Aprovecho el artículo de Santiago Alba Rico para colar algunas reflexiones personales. Me disculpan.
Sigue la polémica sobre el derecho de los individuos a su imagen y a la manifestación de sus creencias religiosas, obviando la cuestión principal, es decir, que una escuela laica, significa que el Estado no privilegia la enseñanza de ninguna religión ni sus símbolos (aunque esa religión sea el darwinismo), no que los estudiantes no puedan tomar partido por una determinada creencia religiosa y adaptar sus vidas, y entre ellas su forma de vestir, a las mismas, como, de hecho, lo hacen.
Lo que se oculta claramente tras la "polémica del velo" es una islamofobia virulenta, que desearía eliminar el Islam mismo de los corazones y que teme, como siempre Occidente ha temido, la difusión del Islam.
En España, especialmente, la derecha, mejor dicho, la derechona, porque ahora todos son de derechas, la derechona carpetovetónica de los Reyes Católicos, teme especialmente que la gente termine descubriendo, con el revivir islámico, que España fue Palestina, que se adulteró la historia con el cuento de la Conquista y la Reconquista y que se exterminó, en una cruzada interminable, no sólo a los nativos convertidos al Islam, sino hasta los brotes del recuerdo histórico. Y lo teme, sobre todo, porque continúa siendo la dueña de la tierra arrebatada a sus habitantes y de los privilegios conseguidos a sangre y fuego hace 500 años.
De ahí que el PP nos advierta histéricamente de que nos precipitamos hacia una república islámica. Tiene razón...a medias. Si cae la monarquía y Spain se transforma en una república federal, Andalucía terminará encontrando las huellas de su pasado morisco y descubriendo lo que ya dejó escrito el secuestrado padre de la patria andaluza: "Los jornaleros sin tierra andaluces son los moriscos desheredados por los Reyes Católicos." Por eso les pone tan nerviosos el pañuelito islámico.
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Laicismo y mercado
Santiago Alba Rico
Diagonal
08-05-2010
El caso de Najwa Malha, una joven española expulsada de un instituto de Pozuelo (Madrid) por cubrirse la cabeza con un velo, ha reavivado de nuevo una polémica destinada -aquí como en el resto de Europa- a colorear y ocultar una cuestión mucho más seria: la dificultad que encuentra el laicismo para imponerse, no en una sociedad religiosa, no, sino en una sociedad capitalista.
Así las cosas, la discusión sobre símbolos religiosos sirve en España sobre todo para que gobierno y oposición escenifiquen una pugna fundamentalmente hipócrita. El alcalde de Pozuelo y Esperanza Aguirre disfrazan la islamofobia del PP bajo ropajes inflexiblemente laicos, mientras que los ministros socialistas, incapaces de enfrentarse a la iglesia católica para abordar una verdadera laicización de la enseñanza, cacarean por su parte su laica tolerancia multicultural.
En todo caso, la cuestión del laicismo está mal planteada. Prohibir el uso individual de símbolos religiosos en nombre del laicismo significa en realidad -al revés- prohibir el uso laico de los símbolos y, en consecuencia, reconocer legalmente su monopolio por parte de doctrinas o instituciones religiosas. Las paredes de una escuela, materialización de la res publica, no pueden admitir identificaciones parciales o sectarias; pero el pecho y la cabeza de un niño tienen muy poca autoridad social. Una cosa es oponerse a la islamización del espacio público -o a utilizarlo, como de hecho hace el catolicismo, para difundir cosmovisiones religiosas contradictorias con el contenido mismo del curriculum escolar- y otra muy distinta impedir que los individuos decidan sobre el valor simbólico de un signo indumentario.
Al expulsar la medallita o el velo de las escuelas, lo que hace el Estado es entregar en propiedad esos objetos al cristianismo o al islam e impedir su desacralización individual; está reconociendo a la Iglesia y a la Mezquita, por así decirlo, el derecho de propiedad o copyright sobre esos símbolos y protegiéndolos de toda intervención profana. Está vedando el uso ornamental, lúdico, estético o -por qué no- blasfemo de los signos indumentarios.
Nada menos laico. Podemos decir que una escuela que impide el uso arbitrario e idiosincrásico de los símbolos representa paradójicamente a un Estado totalitario y teocrático: totalitario porque impone el valor unívoco de esos símbolos contra la libertad semiótica individual; teocrático porque de esa manera delimita y protege precisamente su exclusiva condición religiosa.
No permitir el uso de cruces y velos a los alumnos es, bien mirado, un privilegio concedido al cristianismo y al islam. En estas condiciones, a los comunistas nos gustaría que se expulsara a los chavales que visten camisetas con la imagen del Che porque de esa manera se estaría devolviendo esa imagen a la ideología por la que luchó. Si no se hace, si la escuela admite camisetas con imágenes del Che, con la hoz y el martillo y hasta con las siglas de la fenecida URSS, huelga decirlo, no es por tolerancia hacia los comunistas sino porque, completamente profanadas, esas imágenes no representan ningún peligro.
Pero ésta es la lógica del mercado y no del laicismo. La ley reconoce que la cruz pertenece al cristianismo y el velo al islam como reconoce que la imagen de Cristiano Ronaldo pertenece al Real Madrid, la botella de Fanta a la casa Coca-Cola y el Pato Donald a Walt Disney -y el Che a una marca de camisetas.
