
01-08-2009
Eva Golinger
Rebelión
El Presupuesto de la USAID y el Departamento de Estado aumenta el 12% para el año 2010, con 2,2 mil millones de dólares destinados a América Latina
447,7 millones de dólares son para “promover la democracia” en América Latina
13 millones de dólares para “promover la democracia” en Venezuela
101 millones de dólares para “promover la democracia” en Bolivia
3 millones de dólares para un fondo especial para la OEA para “consolidar la democracia representativa en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela”
20 millones de dólares para la “transición hacia la democracia” en Cuba
El Presupuesto del Comando Sur aumenta en un 2% para llegar a los 200 millones de dólares para el 2010 más 46 millones de dólares adicionales para mejorar la base militar de Palanquero, Colombia, para el uso estadounidense
No existe duda ninguna sobre la escalada de agresión imperial en América Latina durante los últimos años. Desde el golpe de Estado contra Venezuela en 2002, el secuestro del presidente Aristide de Haití en 2004, las intervenciones en los distintos procesos electorales en la región, la reactivación de la cuarta flota de la armada estadounidense en 2008, los intentos de generar un conflicto regional entre Colombia, Venezuela y Ecuador, el separatismo en Bolivia, y hasta el golpe de Estado contra Honduras en 2009 y el alarmante aumento en presencia militar de Estados Unidos en la región – todo evidencia que el imperio está a la ofensiva de nuevo en América Latina. Pero más allá de la manifestación visible de esta agresión, que busca neutralizar los procesos de cambio revolucionario en la región, existen pruebas contundentes –innegables- de que hoy en día, Washington está apuntando hacia el Sur con su gran poder militar, diplomático, económico y comunicacional.
Sigue el dinero y encontrarás la verdad
La evidencia sobre el aumento en financiamiento durante los últimos años de las agencias de Washington a los sectores de la oposición en Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros países que están construyendo modelos alternativos al capitalismo estadounidense, se han presentado, se han denunciado y no se ha desmentido. Que existe una tendencia de financiar y apoyar a la desestabilización regional por parte del imperio, desde la llegada de la Revolución Bolivariana hace diez años, es un hecho. Pero no tenemos que examinar la evidencia desde los diez años hasta hoy, podemos simplemente mirar de hoy al futuro para comprobar que Washington financia no solamente a la desestabilización regional, sino que también está aumentando esa financiación e intensificando sus planes militares para los próximos meses.
La USAID, Agencia de Desestabilización Internacional
La agencia que comenzó como el brazo financiero del Departamento de Estado en el año 1962 para atender a los asuntos “humanitarios”, se ha convertido durante el siglo XXI en uno de los actores principales de la contrainsurgencia bajo la nueva doctrina de Guerra Irregular de Washington. A principios del año 2009 fue firmada ésta doctrina por el recién llegado presidente de Estados Unidos, Barack Obama, como parte de su nueva política de “smart power”, el poder inteligente, una política que emplea el uso del poder militar junto con la diplomacia, la cultura, la comunicación, el poder económico y la política. Hay dos grandes puntos de diferencia entre la Guerra Irregular y la Guerra Tradicional: el objetivo y la táctica. La Guerra Tradicional ve como objetivo la derrota de las fuerzas armadas del adversario, y su táctica principal es el uso del poder militar en su forma más tradicional – el combate y el bombardeo. La Guerra Irregular tiene como objetivo el control sobre la población civil y la neutralización del estado, y su táctica principal es la contrainsurgencia, que es uso de técnicas indirectas y asimétricas, como la subversión, la infiltración, las operaciones psicológicas, la penetración cultural y la decepción militar (el intento de engañar a las fuerzas armadas del adversario para que reaccionen a amenazas que no existen en la realidad, así distrayendo y desgastando sus capacidades y recursos).
Durante el siglo XXI, la USAID ha desarrollado divisiones dentro de la agencia que funcionan juntos con el Pentágono, como las oficinas de Gerencia de Conflictos, Transición y Reconstrucción, Democracia y Gobernabilidad, e Iniciativas hacia una Transición, que están reorientando su trabajo hacia los esfuerzos de contrainsurgencia. Así, la USAID se ha convertido en el actor principal financiero de la desestabilización y la penetración en la “sociedad civil” en países estratégicamente importantes para los intereses estadounidenses.
En el caso de América Latina, las cifras de inversión financiera de la USAID en los grupos políticos y en la “promoción de la democracia”, que se traduce en términos reales como una invasión silenciosa, son abrumadoras. A través de una Oficina para las iniciativas hacia una transición (OTI, por sus siglas en inglés), que fue establecida en Venezuela en agosto 2002, la USAID ha invertido 15 millones de dólares en el conflicto político en Venezuela solamente durante el último año y medio. Y tiene previsto una financiación de 13 millones de dólares para el año 2010, un incremento notable del año pasado. Estos millones de dólares alimentan el conflicto en el país, manteniendo vivo a diferentes grupos de oposición y ayudando crear nuevas organizaciones para seguir con sus planes desestabilizadores. Los beneficiarios son conocidos: Súmate, Sinergia, CEDICE, Red de los Barrios, Primero Justicia, Consorcio Justicia, Universidad Metropolitana, Liderazgo y Visión, CESAP, y cientos de otros grupos políticos, ONG y partidos políticos que viven del dinero y el apoyo que vienen desde Washington.
