81 preguntas sobre el asalto a la Flotilla de Gaza
Uri Avnery
Counterpunch
Traducido para Rebelión por LB
17-06-2010
Si se hubiera constituido una verdadera Comisión de Investigación (en lugar de un patético remedo de Comisión), estas son algunas de las preguntas que debería haber planteado:
1. ¿Cuál es el verdadero objetivo del bloqueo de la Franja de Gaza?
2. Si el objetivo es impedir el flujo de armas hacia la Franja, ¿por qué sólo se permite la entrada de 100 productos (en comparación con los más de 12.000 productos que se encuentran de promedio en cualquier supermercado israelí)?
3. ¿Por qué se prohíbe introducir chocolate, juguetes, material de escritura, muchas clases de frutas y verduras (y por qué se permite introducir cilantro pero no canela)?
4. ¿Qué relación existe entre la decisión de prohibir la importación de materiales de construcción para la sustitución o reparación de los miles de edificios que los israelíes destruyeron o dañaron durante la operación Plomo Fundido y el argumento de que pueden servir a Hamas para construir búnkeres, cuando lo cierto es que los materiales que se utilizan para esa finalidad son introducidos en cantidades que superan las necesidades a través de los túneles de Gaza?
5. ¿Es el verdadero objetivo del bloqueo israelí de la Franja de Gaza convertir en un infierno la vida del millón y medio de seres humanos encerrados en ese territorio para inducirles a derrocar el régimen de Hamas?
6. Dado que eso no ha sucedido, sino que, por el contrario, Hamas se ha fortalecido durante los tres años del bloqueo, ¿el gobierno ha abrigado en algún momento algún tipo de reserva sobre esta cuestión?
7. ¿El bloqueo se ha impuesto con la esperanza de liberar al soldado israelí capturado, Gilad Shalit?
8. Si es así, ¿el bloqueo ha contribuido en algo a conseguir ese objetivo o, por el contrario, sus efectos han sido contraproducentes?
9. ¿Por qué el gobierno de Israel se niega a intercambiar a Shalit por cientos de prisioneros palestinos, cuando Hamás está de acuerdo con ese canje?
10. ¿Es cierto que el gobierno de EEUU ha impuesto un veto al canje de prisioneros, con el argumento de que ello significaría fortalecer a Hamas?
11. ¿Se ha discutido alguna vez en el gobierno el cumplimiento del compromiso que adquirió durante los acuerdos de Oslo de permitir y fomentar el desarrollo del puerto de Gaza de manera que se impida el paso de armas?
12. ¿Por qué razón el gobierno israelí declara una y otra vez que las aguas territoriales de la Franja de Gaza forman parte de las aguas territoriales de Israel y que los buques que entran en ellas "atentan contra la soberanía israelí", cuando lo cierto es que la Franja de Gaza nunca ha sido anexionada a Israel y que Israel anunció oficialmente en 2006 que se había "separado" de ella?
13. ¿Por qué la oficina del Fiscal General declaró que los activistas por la paz capturados en alta mar, que no tenían ninguna intención de entrar en Israel, habían "tratado de entrar ilegalmente a Israel", y los llevó ante un juez para que este ordenara prorrogar su detención en virtud de la ley que regula "la entrada ilegal en Israel"?
14. ¿Quién es el responsable de las contradictorias afirmaciones legales del gobierno israelí cuando primero sostiene que Israel "se separó de la Franja de Gaza" y que “la ocupación [de la Franja de Gaza] ha llegado a su fin", y al minuto siguiente invoca la soberanía israelí sobre las aguas costeras de la Franja?
Preguntas sobre la decisión de atacar a la flotilla:
15. ¿En qué momento los servicios de inteligencia israelíes comenzaron a tener noticias de los preparativos de esta flotilla? (Los testimonios sobre esta cuestión pueden rendirse a puerta cerrada).
16. ¿Cuándo se presentó esa cuestión a la consideración del Primer Ministro, del Ministro de Defensa, del Consejo de Ministros, del Comité de los Siete (encargado de las cuestiones de seguridad) y del Jefe de Estado Mayor del ejército israelí? (Ídem) 17. ¿Cuáles fueron las deliberaciones de estos funcionarios e instituciones? (Ídem)
18. ¿Qué inteligencia se presentó a cada uno de ellos? (Ídem)
19. Quién, cuándo y cómo tomó la decisión de detener a la flotilla por la fuerza?
20. ¿Es cierto que el secretario del gabinete, Tzvi Hauser, advirtió sobre las graves consecuencias de tal acción y recomendó permitir que la flotilla llegara a Gaza?
21. ¿Hubo alguien más que aconsejara lo mismo?
22. ¿El Ministerio de Asuntos Exteriores fue socio de pleno derecho en todos los debates?
23. Si es así, ¿advirtió el Ministerio de Asuntos Exteriores del impacto que semejante acción podría tener en nuestras relaciones con Turquía y otros países?
24. Dado que con anterioridad al incidente el gobierno turco había informado al Ministerio de Asuntos Exteriores israelí de que la flotilla estaba organizada por una organización privada ajena al control del gobierno y que no viola ninguna ley turca, ¿consideró el Ministerio de Asuntos Exteriores la posibilidad de dirigirse a dicha organización turca para tratar de llegar a un acuerdo que evitara la violencia?
25. ¿Se otorgó la debida consideración a la alternativa de detener la flotilla en aguas territoriales, inspeccionar la carga en busca de armas y dejar que siguiera su rumbo?
26. ¿Se tuvo en cuenta en algún momento el impacto que la acción podría tener en la opinión pública internacional?
27. ¿Se tuvo en cuenta el impacto de la acción sobre nuestras relaciones con EEUU?
28. ¿Se tomó en consideración el hecho de que la acción podría reforzar efectivamente a Hamas?
29. ¿Se tuvo en cuenta que la acción podía hacer más difícil continuar con el bloqueo?
Preguntas sobre la planificación de la acción:
30. ¿Qué inteligencia se puso a disposición de los planificadores? (Los testimonios pueden ser evacuados a puerta cerrada.)
31. ¿Se estimó que la composición del grupo de activistas de esta flotilla era diferente a la de los anteriores buques de protesta debido a la adición del componente turco?
32. ¿Se tuvo en cuenta el hecho de que, contrariamente a los activistas de la paz europeos, que creen en la resistencia pasiva, existía la posibilidad de que los activistas turcos adoptaran una actitud de resistencia activa frente a los soldados invasores de un buque turco?
33. ¿Se consideraron otras opciones alternativas, por ejemplo que embarcaciones de la marina israelí bloquearan el avance de la flotilla?
34. Si es así, ¿cuáles fueron las alternativas consideradas y por qué razón fueron rechazadas?
35. ¿Quién fue el responsable de la planificación real de la operación: el Jefe de Estado Mayor del ejército israelí o el Comandante de la Armada?
36. Si fue el Comandante de la Armada quien decidió el método a utilizar, ¿recibió esa decisión la aprobación del Jefe de Gabinete, del Ministro de Defensa y del Primer Ministro?
37. ¿Cómo se distribuyeron las tareas de planificación entre esas tres figuras?
38. ¿Por qué la acción se desarrolló fuera de las aguas territoriales de Israel y de la Franja de Gaza?
39. ¿Por qué el operativo fue llevado a cabo en la oscuridad?
40. ¿Hubo alguna persona de la Marina que pusiera objeciones a la idea de que los soldados descendieran de helicópteros sobre la cubierta del Mavi Marmara?
41. Durante las deliberaciones, ¿evocó alguien las similitudes entre la operación prevista y la acción británica contra el barco Exodus 1947, que culminó con un desastre político para los británicos?
Preguntas sobre el propio operativo:
42. Si no había nada que esconder, ¿por qué motivo se mantuvo a la flotilla desconectada del resto del mundo durante toda la operación?
43. ¿Protestó alguien porque los soldados estuvieran siendo enviados a una trampa?
44. ¿Se tuvo en cuenta el hecho de que el plan adoptado iba a poner a los soldados en una peligrosa posición de inferioridad durante varios minutos críticos?
45. ¿Exactamente en qué momento comenzaron los soldados a disparar munición real?
46. ¿Quién de los soldados fue el primero en disparar?
47. ¿Estuvo justificado el tiroteo, total o parcialmente?
48 ¿Es cierto que los soldados comenzaron a disparar incluso antes de descender a la cubierta, como afirman los pasajeros?
49. ¿Es cierto que el fuego continuó incluso después de que el capitán del barco y los activistas hubieran anunciado repetidamente por los altavoces que el buque se había rendido y después de que hubieran izado banderas blancas?
50. ¿Es cierto que cinco de los nueve muertos recibieron disparos en la espalda, lo que indica que trataban de escapar de los soldados y, por lo tanto, no ponían en riesgo sus vidas?
51. ¿Por qué se calificó como terrorista a Ibrahim Bilgen, de 61 años de edad, padre de seis hijos y candidato a la alcaldía de su ciudad natal, muerto en el asalto?
52. ¿Por qué se calificó como terrorista a Topcoglu Cetin, de 54 años, entrenador del equipo nacional turco de taekwondo (artes marciales coreanas), cuya esposa también estaba en la nave, muerto en el asalto?
53. ¿Por qué se calificó como terrorista a Cevdet Kiliclar, periodista de 38 años, muerto en el asalto?
54. ¿Por qué se calificó como terrorista a Ali Haydar Bengi, padre de cuatro hijos, graduado en literatura en la escuela al-Azhar en El Cairo, muerto en el asalto?
55. ¿Por qué se calificó como terroristas a Necdet Yaldirim, de 32 años de edad, padre de una hija; a Yaldiz Fahri, de 43 años, padre de cuatro hijos; a Cengiz Songur, de 47 años, padre de siete hijos, y a Akyuz Cengiz, 41 años, padre de tres hijos, todos ellos muertos en el asalto?
56. ¿Es falso que los activistas arrebataron una pistola a un soldado y le dispararon con ella, tal como afirmó el ejército israelí, o es cierto que en realidad los activistas arrojaron al mar la pistola sin utilizarla?
57. ¿Es cierto, como afirma el súbdito británico Jamal Elshayyal, que los soldados impidieron durante tres horas que los turcos heridos recibieran atención médica, espacio de tiempo en el que varios de ellos murieron?
58. ¿Es cierto, como afirma dicho periodista, que le esposaron las manos a la espalda y le obligaron a permanecer arrodillado durante tres horas bajo un sol de plomo, que no se le permitió ir a orinar y que le dijeron “que se meara en los pantalones", que permaneció esposado durante 24 horas sin agua, que le arrebataron su pasaporte británico y que no se lo han devuelto? ¿Es cierto que le arrebataron su ordenador portátil, tres teléfonos celulares y 1500 dólares en efectivo y que no se los han devuelto?
59. ¿El ejército israelí aisló del mundo a los pasajeros durante 48 horas y confiscó todas las cámaras, películas, y teléfonos celulares de los periodistas a bordo con el fin de suprimir cualquier información que no se ajustara al relato del ejército israelí?
60. ¿Es un procedimiento en vigor mantener al Primer Ministro (o a su suplente en funciones, en este caso a Moshe Yaalon) en la foto durante una operación? ¿Se aplicó este procedimiento? ¿Se aplicó también en casos anteriores tales como la operación de Entebbe o el abordaje del barco "Karin A"?
Preguntas sobre el comportamiento del portavoz del ejército israelí:
61. ¿Es cierto que durante las primeras horas el portavoz del ejército israelí propaló una serie de falacias para justificar la acción ante los ojos del público israelí y de la opinión pública internacional?
62. Los pocos minutos de filmación que se han mostrado cientos de veces en la televisión israelí desde el primer día hasta ahora, ¿son un clip cuidadosamente editado para que no se vea lo que ocurrió inmediatamente antes e inmediatamente después?
63. ¿Qué hay de cierto en la afirmación de que los soldados que fueron llevados por los activistas al interior de la nave estaban a punto de ser "linchados", cuando lo que las fotos muestran claramente es que durante un tiempo considerable estuvieron rodeados por docenas de activistas sin sufrir ningún daño, y que incluso un médico o enfermero de entre los activistas los atendió?
64. ¿Qué pruebas existen para sustentar la afirmación de que la ONG turca IHH tiene conexiones con al-Qaeda?
65. ¿En base a qué se dijo una y otra vez que esa ONG era una "organización terrorista", a pesar de que nunca se presentaron pruebas para respaldar esa acusación?
66. ¿Por qué se afirmó que esa ONG actuaba bajo las órdenes del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, cuando en realidad está próxima a un partido de la oposición?
67. Si se trataba en realidad de una organización terrorista conocida por los servicios de inteligencia israelíes, ¿por qué no se tuvo en cuenta esa circunstancia durante la planificación de la operación?
68. ¿Por qué el gobierno israelí no dio a conocer ese dato antes del ataque a la flotilla?