Pero si es la lógica del mercado, ¿por qué no respetarla de veras? Si el velo es el logotipo de la marca islam y la cruz el logotipo de la marca cristianismo, ¿por qué no permitir también estas marcas junto a todas las demás? Y si, como yo creo, todas las marcas son perturbadoras y peligrosas en el ámbito de la enseñanza, donde los niños se miden unos a otros a través de signos indumentarios, ¿por qué no prohibir también, junto a la cruz y el velo, los logos de Nike, de Levis, de Nestle, de Dolce & Gabbana?
No hay más que dos soluciones coherentes al dilema planteado por Najwa Malha. Una admitir todas las marcas -incluidas las religiosas- en nombre de la libertad semiótica, que es verdaderamente laica, aunque capitalista. El otro asimilar los pechos y las cabezas de los niños, mientras estén en la escuela, a las paredes públicas, materialización de la res publica, e imponerles un cómodo, barato y elegante uniforme que deje fuera todas las diferencias de religión, de clase y de marca. Lo que -para dar la razón a Libertad Digital- es, además de laico, socialista.
Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/Laicismo-y-mercado.html
rCR
sábado, 8 de mayo de 2010
Laicismo y mercado
martes, 21 de julio de 2009
La izquierda y el Islam
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Pensar fuera de la caja laica
Gilad Atzmon
Palestine Think Thank
21-07-2009
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
“La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón del mundo sin corazón y el alma de la condición desalmada. Es el opio del pueblo”, Karl Marx, 1843
Antes de emprender el análisis del tratamiento engañoso de las religiones por parte de liberales e izquierdistas, me gustaría compartir con ustedes un chiste malo. Cuidado, porque puede que ustedes no quieran compartir esta pequeña historia con sus amigas feministas.
Una activista estadounidense que visitó Afganistán a finales de los noventa estaba asolada al comprobar que mujeres caminaban a quince pies detrás de sus maridos. Pronto supo gracias a su traductor afgano que se debía a cierta pauta religiosa que ordenaba [así es como lo mostramos] respeto al “cabeza de familia”. Cuando volvió a Estados Unidos la asolada activista lanzó campaña tras campaña por los derechos de las mujeres en Afganistán. Resulta que la misma ferviente activista visitó Kabul el mes pasado. Esta vez le sorprendió encontrar una realidad completamente diferente. Ahora las mujeres caminaban 30 pies por delante de sus maridos. La activista informó rápidamente a su cuartel general en Estados Unidos: “La revolución por los derechos de la mujer es un gran éxito aquí en Afganistán. Mientras que en el pasado los hombres caminaban delante, ahora son las mujeres las que van en cabeza”. Su traductor afgano, que oyó hablar del informe, llamó a la mujer aparte y le informó de que la interpretación era completamente errónea: “Las mujeres”, dijo, camina delante debido a las minas.…”.
Por trágico que pueda parecerles a algunos, no somos tan libres como creemos ser. No somos exactamente los autores de la mayoría de nuestros pensamientos y de lo que comprendemos. Se nos imponen nuestras condiciones humanas; somos producto de nuestra cultura, de nuestra lengua, de nuestro adoctrinamiento ideológico y, en muchos casos, víctimas de nuestra pereza intelectual. Igual que la activista estadounidense de semi-ficción de antes, en la mayoría de los casos estamos atrapados dentro de nuestras ideas preconcebidas y esto nos impide ver las cosas como son realmente. En consecuencia, tendemos a interpretar y, en la mayoría de los casos, a malinterpretar culturas remotas que emplean nuestro mismo sistema de valores y código moral.
Esta tendencia tiene unas consecuencias graves. Por alguna razón “nosotros” (los occidentales) tendemos a creer que “nuestra” superioridad tecnológica junto con nuestra querida “ilustración” nos proveen de un “sistema antropocéntrico laico racional absolutamente ético ” de la más alta calidad moral.
La izquierda liberal
Podemos detectar en Occidente dos componentes ideológicos que compiten por nuestras mentes y nuestras almas; ambos afirman saber lo que está “bien” y lo que está “mal”. Los liberales insistirían en alabar la libertad individual y la igualdad civil; los izquierdistas tenderían a creer que poseen una herramienta “científica social” que les ayuda a identificar quién es “progresista” y quién es “reaccionario”.
Así las cosas, son estos dos preceptos laicos modernistas los que actúan como guardianes de nuestra ética occidental. Pero, de hecho, han logrado lo contrario. A su propia manera, cada ideología nos ha llevado a un estado de ceguera moral. Son estos dos llamamientos denominados “humanistas” los que o bien preparan conscientemente el terreno para las criminales guerras coloniales intervencionistas (los liberales), o bien no logran oponerse a ellas al tiempo que emplean ideologías erróneas y argumentos falsos (la izquierda).
Tanto los liberales como la izquierda, en sus aparentemente banales formas occidentales sugieren que el laicismo es la respuesta a los males del mundo. Sin lugar a dudas, el laicismo occidental puede ser un remedio para algún malestar social occidental. Sin embargo, en la mayoría de los casos las ideologías liberales y de izquierda no logran comprender que el laicismo es en sí mismo un resultado natural de la cultura cristiana, esto es, un producto directo de la tradición y de la apertura cristianas hacia una existencia cívica independiente. En Occidente la esfera espiritual y la civil están profundamente separadas [1]. Es precisamente esta división lo que permite el surgimiento del laicismo y el discurso de la racionalidad. Es precisamente esta división lo que ha llevado también al nacimiento de un sistema laico de valores éticos en el espíritu de la ilustración y de la modernidad.
