19-05-2010
La compañía estadounidense se prepara para entrar en nuevos escenarios de conflicto. Las increíbles confesiones de Erik Prince.
Jorge Luis Rodríguez González
África Mía
Hace más de un año anunciaron que llegarían hasta los mares de Somalia para combatir la piratería. Era de suponer que no les bastaría, que serían más ambiciosos y tocarían incluso tierra en su afán por no perderse un conflicto del cual sacar sus turbias ganancias. ¡Y así fue! La mañosa Blackwater ya se encuentra en territorio somalí y los proyectos de operaciones incluyen otros ricos destinos como Nigeria, donde muchas transnacionales pierden dinero por los ataques de grupos insurgentes.
La noticia la ofreció el mismo fundador y presidente de la compañía, ahora bautizada como Xe, Erik Prince, en unas grabaciones sacadas a la luz pública por el periodista norteamericano Jeremy Scahill, autor de Blackwater: el auge del ejército mercenario más poderoso del mundo. También la confirman algunos grupos rebeldes somalíes que acusan a los hombres de la Xe —conocidos como «perros de guerra»— de colocar bombas en espacios públicos de Mogadiscio.
En la revista estadounidense The Nation, Scahill destapa los planes de la Blackwater para enviar a sus mercenarios a Somalia y Nigeria, con el objetivo de combatir a presuntos terroristas, «construidos» por las transnacionales mediáticas para legitimar las guerras de Washington.
Los deseos de Prince son también llegar a Yemén y Arabia Saudita, muy cercanos geográficamente del Cuerno Africano, donde se encuentra Somalia. Se trata, según el análisis del jefe de la Blackwater, de una región con mucha influencia iraní, a la que Estados Unidos «tiene que poner fin» mediante el despliegue de los contratistas.
Lo mismo que hizo en Afganistán —donde ganó gran fama, y no precisamente por brindar seguridad, sino por asesinatos, violaciones a niños y escándalos de prostitución, además de azuzar las diferencias internas—, la acción de Blackwater en estos países puede ser muy sucia.
Días antes de que The Nation publicara las declaraciones de Prince en una audiencia amistosa que reunía a corporativos de la industria armamentista y a veteranos de guerra, unas 30 personas murieron y otras 80 resultaron heridas cuando dos bombas hicieron explosión de forma simultánea en una mezquita del mercado de Bakara, en Mogadiscio, la capital somalí. El grupo opositor islámico Al Shabad acusó a la compañía de seguridad estadounidense de haber organizado este atentado, como ya había hecho en Iraq.
Desde inicios de año, grupos como Al Shabad e Hizbul Islam estaban lanzando advertencias de que los «perros de guerra» de Blackwater se encontraban en territorio somalí, y que pretendían hacer explotar mercados y mezquitas en Mogadiscio para luego adjudicarles esos crímenes a estos grupos.
La creciente violencia, a la que contribuyen Blackwater y otras presuntas agencias de seguridad estadounidenses, es el pretexto ideal para intervenciones militares en un país que se desgasta en un interminable conflicto interno desde 1991, resultado también de la descomposición de esa sociedad debido a condicionantes impuestas por organismos como el FMI y el Banco Mundial.
Con la mira en Nigeria
En el sur de Nigeria, transnacionales como la norteamericana Chevron y la angloholandesa Shell no tienen vida. Sus instalaciones en el delta del Níger, una de las zonas más ricas en hidrocarburos de ese gigante petrolero, están a menudo en la diana de los ataques de grupos rebeldes, quienes exigen una redistribución de los ingresos de la renta de petróleo más justa para el desarrollo local, pues es allí donde se encuentran las mayores riquezas.
En varias ocasiones, Chevron y Shell han recortado sus producciones por los ataques a los oleoductos que operan en la región. Por eso han acudido a las empresas «de seguridad» para responder con represión y militarización a la inconformidad que provoca la pobreza. Aunque no todos los nativos recurren a las armas para hacer valer sus exigencias: existe también un fuerte movimiento de resistencia pacífica.
La lista de contratistas empleados por los consorcios extranjeros es grande, y hasta el momento no han podido tan siquiera atenuar la violencia en la región. Incluso Shell ha sido acusada de financiar a grupos paramilitares. Allí los consorcios no solo explotan los recursos naturales nigerianos, sino que lo hacen de manera irresponsable, comprometiendo el ecosistema local con sus actividades contaminantes.
