emigración judía fuera de Israel ha aumentado considerablemente. Muchos inmigrantes de la antigua Unión Soviética han regresado a Rusia y Alemania, donde ahora hay más de 100.000 judíos. Israel proclama tener 5,4 millones de judíos, y oficialmente admite que 600.000 viven fuera del país. Esa estadística podría haber sido elaborada a la baja, y la cifra de un millón y medio de judíos israelíes fuera del país podría ser más exacta. Sin embargo, Israel se comporta como si hablara en nombre de todos los judíos, aunque no representa a una gran parte de los 15 millones de judíos que hay en el mundo.

Mediante su Ley de Retorno, Israel acoge sin restricciones a todos los judíos. El Estado israelí convoca a todos los judíos a su territorio, pero no ha fundado una patria a cuya llamada esté respondiendo actualmente un número suficiente de judíos. Por lo tanto, si Israel no se ha convertido en lo que pretendía, una patria para el pueblo judío, ¿qué es, entonces?

Muchos argumentos pueden definir el estatus de Israel. Desde el punto de vista israelí, es un hogar para el pueblo judío. Desde la perspectiva palestina, es un territorio que se le niega al pueblo palestino. Para los palestinos, los franceses que se trasladaron a Argelia, los boers que se desplazaron a Sudáfrica y los ingleses que llegaron a América fueron todos ellos considerados colonos. Los israelíes en Cisjordania también son considerados colonos. Los judíos en Israel están viviendo en tierras usurpadas a los palestinos e Israel no puede acoger más inmigración judía sin apoderarse de más tierras palestinas, lo cual está haciendo a diario. Si la mayoría de los judíos llegó principalmente por razones económicas y políticas y no expresamente para formar parte de un hogar nacional judío o para expresar su libre determinación, ¿no son también ellos colonos? ¿No confirman los hechos la perspectiva palestina que considera a Israel como una empresa colonial?

El sufrimiento provocado por la ocupación y el hecho de percibir a Israel como un colonizador impulsan a los palestinos a una guerra de liberación. La esperanza de éxito es mayor debido a la incapacidad israelí de reunir la suficiente cantidad de judíos de todo el mundo para trabajar por un hogar nacional judío. La desesperación que augura el fracaso es dictada por la cruel actuación y la violencia diaria de Israel que machaca a los palestinos. A pesar del intento de presentar el conflicto como una guerra contra el terrorismo, la ferocidad de la campaña israelí confirma que Israel está combatiendo contra un movimiento de liberación, con tácticas diseñadas para destruir por completo la existencia de los palestinos. Israel emplea los medios más agresivos para evitar una guerra de liberación que hiciera fracasar el destino que ha elegido para sí mismo.

Entonces, ¿qué puede suceder?

Si Israel tiene éxito en destruir la vida de los palestinos, todo el mundo pierde. La esperada patria para los judíos seguiría siendo un alto económico en el camino para algunos de ellos, Israel continuaría enfrentándose a sus antagonistas en todo Oriente Medio y los palestinos que han alimentado y cultivado una tierra durante siglos serían derrotados. La continua represión contra los palestinos hasta sus últimas consecuencias aumentaría de por vida el resentimiento y los ataques contra los judíos. Si los palestinos tienen éxito y se liberan, no todo el mundo gana. Se truncarían las expectativas de un Israel más grande, pero la vida humana no se vería aplastada. Israel ya no podría reivindicar un hogar nacional para los judíos, pero ese proyecto ya ha provocado varios enfrentamientos y parece estar condenado al fracaso. Cualquier posibilidad de éxito supondría nuevas y terribles consecuencias para los palestinos y probablemente para el mundo entero.

