Hank Paulson
27-02-2010
Paul Craig Roberts
Counterpunch
Traducido por S. Seguí
Hank Paulson, el banquero de los Sacos de Oro (1) y más tarde secretario del Tesoro de EE.UU., que liberalizó el sistema financiero; provocó una crisis mundial que destruyó las expectativas de bancos y gobiernos extranjeros; hizo que millones de estadounidenses perdiesen sus ahorros de jubilación, hogares y empleos; y dejó a los contribuyentes con una carga multibillonaria en dólares de nueva deuda pública, todavía no está en la cárcel. Escribe en el New York Times e insta a que el desastre que él mismo causó sea reparado quitándoles a los trabajadores estadounidenses la Seguridad Social y el Medicare (2) que han pagado con sus impuestos especialmente destinados a este fin durante toda su vida laboral.
Wall Street ha tenido siempre un enfoque de los pobres consistente en hundirlos un poco más.
Como no se puede hacer dinero con los pobres, Wall Street los despluma quitándoles sus derechos. Siempre ha sido así. Durante el gobierno Reagan, Wall Street decidió hinchar el valor de sus carteras de bonos y acciones mediante el uso de los ingresos de la Seguridad Social para reducir los déficits presupuestarios. Wall Street estimaba que una reducción del déficit significaría tasas de interés más bajas y precios más altos para los bonos y acciones.
Dos sicarios de Wall Street, Alan Greenspan y David Stockman organizaron el asalto a la Seguridad Social (S.S.) del siguiente modo: el gobierno Carter había dejado la S.S. en números negros para un futuro previsible, mediante el establecimiento de un calendario para los futuros aumentos de las retenciones salariales destinadas a la S.S. Greenspan y Stockman conspiraron para conseguir que los aumentos fuesen decretados antes de lo necesario, a fin de obtener unos ingresos excedentarios utilizables para financiar el gasto público, reduciendo así el déficit presupuestario. Vendieron el invento al Presidente con el argumento de “establecer unas bases sólidas para la Seguridad Social”.
A todo esto, a los estadounidenses se les dijo que los ingresos excedentes iban a acumularse en un fondo fiduciario para la Seguridad Social en el seno del Tesoro de EE.UU. Pero lo que hay en dicho fondo son los pagarés del Tesoro correspondientes a los ingresos gastados. Cuando el fondo fiduciario haya de ser utilizado para pagar las prestaciones de la S.S., el Tesoro tendrá que vender más deuda a fin de cancelar los pagarés.
Durante el gobierno Clinton se perpetró un nuevo atraco a la Seguridad Social, cuando la Comisión Boskin manipuló el Índice de Precios al Consumo a fin de reducir los ajustes por inflación de los beneficiarios de la Seguridad Social, desviando por lo tanto el dinero de los jubilados a otros usos.
Constantemente oímos de boca de gángsters de Wall Street y republicanos, y algún demócrata de vez en cuando, que la Seguridad Social y Medicare son una forma de bienestar social que no podemos permitirnos, un “pasivo no capitalizado”. Esto es mentira. La Seguridad Social se financia con un impuesto específico. La gente paga su Seguridad Social y Medicare durante toda su vida laboral. Se trata de un sistema de reparto (pay-as-you-go) en el que los impuestos pagados por las personas que trabajan financian a las que están jubiladas.
Actualmente, estos sistemas no están en déficit. El problema es que el gobierno está usando los ingresos destinándolos a otros fines. De hecho, desde la década de 1980 los ingresos de la Seguridad Social se han utilizado para financiar las administraciones públicas en general. Hoy en día, dichos ingresos están siendo utilizados para financiar los rescates billonarios en dólares de Wall Street y las guerras de agresión de Obama contra los musulmanes.
Después de haber desviado los ingresos de la Seguridad Social a la guerra y a Wall Street, Paulson dice que no hay otra alternativa salvo retirarles las prestaciones prometidas a los que han pagado por ellas.