69. ¿Por qué las palabras de uno de los activistas, que a su regreso declaró que quería ser un "shahid", fueron traducidas por la propaganda oficial israelí de manera manifiestamente deshonesta, como si la persona en cuestión hubiera dicho que quería "matar y ser muerto" ("shahid" significa persona que sacrifica su vida para dar testimonio de su creencia en Dios, como un mártir cristiano)?
70. ¿Cuál es el origen del bulo según el cual los turcos gritaron: "¡Regresad a Auschwitz!"?
71. ¿Por qué los médicos israelíes no llamaron para informar inmediatamente de la naturaleza de las heridas de los soldados heridos, después de que se hubiera anunciado que al menos uno de ellos había recibido disparos?
72. ¿Quién inventó la historia de que en el barco había armas y habían sido arrojadas al mar?
73. ¿Quién inventó el cuento de que los activistas portaban armas mortales, cuando en la exposición organizada por el portavoz del ejército israelí solo se mostraron utensilios que se encuentran en cualquier buque, incluidos prismáticos, un instrumento para infusiones sanguíneas, cuchillos y hachas, así como dagas decorativas árabes y cuchillos de cocina que se encuentran en cualquier barco, incluso en aquellos que no están equipados para albergar a 1000 pasajeros?
74. La exhibición de todos esos objetos, junto con la interminable repetición de la palabra "terroristas" y el bloqueo de información contraria, ¿no constituyen un caso de lavado de cerebro?
Preguntas sobre la investigación:
75. ¿Por qué el gobierno de Israel se niega a participar en una comisión internacional de investigación integrada por personalidades neutrales aceptable para él?
76. ¿Por qué el Primer Ministro y el Ministro de Defensa han anunciado que están dispuestos a declarar pero no a responder a preguntas?
77. ¿De dónde procede el argumento de que los soldados no deben ser llamados a declarar, cuando lo cierto es que en todas las investigaciones anteriores se ha interrogado a oficiales superiores, a oficiales subalternos y a soldados de tropa?
78. ¿Por qué el gobierno se niega a nombrar una Comisión de Investigación del Estado al amparo de la ley israelí promulgada por el Knesset en 1966 para este mismo propósito, sobre todo en vista de se constituyeron comisiones de ese mismo tipo tras la guerra del Yom Kippur, tras la masacre de Sabra y Chatila, cuando un demente australiano prendió fuego al podio de la mezquita de al-Aqsa, y también para investigar la corrupción en el deporte y el asesinato del líder sionista Jaim Arlosoroff (¡cincuenta años después de que ocurriera!)?
79. ¿Tiene el gobierno israelí algo que temer de una comisión de ese tipo, cuyos miembros son nombrados por el Presidente de la Corte Suprema y que está facultada para citar a testigos e interrogarles, para exigir la presentación de documentos y para determinar la responsabilidad personal por errores y crímenes?
80. ¿Por qué se decidió finalmente nombrar a un patético comité carente de facultades legales y de toda credibilidad tanto en Israel como en el extranjero?
Y, por último, la pregunta de las preguntas:
81. ¿Qué es lo que trata de ocultar nuestra dirigencia política y militar?
Fuente: http://www.counterpunch.org/avnery06142010.html
jueves, 17 de junio de 2010
¿Quién tiene miedo a una investigación efectiva?
viernes, 14 de mayo de 2010
Una nube pende sobre Jerusalén Los beneficios de la Corrupción
12-05-2010
Uri Avnery
Counterpunch
Traducido para Rebelión por LB
Todo el mundo tiene derecho a cambiar de opinión. Incluso Danny Tirzeh.
El coronel Tirzeh fue el responsable de la planificación del muro que "envuelve" a Jerusalén, el muro que secciona a Jerusalén del resto de Cisjordania para convertirla en la Capital Unificada de Israel para Toda la Eternidad.
Y ahora, de repente, resulta que Tirzeh aparece como el principal oponente del muro que él mismo planificó. Ahora quiere moverlo para hacer que las tierras de la aldea de al-Walaja queden del lado "israelí".
El coronel ha dejado de actuar en nombre del ejército israelí y ahora representa a empresarios privados que quieren construir 14.000 viviendas para alojar a 45.000 almas judías. Todo esto, por supuesto, por el bien del sionismo, del pueblo judío, de la Capital Eterna de Israel y de varias decenas de millones de shekels.
El CORONEL TIRZEH no es cualquiera. Es un símbolo.
Durante años me lo he estado encontrando en los pasillos del Tribunal Supremo. Se había convertido casi en un elemento fijo del paisaje: el testigo estrella, el experto y el espíritu que se mueve en decenas de audiencias relativas al Muro de Separación y Anexión.
Lo conoce todo. Cada kilómetro del muro y de la valla. Cada colina, cada piedra. Siempre lleva encima un gran hato de mapas que despliega ante los jueces, explicándoles apasionadamente por qué el muro tiene que pasar aquí y no por allí, por qué la seguridad del Estado exige que las aldeas palestinas queden separadas de sus tierras, por qué permitir que un olivar siga siendo propiedad de su dueño expondría a los soldados israelíes a un peligro mortal.
Normalmente, los jueces suelen acabar convencidos. Después de todo, él es el experto. El hombre que sabe. ¿Cómo pueden asumir la responsabilidad de cambiar la ruta del muro si hacerlo puede suponer el asesinato de judíos?
Hay excepciones. En el pueblo de Bil'in el tribunal israelí estaba convencido de que la valla se podía mover unos pocos cientos de metros sin riesgo de que colapsara la seguridad del Estado ni de que el paisaje acabara cubierto de pilas de cadáveres judíos.
Así pues, el Tribunal Supremo aceptó la apelación de los habitantes de Bi´lin, decidió desplazar la valla y… no pasó nada. La valla se ha quedado donde estaba. El gobierno y los militares israelíes simplemente han ignorado la orden judicial.
En vano el Presidente del Tribunal Supremo les advirtió de que sus decisiones "no son recomendaciones". Igual que docenas de otras decisiones judiciales relativas a los colonos, también sobre ésta se está acumulando el polvo.
El caso de Bil'in es especialmente sangrante, y no sólo por los manifestantes —palestinos, israelíes y otros— que los israelíes han herido y asesinado en esa localidad. Es sangrante porque el motivo que se esconde detrás de la valla es realmente sorprendente.
Nada de sionismo. Nada de seguridad o de defensa contra el terrorismo. Nada del sueño de generaciones. Nada de la visión de Theodor Herzl, cuyo 150 aniversario se celebra hoy.
Sólo dinero. Mucho dinero.
La zona comprendida entre la valla actual y el trazado alternativo ha sido seleccionada para construir en ella el asentamiento ortodoxo de Modi'in Illit. Gigantescas corporaciones construirán en ese lugar cientos de “unidades habitacionales”, un negocio de muchos millones.
En todas partes, las zonas que los israelíes roban a los palestinos se convierten inmediatamente en bienes raíces. Pasan a través de misteriosos canales hasta llegar a las fauces de los tiburones inmobiliarios. A continuación, los tiburones construyen grandes proyectos de viviendas y venden las “unidades habitacionales” a precio de oro.
¿Cómo se hace? El público se está ilustrando al respecto gracias al asunto Holyland, una lección a plazos de la que cada día se hacen públicos nuevos detalles y surgen nuevos sospechosos.
En el emplazamiento de un antiguo y modesto hotel con este nombre ha surgido el proyecto de una gigantesca promoción urbanística: una línea de edificios de apartamentos de gran altura y un rascacielos. Este horrible monstruo domina el paisaje, pero la parte del proyecto que se puede ver desde lejos es sólo una fracción del conjunto. Las partes restantes ya han recibido la bendición de todas las autoridades municipales y gubernamentales pertinentes.
¿Cómo? La investigación prosigue. Casi todos los días se arresta a nuevos sospechosos. Son sospechosas casi todas las personas que han tenido algo que ver con la autorización del proyecto, hasta el más alto nivel: ministros, altos funcionarios gubernamentales, el antiguo alcalde, los miembros del concejo municipal y los funcionarios municipales. En estos momentos los investigadores están rastreando por todo el mundo el dinero de los sobornos.
Holyland está situado en Jerusalén Occidental (en lo que antes de 1948 era el barrio árabe de Katamon).
La pregunta obvia es: si las cosas se hacen así en el oeste de la ciudad, ¿qué no estará pasando en la parte oriental? Si esos políticos y funcionarios se atreven a robar y aceptar sobornos en el oeste de Jerusalén, ¿qué es lo que no se permitirán hacer en Jerusalén oriental, cuyos habitantes no tienen representación ni en el municipio o el gobierno?
Sólo unos minutos en automóvil separan a Holyland de la aldea palestina de al-Walaja.
Se podrían escribir volúmenes enteros sobre este pequeño pueblo que lleva más de 60 años siendo víctima de todo tipo de abusos.
Lo resumo: los israelíes ocuparon el pueblo original y lo anexionaron a Israel en la guerra de 1948, expulsaron a sus habitantes nativos y éstos fundaron otro pueblo en la parte de sus tierras que quedó del otro lado de la Línea Verde. Los israelíes ocuparon el nuevo pueblo en la guerra de 1967 y lo anexionaron a Jerusalén, que a su vez anexionaron a Israel. Según la ley israelí, las casas son ilegales. Los palestinos viven en sus propias casas, en su propia tierra, pero están considerados oficialmente como residentes ilegales que pueden ser desalojados en cualquier momento.
Ahora los tiburones inmobiliarios se comen con los ojos este suculento pedazo de tierra, que vale mucho dinero para proyectos de construcción. Siguen la habitual rutina sionista. En primer lugar, sustituyen el nombre árabe del lugar por una denominación hebrea, preferentemente tomada de la Biblia. Igual que la cercana aldea de Jebel Abu-Ghneim se convirtió en Har Homa antes de que los israelíes erigieran allí el monstruoso proyecto de viviendas [sólo para judíos] actualmente existente, del mismo modo al-Walaja se ha convertido ahora en Givat Yael. Es evidente que un lugar llamado Cerro de Yael debe pertenecer al pueblo judío, y es mandato divino construir otro asentamiento allí.
¿Y qué pasa si para construir [el asentamiento judío] es necesario desplazar el muro? Siempre se puede encontrar a algún oficial usado del ejército israelí que justifique la operación por razones de seguridad.
Llevo años reclamando que se investigue con más atención esta parte de la empresa de los asentamientos.
El debate público siempre ha girado en torno a conceptos elevados. La promesa divina contra la visión humana. El Gran Israel frente a la solución de los dos Estados. Valores sionistas contra el valor de la paz. Fascismo contra humanismo.
Y, mientras tanto, alguien se desternillaba de risa camino del banco.
Los asentamientos están creciendo rápidamente sin parar. En toda Cisjordania y Jerusalén Oriental los asentamientos judíos brotan como setas tóxicas, envenenando las perspectivas de paz. En este asunto nunca hubo ninguna diferencia entre Golda Meir y Menachem Begin, entre Ehud Barak y Ariel Sharon, entre Shimon Peres y Benjamín Netanyahu.
En el seno de los colonos judíos existe un núcleo duro de zelotes fanatizados. Pero muchos de los constructores sólo son astutos hombres de negocios cuyo único dios es Mammón. Hacen fácilmente amistad con los líderes del Likud y con los jefes del partido laborista, y no digamos con la banda de Kadima.
Los masivos asentamientos de Jerusalén Este —los ya existentes y los que están previstos— se están desarrollando siguiendo las mismas pautas empleadas para construir el monstruo de la colina de Holyland y necesitan los mismos permisos por parte de las mismas autoridades municipales y gubernamentales. Al fin y al cabo, Jerusalén se ha unificado. Por lo tanto, el mismo nubarrón oscuro pende sobre ellos.
Lo que hace falta es crear una comisión judicial que investigue todos los permisos expedidos en Jerusalén en los últimos años, sobre todo desde el inicio del mandato como alcalde de Ehud Olmert. Olmert luchó como un tigre por la construcción de Har Homa y de los otros grandes asentamientos de Jerusalén Oriental. Todo ello por la causa del sionismo y para asegurar el control judío sobre la Ciudad Santa. Ahora, él es el sospechoso nº 1.
Todo debe ser investigado desde el principio. Y cada nuevo proyecto debe ser paralizado hasta que se demuestre su limpieza más allá de cualquier duda.
ESTAS COSAS ya son lo bastante graves por sí mismas, pero lo son aún más porque están en el centro mismo del conflicto israelí-palestino y de la crisis entre Israel y Estados Unidos.
A causa de los proyectos de viviendas israelíes [construidas solo para judíos] en Jerusalén Oriental, el gobierno de Netanyahu está poniendo en peligro nuestra línea vital de conexión con EEUU. El alcalde ultraderechista proclama que le importan un bledo las órdenes del gobierno y que continuará construyendo a diestro y siniestro, diga lo que diga Netanyahu. Los palestinos, comprensiblemente, se niegan a negociar con el gobierno israelí mientras prosigan las actividades de construcción en Jerusalén Oriental.
¿Vamos a poner en peligro el futuro de Israel durante generaciones solamente para que los tiburones inmobiliarios puedan embolsarse más millones?
