Conocido durante mucho tiempo bajo la denominación codificada de «C», Sir Stewart Menzies fue el director del MI6 desde 1939 hasta 1952. Garantizó la continuidad del stay behind después de la victoria contra los nazis.
A partir de 1946, la nueva sección del MI6 estuvo bajo las órdenes de Sir Colin Gubbins. Fue esta sección la que conformó las redes stay-behind de la Segunda Guerra Mundial.
Lady Thatcher envió el SOE a Cambodia donde este servicio secreto británico entrenó y dirigió a los Khmers Rojos. Estos masacraron entonces a un millón y medio de personas, prioritariamente a los intelectuales que hablaban francés.
Sir John Sawers dirigió la guerra secreta en Kosovo, Afganistán e Irak. Director del MI6 desde 2009, Sawers dirige las operaciones stay-behind en Europa.
Las cloacas de Su Majestad
por Daniele Ganser *
3 de diciembre de 2009
Bâle (Suisse)
Las redes stay-behind, que permiten a la OTAN controlar la vida política de los Estados miembros de la alianza atlántica, se construyeron a partir de las redes de resistencia al nazismo que los británicos habían organizado y apoyado durante la Segunda Guerra Mundial.
Pero la lucha contra el comunismo se utilizó para justificar la realización de todo tipo de operaciones en el propio Reino Unido (atentados terroristas bajo bandera falsa y asesinatos de republicanos irlandeses), en Europa continental (principalmente en Francia, en los países del Benelux, en los países nórdicos y hasta en la neutral Suiza) así como en África y Asia (por ejemplo, para dirigir la masacre de las poblaciones francófonas que cometieron los Khmers rojos en Cambodia.
En esta cuarta entrega de la historia del Gladio, Daniele Ganser nos revela las alcantarillas de Su Majestad.
Este artículo es la continuación de:
1. «Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia del Gladio…»
2. «Cuando se descubrió el Gladio en los Estados europeos…»
3. «Gladio: Por qué la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando»
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La verdad definitiva sobre la guerra fría no se escribirá nunca porque la Historia evoluciona constantemente en función de las sociedades que la hacen y la estudian. Los historiadores de numerosos países están de acuerdo, sin embargo, en que el hecho más importante de aquel periodo fue, desde el punto de vista de los occidentales, la lucha contra el comunismo a escala planetaria.
En ese combate, que marcó la historia del siglo XX como pocos sucesos lo han hecho, la antigua superpotencia colonial británica tuvo que renunciar a su hegemonía en beneficio de los Estados Unidos. Este último país utilizó la lucha contra el comunismo para acrecentar su propia influencia década tras década. Después del derrumbe de la Unión Soviética, acontecimiento que puso fin a la guerra fría en 1991, el Imperio americano garantizó para sí mismo un predominio jamás visto anteriormente en toda la historia.
En Gran Bretaña, el establishment conservador experimentó una profunda conmoción en 1917 cuando, por primera vez en la historia de la humanidad, se produjo la aparición de un régimen comunista en un lejano pero extenso país agrícola. Después de la Revolución rusa, los comunistas asumieron el control de las fábricas y anunciaron que los medios de producción serían en lo adelante propiedad del pueblo. En la mayoría de los casos, los inversionistas lo perdieron todo.
En su obra Los orígenes de la guerra fría, el historiador Denna Frank Fleming observó que muchos de los cambios sociales que aportó la Revolución de Octubre, como la abolición de los cultos y de la nobleza campesina, «hubiesen podido ser aceptados por los conservadores, en el extranjero, con el paso del tiempo, pero nunca la nacionalización de la industria, del comercio y de la tierra». El ejemplo de la Revolución rusa no fue seguido en ninguna parte. «J.B. Priestly dijo un día que la mentalidad de los conservadores ingleses se había cerrado en el momento de la Revolución rusa y no ha vuelto a abrirse desde entonces.» [1]
Ampliamente ignorada en el oeste, la guerra secreta contra el terrorismo comenzó por lo tanto inmediatamente después de la Revolución rusa, cuando Gran Bretaña y Estados Unidos instauraron ejércitos secretos contra los nuevos países satélites de la Unión Soviética. Entre 1918 y 1920, Londres y Washington se aliaron a la derecha rusa y financiaron una decena de intervenciones militares en suelo soviético. Ninguna de ellas logró derrocar a los nuevos dirigentes. Pero sí dieron lugar a que las élites comunistas y el dictador Stalin albergaran profundas sospechas en cuanto a las intenciones del Occidente capitalista [2].
Durante los años subsiguientes, la Unión Soviética reforzó su aparato de seguridad hasta convertirse en un Estado totalitario que no vacilaba en arrestar en su suelo a los extranjeros sospechosos de ser agentes del Oeste. Al hacerse evidente que derrocar el régimen comunista en Rusia no era tarea fácil, Gran Bretaña y sus aliados dedicaron sus esfuerzos a impedir que el comunismo se extendiera a otros países.
En julio de 1936, el dictador fascista Francisco Franco intentó un golpe de Estado contra el gobierno de la izquierda española y, en el transcurso de la subsiguiente guerra civil, eliminó a la oposición y a los comunistas españoles. Gozó para ello del silencioso apoyo de los gobiernos de Londres, Washington y París. Si no hubo lucha contra el ascenso de Adolfo Hitler al poder fue en gran parte porque Hitler apuntaba contra el enemigo correcto: el comunismo soviético. Durante la guerra civil española, se permitió que los ejércitos de Hitler y de Mussolini bombardearan libremente a la oposición republicana.
Después de haber desencadenado la Segunda Guerra Mundial, Hitler lanzó contra Rusia tres grandes ofensivas, en 1941, 1942 y 1943, que estuvieron a punto de asestar al bolchevismo un golpe fatal. Entre todas las partes beligerantes, fue la Unión Soviética la que pagó el más alto tributo: 15 millones de muertos entre la población civil, 7 millones de muertos entre los soldados y 14 millones de heridos [3].
Según los historiadores rusos, haciendo caso omiso a los urgentes pedidos de Moscú, Estados Unidos –país que perdió 300 000 hombres en la liberación de Europa y Asia– se puso de acuerdo con Gran Bretaña para no abrir un segundo frente en el oeste, lo cual hubiese obligado a Alemania a movilizar tropas en esa dirección y, por consiguiente, a disminuir el número de efectivos alemanes en el frente ruso. La correlación de fuerzas no se invirtió sino después de Stalingrado, donde el Ejército Rojo finalmente se impuso a los alemanes y comenzó su avance hacia el oeste. Esto explica, también según los historiadores rusos, que los Aliados, temerosos de perder terreno, abrieran entonces rápidamente un segundo frente y, después de desembarcar en Normandía, salieran al encuentro de los soviéticos en Berlín [4] Ver también los artículos de Valentín Falin, historiador ruso en los archivos de la Red Voltaire.
Los historiadores británicos atestiguan la existencia de toda una serie de intrigas sucesivas que han influido en la conformación de los demás países y del suyo propio. «La Inglaterra moderna siempre ha sido un centro de subversión –a los ojos de los demás pero no a los suyos propios», observó Mackenzie después de la Segunda Guerra Mundial. «Lo que determina la existencia de ese espejo con dos caras: de un lado encontramos la percepción que existe en el extranjero de una Inglaterra intrigante, sutil y totalmente secreta; y del otro una imagen de honestidad, de simplicidad y de indulgencia que comparte una mayoría de los súbditos.» [5] Para Mackenzie, la legendaria guerra secreta que practican los británicos tiene su origen «en la historia de las “pequeñas guerras” que conformaron la historia del Imperio británico» [6].
Antes de la Segunda Guerra Mundial, los estrategas del ministerio de Defensa británico llegaron a la conclusión de que sus operaciones secretas debían «inspirarse de la experiencia adquirida en la India, en Irak, en Irlanda y en Rusia, o sea desarrollar una guerrilla con técnicas de combate similares a las del IRA» [7].
En marzo de 1938, poco después de la anexión de Austria por parte de Hitler, se creó en el seno del MI6 un nuevo departamento, llamado Sección D y encargado de desarrollar operaciones de subversión en Europa. La Sección D comenzó a formar comandos de sabotaje stay-behind en los países que se encontraban bajo la amenaza de agresión alemana [8]. En 1940, cuando parecía inminente la invasión del sur de Inglaterra, la «Sección D se dio a la tarea de diseminar reservas de armas y agentes reclutadores a través de toda Gran Bretaña, sin informarlo a nadie.» [9]
El reclutamiento y la dirección de los agentes stay-behind por parte de los miembros de la Sección D parecían desarrollarse en el mayor secreto: «La apariencia de aquellos desconocidos [los agentes de la Sección D], con sus trajes y sus autos negros, y la misteriosa impresión que dejaban no tardó en inquietar a la población», recuerda Peter Wilkinson, un ex agente del SOE. Los agentes secretos enfurecían también a «los responsables militares al negarse sistemáticamente a explicar las razones de su presencia o a hablar del contenido de sus misiones y al afirmar únicamente que todo aquello era altamente confidencial» [10].
Medio siglo más tarde, la exposición del Imperial War Museum de Londres dedicada a las «guerras secretas» reveló al público cómo «la Sección D del MI6, conforme a la doctrina stay-behind, también había creado en Inglaterra ejércitos de resistencia bautizados “Unidades Auxiliares” y equipados con armas y explosivos». Esas primeras unidades Gladio de Gran Bretaña «recibieron un entrenamiento especial y aprendieron a operar detrás de las líneas enemigas según la hipótesis de que los alemanes invadiesen la isla. Gracias a una red de escondites secretos y de alijos de armas, debían realizar acciones de sabotaje y de guerrilla contre el ocupante alemán.» [11]
Como nunca se produjo la invasión, no se sabe si aquel plan hubiese funcionado. Pero en agosto de 1940 «un ejército bastante heteróclito» pudo desplegarse a lo largo de los litorales ingleses y escoceses del Mar del Norte, en los lugares más vulnerables a una posible invasión [12].
La zona de acción de la Sección D del MI6 se limitaba inicialmente al territorio británico. Así fue hasta julio de 1940, cuando el primer ministro británico Winston Churchill ordenó la creación de un ejército secreto bautizado con la denominación de SOE y destinado a «incendiar Europa apoyando a los movimientos de resistencia y realizando operaciones de subversión en territorio enemigo» [13].
Un memorando del ministerio de la Guerra fechado el 19 de julio de 1940 indica que: «El Primer Ministro ha decido también, después de consultar a los ministerios interesados, que una nueva organización debe crearse inmediatamente con la misión de coordinar todas las acciones de subversión y de sabotaje dirigidas contra el enemigo fuera del territorio nacional». El SOE se puso bajo el mando de Hugh Dalton, ministro de la Economía de Guerra.
Cuando los alemanes, después de la invasión de Francia, parecían haberse instalado allí por largo tiempo, el ministro Dalton señaló la necesidad de emprender una guerra secreta contra las fuerzas alemanas en los territorios ocupados: «Debemos organizar, en el interior de los territorios ocupados, movimientos comparables al Sinn Fein en Irlanda, a la guerrilla china que lucha actualmente contra Japón, a los irregulares españoles que desempeñaron un papel nada despreciable en la campaña de Wellington o, por qué no reconocerlo, movimientos comparables a las organizaciones que tan notablemente han desarrollado los propios nazis en casi todos los países del mundo».
Parecía evidente que los británicos no podían darse el lujo de no prestar atención a la vía de la guerra clandestina. Dalton agregó: «Esta “internacional democrática” debe emplear diferentes métodos, incluyendo el sabotaje contra las instalaciones industriales y militares, la agitación sindical y la huelga, la propaganda constante, los atentados terroristas contra los traidores y los dirigentes alemanes, el boicot y los motines.»
Era necesario, por lo tanto, establecer, en el mayor secreto, un red de resistencia, recurriendo a los elementos más aventureros del ejército y de la inteligencia británicos: «Lo que necesitamos es una nueva organización que coordine, inspire, supervise y asista a las redes de los países ocupados que tendrán que ser los actores directos. Para ello tendremos que poder contar con la más absoluta discreción, con una buena dosis de entusiasmo fanático, con la voluntad de cooperar con personas de diferentes nacionalidades y con el apoyo incondicional del poder político.» [14]
Bajo la protección del ministro Dalton, el comando operacional del SOE fue puesto en manos del general de división Sir Colin Gubbins, un hombrecito seco y flaco, originario de los Highlands y con bigote, que desempeñaría en lo adelante un papel determinante en la creación del Gladio británico [15].
«El problema y su solución consistían en estimular y permitir que los pueblos de los países ocupados perjudicaran en la mayor medida posible el esfuerzo de guerra alemán a través del sabotaje, la subversión, negándose a trabajar, realizando operaciones relámpago, etc…», describió Gubbins, «y, al mismo tiempo, preparar en territorio enemigo fuerzas secretas organizadas, armadas y entrenadas que solamente debían intervenir en el momento del asalto final.»
El SOE era en realidad el precursor de la Operación Gladio, puesta en marcha en medio de la Segunda Guerra Mundial. Gubbins resume este ambicioso proyecto en los siguientes términos: «A fin de cuentas, aquel plan consistía en hacer llegar a las zonas ocupadas una gran número de hombres e importantes cantidades de armas y explosivos». [16]
El Special Operations Executive (SOE) empleaba a una gran parte de los efectivos de la Sección D y acabo convirtiéndose en una organización de gran envergadura, que contaba en sus filas con más de 13.000 hombres y mujeres y operaba en el mundo entero en estrecha colaboración con el MI6. Aunque realizó varias misiones en el Extremo Oriente, desde bases de retaguardia situadas en la India y en Australia, el principal teatro de operaciones del SOE seguía siendo el oeste de Europa donde se dedicaba casi exclusivamente a la creación de ejércitos secretos nacionales.
El SOE estimulaba el sabotaje y la subversión en los territorios ocupados y establecía núcleos de hombres entrenados capaces de prestar asistencia a los grupos de resistencia en la reconquista de sus respectivos países. «El SOE fue durante 5 años el principal instrumento de intervención de Gran Bretaña en las cuestiones políticas internas de Europa», precisa el informe del British Cabinet Office, «un instrumento extremadamente poderoso» ya que era capaz de ejecutar gran cantidad de tareas, «Mientras el SOE estuviese en acción, ningún político europeo podía creer en la renuncia o la derrota de los británicos». [17]
Oficialmente, el SOE fue disuelto y su dirección dimitió en enero de 1846, o sea poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Pero Sir Steward Menzies, quien dirigió el MI6 desde 1939 hasta 1952, no tenía intenciones de renunciar a un instrumento tan interesante como el ejército secreto, sobre todo teniendo en cuenta que el director del Departamento de Operaciones Especiales del MI6 aseguraba que las acciones clandestinas de Gran Bretaña iban a proseguir durante la guerra fría. El informe del gobierno sobre el SOE, documento que se mantuvo en secreto durante un tiempo, concluyó que: «Es casi seguro que, bajo una u otra forma, habrá que reinstaurar el SOE en una guerra futura» [18].
Los objetivos a largo plazo del SOE y de su sucesora, la Special Operations Branch del MI6, aprobados de forma provisional por el Consejo del Estado Mayor británico el 4 de octubre de 1945, preveían en primer lugar la creación del esqueleto que debía sustentar una red capaz de extenderse rápidamente en caso de guerra y, en una segunda fase, la reevaluación de las necesidades del gobierno británico para sus operaciones clandestinas en el extranjero. «Se decidió preparar esas acciones prioritariamente en los países con posibilidades de ser invadidos durante las primeras fases de un conflicto con la Unión Soviética, aunque no [estuviesen] sometidos aún a la dominación de Moscú.» [19]
Después de la Segunda Guerra Mundial, el oeste de Europa siguió siendo por lo tanto el principal teatro de operaciones de la guerra secreta británica.
Después de la disolución del SOE, el 30 de junio de 1956, una nueva sección designada como «Special Operations» se creó dentro del MI6 y se puso bajo las órdenes del general de división Colin Gubbins. Según el especialista holandés en servicios secretos Frans Kluiters, el MI6 promovía la formación de ejércitos anticomunistas secretos «mientras que los Special Operations comenzaban a construir redes en Alemania occidental, en Italia y en Austria. Esas redes (organizaciones stay-behind) podían ser activadas, en caso de una posible invasión soviética, para recoger información y realizar actos de sabotaje ofensivo» [20].
Gubbins puso especial cuidado en lograr que los efectivos se mantuvieran en Alemania, Austria, Italia, Grecia y Turquía después de 1945. En efecto, el SOE y sus sucesores «tenían otras preocupaciones políticas, aparte de la derrota de Alemania». La directiva de 1945, particularmente explícita, «establecía claramente que los principales enemigos del SOE eran el comunismo y la Unión Soviética» ya que se consideraba que los intereses británicos se hallaban «bajo la amenaza de la Unión Soviética y del comunismo europeo» [21].
Varios años más tarde, con la esperanza de obtener el apoyo de la representación nacional para continuar las operaciones clandestinas, el ministro británico de Relaciones Exteriores Ernest Bevin se dirigió al Parlamento el 22 de enero de 1948 para pedir con insistencia la creación de unidades armadas especializadas destinadas a luchar contra la subversión y las «quintas columnas» soviéticas. En aquel entonces sólo unos pocos parlamentarios sabían que en realidad aquella proposición ya se estaba aplicando.
Washington compartía la hostilidad de Londres hacia los soviéticos. Las dos potencias trabajaban en estrecha colaboración en materia de cuestiones militares y de inteligencia. La Casa Blanca puso en manos de Frank Wisner [22], director de la Office of Policy Coordination (OPC, el Buró de Coordinación Política de las operaciones especiales de la CIA), la tarea de crear ejércitos secretos stay-behind a través de todo el oeste de Europa, con la ayuda de la Special Operations Branch (SOB) del MI6, que dirigía el coronel Gubbins.
Roger Faligot y Remi Kauffer, dos historiadores franceses especializados en servicios secretos, explican que la CIA y el MI6 se encargaron primeramente de «neutralizar las últimas unidades clandestinas de las potencias del Eje en Alemania, en Austria y en el norte de Italia» y reclutaron después a ciertos miembros de las vencidas facciones fascistas incluyéndolos en sus nuevos ejércitos secretos anticomunistas. «Y fue así, a través del OPC de la CIA y de la SOB del SIS, como los servicios secretos de las grandes democracias que acababan de ganar la guerra trataron después de “reutilizar” algunos de sus comandos contra su antiguo aliado soviético.» [23]
Paralelamente a la del MI6 y la CIA y sus respectivos departamentos de operaciones especiales, la SOB y la OPC, se estableció también una cooperación entre las Fuerzas Especiales de los ejércitos de Gran Bretaña y Estados Unidos. Los SAS británicos y los Boinas Verdes estadounidenses, entrenados especialmente para la realización de misiones secretas en territorio enemigo, realizaron de forma conjunta un gran número de operaciones durante la guerra fría, entre ellas la formación de los ejércitos secretos stay-behind. Los ex oficiales de la Marina Real Giles y Preston, que habían creado el Gladio austriaco, contaron que los reclutas eran enviados a Fort Monckton, un edificio construido durante las guerras napoleónicas y situado frente al mar en Portsmouth (Inglaterra), donde se entrenaban junto a los miembros del SAS, bajo la dirección del MI6.
Giles y Preston participaron personalmente en aquellos ejercicios del Gladio y se entrenaron en uso de códigos secretos, manejo de armas y operaciones clandestinas [24] Decimo Garau fue uno de aquellos reclutas entrenados por el SAS británico antes de convertirse en instructor del Centro Addestramento Guastatori (CAG), una base del Gladio italiano situada en Capo Marragiu, en Cerdeña. «Me invitaron a pasar una semana en Poole, Inglaterra, para entrenarme con las Fuerzas Especiales», confirmó el instructor Garau después de las revelaciones sobre la existencia del Gladio, en 1990. «Hice un salto en paracaídas sobre [el canal de] la Mancha. Participé en el entrenamiento de ellos, todo se desarrolló muy bien entre nosotros. Después me mandaron a Hereford para preparar y realizar ejercicios con los [miembros del] SAS.» [25]
En aquella época, los británicos eran los más experimentados en materia de operaciones secretas y guerra no convencional. Sus Fuerzas Especiales (SAS) habían sido creadas en el norte de África, en 1942, con la misión de golpear en profundidad detrás de las líneas enemigas. Los más peligrosos adversarios de los SAS británicos eran sin dudas las SS alemanas, fundadas desde antes de la Segunda Guerra Mundial y dirigidas por Heinrich Himmler. Como todas las fuerzas especiales, las SS eran una unidad combatiente de élite, con sus propias insignias –portaban un uniforme negro bien ajustado, una gorra con un cráneo de plata y una daga plateada– y convencida de su superioridad sobre todos los demás cuerpos del ejército regular. Sus miembros adquirieron además rápidamente la reputación de ser «asesinos fanáticos». Después de la derrota de la Alemania nazi, las fuerzas especiales de las SS fueron consideradas como una organización criminal y el tribunal de Nuremberg las disolvió en 1946.
