“Señora ministra, puede estar segura de mi intención de resistir mientras esta palabra tenga sentido"
Rosita Rucki-Bernard
Rebelión
01-03-2010
Traducido por Susana Merino
Señora ministra de Justicia
Ministerio de Justicia
13 place Vendôme
75042 Paris
Señora ministra,
En respuesta a su discurso del 19 de febrero de 2010, con oportunidad de la última comida del CRIF1 en Burdeos, es evidente su incondicional adhesión a esa organización. Es usted Señora ministra, quien establece una amalgama tan escandalosa como peligrosa entre antisemitismo y antisionismo. ¡Si el antisemitismo se opone efectivamente a mis valores morales sepa usted que no espero que una ley me lo recuerde!
Y dado que usted señala, con razón, que el antisemitismo es indigno de la herencia humanista de la Patria de los Derechos Humanos, permítame recordarle que las campañas y los debates islamófobos emprendidos con brío desde hace siete meses por los políticos de toda laya, no lo son menos.
¿Qué hay del trabajo de memoria que la televisión, el cine y la escuela me imponen cotidianamente, mientras que con sus múltiples tentativas de intimidación usted espera hacerme cómplice de los crímenes de guerra reconocidos y cometidos por el Estado que usted apoya abiertamente? Porque, tenga la seguridad, de que ese trabajo de memoria ha estado tan bien protegido durante tantos años que me permite el coraje de decirle ¡Basta! ¡Con qué derecho habla usted en mi nombre de política general en una comida mundana organizada por una organización abiertamente sionista!
No solamente boicoteo a Israel y todos sus productos, desde los abogados hasta el último miembro del Betar2, porque me niego a que un sólo euro mío contribuya al genocidio de un pueblo. Pero sepa también que también boicoteo la cadena de restaurantes Quick, convertida en propiedad del Estado desde que la compró una filial de la caja de depósitos y consignaciones, en condiciones tales que Bélgica, en este mismo moemento en que le escribo, está iniciando una investigación. ¡Este mismo Estado francés que fomenta día tras día la incitación al odio racial, a la división sin razón de ser entre comunidades, a hacer del Islam una religión a reformar mientras espera el momento de darle un golpe de gracia!
Resistir a lo intolerable no es un crimen Señora ministra, es un deber y esté segura de que las palabras de Lucie Aubrac, quien dijo que el verbo resistir debería conjugarse en todos los tiempos, despiertan conciencias largo tiempo anestesiadas por las campañas de desinformación y censura.
¿Qué hay, Señora ministra, del proyecto de ley de creación de un departamento para el genocidio en el Tribunal Supremo de París y que luego de un artículo publicado en el sitio del CRIF el 8 de enero de 2010, su oficina se apresuró a asegurar a dicha organización, que comenzaba a preocuparse, que sólo se ocuparía de los crímenes cometidos en Ruanda? Los crímenes contra la humanidad, ¿no atañen a toda la humanidad? A menos que el Estado francés y la organización “crifera” consideren que los palestinos no forman parte de dicha humanidad.
Para volver a sus reflexiones, que forman parte del trabajo colectivo de la memoria, permítame que, por el mismo motivo, le refresque la suya:
“Francia sabe lo que debe a la comunidad judía”, ¿hasta ese punto es selectiva su memoria? 38.000 soldados musulmanes dieron sus vidas entre 1914 y 1918; en agosto de 1944, 173.000 soldados árabes y africanos de confesión musulmana lucharon por liberar a nuestro país, 55.000 murieron por Francia y por los judíos de Francia. ¡Qué decir de los sobrevivientes que todavía luchan para que sus derechos más elementales a la pensión de ex combatientes sean respetados!
“Se hará todo lo necesario para que la comunidad judía pueda agruparse alrededor de sus tradiciones y sus ritos dentro de la comunidad nacional”. Le creo, ya que desde 2009 las fiestas religiosas de Hanuka pueden celebrarse en la avenida de la Ópera en París y hasta en el Campo de Marte y en tantas otras ciudades francesas sin que nadie lo objete. ¿Qué más desea? Otro bello ejemplo de laicidad de doble vía…
Sí, compruebo en efecto “que se hará todo lo necesario para que los judíos de Francia estén orgullosos de pertenecer a una nación generosa, abierta, respetuosa de las diferencias”
“Orgullosos de contribuir a la identidad de Francia para que ésta mantenga su mensaje universal”. Compruebo al mismo tiempo que también se ha puesto todo en marcha para estigmatizar a una comunidad que no ha pedido nada, estigmatizada hasta el punto de que el programa de historia/geografía de la enseñanza secundaria se remodelará favoreciendo al Occidente cristiano en detrimento del estudio de la civilización musulmana.
¿No envidia usted, Señora ministra, el coraje y la libertad de Zineb, ese joven alumno que lució como un estandarte una camiseta con la inscripción Palestina Libre (Free Palestine) luego de que su profesor de historia y geografía había hecho ante toda la clase la apología de Israel, un Estado reconocido como Estado asesino?
¿No siente usted la misma vergüenza que yo al saber que su coraje y su civismo le costaron tres días de expulsión de su colegio?
En lo que me atañe, Señora ministra, el tiempo de la intimidación se ha terminado e invito a mis conciudadanos de todas las confesiones y que piensan que la justicia francesa todavía tiene un papel honorable que cumplir en esta sociedad, a exigir la aplicación del artículo 223-6 del código penal con el objeto de impedir un inminente nuevo genocidio.
Artículo 223-6 del Código penal: “Cualquiera que pudiendo impedir con su acción inmediata, sin riesgo para sí o para terceros, ya sea un crimen o un delito contra la integridad física de una persona, se abstenga voluntariamente de hacerlo será castigado con cinco años de cárcel y 75.000 euros de multa. Será castigado con las mismas sanciones cualquiera que se abstenga voluntariamente de ayudar a una persona en peligro, sin riesgos para él o para terceros, a la que podría prestarle su ayuda personal o solicitando auxilio”
Señora ministra, puede estar segura de mi intención de resistir mientras esta palabra tenga sentido.
Rosita Rucki-Bernard
N. de T.
1.- CRIF: Consejo Representativo de las Instituciones Judias de Francia
2.- Betar: Organización Juvenil Judía de Revisionismo Sionista
Fuente: http://www.legrandsoir.info/Lettre-ouverte-a-Madame-Alliot-Marie-Ministere-de-la-Justice.html
lunes, 1 de marzo de 2010
Carta abierta a la ministra francesa de justicia Marie Alliot (IV)
jueves, 25 de febrero de 2010
Carta abierta a la ministra francesa de Justicia
"El antisemitismo se da sobre todo entre los defensores ciegos de Israel y del sionismo"
26-02-2010
Joëlle Marelli
Rebelión
Traducida por S. Seguí
Señora ,ministra Michèle Alliot-Marie
Ministerio de Justicia
13 Place Vendôme
75042 París
Estimada señora ministra:
Al igual que Serge Grossvak, Liliane Cordova-Kaczerginski o Jean-Guy Greilsamer, estoy a favor del boicot a los productos israelíes. Como ellos, y como numerosas personas en todo el mundo, judías y no judías, como numerosos israelíes mismos, estoy de acuerdo con la campaña BDS (boicot, desinversión, sanciones), una campaña de protesta no violenta lanzada por palestinos. Como algunos israelíes ilustrados de los que me enorgullece ser amiga, defiendo también el boicot universitario, porque creo que la sociedad israelí en su conjunto debe ser despertada de su torpor y de la intoxicación a que está sometida por parte de su gobierno.
Mis cuatro abuelos son judíos. Esto no basta sin duda para probar que no sea antisemita, pero hubiera bastado, hace algunos decenios, para que mi vida hubiera estado en peligro en Francia, donde vivo. Mi madre tenía también cuatro abuelos judíos, y pasó su primera infancia escondida por personas valerosas en el sur de Francia. Personas valerosas que con seguridad no eran antisemitas y para las que la cuestión ni siquiera se planteaba, simplemente le salvaron la vida, a ella y a sus padres.
Mi padre también tenía cuatro abuelos judíos. Mi padre tuvo la buena fortuna de nacer en Marruecos y de estar, como todos los judíos marroquíes, bajo la protección del rey. A pesar de todo, mis abuelos conocieron el expolio de Vichy y mi abuelo murió de amargura por ello.
El antisemitismo tiene pues en mi historia familiar una realidad muy concreta. Pero hoy, la acusación de antisemitismo se lanza a izquierda y derecha, y se ha convertido en una noción vaga, manipulada por el Estado de Israel y por sus defensores para exonerar a dicho Estado de todos sus crímenes.
Pues se trata de crímenes reales, impunes, que continúan en todo momento bajo la cobertura de este escudo: el antisemitismo. No se trata de que el antisemitismo haya desaparecido. Existe, pero no está allí donde ustedes pretenden que se halla. Está, a menudo, en los y las que creen que defender Israel a toda costa es defender a “los judíos”. Está en los que creen al CRIF (1), cuando esta asociación pretende representar a “los judíos de Francia”. Está en los que no distinguen entre antisemitismo y antisionismo. Y está, sobre todo, en los que creen que Israel es la patria natural de todos los judíos, y que con ello suponen implícitamente que los judíos no están realmente en su casa en ninguna otra parte. Sí, me han leído ustedes bien. El antisemitismo se da sobre todo entre los defensores ciegos de Israel y del sionismo. El antisemitismo que se reconoce como sionismo, es tan solo una chaqueta a la que se le ha dado la vuelta. Se trata siempre de la misma chaqueta.
Atentamente le saluda,
Joëlle Marelli
(1) Conseil Représentatif des Institutions juives de France
sábado, 20 de febrero de 2010
¿Acaso sionismo es judaísmo o judeidad?
20-02-2010
Luis E. Sabini Fernández
Rebelión
Los medios de incomunicación de masas de Buenos Aires han agitado esta semana (del 15 de febrero en adelante) un extraño diferendo entre el embajador Héctor Timerman y Clarín.
Extraño, porque ambas partes, acusados y acusadores, niegan y reniegan de la piedra del escándalo, presuntamente el antisemitismo.
