miércoles, 24 de febrero de 2010
El instinto asesino de Wall Street decreta sentencia de muerte para el empleo
Pam Martens
CounterPunch
Creo que es hora de tomarse a Wall Street al pie de la letra. Ha dejado sobradamente claro su ansia insaciable por finiquitar tantas cosas: el mercado de la vivienda, el sistema financiero, la economía, la legislación reformista, el futuro de la próxima generación.
Wall Street está tan macerada en la destrucción que los símbolos de muerte se encuentran por doquier. Wall Street denomina a los grandes anuncios de prensa que publica para lanzar sus ofertas de mercado “lápidas” (para entender lo apropiado que resulta, considérense los miles de millones en ofertas de bonos y acciones que recauda para las grandes tabacaleras). ¿Y cómo llama Wall Street a la terminación de una orden de compra o venta? Una "ejecución" (pensemos en cuantas operaciones de derivados "ejecutaron" para pacientes hoy tullidos y en reanimación como Fannie Mae, Freddie Mac y AIG; o los vehículos aparte de los balances que crearon para Enron, WorldCom y docenas de empresas hoy en bancarrota).
Wall Street denomina a las órdenes para completar una operación sin ninguna reducción en la cantidad “fill or kill” (o lo completas o lo matas). Podría denominarse razonablemente orden “fill or cancel” (completa o anula) pero para la manada tonante es mucho más divertido correr por el parqué chillando “¡mátalo, mátalo!”
¿Qué partido le saca Wall Street a andar matando cosas o dejar en casi nada el precio de las acciones de algunas empresas? Cara, ganan ellos; cruz, pierdes tú. Wall Street puede conseguir y consigue enormes beneficios apostando a que bajarán los precios de las acciones ("shorting"), a que desaparecerán empresas ("credit default swaps", CDS o seguro de impagos), a que la economía hará un agujero ("interest rate swaps" o permutas de tasas de interés). Y hay un lema en Wall Street: "the trend is your friend" ("la tendencia es amiga tuya"). Cuando ya está claro que el toro [1] yace en medio del ruedo (pensemos en la muerte de Lehman y la boda a punta de pistola de Merrill Lynch el 15 de septiembre de 2008), Wall Street mueve sus apuestas a la baja.
Nadie pone su jerga tan en paralelo con su agenda como los corredores de Citigroup. Cuando se dispusieron a infligir dolor al mercado europeo de bonos en 2004, denominaron la operación “Doctor Maligno”. Citi también creó un vehículo financiero estructurado que engrasara los patinazos que llevaron al derrumbe del gigante lácteo italiano Parmalat, y al que se apodó "Bucconero", que en italiano significa “agujero negro”.
Hasta que no llegue un presidente con verdadera voluntad de lidiar con la naturaleza auténticamente rapaz de Wall Street, continuarán activas estas fuerzas destructivas.
El último plan de reforma de Wall Street del Presidente Obama para prohibir que la banca de inversión posea fondos de capital riesgo o fondos de cobertura ("hedge funds") y evitar que operen con la negociación por cuenta propia ("proprietary trading") en beneficio de sus propias empresas constituye la reforma necesaria para deshacer el fraude en los mercados. Pero la propuesta descuida la amenaza más seria de Wall Street a la economía. La propiedad de la banca comercial en manos de la banca de inversión y las firmas de correduría de bolsa es lo que está acabando con la innovación y el crecimiento del empleo en Norteamérica. Cuanto más esperemos a enfrentarnos a esta cuestión, más se hinchará la deuda nacional, conforme el gobierno se vea obligado a añadir indefinidamente dinero para el estímulo del empleo y fondos para sustentar al creciente número de parados.
Tal como está actualmente estructurada, la banca de inversión de Wall Street no tiene incentivos para poner empresas viables en el mercado. Wall Street ingresa enormes sumas lo mismo por ponerle lápiz de labios a un cerdo y echárselo al público que por lanzar empresas sólidas con verdadero potencial de crecimiento de empleos. A lo largo de la última década, miles de millones de dólares de ahorros de toda una vida de los inversores han acabado mal colocados en falaces modelos de negocio. Hoy esas empresas no valen nada u operan en céntimos con Pink Sheets, [2] cementerio de las ideas fallidas de la banca de inversión.
Las Pink Sheets proporcionan cotizaciones a estas acciones para los corredores de bolsa. No son responsables de la legitimidad de las empresas y, de hecho, advierten a los inversores en su página de la red de que "se trata de pequeñas empresas con un historial reducido de operaciones o económicamente en apuros (...) Los inversores deberían evitar el mercado OTC ["over the counter", mercado no oficial, bajo cuerda] a menos que puedan afrontar la pérdida total de su inversión”. En muchos casos, es bastante más de lo que revelaron a sus clientes los corredores autorizados de “venerables” empresas cuando las compañías salieron a bolsa por vez primera con acciones a precios abultados.
Un estudio realizado por Tyler Shumway y Vincent A. Warther para la Escuela de Negocios de la Universidad de Michigan y la Facultad de Empresariales de la Universidad de Chicago descubrió que entre 1972 y 1995, Nasdaq, el índice bursátil que facilitó el auge y caída de las punto.com y los nuevos valores tecnológicos a finales de los 90, excluyó de la cotización a 4.188 empresas. Después de ser excluidas de la cotización, muchas acabaron en las Pink Sheets. En marzo de 2008, el índice Nasdaq estaba en 5.048 puntos. Hoy, una década más tarde, todavía se encuentra un 58% por debajo de lo que fue su máxima cotización.
Es hora de que el Congreso abra los ojos a la realidad de que este enorme declive de Nasdaq nos revela que Wall Street no está poniendo en el mercado un número suficiente de buenas empresas. Y las fusiones ensambladas por Wall Street, con las que se ha operado de modo característico en la Bolsa de Nueva York, han creado Frankenbancos y conglomerados cargados de deudas, demasiado hinchados como para entender su propio balance y no digamos ya para crear nuevos empleos. Dos vivos ejemplos nos vienen a la mente: AOL-TimeWarner y Citibank-Travelers-Smith Barney-Salomon, también conocido como Citigroup.
Los bancos de inversión que organizan estas ofertas de nuevas empresas o fusionan las que ya existen se ubican hoy en los bancos comerciales "demasiado grandes como para dejarlos caer" que operan públicamente. Pero solían ser sociedades privadas y arriesgaban su propio dinero cuando sacaban una nueva compañía al mercado. Cuando era su dinero el que arriesgaban, había una diligencia bastante mayor en activo para garantizar que la empresa fuera viable. Eso se terminó. Es DOG: dinero de otra gente para lanzarlo sobre el tapete de la mesa del casino.
Para comprender plenamente la nueva estructura de Wall Street, ayuda reflexionar que en agosto de 1995 cuando la Food and Drug Administration [las autoridades de salud pública norteamericanas] nos comunicó que un cigarrillo era en realidad un sistema de transmisión de nicotina disfrazado y que las grandes tabaqueras manipulaban esa “transmisión de nicotina en cada estadio de la producción”. La gente se enganchaba a algo sumamente dañino para su bienestar mientras una industria que operaba en secreto mentía y cabildeaba.
Los que trabajan dentro de Wall Street llaman a sus empresas de correduría al por menor, ahora peligrosamente fusionadas con los bancos comerciales, sistema de “distribución”. La banca de inversión crea el producto tóxico, los corredores lo distribuyen al público envuelto en un sistema de palo y zanahoria que resulta prácticamente idéntico en todas las empresas de importancia. Es decir, el departamento interno de investigación emite una orden de compra. El gestor local del corredor convoca una reunión de ventas y mueve las últimas ofertas de la empresa. El sistema de comisiones del corredor favorece los productos arriesgados que la empresa promueve, por encima de inversiones más seguras.
No hay absolutamente ningún sistema por el que se recompense a un corredor de Bolsa por lo bien que rinde la cartera de su cliente. El que el corredor disponga de la ayuda de secretarias, el tamaño de su despacho, el conseguir el título de vicepresidente en la tarjeta de visita de su empresa, el incentivo anual, hasta el que le saque a cenar su jefe de división, dependen tan solo de las ganancias que consiga el corredor para la empresa.
Si quieres poner en tela de juicio el sistema por corrupto, tienes cerradas las puertas de los juzgados. Wall Street aplica su propio sistema de justicia, llamado arbitraje obligatorio. Al público no se le permite echar un vistazo, pues al fin y al cabo se trata de justicia privada, de modo que no puede arrojarse la desinfectante luz del sol sobre esa camarilla.
La única manera de que un sistema como éste, plagado de conflictos de interés y de desprecio por los intereses de sus propios clientes, haya podido sobrevivir tanto tiempo ha sido aprovechando la base monetaria del depositante de los bancos comerciales y operando con ella hasta hacerla desaparecer. La última cabeza de turco en este gran atraco bancario es el contribuyente que está llenando de nuevo las arcas vacías.
Con cada nuevo programa de creación de empleo de 100.000 millones de dólares, nos damos cuenta de que Wall Street no está creando empresas que creen empleo. De acuerdo con el Departamento de Trabajo, 9,3 millones de norteamericanos no podían encontrar trabajo en enero, y hay millones más trabajando involuntariamente a tiempo parcial o demasiado desanimados para buscar empleo.
De modo que si Wall Street no asigna capital adecuadamente a empresas viables y no recompensa a sus accionistas o clientes, ¿me pueden ustedes recordar de nuevo por qué están pagando los contribuyentes billones para salvarlos?
El 15 de febrero de 1999, la portada de la revista Time dedicaba sus alabanzas al Presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, al Secretario del Tesoro, Robert Rubin y al Vicesecretario del Tesoro, Lawrence Summers como Comité para Salvar al Mundo. Ahora sabemos que se trataba del Comité para Esclavizar al Mundo [3]. Los desafíos económicos a los que se enfrenta hoy el mundo son responsabilidad de ellos; por supuesto, en combinación con algunos compinches bien situados en Washington y Wall Street.
Greenspan es graduado, licenciado y doctor en Económicas por la Universidad de Nueva York; Rubin es licenciado en Económicas por Harvard y abogado por Yale. Summers es graduado del M.I.T. y doctor por Harvard. A despecho de estos siete títulos otorgados por algunas de las mejores instituciones educativas del país, nos piden que nos creamos que no había un gramo de sentido común como para que estos hombres pensaran que revocar la legislación para la protección de los inversores de la época de la Depresión conocida como Ley Glass-Steagall, que impedía la combinación de la banca comercial con los bancos de inversión y empresas de correduría, acabaría liquidando empleos, amén del sistema financiero y la economía (si no viéramos a los hombres que tanto se han beneficiado de esa mala decisión, podríamos ser menos escépticos).
Se han conjuntado la deshonestidad intelectual y el revisionismo histórico para sugerir que nadie podía haberlo previsto. No sólo se lo vieron venir muchísimos sino que el 25 y 26 de junio de 1998 un flujo constante de ciudadanos cívicamente conscientes cruzó las majestuosas puertas del Banco de la Reserva Federal de Nueva York y testificó que la revocación de la Ley Glass-Steagall y el permiso concedido a los bancos comerciales para fusionarse con empresas de Wall Street era una idea absurdamente mala y conduciría a la ruina. ¿Por qué busca nuestro presidente consejo en Summers y Rubin, en lugar de buscarlo en la gente que acertó?
El Presidente Obama ha ungido a Neal Wolin para que se sume al Nuevo Comité para Salvar al Mundo acompañándole a él mismo y a Paul Volcker, antiguo presidente de la Reserva Federal. ¿Y quién es Neal Wolin? Se le confirmó como Vicesecretario del Tesoro el 19 de mayo de 2009.
