La mayor cifra de muertos tras la II Guerra Mundial- entre 7 y 9 millones- y el conflicto sigue siendo desconocido. ¿A quien le interesa ocultarlo?
Luis Ángel Aguilar Montero
13-02-2010
Rebelión
Ante las próximas elecciones presidenciales en Ruanda, están pasando demasiadas irregularidades y sin embargo la prensa europea no informa en absoluto pues hay por medio demasiados intereses económicos. Pero recordemos primero qué pasa en Los grandes lagos en general, donde ya hay una estela de millones de muertos.
La República Democrática del Congo (RDC) posee unas reservas de minerales estratégicos impresionantes: casi el monopolio mundial del coltán, el 50% del cobalto del planeta, las reservas de oro y diamantes más importantes del mundo; las segundas o terceras de cobre y un cinturón geológico único con gran variedad de minerales "raros" y en cantidades muy importantes...También tiene petróleo y gas natural sin explotar. Además es un país enorme (como Europa Occidental) y situado en el centro de África Subsahariana, con lo que quien controle el Congo no sólo controlará el país más rico en recursos de África sino que también controlará el centro del continente. Por eso, en última instancia los conflictos en los Grandes Lagos vienen todos enmarcados por este proyecto de conquista de fondo.
El Gobierno de Clinton ya puso en marcha una alianza entre USA, UK y un grupo armado ruandés llamado Frente Patriótico Ruandés (FPR) cuyo objetivo era tomar el control de los Grandes Lagos. Para ello dio asistencia militar, política, estratégica y mediática a este FPR, el cual ya ha promovido conflictos y guerras en la región que han causado de 7 a 9 millones de muertos entre el Congo y Ruanda.
El número de masacres de población civil llevadas a cabo por el FPR se cuentan por cientos o miles. Y son sistemáticamente silenciadas o negadas a nivel diplomático y mediático. Lo mismo que el caso de los nueve españoles (cooperantes y misioneros) que fueron testigos de algunas de ellas y las denunciaron. El FPR, que no olvidemos que es el partido que sigue gobernando Ruanda, los asesinó.
Como vemos, el asunto de fondo es político: un ciclo de violencia sin fin en los Grandes Lagos que tiene en su haber millones de muertos, y ahora está la posibilidad de que estalle un nuevo huracán de sangre en los próximos meses, por estas elecciones que tanto se juegan, y que coincide con la Presidencia de la UE en manos del Sr. Zapatero, quien tendrá que tomar decisiones muy delicadas y difíciles.
Exijamos unas elecciones límpias en Ruanda y que se respeten los derechos humanos
El gobierno de Ruanda ha convocado elecciones presidenciales para el próximo mes de agosto. Y por primera vez en muchos años, hay gente honesta que quiere presentar una alternativa que reconcilie definitivamente a hutus y tutsis y devuelva a la zona a una convivencia pacífica y sostenible. Los líderes de este partido opositor llamado "Fuerzas Democráticas Unificadas" (FDU), que han regresado a Ruanda tras años en el exilio para concurrir legalmente a las elecciones, ya han sido víctimas de un intento de linchamiento en un edificio del Gobierno y les han robado los documentos que les permitirían realizar la inscripción legal del partido en Ruanda. Uno de sus miembros ha sido detenido con acusaciones injustas y sus familiares condenados por delitos inexistentes en juicios sin garantías.
Los medios de comunicación ruandeses y el propio presidente Paul Kagame han anunciado que utilizarán la fuerza de las instituciones para impedir que pueda inscribir su partido y presentarse a las elecciones, y la acusan de fomentar el odio étnico.
Por toda esta situación, desde aquí queremos sumarnos a la petición que la Federación de Comités de Solidaridad con África Negra (Umoya), hace al Gobierno español para que -durante su Presidencia de turno en la Unión Europea- exija al gobierno ruandés garantías de limpieza y equidad en las próximas elecciones en Ruanda. E igualmente llamamos a secundar la exigencia de dicha Federación a la Unión Europea -que ha manifestado su intención de no enviar observadores a estas elecciones ruandesas de agosto-, para que cambie su decisión y así poder tener garantías de que la campaña electoral va a desarrollarse con transparencia y en libertad.
