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viernes, 11 de junio de 2010

Los Surcoreanos Denuncian la Visita de Shimon Peres “el Asesino”


Al-Manar
10/06/2010

Mientras visitaba Corea del Sur el presidente israelí, Shimon Peres, fue saludado por manifestaciones de protesta que le describieron como un asesino. La Universidad de Corea se opuso también a un plan para la concesión a Peres de un doctorado honorario y reportajes de medios israelíes señalaron que Seúl había decidido rebajar de nivel la visita.

Junto a una bandera que decía “Shimon Peres asesino”, docenas de activistas surcoreanos se reunieron en el exterior de la Embajada de Israel para protestar por la visita del presidente israelí, que mantuvo conversaciones con su homólogo surcoreano, Lee Mying-Bak. La visita se convirtió en muy polémica tras el asalto mortal de la pasada semana llevado a cabo por comandos israelíes contra la Flotilla de la Libertad en aguas internacionales, que dejó un salto de nueve activistas turcos -uno de ellos de nacionalidad estadounidense- muertos y provocó una amplia condena mundial.

La policía antidisturbios fue desplegada en las inmediaciones, pero no se registraron incidentes.

“Estamos aquí para denunciar al gobierno de Lee Myung-bak por recibir a un presidente internacionalmente condenado,” dijo el sacerdote Choi-Hun Ko junto con una pancarta que decía: “Shimon Peres asesino.”

“Levantad el sitio a Gaza inmediatamente,” decía otra pancarta de los manifestantes.

La prensa israelí señaló que el viaje de Peres a Corea del Sur fue rebajado de nivel desde visita “de estado” a una simple visita de “trabajo.” Sin embargo, el Ministerio de Exteriores israelí negó esto afirmando que había sido “siempre” un viaje “de trabajo.”

Por su parte, la prestigiosa Universidad de Corea anuló un plan para conceder a Peres un doctorado honorario el miércoles, dijo un responsable de la Escuela de Licenciados a AFP bajo la condición del anonimato. La ceremonia prevista para ese día con tal fin fue cancelada.

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lunes, 31 de mayo de 2010

El caso de Roberto Martino, preso político por luchar contra el sionismo

Israel bombardeó a la población indefensa de Gaza con bombas de fósforo.

Carlos Aznárez
Resumen Latinoamericano

Quiero contar en este escrito la historia de un hombre íntegro. Se llama Roberto Martino y es un luchador popular argentino. Un veterano rebelde que jamás dejó de ser amigo de las causas justas, de aquí, pero también de cualquiera de los sitios donde los alacranes de la muerte intentan atemorizar a los más débiles.

Martino es un compañero sin dobleces, lo llamo así, porque lo conozco desde hace mucho tiempo, sé de su coraje cívico y también de su comportamiento solidario con los de abajo, con los más golpeados por la miseria. Pero además, este hombre que hoy está entre rejas, es un internacionalista, definición maravillosa si las hay, que significa que existen hombres y mujeres, que además de sufrir y guerrear por lo que pasa en su vecindad o en su territorio, también ponen en riesgo su libertad y a veces hasta su vida, por defender a otros pueblos, tan golpeados como los que habitualmente conocemos de cerca.

Ustedes se preguntarán por qué razón Martino está preso actualmente en la cárcel bonaerense de Marcos Paz. Es muy sencillo explicarlo.
No es sorpresa para nadie, que vivimos en un país donde el sionismo tiene tanta o más influencia que algunos políticos, jueces o gobernantes y hasta que ciertas instituciones que deberían ser imparciales a la hora de tratar ciertos temas de justicia, o de sentido común.

Hace un tiempo, Martino sintió estremecer su cuerpo y yo diría que hasta su alma, y no era para menos: los aviones israelíes habían bombardeado –otra vez- al pueblo palestino, allá en la Gaza irredenta. Las imágenes habían logrado romper el muro de silencio que habitualmente se teje para ocultar el holocausto producido por ese Estado Terrorista llamado Israel, y cientos de cadáveres de niños, mujeres, hombres, ancianos, aparecían brutalmente destrozados, quemados por el napalm, mostrando al mundo hasta donde puede llegar la locura demencial de un proyecto imperialista.

Frente a ese panorama, y también ante el silencio cómplice internacional y el mirar a un costado de otros que se someten a diario al poder económico del sionismo, Martino y sus compañeros, salieron a la calle. Muchos lo hicimos, gritando nuestra indignación y rabia ante tanta impunidad para asesinar.

Esa protesta, que debería ser masiva para, de alguna manera, proteger la salud de nuestras atribuladas sociedades, en este país se castiga con la cárcel. Se montan juicios, se plantan pruebas falsas, se atemoriza, se acorrala mediáticamente, y por último se manda a prisión a quienes se animan a levantar su voz contra la barbarie.

Martino, sin dudas, es un preso político, pero además constituye, como recientemente ocurriera con el vasco Ruben Saboulard, de las Asambleas del Pueblo, o con Juan Beica, de Convergencia Socialista, el ejemplo de una política de persecución implacable sobre las ideas y la libertad de opinión.

Por obra y gracia de la presión sionista, insisto, y como consecuencia de la política reaccionaria del actual gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y de la debilidad vergonzosa de muchos funcionarios nacionales que se dicen progresistas, Martino y los otros dos luchadores populares (no son los únicos porque por estos días también se juzga a militantes de Quebracho por reivindicar al maestro asesinado Fuetealba), han sido acusados de ¡¡nazis!!. Justamente ellos que se definen como socialistas, anticapitalistas, antiimperialistas.

Parece una provocación, pero no es para tomarla en broma, ya que detrás de semejante exabrupto hay una estrategia de criminalización de todo aquel que levante la voz contra lo que no es justo.
En el caso de Beica, fue condenado a seis meses de prisión en un juicio realmente esperpéntico, y en lo que respecta a Martino, ha sido perseguido durante varios meses, y enviado a la cárcel a la espera de ser juzgado, después de que fuera detenido en un allanamiento nocturno. Saboulard, que ejerció una autodefensa memorable, evocando a los judíos revolucionarios del Gueto de Varsovia, contraponiéndolos a los sionistas actuales, asesinos de miles de palestinos, fue absuelto, pero como lo tienen en la mira ya le han armado otra celada judicial. Así andamos, por estos días del Bicentenario. Qué dirían Moreno y Castelli de estos comportamientos fascistoides.

Por todo lo expuesto, surge la necesidad de no dejar solo a Martino y al resto de compañeros judicializados, con esa nueva figura denominada “prepotencia ideológica”. Parece un chiste, ya que en su nombre se ejerce la prepotencia contra los que luchan, precisamente, por una ideología de cambio revolucionario, que termine con estos comportamientos tan injustos por parte del poder.

Es necesario que denunciemos este estado de indefensión generado por políticas que buscan hacernos agachar la cabeza y no opinar sobre el Terrorismo de Estado que lleva adelante el gobierno sionista contra la Nación Palestina. Justamente en un país como el nuestro, donde 30.000 hermanos y hermanas, ofrendaron su vida en defensa de una sociedad más igualitaria y en la que procederes como los de Roberto Martino, eran valorados como ejemplares.

Ojalá muy pronto podamos ganar, con nuestra lucha, ese espacio necesario donde la rebeldía y la dignidad no sean tipificadas como un delito, sino como la expresión más sana de una sociedad que no se doblega.

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martes, 25 de mayo de 2010

"Sólo los judíos tienen derecho a que no se les torture en Israel"

Sergio Yahni, judío antisionista y líder del Alternative Internacional Center

25-05-2010
Aritz Intxusta
Gara

Nació en Argentina y su familia emigró al Estado de Israel cuando tenía 12 años. Siempre ligado a movimientos de izquierdas, este intelectual se radicalizó al entrar en el Ejército. Se negó a ir a los territorios ocupados ni a estar en la reserva. Envió una carta al ministro en la que expuso sus motivos. Ahora lidera el AIC, una plataforma de denuncia de los abusos cometidos por el Estado sionista.
Desde la pequeña oficina del AIC, en Jerusalén, cerca de la ciudad vieja, Sergio Yahni vigila al Estado sionista. Judío de origen argentino, su conocimiento de los modos de pensar de los israelíes y de sus intereses le han convertido en una de las figuras más destacadas dentro de la lucha antisionista. «Hay que conocer al enemigo para derrotarlo», manifestó en su charla del jueves en Iruñea, invitado por la Plataforma contra las Guerras.