En la administración de Clinton, Wolin actuó como consejero general de Lawrence Summers, defensor clave de la revocación de la Ley Glass-Steagall. De acuerdo con el New York Times, Summers ganó 5,2 millones de dólares en 2008 trabajando un día a la semana para el fondo de cobertura ("hedge fund") D.E. Shaw & Company, mientras asesoraba a la vez a Obama. Después de abandonar el gobierno, Wolin trabajó para Hartford Financial Services Group Inc. durante ocho años. De acuerdo con BusinessWeek, si se suma la compensación en metálico de Wolin, la adjudicación de acciones restringidas, opciones y otras compensaciones, ganó 3,4 millones de dólares en su último año en Hartford en 2008.
Robert Scheer escribió lo siguiente sobre Wolin en el San Francisco Chronicle el 19 de noviembre de 2009:
“Wolin, Geithner y Summers eran todos protegidos de Robert Rubin, quien, como Secretario del Tesoro de Clinton, fue el gran autor de la estrategia de liberar a las empresas de Wall Street de sus constricciones de la época de la Depresión. Wolin fue quien, a instancias de Rubin, se convirtió en la fuerza clave a la hora de redactar la Ley Gramm-Leach-Bliley Act, que suprimió la separación entre la banca de inversión y la comercial y las compañías de seguros, permitiendo así que los nuevos mastodontes financieros se volvieran demasiado grandes como para derrumbarse. Dos ejemplos sensacionales de esos gigantes que hubo que rescatar con fondos públicos son el banco Citigroup, al que se fue Rubin para ‘ganar’ 120 millones de dólares después de dejar la Casa Blanca de Clinton, y la Hartford Insurance Co., en donde aterrizó Wolin tras abandonar el Tesoro”.
Señor Presidente, ya es hora de deshacerse de los peces gordos y transmitir ese mensaje de esperanza y cambio.
Notas del T.
[1] Recuérdese que el emblema de Merrill Lynch es un toro.
[2] Según www.baquia.com las Pink Sheets son los bajos fondos de las bolsas estadounidenses, la tercera división de los mercados de valores, pero la única salida para cientos de empresas de Internet expulsadas del Nasdaq al caer su cotización por debajo del dólar durante más de 30 días. El mercado de las Pink Sheets no está regulado por la SEC, el riesgo es enorme, los analistas le dan de lado, no tiene liquidez y hasta hace unos años era un semillero de fraudes. Hoy, cuando el Nasdaq ha caído el 65%, se dan cita en él empresas como eToys, Iridium, o Lernout & Hauspie. "Es como tener que mudarse de una casa de Beverly Hills a una en un polígono industrial", lo definía recientemente Marc Beauchamp, director de la Asociación Norteamericana de Administradores de Mercados. "No quieres estar allí, pero tampoco es el fin del mundo", añadía.
[3] La diferencia entre "salvar" y "esclavizar" es en inglés de sólo una letra: "save" o "slave".
Pam Martens trabajó en Wall Street durante 21 años; no tiene intereses, ni a corto ni a largo plazo, en ninguna de las empresas mencionadas en este artículo, salvo los que el Tesoro norteamericano le ha impuesto sin su consentimiento, como al resto de sus compatriotas norteamericanos, con sus planes de rescate. Escribe regularmente sobre cuestiones de interés público desde New Hampshire.
Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón
Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3120
viernes, 19 de febrero de 2010
¡Es Europa, estúpidos!
19-02-2010
Juan Torres López
Sistema Digital
Me sirvo de la famosa frase del asesor de Clinton en las elecciones de 1992 James Carville ("¡Es la economía, estúpidos!"), para referirme a la consciente confusión que se está generando desde los medios liberales sobre la situación económica de los países de la periferia europea.
Como es inevitable dado su nivel más atrasado de desarrollo, países como España, Portugal o Grecia han tenido que hacer en los últimos años un gran esfuerzo presupuestario para tratar de alcanzar los niveles de convergencia y bienestar de su entorno más próximo. Sin embargo, en gran medida ha sido insuficiente porque las políticas neoliberales de los últimos años debilitaron sus sistemas productivos y porque los pactos de estabilidad (y la propia voluntad de gobiernos que hacían suyas estas políticas) les obligaron a restringir el gasto. Pero incluso así, algunos pudieron presentar mejores registros y cumplimientos de los pactos de estabilidad que otros grandes países con más poder para saltárselos. Hoy día, Grecia no es ni mucho menos el país europeo que tiene más deuda en porcentaje del PIB y el de España está unos veinte puntos por debajo de la media y, por supuesto, ninguno de ellos ha dejado de hacer frente a sus compromisos.
En los últimos meses, la crisis financiera causada por el irresponsable y a veces incluso criminal comportamiento de gran parte de la banca internacional desembocó, como es bien sabido, en una gran recesión a la que los gobiernos han debido hacer frente, para evitar un completo colapso económico, con planes extraordinarios de gasto. Esa y no otra ha sido la circunstancia que ha hecho subir el déficit presupuestario a niveles tan elevados. Es una burda mentira, por tanto, afirmar que éste último se debe a la irresponsabilidad presupuestaria del gobierno (Grecia, España y Portugal son "unos cuantos derrochadores" según David Sanger en el suplemento en español de The New York Times que acompaña a El País del 18 de febrero). Como es una simple maldad afirmar, como hace el expresidente Aznar, que no se debería haber realizado ese gasto e incurrir en el déficit subsiguiente. Ni los gobiernos más liberales han dejado de llevarlo a cabo y es seguro que sin él la economía española estaría hoy día en el desastre más absoluto.
Otra cosa es que precisamente quienes critican ahora el déficit ganaran el pulso a la hora de diseñar las respuestas fiscales a la crisis y hayan conseguido evitar que se le haga frente con más recursos obtenidos no de la deuda sino de un mayor esfuerzo fiscal de las rentas y patrimonios más altos. No sólo para pagar así menos impuestos sino también para que la banca pueda disfrutar del negocio inmenso que supone suscribir la deuda pública al tres, cuatro o cinco por ciento con el dinero de sus depositantes o incluso con el que el Banco Central Europeo le está proporcionando al uno por ciento con el objetivo, dicen pero que no cumplen, de que vuelva a financiar convenientemente la economía.
También es verdad que estas economías de la periferia son más débiles y atrasadas que las del núcleo duro de la unión monetaria y que eso provoca constantemente desequilibrios y asimetrías de muy difícil gestión. Pero eso es debido, por un lado, al efecto de las propias políticas neoliberales de los últimos años (que han desmantelado sus industrias, frenado la creación de capital social, aumentado la desigualdad y convertido en el patio trasero de las grandes corporaciones europeas). Y, por otro, a que la unión monetaria se diseñó solamente para proporcionar un espacio de ganancia a los capitales europeos y no para lograr una óptima y plena integración de las economías que la conforman. Razón por la cual se instituyó sin disponer de mecanismos suficientes ni adecuados para hacer frente a esas asimetrías o a los shocks que pudieran darse de forma singularizada en alguno de sus países miembros. Una unión monetaria sin hacienda propia, sin política fiscal integrada, sin coordinación política (han tenido que improvisar sobre la marcha para responder al problema griego), sin supervisión financiera centralizada, sin auténticas políticas económicas comunes,... como la que tenemos en Europa está condenada a multiplicar las diferencias y a sufrir más tarde o más temprano en su conjunto los efectos de cualquier problema que afecte alguno de sus países. Aunque eso, evidentemente, no les preocupe a los grandes capitales europeos mientras sigan ganando dinero, como siguen ganándolo.
Se sabía sin lugar a dudas que eso era lo que iba a ocurrir en esta coyuntura de crisis cuando se decidió que cada país le hiciera frente por su cuenta y riesgo. Y así ha ocurrido. Las economías intrínsecamente más débiles por su atraso histórico o por las políticas neoliberales sufren como es natural con más dureza el impacto de la crisis. Lo que además se agrava porque en el marco de la unión monetaria no tienen política de cambio para hacer frente a los problemas externos de su economía y porque bajo el principio de plena libertad de movimientos de capital prácticamente carecen de capacidad de maniobra.
Se dice entonces que hay un problema en Grecia, o en España o en Portugal, y por supuesto también en Italia aunque se mencione menos, pero esa afirmación está sencillamente desenfocada porque donde está el problema es en Europa en su conjunto.
Lo que está ocurriendo es la coincidencia de tres procesos. Uno, la toma de posiciones de los acreedores para imponer a los gobiernos que se están endeudando condiciones que les sean más favorables a la hora de cobrar y de rentabilizar sus inversiones (Ver mi artículo ¿Quiénes y por qué atacan a la economía española, o a la griega? ¿Y qué hacer para evitarlo?). Y eso se está haciendo con la anuencia y complicidad de los dirigentes europeos. Otro, la especulación contra el euro y la presión a las instituciones europeas por parte, principalmente, de capitales de Estados Unidos y Reino Unido. La razón es fácil: después de que esos países hayan puesto más dinero que nadie para hacer frente a la crisis que se inició en sus sistemas financieros ahora van a hacer todo lo posible para pasarle la factura a Europa. Saben que eso lo pueden conseguir si la debilitan y que si la debilitan suficientemente quizá se liberen por mucho tiempo de una molesta piedra en sus zapatos. Y tercero, el aprovechamiento de la coyuntura por parte de los bancos y el capital europeos para garantizar el reembolso de la inmensa deuda que tienen con ellos los bancos de la periferia (sobre todo españoles) y para propiciar de paso un fuerte ajuste neoliberal que no han podido conseguir en los últimos años y que puede llegar a ser tan drástico como el de América Latina de los ochenta y noventa del siglo pasado.
La confusión a la que me refería al comenzar este artículo consiste en creer que todo esto que está pasando es un simple problema de los países de la periferia a quienes graciosamente han de socorrer los más poderosos. No es verdad. El estado de opinión en los mercados tan desfavorable a la deuda de España o Grecia ha sido orquestado y eso se ha podido conseguir fácilmente porque en el actual marco institucional de la Unión Europea se sabe que no hay manera de responder con "orden de escuadra" ante las situaciones delicadas de cualquiera de sus miembros. Es decir, se genera el problema porque se sabe el tipo de respuesta que habrá y que ésta conviene: se juega, pues, sobre seguro.
Es verdad que los ciudadanos españoles o griegos o portugueses o italianos pagarán en mayor medida las consecuencias de esta situación y que sus economías se van a resentir especialmente. Pero quien acabará saltando por los aires si se mantiene el criterio de que cada país arregle sus problemas cuando esto es imposible que pueda ocurrir en una unión monetaria, será la Unión Europea.
En mayo de 2008 un buen grupo de líderes socialdemócratas europeos señalaban que " cuando todo está en venta, la cohesión social se pulveriza y el sistema se hunde" y que además de pragmatismo estábamos necesitados también "de una visión amplia y cooperativa en la búsqueda de objetivos comunes". Lo decían en una carta conjunta que llevaba un título bien significativo: " La locura financiera no debe gobernarnos".
Sus sucesores no les han hecho caso (en realidad tampoco ellos actuaron como luego pregonaban cuando estaban fuera del gobierno) y ahora esa locura gobierna la Unión Europea y la pone a toda ella al borde del abismo.
Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, colaborador habitual de Rebelión, editor de www.altereconomia.org y miembro del Consejo científico de ATTAC-España. Su web personal: www.juantorreslopez.com
miércoles, 13 de enero de 2010
Alemania: La economía alemana se hunde un 5 por ciento en 2009, su mayor caída desde Segunda Guerra Mundial
13 de enero de 2010
Según datos publicados el miércoles por la Oficina Federal de Estadísticas (Destatis).