Clarín anuncia que desactivó el blog que desencadenara el conflicto por “no respectar [sic, ¡los estragos que ha provocado en Clarín la supresión de correctores humanos!] las Politicas del Sitio.”
La piedra del escándalo fue la afirmación de que Timerman es un “sionista militante”. Automáticamente, la DAIA, el aludido Timerman, el mismo Clarín, se apresuraron a traducir esa calificación como que se atacaba “la condición de judío del diplomático” (iton gadol, agencia para el “diario quehacer de la comunidad”).
Otro sitio web, http://el-gallo-en-alpargatas.blogspot.com/, al parecer también vinculado con “la comunidad”, según la expresión de iton gadol) informa que la DAIA condena las expresiones de Edgardo Arrivillaga “en donde se desvaloriza el accionar del funcionario diplomático Héctor Timerman por su carácter de sionista militante, sinónimo [sic] con el que se pretende cuestionar su pertenencia a la comunidad judía.”
E. Arrivillaga parece ser un periodista escasamente confiable, al cual no se le puede creer una palabra porque sus vinculaciones parecen mucho más pesadas que su afán por desvelar realidades. Parece ser un incondicional de Duhalde y un entusiasta con las funciones que el expresidente le quiere otorgar, restituir, a las ff.aa.
O sea que lo relevante de este episodio mediático e ideológico no es precisamente la poco atractiva ideología del desencadenador del asunto, el mencionado Arrivillaga, sino la curiosa coincidencia de Timerman, DAIA, Clarín, su jefe Kirschbaum, pero también El Argentino, Página 12, periodistas radiales, en calificar como antisemitismo un hecho que no lo es o que al menos no tiene porque serlo.
Es como si todos quisieran ver las ropas del emperador…
Calificar a alguien de sionista no es antisemitismo. Ni siquiera es, en pura lógica, antisemitismo calificar a alguien críticamente como sionista.
Porque el sionismo se refiere a un “movimiento de liberación nacional” fundado en el siglo XIX y que expresó hasta mediados del s. XX apenas a una minoría de judíos (aunque se pueda suponer que ahora expresa a una mayoría). Es un movimiento, una organización político-ideológica que logró plasmar un estado racista mediante el colonialismo a la europea en tierra asiática (como se hicieron, desde Europa, tantos otros).
Y lo judío alude a una entidad muy anterior, milenaria (el calendario judío habla de seis milenios), tiene una base religiosa, aunque la pérdida del ímpetu o sentido proselitista haya llevado a que dicha comunidad se haga tendencialmente endogámica. Religiosos o agnósticos, distan de ser un pueblo; basta ver los perfiles étnicos tan disímiles entre judíos, practicantes de la religión (o no).
Tan llamativa coincidencia para calificar de antisemitismo hasta la expresión “sionista militante” lleva a pensar en la reciente decisión de la dirección política israelí de iniciar una campaña de lavado de imagen luego de verificar el aumento de críticas sobre los asentamientos (colonialismo puro), el trato a palestinos (racismo puro) y el ataque a la Franja de Gaza de hace un año (represión pura).
El actual ministro de Información, un ministerio flamante, reparemos, Yuli Edelstein, está a cargo de una campaña con folletería que pregunta: “¿Está usted hasta la coronilla por la forma en que se nos retrata en el mundo? Usted puede cambiar esto.”1 Tenemos que “movilizar nuestro capital humano”, agrega. Curiosamente alude a las reservas intelectuales israelíes y no a las económicas que no son menos significativas.
El mismo Bronner cita al docente Schlomo Avineri que considera a la campaña como “pueril”. Por las imágenes que combate (que los británicos crean que el medio de locomoción principal en Israel sea el camello… algo que ni el más despistado rioplatense podrá imaginar). Pero, agrega, percibe un tufillo bolchevique, “haciendo de cada ciudadano un sirviente civil honorario de la política gubernamental.” Cuando nos enteremos que “en una segunda fase de la campaña los ciudadanos van a ser entrenados para hablar en la televisión y en radios extranjeras” 2 la presunción de Avineri no suena tan disparatada.
Pero, como decía un inolvidable profesor de filosofía, Mario Sambarino: “hay límites para el macaneo”.
Pese a los afanes de Israel por confundir en un único “paquete” lo judío y lo sionista, allí están, cada vez más, judíos que no aceptan el comportamiento israelí para con los palestinos, por ejemplo. Y está el diccionario, para seguir aprendiendo a pensar y a discernir conceptos y entidades, no confundirlas ni revolverlas para ganancia de algunos “pescadores”.
Luis E. Sabini Fernández es editor de la revista rioplatense Futuros
jueves, 28 de enero de 2010
Según un nuevo estudio académico: Crece el antisemitismo y decrece la islamofobia
26-01-2010
Gilad Atzmon
Uruknet
Traducido para Rebelión por Paloma Valverde**
Una cuarta parte de los europeos cree que los “judíos tienen demasiada influencia”. El 31% está de acuerdo con que “los judíos en general no se preocupan por nada o por nadie salvo por sí mismos”.
El 45,7% de los europeos están bastante o completamente de acuerdo con que “Israel está llevando a cabo una guerra de exterminio contra los palestinos”.
Alrededor de un 37,4% [de los encuestados] está de acuerdo con la frase siguiente: “Teniendo en cuenta la política de Israel, puedo entender por qué a la gente no le gustan los judíos”.
Introducción
Según una nueva investigación llevada a cabo por la Universidad de Bielefeld [1] el odio hacia los musulmanes decreció el pasado año, al mismo tiempo que el odio hacia los judíos creció. Los israelíes deberían preocuparse. Un repentino descenso en la islamofobia europea no concuerda con la visión global sionista según la cual los musulmanes están arrinconados y se hallan en el ostracismo por reaccionarios, mientras Israel lanza bombas en nombre de la democracia y el liberalismo. Según Ynet, el periódico israelí más importante, “[…] El nivel de resentimiento contra las minorías en general ha decrecido [2] —el sexismo considerablemente, la islamofobia menos— y únicamente hay dos excepciones: la homofobia y el antisemitismo” [3].
Resulta muy interesante que Ynet informe de que “el porcentaje de la gente que cree que ‘hay demasiados musulmanes’ en su país es especialmente alto en aquellos países en los que realmente el porcentaje de musulmanes que viven en él es muy bajo”. Una posible explicación puede ser que en los países europeos que gozan de una gran mayoría musulmana el miedo al islam ha desaparecido por completo. Esto no es sorprendente en absoluto dado que tanto la cultura musulmana como la cristiana comparten un universo de valores y preceptos éticos muy similares. Al contrario que la ideología judía, que mantiene un cierto nivel de segregación y supremacía tribal, cultural y social, las comunidades musulmanas parece que colectivamente se mezclan en la clase trabajadora, a través del lugar de trabajo, la educación y la economía [4].
El poder judío
Según la investigación, muchísimos europeos están preocupados con la dominación y el poder judíos. “Una cuarta parte de los europeos (24,5%) creen que ‘los judíos tienen demasiada influencia’ y casi un tercio (31%) está de acuerdo con que ‘los judíos en general no se preocupan por nada o por nadie salvo por sí mismos’. Teniendo en cuenta el vergonzoso hecho de que el 50% de los miembros del parlamento británico del gobierno en la sombra [5] son conservadores amigos de Israel, podemos asumir sin riesgo a equivocarnos que, al contrario que nuestros políticos, los votantes tienen gran conciencia del peligro de la infiltración sionista.
Ynet además tiene algunas ‘buenas noticias’ de las que informarnos: “el 61,9% [de los encuestados] afirma que los judíos ‘enriquecen nuestra cultura’, especialmente en Holanda, Reino Unido y Alemania”. El hecho de que los judíos, y en particular los ex judíos, enriquecen la vida cultural europea es verdaderamente difícil de ignorar. No obstante, dejando de lado a Lord ‘cajero automático’ Levy y Uri ‘doblador de cucharas’ Geller [6], parece como si entre esos judíos que contribuyen a la vida cultural europea no muchos se identifican abiertamente con Israel y sus crímenes.
Al igual que Israel utiliza todos los medios a su alcance para arrastrarnos a todos nosotros en una guerra sin fin contra el islam, los europeos aceptan la devastadora realidad de la brutalidad asesina sionista. Alrededor de un 45,7% de los europeos están bastante o absolutamente de acuerdo con que “Israel lleva a cabo una guerra de exterminio contra los palestinos”. Para que todo el mundo lo entienda y en palabras sencillas: casi la mitad de los europeos aceptan que Israel utilice tácticas genocidas. Básicamente están de acuerdo con que los israelíes son los nazis de nuestro tiempo.
Según Ynet, alrededor de un 37,4% [de los encuestados] está de acuerdo con la frase siguiente: “Teniendo en cuenta la política de Israel, puedo entender por qué a la gente no le gustan los judíos”.
El sionismo existió para crear un judío civilizado y adorable. No sólo eso no ha ocurrido gracias a Israel y al sionismo, sino que el resentimiento hacia los judíos parece hoy mayor que nunca. El significado de todo eso es bastante obvio. Israel y los grupos de poder que lo apoyan no han logrado interiorizar el significado real y universal del Holocausto: ‘ama a tu prójimo’. En lugar de limpieza étnica, matar por inanición y bombardear con fósforo blanco, Israel debe aprender a vivir con los demás.
Si Europa es tan demócrata como afirma, esta clara escalada de animadversión hacia Israel, el sionismo y sus tenaces apoyos, debe finalmente hacerla madurar y cambiar de política.
Notas:
1.- El informe completo está disponible en inglés en: http://www.uni-bielefeld.de/ikg/zick/Press%20release%2013Nov_english.pdf . [N. de la T.]
2.- Es necesario aclarar que el concepto ‘antisemitismo’ es una noción confusa. Cuando la gente habla de antisemitismo, lo que en realidad quiere decir es sentimiento antijudío. La noción de antisemitismo da una falsa impresión de que los judíos son un grupo racial. La verdad es evidente: los judíos no son ni una raza ni han establecido un continuum racial. De hecho, nadie odia a los judíos por su pertenencia racial o étnica. Los sentimientos antijudíos, en la mayoría de los casos, provienen de una reacción política y ética contra la política tribal judía, el sionismo, Israel, el cabildo israelí, los negocios globales judíos, la ideología judía, la supremacía judía, los crímenes de guerra israelíes, etc., etc.