Los republicanos sienten una extraordinaria animosidad hacia los pobres. En un esfuerzo para hacer que los jubilados renuncien a sus sistemas de apoyo, los republicanos suelen describir a la Seguridad Social como una “pirámide” –un esquema Ponzi— y por ende insostenible. Ellos deberían saberlo. El falso fondo fiduciario que crearon para ocultar el hecho de que Wall Street y el Pentágono están funcionando con los ingresos de la Seguridad Social, sí es una pirámide. La Seguridad Social ha estado con nosotros desde la década de 1930 y aún no nos ha destruido nuestras vidas y presupuestos. Pero a Hank Paulson sólo le tomó unos pocos años para que su tinglado de derivados y su plan de rescate infligieran un daño irreparable a nuestras vidas y presupuestos.
Años atrás, con la estanflación derrotada y un mercado de valores en alza, estuve a favor de la privatización de la Seguridad Social como una forma de crear un sistema de jubilación capitalizado y producir un mayor ahorro y unos mayores ingresos para los jubilados. En ese momento, Wall Street estaba interesado, aunque no por mis razones sino por los ingresos que podían obtener de las cuotas de gestión de los fondos.
Si la Seguridad Social hubiera sido privatizada dudo que Wall Street se hubiera permitido desregular el sistema financiero. Hubiera tenido demasiado en juego.
Después de la última crisis, provocada por la deshonestidad y la codicia de Wall Street, confiar en que los banqueros de Wall Street gestionen las pensiones de vejez de cualquiera exige un acto de fe que nadie en su sano juicio puede hacer.
Wall Street se ha salido con la suya en su incursión en el erario público. Ahora, con los bolsillos llenos, quiere compensar el robo mediante la reducción de la Seguridad Social y el Medicare. Después de haber privado a la población trabajadora de sus hogares, empleos y cuidados de salud, Wall Street está ahora al acecho del seguro de vejez de las personas mayores.
La Seguridad Social, que antes era algo políticamente intocable es ahora “insostenible”, mientras que lo realmente insostenible --un sistema financiero desregulado como antes de 1929 y una multibillonaria “Guerra Global contra el Terror”-- son los nuevos intocables. Esta transformación es una señal de la total captura de la democracia norteamericana en manos de una oligarquía de intereses especiales.
1. Juego de palabras entre Gold Sacks (Sacos de Oro) y Goldman Sachs, gran banco de inversión de Wall Street del que Hank Paulson fue presidente y director ejecutivo antes de ser nombrado secretario del Tesoro (N. del t.)
2. Medicare es un programa médico de la Seguridad Social administrado por el gobierno, que proporciona cobertura sanitaria a las personas mayores de 65 años (N. del t.)
Paul Craig Roberts fue editor del Wall Street Journal y secretario adjunto en el gobierno de Ronald Reagan. Su último libro, How the Economy Was Lost, acaba de ser publicado por CounterPunch/AK Press. Se le puede contactar en: paulcraigroberts@yahoo.com
S. Seguí es miembro de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística.
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar el nombre del autor y el del traductor, y la fuente.
http://www.counterpunch.com/roberts02192010.html
sábado, 27 de febrero de 2010
El saqueo de la Seguridad Social: Wall Street amenaza ahora a las personas mayores
sábado, 18 de julio de 2009
Estados Unidos: De ejecutivo de relaciones públicas de la industria de seguros de salud a denunciante de sus atrocidades

17 de julio de 2009
Amy Goodman (DEMOCRACY NOW!)
Wendell Potter es la peor pesadilla de la industria de los seguros de salud. Se convirtió en informante. Potter, ex principal portavoz de la gigante aseguradora CIGNA, declaró recientemente ante el Congreso: “Mi nombre es Wendell Potter, durante veinte años trabajé como ejecutivo de empresas de seguros de salud y vi cómo confunden a sus clientes y abandonan a los enfermos, todo para dejar conformes a los inversores de Wall Street”.
Potter estuvo muy involucrado en su trabajo en el desarrollo de estrategias de CIGNA y de la industria de seguros en general para mantener su alto nivel de ganancias, obtenidas gracias al sistema de salud estadounidense. Me dijo: “A lo que más temen es a un sistema de pagador único. Pero temen incluso el hecho de que se proponga la opción de un seguro de salud público. Pondrán todas las trabas que puedan para frustrar eso, para tratar de asustar a la gente para que piense que apoyar una opción de seguro de salud público provocaría una rápida caída hacia el socialismo…poniendo a la burocracia gubernamental entre uno y el médico. Han utilizado estos argumentos durante años y siempre han funcionado”.