¿Entre los patriotas que se están repartiendo Jerusalén oriental hay funcionarios electos y designados que confían en obtener enormes sobornos de las constructoras?
¿Existe una conexión entre la corrupción rampante, de la cual el asunto Holyland es sólo la punta del iceberg, y decisiones nacionales de alcance histórico?
Resumiendo, ¿vamos a permitir que el futuro de Tierra Santa sea sacrificado en el altar profano de los beneficios de la corrupción?
Fuente: http://www.counterpunch.org/avnery05042010.html
rCR
jueves, 22 de abril de 2010
La gran mentira: Proclamando el Estado Palestino
En este artículo, el antiguo miembro del grupo terrorista sionista Irgún, hoy supuestamente reciclado en un luchador por la paz, trata de hacernos la cama para que nos enamoremos del candidato de los EE.UU y del gobierno sionista israelí, ya que, además la alternativa, según él es: "O Fayyad o el diluvio".
Como muy bien explica Julien Salingue en su artículo Palestina ¿un pueblo con derechos o individuos con necesidades?, Salam Fayyad es un ex-alto dirigente del FMI y del Banco Mundial, y el agente elegido por el sionismo para intentar trasformar al heróico pueblo palestino en una masa de consumidores insatisfechos.
Nos tememos que Fayyad es un imperativo que anuncia el destino de tales planes: ¡Fayyad, Fayyad, malditos! y que será el diluvio.
Uri Avner, ¿Pacifista reciclado o agente sionista?
22-04-2010
Uri Avnery
Counterpunch
Traducido para Rebelión por LB.
Conocí a Salam Fayyad, el primer ministro palestino, hace dos semanas, y volví a quedar impresionado por la calma y modestia que irradia.
Normalmente me lo suelo encontrar en manifestaciones, por ejemplo en las que se organizan contra el muro de separación en Bil’in. Tampoco en esta ocasión tuvimos oportunidad para otra cosa salvo estrecharnos la mano e intercambiar unas pocas palabras de cortesía.
Aparecimos juntos en los actos de celebración Día de la Tierra en una pequeña población cercana a Qalqiliya cuyo nombre sólo conocen unas pocas personas: al-Izbat Tabib. La aldea fue fundada en 1920 pero las autoridades israelíes de ocupación no reconocen su existencia. Quieren demolerla y transferir [la propiedad de] sus extensas tierras al cercano asentamiento [judío] de Alfei Menashe.
Nos rodeaba un numeroso grupo de respetables personalidades —jefes de los pueblos vecinos y funcionarios de los partidos integrados en la OLP—, así como los habitantes de la aldea. Sólo pude hablar con él desde la tribuna. Le rogué que fortaleciera la cooperación entre la Autoridad Palestina y el campo de la paz israelí, una cooperación que se ha debilitado desde los asesinatos de Yasser Arafat y de Faisal Husseini.
Es imposible no querer a Fayyad. Irradia decencia, seriedad y sentido de responsabilidad. Invita a la confianza. No se le ha pegado ninguna excrecencia de la corrupción. No es un funcionario de partido. Sólo después de muchas dudas se afilió a un partido pequeño ("la Tercera Vía"). En el enfrentamiento entre Fatah y Hamás no pertenece a ninguno de los dos bloques rivales. Se parece a un gerente de banco, y de hecho eso es lo que era: un alto funcionario del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
Con sus 58 años Fayyad es todo lo contrario de Yasser Arafat, quien comenzó nombrándolo Ministro de Finanzas. El Rais irradiaba autoridad, el Primer Ministro irradia desconfianza. Arafat era una persona extrovertida, Fayyad es introvertido. Arafat era un hombre de gestos dramáticos, Fayyad no sabe lo que es un gesto.
Pero la mayor diferencia entre los dos radica en sus métodos. Arafat no puso todos sus huevos en una cesta, utilizó muchas cestas. Estaba dispuesto a utilizar —simultánea o alternativamente— la diplomacia y la lucha armada, la acción popular y los canales secretos, los grupos moderados y los grupos radicales. Creía que el pueblo palestino era demasiado débil para permitirse el lujo de prescindir de ninguna herramienta.
Fayyad, por el contrario, pone todos sus huevos —los de los palestinos— en una única canasta. Escogió una estrategia única y a ella se aferra. Ésa es una apuesta personal y nacional, muy audaz y peligrosa por cierto.
Al parecer, Fayyad cree que la única oportunidad que tienen los palestinos para alcanzar sus objetivos nacionales es utilizar medios no violentos y trabajar en estrecha cooperación con EEUU.
Su plan consiste en construir las instituciones nacionales palestinas, establecer una base económica sólida y proclamar el Estado de Palestina a finales del 2011.
Eso recuerda a la clásica estrategia sionista bajo David Ben-Gurion. En jerga sionista, a eso se le llamaba "crear hechos sobre el terreno".
El plan de Fayyad se basa en la suposición de que los EEUU reconocerán el Estado palestino e impondrán a Israel las bien conocidas condiciones de paz: dos Estados, retorno a las fronteras de 1967 con algunos pequeños y consensuados intercambios territoriales, Jerusalén Oriental como capital de Palestina, evacuación de todos los asentamientos no incluidos en el intercambio de tierras, retorno de un número simbólico de refugiados a territorio israelí y asentamiento del resto en Palestina y en otros lugares.
Parece una estrategia sensata, pero plantea muchas preguntas.
Primera pregunta: ¿Pueden realmente los palestinos confiar en que los EEUU cumplirán su papel?
En las últimas semanas las posibilidades de que eso ocurra han aumentado. Tras sus impresionantes victorias en el escenario doméstico e internacional el presidente Obama está demostrando una nueva confianza en sí mismo en el tema palestino-israelí. Ahora podría estar listo para imponer a ambas partes un plan de paz estadounidense que incluyera esos elementos.
Los EEUU han dejado claro que esto no es un show secundario, sino una estrategia basada en una evaluación realista de los intereses nacionales [estadounidenses] y respaldada por la cúpula militar.
Sin embargo, la batalla decisiva aún no se ha iniciado. Cabe esperar un combate de titanes entre los dos grupos de presión más poderosos en Washington: el lobby militar y el lobby pro israelí. La Casa Blanca contra el Congreso. La apuesta de Fayyad se basa en la esperanza de que Barack Obama, con la ayuda del general David Petraeus, gane ese combate.
Es una apuesta razonable, pero arriesgada.
SEGUNDA CUESTIÓN: ¿Es posible construir el embrión de un Estado palestino bajo la ocupación israelí?
De momento Fayyad lo está logrando. Es indudable que existe en Cisjordania un cierto nivel de prosperidad, pero beneficia principalmente a una determinada clase. El gobierno de Netanyahu apoya este esfuerzo con la ilusión de que la "paz económica" pueda servir como sustituto de la verdadera paz.
Pero todo este esfuerzo tiene pies de barro. Las autoridades israelíes de ocupación pueden destruirlo todo de un golpe. Lo pudimos ver en la operación “Muro Defensivo” de mayo del 2002, cuando el ejército israelí destruyó de un solo golpe todo lo que los palestinos habían construido a raíz del acuerdo de Oslo. He visto con mis propios ojos la destrucción de las oficinas de la Autoridad Palestina en Ramala, los ordenadores triturados, las pilas de documentos arrugados esparcidos por el suelo de los Ministerios de Educación y Salud, los destrozados muros de la Mukata'a.
Si el gobierno israelí así lo decide, todas las bien ordenadas oficinas de gobierno de Fayyad, todas las nuevas empresas e iniciativas económicas palestinas serán reducidas a cenizas.
Fayyad confía en la red de seguridad estadounidense. Y, de hecho, es dudoso que Netanyahu pueda hacer en el año 2010, en plena era Obama, lo que Ariel Sharon hizo en 2002 con George W. Bush.
Un componente importante de la nueva situación es el "ejército de Dayton". El general estadounidense Keith Dayton está entrenando a las fuerzas de seguridad palestinas. Todo el que las haya visto sabe que son, a efectos prácticos, un ejército regular. (En la manifestación del Día de la Tierra, los soldados palestinos, con sus cascos y uniformes de color caqui, se desplegaron en la parte alta de la colina, mientras que los soldados israelíes, vestidos de forma parecida, se desplegaron debajo. Eso ocurría en la zona C, que según los acuerdos de Oslo se encuentra bajo de control militar israelí. Ambos ejércitos utilizaron los mismos jeeps estadounidenses, solo que pintados de colores diferentes).
No hay duda de que Fayyad es consciente de que apenas una estrecha línea separa su estrategia de la colaboración con la ocupación.
TERCERA PREGUNTA: ¿Qué pasará si los palestinos declaran su Estado a finales de 2011?
Muchos palestinos se muestran escépticos. Después de todo, el Consejo Nacional Palestino ya declaró un Estado palestino independiente en 1988. En aquella festiva ocasión se leyó la Declaración de Independencia Palestina escrita por el poeta Mahmoud Darwish. El documento tenía un extraño parecido con la Declaración de Independencia de Israel. Docenas de países reconocieron al nuevo Estado, países en los que los representantes de la OLP gozan de la condición oficial de embajadores. Pero, ¿hizo eso que mejorara la situación de los palestinos?
La cuestión principal es si los EEUU reconocerán al Estado palestino el día de su fundación y si el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas hará lo mismo.
En mayo de 1948 EEUU otorgó al nuevo Estado de Israel su reconocimiento de facto, pero no de jure. Stalin se les anticipó al reconocer a Israel de jure desde el primer día.
Si se cumple la esperanza de Fayyad y los EEUU reconocen al Estado de Palestina, la situación de los palestinos cambiará drásticamente. Casi con toda seguridad, el gobierno israelí no tendrá más remedio que firmar un acuerdo de paz que será prácticamente dictado por los estadounidenses. Israel tendrá que devolver casi toda Cisjordania.
CUARTA PREGUNTA: ¿Se aplica esto a Gaza?
Probablemente sí. Contrariamente a la imagen demoníaca creada por la propaganda israelí y estadounidense, Hamás desea un Estado palestino, no un emirato islámico. Al igual que nuestros propios ortodoxos, que aspiran a un Estado judío gobernado por la ley religiosa y por los rabinos, Hamás sabe conciliarse con la realidad. Los objetivos de Hamás no se limitan al pequeño enclave que ahora controlan. Quiere jugar un papel importante en el futuro Estado de Palestina.
La posición oficial de Hamás es que aceptará un acuerdo firmado por la Autoridad Palestina si éste es ratificado por el pueblo palestino en referéndum o mediante un acto del Parlamento. Cabe señalar que, incluso ahora, Hamás trata el experimento de Fayyad con relativa indulgencia.
Fayyad es un hombre de compromisos. Hace mucho tiempo que habría llegado a una entente cordiale con Hamás si los EEUU no hubieran impuesto un veto total contra esta organización.
El cisma palestino es en gran medida obra de EEUU e Israel. Israel ha contribuido a él impidiendo todo contacto físico entre Cisjordania y la Franja de Gaza, en flagrante violación del acuerdo de Oslo, que define a Cisjordania y la Franja de Gaza como un único territorio. Israel se comprometió a abrir cuatro "corredores seguros" entre ambos territorios. No los ha abierto ni un solo día.
Los estadounidenses tienen una visión primitiva del mundo, heredada de la época del salvaje oeste: en todas partes hay buenos chicos y tipos malos. En Palestina, los buenos chicos son la gente de la Autoridad Palestina, los tipos malos son Hamás. Fayyad tendrá que trabajar duro para convencer a Washington de que adopte una postura un poco más matizada.
¿Qué pasará si la apuesta de Fayyad resulta ser un error histórico? ¿Si el lobby pro israelí gana contra estadistas y generales? ¿O si alguna crisis mundial desvía la atención de la Casa Blanca en otra dirección?
Si Fayyad falla, todos los palestinos llegarán a una conclusión evidente: no hay posibilidad alguna de alcanzar una solución pacífica. Estallará una sangrienta Intifada y Hamás tomará el control del pueblo palestino —hasta que ellos mismos sean suplantados a su vez por fuerzas mucho más radicales.
Salam Fayyad está en condiciones de decir con toda propiedad: après moi, le déluge.
Fuente: http://www.counterpunch.org/avnery04122010.html
Uri Avnery
De Wikipedia, la enciclopedia "libre" de censurar lo que no le gusta.
Uri Avnery (10 de septiembre de 1923 en Beckum, Alemania con el nombre Helmut Ostermann) es un periodista, escritor y activista por la paz israelí. Formó parte del Parlamento israelí (Knéset) durante tres periodos legislativos (1965-1969, 1969-1973, 1979-1981), con un total de diez años como diputado.
Nacido en una familia de clase media en Westfalia (Alemania), antes de la llegada de los nazis al poder en Alemania en 1933, emigraron a Palestina. Allí emprendieron una nueva vida, desde la pobreza. Incluso Avnery no pudo concluir la educación primaria. De 1938 a 1942 (de los 15 a los 19 años) fue miembro de la organización terrorista sionista Irgún.