Luis Ángel Aguilar Montero es miembro de Comunidades Cristianas Populares y coordinador provincial de IU.
sábado, 13 de febrero de 2010
En Ruanda están pasando cosas muy serias. Y en el Congo, más
sábado, 28 de noviembre de 2009
Ruanda: la historia que no se explica
28-11-2009
Pau Lanao y Carme Vinyoles
Diari Punt de Girona
La Audiencia Nacional ha puesto al descubierto una realidad que no ha sido investigada por el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, que se limita a juzgar las matanzas contra la población tutsi entre abril y julio del 1994 y deja en la impunidad los crímenes contra los hutus producidos a lo largo de la década de entre 1990 y 2002.
Lo que viene a continuación es una síntesis de la historia incluida en el acto de procesamiento del magistrado Fernando Andreu a cuarenta altos cargos de la actual administración ruandesa, por delitos contra la humanidad y genocidio. Una historia que se explica poco, porque revela el pillaje económico que incita al conflicto étnico.
Comienza la guerra
El 1 de octubre de 1990, unos 3.000 efectivos del FPR (Frente Patriótico Ruandés: brazo político; Ejército Patriótico Ruandés: brazo militar), equipados y entrenados por la Uganda de Museveni - amiga de los Estados Unidos de América y del Reino Unido- invaden el noreste de Ruanda y masacran la población, provocando oleadas de desplazados entre los hutus perseguidos.
Los ocupantes son los hijos de la aristocracia tutsi favorecida por el gobierno colonial que había abandonado el país al no aceptar el resultado de las elecciones de 1961, que llevaron a la presidencia al hutu Grègoire Kayibanda en una Ruanda constituida en república democrática, que se declararía independiente el 1 de julio del 1962.
El aislamiento armado del FPR persigue tres objetivos: el exterminio de los hutus; la conquista del poder por la fuerza- aunque se siga sacrificando los tutsis que se habían quedado en el país, considerados traidores- y la vertebración de una estrategia con la participación de aliados occidentales para aterrorizar la zona de los Grandes Lagos y apropiarse de las riquezas del vecino Zaire (hoy Congo).
Matanzas selectivas
Líderes intelectuales y políticos hutus son eliminados con el fin de silenciar voces de consenso e impedir la respuesta de la población civil a los crímenes.
Entre otros, el 8 de mayo de 1993 es asesinado Emmanuel Gapsysi, dirigente del Movimiento Democrático Republicano y líder del Forum para la paz y la Democracia, y el 21 de febrero de 1994 Felicien Gatabazi, presidente del Partido Socialdemócrata.
Las operaciones son ejecutadas por el comando Network, grupo de élite adiestrado para matar a sangre fría.
El partido del gobierno crea sus milicias, los interhamwe, que atacan a la población tutsi. El FPR es suficientemente hábil para atribuir los propios atentados a los interhamwe. Esto genera confusión sobre el origen de la violencia y una situación de caos que hace que el país sea ingobernable.
Frente político y mediático
La estrategia del FPR se centra en provocar la rabia de los hutus masacrando a líderes y poblaciones de este grupo. El FPR hace todo para construir una imagen integradora a través de la infiltración de las misiones diplomáticas.
Crear un canal de expresión para reavivar los enfrentamientos étnicos: Radio Muhabura, en activo desde 1991 y que en 1993 tendría respuesta en la Radio televisión libre de las Mil Colinas, en manos de las milicias hutus.
Atacar los miembros de la Iglesia, considerada culpable de la pérdida del poder tutsi en 1961, por haber denunciado el vasallaje de los hutus al status privilegiado de los tutsis, una desigualdad reforzada por los intereses coloniales. Liquidar testimonios que pudiesen transmitir una versión no manipulada de los hechos.
"Gukubura ": limpieza
A comienzos del 1994 había un millón de desplazados al interior del país que huían de las matanzas del FPR. Muchos cadáveres son incinerados y los campos son atacados con armamento pesado.
El 14 de marzo de 1994 se ordena la gukubura o limpieza total de cualquier elemento hutu en las regiones de Byumba ,Umutura y Kibungo. Las zonas vacías son ocupadas por los tutsis procedentes de Uganda.