El producto bruto interior ajustado a los precios (PBI) cayó por primera vez en seis años, después de crecer un 1,3 por ciento en 2008 y un 2,5 por ciento en 2007, afirmó Destatis en su informe preliminar
En la mayor economía de Europa, tanto el comercio exterior como la creación de capital se hundieron con fuerza en 2009. Las exportaciones retrocedieron un 14,7 por ciento, mientras que las importaciones cayeron un 8,9 por ciento, según Destatis.
Destatis también informó de que el déficit público de Alemania se situó en cerca del 3,2 por ciento del PBI en 2009, con los préstamos netos ascendiendo hasta los 77.200 millones de euros (111.800 millones de dólares) en 2009.
El gobierno alemán ha invertido 85.000 millones de euros (123.000 millones de dólares) en dos paquetes de estímulos desde que comenzó la crisis económica mundial, y también ha aprobado un paquete de estímulos fiscales por valor de 21.000 millones de euros (30.000 millones de dólares) en 2010, incluido un programa de reducción de impuestos a familias por valor de 18.000 millones de euros (26.000 millones de dólares).
La Federación de Comercio Mayorista y Exterior de Alemania (BGA) predice que la tasa de crecimiento del país llegará al 2,5 o el 3 por ciento en 2010 gracias a los programas de estímulos del gobierno.
martes, 12 de enero de 2010
Los bancos centrales como problema
12-01-2010
Vicenç Navarro
Sistema Digital
Uno de los problemas mayores que existe con los Bancos Centrales en Europa (tanto los nacionales como el Banco Central Europeo, BCE) es que, por lo general, se ven a sí mismos como defensores del sistema bancario, el cual ejerce una excesiva influencia sobre ellos.
Creer que tales Bancos centrales están gobernados por profesionales apolíticos motivados por el bien común es de una ingenuidad muy costosa para la economía productiva y para el bienestar de la población.
La gran mayoría de sus directores tienen los intereses del sistema bancario como su preocupación esencial. Tanto la experiencia del Banco de España, como la del Banco Central Europeo así lo confirman.
De ahí que haya sido un error haberles dado plena independencia, sin responsabilidad frente al poder político. Tal medida se justificó con el argumento de que los gobernadores de los Bancos centrales tenían que ser conscientes de que no sufrirían sanciones al tomar medidas impopulares. Era, en realidad, una manera de proteger a los sistemas bancarios, pues cuando tomaban decisiones que dañaban a amplios sectores productivos y a la población que trabajaba en ellos, los bancos centrales quedaban (y continúan quedando) impunes.
De nuevo, la experiencia del Banco de España, como la del Banco Central, muestran la veracidad de esta observación.
Esta independencia de instituciones públicas (como son los bancos centrales), no es sólo un insulto al carácter democrático de nuestras sociedades, sino también es una medida muy equivocada, pues los intereses del sistema bancario no siempre coinciden con los intereses generales. Son muchas las veces en que tales intereses no son convergentes. Tales bancos centrales debieran estar supervisados por representantes elegidos por la población (es decir, miembros de los Parlamentos), a los cuales deberían rendir cuentas, y cuyos directores debieran poder ser destituidos según el deseo popular.
Una de las grandes paradojas es que el gobierno federal de EE.UU., el cual se percibe en Europa como un gobierno liberal, tiene un Banco Central, el Federal Reserve Board, cuyos gobernadores son nombrados por el gobierno federal (con la aprobación del Congreso de EE.UU.), al cual rinden cuentas. Tal Banco Central tiene en su mandato el objetivo de “conducir la política monetaria del país, a través de influenciar las condiciones crediticias y monetarias de la economía, con el objetivo de alcanzar el máximo empleo posible, además de mantener precios estables”.
El mandato incluye, de manera preferente, alcanzar el pleno empleo, además de controlar la inflación, un orden de prioridades inverso al que tienen los Bancos Centrales en Europa, incluyendo el Banco Central Europeo.
Es precisamente en la Unión Europea donde se ha enfatizado más la independencia de los Bancos, siendo tal independencia una condición de pertenencia a la Unión Europea.
Su máxima expresión se ha alcanzado con el Banco Central Europeo.
Tal independencia es un indicador del enorme poder del capital financiero en la Unión Europea. Y ello ha significado un coste elevado, pues han predominado los intereses del sistema bancario sobre las necesidades del sistema económico productivo, del crecimiento económico y de la creación de empleo.
El hecho de que la Unión Europea haya tenido en los últimos treinta años un crecimiento económico y una tasa de creación de empleo menor que EE.UU. se debe precisamente a este hecho. El Banco Central Europeo ha liderado las políticas favorables al sistema bancario, promoviendo como principal objetivo conseguir una estabilidad de precios a la baja (es decir, una inflación –el mayor enemigo del sistema bancario- lo más baja posible), a costa de un menor crecimiento económico y de una baja creación de empleo.
Esto lo ha conseguido mediante el encarecimiento del dinero y del crédito (con elevados intereses bancarios, mucho más elevados que en EE.UU.) y a base de dificultar la expansión del gasto público, siguiendo los criterios de Maastrich, según los cuales los estados miembros de la UE tienen que tener un déficit del estado igual o menor al 3% del PIB, condición que hubiera excluido a EE.UU. de poder ser aceptado en la UE, pues los déficits del gobierno federal de EE.UU. han sido durante el periodo 1980-2007 superiores al permitido en la UE.
Si al mundo empresarial y a la ciudadanía se les dificulta conseguir prestamos y dinero para invertir y consumir y al sector público se le obstaculiza poder aumentar el gasto público y con ello estimular la economía, es lógico y predecible que el crecimiento de la economía, y la creación de empleo será menor que si al mismo país y al mismo continente (en este caso la UE) se les hubiera permitido tener políticas crediticias más favorables e intereses bancarios más bajos, y sus estados pudieran haber tenido un mayor déficit y un mayor gasto público.
Esto es fácil de entender y es lo que ha estado pasando. De ahí que querer mantener estos criterios en estos momentos de gran recesión es enormemente erróneo y debiera denunciarse, pues las políticas impuestas por organismos como los Bancos Centrales (incluyendo el BCE) son enormemente costosas y están haciendo un gran daño a la mayoría de la población.
Las izquierdas debieran denunciar este enorme dominio del capital financiero en los países de la UE, que se basa en la independencia por parte de los bancos centrales que debiera interrumpirse, permitiendo un mayor control de tales bancos (todos ellos entes público) por parte de los representantes de la población.
Dos últimas observaciones.
Como es predecible, el sistema bancario y sus Bancos Centrales (incluyendo el BCE) niegan ninguna responsabilidad en la destrucción del empleo, atribuyéndolo a las supuestas rigideces del mercado de trabajo y a lo que consideran excesiva permisividad pública hacia los déficits públicos. Y a través de sus agencias evaluadoras de los bonos e instrumentos bancarios penalizan a aquellos estados que consideran excesivamente tolerantes hacia su déficit público.
El caso más reciente es la evaluación de los bonos del estado español, por parte de la agencia Standard & Poor’s, penalizándolo por lo que consideran ser déficits excesivos.
Es absurdo (y no hay otra manera de decirlo) considerar –como lo considera la Banca y sus apologistas como Sala i Martín- (ver Sala i Martín, Enterrar a Keynes, La Vanguardia, 17.12.09) tales agencias como independientes de la Banca.
Tales agencia están, en la práctica, pagadas por la Banca y están al servicio de la banca.
Fallaron estrepitosamente en su supuesta evaluación del valor de los productos bancarios, definiéndolos como excelentes justo una semana antes de que colapsaran. Su credibilidad es nula y son instrumentos de los intereses bancarios. Considerarlos independientes es un ejemplo más de la impermeabilidad del dogma liberal a los datos que les rodean.
Lo que estamos viendo hoy es una enorme agresividad del capital financiero hacia los Estados que, conscientes de la gran responsabilidad que los bancos han tenido en causar la crisis actual, están acentuando su intervencionismo, que aún cuando ha sido hasta ahora extraordinariamente limitado, está causando una gran preocupación en los sistemas bancarios.
En EE.UU., incluso el que fue en su día Gobernador del Banco Central Estadounidense (The Federal Reserve Board) Alan Greenspan, admitió en una entrevista al Finantial Times que “la nacionalización de la Banca puede ser la menos mala de todas las opciones”. Y tanto el The New York Times como el Washington Post han publicado artículos pidiendo la nacionalización de la banca.
Es en este clima intelectual que parece irresponsable que se quieran mantener los Bancos Centrales que supervisan la banca como agentes independientes, sometidos primordialmente a la influencia de la banca.
Que no se esté considerando la pérdida de tal independencia es un indicador más de la excesiva influencia del capital financiero sobre el poder político.
Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.
Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
lunes, 4 de enero de 2010
El gran cero
Paul Krugman
Sin Permiso
Tal vez sabíamos, de un modo inconsciente e instintivo, que ésta iba a ser una época que sería mejor olvidar. Por una u otra razón, hemos terminado la primera década del nuevo milenio sin ponernos de acuerdo sobre cómo denominarla. ¿Los años del doble cero? ¿Los años del doble nada? Lo que sea. (Sí, ya sé que, en sentido estricto, el milenio no empezó hasta el año 2001. ¿Realmente importa?).Pero, desde un punto de vista económico, yo propondría que llamásemos a la década pasada el Gran Cero.
Ha sido una década en la que no ha pasado nada bueno, y ninguna de las cosas optimistas en las que se suponía que creíamos ha resultado ser cierta.
Ha sido una década con una creación de empleo prácticamente igual a cero. Es cierto que la cifra básica del empleo en diciembre de 2009 será ligeramente superior a la de diciembre de 1999, pero sólo ligeramente. Y de hecho, el empleo en el sector privado ha bajado, la primera década de la que se tiene constancia de que haya sucedido eso.
Ha sido una década de mejoras económicas cero para las familias de a pie. De hecho, hasta en el momento culminante del supuesto “auge de la era de Bush”, en 2007, los ingresos familiares medios ajustados según la inflación eran más bajos que en 1999. Y ya saben lo que pasó a continuación.
Ha sido una década de beneficios cero para los propietarios de viviendas, incluso si las compraron pronto: ahora mismo, los precios de la vivienda, ajustados según la inflación, han vuelto aproximadamente al punto en el que estaban al principio de la década. Y en cuanto a los que compraron a mediados de la década -cuando todas las personas serias se burlaban de las advertencias de que los precios de la vivienda no tenían sentido y de que estábamos en medio de una gigantesca burbuja-, bueno, comparto su dolor.
Casi una cuarta parte de todas las hipotecas de Estados Unidos y el 45% de las hipotecas de Florida se han ido a pique, y los propietarios deben más de lo que valen sus casas.
Por último, y lo menos importante para la mayoría de los estadounidenses -aunque un gran problema para los planes de pensiones, por no mencionar a las cabezas parlantes de la televisión económica-, ha sido una década de ganancias cero en la Bolsa, incluso sin tener en cuenta la inflación.
¿Recuerdan la excitación cuando el Dow Jones alcanzó por primera vez los 10.000 puntos, y éxitos de ventas como el libro Dow 36.000 predecían que los buenos tiempos se prolongarían indefinidamente? Bueno, eso era allá por 1999. La semana pasada, el mercado cerró a 10.520.
Así que ha habido un montón de nada en cuanto a progreso o éxito económico.
Es curioso cómo ha ocurrido. Porque, al principio de la década, había una abrumadora sensación de triunfalismo económico en las instituciones empresariales y políticas de Estados Unidos, la creencia de que sabíamos lo que hacíamos (mejor que cualquiera en el mundo).
Permítanme citar un discurso que Lawrence Summers, el entonces subsecretario del Tesoro (y ahora el economista de más alto rango de la Administración de Obama), dio en 1999.
