Dra. Lois Lamya' al Faruqi [2]
publicado en Revista ALIF NÛN nº 80 - Marzo.2010
Las mujeres musulmanas tienden a ver el movimiento feminista con cierta aprensión, no importa si viven en Oriente Medio, África, Asia Central, Pakistán, el sudeste asiático, Europa o América. Aunque hay algunos rasgos de la causa feminista que nosotros, como musulmanes, podríamos compartir, otras características no las aceptamos, e incluso nos oponemos a ellas. No hay, sin embargo, una respuesta simple o fácil a la pregunta de si, en el futuro, el feminismo encontrará apoyo u oposición en el entorno islámico.
Hay, no obstante, una serie de tradiciones sociales, psicológicas y económicas que rigen el pensamiento de gran parte de los musulmanes y que afectan en especial a la situación y el papel de la mujer en las sociedades islámicas. Comprender estas tradiciones puede ayudarnos a entender las cuestiones que afectan a la situación y el papel del hombre y la mujer, y cómo debemos reaccionar frente a los movimientos que tratan de mejorar la condición de las mujeres en cualquiera de los países donde viven los musulmanes.
Tradiciones islámicas y situación de la mujer
La estructura familiar
Una de las tradiciones islámicas que afectan al modo en que las mujeres musulmanas responden a las ideas feministas es la promoción en la cultura islámica de una estructura de familia extensa en lugar de nuclear. Algunas familias musulmanas son familias extensas en las que tres o más generaciones de parientes (abuelos, padres, tíos, tías y su descendencia) viven en comunidad, compartiendo una sola vivienda, edificio o recinto cerrado. Incluso cuando no es posible esta versión comunitaria de la familia extensa, las relaciones familiares que van más allá de la unidad nuclear se muestran en los fuertes vínculos psicológicos, sociales, económicos e incluso políticos. El apoyo mutuo y las responsabilidades compartidas que caracterizan a estos grupos consanguíneos más extensos no sólo son considerados como algo deseable, sino que la ley islámica los ha convertido en un deber para los miembros de la sociedad. El Sagrado Corán mismo exhorta a la solidaridad dentro de la familia extensa, y además especifica el alcance de tales obligaciones y contiene las normas legales de la herencia, el apoyo mutuo y otras estrechas interdependencias dentro de la familia extensa. [3]
Nuestras tradiciones islámicas también prescriben una participación mucho mayor de la familia a la hora de concertar y preservar los matrimonios. Mientras que la mayoría de las feministas occidentales criticaría que la familia intervenga en los matrimonios y los concierte, juzgándolo como una influencia negativa por su aparente restricción de la libertad y la responsabilidad individuales, los musulmanes podríamos argumentar que esta participación de la familia es ventajosa tanto para los individuos como para los grupos dentro de la sociedad. No sólo asegura matrimonios basados en principios más sólidos que la atracción física o el capricho sexual, sino que proporciona otras garantías para que el matrimonio se desarrolle con éxito. Los miembros de la familia ofrecen compañía y apoyo, asesorando y solidarizándose con los recién casados cuando éstos se están adaptando a la forma de ser de su cónyuge. A los cónyuges no les resulta fácil adoptar una conducta injusta hacia su pareja, pues tal comportamiento provocaría la oposición del grupo más amplio. Las disputas no suelen ser demasiado graves, pues los miembros adultos de la familia, después de una riña, actúan como mediadores y ofrecen fuentes alternativas de apoyo y consuelo. Las dificultades para ser padres y el conflicto generacional también son menores, y los clubes de solteros o las agencias de matrimonio son elementos innecesarios para la interacción social. En las familias extensas no hay peligro de que los hijos de padres que trabajan queden desprotegidos, desatendidos, carezcan del cariño suficiente o de la adecuada socialización, pues el hogar de la familia extensa nunca está vacío. No existe, por lo tanto, el sentimiento de culpa que ha menudo experimentan los padres de familias monoparentales o nucleares que trabajan fuera de casa. Trastornos como el divorcio no debilitan tanto a adultos y niños, pues la unidad social más amplia absorbe a los individuos afectados mucho más fácilmente de lo que pueda hacerlo la familia nuclear.
El abandono de la cohesión de la que antes disfrutaba la familia en la sociedad occidental, el auge de modelos familiares alternativos, por lo general más reducidos, y el consiguiente aumento del individualismo que muchas feministas practican, o al menos defienden, están reñidos con estas costumbres y tradiciones islámicas tan arraigadas.
El individualismo frente a organizaciones más amplias
El apoyo mutuo que habitualmente encontramos en las grandes organizaciones familiares dotadas de complejas relaciones está unido a otra tradición islámica que parece ir en contra de las recientes tendencias occidentales y de la ideología feminista. El Islam y las mujeres musulmanas suelen ser partidarios de amoldar los intereses y objetivos individuales al bienestar del grupo más amplio y al de sus miembros. En lugar de abrazar los objetivos del individualismo, el Islam inculca a sus seguidores un sentido de pertenencia a la familia y de responsabilidad hacia el grupo. Los musulmanes no perciben o experimentan esto como una represión contra el individuo. Otras tradiciones que serán comentadas más adelante garantizan su personalidad jurídica. Las mujeres musulmanas, por lo tanto, no adoptarían el feminismo como un objetivo que deba perseguirse sin tener en cuenta la relación de la mujer con los otros miembros de la familia. La mujer musulmana considera que sus objetivos deben equilibrarse con –o incluso subordinarse a– los del grupo familiar. El individualismo desenfrenado que a menudo se experimenta en la vida contemporánea y que trata sus objetivos propios aisladamente de otros factores o como un bien supremo y absoluto, va en contra del profundo compromiso islámico con la interdependencia social.
Funciones distintas para cada sexo
La tercera tradición islámica que afectará al futuro de cualquier movimiento feminista en un entorno islámico es la que establece distintas funciones y responsabilidades para el hombre y la mujer en la sociedad. El feminismo, tal y como se ha presentado en la sociedad occidental, suele negar cualquier diferenciación y ha exigido un cambio hacia una “sociedad unisex” con el fin de lograr la igualdad de derechos para las mujeres. Por “sociedad unisex” entiendo aquella en la que se da preferencia y se valora un conjunto único de funciones e intereses, al margen de las diferencias de sexo y de edad. En el caso del feminismo occidental, los objetivos preferentes han sido los que tradicionalmente han cumplido los miembros masculinos de la sociedad. Actividades como ofrecer apoyo financiero, obtener éxito profesional, o ser el responsable de tomar decisiones han sido objeto de un respeto y de una atención abrumadores, mientras que las relacionadas con los asuntos domésticos, el cuidado de los niños, el ámbito psicológico y espiritual y las relaciones sociales han sido subestimadas e incluso despreciadas. Tanto hombres como mujeres se han visto obligados a aceptar un modelo único que quizá es más restrictivo, rígido y coercitivo que el que antes asignaba una función a los hombres y otra a las mujeres.
Esta es una nueva señal del chovinismo masculino que las tradiciones islámicas no pueden asumir. El Islam, en cambio, sostiene que ambos tipos de funciones merecen el mismo respecto y dedicación, y que una división del trabajo en función del sexo suele ser beneficiosa para todos los miembros de la sociedad, cuando va acompañada de la equidad que exige la religión.
Las feministas podrían pensar que esta postura abre las puertas a la discriminación, pero nosotros, como musulmanes, consideramos que las tradiciones islámicas apoyan de manera clara e inequívoca la igualdad entre hombres y mujeres. En el Corán no se establece diferencia alguna entre los sexos con respecto a Dios: “Dios ha preparado el perdón y una enorme recompensa para los sumisos [a Dios] y las sumisas [a Dios], para los creyentes y las creyentes, para los devotos y las devotas, para los sinceros y las sinceras, para los dotados de paciencia y las dotadas de paciencia, para los humildes y las humildes, para los caritativos y las caritativas, para los que ayunan y las que ayunan, para los que protegen su castidad y las que protegen sus castidad, para los que recuerdan mucho a Dios y las que recuerdan mucho a Dios” (33:35). “Al creyente, hombre o mujer, que obre bien, sin duda le haremos vivir una buena vida y en verdad lo recompensaremos conforme a sus mejores obras.” (16:97). [4]
Es sólo en las relaciones mutuas y en la sociedad donde se establece una diferencia, pero una diferencia de papel o de función. Los derechos y las responsabilidades de una mujer son equivalentes a los de un hombre, pero no necesariamente idénticos. Equivalencia e identidad son dos cosas diferentes, y las tradiciones islámicas afirman que la primera es deseable, pero la segunda no. Por lo tanto, hombres y mujeres deben complementarse mutuamente dentro de una organización multifuncional y polivalente, en lugar de competir entre sí en una sociedad unifuncional y uniforme.
La igualdad exigida por las tradiciones islámicas debe, sin embargo, analizarse en un contexto más amplio si se quiere comprender adecuadamente. Dado que los musulmanes consideran la diferencia de funciones entre los dos sexos como algo natural y deseable en la mayoría de los casos, las responsabilidades económicas de hombres y mujeres difieren con el fin de compensar las diferencias físicas entre ambos sexos y la mayor responsabilidad que asumen las mujeres en las tareas reproductivas y de crianza de los hijos, tan necesarias para el bienestar de la sociedad. Por lo tanto, afirmar que los hombres de la familia son responsables de mantener económicamente a las mujeres o que las mujeres no tienen la misma responsabilidad en ese aspecto, no supone trastocar o negar la igualdad entre los dos sexos. Se trata más bien de una obligación que los hombres deben cumplir para compensar otras responsabilidades que afectan a las mujeres en virtud de las capacidades específicas de éstas. Asimismo, el distinto porcentaje de herencia para cada sexo, que tan a menudo se cita como un ejemplo de discriminación contra las mujeres, no debe considerarse como una prescripción aislada [5] . No es sino una parte de un sistema global en el que las mujeres no tienen la obligación legal de mantener a los otros miembros de la familia, pero donde los hombres están obligados por ley y por costumbre a mantener a todos sus parientes femeninos.