Pero precisamente esta división es lo que ha llevado también al surgimiento de algunas formas rotundas de laicismo-fundamentalista que maduraron en crudas visiones del mundo antirreligiosas que no son diferentes del fanatismo. En realidad, es precisamente este muy engañoso laicismo fundamentalista lo que llevó a Occidente a un rechazo total de mil millones de seres humanos que están fuera de él simplemente porque llevan el velo equivocado o da la casualidad de que creen en algo que no logramos comprender.
Progresista frente a retrógrado
A diferencia del Cristianismo, el Islam y el Judaísmo son sistemas de creencia con una orientación tribal. De hecho, el interés principal de ambos sistemas de creencia es la supervivencia de la familia extensa en vez del “individualismo ilustrado”. Los talibán, a los que la mayoría de los occidentales consideran el más oscuro marco político posible, simplemente no se ocupan en absoluto de cuestiones que tienen que ver con las libertades personal o los derechos personales. Es la seguridad de la tribu junto con el mantenimiento de los valores de la familia a la luz de El Corán lo que constituye su núcleo fundamental. El Judaísmo rabínico no es en absoluto diferente. Básicamente está ahí para preservar la tribu judía manteniendo el Judaísmo como una “forma de vida”.
Tanto en el Islam como en el Judaísmo apenas existe separación entre lo espiritual y lo civil. Ambas religiones son sistemas que aportan respuestas exhaustivas en términos de cuestiones espirituales, civiles, culturales y cotidianas. La ilustración judía (Haskalah) fue en gran medida un proceso de asimilación judía a través del laicismo y la emancipación, y la generación de diferentes formas modernas de identidades judías, incluyendo el sionismo. Sin embargo, los valores ilustrados del universalismo nunca han sido incorporados al corpus de la ortodoxia judía. Como en el caso del Judaísmo rabínico, que es totalmente ajeno al espíritu de la ilustración, el Islam está en gran parte alejado de los valores de la modernidad y racionalidad eurocéntrica. En todo caso, debido a la interpretación de las Escrituras (hermenéutica) tanto el Islam como el Judaísmo están, en realidad, más cerca de la post-modernidad [2].
Ni la ideología de izquierda ni el liberalismo se relacionan intelectual o políticamente con estas dos religiones. El hecho es desastroso porque la mayor amenaza para la paz mundial la plantea el conflicto árabe-israelí; un conflicto que se está convirtiendo rápidamente en una guerra entre el Estado expansionista judío y la resistencia islámica. Y, sin embargo, tanto la ideología liberal como la de izquierda carecen de los medios teóricos necesarios para comprender las complejidades del Islam y del Judaísmo.
El liberal rechazaría el Islam por siniestro debido a su postura ante los derechos humanos y de las mujeres en particular. La izquierda caería en la trampa de denunciar la religión en general como “reaccionaria”. Quizá sin darse cuenta, tanto uno como otro caen aquí en un claro argumento supremacista. Dado que tanto el Islam como el Judaísmo son más que meras religiones, transmiten una “forma de vida” y suponen un todo por medio de respuestas a preguntas que tienen que ver con el estar en el mundo, los liberales e izquierdistas occidentales corren peligro de rechazar completamente a una gran parte de la humanidad [3].
Hace poco acusé a un verdadero izquierdista y buen activista de ser islamófobo por culpar a Hamás de ser “reaccionario”. El activista, que evidentemente apoya verdaderamente a la resistencia palestina, se defendió rápidamente afirmando que lo que a él no le gustaba no era sólo el “Islamismo”, que en realidad él odiaba por igual tanto al Cristianismo como al Judaísmo. Por alguna razón, él estaba seguro de que odiar por igual a cada religión era una cualificación humanista adecuada. En consecuencia, el hecho de que un islamófobo sea también judeófobo y cristianófobo no es necesariamente un signo de compromiso humanista. Seguí cuestionando a este hombre bueno; entonces él argumentó que lo que en realidad a él no le parecía bien era el Islamismo (esto es, el Islam político). Volví a cuestionarlo y llamé su atención sobre el hecho de que en el Islam no existe una separación real entre lo espiritual y lo político. La noción de Islam político (Islamismo) bien podría ser una lectura errónea del Islam. Señalé que el Islam político, e incluso la rara implementación de la “jihad armada”, no son sino Islam en la práctica. Tristemente éste fue más o menos el final de la discusión. Al activista de la solidaridad con Palestina le resultó demasiado difícil hacer frente a la unidad islámica de cuerpo y alma. La izquierda en general está condenada a fracasar aquí a menos que profundice más escuchando el vínculo orgánico islámico entre lo “material” y el llamado “opio del pueblo”. A una persona de izquierda hacer esto le supone nada menos que fundamental cambio intelectual.
Este cambio lo sugirió hace poco Hisham Bustani [4], un marxista independiente jordano, al afirmar: “La izquierda europea debe hacer una seria autocrítica de esta actitud de “nosotros sabemos más” y de su tendencia a considerar ideológica y políticamente inferiores a las fuerzas populares del sur”.
Palestina
La solidaridad con Palestina es una buena oportunidad para revisar la gravedad de la situación. Da la casualidad de que, a pesar del trato asesino que Israel inflige a los palestinos, la solidaridad con Palestina no se ha convertido todavía en un movimiento de masas. Puede que nunca llegue a ser tal movimiento. Dado el fracaso de Occidente de mantener los derechos de los oprimidos, los palestinos parecen haber aprendido la lección: eligieron democráticamente a un partido que les prometía resistencia. Curiosamente, muy pocas personas de izquierda estuvieron ahí para apoyar a los palestinos y su elección democrática.