“Si me preguntan por qué tiene éxito el sistema financiero estadounidense”, decía, “mi lectura particular del asunto es que no hay ninguna innovación más importante que la de los principios contables generalmente aceptados: significa que cada inversor ve la información presentada sobre una base comparable; que hay disciplina en las directivas de las empresas en cuanto al modo en que controlan sus actividades e informan de ellas”.
Y proseguía afirmando que hay “un proceso continuo que es el que realmente hace que nuestro mercado de capital funcione, y lo haga con tanta estabilidad”.
Así que esto es lo que Summers -y, para ser justos, prácticamente todos los que ocupaban un puesto de responsabilidad política en aquella época- creía en 1999: la contabilidad empresarial en Estados Unidos es honesta; esto permite a los inversores tomar buenas decisiones, y también obliga a las directivas a comportarse de forma responsable, y la consecuencia es un sistema financiero estable y que funciona bien.
¿Qué porcentaje de todo esto ha resultado ser verdad? Cero.
Sin embargo, lo que resulta realmente impresionante de la pasada década es lo poco dispuestos que estamos, como país, a aprender de nuestros errores.
Cuando la burbuja de las punto.com todavía se estaba desinflando, los banqueros e inversores crédulos empezaron a inflar una nueva burbuja con la vivienda.
Incluso después de que se revelase que famosas y admiradas empresas como Enron y WorldCom tenían sociedades anónimas Potemkin con fachadas hechas de contabilidad creativa, los analistas e inversores seguían creyéndose las afirmaciones de los bancos respecto a su fortaleza económica y se tragaban las exageraciones sobre inversiones que no comprendían.
Incluso después de desencadenar una catástrofe económica mundial y tener que ser rescatados a costa de los contribuyentes, a los banqueros les ha faltado tiempo para volver a la cultura de las primas gigantescas y el apalancamiento excesivo.
Y luego están los políticos.
Incluso ahora, es difícil conseguir que los demócratas, incluido el presidente Obama, critiquen sin tapujos las prácticas que nos han metido en el lío en que estamos. Y en cuanto a los republicanos, ahora que sus políticas de bajadas de impuestos y liberalización nos han metido en un atolladero económico, su receta para la recuperación es: bajadas de impuestos y liberalización.
Así que brindémosle una despedida nada cordial al Gran Cero (la década en que no conseguimos nada ni aprendimos nada). ¿Será mejor la próxima década?
Permanezcan atentos. Ah, y feliz Año Nuevo.
Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía 2008.http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3000
sábado, 2 de enero de 2010
La lenta recuperación económica
02-01-2010
Vicenç Navarro
Público
Un comentario habitual en la prensa diaria y en la prensa económica es que la recuperación económica ocurrirá mucho antes que la disminución del desempleo. Se acentúa en tales medios que el crecimiento del PIB dejará de ser negativo y comenzará a crecer lentamente este año o el próximo, pero se matiza inmediatamente que tal crecimiento no se traducirá automáticamente en un descenso del desempleo. En realidad, en EEUU, la economía ha comenzado a crecer y en cambio el desempleo en lugar de disminuir ha ido aumentando. ¿Cómo es esto posible?
Para responder a esta pregunta tenemos que entender que esta situación (en la que la recuperación económica no va acompañada de un descenso del desempleo) no es nueva, sino que ha estado ocurriendo en cada ciclo económico existente en los últimos 30 años.
Durante este periodo ha habido tres ciclos económicos, es decir, situaciones en las que el crecimiento económico ha disminuido de una manera acentuada para luego recuperarse y crecer de nuevo.
Pero cada vez el crecimiento es menor.
Así, en EEUU, que ha sido uno de los mayores motores de la economía mundial, el crecimiento económico en cada periodo de recuperación económica ha sido menor que en el ciclo anterior. M
ientras que el crecimiento económico anual fue de un 5% del PIB (como promedio anual en las recuperaciones económicas) durante el periodo 1950-1975, este fue sólo de un 2,5% en la última recuperación durante el periodo 2001-2007.
Lo mismo ocurrió con la tasa de creación de empleo, que fue de un 2,5% por año durante la época 1950-1975 y sólo de un 0,9% en el periodo 2001-2007.
Lo que es también importante señalar es que mientras los salarios aumentaron un 3,8% cada año durante el periodo 1950-1975, aumentaron sólo un 1,8% durante el periodo 2001-2007.
Y, a la inversa, los beneficios empresariales, que habían subido un 7,4% al año durante el periodo 1950-1975, se incrementaron sustancialmente, alcanzando un 10,8% durante el periodo 2001-2007.
Es en estos últimos datos donde está el meollo de la cuestión. El crecimiento de la productividad, y de la riqueza que ello conlleva, no se ha estado distribuyendo equitativamente durante estos últimos 30 años, como consecuencia de la aplicación de las políticas liberales.
Esta riqueza se ha concentrado más y más en las esferas del capital (es decir, del mundo empresarial) a costa del mundo del trabajo (ver Las silenciadas causas de la crisis, en Público, 19/03/09).
Ello ha determinado, por un lado, un descenso muy marcado de las rentas del trabajo con el consiguiente descenso de la capacidad adquisitiva de la población y disminución de la demanda, lo cual explica la ralentización del crecimiento económico, que ha forzado en esta crisis un aumento provisional del gasto público para cubrir este déficit de demanda y así poder estimular el crecimiento económico.
Por otra parte, la ralentización de la demanda ha contribuido a la baja producción de empleo y al decrecimiento de la economía llamada productiva (es decir la economía donde se producen y distribuyen bienes de consumo), siendo esta sustituida por la economía especulativa basada en el capital financiero (es decir, en los bancos).
Es la crisis financiera, basada en la especulación, la que ha consumido mayor atención de los medios y de la vida política. De ahí que se hayan hecho propuestas para dificultar los comportamientos especulativos del capital financiero y para forzar a la banca para que ejerza su función proveedora de crédito.
Pero aún cuando se están tomando medidas en este sentido (y las aprobadas hasta ahora son muy moderadas e insuficientes), la crisis continuará, con una recuperación económica muy débil y con unas tasas de creación de empleo muy bajas, tal como confirma lo que está ocurriendo en EEUU y en la UE.
En realidad, la recuperación en la UE es incluso menor que en EEUU como consecuencia de que el estímulo económico público ha sido menor en la UE (2,5% del PIB como promedio) que en EEUU (5,6%).
Pero lo que no se está resolviendo es la enorme escasez de demanda y gran endeudamiento, consecuencia de la enorme polarización de las rentas (tanto en EEUU como en Europa) y causa de la pérdida adquisitiva de las clases populares.
En EEUU, la crisis actual dura ya 17 meses, siete más que el promedio de las recesiones anteriores desde la II Guerra Mundial, con una destrucción de empleo (-4,1%) mucho mayor que en las recesiones anteriores (-2,1%). De ahí la gran importancia, no sólo del estímulo económico público, sino también de la creación de la demanda a base de aumentar la capacidad adquisitiva de la población, a costa de reducir la exuberante concentración de las rentas y de la riqueza en las rentas superiores, a partir de políticas públicas redistributivas que no se están haciendo. Sin que ello ocurra, la recuperación continuará muy floja y limitada.
Estamos viendo una situación semejante en España, donde la masa salarial como porcentaje del PIB ha ido disminuyendo desde 1993.
El salario medio también ha ido descendiendo tal como confirma la Encuesta de Estructura Salarial (bajó de 19.802 euros en 2002 a 19.680 en 2006).
Mientras tanto, las rentas del capital aumentaron muy significativamente. La defensa de las políticas que favorecían las rentas del capital se basaba en el argumento de que facilitarían el crecimiento económico. El argumento que “antes que redistribuir hay que crecer” se convirtió en el eslogan liberal, ampliamente utilizado en las culturas mediáticas y políticas del país.
Pero tal tipo de crecimiento (basada en el favoritismo a las rentas del capital) creaba menos crecimiento económico y menos producción de empleo que el que se hubiera dado si tal crecimiento hubiera estado basado en una mayor redistribución de la riqueza. Lo que se necesita ahora es “redistribuir para poder crecer y crear empleo”.
Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra
Fuente: http://www.rebelion.org/%3Cem%3Ehttp://blogs.publico.es/dominiopublico/1748/la-lenta-recuperacion-economica/%3C/em%3E
jueves, 31 de diciembre de 2009
Las causas de la crisis mundial actual
31-12-2009
Vicenç Navarro
Sistema Digital
Gran parte de los análisis que se han realizado de las causas de la crisis se han centrado en la crisis financiera. Y de los miles de trabajos y artículos que han atribuido la crisis actual a la situación financiera, destacan los trabajos de Hyman Minsky, uno de los pocos economistas que predijo el colapso del sistema financiero. De ahí que se le considere como el analista que mejor ha definido la causa de la crisis, centrándola en el comportamiento del capital financiero.
Tal como escribió Martin Wolf en el Finantial Times de Septiembre de 2008, “La respuesta a la pregunta del por qué de la crisis, ya la tenemos. Minsky ya nos la dio. Y llevaba razón”.
Paul Krugman ha añadido su voz a este reconocimiento en otro artículo en el The New York Times (04.05.09), en el que subraya la necesidad de releer de nuevo el trabajo de Minsky.
Se ha desarrollado así una bibliografía larga y extensa sobre las causas de la crisis financiera y cómo ésta ha generado la crisis económica. De ahí la gran cantidad de artículos –tanto en la literatura científica, como en la prensa en general- sobre las consecuencias de la desregulación de los mercados financieros e introducción de nuevos productos de alto riesgo, que originaron la crisis financiera y, como resultado, la crisis económica.
La consecuencia de este enfoque ha sido que la mayoría de propuestas para resolver la crisis han tenido como objetivo salir de la crisis financiera mediante ayudas a la banca y medidas (muy moderadas) dirigidas a su regulación, junto con políticas encaminadas a desincentivar los comportamientos especulativos por parte de los gestores bancarios, además de acciones (también muy moderadas) sancionadoras de tales comportamientos, con el objetivo de paliar el enorme descontento general hacia la banca por parte de la población.
El problema de tales intervenciones es que, aunque necesarias muchas de ellas, son insuficientes, porque no es la crisis financiera la que determinó la crisis económica, sino al revés: fue la situación económica la que creó la crisis financiera. De ahí que, aunque se resolviera la crisis financiera, el problema económico de base permanecería.
Tom Palley, en su artículo “The limits of Minsky’s Finantial Inestability Hypothesis as an explanation of the crisis” (New American Foundation, Washington D.C. Nov.18, 2009) subraya lo que también otros autores (como Kotz, Foster and McChesney, y otros) han mencionado, y es que Minsky y sus seguidores ignoran la causa de que el capital financiero adquiriera una enorme importancia (tanto en su tamaño como en su poder) a partir de los años setenta y ochenta. En otras palabras, la crisis financiera es el síntoma de un problema mayor, que los trabajos de Minsky y sus seguidores parecen desconocer.
¿Qué pasó antes de que se iniciara la crisis financiera? La respuesta es que las relaciones de poder (y muy primordialmente, las relaciones de poder de clase) cambiaron en aquel periodo. El Pacto Social Capital-Trabajo que había existido después de la II Guerra Mundial se rompió, debido al poder del mundo empresarial de las grandes compañías que en EEUU se conoce como la Corporate Class (la clase empresarial de las grandes compañías).
El Pacto Social había posibilitado el elevado crecimiento económico desde 1945 hasta mediados de los años setenta. En el sector industrial, el Pacto daba lugar a convenios colectivos de cinco años, inicialmente firmados por el Sindicato del Automóvil (United Autoworkers Union, UAW) y las tres compañías de automóviles de EEUU, y que se convertían en el punto de referencia para el resto de convenios colectivos en tal sector. En ellos, los salarios estaban ligados a la productividad, de manera que el crecimiento de la última determinaba el crecimiento correspondiente de los salarios.