¿Significa esto que las tradiciones islámicas prescriben necesariamente mantener el estatus quo en las sociedades islámicas actuales? La respuesta es un no rotundo. Muchos musulmanes inteligentes –tanto hombres como mujeres– estarían de acuerdo en que sus sociedades no cumplen con los ideales y las tradiciones del Islam establecidos en el Corán y reforzados por el ejemplo y las directrices del Profeta Muhammad, salallahu alaihi wasallam. El Corán y la historia nos informan de que las mujeres no sólo expresaban sus opiniones libremente en presencia del Profeta, sino que también discutían y participaban en importantes debates con el Profeta mismo y con otros líderes musulmanes de la época (Corán, 58:1). Las mujeres musulmanas son conocidas por haberse opuesto incluso a algunos califas, quienes más tarde aceptaron los sólidos argumentos de aquellas mujeres. Un ejemplo concreto tuvo lugar durante el califato de ‘Umar ibn al-Jattab [6] . El Corán reprendió a quienes creían en la superioridad del hombre sobre la mujer (16:57-59) y en repetidas ocasiones se refiere a la necesidad de tratar a hombres y mujeres con equidad (2:228; 2:231; 4:19, etc.). Por lo tanto, si las musulmanas sufren discriminación en cualquier época o lugar, ni culpan ni deben culpar al Islam sino al carácter no islámico de sus sociedades y al fracaso de los musulmanes a la hora de cumplir con las directrices islámicas.
Personalidad jurídica propia para las mujeres
La cuarta tradición islámica que afecta al futuro del feminismo en las sociedades musulmanas es la personalidad jurídica propia para las mujeres, la cual exige el Corán y la Shari‘ah. Todo individuo musulmán, ya sea hombre o mujer, posee su identidad propia, desde la cuna a la tumba. Esta personalidad jurídica propia otorga a la mujer el derecho a formalizar contratos, dirigir negocios y adquirir y poseer propiedades de manera independiente. El matrimonio no afecta a su estatus legal, sus propiedades o sus ingresos –y ni siquiera a su nombre [7] . Si ella comete cualquier delito, su castigo no es ni mayor ni menor al del hombre en un caso similar (Corán, 5:83; 24:2). Si se siente agraviada o perjudicada, tiene derecho a una indemnización igual a la del hombre (Corán, 4:92-93. Véase también Mustafa al-Siba’i 1976:38; Darwazah, s.f.:78). La exigencia feminista de una personalidad jurídica propia para las mujeres es, por lo tanto, algo que también defienden las tradiciones islámicas.
Poliginia
Aunque el hecho de que un hombre tome varias esposas suele ser conocido con el nombre de poligamia, el término sociológico más correcto es el de poliginia. Esta institución es probablemente la tradición islámica peor comprendida y más criticada por los no musulmanes. Se trata de uno de esos estereotipos explotados por Hollywood para ridiculizar a la sociedad islámica. La primera imagen que acude a la mente del occidental cuando se aborda el tema del Islam y del matrimonio es la de una religión que defiende la satisfacción sexual de los miembros varones de la sociedad y el sometimiento de sus mujeres mediante esta institución.
La tradición islámica permite, en efecto, que un hombre se case con más de una mujer a la vez. Incluso en el Corán se le concede a los varones esta prerrogativa [8] . Sin embargo, el uso y la percepción de esta institución está lejos del estereotipo de Hollywood. No cabe duda de que la poliginia no fue impuesta por el Islam ni es una práctica universal. Más bien se trata de una excepción a la norma de la monogamia, y su práctica está muy limitada por las presiones sociales [9] . Que algunos varones musulmanes la utilicen para facilitar o justificar la promiscuidad sexual no es menos condenable desde un punto de vista islámico que el adulterio, ni menos perjudicial para la sociedad. Los musulmanes ven la poliginia como una institución que sólo debe ponerse en práctica en circunstancias extraordinarias. Desde este punto de vista, las mujeres musulmanas, por lo general, no la han considerado una amenaza. Por lo tanto, si el movimiento feminista trata de centrar sus esfuerzos para mejorar la situación de la mujer en erradicar esta institución, encontrará escasa simpatía y pocos apoyos.
Directrices para el movimiento feminista en un entorno islámico
¿Qué conclusión podemos sacar sobre la futura compatibilidad o incompatibilidad del feminismo con un entorno musulmán, partiendo de estos rasgos de las tradiciones islámicas? ¿Existen principios generales que deban adoptar o directrices que deban asumir quienes trabajan por los derechos de la mujer y los derechos humanos en el mundo?
Incompatibilidad intercultural del feminismo occidental
Podría decirse que el asunto básico y más importante es que muchos de los objetivos del feminismo, tal y como éste se concibe en la sociedad occidental, no son necesariamente adecuados en otros espacios culturales, ni exportables a éstos. El feminismo como movimiento occidental se inició en la Inglaterra del siglo XVIII y tenía como uno de sus principales objetivos erradicar las desigualdades legales que la legislación inglesa imponía a las mujeres. Estas leyes eran especialmente discriminatorias con respecto a la mujer casada. Procedían en parte de fuentes bíblicas (por ejemplo, la idea de que el hombre y la mujer se convierten en “una sola carne” y el hecho de atribuir a Eva y a toda su descendencia femenina una naturaleza inferior e incluso malvada) y en parte de costumbres feudales (por ejemplo, la importancia de transportar y suministrar armas para la batalla, junto al desprecio hacia la contribución femenina a la sociedad). La Revolución Industrial y su necesidad de que las mujeres contribuyeran como fuerza de trabajo dio fuerza al movimiento feminista y ayudó a que sus partidarios echaran abajo la mayoría de aquellas leyes discriminatorias.
Puesto que la historia y el legado de los pueblos musulmanes han sido radicalmente diferentes a los de Europa Occidental y América, el feminismo que atraiga a las mujeres musulmanas y a la sociedad islámica en general debe ser igualmente diferente. Esos derechos legales que las mujeres occidentales solicitaban en la reforma de la legislación inglesa ya habían sido concedidos a las mujeres musulmanas en el siglo VII. Esta lucha, por lo tanto, tiene poco interés para la mujer musulmana. Además, sería inútil tratar de interesarnos en ideas o reformas que son diametralmente opuestas a aquellas tradiciones que constituyen una parte importante de nuestra herencia religiosa y cultural. Ha habido una buena dosis de oposición a cualquier cambio legislativo con respecto al estatuto personal musulmán, pues éste encarna y refuerza las tradiciones que hemos estado analizando. En otras palabras, si el feminismo desea tener éxito en un entorno islámico debe adoptar una forma autóctona en lugar de ser un feminismo concebido y desarrollado en un entorno extraño, con problemas, soluciones y objetivos diferentes.
La forma de un feminismo islámico
Si los objetivos del feminismo occidental no son viables para las mujeres musulmanas, ¿qué forma debería adoptar el movimiento feminista para asegurarse el éxito?
Por encima de todo, el feminismo debe reconocer que, mientras que la corriente principal del movimiento feminista en Occidente ha visto a la religión como uno de los principales obstáculos para su progreso y bienestar, las mujeres musulmanas ven las enseñanzas del Islam como su mejor aliado y apoyo. Las prescripciones que se encuentran en el Corán y en el ejemplo del Profeta Muhammad, salallahu alaihi wasallam, se consideran como el ideal hacia el cual las mujeres musulmanas contemporáneas desean regresar. En lo que a ellas respecta, el origen de las dificultades de hoy en día no es el Islam ni sus tradiciones, sino ciertas intromisiones ideológicas extrañas a nuestras sociedades, la ignorancia y la distorsión del verdadero Islam, y la explotación de los individuos dentro de la sociedad. Desconocer este hecho es lo que provocó incomprensión y malestar mutuos cuando los representantes del movimiento feminista en Occidente visitaron Irán antes y después de la Revolución Islámica [10] .
En segundo lugar, un feminismo que deseé tener éxito en un entorno islámico no debería actuar de manera chovinista, buscando sólo el interés de las mujeres. Las tradiciones islámicas dictan que el progreso de las mujeres debe lograrse en el marco de una lucha más amplia que beneficie a todos los miembros de la sociedad. El bien común o del grupo es siempre más importante que el bien de un sector concreto de la sociedad. De hecho, se considera que la sociedad es un todo armónico en el que el bienestar de cada miembro u órgano es necesario para la salud y el bienestar del resto de las partes. Por lo tanto, la posición de desventaja de las mujeres siempre debe combatirse a la vez que se intentan aliviar los factores que afectan negativamente a los hombres y a otros segmentos de la sociedad.
En tercer lugar, el Islam es una ideología que va mucho más allá de las prácticas rituales de un pueblo, afectando también a su vida social, política, económica, psicológica y estética. Din, que suele considerarse como la palabra equivalente al término inglés “religión”, es un concepto que incluye, además de las ideas y practicas que solemos asociar con la religión, un amplio espectro de prácticas e ideas que afectan a casi todos los aspectos de la vida diaria del individuo musulmán. Por lo tanto, muchos musulmanes de hoy en día consideran el Islam y las tradiciones islámicas como la principal fuente de cohesión que permite alimentar una identidad; la principal fuente de estabilidad, necesaria para hacer frente a la intrusión de influencias foráneas, y la principal fuente de cooperación, requerida para resolver sus numerosos problemas actuales. Ignorar este hecho o no apreciar toda la importancia que tiene para el musulmán medio –ya sea hombre o mujer– conduciría al fracaso de cualquier movimiento dirigido a mejorar la posición de la mujer bajo influencia islámica. Sólo consolidando esa identidad y estabilidad podrá alcanzarse el auto-respeto y surgirá un ambiente más próspero tanto para los musulmanes como para las musulmanas.