Después de la victoria, el SAS también fue desmantelado, en octubre de 1945. Sin embargo, como la necesidad de asestar golpes bajos y de realizar operaciones peligrosas iba en aumento a medida que disminuía la influencia de Gran Bretaña en el mundo, el SAS fue restablecido y enviado a luchar tras las líneas enemigas, específicamente en Malasia, en 1947. Desde su cuartel general de Hereford, conocido como «la Nursery», los SAS prepararon en el mayor secreto numerosas misiones como, por ejemplo, la efectuada en 1958 a pedido del sultán de Omán, operación durante la cual los miembros del SAS contribuyeron a reprimir una guerrilla marxista que se había revelado contra la dictadura del régimen. Aquella operación garantizaría el financiamiento del SAS en el futuro ya que, como pudo comprenderlo un oficial del SAS, los miembros de este servicio británico probaron entonces que «podían ser aerotransportados rápida y discretamente hacia una zona agitada y operar de forma totalmente confidencial en un lugar apartado, una carta muy apreciada por el gobierno conservador de la época». [26]
Aunque su acción armada más célebre sigue siendo el asalto a la embajada de Irán, en 1980, los SAS también participaron activamente en la guerra de las Islas Malvinas, en 1982. El despliegue más masivo de los SAS desde la Segunda Guerra Mundial tuvo lugar durante la guerra del Golfo de 1991. En 1996 colaboraron nuevamente con los Boinas Verdes estadounidenses para entrenar y equipar al Ejército de Liberación de Kosovo antes y después de los bombardeos de la OTAN sobre el territorio de aquella provincia, que se encontraba entonces bajo control serbio.
El diputado conservador Nigel West subrayó con toda razón que, al igual que los Boinas Verdes estadounidenses: «El SAS británico habría desempeñado un papel estratégico en la Operación Gladio si los soviéticos hubiesen invadido Europa occidental», dando así por sentada la implicación del SAS junto a los ejércitos stay-behind creados en Europa [27]. Tanto el SAS británico como los Boinas Verdes estadounidenses colaboraron estrechamente. Fue como prueba de aquella colaboración que los miembros de las Fuerzas Especiales estadounidenses comenzaron a portar, a partir de 1953, la famosa boina verde, proveniente del uniforme de sus modelos británicos. El uso de la boina verde, considerada «extranjera», molestó a muchos altos oficiales del ejército estadounidense.
Fue sólo cuando el presidente Kennedy, gran partidario de las operaciones secretas y de las Fuerzas Especiales, lo aprobó durante una visita a Fort Bragg, el cuartel general de dichas fuerzas, que la boina vino a ser oficialmente adoptada en Estados Unidos para convertirse rápidamente en el emblema del más prestigioso cuerpo de comandos del país. La admiración de los estadounidenses por el ilustre y glorioso SAS perduró por muchos años. Los boinas verdes acostumbraban incluso a referirse al cuartel general de Hereford como «la Casa Matriz» y los oficiales formados en Gran Bretaña gozaban de cierto prestigio a su regreso a Estados Unidos. Por su parte, los británicos se esmeraron en mantener esa alianza, al extremo que en 1962 nombraron al comandante de los Boinas Verdes, el general de división William Yarborough, miembro honorario del SAS.
Lady Thatcher envió el SOE a Cambodia donde este servicio secreto británico entrenó y dirigió a los Khmers Rojos. Estos masacraron entonces a un millón y medio de personas, prioritariamente a los intelectuales que hablaban francés.
En 1988, dos años antes del estallido del escándalo sobre el Gladio, la BBC reveló la existencia de una cooperación entre las Fuerzas Especiales estadounidenses y británicas. En un documento titulado The Unleashing of Evil, la BBC reveló al público que el SAS y los Boinas Verdes no habían vacilado en torturar a sus prisioneros en cada una de las campañas desarrollados desde hacía 30 años en Kenya, Irlanda del Norte, Omán, en Vietnam, Yemen, Chipre y en otros países. Luke Thomson, un ex oficial de Boinas Verdes, explicaba ante las cámaras de la BBC que las tropas de élite estadounidenses y británicas seguían un programa de entrenamiento común en Fort Bragg. Basándose en esa declaración, Richard Norton Taylor, el realizador de aquel documental, quien además se distinguió 2 años más tarde por sus investigaciones sobre el caso Gladio, concluyó que la crueldad «está finalmente más extendida y más anclada en nuestra naturaleza de lo que nos gusta creer» [28].
Durante otra operación secreta, los Boinas Verdes entrenaron también a los escuadrones de Khmers Rojos que participaron en el genocidio cambodiano, después de que se estableciera el contacto por parte de Ray Cline, alto responsable de la CIA y consejero especial del presidente estadounidense Ronald Reagan. Cuando estalló el escándalo del Irángate, en 1983, el presidente Reagan, que quería evitar a toda costa un nuevo escándalo, pidió a la primera ministra británica Margaret Thatcher que los británicos reemplazaran a los estadounidenses.
Margaret Thatcher envió entonces el SAS a Cambodia para entrenar allí mismo a las tropas de Pol Pot. «Fuimos primero a Tailandia, en 1984», testimoniaron más tarde varios oficiales del SAS. «Trabajábamos con los yanquis, estábamos muy compenetrados, como hermanos. A ellos no les gustaba aquello más que a nosotros. Les enseñamos un montón de cosas técnicas a los Khmers Rojos», recuerda el oficial. «Al principio, ellos querían simplemente entrar en las aldeas y acabar con la gente a machetazos. Les dijimos que se calmaran.» Los SAS no se sentían muy a gusto en aquella misión: «Muchos de nosotros hubiésemos cambiado de bando a la primera oportunidad. Estábamos tan asqueados. Odiábamos tanto que nos asociaran con Pol Pot. Se lo aseguro, somos soldados, no asesinos de niños.» [29]
«Mi experiencia en las operaciones secretas me ha enseñado que nunca lo son por mucho tiempo», dijo con una sonrisa el mariscal Lord Carver, jefe del Estado Mayor y futuro comandante en jefe de la Defensa británica. Su observación pudiera aplicarse al Gladio. «Después que usted mete el dedo en el mecanismo, siempre existe el riesgo de que las Fuerzas Especiales empiecen a actuar por su cuenta, como hicieron los franceses en Argelia y quizás más recientemente en el caso del Rainbow Warrior, en Nueva Zelanda», cuando el Servicio [francés] de Documentación Exterior y de Contraespionaje (SDECE) hundió, el 10 de agosto de 1985, el barco de Greenpeace que trataba de oponerse a los ensayos nucleares franceses en el Pacífico [30].
El «mecanismo» también designaba, por supuesto, las acciones del SAS en Irlanda del Norte, donde los republicanos irlandeses consideran a los miembros de ese servicio especial británico ni más ni menos que como terroristas. «Hay buenas razones para pensar», acusaban sus opositores, «que, incluso desde el punto de vista británico, el SAS creó en Irlanda del Norte más problemas de los que resolvió» [31].
Al estallar el escándalo del Gladio, en 1990, la prensa británica observó que quedaba «ahora demostrado que el Special Air Service (SAS) estaba metido hasta el cuello en el proyecto de la OTAN y que había servido, con el MI6, para entrenar guerrilleros y saboteadores». Los periódicos británicos mencionaron sobre todo una «unidad stay-behind italiana entrenada en Gran Bretaña. Todo parece indicar que aquello duró hasta mediados de los años 80 (…) se ha comprobado que los SAS prepararon en la zona alemana ocupada por los británicos una serie de escondites donde se almacenaban armas» [32].
Las informaciones más importantes sobre el papel que el Reino Unido había desempeñado fueron proporcionadas por la investigación del parlamento suizo sobre el ejército secreto stay-behind helvético, conocido como P26. «Los servicios secretos británicos colaboraron estrechamente con una organización clandestina armada, P26, en el marco de una serie de acuerdos secretos que vinculaban a una red europea de grupos de “resistencia”», reveló un diario a una población suiza estupefacta y convencida de la neutralidad de su país.
El juez Cornu, encargado de investigar el escándalo, describió en su informe «la colaboración entre el grupo [P26] y los servicios secretos británicos como “intensa”, ya que estos últimos aportaron su preciada experiencia. Según el informe, los cuadros del P26 participaron en ejercicios regulares en el Reino Unido. Los consejeros británicos, posiblemente del SAS, visitaron campos secretos de entrenamiento en Suiza.» Ironía del destino, los británicos sabían sobre el ejército secreto suizo mucho más que los propios suizos ya que «las actividades del P26, sus códigos, y el nombre del jefe del grupo, Efrem Cattelan, eran de conocimiento de los servicios ingleses mientras que el gobierno helvético era mantenido en la ignorancia, precisa el informe. Afirma [además] que los documentos relacionados con los acuerdos secretos adoptados entre los británicos y el P26 nunca han sido encontrados.» [33]
Durante los años 1960, 1970 y 1980, los miembros suizos del Gladio se entrenaron en el Reino Unido con los instructores de las Fuerzas Especiales británicas. Según Alois Hurlimann, instructor militar y posiblemente ex miembro del Gladio suizo, el entrenamiento incluía operaciones no simuladas contra activistas del IRA, probablemente en Irlanda del Norte. Hurlimann dejó escapar esas revelaciones durante una conversación en el marco de un curso de inglés.
En un inglés aproximativo, Hurlimann explicó que, en mayo de 1984, él mismo había participado en ejercicios secretos en Inglaterra, que incluían la toma por asalto de un depósito de municiones del IRA. Hurlimann agregó que había participado personalmente en aquella misión, portando un traje de camuflaje, y que había comprobado la muerte de por lo menos uno de los miembros del IRA [34].
Resulta interesante saber que la investigación del juez Cornu permitió descubrir, en 1991, la existencia, en algún lugar de Inglaterra, del centro de mando y de comunicaciones del Gladio, equipado con el sistema Harpoon, extremadamente característico. En 1984, un «Acuerdo de Cooperación», que se completó 3 años después con un «Memorando sobre la Asistencia Técnica», mencionaba de forma explícita «centros de entrenamiento en Gran Bretaña, la instalación de un centro suizo de transmisión en Inglaterra y, la cooperación de los dos servicios sobre las cuestiones técnicas». Desgraciadamente, como señala el juez Cornu, «no logramos encontrar ni el “Acuerdo de Cooperación” ni el “Memorando sobre la Asistencia Técnica”».
La persona responsable en el seno de la UNA, los servicios secretos militares suizos, declaró que había tenido que «transmitírselos a los servicios secretos británicos en diciembre de 1989 por razones desconocidas, sin conservar la copia» [35] «Los cuadros de la organización suiza consideraban a los británicos como los mejores especialistas en la materia», precisa el informe del gobierno de Berna [36].
Después del descubrimiento de los ejércitos secretos, a finales de 1990, un ex responsable de la inteligencia de la OTAN que se mantuvo en el anonimato afirmó que «había una división del trabajo entre el Reino Unido y Estados Unidos, los primeros se encargaban de las operaciones en Francia, Bélgica, Holanda, Portugal y Noruega mientras que los americanos se ocupaban de Suecia, Finlandia y del resto de Europa» [37]. Esta separación de tareas no estuvo exenta de dificultades en todos los países, como lo demuestra el ejemplo italiano. El 8 de noviembre de 1951, el general Humberto Broccoli, uno de los primeros directores del SIFAR, los servicios secretos militares italianos, escribió al ministro de Defensa Efisio Marras sobre las cuestiones relacionadas con la red stay-behind y el entrenamiento de los miembros del Gladio.
Broccoli explicaba que los británicos habían creado estructuras similares en Holanda, en Bélgica y «posiblemente también en Dinamarca y en Noruega». El general estaba feliz de confirmar que Gran Bretaña «se propone beneficiarnos con su gran experiencia» mientras que los estadounidenses han «ofrecido contribuir activamente a nuestra organización proporcionando hombres, material (gratuito o prácticamente gratis) y quizás incluso hasta fondos». Broccoli subrayaba también lo juicioso que sería enviar 7 oficiales italianos cuidadosamente seleccionados a pasar un entrenamiento especial en Inglaterra entre noviembre de 1951 y febrero de 1952 ya que esos mismos oficiales podrían transmitir después su experiencia a los miembros del Gladio italiano. El jefe de los servicios secretos militares italianos Broccoli pedía al ministro de Defensa Marras «dar su aprobación a ese programa porque, aunque los británicos no lo saben, yo me puse de acuerdo con los servicios secretos americanos para que Italia participe» [38].
El entrenamiento Gladio que proporcionaban los británicos no era gratuito. Se trataba en realidad de un lucrativo comercio. Broccoli reconocía que «podemos esperar un costo total de unos 500 millones de liras que no pueden salir del presupuesto del SIFAR y que deberían ser incluidos en el de las Fuerzas Armadas» [39]. Como indicaba el general italiano, el MI6 había ofrecido entrenar a los oficiales del Gladio italiano a condición de que Italia comprara armamento en Gran Bretaña. Al mismo tiempo, sin embargo, la CIA, en algo que se parece mucho a un intento por extender su esfera de influencia, proponía proveer gratuitamente las armas destinadas al Gladio.
A fin de cuentas los italianos decidieron… no decidir. Enviaron sus oficiales a recibir la prestigiosa instrucción de los centros de entrenamiento británicos y concluyeron simultáneamente con Estados Unidos un acuerdo secreto que les garantizaba un aprovisionamiento gratuito en armas, lo cual no fue del agrado de los británicos. Cuando el general Ettore Musco, quien fue el sucesor de Broccoli a la cabeza del SIFAR, viajó a Inglaterra para visitar Fort Monckton, el recibimiento fue particularmente frío: «En 1953, los británicos, furiosos por haberse dejado engañar, le reprocharon al general Musco que “su servicio se haya entregado en cuerpo y alma a los americanos”» [40].
Italia no fue el único terreno de aquella lucha entre la CIA y el MI6 por extender sus respectivas esferas de influencia. A finales de 1990, después de enterarse de la existencia de la red secreta, el ministro de Defensa de Bélgica Guy Coeme explicó que «las relaciones entre los servicios de inteligencia británico y belga se remontaban a los contactos establecidos por el señor Spaak y el jefe de los servicios de inteligencia del Reino Unido [Menzies] y a un arreglo pactado entre Estados Unidos, Gran Bretaña y Bélgica» [41].
Aquel “menage à trois” tenía también sus inconvenientes ya que el MI6 y la CIA querían garantizar –cada uno por su cuenta– que Bélgica no privilegiara a uno de ellos en detrimento del otro. El jefe del MI6 Steward Menzies escribió entonces al primer ministro belga de aquella época, Paul Henri Spaak, una carta fechada el 27 de enero de 1949: «He tenido el placer de poder entrevistarme con usted personalmente sobre ciertos temas que atañen a nuestros respectivos países, que considero primordiales y que me han preocupado particularmente en los últimos tiempos».
Después de esto, Menzies insistía en la necesidad de intensificar la colaboración «sobre la cuestión del Kominforn y de posibles actividades hostiles» y de comenzar «a concebir organizaciones de inteligencia y de acción útiles en caso de guerra». Más exactamente, «ciertos oficiales deberían viajar al Reino Unido en los próximos meses para estudiar, en colaboración con mis servicios, los aspectos concretos de esas cuestiones». Muy inquieto ante la idea de que Spaak pudiese preferir tratar con la CIA antes que con el MI6, Menzies subrayó que él mismo había «considerado siempre la participación de los estadounidenses en la defensa de Europa occidental como algo capital» pero que seguía convencido de que «los esfuerzos de todos, incluyendo los de los americanos, deben inscribirse en un conjunto coherente.
Por consiguiente, si Estados Unidos tuviese que realizar, conjuntamente con [los servicios belgas], preparativos con vistas a enfrentar una guerra, [a él le parecía] esencial que esas actividades se coordinen con las [suyas]» y que sabía que podía contar con la comprensión del primer ministro belga.
Menzies se refería después al CCWU, el Comité Clandestino de la Unión Occidental, un órgano creado en 1948 que dirigió las operaciones de guerra no convencional hasta que se firmó, en 1949, el Tratado del Atlántico y que la OTAN se hizo cargo de la coordinación de la red Gladio. «Ese tipo de cooperación», insistía el británico Menzies en su carta al primer ministro belga Spaak, «permitirá ante todo evitar complicaciones con los jefes del Estado mayor de la Unión Occidental.
Ya indiqué al jefe de los servicios americanos que estoy dispuesto a elaborar planes para establecer el marco de una profunda cooperación con él sobre esa base, por eso sugiero que todos los proyectos formulados por ellos sean sometidos a Washington antes de ser discutidos en Londres por los servicios americanos y británicos.» Menzies señalaba también que el Gladio belga tenía que equiparse y precisaba que: «Los pedidos en materia de entrenamiento y equipamiento tendrán que ser formulados en breve.
Ya ordené la construcción de ciertas instalaciones destinadas al entrenamiento de los oficiales y de personas recomendadas por la dirección de los servicios secretos de ustedes y tendré la posibilidad de conseguir para ustedes el equipamiento actualmente en proceso de fabricación (como los walkie-talkie) que se necesitará en las operaciones clandestinas en un futuro próximo.» Según el jefe del MI6, una parte de aquel material podía ser entregada gratuitamente al Gladio belga mientras que otra parte tendría que ser comprada: «Ese equipamiento especializado podrá ser cedido o alquilado pero, en lo que se refiere al equipamiento más tradicional (como armas ligeras u otro material militar), yo sugiero que las tarifas sean objeto de negociaciones amistosas entre los servicios belgas y británicos».
Aunque estaba de más decir que la creación del Gladio belga tenía que desarrollarse en el más absoluto secreto, al final de su carta Menzies precisaba de todas formas: «Sé que es inútil recordarle a usted que este correo tiene mantenerse altamente confidencial y no debe ser divulgado a terceros sin nuestros respectivos consentimientos previos» [42].
Alrededor de dos semanas después, Spaak respondió a Menzies con otra carta en la que se felicitaba por recibir la ayuda de los británicos, aunque indicaba que los estadounidenses también se habían acercado a las autoridades belgas sobre el mismo tema y que a él le parecía que era preferible que Washington y Londres arreglaran primero la cuestión entre sí. «Estoy enteramente de acuerdo», escribía el primer ministro belga, «en que una colaboración entre los tres servicios (británicos, americanos y belgas) sería extremadamente provechosa.» Consciente de la rivalidad existente entre la CIA y el MI6, Spaak agregaba: «Si uno de los dos servicios, el americano o el belga, rechazara esta colaboración, los servicios belgas se verían en una situación extremadamente delicada y difícil. Por eso me parece que se impone la necesidad de negociaciones al más alto nivel entre Londres y Washington para zanjar esta cuestión» [43].
En Noruega, el jefe de los servicios secretos, Vilhelm Evang, fue simultáneamente el artífice de la fundación de la red stay-behind y de la creación de la primera agencia de inteligencia de ese país, el Norwegian Intelligence Service (NIS). Este graduado de ciencias originario de Oslo se había unido al pequeño núcleo encargado de la inteligencia en el seno del gobierno noruego exilado en Londres en 1942. Al regresar a su país, Evang, que había establecido excelentes relaciones con los británicos, fundó el NIS en 1946 y lo dirigió durante 20 años. Sus escritos nos informan que en febrero de 1947 Evang se reunió con un oficial del MI6 británico cuyo nombre se ignora pero que estaba «bien relacionado con las altas esferas del ejército y la Defensa.
Las inquietudes de los ingleses los han llevado a interesarse de cerca por las estrategias de defensa en los países bajo ocupación enemiga. Parece que Holanda, Francia y Bélgica han emprendido procesos de instalación de estructuras necesarias para un ejército clandestino.» [44]
En la Suecia vecina, y supuestamente neutral, los británicos desempeñaron, con ayuda de la CIA, un papel preponderante en la formación de los dirigentes del Gladio local. Así lo reveló Reinhold Geijer, un ex militar de carrera sueco reclutado en 1957 por la red Gladio local, quien dirigió una de sus divisiones regionales durante varias décadas. En 1996, Geijer, ya cerca de los 80 años, contó ante las cámaras del canal sueco TV 4 cómo los británicos lo habían entrenado en Inglaterra con vistas a la realización de acciones clandestinas. «En 1959, después de una escala en Londres, me fui directamente a una granja en el campo cerca de Eaton.
Mi viaje se desarrollaba dentro de la más absoluta confidencialidad, yo utilizaba por ejemplo un pasaporte falso. Ni siquiera estaba autorizado a llamar por teléfono a mi esposa», testimoniaba Geijer. «El objetivo de aquel entrenamiento era aprender a utilizar técnicas de buzones seguros para recibir y enviar mensajes secretos, y otros ejercicios al estilo de James Bond. Los británicos eran particularmente exigentes. A mi me parecía que aquello era exagerado.» [45]
A finales de 1990, mientras seguían apareciendo ejércitos secretos por toda Europa occidental y los proyectores estaban enfocados hacia Inglaterra y el papel que ese país había desempeñado por debajo de la mesa, el gobierno de John Major se negaba obstinadamente a hablar del asunto. «Nosotros no hablamos de cuestiones vinculadas a la Seguridad nacional», respondían incansablemente los voceros ante las preguntas de los periodistas británicos [46]. El Parlamento británico no vio la necesidad de abrir un debate público o una investigación oficial sobre el tema, actitud que –en el verano de 1992– inspiró al periodista Hugh O’Shaughnessy la siguiente crítica: «El silencio de Whitehall y la ausencia casi total de curiosidad por parte de los parlamentarios sobre un escándalo en el que Gran Bretaña está tan profundamente implicada resultan extraordinarios.» [47]
La BBC se encargó de concluir que: «El papel desempeñado desde Gran Bretaña en la creación de los ejércitos stay-behind a través de Europa [fue] fundamental». En su edición nocturna del 4 de abril de 1991, la BBC puso énfasis en el aspecto criminal de los ejércitos secretos y señaló: «Cayó la máscara y cubría numerosos horrores».