Contrariamente a las predicciones, es probable que surja un nuevo Estado democrático que permita el regreso de los palestinos a sus tierras usurpadas, facilite que todos sus ciudadanos estén representados y les ofrezca la igualdad. Las masas palestinas no son extremistas religiosos o políticos y su adhesión a Hamas se debe sobre todo a su ausencia de corrupción y a las instituciones benéficas de esta organización. Los judíos que temen perder su estatus mayoritario e imaginan que su bienestar está en peligro podrían emigrar. ¿Es esa posibilidad más dura que la situación actual de permanente conflicto y probable eliminación de los palestinos? Es posible que muchos palestinos salgan también de Tierra Santa si consiguen tener una identidad nacional y un pasaporte que les permita emigrar.

Si los palestinos tienen una causa justificada y se liberan, ¿cambiará de manera apreciable la situación de los judíos en otras naciones, quienes todavía representan la abrumadora mayoría de la sociedad civil judía? Es poco probable, aunque posiblemente se reduciría el sentimiento anti-judío y disminuirían los ataques contra instituciones judías. La situación de los judíos en Israel cambiaría de una posición de dominio a otra de igualdad compartida. La situación mundial cambiaría enormemente por una simple razón: se habría dado un gran paso para alcanzar la paz en el Oriente Medio y reducir el terrorismo internacional.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA


- Nur Masalha, Israel: teorías de la expansión territorial , Bellaterra, Barcelona, 2002.
- Ghaleb Jaber Ibrahim, Palestina, crónica de una injusticia , Ir Indo, Vigo, 2002.
- Nur Masalha, Política de la negación: Israel y los refugiados palestinos , Bellaterra, Barcelona, 2005.
- Rafael Escudero Alday (ed.), Segregados y recluidos: los palestinos y las amenazas a su seguridad , La Catarata, Madrid, 2008.
- Arturo Vinuesa, Palestina: el holocausto ignorado , Fundamentos, Madrid, 2008.

NOTAS.-


[1] Traducción y adaptación del inglés. Fuente: http://www.countercurrents.org/lieberman310708.htm (Nota de la Redacción).

[2] Dan Lieberman es el editor de Alternative Insight, un boletín mensual publicado en internet. Desde el año 2000, Dan ha escrito numerosos artículos sobre el conflicto de Oriente Medio que se han difundido en distintas páginas web y medios de comunicación de todo el mundo.

[3] Para un análisis crítico sobre la organización Hamas, véase Matthew Levitt, Hamás , Belacqva, Barcelona, 2008; Carmen López Alonso, Hamás, la marcha hacia el poder , La Catarata, Madrid, 2007. (Nota de la Redacción).

[4] Para más información, véase VV.AA, La guerre d'Algérie (DVD), 2005; José Luis Gómez Puyuelo, La república pretoriana. Ejército y poder político en Argelia (1954-1978) , Ibersaf, Madrid, 2009, Franz Fanon, “ La mujer argelina: su papel como factor de resistencia anticolonial ”, revista Alif Nûn nº 43, noviembre de 2006. (Nota de la Redacción).

[5] Véase, por ejemplo, los muchos informes de Amnistía Internacional sobre los territorios ocupados:
( http://www.es.amnesty.org/paises/israel-y-territorios-ocupados/ ). (Nota de la Redacción).

[6] Fuente: http://www.jewishvirtuallibrary.org/jsource/Zionism/firstcong.html

[7] Bernard Avishai, The Tragedy of Zionism.

[8] “Parece que no existe mucha duda de que el poder impuesto por parte de los Estados europeos, el cual comenzó a sentirse en Oriente Medio a finales del siglo XIX, promovió un nuevo plan para la región: el plan sionista. No es necesario recordar que si occidente no hubiera derrotado al Imperio Otomano en 1918, el Estado de Israel nunca habría sido creado. Éste fue el resultado de una promesa hecha por Lord Balfour el 2 de noviembre de 1917 en nombre del gobierno de Su Majestad, el cual permitió finalmente la creación del Estado de Israel. En ella se afirma: ‘El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo.’” Joseph Maila, “ Los árabes cristianos (II) ”, revista Alif Nûn nº 57, febrero de 2008. (Nota de la Redacción).