BIBLIOGRAFÍA DE CONSULTA
- Kamal Ahmad 'Awn, Al Mar'ah fi al Islam, Sha'raw Press, Tanta, 1955.
- Muhammad 'Izzat Darwazah, Al Dastur al Quran fi Shu'un al Hayat, 'Isa al Babi al Halabi, El Cairo, s.f.
- Mustafa al Siba'i, Al Mar'ah baynal Fiqh wal Qanun , AlMaktabah al 'Arabiyyah, Alepo, primera ed.: 1962.
viernes, 16 de abril de 2010
LAS TRADICIONES ISLÁMICAS Y EL MOVIMIENTO FEMINISTA: ¿CONFRONTACIÓN O COOPERACIÓN? [1]
jueves, 15 de abril de 2010
EL ISLAM Y LA IGUALDAD ENTRE LOS SEXOS [1]
Por el indudable interés del tema, reproducimos este artículo, que únicamente recoge argumentos de la escuela sunnita, pero que aporta, sin duda, un enfoque que merece la pena tenerse en consideración y someter a análisis
Asghar Ali Engineer [2]
publicado en Revista ALIF NÛN nº 80 - Marzo.2010
La cuestión de la igualdad entre los sexos es un parámetro muy importante de la modernidad, junto a la democracia y los derechos humanos. Al margen de cuál sea el estatus de la mujer en el Corán, la situación de la mujer en las sociedades musulmanas está lejos de ser satisfactoria, ya sea en la India, Pakistán, Bangla Desh o cualquier otro país musulmán de Asia Occidental o el sudeste asiático, como Malasia o Indonesia. En todos estos países, el problema de la situación de la mujer ha adquirido unas proporciones críticas. Muchas organizaciones de mujeres han surgido en estos países y están luchando por sus derechos. El problema está adquiriendo proporciones cada vez más serias a medida que la educación moderna se extiende entre las mujeres de clase media.
Al principio, los “ortodoxos” dentro de la comunidad se oponían enérgicamente a la educación de las mujeres. Incluso hoy en día, en algunas zonas rurales y pueblos pequeños, educar a las niñas está mal visto. Sin embargo, en las grandes ciudades y entre la creciente clase media es más difícil impedir que las mujeres se eduquen, y por eso la proporción de mujeres con estudios está aumentando, lo que ha permitido que también sean más conscientes de sus derechos. Ellas exigen cada vez con más insistencia que se les reconozca un estatus igual al de los hombres. Algunas mujeres tienden a mostrarse indiferentes hacia la religión e incluso la consideran un serio obstáculo en su camino hacia la igualdad de derechos.
Por su parte, los musulmanes “ortodoxos” también ofrecen una dura resistencia frente a cualquier cambio y prefieren mantener la situación actual. Por supuesto, citan el Corán y el Hadiz, así como las opiniones expresadas por algunos juristas musulmanes, para demostrar sus opiniones. Esto refuerza aún más entre esas mujeres la impresión de que el Islam no va a ayudarlas, y por eso empiezan a rechazarlo.
Sin embargo, también hay mujeres decididas a usar la religión en su favor y a librar su batalla contra la interpretación sexista del Libro sagrado. Ellas confían en las mujeres que leen e interpretan el Corán. Así pues, existen varias organizaciones de mujeres que llevan a cabo esta tarea de reinterpretación del Corán. En mi opinión, este es un signo de lo más esperanzador. Las mujeres tienen todo el derecho a comprender e interpretar el Corán desde su propia perspectiva. Incluso el más ortodoxo de entre los musulmanes estaría de acuerdo en que las mujeres también tienen derecho a interpretar el Corán.
La igualdad entre los sexos y el Corán
La cuestión fundamental es si el Corán otorga la igualdad a las mujeres o les adjudica una posición inferior. Según el punto de vista conservador, las mujeres tienen una posición inferior y los ‘ulamas (estudiosos) citan versículos coránicos, hadices y opiniones de los fuqaha’ (alfaquíes, juristas musulmanes) para apoyar sus ideas. Pero esto también plantea una cuestión importante que debemos tratar.
¿Debería prevalecer también en las generaciones actuales la desigualdad sexual de las antiguas sociedades musulmanas? También podemos plantear la pregunta a la inversa: ¿Podría justificarse la proyección de nuestros valores en el pasado? ¿Deberíamos esperar que las generaciones pasadas siguieran nuestras normas sobre la igualdad entre los sexos? Obviamente, ésta sería una postura injusta, y por eso también sería injusto esperar que imitáramos ciegamente a las generaciones anteriores y a sus líderes de opinión. Debemos desarrollar nuestras propias normas y valores. Pero muchos de nosotros no aceptamos los cambios de normas y de valores y los consideramos contrarios a la Voluntad Divina.
También debería arrojarse algo de luz sobre la filosofía del derecho en el Islam. Se considera que la ley islámica es de origen divino y, por lo tanto, inmutable. Se supone que el paso del tiempo no debe ejercer ninguna influencia y que los cambios externos deben rechazarse o adaptarse hasta el punto de ser aceptables para la inmutable ley divina. Sin embargo, existe un punto de vista alternativo heredado también del pasado. Por ejemplo, el imam Shatibi, quien vivió en la España del siglo XIV, desarrolló una teoría de la ley islámica que tenía en cuenta lo que él llama maqasid al-shari‘ah (es decir, “los objetivos de la ley) y masalih al-umma (es decir, “el bien de la comunidad”).
Según este punto de vista alternativo, son los objetivos (maqasid) la razón por la cual se ha redactado la ley, de manera que la ley en sí misma, teniendo en cuenta los cambios de maqasid, puede verse afectada para alcanzar esos objetivos, y el bien o el bienestar de la comunidad nunca debe perderse de vista. No pueden sacrificarse los objetivos o el bienestar de la comunidad en el nombre de la ley. Así pues, esta teoría alternativa es más dinámica y más proclive al cambio.
De hecho, seguir la shari‘ah nunca ha significado ser un inmovilista, tal y como muchos creen hoy en día. La shari‘ah ha sido muy dinámica y ha reflejado las necesidades de su tiempo. Los distintos juristas que vivieron en distintos lugares y en distintas circunstancias adoptaron distintos puntos de vista y no se pusieron de acuerdo entre ellos en muchos temas. Shah Waliyullah –el pensador islámico del siglo XVIII, procedente del subcontinente indio– también sostiene en su magna obra Huyyat Allah al-Balighah que la shari‘ah ha sido concebida de acuerdo a la naturaleza del ser humano y las necesidades de la época. Dedica un capítulo entero de su libro a desarrollar este argumento. Incluso ofrece un ejemplo de cómo los ahkam (mandamientos jurídicos) cambian con las circunstancias.
El ejemplo que ofrece es muy interesante y se refiere a las leyes sobre la herencia. Cuando el Profeta (la Paz sea con él) emigró desde La Meca a Medina, sus vínculos consanguíneos quedaron atrás y por eso estableció la llamada muwajat (fraternidad mutua), siendo revelado un versículo coránico sobre la herencia. Sin embargo, cuando los que dejaron atrás La Meca regresaron y se unieron a sus familias, fue revelado un nuevo versículo que convirtió la herencia en un derecho de los familiares consanguíneos, derogando el versículo anterior. Así pues, con el cambio de las circunstancias, el hukm (pl. ahkam) o “mandamiento jurídico” también cambió. De este modo ilustra Shah Waliyullah la idea según la cual los ahkam de la shari‘ah , en lo que concierne a las mu‘amalat (es decir, las relaciones interpersonales), deben reflejar la realidad social. [3]
Los grandes imames que dieron origen a las escuelas de derecho islámico también son conocidos por su papel social [4] . Así, el imam Malik era conservador y es conocido como imam al-muhafizin (“el líder de quienes desean preservar tanto como les sea posible”). Por su parte, el imam Abu Hanifa era más liberal y abierto y se refieren a él como imam al-muyaddidin (“el líder de los modernistas”), y el imam Shafi‘i era moderado y se le ha llamado imam al-wast wa i'tidal (“líder de los moderados”). Ibn Hanbal, que era mucho más rígido, ha sido descrito como imam al-mutashaddidin (“líder de quienes adoptan posturas extremas”). El imam Hanbal es el más ampliamente seguido en Arabia Saudita. Esta clasificación también demuestra que había diferencias significativas entre los juristas islámicos, y que algunos de ellos eran abiertos y liberales, mientras que otros eran bastante rígidos e inflexibles. Los cambios de la situación social influyeron en las opiniones de eminentes juristas como el imam Abu Hanifa y el imam Shafi‘i. [5]
La situación actual es muy distinta y por eso se hace muy necesario replantearse muchas cuestiones, como las relaciones entre el hombre y la mujer. Tal y como señalan Shah Waliyullah y otros ‘ulamas musulmanes, incluso el Corán dio respuesta a circunstancias sociales y algunos versículos revelados al principio fueron derogados más tarde, cuando esas circunstancias cambiaron. El debate sobre al-nasij (el versículo que deroga otro anterior) y al-mansuj (el versículo que es derogado) continúa rabiosamente vigente incluso hoy en día, y se inscribe en el importante capítulo de las ‘ulum coránicas, es decir, las ciencias del Corán.