La BBC descubrió que, paralelamente a su función stay-behind, los ejércitos secretos habían desempeñado también una labor de manipulación política: «Al igual que la antigua espada, la historia del Gladio moderno es de doble filo.» El documental de la BBC planteaba toda una serie de interrogantes: «¿Era el Gladio, con sus reservas secretas de armas y de explosivos utilizados por sus inspiradores, [un instrumento] de subversión interna contra la izquierda? ¿Fueron los agentes del Gladio culpables de atentados terroristas?» Y ¿cuál fue exactamente el papel de Gran Bretaña? El parlamentario italiano Sergio de Julio declaraba ante las cámaras: «Nosotros tenemos pruebas que demuestran que, a partir de la creación del Gladio, hubo oficiales que fueron enviados a Inglaterra para entrenarse. Ellos estaban encargados de conformar los primeros núcleos de la organización Gladio. Esa es la prueba de una, digamos, cooperación entre el Reino Unido e Italia.» [48]
El periodista de la BBC Peter Marshall interrogaba después al general italiano Gerardo Serravalle, quien había dirigido el Gladio italiano entre 1971 y 1974, sobre el papel que habían desempeñado los británicos. Serravalle confirmó la existencia de una estrecha colaboración: «Yo invité [a los británicos] porque a nosotros nos habían invitado a visitar sus bases en Inglaterra –las infraestructuras stay-behind– así que yo les devolví la cortesía». Marshall le preguntó entonces: «¿Dónde se encuentra el centro de la red británica?». A lo que el general italiano respondió: «Lo siento pero no se lo diré porque eso constituye un secreto militar de su país». El periodista británico hizo después una pregunta para la que podía razonablemente esperar una respuesta de parte del general italiano: «Pero, ¿se sentía usted impresionado por los británicos?». A lo que Serravalle respondió afirmativamente: «Sí, lo estábamos porque es [sic] muy eficaz, extremadamente bien organizado y había excelentes elementos.» [49]
Un año después la BBC se interesó nuevamente por el caso Gladio al transmitir una excelente serie de 3 documentales de Allan Francovich dedicados a ese tema. No se trataba del primer trabajo de ese realizador, quien ya en 1980 había ganado el premio de la crítica internacional en el Festival de Berlín con su film On Company Business, donde revelaba el lado oscuro de la CIA. Después de su investigación sobre Gladio, Francovich rodó The Maltese Double Cross donde demostraba la existencia de puntos de contacto entre el desastre del vuelo 103 de la PanAm cerca de Lockerbie, en 1988, y la destrucción por error, aquel mismo año, de un avión de Iran Air por parte del navío estadounidense USS Vincennes. «Son muy pocos los que luchan incansablemente por la verdad, aunque ello implique ponerse en peligro ellos mismos, como hizo Francovich», recordó Tam Dayell después de la muerte de su amigo, como resultado de una crisis cardiaca sufrida en oscuras circunstancias, en la zona de espera del aeropuerto de Houston, el 17 de abril de 1997 [50].
Basados principalmente en entrevistas, los documentales que rodó Francovich para la BBC se dedicaban casi exclusivamente a las redes Gladio de Bélgica e Italia. Incluían testimonios de participantes tan importantes como Licio Gelli, jefe de la Logia P2; el activista de extrema derecha Vincenzo Vinciguerra; el juez veneciano y «descubridor» del Gladio Felice Casson; el general Gerardo Serravalle, comandante del Gladio italiano; el senador Roger Lallemand, quien presidió la comisión investigadora del parlamento belga; Decimo Garau, ex instructor de la base del Gladio en Cerdeña; el ex director de la CIA William Colby y Martial Lekeu, un ex miembro de la Gendarmería belga, por sólo citar unos cuantos [51].
«Todo el asunto del stay-behind no tenía, a mi modo de ver, otro objetivo que garantizar, en caso de que sucediese lo peor, si un partido comunista llegaba al poder, que hubiese agentes para avisarnos, para seguir de cerca los hechos e informarnos», explicaba Ray Cline, director adjunto de la CIA desde 1962 hasta 1966, ante la cámara de Francovich. «Es probable que grupúsculos de extrema derecha hayan sido reclutados e integrados a la red stay-behind con el fin de poder prevenirnos si se preparaba una guerra. Desde esa óptica, la utilización de extremistas de derecha, con fines de inteligencia y no políticos, me parece que no plantea ningún problema», proseguía Cline [52].
Al día siguiente, la prensa inglesa publicaba lo siguiente: «Era de esos escándalos de los que uno piensa que pueden derribar un gobierno, pero como la amnesia de los telespectadores es lo que es, no queda más que un cintillo en los periódicos al día siguiente» [53].
Daniele Ganser
Daniele Ganser. Historiador suizo, especialista en relaciones internacionales contemporáneas. Se dedica a la enseñanza en la universidad de Basilea, Suiza.
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[1] Denna Frank Fleming, The Cold War and its Origins 1917–1960 (New York, 1961), p.4.
[2] Ver Fleming: Cold War.
[3] Cifras indicadas por Andrew Wilson, Das Abrüstungshandbuch: Analysen, Zusammenhänge, Hintergründe (Hoffmann und Campe, Hamburgo, 1984), p.38. Bajas estadounidenses: 300 000 soldados muertos, 600 000 heridos. Ninguna víctima civil. Balance total de la cantidad de muertos de la Segunda Guerra Mundial: 60 millones (ibid.).
[4] Valentin Falin, Zweite Front. Die Interessenkonflikte in der Anti-Hitler-Koalition (Bömer Knaur, Munich, 1995).
[5] Mackenzie, W. J. M., History of the Special Operations Executive: Britain and the resistance in Europe (British Cabinet Office, Londres, 1948), p.1153 y 1155. El documento original del Buró de los Archivos Públicos de Londres no ha sido publicado aún. Debe ser publicado próximamente por la editora Frank Cass.
[6] Mackenzie, Special Operations Executive, p.2.
[7] Un veterano del SOE, el teniente coronel Holland, «un agente dotado de experiencia en materia de operaciones clandestinas en Irlanda y en la India … y de una profunda convicción en cuanto a la utilidad y el interés [de dichas operaciones]». Fragmento de Mackenzie, Special Operations Executive, p.9.
[8] Paralelamente a la sección D del MI6, otras dos organizaciones destinadas a la subversión fueron fundadas en 1938. Una de ellas dependía del alto mando del ministerio de la Guerra: el GS(R), rebautizado posteriormente como MI(R), que se dedicaba al estudio de las técnicas de guerra no convencional. La segunda, bautizada como EH, en referencia Electra House que era el nombre del edificio donde tenía su cuartel general londinense, estaba especializada en propaganda «negra» (anónima) en Europa. Ver David Stafford, Britain and European Resistance 1940–1945: A survey of the Special Operations Executive (St Antony’s College, Oxford, 1980), p.19–21.
[9] Tony Bunyan, The History and Practice of the Political Police in Britain (Quartet Books, Londres, 1983), p.265.
[10] Peter Wilkinson, Foreign Fields : The Story of an SOE Operative (London Tauris Publishers, Londres, 1997), p.100.
[11] Imperial War Museum London, visitado por el autor en mayo de 1999.
[12] Wilkinson, Fields, p.101.
[13] Stafford, Resistance, p.20.
[14] Carta del ministro Hugh Dalton al ministro de Relaciones Exteriores Halifax fechada el 2 de julio de 1940. Fragmento de M. R. D. Foot, An outline history of the Special Operations Executive 1940–1946 (British Broadcasting Cooperation, Londres, 1984), p.19.
[15] «Background Document File N°0391: GLADIO», Statewatch, enero de 1991. Sobre el papel de Gubbins, ver también la publicación belga Fire! Le Magazine de l’Homme d’Action, septiembre/octubre de 1991, p.77.
[16] E. H. Cookridge, Inside SOE. The Story of Special Operations in Western Europe 1940–45 (Arthur Barker Limited, Londres, 1966), p.13.
[17] Mackenzie, Special Operations Executive, p.1152.
[18] Ibid., p.1153 and 1155.
[19] Stafford, Resistance, epílogo p.203.
[20] Frans Kluiters, De Nederlandse inlichtingen en veiligheidsdiensten (1993), p.309.
[21] Stafford, Resistance, conclusión p.211.
[22] Frank Wisner es el padre de Frank Wisner Jr., que a su vez es padrastro de Nicolas Sarkozy, NdlR.
[23] Roger Faligot y Rémi Kauffer, Les maîtres espions. Histoire mondiale du renseignement. Volume 2. De la Guerre froide à nos jours (Editions Laffont, París, 1994), p.53.
[24] Michael Smith, New Cloak, Old Dagger : How Britain’s Spies Came in from the Cold (Gollancz, Londres, 1996), p.117. Basado en entrevistas realizadas a Simon Preston el 11 de octubre de 1995 y a Michael Giles el 25 de octubre de 1995.
[25] Allan Francovich, Gladio: The Ringmasters. Primer documental de una serie de 3 rodados por el realizador Francovich y dedicados al Gladio, transmitido por BBC2 el 10 de junio de 1992.
[26] Michael de la Billiere, Looking for Trouble: SAS to Gulf Command - The Autobiography (HarperCollins, Londres, 1994), p.150. Esta autobiografía de Billiere incluye el recuento de su experiencia en el SAS.
[27] Agencia internacional de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990.
[28] The Unleashing of Evil, documental realizado por Richard Norton Taylor, quien cubrió las revelaciones de 1990 sobre el Gladio para el diario The Guardian. Transmitido por la BBC el 29 de junio de 1988. Revelación del Guardian publicada el mismo día: «‘British soldiers used torture’».
[29] Declaraciones de un oficial del SAS al eminente periodista de investigación John Pilger. Diario británico The Guardian, 16 de octubre de 1990. En 1986, Jonathan Winer, abogado en el Congreso, reveló que Estados Unidos había financiado a Pol Pot aportándole en total 85 millones de dólares entre 1980 y 1986 en aplicación de la lógica de que “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”, revelación que provocó la cólera de la administración Reagan. (John Pilger en el diario británico The Guardian, 6 de octubre de 1990). En Gran Bretaña, la incomodidad era comparable. En 1990, la primera ministra Margaret Thatcher negó toda implicación británica en la formación de los escuadrones de Khmers Rojos, a pesar de los testimonios que ya habían aportado varios oficiales del SAS. En 1991, durante un juicio por difamación en el que se vio implicado John Pilger, el ministerio de Defensa tuvo que reconocer finalmente que Gran Bretaña había contribuido al entrenamiento de los partidarios de los Khmers Rojos (Diario británico The Guardian, 20 de abril de 1993).
[30] Joseph Paul de Boucherville Taillon, International Cooperation in the Use of elite military forces to counter terrorism: The British and American Experience, with special reference to their respective experiences in the evolution of low intensity operations (1992), p.200 (Tesis de doctorado presentada en la London School of Economics and Political Science, no publicada). Carta de Carver a Boucherville Taillon, fechada el 24 de diciembre de 1985.
[31] Publicación británica Lobster, diciembre de 1995.
[32] Publicación mensual británica Searchlight, enero de 1991.
[33] Richard Norton-Taylor, «UK trained secret Swiss force» en el diario británico The Guardian, 20 de septiembre de 1991.
[34] Urs Frieden, «Die England Connection. PUK EMD: P26 Geheimarmist Hürlimann im Manöver», publicado en el semanario suizo Wochenzeitung, 30 de noviembre de 1990.
[35] Schweizer Bundesrat: Schlussbericht in der Administrativuntersuchung zur Abklärung der Natur von allfälligen Beziehungen zwischen der Organisation P26 und analogen Organisationen im Ausland. Kurzfassung für die Oeffentlichkeit. 19 de septiembre de 1991, p.4–5.
[36] Ibid., p.2.
[37] Publicación británica Searchlight, enero de 1991.
[38] La carta de Broccoli, fechada el 1º de octubre de 1951 e intitulada Organizzazione informativa operativa nel territorio nazionale suscettibile di occupazione nemica, es un documento esencial en el caso Gladio. La comisión parlamentaria italiana se refirió a ella. Un buen resumen de ese documento se encuentra en Mario Coglitore, La notte dei Gladiatori. Omissioni e silenzi della Repubblica (Calusca Edizioni, Padoue, 1992), p.132–133. La publicación política italiana Espresso, que pudo conseguir el documento original, cita numerosos fragmentos de este en su edición del 18 de enero de 1991.
[39] Coglitore, Gladiatori, p.133.
[40] Pietro Cedomi, «Service secrets, guerre froide et ‘stay-behind. 2e partie’: La mise en place des réseaux», en la publicación belga Fire! Le Magazine de l’Homme d’Action, septiembre/octubre de 1991, p.80.
[41] Allan Francovich, Gladio: The Ringmasters. Primer documental de una serie de 3 realizada por Francovich y dedicada al Gladio. Transmitido por la BBC2 el 10 de junio de 1992.
[42] Enquête parlementaire sur l’existence en Belgique d’un réseau de renseignements clandestin international [Investigación parlamentaria sobre la existencia en Bélgica de una red clandestina internacional de inteligencia], informe elaborado por los señores Erdman y Hasquin a nombre de la comisión investigadora. Documento del Senado, sesión de 1990–1991. Bruselas, p.212–213.
[43] Ibid., p.213. Citado también en el diario británico The Observer del 7 de junio de 1992.
[44] Fragmento de Olav Riste, The Norwegian Intelligence Service 1945–1970 (Frank Cass, Londres, 1999), p.16.
[45] Thomas Kanger y Oscar Hedin, «Erlanders hemliga gerilla. I ett ockuperat Sverige skulle det nationella motstandet ledas fran Äppelbo skola i Dalarna» en el diario sueco Dagens Nyheter, 4 de octubre de 1998.
[46] Diario británico The Guardian, 14 de noviembre de 1990.
[47] Hugh O’Shaughnessy, «Gladio : Europe’s best kept secret». Estos agentes supuestamente debían permanecer detrás de las líneas enemigas en caso de invasión de Europa occidental por parte del Ejército Rojo. Pero esa red, creada con las mejores intenciones, degeneró en ciertos países en un instrumento del terrorismo y de la agitación política de extrema derecha. Publicado en el diario británico The Observer el 7 de junio de 1992.
[48] Televisión británica. BBC Newsnight, 4 de abril de 1991, 22 h 30. Reportaje sobre Gladio realizado por el periodista Peter Marshall.
[49] Ibid.
[50] Sección necrológica del diario británico The Independent, 28 de abril de 1997.
[51] Allan Francovich, Gladio: The Ringmasters, primer documental de una serie de 3 realizada por Francovich y dedicada al Gladio, transmitido por la BBC2 el 10 de junio de 1992; Gladio: The Puppeteers, segundo documental de una serie de 3 realizada por Francovich y dedicada al Gladio, transmitido por BBC2 el 17 de junio de 1992; Gladio: The Foot Soldiers, último documental de la serie de 3 realizada por Francovich y dedicada al Gladio, transmitido por BBC2 el 24 de junio de 1992.
[52] Allan Francovich, Gladio: The Ringmasters. primer documental de una serie de 3 realizada por Francovich y dedicada al Gladio, transmitido por la BBC2 el 10 de junio de 1992.
[53] Diario británico The Times, 28 de junio de 1992.
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viernes, 4 de diciembre de 2009
Los ejércitos secretos de la OTAN (IV)
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jueves, 3 de diciembre de 2009
Los ejércitos secretos de la OTAN (III)
Antes de asumir sus funciones como nuevo comandante supremo de la OTAN (SACEUR), el 2 de julio de 2009, el almirante James G. Stavridis visitó discretamente el SHAPE para reunirse con los jefes de las redes stay-behind.
Gladio: Por qué la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando
por Daniele Ganser
28 de noviembre de 2009
DesdeBâle (Suisse)
La existencia del gobierno de las sombras instituido por Estados Unidos y Gran Bretaña en el conjunto de países aliados quedó fehacientemente demostrada durante las investigaciones judiciales y parlamentarias realizadas en los años 1980 y 90. A pesar de ello, la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando hoy en día. Y es que Washington y Londres no ven en ello una etapa histórica sino un dispositivo actual.
Esto último ha quedado demostrado con los recientes secuestros perpetrados en Europa y con el escándalo de los vuelos secretos de la CIA que marcaron la era de Bush. Si los ejércitos secretos de la OTAN siguen siendo un secreto militar, es porque se mantienen activos.
Cuando se producen las revelaciones sobre la red Gladio, en 1990, la OTAN, que es la alianza militar más grande del mundo, contaba con 16 países miembros: Alemania, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Holanda, Portugal, Gran Bretaña, Turquía y los Estados Unidos, país que asume el papel de comandante.
Ante las revelaciones del primer ministro italiano Giulio Andreotti, la reacción de la alianza atlántica fue de confusión y de temor por su imagen cuando se estableció el vínculo entre los ejércitos stay-bahind y los atentados, actos de tortura, golpes de Estado y otras operaciones terroristas que se habían cometido en varios países de Europa occidental.
El lunes 5 de noviembre de 1990, al cabo de un largo silencio que había durado cerca de un mes, la OTAN negó categóricamente las alegaciones de Andreotti sobre la implicación de la alianza atlántica en la Operación Gladio y sus vínculos con los ejércitos secretos.
El principal vocero de la OTAN, Jean Marcotta, afirmó desde el cuartel general del SHAPE, en Mons (Bélgica) que: «La OTAN nunca ha previsto recurrir a la guerrilla o a operaciones clandestinas. Siempre se ha ocupado de cuestiones exclusivamente militares y de la defensa de las fronteras de los países aliados [1].»
Posteriormente, el martes 6 de noviembre, otro vocero explicó que el desmentido del día anterior era falso. Este otro vocero sólo proporcionó a los periodistas un breve comunicado en el que se precisaba que la OTAN nunca comentaba asuntos que eran secreto militar y que Marcotta debió haberse mantenido en silencio [2].
La prensa internacional criticó amargamente aquellas contradicciones en la estrategia de relaciones públicas de la alianza militar: «Mientras que verdaderos sismos sacuden el continente entero, un vocero de la OTAN hace un desmentido: nada sabemos de Gladio ni de las redes stay-behind. Y ahora un lacónico comunicado viene a desmentir el desmentido “incorrecto” y nada más [3]».
Mientras se producía el derrumbe de la credibilidad de la OTAN, los titulares de los diarios eran: «Unidad clandestina de la OTAN “sospechosa de vínculos con el terrorismo”» [4]. «Red secreta de la OTAN acusada de subversión: La Comisión descubrió que Gladio, brazo armado clandestino de la OTAN en Italia, se había convertido en un refugio de fascistas que combatían el comunismo mediante atentados terroristas que debían justificar un endurecimiento de las leyes.» [5] «La bomba que estalló en Bolonia provenía de una unidad de la OTAN» [6].
Un diplomático de la OTAN, que insistió en conservar el anonimato, justificó ante los periodistas: «Ya que se trataba de una organización secreta, no espero que abunden las respuestas, aunque ya haya acabado la guerra fría. Si hubo vínculos con organizaciones terroristas, ese tipo de información debe estar enterrado muy hondo. Y si no es el caso, ¿qué hay de malo en preparar el terreno para la resistencia en caso de que los soviéticos atacaran?» [7]
Según la prensa española, inmediatamente después del fiasco de la operación de comunicación de los días 5 y 6 de noviembre, el secretario general de la OTAN Manfred Worner convocó a los embajadores de la alianza atlántica para una reunión a puertas cerradas sobre Gladio el 7 de noviembre.
El «Supreme Headquarters Allied Powers Europe o SHAPE, órgano de mando del aparato militar de la OTAN, coordinaba las acciones del Gladio, eso fue lo que reveló el secretario Manfred Worner durante una entrevista con los embajadores de las 16 naciones aliadas de la OTAN», reportó la prensa española.
«Worner habría pedido tiempo para realizar una investigación sobre las causas del desmentido formal» que la OTAN había publicado el día anterior. «Eso es lo que habría anunciado a los embajadores del Consejo Atlántico reunidos el 7 de noviembre, según ciertas fuentes.»
El más alto oficial de la OTAN en Europa, el general estadounidense John Galvin, había confirmado que las alegaciones de la prensa eran en gran parte correctas, pero que había que mantener el secreto. «En aquella reunión a puertas cerradas, el secretario general de la OTAN precisó que los altos oficiales interrogados (se refería al general John Galvin, comandante en jefe de las fuerzas aliadas en Europa) habían indicado que el SHAPE coordinaba las operaciones que realizaba el Gladio. En lo adelante, la política de la OTAN será negarse a hacer cualquier comentario sobre los secretos oficiales.» [8]
Según fuentes que han expresado su deseo de mantenerse en el anonimato, el Buró de Seguridad de la OTAN estaba directamente implicado en la Operación Gladio [9]. Con sede en el cuartel general de la OTAN en Bruselas, el misterioso Buró de Seguridad es parte integrante de la OTAN desde la creación de la alianza atlántica, en 1949. Su misión consiste en coordinar, supervisar y aplicar las políticas de seguridad de la OTAN. El director de la Seguridad es el principal consejero del secretario general en materia de seguridad, dirige el Servicio de Seguridad del cuartel general y es responsable de la coordinación general de la seguridad en el seno de la OTAN.
Pero lo más importante es que preside el Comité de Seguridad de la alianza atlántica, órgano que reúne regularmente a los jefes de los servicios de seguridad de los países miembros de la OTAN para discutir sobre cuestiones de espionaje, terrorismo, subversión y otras amenazas, entre ellas el comunismo en Europa occidental, que pudieran representar un peligro para la OTAN.
En Alemania, el investigador Erich Schmidt Eenboom reveló que los jefes de los servicios secretos de varios países de Europa occidental, sobre todo los de España, Francia, Bélgica, Italia, Noruega, Luxemburgo y Gran Bretaña, se habían reunido varias veces a finales del año 1990 para elaborar una estrategia de desinformación que debía contrarrestar las numerosas revelaciones sobre Gladio [10].
Aquellas reuniones se desarrollaron al parecer en el muy secreto Buró de Seguridad. «El hecho que las estructuras clandestinas de Gladio fuesen coordinadas por un comité internacional de seguridad que se componía únicamente de representantes de los servicios secretos», resalta el diario portugués Expresso, «plantea otro problema: el de la soberanía nacional de cada uno de los Estados».