[9] Anstruther Mackay, “Zionist Aspirations in Palestine”, en The Atlantic Monthly , julio de 1920. (Nota del autor).
Véase la traducción completa de este texto al castellano: Anstruther Mackay, “ Las aspiraciones sionistas en Palestina ”, revista Alif Nûn nº 67, enero de 2009. (Nota de la Redacción).

[10] En muchos casos, estas comunidades judías pagaron las consecuencias y sufrieron la represión, lo cual ha sido denunciado por muchos intelectuales árabes. Véase, por ejemplo, Edward Said, “Las consecuencias de 1948”, revista Alif Nûn nos 59 (abril de 2008) y 60 (mayo de 2008) . (Nota de la Redacción).

[11] “Los judíos negros de Etiopía, los llamados falashas, tampoco tuvieron un reconocimiento rápido y completo por parte de Israel, pero la mayoría de los judíos etíopes fueron finalmente trasladados a Israel en los años ochenta, a raíz de la Operación Moisés y posteriores traslados. Unos pocos judíos etíopes emigraron a los Estados Unidos y se nacionalizaron estadounidenses.” Ali A. Mazrui, “ El factor africano en los Estados Unidos ”, revista Alif Nûn nº 45, enero de 2007. (Nota de la Redacción).

[12] Avigal Arbanel, The Charter of the Israeli State.

[13] Para más información, véase Haim Zafrani, “ Los judíos del occidente musulmán ”, revista Alif Nûn nº 44, diciembre de 2006. (Nota de la Redacción).

[14] Véase http://www.cbs.gov.il/reader/shnaton/templ_shnaton_e.html?num_tab=st02_24x&CYear=2007

Leer más...

lunes, 15 de febrero de 2010

Un año de “paz económica” de Netanyahu y Fayyad


Salam Fayyad

15-02-2010
Ziyaad Lunat
The Electronic Intifada
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu fue elegido en base a un programa de “paz económica” con los palestinos en Cisjordania. Sostenía que desarrollar la economía palestina proporcionando a los palestinos mejores empleos y un mejor nivel de vida haría que los “problemas” entre israelíes y palestinos fueran “más accesibles a soluciones”.

El pasado mes de agosto Salam Fayyad, que fue nombrado primer ministro de la Autoridad Palestina (AP) y fue un alto cargo del Fondo Monetario Internacional, lo siguió rápidamente con su propio plan complementario. Sus políticas se ganaron los elogios del presidente israelí Shimon Peres que llamó a Fayyad un “Ben Gurionista” palestino, en referencia al primer ministro fundador de Israel. La paz económica se ganó un amplio respaldo de Naciones Unidas, de los dirigentes europeos así como del presidente estadounidense Barack Obama, representantes de los cuales forman el autoproclamado “Cuarteto” que dicta los términos del “proceso de paz”.

Tony Blair, el enviado del Cuarteto para el proceso de paz en Oriente Medio, calificó a Fayyad de “persona absolutamente de primer orden, profesional, valiente e inteligente”. Blair tampoco escatimó elogios a Netanyahu, al que calificó de “conciliador”.

Entre la elite política e incluso entre los Estados Árabes se ha formado una opinión general de mejorar la calidad de vida de los palestinos, aun estando bajo una ocupación militar, es la solución largamente buscada para las desgracias palestinas. Netanyahu nombró al ex primer ministro Silvan Shalom para dirigir el grupo de trabajo de paz y coordinarse tanto con Blair como con la AP.

El plan Netanyahu-Fayyad ha sido un imán para el capital extranjero. El pasado mes de julio el Congreso estadounidense aprobó un depósito de 200 dólares en el tesoro de la AP, bajo el control directo de Fayyad. En septiembre los países donantes prometieron a la AP al margen de la Asamblea General 400 millones de dólares para finales de 2009. El mes pasado la Unión Europea transfirió 21 millones de euros para “ayudar a la AP a pagar los salarios y pensiones de enero de 80.551 funcionarios y pensionistas palestinos”.