En este contexto, la Xe de seguro se sentiría como pez en el agua y ganaría muchos millones. Por ello Prince acaricia la idea de que sea llamada. Y asegura: hacen falta más contratistas…
Mucho en Afganistán
Prince no solo fue claro respecto a los nuevos escenarios en los que podrían entrar sus hombres, sino que precisó algunos detalles acerca de su participación en una vieja guerra del ejército estadounidense. Ante su selectivo auditorio en la Universidad de Michigan el pasado 14 de enero, el jefe de Blackwater reveló información sobre las operaciones secretas de su empresa en Afganistán, ocupado por las fuerzas norteamericanas y sus aliados desde hace casi nueve años.
Los hombres de Prince llegaron a la nación centroasiática en abril de 2002, luego de lograr sustanciosos contratos para «proveer seguridad» a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EE.UU. Desde entonces son muchos los millones de dólares que se ha embolsado la compañía, en los que también se cuentan los alcanzados a través de convenios con el Departamento de Estado y el de Defensa. Otra de las funciones de Blackwater ha sido cuidarle las espaldas al embajador norteamericano en ese país, Karl Eikenberry, y a oficiales de Washington, además de entrenar a la policía fronteriza afgana.
«Construimos cuatro bases, las equipamos y dirigimos», cuenta el «príncipe» de los mercenarios, y el periodista estadounidense Jeremy Scahill especifica que se refiere a las bases de operaciones avanzadas (Forward Operating Bases, FOBs), ubicadas en los cuatro puntos cardinales de Afganistán.
Una de estas se encuentra en Spin Boldak, en el sur; en el este está la FOB Lonestar, a unos 15 kilómetros de la frontera con Paquistán —otro de los blancos de EE.UU., y por supuesto de la Xe— y otra cerca de Herat.
Al referirse específicamente a la FOB Lonestar, Prince hizo una confesión cuando se preguntaba: «¿Quién más ha construido una Forward Operating Base a lo largo de la ruta principal para la infiltración de los talibanes, y la última ubicación conocida de Osama bin Laden?». Hasta el momento, todos pensaban que esa tarea estaba únicamente en manos del Pentágono. La mano peluda y larga de Blackwater también llega a Paquistán.
A pesar de que hasta ahora Washington ha negado la realización de operaciones en ese territorio, Prince salió con el desmentido, al reconocer en su círculo cerrado de amigos y directivos de empresas armamentistas que su compañía está allí, realizando operativos secretos que financian el Pentágono y la CIA, como parte de la falsa cruzada de EE.UU. contra el terrorismo.
Tampoco faltaron sus críticas a las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desplegadas en Afganistán, a las que calificó como «un mosaico de compromisos internacionales». Según quien se considera muy ducho en cuestiones de estrategia militar, muchos de los soldados de la Alianza deberían recoger sus maletas y volver a casa, pues no cumplen con su verdadera tarea en Afganistán.
De entre ese gran conglomerado de efectivos solo hubo elogios para los canadienses: ellos han perdido tantas vidas como los propios norteamericanos, aseguró el ejecutivo.
«Business son Business»
A pesar de los constantes alardes de seguridad que se «gasta» el cabecilla de la compañía, no todo son alabanzas para Blackwater, a la que se le señala por no haber podido evitar el atentado contra un cuartel de la CIA en la localidad afgana de Khost el 30 de diciembre de 2009, con saldo de siete estadounidenses de la Agencia muertos.
Su respuesta fue poco convincente y mucho menos inteligente cuando se le interrogó sobre ese suceso: «¿Sabes qué? Es una tragedia que los chicos murieran, pero si lo ponemos en perspectiva, la CIA ha perdido muy pocas personas desde el 9/11».
Para este inescrupuloso corporativo, la muerte es uno de los costos de su forma de hacer negocios. Los riesgos siempre existen, aunque algunos se puedan calcular, y aconseja que la solución no es la retirada de la CIA, sino una respuesta mucho más violenta y agresiva.