Los presidentes muertos
El 6 de abril de 1994 el Falcon 50, en el cual viajan los presidentes de Ruanda y Burundi, Juvenal Habyarimana y Cyprien Ntayamira, es atacado por dos misiles cuando se dispone a aterrizar en Kigali. Todos los ocupantes mueren. Según recientes investigaciones la orden viene de Paul Kagame, un militar formado en Estados Unidos y máximo responsable de la estructura político-militar del FPR/APR y que tiene como finalidad crear un estado de conflicto civil declarado, para facilitar la operación de asalto al poder. La ONU se ha negado a investigarlo.
Violencia calculada
El asesinato del presidente hutu conduce a la espiral de violencia calculada contra la población tutsi.
El FPR ataca al ejército ruandés sometido al embargo internacional de armas (FPR recibe armas de Uganda). Es la batalla final para la conquista del poder que se resuelve a favor de los tutsis del FPR el 17 de julio de 1994.
Desde abril a julio las masacres son constatadas y se llega a unas 500.000 víctimas, según ACNUR.
Este episodio pasa a la historia como el genocidio de Ruanda y la comunidad internacional ha escrito una de sus más lamentables páginas cuando la ONU retira los cascos azules y deja a la población indefensa.
Si bien la mayoría de los muertos son tutsis, se ha dado menos a conocer, hasta hace poco, la violencia contra los hutus por parte del FPR: 150.000 asesinatos, desde el momento de la invasión, y 312.726 más entre el julio de 1994 y julio del 1995.
Vallmajó denuncia
EL 23 de abril unos 2.500 campesinos hutus desarmados son ametrallados en el campo de fútbol de Byumba. Paul Kagame da la orden. Los cadáveres son quemados en el Parque de la Akagera o enterrados en fosas comunes.
El 24 abril son asesinadas mil personas más en la Escuela Social del Buen Consejo y en el Centro escolar de Buhambe.
El 26 de abril militares del APR/FPR se llevan al padre blanco, hijo de Navata Joaquim Vallmajó Sala, y a los sacerdotes hutus Joseph Hitimana, Faustin Mulindwa y Fidèle Milinda. Sus cuerpos no han sido encontrados.
Vallmajó era un testimonio peligroso que difundía las violaciones de los derechos humanos, también las de los extremistas tutsis del FPR, y denunciaba su campaña de desinformación.
Testimonios molestos
Los cooperantes de Médicos del Mundo, María Flors Sirera Fortuna (nacida en Tremp), Manuel Madrazo Osuna (Sevilla) y Luis Vultueña Gallego (Madrid) también son testimonios del régimen de terror impuesto por el FPR una vez llegado al poder.
En diciembre del 1996 inician un proyecto sanitario para 200.000 personas.
El 16 de enero de 1997 un vecino les muestra las fosas comunes con centenares de cadáveres de la matanza del Campus Universitario de Nyakinana. La visita es detectada por los servicios secretos y esto representa su sentencia, ejecutada dos días después.
Siguiendo la misma estrategia de silenciar las voces críticas son asesinados los maristas castellanos Servando Mayor, Julio Rodríguez, Miguel Ángel Isla y Fernando de la Fuente (31 de octubre de 1996, en el campo de refugiados de Nyamitangwe) y el sacerdote guipuzcoano Isidro Uzcudun, que recibió un tiro en la boca como mensaje (10 de junio del 2000 en Mugina). Las víctimas españolas son nueve.
Persecución a los refugiados
La toma del poder por parte del FPR/APR hace que miles y miles de hutus busquen protección en campos situados en la zona al oeste de Ruanda y que al ser atacados, atraviesen la frontera hacia Tanzania, Burundi y Zaire.
En julio de 1994 hay casi 3 millones de ruandeses refugiados, más de un millón en el Zaire.
En Ruanda las matanzas continúan el 95, 96 y 97 mientras el conflicto se extiende al Zaire: Laurent Kabila se levanta contra Mobutu a finales del 1996 y con un ejército de unidades ruandesas, ugandesas y burundesas toma el poder en julio de 1997.