En la Guerra árabe-israelí de 1948 fue herido gravemente. De 1950 a 1990 fue jefe editor de la revista de noticias Haolam Haseh. En 1993 fue miembro fundador de Gush Shalom (Bloque Israelí por la Paz).
Como fuerte representante del laicismo, que separa el Estado de la religión, se opone a la influencia del judaísmo ortodoxo en la política israelí y propone un "Israel sin sionismo", para liberar al Estado de la carga histórica que complica el proceso de pacificación.
El 13 de septiembre de 2003 se ofreció como escudo humano en la zona palestina de la sede de la presidencia en Ramallah. Junto con otros 30 activistas por la paz, entre ellos los miembros del Parlamento (Knéset) Issam Mahoul y Ahamad Tibi, así como el anciano activista del Meretz Latif Dori y el historiador Teddy Katz, para (según su versión) “evitar las intenciones del Primer Ministro Ariel Sharón de asesinar, con soldados bajo su mando, a Yasir Arafat”.
Crítica [editar]
Los críticos le reprocharon a Avnery que, con esta acción y muchas declaraciones en entrevistas y a la prensa, apoyaba la política de Arafat: “El movimiento pacifista del lado palestino es dirigido por Yasir Arafat. Él es el movimiento pacifista” declaró Avnery en una entrevista para la revista Konkret en el edición del 6 de junio de 2002 (Revista 6, pág. 3). Probablemente Avnery quiso decir que Arafat poseía una enorme popularidad entre los palestinos, de modo que Israel no podía evitar a Arafat en las discusiones por la paz.
En la misma entrevista Avnery respondió a la pregunta sobre la muerte de los llamados colaboradores en las zonas palestinas:
“Naturalmente hubo asesinatos de los colaboradores, estos son traidores. [....] Quien entrega a sus compañeros a la ocupación enemiga, es un traidor, según las reglas de las organizaciones militares, aún en la clandestinidad, y será liquidado. [...] Yo fui terrorista cuando era joven. […] También liquidamos a colaboradores que entregaron a nuestros camaradas al régimen colonial inglés. ”
En tiempos de guerra tiene lugar un entendimiento entre todos los participantes. Por ello es importante luchar por la paz:
“En los últimos 71 años de mi vida no he vivido un solo día de paz. Espero y creo que pueda vivir la paz. “ (Uri Avnery el 10 de junio en Salzburgo, Austria).
martes, 23 de febrero de 2010
Sospechosos en Dubai
22-02-2010
Uri Avnery
Rebelión
Traducido del inglés para Rebelión por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.
De vez en cuando me pregunto: ¿qué sucedería si los gobiernos del mundo decidieran abolir simultáneamente todas sus agencias de espionaje?
Ciertamente sería un duro golpe para los escritores y productores de películas que viven de las historias de los servicios secretos. Sus producciones perderían el atractivo.
Sería un desastre para el enorme ejército de forofos que se traga las aventuras de espionaje, los entusiastas consumidores de libros y películas de héroes sobrehumanos como James Bond y “supergenios” tortuosos como Smiley, de John Le Carré.
Pero, ¿cuál sería el verdadero daño si Washington dejase de espiar a Moscú, Moscú dejara de espiar a Washington y ambos a Pekín? El resultado sería un empate. Se ahorrarían inmensas sumas de dinero, puesto que una gran parte de los esfuerzos de cada agencia de espionaje está dedicada a obstruir las intrigas de la competencia. ¿Cuántas enfermedades podrían curarse? ¿Cuánta gente hambrienta se alimentaría? ¿A cuántos analfabetos se les enseñaría a leer y escribir?
Las películas y libros populares celebran los éxitos imaginarios de las agencias de inteligencia. La realidad es mucho más prosaica y está repleta de auténticos fracasos.
Los dos clásicos desastres de espionaje ocurrieron durante la Segunda Guerra Mundial. En ambos, las agencias de inteligencia o proveyeron a sus jefes políticos de valoraciones falsas, o los líderes ignoraran sus exactas evaluaciones. En lo que se refiere a los resultados ambos equivalen a lo mismo.
El camarada Stalin fue sorprendido totalmente por la invasión alemana de la Unión Soviética, aunque los alemanes necesitaron meses para reunir su enorme fuerza invasora. El presidente Roosevelt fue totalmente sorprendido por el ataque japonés sobre Pearl Harbour, aunque el grueso de la armada japonesa tomó parte en él. Los fracasos fueron tan fabulosos que los aficionados al espionaje tuvieron que recurrir a teorías de conspiración para explicarlos. Una teoría de ese tipo dice que Stalin, deliberadamente, ignoró las advertencias porque él pretendía sorprender a Hitler con su propio ataque. Otra teoría afirma que Roosevelt prácticamente "invitó" a que los japoneses atacaran porque necesitaba un pretexto para empujar a Estados Unidos a una guerra impopular.
Pero desde entonces los fracasos continuaron sucediéndose uno tras otro. Todas las agencias occidentales de espionaje fueron sorprendidas totalmente por la revolución de Jomeini en Irán, cuyos resultados todavía hoy resuenan en los titulares. Todas las agencias fueron sorprendidas totalmente por el desplome de la Unión Soviética, uno de los acontecimientos definitorios del siglo XX. Fueron completamente sorprendidas por la caída del muro de Berlín. Y todas ellas proporcionaron información errónea sobre la bomba atómica imaginaria de Saddam Hussein que sirvió como pretexto para la invasión estadounidense de Iraq.
¡Ah!, dice nuestra gente, eso es lo que sucede entre gentiles. No aquí. Nuestra comunidad de espionaje es como ninguna otra. El cerebro judío ha inventado el Mossad, que todo lo sabe y es capaz de todo. (Mossad, "instituto", es la abreviatura de "Instituto para la Inteligencia y las Operaciones Especiales").
¿De veras? Al principio de la guerra de 1948 todos los jefes de nuestra comunidad de inteligencia unánimemente avisaron a David Ben-Gurion de que los ejércitos de los Estados árabes no intervendrían. (Afortunadamente, Ben-Gurion rechazó su evaluación). En mayo de 1967 toda nuestra comunidad de inteligencia era totalmente sorprendida por la concentración del ejército egipcio en el Sinaí, paso que condujo a la guerra de los Seis Días. (Nuestros jefes de inteligencia estaban convencidos de que el grueso del ejército egipcio estaba ocupado en Yemen, donde rabiaba una guerra civil). El ataque egipcio-sirio en el Yom Kippur de 1973 sorprendió por completo a nuestros servicios de inteligencia, aun cuando montones de avisos previos estaban disponibles.
Las agencias de espionaje fueron totalmente sorprendidas por la primera Intifada, y después por la segunda. Fueron completamente sorprendidas por la revolución de Jomeini, aunque (o porque) estaban profundamente empotradas en el régimen del Sha. Quedaron completamente sorprendidas por la victoria de Hamás en las elecciones palestinas.
La lista es larga e ignominiosa. Pero en un campo, como ellos dicen, nuestro Mossad actúa como ninguna otra: el de los asesinatos. (Perdón, “eliminaciones").
La película de Steven Spielberg Munich describe el asesinato ("eliminación") de miembros de la OLP después de la matanza de los atletas en los Juegos Olímpicos. Como una obra maestra de estilo barato puede compararse solamente a la película Éxodo, basada en el libro kitsch de León Uris.
Después de la matanza (cuya principal responsabilidad recae sobre los incompetentes e irresponsables policías bávaros), el Mossad, a las órdenes de Golda Meir, mató a siete directivos de la OLP, principalmente para regocijo del público israelí sediento de venganza. Casi todas las víctimas eran diplomáticos de la OLP, representantes civiles de la organización en capitales europeas que no tenían ninguna conexión directa con operaciones violentas. Sus actividades eran públicas, trabajaban en oficinas ordinarias y vivían con sus familias en edificios residenciales. Fueron blancos estáticos, como los patos de una caseta de tiro.
En una de las acciones -que recuerda al último asunto- un camarero marroquí fue asesinado por equivocación en el pueblo noruego de Lillehammer. El Mossad lo confundió con Ali Hassan Salameh, un importante dirigente de Fatah que sirvió como contacto con la CIA. Los agentes del Mossad, incluyendo unas glamourosas rubias (siempre hay unas rubias glamourosas) fueron identificados, arrestados y condenados a largas penas de prisión (pero liberados muy pronto). El verdadero Salameh fue "eliminado" más tarde.
En 1988, cinco años antes de los acuerdos de Oslo, Abu Jihad (Khalil al-Wazir), número dos de Fatah, era asesinado en Túnez ante los ojos de su esposa e hijos. De no haberlo matado, probablemente hoy sería el Presidente de la Autoridad Palestina en vez de Abu Mazen (Mahmud Abbas). Él habría disfrutado del mismo prestigio entre su pueblo que Yasser Arafat el cual, muy probablemente, fue asesinado con un veneno que no deja ningún rastro.
El fiasco que más se parece a la última acción fue el atentado del Mossad contra la vida de Khalid Mishal, un importante líder de Hamás, a petición del primer ministro Benjamín Netanyahu. Agentes del Mossad lo emboscaron en una calle principal de Ammán y rociaron una toxina nerviosa en su oreja, que era para matarlo sin dejar rastro. Fueron capturados en el lugar. El rey Hussein, el principal aliado del gobierno israelí en el mundo árabe, estaba lívido y lanzó un furioso ultimátum: o Israel proporcionaba inmediatamente el antídoto del veneno y salvaba la vida de Mishal, o los agentes del Mossad serían ahorcados. Netanyahu, como de costumbre, cedió, Mishal se salvó y el gobierno israelí, como una bonificación, liberó al jeque Ahmed Yassin, el principal líder de Hamás, de la prisión. Fue "eliminado" más tarde por el fuego de un misil Hellfire.
Durante las últimas semanas se ha vertido un diluvio de palabras sobre el asesinato en Dubai de Mahmoud al-Mabhouh, otro importante dirigente de Hamás.
Los israelíes aceptaron desde el primer momento que era un trabajo del Mossad. ¡Qué capacidades! ¡Qué talento! ¡Cómo supieron, con tanta anticipación, cuando iría el hombre a Dubai, qué vuelo tomaría, en qué hotel estaría! ¡Qué precisa planificación!
Los "corresponsales militares" y "los corresponsales de asuntos árabes" aparecieron radiantes en la pantalla. Sus caras dijeron: oh, oh, oh, si el material no estuviera clasificado. Si solamente le pudiera decir lo que sé. ¡Únicamente puedo contarles que el Mossad ha demostrado de nuevo que su largo brazo puede llegar a cualquier parte! ¡Vivid en el temor, oh enemigos de Israel!
Cuando los problemas comenzaron a volverse evidentes y las fotos de los asesinos aparecieron en la televisión de todo el mundo, el entusiasmo se enfrió, pero sólo ligeramente. Un viejo y probado método israelí se puso en juego: tomar algún detalle marginal y discutirlo apasionadamente ignorando el punto principal. Concentrarse en un árbol en particular y desviar la atención del bosque.
En realidad, ¿por qué usaron los agentes nombres de gente real que vive en Israel y tiene doble nacionalidad? ¿Por qué, de todos los pasaportes posibles, usaron los de países amigos? ¿Cómo podían estar seguros de que los propietarios de estos pasaportes no viajarían al extranjero en el momento crítico?
Además, ¿no se dieron cuenta de que Dubai está lleno de cámaras que graban cada movimiento? ¿No previeron que los policías locales compondrían películas del asesinato en casi todos sus detalles?
Pero esto no despertó demasiada excitación en Israel. Todos entendieron que británicos e irlandeses estaban obligados a protestar formalmente, pero que esto no era nada sino pasar por los gestos. Entre bastidores hay conexiones íntimas entre el Mossad y las demás agencias de inteligencia. Después de algunas semanas todo caerá en el olvido. Así funcionó en Noruega después de Lillehammer, así funcionó en Jordania después del asunto de Mishal. Protestarán, reprenderán, y ya está. Así, ¿cuál es el problema?
El problema es que el Mossad en Israel actúa como un feudo independiente que ignora los intereses vitales políticos y estratégicos de Israel a largo plazo y disfruta de la ayuda automática de un Primer Ministro irresponsable. Es, como dice la expresión inglesa, un "loose cannon”, una bomba liberada del cañón de un buque antiguo que ha roto su mecanismo y rueda libre por la cubierta, aplastando a cualquier desafortunado marinero que se interponga en su camino.
Desde el punto de vista estratégico la operación de Dubai causa un grave perjuicio a la política del gobierno, que define la presunta bomba nuclear de Irán como una amenaza existencial para Israel. La campaña contra Irán ayuda a desviar atención del mundo de la ocupación y colonización en curso e induce a Estados Unidos, Europa y otros a bailar a su son.
