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viernes, 1 de enero de 2010

Libertad para los mercenarios de Blackwater acusados de matar a 14 personas en Irak


Un juez federal de EE UU decreta que el gobierno violó sus derechos cuando usó las declaraciones de los procesados
Previamente Washington había prometido inmunidad a Blackwater.
EFE - Washington - 01/01/2010

Un juez federal desechó el jueves los cargos contra cinco vigilantes armados de la firma Blackwater que habían sido acusados por la muerte de 14 personas en 2007 en el centro de Bagdad.
El FBI confirma que los agentes Blackwater mataron injustificadamente a 14 de los 17 civiles en Bagdad
Washington prometió inmunidad a Blackwater
En una decisión que ocupa 90 páginas, el juez federal Ricardo Urbina argumentó que el Gobierno de Estados Unidos había violado los derechos de los mercenarios cuando usó las declaraciones de los procesados, a quienes se les había otorgado inmunidad, para adelantar las investigaciones.
El veredicto se produce después de una serie de audiencias en las que se discutió si los fiscales y agentes federales habían usado, de manera inapropiada, las declaraciones que los vigilantes dieron a los investigadores del Departamento de Estado después del incidente el 16 de septiembre de 2007.
Blackwater Worldwide era el anterior nombre de la actual Xe y durante años contrató y suministró personal paramilitar para la protección de convoyes, edificios, instalaciones militares y funcionarios de gobiernos, en áreas donde las fuerzas armadas de Estados Unidos están en guerra.
Los cinco hombres -Paul Slough, Nicholas Slatten, Evan Liberty, Dustin Heard y Donald Ball- fueron acusados de homicidio voluntario e infracción en el uso de armas por la muerte de 14 civiles y las heridas que sufrieron otras 20 personas.
Según el Departamento de Justicia los mercenarios, que se trasladaban en un convoy, atacaron sin provocación a los civiles iraquíes en la Plaza Nisoor, cerca del centro de la capital iraquí.
Uno de los vigilantes, Jeremy P. Ridgeway se ha declarado culpable y se esperaba que testificara en contra de los otros.
Blackwater, que tras el incidente cambió su nombre, tenía un contrato para proporcionar vigilantes armados y protección al personal del Departamento de Estado en Irak.
La decisión de Urbina retorna el caso a una polémica internacional. El gobierno iraquí quería que los mercenarios fueran juzgados en Irak, y las autoridades en Bagdad, que no renovaron después la licencia de Blackwater, habían dicho que observarían cuidadosamente la forma en que el sistema judicial de Estados Unidos manejaría los casos.Washington prometió inmunidad a Blackwater


Washington prometió inmunidad a Blackwater
YOLANDA MONGE - Washington - 31/10/2007

El Departamento de Estado norteamericano prometió a los empleados de la empresa de seguridad Blackwater inmunidad en la investigación del tiroteo de septiembre en Bagdad en el que murieron 17 civiles iraquíes, según informaba ayer The New York Times. Según los investigadores del Departamento de Estado a muchos de los guardas que tomaron parte en el asalto se les ofreció "inmunidad limitada", lo que significa que se les prometió que no serían procesados por nada de lo que declararan sobre lo sucedido el día del tiroteo a las autoridades siempre y cuando dijeran la verdad.
EE UU cita a seis guardias de Blackwater por la muerte de 17 civiles iraquíes en un tiroteo
Libertad para los mercenarios de Blackwater acusados de matar a 14 personas en Irak
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Los investigadores de la Oficina de Seguridad Diplomática, pertenecientes al Departamento de Estado, dieron esas garantías sin tener la autoridad para hacerlo, asegura el diario neoyorquino. Además, los fiscales del Departamento de Justicia nunca recibieron información anticipada sobre la oferta de inmunidad, prosigue el periódico.
Todos los altos cargos que han accedido a hablar sobre el asunto con el Times lo hicieron exclusivamente con la condición del anonimato debido a que no están autorizados a discutir la investigación criminal en marcha. Desde el Departamento de Estado se insistía ayer en que cualquiera que haya quebrado la ley "deberá responder por ello" dentro de la indagación llevada a cabo tanto por el departamento como por el FBI.
Pero la inmunidad ofrecida podría complicar los esfuerzos para procesar a los involucrados.