Durante la guerra fría, ciertos servicios de inteligencia actuaban fuera de todo marco democrático. «Parece como si varios gobiernos europeos hubiesen perdido el control de sus servicios secretos» mientras que la OTAN mantenía, por su parte, relaciones particularmente estrechas con los servicios secretos militares de cada uno de los Estados miembros. «Parece evidente que la OTAN aplica un principio de confianza restringida. Según esa doctrina, ciertos gobiernos no son lo suficientemente activos en la lucha contra el comunismo así que no es de utilidad informarlos sobre las actividades del ejército secreto de la OTAN.» [11].
Bajo el título «Manfred Worner habla sobre el Gladio», la prensa portuguesa publicó detalles suplementarios sobre la reunión del 7 de noviembre. «El secretario general de la OTAN, el alemán Manfred Worner, explicó a los embajadores de los 16 países aliados de la OTAN la función de la red secreta –que fue creada en los años 1950 con el fin de organizar la resistencia ante la eventualidad de una invasión soviética.»
Tras las puertas cerradas, «Worner confirmó que el comando militar de las fuerzas aliadas, el Supreme Headquarters Allied Powers Europe (SHAPE), coordina las actividades de la “Red Gladio”, instaurada por los servicios secretos de los diferentes países de la OTAN, a través de un comité creado en 1952 y presidido actualmente por el general Raymond Van Calster, jefe de los servicios secretos militares belgas», posteriormente se supo que se trataba del ACC.
Según el diario, «la estructura se creó en Italia antes de 1947, más tarde redes similares se crearon en Francia, Bélgica, el Reino Unido, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega y Grecia».
«El secretario general reconoció también que el SHAPE había proporcionado “informaciones falsas” negando la existencia de esa red secreta, pero se negó a explicar las numerosas contradicciones en las que se enredaron numerosos gobiernos al confirmar o negar la realidad sobre las redes Gladio en sus respectivos países». [12]
En medio de la tormenta, la prensa trató repetidamente de obtener una explicación, o al menos algún comentario, de la más alta autoridad civil de la alianza atlántica, el secretario general de la OTAN Manfred Worner. Pero, conforme a la política de la alianza que consistía en no pronunciarse sobre secretos militares, Worner rechazó todos los pedidos de entrevistas [13].
El término «secretos militares» focalizó la atención de los periodistas, que empezaron entonces a buscar ex responsables de la OTAN ya retirados que pudiesen expresarse con más libertad sobre el caso.
Joseph Luns, un ex diplomático de 79 años que había ocupado las funciones de secretario general de la OTAN desde 1971 hasta 1984, concedió una entrevista telefónica a varios reporteros desde su apartamento en Bruselas. Afirmó no haber sido informado nunca de la existencia de la red secreta, hasta que se había enterado, en fecha reciente, a través de la prensa: «Yo nunca había oído hablar de eso a pesar de que ejercí algunas responsabilidades en el seno de la OTAN».
Luns admitió, sin embargo, haber sido puesto al tanto «de forma limitada» en ocasión de operaciones especiales y estimó como «poco probable pero no imposible» que Gladio hubiera podido existir sin que él lo supiera [14]. «El único organismo internacional que ha funcionado es la OTAN, simplemente porque se trata de una alianza militar y porque nosotros estábamos al mando », respondió un día el presidente estadounidense Richard Nixon [15].
Hacía notar, con toda razón, que aunque la OTAN tenía su sede europea en Bélgica, su verdadero cuartel general estaba en Washington, en el Pentágono. Desde la creación de la alianza atlántica, el comandante en jefe de la zona Europa, el SACEUR (Supreme Allied Commander Europe), que ejerce sus funciones desde su cuartel general, el SHAPE, con sede en Casteau (Bélgica), fue siempre un general estadounidense.
Los europeos podían, por su parte, nombrar al más alto responsable civil, el secretario general. Pero, desde la nominación del general Dwight Eisenhower como primer SACEUR, la más alta función militar en Europa estuvo sistemáticamente en manos de oficiales estadounidenses. [16]
Thomas Polgar, oficial de la CIA en retiro, confirmó, después de que se descubriera la existencia de los ejércitos secretos en Europa occidental, que la coordinación de dichos ejércitos estaba a cargo de «una especie de grupo de planificación de guerra no convencional» vinculado a la OTAN [17].
Sus palabras fueron confirmadas por la prensa alemana cuando esta subrayó que, durante todo el periodo de la guerra fría, ese departamento secreto de la OTAN estuvo bajo control estadounidense. «Las misiones de los ejércitos secretos son coordinadas por la “Sección de Fuerzas Especiales”, que se encuentra en un ala altamente vigilada del cuartel general de la OTAN en Casteau», reportó un diario alemán. «Una puerta gris de acero que se abre como la caja fuerte de un banco y mediante una combinación cifrada impide el acceso de toda persona no autorizada.
Los oficiales de los demás departamentos invitados a penetrar allí tienen que presentarse en una ventanilla oscura en la que son sometidos a un control. La Sección de Fuerzas Especiales está bajo la dirección de oficiales británicos y estadounidenses exclusivamente y la mayoría de los documentos que allí circulan llevan la inscripción “American eyes only” (Únicamente para el personal americano)» [18].
Para contrarrestar la influencia de los partidos comunistas en ciertos países de Europa occidental, la OTAN había emprendido, desde su creación al término de la Segunda Guerra Mundial, una guerra secreta no convencional.
Según los descubrimientos de la investigación parlamentaria belga sobre el Gladio, esa lucha comenzó incluso antes de la fundación de la alianza atlántica, bajo la coordinación, a partir de 1948, del “Clandestine Committee of the Western Unión” (CCWU) o Comité Clandestino de la Unión Occidental. Según la prensa, todas las «naciones [participantes en Gladio] eran miembros del CCWU y asistían regularmente a reuniones a través de un representante de sus servicios secretos. Estos estaban generalmente en contacto directo con las estructuras stay-behind» [19].
En 1949, al firmarse el Tratado del Atlántico Norte, el CCWU fue secretamente incorporado al nuevo aparato militar internacional y operó, a partir de 1951, bajo la nueva apelación de CPC.
En aquella época, el cuartel general europeo de la OTAN se encontraba en Francia y el CPC tenía su sede en París.
Como antes lo había hecho el CCWU, el Comité se encargaba de la planificación, la preparación y la dirección de las operaciones de guerra no convencional que realizaban los ejércitos stay-behind y las Fuerzas Especiales.
Sólo los oficiales que disponían de autorizaciones emitidas por el nivel superior estaban autorizados a penetrar en la sede del CPC donde, bajo la vigilancia de los expertos de la CIA y del MI6, se reunían varias veces al año los jefes de los servicios secretos de los Estados de Europa occidental para coordinar las operaciones de guerra clandestina que se desarrollaban en toda la parte occidental del continente.
En 1966, cuando el presidente de la República Francesa Charles de Gaulle expulsó a la OTAN de Francia, el cuartel general europeo de la alianza atlántica tuvo que mudarse de París a Bruselas, lo cual provocó la cólera del presidente de los Estados Unidos, Lyndon Johnson.
En el más absoluto secreto, el CPC también se mudó para Bélgica, como se reveló gracias a la investigación sobre el Gladio belga [20].
La histórica expulsión de la OTAN del territorio francés ofreció entonces una primera imagen real de los oscuros secretos de la alianza atlántica.
Para Philip Willan, especialista en operaciones secretas: «La existencia de protocolos secretos de la OTAN que implicaban a los servicios secretos de los países firmantes y que tenían como objetivo evitar que los comunistas tuviesen acceso al poder se divulgó por vez primera en 1966, cuando el presidente De Gaulle decidió retirarse del comando conjunto de la OTAN y denunció esos protocolos como una violación de la soberanía nacional» [21].
Si los documentos originales de los protocolos anticomunistas secretos de la OTAN siguen siendo confidenciales, las especulaciones sobre su contenido no dejaron de multiplicarse como consecuencia del descubrimiento de la existencia de los ejércitos secretos stay-behind.
En un artículo dedicado al Gladio, el periodista estadounidense Arthur Rowse escribió que «una cláusula secreta del tratado inicial de la OTAN de 1949 estipulaba que todo país candidato a la adhesión tenía que haber instaurado anteriormente una autoridad de Seguridad Nacional encargada de dirigir la lucha contra el comunismo por grupos clandestinos de ciudadanos» [22].
Un especialista italiano en servicios secretos y operaciones clandestinas, Giuseppe de Lutiis, descubrió que en el momento de su integración a la OTAN, en 1949, Italia firmó, además del Pacto Atlántico, una serie de protocolos secretos que estipulaban la creación de una organización no oficial «encargada de garantizar el alineamiento de la política interna italiana con la del bloque occidental por todos los medios necesarios, incluso en que caso de que la población llegara a manifestar una inclinación divergente» [23].
El historiador italiano especializado en el Gladio, Mario Coglitore, ha confirmado también la existencia de esos protocolos secretos de la OTAN [24].
Después de las revelaciones de 1990, un ex oficial de inteligencia de la OTAN, que puso énfasis en conservar el anonimato, llegó a afirmar que esos documentos protegían explícitamente a los miembros de la extrema derecha considerados útiles en la lucha contra los comunistas.
El presidente de los Estados Unidos Truman y el canciller alemán Adenauer al parecer «firmaron un protocolo secreto durante la adhesión de la RFA a la OTAN, en 1955, en el que se estipulaba que las autoridades de Alemania Occidental se abstendrían de emprender acciones judiciales contra reconocidos extremistas de derecha» [25].
El general italiano Paolo Inzerilli, quien dirigió el Gladio en su país desde 1974 hasta 1986, subrayó que los «omnipresentes americanos» controlaban el CPC secreto que se hallaba a cargo de la coordinación de la guerra clandestina.
Según el general Inzerilli, el Comité había sido fundado «por orden del comandante en jefe de la OTAN en Europa.
Era [el Comité] el intermediario entre el SHAPE, el cuartel general de las potencias aliadas en Europa y los servicios secretos de los Estados miembros para las cuestiones de guerra no convencional» [26].
Estados Unidos controlaba el CPC, con sus vasallos británicos y franceses, y constituía juntos a estos últimos una “Comisión Ejecutiva” en el seno del Comité. «Las reuniones se sucedían al ritmo de una o dos al año en el cuartel general del CPC, en Bruselas, y los asuntos del orden del día se debatían entre la “Comisión Ejecutiva” y los responsables militares», testimonió Inzirelli [27].
«La coordinación entre las acciones de nuestra red stay-behind y las de las estructuras clandestinas análogas en Europa la hacía el CPC, el Coordination and Planning Comité [Comité de Planificación y Coordinación] del SHAPE, el cuartel general de las potencias aliadas en Europa», explicó el general italiano Gerardo Serravalle.
Predecesor del general Inzirelli, el general Serravalle había tenido bajo sus órdenes el Gladio en Italia entre 1971 y 1974.
Serravalle contó que «durante los años 1970, los miembros del CPC eran los oficiales responsables de las estructuras secretas de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Holanda e Italia.
Esos representantes de las redes clandestinas se reunían cada año en una de las capitales europeas [28]
Altos responsables de la CIA asistían a cada una de esas reuniones. «Siempre había representantes de la CIA en las reuniones de los ejércitos stay-behind», recuerda Serravalle. «Pertenecían a la estación CIA de la capital donde se desarrollaba la reunión y no participaban en las votaciones» [29].
«La “Directiva SHAPE” desempeñaba el papel de referencia oficial, por no decir de doctrina para las redes stay-behind», explica el general Serravalle en su libro dedicado al Gladio.
Precisa también que las grabaciones del CPC, que él mismo pudo consultar pero que siguen siendo confidenciales, «abordan [sobre todo] el entrenamiento de los miembros del Gladio en Europa, cómo activarlos desde el cuartel general secreto en caso de ocupación del conjunto del territorio nacional y otras cuestiones técnicas como, por citar la más importante, la unificación de los diferentes sistemas de comunicación entre las bases stay-behind » [30].
Paralelamente al CPC, un segundo puesto de mando secreto que funcionaba como un cuartel general stay-behind fue creado por la OTAN a principios de los años 1950 bajo el nombre de ACC.
Al igual que el CPC, el ACC estaba en contacto directo con el SACEUR, que a su vez estaba bajo control estadounidense. Según las conclusiones de la investigación belga sobre Gladio, el ACC fue creado en 1955 y se encargó de «la coordinación de las redes “stay-behind” en Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Gran Bretaña y en Estados Unidos».
Según el informe sobre la investigación belga, en tiempo de paz las funciones del ACC «incluían la elaboración de directivas destinadas a la red, el desarrollo de sus capacidades secretas y el establecimiento de bases en Gran Bretaña y Estados Unidos.
En caso de guerra, se suponía que debía preparar acciones stay-behind conjuntamente con el SHAPE; a partir de ahí, los organizadores tenían que activar las bases clandestinas y preparar las operaciones» [31].
El comandante del Gladio italiano, Inzirelli, afirma que «las relaciones en el seno del ACC eran totalmente diferentes» a las que existían en el CPC. «La atmósfera era claramente más relajada y amigable que en el CPC.» El ACC, fundado en cumplimiento de «una orden expresa del SACEUR al CPC», al parecer «se convirtió en una ramificación» de este último [32].
Parece que ese organismo sirvió sobre todo como un foro donde se compartía la experiencia del Gladio entre los jefes de los servicios secretos: «El ACC era un comité esencialmente técnico, un foro donde uno podía intercambiar información y experiencias, mencionar los medios disponibles o en estudio, compartir sus conocimientos sobre las redes, etc…»
El general Inzirelli recuerda: «Nos hacíamos favores mutuamente. Cada uno de nosotros sabía que si le hacía falta un experto en explosivos, en telecomunicaciones o en represión para una operación, podía dirigirse sin problemas a un colega extranjero ya que los agentes habían recibido el mismo entrenamiento y utilizaban el mismo tipo de equipamiento» [33].
Los radiotransmisores llamados Harpoon eran parte del equipamiento de todos los miembros del ACC. La firma alemana AEG Telefunken los había concebido y fabricado a mediados de los años 1980, por orden del comité de dirección de Gladio, a un costo total de 130 millones de marcos, para reemplazar un sistema de comunicaciones que se había hecho obsoleto.
El sistema Harpoon podía transmitir y recibir mensajes radiales codificados a una distancia de 6 000 kilómetros permitiendo así la comunicación entre las redes stay-behind que se encontraban a ambos lados del Atlántico. «El único equipamiento que tienen en común todos los miembros del ACC es el famoso radiotransmisor Harpoon», reveló Van Ussel, un miembro del Gladio belga que había utilizado ese equipo personalmente en los años 1980, cuando era un miembro activo de la organización.
Según Van Ussel, «ese sistema se utilizaba regularmente para transmitir mensajes entre las bases y los agentes (en particular durante los ejercicios de comunicación por radio), pero estaba destinado sobre todo a la transmisión de información de inteligencia en caso de ocupación» [34].
El ACC disponía de bases en todos los países europeos, incluyendo una en el Reino Unido. Desde esas bases se podía activar y dirigir las unidades presentes en los territorios ocupados.
Al parecer, el ACC editaba manuales destinados a los miembros de Gladio.
Estos manuales indicaban los procedimientos comunes a seguir en la realización de acciones clandestinas, las comunicaciones radiales codificadas y el salto de frecuencia así como el abastecimiento por vía aérea y los aterrizajes.
El ACC tenía un sistema de presidencia rotativa con un mandato de 2 años. En 1990, dicha presidencia estaba en manos de Bélgica. La reunión del ACC que tuvo lugar durante los días 23 y 24 de noviembre se desarrolló bajo la presidencia del general de división Raymond Van Calster, jefe del SGR, los servicios secretos militares belgas.
El general Inzirelli recordó que «al contrario del CPC, el ACC no tenía una dirección establecida y permanente. La presidencia del Comité se asumía por 2 años y rotaba entre todos los miembros, por orden alfabético».
Por esa razón, el ACC no estaba sometido «al mismo dominio de las grandes potencias».
Inzirelli afirmó que él prefirió trabajar en el ACC en vez de hacerlo en el CPC, bajo control de los estadounidenses: «Tengo que reconocer, por haberlo presidido yo mismo durante 2 años, que el ACC era un comité verdaderamente democrático» [35].
En el marco de toda investigación exhaustiva sobre la Operación Gladio y las redes stay-behind, salta a la vista la importancia de las transcripciones y grabaciones de las reuniones del CPC y del ACC como fuentes esenciales.
Desgraciadamente, a pesar de los años transcurridos desde el descubrimiento de esa red altamente secreta, las autoridades de la OTAN se han limitado, al igual que en 1990, a oponer el silencio o el rechazo a las exigencias del público en ese sentido.
Al realizar nuestra propia investigación, durante el verano del año 2000, cuando nos pusimos en contacto con el servicio de archivos de la OTAN para solicitar acceso a informaciones suplementarias sobre Gladio, esencialmente sobre el CPC y el ACC, recibimos la siguiente respuesta: «Después de haber verificado en nuestros archivos, no existe huella alguna de los comités que usted menciona».
Cuando insistimos, el servicio de archivos nos respondió: «Le confirmo nuevamente que los comités que usted menciona nunca han existido en el seno de la OTAN. Además, la organización que usted llama “Gladio” nunca ha formado parte de la estructura militar de la OTAN» [36].
Llamamos entonces al Buró de Seguridad de la OTAN, pero nunca pudimos hablar con su director. Ni siquiera pudimos conocer su identidad, clasificada como “confidencial”. La señora Isabelle Jacobs nos informó que era altamente improbable que lográsemos obtener respuestas a nuestras preguntas sobre un tema tan sensible como el Gladio y nos aconsejó que transmitiéramos nuestro pedido por escrito a través de la embajada de nuestro país de origen.
Fue así que, después de que la Misión Suiza de Observación en Bruselas transmitiera a la OTAN nuestras preguntas sobre el caso Gladio, el embajador de Suiza Anton Thalmann nos respondió que sentía informarnos que «Ni yo ni mi personal tenemos conocimiento de la existencia de los comités secretos de la OTAN que menciona usted en su carta» [37].
Nuestras preguntas eran: «¿Cuál es el vínculo entre la OTAN, el Clandestine Planning Committee (CPC) y el Allied Clandestine Committee (ACC)? ¿Qué papel desempeñan el CPC y el ACC? ¿Qué vínculo existe entre el CPC, el ACC y el Buró de Seguridad de la OTAN?»
El 2 de mayo de 2001 recibimos una respuesta de Lee McClenny, director del servicio de prensa y comunicación de la OTAN.
En su carta, McClenny afirmaba que «Ni el Allied Clandestine Committee, ni el Clandestine Planning Committee aparecen en la documentación de la OTAN, confidencial o no, que he consultado.»
Y agregaba: «Además, no he podido encontrar a nadie que trabaje aquí que haya oído hablar de esos comités. Ignoro si tales comités han existido alguna vez en la OTAN, lo que sí es seguro es que no es el caso hoy en día» [38].
Nuevamente insistimos y preguntamos: «¿Por qué el vocero de la OTAN Jean Marcotta negó categóricamente, el 5 de noviembre de 1990, todo vínculo entre la OTAN y el Gladio, palabras que fueron desmentidas dos días después por un segundo comunicado?».
La respuesta de Lee McCleny fue: «No estoy al corriente de la existencia de vínculos entra la OTAN y la Operación Gladio. Además, no encuentro a nadie con el nombre de Jean Marcotta en la lista de voceros de la OTAN» [39]. Se mantenía el misterio.
La CIA, la agencia de inteligencia más poderosa del mundo, no se mostró más inclinada a cooperar que la mayor alianza militar del mundo si se trataba de abordar la delicada cuestión del Gladio y de los ejércitos stay-behind.
Fundada en 1947, dos años antes de la creación de la OTAN, la principal tarea de la CIA durante la guerra fría consistió en combatir el comunismo a lo largo y ancho del planeta mediante la realización de operaciones secretas cuyo objetivo era extender la influencia de los Estados Unidos.
El presidente Nixon indicó una vez que «acciones clandestinas» eran para él «aquellas actividades que, aunque están destinadas a favorecer los programas y políticas de los Estados Unidos en el extranjero, se planifican y ejecutan de forma tal que el público no vea en ellas la mano del gobierno americano» [40].
Historiadores y analistas políticos han descrito posteriormente de forma detallada la manera como la CIA y las Fuerzas Especiales estadounidenses influyeron en la evolución política y militar de numerosos países de América Latina mediante guerras secretas y no declaradas.
Entre los hechos más destacados podemos citar el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, en 1954; el fracasado desembarco en Bahía de Cochinos, en 1961, que debía provocar la destitución de Fidel Castro; el asesinato de Ernesto Che Guevara en Bolivia, en 1967; el golpe de Estado contra el presidente chileno Salvador Allende y la instalación en el poder del dictador Augusto Pinochet, en 1973; así como el financiamiento de los Contras en Nicaragua, después de la revolución sandinista de 1979. [41]
Además de esas acciones en el continente sudamericano, la CIA intervino también en numerosas ocasiones en Asia y en África derrocando el gobierno de Mossadegh en Irán, en 1953; apoyando la política de apartheid en Sudáfrica, lo cual condujo al encarcelamiento de Nelson Mandela; ayudando a Ben Laden y al-Qaeda en Afganistán, durante la invasión soviética de 1979; y apoyando al líder khmer rojo Pol Pot desde la bases que había conservado en Cambodia, después de la derrota estadounidense en Vietnam, en 1975.
Desde un punto de vista estrictamente técnico, el departamento de operaciones secretas de la CIA corresponde a la definición de organización terrorista que hace el FBI.
El “terrorismo” es, según el FBI, «el uso ilegal de la fuerza o de la violencia contra personas o bienes con el fin de intimidar y obligar a un gobierno, una población civil o un segmento de ésta última a perseguir ciertos objetivos políticos o sociales» [42].