Por toda América Latina va aumentando el presupuesto de la USAID y el Departamento de Estado (DOS) para promover la agenda y los intereses de Washington. Vemos algunos ejemplos:
Bolivia: Presupuesto de la USAID/DOS para 2009 = 86 millones de dólares; Presupuesto para el 2010 = 101 millones de dólares;
Ecuador: Presupuesto de la USAID/DOS para 2009 = 35 millones de dólares; Presupuesto para 2010 = 38 millones de dólares;
Honduras: Presupuesto de la USAID/DOS para 2009 = 43 millones de dólares; Presupuesto para el 2010 = 68 millones de dólares;
Nicaragua: Presupuesto de la USAID/DOS para 2009 = 27 millones de dólares; Presupuesto para 2010 = 65 millones de dólares.
También hay un fondo especial en 2010 de 3 millones de dólares para el Fondo para Fortalecer la Democracia de la Organización de Estados Americanos (OEA), para “defender y consolidar la democracia representativa en Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia…” No es casualidad que el fondo va dirigido a promover la “democracia representativa” en cuatro países donde se están implementando un modelo de democracia participativa. Tampoco es coincidencia que son países del ALBA, y que Honduras no está incluida en la lista, ya que con el golpe de Estado contra el Presidente Zelaya se daba por resuelto la “amenaza” de la democracia participativa en ese país.
Adicionalmente, el presupuesto del Departamento de Estado para el año 2010 incluye 447,7 millones de dólares para “mejorar la seguridad, fortalecer las instituciones democráticas, promover la prosperidad e invertir en la gente” en América Latina. Dentro de ese monto hay 200,7 millones de dólares destinados a Colombia para “consolidar los logros del gobierno de Colombia en la lucha contra los grupos ilegales y armados y el narcotráfico”, y 20 millones de dólares para “promover la democracia” en Cuba, “ayudar a los presos políticos y otras víctimas de represión” y “promover la competición política dentro de Cuba. Ese presupuesto incluye también a 6 millones de dólares para “fortalecer y promover la sociedad civil, la participación ciudadana, los medios independientes, las organizaciones de derechos humanos y los partidos políticos democráticos” en Venezuela, y un fondo de 91.1 millones de dólares para el uso discrecional del Presidente Obama para “promover los intereses” de Estados Unidos en la región. El año pasado, éste fondo sólo llegaba a 23 millones de dólares.
En total, son 2,2 mil millones de dólares que utilizarán el Departamento de Estado y la USAID en América Latina durante el año 2010. Este es un aumento del 12% del presupuesto del año 2009, último año de la administración de George W. Bush, que apartaba unos 1,9 mil millones de dólares para América Latina. Todas estas grandes cifras evidencian el énfasis que pone el gobierno de Obama en su trabajo político en América Latina y la intención de retomar la dominación e influencia de Estados Unidos en el hemisferio.
El Comando Sur se potencia de nuevo
Pero no solamente es el Departamento de Estado y la USAID que han recibido un salto financiero para intensificar sus operaciones en América Latina, sino que la Guerra Irregular y el “smart power” (poder inteligente) de la administración de Obama también emplean el uso del poder y fuerza militar. En este sentido, el presupuesto que ha solicitado Obama para el Pentágono para el año 2010, sobrepasa el último presupuesto de Bush – considerado en su momento el más alto de la historia – por casi 25 mil millones de dólares. Son más de 533 mil millones de dólares solicitados y aprobados por el gobierno de Obama para sus operaciones en materia de defensa para el año que viene (el presupuesto del Pentágono del año pasado fue 515.4 mil millones de dólares). Esta cifra no incluye a los 80 mil millones de dólares adicionales para las guerras en Iraq y Afganistán, y tampoco incluye al presupuesto de la comunidad de inteligencia de Washington, lo cual se mantiene en secreto.
Pero dentro de esta inmensa cifra – sobre la cual las Naciones Unidas han dicho que con sólo una cuarta parte del presupuesto de defensa de Estados Unidos de un año, se podría dar comida, casa, atención médica y educación a todos los niños y las niñas del planeta – hay aportes interesantes para América Latina. El aumento del Comando Sur para 2010 es de 2% para llegar a 200 millones de dólares, más 46 millones de dólares adicionales para mejorar las instalaciones de la base militar en Palanquero, Colombia. También, el presupuesto del Pentágono indica que una de las prioridades presupuestarias es la implementación de la Doctrina de Guerra Irregular, incluyendo en la zona de operaciones del Comando Sur. Específicamente destaca que, “El presupuesto del 2010 para el Comando Sur completará su transformación y reorganización para ser una organización “inter-agencias”, que posiciona a Estados Unidos como el socio más atractivo en las Américas. El Comando está marcando el estándar para asegurar que la organización opera de manera eficaz en un ambiente del siglo XXI, y que promueve la democracia, los derechos y las libertades individuales, el libre comercio, la diplomacia, el desarrollo y la seguridad para las Américas.” En esencia, el “smart power” como táctica de la Guerra Irregular, que emplea el uso del poder militar.