Desde el AIC se realiza un seguimiento estrecho de las políticas israelíes. ¿Dónde han puesto el foco ahora, en qué está trabajando el Gobierno de Benjamin Netanyahu?

Actualmente, lo que más nos preocupa es la política de ataque a la sociedad civil, contra los palestinos del 48, los que quedaron dentro de las fronteras del Estado de Israel, y contra las organizaciones progresistas internas. Hay un aumento nítido de la represión sobre los palestinos del 48. Los servicios secretos, el Shin Bet los considera un peligro real e inmediato para el Estado sionista.

¿Y cómo se traduce este incremento de la represión, en qué se manifiesta?

Una primera traducción consiste en toda una serie de arrestos contra dirigentes de la sociedad civil. El más significativo de todos es el de Amir Mahoul, el líder de la coordinadora de las organizaciones palestinas. Fue arrestado hace dos semanas. Los doce primeros días ha estado incomunicado y durante toda una semana estuvo prohibido publicar en cualquier medio que lo habían detenido. Es más, sus abogados pidieron ver el expediente médico y los servicios secretos se lo negaron. Ahora, esos abogados han denunciado que tienen sospechas muy fundadas de que ha sido torturado.

¿El Shin Bet puede hacer eso? ¿Es legal en Israel no conceder esa información médica?

Los servicios secretos pueden hacer lo que quieran. Ningún juez tiene el coraje de pararse ante la Policía secreta cuando el Shin Bet dice: «Esto es un problema de seguridad nacional».

El Estado español permite jueces que buscan fama, jueces estrella. ¿No hay allí jueces que se hayan enfrentado mínimamente a esto?

Actualmente, no, aunque sí destacó Aaron Barak. Este juez pertenecía a la Corte Superior de Justicia y promovió una interpretación más democrática de la legislación israelí. Y tenía peso, ya que Israel carece de Constitución. Barak prohibió la tortura en 1999. Hasta entonces, torturar era legal. Hace dos años que se retiró, y desde entonces vivimos un ataque sistemático contra la legislación progresista promovida por este juez.

Entiendo que Israel había avanzado algo, para ahora retroceder de nuevo.

Todo lo anterior hay que matizarlo. Cuando hablo de progresismo, lo hago en el contexto del Estado de Israel, en el contexto de la supremacía judía. Ahora todos estos pequeños avances están siendo atacados. En primer lugar, la comunidad política, las fuerzas más a la derecha, trata de echarlos abajo. Pero este ataque a la jurisprudencia dejada por Barak también se lleva a cabo de forma interna. El propio sistema judicial que no tiene el coraje de plantarse y defender los derechos del ciudadano israelí, está acabando con lo que hizo Barak.

¿Qué entiende por «supremacía judía»?

El Estado de Israel es uno de los pocos estados que quedan en este momento que se define como estado étnico. Quedan algunas ex repúblicas soviéticas que toman el nombre de la etnia mayoritaria e Israel, que se define como estado judío. Cualquier tipo de amenaza a ese carácter judío supone una amenaza para la seguridad del Estado. El propio Estado existe para mantener esa supremacía política en el espacio, en su territorio. Lo dijo Yuval Diskin, el jefe de los servicios de seguridad: «En caso de que los ciudadanos palestinos del Estado de Israel intenten cambiar el carácter judío del Estado de forma democrática, les veremos como enemigos». ¿Y qué significa esto? Que entre un Estado judío y un Estado democrático, el Estado judío es un valor superior. En consecuencia, el Shin Bet considera como enemigo a cualquiera que trate de cambiar ese carácter judío.

Pero... ¿es equitativo? ¿El Estado se comporta igual con un palestino ciudadano de Israel que con un israelí judío?

Un Estado étnico nunca puede ser un Estado democrático, porque en un Estado étnico no puede haber igualdad de derechos ante la ley, tanto derechos formales como informales. Yo, como judío, tengo ciertos derechos democráticos que un palestino no tiene. Esto se transforma luego en privilegios, ya que esos derechos no se le reconocen a un palestino. Por ejemplo, la inviolabilidad del cuerpo, que es la base contra la tortura, sólo existe para mí como judío.

Es decir, a usted no le podría haber pasado lo mismo que a Amir Mahoul.

Exacto. Hubo un caso muy gráfico. En 1972, surgió un intento guerrillero judeoárabe, el Frente Rojo. Era un grupo pequeño, muy secundario, y fue desarticulado. Uno de los judíos detenidos, Ravni Livni, se negó a hablar en el interrogatorio. Pero en lugar de torturarle a él, los agentes del Shin Bet, trajeron a uno de sus compañeros de guerrilla, un palestino, y le torturaron delante de Livni hasta que habló. ¡Y ambos eran ciudadanos del Estado de Israel! Es claro que la intorturabilidad es un privilegio exclusivo del judío.

¿Qué ha cambiado ahora para los palestinos del 48?

Este sistema completamente impune tiene un interés político claro de llegar a un choque con los palestinos del 48. El sionismo clásico quería estabilizar del Gobierno, coartar ciertos derechos de los palestinos del 48 para forzar un consenso. Si bien los palestinos no estarían contentos con ese pacto, al menos, lo aceptarían. Aceptarían su marginalidad. Este nuevo Gobierno, por muchas razones, no sólo ideológicas, sobre todo el Shas e Israel Beitenu de Liebermann, buscan el choque con los palestinos.

¿Qué les reportaría ese choque con los palestinos del 48? ¿De qué le sirve a Israel?

El problema es demográfico. Los intentos para judeizar la Galilea del Neguev han fracasado. La supremacía judía no sólo implica que deba haber una mayoría judía en el Estado, sino que en todas las regiones, los judíos deben ser mayoría. En la Galilea central, sin la costa, el 80% de la población es palestina. Por ello, generan presiones para revertir la situación y que los palestinos elijan marcharse. No creo que vaya a haber una deportación estilo Yugoslavia, pero estas presiones sirven para que cualquier intelectual, cualquier élite palestina decida irse. Y ya está pasando con intelectuales jóvenes. Les interesa azuzar la guerra, motivar a la población judía para que se instale allá y pelee por una Galilea judía.

¿De qué tipo de presiones estamos hablando?

De planes urbanísticos, por ejemplo. Hay proyectado un tren que unirá Karmiel, una de las mayores ciudades judías del interior, con la costa donde también hay mayoría judía. Había dos posibilidades, que el tren tuviera dos paradas o que fuera deteniéndose en el resto de poblaciones palestinas. Obviamente, al final sólo parará en las dos localidades judías. No es como en Euskal Herria, no es de alta velocidad, allá es un tren pesado que cumplirá dos funciones: dejar a los judíos de Karmiel más cerca de los centros industriales y expropiar tierras de los palestinos por el camino.

¿Y qué dice la izquierda israelí ante estos abusos? ¿Puede frenarlos?

¿Pero qué izquierda israelí? Seamos claros, no existe. La izquierda sionista dejó de existir el 1 de octubre del año 2000. El responsable de ello fue Ehud Barak, el líder laborista. Se acabó cuando Barak fue a las negociaciones de Camp David con el único objetivo de demostrar que los palestinos no querían la paz. Pero la Segunda Intifada supuso el desmoronamiento total de la izquierda sionista: ideológico y parlamentario. Plataformas de masa, como Peace Now, que tenía la capacidad de movilizar a cientos de miles de personas, se convirtieron en pequeñas ONG. Comenzaron a surgir grupos disidentes de intelectuales o activistas, pero nunca se transformaron en un movimiento de masas. En los momentos más duros han logrado movilizar a 2.000 personas. Existen algunas plataformas feministas, parte del movimiento objetor... pero se pueden contar con los dedos de la mano. Son gente muy, muy comprometida, pero no se puede hablar de izquierda en Israel, porque no tiene espacio social.

¿Existen posibilidades de que la izquierda se recupere?