Barack Obama está en el proceso de tratar de establecer una coalición global para imponer "sanciones debilitadoras" a Irán. El gobierno israelí le sirve, de buena gana, de perro ladrador. Les dice a los iraníes: los israelíes están locos. Pueden atacar de un momento a otro. Yo los veto con gran dificultad. Pero si ustedes no hacen lo que les digo soltaré la correa y ¡que Alá se apiade de sus almas!
Dubai, un país del Golfo enfrentado a Irán, es un importante miembro de esta coalición. Es un aliado de Israel, tanto como Egipto y Jordania. Y aquí viene el propio gobierno israelí y le avergüenza y le humilla despertando entre las masas árabes la sospecha de que Dubai colabora con el Mossad.
En el pasado avergonzamos a Noruega, después enfurecimos a Jordania, ahora humillamos a Dubai. ¿Eso es inteligente? Pregunten a Meir Dagan, a quien Netanyahu acaba de otorgar un casi inaudito octavo año en el cargo de jefe del Mossad.
Quizás el impacto de la operación con respecto a nuestro lugar en el mundo es aún más importante.
Hubo una vez que era posible empequeñecer este aspecto. Dejar que los gentiles dijeran lo que quisieran. Pero desde la operación Plomo Fundido Israel se ha vuelto más consciente de sus implicaciones de largo alcance. El veredicto de juez Goldstone, los ecos de las payasadas de Avigdor Lieberman, la creciente campaña global para boicotear a Israel; todo esto tiende a sugerir que Thomas Jefferson no hablaba por hablar cuando dijo que ninguna nación puede permitirse ignorar la opinión de la humanidad.
El asunto de Dubai refuerza la imagen de Israel como un Estado bravucón, una nación macarra que trata a la opinión pública mundial con desprecio, un país que dirige una guerra de bandas, que envía al extranjero a la mafia como escuadrones de la muerte, una nación indeseable que debe ser evitada por las personas de bien.
¿Valía la pena?
Fuente: http://zope.gush-shalom.org/home/en/channels/avnery/1266678809/
viernes, 22 de enero de 2010
"Mata a un turco y descansa..."
El incidente turco
23-01-2010
Uri Avnery
Counterpunch
Traducido para Rebelión por LB
He intentado resistirme a la tentación de contar el mismo chiste judío clásico por segunda vez, pero las circunstancias me han dado una excusa razonable para retomarlo.
Casi todos los judíos conocen la frase "Mata a un turco y descansa". La historia completa es como sigue:
En la Rusia zarista un niño judío es llamado a filas para la guerra contra los turcos.
Su desconsolada madre se despide de él en la estación de tren y le suplica: "¡No te canses demasiado! Mata a un turco y descansa. Mata a otro turco y vuelve a descansar..."
"Pero, ¡mamá!", le interrumpe el niño. "¿Y si el turco me mata?"
"¿Si te mata?", exclama la madre con incredulidad. "Pero ¿Por qué? ¿Qué le has hecho tú?".
Ver como pdf
Los chistes judíos reflejan la realidad judía. Así que esta broma se convirtió en realidad esta semana.
Por desgracia, el chiste es a nuestra costa. Ocurrió así:
La televisión turca emitió una serie bastante primitiva en la que agentes del Mossad secuestran a hijos de trabajadores turcos y los esconden en la embajada de Israel. Los valientes agentes turcos liberan a los niños y matan al pérfido embajador.
Uno puede optar por ignorar completamente una historia tan desagradable o por protestar suavemente. Pero nuestro ilustre Ministro de Asuntos Exteriores pensó que ésta era la ocasión perfecta para demostrar al mundo que ya no somos abyectos judíos de gueto que aceptan sumisos todo lo que nos echen, sino orgullosos y erectos judíos de una nueva especie.
De modo que el viceministro de Asuntos Exteriores, Danny Ayalon, convocó al embajador de Turquía ante la Oficina de Asuntos Exteriores en Jerusalén para una cuidadosamente preparada exhibición de orgullo nacional.
Cuando el embajador llegó se sorprendió al ver el lugar lleno de equipos de equipos de televisión y de periodistas. Lo tuvieron esperando durante largo tiempo y luego lo condujeron a una habitación donde tres solemnes funcionarios, entre los cuales estaba Ayalon, aguardaban erguidos sentados sobre tres altas sillas. Sentaron al embajador turco en un sofá bajo sin brazos, y no tuvo más remedio que acomodarse en una posición reclinada.
No contento con esto, Ayalon pidió expresamente (en hebreo) a la gente de los medios de comunicación que prestaran atención a la diferencia de altura entre las sillas y el sofá, a la ausencia de la bandera turca sobre la mesa, así como al hecho de que los israelíes no sonreían y no le dieron la mano al embajador turco.
Tal vez Ayalon se inspiró en una memorable escena de El Gran Dictador, de Charlie Chaplin, en la que Hitler y Mussolini se sientan en sillas de barbero y cada uno de ellos va elevando su sillón para sobresalir por encima del otro hasta que ambas sillas se desploman.
A continuación, Ayalon le éndilgó (de nuevo en hebreo) una severa reprimenda. Todos los medios de comunicación israelíes utilizaron la palabra “reprimenda” en lugar del término diplomático de “protesta".
Muy satisfecho con su trabajo, Ayalon se encargó de que obtuviera la máxima difusión en los medios de comunicación, especialmente en la televisión.
La reacción de Turquía fue, como era de esperar, violenta. Los turcos son más quisquillosos que nadie en lo que afecta a su dignidad nacional (véanse sus reacciones ante las denuncias sobre la masacre de armenios que perpetraron hace casi cien años), de modo que se sintieron previsiblemente molestos.
Ayalon obtuvo, por supuesto, el apoyo incondicional de su ministro, mentor y jefe de partido, Avigdor Lieberman, que rezumaba elogios.
Unas semanas antes Lieberman había reunido a los embajadores de Israel de todo el mundo, unos 150, para una charla. Los reprendió por no defender adecuadamente el honor de Israel y anunció una nueva política radical: a partir de ahora el principal deber de un embajador de Israel será defender la dignidad de su país, atacar a cualquiera que critique a Israel y no dejar un insulto sin respuesta, sea grande o pequeño. Esa tarea debe tener prioridad sobre todas las demás funciones diplomáticas.
Nadie en la audiencia, compuesta principalmente por antiguos diplomáticos de carrera, se atrevió a levantarse y señalar que tal vez existan otros intereses más importantes para Israel, por ejemplo el mantener buenas relaciones con gobiernos extranjeros, los vínculos militares y de inteligencia y las relaciones económicas. Salvo un embajador -que sonrió y fue reprendido severamente-, nadie objetó.
En menos de un año en el cargo, Lieberman ha destrozado ya un montón de porcelana diplomática. Ha insultado a varios gobiernos amigos. En un caso digno de mención, reprendió públicamente a los noruegos por celebrar el aniversario de su escritor nacional, Knut Hamsun, que había simpatizado con los nazis. En otra ocasión atacó al gobierno sueco por no haber protestado públicamente contra un artículo publicado por un escritor de segunda en un periódico sueco en el que lanzaba la ridícula acusación de que los soldados israelíes matan a palestinos para vender sus órganos para transplantes(1). La exagerada reacción de Lieberman dio a este asunto repercusión mediática mundial.
Su tendencia a insultar a los gobiernos extranjeros -un rasgo bastante peculiar en un ministro de Asuntos Exteriores- probablemente ha sido exacerbada por la negativa de muchos de sus colegas extranjeros a reunirse con él por considerarlo un racista o, directamente, un fascista, como de hecho lo considera la mayoría de los israelíes.
Cuando Netanyahu formó su gobierno y nombró a Lieberman ministro de Exteriores, al principio la noticia fue recibida con incredulidad. Un nombramiento más absurdo era difícilmente imaginable. Pero Netanyahu le necesitaba, y no le podía ofrecer ni Economía, que quería llevar él mismo vicariamente, ni el Ministerio de Defensa, que es el coto privado de Ehud Barak. El Ministerio de Asuntos Exteriores, que pocas personas en Israel se toman en serio, era la única alternativa viable.
Es por ello que Netanyahu no podía criticar a esos dos neandertales de Lieberman y Ayalon ni a sus salidas de pata de banco. Sin embargo, Barak estaba que trinaba.
Como por casualidad, Barak tiene previsto visitar mañana Turquía. Las relaciones entre los aparatos militares de Israel y Turquía son lo más estrechas que cabe imaginar. No sólo existe una cierta afinidad ideológica entre los dos mandos militares -ambos se consideran a sí mismos como los guardianes de los valores nacionales y miran con desprecio a los políticos-, sino que los generales de ambos países son verdaderos colegas. Además, la industria militar israelí depende en gran medida de los pedidos de Turquía, que ascienden a cerca de mil millones de dólares anuales.
Últimamente ha surgido cierta controversia en torno a algunos aviones no tripulados suministrados por Israel, y las relaciones se han deteriorado. Por ello, la visita de Barak se considera muy importante. Algunos comentaristas israelíes creen que el asunto Ayalon fue una artimaña no demasiado sutil de Lieberman para sabotear a su rival de gabinete.
Sea como fuere, todo el stablishment israelí se dio cuenta de que la estúpida farsa de Ayalon ha hecho un gran daño. Ayalon fue obligado a retractarse, y lo hizo de forma desangelada, sin entusiasmo y sin averiguar primero si de esa forma iba a satisfacer a los turcos. No los satisfizo, y los turcos, cada vez más furiosos, exigieron una disculpa clara y rotunda. Esta exigencia se presentó en forma de ultimátum: hasta la medianoche del miércoles, o de lo contrario… De lo contrario significaba la retirada del embajador turco y la degradación de las relaciones.
Netanyahu cedió. Ayalon se disculpó de nuevo, esta vez de forma inequívoca, y los turcos aceptaron graciosamente. Barak irá a Turquía.
Detrás de este episodio pueril se esconde el problema más grave de las relaciones turco-israelíes. El Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, recordó esta semana a Israel que Turquía siempre ha acogido a los judíos. Se refería a un capítulo histórico que no es muy reconocido aquí [en Israel]: cuando la católica España expulsó a cientos de miles de judíos en 1492 (algunos hablan de hasta 800.000 personas), la gran mayoría de ellos se establecieron en el Imperio Otomano, desde Marrakech hasta Sarajevo. Mientras que los judíos de la Europa cristiana estaban siendo torturados por la Inquisición española y sufrían indecibles persecuciones, expulsiones y matanzas que culminaron en el Holocausto, los judíos [asentados en tierras del imperio otomano] florecieron durante siglos bajo el gobierno benevolente de los otomanos musulmanes.
Estos recuerdos históricos fueron, por desgracia, borrados durante el breve período de relaciones de los sionistas con la administración turca en la Palestina de principios del siglo XX. Todo niño israelí aprende la historia de la encantadora Sara Aharonson, miembro de una red de espionaje pro-británica durante la Primera Guerra Mundial, que se suicidó tras haber sido torturada por los Terroríficos Turcos.
Las relaciones cordiales se reanudaron sólo cuando masas de turistas israelíes comenzaron a acudir a los centros turísticos de Turquía y se sorprendieron por la cálida acogida que se les dispensaba. A los turistas eso les encanta.
Entonces, ¿qué está pasando ahora? Los turcos, como todos los musulmanes, se sintieron molestos por la guerra de Gaza del año pasado y por las horribles imágenes que vieron en televisión. Erdogan, haciéndose eco de estos sentimientos como lo haría cualquier buen político, atacó la política israelí en varias ocasiones, canceló maniobras militares conjuntas y en un arranque de rabia dejó plantado al presidente Shimon Peres en un debate público(2).
Después de que la Unión Europea le diera la espalda, Turquía se ha orientado hacia sus vecinos árabes e Irán, aspirando a actuar como mediador entre Oriente y Occidente. También comenzó a mediar entre Israel y Siria, hasta que comprendió que el gobierno israelí no tenía ningún deseo de hacer la paz, ya que la paz obligaría a Israel a desmantelar sus asentamientos y a devolver territorios.
Es probable que las relaciones entre Turquía e Israel vuelvan a la normalidad, si no a su antiguo grado de afabilidad. Turquía necesita la ayuda del lobby pro-israelí de Washington (en el pasado hasta el propio Ayalon ha sido sido enviado allí para ayudar a repeler los esfuerzos para obtener el reconocimiento del genocidio armenio). Israel necesita a Turquía como aliado y comprador de armas.
¿Y qué hay del chiste? Bueno, sirve como recordatorio de que provocar a los turcos no es necesariamente una buena idea.
1. En contra de lo que afirma Avnery, existen sólidos indicios que apoyan la acusación de connivencia de las autoridades militares israelíes en el tráfico de órganos extraídos de cadáveres palestinos. Más información sobre este truculento asunto en “Israel: cuerpos, órganos saqueados y racismo”, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=98683&titular=israel:-cuerpos-órganos-saqueados-y-racismo-
2. Este sonado incidente tuvo lugar durante la cumbre de Davos del año pasado. Puede verse íntegramente aquí: http://www.youtube.com/watch?v=gOzMrxX9NfI
Fuente: http://www.counterpunch.org/avnery01202010.html
miércoles, 13 de enero de 2010
De cabeza hacia otro cenagal: El americano impasible se va a Yemen
14-01-2010
Uri Avnery
Counterpunch
Traducido para Rebelión por LB
El Americano Impasible fue el héroe de la novela de Graham Greene sobre la primera guerra del Vietnam, la que libraron los franceses.