Durante aquel periodo, la riqueza creada por el aumento de la productividad se distribuyó a todos los sectores, beneficiándolos a todos ellos. Desde 1949 a 1979, el incremento de la renta de la decila inferior fue de un 116% y el de la decila superior fue de un 99%.
Esta situación cambió durante la Administración Carter, cuando el Gobernador del Banco Central Estadounidense, el Sr. Paul Wolcker, creó una recesión, aumentando los intereses bancarios, a fin de crear un elevado desempleo y reducir los salarios. El argumento utilizado es que había que reducirlos a fin de controlar la inflación. En realidad, significaba un cambio en las relaciones de poder de clase que dio origen a unas políticas fiscales y económicas que claramente beneficiaron a las rentas de capital y a las rentas superiores.
Fue el fin del Pacto Social, y ello determinó que a partir de entonces los crecimientos de la productividad no se tradujeran en un crecimiento paralelo de los salarios.
La riqueza creada por el aumento de la productividad pasó a beneficiar primordialmente a las rentas del capital y a las rentas superiores. Del periodo 1970 a 2005, el 5% de la población de renta superior incrementó su renta un 81%, el 20% de la población de renta superior un 53%, mientras que las rentas medias e inferiores vieron disminuir sus rentas (el 20% de la población con menor renta vio descender su renta un 1%) o la vieron crecer muy lentamente (el siguiente 20% por encima del anterior 20% vio crecer sus rentas un 9%).
Y ello fue consecuencia de que los salarios descendieran o se estancaran durante aquel periodo, tal como han documentado los informes The State of Working America del Economic Policy Institute.
Es este descenso el que determinó el gran endeudamiento de las familias, que originó el enorme crecimiento de la banca.
La financialización de la economía (es decir, la gran extensión del sector financiero en la economía) se explica precisamente por el gran endeudamiento de la población, endeudamiento que era posible por el elevado precio de la vivienda, el mayor aval de tal endeudamiento. La práctica agresiva de promoción del endeudamiento por parte de la Banca llegó también al fenómeno de las hipotecas basura que se supone que son el origen de la crisis financiera.
Por otra parte, la escasa demanda hizo disminuir el crecimiento económico, lo que forzó al Banco Central del gobierno federal a bajar los intereses, facilitando la aparición de las sucesivas burbujas, siendo la última la burbuja hipotecaria.
De nuevo, la crisis financiera se originaba por la escasa demanda, resultado del descenso de las rentas del trabajo. De ahí que, a no ser que se resuelva el enorme endeudamiento de las familias, recuperando las rentas del trabajo existentes antes de la rotura del Pacto Social, no se resolverá la crisis.
(Para una ampliación de este tema, leer mi artículo “Para entender la crisis. Así empezó todo en Estados Unidos”, en Le Monde Diplomatique, junio de 2004, en http://www.vnavarro.org/, sección EEUU.).
De ahí se deriva el hecho de que, aún cuando se hayan evitado los colapsos de la gran banca, la crisis no se está resolviendo, pues el problema de fondo no se está resolviendo.
La escasa capacidad de consumo por parte de la población se traduce en un problema de demanda de dimensiones enormes y que no se puede resolver sin solucionarse el enorme problema del endeudamiento privado.
La única manera inmediata de resolver esta situación es aumentando la demanda pública a costa, en parte, de un elevado endeudamiento público.
De ahí la necesidad de mantener un elevado déficit público. Reducirlo es retrasar todavía más la recuperación económica y la creación de empleo.
Tal como he indicado repetidamente, el estado debiera mantener un déficit elevado, a fin de permitir una inversión sobre todo en empleo público, que permita no sólo resolver el enorme problema de falta de creación de empleo sino también solucionar el retraso en la recuperación económica.
Vemos que, por desgracia, la Unión Europea está todavía estancada en el pensamiento liberal, que toma el Pacto de Estabilidad como su dogma, Pacto que ha sido responsable de que la Unión Europea haya crecido menos y haya creado menos empleo que EE.UU. donde tal Pacto ni existe ni se espera.
Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University (http://www.vnavarro.org/)
martes, 29 de diciembre de 2009
España: El déficit del Estado alcanzó los 71.524 millones de euros hasta noviembre

El año pasado a estas alturas había un déficit de 13.967.
Supone un incremento de más de cinco veces esa cifra en doce meses
EFE. 28.12.2009
El déficit del Estado hasta noviembre se elevó a 71.524 millones de euros, el 6,79 por ciento del PIB, y más de cinco veces más que los 13.967 millones registrado en el mismo periodo de 2008, según informó este lunes el secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña.
La mitad de este déficit es consecuencia de la crisis y la otra mitad de las medidas adoptadas por el Gobierno para combatirla.
Así, los gastos hasta noviembre ascendieron a 168.718 millones de euros (el 21,5% más que en el mismo periodo de 2008) y los ingresos fueron de 97.194 millones (el 22,2% menos).
En términos de caja -que computa los ingresos y pagos cuando se efectúan y no cuando se comprometen, como hace la contabilidad nacional-, el Estado registró hasta noviembre un déficit de 68.508 millones, frente al saldo negativo de 11.038 millones del mismo periodo del año anterior. Según Ocaña, la mitad de este déficit es consecuencia de la crisis y la otra mitad de las medidas adoptadas por el Gobierno para combatirla.
Esfuerzo a comunidades y entidades localesOcaña indicó que es imprescindible el proceso de consolidación fiscal para el próximo año, algo para lo que también pidió el esfuerzo de las comunidades autónomas y entidades locales, sobre las que dijo que el Gobierno será "absolutamente escrupuloso" para que cumplan con el objetivo de déficit. Para estas administraciones, Ocaña señaló que es muy importante que hagan un esfuerzo de contención del gasto en el capítulo de retribuciones.
Los ingresos: impuestosEn cuanto a los ingresos no financieros, que aportan datos del conjunto de las Administraciones Públicas, antes de descontar la participación de las administraciones territoriales, alcanzaron los 150.754 millones, el 13,9% menos que en 2008. Los impuestos directos se elevaron a 82.938 millones, el 13,7% menos, con una disminución del 10,9% en el IRPF y del 23,2% en el Impuesto sobre Sociedades. Los ingresos por impuestos indirectos alcanzaron los 52.579 millones, el 21,3% menos, con un descenso de recaudación del IVA del 29,7%, mientras que los ingresos por impuestos especiales se elevaron hasta los 17.758 millones, el 15% menos.
Asimismo, los pagos no financieros ascendieron a 163.600 millones, el 24,7% más y las transferencias corrientes aumentaron el 28,5%, con 95.657 millones de euros. Además, a finales de noviembre el Estado tuvo una necesidad de endeudamiento de 108.842 millones, frente a la necesidad de endeudamiento de 36.203 millones del mismo periodo del año anterior.
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lunes, 21 de diciembre de 2009
¿A qué juega el Banco de España?
Juan Torres López
Sistema Digital
Uno de los lugares comunes más generalizados respecto a la economía española reciente es el que afirma que el Banco de España ha desempeñado con brillantez y eficacia su labor de control y supervisión bancarios.
O incluso que la economía española y su sistema financiero han soportado en mejor medida los impactos de la crisis gracias al celo especial que ha tenido a la hora de vigilar a los bancos.
Se olvida que el mayor celo que ahora ha debido aplicar el Banco de España frente a la banca española es consecuencia de la falta de vigilancia y del desacierto con que se la supervisó en años anteriores, cuando en España se sufrió una crisis bancaria extraordinariamente costosa y en cuyos lodos quizá estemos moviéndonos todavía.
Una crisis en la que el BdE actuó más bien como cómplice de los intereses bancarios privados que como defensor de los públicos, como indica el elevadísimo coste que tuvimos que soportar los contribuyentes, la desigual generosidad con que se trató a los responsables de los desaguisados, y el inmenso provecho que de ella sacaron los bancos y los banqueros que ahora se encuentran a la cabeza del ranking bancario, además de tantos funcionarios y directivos que tan casualmente terminaron por incorporarse a sus nóminas.
Más adelante, el Banco de España ha ido manteniendo constantemente la doctrina, o mejor habría que decir la creencia, de la estabilidad presupuestaria y de la deflación salarial como estrategia competitiva. Un prejuicio ideológico que ha incrementado nuestro déficit social, que ha impedido que la economía española cuente con el capital colectivo imprescindible para impulsar la innovación y el cambio de modelo productivo y que, al hacer que aumenten las desigualdades, multiplica el endeudamiento y favorece la generación de fondos especulativos. En el ámbito de la economía real, y al igual que en otros países, el Banco de España ha sido un factor activo principal, si no determinante, en la creación de las condiciones estructurales que han provocado la crisis actual. ¿Cómo desvincular al Banco de España, cómo no hacerlo corresponsable, al aplicar estas políticas, de la multiplicación de la deuda privada en España, mucho más rentable para los bancos que la pública y mucho menos rentable para la sociedad que la privada?
Además, el Banco de España, como el europeo y tantos otros, ha fracasado estrepitosamente en el encargo de combatir la inflación. La política deflacionista mencionada ha limitado el crecimiento potencial de las economías pero no ha sido capaz de evitar la subida más peligrosa de los precios. ¿Cómo calificar su empeño en ahogar el crecimiento de la actividad dificultando así la creación de empleo y forzando la precarización del que se creaba con la excusa de la inflación, mientras dejaba subir a la estratosfera los precios de la vivienda?
¿Qué tipo de lucha contra la inflación es la que frena la actividad económica para que no suba el precio de las cebollas y, sin embargo, deja que se disparen los precios inmobiliarios que consumen la gran parte de las rentas, para enriquecer así a los grandes empresarios y, sobre todo, a la banca?
También se quiere hacer creer que la supervisión del Banco de España ha sido providencial para evitar la crisis en España. Pero tampoco creo que sea verdad. Las políticas deflacionistas son procíclicas por definición, frenan el crecimiento y anticipan el declive cuando se aplican en la expansión y dificultan la recuperación cuando se adoptan (como ya empiezan a demandar también desde el Banco de España) en la salida de las crisis.
Ni siquiera su supervisión financiera ni el control establecidos durante la crisis han sido los adecuados. Para haberlo sido deberían haberse efectuado de consuno con el resto de los bancos centrales europeos. Y, sobre todo, el Banco de España debiera haber sido capaz de evitar no solo la contaminación por las hipotecas subprime sino nuestra auténtica basura financiera: la que procede de la burbuja inmobiliaria que, sin embargo, permitió que se desarrollara. Hasta el propio presidente de la Confederación de la Cajas de Ahorros españolas, Alfonso Quintás, ha reconocido que se podría haber evitado si el Banco de España hubiera llevado a cabo otra política (EL PAÍS 06/12/2009).
Ya en plena crisis, la tan cacareada bondad del supervisor se está centrando realmente en aspectos muy indeseables y peligrosos a medio y largo plazo: dejar inalteradas las normas y pautas fundamentales de comportamiento bancario y, por el contrario, ocultar las pérdidas del sector mediante argucias contables que estarían prohibidas si no viviésemos en un mundo en el que a los banqueros se les conceden los privilegios que no tiene ningún otro ciudadano. Y lo que es peor, jugando con fuego y bajo cuerda (como el propio Quintás ha reconocido) para debilitar el espacio público de las cajas y así permitir que el capital privado se quede con el botín (me parece que nunca mejor dicha aquí esta palabra), a costa de desestabilizar el sector financiero en su conjunto e incluso haciendo un flaco favor a las entidades bancarias más consolidadas.