Difícilmente a alguien le quede la menor duda de que eso es lo que mejor sabe hacer Prince con su compañía: negocios. Por algo ha estado en todas las guerras sucias en las que lo ha necesitado Washington. Actualmente cerca del 90 por ciento de sus beneficios proceden de los contratos con el Gobierno norteamericano. Por eso sus planes en África son continuar el desembarco —ya están en los mares somalíes, junto con otros contratistas ingleses—, y seguir desestabilizando en Paquistán y Afganistán. Porque mientras haya guerra, habrá trabajo…
Fuente: http://hablemosdeafrica.blogspot.com/
miércoles, 19 de mayo de 2010
Nuevas y viejas guerras para Blackwater
martes, 26 de enero de 2010
Buitres sobrevuelan África
27-01-2010
Jorge Luis Rodríguez González
África Mía
La enseñanza universal, la lucha contra la pobreza y la mejora de los sistemas de salud, seguirán siendo una utopía para África, mientras las grandes potencias sigan tragándose la mayoría de sus recursos financieros a través del pago de las denigrantes deudas externas.
Ante la caída de los precios de las materias primas en el mercado internacional, los países africanos disminuyen sus ingresos, que se gastan básicamente en pagar los humillantes intereses de la deuda externa a sus acreedores internacionales.
A su vez, cada día es más difícil para estos Estados conseguir nuevos préstamos, debido al congelamiento de los fondos financieros; y cuando lo logran, es con intereses e injerencias políticas insoportables. La mayoría d e este dinero va a parar nuevamente a las arcas de desprestigiados organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Inte rnacional por concepto de pago de viejos débitos .
Hoy, con la debacle global, estas naciones pobres c orren el riesgo de sucumbir a una «nueva» crisis de sus deudas, pues cuentan con menos ingresos para pagar viejos intereses e impulsar programas de desarrollo nacionales. Nuevamente el FMI y el BM ofrecen paquetes «salvadores» pa ra reactivar las economías deprimidas; e incluso algunas ayudas prometidas por las grandes potencias se canalizan a través de los leoninos prést amos; pero las condiciones no cambian: recetas neoliberales y apertura total de sus economías a las transnacionales.
Solo dos opciones tienen los países africanos: aceptar la «ayuda» del FMI y el BM, a cambio de privatizaciones y reducciones en los presupuestos p úblicos; o renunciar a ella, lo cual también supone un recorte drástico de los gastos sociales pues los ingresos por sus exportaciones y la inversión extranjera decae en tiempos de crisis.
Una nueva oleada de préstamos con un horizonte que se vislumbra muy peligroso para estas economías débiles preocupa a varios especialistas y organizaciones no gubernamentales, que desde hace varios años piden cancelar las deudas externas de estas naciones. Sin embargo, a otros ya se les hace agua la boca…
Los buitres
Esperan a que su presa esté hecha un cadáver para descarnarla por completo. La imagen le viene como anillo al dedo a un grupo de inversores que en los últimos tiempos se han dedicado a comprar las deudas de los países pobres, para lue go recuperar su inversión con el embargo de bienes, las demandas judiciales y la presión política y el chantaje, en un monto muy superior al que pagaron por la deuda externa.
Según la ONG Jubilee Debt Campaing, al menos 54 compañías, la mayoría radicadas en paraísos fiscales, han iniciado procesos legales en los últimos años contra 12 de los países más pobres del mundo, por un monto total de 1 500 millones de dólares.
En septiembre de 2004, FG Hemisphere Fund, con sede en Nueva York, compró una deuda demandó a la República Democrática de Congo (RDC) por 105 millones de dólares de un préstamo original de 30 millones de dólares contraído en 1980, cuando gobernaba el dictador, Mobutu Sese Seko, quien amasó una fortuna de 8 000 millones de dólares, dos tercios del endeudamiento congolés (12 000 millones). Est e socio de Washington y Europa en el continente africano obtuvo varios préstamos que, en lugar de ser destinados a programas de desarrollo social, contribuyeron a engordar sus arcas personales.
El fallo dado por una corte en Washington a favor de FG Hemisphere obliga a Kinshasa a pagar unos 80 000 dólares semanales. Zambia también fue aguijoneada por estos piratas financieros.
En 1999, esa nación del África Subsahariana nego cia ba con Rumania la reducción de una deuda de 15 millones de dólares contraída en 1979 para comprar maquinas y vehículos destinados a la agricultura. El acuerdo al que arribaron ambos países fue liquidar esa suma —que ya en ese entonces se había duplicado por los intereses— con unos 3 millones de dólares. Sin embargo, poco antes de que el trato llegara a un final feliz, el fondo británico Donegal International Ltd, convenció al gobierno rumano de que le vendiera esa deuda en unos 3,3 millones, y luego demandó a e se pobre país por unos exorbitantes 55 millones.