Era un estadounidense joven e ingenuo, hijo de profesor, que había recibido una esmerada educación en Harvard, un idealista lleno de las mejores intenciones. Cuando fue enviado a Vietnam quería ayudar a los indígenas a superar los dos males que él veía: el colonialismo francés y el comunismo. Sin saber absolutamente nada sobre el país en el que estaba actuando provocó un desastre. El libro termina con una masacre producto de sus esfuerzos equivocados. Ilustró el viejo refrán: "El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones".
Desde que se escribió ese libro han transcurrido 54 años, pero parece que el Americano Impasible no ha cambiado un ápice. Sigue siendo un idealista (al menos así se ve él a sí mismo), todavía aspira a redimir a lejanos pueblos extranjeros de los que no sabe nada, y sigue causando terribles desastres: en Iraq, Afganistán, y ahora, según parece, en Yemen.
El ejemplo iraquí es el más simple.
Los soldados estadounidenses fueron enviados allí para derrocar al régimen tiránico de Saddam Hussein. Hubo también, por supuesto, otros objetivos menos altruistas, tales como controlar los recursos petrolíferos iraquíes y estacionar una guarnición estadounidense en el corazón de la región petrolífera de Oriente Medio. Pero al público estadounidense la aventura se le presentó como una empresa idealista destinada a derrocar a un dictador sanguinario que amenazaba al mundo con bombas nucleares.
Eso fue hace seis años, y la guerra continúa. Barack Obama, que se opuso a la guerra desde el principio, prometió sacar de allí a los estadounidenses. Mientras tanto, pese a todas las palabras, sigue sin verse el fin de la guerra.
¿Por qué? Porque las personas que realmente toman las decisiones en Washington no tenían la más mínima idea acerca del país que querían liberar y al que querían ayudar a vivir eternamente feliz.
Iraq fue desde el principio un Estado artificial. Los estrategas británicos pegaron con cola varias provincias otomanas para satisfacer sus propios intereses coloniales. Coronaron a un árabe sunita como rey de los kurdos, que no son árabes, y de los chiítas, que no son sunitas. Sólo una sucesión de dictadores, a cual más brutal, impidió que el Estado se desmoronara.
A los planificadores de Washington no les interesaba la historia, la demografía o la geografía del país en el que irrumpieron con fuerza brutal. Ellos veían las cosas de forma muy sencilla: había que derrocar al tirano, establecer instituciones democráticas según el modelo usamericano, convocar elecciones libres, y todo lo demás encajaría por su propio peso.
Contrariamente a sus expectativas, no fueron recibidos con flores. Tampoco encontraron la terrible bomba atómica de Saddam. A semejanza del proverbial elefante de la cacharrería, lo destrozaron todo, destruyeron el país y quedaron empantanados.
Tras años de sangrientas operaciones militares que no condujeron a nada dieron con un remedio temporal. Al diablo con el idealismo, al diablo con los nobles objetivos, al infierno con todas las doctrinas militares: ahora se limitan a comprar a los jefes tribales, que constituyen la realidad de Iraq.
El Americano Impasible no tiene ni idea de cómo salir. Sabe que si lo hace el país puede desintegrarse en medio de un baño de sangre intestino.
* * *
Dos años antes de entrar en el pantano iraquí los estadounidenses invadieron el pantano afgano.
¿Por qué? Porque una organización llamada Al-Qaeda ("la base") se atribuyó la responsabilidad por la destrucción de las Torres Gemelas en Nueva York. Los jefes de al-Qaeda estaban en Afganistán, sus campos de entrenamiento estaban allí. Para los norteamericanos todo estaba claro, no había necesidad de pensárselo dos veces (ni, de hecho, de pensárselo una sola vez.)
Si hubieran sabido algo acerca del país que iban a invadir es posible que hubieran vacilado. Afganistán siempre ha sido un cementerio para sus invasores. Imperios poderosos han huido de allí con el rabo entre las piernas. A diferencia del llano Iraq, Afganistán es un país de montañas, un paraíso para la guerrilla. Alberga en su seno a diferentes pueblos y a un sinnúmero de tribus, todas ellas ferozmente celosas de su independencia.
A los planificadores de Washington nada de eso les interesaba realmente. A lo que se ve, para ellos todos los países son los mismos, y también lo son todas las sociedades. También en Afganistán hay que establecer una democracia al estilo norteamericano, convocar elecciones libres y justas y, ¡ale hop!, todo lo demás se resolverá espontáneamente.
El elefante entró sin llamar en la cacharrería y logró una aplastante victoria. La Fuerza Aérea arrasó, el ejército conquistó sin problemas, al-Qaeda desapareció como un fantasma, los talibanes (“estudiantes religiosos ") huyeron. Las mujeres podían aparecer de nuevo en la calle sin cubrirse el cabello, las niñas podían asistir a la escuela, los campos de opio volvieron a florecer, como florecieron los protegidos de Washington en Kabul.
Sin embargo, la guerra continúa, año tras año el número de norteamericanos muertos aumenta inexorablemente. ¿Para qué? Nadie lo sabe. Es como si la guerra hubiera adquirido vida propia, sin objetivo, sin razón.
Un estadounidense bien podría preguntarse: ¿Qué diablos estamos haciendo?
* * *
El objetivo inmediato, la expulsión de al-Qaeda de Afganistán, ha sido alcanzado. Al-Qaeda no está allí, si es que alguna vez estuvo.
Escribí una vez que al-Qaeda es una invención de los USA y que Osama Bin-Laden ha sido enviado por la Oficina Central de Casting de Hollywood para desempeñar el papel. Simplemente, es demasiado bueno para ser verdad.
Naturalmente, exageraba un poco. Pero no del todo. Los USA necesitan constantemente a un enemigo mundial. En el pasado fue el comunismo internacional, cuyos agentes acechaban detrás de cada árbol y debajo de cada baldosa. Pero, por desgracia, la Unión Soviética y sus acólitos se derrumbaron, de modo que surgió la urgente necesidad de hallar un enemigo que llenara el vacío. Lo encontraron en la forma de la jihad mundial de al-Qaeda. Aplastar al "Terrorismo Mundial" se convirtió en el objetivo primordial de USA.
Ese objetivo es un disparate. El terrorismo no es sino un instrumento de guerra. Es utilizado por organizaciones que son enormemente diferentes entre sí, que luchan en países enormemente distintos por objetivos enormemente diversos. Una guerra contra el "terror internacional" es como una guerra contra la "Artillería Internacional" o contra la "Marina Internacional".
Un movimiento de ámbito mundial encabezado por Osama Bin-Laden simplemente no existe. Gracias a los estadounidenses, al-Qaeda se ha convertido en una marca de prestigio en el mercado de la guerrilla, igual que McDonald's y Armani lo son en el mundo de la comida rápida y de la moda. Cada organización islamista militante puede apropiarse del nombre incluso sin contar con una franquicia de Bin-Laden.
Los regímenes clientes de USA, que acostumbraban a caracterizar a sus enemigos locales como "comunistas" a fin de obtener la ayuda de sus patrocinadores, ahora los llaman "terroristas de Al Qaeda".
Nadie sabe dónde está Bin Laden, suponiendo que esté en alguna parte, y no hay ninguna prueba de que esté en Afganistán. Algunos creen que está en la vecina Pakistán. Pero incluso si estuviera escondido en Afganistán, ¿qué justificación hay para desatar una guerra y matar a miles de personas para perseguir a un solo hombre?
Algunos dicen: OK, Bin Laden no está. Pero hay que impedir que regresen los talibanes.
¿Por qué, por amor de Dios? ¿Qué diablos le importa a los USA quién gobierne Afganistán? Uno puede aborrecer a los fanáticos religiosos en general y a los talibanes en particular, ¿pero es ésa razón suficiente para iniciar una guerra sin fin?
Si los propios afganos prefieren a los talibanes antes que a los traficantes de drogas que se han hecho con el poder en Kabul, es asunto suyo. Y parece que los prefieren, a juzgar por el hecho de que los talibanes de nuevo controlan la mayor parte del país. Eso no es una buena razón para una guerra al estilo de la de Vietnam.
Pero, ¿cómo salir? Obama no lo sabe. Durante la campaña electoral prometió, con la temeridad propia de un candidato, ampliar la guerra en Afganistán como compensación por salir de Iraq. Ahora se ha quedado atascado en los dos lugares, y parece que en un futuro próximo se va a enfangar en una tercera guerra.
* * *
DURANTE los últimos días el nombre de Yemen ha sonado con insistencia. Yemen: un segundo Afganistán, un tercer Vietnam.
El elefante se muere por entrar en otra cacharrería. Y tampoco esta vez le preocupa la porcelana.
Sé muy poco acerca de Yemen, pero sí lo suficiente para comprender que sólo un loco querría poner los pies allí. Se trata de otro Estado artificial compuesto por dos partes diferentes: el país de Sanaa en el Norte, y el Sur (antigua colonia británica). La mayor parte del país es terreno montañoso, gobernado por tribus belicosas celosas de su independencia. Igual que Afganistán, es una región ideal para la guerra de guerrillas.
También existe allí una organización que ha adoptado el pomposo nombre de "Al-Qaeda de la Península Arábiga" (después de que los militantes yemenitas se unieran a sus hermanos de Arabia). Pero a sus jefes les interesa la revolución mundial mucho menos que sus intrigas y luchas intertribales y que su combate contra el gobierno "central", una realidad con una historia de miles de años. Sólo un completo idiota posaría su cabeza en semejante almohada.
Yemen significa "país de la derecha" (si uno mira hacia La Meca desde Occidente, el Yemen queda en el lado derecho y Siria a la izquierda). El lado derecho también connota felicidad, y el nombre de Yemen está conectado con Al-Yamana, una palabra árabe que significa felicidad. Los romanos llamaron a Yemen Arabia Felix ("Arabia Feliz"), porque era rica por el comercio de especias.
(Por cierto, puede que a Obama le interese saber que en cierta ocasión otro líder de una superpotencia —César Augusto— trató de invadir Yemen y acabó derrotado.) Si el Americano Impasible, con su habitual mezcla de idealismo y de ignorancia, decide llevar al Yemen la democracia y el resto de sus golosinas, será el final de esa felicidad. Los estadounidenses se hundirán en otro pantano, decenas de miles de personas morirán y todo terminará en desastre.
* * *
Es muy posible que el problema hunda sus raíces —entre otras cosas— en la arquitectura de Washington DC.
Esta ciudad está llena de edificios enormes repletos de ministerios y oficinas de la única superpotencia mundial. Las personas que trabajan allí sienten el poder tremendo de su imperio. Miran a los jefes tribales de Afganistán y Yemen como un rinoceronte mira a las hormigas que corretean entre sus pies. Al caminar, el rinoceronte las pisotea inadvertidamente. Pero las hormigas sobreviven.
Básicamente, el Americano Impasible se asemeja al Mefistófeles del Fausto de Goethe, que se autodefine como la fuerza que "siempre desea el mal y siempre crea el bien". Solo que al revés.
Fuente: http://www.counterpunch.org/avnery01122010.html
domingo, 1 de noviembre de 2009
Un tsunami llamado Goldstone
¿A dónde se han ido todas las amistades?
02-11-2009
Uri Avnery
Rebelión
Traducido por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.
Según un proverbio chino, si alguien en la calle te dice que estás borracho, puedes reírte. Si una segunda persona te dice que estás borracho, comienza a pensar en ello. Si un tercero te dice lo mismo, ve a casa y duerme la mona.
Nuestro liderazgo político y militar ya ha encontrado a la tercera, cuarta y quinta personas. Todas dicen que deben investigar qué sucedió en la operación "Plomo Fundido".
Tienen tres opciones:
- Llevar a cabo una auténtica investigación.
- Ignorar la exigencia y proceder como si nada hubiera sucedido.
- Realizar un simulacro de investigación.
Es fácil descartar la primera opción: no tiene la más mínima oportunidad de que se adopte. A excepción de los sospechosos habituales (incluyéndome a mí) que exigieron una investigación mucho antes de que alguien en Israel hubiera oído algo sobre un juez llamado Goldstone, nadie la apoya.
Entre todos los miembros de nuestra clase dirigente política, militar y de los medios de comunicación que ahora sugieren una "investigación", no hay ni uno, literalmente ni uno, que piense en una verdadera investigación. La finalidad es engañar a los gentiles y conseguir que se callen.
Realmente, la ley israelí determina claras directrices para tales investigaciones. El gobierno decide establecer una comisión de investigación. Entonces el presidente del Tribunal Supremo nombra los miembros de la comisión. La comisión puede obligar a testificar a los testigos. Cualquiera que pueda ser perjudicado por sus conclusiones debe ser advertido y hay que darle la oportunidad de defenderse. Sus conclusiones son vinculantes.