Esta política de desarrollo económico de “Primero Cisjordania” sustituyó a la fallida política de Bush de promoción democrática. En 2006 los palestinos de Cisjordania y Gaza eligieron a Hamás, pero Israel y sus aliados occidentales boicotearon al movimiento porque no se conformaba a las exigencias del Cuarteto, muchas de las cuales son contrarias al derecho internacional.

El Cuarteto cambió su estrategia hacia encontrar socios “moderados” que pudieran implementar su visión de “paz”. Una de estas personas es el presidente de la AP Mahmoud Abbas, cuyo mandato expiró por segunda vez el mes pasado (tras haberlo prolongado de manera dudosa a otro año a principios de 2009).

Los donantes occidentales también escogieron cuidadosamente a Salam Fayyad para el puesto de primer ministro a pesar de que su partido Tercera Vía obtuvo menos del 3% de los votos en las elecciones legislativas de 2006. Su control exclusivo de los fondos palestinos le da un inmenso poder para implementar políticas para su propio crédito al tiempo que, como se teme en algunos círculos de la AP, cada vez se especula más con la idea de que Occidente lo está preparando para sustituir a Abbas.

La “paz económica” unida a la política de desarrollo económico de “Cisjordania Primero” sirve también como una advertencia a los palestinos. O bien se ajustan a un programa político aprobado por Israel y los donantes occidentales o bien se arriesgan a compartir la misma suerte espantosa que Gaza, bajo un atroz bloqueo desde junio de 2007. Bajo una intensa presión, Hamás está moderando gradualmente sus posturas, con cautas aperturas a Israel y Occidente con la esperanza de ser incluido en el proceso y quizá de una porción de recompensas económicas.

Los resultados del primer año de paz económica de Netanyahu son visibles. Aunque no ha habido progresos en el frente político, la cooperación económica y de seguridad con la AP nunca ha sido mejor. Las fuerzas de seguridad [palestinas] adiestradas por Estados Unidos han mantenido un control férreo sobre las ciudades de Cisjordania, y han aplastado a los disidentes y mantenido el “orden”. Cuando el ejército israelí invade por la noche, las fuerzas de seguridad palestinas se retiran rápidamente. Los servicios de inteligencia conjuntos han permitido campañas de detención de miembros de la resistencia.

El diario The Guardian informaba de que las fuerzas de seguridad palestinas han estado trabajando estrechamente junto con la CIA para torturar a los disidentes palestinos. Cuando el pasado mes de diciembre unos palestinos mataron a un colono, las fuerzas de Abbas trabajaron “horas extras” para encontrar a los culpables y en el proceso detuvieron a cientos de palestinos. Un portavoz de la AP describió la situación de seguridad hasta este ataque como “casi perfecta”, refiriéndose al diligente papel de las fuerzas de seguridad palestinas en evitar ataques a israelíes pero ignorando los ataques diarios que sufren los palestinos a manos del ejército israelí y de los colonos. Las drásticas medidas de Abbas no impidieron que un escuadrón de la muerte israelí invadiera Nablus y asesinara a tres palestinos a sangre fría en un acto de venganza.

Israel considera a la AP un socio de confianza por sus diligentes esfuerzos para proporcionar seguridad a los israelíes, incluyendo los colonos comprometidos activamente en colonizar Cisjordania. Esta idea motivó a Netanyahu para ordenar el desmantelamiento de una docena de controles de carretera y el levantamiento de checkpoints estratégicos para facilitar los movimientos entre ciudades palestinas. Dentro de Cisjordania sigue habiendo más de 578 “obstáculos de cierre”. Según Naciones Unidas, “aunque algunas de estas medidas han contribuido a facilitar los movimientos, exigen un precio a los palestinos en términos de perdida de tierra, alteración de las carreteras tradicionales y profunda fragmentación del territorio de Cisjordania”. Sin embargo, estos “gestos de buena voluntad” contribuyen a dar la impresión de mejoras.