Así, Zambia no pudo utilizar los fondos de la cancelación de la deuda para invertir en enfermeras, profesores e infraestructura, como tenía previs to.
Otra presa de Donegal es el Congo-Brazzaville, al q ue la compañía le exige unos 400 millones de dólares por una deuda que compró en solo 10 millones.
Otros dos buitres, Hamsah Investments y Wall Capital —radicados en paraísos fiscales del Caribe (Islas Vírgenes Británicas e Islas Caimán, respectivamente), demandaron en noviembre de 2009 a Liberia por un monto de 20 millones de dólares . En 1978 Monrovia pidió un préstamo de 6 millones de dólares al Chemical Bank, de EE.UU., que se pagaría entre 1980 y 1985, pero hoy el Ministe rio de Finanzas no tiene registrado si se hicieron o no los pagos.
En 2002, los fondos Sifída y FH International compraron esa deuda y demandaron a Monrovia en una corte de Nueva York para que pagara un os 18,38 millones de dólares que incluía intereses y costos legales, pero no ganaron la partida pues Liberia no estuvo representada en la mis ma. La deuda siguió siendo revendida: en junio de 2006 la compraron Red Barn y FH International hasta que finalmente llegó a las manos de Hamsah Investments y Wall Capital.
La hipocresía del buitre, el FMI y el BM
En 1996, el BM y el FMI lanzaron la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados (PPME), una estrategia encaminada a lavarse un poco la cara y hacer creer que apoyaban la lucha contra la pobreza. Estas instituciones prometen un alivio de la deuda externa, pero para merecerse ese «premio», los países del Sur tienen que adoptar los programas de ajuste estructural, maquillados como «Documentos Estratégicos para la Reducción de la Pobreza» (DSRP). De esta manera, pretenden blanquear viejas deudas con nuevos préstamos, y el círculo vicioso cada vez se cierra más.
Los buitres son tan inescrupulosos que sus víctimas africanas se encuentran en la lista de los PPME. Para defenderse, sencillamente dicen que exigen a estas naciones pobres lo que deben. Jay Newman, directivo de Kensington International y Elliott Associates, con total desfachatez dijo al diario británico Times: «No adquirimos la deuda de los países que no tienen medios para pagar».
Nada más hipócrita e irreal. Estos países, según han reconocido el FMI y el BM, no pueden pagar sus viejas deudas. Entones, ¿cómo desembolsar las garrafales sumas que exigen los fondos buitres?
Zambia, por ejemplo, tiene una de las mayores tasas de VIH SIDA del planeta, y solo 600 doctores para una población de 12 millones.
Cuando los fondos buitres demandan a estas naciones pobres por cifras tan escandalosas, saquean los recursos financieros que pudieran ser destinados a la educación y la salud. Es, además, dinero nunca suficiente para el continente más explotado por las potencias occidentales, y donde mayor número de personas son afectadas por pandemias como el VIH/SIDA y el paludismo, y el que dispone de menor número personal de la salud.
Muerto el perro se acabó la rabia
El 29 de junio de 2009 quedó constituido en Túnez, el Servicio Africano de Apoyo Jurídico (African Legal Support Facility), el cual proporcionará asistencia jurídica a los países embestidos por los fondos buitres. La iniciativa, presentada por el Banco Africano para el Desarrollo, no es suficiente, pues esencialmente se dedicará a negociar la reducción de las demandas de estos piratas financieros, y a costear el proceso jurídico ante los tribunales.
Tampoco basta con que algunos países del Sur declaren nulas sus deudas públicas ilegales, y en un acto unilateral decidan cancelarlas. La voluntad tiene que venir también de los gobiernos del Norte, los cuales deben implementar políticas que pongan freno al saqueo de estos acreedores.
La verdadera lucha contra estos buitres sería la condonación total, y sin condiciones, de la deuda externa de esos países, identificada como ilegítima y fraudulenta. Así, muerto el perro, se acabó la rabia.
Fuente: http://hablemosdeafrica.blogspot.com/2010/01/buitres-sobrevuelan-africa.html