Con la plantilla actual de solidaridad política condicionada, vamos perdiendo compañeros a cada recodo de este camino plagado de baches. Las razones son las siguientes:
1. El movimiento de liberación palestino es básicamente un movimiento de liberación nacional. En este reconocimiento es donde perdemos a todos los cosmopolitas de izquierda, aquellos que se oponen al nacionalismo.
2. Debido al ascenso político de Hamás ahora la resistencia palestina es considerada resistencia islámica. Ahí es donde estamosperdiendo a los laicos y los ateos furibundos que se oponen a la religión, lo que los catapulta a ser PEP (progresistas excepto acerca de Palestina) [5].
De hecho, los PEP se dividen en dos grupos:
PEP1: aquellos que se oponen a Hamás por ser “reaccionario”, sin embargo, aprueban a Hamás por su éxito operativo como movimiento de resistencia. Estos activistas están esperando básicamente a que los palestinos cambien de idea y vuelvan a ser un sociedad laica. Pero están dispuestos a apoyar con condiciones a los palestinos como pueblo oprimido.
PEP2: aquellos que se oponen a Hamás por ser una fuerza reaccionaria y rechazan su éxito operativo. Estos están esperando a la revolución mundial. Prefieren dejar a los palestinos en espera por el momento, como si Gaza fuera un centro de vacaciones al lado del mar.
Con estas fuerzas de solidaridad que se evaporan rápidamente, nos quedamos con un movimiento de solidaridad con Palestina en miniatura con un poder intelectual (occidental) lamentablemente limitado y una capacidad aún menor incluso de cualquier eficacia a nivel de base. Hace poco Nadine Rosa-Rosso [6], una marxista independiente que trabaja en Bruselas, reveló esta trágica situación al afirmar: “La vasta mayoría de la izquierda, incluyendo a los comunistas, está de acuerdo en apoyar al pueblo de Gaza contra la agresión israelí, pero se niega a apoyar su expresión política, como son Hamás en Palestina e Hizbola en Líbano”. Esto lleva a Rossa-Rosso a preguntarse “¿por qué la izquierda y extrema izquierda moviliza a tan poca gente? Es más, para ser claros, ¿son todavía capaces la izquierda y la extrema izquierda de movilizar en relación a estas cuestiones?”.
¿A dónde ahora?
“Si el apoyo de la izquierda a los derechos humanos en Palestina está condicionado y depende de que los palestinos denuncien su religión y sus creencias religiosas, su herencia cultural y sus tradiciones sociales, y adopten un nuevo conjunto de creencias, valores y comportamientos sociales ajenos que encaje con lo que la cultura de la izquierda considera aceptable, esto significa que el mundo está negando a los palestinos el derecho humano más básico, el derecho a pensar y a vivir dentro de un código ético”, Nahida Izzat [7].
El actual discurso de solidaridad de la izquierda es inútil. Él mismo se aleja de su sujeto, logra muy poco y no parece ir a ninguna parte. Si queremos ayudar a los palestinos, a los iraquíes y a los demás millones de víctimas del imperialismo occidental, realmente debemos pararnos un segundo, respirar profundamente y volver a empezar desde cero.
Debemos aprender a escuchar. En vez de imponer nuestras creencias a los demás, haríamos mejor en aprender a escuchar aquello en lo que creen los demás.
¿Podemos seguir las sugerencias de Bustani y Rossa-Rosso, y revisar toda nuestra noción del Islam, de sus raíces espirituales, de su estructura, de su equilibro unificado entre lo civil y el espíritu, de su visión de sí mismo como un “modo de vida”. Si podemos hacerlo o no es una buena pregunta.
Otra opción es reexaminar nuestra ceguera y abordar las cuestiones humanistas desde una perspectiva humanista (por oposición a política). En vez de amarnos a nosotros mismo a través del sufrimiento de los demás, que es la forma última de egoísmo, haríamos mejor en ejercer por primera vez la noción de verdadera empatía. Nos ponemos a nosotros mismos en el lugar del otro aceptando que puede que nunca comprendamos completamente a este mismo otro.
En vez de amarnos a nosotros mismos a través de los palestinos y a sus expensas, tenemos que aceptar a los palestinos por lo que son y apoyarlos por quienes son con independencia de nuestro punto de vista sobre las cosas. Ésta es la única forma verdadera de solidaridad. Su objetivo es una conformidad ética más que ideológica. Sitúa la humanidad en el centro mismo. Refleja la profunda comprensión que tenía Marx de la religión como el “suspiro de los oprimidos”. Si pretendemos tener compasión por la gente, haríamos mejor en aprender a amarlos por lo que son en vez de por lo que esperamos que sean.
Notas:
[1] Tiene algo que ver con una herencia del Bajo Imperio Romano y del desarrollo temprano del Cristianismo como un concepto expansionista que tenía el objetivo de difundirse a culturas y civilizaciones remotas.