¿Cómo se puede considerar eficaz la actuación de un banco central que a pesar de que se están proporcionando cantidades gigantescas de recursos a la banca privada no consigue que ésta financie a la economía? ¿Qué otra función más importante que la de impedir esto podría tener cuando la economía se viene abajo por falta de financiación? ¿Y qué intereses se puede decir que defiende un banco central que, en esta situación, mira a otro lado, se hace el tonto sobre este asunto y simplemente se dedica a impartir doctrina liberal al gobierno, a los sindicatos y a la sociedad en general tratando solo de conseguir que los trabajadores acepten salarios más bajos y peores condiciones de empleo en beneficio del gran capital?
Para que se pudiera considerar que el Banco de España defiende los intereses públicos y no solo los de los más ricos y que hace frente con eficacia a la crisis tendría que hacer otras cosas muy distintas: acabar con la mentira que suponen las normas contables que autoriza, poner en claro la verdadera situación de la banca (y no solo la de las cajas a las que usa como chivos expiatorios para capitalizar a la banca privada) y establecer las condiciones precisas para que los responsables de su descapitalización carguen con sus responsabilidades. Y, por supuesto, tomar medidas ejecutivas para garantizar el flujo de financiación a la economía y evitar la aparición en el futuro de nuevas burbujas y la continua acumulación de riesgo (que posiblemente ni siquiera se ha detenido). En definitiva, no utilizar la crisis para que los bancos más grandes (con la excusa de que son los que comportan riesgo sistémico y que son tan grandes que no pueden caer) terminen por ser más grandes todavía y más privilegiados, pero también más peligrosos. Y, sobre todo, defender políticas que no empobrezcan a los más desfavorecidos y enriquezcan a los más ricos, creando al mismo tiempo cada vez más inestabilidad financiera. En cualquier caso, es imposible considerar que el Banco de España está defendiendo los intereses de todos los ciudadanos cuando sus directivos aparecen como simples conmilitones de la rama más radical de la patronal y de la derecha, con quienes comparte siempre la música y la letra de las propuestas económicas. El Banco de España se reputa independiente pero nunca se ha visto una coincidencia más expresa entre sus posiciones y los de la derecha económica y política. Tanto así, que ésta última incluso puede replegarse para dejar que sean sus “técnicos” y la patronal quienes actúen como mascarón de proa contra al gobierno. Estos lo debilitan y, mientras, el Partido Popular puede dedicarse tranquilamente a ganar posiciones desde la retaguardia.
No cabe esperar que cambie la posición corporativa del banco, una institución en la que la cooptación es la norma y en donde la pluralidad de pensamiento no se sabe ni lo que es. Pero cuando el banco central se convierte en un ariete contra el gobierno, al menos cabría pensar que su Gobernador tendría una mínima coherencia y que presentaría su dimisión al ejecutivo que lo propuso para el puesto.
Juan Torres López es catedrático de economía aplicada en la Universidad de Sevilla.
Fuente: http://www.fundacionsistema.com/News/ItemDetail.aspx?id=2045
domingo, 20 de diciembre de 2009
El refugio dorado y la lenta caída del dólar
CHINA, EL ALBA, LAS POTENCIAS EUROPEAS Y LAS EMERGENTES DISCUTEN LA HEGEMONÍA DE LA DIVISA ESTADOUNIDENSE
Los analistas consideran que varios países se posicionan para asaltar la hegemonía del dólar. El oro puede ser un puente si se produce la anunciada guerra de divisas en 2010.
Pablo Elorduy, RedacciónMartes 15 de diciembre de 2009.
Ilustración: Iván Solbes
El Black Friday en Estados Unidos es el día de las compras. Mientras el consumo daba un respiro a EE UU durante esas 24 horas, los más pudientes compraban oro. En 2002 la onza de este metal costaba 300 dólares; hoy supera los 1.217 dólares.
“Cualquier inversionista entiende que el oro es mucho mejor que comprar acciones de IBM”, exponía el experto Chris Pia en CNN. Y así lo han entendido China o India. En abril, el Banco Central de China anunció que había aumentado un 43% sus reservas de oro desde 2003. En noviembre fue India quien se hizo con 200 toneladas de un lote de 400 que el FMI vendió para ganar liquidez. El motivo, según el Banco Central Indio, es “el colapso de las economías de EE UU y la UE”. Sube como la espuma el precio del oro, pero la producción baja. En 2008 descendió un 3,6% en todo el mundo. Según el grupo Barrick Gold, primer productor global, “la producción minera de oro está en declive desde 2001, disminuye en cerca de un millón de onzas anuales y prevemos que continuará cayendo pese al alza de precios”.
Quizá por este motivo China ha expresado su miedo a que se esté creando otra burbuja en torno al metal. No obstante, este país podría jugar a dos bandas. El periodista de The Independent Robert Fisk ha planteado la tesis de que el aumento del oro obedece a una estrategia de algunos emiratos del golfo, junto con China, Rusia, Japón y Francia “para acabar con el dólar” en un plazo aproximado de nueve años. “El instrumento monetario de transición para sustituir al dólar, según fuentes bancarias chinas, podría ser muy bien el oro”, anuncia Fisk. De momento, China sigue siendo la primera acreedora de deuda pública estadounidense, por lo que parece poco probable que este país provoque a corto plazo una caída libre del dólar. Y más allá de la fuerza de China, la realidad es que, según el FMI y el Banco Mundial, más de un 70% de las reservas mundiales se conservan en esta moneda. Voces como la del investigador Manuel Freytas opinan que el derrumbe de la divisa estadounidense arrastraría a todo el sistema: “Si se cayeran EE UU y el dólar sería como si una bomba nuclear estallase en la economía capitalista, nadie podría escapar con vida de la radiación que se desataría por efecto encadenado”. Frente a un posible colapso, bancos como la Societé Générale han recomendado la compra de oro y de productos alimenticios por tratarse de los valores “más seguros”. Por su parte, Obama reza para que las ventas del Black Friday se repitan con la frecuencia que su economía precisa.
martes, 15 de diciembre de 2009
La moneda virtual de ALBA entrará en funciones en enero próximo
14 de diciembre de 2009
XINHUA
El Sistema Único de Compensación Regional de Pagos, la moneda virtual SUCRE, entrará en vigor en enero próximo para las transacciones comerciales de los países miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).
Nacida en noviembre de 2008, durante una Cumbre del ALBA realizada en Caracas, el proyecto de la nueva moneda virtual, propuesto por el presidente ecuatoriano Rafael Correa, es impulsado por Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba.
De acuerdo con lo anunciado, la primera operación mediante el uso del SUCRE se realizará en enero próximo, cuando una empresa mixta cubano-venezolana exporte a la isla de arroz por una cifra aún sin detallar.
El coordinador y representante del Banco Central de Cuba, Benigno Regueira, explicó que la nueva divisa, no tiene un diseño físico predeterminado, pero tiene una estructura "muy bien definida informática y técnicamente, para actuar como unidad de cuenta común".
Eso significa que en una primera etapa actuará sólo medio de pago entre los bancos centrales de los países miembros del llamado Sistema SUCRE, pues aún no puede ser reserva de valor o medio de pago.
"Esa moneda se valoriza a partir de una canasta de monedas locales de cada país miembros y también de una cesta de divisas", dijo Regueiro.
Según el experto, será empleada por la Cámara Central de Compensación, los Bancos Centrales y el Fondo de Reservas y Convergencia Comercial, tratando de que permanezca lo más estable posible "para generar el máximo nivel de confianza".
Señaló que en los inicios el SUCRE tendrá un valor similar al dólar, aunque la voluntad expresa de los países miembros es "el desacoplamiento progresivo de la moneda estadounidense, al lograr realizar las operaciones comerciales sin emplearlo".
Ahondó que durante un buen período de tiempo "nadie va a ver físicamente al SUCRE" que existirá sólo a efectos comerciales, como ocurrió con el ECU en la Unión Europea.
Detalló que no se sustituirá ninguna moneda nacional, pues "cada estado seguirá con su divisa local, cada una con un tipo de cambio frente al SUCRE y, a su vez, frente al dólar".
"Cualquier moneda de cuenta es algo que un grupo de países acuerdan para desarrollar el comercio con el fin de intercambiar bienes y servicios", apuntó el especialista quien aclaró que "se trata de una operación administrativa que parte de una selección de productos, según decidan las naciones entre si".
Regueira detalló que el Consejo Monetario Nacional es el máximo órgano del sistema, que cuenta con un directorio ejecutivo en el que están representados los países miembros, con solo un voto cada uno, y donde las decisiones se toman por mayoría o unanimidad.
"La igualdad de derechos se garantiza con la posibilidad de que cada miembro tenga un solo voto, con independencia del volumen comercial que pueda tener", subrayó.
El experto señaló que otro elemento es la Cámara Central de Compensaciones de Pagos, por la que pasarán todas las operaciones en SUCRES ordenadas por los Bancos Centrales.
"Es decir, por ella se realizarán todos los pagos a partir de que el Consejo Monetario, teniendo en cuenta el volumen mercantil de cada país, haga una distribución de la moneda y le asigna a cada uno un monto determinado", puntualizó el funcionario bancario cubano.
domingo, 13 de diciembre de 2009
España lidera la 'Champions' del riesgo
Tiene más peligro financiero que Egipto, Indonesia o Colombia.
@Eduardo Segovia -
11/12/2009
Zapatero tiene razón en que España lidera la Champions League, pero no la del crecimiento económico, sino la del riesgo financiero: según un análisis de Crédit Suisse, nuestro país es el sexto más peligroso del mundo, por delante de economías tan poco sólidas como Turquía, Ucrania, Bulgaria, Egipto, Indonesia, Colombia o Kazajistán. Además del banco suizo, Deutsche Bank y el propio BCE alertan de que el necesario desapalancamiento (reducción del endeudamiento) de nuestra economía supone un enorme obstáculo para la recuperación.
Este ranking se elabora mediante un indicador sintético que tiene en cuenta el déficit por cuenta corriente (5% en el caso español), el déficit público (11% del PIB estimado al cierre de 2009), la deuda pública (58%), la deuda del sector privado (177%), la deuda exterior (-76%), el crecimiento potencial de la economía (2,1%), el precio del CDS (que el miércoles llegó a 96 puntos básicos) y el rating de cada país. Con más riesgo que España sólo aparecen Islandia, Grecia, Hungría, Rumanía y Lituania.
El informe de Crédit Suisse se muestra durísimo con la economía española, a la que considera en peor situación que la griega en varios aspectos muy relevantes. Por ejemplo, considera que si medimos la paridad de poder de compra (PPP), es decir, lo que se puede comprar con los mismos euros en cada país de la Unión Monetaria, los precios en España están sobrevalorados en un 10% respecto a la media europea (en eso sólo nos gana Islandia).
"Por tanto, ¡la única opción es la deflación!", exclama esta entidad. Algo que choca con la doctrina oficial del Ejecutivo, que considera a la deflación el mayor de los males y está deseando el retorno de la inflación, justo lo contrario de lo que necesitamos según este informe. "Con un crecimiento salarial del 4%, no ha habido todavía ningún ajuste, por lo que es imprescindible una caída del 10% de los precios y los salarios en España". Y no hay que esperar que salgamos de la crisis con mejoras de productividad, después de un crecimiento cero de esta variable en los últimos 20 años.
Más llamativo todavía es su opinión sobre nuestros elevadísimos déficits gemelos (público y exterior) y el crecimiento de nuestra deuda pública. Así cRédit Suisse considera que el diferencial del bono español con el Bund alemán debería situarse en 1,20 puntos porcentuales en vez de en los 0,69 alcanzados tras la rebaja de la perspectiva de nuestro rating por Standard & Poor's; y si España no estuviera en el euro, se iría hasta 3,69. Este diferencial teórico sólo sería superior en Portugal (4,11 puntos), mientras que el de Grecia se situaría en 2,73 y el de Irlanda, en 2,13.