Así pues, también encontramos diversos versículos sobre la relación entre hombres y mujeres, seleccionados y citados tanto por quienes se oponen a la igualdad entre los sexos y como por quienes se muestran a favor. Estos versículos fueron revelados en respuesta a distintas situaciones, y de ahí las diversas posturas adoptadas en los mismos. Algunos versículos hacen determinadas concesiones a favor del hombre, motivadas por el contexto, y otros establecen normas más duraderas. Es importante señalar que el Corán no está limitado a una situación o un escenario concretos (aunque a veces deba hacer ciertas concesiones a éstos), sino que, básicamente, desea trascenderlos. La característica más importante del Corán es su trascendencia y su espíritu contrario al inmovilismo.
Antes de la revelación coránica, la situación de las mujeres estaba lejos de ser satisfactoria. No sólo no eran iguales al hombre, sino que estaban sometidas a éste en todos los aspectos, aunque también había diferencias significativas entre La Meca y Medina. La sociedad de La Meca poseía un carácter muy patriarcal, mientras que la de Medina fue tal vez matriarcal en un pasado distante, y las huellas de este matriarcado sobrevivieron hasta el nacimiento del Islam.
Sin este trasfondo social no podemos apreciar los cambios producidos por el Corán en la vida de las mujeres árabes de la época. Sin embargo, los hombres árabes no se adaptaron fácilmente a estos importantes cambios en la situación de las mujeres. La revolución islámica volvió mucho más conscientes de sus derechos a las mujeres de su tiempo, al igual que la moderna sociedad democrática ha vuelto más conscientes de sus derechos a las mujeres musulmanes de hoy en día.
Hay dos importantes versículos coránicos que reflejan el debate sobre la relación entre hombres y mujeres en el Islam de Medina. En los versículos revelados en La Meca no encontramos estos debates, pues los musulmanes eran demasiado débiles para reflexionar sobre estos asuntos en ese periodo. Fue sólo en Medina cuando los musulmanes comenzaron a adquirir una posición dominante y estas cuestiones de género pasaron a primer plano. Las mujeres eran mucho más conscientes de sus derechos tras convertirse al Islam y planteaban preguntas al Profeta (la Paz sea con él) sobre su estatus, en respuesta a las cuales fueron revelados estos versículos.
Los dos versículos más significativos son 4:34 y 33:35. Ambos hablan sobre las relaciones entre hombres y mujeres, y en apariencia son muy diferentes. Los estudiosos modernos están debatiendo a fondo sobre ellos. Mientras que 4:34 es citado a menudo por los “ortodoxos” para demostrar su punto de vista, hay controversia en torno a 33:35 y su auténtica postura con respecto a la igualdad entre los sexos. Una vez más, los ‘ulama “ortodoxos” mantienen que este último versículo sólo hace referencia a la igualdad espiritual. ¿Es eso cierto? La cuestión requiere un debate.
En primer lugar, veamos el versículo 4:34. Maulana Muhammad Ali, de Lahore, lo traduce como sigue: “Los hombres son quienes mantienen a las mujeres con aquello que Allah ha hecho que algunos de ellos superen a otros y con aquello que gastan de su riqueza. Por eso las mujeres buenas son obedientes, guardando lo oculto como Allah lo ha guardado. Y para aquellas que temáis que deserten, amonestadlas, dejadlas solas en el lecho y castigadlas. Pero si os obedecen, no os metáis más con ellas...”
El mismo versículo, Muhammad Asad lo traduce como sigue: “Los hombres son responsables del cuidado de las mujeres en virtud de lo que Dios les ha concedido en mayor abundancia a ellos que a ellas, y de lo que ellos gastan de sus bienes. Y las mujeres virtuosas son las verdaderamente devotas, las que guardan la intimidad que Dios ha [ordenado] que se guarde. Pero a aquellas cuya animadversión temáis, amonestadlas [primero], luego dejadlas solas en el lecho; luego pegadles; pero si entonces os obedecen, no tratéis de hacerles daño.” [6]
Sin embargo, Ahmed Ali, en su Al-Quran , difiere tanto de Maulana Muhammad Ali como de Muhammad Asad a la hora de traducir la palabra wadribuhunna [7] . Maulana Muhammad Ali y Muhammad Asad la traducen como “castigadlas” y “pegadles”, respectivamente. Pero Ahmad Ali la traduce como “id a la cama con ellas” y cita el Mufridat fi Gharib al-Qur'an de al-Raghib, el Lisan al-Arab [8] y a Zamajshari, reputado comentarista coránico. Daraba ‘ala, según al-Raghib, se dice cuando un camello copula con una camella, y por eso Ahmed Ali traduce la expresión coránica wadribuhunna como “ir a la cama” (con la esposa), en lugar de “golpeadla”.
Así pues, vemos que hay diferencias importantes en la traducción de este controvertido versículo. Hay unas cuantas palabras clave en él: qawwam, qanitat, nushuz y wadribuhunna. Comprender este versículo dependerá en gran medida de comprender adecuadamente estas palabras. Qawwan tradicionalmente ha sido traducido como “soberano”, “autoridad sobre la mujer”, etc. Sin embargo, los modernistas y los defensores de los derechos de la mujer están poniendo en duda este significado. Maulana Muhammad Ali lo traduce como “quien mantiene”, Muhammad Asad como “responsable del cuidado” y Ahmed Ali como “protector/guardián”.
Así pues, qawwan no significaría “soberano” o “autoridad”, sino alguien que cuida o mantiene a la esposa, o actúa como su protector o guardián. Por lo tanto, no se trataría de una declaración de superioridad sobre la mujer, sino de una función económica. Y debemos señalar que la mujer también puede desempeñar esta función (y lo hace en nuestra época), de modo que también puede ser qawwan de acuerdo al Corán. Por eso este versículo no puede comprenderse adecuadamente a menos que entendamos estas palabras clave.
Otra palabra clave es qanitat , la cual suele traducirse como “obediente”, lo que implicaría por tanto “obediencia al marido”. Pero también se trata de una traducción problemática. Qaniqat significa “devoto de Dios” u “obediente a Dios”, no al marido. Seguimos con la palabra nushuz, que literalmente significa “rebelión” y que Muhammad Asad ha traducido como “animadversión”, Maulana Muhammad Ali como “desertar” y Ahmed Ali como sentir “aversión” hacia el marido. Sin embargo, nushuz como tal se aplica tanto al marido como a la esposa. El término legal moderno para esta palabra sería “crueldad mental”, y con respecto al marido también significa “malos tratos” hacia la esposa, en el sentido físico, acepción que podemos encontrar en el versículo coránico 4:128. Por lo tanto, queda claro que nushuz se aplica tanto al marido como a la esposa. Otra palabra clave, wadribuhunna, ya ha sido explicada. La palabra daraba tiene varios significados en lengua árabe, y aquí, como ha señalado el propio al-Raghib, podría significar mantener relaciones sexuales con la esposa, en lugar de golpearla o castigarla. Así pues, Ahmed Ali se acerca mucho más al significado de este versículo.
Es importante señalar que el Profeta (la Paz sea con él) también rechazó por completo golpear a la propia esposa. Encontramos un hadiz en colecciones auténticas, que dice: “¿Podría alguno de vosotros golpear a su esposa como si fuera un esclavo, y después acostarse con ella por la noche?” Y, de acuerdo a un hadiz de Abu Da’ud, Nasa’i, Ibn Mayah, Ahmad bin Hanbal y otros, “no golpeéis nunca a las siervas de Dios”, es decir, que prohibió golpear a cualquier mujer. [9]
De hecho, el versículo en cuestión fue revelado en respuesta a una situación que Zamajshari explicó en su Kasshaf. Este versículo demuestra que era práctica habitual golpear a la esposa, sobre todo entre los árabes originarios de La Meca. Según Zamajshari, Habiba bint Zaid se quejó al Mensajero de Allah de que su marido Sa’d bin Rabi‘i la abofeteaba. El Profeta le dijo que “tomaría represalias”, pero esto provocó serios problemas entre los hombres, pues éstos no aceptarían represalias de sus esposas. Por eso se quejaron al Profeta, y entonces fue revelado este versículo (4:34).
Sin embargo, esto causó revuelo entre las mujeres de Medina. Ellas estaban preocupadas y se dirigieron al Profeta, pues deseaban conocer su verdadero estatus con respecto a los hombres. A raíz de esta circunstancia fue revelado el versículo 33:35. Este versículo es muy importante en relación al estatus de las mujeres, y Maulana Muhammad Ali lo traduce como sigue: “En verdad, los sumisos y las sumisas [10] , los creyentes y las creyentes, los obedientes y las obedientes, los sinceros y las sinceras, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, los caritativos y las caritativas, los que ayunan y las que ayunan, los que guardan su castidad y las que guardan su castidad, los que recuerdan a Allah y las que recuerdan a Allah –para ellos Allah ha preparado el perdón y una enorme recompensa.”
Este versículo representa una importante declaración de igualdad entre hombres y mujeres. Menciona diez veces a hombres y mujeres, diciendo que son iguales en todos los sentidos y que su recompensa también será la misma. No sólo habla en términos espirituales, como a algunos les gustaría creer, pues el versículo habla también de ser sincero/a, guardar la castidad y ser humilde y paciente. Así pues, los hombres no son superiores a las mujeres en ningún aspecto, espiritual o material. Esta afirmación se hizo en una época en la cual los filósofos griegos todavía estaban discutiendo si la mujer tiene alma o no. El Corán, por otro lado, declara que tanto los hombres como las mujeres serán perdonados y recibirán una gran recompensa, de igual nivel. Hay otros versículos coránicos que establecen la igualdad entre hombres y mujeres. El versículo 2:228, por ejemplo, es uno de éstos. Este versículo dice: “...en justicia, los derechos de las esposas [con respecto a sus maridos] son iguales a los derechos [de los maridos] con respecto a ellas, aunque los hombres tienen prioridad sobre ellas.”