[2] Se puede argumentar que la agenda principal tras los intentos post-modernos es desestabilizar las bases del conocimiento y la ética modernos desafiando la posibilidad de una aplicabilidad universal moderna. Como lo expresó elocuentemente Muqtedar Khan (http://www.ijtihad.org/discourse.htm) , el post-modernista trata de privilegiar el “aquí y ahora” por encima de lo global. Tanto la filosofía post-modernista como la teología religiosa, afirma Khan, “rechazan la afirmación modernista de la infalibilidad de la razón”. Como el post-modernista, el Islam y el Judaísmo son escépticos respecto a la soberanía de la razón y de los discursos de racionalidad.
[3] La extraña y muy común sugerencia marxista de que “muchas personas, aparte de nosotros” son, de hecho, “reaccionarios” por ser religiosos implica la asunción necesaria de que el propio marxismo está cómodamente instalado en una superioridad moral absoluta. Esta asunción es bastante errónea por dos razones obvias:
• Afirmar saber más que los demás basándose en la afiliación ideológica o política es nada menos que supremacía llevada a la práctica;
• La afirmación de poseer la superioridad moral X no se puede verificar científicamente a menos que esté validada por otra superioridad moral más elevada X’. Para poder sostener su “superioridad moral” un marxista debería ir más adelante y afirmar que detenta la superioridad moral aún más alta X’. Para verificar esta postura X’ tendrá que avanzar a otra X’ superior, y así sucesivamente. Nos enfrentamos aquí a una búsqueda sin fin de la validación del significado ético. Este modelo de pensamiento puede ayudarnos a entender por qué el marxismo occidental ha logrado separarse de la realidad ética y del pensamiento ético, y no abordar apenas cuestiones relacionadas con una verdadera igualdad.
El problema obvio con la implementación marxista de la dicotomía “progresista frente a reaccionario” es que el marxismo afirma, como corresponde, estar entre los progresistas y afirma convenientemente que el “adversario” se encuentra entre los reaccionarios. Obviamente, esto es ligeramente sospechoso o, cuando menos, discutible.
[4] http://palestinethinktank.com/2009/06/26/hisham-bustani-thoughts-out-of-season-critiquing-the-european-left/ (Traducción al castellano, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=83413).
[5] Phil Weiss en su blog de valor inestimable MondoWeiss blog acuñó hace poco el útil término político de PEP: progresistas excepto acerca de Palestina.
[6] http://www.countercurrents.org/rosso110209.htm
[7] http://www.tlaxcala.es/pp.asp?lg=en&reference=604
Una versión de este artículo, sin notas, se publicó en: http://palestinechronicle.com/view_article_details.php?id=15280
Gilad Atzmon es músico de jazz, compositor, productor y escritor.
Enlace con el original: http://palestinethinktank.com/2009/07/14/gilad-atzmon-thinking-out-of-the-secular-box-the-left-and-islam/
sábado, 7 de marzo de 2009
Sobre Temps sionista
Las revoluciones o los procesos revolucionarios que se dan en Irán, Venezuela o Paraguay, por poner unos pocos ejemplos, no todos, demuestran claramente que esa ecuación es falsa. Se puede ser antiimperialista y anticapitalista y al mismo tiempo ser creyente. Es más, la revolución social está abocada a un callejón sin salida si no contempla la dimensión espiritual del ser humano y el contenido moral del mensaje divino. Todo el paradigma revolucionario esta modificándose.
La posición actual anti islámica de los intelectuales de izquierda históricos no puede llegar a ser entendida si se desconoce el papel fundacional que los ideólogos judíos laicistas han tenido en el mismo.
Cuando los viejos intelectuales de “izquierda” se posicionan contra los movimientos islámicos revolucionarios, precisamente por ser islámicos, están sacando a la luz su verdadera y principal lealtad al sionismo ateo, laicista y anti islámico.
Coinciden en ello con la actitud vaticana contra la teología de la liberación.
Es evidente que, en este nuevo siglo, se está produciendo un nuevo alineamiento de las fuerzas revolucionarias caracterizado por su defensa de valores morales y religiosos y de las fuerzas reaccionarias, caracterizado por su posicionamiento antirreligioso y, sobre todo, anti islámico. Aquí, desde luego habría que hacer una precisión en el sentido que la hizo Imam Jomeini: existe un Islam revolucionario y un Islam americanizado, que el sistema acepta como un mal menor. Ese análisis también podría hacerse extensible al cristianismo y, parece, parece, que a un incipiente judaísmo antisionista.
Para compensar el carácter telegráfico de mi nota, he rescatado de mi archivo de noticias este artículo, bastante esclarecedor de una militante de izquierdas europea:
Intervención en el Foro Internacional de Beirut para la resistencia, el antiimperialismo, la solidaridad de los pueblos y las alternativas.
La posición de la izquierda europea ante las resistencias al imperialismo
Nadine Rosa-Rosso
Rebelión
27-01-2009
La pregunta clave de este foro es el apoyo a las resistencias al imperialismo en todas partes del mundo. Como militante comunista belga, independiente, quisiera abordar el problema de la posición de la izquierda europea ante este tema.
Las manifestaciones masivas en las capitales y en las grandes ciudades de Europa en apoyo al pueblo de Gaza han puesto de relieve otra vez el problema central: la gran mayoría de la izquierda, incluyendo a los comunistas, acepta apoyar al pueblo de Gaza ante la agresión israelí pero se niega a apoyar sus expresiones políticas como son Hamas en Palestina o Hezbollah en el Líbano.