Respecto al mercado inmobiliario, el banco suizo afirma que la vivienda sigue sobrevalorada en toda la Europa periférica, pero especialmente en nuestro país: un 12% según el FMI, pero teniendo en cuenta que el ratio del precio de los pisos respecto a los salarios se mantiene en 6,2 veces, "está mucho más sobrevalorada".
Un endeudamiento insostenible
Este siniestro panorama se completa con el grado de apalancamiento (endeudamiento) de nuestra economía. El propio BCE aseguraba ayer en su informe mensual que el "ajuste de balances" es uno de los factores que pueden hacer descarrilar la recuperación. Deutsche Bank opina que este riesgo se va a materializar: "Creemos que un ritmo rápido de desapalancamiento empresarial tras los excesos del pasado, en un contexto que anticipa un drástico ajuste fiscal, está frenando de forma significativa el rebote en España, Irlanda y Grecia".
Deutsche estima que el crédito al sector privado en España supone el 89% del PIB y Crédit Suisse cifra el exceso de apalancamiento en el 20% del PIB respecto al PIB per capita; pero si además sumamos el endeudamiento público, tanto España como Irlanda están peor que Grecia, al que todo el mundo considera el peor país de la UE tras la rebaja de su rating del lunes y la grave crisis financiera que atraviesa.
Círculo vicioso
Todo esto provoca un círculo vicioso, según el banco alemán: el desequilibrio financiero de partida restó capacidad a nuestro país para resistir la crisis, lo que ha provocado un mayor deterioro del déficit público que ha hecho saltar las alarmas de los inversores internacionales; eso obligará al Gobierno a adoptar una política fiscal extremadamente restrictiva, lo que reducirá aún más la demanda interna en 2010 y 2011. Y eso, a su vez, llevará a las empresas a reducir aún más su apalancamiento, lo que contraerá la demanda de crédito, inversión e inventarios. Obviamente, no contratarán a más trabajadores, con lo que tampoco mejorará el consumo.
Esta situación de los países periféricos en general y de España en particular sólo tiene dos posibles soluciones, a juicio de Crédit Suisse: o el BCE rescata a estos países con más dinero barato (algo que se está acabando), o los países centrales de Europa aceptan que mantengan unos enormes déficits públicos para contrarrestar la deflación causada por la pérdida de competitividad (también improbable).
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viernes, 13 de noviembre de 2009
Nos roban las Cajas de Ahorros con nuestro dinero
13-11-2009
Fernando Moreno Bernal
Rebelión
Hay dos intereses contrapuestos los del capital y los de las personas. No existe “profesionalidad neutra” ni “modernización” al margen de estos intereses. Francisco Largo Caballero, Ministro de Trabajo de la República en 1933, del PSOE y de la UGT, lo tenía muy claro cuando dotó de los vigentes Estatutos Jurídicos a las Cajas de Ahorros españolas, lo que las hace únicas entre el resto de Cajas de Ahorros del mundo.
Estatuto que ni siquiera la Dictadura de Franco se atrevió a desnaturalizar, buscando en ellas una tercera vía entre capitalismo y comunismo. Aprovechando la actual crisis financiera, provocada por un sistema capitalista agotado y financiarizado aberrantemente, la banca quiere quedarse con el negocio de nuestras Cajas de Ahorros utilizando para ello los 99.000 millones de euros del FROB. Con nuestro dinero público. Francisco Largo Caballero lo habría denunciado, exigiendo la ampliación y fortalecimiento de un sistema financiero al servicio de la ciudadanía y de las pequeñas y medianas empresas (pymes) localizadas en los territorios al margen de la usura y avaricia de los banqueros privados.
El sistema financiero es esencial para el funcionamiento de la economía. Funciona como el sistema sanguíneo de los organismos vivos llevando oxígeno y nutrientes al resto de los órganos del cuerpo. Por eso la prioridad ante la crisis es salvarlo. Pero los países desarrollados no han salvado al sistema financiero, ya que el crédito sigue sin llegar con la cuantía necesaria y el coste adecuado ni a las pymes ni a las familias, sino a los banqueros privados que acumulan riqueza manejando y vendiéndonos nuestros propios depósitos. En aquellos países donde la banca es pública o existe banca pública no hay ni ha habido problemas de financiación de la economía real, de ahí el crecimiento de China, Brasil, India, Venezuela, Ecuador, etc. Incluso países más atrasados como Marruecos no han tenido este problema. Solucionar el problema a los banqueros privados es a la vez destruir y hacer desaparecer el tejido de las pymes y el empleo. O se salva a los banqueros privados o se salva el empleo y el tejido empresarial de la economía real con un sistema financiero público o por lo menos con enfoque social, de banca ética, que muy bien podría sustentarse sobre las actuales Cajas de Ahorros.
La realidad actual de las Cajas de Ahorros españolas
Las Cajas de Ahorros españolas están constituidas con la forma jurídica de fundación de naturaleza privada sin ánimo de lucro y su Estatuto jurídico moderno data de 1933, el Estatuto para las Cajas Generales de Ahorro Popular, que fue defendido en las Cortes de la Segunda República por el entonces ministro de Trabajo del PSOE, Francisco Largo Caballero [1]. No pueden repartir dividendos entre accionistas, que tampoco poseen. Sus principales características son que compiten en el mercado sin abandonar su finalidad social. Desde 2007, con la crisis financiera y la desconfianza hacia la banca privada, han incrementado su importancia en el mercado financiero español pasando a representar del 39% [2] del total a más del 50%, lo que cuestiona la validez de los dogmas neoliberales sobre la competitividad, productividad, eficacia y eficiencia de los agentes económicos basados en el enriquecimiento como motivación fundamental. Un sector social basado en la solidaridad y cooperación es más productivo, eficaz y eficiente que cualquier otro basado en la competitividad y el egoísmo individualista e insolidario.
El verdadero Poder dentro de las Cajas de Ahorros es ejercido por la Presidencia y Gerencia que ostentan un gran nivel de autonomía y discrecionalidad, que unida a la falta de transparencia, la han convertido en un caldo de cultivo ideal para financiación de grandes proyectos faraónicos sin futuro ni rentabilidad social, como es el aeropuerto de Castilla la Mancha con la CCM, pero que satisfacen la vanidad política de sus Presidentes y conllevan grandes contratos a empresas de construcción. Así como para crear redes empresariales locales a su alrededor, llegando a constituirse como el epicentro de un nuevo caciquismo provinciano, de ahí la importancia política que tiene el controlarlas. Las Cajas dieron el 43% del total de préstamo en España en 2008. El préstamo al sector inmobiliario del conjunto de las Cajas se encuentra en torno del 70% de su total, superando en algunas el 80%.
Su máximo órgano social de Gobierno se compone de cuatro bloques: Dos mayoritarios (Municipios e impositores) y dos minoritarios (Patronos fundadores y sindicatos que representan al personal) [3]. Las Leyes de Cajas de Ahorros promulgadas por cada Comunidad Autónoma ha traspasado parte de la representatividad de los municipios y Diputaciones a ellas mismas, con diferencias entre Comunidades [4]. La última la de Madrid por la clara pugna entre Aguirre y Gallardón. Pugna que sido aprovechada por la banca a través de sus medios de comunicación de masas para desacreditar el papel representativo de los políticos en su administración. Algunos del PSOE e IU pensando que los contendientes son del PP no se han enterado que las piedras van sobretodo contra ellos en el conjunto de las Cajas de Ahorros. La dispersión y heterogeneidad de sus componentes (los representantes de los impositores se eligen por sorteo con unos niveles de saldos mínimos establecidos por cada Caja lo que garantiza el extracto social del que proceden) unido a que las competencias de estos órganos de Gobierno son prácticamente simbólicas otorga un nivel de autonomía a los ejecutivos excesiva.
Una parte importante de los beneficios obtenidos que oscila entre el 18% y el 22% revierten a la sociedad a través de su obra social, que pretende atender las demandas sociales de la población realizando principalmente labores de integración de los colectivos más desfavorecidos, actividades culturales, restauración y conservación del patrimonio histórico artístico nacional, conservación del medio ambiente, etc. No hay reparto de dividendos entre los patrones de la Fundación. La banca privada reparte dividendos entre sus accionistas oscilando entre el 46% y el 54% de los beneficios, a pesar de las crisis y de las ayudas con fondos públicos y prestamos a más bajo interés (1% del BCE) con los que ellos después prestan esos mismos fondos a los propios Gobiernos (3,25%) para que financien los programas para salvar, entre otras, a estas mismas entidades financieras privadas mediante fondos como el FROB. Ni quieren ni necesitan prestar a pymes y familias que puede incrementar su tasa de morosidad.
En general, y a pesar de la libertad operatoria, están especializadas en la canalización del ahorro popular y en la financiación de las familias y de las pymes. Sin embargo, desde mediados de la década de los noventa del S XX y dirigidas por esos “buenos profesionales financieros” que tanto alaban los neoliberales se han dejado arrastrar por el torbellino de los beneficios de más del 20% en los mercados especulativos, sean estos de derivados financieros o de especulación inmobiliaria, lo que ahora las han puesto en riesgo amenazadas fundamentalmente por la morosidad del sector inmobiliario. Tienen una fuerte raíz local, con una densa red de oficinas de implantación fundamentalmente regional, aunque algunas de las cajas más importantes ya tienen presencia nacional e internacional relevante, incluyendo desde hace una década la constitución de bancos con sede en Paraísos Fiscales desde donde manejan parte de la economía sumergida del sector inmobiliario y pagan sobresueldos a sus directivos políticos y gerenciales al margen de la Agencia Tributaria. ¿Cómo puede justificarse en base a sus Estatutos que posean filiales domiciliadas en Paraísos Fiscales?
Las cajas españolas atienden al 96,3% de la población, con sucursales en su propia localidad. A principios de 2009 existían 45 cajas de ahorro, inmersas en procesos de fusión promovidos por casi todas las Comunidades Autónomas. Desde el Banco de España, que apuesta por unificar el sistema financiero español con el modelo de la banca, se presiona a las Cajas para que reduzcan esta implantación y el empleo que conlleva.
Cajas para el “mal vivir” (capital) o Cajas para el “vivir bien” (personas)
Las cajas de ahorro españolas se encuentran ante una encrucijada: o se mantienen siendo coherentes con su naturaleza jurídica o desnaturalizan esta y se transforman paulatinamente en sociedades mercantiles privadas´, traspasando su negocio a la banca que terminaría, antes o después, engulléndolas. Dos caminos diferentes con claros beneficiados y perjudicados desde una óptica de clase social.
El 18 de enero de 2007 se presentó en Madrid el Informe “Las Cajas de Ahorros. Modelo de negocio, Estructura de propiedad y Gobierno Corporativo.” de la Fundación de Estudios Financieros en el que se recomiendan determinadas modificaciones y acciones a realizar por el Banco de España con respecto a las Cajas de Ahorros, meses antes de que comenzara oficialmente la crisis financiera de las subprime. Estas recomendaciones en gran parte se han plasmado en el Real Decreto-ley 9/2009, de 26 de junio, sobre Reestructuración bancaria y reforzamiento de los recursos propios de las entidades de crédito (FROB) para no dejar de aprovechar las grandes oportunidades que ofrece una buena crisis.
La creación del Fondo de Adquisición de Activos Financieros, el programa de avales a la financiación de las entidades de crédito y el aumento del importe máximo garantizado por los Fondos de Garantía de Depósitos fueron medidas coyunturales para socializar las pérdidas o, como dicen, “contener los costes del agravamiento de la crisis sobre el sistema financiero privado.”. El Real Decreto-ley 9/2009 se enfoca al medio y largo plazo con la reestructuración del sistema bancario, con una clara apuesta por los intereses de la banca privada y contra el vigente aún modelo de Cajas de Ahorros españolas.