El FBI confirma que los agentes Blackwater mataron injustificadamente a 14 de los 17 civiles en Bagdad
La investigación señala que al menos 5 soldados mercenarios abrieron fuego de forma imprudente el pasado septiembre
EFE - Nueva York - 14/11/2007

Los agentes de la compañía privada de seguridad estadounidense Blackwater dispararon injustificadamente contra al menos 14 de los 17 civiles que murieron en un incidente en Bagdad en septiembre pasado, según una investigación del FBI cuyos resultados publica hoy The New York Times.
La investigación del FBI aún no ha concluido, pero sus hallazgos, que indican que los empleados de la compañía usaron sus armas de fuego de forma imprudente, ya han están siendo examinados por el Departamento de Justicia.
Según el diario, que cita como fuentes a civiles y oficiales militares que han facilitado información a los agentes del FBI, no hay evidencias que apoyen las afirmaciones de los empleados de Blackwater de que respondieron al fuego de civiles iraquíes.
La investigación del FBI estima que sólo tres de las 17 muertes ocurridas en la plaza Al Nasur de Bagdad pueden justificarse como una respuesta a una inminente amenaza en virtud de las leyes sobre el uso de la fuerza letal para las compañías privadas de seguridad en EEUU.
Los hechos se remontan al pasado 16 de septiembre, cuando un grupo de agentes de Blackwater dispararon contra los civiles que se encontraban en esa plaza bagdadí, causando 17 muertos y 27 heridos, según apuntó una investigación de las fuerzas de seguridad iraquíes.
Este incidente provocó gran conmoción entre la población y las autoridades de Irak y a raíz de ese tiroteo el Gobierno ratificó una propuesta de ley para retirar la inmunidad a todas las agencias de seguridad extranjeras que actúan en el país e introducir nuevos requisitos.
Según The New York Times, el FBI ha concluido que algunos de los cinco guardas de Blackwater que se encontraban aquel día en la plaza abrieron fuego y que la investigación se centra en particular en uno de ellos, porque fue responsable de muchas muertes.
El mes pasado, las familias de algunos iraquíes que murieron en el incidente demandaron a la compañía Blackwater por considerar que violaron la ley y fomentan una cultura "de anarquía legal" entre sus empleados. En esa demanda, presentada ante un Tribunal de Distrito de Washington, se destaca que los hechos del pasado 16 de septiembre fueron un "asesinato sin sentido”. Pero el Departamento de Estado norteamericano prometió a los empleados de la empresa de seguridad Blackwater inmunidad en la investigación del tiroteo de septiembre. Según los investigadores del Departamento de Estado a muchos de los guardas que tomaron parte en el asalto se les ofreció "inmunidad limitada", lo que significa que se les prometió que no serían procesados por nada de lo que declararan sobre lo sucedido el día del tiroteo a las autoridades siempre y cuando dijeran la verdad.

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viernes, 6 de noviembre de 2009

USA: La lógica de la tortura sigue en pie


06-11-2009
Amy Goodman
Democracy Now
“Entrega extraordinaria”, o entrega extrajudicial, es el eufemismo que utiliza la Casa Blanca para referirse a un secuestro. Si no lo cree, pregúntele a Maher Arar, un ciudadano canadiense que fue “extraditado” por Estados Unidos a Siria, donde fue sometido a torturas durante casi un año.Esta semana, el Tribunal Federal de Apelaciones de Estados Unidos del Segundo Circuito Judicial, en la Ciudad de Nueva York, desestimó una causa entablada por Arar contra las autoridades gubernamentales (incluido el Director del FBI, Robert Mueller, el ex Secretario de Seguridad Nacional, Tom Ridge, y el ex Fiscal General, John Ashcroft) que presuntamente habrían conspirado para secuestrarlo y someterlo a torturas.