A mediados de los años 1970, cuando el Congreso de los Estados Unidos descubrió que la CIA y el Pentágono habían extendido sus propios poderes casi más allá de todo control, sobrepasándolos incluso en numerosas ocasiones, el senador estadounidense Frank Church hizo, con bastante buen tino, el siguiente comentario: «La multiplicación de los abusos cometidos por nuestros servicios de inteligencia es reveladora de un fracaso más general de nuestras instituciones fundamentales».
El senador Church presidía una de las 3 comisiones del Congreso que recibieron la misión de investigar sobre los actos de los servicios secretos estadounidenses y cuyos informes, presentados a mediados de los años 1970, constituyen hoy en día una referencia autorizada en lo tocante a las guerras secretas de Washington [43].
Sin embargo, el impacto de las investigaciones del Congreso estadounidense fue limitado y los servicios secretos siguieron abusando de sus prerrogativas, con el apoyo de la Casa Blanca, como quedó demostrado durante el escándalo del Irángate, en 1986.
Aquello llevó a la historiadora Kathryn Olmsted a plantearse la siguiente «pregunta crucial»: «¿Por qué, después de haber emprendido su investigación, la mayoría de los periodistas y miembros del Congreso renunciaron a desafiar al gobierno secreto?» [44]
Mientras se desarrolla en Estados Unidos el debate sobre la existencia o no de un «gobierno de la sombra», el fenómeno Gladio prueba que la CIA y el Pentágono han operado repetidamente fuera de todo control democrático durante la guerra fría, e incluso después del derrumbe del comunismo, sin tener nunca que rendir cuentas sobre sus intrigas.
Durante una entrevista concedida a la televisión italiana en diciembre de 1990, el almirante Stanfield Turner, director de la CIA de 1977 a 1981, se negó de plano a hablar del escándalo Gladio.
Cuando los periodistas, que tenían en mente la gran cantidad de víctimas de los numerosos atentados perpetrados en Italia, trataron de insistir, el ex jefe de la CIA se quitó el micrófono con furia y gritó: «¡Dije que cero preguntas sobre Gladio!», poniendo así fin a la entrevista [45].
Ex oficiales de la CIA de menos rango aceptaron de mejor grado hablar de los secretos de la guerra fría y de las operaciones ilegales de la agencia estadounidense. Entre ellos, Thomas Polgar, quien se retiró en 1981, al cabo de 30 años de servicio.
En 1991, Polgar prestó testimonio contra la nominación de Robert Gates a la cabeza de la CIA, reprochándole el hecho de haber enmascarado el escándalo del Irángate. Interrogado sobre los ejércitos secretos en Europa, Polgar explicó, refiriéndose implícitamente al CPC y al ACC, que la coordinación de los programas stay-behind estaba en manos de «una especie de grupo de planificación de guerra no convencional vinculado a la OTAN».
En sus cuarteles generales secretos, los jefes de los ejércitos secretos nacionales «se reunían cada 2 o 3 meses, siempre en una capital diferente».
Polgar subraya que «cada servicio nacional lo hacia con mayor o menor celo», aunque admite que «en los años 1970 en Italia, algunos fueron incluso más lejos de lo que exigía la carta de la OTAN» [46].
El periodista Arthur Rowse, ex colaborador del Washington Post, dio a conocer «Las lecciones de Gladio» en un ensayo dedicado al tema: «Mientras el pueblo estadounidense siga ignorando todo ese oscuro capítulo de las relaciones exteriores de los Estados Unidos eso no incitará realmente a las agencias responsables de esta situación a cambiar de comportamiento.
El fin de la guerra fría no cambió gran cosa en Washington. Estados Unidos (…) sigue esperando con impaciencia un verdadero debate nacional sobre los medios, los objetivos y los costos de nuestras políticas federales de seguridad» [47].
Especializados en el estudio de las operaciones clandestinas de la CIA y de los secretos de la guerra fría, los investigadores del instituto privado e independiente de investigación National Security Archive de la universidad George Washington, en Washington, presentaron a la CIA, el 15 de abril de 1991, un pedido basado en la Freedom of Information Act (FOIA).
Según los términos de esta ley sobre la libertad de información, todos los servicios del gobierno estadounidense están obligados a justificar ante la ciudadanía la legalidad de sus actos. Malcolm Byrne, vicedirector de investigación del National Security Archive, solicitaba a la CIA el acceso a «todos los archivos vinculados (…) a las decisiones del gobierno estadounidense, tomadas probablemente entre 1951 y 1955, sobre el financiamiento, el apoyo o la colaboración con todo ejército secreto, con toda red o con cualquier otra unidad, creados con el objetivo de resistir ante una posible invasión de Europa occidental por parte de potencias bajo dominio comunista o de realizar operaciones de guerrilla en países de Europa occidental ante la hipótesis de que éstos se encontraran bajo el control de partidos o de regimenes comunistas, de izquierda o que gozaran del apoyo de la Unión Soviética».
Byrne agregaba: «Le ruego que incluya usted en su búsqueda todo documento que mencione actividades conocidas bajo el nombre de “Operación Gladio”, en particular en Francia, en Alemania y en Italia» [48].
Byrne precisaba, con toda razón, que «todos los documentos obtenidos como consecuencia de este pedido ayudarán a dar a conocer al público la política exterior de los Estados Unidos en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, así como el impacto del conocimiento, análisis y adquisición de datos de inteligencia en la política estadounidense de la época».
Pero la CIA se negó a cooperar y, el 18 de junio de 1991, presentó la siguiente respuesta: «La CIA no puede confirmar ni negar la existencia o la inexistencia de archivos que respondan a los criterios de su pedido». Byrne trató de reclamar ante la negativa de la CIA a proporcionarle información sobre Gladio pero su gestión fue impugnada.
La CIA fundamentó su negativa a cooperar invocando dos dispensas que permiten bloquear la aplicación de la ley sobre la libertad de información y que sirven prácticamente para cubrir cualquier cosa ya que excluyen cualquier documento «clasificado como “confidencial” en virtud de una decisión tomada por el Ejecutivo en interés de la Defensa Nacional o de la política exterior» (Dispensa B1) o a título de las «obligaciones inherentes al estatus del director de proteger la confidencialidad de las fuentes y métodos de inteligencia, tales como la organización, las funciones, nombres, títulos oficiales, ingresos y número de los empleados de la Agencia, conforme a la National Security Act de 1947 y a la CIA Act de 1949» (Dispensa B3).
Los responsables europeos no navegaron con más fortuna cuando trataron de enfrentarse al gobierno secreto.
En marzo de 1995, una comisión del Senado italiano presidida por Giovanni Pellegrino, comisión que había realizado una investigación sobre Gladio y sobre los atentados perpetrados en Italia, presentó a la CIA un pedido FOIA.
Los senadores italianos pedían acceso a todos los archivos vinculados a las Brigadas Rojas y al secuestro de Aldo Moro para aclarar si, en el marco de su programa de intromisión en los asuntos de Italia, la CIA había infiltrado el grupo terrorista de extrema izquierda antes de que este asesinara al ex primer ministro italiano y líder de la democracia cristiana italiana Aldo Moro, en 1978.
La CIA se negó a cooperar, invocando las dispensas B1 y B3 y rechazó, en mayo de 1995, todos los pedidos de acceso presentados agregando que dicho rechazo «no confirmaba ni negaba la existencia o la inexistencia en los archivos de la CIA de los documentos solicitados».
La prensa italiana subrayó lo embarazoso de aquel rechazo y tituló: «La CIA rechaza pedido de asistencia de la Comisión parlamentaria. Secuestro de Moro, secreto de Estado en Estados Unidos» [49].
El segundo pedido de información sobre Gladio proveniente de un gobierno europeo fue presentado a la CIA por el gobierno de Austria en enero de 2006, como consecuencia del descubrimiento de varios escondites de armas “altamente secretos” que la CIA había preparado para el Gladio en montañas y bosques de aquel país, a pesar de la neutralidad de Austria. Representantes del gobierno estadounidense respondieron que Estados Unidos correría con los gastos ocasionados por el desenterramiento y la recogida del equipamiento de las redes [50].
La investigación austriaca estuvo a cargo de los servicios del ministro del Interior Mickael Sika, quien presentó su informe final sobre los depósitos de municiones de la CIA el 28 de noviembre de 1997 al declarar: «No es posible llegar con certeza a ninguna conclusión en lo tocante a los escondites de armas y el uso al que estaban destinadas».
Por lo tanto: «Para aclarar totalmente el caso sería necesario disponer de los documentos vinculados a éste, especialmente los que se encuentran en Estados Unidos» [51].
Un miembro de la Comisión, Oliver Rathkolb, de la universidad de Viena, presentó entonces un pedido FOIA cuyo objetivo era obtener acceso a los archivos de la CIA. Pero en 1997, el comité de divulgación de la agencia opuso un nuevo rechazo que invocaba nuevamente las dispensas B1 y B3 dejando así a los austriacos con la amarga impresión de que la CIA no estaba obligada a rendir cuentas ante nadie.
Siendo esta la única posibilidad de obtener acceso a los archivos vinculados al Gladio, nosotros mismos presentamos a la CIA un pedido FOIA el 14 de diciembre de 2000. Dos semanas más tarde recibimos una respuesta evasiva a nuestro pedido «vinculado a la “Operación Gladio”»: «La CIA no puede confirmar ni negar la existencia o la inexistencia de documentos que correspondan a su pedido». Al invocar las dispensas restrictivas B1 y B3, la coordinadora encargada de la información y de las cuestiones vinculadas al respeto de la vida privada, la señora Kathryn I. Dyer nos negó el acceso a las informaciones sobre la Operación Gladio [52].
Nosotros hicimos oposición a aquella decisión señalando que: «Los documentos retenidos deben publicarse en virtud de la ley FOIA sobre la libertad de expresión ya que las cláusulas B1 y B2 sólo pueden aplicarse a las operaciones de la CIA que siguen siendo secretas».
Seguidamente demostrábamos que el Gladio no se encontraba ya en ese caso, precisando los datos que ya habíamos recogido anteriormente durante nuestras investigaciones, y concluimos: «Si usted, señora Dyer, invoca en este contexto las cláusulas restrictivas B1 y B3, está usted privando a la CIA de la posibilidad de expresarse sobre informaciones relativas al caso Gladio, [informaciones] que de todas maneras serán reveladas, decida o no la CIA intervenir » [53].
En febrero de 2001, la CIA nos respondió: «Su apelación ha sido aceptada y se tomarán disposiciones para que la examinen los miembros del comité de divulgación de la Agencia. Usted será informado de la decisión que se tome.»
Al mismo tiempo, la CIA precisó que aquella comisión procesaba los pedidos en función de la fecha en que habían sido presentadas y que «en este momento, tenemos alrededor de 315 apelaciones por examinar» [54]. Nuestro pedido sobre la red Gladio quedaba así en espera, debajo del montón.
En el momento en que redactamos este libro la comisión seguía sin dar respuesta [55].
Después de la OTAN y la CIA, la tercera organización en orden de importancia implicada en la operación stay-behind era el MI6 británico.
En 1990, el MI6 no adoptó posición alguna sobre el caso Gladio debido a una legendaria obsesión por el secreto.
La existencia misma del MI6 no fue admitida oficialmente hasta 1994, con la publicación de la Intelligence Services Act que estipulaba que la misión de ese servicio consistía en obtener información de inteligencia y ejecutar acciones secretas en el extranjero.
Mientras que el ejecutivo británico y el MI6 se negaban a hacer cualquier comentario, Rupert Allason, miembro del partido conservador, redactor del Intelligence Quarterly Magazine bajo el seudónimo de Nigel West y autor de varios libros sobre los servicios británicos de seguridad, confirmó, en noviembre de 1990, en pleno apogeo del escándalo Gladio y en una entrevista telefónica concedida a la Associated Press: «Estábamos, y seguimos estando todavía, fuertemente implicados (…) en esas redes».
West explicó que Gran Bretaña «participó, claro está, junto a los estadounidenses, en el financiamiento y la dirección» de varias redes y que también participaba en el marco de la colaboración entre el MI6 y la CIA: «Son las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses las que dieron origen al proyecto».
West afirmó que, a partir de 1949, el accionar de los ejércitos stay-behind había sido coordinado por la Estructura de Comando y Control de las Fuerzas Especiales de la OTAN, en cuyo seno el Special Air Service (SAS) desempeñaba un papel estratégico [56].
«La responsabilidad de Gran Bretaña en la creación de las redes stay-behind en toda Europa es absolutamente fundamental», reportó la BBC, con cierto retraso, en su edición vespertina del 4 de abril de 1991.
El presentador de noticias John Simpson acusó al MI6 y al ministerio de Defensa británico de no divulgar toda la información que tenían sobre el tema «en momentos en que las revelaciones sobre Gladio han provocado que se descubriera la existencia de ejércitos stay-behind en otros países europeos –en Bélgica, Francia, Holanda, España, Grecia y Turquía.
Hasta en países neutrales como Suecia y Suiza la cuestión dio lugar a un debate público. En ciertos casos se han abierto investigaciones oficiales.
En cambio, nada se ha hecho todavía en Gran Bretaña. Sólo hemos tenido los acostumbrados comunicados del ministerio de Defensa que no quiere comentar las cuestiones de Seguridad Nacional» [57].
Simpson declaró que después de la caída del Muro de Berlín los británicos habían podido conocer, con una mezcla de horror y fascinación, los complots y las operaciones de terrorismo urdidos por la Stasi, la Securitate y otros servicios secretos de Europa oriental.
«¿Es posible que nuestro bando haya cometido actos comparables? ¡Nunca!», comentó con ironía antes de llamar la atención hacia los servicios de seguridad de Europa occidental: «Pero ahora empiezan a aparecer informaciones sobre los abusos que pudieran haber cometido la mayoría de los servicios secretos de los miembros de la OTAN.
En Italia, una comisión parlamentaria ha recibido la misión de investigar las acciones de un ejército secreto creado por el Estado con el objetivo de resistir en caso de invasión soviética. La investigación ha permitido descubrir la existencia de fuerzas armadas clandestinas similares en toda Europa. Pero el grupo italiano, conocido bajo el nombre de Gladio, es sospechoso de haber participado en una serie de atentados terroristas» [58].
La BBC no logró obtener de los responsables del gobierno ninguna reacción sobre el escándalo Gladio. La confirmación oficial de la implicación del MI6 sólo llegó años más tarde y en un contexto más bien sui generis: en un museo.
En julio de 1995, se inauguró en el Imperial War Museum de Londres una nueva exposición permanente titulada «Las guerras secretas». «Todo lo que usted puede ver en esta exposición es parte de los secretos mejor guardados de este país», se aseguraba a los visitantes en la entrada. «Por vez primera se revelan al público. Y lo más importante, todo es verídico… la realidad es mucho más increíble y apasionante que la ficción.»
En una de las vitrinas dedicadas al MI6, un discreto comentario confirmaba que: «Los preparativos con vistas a una Tercera Guerra Mundial incluían la creación de comandos stay-behind equipados para operar detrás de las líneas enemigas en caso de invasión soviética en Europa occidental».
En la misma vitrina, se exhibía una gran caja llena de explosivos con la siguiente explicación: «Explosivos concebidos especialmente por el MI6 para ser escondidos en territorios susceptibles de pasar al enemigo. Podían mantenerse enterrados durante años sin sufrir la menor alteración.»
Junto a un manual sobre técnicas de sabotaje destinado a los comandos stay-behind se podía leer: «En la zona británica de ocupación en Austria, oficiales de la Marina Real fueron destacados especialmente para preparar escondites de armas en regiones de montaña y colaborar con agentes reclutados en el terreno» [59]
Varios ex oficiales del MI6 interpretaron aquella exposición como una señal de que podían hablar en lo adelante sobre la Operación Gladio.
Meses después de la inauguración, los ex oficiales Giles y Preston, ambos de la Marina Real, los únicos agentes del MI6 cuyos nombres se mencionaban en la exposición junto a una fotografía tomada «en los Alpes austriacos, 1953-1954», confirmaron al escritor Michael Smith que a finales de los años 1940 y principios de los años 1950 estadounidenses y británicos habían reclutado unidades stay-behind en Europa occidental en previsión de una invasión soviética.
Giles y Preston fueron enviados a Fort Monckton, no lejos de Portsmouth, en Inglaterra, donde los miembros del Gladio compartían el entrenamiento de los hombres des SAS bajo la dirección del MI6. Se les entrenaba en codificación [de mensajes], uso de armas de fuego y operaciones secretas. «Teníamos que hacer ejercicios, salir en medio de la noche y simular voladuras de trenes sin que nos descubriera el jefe de la estación de trenes», recuerda Preston. «Nos acercábamos a rastras y hacíamos como si pusiéramos cargas explosivas en el lado derecho de la locomotora». [60]
Giles recuerda haber participado en operaciones de sabotaje contra trenes británicos en servicio como, por ejemplo, el ejercicio que tuvo lugar en la estación de Eastleigh: «Poníamos ladrillos en las locomotoras para simular las cargas de explosivo plástico. Recuerdo hileras e hileras de vagones enteramente recubiertos de una espesa capa de nieve, detenidos en medio de las nubes de vapor. Había patrullas de soldados con perros. En un momento dado, los guardias se acercaron. Tuve entonces que esconderme entre los cilindros de las locomotoras y esperar que pasaran. También quitábamos la tapa de los tanques de aceite de los ejes para echarles arena. Como consecuencia [los ejes] se recalentaban al cabo de algunas decenas de kilómetros» [61].
A los dos agentes no parecía preocuparles que se tratara de trenes públicos en servicio: «No era problema mío», explicó Giles, «sólo estábamos jugando». «Yo tuve que recorrer Greenwich durante 10 días para aprender a cumplir misiones de seguimiento de personas y a despistar a quienes estuviesen siguiéndome a mí, la realidad concreta de la labor del espía», cuenta Preston. P
osteriormente, los dos agentes fueron enviados a Austria con la misión de reclutar agentes y entrenarlos y supervisaron la red de «búnkeres subterráneos llenos de armas, ropa y material» que montaban «el MI6 y la CIA» para uso del Gladio austriaco [62]. Al visitar el cuartel general del MI6 al borde del Támesis, en Londres, en 1999, no fue una sorpresa enterarse de que el MI6 tiene por regla no hablar nunca de secretos militares.
Daniele Ganser. Historiador suizo, especialista en relaciones internacionales contemporáneas. Se dedica a la enseñanza en la universidad de Basilea, Suiza.
[1] Diario británico The European, 9 de noviembre de 1990.
[2] Ibid. El representante de la OTAN que presentó la rectificación fue al parecer Robert Stratford. Ver Regine Igel, Andreotti. Politik zwischen Geheimdienst und Mafia (Herbig Verlag, Munich, 1997), p.343.
[3] Diario británico The Observer, 18 de noviembre de 1990.
[4] Diario británico The Guardian, 10 de noviembre de 1990.
[5] Ibid., 30 de enero de 1992.
[6] Ibid., 16 de enero de 1991.
[7] Agencia internacional de prensa Reuters, 15 de noviembre de 1990.
[8] Sin autor especificado, «Gladio. Un misterio de la guerra fría. La trama secreta coordinada por mandos de la Alianza Atlántica comienza a salir a la luz tras cuatro décadas de actividad», diario español El País, 26 de noviembre de 1990.
[9] Sin autor especificado, «El servicio español de inteligencia mantiene estrechas relaciones con la OTAN. Serra ordena indagar sobre la red Gladio en España», diario español El País, 16 de noviembre de 1990.
[10] Erich Schmidt Eenboom, Schnüffler ohne Nase. Der BND. Die unheimliche Macht im Staate (Econ Verlag, Düsseldorf, 1993), p.365.
[11] Diario portugués Expresso, 24 de noviembre de 1990.
[12] Ibid.
[13] Agencia internacional de prensa Reuters, 13 de noviembre de 1990. Diario británico The Independent, 16 de noviembre de 1990.
[14] Agencia internacional de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990. Agencia internacional de prensa Reuters, 12 de noviembre de 1990. Agencia internacional de prensa Reuters, 15 de noviembre de 1990.
[15] Semanario británico The Independent on Sunday, 21 de junio de 1998. Crítica de un libro sobre Nixon (Nixon in Winter) por la ex asistente de Nixon, Monica Crowley.
[16] Estos fueron sucesivamente: 1951–1952 General Dwight D Eisenhower, US Army; 1952–1953 General Matthew B Ridgway, US Army; 1953–1956 General Alfred M Gruenther, US Army; 1956–1962 General Lauris Norstad, US Air Force; 1963–1969 General Lyman L Lemnitzer, US Army; 1969–1974 General Andrew J Goodpaster, US Army; 1974–1979 General Alexander M Haig Jr, US Army; 1979–1987 General Bernard W Rogers, US Army; 1987–1992 General John R Galvin, US Army; 1992–1993 General John M Shalikashvili, US Army; 1993–1997 General George A Joulwan, US Army; 1997–2000 General Wesley K. Clark, US Army; 2000-2003 General Joseph Ralston, US Air Force; 2003-2006 General James L. Jones, US Marine Corps; 2006-2009 General Bantz J. Craddock, US Army; 2009- Almirante James G. Stavridis, US Navy.
[17] Jonathan Kwitny, «The CIA’s Secret Armies in Europe», publicado en The Nation, 6 de abril de 1992, p.445.
[18] Semanario alemán Der Spiegel, n°47, p.20, 19 de noviembre de 1990.
[19] Pietro Cedomi, «Services Secrets, Guerre Froide et ‘stay-behind’ Part III. Répertoire des réseaux S/B», en la publicación belga Fire! Le Magazine de l’Homme d’Action, noviembre/diciembre de 1991, p.82.
[20] Comisión investigadora parlamentaria sobre Gladio, como aparece resumido en la publicación británica Statewatch, enero/febrero de 1992.
[21] Philip Willan, Puppetmasters: The Political Use of Terrorism in Italy (Constable, Londres, 1991), p.27.