Comentando este versículo, Maulana Abdul Kalam Azad dice que el Corán, mediante estas cuatro palabras (lahunna mizlul ladhi ‘alayhinna) [11] ha hecho una revolucionaria declaración de igualdad entre hombres y mujeres. Según él, estas cuatro palabras han otorgado a las mujeres los derechos de los que eran merecedoras, pero que nunca habían disfrutado. Estas cuatro palabras sacaron a las mujeres de la depravación y la humillación y las situó en el trono de la dignidad y la igualdad.
También explica las palabras “los hombres tienen prioridad sobre ellas”, diciendo que ellos gastaban en ellas y las alimentaban (versículo 4:35). Es interesante observar que Maulana también aclara que los hombres no poseen esta prioridad sobre las mujeres por el hecho de nacer hombres. Si las mujeres gastan en la familia y la mantienen, las mujeres también disfrutan de esta distinción de tener prioridad sobre los hombres. Así pues, la afirmación coránica de que “los hombres tienen prioridad sobre ellas” no es absoluto de carácter biológico, sino funcional.
El significado del Libro se revela de manera distinta en función de las diversas culturas y condiciones sociales. Los antiguos juristas y ‘ulama no podrían entender el Corán en su entorno social y económico como lo entendemos nosotros hoy en día. Por lo tanto, la interpretación del Corán no debe ser estática, pues ello conduciría a congelar el significado del Corán en una época en particular. Aunque no debemos criticar las interpretaciones de eminentes juristas y ‘ulama de periodos anteriores, tampoco debemos renunciar a nuestro derecho a comprender e interpretar el Corán según nuestras propias circunstancias.
Por lo tanto, nuestra lucha es contra el enfoque del Corán dirigido mantener el status quo, siendo nuestro deber desarrollar una nueva hermenéutica coránica que tenga en cuenta las necesidades y los objetivos económicos y sociales de nuestra época. Las mujeres están jugando un papel muy importante en nuestra sociedad e incluso se han convertido en líderes y responsables económicos. Así pues, la vieja hermenéutica no puede llevarnos muy lejos hoy en día.
Si las mujeres eran tan conscientes de sus derechos en la época del Profeta, y eran activas en el frente social y en el religioso, ¿Cómo podrían permanecer pasivas hoy en día, aceptando el papel que les han asignado los ‘ulama “ortodoxos”, quienes se niegan a tener en cuenta la nueva dinámica socioeconómica? Los humanos siempre se han esforzado por comprender los designios divinos tan sinceramente como les ha sido posible. Si nuestros antepasados lo hicieron, nosotros también podemos hacerlo hoy en día con la misma sinceridad, pero con una interpretación diferente, marcada por nuestras necesidades socioeconómicas.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
- Fatna Ait Sabbah, La mujer en el inconsciente musulmá n , Oriente y Mediterráneo, Madrid, 2000.
- Fatima Mernissi , El harén político: el Profeta y las mujeres , Oriente y Mediterráneo, Madrid, 2002.
- Marion Reder Gadow / Mª Paz Torres (coords.), Realidades y símbolos sobre las mujeres en el Islam y Occidente , Universidad de Málaga, Málaga, 2002.
- Fatima Mernissi , El poder olvidado , Icaria, Madrid, 2003.
- Joan Ventura, El surco del labrador. La mujer según el texto del Corán , Regué, Sevilla, 2006.
- Sophie Bessis, Los árabes, las mujeres, la libertad , Alianza, Madrid, 2008.
- VV.AA, La emergencia del feminismo islámico , OOZEBAP, Barcelona, 2008.
- Dolors Bramon, Ser mujer y musulmana , Bellaterra, Barcelona, 2009.
- Sophie Bessis / Gema Martín Muñoz (coords.), Mujer y familia en las sociedades árabes , Bellaterra, Barcelona, 2010.
NOTAS.-
[1] Traducción, extracto y adaptación del artículo aparecido en: http://www.countercurrents.org/engineer-140104.htm (Nota de la Redacción).
[2] Asghar Ali Engineer nació en la India en 1939. Actualmente es el máximo responsable del Instituto de Estudios Islámicos y del Centro para el Estudio de la Sociedad y el Secularismo, fundados en 1980 y 1993, respectivamente. Asghar Ali Engineer está comprometido con diversos movimientos y asociaciones que trabajan a favor de los derechos humanos y en fomentar la armonía entre las religiones. Ha escrito más de 50 libros y numerosos artículos en varios periódicos de todo el mundo. Véase de este mismo autor: “ ¿Islam frente a nacionalismo?: una perspectiva laica ”, revista Alif Nûn nº 78, enero de 2010. (Nota de la Redacción).
[3] La shari‘ah regula dos esferas de la vida humana: los actos que permiten al ser humano relacionarse con Dios (‘ibadat), y los que le permiten relacionarse con sus semejantes (mu‘amalat ). Mientras que las ‘ibadat se han mantenido más o menos inmutables en la shari‘a , las mu‘amalat han experimentado diversos cambios a lo largo de la historia. (Nota de la Redacción).
[4] Para más información, véase Yusuf Fernández, “ El Islam y las escuelas jurídicas ”, revista Alif Nûn nº 43, noviembre de 2006. (Nota de la Redacción).
[5] Cuentan las crónicas que el Imam Shafi‘i fue partidario de una estricta segregación sexual hasta que se trasladó a Egipto –había nacido en Palestina–, donde ejerció la profesión de modisto y tuvo que estar en contacto directo con las mujeres, a las que debía tomar medidas para diseñar sus trajes. Desde entonces modificó su opinión sobre la separación entre sexos y se mostró mucho más flexible al respecto. Citado en Yusuf Fernández, ob.cit. (Nota de la Redacción).
[6] Para más información, véase la traducción al castellano del Corán y del comentario del mismo realizado por Muhammad Asad: El mensaje del Qur’ân , The Book Foundation, USA, 2006. (Nota de la Redacción).
[7] Wadribuhunna es una forma verbal del verbo daraba , sobre cuyo significado se discute en las próximas líneas. (Nota de la Redacción).
[8] Véase Ibn Manzûr, Lisân al-‘Arab (CD-Rom) , Dar Sader, Líbano, 1995; Ibn Manzûr, Lisân al-‘Arab (15 vol.) , Dar Sader, Líbano, 1994. (Nota de la Redacción).
[9] Es decir, que también habría prohibido golpear a las esclavas. Para más información sobre la esclavitud en las sociedades árabes y musulmanas, véase Owen Alik Shahadah, “ El Islam y la esclavitud en las sociedades árabes y africanas ”, revista Alif Nûn nº 69, marzo de 2009; Bernard Lewis , “ Una aproximación histórica a la esclavitud en Oriente Medio ”, revista Alif Nûn nº 69, marzo de 2009. (Nota de la Redacción).
[10] En el original árabe se usa la expresión al-muslimîn ua-l-muslimât , es decir, “los musulmanes y las musulmanas”, pero el traductor al inglés ha preferido traducir las palabras muslimîn y muslimât por su sentido etimológico en árabe de “sumisos” y “sumisas” (se entiende que a Dios). (Nota del Traductor).
[11] Se refiere a la igualdad de derechos entre marido y mujer que se expresa en Corán, 2:228. (Nota de la Redacción).
martes, 9 de marzo de 2010
El rol de la mujer en la familia y en la sociedad desde el punto de vista del Islam.
Por: Sumeia Younes
(Asesora espiritual de la Mezquita del Centro Islámico Marplatense)
“Con una mano la mujer mueve la cuna, y con la otra, la rueda de la historia de la humanidad”.
Introducción
En el Nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordiosísimo
La vida de cada grupo de seres vivos tiene un sentido particular, que se interpreta teniendo en cuenta la razón de su creación. Al crear a las plantas, Dios tenía ciertos objetivos diferentes a los que se propuso al crear a los animales. Por lo tanto, el sentido de la vida y la actividad vegetal es diferente al sentido de la vida y dinamismo de los animales. Por otra parte, la creación del ser humano es de una índole diferente y más completa que la del resto de los seres vivos, tanto desde el punto de vista extrínseco como del intrínseco, y del físico como del metafísico.
La amplitud del conocimiento del ser humano es tal que puede penetrar hasta las profundidades de la existencia, conquistar la Tierra y los cielos, hacer de ello un medio para alcanzar el objetivo final de la creación y la “excelencia de vida” (haiâtan taîibah),1 y buscar la vida real en la proximidad de Dios y en alcanzar la perfección absoluta. Éste es el sentido de la vida humana. De esta manera, la persona habrá cumplido con su función y habrá alcanzado la real condición humana.
Por lo tanto, los roles de la mujer y del hombre en la familia o en la sociedad deben ser buscados en la razón de su creación y la razón de su vida. En otras palabras, la pregunta, “¿cuál es nuestro rol en el hogar y en la sociedad?” puede ser planteada de la siguiente manera: ¿Qué rol debemos desempeñar en el ámbito familiar y en la sociedad para poder alcanzar la “condición humana”, el regocijo y la felicidad, y lograr la proximidad divina? ¿Cómo podemos conseguir ello?
Desde el punto de vista del Islam, básicamente “ser mujer”, es un tipo de “valor”, y en la sabia creación de Dios, tantos las mujeres como los hombres poseen un lugar, una naturaleza y un rol particular. No le es dado a las plantas cumplir con las funciones de los animales, ni viceversa. En el Islam el criterio y medida de un “valor”, es en función de la amplitud de su “rol”.
Antes de explicar el rol de la mujer en el marco de la familia, en primer lugar debemos delinear cuál es la esencia y realidad de la familia, y en segundo lugar, cuáles son las razones de la legislación del matrimonio, y en consecuencia, de la conformación de la institución familiar. Solo entonces quedará más clara la posición y rol de la mujer en la familia para solventar las necesidades de esta institución.