No solamente la izquierda no las apoya sino que las denuncia y las enfrenta. Su apoyo al pueblo de Gaza se sitúa en el plan humanitario y no en el plan político. En cuanto a Hamas y a Hezbollah, la principal preocupación de la izquierda es el apoyo de las masas árabes a estas formaciones y no la intención deliberada y altamente proclamada de Israel de aniquilarlas.
En el plan político podemos afirmar sin exagerar que el deseo (más o menos confesado) de la izquierda se ubica en la misma línea que la del gobierno israelí: liquidar el apoyo popular a Hamas o a Hezbollah. Este asunto no solamente se debate en Medio Oriente sino en el seno de las capitales europeas, ya que la gran masa de los manifestantes de Bruselas, Londres o París la constituye poblaciones provenientes de la inmigración marroquí.
Las reacciones de la izquierda ante estas manifestaciones son todo un síntoma. Les citaré tan solo algunas, si bien son decenas los ejemplos. El sitio de Res Publica, en Francia, titulaba así después de la gran manifestación parisina del 3 de enero :
«¡Nos negamos a ser engañados por los islamistas del Hamas, del Jihad islamista y del Hezbollah!».
«Algunos militantes de izquierda o de ultraizquierda (quienes movilizaron a muy poca gente) se encontraron literalmente ahogados por una muchedumbre cuyas opiniones están en las antípodas de lo que encarna el movimiento republicano francés y de lo que pregona la izquierda del siglo XXI. Más del 90% de los manifestantes defendían una visión del mundo integrista, comunitarista, fundada en la guerra de civilizaciones, antilaica, anti-republicana, y han pregonado un relativismo cultural del cual ya conocemos todas las derivas nefastas, incluyendo en Inglaterra».
Res Publica no es marxista ni tampoco comunista, pero buscaríamos en vano en los sitios marxistas una sola palabra positiva sobre Hamas. Encontraremos afirmaciones tales como «Sea lo que sea que uno pueda pensar sobre Hamas, hay algo indiscutible: la población lo eligió democráticamente para dirigir Gaza en elecciones que se desarrollaron bajo control internacional (1).» Y cuando uno busca más lejos sobre «lo que se puede pensar de Hamas», encontramos tanto en el sitio del Partido Comunista Francés como del Partido del Trabajo de Bélgica un artículo titulado «Cómo Israel puso a Hamas en el poder». Nos explican que Hamas fue apoyado por Israel, los EEUU y la Unión Europea, punto y raya. Subrayo que este artículo fue puesto en línea el 2 de enero al cabo de una semana de bombardeos de Israel intensivos y en vísperas de una ofensiva terrestre cuyo objetivo proclamado era la destrucción de Hamas.
Vuelvo sobre la cita de Res Publica ya que resume bastante bien la actitud general de la izquierda no solo en relación con la resistencia palestina sino también con las masas árabes musulmanes en Europa.
Lo más interesante de esta cita se encuentra en el paréntesis: la izquierda y la ultraizquierda (que movilizaron a muy poca gente). Podríamos esperar, tras tal confesión, un balance algo autocrítico de esta ausencia de movilización en plena masacre del pueblo palestino.
Pero no, toda la carga se dirige contra la masa de los manifestantes (90%) a quienes se les reclama por llevar a cabo la «guerra de civilizaciones».
En todas las manifestaciones en las cuales participé en Bruselas, pedí a los manifestantes que me tradujeran los lemas en árabe y lo hicieron cada vez con gusto. Escuché mucho apoyo a la resistencia palestina y mucha denuncia a los gobiernos árabes, en particular al gobierno del presidente egipcio Mubarak, a los crímenes de Israel, al silencio ensordecedor de la comunidad internacional o a la complicidad de la Unión Europea. A mi juicio son lemas perfectamente apropiados a la situación. Pero a lo mejor algunos solo escuchan «¡Allahu Akbar !» y se forjan su opinión en base a este solo elemento.
El hecho mismo de que los lemas sean gritados en árabe basta a veces para enfadar a la izquierda. Así el comité organizador de la manifestación del 11 de enero estaba preocupado por los idiomas que se fueran a usar. ¡Pero no se podría simplemente difundir las traducciones de estos lemas ¿Seria un posible primer paso en la comprensión mutua. Cuando marchábamos e 1973 contra el golpe militar pro-norteamericano de Pinochet en Chile, nadie se habría preocupado por decir a los manifestantes latinoamericanos “Griten en francés por favor¡” Para llevar a cabo ese combate habíamos aprendido algunos lemas en castellano y aquello no chocaba a nadie.
El problema si está dentro del paréntesis: ¿por qué la izquierda y la ultraizquierda movilizan a tan poca gente? O para ser más claro ¿serán la izquierda y la ultraizquierda aún capaces de movilizar sobre estos temas?
El problema ya era obvio cuando se produjo la invasión israelí del Líbano en el verano 2006. Me gustaría citar a un israelí anti sionista que encontró un refugio en Londres, el músico de jazz Gilad Atzmon, quien ya decía a seis meses de la invasión : «Desde hace bastante tiempo queda claro que la ideología de izquierda se debate desesperadamente para encontrar su vía en medio de la batalla que emerge entre Occidente y Medio Oriente. Los parámetros de lo que se suele llamar el "choque de civilizaciones" están tan claramente instalados que el militante de izquierda “racional” y “ateo” se ve condenado sin lugar a dudas a encontrarse más cercano a Donald Rumsfeld que a un religioso musulmán».
Sería difícil plantear el problema con mayor claridad.