En los últimos meses, en las manifestaciones del barrio de Jerusalén Sheikh Jarrah, hemos visto cómo la izquierda sionista trata de recuperarse, pero el intento ha fallado. El pasado fin de semana, todos los grupos de izquierda sionista -un grupo de seudointelectuales, parte del laborismo y parte del Meretz- convocaron una gran manifestación. ¡Y se los comieron los anarquistas! Los anarquistas habían convocado una manifestación el mismo día. Como la izquierda sionista no consiguió atraer gente, abandonaron su protesta y se sumaron a la convocatoria anarquista. Eso signfica que hoy el anarquismo es más fuerte que todo el sionismo de izquierdas.


¿Qué iniciativas está llevando el Gobierno actualmente?

Hay dos leyes en el Parlamento que son especialmente peligrosas: una es que las organizaciones de derechos humanos ya no podrán ser organizaciones sin fines de lucro y deberán de registrarse como partidos políticos.

¿Qué ganan con eso?

Muy sencillo, si la organización se registra como partido político, no puede recibir subvenciones del extranjero.

¿Y la segunda?

Todas las organizaciones que ofrezcan información que sirva para juzgar a políticos o militares en el extranjero pueden ser ilegalizadas. Incluidas aquellas que hayan dado información para la comisión Goldstone. Es decir, todo aquel que ofrezca información sobre crímenes de guerra cometidos por Israel, deberá ser ilegalizado.

¿Existe fecha para la aplicación de esas dos nuevas leyes? ¿Quién las promueve?

Detrás de esto se encuetra Avigdor Libermann. Aquél que dice sentirse identificado con Zapatero, el que quiere hacer allá lo mismo que Zapatero ha hecho con la izquierda abertzale.

Lo publicamos, era el último día antes de las elecciones.

Lo recuerdo. Lo leí. Todo esto forma parte de la Ley de Lealtad, que no consiguió pasar el trámite parlamentario. Ahora la intentan sacar adelante a pedacitos. Por ahora, no ha pasado ninguno. Hay gente que es consciente de que da mala imagen al país. También se había promovido que los oficiales del Ejército dieran charlas motivatorias en los colegios secundarios.

Eso también recuerda a algo que va a ocurrir por aquí.

Allá se revolvió un profesor. ¡Ni siquera era antisionista! Simplemente reivindicaba su espacio. Él era el profesor, él enseñaba. Se montó una gran campaña contra él en la prensa, para que dimitiera, pero sirvió de freno.

http://www.gara.net/paperezkoa/20100524/200989/es/Solo-judios-tienen-derecho-que-no-les-torture-Israel

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lunes, 1 de marzo de 2010

Carta abierta a la ministra francesa de justicia Marie Alliot (IV)


“Señora ministra, puede estar segura de mi intención de resistir mientras esta palabra tenga sentido"

Rosita Rucki-Bernard
Rebelión
01-03-2010
Traducido por Susana Merino

Señora ministra de Justicia
Ministerio de Justicia
13 place Vendôme
75042 Paris

Señora ministra,

En respuesta a su discurso del 19 de febrero de 2010, con oportunidad de la última comida del CRIF1 en Burdeos, es evidente su incondicional adhesión a esa organización. Es usted Señora ministra, quien establece una amalgama tan escandalosa como peligrosa entre antisemitismo y antisionismo. ¡Si el antisemitismo se opone efectivamente a mis valores morales sepa usted que no espero que una ley me lo recuerde!

Y dado que usted señala, con razón, que el antisemitismo es indigno de la herencia humanista de la Patria de los Derechos Humanos, permítame recordarle que las campañas y los debates islamófobos emprendidos con brío desde hace siete meses por los políticos de toda laya, no lo son menos.

¿Qué hay del trabajo de memoria que la televisión, el cine y la escuela me imponen cotidianamente, mientras que con sus múltiples tentativas de intimidación usted espera hacerme cómplice de los crímenes de guerra reconocidos y cometidos por el Estado que usted apoya abiertamente? Porque, tenga la seguridad, de que ese trabajo de memoria ha estado tan bien protegido durante tantos años que me permite el coraje de decirle ¡Basta! ¡Con qué derecho habla usted en mi nombre de política general en una comida mundana organizada por una organización abiertamente sionista!

No solamente boicoteo a Israel y todos sus productos, desde los abogados hasta el último miembro del Betar2, porque me niego a que un sólo euro mío contribuya al genocidio de un pueblo. Pero sepa también que también boicoteo la cadena de restaurantes Quick, convertida en propiedad del Estado desde que la compró una filial de la caja de depósitos y consignaciones, en condiciones tales que Bélgica, en este mismo moemento en que le escribo, está iniciando una investigación. ¡Este mismo Estado francés que fomenta día tras día la incitación al odio racial, a la división sin razón de ser entre comunidades, a hacer del Islam una religión a reformar mientras espera el momento de darle un golpe de gracia!

Resistir a lo intolerable no es un crimen Señora ministra, es un deber y esté segura de que las palabras de Lucie Aubrac, quien dijo que el verbo resistir debería conjugarse en todos los tiempos, despiertan conciencias largo tiempo anestesiadas por las campañas de desinformación y censura.

¿Qué hay, Señora ministra, del proyecto de ley de creación de un departamento para el genocidio en el Tribunal Supremo de París y que luego de un artículo publicado en el sitio del CRIF el 8 de enero de 2010, su oficina se apresuró a asegurar a dicha organización, que comenzaba a preocuparse, que sólo se ocuparía de los crímenes cometidos en Ruanda? Los crímenes contra la humanidad, ¿no atañen a toda la humanidad? A menos que el Estado francés y la organización “crifera” consideren que los palestinos no forman parte de dicha humanidad.

Para volver a sus reflexiones, que forman parte del trabajo colectivo de la memoria, permítame que, por el mismo motivo, le refresque la suya:

“Francia sabe lo que debe a la comunidad judía”, ¿hasta ese punto es selectiva su memoria? 38.000 soldados musulmanes dieron sus vidas entre 1914 y 1918; en agosto de 1944, 173.000 soldados árabes y africanos de confesión musulmana lucharon por liberar a nuestro país, 55.000 murieron por Francia y por los judíos de Francia. ¡Qué decir de los sobrevivientes que todavía luchan para que sus derechos más elementales a la pensión de ex combatientes sean respetados!

“Se hará todo lo necesario para que la comunidad judía pueda agruparse alrededor de sus tradiciones y sus ritos dentro de la comunidad nacional”. Le creo, ya que desde 2009 las fiestas religiosas de Hanuka pueden celebrarse en la avenida de la Ópera en París y hasta en el Campo de Marte y en tantas otras ciudades francesas sin que nadie lo objete. ¿Qué más desea? Otro bello ejemplo de laicidad de doble vía…

Sí, compruebo en efecto “que se hará todo lo necesario para que los judíos de Francia estén orgullosos de pertenecer a una nación generosa, abierta, respetuosa de las diferencias”

“Orgullosos de contribuir a la identidad de Francia para que ésta mantenga su mensaje universal”. Compruebo al mismo tiempo que también se ha puesto todo en marcha para estigmatizar a una comunidad que no ha pedido nada, estigmatizada hasta el punto de que el programa de historia/geografía de la enseñanza secundaria se remodelará favoreciendo al Occidente cristiano en detrimento del estudio de la civilización musulmana.

¿No envidia usted, Señora ministra, el coraje y la libertad de Zineb, ese joven alumno que lució como un estandarte una camiseta con la inscripción Palestina Libre (Free Palestine) luego de que su profesor de historia y geografía había hecho ante toda la clase la apología de Israel, un Estado reconocido como Estado asesino?

¿No siente usted la misma vergüenza que yo al saber que su coraje y su civismo le costaron tres días de expulsión de su colegio?

En lo que me atañe, Señora ministra, el tiempo de la intimidación se ha terminado e invito a mis conciudadanos de todas las confesiones y que piensan que la justicia francesa todavía tiene un papel honorable que cumplir en esta sociedad, a exigir la aplicación del artículo 223-6 del código penal con el objeto de impedir un inminente nuevo genocidio.

Artículo 223-6 del Código penal: “Cualquiera que pudiendo impedir con su acción inmediata, sin riesgo para sí o para terceros, ya sea un crimen o un delito contra la integridad física de una persona, se abstenga voluntariamente de hacerlo será castigado con cinco años de cárcel y 75.000 euros de multa. Será castigado con las mismas sanciones cualquiera que se abstenga voluntariamente de ayudar a una persona en peligro, sin riesgos para él o para terceros, a la que podría prestarle su ayuda personal o solicitando auxilio”

Señora ministra, puede estar segura de mi intención de resistir mientras esta palabra tenga sentido.