Otras políticas dirigidas al 17% de Cisjordania controlada por la AP, denominada Zona A según los Acuerdos de Oslo de 1993, incluyen la apertura de un centro comercial en Jenin y de un cine en Nablus. Netanyahu planea otras 25 iniciativas económicas en Cisjordania incluyendo más centros comerciales, una pequeña zona industrial en la zona de Belén, una importante zona industrial en la zona de Jenin y una zona de exportación y proceso agrícola en Jericó. Con cada ceremonia inaugural de cortar la cinta a la que asiste Fayyad refuerza el discurso de normalidad propagado por la AP y los medios de comunicación afiliados a Fatah que lo oponen a la destrucción y desesperación de la Gaza bloqueada por Israel y controlada por Hamás.

Existe el temor de que estos proyectos estén atrayendo a especuladores extranjeros. “Mi mensaje es muy claro: tienen ante ustedes un premio económico, existe un doble dividendo para ustedes como compañías”, afirmó el primer ministro británico Gordon Brown ante una conferencia de inversores en Belén. Este “premio” es la creación de mercado de valores palestino. El Fondo de Inversión Palestino (PIF, en sus siglas en inglés), el organismo que dirige este esfuerzo, espera entregar un rendimiento anual del 15%. El PIF planea usar tanto depósitos en metálico en bancos locales como dinero de inversores para fomentar el crecimiento del gasto de los consumidores. “Nuestros bancos tiene depósitos en metálico de 7.000 millones de dólares y ellos afirman que no hay suficientes oportunidades para invertir”, afirmó Mohammad Mustafa, presidente del Fondo y ex alto cargo del Banco Mundial.

Las inmobiliarias son el principal objetivo de la inversion extranjera corporativa. Rawabi, la primera ciudad palestina que se ha planeado, es el proyecto bandera de Fayyad. El Washington Post informaba de que Rawabi “está diseñada específicamente para familias de movilidad social ascendente de un tipo que en Estados Unidos puede gravitar en lugares como Reston, Virgina. Las urbanizaciones se basan en otra importación estadounidense, las hipotecas de vivienda, incluyendo la creación de una institución al estilo de Fannie Mae* en Cisjordania”. USAID, una filial del gobierno estadounidense, está canalizando fondos a través de organizaciones no gubernamentales (ONG) para la promoción de una cultura de las hipotecas en Palestina para mantener esas iniciativas desde abajo. Un ejemplo de ello es CHF International, una ONG de desarrollo dirigida corporativamente que está organizando grupos centrados a nivel comunitario y adiestramiento técnico como parte de su programa de “educación del comprador de una casa”.

Al cabo de un año el coste del plan Netanyahu-Fayyad está quedando claro. Se está animando a familias de bajos ingresos y a pequeñas empresas a pedir préstamos para avivar una economía de alto riesgo. Israel ha demostrado una y otra vez que no dudará en atacar las infraestructuras palestinas en caso de que los palestinos disientan del actual consenso a su favor. Las familias se arriesgan a perder sus posesiones como aval por sus deudas. Las empresas responsables del colapso financiero global están aplicando sus modelos fallidos en Palestina. Abraaj Capital, un fondo de inversión con base en Dubai que recientemente provocó el temor de que fuera moroso morosidad con sus deudas, anunció un fondo de patrimonio neto privado de 50 millones de dólares dedicado a “aumentar el nivel de vida”, como un reflejo del comportamiento depredador que llevó al colapso del sistema de las hipotecas subprime en Estados Unidos.

Los inversores, tanto palestinos como internacionales, están dirigiendo los esfuerzos para normalizar las relaciones económicas con Israel en violación del llamamiento de la sociedad civil palestina al boicot, la desinversión y las sanciones [a Israel] (BDS). Existe la preocupación por el creciente poder que la emergente clase capitalista palestina puede tener en el proceso político ya que sus valía personal aumenta a medida que se intensifican sus relaciones económicas con Israel. Se dice que Abbas cedió a las presiones por intereses económicos cuando el pasado mes de octubre perdió el derecho a que se discutiera en Naciones Unidas el Informe Goldstone, lo que causó la ira popular.