La esencia y realidad de la familia
La esencia y realidad de la familia en el Islam resulta de un pacto y acuerdo divino especial: mizâqan galîdzan: “un pacto solemne”. En un contexto en el que se refiere a las condiciones y normas del matrimonio, y a la manera en que los hombres y mujeres han sido creados unos para otros, el Sagrado Corán dice:
« وَأَخَذْنَ مِنكُم مِيثَاقاً غَلِيظاً »
»Hemos tomado de vosotros un solemne pacto«.2
Por lo tanto, la esencia y realidad de la familia, según el Islam, es un pacto o alianza. Pero no cualquier pacto; no es un pacto humano, sino un pacto que tiene un valor y posición divina, sagrado, celestial, puesto que todas las estipulaciones para los cónyuges en el mismo las ha escrito Dios.
Es así que vemos que a pesar de la variedad de religiones, culturas, prácticas y costumbres sociales, desde Adán (a.s.) hasta nuestros días, conformar una familia siempre constituyó un acto natural e innato.
¿Cuál es la razón de la legislación del matrimonio y de la conformación de la familia?
Podemos mencionar varias causas, como por ejemplo, la continuación de la especie, el desarrollo de la personalidad y la espiritualidad del ser humano, etc., pero para no desviarnos del tema nos limitaremos a la causa más primordial: es una respuesta al llamado de la “fitrah” o naturaleza primigenia del ser humano. Dios ha dispuesto el llamado de la “fitrah” en la esencia misma del ser humano. El ser humano busca algo; algo en su existencia vibra. ¿Por qué?
Algo que Dios dispuso en nuestro interior al crearnos fue la “búsqueda de una pareja”, del mismo modo que dispuso en nuestro interior la búsqueda de la justicia, la búsqueda de lo espiritual, etc., y no podemos desprendernos de ello. En otras palabras, oponernos al hecho de formar una familia es negar nuestra naturaleza primigenia.
Ahora bien, ¿qué suscita este llamado de la fitrah en el hombre y la mujer? Suscita la “necesidad”, y si no la suplimos ocasionará deficiencias y anomalías. Entre estas deficiencias -todas los cuales conforman un grupo de razones para conformar un matrimonio- podemos mencionar las necesidades físicas y biológicas, las necesidades espirituales, y las necesidades psíquicas y afectivas.
De esta manera, la familia surge a partir de una “alianza sublime” entre dos importantes pilares, esto es, una mujer y un hombre, que cierran un acuerdo de “vida en común”, por medio del cual desean satisfacer necesidades físicas, afectivas, etc. Y luego, mediante el nacimiento de los hijos, la familia se agranda y por ende las necesidades se hacen más variadas y el rol de cada uno de los miembros de la familia se multiplica.
En el Islam, la mujer y el hombre tienen funciones y roles clave para poder suplir estas necesidades de una manera satisfactoria. Indudablemente, la mujer, como esposa y madre, asume roles diferentes con relación al hombre como esposo y padre, y cada uno desempeña funciones adecuadas a su esencia o condición femenina o masculina. Al mismo tiempo sus roles se complementan perfectamente entre sí, y la vida, en la misma medida que no puede reemplazar a uno con otro, los necesita a ambos.
Las “necesidades físicas”, se relacionan a los aspectos biológicos de las personas. Además de lo relacionado a la actividad sexual, son: necesidad de alimento, vestimenta, vivienda, salud, etc. Debido a su mayor fuerza corporal y económica, en el Islam es deber del hombre proveer el sustento, la seguridad, y garantizar el bienestar físico y la salud de la familia. Esta superioridad administrativa del hombre solo hace más pesada sus funciones y responsabilidades, y esto por fuerza, le acarrea incluso privilegios menores en la vida comparados con los de la mujer, y si, como manda el Islam, añadimos las responsabilidades morales a las responsabilidades legales del hombre, dará como resultado la auto renuncia del hombre en beneficio de los miembros de su familia, entre ellos, su esposa.
Por supuesto, generalmente -aunque el Islam no la obliga-, siguiendo una pauta y costumbre de carácter ético y moral, la mujer colabora realizando o bien administrando las tareas de la casa. Del mismo modo, el Islam no le impide en absoluto realizar otros trabajos fuera del hogar y obtener sus propios ingresos, y si este fuera el caso, la mujer no está obligada a colaborar con los gastos de la casa y la familia.
Entre otras necesidades fundamentales y básicas que tiene la familia, son las “necesidades afectivas, psíquicas y espirituales”. Si es que no decimos que estas necesidades son mayores que las físicas, al menos se encuentran al mismo nivel; es decir, en la misma medida que cada uno de los miembros de la familia necesita del alimento, también necesita de los afectos, del amor y de todo lo que ello implica, y aún cuando tanto la mujer como el hombre comparten el hecho de suplir las necesidades afectivas del uno y el otro,3 sin embargo, la mujer es la fuente original del amor y está más propensa innatamente a suplir de forma natural las necesidades afectivas de la familia. Dios ha creado a la mujer de una manera tal que su misma existencia está repleta de amor y estímulos afectivos.
El rol de la mujer en la familia
Si bien hay necesidades que pueden ser satisfechas con la participación del resto de los miembros de la familia, hay un rol asignado para suplir algunas necesidades básicas de la familia que únicamente es responsabilidad de la mujer, y nadie más que ella puede desempeñarlo satisfactoriamente.
El rol de esposa y madre que tiene la mujer en la familia, es un rol existencial irreemplazable de las mujeres en la lógica divina, que garantiza la seguridad y salud psíquica del ser humano. Según expresiones repetidas del noble Profeta del Islam (s.a.w.), el rol de esposa fue presentado como un ÿihâd o “lucha sagrada” que por sí solo equipara a todas las actividades económicas, sociales, militares y políticas que pudiera realizar un hombre. Y dijo en cuanto al rol de madre: “El Paraíso se encuentra a los pies de las madres”. Además, en las narraciones islámicas se transmitió que una persona le preguntó al Profeta del Islam (s.a.w.) con quién debía ser bondadoso, y el Profeta le respondió: “Con tu madre”. Nuevamente le preguntó: “¿Y luego con quién?”. Dijo: “Con tu madre”. Por tercera vez esta persona preguntó: “¿Y luego con quién?”. Y otra vez le dijo: “Con tu madre”, y cuando preguntó por cuarta vez, recién entonces el Profeta le respondió: “Con tu padre”. Y ésta es la posición elevada que tienen las mujeres y las madres en el Islam. Es más, se puede afirmar que en realidad, el Islam no ha beneficiado tanto a la posición del hombre en la medida que ha elevado la posición de la mujer.
Debido a estos roles especiales que la mujer tiene en el sistema de la creación, está equipada con capitales internos valiosísimos, y la sociedad humana necesita de esos valores para desarrollarse. Uno de esos capitales internos es “la capacidad de brindar afecto”, que a lo largo de la historia y en todas las sociedades tuvo muestras magníficas. Aún cuando esta propensión interna que es el amor, se encuentra, más o menos, en cada persona, sin embargo, a la mujer le tocó una mayor parte de este regalo divino. Por un lado, esta inclinación y propensión sagrada prepara a las mujeres para todo tipo de sacrificios en su vida junto a su esposo, y cual lámpara encendida ilumina el círculo familiar; y por otro lado, acarrea la responsabilidad de la pesada carga de educar a una generación.
En otras palabras: una sociedad sana necesita de familias sanas; la felicidad y salud de toda sociedad se cimenta en las familias, y la lámpara luminosa del círculo familiar es la mujer. Es ella la que, por medio de llenar su hogar de cariño, serenidad, pureza, sinceridad, y confianza, puede iluminar el espacio intelectual, cultural, religioso y los diálogos políticos y sociales, y a través de sus hijos y esposo, enseñar en forma práctica a las generaciones futuras la lección del amor, de la sinceridad, de la renuncia, del fortalecimiento de los sentimientos humanos y del espíritu, el amor al prójimo, el servicio a la sociedad y el cumplimento de las responsabilidades individuales, familiares y sociales.
Por lo tanto, como la fuente original de los afectos, la mujer en la familia juega un rol muy importante, tanto en el fortalecimiento de la familia como en su desarrollo afectivo y moral, y por medio de desempeñar este importante rol, puede llenar su hogar de cariño y amor, y al mismo tiempo traer sosiego al hombre y salud mental a los niños. Satisfaciendo a tiempo y de manera correcta las necesidades afectivas, puede impedir muchas de las anomalías de conducta.
La falta de amor maternal produce desórdenes síquicos como depresión, complejos, inseguridad, miedo y frustración, lo que conduce a la persona a la drogadicción, al alcoholismo, al juego pernicioso, etc., y esto es el origen de la mayoría de las corrupciones sociales que se producen en el ser humano. La raíz de la mayoría de los crímenes, robos, violaciones, suicidios, etc., son el resultado de no haber recibido un adecuado amor maternal.
Por lo tanto, la mujer desempeña una función trascendental en disponer un espacio afectivo feliz y placentero por medio de hacer uso de sus capacidades naturales, para suplir la necesidad esencial del ser humano, por un lado, y por otro, para suscitar en los miembros de su familia estados afectivos necesarios para atravesar las dificultades e impedimentos. Una sociedad que carezca de tal espacio afectivo y cálido, es una sociedad callada y un ambiente muerto que a pesar del posible progreso en algunas áreas materiales, carece del esplendor humano deseado, y como resultado, será incapaz de suscitar un desarrollo equilibrado en todos los aspectos.