La nueva regulación refuerza el poder del Banco de España como supervisor. Miguel Ángel Fernández Ordóñez pilotará las crisis bancarias que vayan surgiendo y decidirá a quién se salva y a quién no, qué entidades deben fusionarse y cuáles tienen salud suficiente para absorber competidores con problemas. No admite el poder de veto de las comunidades en las cajas intervenidas, otorgándose a las decisiones del Banco de España la naturaleza jurídica de normativa básica del Estado, por encima de los Estatutos de Autonomía de las Comunidades Autónomas, avanzando en la marginación de los representantes políticos. El Gobierno pone sobre la mesa 9.000 millones de euros, y la capacidad de endeudamiento. El proceso durará años, por lo que el fondo podrá acudir a los mercados de deuda con el permiso del Gobierno hasta un límite de 99.000 millones. Entre las posibles salidas a una situación de crisis se prioriza la privatización. La compra de CCM por Cajastur se hace mediante el traspaso de sus bienes a un banco de su propiedad privatizándola. Las entidades más o menos sanas que acudan al rescate pueden pedir recursos al FROB, a cambio de participaciones preferentes, a devolver en un plazo de cinco años, prorrogables dos años más.
Fortalecer las Cajas de Ahorros para las personas (vivir bien)
Con motivo de la reunión del G20 en Londres, la CSI (Confederación Sindical Internacional, a la que pertenecen CCOO y UGT) emitió una declaración [5] que, entre otras muchas propuestas, plantea que, en relación a los bancos insolventes, “la nacionalización es la única manera de restaurar la confianza, compartir los riesgos de manera justa y garantizar que los contribuyentes salgan también beneficiados una vez se restaure la solvencia”. Ignacio F. Toxo y Cándido Méndez, secretarios generales de CCOO y UGT, hicieron llegar el 23 de marzo una carta al presidente Zapatero, adjuntándole la citada declaración y exhortándole a defender su contenido en la reunión del G20.
De esta declaración son los puntos del 18 al 22 los referidos a un nuevo modelo de sistema financiero. Estos puntos no son trasladados ni exigidos en España ni por CC OO ni por la UGT en sus Congresos de Federación, que eluden hablar de nacionalización de entidades de crédito con problemas.
Aumentar la satisfacción de las necesidades sociales, la seguridad y tranquilidad en el medio y largo plazo, y sentirse cada persona participe en la construcción de su futuro y el de la comunidad en la que vive, que conlleva la plena realización individual en libertad y la tranquilidad interior de las personas, que es a lo que venimos llamando “vivir bien”, requiere de un sistema financiero con otros valores y con otros indicadores. El PIB es una brújula que no nos sirve y que nos desvía del camino que nos conviene socialmente. Altas tasas de crecimiento de los beneficios en las Cajas de Ahorros tampoco.
Desde una clara opción de defensa de los intereses de las personas se debería defender dentro de las Cajas de Ahorros lo siguiente, sin ánimo de ser exhaustivo y pendiente de un necesario y amplio debate:
Defensa de la actual naturaleza jurídica de las Cajas como prioridad, recuperando su vinculación con las necesidades sociales y los territorios de sus Comunidades Autónomas.
Consolidación del control político y social democrático de las mismas, incluyendo la determinación de los porcentajes y fines de su Obra Social.
Modificar la forma de elección de los impositores para garantizar su representatividad al margen de su poder adquisitivo (el 98% del total de impositores no está representado) primando la constitución de asociaciones representativas y aumentando el poder real de sus competencias.
Fortalecer la representación de Sociedades de Economía Social para anclar su actividad a la economía real productiva del territorio.
Prohibir sus actividades en Paraísos Fiscales e inversiones especulativas en los mercados financieros de valores variables, dentro de un Plan de Inversiones Socialmente Responsables.
Mayor trasparencia y control de la Gerencia y equipo directivo por parte de sus Órganos Sociales.
Notas:
[1] Decreto de 14 de Marzo de 1933. Aprueba el Estatuto de las Cajas e introduce una dimensión social y redistribuidora nueva, sustituyendo la dimensión moral y filantrópico-religiosa anterior.
[2] "El sistema Financiero Español ante el nuevo entorno financiero". Fundación de Estudios Financieros. Papeles de la Fundación nº 28. 2009
[3] LORCA, Ley 317 de 1985, de 2 de agosto, de órganos Rectores de Cajas de Ahorros.
[4] Tribunal Constitucional. Sentencia 48/88 de 22 de marzo de 1988 que afecta al nº de representantes por grupos.
[5] Texto completo en http://www.ituc-csi.org/IMG/pdf/20090319121200-Microsoft_Word_-_G20_London_Declaration_FINAL-ES.pdf
Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
viernes, 6 de noviembre de 2009
El Estado del Bienestar no es un problema: es la solución
Vicenç Navarro
Ecodiario digital EL PLURAL
2 de noviembre de 2009
Este artículo critica el énfasis que se está dando en España a la reducción del déficit público cuando debiera darse prioridad al aumento del gasto público con el objetivo de crear empleo, y muy en particular en aquellas áreas (como en los servicios del estado del bienestar) donde existe un déficit de empleo público. Para ello es necesario que se cambie la percepción errónea (ampliamente extendida en los círculos económicos y financieros del país) de que el estado del bienestar es más consumo que inversión. La evidencia existente muestra que la cohesión social es clave para alcanzar una elevada productividad y eficiencia económica.
Existe un consenso casi generalizado por parte de las instituciones internacionales, desde el Fondo Monetario Internacional a la Comisión Europea, de que es necesario continuar el estímulo económico, pues la economía mundial está todavía en baja forma. El punto de discusión no es, entonces, estímulo o no, sino el tipo de estímulo.
Las dos alternativas que se han propuesto son bajar los impuestos o aumentar el gasto público, aún cuando ambas alternativas signifiquen mantener o aumentar el déficit del estado. Durante este periodo de gran recesión, ha habido también consenso (con excepciones, como es el caso del Partido Popular en España) en que deben flexibilizarse las reglas del Pacto de Estabilidad, para poder aumentar el déficit público, el cual ha crecido en todos los países de la OCDE (el club de países ricos). La razón de que haya consenso en que la recuperación económica requiera un incremento del déficit público se debe al entendimiento de que, en un momento de debilidad del consumo privado, es necesario aumentar el consumo público, incluso a costa de aumentar el déficit público.
Menos consenso hay en cuanto al porcentaje del déficit público sobre el PIB que debiera permitirse y la rapidez de reducción del mismo una vez aparezcan los síntomas de recuperación. Y la otra área donde tampoco hay consenso es en si el efecto estimulante de la economía es mayor cuando se bajan los impuestos (como creen los conservadores y liberales) o cuando se aumenta la inversión pública. En la UE se ha hecho mayor hincapié en la reducción de impuestos; y en EEUU se ha dado prioridad al aumento del gasto público.
La evidencia muestra que mientras las dos alternativas activan la economía, la reducción de impuestos tiene, por lo general, menor impacto estimulante, y ello como consecuencia de que las familias están tan endeudadas que utilizan los fondos obtenidos a base de la reducción fiscal para pagar sus deudas, más que para consumir y estimular la demanda. En realidad, la subida del ahorro, que se ha considerado erróneamente como un signo de recuperación, no es más que el deseo de acumular fondos para poder pagar sus deudas en un momento de grave crisis y endeudamiento. En EEUU se sabe que dos terceras partes de los fondos originados por los recortes fiscales del Presidente Bush fueron a pagar las deudas. La evidencia existente apunta, pues, hacia el incremento del gasto público como la mejor manera de estimular la economía.
Ahora bien, dentro del gasto público, la pregunta que debiéramos hacernos es: ¿qué tipo de gasto público es el más estimulante? Y la respuesta a esta pregunta la conocemos ya, pues la evidencia acumulada en EEUU y también en España es que, en un momento de gran recesión y elevado desempleo, la mejor manera de estimular la economía es creando empleo. ¿Pero dónde crear empleo? La respuesta en EEUU, que da el equipo económico encargado del estímulo económico de la Administración Obama, dirigido por el Vicepresidente Biden, es crearlo donde se necesita más y donde pueda crearse empleo más rápidamente. Y ahí el estado del bienestar juega un papel clave, pues es la dimensión del estado donde debiera crearse más empleo. Esta observación es particularmente relevante para España, donde el porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios públicos del estado del bienestar (sanidad, educación, escuelas de infancias, servicios domiciliarios, servicios sociales, vivienda social y otros), es el más bajo de la UE-15 (ver sección Estado del Bienestar, en mi blog www.vnavarro.org). Pero esta inversión en los servicios del estado del bienestar es tan importante, no sólo para crear empleo, sino también para aumentar la productividad del país.
En España, cuando se habla del estado del bienestar como inversión (y no sólo como consumo), se piensa inmediatamente en educación e investigación y desarrollo. Este entendimiento ha alcanzado un nivel de dogma. Pero es enormemente reduccionista. Hay otras dimensiones del estado del bienestar, además de educación, que son inversiones, incluyendo la protección social. De ahí que, en EEUU, la administración Obama, (que ha enfatizado la vía de gasto público -con un crecimiento de tal gasto equivalente al 5% del PIB-, como manera de estimular la economía) se ha centrado en la creación de empleo en las áreas sociales (y también en las nuevas energías verdes). Esta estrategia traduce también una visión de los servicios del estado del bienestar como inversión y no sólo como consumo.
En España, el estímulo económico ha sido menor, alcanzando un 2% del PIB, un porcentaje bajo (aunque en el resto de la UE ha sido incluso menor). Pero más preocupante que el bajo porcentaje del estímulo es que sólo una parte pequeña de este estímulo se ha dedicado directamente a crear empleo. Los 8.000 millones de euros destinados a las administraciones locales han sido una inversión en la creación de empleo (se han creado directa e indirectamente 421.000 puestos de trabajo), lo cual es positivo, pero insuficiente. Se deberían gastar unos porcentajes mucho mayores del PIB en este tipo de inversiones, incluso a costa de incrementar el déficit. Se está dando excesiva importancia al objetivo de reducir el déficit. Tal reducción retrasará enormemente la recuperación económica. Intentar que los déficits se reduzcan al 3% del PIB en tres o cuatro años es una receta de suicidio económico. En este momento de enorme crisis hay que aumentar el gasto público en crear empleo y corregir el enorme déficit social de España, invirtiendo en su protección social, incluyendo servicios públicos al estado del bienestar.
La famosa flexiguridad de los países nórdicos (de clara tradición socialdemócrata) se basa precisamente en una extensa protección social –transferencias y servicios públicos- que da seguridad al trabajador. El promedio de gasto en protección social en aquellos países es un 32% del PIB. En España es sólo un 20% del PIB. La flexibilidad laboral necesaria para la eficiencia económica no se conseguirá, como la patronal y la banca (incluyendo el gobernador del Banco de España) están reclamando mediante la desregulación de los mercados de trabajo que se caracterizan por su escasa protección social. Inseguridad no crea flexibilidad. Crea miedo y resistencia. De ahí que, para conseguir flexibilidad, se requiera una mayor inversión en protección social, alternativa no considerada por aquellos agentes e instituciones. Se está ignorando, en los círculos económicos del país, que la productividad en un país y su eficiencia económica dependen en gran manera de su cohesión social. Incluso el informe Davos (el Vaticano del pensamiento liberal) sobre la competitividad señala a los países nórdicos como unos de los países más eficientes y competitivos en Europa, pero sus seguidores en España parecen todavía no entenderlo. Considero sorprendente que en la reciente reunión de los ex Ministros de Economía y Hacienda, para discutir como salir de la crisis, ninguno de ellos acentuó este aspecto clave, viendo el gasto social más como un consumo que como lo que es, una inversión.