El modelo de paz económica llega con una dosis de imperialismo cultural. Los palestinos no tienen derechos básicos pero se les dice que pueden disfrutar de lo mundano y lo superfluo en cines y centros comerciales. Esto se ve más vívidamente en la rodeada por el Muro ciudad de Ramala, la sede del gobierno de la AP. Están apareciendo clubes de lujo para ofrecer servicios a la elite occidentalizada. Estos espacios levantan invisibles barreras de clase y de estatus social con los que la mayoría de la gente no se puede relacionar o simplemente no se puede permitir. Este tipo de estratificación social lleva inevitablemente a la creación una cultura individualista y dirigida por el interés personal y a la satisfacción por el statu quo. La disponibilidad de ingresos incluso ha fomentado la presencia de cadenas rusas de prostitución en la ciudad. Fahmi Shabaneh, ex presidente del Departamento Anticorrupción de la AP, fue obligado a dimitir el año pasado tras descubrirse un escándalo sexual de uno de los asesores de más alto rango de Abbas en Ramala. Como era de esperar la AP denegó las acusaciones. Shabaneh afirmó que “Abbas se ha rodeado de muchos ladrones y altos cargos que están implicados en el robo de fondos públicos y que se han convertido en iconos de la corrupción financiera”.

También se está fomentando una división entre las poblaciones urbanas y rurales. Los palestinos que viven en el 60% de Cisjordania oficialmente controlado por Israel, también conocido como Zona C, son desposeídos continuamente de sus tierras y se les está empujando gradualmente a los enclaves controlados por la AP. El enfoque casi exclusivo en el sector servicios del plan de Fayyad mientras que ignora a la comunidad agrícola llevará inadvertidamente a la aceleración de la desertificación de las zonas rurales ya que se empuja a los jóvenes a nuevos trabajos en las ciudades. Se está acelerando el proceso de bantustanización con la construcción del Muro del Apartheid de Israel. La población rural, representada por los comités populares, dirige ahora la resistencia contra el cercenamiento de los derechos por parte de Israel. Se les ha dejado sin representación política efectiva y se encuentran en la primera línea de las políticas anexionistas de Israel. Estas dos realidades dicotómicas, la urbana y la rural, han hecho que ciertos sectores de la población de centros urbanos como Ramala sean completamente ajenos a lo que ocurre a sólo unas millas.

La elección de Hamás en 2006 demostró lo vital que es para la AP su dependencia de donantes extranjeros. También demostró lo fácilmente que los donantes extranjeros pueden cerrar el grifo del dinero y causar la destrucción casi total del tejido social palestino como en Gaza. El plan que se está forjando para Cisjordania alimenta aún más esta dependencia y aumenta el coste de la mantener la lucha palestina de liberación. Si las masas despertaran del actual engaño, muchas de las elites ricas no dudarían en volverse contra sus hermanos para proteger su estatus y su poder. Además de la actual separación política y territorial que afecta a los palestinos, la emergente estratificación económica es otro desafío en el camino a la unidad y liberación palestina.

* N. de la t.: Fannie Mae, creación fonética, a partir de la sigla de la empresa Federal National Mortgage Association (FNMA) (NYSE: FNM), que significa Asociación Federal Nacional Hipotecaria, es una empresa cuya propiedad (por mandato del Congreso de Estados Unidos) está en manos de accionistas, y que tiene como fin proporcionar financiamiento al mercado de la vivienda. Es una de las empresas estadounidenses al borde de la bancarrota con la última crisis, véase http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/newsid_7502000/7502729.stm

Ziyaad Lunat es un activista por Palestina. Su correo electrónico es z.lunat@gmail.com

Enlace con el original: http://electronicintifada.net/v2/article11065.shtml

Leer más...