[22] Arthur Rowse, «Gladio: The Secret US War to subvert Italian Democracy» en Covert Action Quarterly, n°49, Verano de 1994, p.3.
[23] Fragmento de Willan, Puppetmaster, p.27.
[24] Mario Coglitore (Ediciones), La Notte dei Gladiatori. Omissioni e silenze della Repubblica (Calusca Edizioni, Padoue, 1992), p.34. «La existencia de los protocolos secretos de la OTAN es un hecho comprobado ya que De Gaulle los denunció explícitamente el 7 de marzo de 1966 y el Parlamento de la RFA admitió recientemente que existían» (ibid.).
[25] Publicación británica Searchlight, enero de 1991.
[26] Paolo Inzerili, Gladio. La Verità negata (Edizioni Analisi, Bologne, 1995), p.61.
[27] Inzerilli, Gladio, p.62.
[28] Gerardo Serravalle, Gladio (Edizione Associate, Rome, 1991), p.78.
[29] Ibid., p.79.
[30] Ibid., p.78.
[31] Comisión investigadora parlamentaria sobre sur Gladio, como aparece resumido en la publicación británica Statewatch, enero/febrero de 1992.
[32] Inzerilli, Gladio, p.63.
[33] Ibid.
[34] Michel Van Ussel : Georges 923. Un agent du Gladio belge parle. Testimonio (Éditions La Longue Vue, Bruxelles, 1991), p.139.
[35] Inzerilli, Gladio, p.64.
[36] Correo electrónico dirigido al autor por Anne-Marie Smith, del servicio de archivos de la OTAN, 18 de agosto de 2000.
[37] Carta dirigida al autor por el jefe de la misión suiza ante la OTAN, embajador Anton Thalmann, fechada en mayo de 2001.
[38] Carta dirigida al autor por Lee McClenny, responsable del servicio de relaciones con la prensa y los medios de difusión en la OTAN, fechada el 2 de mayo de 2001.
[39] Ibid.
[40] Presidential Directive, National Security Decision Memorandum 40, Responsibility for the Conduct, Supervision and Coordination of Covert Action Operations, Washington February 17 1970. Firmada por Richard Nixon.
[41] Para un completo recuento de las operaciones secretas de la CIA a través del mundo a partir de 1945, ver William Blum: Killing Hope. US Military and CIA interventions since World War II (Common Courage Press, Maine, 1995). Versión francesa: Les Guerres scélérates (Parangon, 2004).
[42] Fuente: http://www.terrorism.com/
[43] Las tres comisiones eran la Comisión del Senado que presidía Franck Church, la Comisión de la Cámara de Representantes que presidía Ottis Pike y la Comisión Murphy del presidente Ford. 1. Report of the House Select Committee on Intelligence [Pike Committee], Ninety-fourth Congress, Publicado por Village Voice, New York City, febrero de 1976. 2. Report of the Commission on the Organization of the Government for the Conduct of Foreign Policy [Murphy Commission], US Government Printing Office, Washington DC, junio de 1975. 3. Final Report, of the United States Senate Select Committe to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities [Church Committee], US Government Printing Office, Washington DC, abril de 1976. El que puede considerarse como el mejor de los 3 informes, el Informe final de la Comisión Investigadora Senatorial sobre las Operaciones del Gobierno en materia de Inteligencia, se compone de 6 volúmenes. El primero tiene como tema la «Inteligencia Exterior y Militar, de la CIA, de las operaciones secretas y la cuestión del control democrático sobre los servicios secretos». En el segundo volumen, intitulado «Actividades de Inteligencia y Derechos de los Ciudadanos Estadounidenses», el Informe Church revela de qué manera la NSA y el FBI violaron la vida privada de los ciudadanos estadounidenses. El tercer tomo, intitulado «Informes Internos Complementarios sobre las Actividades de Inteligencia y los Derechos de los Ciudadanos Estadounidenses», prologa el análisis del anterior y afirma que el término «contraespionaje» es una apelación impropia para «operación clandestina interna». El cuarto volumen, intitulado «Informes Internos Complementarios sobre la Inteligencia Exterior y Militar», presenta un recuento histórico sobre la CIA desde 1946 hasta 1975. El quinto volumen, intitulado «El Asesinato del Presidente John F. Kennedy y el Trabajo de las Agencias de Inteligencia», trata de determinar si los servicios secretos estadounidenses conspiraron o no para mantener el secreto alrededor del asesinato de JFK. El último volumen, intitulado «Informes Complementarios sobre las Actividades de Inteligencia», aborda la evolución histórica y la organización de la capacidades del país en materia de inteligencia, desde 1776 hasta 1976. Algunos fragmentos de esos informes han sido publicados en francés bajo el título Les Complots de la CIA. Manipulations et assassinats (Stock, 1976).
[44] Kathryn Olmsted, Challenging the Secret Government: The Post-Watergate Investigations of the CIA and FBI (University of North Carolina Press, Chapelhill, 1996), p.9.
[45] Diario británico The Independent, 1º de diciembre de 1990.
[46] Jonathan Kwitny, «The CIA’s Secret Armies in Europe», publicado en The Nation, 6 de abril de 1992, p.445.
[47] Arthur Rowse, «Gladio. The Secret US War to Subvert Italian Democracy», publicado en Covert Action Quarterly, n°49, Verano de 1994.
[48] Solicitud FOIA: «L’Operation ‘Gladio’ de la CIA», presentada por Malcolm Byrne el 15 de abril de 1991. Solicitud FOIA n° 910113.
[49] Diario italiano Corriere della Sera, 29 de mayo de 1995.
[50] Publicación política austriaca Zoom, n° 4/5, 1996: «Es muss nicht immer Gladio sein. Attentate, Waffenlager, Erinnerungslücken», p.6.
[51] Bericht betreff US Waffenlager. Oesterreichisches Bundesministerium für Inneres. Generaldirektor für die öffentliche Sicherheit. Mag. Michael Sika. 28 noviembre de 1997. Viena, p.10.
[52] Carta fechada el 28 de diciembre del año 2000 y dirigida por la CIA al autor sobre la solicitud FOIA F-2000-02528 vinculada a la Operación Gladio.
[53] Carta fechada el 23 de enero de 2001 y dirigida por el autor a la señora Dyer de la CIA.
[54] Carta fechada el 7 de febrero de 2001 y dirigida al autor por Kathryn I. Dyer, coordinadora de la CIA para asuntos de información y respeto de la vida privada.
[55] En momentos en que entraba en prensa la edición francesa, o sea 6 años después de presentada la solicitud, el autor sigue esperando una respuesta… (Nota del editor)
[56] Agencia internacional de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990.
[57] Televisión británica BBC Newsnight, 4 de abril de 1991, 22h 30. Reportaje del periodista Peter Marshall sobre Gladio.
[58] Ibid.
[59] Imperial War Museum, Londres. Exposición sobre las Guerras Secretas. Visitada por el autor el 20 de mayo 1999. El 4 de junio de 1999 el autor se reunió con Mark Siemens, del departamento de investigación del museo y responsable de la exposición sobre la Guerras Secretas. Siemens subrayó que la unidad secreta SOE, creada durante la Segunda Guerra Mundial, era el antecedente de los stay-behind Gladio. El autor no pudo obtener del MI6 ninguna información suplementaria sobre ese fenómeno.
[60] Michael Smith, New Cloak, Old Dagger : How Britain’s Spies Came in from the Cold (Gollancz, Londres, 1996), p.117. Basado en entrevistas realizadas a Simon Preston, el 11 de octubre de 1995, y a Michael Giles, el 25 de octubre de 1995.
[61] Smith, Dagger, p.117.
[62] Ibid., p.118.
Gladio: Por qué la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando
por Daniele Ganser
28 de noviembre de 2009
DesdeBâle (Suisse)
La existencia del gobierno de las sombras instituido por Estados Unidos y Gran Bretaña en el conjunto de países aliados quedó fehacientemente demostrada durante las investigaciones judiciales y parlamentarias realizadas en los años 1980 y 90. A pesar de ello, la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando hoy en día. Y es que Washington y Londres no ven en ello una etapa histórica sino un dispositivo actual.
Esto último ha quedado demostrado con los recientes secuestros perpetrados en Europa y con el escándalo de los vuelos secretos de la CIA que marcaron la era de Bush. Si los ejércitos secretos de la OTAN siguen siendo un secreto militar, es porque se mantienen activos.
Cuando se producen las revelaciones sobre la red Gladio, en 1990, la OTAN, que es la alianza militar más grande del mundo, contaba con 16 países miembros: Alemania, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Holanda, Portugal, Gran Bretaña, Turquía y los Estados Unidos, país que asume el papel de comandante.
Ante las revelaciones del primer ministro italiano Giulio Andreotti, la reacción de la alianza atlántica fue de confusión y de temor por su imagen cuando se estableció el vínculo entre los ejércitos stay-bahind y los atentados, actos de tortura, golpes de Estado y otras operaciones terroristas que se habían cometido en varios países de Europa occidental.
El lunes 5 de noviembre de 1990, al cabo de un largo silencio que había durado cerca de un mes, la OTAN negó categóricamente las alegaciones de Andreotti sobre la implicación de la alianza atlántica en la Operación Gladio y sus vínculos con los ejércitos secretos.
El principal vocero de la OTAN, Jean Marcotta, afirmó desde el cuartel general del SHAPE, en Mons (Bélgica) que: «La OTAN nunca ha previsto recurrir a la guerrilla o a operaciones clandestinas. Siempre se ha ocupado de cuestiones exclusivamente militares y de la defensa de las fronteras de los países aliados [1].»
Posteriormente, el martes 6 de noviembre, otro vocero explicó que el desmentido del día anterior era falso. Este otro vocero sólo proporcionó a los periodistas un breve comunicado en el que se precisaba que la OTAN nunca comentaba asuntos que eran secreto militar y que Marcotta debió haberse mantenido en silencio [2].
La prensa internacional criticó amargamente aquellas contradicciones en la estrategia de relaciones públicas de la alianza militar: «Mientras que verdaderos sismos sacuden el continente entero, un vocero de la OTAN hace un desmentido: nada sabemos de Gladio ni de las redes stay-behind. Y ahora un lacónico comunicado viene a desmentir el desmentido “incorrecto” y nada más [3]».
Mientras se producía el derrumbe de la credibilidad de la OTAN, los titulares de los diarios eran: «Unidad clandestina de la OTAN “sospechosa de vínculos con el terrorismo”» [4]. «Red secreta de la OTAN acusada de subversión: La Comisión descubrió que Gladio, brazo armado clandestino de la OTAN en Italia, se había convertido en un refugio de fascistas que combatían el comunismo mediante atentados terroristas que debían justificar un endurecimiento de las leyes.» [5] «La bomba que estalló en Bolonia provenía de una unidad de la OTAN» [6].
Un diplomático de la OTAN, que insistió en conservar el anonimato, justificó ante los periodistas: «Ya que se trataba de una organización secreta, no espero que abunden las respuestas, aunque ya haya acabado la guerra fría. Si hubo vínculos con organizaciones terroristas, ese tipo de información debe estar enterrado muy hondo. Y si no es el caso, ¿qué hay de malo en preparar el terreno para la resistencia en caso de que los soviéticos atacaran?» [7]
Según la prensa española, inmediatamente después del fiasco de la operación de comunicación de los días 5 y 6 de noviembre, el secretario general de la OTAN Manfred Worner convocó a los embajadores de la alianza atlántica para una reunión a puertas cerradas sobre Gladio el 7 de noviembre.
El «Supreme Headquarters Allied Powers Europe o SHAPE, órgano de mando del aparato militar de la OTAN, coordinaba las acciones del Gladio, eso fue lo que reveló el secretario Manfred Worner durante una entrevista con los embajadores de las 16 naciones aliadas de la OTAN», reportó la prensa española.
«Worner habría pedido tiempo para realizar una investigación sobre las causas del desmentido formal» que la OTAN había publicado el día anterior. «Eso es lo que habría anunciado a los embajadores del Consejo Atlántico reunidos el 7 de noviembre, según ciertas fuentes.»
El más alto oficial de la OTAN en Europa, el general estadounidense John Galvin, había confirmado que las alegaciones de la prensa eran en gran parte correctas, pero que había que mantener el secreto. «En aquella reunión a puertas cerradas, el secretario general de la OTAN precisó que los altos oficiales interrogados (se refería al general John Galvin, comandante en jefe de las fuerzas aliadas en Europa) habían indicado que el SHAPE coordinaba las operaciones que realizaba el Gladio. En lo adelante, la política de la OTAN será negarse a hacer cualquier comentario sobre los secretos oficiales.» [8]
Según fuentes que han expresado su deseo de mantenerse en el anonimato, el Buró de Seguridad de la OTAN estaba directamente implicado en la Operación Gladio [9]. Con sede en el cuartel general de la OTAN en Bruselas, el misterioso Buró de Seguridad es parte integrante de la OTAN desde la creación de la alianza atlántica, en 1949. Su misión consiste en coordinar, supervisar y aplicar las políticas de seguridad de la OTAN. El director de la Seguridad es el principal consejero del secretario general en materia de seguridad, dirige el Servicio de Seguridad del cuartel general y es responsable de la coordinación general de la seguridad en el seno de la OTAN.
Pero lo más importante es que preside el Comité de Seguridad de la alianza atlántica, órgano que reúne regularmente a los jefes de los servicios de seguridad de los países miembros de la OTAN para discutir sobre cuestiones de espionaje, terrorismo, subversión y otras amenazas, entre ellas el comunismo en Europa occidental, que pudieran representar un peligro para la OTAN.
En Alemania, el investigador Erich Schmidt Eenboom reveló que los jefes de los servicios secretos de varios países de Europa occidental, sobre todo los de España, Francia, Bélgica, Italia, Noruega, Luxemburgo y Gran Bretaña, se habían reunido varias veces a finales del año 1990 para elaborar una estrategia de desinformación que debía contrarrestar las numerosas revelaciones sobre Gladio [10].
Aquellas reuniones se desarrollaron al parecer en el muy secreto Buró de Seguridad. «El hecho que las estructuras clandestinas de Gladio fuesen coordinadas por un comité internacional de seguridad que se componía únicamente de representantes de los servicios secretos», resalta el diario portugués Expresso, «plantea otro problema: el de la soberanía nacional de cada uno de los Estados».
Durante la guerra fría, ciertos servicios de inteligencia actuaban fuera de todo marco democrático. «Parece como si varios gobiernos europeos hubiesen perdido el control de sus servicios secretos» mientras que la OTAN mantenía, por su parte, relaciones particularmente estrechas con los servicios secretos militares de cada uno de los Estados miembros. «Parece evidente que la OTAN aplica un principio de confianza restringida. Según esa doctrina, ciertos gobiernos no son lo suficientemente activos en la lucha contra el comunismo así que no es de utilidad informarlos sobre las actividades del ejército secreto de la OTAN.» [11].
Bajo el título «Manfred Worner habla sobre el Gladio», la prensa portuguesa publicó detalles suplementarios sobre la reunión del 7 de noviembre. «El secretario general de la OTAN, el alemán Manfred Worner, explicó a los embajadores de los 16 países aliados de la OTAN la función de la red secreta –que fue creada en los años 1950 con el fin de organizar la resistencia ante la eventualidad de una invasión soviética.»
Tras las puertas cerradas, «Worner confirmó que el comando militar de las fuerzas aliadas, el Supreme Headquarters Allied Powers Europe (SHAPE), coordina las actividades de la “Red Gladio”, instaurada por los servicios secretos de los diferentes países de la OTAN, a través de un comité creado en 1952 y presidido actualmente por el general Raymond Van Calster, jefe de los servicios secretos militares belgas», posteriormente se supo que se trataba del ACC.
Según el diario, «la estructura se creó en Italia antes de 1947, más tarde redes similares se crearon en Francia, Bélgica, el Reino Unido, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega y Grecia».
«El secretario general reconoció también que el SHAPE había proporcionado “informaciones falsas” negando la existencia de esa red secreta, pero se negó a explicar las numerosas contradicciones en las que se enredaron numerosos gobiernos al confirmar o negar la realidad sobre las redes Gladio en sus respectivos países». [12]
En medio de la tormenta, la prensa trató repetidamente de obtener una explicación, o al menos algún comentario, de la más alta autoridad civil de la alianza atlántica, el secretario general de la OTAN Manfred Worner. Pero, conforme a la política de la alianza que consistía en no pronunciarse sobre secretos militares, Worner rechazó todos los pedidos de entrevistas [13].
El término «secretos militares» focalizó la atención de los periodistas, que empezaron entonces a buscar ex responsables de la OTAN ya retirados que pudiesen expresarse con más libertad sobre el caso.
Joseph Luns, un ex diplomático de 79 años que había ocupado las funciones de secretario general de la OTAN desde 1971 hasta 1984, concedió una entrevista telefónica a varios reporteros desde su apartamento en Bruselas. Afirmó no haber sido informado nunca de la existencia de la red secreta, hasta que se había enterado, en fecha reciente, a través de la prensa: «Yo nunca había oído hablar de eso a pesar de que ejercí algunas responsabilidades en el seno de la OTAN».
Luns admitió, sin embargo, haber sido puesto al tanto «de forma limitada» en ocasión de operaciones especiales y estimó como «poco probable pero no imposible» que Gladio hubiera podido existir sin que él lo supiera [14]. «El único organismo internacional que ha funcionado es la OTAN, simplemente porque se trata de una alianza militar y porque nosotros estábamos al mando », respondió un día el presidente estadounidense Richard Nixon [15].
Hacía notar, con toda razón, que aunque la OTAN tenía su sede europea en Bélgica, su verdadero cuartel general estaba en Washington, en el Pentágono. Desde la creación de la alianza atlántica, el comandante en jefe de la zona Europa, el SACEUR (Supreme Allied Commander Europe), que ejerce sus funciones desde su cuartel general, el SHAPE, con sede en Casteau (Bélgica), fue siempre un general estadounidense.
Los europeos podían, por su parte, nombrar al más alto responsable civil, el secretario general. Pero, desde la nominación del general Dwight Eisenhower como primer SACEUR, la más alta función militar en Europa estuvo sistemáticamente en manos de oficiales estadounidenses. [16]
Thomas Polgar, oficial de la CIA en retiro, confirmó, después de que se descubriera la existencia de los ejércitos secretos en Europa occidental, que la coordinación de dichos ejércitos estaba a cargo de «una especie de grupo de planificación de guerra no convencional» vinculado a la OTAN [17].
Sus palabras fueron confirmadas por la prensa alemana cuando esta subrayó que, durante todo el periodo de la guerra fría, ese departamento secreto de la OTAN estuvo bajo control estadounidense. «Las misiones de los ejércitos secretos son coordinadas por la “Sección de Fuerzas Especiales”, que se encuentra en un ala altamente vigilada del cuartel general de la OTAN en Casteau», reportó un diario alemán. «Una puerta gris de acero que se abre como la caja fuerte de un banco y mediante una combinación cifrada impide el acceso de toda persona no autorizada.
Los oficiales de los demás departamentos invitados a penetrar allí tienen que presentarse en una ventanilla oscura en la que son sometidos a un control. La Sección de Fuerzas Especiales está bajo la dirección de oficiales británicos y estadounidenses exclusivamente y la mayoría de los documentos que allí circulan llevan la inscripción “American eyes only” (Únicamente para el personal americano)» [18].
Para contrarrestar la influencia de los partidos comunistas en ciertos países de Europa occidental, la OTAN había emprendido, desde su creación al término de la Segunda Guerra Mundial, una guerra secreta no convencional.
Según los descubrimientos de la investigación parlamentaria belga sobre el Gladio, esa lucha comenzó incluso antes de la fundación de la alianza atlántica, bajo la coordinación, a partir de 1948, del “Clandestine Committee of the Western Unión” (CCWU) o Comité Clandestino de la Unión Occidental. Según la prensa, todas las «naciones [participantes en Gladio] eran miembros del CCWU y asistían regularmente a reuniones a través de un representante de sus servicios secretos. Estos estaban generalmente en contacto directo con las estructuras stay-behind» [19].
En 1949, al firmarse el Tratado del Atlántico Norte, el CCWU fue secretamente incorporado al nuevo aparato militar internacional y operó, a partir de 1951, bajo la nueva apelación de CPC.
En aquella época, el cuartel general europeo de la OTAN se encontraba en Francia y el CPC tenía su sede en París.
Como antes lo había hecho el CCWU, el Comité se encargaba de la planificación, la preparación y la dirección de las operaciones de guerra no convencional que realizaban los ejércitos stay-behind y las Fuerzas Especiales.
Sólo los oficiales que disponían de autorizaciones emitidas por el nivel superior estaban autorizados a penetrar en la sede del CPC donde, bajo la vigilancia de los expertos de la CIA y del MI6, se reunían varias veces al año los jefes de los servicios secretos de los Estados de Europa occidental para coordinar las operaciones de guerra clandestina que se desarrollaban en toda la parte occidental del continente.
En 1966, cuando el presidente de la República Francesa Charles de Gaulle expulsó a la OTAN de Francia, el cuartel general europeo de la alianza atlántica tuvo que mudarse de París a Bruselas, lo cual provocó la cólera del presidente de los Estados Unidos, Lyndon Johnson.
En el más absoluto secreto, el CPC también se mudó para Bélgica, como se reveló gracias a la investigación sobre el Gladio belga [20].
La histórica expulsión de la OTAN del territorio francés ofreció entonces una primera imagen real de los oscuros secretos de la alianza atlántica.
Para Philip Willan, especialista en operaciones secretas: «La existencia de protocolos secretos de la OTAN que implicaban a los servicios secretos de los países firmantes y que tenían como objetivo evitar que los comunistas tuviesen acceso al poder se divulgó por vez primera en 1966, cuando el presidente De Gaulle decidió retirarse del comando conjunto de la OTAN y denunció esos protocolos como una violación de la soberanía nacional» [21].