Rosita Rucki-Bernard

N. de T.

1.- CRIF: Consejo Representativo de las Instituciones Judias de Francia

2.- Betar: Organización Juvenil Judía de Revisionismo Sionista

Fuente: http://www.legrandsoir.info/Lettre-ouverte-a-Madame-Alliot-Marie-Ministere-de-la-Justice.html

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lunes, 15 de febrero de 2010

Israel se enfrenta a una campaña global de deslegitimación


15-02-2010
Barak Ravid
Haaretz
Traducido para Rebelión por J.M. y revisado por Caty R.

Según un informe del Instituto Reut que llegó el jueves al gabinete israelí, Israel se enfrenta a una campaña global de deslegitimación. Un equipo de expertos en temas económicos y de seguridad, con sede en Tel Aviv, llamó a los ministros a ocuparse del tema y tomarlo como una amenaza estratégica.

En el informe se citan manifestaciones antiisraelíes en espacios universitarios, protestas en competiciones deportivas en las que participan atletas israelíes, movilizaciones en Europa para boicotear productos israelíes y amenazas de órdenes de detención para dirigentes israelíes que visitan Londres.

El Instituto Reus señala que esta campaña es el resultado del trabajo de una red mundial, tanto de particulares como de organizaciones, que carecen de estructuras o de dirigencias unificadas, pero que actúan juntas sobre una misma ideología que describe a Israel como un Estado paria y niegan su derecho a existir.

El Instituto Reus señala una lista de los lugares donde esta red tiene mayor influencia: Londres, Bruselas, Madrid, Toronto, San Francisco y la universidad de California, Berkeley. Los activistas de esta red, denominados por Reus como “deslegitimadores”, son relativamente marginales, jóvenes, anarquistas, inmigrantes y activistas políticamente radicales. Señala asimismo el informe que no son demasiados y que se hacen visibles en campañas públicas y en medios de comunicación.

Los “deslegitimadores” cooperan con organizaciones que critican legítimamente la política de Israel en los Territorios, como Amnistía y Human Rights Watch, confundiendo la línea de legítima censura con la de deslegitimación. Asimismo promocionan –siempre según el informe citado- actividades pro palestinas en Europa “porque está de moda”.

Los activistas de esta red no siempre son palestinos, árabes o musulmanes. Muchos son activistas de izquierda europeos o estadounidenses. La izquierda occidental cambió su postura sobre Israel y ahora lo ve como un Estado ocupante, continúa diciendo el informe. Si en los años 60 estos grupos de izquierda veían a Israel como un modelo de sociedad socialista e igualitaria, hoy es la representación del mal para Occidente.

La red deslegitimadora ve la lucha contra el régimen en la antigua Sudáfrica del apartheid como un modelo de triunfo. Cree que se puede tumbar el Estado sionista israelí y convertirlo en un Estado para todos, tal como ocurrió en Sudáfrica.

El equipo de Reut dice que estos grupos tienen en común símbolos y héroes como el joven palestino Mohammed al-Dura, la activista estadounidense por la paz Rachel Corrie y se reúnen en eventos conjuntos, como la conferencia de Durban.

Entretanto, los diplomáticos israelíes en el extranjero, deben contrarrestar los intentos de deslegitimizar el país. “La combinación de una numerosa comunidad musulmana, una izquierda radical influyente, la lengua inglesa como medio de comunicación y un centro universitario como Londres, son un campo fértil para la ‘deslegitimación’ de Israel”, dice el embajador israelí en Londres, Ron Prosor.

Prosor concede muchas entrevistas a los medios de comunicación y aparece como conferencista en muchos campus universitarios británicos. Aunque se dice que ha detectado manifestaciones antiisraelíes en casi todas las universidades, Prosor ha informado a su pueblo de que incrementará la actividad en esos espacios.

“Lo que está ocurriendo actualmente en las universidades de Londres, ocurrirá, como mucho en cinco años, en las universidades estadounidenses”, dice Prosor.

El informe Reut dice que Israel no está preparado para tratar la amenaza de la deslegitimación. El gabinete no definió el tema como amenaza y ve el área diplomática como marginal comparada con la militar.

“El ministerio de relaciones exteriores está preparado para los desafíos de los años 60, y no para los de los 2000”, dice el informe. “No hay presupuestos, tampoco suficientes diplomáticos así como tampoco una doctrina diplomática apropiada.”

Reuter recomienda establecer una red antagonista en la cual las embajadas israelíes sirvan de frentes de batalla contra la deslegitimación.

El informe dice que los servicios de inteligencia deberían supervisar esas organizaciones y estudiar su metodología. El gabinete gubernamental también debería enfrentarse a los grupos que tratan de deslegitimar a Israel aprovechándose de los que hacen críticas comprometidas.

El informe agrega que Israel no debería boicotear a esos grupos como lo hace su embajada en Washington con la organización de izquierda J Street. Boicotear a estos grupos permite empujarlos a los brazos de los deslegitimadores, dice Reut.
Fuente: http://haaretz.com/hasen/spages/1149274.html

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sábado, 13 de febrero de 2010

Arrestadas 12 Personas en Los Angeles por Interrumpir al Embajador Israelí


Al-Manar
09/02/2010

La Policía de California realizó 12 arrestos el lunes después de que un discurso por parte del embajador de Israel en EEUU, Michael Oren, acabara convirtiéndose en un caos.

Un estudiante interrumpió la conferencia de Oren en la Universidad de Irvine en Los Angeles más de 10 veces gritando “asesinos” y “¿Cuántos palestinos habéis asesinado?”.

Oren se tomó 20 minutos de descanso después de la cuarta protesta sólo para ser interrumpido de nuevo por jóvenes que le increpaban cada pocos minutos, señaló la prensa local.

Los estudiantes arrestados eran miembros aparentemente de la Unión de Estudiantes Musulmanes, que condenó públicamente la visita de Oren a primera hora del día.

En una declaración impresa en el Orange County Register, un periódico local, la Unión dijo: “Condenamos y nos oponemos a la presencia de Michael Oren, el embajador de Israel en EEUU en nuestro campus hoy. Lamentamos que la Escuela de Derecho y el Departamento de Ciencias Polítias hayan accedido a copatrocinar a una figura pública que representa a un estado que continúa violando la ley internacional y la ley humanitaria y que está condenado por más resoluciones de la ONU que todos los demás países del mundo juntos.”

Oren completó su discurso algún tiempo después de lo previsto, pero no quiso aceptar preguntas de la audiencia como estaba planeado.

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miércoles, 27 de enero de 2010

Los Europeos Dicen que los Judíos Explotan el Pasado para Conseguir Dinero


Al-Manar
26/01/2010

Casi la mitad de los europeos occidentales creen que los judíos explotan “sus pasadas persecuciones para extorsionar a los gobiernos y obtener dinero,” dijo un nuevo informe israelí.

El informe de la Agencia Judía, realizado conjuntamente con el Ministerio de Información y la Diáspora de Israel, indica que el 42% de los entrevistados por la Universidad de Bielefeld en Alemania se mostró de acuerdo en que “los judíos explotan el pasado para extorsionar en busca de dinero,” dijo Haaretz el lunes.

Los países con el mayor porcentaje de población que se muestra de acuerdo con esa declaración son Polonia y España.
Hubo más incidentes antiisraelíes en 2009 que en ningún otro año desde la Segunda Guerra Mundial, según el informe anual de la Agencia Judía publicado el 24 de enero.
Durante los tres primeros meses de 2009, inmediatamente después de la ofensiva de tres semanas de Israel en la Franja de Gaza, hubo tantos incidentes “antisemitas” registrados como en todo el año 2008.

“Con el inicio de la Operación, una ola de actos de antisemitismo comenzó en todo el mundo,” dijo el informe, que se refiere a la Operación Plomo Fundido del pasado invierno, durante la cual 1.400 palestinos fueron muertos, incluyendo 420 niños, y 5.300 resultaron heridos.
En la conferencia de prensa, en la que fue dado a conocer el informe, los responsables de la Agencia también se refirieron a un documental que acusa a Israel de robar órganos humanos en un hospital establecido por el Ejército israelí en Haití.