Por supuesto, además de lo que hemos señalado, la mujer también tiene otros roles vitales dentro de la familia que le son exclusivos e inalienables, como tener hijos, atender al esposo, la crianza y educación tanto física como espiritual de los niños, la administración interna y económica de la familia, la salud tanto espiritual como física de la familia, etc. Todos estos quehaceres de la mujer pueden ser considerados inherentes a ella, y muchos de ellos surgen de la mujer en forma instintiva; incluso da señales de tender hacia ellos desde su niñez.
Vamos a explicar algunas de estas funciones:
1. Disponer un espacio adecuado para educar a una generación activa y capacitada: Una buena persona es el eje del desarrollo de una sociedad. Tal persona necesita de un proceso educativo y continuo que saque a la luz sus capacidades constructivas intrínsecas. Esto no sucede por sí solo, sino que necesita de un espacio educativo adecuado. Indudablemente, la mujer influye significativamente en la educación de los individuos, y como lo dice una afirmación popular: “Detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer”.
En el Islam la educación del ser humano goza de una excepcional importancia, y es aquí donde la familia encuentra su lugar como cuna de la educación del pensamiento, la moral y la elevación del espíritu humano. La familia es el origen de la manifestación de los sentimientos humanos y el pilar principal de la sociedad. Sin embargo, entre los roles de los diferentes miembros de la familia, ya sea la madre, el padre, los abuelos o los tíos, es la madre la que cumple con la parte trascendental en la educación del niño. Su regazo es la más grande escuela donde se educa el niño, al punto que nadie más, ni siquiera el padre, alcanza su posición, e incluso el resto de los trabajadores educativos como el maestro, el profesor, etc., al momento de compararlos con el rol de la madre, tienen un aspecto secundario, puesto que lo que el niño ve y escucha de su madre es diferente a lo que escucha del maestro. El fundador de la República Islámica de Irán, el Imam Jomeini (r.a.), dijo:
“… Vuestras casas deben ser casas para educar a los niños… la educación religiosa, el refinamiento de la moral. Prestar atención a sus destinos es responsabilidad de los padres y de las madres. Las madres tienen más responsabilidad, y las madres son más distinguidas. La distinción de las madres es mayor que la de los padres. Asimismo, el efecto que produce la madre en el ánimo de los niños es mayor que el efecto que produce el padre…”4
Y también:
“… Es en el regazo de la madre que el niño crece; ella tiene la mayor responsabilidad y tiene el trabajo más noble. El trabajo de criar a los niños, el trabajo más noble en el mundo, es criar a un niño y entregar un hombre a la sociedad. Es para eso mismo que Dios Altísimo envió a los profetas a lo largo de la historia. A lo largo de la historia, desde Adán hasta el Sello de los Profetas (Muhammad –s.a.w.), los profetas vinieron para hacer hombres…”5
Según estas palabras, el regazo de la madre es el primer centro de educación del niño, puesto que la intensa influencia que el niño recibe de su madre, y lo que la madre le inspira al niño, es mayor que lo que asimila de los demás. De esta manera, debido al efecto dominante que cada acto, movimiento, gestos y palabras de la madre tiene en los actos y palabras del niño, es menester que las madres se dediquen a su responsabilidad crucial, que es la misma tarea de los profetas, es decir, la educación correcta y espiritual de los hijos. Es este rol de la madre en la formación de la personalidad del hijo el que concreta el dicho: “Es del regazo de la mujer que el hombre asciende (a los cielos)”6, o que en la sociedad y la historia surjan mujeres y hombres grandes e influyentes. Esto convierte a la mujer en la educadora de la sociedad: “La educadora de los seres humanos es la mujer. La felicidad y desdicha de las naciones depende de la mujer…”7
2. Administrar la economía de la familia: La mujer puede ejercer una gran influencia en la correcta administración de la economía de la familia, y por medio de una racional organización y programación puede ayudar al hombre en el manejo de los gastos de la casa, y mediante esto, ser un adecuado ejemplo para sus hijos.
3. Suscitar una tranquilidad psíquica: Considerando que la mujer es sensible; y en forma natural tiene sentimientos intensos y a la vez tiernos y delicados, un corazón bondadoso y pacífico, instintos de protección y de brindar amor, su rol en suscitar la salud mental de su familia es trascendental. Una mujer, por una sana propensión, le huye a los altercados, las guerras y la violencia. Es por ello que su sola presencia debería, de manera natural, equilibrar los sentimientos violentos y belicosos del hombre tanto en el hogar como fuera del mismo. Además, la mujer puede cambiar el ánimo decaído y desesperanzado en el que los problemas han sumido a su esposo, o al menos, ser el hombro donde éste se apoya ante sus tristezas y padecimientos; así como puede también producir un gran efecto en debilitar aún más el ánimo de su esposo, o al menos irritarlo y denigrarlo, y de esta manera preparar el terreno para el desequilibrio del sistema familiar.
A causa de esta particularidad que tienen, se espera de las mujeres sanas que produzcan un efecto tranquilizante en su entorno familiar y lleven sosiego, equilibrio mental y anímico a los miembros de su familia, y el ámbito de la vida se torne amoroso y apacible; e incluso trasladen toda esta gran carga de amor desde la casa a la calle y la sociedad. La mujer en el Corán ha sido presentada como el sosiego para el hombre:
» وَمِنْ ءَايَاتِهِ أَنْ خَلَقَ لَكُم مِنْ أَنفُسِكُمْ أَزْوَاجاً لِّتَسْكُنُوا إِلَيْهَا وَجَعَلَ بَيْنَكُم مَوَدَّةً وَرَحْمَةً إِنَّ فِي ذَلِكَ لاَيَاتٍ لِقَوْمٍ يَتَفَكَّرُونَ «
«Y entre Sus signos está el haberos creado esposas de vuestra misma especie, para que os sirvan de sosiego, y el haber dispuesto entre vosotros el afecto y el enternecimiento. Ciertamente, que en esto hay signos para gente que reflexiona.»8
En esta aleya, suscitar el afecto y el enternecimiento entre el hombre y la mujer se considera uno de los signos y bendiciones de Dios. Por su puesto, esto es recíproco, y el esposo también debe originar un tipo de sosiego en la mujer que conlleve a que la mujer pueda desempeñar plenamente su rol.
4. Crear un ambiente familiar sano: si la mujer tiene éxito en este asunto, puede construir las bases de una sociedad humana sana, poseedora de autoconfianza, esperanzada en el futuro y resoluta. De lo contrario, la sociedad será inestable desde el punto de vista afectivo; tambaleante desde el punto de vista espiritual, y se creará en ella el terreno para difundir la corrupción, la languidez, y la ociosidad, y poco a poco perderá sus características creativas. Una buena madre y esposa es un buen soporte para la vida familiar, y esto, a su vez -de acuerdo a los textos islámicos- garantiza la firmeza y continuidad de una sociedad óptima.
De esta manera, las mujeres como madres y esposas, son el eje de estabilidad de la familia y de sostenimiento de sus ideales. Es por ello que sus roles tuvieron siempre una proyección universal a través del tiempo.
El rol de la mujer en el seno de la sociedad
El Islam no pretende en absoluto mantener alejada a la mujer de la escena de la vida social. Todo su esfuerzo se cimienta en la lógica de que las mujeres deben tener una posición humana elevada y sobresaliente en la sociedad. El Islam quiere elevar a tal grado el rol de las mujeres que éstas puedan encontrar su posición humana en la sociedad.
Se puede deducir el rol de la mujer en la sociedad de su desempeño institucionalizado y establecido a partir de las funciones y tareas que espontáneamente han ejercido. De esta manera, cuando tomamos en cuenta funciones vitales como la protección de la especie, el resguardo de la salud y la vida de sus pequeños hijos -cuyas vidas probablemente estarían amenazadas por muchos más peligros sin sus cuidados- o sus funciones espirituales, psíquicas y sociales como transmitir la cultura, la religión y el idioma al niño, o suscitar la calma y el sosiego en la familia y la sociedad, etc., veremos que el rol general de la mujer en la sociedad va más allá de lo que usualmente se supone. En los casos en que la mujer desempeña los roles naturales y sociales mencionados, el hombre tiene un rol secundario y es considerado el asistente y ayudante de la mujer. Y en los casos en que los hombres desempeñan el papel principal, es decir, las funciones que son particulares del hombre, las mujeres, en la medida que puedan, deben ser sus asistentes y ayudarlo.
Desde la óptica general del Islam, la responsabilidad de la administración y progreso de las sociedades y las naciones abarca a todos los individuos de la sociedad y la familia, sean éstos hombres o mujeres. En el Islam “todos son responsables de todos”.9 Todos los miembros de la familia dan pasos para construir una sociedad sana e impedir la corrupción, los crímenes, y los vandalismos.
Sin embargo, la más importante responsabilidad y rol de las mujeres, sea cual fuere su nivel de capacidad y actividad social, está en la familia, y la mujer no debería anteponer ninguna responsabilidad o trabajo a este deber suyo. El estudio o el trabajo fuera de su casa no deberían ser la función principal de la mujer, puesto que nadie ni nada puede reemplazar este importante rol suyo en la casa. La permanencia, desarrollo, prosperidad y elevación de la familia, su tranquilidad, y el hecho de salvaguardarla ante los factores perjudiciales, todo ello depende del hecho de que la mujer lleve a cabo su función en el hogar.
Por supuesto, cabe aclarar que el énfasis que pone el Islam en la importancia sin igual del rol de la mujer en la familia, de ninguna manera tiene el sentido de oponerse a la presencia de las mujeres en las diferentes áreas, sino que tiene el sentido de hacer hincapié en la genuinidad y primacía del “rol de madre y esposa” frente al resto de las actividades y roles. Somos conscientes de que si se les impidiera a las mujeres desempeñar un rol en la sociedad, ésta no sería una sociedad desarrollada, puesto que la sociedad está conformada por hombres y mujeres que se forman con educaciones y culturas diferentes, y es en su interacción que se construyen costumbres, tradiciones, regímenes y normas particulares, y encuentran una esencia social.