3.- “Europe: Anti-Semitism up, Islamophobia down” Ynet, 12 de junio de 2009. Disponible en ingles en: http://www.ynetnews.com/articles/0,7340,L-3815828,00.html
4.- Gilad Atzmon, “Kebab Philosophy”, 7 de diciembre de 2009. Disponible en inglés en: http://www.gilad.co.uk/writings/kebab-philosophy-by-gilad-atzmon.html
5.- The shadow cabinet, es el eufemismo con que el sistema parlamentario británico denomina al grupo de la oposición [N. de la T.]
6.- Véase: Paul Vallely, Micael Levy: Lord Cashpoint, 18 de marzo de 2006. Disponible en inglés en: http://www.independent.co.uk/news/people/profiles/michael-levy-lord-cashpoint-470299.html y el blog de Uri Geller en: http://site.uri-geller.com/
* Gilad Atzmon es un conocido músico israelí de jazz de sólida formación (puedes encontrar toda la información sobre el autor en Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística: http://www.tlaxcala.es/detail_auteurs.asp?lg=es&reference=18)
** Paloma Valverde es traductora y miembro de la CEOSI, Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq (www.iraqsolidaridad.org)
Fuente: http://www.uruknet.info/index.php?p=60887
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Estados Unidos e Israel: ¿El perro mueve la cola o la cola al perro?
Kathleen Christison y Bill Christison
Adbusters
Un cuarto de siglo atrás, el director ejecutivo del AIPAC (Comité de Relaciones Públicas Estadounidense-Israelí, por su sigla en inglés) estableció una comisión que se encargó de escribir las directivas para la clase política. Corría el año 1981, Ronald Reagan era presidente y el AIPAC acababa de perder una batalla dura en el Congreso de EE.UU. por la venta de aviones de vigilancia a Arabia Saudita. El parlamentario Thomas Dine se puso al frente, a partir de ese momento, y convirtió al comité en una fuerza política temible.
En los años que siguieron, Dine cuadriplicó el personal estable del AIPAC, también su presupuesto, y estrechó vínculos con el Congreso y personas influyentes. Se dedicó a proveer a los políticos de evaluaciones que indicaban cómo avanzar en las posiciones proisraelíes, a sabiendas de que quien escribe los documentos que los políticos leen hace el equivalente de darles de comer en la boca.
Las décadas que siguieron fueron de un predominio total del lobby israelí en la política del Cercano Oriente de EE.UU., incluso por encima de sus propios intereses en la región. Muchos caracterizan esta relación entre la influencia del lobby y lo que Estados Unidos hace en Cercano Oriente, como la cola (israelí) que sacude al perro (estadounidense). Hay un sinnúmero de ejemplos de esta dinámica, como la invasión israelí del Líbano en 1982, que arrastró a EE.UU. a una penosa intervención, o la invasión israelí de la Franja de Gaza en 2002, durante la cual el gobierno de Ariel Sharon desoyó reiteradamente la petición de George W. Bush para firmar un acuerdo.
Otros sostienen que la metáfora de la colita y el perro funciona “como debe”: es EE.UU. en su calidad de superpotencia, dueño de Israel (y su mayor donante), el que tiene el poder; es el perro que mueve la cola. La cuestión, entonces, es ver cuál es la verdadera relación o ¿acaso el análisis cínico del comentarista israelí Michel Warschawski es el correcto?: “No se trata del perro ni de la cola, sino de una única guerra de recolonización y un único monstruo horrible de dos cabezas”.
Silencio roto
Aunque el lobby israelí haya crecido enormemente y la alianza de intereses entre EE.UU. e Israel para controlar el Cercano Oriente sea cada vez más evidente, ninguna voz se atrevió a pronunciarse sobre el alcance y la magnitud que adquiere el poder del lobby sobre los políticos estadounidenses, hasta que lo hicieron dos politólogos, John Mearsheimer y Stephan Walt, que editaron un folleto de ochenta páginas analizando el poderío del lobby en marzo de 2006.
Mearsheimer, profesor de servicio distinguido de Ciencia Política en la Universidad de Chicago, y Walt, profesor de Política Internacional en el Centro Belfer de la Universidad de Harvard, ambos promotores de la escuela realista en política exterior que pone el énfasis en los actos estatales, tanto militares como económicos, por sobre el ideal que persigan y su ética.
Su informe despertó mucho interés cuando se publicó el resumen en el London Review of Books. En el mismo definen que el lobby es, en términos generales, “una coalición elástica de individuos y organizaciones que trabajan activamente para moldear la política exterior de EE.UU. en la dirección de los intereses israelíes”.
Mearsheimer y Walt concluyen que la fuerza que anima las políticas estadounidenses en el Cercano Oriente proviene decididamente del lobby. Ellos sostienen que aunque otros lobbies o grupos de intereses han demostrado ser bastante efectivos para torcer políticas “ningún lobby ha conseguido comandar la política exterior estadounidense de forma tal que vaya contra su propia seguridad nacional y sea a la vez capaz de convencer a los ciudadanos estadounidenses que los intereses de su país e Israel son esencialmente los mismos.”
Dicho informe suscitó el rechazo inmediato de los propios individuos que los autores identifican como miembros del lobby. Alan Dershowitz, profesor de Derecho en Harvard y defensor a ultranza de Israel, acusó a los autores de “fanáticos mentirosos” y comparó sus argumentos con la propaganda neonazi, que constituían “acusaciones apenas veladas de control judío del pensamiento estadounidense” tal como se leía en Los protocolos de los sabios de Sión. Abraham Forman y su equipo de la Liga Antidifamación (ADL), acusan que el informe “encarna la clásica teoría antijudía de la conspiración.”
Sin embargo, los argumentos de los defensores de Israel nada dicen sobre lo principal del trabajo de Mearsheimer y Walt: que los miembros influyentes –tanto judíos como no judíos– dentro del aparato de estado estadounidense han conseguido que se impongan sus objetivos a favor de Israel en la política sobre Cercano Oriente y que Israel obtiene un apoyo incondicional que muchas veces resulta contrario a los intereses de la seguridad nacional. En lugar de discutir este punto, los críticos se dedican a resucitar fantasmas.
La acusación de “antisemitas” hacia Mearsheimer y Walt es de lo más común entre los defensores de Israel, en todo el espectro político. No casualmente, pues es la estrategia que viene utilizando el lobby israelí para silenciar y atacar a quien se atreva a cuestionar la política israelí y las políticas pro-israelíes de Estados Unidos.
Esta cuestión del antisemitismo surgió en septiembre [2006] durante un debate importante en Nueva York en el cual se enfrentaron Mearsheimer y otras dos personas contra un ex oficial israelí y los asesores de la administración Clinton, Dennis Ross y Martin Indyk. Estos tres contrincantes de Mearsheimer, aunque son claramente pro-israelíes, se los ve como neutrales –ni fanáticos como Dershowitz ni derechosos– pero coinciden con Dershowitz en descalificar al documento como que desciende “al nivel de antisemita” o “con connotaciones antisemitas” sólo porque a quienes se critica son judíos en posiciones de poder.
Este debate acerca del antisemitismo es una clara distracción del tema central y es utilizado deliberadamente en ese sentido. En aquel panel en Nueva York se empleó un tercio del tiempo hablando sobre el carácter antisemita de Wearsheimer y Walt antes de abordar aspectos importantes de las conclusiones de su trabajo o las pruebas que ofrecía.
El ex-presidente Carter publicó su libro Palestina: Paz no Apartheid y se le acalló de la misma manera. Sus críticos apuntaron a la escasa formación académica del autor o insinuaron que poseía un tinte antisemita porque Carter usaba el término “apartheid” para describir la política israelí en los territorios palestinos ocupados. Muchos han criticado al libro, incluyendo las autoridades del Partido Demócrata, pero muy pocos han fundamentado sus acusaciones examinando seriamente las pruebas que aporta Carter.
Tom Judt, profesor universitario, que participó del panel en Nueva York y defendió el trabajo de Mearsheimer y Walt, ha escrito sobre el efecto devastador que produce entre los estadounidenses el temor a ser llamados antisemitas, lo cual ha acallado cualquier opinión pública sobre Israel e incluso sobre la política en general.
Durante su participación, observó que pese a existir “cientos de lobbys influyentes” en EE.UU., el israelí es el único que no sólo es eficaz en los objetivos que persigue sino que también actúa de la misma forma para apagar cualquier crítica en su contra.
En el mismo sentido, Mearsheimer afirmó, en un reportaje en Mother Jones, que el fuerte vínculo entre EE.UU. e Israel se mantiene principalmente a partir de que no se habla realmente acerca de esa relación. Si los estadounidenses se enteraran acerca de lo que los israelíes hacen en los territorios ocupados, sostiene, habría mucho menos apoyo a Israel. “En concreto, la buena relación de EE.UU. con Israel no se sostendría ante la exposición pública de lo que realmente sucede en Israel”.
El libro de Jimmy Carter hace un esfuerzo importante para esa exposición, pero su éxito hasta ahora es relativo.
Scott Ritter, quien trabajó cerca de Israel como asesor en inteligencia militar y se desempeñó como inspector de armas en Iraq, arriba a las mismas conclusiones en su nuevo libro Target Iran (Objetivo Irán) que Judt y Mearsheimer. Muchos países tienen lobbys que actúan en EE.UU., pero ninguno comparte ni remotamente su alcance ni las formas descaradas que asume el lobby israelí.
Ritter considera que se va hacia un choque catastrófico entre el eje Estados Unidos-Israel y la república de Irán y que la forma para evitarlo sería hacer pública la naturaleza de la relación Estados Unidos-Israel. Habría que replantearse, sostiene, porqué EE.UU. opera bajo continua impotencia nacional mientras Israel dicta la política de seguridad de EE.UU.
En 2003 salió en el New York Review of Books un artículo crítico de Israel y sus conexiones estadounidenses donde Judt señala lo que luego sería la tesis principal de la nota de Mearsheimer y Walt.