Entre los parámetros quisiera considerar brevemente dos que paraliza literalmente a la izquierda en su apoyo a la resistencia palestina, libanesa y más generalmente árabe y/o musulmana: la religión y el terrorismo.
La izquierda y la religión
Aterrada por los sentimientos religiosos presentes entre las masas populares provenientes de la inmigración, la izquierda, marxista o no, cita a menudo la frase famosa de Marx «La religión es el opio del pueblo». Piensa así agotar el tema. Procede a someter al pueblo a una seria cura de desintoxicación y ello antes de cualquier otra cosa. Voy a leerles la cita de Marx quien llega a esa conclusión y si cito a Marx no es para esconderme detrás de su autoridad sagrada sino porque espero poder llevar a reflexionar al menos a los que lo reivindican.
«La religión es la teoría general de este mundo, (..) su lógica bajo la forma popular, su punto de honor espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su comportamiento solemne, su razón general de consuelo y de justificación (…) La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y por otra parte la protesta contra esa miseria. La religión es el suspiro del ser afligido, el corazón de un hombre sin corazón como es el espíritu de los tiempos desprovistos de espíritu. Es el opio del pueblo … ».
Siempre fui atea y lo sigo siendo pero no me asombra para nada el auge de los sentimientos religiosos entre los pueblos. En el mundo de hoy, a la mayoría de los políticos, incluyendo a los de izquierda, les gusta proclamar su impotencia: nada pueden en contra de la superioridad militar de los EEUU, no pueden nada, o cuasi nada, contra las especulaciones financieras o la lógica de la ganancia que arruinan, reduce al hambre y matan a miles y miles de seres humanos de este planeta. Todo aquello es «la mano invisible del mercado». Pero cual será la diferencia entre una «mano invisible» y «la intervención divina»? La única diferencia está en que la teoría de la «mano invisible» desarma totalmente las masas en su sed de justicia social y económica y que la «intervención divina» parece a menudo ayudarlos a aguantar y a resistir. Nos guste o no, no es escupiendo a los millardos de seres humanos que vamos a acercarnos a ellos.
La izquierda hace exactamente lo mismo que lo que critica a los islamistas: no analiza la situación sino en términos religiosos. Se niega a escuchar a los discursos religiosos como «una protesta contra la miseria». Y podríamos añadir hoy en día contra el imperialismo, el colonialismo y el neo-colonialismo. Y con este rechazo se corta totalmente de una inmensa parte de las masas populares. Y no puedo decir mejor que Gilad Atzmon cuando afirma «En lugar de imponer nuestras creencias a los demás deberíamos mejor aprender a entender en que creen los demás.» Porque si seguimos negándonos a aprender a entender pasaremos el resto de nuestras vidas lamentándonos sobre los sentimientos religiosos de las masas en lugar de juntarnos a ellas en su lucha por la paz, la independencia y la justicia social y económica.
Hablando de la religión es importante añadir que la suerte reservada a la religión musulmana es muy diferente de la que se reserva, aun por la izquierda, a la religión cristiana.. Nunca he percibido ninguna reticencia de parte de la izquierda para solidarizarse con los obispos latinoamericanos de la teología de la liberación en la lucha contra el imperialismo yankee en los años 70 o con el catolicismo declarado de la resistencia irlandesa en lucha contra el imperialismo británico. Nuca escuché a la izquierda criticar a Martin Luther King por sus referencias al evangelio que fueron una poderosa palanca para movilizar a las masas de trabajadores norteamericanos privados de todos los derechos políticos, económicos y sociales en los EEUU de los años sesenta. La diferencia de tratamiento, la desconfianza sistemática hacia los musulmanes, todos sospechados, sin distinción, de querer imponernos la Sharia, no se puede explicar sino por la impronta indeleble del colonialismo en nuestras conciencias. Nunca olvidemos que los comunistas, como los del Partido Comunista Belga, llegaron a valorar los méritos de la colonización comportados con entusiasmo por los misioneros cristianos. Así en 1948, al salir de una resistencia heroica de los partidos comunistas contra el ocupante nazi, podíamos leer en el programa del Partido Comunista de Bélgica para Congo :
a) Realización de una entidad única Bélgica-Congo ;
b) Desarrollo de los intercambios con la colonia y valoración de sus recursos nacionales ;
c) Nacionalización de las riquezas y de los trusts empresarios en Congo ;
d) Desarrollo del colonato blanco, del campesinado y de la artesanía negros ;
e) Extensión progresiva a las poblaciones negras de los derechos y de las libertades democráticas ;
Fue esta clase de educación política de los trabajadores que llevó a la cuasi total ausencia de reacción ante el asesinato de Patrice Lumumba y de Pierre Mulele, como de decenas de dirigentes y militantes africanos antiimperialistas. Pues nuestra “civilización cristiana” es algo civilizada, no es así ? Y no podemos extender los derechos y libertades democráticas a las masas del tercer mudo sino de forma «progresiva», ya que son demasiado bárbaras para hacer un buen uso de ellas.
Es exactamente este tipo de razonamiento político colonial que hace que la izquierda se muerda los dedos hoy en día por haber apoyado unas elecciones democráticas en Palestina. Qué lástima. Debió ser más «progresivo» ya que la mayoría votó a favor de Hamas. Peor aún, la izquierda critica a Occidente por haber «forzado la mano de la OLP para organizar elecciones legislativas en 2006 cuando todo indicaba que Hamas iba a triunfar». Es lo que podemos leer hoy en el sitio del Partido Comunista Francés y del Partido del Trabajo de Bélgica.