Esta ley tiene una historia interesante. En algún momento, en los años cincuenta, David Ben-Gurion exigió el nombramiento de un "comité judicial de investigación" para determinar quién dio las órdenes del "infortunio de seguridad" de 1954, conocido también como el Asunto Lavon. (Una operación de “falsa bandera” en la que una red de espionaje compuesta por judíos locales fue activada para bombardear las oficinas británicas y estadounidenses en Egipto, con el fin de originar fricción entre las potencias occidentales y Egipto. Los autores fueron capturados).
La demanda de Ben-Gurion se rechazó bajo el pretexto de que no había ley para tal procedimiento. Furioso, Ben-Gurion dimitió del gobierno y dejó su partido. En una de las tormentosas sesiones del partido, el ministro de Justicia, Yaakov Shimshon Shapira, llamó a Ben-Gurion "fascista". Pero Shapira, un viejo judío ruso, lamentó después su exabrupto. Redactó una ley especial para el nombramiento de comisiones de investigación en el futuro. Después de largas deliberaciones en la Knesset (en las que tomé parte activa) la ley se adoptó y se ha aplicado desde entonces, notablemente en el caso de la matanza de Sabra y Chatila.
Ahora apoyo incondicionalmente el establecimiento de una comisión de investigación según esta ley.
La segunda opción es la que han propuesto el Jefe de Estado Mayor y el ministro de Defensa. En Estados Unidos se llama "táctica del cerrojo". Lo que significa: al infierno con ello.
Los comandantes de ejército objetan cualquier investigación y cualquier examen absolutamente. Probablemente ellos saben por qué. Después de todo, conocen los hechos. Saben que una sombra oscura se proyecta sobre la propia decisión de declarar la guerra, sobre la planificación de la operación, sobre las instrucciones dadas a las tropas y sobre muchas docenas de actos grandes y pequeños cometidos durante la operación.
En su opinión, aun cuando su rechazo tiene repercusiones internacionales graves, las consecuencias de cualquier investigación, incluso una falsa, serían mucho peores.
Mientras el Jefe del Estado mayor se aferre a esta posición, no habrá ninguna investigación fuera del ejército, cualquiera que sea la actitud de los ministros. El jefe del ejército, quien asiste a cada reunión del gabinete, es la mayor figura en la sala. Cuando anuncia que la "posición del ejército" es así y así, ningún mero político presente osa objetar.
En la "única democracia de Oriente Próximo", la ley (propuesta en aquel tiempo por Menajem Begin) estipula que el gobierno como tal es el Comandante en Jefe del ejército israelí. Esa es la teoría. En la práctica, ninguna decisión que esté en desacuerdo con la "posición del ejército" ha sido ni será adoptada nunca.
El ejército afirma que se investiga a sí mismo. Ehud Barak -de buena o mala gana- representa esta posición. El gabinete ha aplazado tratar el asunto, y así es cómo están las cosas hoy.
En esta ocasión, el foco de luz debería dirigirse a la persona menos visible de Israel: el Jefe del Estado Mayor, Teniente General Gabi Ashkenazi, el último hombre de teflón. Nada se le pega. En este debate, como en todos los demás, simplemente no está allí.
Todos saben que Ashkenazi es un hombre tímido y modesto. Apenas habla, escribe o especifica nunca. En televisión, se confunde con el fondo.
Así es como lo ve el público: un soldado honrado, sin trucos o ardides, que cumple su deber sosegadamente, recibe sus órdenes del gobierno y las cumple lealmente. En esto se diferencia de casi todos sus predecesores, que eran fanfarrones, propagandistas alocados y locuaces. Aunque la mayoría de ellos procedía de famosas unidades de élite o de la arrogante Fuerza Aérea, Ashkenazi es un hombre gris de infantería. El Duque de Wellington, viendo la enorme cantidad de trabajo de papeleo en su ejército, una vez exclamó: "¡Los soldados deberían pelear, no escribir!". Habría estado con Ashkenazi
Pero la realidad no es siempre lo que parece. Ashkenazi juega un papel central en el proceso de toma de decisiones. Fue nombrado después de que su predecesor, Dan Halutz, dimitiera tras el fracaso de la II Guerra de Líbano. Bajo el liderazgo de Ashkenazi, se formularon y pusieron en acción nuevas doctrinas en la operación "Plomo Fundido". Yo las definí (bajo mi propia responsabilidad) como "cero pérdidas" y "mejor matar unos cientos de civiles del enemigo que perder uno de nuestros soldados". Desde la guerra de Gaza ni un solo soldado ha sido procesado, Ashkenazi debe cargar con la responsabilidad por todo lo que sucedió allí.
Si la Corte Penal Internacional de la Haya emitiera una acusación contra Ashkenazi, probablemente se le otorgaría el lugar de honor como "Demandado número 1". No sorprende que objete cualquier investigación externa, como hace Ehud Barak, quien ocuparía probablemente el puesto número 2.
Los políticos que se oponen (siempre tan sosegadamente) a las posiciones del Jefe de Estado Mayor, creen que es imposible resistir completamente la presión internacional, y que algún tipo de un investigación tendrá que llevarse a cabo. Puesto que ni uno de ellos tiene la intención de apoyar una verdadera investigación, proponen que se siga un ensayado y confiado método israelí que ha funcionado maravillosamente cientos de veces en el pasado: el método del simulacro.
Un simulacro de investigación. Simula conclusiones. Simula adhesión a la ley internacional. Simula un control civil sobre lo militar.
Nada más simple que eso. Se establecerá un "comité de investigación" (pero no una Comisión de Investigación según la ley), presidido por un juez convenientemente patriótico y compuesto por ciudadanos honrados cuidadosamente elegidos y que cada uno sea "uno de los nuestros". Los testimonios se oirán a puerta cerrada (por consideraciones de seguridad, por supuesto), los abogados del ejército probarán que todo fue perfectamente legal, el Blanqueador Nacional, profesor Asa Kasher, elogiará la ética del "ejército más moral del mundo". Los generales hablarán de nuestro derecho inalienable de autodefensa. Al final, dos o tres funcionarios menores o soldados rasos pueden ser hallados culpables de "irregularidades".
Los amigos de Israel por todas partes romperán en un coro extático: ¡Vaya Estado lícito! ¡Vaya una democracia! ¡Qué moralidad! Los gobiernos occidentales declararán que se ha hecho justicia y caso cerrado. Estados Unidos vetará el resto.
Así, ¿por qué no aceptan los jefes del ejército esta propuesta? Porque tienen miedo de que las cosas puedan no salir bien del todo. La comunidad internacional exigirá que por lo menos parte de las audiencias se lleven a cabo en un tribunal abierto. Habrá una exigencia de presencia de observadores internacionales. Y lo más importante: no habrá ninguna justificación para excluir los testimonios de los propios gazatíes. Las cosas se pondrán complicadas. El mundo no aceptará conclusiones fabricadas. Al final, estaremos exactamente en la misma situación. Mejor quedarse en el sitio y hacer frente al exterior a cualquier precio.
Entretanto, la presión internacional sobre Israel aumenta. Ahora incluso ha alcanzado proporciones inauditas.
Rusia y China han votado a favor de la refrendación del informe Goldstone por la ONU. El Reino Unido y Francia "no tomaron parte en el voto", pero exigieron que Israel llevara a cabo una verdadera investigación. Hemos reñido con Turquía, hasta ahora un aliado militar importante. Tenemos disputas con Suecia, Noruega y un buen número de otros países amigos. Al ministro de Exteriores francés se le impidió pasar a la Franja de Gaza y está furioso. La paz, ya fría, con Egipto y Jordania, ha llegado a ser varios grados más fría. Se boicotea a Israel en muchos foros. Veteranos oficiales del ejército temen viajar al extranjero por miedo a que los detengan.
Esto suscita, una vez más, la pregunta: ¿puede tener la presión exterior un impacto sobre Israel?
Seguramente puede. La pregunta es: ¿qué tipo de presión, qué tipo de impacto?
La presión tiene verdaderamente convencidos a varios ministros de que hay que establecer un comité de investigación para el informe Goldstone. Pero nadie en la clase dirigente israelí -¡nadie en absoluto!- ha planteado la verdadera pregunta: ¿Quizás Goldstone tiene razón? A excepción de los sospechosos habituales, nadie en los medios de comunicación, en la Knesset o en el gobierno ha preguntado: ¿Quizás se hayan cometido realmente crímenes de guerra? La presión exterior no ha forzado a que tales preguntas se planteen. Éstas deben venir de dentro, del público propio.
El tipo de presión también debe ser considerado. El informe Goldstone tiene un impacto en el mundo porque es preciso y objetivo: una operación específica de la que personas específicas son responsables, y suscita una demanda específica: una investigación. Ataca un claro y bien definido objetivo: los crímenes de guerra.
Si nosotros aplicamos esto a la discusión sobre boicotear a Israel: el informe Goldstone puede compararse al boicot dirigido a los asentamientos y sus colaboradores, no un boicot ilimitado al Estado de Israel. Un boicot objetivo puede tener un impacto positivo. Un boicot global e ilimitado, en mi opinión, lograría lo contrario. Empujaría al público israelí todavía más a los brazos de la extrema derecha.
La pugna sobre el informe Goldstone está ahora en su apogeo. En Jerusalén, la energía ascendente de las olas se puede sentir claramente. ¿Es el presagio de un tsunami?
Fuente: http://zope.gush-shalom.org/home/en/channels/avnery/1256494022/
jueves, 15 de octubre de 2009
Shalit no fue secuestrado
16-10-2009
Uri Avnery
Haaretz
Traducido para Rebelión por J.M. y revisado por Caty R.
El soldado a quien se captura durante una acción de guerra es, en todos los idiomas, un prisionero de guerra; en todos los idiomas y en todas partes. Gilad Shalit fue hecho prisionero en el transcurso de un acción militar, entonces, ¿por qué se le denomina “soldado secuestrado”?
Es el gobierno de Israel el que acuñó el término “soldado secuestrado”. Y los medios de comunicación, obedientes, se unieron al coro. Shalit lleva 1.205 días como prisionero de guerra. La conducta del gobierno de Israel, de los políticos y de los generales responsables de este escándalo, despierta indignación y enojo en todas las personas decentes, no sólo en los soldados combatientes. A los presos de guerra no se les abandona a su suerte. No se deja a un soldado herido en el campo de batalla. Existe un contrato tácito con todas las personas reclutadas por el ejército, y mucho más con alguien que sirve en una unidad de combate. Aquí hay un incumplimiento de contrato, una violación de la confianza, en resumen, un acto despreciable.
La violación comienza con la elección de los términos, y el proceso de denegación comenzó de inmediato. El gobierno de Israel se negó a llamar la caída en prisión de Shalit por su verdadero nombre, argumentando que se trataba de un “secuestro”. La prensa israelí, que en los asuntos de seguridad marcha como un pelotón prusiano detrás de sus generales, se unió al coro. Todos, casi sin excepción, hablaron desde el primer día de un “soldado secuestrado”. El término es significativo. Todos los ejércitos del mundo utilizan el intercambio de prisioneros. Generalmente, esto se lleva a cabo al final de las contiendas. Algunas veces ocurre en medio de la guerra. El ejército libera a combatientes enemigos para posibilitar el retorno de los propios.
En los secuestros, la situación es totalmente diferente. Cuando unos delincuentes secuestran a una persona y piden rescate, cabe la pregunta de si se quiere pagar o no. Y esto puede incentivar otros secuestros. Es como dar un premio a los delincuentes.
La prensa mundial, casi sin excepciones, también se adhirió a la terminología israelí. En todo el mundo se habló del “soldado israelí secuestrado” y no del “prisionero”. Los diarios ingleses y alemanes que utilizaron este término no habrían osado utilizarlo con sus soldados en Afganistán. Desde el momento en que a Gilad Shalit se le denominó “secuestrado”, le sentenciaron a todo lo que le ha sucedido desde entonces. La plena vigencia de la supremacía de gran alcance de la propaganda israelí a lo largo de toda la competencia, si la hay, encuentra su expresión en este caso.
También la negociación entre Israel y Hamás, con el arbitraje alemán y/o egipcio, es sobre un intercambio de prisioneros. El intercambio tiene dos partes, Shalit y los palestinos. En todo el mundo, igual que en Israel, sólo se habla de la liberación del soldado israelí. Los candidatos palestinos a la liberación son simples objetos, mercadería, despojados de características humanas. ¿No están contando ellos los días, junto con sus padres e hijos?
Se les denomina “terroristas” con “sangre en las manos”, delincuentes criminales, criminales humildes. Y cuando la gente habla de la liberación de cientos de asesinos por un solo soldado israelí, se enfrenta a una gigantesca barrera psicológica, lo que se denomina vida y muerte.