La Privatización de la Guerra en Colombia
Y adicional a estas cifras multimillonarias están los más de 550 millones de dólares destinados anualmente para el Plan Colombia. Casi la mitad de esos millones llegan a manos de contratistas privados que operan como mercenarios de un ejército privado dentro del país suramericano. Algunos datos de un documento desclasificado del Departamento de Estado del año 2007, revelan las operaciones, nombres y cantidades otorgadas a 31 contratistas estadounidenses trabajando en Colombia. La información evidencia que la Policía Nacional de Colombia, las fuerzas armadas colombianas y hasta los cuerpos de inteligencia son manejados por contratistas privadas de Estados Unidos, que son pagadas por el Departamento de Estado y el Pentágono.
Aquí hay algunos de ellos:
- 52.868.553 dólares para Lockheed Martin, gran empresa del complejo militar industrial, encargada de suministrar apoyo logístico y recursos humanos para ayudar a la Policía Nacional de Colombia.
- 164.260.877 dólares para DynCorp International, para la provisión de pilotos, técnicos y apoyo logístico para el Ejército colombiano y el programa de erradicación aérea de la Policía Nacional de Colombia.
- 7.875.000 dólares para ARINC, Inc., para el apoyo logístico, ingenieros, mantenimiento de sensores y formación a la Policía Nacional de Colombia en el uso de aviones C-26 equipados con equipos de monitoreo, espionaje y colección de señales.
- 20.953.000 dólares para ARINC, Inc., para formar personal y suministrar apoyo logístico para los aviones que utilizarán en el Programa Colombiano de Puentes Aéreos y la supervisión aérea de las fuerzas estadounidenses.
- 5.000.000 dólares para Oakley Networks para suministrar un software de monitoreo de Internet y para ayudar los programas conducidos por la Policía Nacional de Colombia de monitoreo en Internet.
- 6.533.502 dólares para ITT para operar y mantener un Sistema de Radares Hemisféricos en Colombia. También suministrar los recursos humanos para operar cinco radares en Colombia y un nodo de comunicación satelital en Bogotá.
- 2.345.442 de dólares para Lockheed Martin para operar un sistema de inteligencia y espionaje aérea, que incluye a la conducción de misiones de inteligencia comunicacional y la colección de sensores e imágenes.
- 3.394.768 dólares para el Grupo Rendon (a través de Lockheed Martin) para dar talleres de formación sobre operaciones psicológicas en apoyo al Plan Colombia. Esto incluye al uso de una plataforma del programa Echelon de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, que es el programa de espionaje y comunicaciones más grande del mundo.
En una próxima entrega, detallaré más sobre los contratistas privadas operando desde Colombia, y también, divulgaré una lista creciente de organizaciones políticas en América Latina financiadas por la National Endowment for Democracy (NED) para promover la agenda imperial. El dinero revela todo, y de descubrirlo y denunciarlo, destapamos la conspiración.
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sábado, 1 de agosto de 2009
Sigue el dinero: la ofensiva imperial en América Latina se evidencia en dólares
miércoles, 29 de julio de 2009
Las fronteras del imperio

Resumen de la ponencia presentada en el Simposio Internacional "Justicia para Palestina", en Las Palmas de Gran Canaria
por Carlo Frabetti*
La batalla contra el imperialismo -es decir, contra el capitalismo- se libra, fundamentalmente, en dos grandes frentes: América Latina y Oriente Medio.
En Latinoamérica, la semilla de la Revolución Cubana ha arraigado con más o menos fuerza en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Brasil, Argentina..., y estamos asistiendo, en los últimos años, a la consolidación de un bloque regional que está poniendo fin a décadas -por no decir siglos- de dominio estadounidense y que ha obligado al Gobierno de Washington a replantearse su estrategia en la zona.
Porque al celebrar, este año, el cincuenta aniversario de la Revolución Cubana estamos celebrando sobre todo su continuidad, el triunfo continuo de una revolución continua, de un proceso imparable. La Revolución Cubana ha obtenido al menos tres grandes victorias. La primer fue, obviamente, la toma del poder en enero de 1959. La segunda, la superación del denominado “período especial” en los años noventa, que supuso, además, la ratificación de la primera victoria, pues solo un pueblo cohesionado por la solidaridad revolucionaria podía sobreponerse, tras el desmembramiento de la Unión Soviética, a las durísimas condiciones impuestas por el bloqueo estadounidense. Y la tercera victoria, a la que estamos asistiendo, es la superación de ese bloqueo, marcada por la emergencia en Latinoamérica de un gran proceso emancipatorio que en buena medida es heredero de la Revolución Cubana.
Quienes durante muchos años hemos luchado en el Estado español por el socialismo, primero contra el fascismo explícito y luego, tras la farsa de la Transición, contra el fascismo solapado de la seudodemocracia borbónica, sabemos por amarga experiencia lo difícil que es mantener la continuidad tanto espacial como temporal, a veces incluso en el seno de una misma organización, y ya no digamos entre organizaciones distintas. Por eso resulta sumamente esperanzador ver que en los últimos años han surgido, sobre todo en Cuba o alrededor de Cuba, una serie de iniciativas vigorosas y eficaces encaminadas a conectar entre sí los distintos frentes de la lucha anticapitalista y a dar continuidad a esas conexiones.