Judt describió cómo Israel sistemáticamente “se burla de su jefe norteamericano” cuando sigue construyendo colonias ilegales aun cuando Estados Unidos impulsa “la hoja de ruta” como plan para la paz, que convoca a congelar los asentamientos.
El autor sostiene que Israel hizo quedar al poderoso presidente de Estados Unidos [G. Bush Jr.] como un “tonto ventrílocuo, alguien que lastimosamente repite la línea del gabinete israelí”. Su comportamiento “ha sido una desgracia para la política exterior norteamericana”. El apoyo incondicional a Israel “es la causa principal del descrédito de Estados Unidos en el resto del mundo”.
Alguien que conoce bien el lobby israelí es James Abourezk, senador por el estado de Dakota del Sur entre 1972 y 1978. De su paso por el Congreso, afirma “que el apoyo político de que goza Israel está basado en el miedo” porque “aquel que se enfrente a los intereses de Israel es derrotado por el lobby”.
Abourezk destaca también el esfuerzo del lobby por silenciar. “Si alguien habla es atacado”, dice, “porque si nadie dice nada en el Congreso, la prensa no tiene a quién citar y con ello también queda callada. Si algún periodista o medio se sale de esta línea, quedan totalmente censurados a través de un mecanismo aceitado de presión económica sobre las finanzas del medio que ha sido atrapado ‘en falta’.”
Jimmy Carter advirtió lo mismo en comentarios recientes en referencia a “los esfuerzos extraordinarios de lobby” del AIPAC para censurar cualquier discusión en las comisiones del Congreso y en la prensa sobre las políticas israelíes.
Según Abourezk los mecanismos de presión ya funcionaban a la perfección aun antes de que el AIPAC se constituyera, y Carter agrega que la capacidad de control del lobby sobre el discurso y las decisiones se han incrementado. La tendencia pro-israelí ha sido un fenómeno, con diferentes matices, propio de cada administración y de cada congreso estadounidense desde que se creó Israel y no un invento de Dine ni tampoco comenzó en los ‘80 pero fue éste quien logró institucionalizar esta política, asignándole un rol más influyente.
En 1984 aparece un nuevo organismo que deriva del AIPAC, el Washington Institute for Near East Policy (Instituto Washington sobre política en el Cercano Oriente, WINEP por su sigla en inglés) y se constituye en un eminente think tank, cuyos cuadros vienen trabajando en las sucesivas administraciones.
Dennis Ross, quien fue el principal asesor en política de Cercano Oriente en los gobiernos de George H.W. Bush y Bill Clinton, se formó en el WINEP y retornó al mismo luego de dejar sus funciones en el gobierno.
A partir de allí, ese cargo en la administración Clinton fue para Martin Indyk, miembro fundador de AIPAC y primer director de WINEP. Mearsheimer y Walt consideran acertadamente que ambos hombres son del “riñón del lobby”.
Esto demuestra un aspecto vital en la cuestión del lobby; que el mismo forma parte de las diferentes administraciones desde las últimas décadas. Ahora bien el lobby no está conformado únicamente por las instituciones judeo-estadounidenses como AIPAC y ADL, además de los think tanks como WINEP y JINSA (Instituto Judío para los Asuntos de Seguridad Nacional, sigla en inglés); existen muchos particulares que trabajan en defensa de los intereses de Israel y hacen coro con los sectores cristianos fundamentalistas de extrema derecha.
Que apoyan incondicionalmente la presencia de Israel en la Franja de Gaza y en todo Jerusalén porque creen que ése es el requisito para la reaparición de Jesucristo en lo que denominan el Milenio.
Particularmente en los últimos años, la derecha cristiana ha utilizado sus influencias para presionar tanto en el Ejecutivo como en el Congreso a favor de las posiciones israelíes y se ha opuesto a todas las iniciativas que requirieran alguna concesión por parte de Israel.
El tipo de presión “en bruto” a los políticos que describe Abourezk es sólo una de las formas en las que opera el lobby proisraelí organizado.
La ligazón entre EE.UU. e Israel siempre tuvo su mínimo de acuerdo tanto para los momentos de calma como en la cruda realidad de la estrategia geopolítica.
Desde la creación del Estado de Israel y a través de los años ha existido un clima siempre en aumento en el que Israel es asumido simplemente como tan cercano a Estados Unidos, sus intereses tan entrelazados con los de Estados Unidos, que por ello Israel es prácticamente aceptado como parte de EE.UU.
El lobby refuerza este sentimiento, lo canaliza en formas institucionales para que ciudadanos comunes apoyen a Israel.
Jeffrey Blankfort, conductor de radio en Carolina del Norte y columnista de larga data sobre el conflicto palestino-israelí y otros en el Cercano Oriente, señala, por ejemplo, que 1700 sindicatos en EE.UU. poseen más de 5 mil millones de dólares en bonos israelíes.
Según Blankfort, esto empuja a los sindicatos a apoyar a Israel y convierte al movimiento sindical de EE.UU. en parte del lobby. Eso explica porqué las organizaciones de izquierda en Estados Unidos se oponen a que la cuestión palestina forme parte del movimiento anti-guerra.
Muchos estados y universidades también han invertido en bonos israelíes así como en empresas israelíes, con lo cual tienen interés en apoyar a Israel para que su economía mantenga el rumbo.
La penetración del lobby es tan absoluta que cuando Tony Judt llama al presidente “un tonto ventrílocuo” se entiende perfectamente.
Como afirma Walt en un reportaje de Mother Jones, no importa lo que haga Israel, Estados Unidos siempre lo apoyará.
“Ellos continúan construyendo asentamientos por más que todos los presidentes desde Lyndon Johnson en adelante hayan rechazado la idea.
Nos espían regularmente.
Han entregado o vendido tecnología militar estadounidense a otros países. E incluso…han cometido una gran cantidad de violaciones a los derechos humanos, y pese a todas estas actividades jamás ha disminuido el apoyo de EE.UU.”
Hace ya varias décadas que el AIPAC viene participando directamente en el proceso legislativo, redactando leyes en torno a Cercano Oriente y presionando para que sean aprobadas las resoluciones anti-árabes y pro-israelíes que comprometen al Senado y a la Casa Blanca en cuestiones como la construcción del muro de segregación y la invasión de Israel a El Líbano en el verano de 2006.
AIPAC se ufana a menudo de vetar y ejercer influencia sobre los candidatos presidenciables.
En la campaña política de 2004, Howard Dean insinuó una tibia y para nada controversial propuesta de “trato igualitario” de la política estadounidense en el conflicto árabe-israelí. Fue condenado rotundamente por el lobby y por sus compañeros demócratas, y debió abandonar la propuesta. Los políticos de renombre que toman otras posturas son inmediatamente condenados a la derrota electoral.
En la década de los ‘80, el representante Paul Findley y el senador Charles Percy, quienes habían ocupado sucesivos mandatos en Illinois, fueron derrotados gracias a los esfuerzos de AIPAC porque ambos se habían manifestado a favor de negociar con miembros de la OLP.
Bastante más recientemente, Cynthia McKinney, de Georgia, fue dos veces víctima de la interferencia del AIPAC en la campaña electoral.
La lista continúa. Israel y su lobby toman la iniciativa, EE.UU. acompaña: la guerra que Israel lanzó en 1967, su invasión a El Líbano en 1982, su invasión a la Franja de Gaza en 2002, sus cuarenta años de construcción de asentamientos en los territorios palestinos ocupados, sus ataques desproporcionados a los palestinos, su asalto al Líbano.
El grado de penetración en las decisiones políticas que el lobby consiguió durante la administración Bush actual no tiene precedentes.
1 Hay pruebas categóricas de que fueron los neoconservadores dentro del gobierno de Bush, cuyos vínculos con la derecha israelí son innegables, los artífices de la invasión a Iraq y quienes impulsaron “la transformación” del Cercano Oriente difundiendo la “democracia” en la región.
Mearsheimer y Walt afirman que “la guerra de Iraq, al menos en parte, fue promovida para mejorar las posiciones estratégicas de Israel”, algo que se confirma con el hecho de que algunos de estos mismos neocons escribieron en los ‘90 un documento de estrategia titulado “A Clean Break” (Una ruptura limpia) para el entonces primer ministro israelí Benyamin Netanyahu.
En él, se diseñaba un plan de ataque a Iraq, algo que posteriormente impulsaron cuando los neocons entraron a la administración Bush.
El plan estratégico se pensó explícitamente para asegurar el dominio de Israel en la región, para minar el proceso de paz de Oslo y para aliviar a Israel de la presión de tener que hacer alguna concesión a los palestinos.
Uno de sus autores es David Wurmser, que continúa en el gobierno como consejero del vicepresidente Richard Cheney en cuestiones del Cercano Oriente. Los otros, Richard Perle y Douglas Feith, trabajaron activamente durante la planificación de la guerra de Iraq en los cargos de consejero del Pentágono y subsecretario de Defensa, respectivamente.
Casi todos los demás neocons, tanto judíos como no judíos, tienen un historial importante de acciones en defensa de los intereses israelíes. Entre ellos, Paul Wolfowitz, Elliott Abrams y John Bolton, y quienes se manejan desde las sombras como William Kristol, Robert Kagan, Norman Podhoretz, Jeane Kirkpatrick y muchos derechistas pro-israelíes de los think tank en Washington.
La enorme cantidad de dinero en asistencia militar y económica que EE.UU. le dio a Israel a través de los años es producto de la presión del lobby sobre los políticos. Mearsheimer y Walt, utilizando los datos de la USAID (Agencia de EE.UU. para la Asistencia Internacional al Desarrollo, por su sigla en inglés) 2 confirman que entre 1976 y 2003 EE.UU. le dio a Israel 140 mil millones de dólares en ayuda (de acuerdo con los valores de 2003).
El economista Thomas Stauffer, quien ha investigado durante mucho tiempo la ayuda económica a Israel, presentó en 2002 valores mucho más altos: para el período 1972-2002, calculó un total de 240 mil millones de dólares (a valores actuales). Ahora mismo, Israel tiene garantizada una ayuda de 2 mil a 3 mil millones por año, principalmente para el sector militar, y a esto hay que sumarle los adicionales para compensar los gastos israelíes en la guerra en El Líbano y el retiro de Gaza.