Un año más tarde, cuando no acepta la tutela exterior en su país -ahora se dice Congo- Le hacen la guerra desde el Kivu, zona que controla Ruanda. (Kabila sería asesinado el 2001 por un comando del FPR) Los campos de refugiados son bombardeados por el FPR y las cámaras lo recogen. Ruanda declara acabada la guerra y abre las fronteras.
Triste papel de ACNUR
Aunque el informe Gersory había verificado en 1994 que el régimen de Kigali no reunía las condiciones de seguridad, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) inicia el programa de repatriación forzosa de los hutus ruandeses hacía su país, donde les espera la prisión y la muerte.
La mitad de ellos, unos 500.000 se niegan a volver y a finales del 1996 comienzan dentro del territorio congoleño un largo caminar -más de 2.000 kilómetros, penosos, falta de alimentos y medicinas- un incierto éxodo para intentar salvar la vida, perseguidos como un objetivo militar, pero inexistentes a los ojos de la comunidad internacional: ACNUR proclama que todos los ruandeses han vuelto voluntariamente a casa.
En enero y febrero de 1997, Juan Carrero y otros integrados en la Fundación S’Olivar hacen huelga de hambre reclamando el fin de la violencia en los Grandes Lagos.
Emma Bonino, comisionada europea de la Acción Humanitaria, visita el campo de Tingi-tingi, acompañada de cámaras para mostrar al mundo que los refugiados están allí.
Poco después va allí mismo Sadako Ogata, alta comisionada de la ONU para los refugiados y les dice que sólo puede garantizar la protección de los que vuelvan a Ruanda. El campo de Tingi-tingi es destruido el 1 de marzo por el FPR; estaban concentradas ahí unas 300.000 personas. Algunas de las cuales habían abandonado el lugar y consiguieron llegar a la República del Congo [Brazzaville] o a la República Centroafricana. En total unos 500.000 refugiados pierden la vida.
La rapiña
La tutela que no acepta Kabila de sus amigos ruandeses es la del pillaje de las inmensas riquezas naturales de su país, de hecho es el argumento principal de la primera guerra del Congo (finales de 1996 y 1997 que lleva a Kabila al poder), de la segunda guerra del Congo (invasión en el 1998 de Uganda y Ruanda con el apoyo de los Estados Unidos), denominada también el genocidio congoleño, y de la violencia que aún hoy continúa.
¿El resultado? Unos 6 millones de muertos desde 1996.
Aunque presentado al mundo como una guerra tribal el fuego está atizado desde Occidente. Hace unos años la congresista de los Estados Unidos Cynthia McKinne denunció la implicación directa de la American Minerals Fields y hasta ahora decenas de multinacionales mineras norteamericanas, canadienses y europeas financian el conflicto, robando y extrayendo oro, diamantes, coltan, casiterita y madera dentro de un régimen neo-esclavista.
jueves, 29 de octubre de 2009
RDC: En el maldito corazón de África
27 de octubre de 2009
Enrique Conde
La RD del Congo es uno de los pocos países del mundo en el que Obama no despierta esperanzas. "Lo mejor que puede pasar es que Obama se olvide de nosotros". El pueblo congoleño tiene un deseo unánime: que les dejen en paz ya.
En Ruanda terminó la primera parada. No fue casualidad. Tras una semana recorriendo el conflicto armado y el drama humano que pervive en la región de los Grandes Lagos, en la República Democrática del Congo, las casi veinte entrevistas realizadas en este viaje con autoridades locales, miembros de la sociedad civil, jesuitas y cooperantes que despliegan sus proyectos entre los vulnerables y la población desplazada, esas charlas, que completaron más de cinco horas de grabadora, indican que la realidad del Congo está íntimamente ligada con el pasado de Ruanda, con la importancia geopolítica de ambas naciones y con las riquezas sin fin congoleñas.
En esta aventura a bordo de la ONG ALBOAN, que opera en Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca en alianza con el Servicio Jesuita a Refugiados, que realiza el trabajo de campo en este caso en el Congo, se buscaba también explicar los porqués de la volcánica región, del mantenimiento de las armas en la zona, del continuo saqueo de sus minas, de la inoperancia de las Fuerzas Armadas de la ONU, de un territorio maldito por su vigor natural y la tremenda corrupción de sus poderes locales y nacionales.