Pero no solo en Cuba y en sus aledaños geográficos y culturales. En Oriente Medio, la heroica resistencia de los pueblos palestino e iraquí, junto con las dificultades de Estados Unidos y sus aliados para controlar Afganistán y amedrentar a Irán, están desbaratando el proyecto neocolonialista en la zona y poniendo en entredicho la hegemonía de Israel, a la vez que han puesto en evidencia la abyecta complicidad de los países ricos (incluido el Estado español) con la barbarie sionista. Solo los muy ingenuos pueden seguir pensando que el fascismo fue derrotado en la II Guerra Mundial; tal vez perdiera la batalla de las armas, pero se impuso en el terreno ideológico. Y el mayor daño que los nazis hicieron a los judíos no fue exterminar a varios millones de ellos, sino crear las condiciones para que otros tantos se transformaran en los más despiadados herederos del nazismo. Paradójicamente, los nazis tomaron del judaísmo el mito del “pueblo elegido”, lo pusieron al servicio de una supuesta “raza aria” y lo utilizaron para exterminar a los propios judíos; y los supervivientes de ese brutal exterminio retomaron la vieja fórmula, corregida y aumentada, de manos de los nazis para dedicarse, con la misma ferocidad que sus verdugos, al exterminio de los palestinos y a la usurpación de sus territorios. Paradójicamente, los judíos son los verdaderos “antisemitas” (puesto que los árabes son tan semitas como los hebreos), del mismo modo que los estadounidenses son los verdaderos “antiamericanos”. Y no es casual que los verdaderos antisemitas y los verdaderos antiamericanos sean aliados incondicionales. El sionismo, al igual que la mafia (y por las mismas razones), encontró en el despiadado capitalismo estadounidense su caldo de cultivo ideal, su perfecto anfitrión simbiótico. Y el Imperio engendró en el corazón de Oriente Próximo su metástasis letal: el espúreo y genocida Estado de Israel.
Nos enfrentamos a la tiranía de un IV Reich que solo se distingue del tercero en la medida en que ha sustituido el cinismo por la hipocresía y la propaganda política directa por la manipulación mediático-cultural. El nuevo Eje tiene sus polos en Washington y Tel-Aviv, y a su alrededor gira la Unión Europea como un manso buey uncido a una noria. Quienes se escandalizan de que algunos todavía nieguen el Holocausto, quienes se asombran de que el pueblo alemán no se sublevara, en pleno siglo XX, contra el horror de los campos de exterminio, ¿qué hacen -qué hacemos- para evitar, en pleno siglo XXI, la barbarie sionista?
No podemos poner condiciones a la lucha del pueblo palestino ni dejar de apoyarla por todos los medios. Todo lo que valió contra el nazismo, vale contra el sionismo y sus cómplices.
Y la mejor forma de apoyar la lucha del pueblo palestino es contribuir a su articulación. No solo a su articulación interna y con los demás núcleos de resistencia antiimperialista de la región, sino también a su coordinación con el frente latinoamericano, tan lejano geográfica y culturalmente, pero tan próximo en cuanto a sus problemas y objetivos. Una coordinación que, por otra parte, ya está en marcha (tanto a nivel institucional como popular) y que desde Europa, y muy especialmente desde el Estado español, debido a nuestros estrechos vínculos tanto con el mundo árabe como con Latinoamérica, podemos propiciar de distintas maneras. Tanto la geografía como la historia nos convierten en el puente natural entre Oriente Medio y América Latina, los dos grandes diques de contención de la expansión imperialista, las fronteras del Imperio.
Puente y a la vez “quinta columna”, pues luchamos contra el capitalismo salvaje desde sus propias entrañas, en el corazón de la bestia, como decía el Che. Y en estos momentos en que la lucha armada no parece tener mucho sentido por estas latitudes, nuestra batalla es, hoy más que nunca, la batalla de las ideas, en la que siempre insistió tanto Fidel.
Una batalla de las ideas, un frente mediático-cultural en el que podemos y debemos participar todas las personas que aspiramos a conseguir un mundo libre, igualitario y fraterno. Porque no somos -no podemos ser- meros receptores pasivos de informaciones, opiniones y productos culturales generados por los grandes medios. Podemos y debemos, en primer lugar, seleccionar nuestras fuentes de información, y convertirnos, además, en elementos activos del proceso de discusión y difusión de ideas. En este sentido, las nuevas tecnologías y los llamados “medios alternativos” ofrecen accesibles y eficaces vías de actuación, y nos invitan a tejer nuevas redes de confianza y credibilidad.
La Revolución Cubana, y ese ha sido su mayor triunfo, ha demostrado que el socialismo es posible incluso en las circunstancias más adversas. Ya no hay excusas para el derrotismo. Ya no hay coartadas para la pasividad. Tenemos el derecho y el deber -el privilegio y la responsabilidad- de dar continuidad y difusión al proceso revolucionario iniciado hace cincuenta años en Cuba y hoy prolongado en Latinoamérica, Oriente Medio y las demás fronteras del Imperio. Hasta la victoria final, es decir, inaugural.