Arar se encuentra hoy a salvo en Canadá, recuperándose junto a su familia. Pero con esta decisión el Poder Judicial está enviando una señal al gobierno de Obama de que no intervendrá para detener los brutales excesos de la “Guerra Mundial contra el Terrorismo” iniciada en la era Bush. Deja así intactas prácticas tales como la entrega extrajudicial, la tortura y el empleo del ‘privilegio del secreto de Estado’ para ocultar estos crímenes.La trágica odisea que protagonizó Maher Arar es uno de los casos más conocidos y el que más a fondo se ha investigado de las víctimas de la “rendición extraordinaria” practicada por Estados Unidos. En el año 2002, Arar fue de vacaciones a Túnez junto a su familia. El 26 de septiembre, cuando viajaban de regreso a Canadá, al hacer escala en el aeropuerto internacional JFK, en la ciudad de Nueva York, Arar fue interceptado antes de que pudiera abordar su avión y quedó detenido por averiguaciones. Le tomaron las huellas digitales y fue registrado tanto por oficiales del FBI como del Departamento de Policía de Nueva York. Cuando solicitó un abogado, le dijeron que no tenía ningún derecho. Luego fue trasladado a otro lugar, donde se lo mantuvo incomunicado, sin comida ni asesoramiento jurídico, y se lo sometió durante dos días a interrogatorios agresivos. En los interrogatorios se le preguntó sobre su supuesta afiliación a diversos grupos terroristas, y sobre Osama bin Laden, Irak y Palestina, entre otras cuestiones. Al cabo de esos dos días fue llevado encadenado a un centro de detención federal de máxima seguridad de Brooklyn, ciudad de Nueva York, donde fue sometido a un cacheo al desnudo y amenazado con ser deportado a Siria.Arar pidió que no lo deportaran a Siria, su país de origen, porque allí seguramente sería torturado. Pero, tal como argumentarían posteriormente los abogados de Arar, eso era precisamente lo que sus captores esperaban que pasara. Finalmente se le permitió a Arar hacer una llamada y pudo comunicarse con su suegra, que le consiguió una abogada y la visita de un funcionario del Consulado canadiense. Durante casi dos semanas las autoridades estadounidenses lo amenazaron con la expulsión a Siria si no confesaba sus vínculos con el terrorismo. Pero no lograron obtener la confesión que buscaban. Arar negó una y otra vez tener algún tipo de relación con el terrorismo. Hasta que un fin de semana, en medio de la noche fue llevado a la fuerza y encadenado a un jet privado contratado por la CIA y, sin ningún tipo de trámite migratorio ni una llamada a su abogada o al Consulado canadiense, fue trasladado a Jordania, donde fue entregado a las autoridades sirias.Durante 10 meses y 10 días, Arar permaneció encerrado en una oscura, húmeda y fría celda del tamaño de una tumba. Fue azotado con gruesos cables eléctricos y golpeado reiteradamente; lo obligaron a escuchar las torturas a otros prisioneros; lo mantuvieron sin comida; y lo amenazaron con choques eléctricos y otras atrocidades. Cuando ya no aguantó más la tortura, mintió y confesó que había sido entrenado como terrorista en Afganistán. Un buen día, después de casi un año, fue liberado de repente y entregado a Canadá, con casi 20 kilos menos y emocionalmente quebrado.El gobierno canadiense, bajo la conducción del Primer Ministro conservador Stephen Harper, realizó una investigación, en la que determinó su propia culpabilidad por haber entregado información inexacta al FBI, y llegó a un acuerdo con Arar, que consistió en una disculpa y una compensación de 10 millones de dólares. El gobierno estadounidense, por su parte, no ofreció disculpa alguna. Ni siquiera eliminó a Arar de la lista de sospechosos de terrorismo. Arar tiene prohibido el ingreso a Estados Unidos y hace dos años tuvo que prestar un testimonio ante el Congreso a través de una videoconferencia.Arar dijo: “Estos últimos años han sido una pesadilla. Poco a poco, desde que volví a Canadá, mis heridas físicas han ido sanando; pero sigo sufriendo a diario las secuelas mentales y psicológicas que me dejó esa terrible experiencia. Sigo sufriendo de pesadillas y revivo constantemente lo que padecí. No soy la misma persona que era antes. Mi deseo es poder trasmitir al mundo lo frágil que se han vuelto nuestros derechos humanos y cuán fácilmente los mismos gobiernos que han jurado protegerlos nos los pueden usurpar.”Dados los excesos del gobierno de Bush y las promesas de cambio de Barack Obama, muchos se han sorprendido de que estas políticas continúen en pie y que el Congreso y el Poder Judicial no hayan cerrado este capítulo de la historia estadounidense. El Presidente Obama no ha condenado en ninguna oportunidad la práctica de rendición extraordinaria. La abogada de Arar, Maria LaHood, del Centro por los Derechos Constitucionales, calificó de “escándalo” la decisión judicial contra Arar: “Esta decisión es de una amplitud tal que nos afecta a todos. Básicamente, lo que implica es que si el gobierno federal decide tomar acciones con el argumento de proteger la seguridad nacional, podría torturarnos y hasta matarnos y los tribunales federales no nos ampararían.”En su opinión disidente, el juez Guido Calabresi afirmó: “Cuando se escriban los anales de este distinguido tribunal, la decisión mayoritaria adoptada hoy será evaluada con pesar.”Considerando los tormentos que sufrió Arar, es admirable la calma con la que ha recibido la decisión. “Por sobre todo, esta decisión significa una pérdida para todos los ciudadanos y para el estado de derecho,” dijo Arar.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.© 2009 Amy Goodman
Texto en inglés traducido por Laura Pérez Carrara y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la presentadora de “Democracy Now!”, un noticiero internacional diario de una hora que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en 200 emisoras en español. Es coautora del libro “Standing Up to the Madness: Ordinary Heroes in Extraordinary Times,” recientemente publicado en edición de bolsillo. Fuente:

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sábado, 24 de octubre de 2009

En la revista Foreign Policy: El espía Larry Franklin, condenado a 10 meses, explica su plan para derrocar al Gobierno iraní


23 de octubre de 2009
Jean-Guy Allard

Larry Frankin, el espía condenado a 10 meses de prisión domiciliaria por haber entregado a Israel miles de documentos secretos del Pentágono, explica en la última edición de la conocida revista Foreign Policy su plan para derrocar el gobierno de Iran.
Lawrence "Larry" Franklin es uno de los espías más devastadores de la historia de Estados Unidos. Regaló al gobierno sionista de Israel miles de documentos ultra-secretos sacados directamente del sistema informático del Pentágono.

En un texto titulado My Secret Plan to Overthrow the Mullahs (Mi plan secreto para derrocar a los Mullahs), Franklin expone detalladamente cual fue el plan que propuso a la administración de George W. Bush para derrocar al actual gobierno de la República Islámica de Irán.
La palabra mollah (del persa mollā) designa en Irán a los sacerdotes de fe islámica.
En su texto, sin ningún escrúpulo, este ex funcionario del Pentágono entra en cada aspecto de su proyecto maquiavélico para acabar con el gobierno legítimo de Irán, desde el reconocimiento por EE.UU. de un “gobierno en exilio” ubicado en una región fronteriza “de herencia pérsica” hasta poner en relieve “casos” de violación de derechos humanos, al ritmo de “uno por día”.
Su plan que se parece en todo a la formula usada decenas de veces contra países cuya soberanía molesta al imperio, prevé el “congelamiento” de cuentas bancarias de dirigentes y la obstaculización sistemática de las transacciones financieras del país.
Poco innovador, el plan de Franklin sugiere el uso de la estrategia desarrollada en Polonia con el grupo Solidarność , con activistas que “entran y salen del país subrepticiamente”.
El espía Franklin, cuya sentencia se extiende – se supone – hasta abril y quien se encuentra teóricamente bajo control de las autoridades penitenciarias, prosigue así a lo largo de varias cuartillas la exposición de sus ideas injerencistas y subversivas sin que a los editores les parezca esto una anomalía.
De 12 años a 10 meses
En junio pasado, el juez T.S. Ellis, de la Corte de distrito de Alexandria, Virginia, decidió reducir la ya leve sentencia de 12 años de prisión que se le había impuesto a Franklin, a una simbólica sentencia de 10 meses de estancia en una casa de transición para ex reclusos.
El FBI sorprendió a Franklin con miles de documentos clasificados, escondidos en su casa, algunos fechados de varios años atrás, "una verdadera mina de secretos norteamericanos", según un investigador.
Más absurdo aún, en el país donde cinco cubanos acusados no de espiar, sino de “conspirar para espiar” y que nunca se apoderaron ni de la sombra de un secreto de estado, recibieron sentencias que alcanzaron hasta la perpetuidad: el Gobierno norteamericano abandonó los cargos de espionaje contra dos agentes israelíes que recogieron los secretos robados por Franklin, por cuenta del lobby isareli en la capital norteamericana.
Franklin trabajaba en la Oficina de los Planes Especiales, directamente bajo Paul Wolfowitz, colaborador emérito de los Bush, de siniestra reputación.
Descubrió el FBI que en su afán de complacer a sus clientes israelíes, el funcionario Franklin – que habla farsi - fue hasta organizar reuniones de “disidentes” iraníes en la oficina del Subsecretario de la Defensa Douglas Feith,
Con otro colega poliglota, Harold Rhode, el funcionario también contactó con la red del contrabandista de armas de reputación más que dudosa Manucher Ghorbanifar, conocida figura del escándalo Iran-Contra, involucrado en complots contra Teheran.
Esto ocurrió en el país donde cinco cubanoamericanos antiterroristas infiltrados en redes terroristas de Miami fueron arrestados a solicitud de congresistas de extrema derecha, por un oficial del FBI asociado a la fauna mafiosa de Miami, y enjuiciados en una ciudad dominada por esta misma mafia terrorista.
Se dedicaban a proteger las vidas de sus compatriotas y de los propios norteamericanos y recibieron, al total, nada menos que cuatro cadenas perpetuas más 75 años de cárcel.

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