La Agencia Judía está a cargo de la inmigración y absorción de los judíos que llegan a Israel.

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Estados Unidos e Israel: ¿El perro mueve la cola o la cola al perro?


16-12-2009
Kathleen Christison y Bill Christison
Adbusters
Un cuarto de siglo atrás, el director ejecutivo del AIPAC (Comité de Relaciones Públicas Estadounidense-Israelí, por su sigla en inglés) estableció una comisión que se encargó de escribir las directivas para la clase política. Corría el año 1981, Ronald Reagan era presidente y el AIPAC acababa de perder una batalla dura en el Congreso de EE.UU. por la venta de aviones de vigilancia a Arabia Saudita. El parlamentario Thomas Dine se puso al frente, a partir de ese momento, y convirtió al comité en una fuerza política temible.

En los años que siguieron, Dine cuadriplicó el personal estable del AIPAC, también su presupuesto, y estrechó vínculos con el Congreso y personas influyentes. Se dedicó a proveer a los políticos de evaluaciones que indicaban cómo avanzar en las posiciones proisraelíes, a sabiendas de que quien escribe los documentos que los políticos leen hace el equivalente de darles de comer en la boca.

Las décadas que siguieron fueron de un predominio total del lobby israelí en la política del Cercano Oriente de EE.UU., incluso por encima de sus propios intereses en la región. Muchos caracterizan esta relación entre la influencia del lobby y lo que Estados Unidos hace en Cercano Oriente, como la cola (israelí) que sacude al perro (estadounidense). Hay un sinnúmero de ejemplos de esta dinámica, como la invasión israelí del Líbano en 1982, que arrastró a EE.UU. a una penosa intervención, o la invasión israelí de la Franja de Gaza en 2002, durante la cual el gobierno de Ariel Sharon desoyó reiteradamente la petición de George W. Bush para firmar un acuerdo.

Otros sostienen que la metáfora de la colita y el perro funciona “como debe”: es EE.UU. en su calidad de superpotencia, dueño de Israel (y su mayor donante), el que tiene el poder; es el perro que mueve la cola. La cuestión, entonces, es ver cuál es la verdadera relación o ¿acaso el análisis cínico del comentarista israelí Michel Warschawski es el correcto?: “No se trata del perro ni de la cola, sino de una única guerra de recolonización y un único monstruo horrible de dos cabezas”.

Silencio roto
Aunque el lobby israelí haya crecido enormemente y la alianza de intereses entre EE.UU. e Israel para controlar el Cercano Oriente sea cada vez más evidente, ninguna voz se atrevió a pronunciarse sobre el alcance y la magnitud que adquiere el poder del lobby sobre los políticos estadounidenses, hasta que lo hicieron dos politólogos, John Mearsheimer y Stephan Walt, que editaron un folleto de ochenta páginas analizando el poderío del lobby en marzo de 2006.

Mearsheimer, profesor de servicio distinguido de Ciencia Política en la Universidad de Chicago, y Walt, profesor de Política Internacional en el Centro Belfer de la Universidad de Harvard, ambos promotores de la escuela realista en política exterior que pone el énfasis en los actos estatales, tanto militares como económicos, por sobre el ideal que persigan y su ética.

Su informe despertó mucho interés cuando se publicó el resumen en el London Review of Books. En el mismo definen que el lobby es, en términos generales, “una coalición elástica de individuos y organizaciones que trabajan activamente para moldear la política exterior de EE.UU. en la dirección de los intereses israelíes”.

Mearsheimer y Walt concluyen que la fuerza que anima las políticas estadounidenses en el Cercano Oriente proviene decididamente del lobby. Ellos sostienen que aunque otros lobbies o grupos de intereses han demostrado ser bastante efectivos para torcer políticas “ningún lobby ha conseguido comandar la política exterior estadounidense de forma tal que vaya contra su propia seguridad nacional y sea a la vez capaz de convencer a los ciudadanos estadounidenses que los intereses de su país e Israel son esencialmente los mismos.”

Dicho informe suscitó el rechazo inmediato de los propios individuos que los autores identifican como miembros del lobby. Alan Dershowitz, profesor de Derecho en Harvard y defensor a ultranza de Israel, acusó a los autores de “fanáticos mentirosos” y comparó sus argumentos con la propaganda neonazi, que constituían “acusaciones apenas veladas de control judío del pensamiento estadounidense” tal como se leía en Los protocolos de los sabios de Sión. Abraham Forman y su equipo de la Liga Antidifamación (ADL), acusan que el informe “encarna la clásica teoría antijudía de la conspiración.”

Sin embargo, los argumentos de los defensores de Israel nada dicen sobre lo principal del trabajo de Mearsheimer y Walt: que los miembros influyentes –tanto judíos como no judíos– dentro del aparato de estado estadounidense han conseguido que se impongan sus objetivos a favor de Israel en la política sobre Cercano Oriente y que Israel obtiene un apoyo incondicional que muchas veces resulta contrario a los intereses de la seguridad nacional. En lugar de discutir este punto, los críticos se dedican a resucitar fantasmas.

La acusación de “antisemitas” hacia Mearsheimer y Walt es de lo más común entre los defensores de Israel, en todo el espectro político. No casualmente, pues es la estrategia que viene utilizando el lobby israelí para silenciar y atacar a quien se atreva a cuestionar la política israelí y las políticas pro-israelíes de Estados Unidos.

Esta cuestión del antisemitismo surgió en septiembre [2006] durante un debate importante en Nueva York en el cual se enfrentaron Mearsheimer y otras dos personas contra un ex oficial israelí y los asesores de la administración Clinton, Dennis Ross y Martin Indyk. Estos tres contrincantes de Mearsheimer, aunque son claramente pro-israelíes, se los ve como neutrales –ni fanáticos como Dershowitz ni derechosos– pero coinciden con Dershowitz en descalificar al documento como que desciende “al nivel de antisemita” o “con connotaciones antisemitas” sólo porque a quienes se critica son judíos en posiciones de poder.

Este debate acerca del antisemitismo es una clara distracción del tema central y es utilizado deliberadamente en ese sentido. En aquel panel en Nueva York se empleó un tercio del tiempo hablando sobre el carácter antisemita de Wearsheimer y Walt antes de abordar aspectos importantes de las conclusiones de su trabajo o las pruebas que ofrecía.

El ex-presidente Carter publicó su libro Palestina: Paz no Apartheid y se le acalló de la misma manera. Sus críticos apuntaron a la escasa formación académica del autor o insinuaron que poseía un tinte antisemita porque Carter usaba el término “apartheid” para describir la política israelí en los territorios palestinos ocupados. Muchos han criticado al libro, incluyendo las autoridades del Partido Demócrata, pero muy pocos han fundamentado sus acusaciones examinando seriamente las pruebas que aporta Carter.

Tom Judt, profesor universitario, que participó del panel en Nueva York y defendió el trabajo de Mearsheimer y Walt, ha escrito sobre el efecto devastador que produce entre los estadounidenses el temor a ser llamados antisemitas, lo cual ha acallado cualquier opinión pública sobre Israel e incluso sobre la política en general.

Durante su participación, observó que pese a existir “cientos de lobbys influyentes” en EE.UU., el israelí es el único que no sólo es eficaz en los objetivos que persigue sino que también actúa de la misma forma para apagar cualquier crítica en su contra.

En el mismo sentido, Mearsheimer afirmó, en un reportaje en Mother Jones, que el fuerte vínculo entre EE.UU. e Israel se mantiene principalmente a partir de que no se habla realmente acerca de esa relación. Si los estadounidenses se enteraran acerca de lo que los israelíes hacen en los territorios ocupados, sostiene, habría mucho menos apoyo a Israel. “En concreto, la buena relación de EE.UU. con Israel no se sostendría ante la exposición pública de lo que realmente sucede en Israel”.
El libro de Jimmy Carter hace un esfuerzo importante para esa exposición, pero su éxito hasta ahora es relativo.