*El escritor Carlo Frabetti es miembro de la Alianza de Intelectuales Antiimperialistas y colaborador de inSurGente
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viernes, 24 de julio de 2009
Palestina, provincia de Eurasia

por Tiberio Graziani*
19 de julio de 2009
La Palestina está situada en el Medio Oriente y mientras tanto ésta exista, la «Cuestión Palestina» parece ser un asunto medio-oriental. En realidad, observa el geopolítico Tiberio Graziani, la colonización judía de Palestina es una decisión de las grandes potencias, una manera de resolver sus problemáticas y sus ambiciones. De esta manera, la paz en el mundo en esta región se está jugando sin la participación de la misma Palestina.
Es propio del rito publicitario y político de la literatura académica europea y estadounidense introducir en el debate científico y político concerniente a regiones extraoccidentales definiciones inexactas que, además de expresar una presunta superioridad occidental, condiciona con prejuicios el análisis y las pesquisas.
Lo que la historiografía y la literatura de las políticas contemporáneas definen sin propiedad como “cuestiones palestinas” en referencia a los aún no solucionados acontecimientos de Oriente Medio y que enfrenta a las poblaciones palestina y judía, son en realidad un aglomerado de cuestiones políticas y geopolítica, especificas de Occidente.
Un ejemplo de esta actitud intelectualmente poco honesta nos lo da la así llamada “Cuestión de Oriente” hija de aquella “Palestina” donde las finalidades políticas y de poder sustituyen el análisis objetivo y de la realidad.
En un arco de tiempo que corre desde la guerra rusa-turca de 1768-1774 hasta los primeros años del novecientos, las cancillerías europeas, y la británica en particular, utilizaban la expresión “La cuestión de Oriente” para indicar la política que los diferente gobiernos tenían con el imperio Otomano. El debate de la “Cuestión de Oriente” y de todas las acciones necesarias para “resolverla” escondían un preciso diseño estratégico: extender la influencia del Viejo Continente sobre algunos territorios otomanos.
Palestina: una cuestión toda “occidental”
Las potencias europeas con Gran Bretaña a la cabeza apuntaban a deshacer desde adentro la fortaleza otomana. Esto ocurría aprovechando las tensiones internas o sosteniendo, por ejemplo, el sentimiento nacionalista en Bulgaria, Rumania y la península balcánica (Albania, Serbia, Montenegro, Grecia), verdadero “talón de Aquiles” del imperio, y hasta interviniendo en las disputas entre Estambul y sus gobernadores y los virreyes, como en el caso del Egipto de Mehmet Alí, las Potencias europeas consiguieron, en el transcurso de un siglo, erosionar gran parte del “exterior cercano” del edificio geopolítico otomano.
La Cuestión de Oriente se solucionó, como es sabido, sólo al terminar la primera guerra mundial. Con la disolución del imperio y su partición entre las potencias victoriosas fue nítido que La Cuestión de Oriente era en primer lugar una “cuestión del expansionismo ingles” en el cercano y medio Oriente; La expresión indicaba un viejo proyecto británico: la eliminación del imperio otomano.
También Palestina es una cuestión toda occidental. Comprende, y oculta, cuanto menos cinco “sub-cuestiones”, que por orden metodológico podemos dividir en dos grupos, uno histórico, con fechas que van del 1881 a 1948 y uno contemporáneo que va desde la auto proclamación del estado sionista, acontecida el 14 de mayo de 1948, hasta a nuestros días.
Las dos cuestiones históricas se refieren a:
una “cuestión hebraica” o del “sionismo pre-estatal [1], relativa a las primera inmigraciones y asentamientos de judíos provenientes de Europa (1881 -1903);
una cuestión inglesa, relativa a la penetración económica, politica y militar de Gran Bretaña en el Cercano Oriente (1922-1948).
Mientras que las contemporáneas se refieren a:
una cuestión sionista —fundada sobre el mito laico y religioso de la tierra prometida— que engloba los siguientes tres ámbitos:
a) la política demográfica actuada (Actual) [2] con las continuas corrientes de bolsones inmigratorios (1904-2009);
b) la construcción del aparado estatal y del complejo militar/industrial israelí. [3];
c) las relaciones de los vértices del Estado hebreo con las organizaciones internacionales pro-israelíes presentes en Europa y, de especial manera, en EEUU [4].
una cuestión israelí relativa:
a) la construcción de la identidad “nacional” israelí y una “religión” civil nacional que gira en torno al holocausto [5];
b) la consolidación del aparado cultural, estatal y del complejo industrial/militar israelí,
c) la limpieza étnica en contra de a población palestina [6]; d) el expansionismo del estado hebreo, estratégicamente puesto a realizar, según el deseo de uno de los padre fundadores, Ben Gurión, “el gran Israel, desde el Nilo al Eufrates.
una cuestión estadounidense relativa a la penetración económica, política y militar de Estados Unidos en el Mediterráneo y en el Oriente Medio, consolidada en su "special relationship" con Tel Aviv [7].