También era hora de comprobar el estado del más de un millón de personas desplazadas que ocasionó la última bravuconada militar de un general ruandés, Nkunda, que entre octubre de 2008 y enero del presente año, sembró de agitación el país, tratando de echar el lazo a la capital del Kivu Norte, Goma.
"Es imposible de creer que todo el mundo quiera la democracia en el Congo", reconoce Deo Bashi, jurista y asistente de la Comisión de Justicia y Paz de Bukavu, capital del Kivu Sur, que trata de tender puentes entre las autoridades y la población, de rendir cuentas al pueblo de los logros y los fracasos.
Para hacerse una idea de los problemas inabarcables que recorren el Congo, Bashi reconoce que "hay 243 partidos políticos en el país y es difícil saber hasta la coalición que forma el gobierno". Es evidente que para la población rural, analfabeta en muchas ocasiones, es indescifrable."
La comunidad internacional se siente culpable de no haber intervenido en el genocidio de Ruanda, así que le han dado dinero, han rearmado su Ejército y han trasladado el problema al Congo, que parece el único lugar donde se puede establecer un diálogo.
¿Por qué no se habla con Ruanda, de donde proceden todos esos militares que están en la selva?", expone Justin Nkunzi, director del mismo organismo para el que emplea Bashi.
Esta tesis la defiende un sacerdote del Kivu Sur, al que no se identifica ya que ha sido amenazado por el propio Ejército congoleño y ha sido víctima de un intento de envenenamiento. "La comunidad internacional está aceptando que toda esa gente que huyó de Ruanda durante el genocidio muera en la selva. Se tiene que proponer a Ruanda que dialogue con esas milicias. Pero hay personas a las que no les interesa la verdad", afirma.
Hechas estas consideraciones, el presente de Congo remite a un Estado caótico, corrupto, expoliado y, en definitiva, invisible. Como dice un periodista navarro que trabajó allí, un país en el que "El Bigotes estaría en su salsa".
En el Congo, donde la impunidad reina en cualquier orden, cada uno se gana las habas como puede. Se vive al día, por lo general abundan los sentimientos de trauma, resignación o frustración, el alboroto es marca de la casa y uno no se fía ni del vecino. Quizá por eso los congoleños tienen la manía de no aceptar dólares anteriores a 2003 y de cabeza pequeña (es decir, que el rostro del presidente que aparezca en el billete debe ser bien grande). Es una más de las manías africanas, que en Congo son como leyes de Estado.
El vudú, la magia negra, los crímenes por encargo fruto de la venganza o las falsas creencias, como las de violar a niñas vírgenes porque se piensa que curan el Sida, dominan el imaginario colectivo.
Cada amanecer abre una nueva pelea por la supervivencia, una exploración en los límites humanos. En cierto modo, buena parte de la inmensa población del Congo (más de 65 millones de habitantes en un país que es cuatro veces Francia) permanece en shock, paralizada por los vaivenes de un país que se arrastra desde hace una década en un drama sin salir de otro. Antes no fue mucho mejor.
Datos del pasado
Tras la independencia de Bélgica, que se empleó con inusitada violencia en el antiguo Zaire, basta un rápido barrido histórico para comprender tanto mangoneo en medio de la bulla. El actual Congo sufrió durante tres décadas el autoritarismo y la cleptocracia del dictador Mobutu Sese Seko, que según algunos habría robado durante su égida cinco mil millones de dólares.
Opuesto al gobierno tutsi de Ruanda, el poder de Mobutu se sostenía con alfileres cuando se desencadenó en 1994 la gran crisis de los refugiados de los Grandes Lagos, con dos millones de ruandeses en plena evasión y muchos guerrilleros, tanto hutus (interahamwe) como tutsis (banyamulengues), refugiados en el este del Congo.
El avance de Kabila hacia Kinshasa y la agitación en la zona desencadenó la primera guerra del Congo (1996-7), con más de 200.000 bajas, y que terminó llevándose por delante a Mobutu.