Scott Ritter, quien trabajó cerca de Israel como asesor en inteligencia militar y se desempeñó como inspector de armas en Iraq, arriba a las mismas conclusiones en su nuevo libro Target Iran (Objetivo Irán) que Judt y Mearsheimer. Muchos países tienen lobbys que actúan en EE.UU., pero ninguno comparte ni remotamente su alcance ni las formas descaradas que asume el lobby israelí.

Ritter considera que se va hacia un choque catastrófico entre el eje Estados Unidos-Israel y la república de Irán y que la forma para evitarlo sería hacer pública la naturaleza de la relación Estados Unidos-Israel. Habría que replantearse, sostiene, porqué EE.UU. opera bajo continua impotencia nacional mientras Israel dicta la política de seguridad de EE.UU.

En 2003 salió en el New York Review of Books un artículo crítico de Israel y sus conexiones estadounidenses donde Judt señala lo que luego sería la tesis principal de la nota de Mearsheimer y Walt.
Judt describió cómo Israel sistemáticamente “se burla de su jefe norteamericano” cuando sigue construyendo colonias ilegales aun cuando Estados Unidos impulsa “la hoja de ruta” como plan para la paz, que convoca a congelar los asentamientos.

El autor sostiene que Israel hizo quedar al poderoso presidente de Estados Unidos [G. Bush Jr.] como un “tonto ventrílocuo, alguien que lastimosamente repite la línea del gabinete israelí”. Su comportamiento “ha sido una desgracia para la política exterior norteamericana”. El apoyo incondicional a Israel “es la causa principal del descrédito de Estados Unidos en el resto del mundo”.

Alguien que conoce bien el lobby israelí es James Abourezk, senador por el estado de Dakota del Sur entre 1972 y 1978. De su paso por el Congreso, afirma “que el apoyo político de que goza Israel está basado en el miedo” porque “aquel que se enfrente a los intereses de Israel es derrotado por el lobby”.
Abourezk destaca también el esfuerzo del lobby por silenciar. “Si alguien habla es atacado”, dice, “porque si nadie dice nada en el Congreso, la prensa no tiene a quién citar y con ello también queda callada. Si algún periodista o medio se sale de esta línea, quedan totalmente censurados a través de un mecanismo aceitado de presión económica sobre las finanzas del medio que ha sido atrapado ‘en falta’.”

Jimmy Carter advirtió lo mismo en comentarios recientes en referencia a “los esfuerzos extraordinarios de lobby” del AIPAC para censurar cualquier discusión en las comisiones del Congreso y en la prensa sobre las políticas israelíes.
Según Abourezk los mecanismos de presión ya funcionaban a la perfección aun antes de que el AIPAC se constituyera, y Carter agrega que la capacidad de control del lobby sobre el discurso y las decisiones se han incrementado. La tendencia pro-israelí ha sido un fenómeno, con diferentes matices, propio de cada administración y de cada congreso estadounidense desde que se creó Israel y no un invento de Dine ni tampoco comenzó en los ‘80 pero fue éste quien logró institucionalizar esta política, asignándole un rol más influyente.

En 1984 aparece un nuevo organismo que deriva del AIPAC, el Washington Institute for Near East Policy (Instituto Washington sobre política en el Cercano Oriente, WINEP por su sigla en inglés) y se constituye en un eminente think tank, cuyos cuadros vienen trabajando en las sucesivas administraciones.

Dennis Ross, quien fue el principal asesor en política de Cercano Oriente en los gobiernos de George H.W. Bush y Bill Clinton, se formó en el WINEP y retornó al mismo luego de dejar sus funciones en el gobierno.
A partir de allí, ese cargo en la administración Clinton fue para Martin Indyk, miembro fundador de AIPAC y primer director de WINEP. Mearsheimer y Walt consideran acertadamente que ambos hombres son del “riñón del lobby”.

Esto demuestra un aspecto vital en la cuestión del lobby; que el mismo forma parte de las diferentes administraciones desde las últimas décadas. Ahora bien el lobby no está conformado únicamente por las instituciones judeo-estadounidenses como AIPAC y ADL, además de los think tanks como WINEP y JINSA (Instituto Judío para los Asuntos de Seguridad Nacional, sigla en inglés); existen muchos particulares que trabajan en defensa de los intereses de Israel y hacen coro con los sectores cristianos fundamentalistas de extrema derecha.
Que apoyan incondicionalmente la presencia de Israel en la Franja de Gaza y en todo Jerusalén porque creen que ése es el requisito para la reaparición de Jesucristo en lo que denominan el Milenio.

Particularmente en los últimos años, la derecha cristiana ha utilizado sus influencias para presionar tanto en el Ejecutivo como en el Congreso a favor de las posiciones israelíes y se ha opuesto a todas las iniciativas que requirieran alguna concesión por parte de Israel.

El tipo de presión “en bruto” a los políticos que describe Abourezk es sólo una de las formas en las que opera el lobby proisraelí organizado.
La ligazón entre EE.UU. e Israel siempre tuvo su mínimo de acuerdo tanto para los momentos de calma como en la cruda realidad de la estrategia geopolítica.
Desde la creación del Estado de Israel y a través de los años ha existido un clima siempre en aumento en el que Israel es asumido simplemente como tan cercano a Estados Unidos, sus intereses tan entrelazados con los de Estados Unidos, que por ello Israel es prácticamente aceptado como parte de EE.UU.

El lobby refuerza este sentimiento, lo canaliza en formas institucionales para que ciudadanos comunes apoyen a Israel.
Jeffrey Blankfort, conductor de radio en Carolina del Norte y columnista de larga data sobre el conflicto palestino-israelí y otros en el Cercano Oriente, señala, por ejemplo, que 1700 sindicatos en EE.UU. poseen más de 5 mil millones de dólares en bonos israelíes.

Según Blankfort, esto empuja a los sindicatos a apoyar a Israel y convierte al movimiento sindical de EE.UU. en parte del lobby. Eso explica porqué las organizaciones de izquierda en Estados Unidos se oponen a que la cuestión palestina forme parte del movimiento anti-guerra.

Muchos estados y universidades también han invertido en bonos israelíes así como en empresas israelíes, con lo cual tienen interés en apoyar a Israel para que su economía mantenga el rumbo.

La penetración del lobby es tan absoluta que cuando Tony Judt llama al presidente “un tonto ventrílocuo” se entiende perfectamente.
Como afirma Walt en un reportaje de Mother Jones, no importa lo que haga Israel, Estados Unidos siempre lo apoyará.
“Ellos continúan construyendo asentamientos por más que todos los presidentes desde Lyndon Johnson en adelante hayan rechazado la idea.
Nos espían regularmente.
Han entregado o vendido tecnología militar estadounidense a otros países. E incluso…han cometido una gran cantidad de violaciones a los derechos humanos, y pese a todas estas actividades jamás ha disminuido el apoyo de EE.UU.”

Hace ya varias décadas que el AIPAC viene participando directamente en el proceso legislativo, redactando leyes en torno a Cercano Oriente y presionando para que sean aprobadas las resoluciones anti-árabes y pro-israelíes que comprometen al Senado y a la Casa Blanca en cuestiones como la construcción del muro de segregación y la invasión de Israel a El Líbano en el verano de 2006.

AIPAC se ufana a menudo de vetar y ejercer influencia sobre los candidatos presidenciables.
En la campaña política de 2004, Howard Dean insinuó una tibia y para nada controversial propuesta de “trato igualitario” de la política estadounidense en el conflicto árabe-israelí. Fue condenado rotundamente por el lobby y por sus compañeros demócratas, y debió abandonar la propuesta. Los políticos de renombre que toman otras posturas son inmediatamente condenados a la derrota electoral.

En la década de los ‘80, el representante Paul Findley y el senador Charles Percy, quienes habían ocupado sucesivos mandatos en Illinois, fueron derrotados gracias a los esfuerzos de AIPAC porque ambos se habían manifestado a favor de negociar con miembros de la OLP.
Bastante más recientemente, Cynthia McKinney, de Georgia, fue dos veces víctima de la interferencia del AIPAC en la campaña electoral.

La lista continúa. Israel y su lobby toman la iniciativa, EE.UU. acompaña: la guerra que Israel lanzó en 1967, su invasión a El Líbano en 1982, su invasión a la Franja de Gaza en 2002, sus cuarenta años de construcción de asentamientos en los territorios palestinos ocupados, sus ataques desproporcionados a los palestinos, su asalto al Líbano.
El grado de penetración en las decisiones políticas que el lobby consiguió durante la administración Bush actual no tiene precedentes.