Comenzando con el estudio, cuántas veces sucede que la formación académica de la mujer y la elevación de su nivel intelectual y cultural tienen muchísima más importancia que la de un hombre en la familia y la sociedad. Si un hombre se instruye, solo una persona se habrá instruido, pero si la mujer se instruye, es toda una sociedad la que lo hace. Esto quiere decir que una niña instruida y de ideas claras será una madre con tales características, y categóricamente, esto tendrá un efecto directo y sorprendente en la educación correcta y esencial de los hijos. Y desde que la familia es la constructora de la sociedad, existiendo tales familias surgirá una sociedad instruida y educada. Es por esto que la alfabetización y estudio de las niñas y madres del futuro, es un tema crucial.
Por lo tanto, la felicidad y salud de toda sociedad se fundan en las familias, y la transferencia de los valores religiosos, nacionales, culturales y sociales, en primer grado es responsabilidad de las familias, especialmente de la madre. Por lo tanto, se puede deducir que una sociedad sana necesita de madres sanas, y una sociedad cultural, religiosa, y con valores, es una sociedad cuyas madres gozan de una sana visión y pensamiento cultural, religioso y de valor.
En cuanto al trabajo, en el Islam la mujer tiene derecho a participar en todos los oficios tanto particulares como públicos, ya sea de servicios, producción, distribución, exportación, importación, agricultura, industria, científicos, universitarios, etc.; sin embargo, para evitar las relaciones nocivas entre los sexos opuestos, lo que puede originar grandes perjuicios familiares y sociales, el Islam no incentiva el hecho de que la mujer se ocupe en trabajos que conlleven un contacto directo y continuo con los hombres, sino que prefiere aconsejar a las mujeres que trabajen en ambientes más benéficos. Aún así, a veces, debido a ciertas exigencias sociales y la necesidad que se tiene del trabajo de las mujeres, el trabajo de las mismas en la sociedad se vuelve imperioso y obligatorio, y es por eso que hoy las mujeres musulmanas, en la mayoría de las sociedades islámicas, entre ellas la República Islámica de Irán, ocupan cargos políticos, administrativos, judiciales, comerciales, etc.
Además de los grandiosos cambios que la Revolución Islámica suscitó en Irán y en el mundo, en su concepción del ser humano, de la mujer y de la familia, este movimiento originó nuevas transformaciones, especialmente reformó y corrigió la imagen indeseable y defectuosa que se había creado en las mentes respecto a la mujer.
Las mujeres son los líderes primordiales de la guía intelectual, doctrinal y afectiva de la sociedad, y su función principal consiste en mantener encendida la llama del amor y la pureza en la familia, y proteger los fundamentos y cimientos de esta institución de guía. Por lo tanto, la excusa de estar presente en las áreas de las actividades sociales con el fin de prolongar sus responsabilidades, no debe ocasionar la decadencia de la posición y condición humana de las mujeres y agravar el descontrol y la corrupción moral, y como resultado allanar el terreno para la ruptura y desmoronamiento del sistema familiar.
Una de las cuestiones de importancia para las grandes personalidades de la religión del Islam, es mantener alejada a las mujeres de las amenazas y perjuicios psíquicos y físicos. En nuestros días, por el hecho de no dar la importancia necesaria a esta cuestión muchas mujeres han caído presa de las tribulaciones morales. Vemos cómo los abusos sexuales a las mujeres se han convertido hoy en un fenómeno natural en occidente.
Las opiniones destructivas respecto la mujer, ocasionó que a lo largo de la historia ella estuviera sujeta a diferentes tipos de opresión y privación, lo que hizo mella en sus funciones innatas. Luego de las “épocas de la Ignorancia” de carácter tradicional, devino otra de carácter lucrativo e industrial, en la que también se actuó en forma ignorante e interesada con los sentimientos de la mujer, de manera que esto afectó su dignidad y posición, la despojaron de su respeto y sacralidad, y el principal resultado de esto fue que hicieron tambalear las bases de la cálida institución familiar.
Si estamos en la búsqueda de la libertad de la mujer de las cadenas de la ignorancia y los desenfrenos, esto es apoyado tanto por el sentido común como por la legislación religiosa, pero si estamos en la búsqueda del libertinaje y que la personalidad de la mujer sea un instrumento de los hombres, esto es algo que se contradice con todas las religiones. A principios del Islam, cuando la mujer era considerada en los imperios mal llamados “civilizados” como una cosa, y no gozaba de ningún derecho, el Profeta del Islam (s.a.w.) besaba la mano de su hija Fátima (a.s.), y por medio de exponer las claras aleyas del Corán, presentó los derechos sociales y espirituales de las mujeres y se los obsequió a ellas.
Otro punto que goza de importancia con relación al rol de la mujer, es su rol en asegurar la seguridad y la salud síquica de la sociedad. Si la atención de la mujer no está puesta en sus funciones primarias en el eje familiar, cede su lugar a un elemento indeseable, y de esta manera, no solo ella no goza de libertad y seguridad, sino que arrastra a la sociedad hacia la inseguridad. Ni ella está satisfecha de sí misma, ni tiene la satisfacción de su familia, ni la sociedad considera una posición de valor adecuada para ella. De esta forma ella solo es la causante del fútil ornamento de la “ignorancia moderna”, y desde la cima de la servidumbre a Dios, de la dignidad humana y del placer de una relación de pareja y familia apropiada, se precipita al abismo en nombre de una engañosa libertad, dando pie a un cautiverio vergonzoso, lo que no solo destruye las bases de la familia, sino que se convierte en un factor para el lucro de las redes internacionales de la trata de mujeres.
De esta manera, en el Islam la mujer no solo puede, sino que debe estar presente en la sociedad y participar en las actividades económicas, políticas y sociales, y al mismo tiempo, por medio de proteger su sacralidad, repeler el ataque de los elementos contrarios al sistema de valores. Para ello, el Islam aconseja a las mujeres que cuando se presenten en los lugares públicos para cumplir con sus responsabilidades sociales, lleven una vestimenta recatada, para que de esta manera estén protegidas en sus relaciones sociales. Aún cuando el recato y la pureza son loables para cualquier persona, sin embargo para las mujeres es aún mejor y necesario. En sus relaciones sociales, las mujeres deben ser prudentes, inteligentes y cautas, a fin de no caer presa de la codicia y los abusos, y para que la sociedad no las mire como un objeto de consumo.
La concepción utilitaria que hoy en día se tiene de la mujer es una opresión a la sociedad humana y una gran traición a los derechos de las mujeres. En palabas del actual líder de la Revolución Islámica de Irán, el Aiatul·lah Jâmene’î: “La mujer, es una parte hermosa, delicada y oculta de la creación, y el mayor pecado por el que los occidentales deben responder es que rebajaron a la mujer al nivel de un medio para promocionar mercancías, obtener más dinero y satisfacer desordenada e ilegítimamente las cuestiones sexuales, y de esta manera infectaron a las sociedades humanas con enfermedades incurables”.
El que occidente se esfuerce por alejar a las mujeres de sus particularidades innatas y por dotarlas de valores masculinos, en realidad es disminuir la posición de las mujeres.
Del mismo modo, queda claro que cualquier golpe al rol de la mujer en la estructura familiar; cualquier tipo de desatención, intento de crear sustitutos para ella y de atenuar la importancia del vínculo sagrado familiar, y cualquier esfuerzo por plantear nuevos conceptos y argumentar justificativos “modernos” para ello, absolutamente todo ello deja secuelas negativas y trágicas para el futuro de las naciones, e incluso puede decirse que es una conspiración manifiesta en contra de toda la humanidad.
Por último, cabe aclarar que aquí solo me he referido a este tema en forma resumida, puesto que los roles de la mujer en el Islam, teniendo en cuenta sus desempeños, son muchos más, tanto en cantidad como en calidad. De esta somera mención se puede inferir la profundidad e importancia del rol de la mujer en el Islam, y su elevado valor en esta religión y escuela.
Si la humanidad anhela una sociedad sana alejada de las desviaciones y perjuicios sociales y un ambiente limpio de crímenes, en primer lugar debe abocarse a corregir la estructura de la familia, la conducta de los padres y sanear las relaciones entre los miembros de la familia. Y los padres, sobre todo, deben concientizarse plenamente de sus roles y funciones y llevarlos a cabo de la mejor manera.
Espero que podamos en primer lugar ser nosotras mujeres capaces de cumplir satisfactoriamente nuestro rol en nuestro hogar. El primer efecto debemos sentirlo nosotras en nuestra conducta, y recién luego estar al servicio de los demás en la medida de nuestro conocimiento y capacidad de acción. ¿Cómo podremos ser buenas para los demás y no para nuestra propia familia?
Notas:
1-"A quien practique el bien, sea hombre o mujer, y es creyente, le concederemos una vida excelente..." (Sura an-Nahl; 16:97)
2-Sura an-Nisa; 4:21.
3-"Ellas son vuestras vestimentas, y vosotros las de ellas" (Sura al-Baqarah; 2:187)
4-Sahifei-e Nur, del Imam Jomeini,t.7,p. 504.
5-Ibíd,p. 464.
6-Ibíd,p. 341.
7-Ibíd,p. 339.
8-Sura ar-Rum; 30:21.
9-"Todos sois pastores, y cada uno de vosotros es responsable de quienes están a su cargo y cuidado".
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Publicado por Centro Islámico Marplatense para Islam en Mar del Plata el 3/07/2010 10:33:00 PM