Con Kabila en el poder, el anónimo sacerdote del Kivu Sur reconoce que se respiró "aire de esperanza, incluso se empezó a pagar a los militares y a los profesores. Pero todo acabó el 2 de agosto de 1998, un domingo".
Kabila parecía una marioneta en manos extranjeras y cuando solicitó el abandono del país a los ruandeses y ugandeses se encontró con que éstos se habían hecho fuertes en las riquísimas zonas mineras del Este.
Así se desencadena la Segunda Guerra del Congo, también llamada Guerra Mundial Africana, ya que participaron hasta nueve naciones del continente. Uganda, Ruanda y Burundi eran los acérrimos combatientes contra el inmenso Congo, al que respaldaron Namibia, Zimbabue, Angola, Chad, Libia y Sudán.
Esa guerra y las enfermedades que causó entre los millares de desplazados se zanjó en 2003 con un balance esperpéntico de más de cuatro millones de muertos, entre ellos el propio Kabila, sucedido en 2001 por su hijo Joseph.
Con los acuerdos de Paz de Pretoria no se acabó la rabia. Las facciones armadas del general Nkunda (tutsi ruandés) y cabeza del CNDP (Congreso Nacional en Defensa del Pueblo), la milicia hutu FDLR (Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda), el propio Ejército congoleño, impagado y por lo tanto también hostigador y violador de derechos, y la MONUC, la misión de paz de la ONU en el Congo, con más de 17.000 soldados en la zona, se despliegan en la región. De sus tropelías no se salva nadie. Con un rifle se creen los reyes del mambo.
En la última escalada del conflicto, en octubre de 2008, Nkunda trató de apoderarse del Kivu Norte asistiendo la población con perplejidad a una huida sin rubor del Ejército y de la MONUC. En los mismos días de revuelo, la ONU elabora dos resoluciones ligadas a la explotación ilegal de los recursos, con sanciones a empresas y países vinculados en la explotación. Esto motiva, dada la perceptible implicación de Ruanda en el saqueo, la interrupción de la ayuda bilateral directa que Holanda y Suecia ofrecen al gobierno ruandés.
Siempre Ruanda, nada nuevo bajo el sol. La manera de resolver el conflicto resulta sorprendente.
En enero Nkunda es detenido en una operación militar conjunta del Congo y Ruanda, a cuyas tropas se permitió el acceso a los Kivus. En este tablero de risk, acaba de aparecer un actor nuevo, China, que ha inyectado 6.000 millones de dólares en Congo, cuando la inversión de toda la comunidad internacional era de 930 millones.
cambios recientes
Ahora, Nkunda permanece supuestamente detenido en Gisenyi (Ruanda) sin extradición y por lo tanto sin responder aún de sus atrocidades en el Congo.
Mientras, su CNDP se reformula como partido político y algunos de sus miembros se alistan en el Ejército nacional. Estas tropas congolesas junto a la MONUC andan enfangados en la operación militar Kimya II (La Calma) en aras de exterminar al FDLR. En términos eufemísticos se habla de desarmarles y enseñarles el camino de vuelta a Ruanda a los supuestos genocidas antiguos.
Como todos no son soldaditos, pero éstos agitan demasiado, la población se halla en continua mudanza. En marzo se computaban más de 840.000 desplazados por la guerra en el Kivu Norte y hasta 335.000 en el Sur. Ahora, justo antes de este viaje de prensa, se estaban cerrando los campos de desplazados más visibles, en torno a Goma. Ahí había hasta 60.000 personas en cinco campos, se han cerrado cuatro enclaves y sólo guarda ahora a 4.000 congoleños. Pero el drama sigue en el interior, donde no se les ve tanto, y los desplazados, muchos de los cuales acuden a familias de acogida, se mantienen en torno al millón de habitantes.
Enrique Conde
de Diario de Noticias
jueves, 23 de julio de 2009
La violencia contra población civil en el este del Congo, preparando la anexión a Ruanda

Comunicado de la federación de Comités de Solidaridad con África Negra
22 de julio de 2009 -
Rebelión
La guerra que azota la República Democrática del Congo y que ha causado ya más de cinco millones de muertos, se está recrudeciendo. El resultado: más muertes de civiles, violaciones masivas y destrucción del tejido productivo de algunas de las provincias del Este del Congo.