Si los documentos originales de los protocolos anticomunistas secretos de la OTAN siguen siendo confidenciales, las especulaciones sobre su contenido no dejaron de multiplicarse como consecuencia del descubrimiento de la existencia de los ejércitos secretos stay-behind.
En un artículo dedicado al Gladio, el periodista estadounidense Arthur Rowse escribió que «una cláusula secreta del tratado inicial de la OTAN de 1949 estipulaba que todo país candidato a la adhesión tenía que haber instaurado anteriormente una autoridad de Seguridad Nacional encargada de dirigir la lucha contra el comunismo por grupos clandestinos de ciudadanos» [22].
Un especialista italiano en servicios secretos y operaciones clandestinas, Giuseppe de Lutiis, descubrió que en el momento de su integración a la OTAN, en 1949, Italia firmó, además del Pacto Atlántico, una serie de protocolos secretos que estipulaban la creación de una organización no oficial «encargada de garantizar el alineamiento de la política interna italiana con la del bloque occidental por todos los medios necesarios, incluso en que caso de que la población llegara a manifestar una inclinación divergente» [23].
El historiador italiano especializado en el Gladio, Mario Coglitore, ha confirmado también la existencia de esos protocolos secretos de la OTAN [24].
Después de las revelaciones de 1990, un ex oficial de inteligencia de la OTAN, que puso énfasis en conservar el anonimato, llegó a afirmar que esos documentos protegían explícitamente a los miembros de la extrema derecha considerados útiles en la lucha contra los comunistas.
El presidente de los Estados Unidos Truman y el canciller alemán Adenauer al parecer «firmaron un protocolo secreto durante la adhesión de la RFA a la OTAN, en 1955, en el que se estipulaba que las autoridades de Alemania Occidental se abstendrían de emprender acciones judiciales contra reconocidos extremistas de derecha» [25].
El general italiano Paolo Inzerilli, quien dirigió el Gladio en su país desde 1974 hasta 1986, subrayó que los «omnipresentes americanos» controlaban el CPC secreto que se hallaba a cargo de la coordinación de la guerra clandestina.
Según el general Inzerilli, el Comité había sido fundado «por orden del comandante en jefe de la OTAN en Europa.
Era [el Comité] el intermediario entre el SHAPE, el cuartel general de las potencias aliadas en Europa y los servicios secretos de los Estados miembros para las cuestiones de guerra no convencional» [26].
Estados Unidos controlaba el CPC, con sus vasallos británicos y franceses, y constituía juntos a estos últimos una “Comisión Ejecutiva” en el seno del Comité. «Las reuniones se sucedían al ritmo de una o dos al año en el cuartel general del CPC, en Bruselas, y los asuntos del orden del día se debatían entre la “Comisión Ejecutiva” y los responsables militares», testimonió Inzirelli [27].
«La coordinación entre las acciones de nuestra red stay-behind y las de las estructuras clandestinas análogas en Europa la hacía el CPC, el Coordination and Planning Comité [Comité de Planificación y Coordinación] del SHAPE, el cuartel general de las potencias aliadas en Europa», explicó el general italiano Gerardo Serravalle.
Predecesor del general Inzirelli, el general Serravalle había tenido bajo sus órdenes el Gladio en Italia entre 1971 y 1974.
Serravalle contó que «durante los años 1970, los miembros del CPC eran los oficiales responsables de las estructuras secretas de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Holanda e Italia.
Esos representantes de las redes clandestinas se reunían cada año en una de las capitales europeas [28]
Altos responsables de la CIA asistían a cada una de esas reuniones. «Siempre había representantes de la CIA en las reuniones de los ejércitos stay-behind», recuerda Serravalle. «Pertenecían a la estación CIA de la capital donde se desarrollaba la reunión y no participaban en las votaciones» [29].
«La “Directiva SHAPE” desempeñaba el papel de referencia oficial, por no decir de doctrina para las redes stay-behind», explica el general Serravalle en su libro dedicado al Gladio.
Precisa también que las grabaciones del CPC, que él mismo pudo consultar pero que siguen siendo confidenciales, «abordan [sobre todo] el entrenamiento de los miembros del Gladio en Europa, cómo activarlos desde el cuartel general secreto en caso de ocupación del conjunto del territorio nacional y otras cuestiones técnicas como, por citar la más importante, la unificación de los diferentes sistemas de comunicación entre las bases stay-behind » [30].
Paralelamente al CPC, un segundo puesto de mando secreto que funcionaba como un cuartel general stay-behind fue creado por la OTAN a principios de los años 1950 bajo el nombre de ACC.
Al igual que el CPC, el ACC estaba en contacto directo con el SACEUR, que a su vez estaba bajo control estadounidense. Según las conclusiones de la investigación belga sobre Gladio, el ACC fue creado en 1955 y se encargó de «la coordinación de las redes “stay-behind” en Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Gran Bretaña y en Estados Unidos».
Según el informe sobre la investigación belga, en tiempo de paz las funciones del ACC «incluían la elaboración de directivas destinadas a la red, el desarrollo de sus capacidades secretas y el establecimiento de bases en Gran Bretaña y Estados Unidos.
En caso de guerra, se suponía que debía preparar acciones stay-behind conjuntamente con el SHAPE; a partir de ahí, los organizadores tenían que activar las bases clandestinas y preparar las operaciones» [31].
El comandante del Gladio italiano, Inzirelli, afirma que «las relaciones en el seno del ACC eran totalmente diferentes» a las que existían en el CPC. «La atmósfera era claramente más relajada y amigable que en el CPC.» El ACC, fundado en cumplimiento de «una orden expresa del SACEUR al CPC», al parecer «se convirtió en una ramificación» de este último [32].
Parece que ese organismo sirvió sobre todo como un foro donde se compartía la experiencia del Gladio entre los jefes de los servicios secretos: «El ACC era un comité esencialmente técnico, un foro donde uno podía intercambiar información y experiencias, mencionar los medios disponibles o en estudio, compartir sus conocimientos sobre las redes, etc…»
El general Inzirelli recuerda: «Nos hacíamos favores mutuamente. Cada uno de nosotros sabía que si le hacía falta un experto en explosivos, en telecomunicaciones o en represión para una operación, podía dirigirse sin problemas a un colega extranjero ya que los agentes habían recibido el mismo entrenamiento y utilizaban el mismo tipo de equipamiento» [33].
Los radiotransmisores llamados Harpoon eran parte del equipamiento de todos los miembros del ACC. La firma alemana AEG Telefunken los había concebido y fabricado a mediados de los años 1980, por orden del comité de dirección de Gladio, a un costo total de 130 millones de marcos, para reemplazar un sistema de comunicaciones que se había hecho obsoleto.
El sistema Harpoon podía transmitir y recibir mensajes radiales codificados a una distancia de 6 000 kilómetros permitiendo así la comunicación entre las redes stay-behind que se encontraban a ambos lados del Atlántico. «El único equipamiento que tienen en común todos los miembros del ACC es el famoso radiotransmisor Harpoon», reveló Van Ussel, un miembro del Gladio belga que había utilizado ese equipo personalmente en los años 1980, cuando era un miembro activo de la organización.
Según Van Ussel, «ese sistema se utilizaba regularmente para transmitir mensajes entre las bases y los agentes (en particular durante los ejercicios de comunicación por radio), pero estaba destinado sobre todo a la transmisión de información de inteligencia en caso de ocupación» [34].
El ACC disponía de bases en todos los países europeos, incluyendo una en el Reino Unido. Desde esas bases se podía activar y dirigir las unidades presentes en los territorios ocupados.
Al parecer, el ACC editaba manuales destinados a los miembros de Gladio.
Estos manuales indicaban los procedimientos comunes a seguir en la realización de acciones clandestinas, las comunicaciones radiales codificadas y el salto de frecuencia así como el abastecimiento por vía aérea y los aterrizajes.
El ACC tenía un sistema de presidencia rotativa con un mandato de 2 años. En 1990, dicha presidencia estaba en manos de Bélgica. La reunión del ACC que tuvo lugar durante los días 23 y 24 de noviembre se desarrolló bajo la presidencia del general de división Raymond Van Calster, jefe del SGR, los servicios secretos militares belgas.
El general Inzirelli recordó que «al contrario del CPC, el ACC no tenía una dirección establecida y permanente. La presidencia del Comité se asumía por 2 años y rotaba entre todos los miembros, por orden alfabético».
Por esa razón, el ACC no estaba sometido «al mismo dominio de las grandes potencias».
Inzirelli afirmó que él prefirió trabajar en el ACC en vez de hacerlo en el CPC, bajo control de los estadounidenses: «Tengo que reconocer, por haberlo presidido yo mismo durante 2 años, que el ACC era un comité verdaderamente democrático» [35].
En el marco de toda investigación exhaustiva sobre la Operación Gladio y las redes stay-behind, salta a la vista la importancia de las transcripciones y grabaciones de las reuniones del CPC y del ACC como fuentes esenciales.
Desgraciadamente, a pesar de los años transcurridos desde el descubrimiento de esa red altamente secreta, las autoridades de la OTAN se han limitado, al igual que en 1990, a oponer el silencio o el rechazo a las exigencias del público en ese sentido.
Al realizar nuestra propia investigación, durante el verano del año 2000, cuando nos pusimos en contacto con el servicio de archivos de la OTAN para solicitar acceso a informaciones suplementarias sobre Gladio, esencialmente sobre el CPC y el ACC, recibimos la siguiente respuesta: «Después de haber verificado en nuestros archivos, no existe huella alguna de los comités que usted menciona».
Cuando insistimos, el servicio de archivos nos respondió: «Le confirmo nuevamente que los comités que usted menciona nunca han existido en el seno de la OTAN. Además, la organización que usted llama “Gladio” nunca ha formado parte de la estructura militar de la OTAN» [36].
Llamamos entonces al Buró de Seguridad de la OTAN, pero nunca pudimos hablar con su director. Ni siquiera pudimos conocer su identidad, clasificada como “confidencial”. La señora Isabelle Jacobs nos informó que era altamente improbable que lográsemos obtener respuestas a nuestras preguntas sobre un tema tan sensible como el Gladio y nos aconsejó que transmitiéramos nuestro pedido por escrito a través de la embajada de nuestro país de origen.
Fue así que, después de que la Misión Suiza de Observación en Bruselas transmitiera a la OTAN nuestras preguntas sobre el caso Gladio, el embajador de Suiza Anton Thalmann nos respondió que sentía informarnos que «Ni yo ni mi personal tenemos conocimiento de la existencia de los comités secretos de la OTAN que menciona usted en su carta» [37].
Nuestras preguntas eran: «¿Cuál es el vínculo entre la OTAN, el Clandestine Planning Committee (CPC) y el Allied Clandestine Committee (ACC)? ¿Qué papel desempeñan el CPC y el ACC? ¿Qué vínculo existe entre el CPC, el ACC y el Buró de Seguridad de la OTAN?»
El 2 de mayo de 2001 recibimos una respuesta de Lee McClenny, director del servicio de prensa y comunicación de la OTAN.
En su carta, McClenny afirmaba que «Ni el Allied Clandestine Committee, ni el Clandestine Planning Committee aparecen en la documentación de la OTAN, confidencial o no, que he consultado.»
Y agregaba: «Además, no he podido encontrar a nadie que trabaje aquí que haya oído hablar de esos comités. Ignoro si tales comités han existido alguna vez en la OTAN, lo que sí es seguro es que no es el caso hoy en día» [38].
Nuevamente insistimos y preguntamos: «¿Por qué el vocero de la OTAN Jean Marcotta negó categóricamente, el 5 de noviembre de 1990, todo vínculo entre la OTAN y el Gladio, palabras que fueron desmentidas dos días después por un segundo comunicado?».
La respuesta de Lee McCleny fue: «No estoy al corriente de la existencia de vínculos entra la OTAN y la Operación Gladio. Además, no encuentro a nadie con el nombre de Jean Marcotta en la lista de voceros de la OTAN» [39]. Se mantenía el misterio.
La CIA, la agencia de inteligencia más poderosa del mundo, no se mostró más inclinada a cooperar que la mayor alianza militar del mundo si se trataba de abordar la delicada cuestión del Gladio y de los ejércitos stay-behind.
Fundada en 1947, dos años antes de la creación de la OTAN, la principal tarea de la CIA durante la guerra fría consistió en combatir el comunismo a lo largo y ancho del planeta mediante la realización de operaciones secretas cuyo objetivo era extender la influencia de los Estados Unidos.
El presidente Nixon indicó una vez que «acciones clandestinas» eran para él «aquellas actividades que, aunque están destinadas a favorecer los programas y políticas de los Estados Unidos en el extranjero, se planifican y ejecutan de forma tal que el público no vea en ellas la mano del gobierno americano» [40].
Historiadores y analistas políticos han descrito posteriormente de forma detallada la manera como la CIA y las Fuerzas Especiales estadounidenses influyeron en la evolución política y militar de numerosos países de América Latina mediante guerras secretas y no declaradas.
Entre los hechos más destacados podemos citar el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, en 1954; el fracasado desembarco en Bahía de Cochinos, en 1961, que debía provocar la destitución de Fidel Castro; el asesinato de Ernesto Che Guevara en Bolivia, en 1967; el golpe de Estado contra el presidente chileno Salvador Allende y la instalación en el poder del dictador Augusto Pinochet, en 1973; así como el financiamiento de los Contras en Nicaragua, después de la revolución sandinista de 1979. [41]
Además de esas acciones en el continente sudamericano, la CIA intervino también en numerosas ocasiones en Asia y en África derrocando el gobierno de Mossadegh en Irán, en 1953; apoyando la política de apartheid en Sudáfrica, lo cual condujo al encarcelamiento de Nelson Mandela; ayudando a Ben Laden y al-Qaeda en Afganistán, durante la invasión soviética de 1979; y apoyando al líder khmer rojo Pol Pot desde la bases que había conservado en Cambodia, después de la derrota estadounidense en Vietnam, en 1975.
Desde un punto de vista estrictamente técnico, el departamento de operaciones secretas de la CIA corresponde a la definición de organización terrorista que hace el FBI.
El “terrorismo” es, según el FBI, «el uso ilegal de la fuerza o de la violencia contra personas o bienes con el fin de intimidar y obligar a un gobierno, una población civil o un segmento de ésta última a perseguir ciertos objetivos políticos o sociales» [42].
A mediados de los años 1970, cuando el Congreso de los Estados Unidos descubrió que la CIA y el Pentágono habían extendido sus propios poderes casi más allá de todo control, sobrepasándolos incluso en numerosas ocasiones, el senador estadounidense Frank Church hizo, con bastante buen tino, el siguiente comentario: «La multiplicación de los abusos cometidos por nuestros servicios de inteligencia es reveladora de un fracaso más general de nuestras instituciones fundamentales».
El senador Church presidía una de las 3 comisiones del Congreso que recibieron la misión de investigar sobre los actos de los servicios secretos estadounidenses y cuyos informes, presentados a mediados de los años 1970, constituyen hoy en día una referencia autorizada en lo tocante a las guerras secretas de Washington [43].
Sin embargo, el impacto de las investigaciones del Congreso estadounidense fue limitado y los servicios secretos siguieron abusando de sus prerrogativas, con el apoyo de la Casa Blanca, como quedó demostrado durante el escándalo del Irángate, en 1986.
Aquello llevó a la historiadora Kathryn Olmsted a plantearse la siguiente «pregunta crucial»: «¿Por qué, después de haber emprendido su investigación, la mayoría de los periodistas y miembros del Congreso renunciaron a desafiar al gobierno secreto?» [44]
Mientras se desarrolla en Estados Unidos el debate sobre la existencia o no de un «gobierno de la sombra», el fenómeno Gladio prueba que la CIA y el Pentágono han operado repetidamente fuera de todo control democrático durante la guerra fría, e incluso después del derrumbe del comunismo, sin tener nunca que rendir cuentas sobre sus intrigas.
Durante una entrevista concedida a la televisión italiana en diciembre de 1990, el almirante Stanfield Turner, director de la CIA de 1977 a 1981, se negó de plano a hablar del escándalo Gladio.
Cuando los periodistas, que tenían en mente la gran cantidad de víctimas de los numerosos atentados perpetrados en Italia, trataron de insistir, el ex jefe de la CIA se quitó el micrófono con furia y gritó: «¡Dije que cero preguntas sobre Gladio!», poniendo así fin a la entrevista [45].
Ex oficiales de la CIA de menos rango aceptaron de mejor grado hablar de los secretos de la guerra fría y de las operaciones ilegales de la agencia estadounidense. Entre ellos, Thomas Polgar, quien se retiró en 1981, al cabo de 30 años de servicio.
En 1991, Polgar prestó testimonio contra la nominación de Robert Gates a la cabeza de la CIA, reprochándole el hecho de haber enmascarado el escándalo del Irángate. Interrogado sobre los ejércitos secretos en Europa, Polgar explicó, refiriéndose implícitamente al CPC y al ACC, que la coordinación de los programas stay-behind estaba en manos de «una especie de grupo de planificación de guerra no convencional vinculado a la OTAN».
En sus cuarteles generales secretos, los jefes de los ejércitos secretos nacionales «se reunían cada 2 o 3 meses, siempre en una capital diferente».
Polgar subraya que «cada servicio nacional lo hacia con mayor o menor celo», aunque admite que «en los años 1970 en Italia, algunos fueron incluso más lejos de lo que exigía la carta de la OTAN» [46].
El periodista Arthur Rowse, ex colaborador del Washington Post, dio a conocer «Las lecciones de Gladio» en un ensayo dedicado al tema: «Mientras el pueblo estadounidense siga ignorando todo ese oscuro capítulo de las relaciones exteriores de los Estados Unidos eso no incitará realmente a las agencias responsables de esta situación a cambiar de comportamiento.
El fin de la guerra fría no cambió gran cosa en Washington. Estados Unidos (…) sigue esperando con impaciencia un verdadero debate nacional sobre los medios, los objetivos y los costos de nuestras políticas federales de seguridad» [47].
Especializados en el estudio de las operaciones clandestinas de la CIA y de los secretos de la guerra fría, los investigadores del instituto privado e independiente de investigación National Security Archive de la universidad George Washington, en Washington, presentaron a la CIA, el 15 de abril de 1991, un pedido basado en la Freedom of Information Act (FOIA).
Según los términos de esta ley sobre la libertad de información, todos los servicios del gobierno estadounidense están obligados a justificar ante la ciudadanía la legalidad de sus actos. Malcolm Byrne, vicedirector de investigación del National Security Archive, solicitaba a la CIA el acceso a «todos los archivos vinculados (…) a las decisiones del gobierno estadounidense, tomadas probablemente entre 1951 y 1955, sobre el financiamiento, el apoyo o la colaboración con todo ejército secreto, con toda red o con cualquier otra unidad, creados con el objetivo de resistir ante una posible invasión de Europa occidental por parte de potencias bajo dominio comunista o de realizar operaciones de guerrilla en países de Europa occidental ante la hipótesis de que éstos se encontraran bajo el control de partidos o de regimenes comunistas, de izquierda o que gozaran del apoyo de la Unión Soviética».
Byrne agregaba: «Le ruego que incluya usted en su búsqueda todo documento que mencione actividades conocidas bajo el nombre de “Operación Gladio”, en particular en Francia, en Alemania y en Italia» [48].
Byrne precisaba, con toda razón, que «todos los documentos obtenidos como consecuencia de este pedido ayudarán a dar a conocer al público la política exterior de los Estados Unidos en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, así como el impacto del conocimiento, análisis y adquisición de datos de inteligencia en la política estadounidense de la época».
Pero la CIA se negó a cooperar y, el 18 de junio de 1991, presentó la siguiente respuesta: «La CIA no puede confirmar ni negar la existencia o la inexistencia de archivos que respondan a los criterios de su pedido». Byrne trató de reclamar ante la negativa de la CIA a proporcionarle información sobre Gladio pero su gestión fue impugnada.
La CIA fundamentó su negativa a cooperar invocando dos dispensas que permiten bloquear la aplicación de la ley sobre la libertad de información y que sirven prácticamente para cubrir cualquier cosa ya que excluyen cualquier documento «clasificado como “confidencial” en virtud de una decisión tomada por el Ejecutivo en interés de la Defensa Nacional o de la política exterior» (Dispensa B1) o a título de las «obligaciones inherentes al estatus del director de proteger la confidencialidad de las fuentes y métodos de inteligencia, tales como la organización, las funciones, nombres, títulos oficiales, ingresos y número de los empleados de la Agencia, conforme a la National Security Act de 1947 y a la CIA Act de 1949» (Dispensa B3).
Los responsables europeos no navegaron con más fortuna cuando trataron de enfrentarse al gobierno secreto.
En marzo de 1995, una comisión del Senado italiano presidida por Giovanni Pellegrino, comisión que había realizado una investigación sobre Gladio y sobre los atentados perpetrados en Italia, presentó a la CIA un pedido FOIA.
Los senadores italianos pedían acceso a todos los archivos vinculados a las Brigadas Rojas y al secuestro de Aldo Moro para aclarar si, en el marco de su programa de intromisión en los asuntos de Italia, la CIA había infiltrado el grupo terrorista de extrema izquierda antes de que este asesinara al ex primer ministro italiano y líder de la democracia cristiana italiana Aldo Moro, en 1978.
La CIA se negó a cooperar, invocando las dispensas B1 y B3 y rechazó, en mayo de 1995, todos los pedidos de acceso presentados agregando que dicho rechazo «no confirmaba ni negaba la existencia o la inexistencia en los archivos de la CIA de los documentos solicitados».
La prensa italiana subrayó lo embarazoso de aquel rechazo y tituló: «La CIA rechaza pedido de asistencia de la Comisión parlamentaria. Secuestro de Moro, secreto de Estado en Estados Unidos» [49].