Definiendo el concepto de interés nacional
El aspecto más importante en el debate sobre el poder del lobby gira en torno a la cuestión de los intereses nacionales; qué forma parte de los intereses nacionales, quiénes lo definen y hasta qué punto el lobby no perjudica los verdaderos intereses nacionales.
Muchos discursos en la izquierda que son muy críticos de las políticas de Israel no han prestado la debida atención, sin embargo, a la influencia del lobby en la política. Se centran en lo que definen como los intereses nacionales de Estados Unidos.
Noam Chomsky ha sostenido frecuentemente que la política sobre Cercano Oriente está determinada en gran parte por lo que él llama “el vínculo ceñido entre el estado y las corpo-raciones” donde se concentra el poder en la órbita nacional.
Dicho de otro modo, los intereses particulares del complejo militar industrial asociado al gobierno son los que en última instancia definen los intereses nacionales de Estados Unidos, según Chomsky.
El lobby israelí ejerce cierta influencia en la determinación de las políticas, de acuerdo con los análisis de Chomsky, pero ocupa una porción mucho menor y generalmente sólo en la medida en que el lobby acompañe los interés corporativo-gubernamentales.
Chomsky y otros críticos de izquierda que estudian el tema del lobby consideran que la política de Estados Unidos está definida desde su avanzada imperialista y los intereses de sus corporaciones y que Israel, lejos de conducir a EE.UU. en políticas que lo perjudican y hacia peligrosas aventuras en el extranjero, siempre ha hecho lo que EE.UU. le dictaba.
EE.UU. continuaría con su empresa imperialista aunque Israel no acompañara, y esto es lo que ha hecho en regiones fuera del Cercano Oriente, como Chile, Indonesia, América Central y donde sea, sin que ello beneficie a ningún lobby en particular.
De acuerdo con esta visión, el lobby israelí funciona solamente como un acompañamiento a la política de EE.UU., y no como un agente con algún control y poder propio.
Sin embargo, esta postura pasa por alto que los lazos estrechos entre el lobby y los fabricantes de armas en Estados Unidos refuerzan la capacidad del complejo mílito- industrial para definir los intereses nacionales de EE.UU.
El lobby israelí tiene, sin duda, poder de veto por encima de cualquier parlamentario o dependencia del Ejecutivo, incluyendo los de la Casa Blanca, lo cual hace muy difícil que alguien pueda definir el tan mentado interés nacional de EE.UU. en algún sentido que el lobby considere perjudicial para la relación especial que tiene Israel con EE.UU.
Cualquier debate que toque este asunto tabú, aunque sea en forma indirecta, será anulado antes de que empiece, enterrado por las alabanzas hacia Israel tanto de republicanos como de demócratas.
Afif Safieh, el principal referente de la comitiva de la Organización para la Liberación Palestina en Washington, señala otro punto de crítica.
Según él, la visión de Chomsky y otros izquierdistas es “mecanicista” y dificulta, dado que cada situación es específica, captar su singularidad; en este caso, percibir que el socio menor puede a menudo “secuestrar” y “monopolizar” la decisión sobre la política en Cercano Oriente.
La interpretación que hace la izquierda es de tipo determinista y por ello asume que EE.UU. se rige únicamente por su afán imperialista y por los objetivos de sus intereses corporativos.
El hecho de que Estados Unidos haya conspirado contra un gobierno enemigo de sus negocios en Chile o que haya apoyado a un dictador en Indonesia para preservar los intereses de la industria petrolera no prueba que cada vez que Israel ataca países árabes, como a Egipto en 1967 y a El Líbano en 1982, lo haga para servir a Estados Unidos ni, como dice Chomsky, haga un “enorme servicio a las corporaciones energéticas estadounidenses y saudíes porque aplasta los nacionalismos árabes seculares”.
Israel de ninguna manera actúa para garantizar el acceso o el control de EE.UU. sobre las reservas de petróleo en el Cercano Oriente, ni trabaja en coordinación con la industria del petróleo.
Es indudable que existe una intrincada relación entre el complejo mílito-financiero-industrial estadounidense y los intereses militares, industriales y financieros de Israel, tal como lo sugieren Chomsky y otros referentes de la izquierda.
Pero la naturaleza de esta relación no pasa por una subordinación de Israel a las directivas del conglomerado corporativo-gubernamental de EE.UU.; este arreglo, más bien, parece darse entre dos actores independientes.
Y la actividad del lobby se dirige a sostener y manipular este entramado. Según Blankfort, “se subestima la influencia del lobby. No sólo se asegura de que el Congreso actúe como vasallo en los asuntos pertinentes a Israel y el Cercano Oriente en general, sino que, en forma disimulada, actúa como una poderosa influencia para sostener el gasto militar elevado del país y la integración entre las industrias armamentistas israelí y estadounidense.”
Esta integración, sostiene Blankfort, “es la razón fundamental que explica porqué no hubo prácticamente ninguna oposición al presupuesto militar anual por parte de ningún sector en el Congreso.”
Israel y su lobby trabajan con mano de seda en el tema de la industria de armamentos estadounidense para avanzar, juntos, en sus objetivos que suelen ser compatibles. Las pocas, poderosas familias que dominan la industria militar en Israel, están tan interesadas en presionar a favor de la política exterior militarista de los dos países como lo están los CEO de las corporaciones militares de EE.UU.
A medida que la globalización avanza también se estrechan los lazos de compañerismo, y los acuerdos tecnológicos y financieros, entre las corporaciones militares de ambos países, que crecen cada vez más juntas. Es una relación simbiótica, y el lobby trabaja para que siga así; los lobbystas se acercan a muchos parlamentarios y les dicen muy creíblemente que si se corta la ayuda a Israel, se van a perder miles de puestos de trabajo en la industria militar en sus distritos.
El lobby no es un reflejo pasivo de los deseos del complejo mílito-industrial. Día a día presionan en el Congreso y en el gobierno para perpetuar la aceptación de ciertos “intereses nacionales” que muchos estadounidenses consideran equivocados.
Un monstruo de dos cabezas
Como Tony Judt lo percibió, gran parte del resto del mundo “ya no cree en nuestra buena fe”. Hace mucho que el fuerte apoyo de Estados Unidos a Israel molesta a la opinión pública árabe, pero desde el fracaso del proceso de paz y la nueva intifada palestina y el endurecimiento cruel de Israel desde septiembre de 2000, los resultados de las encuestas de opinión en los países árabes y musulmanes han mostrado un malestar creciente y muy extendido hacia EE.UU., particularmente por el apoyo a Israel en la opresión sobre el pueblo palestino y la guerra de Iraq.
Entre un 70% y un 80% de la población en varios países árabes manifiestan actitudes hostiles. Algo similar, aunque con valores más discretos, ocurre con las encuestas de opinión en Europa. Este sentimiento creciente de rechazo a EE.UU., producto de su estrecha amistad con Israel, es uno de los puntos salientes del informe de Mearsheimer y Walt.
Los autores señalan al comienzo de su trabajo que las políticas del gobierno de Bush, influenciadas fuertemente por el lobby, contribuyeron a producir una insurgencia que resiste en Iraq, una subida muy pronunciada de los precios del petróleo y los atentados terroristas en Madrid, Londres y Amman.
El indeclinable apoyo de EE.UU. a Israel, escriben, ha “irritado a la opinión pública árabe e islámica y puesto en peligro la seguridad de Estados Unidos”. Creen que EE.UU. deja de lado su propia seguridad para cumplir los objetivos de otro estado.
El resultado fue obvio: más ataques terroristas a EE.UU. y sus aliados.
Las grabaciones y mensajes de Osama Bin Laden hablan de los palestinos y de su cólera ante Estados Unidos por su alianza con Israel. Su rabia, y los de otros islamistas radicalizados, se basa en los musulmanes que fueron asesinados y explotados por EE.UU., Israel y Occidente durante décadas, y el caso de los palestinos es probablemente el más claro.
Su rabia es la misma que sienten millones de oprimidos y él puede reclutar a los extremistas en su lucha bajo la bandera de la defensa de los palestinos y de todos los musulmanes oprimidos. Es una amenaza a Estados Unidos que proviene directamente de su alianza con Israel y el esfuerzo arduo del lobby para sostenerla, no puede ser subestimado.
La tragedia de esta situación es que se ha vuelto imposible separar los intereses israelíes de los proclamados intereses de Estados Unidos –que lejos de ser los reales, son producto de las proclamas egoístas del complejo político-corporativo-militar que los define en su provecho, y que junto con el lobby dominan el gobierno de Bush, el Congreso y los dos partidos políticos mayoritarios.
Actualmente, el poder radica en grupos específicos: los consorcios globalizados de las finanzas, las armas y la energía, y todas las dependencias militares, tanto de EE.UU. como de Israel, que literalmente han secuestrado el gobierno y lo han despojado de cualquier rasgo de democracia. El “monstruo agresivo de dos horribles cabezas” del que nos hablaba Michel Warschawski es real.
La coincidencia de “intereses” manipulados tiene efectos profundos en las decisiones políticas en el Cercano Oriente. Si EE.UU. es incapaz de distinguir lo que el mundo necesita o sus propias necesidades de las de otro estado y su lobby, entonces sencillamente no se puede decir que actúa en su beneficio.
Ante el abuso masivo y reiterado de los derechos humanos de los palestinos y la falta de reconocimiento de este problema, quienes minimicen el poder del lobby y acepten la política de Estados Unidos en Cercano Oriente como parte de una estrategia inmodificable a largo plazo son particularmente peligrosos.
NOTA
1. Entendemos que este trabajo fue escrito en 2007, durante la presidencia de G. W. Bush Jr. Antes de la última matanza masiva en diciembre 2008-enero2009, otra vez en la Franja de Gaza (n. de los ed.)
Traducido y publicado por la revista argentina Futuros, cuyo primer número acaba de salir a la calle.
domingo, 25 de octubre de 2009
«No hay antisemitismo en Francia»
Planetnoviolence.org
24-10-2009
Traducido del francés para Rebelión por Jorge Aldao y revisado por Caty R.