En 2007, CIGNA negó a una adolescente de California, Nataline Sarkisyan, cobertura médica para un transplante de hígado. Su familia denunció el hecho en los medios. La Asociación de Enfermeros (CNA, por sus siglas en inglés) en California apoyó la denuncia. Geri Jenkins es el director de la CNA. Dijo: «Y es realmente atroz que permitamos que se tomen decisiones pensando en el dinero y no en las vidas humanas y en lo que se necesita para mantener con vida a la gente. La familia Sarkisyan tenía seguro de salud. Y esa es la cuestión aquí. Tenían seguro. Habían hecho todo lo que se esperaba de ellos. Trabajaban mucho, pagaron por su seguro, y sin embargo, cuando lo necesitaron, no estaba allí para ellos». Bajo creciente presión, CIGNA finalmente le otorgó cobertura para realizar el transplante. Pero fue demasiado tarde. Dos horas después de la autorización, Nataline murió. Wendell Potter era el portavoz de CIGNA en aquel entonces.
De camino a visitar a unos familiares en Tennessee, Potter se detuvo en una “expedición médica” en Wise, Virginia. La gente manejaba durante horas para recibir asistencia gratuita en clínicas provisorias instaladas en establos para animales en el predio de un parque de atracciones local. Potter me dijo que semanas más tarde, mientras volaba en un avión de la empresa CIGNA junto a su director ejecutivo: “Me di cuenta de que las primas de algunas personas me estaban ayudando a viajar de ese modo, que pagarían mi almuerzo servido en vajillas de porcelana china. Y luego pensé en esos hombres y mujeres que había visto en el Condado de Wise, definitivamente no tenían ni idea de cómo viven los ejecutivos de las empresas de seguros”.
Los ejecutivos de la industria de seguros y los inversores de Wall Street son adictos a las enormes ganancias y a los aumentos de dos dígitos en las tasas anuales. Para acaparar más ganancias, dice Potter, si una persona hace una solicitud importante de cobertura, el asegurador a menudo inspeccionará la solicitud de cobertura original de la persona, en busca de cualquier error que permita cancelar la póliza. De manera similar, si los empleados de una pequeña empresa hacen demasiados reclamos de reembolso, la aseguradora, dice Potter, “muy probablemente aumente tanto las tasas que a su empleador no le quedará otra alternativa que dejarlo a Ud. y a sus compañeros de trabajo sin seguro médico”.
Esta semana, mientras la Cámara de Representantes y el Senado presentan sus proyectos de ley sobre el sistema de salud, Potter advierte: “Algo que hay que recordar es que la industria de los seguros de salud se ha venido anticipando a este debate sobre el sistema de salud desde hace muchos años…y se ha posicionado de manera de estar muy cerca de los miembros influyentes de ambos partidos en el Congreso”. El Senador de Montana Max Baucus preside el Comité de Finanzas del Senado, que es clave para la reforma del sistema de salud. Potter prosiguió: “La industria de seguros, la industria farmacéutica y otros involucrados en la industria de la asistencia médica han donado…millones de dólares a sus campañas en los últimos años. Pero además del dinero, son las relaciones las que cuentan, y es por eso que la industria de seguros contrató a muchos, pero muchos lobbistas, algunos de los cuales trabajaron para miembros del Congreso, y algunos que son ex miembros del Congreso para que hicieran lobby por ellos”.
La industria de los seguros y otros grupos que tienen intereses económicos en la industria de la salud están haciendo un fuerte lobby contra la opción de seguro de salud público sin fines de lucro que propone el gobierno, y están gastando, según el Washington Post, 1,4 millones de dólares al día para persuadir al Congreso y a la opinión pública.
No nos dejemos engañar. La negativa de las empresas de seguro médico a proporcionarles a sus clientes la cobertura requerida mata gente, y Wendell Potter conoce todos los secretos. Sus denuncias podrían ser justo lo que se necesita para abandonar por fin lo que está ‘enfermo’ en nuestro sistema de asistencia de salud.
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.