En términos geopolíticos, la expresión “Cuestión Palestina” esconde también, como aquella de Oriente, un proyecto bien definido: la eliminación y expulsión de los palestinos de su tierra como condición para la existencia del Estado de Israel.
Palestina provincia deI Imperio Otomano
Por un largo período histórico que cubre por entero la Edad Moderna y parte de la contemporánea, Palestina no constituye un específico caso geopolítico. De hecho, por casi cuatro siglos es parte del Imperio Otomano luego que en 1517 fue sustraída a los mamelucos. Hasta la Declaración de Balfour de 1917, Palestina es una provincia que gracias a la estabilidad de Estambul asegura a todo el imperio un gran desarrollo económico, social y cultural.
En éste considerable arco de tiempo, las únicas tensiones que le atañen y dignas de ser citadas no duran más de diez años, exactamente desde 1831 a 1840, cuando Palestina cae bajo el control egipcio a causa de una controversia surgida entre el sultán Mahumud II y el pachá Mehmet Alí de Egipto. La disputa relativa a los territorios de Siria (incluyendo Palestina, Transjordania, Líbano y Siria) que el futuro soberano de Egipto reclamaba como compensación por haber prestado ayuda a la Sublime Puerta cuando la guerra contra de Grecia (1821), se recompuso en 1840 luego de la muerte del sultán, gracias a la intermediación de Prusia, Austria, Rusia y Gran Bretaña en la Convención de Londres.
Inmigración judía
Por tanto sería justo, en un análisis geopolítico correcto de la Palestina contemporánea, comenzar por los Acuerdos Sykes-Picot, 6 de mayo de 1916; de la declaración Balfour, 2 de noviembre de 1917, y el Tratado de Sèvres, 10 de agosto de 1920. Es necesario, sin embargo, recordar como incidió de manera fundamental el rol de los flujos inmigratorios y de los asentamientos que atañen a la población judía al final del siglo XIX para determinar las sucesivas tensiones locales y parte de la actual práctica expansionista del Estado sionista.
En 1880 la comunidad hebrea en Palestina es poco consistente, con apenas 24.000 individuos. Pero a partir de ese año un considerable flujo de judíos se dirige hacía Palestina. La creciente inmigración, la compra de tierras y edificios por parte de la comunidad judía europea, en un específico territorio del Imperio Otomano preocupan a la Sublime Puerta al punto de decidir, en noviembre de 1881, dictar algunas medidas restrictivas relativas a los nuevos asentamientos judíos en el territorio.
Las normas contemplaban que los judíos inmigrantes podían establecerse en todo el territorio del Imperio, excepto en Palestina. La finalidad era no crear desequilibrios demográficos locales y no constituir un potencial elemento de tensión en una provincia otomana, considerada delicada por su significado simbólico y religioso para los creyentes de las tres religiones monoteístas. No obstante, sostenida por algunos países europeos la creciente afirmación del sionismo como movimiento internacional organizado y la ineficiencia administrativa en ejercer un riguroso control, el flujo inmigratorio en Palestina anuló las normas migratorias existentes. En el lapso de treinta años, desde 1880 a 1908, la población judía creció de 24.000 a 80.000 individuos, o sea: como señala el historiador Robert Mantran [8]. del cinco al 10% de toda la población palestina.
La inmigración judía en Palestina continúa de manera sorprendente bajo el mandato inglés (1922-1948), intensificándose desde 1948 hasta nuestros días. Actualmente la población judía en Palestina se estima entorno a los seis millones de personas.
La tan temida subversión demográfica prevista por la Sublime Puerta se ha vuelto realidad con consecuencias catastróficas para las poblaciones locales: los palestinos autóctonos se ven progresivamente privados de sus propias tierra y expulsados del neo Estado judío.
En el 1951, según fuentes de la ONU (General Progress Report and Supplementary Report of the United Nations Conciliation Commission for Palestine) el número de palestinos expulsados sumaban las 711.000 personas, hoy la cifra de los palestinos en condición de prófugos es de alrededor de 4.600.000 individuos [9].
Palestina en el sistema bipolar
En los últimos años del mandato británico, en el nuevo cuadro geopolítico que se formó a consecuencia de las victorias de la segunda guerra mundial, Palestina se transforma en un objetivo estratégico tanto de EEUU como de la URSS. Wáshington y Moscú [10] –por razones diferentes pero con la misma finalidad– sostienen la consolidación y la expansión del nuevo Estado sionista. Los colosos mundiales entienden que por medio del “dispositivo” israelí pueden extender su propia influencia en Oriente Próximo.
Stalin estima en un primer tiempo, más o menos a partir de diciembre de 1947 y hasta septiembre /octubre del año siguiente, que un Estado judío virtualmente “socialista” y antes de nada antibritánico puesto en el Mediterráneo, puede ser útil a las finalidades de la revolución mundial en general y a la URSS en particular. Pero, en un lapso breve el Kremlin cambia de opinión. El cambio de la URSS en sus relaciones con el Estado judío se manifiesta en los últimos meses del 1948, cuando la primera embajadora de Israel, Golda Meir, visita Moscú. Las relaciones entre Moscú y Tel Aviv se deterioraron aún más en los años posteriores –hasta la ruptura definitiva en 1953 [11].