En una entrevista concedida a la revista semanal del diario israelí Haaretz.com el 16 de septiembre de 2008, Jacques Attali, mister globalización, responde así a la pregunta de si existe un problema de antisemitismo en Francia: «¡Cero! Absolutamente ninguno. Eso es mentira», y acusa al gobierno israelí de desarrollar una propaganda peligrosa.
(Extractos de la entrevista, realizada por Assaf Uni y publicada con el título «The fixer» el 16 de octubre de 2009, traducidos al francés por Myriam Abraham).
«Jacques Attali está harto de hablar de antisemitismo en Francia»
«Desde mi punto de vista, hay cosas más importantes para discutir que un problema inexistente», me dijo la semana pasada durante una entrevista en las oficinas de su empresa consultora. Attali, un economista y escritor prolífico, que escribe una columna semanal en algunos medios de comunicación, fue el asesor principal del presidente francés François Mitterand. En la actualidad es presidente de la mayor ONG mundial de microcréditos. Attali es un judío nacido en Argelia cuya familia se instaló en Francia cuando él tenía 12 años. La próxima semana participará en la Segunda Conferencia Presidencial Israelí «Facing Tomorrow» (enfrentando el futuro, N. de T.), en Jerusalén. Afirma que todo el discurso sobre el antisemitismo en Francia es una propaganda peligrosa organizada por Israel.
¿No hay un problema de antisemitismo en Francia?
Cero, absolutamente ninguno. Es una mentira. Una pura mentira. Hay algunos antisemitas bien conocidos. Pero eso no constituye un problema nacional.
Hay una tendencia entre los franceses judíos a emigrar a Israel, y muchos de ellos dicen que se debe a una atmósfera antisemita
Pienso que eso no es verdad. Creo que se debe a la propaganda, la propaganda de Israel. Hay algunos franceses judíos que van dos semanas de vacaciones a Tel Aviv y luego vuelven a París o a otros lugares. Hay otros franceses judíos que compran un apartamento en Israel como los británicos que compran un apartamento en el sur de Francia para sus vacaciones. En el último decenio, los israelíes confunden sus deseos con realidades pensando que la situación en Francia es desastrosa y que la gente emigra a Israel. Es una propaganda peligrosa hacer creer a la gente que la situación en Francia es terrible. ¡Es ridículo! Yo soy un ejemplo de que esto no es verdad. Comencé de la nada y he progresado –en todo el mundo, pero también en Francia-. Francia tiene la comunidad judía más moderna, y la más moderna comunidad árabe y musulmana. Es absolutamente esencial que las relaciones entre los judíos y los árabes en Francia sean un éxito. Es crucial para Israel y para todo el mundo que ambas comunidades se lleven bien. Esas relaciones tienen una importancia estratégica: si no pueden vivir en armonía ahí, no podrán hacerlo en ninguna parte.
Pero, precisamente ahora, eso no parece demasiado factible
Eso no es cierto. Hay muchas discusiones. Por supuesto existen disputas, pero hay muchas coincidencias y discrepancias.
Eso es a nivel político, no en la calle. Usted y yo no llevaríamos una kipá en ciertos suburbios de París. Conozco a personas que se quitan la kipá, por miedo, incluso en el metro
Quizá sea cierto, pero nadie me ha dicho nunca que hace eso.
¿Cree que hay un problema de antisemitismo en la comunidad musulmana de Francia?
Absolutamente no. Quieren evitarlo a toda costa, en todo momento y lugar. Por supuesto están contra la política israelí en los territorios. Por supuesto no podemos decir que no hay ningún problema. En todas las sociedades siempre se encuentran locos. Pero no es un problema político, eso no se desarrolla, y de hecho no existe. Si mira las cifras no podrá probarlo.
Claro que se puede. Durante la Operación Plomo Fundido en Gaza se lanzaron cócteles Molotov sobre sinagogas e instituciones judías en Francia y aparecieron pintadas antisemitas en las paredes. El número de incidentes antisemitas se multiplicó por tres, según las estadísticas del Congreso Judío Europeo.
Espere, interrumpe Attali, no estoy aquí para defender a Francia. Eso no es de lo que deberíamos hablar usted y yo, y me siento decepcionado. Deberíamos hablar de problemas más importantes. Hay cosas más importantes para discutir que mis puntos de vista sobre un problema inexistente. Usted es un periodista israelí y todas sus preguntas se refieren a eso.
Sólo son algunas preguntas
Pero ése es un problema que no existe. Se lo digo con franqueza. Me decepciona discutir sobre una caricatura de Francia. Y no estoy aquí para defender a Francia.
La madre de Ilan Halimi me dijo que la razón por la que mataron a su hijo era porque nadie creía que hubiera antisemitismo en los suburbios
La respeto, no quiero hacer comentarios sobre lo que dice a causa de su pena.
Jacques Attali nació en una familia judía de Argel en 1943. Y explica que vivieron en una especie de enclave francés.
«Nunca hubo un musulmán en mi clase. Sé que hay quienes no estarán de acuerdo conmigo, pero la Argelia en la que viví era un puro apartheid».
Su padre era un exitoso comerciante de perfumes y su madre hablaba el árabe, tal como se hablaba en sus familias.
«Pero entre nosotros hablábamos en francés -no nos permitían hablar en árabe- por la idea de ascender socialmente».
En 1956, justo antes de que la guerra de la independencia en Argelia alcanzara su pico más alto, su padre decidió llevar a la familia a París. Este deseo de ascenso social colocó a Jacques –y también en gran medida a su hermano Bernard (ex presidente de Air France y de Air Canada)– en el camino del éxito. Attali habla seis lenguas y obtuvo cuatro diplomas universitarios en las instituciones francesas más prestigiosas. Una vez dijo que hacen falta 21 años para conseguir esos diplomas. «Pero yo los conseguí en 7 años».
De joven, se unió al equipo del dirigente del Partido Socialista, François Mitterand, y le acompañó al Palacio del Elíseo en 1981 convirtiéndose, durante un decenio, en el asesor más poderoso del presidente francés. Cualquiera que quisiera entrevistarse con Mitterand tenía que pasar por el despacho de Attali –personalmente- y el presidente alabó su actividad y su mente creativa «De cada 10 de sus ideas, yo adopto una», dijo una vez Miterrand.
«Estuve con él durante 10 años», dice Attali, «no pasaba un solo día sin que habláramos o nos reuniéramos »
Nota de la traductora (Myriam Abraham):
Aunque Attali da pruebas de clarividencia con respecto al presunto antisemitismo en Francia, padece de ceguera -lo que contradice sus abiertas declaraciones sobre el mundo árabe musulmán- cuando se trata de Israel. Sionista inveterado, declara en esta entrevista:
«…La paranoia es buena cuando tiene sus límites. El verdadero riesgo para Israel es verse contaminado (por los valores) de sus enemigos. El auténtico peligro radica en que los enemigos de Israel necesitan destruir sus valores morales para triunfar. Cuando usted tiene enemigos que no respetan las reglas de juego, usted está obligado a abandonar sus valores morales; éste es el verdadero peligro. El hecho de que Israel sea una nación moral en una región salvaje y sin moral puede conducir a una situación en la que Israel se rebaje al nivel de sus enemigos».
Con esta declaración, Attali se equipara a Golda Meir quien decía que nunca perdonaría a los palestinos que les «obligaran a matar a sus hijos», palabras de espíritus contaminados por la «victimología» sionista.
Sobre la supervivencia de Israel, Attali afirma:
«Un punto estratégico para la supervivencia de Israel -que para mí es evidente pero nadie quiere discutirlo- es que Israel debe tener judíos por todas partes del mundo para sobrevivir, no sólo por razones demográficas, sino también por razones económicas relacionadas con la globalización. Pero Israel tiene una compresión estratégica muy mediocre de lo que es judío. Mientras usted dice que se es judío sólo según la Halacha (ley religiosa judía) la tendencia actual –matrimonios mixtos, mezcla de razas- terminará por matar al pueblo judío»
«Para sobrevivir, Israel necesita 200 millones de judíos por todo el mundo, lo que significa que es un problema de conversión…»
Teniendo en cuenta las drásticas restricciones –que a menudo rayan con el racismo- impuestas por los judíos religiosos ultraortodoxos sobre las conversiones, Israel parece, pues, condenado a «desaparecer páginas de la historia» como dijo el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad y como confirman indirectamente estas declaraciones de Jacques Attali.
¿Será entonces que Jacques Attali es un antisemita o un «judío que se odia a sí mismo»? Fuente:http://www.planetenonviolence.org/Jacques-Attali-Il-N-Y-A-Pas-D-Antisemitisme-En-France_a2037.html
domingo, 7 de junio de 2009
Antisionismo no es antisemitismo

Ezequiel Adamovsky (LA VACA)
viernes 5 de junio de 2009
En estos días, una acción de una agrupación de izquierda en denuncia a los crímenes del Estado de Israel fue presentada en los medios como una “agresión antisemita” o “antisionista”, como si ambos términos fueran sinónimos.