1 Hay pruebas categóricas de que fueron los neoconservadores dentro del gobierno de Bush, cuyos vínculos con la derecha israelí son innegables, los artífices de la invasión a Iraq y quienes impulsaron “la transformación” del Cercano Oriente difundiendo la “democracia” en la región.

Mearsheimer y Walt afirman que “la guerra de Iraq, al menos en parte, fue promovida para mejorar las posiciones estratégicas de Israel”, algo que se confirma con el hecho de que algunos de estos mismos neocons escribieron en los ‘90 un documento de estrategia titulado “A Clean Break” (Una ruptura limpia) para el entonces primer ministro israelí Benyamin Netanyahu.
En él, se diseñaba un plan de ataque a Iraq, algo que posteriormente impulsaron cuando los neocons entraron a la administración Bush.
El plan estratégico se pensó explícitamente para asegurar el dominio de Israel en la región, para minar el proceso de paz de Oslo y para aliviar a Israel de la presión de tener que hacer alguna concesión a los palestinos.
Uno de sus autores es David Wurmser, que continúa en el gobierno como consejero del vicepresidente Richard Cheney en cuestiones del Cercano Oriente. Los otros, Richard Perle y Douglas Feith, trabajaron activamente durante la planificación de la guerra de Iraq en los cargos de consejero del Pentágono y subsecretario de Defensa, respectivamente.

Casi todos los demás neocons, tanto judíos como no judíos, tienen un historial importante de acciones en defensa de los intereses israelíes. Entre ellos, Paul Wolfowitz, Elliott Abrams y John Bolton, y quienes se manejan desde las sombras como William Kristol, Robert Kagan, Norman Podhoretz, Jeane Kirkpatrick y muchos derechistas pro-israelíes de los think tank en Washington.

La enorme cantidad de dinero en asistencia militar y económica que EE.UU. le dio a Israel a través de los años es producto de la presión del lobby sobre los políticos. Mearsheimer y Walt, utilizando los datos de la USAID (Agencia de EE.UU. para la Asistencia Internacional al Desarrollo, por su sigla en inglés) 2 confirman que entre 1976 y 2003 EE.UU. le dio a Israel 140 mil millones de dólares en ayuda (de acuerdo con los valores de 2003).

El economista Thomas Stauffer, quien ha investigado durante mucho tiempo la ayuda económica a Israel, presentó en 2002 valores mucho más altos: para el período 1972-2002, calculó un total de 240 mil millones de dólares (a valores actuales). Ahora mismo, Israel tiene garantizada una ayuda de 2 mil a 3 mil millones por año, principalmente para el sector militar, y a esto hay que sumarle los adicionales para compensar los gastos israelíes en la guerra en El Líbano y el retiro de Gaza.

Definiendo el concepto de interés nacional

El aspecto más importante en el debate sobre el poder del lobby gira en torno a la cuestión de los intereses nacionales; qué forma parte de los intereses nacionales, quiénes lo definen y hasta qué punto el lobby no perjudica los verdaderos intereses nacionales.

Muchos discursos en la izquierda que son muy críticos de las políticas de Israel no han prestado la debida atención, sin embargo, a la influencia del lobby en la política. Se centran en lo que definen como los intereses nacionales de Estados Unidos.

Noam Chomsky ha sostenido frecuentemente que la política sobre Cercano Oriente está determinada en gran parte por lo que él llama “el vínculo ceñido entre el estado y las corpo-raciones” donde se concentra el poder en la órbita nacional.
Dicho de otro modo, los intereses particulares del complejo militar industrial asociado al gobierno son los que en última instancia definen los intereses nacionales de Estados Unidos, según Chomsky.
El lobby israelí ejerce cierta influencia en la determinación de las políticas, de acuerdo con los análisis de Chomsky, pero ocupa una porción mucho menor y generalmente sólo en la medida en que el lobby acompañe los interés corporativo-gubernamentales.

Chomsky y otros críticos de izquierda que estudian el tema del lobby consideran que la política de Estados Unidos está definida desde su avanzada imperialista y los intereses de sus corporaciones y que Israel, lejos de conducir a EE.UU. en políticas que lo perjudican y hacia peligrosas aventuras en el extranjero, siempre ha hecho lo que EE.UU. le dictaba.
EE.UU. continuaría con su empresa imperialista aunque Israel no acompañara, y esto es lo que ha hecho en regiones fuera del Cercano Oriente, como Chile, Indonesia, América Central y donde sea, sin que ello beneficie a ningún lobby en particular.

De acuerdo con esta visión, el lobby israelí funciona solamente como un acompañamiento a la política de EE.UU., y no como un agente con algún control y poder propio.

Sin embargo, esta postura pasa por alto que los lazos estrechos entre el lobby y los fabricantes de armas en Estados Unidos refuerzan la capacidad del complejo mílito- industrial para definir los intereses nacionales de EE.UU.
El lobby israelí tiene, sin duda, poder de veto por encima de cualquier parlamentario o dependencia del Ejecutivo, incluyendo los de la Casa Blanca, lo cual hace muy difícil que alguien pueda definir el tan mentado interés nacional de EE.UU. en algún sentido que el lobby considere perjudicial para la relación especial que tiene Israel con EE.UU.

Cualquier debate que toque este asunto tabú, aunque sea en forma indirecta, será anulado antes de que empiece, enterrado por las alabanzas hacia Israel tanto de republicanos como de demócratas.

Afif Safieh, el principal referente de la comitiva de la Organización para la Liberación Palestina en Washington, señala otro punto de crítica.
Según él, la visión de Chomsky y otros izquierdistas es “mecanicista” y dificulta, dado que cada situación es específica, captar su singularidad; en este caso, percibir que el socio menor puede a menudo “secuestrar” y “monopolizar” la decisión sobre la política en Cercano Oriente.
La interpretación que hace la izquierda es de tipo determinista y por ello asume que EE.UU. se rige únicamente por su afán imperialista y por los objetivos de sus intereses corporativos.

El hecho de que Estados Unidos haya conspirado contra un gobierno enemigo de sus negocios en Chile o que haya apoyado a un dictador en Indonesia para preservar los intereses de la industria petrolera no prueba que cada vez que Israel ataca países árabes, como a Egipto en 1967 y a El Líbano en 1982, lo haga para servir a Estados Unidos ni, como dice Chomsky, haga un “enorme servicio a las corporaciones energéticas estadounidenses y saudíes porque aplasta los nacionalismos árabes seculares”.

Israel de ninguna manera actúa para garantizar el acceso o el control de EE.UU. sobre las reservas de petróleo en el Cercano Oriente, ni trabaja en coordinación con la industria del petróleo.
Es indudable que existe una intrincada relación entre el complejo mílito-financiero-industrial estadounidense y los intereses militares, industriales y financieros de Israel, tal como lo sugieren Chomsky y otros referentes de la izquierda.
Pero la naturaleza de esta relación no pasa por una subordinación de Israel a las directivas del conglomerado corporativo-gubernamental de EE.UU.; este arreglo, más bien, parece darse entre dos actores independientes.

Y la actividad del lobby se dirige a sostener y manipular este entramado. Según Blankfort, “se subestima la influencia del lobby. No sólo se asegura de que el Congreso actúe como vasallo en los asuntos pertinentes a Israel y el Cercano Oriente en general, sino que, en forma disimulada, actúa como una poderosa influencia para sostener el gasto militar elevado del país y la integración entre las industrias armamentistas israelí y estadounidense.”

Esta integración, sostiene Blankfort, “es la razón fundamental que explica porqué no hubo prácticamente ninguna oposición al presupuesto militar anual por parte de ningún sector en el Congreso.”

Israel y su lobby trabajan con mano de seda en el tema de la industria de armamentos estadounidense para avanzar, juntos, en sus objetivos que suelen ser compatibles. Las pocas, poderosas familias que dominan la industria militar en Israel, están tan interesadas en presionar a favor de la política exterior militarista de los dos países como lo están los CEO de las corporaciones militares de EE.UU.