Para Stalin, entonces, el apuntalamiento de Estado judío en Palestina en perjuicio de los árabes demostraba ser lo que efectivamente es: una estrategia de "containment" y un aumento de la influencia estadounidense en el Mediterráneo y en Oriente Próximo.
También Estados Unidos considera a Palestina, por su posición geográfica, una importante base estratégica para controlar junto a Grecia y Turquía, adherente de la OTAN desde 1952, la parte oriental del Mediterráneo y Oriente Próximo . Por este motivo Washington estima a Israel el aliado más fiel de toda la región.
El apoyo incondicional estadounidense al Estado hebreo muestra evidentes finalidades de volver rehenes de un estado de tensión permanente a la comunidades árabes, pero principalmente a Egipto, Siria y Jordania. Una condición de tensión que será utilizada maquiavélicamente para la conquista de nuevos territorios del Estado de Israel en junio de 1967, luego de que las discusiones diplomáticas fracasaron.
A pesar de que Israel es un aliado de Washington desde 1950, a principios de la guerra de Corea, será con la crisis de Suez en 1956 y su participación en la guerra contra Nasser que el Estado israelí se consagra como "partner" insustituible de Estados unidos en Oriente Próximo. A partir de entonces las cuestiones geopolíticas palestinas tienen una dimensión siempre más relevante en el ámbito de la política exterior estadounidense y en as doctrinas geopolíticas que se determinan.
Los EEUU apoyan el proyecto expansionista y neocolonialista de Estado judío y consecuentemente la política de expulsión de los habitantes no judíos que las autoridades israelíes persiguen con constancia y determinación desde 1948.
Al finalizar los años ’50, “Israel es integrada en secreto a una alianza geopolítica pro estadounidense que comprende a Irán, Turquía y Etiopía” [12].
Una nítida manifestación del apoyo de EEUU a Tel Aviv tuvo lugar durante la Guerra de los seis días, cuando israelíes y árabes se enfrentaron militarmente.
La estrecha relación que ata a Washington y Tel Aviv se refuerza por todo el periodo de la Guerra Fría. En este arco de tiempo la resistencia de los palestinos, representados por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) cruza fases alternas que no consiguen una solución definitiva. El así llamado “proceso de paz” patrocinado por Estados Unidos se convierte en una broma para los palestinos, cuyas condiciones empeoran cada vez más.
Palestina en el instante unipolar
Con la caída del muro de Berlín y el colapso soviético, Estados Unidos, ya única potencia a nivel planetario, imponen un nuevo orden global que prevé en primer lugar la organización del Cercano y Medio Oriente. Las etapas principales del nuevo orden son:
la Guerra de Golfo (1990- 1991)
la ocupación de Afganistán (2002)
y la agresión a Irak (2003).
Sucesivamente los estrategas neocon de Washington insertan al Oriente Próximo y Medio en el ámbito de un proyecto más ambicioso denominado Gran Medio Oriente. Este proyecto, que repropone algunas líneas estratégicas hechas públicas en 1975, en el ámbito de los acuerdos de Helsinki, prevé la “balcanización” de una vasta área desde Marruecos hasta las regiones euroasiáticas, es decir: su reorganización a lo largo de las fronteras étnico-confesionales.
Con este proyecto geopolítico, Washington pretende contener la nueva Rusia de Putin, apropiarse de las reservas energéticas en Asia central y mantener la región rehén de un estado de tensión permanente –en el cuadro de una doctrina de choque de civilizaciones–- a gran parte de los pueblos euro-asiáticos. Referidos a este cuadro, para Palestina está prevista la solución llamada de “dos Estados”, uno israelí, que ocuparía la casi totalidad del territorio palestino y uno –con soberanía limitada y sin recursos hídricos– atendido por la Autoridad Nacional Palestina.
Tal solución, de realizarse, haría formalmente oficial el proceso de “bantustanización” ya ejercido en el lejano 1948, con la consecuencia de agudizar mucho más las tensiones entre las poblaciones palestinas y el Estado colonial hebreo.
En términos reales el diseño estratégico de Tel Aviv parece más bien apuntar a la expulsión total de las poblaciones no judías residentes en Cisjordania y en la Franja de Gaza. Los palestinos expulsados, según este proyecto, deberían formar parte de una Confederación jordano-palestina. [13]
La era multipolar: Palestina provincia de Eurasia
En el nuevo sistema multipolar, excluyendo la hipótesis de una acción militar llevada a cabo por Israel y Estados Unidos contra Irán, los proyectos de expulsión y ampliación de la franja de Gaza y Cisjordania para afirmar la soberanía de Tel Aviv serían de difícil implementación y no podrían realizarse sin tener en cuenta los actores principales de las áreas en cuestión como Turquía, Jordania, Siria, Egipto e Irán.
Tampoco se pueden ignorar países "globales", como Rusia y China. Moscú y Pekín tienen todo el interés en contener la expansión de Israel y su afirmación en Oriente Próximo. Un Israel militar y económicamente fuerte constituiría a medio plazo para las dos potencias euroasiáticas una real amenaza estratégica por la estrechez de las relaciones entre Tel Aviv y Washington y por la influencia del "lobby" israelí en la formación y conducción de la política exterior de Estados Unidos.