Fue evidente la intención de los diarios y canales de TV de presentar a la izquierda en general como “antisemita” y violenta, sin la menor preocupación por contrastar la dudosa información que se filtró inicialmente.No puede aceptarse esta igualación, que muchos defensores de Israel pretenden imponer para silenciar cualquier crítica. La izquierda tiene una larga tradición de rechazo al sionismo y, al mismo tiempo, de defensa de los judíos contra toda discriminación. Nadie como la tradición de izquierda defendió y acogió en su seno a los judíos. La historia aporta muchos ejemplos. Hacia fines de la década de 1920 el Partido Comunista en Argentina tenía una importante proporción de afiliados judíos, que en Capital superaban el 14% (ninguna otra fuerza política podía mostrar en esa época un porcentaje similar). Los comunistas controlaban por entonces varios sindicatos de gremios en los que la mayoría de trabajadores eran judíos, como los de sastres, parquetistas, gorreros y panaderos israelitas. Obreros judíos animaban una Sección Judía del PC, que editaba periódicos y revistas en idisch de amplia circulación. Crearon además numerosas escuelas de expresión idish y otras entidades de apoyo a los judíos de todo el mundo. En los actos y conferencias partidarias el dirigente Máximo Rosen solía dar sus discursos en esa lengua, un signo de amistad hacia los judíos que ninguna otra fuerza acostumbraba mostrar. Ellos, sin embargo, estaban convencidos de que el sionismo era una forma de nacionalismo agresivo emparentada con el fascismo y el imperialismo. Por eso, el apoyo a los puntos de vista del PC palestino y la lucha contra el sionismo fueron preocupaciones centrales de las organizaciones de los judíos comunistas argentinos en esos años, que en varias ocasiones se enfrentaron incluso físicamente con los que pertenecían a organizaciones sionistas, a los que veían como enemigos. En una publicación de 1929, por ejemplo, se refirieron a ellos con los términos más duros:Los ‘fascistas sionistas’ se reagrupan llevando la ofensiva de brutales provocaciones a los camaradas comunistas, y escudados en el sentimiento nacionalista arraigado en la mentalidad de ciertas capas de obreros israelitas, continúan su labor de engaños y sofismas, de colectas por las cuales esquilman desde hace cuarenta años el bolsillo de los crédulos, y llevando a cabo la propaganda castradora y chauvinista al seno de las masas judías. (Véase H. Camarero: A la conquista de la clase obrera: los comunistas y el mundo del trabajo en la Argentina 1920-1935, Bs As, Siglo veintiuno, 2007, p. 311)Si los judíos comunistas de entonces hubieran tenido la ocasión de ver la violencia que el Estado de Israel ejercería mucho después contra los palestinos, el racismo abierto que profesan algunos de los líderes israelíes hoy en el gobierno y su íntima alianza con las tropelías del imperialismo norteamericano en Medio Oriente, no caben dudas que habrían visto confirmados sus peores pronósticos.La reciente difamación de la prensa no es un hecho puntual: forma parte de una verdadera campaña. En los últimos meses en varias ocasiones los representantes de las organizaciones más importantes de la comunidad judía han denunciado supuestos “brotes antisemitas” en Argentina. Que el antisemitismo existe y debe ser combatido, no cabe ninguna duda. Pero no ayuda a ello el uso político que de este tema realizan quienes apoyan las políticas israelíes. El mote de “antisemita” se viene usando con creciente intensidad con la sola finalidad de silenciar a aquellos que se atreven a criticar las injusticias que el estado de Israel viene cometiendo contra los palestinos. Es vergonzosa en este sentido la actitud del INADI de convalidar ese uso, confirmando la sospecha de “antisemitismo” que las organizaciones por-israelíes pretenden echar sobre todos los que no están de acuerdo con su línea política. La parcialidad de su titular, María José Lubertino, contrasta con la buena labor que viene realizando en otras áreas, y no es casual. En enero de este año tuvo el atrevimiento de acusar a Israel de “violar el derecho internacional” con su invasión a la Franja de Gaza, una afirmación de sentido común por la que, sin embargo, recibió durísimos ataques de los líderes de las entidades representativas de la colectividad judía y también del Jefe de Gabinete. Tras el incidente, que casi le cuesta su cargo, Lubertino parece haber aprendido la lección: no se puede ir en contra de la política del sionismo sin exponerse a serias consecuencias.Son sin embargo cada vez más los judíos que comprenden que el legado cultural milenario de un pueblo no puede atarse a los intereses de un estado militarista. Prominentes intelectuales como Naomi Klein vienen denunciando un nuevo “apartheid” contra los palestinos y llamando a un boicot contra Israel. Incluso rabinos y soldados israelíes han hecho pública su oposición. Pero además se han hecho oír voces de hartazgo frente a la manipulación de la denuncia “antisemita” y de la memoria del Holocausto. Sir Gerald Kaufman, miembro del Parlamento británico, se quejó públicamente de que el gobierno israelí “explota cínicamente el sentimiento de culpa que hay entre los cristianos por la masacre de judíos durante el Holocausto”, con el sólo fin de “justificar el asesinato de palestinos”. Su voz se suma a la de otros, como la del filósofo Michael Neumann, que viene protestando por lo mismo desde hace años. Para Neumann resulta un “escándalo” la atención que recibe el problema del antisemitismo en relación con otras formas de racismo de igual o mayor importancia. Más aún, opina que, teniendo en cuenta que quienes defienden la causa israelí sistemáticamente la relacionan con la identidad judía, no es sino comprensible que haya reacciones antijudías como parte del rechazo de la política del sionismo. Tanto Kaufman como Neumann son descendientes de víctimas del nazismo. En Argentina son varios los que alzaron su voz contra el uso político de la memoria de los sufrimientos del pueblo judío. Entre otros, lo hizo Laura Ginsberg, familiar de una víctima del atentado a la AMIA. Más recientemente lo han hecho Néstor Kohan y el grupo “No en Nuestro Nombre”.Es preciso reconocer que la forma más preocupante y extendida de discriminación a nivel global no es hoy la que afecta a los judíos. Los árabes y musulmanes vienen siendo objeto de ataques de odio racial en numerosos países. Los prejuicios antimusulmanes son moneda corriente en la cultura de masas (basta ver la cantidad de films en los que se los relaciona con la irracionalidad y el terrorismo). El racismo antiárabe está arraigado en la propia sociedad israelí. Como informó la BBC en 2007, encuestas llevadas a cabo entre jóvenes de ese país mostraron que un 75% opinaba que los árabes eran menos inteligentes y más “sucios” que otros pueblos. Indudablemente, la tolerancia que la opinión pública internacional viene mostrando frente a las sistemáticas violaciones de derechos humanos que afectan a musulmanes se explica en buena medida por esos prejuicios. En el mundo de Guantánamo y Abu Ghraib, de las cárceles clandestinas de la CIA en Europa y del fósforo blanco cayendo sobre niños en Palestina, combatir el racismo antiárabe debería aparecer como la prioridad principal para cualquier persona justa. No debe llamar la atención que la tradición de izquierda denuncie hoy el sionismo, como lo ha hecho siempre. Y tampoco puede nadie asombrarse de que hoy defienda a los árabes y musulmanes de las discriminaciones y agresiones que reciben, tal como lo hizo en el pasado cuando los judíos eran las principales víctimas de ese tipo de ataques. El odio contra árabes y musulmanes es el nuevo antisemitismo
Ezequiel Adamovsky es historiador e investigador del CONICET.
jueves, 21 de mayo de 2009
Censuran en San Juan a Fabián Spollansky. Escritor del libro LA MAFIA JUDÍA EN LA ARGENTINA

Texto aparecido en el Blog de Daniel Muchnik
PERSECUCIÓN IDEOLÓGICA A UN ESCRITOR Y EMPRESARIO JUDÍO. Transcribo la excelente nota del Profesor Daniel Illanes en su diario el Chango
El empresario Fabián Spollansky escribió un libro que a todas luces será un verdadero suceso editorial. Se llama “LA MAFIA JUDÍA EN LA ARGENTINA”.
Se trata de un trabajo muy bien documentado sobre el gang dirigido por Eduardo Elsztain, Marcelo Mindlin Esteban Paolantonio y el estudio dirigido por el abogado Zang, que fue en los noventa una máquina de guerra del gran capital para quedarse con bienes del Estado mediante las privatizaciones.
Fabián Spollansky pertenece a una familia judía arraigada de modo muy profundo en la realidad sanjuanina. Su padre fue ministro de Américo García además de ser un psiquiatra famoso con desempeño en nuestro país y en el extranjero. Está emparentado con la principal familia judía de San Juan, los Goransky, cuya trayectoria en ámbitos públicos y privados ha sido muy importante.
Spollansky escribe La Mafia Judía en la Argentina con la finalidad de defender al judaísmo aquí y en otras partes del mundo. Quienes lo persiguen parecen coincidir con viejas prácticas antisemitas, pero desde adentro de la propia colectividad. Por haber dicho la verdad, lo quieren expulsar de la Sociedad Israelita, lo que seguramente tendrá mucha repercusión.
Estos censores, o represores del pensamiento y la libre expresión, parecen ignorar que las mafias no son los pueblos, Que haya una mafia siciliana no quiere decir que todos los sicilianos sean mafiosos, y lo mismo cabe para la mafia china, la mafia rusa, o cualquier otra. Que haya mafiosos judíos no quiere decir que todos los judíos sean mafiosos. Lo que Spollansky hace es denunciar a los mafiosos para que no dañen el concepto de todo un pueblo. Esta absurda presión represiva ha llevado a los dueños de una librería local a negar la venta y exhibición del libro.
A Spollansky no lo persiguen por atacar al judaísmo sino precisamente por defenderlo. EN SAN JUAN HAY CENSURA.
jueves, 9 de abril de 2009
¿Es antisemita criticar al Gobierno israelí?

Pocas veces un periódico habrá recibido una descalificación tan global y contundente como la que ha dirigido a esta defensora el señor Raphael Schulz, y menos frecuente aún es que los términos en los que se expresa procedan de la máxima representación diplomática de un país, pues el señor Schulz es el embajador de Israel en España. Va a ser difícil resumir aquí su posición, pues la carta a la defensora viene acompañada de varias más, de considerable extensión, remitidas a diversos responsables del diario. Entre ellas, una dirigida a Ignacio de Polanco, Juan Luis Cebrián y Javier Moreno a propósito de un reportaje publicado en El País Semanal del corresponsal en Oriente Próximo Juan Miguel Muñoz. Tras afirmar que el periodista forma parte del “mecanismo de relaciones públicas de Hamás” y acusarle de haber contribuido a crear un estado de opinión “que ha hecho posible manifestaciones de odio y violencia hacia Israel”, concluye que tal vez el trabajo periodístico del corresponsal no sea “el verdadero problema”, sino “la falta de cualquier criterio profesional, ético o moral de vuestra parte, que transforma cualquier panfleto producido por J. M. M. en material apto para su publicación en EL PAÍS”.