Si dejáramos de focalizarnos sobre las convicciones religiosas podríamos quizás «aprender a entender» porque las masas árabes y musulmanas que marchan hoy en día gritan «cero» a un dirigente árabe y musulmán como Mubarak y vitorea el nombre de Chávez, un dirigente latinoamericano y cristiano. No será que la lectura que expresan esas masas no es, en primer lugar, la religión sino la posición ante el imperialismo norteamericano y sionista?
¡Y si la izquierda plantease radicalmente el problema en esos términos, no podría volver a encontrar algo del apoyo popular que hizo su fuerza?
La izquierda y el terrorismo
La segunda causa mayor de parálisis de la izquierda en el combate antiimperialista es la angustia ante la idea de ser asimilada al terrorismo.
El presidente de la Cámara de representantes alemana, Walter Momper, dirigente de la fracción de los verdes, Franziska Eichstädt-Bohlig, un jefe del Linke, Klaus Lederer, y otros más marcharon en Berlín en apoyo a Israel bajo el lema «Alto al terror del Hamas». Hay que saber que la formación alemana de izquierda Die Linke es considerada por muchos como una alternativa creíble y novedosa para la izquierda.
Toda la historia de la colonización y de la descolonización es una historia de tierras robadas por la fuerza militar y reconquistadas por la fuerza. De Argelia a Vietnam, de Cuba a Sudáfrica, de Congo a Palestina, ninguna potencia colonizadora renunció a través de la negociación o del diálogo político a su dominación. Este es también el sentido que Gilad Atzmon acaba de dar la semana pasada a los disparos de cohetes de Hamas : «Esta semana supimos algo mas sobre el arsenal balístico de Hamas. Es obvio que Hamas ha demostrado cierta moderación en relación a Israel desde hace mucho tiempo. Hamas se abstuvo de extender el conflicto al conjunto del Sur de Israel. Me vino a la mente que los vuelos de cohetes que se abatieron esporádicamente sobre Sderot y Ashkelon no eran en realidad nada sino un mensaje de los palestinos encarcelados. Era primero un mensaje a la tierra, a los campos y a los vergeles robados: ’Nuestra tierra adorada, no te hemos olvidado, seguimos combatiendo por ti, volveremos lo antes posible, retornaremos en el punto donde nos detuvimos». Lo que puede entender un judío nacido en el suelo de Israel permanece incomprensible y en todo caso indefendible para la izquierda europea: la necesidad y el derecho de los pueblos a recuperar por la fuerza lo que les fue quitado por la fuerza..
Porque desde el 11 de septiembre 2001, todo uso de la fuerza en la lucha anticolonial y antiimperialista entra en la categoría del «terrorismo» ; ya no cabe la duda al respecto.
Habría que recordar que Hamas fue colocado por los EEUU en la lista de las organizaciones terroristas mucho antes del 11 de septiembre. Fue en 1995. En enero 1995 los EEUU elaboraron la «Specially designated terrorist List (SDT)» en la cual se volvía a encontrar prácticamente a todos los movimientos, partidos y organizaciones del tercer mundo que recurrieron a la lucha armada contra el imperialismo. Pero fue sobre todo después del 11 de septiembre, y con el lanzamiento de la «global war on terror (GWAT)», la guerra global contra el terrorismo, de la administración Bush, que la capitulación de gran parte de la izquierda empezó. El temor de ser catalogado entre los terroristas o de ser considerado como simpatizantes del mismo ya no es solamente política o ideológica, también es práctica. La directiva de la Unión europea sobre la lucha contra las organizaciones terroristas fue traducida en la mayoría de las legislaciones nacionales por un «cortar-pegar» que permite a los tribunales perseguir a un número de militantes de los que se sospecha que puedan apoyar el terrorismo. En Londres, militantes que vendían folletines incluyendo un análisis marxista de Hamas fueron detenidos y sus publicaciones decomisadas. En otros términos, informarse o informar a los demás sobre el programa político o las actividades de Hamas o de Hezbollah se vuelve una empresa ilegal.
Cada uno se ve pues invitado, para vivir en paz, a tomar sus distancias como mínimo y si es posible a condenar sin reservas estas formaciones políticas. En estas condiciones se ve mal como la lucha política entre la izquierda y estas corrientes podría llevarse de forma sana.
Tengo `pues una propuesta muy concreta que hacer: tenemos que lanzar un llamado para sacar a Hamas de la lista de las organizaciones terroristas. Tenemos que oponernos a los actuales intentos europeos de añadir Hezbollah a la lista. Es lo menos que podemos hacer si pretendemos apoyar la resistencia palestina, libanesa y árabe. Es la condición democrática mínima para que un apoyo a la resistencia sea posible y que una confrontación de las corrientes políticas diferentes en el seno de la resistencia al imperialismo se vuelva posible. Es la condición política indispensable para que la izquierda tenga la oportunidad mínima de hacerse escuchar por las masas en lucha contra el imperialismo.
Tengo plena conciencia de que mis convicciones políticas son minoritarias en la izquierda y en particular entre los comunistas europeos. Esto me preocupa profundamente, no tanto por mi propia suerte, pues no soy sino una militante entre otras, sino por el porvenir del ideal comunista que significa abolir la explotación del hombre por el hombre, y desde luego, ineluctablemente, la abolición de la opresión imperialista, colonialista y neo-colonialista.
Traducción : Thierry Deronne
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