Conceptos recargados determinan la conducta de los dirigentes. Las diferentes y contradictorias narrativas de los dos pueblos hacen imposible el entendimiento hasta en los menores detalles. Las barreras psicológicas son muy poderosas. En lo que respecta a Gilad Shalit, debe haber demandas para acelerar las negociaciones que lleven a un intercambio de prisioneros en un futuro cercano. Hasta entonces, debe darse a los intermediarios la seguridad de que no habrá ningún intento de liberarlo por la fuerza. A cambio, Hamás debe permitir que le visite la Cruz Roja y, si es posible, su familia.
Todo lo demás es manipulación y habladurías.
Fuente: http://www.haaretz.com/hasen/spages/1120426.html
martes, 21 de julio de 2009
El “Procedimiento de Johnny”

Uri Avnery
Rebelión
21-07-2009
Traducido por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.
Como el fantasma del padre de Hamlet, el espíritu maligno de la guerra de Gaza se niega a dejarnos en paz. Esta semana ha vuelto para perturbar la tranquilidad de los jefes del Estado y el ejército.
“Rompiendo el Silencio”, un grupo de valientes ex soldados de combate, publicó un informe compuesto por testimonios de 30 combatientes de la guerra de Gaza.
Un informe impresionante sobre acciones que pueden considerarse crímenes de guerra.
Los generales se han puesto automáticamente en modo de negación. ¿Por qué no revelan su identidad los soldados?, preguntan inocentemente. ¿Por qué les oscurecen las caras en el video de los testimonios? ¿Por qué ocultan sus nombres y unidades?
¿Cómo podemos estar seguros de que no son actores que leen un texto elaborado por los enemigos de Israel? ¿Cómo podemos saber que esta organización no está manipulada por extranjeros que financian sus acciones? Y de todas maneras, ¿cómo sabemos que no mienten por rencor?
Se puede responder con un dicho hebreo: “da la sensación de verdad”. Cualquiera que haya sido un soldado combatiente en una guerra, en cualquier guerra, reconoce de inmediato la verdad en esos informes. Todos conocen a un soldado que no esta dispuesto a volver a casa sin una X en su cañón que demuestre que ha matado por lo menos a un enemigo. (Una de esas personas aparece en mi libro “La otra cara de la moneda”, que escribí hace 60 años y se publicó en inglés el año pasado como segunda parte de “1948: Historia de un soldado”. Estuve allí.
Los testimonios sobre el uso del fósforo, sobre bombardeos masivos de edificios, sobre el “procedimiento del vecino” (utilización de civiles como escudos humanos), sobre matar a “todo lo que se mueva”, sobre el uso de cualquier método para evitar bajas en nuestro lado, todos corroboran los primeros testimonios sobre la guerra de Gaza, no existen dudas razonables sobre su autenticidad. He aprendido del informe que el “procedimiento del vecino” ahora se llama “el procedimiento Johnny”, Dios sabe por qué Johnny y no Ahmad.
La hipocresía de los generales llega al colmo con su petición de que los soldados vayan adelante y cursen sus quejas a sus comandantes con el fin de que el ejército pueda investigarlas por los canales adecuados.
En primer lugar, ya hemos visto la farsa de la investigación propia del ejército.
En segundo lugar, y éste es el punto principal, sólo una persona que pretenda convertirse en mártir lo haría. Un soldado en una unidad de combate es una parte del ajustado ensamblaje de un grupo cuyo principio más elevado es la lealtad a los camaradas y su mandamiento “¡No delatarás!”. Si revela actuaciones cuestionables de las que ha sido testigo, será considerado un traidor y condenado al ostracismo. Su vida se convertirá en un infierno. Sabe que todos sus superiores, desde el simple cabo de escuadra al comandante de división, le perseguirán.
Este llamamiento a seguir los “canales oficiales” es un vil método de los generales –miembros del Estado Mayor, portavoces del ejército, abogados militares– para desviar la discusión sobre las acusaciones a la de la identidad de los testigos. No menos despreciables son los soldaditos de plomo llamados “corresponsales militares”, que colaboran con ellos.
Pero antes de acusar a los soldados que cometieron los actos descritos en los testimonios, tendríamos que preguntarnos si la propia decisión de empezar la guerra no conducía inevitablemente a los crímenes.
El profesor Assa Kasher, padre del “Código Ético” del ejército y uno de los más fervientes partidarios de la guerra de Gaza, afirmó en un ensayo al respecto que un Estado tiene derecho a ir a la guerra sólo en defensa propia y únicamente si la guerra constituye “el último recurso”. “Todas alternativas” para alcanzar el objetivo legítimo “deben haberse agotado”.
La causa oficial de la guerra fue el lanzamiento de cohetes desde la Franja de Gaza contra ciudades y pueblos del sur de Israel. Ni que decir tiene que el deber de un Estado es defender de los cohetes a sus ciudadanos. Pero, ¿realmente se agotaron todos los medios para lograr ese objetivo sin la guerra? Kasher responde con un “Sí” rotundo. Su argumento principal es que “no hay justificación para exigir que Israel negociara directamente con una organización terrorista que no le reconoce y niega su derecho a existir.”
Esto no pasa la prueba de la lógica. El objetivo de las negociaciones se supone que no era el reconocimiento por parte de Hamás del Estado de Israel y su derecho a existir (en cualquier caso, ¿quién lo necesita?) sino conseguir que dejasen de lanzar cohetes contra ciudadanos israelíes. En esas negociaciones la otra parte, comprensiblemente, habría pedido el levantamiento del bloqueo contra la población de la Franja de Gaza y la apertura de los pasos de aprovisionamiento. Es razonable suponer que era posible alcanzar -con ayuda de Egipto- un acuerdo que también habría incluido el intercambio de prisioneros.
Esta vía no sólo no se agotó, ni siquiera se intentó. El gobierno israelí se ha negado repetidamente a negociar con una “organización terrorista” e incluso con el Gobierno Palestino de Unidad que existió durante algún tiempo y en el que Hamás estaba representado.
Por consiguiente, la decisión de empezar la guerra en Gaza, con una población civil de un millón y medio de habitantes, todavía no estaba justificada según los criterios de Kasher. “Todas la vías alternativas” no se habían agotado, ni siquiera se intentaron.
Pero todos sabemos que aparte de la razón oficial también había una extraoficial: derrocar el gobierno de Hamás en la Franja de Gaza. En el transcurso de la guerra, los portavoces oficiales afirmaron que había necesidad de poner “una etiqueta con el precio”, en otras palabras, causar muerte y destrucción no para dañar a los propios “terroristas” (lo cual habría sido casi imposible) sino para convertir la vida de la población civil en un infierno de forma que se levantara y derrocara a Hamás.
La inmoralidad de esta estrategia es paralela a su ineficacia: nuestra propia experiencia nos ha enseñado que semejantes métodos sólo sirven para endurecer la resolución de la población y unirla alrededor de su valeroso liderazgo.
¿Era posible llevar a cabo esta guerra sin cometer crímenes de guerra? Cuando un gobierno decide lanzar su ejército regular contra una organización guerrillera, que por su propia naturaleza lucha desde el interior de la población civil, está perfectamente claro que se infligirá un terrible sufrimiento a dicha población. El argumento de que el daño causado a la población y la matanza de miles de hombres, mujeres y niños eran de por sí inevitables, han llevado a la conclusión de que la decisión de empezar la guerra era un acto terrible desde el principio.
El aparato de la Defensa tiró por el camino más fácil. Los ministros y generales simplemente afirmaban que no creían los informes palestinos e internacionales sobre la muerte y destrucción, afirmando que eran de nuevo, en palabras de Kasher, “erróneos y falsos”. Sólo para estar seguros, decidieron boicotear la comisión de las Naciones Unidas que está investigando actualmente la guerra, encabezada por un respetado juez sudafricano que es tanto judío como sionista.
Assa Kasher adopta una actitud similar cuando dice: “Alguien que no conoce todos los detalles de una acción no puede evaluarla de un modo serio, profesional y responsable, y por consiguiente no debe hacerlo, a pesar de cualquier tentación emocional o política.” Exige que esperemos hasta que el ejército israelí concluya sus investigaciones, antes de que siquiera discutamos el asunto.
¿De veras? Cualquier organización que se investigue a sí misma carece de credibilidad, por no hablar de un cuerpo jerarquizado como el ejército. Además el ejército no tiene –y no puede obtener– el testimonio de los principales testigos presenciales: los habitantes de Gaza. Una investigación basada solamente en el testimonio de los perpetradores, pero no de las víctimas, es ridícula. Ahora, incluso los testimonios de los soldados de “Rompiendo el Silencio” no cuentan porque éstos no pueden revelar sus identidades.
En una guerra entre un ejército poderoso equipado con el armamento más sofisticado del mundo y una organización guerrillera, se suscitan algunas cuestiones éticas básicas. ¿Cómo deben comportarse cuando se enfrentan a una estructura en la que no sólo hay combatientes enemigos a quienes están “autorizados” a golpear, sino también civiles desarmados, a los que tienen “prohibido” golpear?
Kasher cita algunas de esas situaciones. Por ejemplo: un edificio en el que hay tanto “terroristas” como no combatientes. ¿Se debe atacar con fuego aéreo o de artillería que mate a todo el mundo, o hay que enviar soldados que arriesguen sus vidas y maten solamente a los combatientes? Su respuesta: no hay justificación para arriesgar la vida de nuestros soldados para salvar la vida de civiles enemigos. Un ataque aéreo o de artillería debe tener preferencia.
Esto no responde a la cuestión sobre el uso de la aviación para destruir cientos de casas suficientemente lejos de nuestros soldados, de las que no emanaba peligro para ellos, ni a la masacre de decenas de reclutas de la policía palestina que desfilaban, ni a la matanza del personal de la ONU en convoyes de provisión de alimentos. Ni a la del uso ilegal de fósforo blanco contra civiles, como se describe en los testimonios de los soldados recopilados en “Rompiendo el Silencio”, ni para el uso de uranio empobrecido y otras sustancias cancerígenas.
El país entero vio en directo por televisión cómo un obús impactó contra el apartamento de un médico y exterminó a casi toda su familia. Según el testimonio de civiles palestinos y observadores internacionales, ocurrieron muchos incidentes como éste.
El ejército israelí se sintió orgulloso del método de avisar a los habitantes por medio de octavillas, llamadas de teléfono y similares para inducirlos a que huyeran. Pero todos –y en primer lugar los propios avisadores– sabíamos que los civiles no tenían ningún lugar seguro al que escapar y que no había vías de escape claras y seguras. En realidad, muchos civiles fueron tiroteados mientras trataban de huir.
No debemos eludir la más dura de todas las cuestiones morales: ¿es permisible arriesgar la vida de nuestros soldados para salvar a los ancianos, mujeres y niños del “enemigo”? La respuesta de Assa Kasher, el ideólogo del “ejército más ético del mundo”, es inequívoca: está absolutamente prohibido arriesgar la vida de nuestros soldados. La frase más concluyente de todo su ensayo es: “Por consiguiente… el Estado debe dar preferencia a la vida de sus soldados sobre la vida de los vecinos (desarmados) de un terrorista.”
Hay que leer estas palabras varias veces para captar todas sus implicaciones. Lo que realmente se dice aquí es: si es necesario para evitar bajas entre nuestros soldados, es mejor matar civiles enemigos sin ningún límite.
Mirando hacia atrás, sólo podemos alegrarnos de que los soldados británicos que combatieron contra el Irgun y el grupo Stern no tuvieran una guía ética como la de Kasher.
Éste es el principio que guió al ejército israelí en la guerra de Gaza, y hasta donde yo sé, es una nueva doctrina: para evitar la pérdida de la vida de un solo soldado de los nuestros, está permitido matar a 10, 100 e incluso 1.000 civiles enemigos. Guerra sin bajas en nuestro lado. El resultado numérico da testimonio: más de 1.000 personas muertas en Gaza, uno o dos tercios de ellas (dependiendo de a quién se pregunte) eran civiles, mujeres y niños masacrados por el fuego enemigo, frente a 6 (seis) soldados israelíes muertos por fuego enemigo. (Cuatro más murieron por fuego “amigo”.)
Kasher afirma explícitamente que está justificado matar a un niño palestino que esté en compañía de un centenar de “terroristas”, porque los “terroristas” pueden matar niños en Siderot. Pero, en realidad, el caso ha sido asesinar a cien niños que estaban en compañía de un “terrorista”.
Si despojamos a esta doctrina de todos sus ornamentos, lo que queda es un simple principio: el Estado debe proteger la vida de sus soldados a cualquier precio, sin ningún límite ni ley. Una guerra de cero bajas. Esto lleva necesariamente a la táctica de matar a todas las personas y destruir todos los edificios que puedan representar un peligro para los soldados, creando un espacio vacío frente a las tropas que avanzan.
Sólo se puede extraer una conclusión de todo esto: A partir de ahora, cualquier decisión israelí de empezar una guerra en una zona poblada es un crimen de guerra y debemos honrar a los soldados que se rebelen contra ese crimen. Y bendecirlos.
Fuente: http://zope.gush-shalom.org/home/en/channels/avnery/1247930861