Las dos últimas guerras sufridas en este país, en los años 1996 y 1998 fueron planificadas y apoyadas logísticamente por los EEUU para asegurarse el control de los recursos mineros del centro de África. Los ejecutores directos fueron los países aliados de la zona. Uno de ellos, Ruanda, resguardándose bajo el paraguas de silencio tejido por los países occidentales, continúa hoy ejecutando una política destinada a anexionarse importantes territorios de la región del Kivu.
El gobierno ruandés, en su política de expansión, ha conseguido ya el mando de las administraciones civiles de las provincias congoleñas de Kivu Norte y Kivu Sur a través de miembros de los grupos rebeldes que han sido “reinsertados” en las instituciones con la complicidad de la comunidad internacional, ya que el último informe del panel de expertos de la ONU ha dejado bien claro, nuevamente, la implicación de Ruanda en el Este mediante su apoyo directo a los grupos rebeldes. Tiene también el control de parte del ejército gubernamental allí estacionado y ello gracias a la implicación de importantes redes de funcionarios congoleños corruptos cuyas ramificaciones pueden llegar hasta la presidencia de la República, en Kinshasa.
La política expansionista de Ruanda le ha llevado a hacer todo lo posible para expulsar a la población congoleña de la zona de los Kivus y permitir así su sustitución por población ruandesa. Una estrategia muy importante para llevar a cabo ese objetivo ha sido la utilización de un gran número de grupos guerrilleros, -de muy variado signo e incluso, a veces, aparentemente antagónicos- que matan, violan, roban, aterrorizan y destruyen toda actividad productiva. De esa forma obligan a las gentes a huir de sus poblados y a ser cada vez más dependientes de Ruanda. El incremento de los ataques por parte de estos grupos desde principios de julio 2009 está dentro de esa lógica.
El alto número de víctimas que, desde 1998 al 2003 ha habido en territorio congoleño sólo puede explicarse por una estrategia planificada previamente y destinada a eliminar el mayor número posible de población civil congoleña. A esta conclusión han llegado numerosas organizaciones de la sociedad civil, quienes denunciaron en su momento que los ataques de los grupos guerrilleros se hacían coincidir con el momento de la cosecha y causar así un mayor perjuicio provocando la penuria y el hambre entre la población refugiada. Así lo ha considerado también la Audiencia nacional española ante los testimonios de militares ruandeses, testigos protegidos. Así lo hace constar el juez en su auto emitido el 6 de febrero del 2008 en el que acusa de genocidio a numerosos altos cargos civiles y militares del actual gobierno ruandés.
Esta guerra se ha querido presentar como “cuestiones tribales” y enfrentamientos provocados y financiados por multinacionales interesadas en el coltán, pero en realidad ha sido una guerra programada por Ruanda para obtener el control de las provincias más ricas del Congo en coltán y casiterita.
Esta guerra se acabaría rápidamente si los países occidentales cortasen el flujo de ayuda económica al gobierno ruandés. Eso es lo que hicieron Suecia y Países Bajos, al ser evidente que Ruanda estaba financiando los grupos rebeldes y favoreciendo las masacres de la población civil. Asimismo, los países occidentales deben exigir a Ruanda que resuelva de manera definitiva el problema de las FDLR, fuerzas rebeldes hutu, escondidas en territorio congoleño desde el genocidio de Ruanda, hace ya más de 14 años. Dado que una solución militar a este problema ha demostrado ser inviable y sólo ha conducido a más masacres y violaciones de la población civil, urge una solución negociada. Los países occidentales deben dejar de actuar con un doble rasero y exigir a Ruanda lo mismo que se ha exigido y se exige a otros países africanos enfrentados a situaciones similares: que resuelva YA la cuestión de los refugiados hutu ruandeses en el Congo ofreciéndoles una posibilidad real de retorno a su país, mediante un diálogo abierto y pacífico.
Hemos podido elaborar este comunicado gracias a las noticas que nos envían nuestros amigos congoleños. Nos unimos a su grito de sufrimiento, y queremos que este grito rompa el silencio impuesto por los intereses económicos y políticos, tanto africanos como occidentales.