La carta dirigida a la defensora comienza así: “La cobertura de la información relacionada con Israel y Oriente Próximo sufre de forma sistemática de sesgo, unilateralidad y falta de objetividad. En consecuencia los lectores desconocen la verdad y los hechos, y se forman una imagen distorsionada de la situación”. Enumera a continuación los tres principales problemas, que en resumen son: 1. La forma tendenciosa de informar de nuestro corresponsal. 2. No dar cabida en el diario a las posturas de la Embajada de Israel en España. 3. El uso de terminología tendenciosa. “A todo lo dicho debo agregar”, añade, “que El País Semanal sirve de plataforma para la incitación anti-israelí”, pues además del citado reportaje de J. M. M., “sus páginas han dado cabida a dos odiosos artículos de Maruja Torres y Juan José Millás”, y diversas cartas de lectores. Concluye afirmando que "El País, "en lo que a Israel se refiere, informa, forma y deforma para adecuar las realidades a sus principios doctrinales".
Si se tratara de una queja específica o señalara mentiras o tergiversaciones concretas, esta defensora podría analizar si se han cometido errores o se ha incumplido el Libro de Estilo. Pero se trata de una enmienda a la totalidad muy difícil de objetivar. Por ejemplo, cuando el embajador se queja de que EL PAÍS no da cabida a las posturas de Israel, aduce como ejemplo que durante la reciente operación militar en Gaza, todos los grandes diarios españoles le entrevistaron, excepto EL PAÍS. Pero ésa es una prerrogativa indiscutida de cada medio.
Dado el carácter global de la queja, he solicitado a Javier Moreno, director de EL PAÍS, que responda al embajador. Lo ha hecho en estos términos:
1.- EL PAÍS no ha silenciado o censurado en modo alguno al embajador de Israel. Se queja de que no pocas cartas suyas o de sus portavoces no han sido publicadas: igual que otras miles de lectores que tampoco se publican por falta de espacio. Ninguna de las misivas del embajador contenía corrección alguna a datos o hechos publicados por el periódico, y sí en cambio abundante propaganda oficial de su Gobierno. Entiendo que el Gobierno israelí dispone de medios suficientes para hacer llegar su posición a la opinión pública, y dudo mucho de que los lectores de EL PAÍS la ignoren: se recoge adecuadamente en las crónicas informativas. Otra cosa es cómo parece entender el embajador su función, a tenor de su queja: "Silenciar la voz de los portavoces oficiales de Israel en España nos parece una versión extraña de la libertad de expresión". La embajada de Israel es una de las dos o tres que no parecen entender cuál es exactamente su misión respecto a los medios de comunicación: representar la posición de su país y no sólo la de su Gobierno. El señor Schutz también es embajador de los ciudadanos que discrepan de las políticas del Ejecutivo de turno y que no le han votado.
2. Con todo, la acusación más grave es la de que EL PAÍS ampara la incitación antiisraelí. Nada más lejos de la verdad. Una y otra vez el embajador ha recordado que el asesinato en masa de millones de judíos a manos del régimen nazi otorga una gravedad especial a la incitación contra Israel o contra los judíos. Y tiene razón. EL PAÍS siempre ha sostenido que el Holocausto es una tragedia única en la historia, que merece un respeto y un tratamiento especial que evite comparaciones banales con otras situaciones. Como prueba de ese respeto, el Día del Holocausto los embajadores de Israel vienen publicando en EL PAÍS un artículo en recuerdo de la tragedia, privilegio que no tienen otros embajadores. Por eso resulta más inaceptable que el señor Schutz se empeñe en rebajar la significación histórica del Holocausto utilizándolo, directa o indirectamente, para sostener la acusación de antisemitismo cada vez que en este diario se discute la política del Gobierno de Israel en editoriales o artículos. Es lícito criticar a su Gobierno en editoriales, artículos, viñetas e incluso cartas al director, como lo hacen muchos intelectuales y periodistas israelíes. Honestamente, no creo que se les pueda tachar de antisemitas. Con ello, el embajador cree defender a su país (cuando sólo defiende a su Gobierno), pero hace un flaco favor a la más noble causa de Israel y del pueblo judío”.
3.-Finalmente, me parece que reducir el conflicto árabe-israelí a un desgraciado recuento de muertos de ambos lados, como hace el embajador cuando afirma que "Siria ha derramado mucha más sangre árabe que Israel", tan solo ilustra, desgraciadamente, el nivel intelectual al que ha llegado la discusión sobre tanta tragedia."
Dada la descalificación global de su trabajo, la Defensora ha recabado la opinión de Juan Miguel Muñoz. El corresponsal cuenta que la única entrevista que ha mantenido con el Sr. Schutz se celebró en el Hotel King David de Jerusalén, escenario del ataque con explosivos de un grupo paramilitar judío en 1946. En aquel atentado murieron más de 90 personas. Una placa recuerda a quienes perpetraron el atentado: “Luchadores del Irgun a las órdenes del Movimiento de Resistencia Hebreo”. ¿Terroristas? Israel nunca los calificaría así. “Es sólo un ejemplo de la complejidad de este conflicto”, dice Muñoz. “Además de la violencia se libra una guerra de propaganda. Todos los implicados son muy activos. Israel hasta le ha puesto nombre: hasbara. Flaco favor hicieron Israel y Egipto a la cobertura honesta de la guerra de Gaza al vetar la entrada de los periodistas extranjeros”.
Raphael Schulz considera que el reportaje publicado el 22 de febrero en El País Semanal, titulado "Gaza después de la masacre", "incluye mentiras, imprecisiones y omisiones que empiezan por el mismo titular y continúan en todo el artículo. La afirmación de que Israel sometió a la población de Gaza a un castigo colectivo es mentira. Israel actuó (…) de forma selectiva contra objetivos militares (una mezquita que almacena armas es también un objetivo militar). Si hay lugar para el uso de la expresión castigo colectivo sería para referirse al castigo al que han sido sometidos los ciudadanos del sur de Israel acosados durante años por los misiles y cohetes lanzados por la organización terrorista Hamás".
El corresponsal rechaza las acusaciones de falsedad y falta de ética: “La guerra de Gaza horrorizó al mundo. El embajador lo sabe. Lo que desató la ira no es que Israel se defendiera, sino la desproporción de su respuesta. Es más, diplomáticos israelíes justifican el ataque inicial a las instalaciones policiales del Gobierno de Hamás, pero rechazan abiertamente la violenta ofensiva por tierra posterior a los ataques aéreos. Lo he comprobado personalmente. Un buen puñado de ONG y varios periodistas, todos israelíes, documentan también los atropellos y con mucha frecuencia van más allá en la crítica a su propio gobierno y al Ejército que los corresponsales extranjeros. Es cierto, discrepamos sobre las causas de la actual violencia. A su juicio, el contexto se limita al lanzamiento de cohetes desde 2001. Yo opino que la destrucción de centenares de pueblos antes y después de la fundación del Estado, la expulsión de la mitad de la población palestina, y los 41 años de ocupación también son muy relevantes".
Expuestos los argumentos, esta Defensora querría hacer también algunas consideraciones. Informar sobre un conflicto tan enconado no resulta fácil. En paralelo al enfrentamiento armado, ambas partes libran una feroz batalla en el campo de la información. Ambas luchan por conseguir "un relato público" favorable a sus posiciones y con frecuencia utilizan términos antagónicos para referirse al mismo hecho. El lanzamiento de cohetes desde Palestina es visto por Israel como un ataque terrorista, mientras los atacantes lo consideran parte de su derecho a la resistencia frente a una ocupación ilegítima. Las incursiones armadas del Ejército israelí son presentadas por su Gobierno como actos necesarios de su derecho a defenderse, mientras desde Palestina son contempladas como terrorismo de Estado. Pero por encima de las versiones de parte, están los hechos. No debe confundirse imparcialidad con equidistancia, ni los hechos con sus versiones. La mejor manera de defender el derecho de los lectores a una información veraz es no caer en un periodismo de versiones. Ese es precisamente el tipo de cobertura informativa que debemos evitar.
En este conflicto cada parte utiliza sus estrategias de propaganda, y el periodismo independiente debe saber distinguirlas y pasar por encima de ellas, teniendo en cuenta además que la capacidad de propaganda de las partes tampoco es simétrica. Pretender que una cobertura equilibrada de un conflicto es aquella que equilibradamente ofrece las versiones de ambas partes significa otorgar ventaja a la que más medios puede destinar a hacer prevalecer su versión por encima de los hechos. En la práctica, supone otorgar las mismas oportunidades a la verdad que a la mentira. Si lo que prevalece no son los hechos, la parte perjudicada por ellos tratará de obstaculizar la difusión de la verdad con versiones o con ruido. Conseguir que las dos versiones aparezcan en plano de igualdad, habrá sido ya una victoria del que miente.
¿Se puede acusar a EL PAÍS de mentir cuando afirma que la "incursión militar" en Gaza se convirtió en una trampa mortal para un millón y medio de palestinos? Ciertamente no era la primera vez que la población civil era atacada en un conflicto. Pero, ¿es o no es cierto que, como ha dicho Naciones Unidas, estos palestinos han sido los primeros civiles a los que se ha impedido huir de una guerra? Pues si no podían huir, era una trampa mortal.
No se nos oculta, por otra parte, que la construcción de un relato público influye sobre la realidad. Hasta tal punto que desde ciertos sectores neoconservadores se ha llegado a creer (y practicar) que es posible, no sólo fabricar un relato, sino crear realidad si se consigue imponer en el imaginario colectivo. Recordemos las armas de destrucción masiva.
Los periodistas nunca debemos olvidar que nuestra primera obligación es buscar la verdad, y esta se sustenta en hechos, no en versiones que obedecen a estrategias de propaganda. También el envío sistemático de cartas a los directores y responsables de medios como EL PAÍS puede formar parte de una estrategia. Incluso la petición de amparo a la Defensora del Lector. Después de recibir las cartas, esta defensora mantuvo una conversación con responsables de la Embajada en términos muy amigables, que contrastan vivamente con el tono de las misivas recibidas. Tal vez este artículo figure próximamente en un lugar destacado del informe que la Embajada de Israel enviará a su Gobierno sobre la guerra informativa que se libra en España con no menos intensidad que la que se libra en el resto del mundo. Y tal vez el embajador reciba una felicitación por haber conseguido que lo escriba.