El segundo pedido de información sobre Gladio proveniente de un gobierno europeo fue presentado a la CIA por el gobierno de Austria en enero de 2006, como consecuencia del descubrimiento de varios escondites de armas “altamente secretos” que la CIA había preparado para el Gladio en montañas y bosques de aquel país, a pesar de la neutralidad de Austria. Representantes del gobierno estadounidense respondieron que Estados Unidos correría con los gastos ocasionados por el desenterramiento y la recogida del equipamiento de las redes [50].
La investigación austriaca estuvo a cargo de los servicios del ministro del Interior Mickael Sika, quien presentó su informe final sobre los depósitos de municiones de la CIA el 28 de noviembre de 1997 al declarar: «No es posible llegar con certeza a ninguna conclusión en lo tocante a los escondites de armas y el uso al que estaban destinadas».
Por lo tanto: «Para aclarar totalmente el caso sería necesario disponer de los documentos vinculados a éste, especialmente los que se encuentran en Estados Unidos» [51].
Un miembro de la Comisión, Oliver Rathkolb, de la universidad de Viena, presentó entonces un pedido FOIA cuyo objetivo era obtener acceso a los archivos de la CIA. Pero en 1997, el comité de divulgación de la agencia opuso un nuevo rechazo que invocaba nuevamente las dispensas B1 y B3 dejando así a los austriacos con la amarga impresión de que la CIA no estaba obligada a rendir cuentas ante nadie.
Siendo esta la única posibilidad de obtener acceso a los archivos vinculados al Gladio, nosotros mismos presentamos a la CIA un pedido FOIA el 14 de diciembre de 2000. Dos semanas más tarde recibimos una respuesta evasiva a nuestro pedido «vinculado a la “Operación Gladio”»: «La CIA no puede confirmar ni negar la existencia o la inexistencia de documentos que correspondan a su pedido». Al invocar las dispensas restrictivas B1 y B3, la coordinadora encargada de la información y de las cuestiones vinculadas al respeto de la vida privada, la señora Kathryn I. Dyer nos negó el acceso a las informaciones sobre la Operación Gladio [52].
Nosotros hicimos oposición a aquella decisión señalando que: «Los documentos retenidos deben publicarse en virtud de la ley FOIA sobre la libertad de expresión ya que las cláusulas B1 y B2 sólo pueden aplicarse a las operaciones de la CIA que siguen siendo secretas».
Seguidamente demostrábamos que el Gladio no se encontraba ya en ese caso, precisando los datos que ya habíamos recogido anteriormente durante nuestras investigaciones, y concluimos: «Si usted, señora Dyer, invoca en este contexto las cláusulas restrictivas B1 y B3, está usted privando a la CIA de la posibilidad de expresarse sobre informaciones relativas al caso Gladio, [informaciones] que de todas maneras serán reveladas, decida o no la CIA intervenir » [53].
En febrero de 2001, la CIA nos respondió: «Su apelación ha sido aceptada y se tomarán disposiciones para que la examinen los miembros del comité de divulgación de la Agencia. Usted será informado de la decisión que se tome.»
Al mismo tiempo, la CIA precisó que aquella comisión procesaba los pedidos en función de la fecha en que habían sido presentadas y que «en este momento, tenemos alrededor de 315 apelaciones por examinar» [54]. Nuestro pedido sobre la red Gladio quedaba así en espera, debajo del montón.
En el momento en que redactamos este libro la comisión seguía sin dar respuesta [55].
Después de la OTAN y la CIA, la tercera organización en orden de importancia implicada en la operación stay-behind era el MI6 británico.
En 1990, el MI6 no adoptó posición alguna sobre el caso Gladio debido a una legendaria obsesión por el secreto.
La existencia misma del MI6 no fue admitida oficialmente hasta 1994, con la publicación de la Intelligence Services Act que estipulaba que la misión de ese servicio consistía en obtener información de inteligencia y ejecutar acciones secretas en el extranjero.
Mientras que el ejecutivo británico y el MI6 se negaban a hacer cualquier comentario, Rupert Allason, miembro del partido conservador, redactor del Intelligence Quarterly Magazine bajo el seudónimo de Nigel West y autor de varios libros sobre los servicios británicos de seguridad, confirmó, en noviembre de 1990, en pleno apogeo del escándalo Gladio y en una entrevista telefónica concedida a la Associated Press: «Estábamos, y seguimos estando todavía, fuertemente implicados (…) en esas redes».
West explicó que Gran Bretaña «participó, claro está, junto a los estadounidenses, en el financiamiento y la dirección» de varias redes y que también participaba en el marco de la colaboración entre el MI6 y la CIA: «Son las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses las que dieron origen al proyecto».
West afirmó que, a partir de 1949, el accionar de los ejércitos stay-behind había sido coordinado por la Estructura de Comando y Control de las Fuerzas Especiales de la OTAN, en cuyo seno el Special Air Service (SAS) desempeñaba un papel estratégico [56].
«La responsabilidad de Gran Bretaña en la creación de las redes stay-behind en toda Europa es absolutamente fundamental», reportó la BBC, con cierto retraso, en su edición vespertina del 4 de abril de 1991.
El presentador de noticias John Simpson acusó al MI6 y al ministerio de Defensa británico de no divulgar toda la información que tenían sobre el tema «en momentos en que las revelaciones sobre Gladio han provocado que se descubriera la existencia de ejércitos stay-behind en otros países europeos –en Bélgica, Francia, Holanda, España, Grecia y Turquía.
Hasta en países neutrales como Suecia y Suiza la cuestión dio lugar a un debate público. En ciertos casos se han abierto investigaciones oficiales.
En cambio, nada se ha hecho todavía en Gran Bretaña. Sólo hemos tenido los acostumbrados comunicados del ministerio de Defensa que no quiere comentar las cuestiones de Seguridad Nacional» [57].
Simpson declaró que después de la caída del Muro de Berlín los británicos habían podido conocer, con una mezcla de horror y fascinación, los complots y las operaciones de terrorismo urdidos por la Stasi, la Securitate y otros servicios secretos de Europa oriental.
«¿Es posible que nuestro bando haya cometido actos comparables? ¡Nunca!», comentó con ironía antes de llamar la atención hacia los servicios de seguridad de Europa occidental: «Pero ahora empiezan a aparecer informaciones sobre los abusos que pudieran haber cometido la mayoría de los servicios secretos de los miembros de la OTAN.
En Italia, una comisión parlamentaria ha recibido la misión de investigar las acciones de un ejército secreto creado por el Estado con el objetivo de resistir en caso de invasión soviética. La investigación ha permitido descubrir la existencia de fuerzas armadas clandestinas similares en toda Europa. Pero el grupo italiano, conocido bajo el nombre de Gladio, es sospechoso de haber participado en una serie de atentados terroristas» [58].
La BBC no logró obtener de los responsables del gobierno ninguna reacción sobre el escándalo Gladio. La confirmación oficial de la implicación del MI6 sólo llegó años más tarde y en un contexto más bien sui generis: en un museo.
En julio de 1995, se inauguró en el Imperial War Museum de Londres una nueva exposición permanente titulada «Las guerras secretas». «Todo lo que usted puede ver en esta exposición es parte de los secretos mejor guardados de este país», se aseguraba a los visitantes en la entrada. «Por vez primera se revelan al público. Y lo más importante, todo es verídico… la realidad es mucho más increíble y apasionante que la ficción.»
En una de las vitrinas dedicadas al MI6, un discreto comentario confirmaba que: «Los preparativos con vistas a una Tercera Guerra Mundial incluían la creación de comandos stay-behind equipados para operar detrás de las líneas enemigas en caso de invasión soviética en Europa occidental».
En la misma vitrina, se exhibía una gran caja llena de explosivos con la siguiente explicación: «Explosivos concebidos especialmente por el MI6 para ser escondidos en territorios susceptibles de pasar al enemigo. Podían mantenerse enterrados durante años sin sufrir la menor alteración.»
Junto a un manual sobre técnicas de sabotaje destinado a los comandos stay-behind se podía leer: «En la zona británica de ocupación en Austria, oficiales de la Marina Real fueron destacados especialmente para preparar escondites de armas en regiones de montaña y colaborar con agentes reclutados en el terreno» [59]
Varios ex oficiales del MI6 interpretaron aquella exposición como una señal de que podían hablar en lo adelante sobre la Operación Gladio.
Meses después de la inauguración, los ex oficiales Giles y Preston, ambos de la Marina Real, los únicos agentes del MI6 cuyos nombres se mencionaban en la exposición junto a una fotografía tomada «en los Alpes austriacos, 1953-1954», confirmaron al escritor Michael Smith que a finales de los años 1940 y principios de los años 1950 estadounidenses y británicos habían reclutado unidades stay-behind en Europa occidental en previsión de una invasión soviética.
Giles y Preston fueron enviados a Fort Monckton, no lejos de Portsmouth, en Inglaterra, donde los miembros del Gladio compartían el entrenamiento de los hombres des SAS bajo la dirección del MI6. Se les entrenaba en codificación [de mensajes], uso de armas de fuego y operaciones secretas. «Teníamos que hacer ejercicios, salir en medio de la noche y simular voladuras de trenes sin que nos descubriera el jefe de la estación de trenes», recuerda Preston. «Nos acercábamos a rastras y hacíamos como si pusiéramos cargas explosivas en el lado derecho de la locomotora». [60]
Giles recuerda haber participado en operaciones de sabotaje contra trenes británicos en servicio como, por ejemplo, el ejercicio que tuvo lugar en la estación de Eastleigh: «Poníamos ladrillos en las locomotoras para simular las cargas de explosivo plástico. Recuerdo hileras e hileras de vagones enteramente recubiertos de una espesa capa de nieve, detenidos en medio de las nubes de vapor. Había patrullas de soldados con perros. En un momento dado, los guardias se acercaron. Tuve entonces que esconderme entre los cilindros de las locomotoras y esperar que pasaran. También quitábamos la tapa de los tanques de aceite de los ejes para echarles arena. Como consecuencia [los ejes] se recalentaban al cabo de algunas decenas de kilómetros» [61].
A los dos agentes no parecía preocuparles que se tratara de trenes públicos en servicio: «No era problema mío», explicó Giles, «sólo estábamos jugando». «Yo tuve que recorrer Greenwich durante 10 días para aprender a cumplir misiones de seguimiento de personas y a despistar a quienes estuviesen siguiéndome a mí, la realidad concreta de la labor del espía», cuenta Preston. P
osteriormente, los dos agentes fueron enviados a Austria con la misión de reclutar agentes y entrenarlos y supervisaron la red de «búnkeres subterráneos llenos de armas, ropa y material» que montaban «el MI6 y la CIA» para uso del Gladio austriaco [62]. Al visitar el cuartel general del MI6 al borde del Támesis, en Londres, en 1999, no fue una sorpresa enterarse de que el MI6 tiene por regla no hablar nunca de secretos militares.
Daniele Ganser. Historiador suizo, especialista en relaciones internacionales contemporáneas. Se dedica a la enseñanza en la universidad de Basilea, Suiza.
[1] Diario británico The European, 9 de noviembre de 1990.
[2] Ibid. El representante de la OTAN que presentó la rectificación fue al parecer Robert Stratford. Ver Regine Igel, Andreotti. Politik zwischen Geheimdienst und Mafia (Herbig Verlag, Munich, 1997), p.343.
[3] Diario británico The Observer, 18 de noviembre de 1990.
[4] Diario británico The Guardian, 10 de noviembre de 1990.
[5] Ibid., 30 de enero de 1992.
[6] Ibid., 16 de enero de 1991.
[7] Agencia internacional de prensa Reuters, 15 de noviembre de 1990.
[8] Sin autor especificado, «Gladio. Un misterio de la guerra fría. La trama secreta coordinada por mandos de la Alianza Atlántica comienza a salir a la luz tras cuatro décadas de actividad», diario español El País, 26 de noviembre de 1990.
[9] Sin autor especificado, «El servicio español de inteligencia mantiene estrechas relaciones con la OTAN. Serra ordena indagar sobre la red Gladio en España», diario español El País, 16 de noviembre de 1990.
[10] Erich Schmidt Eenboom, Schnüffler ohne Nase. Der BND. Die unheimliche Macht im Staate (Econ Verlag, Düsseldorf, 1993), p.365.
[11] Diario portugués Expresso, 24 de noviembre de 1990.
[12] Ibid.
[13] Agencia internacional de prensa Reuters, 13 de noviembre de 1990. Diario británico The Independent, 16 de noviembre de 1990.
[14] Agencia internacional de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990. Agencia internacional de prensa Reuters, 12 de noviembre de 1990. Agencia internacional de prensa Reuters, 15 de noviembre de 1990.
[15] Semanario británico The Independent on Sunday, 21 de junio de 1998. Crítica de un libro sobre Nixon (Nixon in Winter) por la ex asistente de Nixon, Monica Crowley.
[16] Estos fueron sucesivamente: 1951–1952 General Dwight D Eisenhower, US Army; 1952–1953 General Matthew B Ridgway, US Army; 1953–1956 General Alfred M Gruenther, US Army; 1956–1962 General Lauris Norstad, US Air Force; 1963–1969 General Lyman L Lemnitzer, US Army; 1969–1974 General Andrew J Goodpaster, US Army; 1974–1979 General Alexander M Haig Jr, US Army; 1979–1987 General Bernard W Rogers, US Army; 1987–1992 General John R Galvin, US Army; 1992–1993 General John M Shalikashvili, US Army; 1993–1997 General George A Joulwan, US Army; 1997–2000 General Wesley K. Clark, US Army; 2000-2003 General Joseph Ralston, US Air Force; 2003-2006 General James L. Jones, US Marine Corps; 2006-2009 General Bantz J. Craddock, US Army; 2009- Almirante James G. Stavridis, US Navy.
[17] Jonathan Kwitny, «The CIA’s Secret Armies in Europe», publicado en The Nation, 6 de abril de 1992, p.445.
[18] Semanario alemán Der Spiegel, n°47, p.20, 19 de noviembre de 1990.
[19] Pietro Cedomi, «Services Secrets, Guerre Froide et ‘stay-behind’ Part III. Répertoire des réseaux S/B», en la publicación belga Fire! Le Magazine de l’Homme d’Action, noviembre/diciembre de 1991, p.82.
[20] Comisión investigadora parlamentaria sobre Gladio, como aparece resumido en la publicación británica Statewatch, enero/febrero de 1992.
[21] Philip Willan, Puppetmasters: The Political Use of Terrorism in Italy (Constable, Londres, 1991), p.27.
[22] Arthur Rowse, «Gladio: The Secret US War to subvert Italian Democracy» en Covert Action Quarterly, n°49, Verano de 1994, p.3.
[23] Fragmento de Willan, Puppetmaster, p.27.
[24] Mario Coglitore (Ediciones), La Notte dei Gladiatori. Omissioni e silenze della Repubblica (Calusca Edizioni, Padoue, 1992), p.34. «La existencia de los protocolos secretos de la OTAN es un hecho comprobado ya que De Gaulle los denunció explícitamente el 7 de marzo de 1966 y el Parlamento de la RFA admitió recientemente que existían» (ibid.).
[25] Publicación británica Searchlight, enero de 1991.
[26] Paolo Inzerili, Gladio. La Verità negata (Edizioni Analisi, Bologne, 1995), p.61.
[27] Inzerilli, Gladio, p.62.
[28] Gerardo Serravalle, Gladio (Edizione Associate, Rome, 1991), p.78.
[29] Ibid., p.79.
[30] Ibid., p.78.
[31] Comisión investigadora parlamentaria sobre sur Gladio, como aparece resumido en la publicación británica Statewatch, enero/febrero de 1992.
[32] Inzerilli, Gladio, p.63.
[33] Ibid.
[34] Michel Van Ussel : Georges 923. Un agent du Gladio belge parle. Testimonio (Éditions La Longue Vue, Bruxelles, 1991), p.139.
[35] Inzerilli, Gladio, p.64.
[36] Correo electrónico dirigido al autor por Anne-Marie Smith, del servicio de archivos de la OTAN, 18 de agosto de 2000.
[37] Carta dirigida al autor por el jefe de la misión suiza ante la OTAN, embajador Anton Thalmann, fechada en mayo de 2001.
[38] Carta dirigida al autor por Lee McClenny, responsable del servicio de relaciones con la prensa y los medios de difusión en la OTAN, fechada el 2 de mayo de 2001.
[39] Ibid.
[40] Presidential Directive, National Security Decision Memorandum 40, Responsibility for the Conduct, Supervision and Coordination of Covert Action Operations, Washington February 17 1970. Firmada por Richard Nixon.
[41] Para un completo recuento de las operaciones secretas de la CIA a través del mundo a partir de 1945, ver William Blum: Killing Hope. US Military and CIA interventions since World War II (Common Courage Press, Maine, 1995). Versión francesa: Les Guerres scélérates (Parangon, 2004).
[42] Fuente: http://www.terrorism.com/
[43] Las tres comisiones eran la Comisión del Senado que presidía Franck Church, la Comisión de la Cámara de Representantes que presidía Ottis Pike y la Comisión Murphy del presidente Ford. 1. Report of the House Select Committee on Intelligence [Pike Committee], Ninety-fourth Congress, Publicado por Village Voice, New York City, febrero de 1976. 2. Report of the Commission on the Organization of the Government for the Conduct of Foreign Policy [Murphy Commission], US Government Printing Office, Washington DC, junio de 1975. 3. Final Report, of the United States Senate Select Committe to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities [Church Committee], US Government Printing Office, Washington DC, abril de 1976. El que puede considerarse como el mejor de los 3 informes, el Informe final de la Comisión Investigadora Senatorial sobre las Operaciones del Gobierno en materia de Inteligencia, se compone de 6 volúmenes. El primero tiene como tema la «Inteligencia Exterior y Militar, de la CIA, de las operaciones secretas y la cuestión del control democrático sobre los servicios secretos». En el segundo volumen, intitulado «Actividades de Inteligencia y Derechos de los Ciudadanos Estadounidenses», el Informe Church revela de qué manera la NSA y el FBI violaron la vida privada de los ciudadanos estadounidenses. El tercer tomo, intitulado «Informes Internos Complementarios sobre las Actividades de Inteligencia y los Derechos de los Ciudadanos Estadounidenses», prologa el análisis del anterior y afirma que el término «contraespionaje» es una apelación impropia para «operación clandestina interna». El cuarto volumen, intitulado «Informes Internos Complementarios sobre la Inteligencia Exterior y Militar», presenta un recuento histórico sobre la CIA desde 1946 hasta 1975. El quinto volumen, intitulado «El Asesinato del Presidente John F. Kennedy y el Trabajo de las Agencias de Inteligencia», trata de determinar si los servicios secretos estadounidenses conspiraron o no para mantener el secreto alrededor del asesinato de JFK. El último volumen, intitulado «Informes Complementarios sobre las Actividades de Inteligencia», aborda la evolución histórica y la organización de la capacidades del país en materia de inteligencia, desde 1776 hasta 1976. Algunos fragmentos de esos informes han sido publicados en francés bajo el título Les Complots de la CIA. Manipulations et assassinats (Stock, 1976).
[44] Kathryn Olmsted, Challenging the Secret Government: The Post-Watergate Investigations of the CIA and FBI (University of North Carolina Press, Chapelhill, 1996), p.9.
[45] Diario británico The Independent, 1º de diciembre de 1990.
[46] Jonathan Kwitny, «The CIA’s Secret Armies in Europe», publicado en The Nation, 6 de abril de 1992, p.445.
[47] Arthur Rowse, «Gladio. The Secret US War to Subvert Italian Democracy», publicado en Covert Action Quarterly, n°49, Verano de 1994.
[48] Solicitud FOIA: «L’Operation ‘Gladio’ de la CIA», presentada por Malcolm Byrne el 15 de abril de 1991. Solicitud FOIA n° 910113.
[49] Diario italiano Corriere della Sera, 29 de mayo de 1995.
[50] Publicación política austriaca Zoom, n° 4/5, 1996: «Es muss nicht immer Gladio sein. Attentate, Waffenlager, Erinnerungslücken», p.6.
[51] Bericht betreff US Waffenlager. Oesterreichisches Bundesministerium für Inneres. Generaldirektor für die öffentliche Sicherheit. Mag. Michael Sika. 28 noviembre de 1997. Viena, p.10.
[52] Carta fechada el 28 de diciembre del año 2000 y dirigida por la CIA al autor sobre la solicitud FOIA F-2000-02528 vinculada a la Operación Gladio.
[53] Carta fechada el 23 de enero de 2001 y dirigida por el autor a la señora Dyer de la CIA.
[54] Carta fechada el 7 de febrero de 2001 y dirigida al autor por Kathryn I. Dyer, coordinadora de la CIA para asuntos de información y respeto de la vida privada.
[55] En momentos en que entraba en prensa la edición francesa, o sea 6 años después de presentada la solicitud, el autor sigue esperando una respuesta… (Nota del editor)
[56] Agencia internacional de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990.
[57] Televisión británica BBC Newsnight, 4 de abril de 1991, 22h 30. Reportaje del periodista Peter Marshall sobre Gladio.
[58] Ibid.
[59] Imperial War Museum, Londres. Exposición sobre las Guerras Secretas. Visitada por el autor el 20 de mayo 1999. El 4 de junio de 1999 el autor se reunió con Mark Siemens, del departamento de investigación del museo y responsable de la exposición sobre la Guerras Secretas. Siemens subrayó que la unidad secreta SOE, creada durante la Segunda Guerra Mundial, era el antecedente de los stay-behind Gladio. El autor no pudo obtener del MI6 ninguna información suplementaria sobre ese fenómeno.
[60] Michael Smith, New Cloak, Old Dagger : How Britain’s Spies Came in from the Cold (Gollancz, Londres, 1996), p.117. Basado en entrevistas realizadas a Simon Preston, el 11 de octubre de 1995, y a Michael Giles, el 25 de octubre de 1995.
[61] Smith, Dagger, p.117.
[62] Ibid., p.118.
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