De hecho, Israel está completamente identificado en convalidar con firmeza el proyecto del “Nuevo Gran Oriente", que asegura el dominio de EEUU en toda el área con la ambición de transformarse en la única potencia regional.
Por esta razón, el Estado judío, pone obstáculos y perturba las relaciones que con mucha paciencia la Federación Rusa y la Republica China, tejen teniendo en cuenta los planes de una integración euroasiática con otros actores regionales, en particular con la Turquía de Erdogan, el Irán de Ahmadinejad y la Siria de Bashar al Asad. La consolidación y el ulterior desarrollo de tales relaciones señalarían puntos a favor de la seguridad y defensa regional, y encaminarían un real y promisorio inicio para las soluciones de las cuestiones surgidas por la creación del Estado judío, o sea: para el regreso de Palestina como provincia de Eurasia en un concepto geopolítico unitario.
Tiberio Graziani
Director de Eurasia –Rivista di studi geopolitici– y de la colección Quaderni di geopolitica (Edizioni all’insegna del Veltro), Parma, Italia. Cofundador del Istituto Enrico Mattei di Alti Studi per il Vicino e Medio Oriente, Ha dictado cursos y seminarios de geopolítica en universidades y centros de investigación y análisis. Docente del Istituto per il Commercio Estero (Ministerio de Asuntos Exteriores italiano), dictando cursos en distintos países, como Uzbekistán, Argentina, India, China, Libia.
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Traducción para Surysur de Luigi Lovecchio, director de Los Buenos Vecinos.
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[1] Eli Barnavi, Storia d’Israele, Bompiani, Milano 2005, p. 138.
[2] Fréderic Encel, François Thual, Géopolitique d’Israël, Édition du Seuil, Paris, 2006, pp. 23-25.
[3] Diana Carminati, Alfredo Tradardi (a cura di), Boicottare Israele, Derive Approdi, Roma 2005.
[4] John J. Mearsheimer, Stephen M. Walt, La Israel Lobby e la politica estera americana, Mondadori, Milano 2007 (Hay versión española, El lobby israelí, Taurus, 2007).
[5] Según Bruno Guigue, la “resurrección del holocausto” que se manifestó en la segunda mitad de los años setenta del siglo pasado, constituyó un acontecimiento cultural de importancia fundamental para reforzar los ya estrechos vínculos entre Washington y Tel Aviv e influir ulteriormente en la opinión pública estadounidense a favor de Israel. Aux origines du conflit israélo-arabe. L’invisible remords de l’Occident, L’Harmattan, Paris 2008, p. 135-139. Para Norman Finkelstein, controvertido autor de L’ industria dell’Olocausto. Lo sfruttamento della sofferenza degli ebrei, Rizzoli, Milano 2004 (hay traducción española en Siglo XXI de España Editores: La Industria Del Holocausto. Reflexiones Sobre La Explotación Del Sufrimiento Judío), en cambio, el tema del holocausto se convirtió en un instrumento de presión y propaganda en apoyo de Israel inmediatamente después del conflicto árabe-israelí de 1967.
[6] Ilan Pappe, La pulizia etnica dei palestinesi, Fazi Editore, Roma 2008 (Hay traducción española: La limpieza étnica de Palestina, Crítica, 2008).
[7] Para el orientalista francés de origen hebreo, Maxime Rodinson (1915-2004), el asentamiento de la colonia judeo-sionista y la formación del estado de Israel de 1948 son el resultado ‘de un proceso que se inserta perfectamente en el gran movimiento de la expansión euro-americana de los siglos XIX y XX para poblar o dominar económica y políticamente a otros pueblos’, cita extraída de Serge Cordellier (editor), Le dictionnaire historique et géopolitique du 20e siécle, La Découverte, Paris 2007, p. 574. Para profundizar en el pensamiento de M. Rodinson respecto a la cuestión palestina, véase su Israele e il rifiuto arabo, Einaudi, Milano 1969.
[8] Robert Mantran, Storia dell’impero ottomano, Argo, Lecce 2000, p. 588.
[9] Datos de la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos, UNRWA, consultables en el sitio oficial de internet.
[10] Los EEUU reconocen a Israel de facto, a penas ‘diez minutos después de la proclamación del Estado, cuando en Washington había pasado la media noche ’, (cfr. Leonid Mlecin, Perché Stalin creò Israele, Sandro Teti editore, Roma 2008, p. 128), el reconocimiento de jure tendrá lugar en enero de 1949. Moscú reconoce al estado sionista el 18 de mayo, cuatro días después de la autoproclamación de la nueva entidad estatal.
[11] Sobre las complejas relaciones entre Stalin, el movimiento sionista e Israel remitimos a Leonid Mlecin, op.cit.
[12] Aymeric Chauprade, Chronique du choc des civilisations, Éditions Chronique-Dargaud s.a., Pèrigueux 2009, p. 143.
[13] Benny Morris, Due popoli, una terra, Rizzoli, Milano 2009, pp. 190-197.