A medida que la globalización avanza también se estrechan los lazos de compañerismo, y los acuerdos tecnológicos y financieros, entre las corporaciones militares de ambos países, que crecen cada vez más juntas. Es una relación simbiótica, y el lobby trabaja para que siga así; los lobbystas se acercan a muchos parlamentarios y les dicen muy creíblemente que si se corta la ayuda a Israel, se van a perder miles de puestos de trabajo en la industria militar en sus distritos.

El lobby no es un reflejo pasivo de los deseos del complejo mílito-industrial. Día a día presionan en el Congreso y en el gobierno para perpetuar la aceptación de ciertos “intereses nacionales” que muchos estadounidenses consideran equivocados.

Un monstruo de dos cabezas

Como Tony Judt lo percibió, gran parte del resto del mundo “ya no cree en nuestra buena fe”. Hace mucho que el fuerte apoyo de Estados Unidos a Israel molesta a la opinión pública árabe, pero desde el fracaso del proceso de paz y la nueva intifada palestina y el endurecimiento cruel de Israel desde septiembre de 2000, los resultados de las encuestas de opinión en los países árabes y musulmanes han mostrado un malestar creciente y muy extendido hacia EE.UU., particularmente por el apoyo a Israel en la opresión sobre el pueblo palestino y la guerra de Iraq.

Entre un 70% y un 80% de la población en varios países árabes manifiestan actitudes hostiles. Algo similar, aunque con valores más discretos, ocurre con las encuestas de opinión en Europa. Este sentimiento creciente de rechazo a EE.UU., producto de su estrecha amistad con Israel, es uno de los puntos salientes del informe de Mearsheimer y Walt.

Los autores señalan al comienzo de su trabajo que las políticas del gobierno de Bush, influenciadas fuertemente por el lobby, contribuyeron a producir una insurgencia que resiste en Iraq, una subida muy pronunciada de los precios del petróleo y los atentados terroristas en Madrid, Londres y Amman.

El indeclinable apoyo de EE.UU. a Israel, escriben, ha “irritado a la opinión pública árabe e islámica y puesto en peligro la seguridad de Estados Unidos”. Creen que EE.UU. deja de lado su propia seguridad para cumplir los objetivos de otro estado.
El resultado fue obvio: más ataques terroristas a EE.UU. y sus aliados.

Las grabaciones y mensajes de Osama Bin Laden hablan de los palestinos y de su cólera ante Estados Unidos por su alianza con Israel. Su rabia, y los de otros islamistas radicalizados, se basa en los musulmanes que fueron asesinados y explotados por EE.UU., Israel y Occidente durante décadas, y el caso de los palestinos es probablemente el más claro.

Su rabia es la misma que sienten millones de oprimidos y él puede reclutar a los extremistas en su lucha bajo la bandera de la defensa de los palestinos y de todos los musulmanes oprimidos. Es una amenaza a Estados Unidos que proviene directamente de su alianza con Israel y el esfuerzo arduo del lobby para sostenerla, no puede ser subestimado.

La tragedia de esta situación es que se ha vuelto imposible separar los intereses israelíes de los proclamados intereses de Estados Unidos –que lejos de ser los reales, son producto de las proclamas egoístas del complejo político-corporativo-militar que los define en su provecho, y que junto con el lobby dominan el gobierno de Bush, el Congreso y los dos partidos políticos mayoritarios.

Actualmente, el poder radica en grupos específicos: los consorcios globalizados de las finanzas, las armas y la energía, y todas las dependencias militares, tanto de EE.UU. como de Israel, que literalmente han secuestrado el gobierno y lo han despojado de cualquier rasgo de democracia. El “monstruo agresivo de dos horribles cabezas” del que nos hablaba Michel Warschawski es real.

La coincidencia de “intereses” manipulados tiene efectos profundos en las decisiones políticas en el Cercano Oriente. Si EE.UU. es incapaz de distinguir lo que el mundo necesita o sus propias necesidades de las de otro estado y su lobby, entonces sencillamente no se puede decir que actúa en su beneficio.
Ante el abuso masivo y reiterado de los derechos humanos de los palestinos y la falta de reconocimiento de este problema, quienes minimicen el poder del lobby y acepten la política de Estados Unidos en Cercano Oriente como parte de una estrategia inmodificable a largo plazo son particularmente peligrosos.

NOTA
1. Entendemos que este trabajo fue escrito en 2007, durante la presidencia de G. W. Bush Jr. Antes de la última matanza masiva en diciembre 2008-enero2009, otra vez en la Franja de Gaza (n. de los ed.)
Traducido y publicado por la revista argentina Futuros, cuyo primer número acaba de salir a la calle.

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viernes, 4 de septiembre de 2009

El equipo iosraelí de la Copa Davis no es bienvenido en Murcial


Comunicado de la red estatal contra la ocupación de palestina
Con el apartheid y la ocupación no se juega: El Equipo israelí de la Copa Davis no es bienvenido en Murcia.

04-09-2009
La Opinión de Murcia

Con motivo de la celebración de la semifinal de la Copa Davis en Murcia los próximos 18 y 19 de septiembre, el presidente de la Federación de Tenis de la Región de Murcia, Antonio García Alarcón, hizo una serie de declaraciones a la prensa en las que se mostraba orgulloso del un dispositivo de seguridad que garantiza el control de acceso al lugar en el que se celebrarán los partidos. Como ha afirmado Pacheco, “el criterio de la seguridad ha sido fundamental para acoger esta ronda dada la especial atención que precisa el equipo visitante".

Según recoge el Diario “La Opinión de Murcia” en su edición del 24 de agosto, “agentes del Mossad (una de las agencias de inteligencia de Israel, responsable de la recopilación de información de inteligencia, acción encubierta, espionaje y contraterrorismo) 'peinarán' la región de Murcia para extremar las medidas y preservar la seguridad de sus tenistas
“La especial atención que precisa el equipo visitante” si nos ceñimos a la experiencia más reciente, se debe a que el equipo israelí de la Copa Davis, que ejerce la representación del Estado de Israel en tanto selección nacional israelí, no es un equipo bienvenido en nuestro país. La Federación y las autoridades lo saben, blindando el partido ante una ola de protestas que conocen de antemano. E invitando a agentes de seguridad israelíes a peinar Murcia.
El motivo del rechazo, y el porqué las autoridades israelíes reclaman seguridad, en este caso servida por autoridades españolas es debido a la continuidad del proceso de colonización israelí de la tierra Palestina, a la matanza y asedio de Gaza, a la continua expansión de los asentamientos judíos en tierra ocupada, a la construcción del Muro, al encierro de los palestinos en Bantustanes, a la negativa israelí a permitir el ejercicio del derecho al retorno de los millones de refugiados que esperan desde hace décadas en los países vecinos y, como olvidarlo, al sistema de apartheid efectivo en marcha.
¿Va a confiar el Gobierno español al Mossad las competencias de seguridad interna del Estado?. Sin lugar a dudas. Cada vez que el Maccabi de Tel Aviv juega en nuestras canchas, éstas se llenan de agentes israelíes. Si alguien pretende tomar un avión con objetivo de visitar Palestina, agentes de seguridad israelíes serán los encargados de interrogarle, humillarle, incluso desnudarle en instalaciones de Barajas o El Prat y para impedirle finalmente subir al avión. La colaboración entre las cuerpos de seguridad del Estado de España e Israel es habitual. Y en este caso, se anuncia públicamente que agentes israelíes vigilarán en nuestro territorio las manifestaciones de protesta de la sociedad civil organizada contra la presencia del equipo israelí de Tenis en Murcia.
Israel no es bienvenido en Murcia por los mismos motivos por los tampoco fue bienvenido en Suecia en la eliminatoria previa. Los partidos que Israel jugó contra Suecia en Malmoe el pasado mes de marzo tuvieron lugar a puerta cerrada, sin público, en medio de un increíble dispositivo de seguridad mientras miles de personas se manifestaban en las calles contra el partido. Rechazamos la invitación a la selección del apartheid israelí. Rechazamos que se consideren ¡normales' las relaciones deportivas con un Estado ocupante que desprecia las Resoluciones de las Naciones Unidas. Proponemos, por contra, que nuestro Gobierno rectifique y que Israel juegue en Murcia a puerta cerrada para explicitar pública y oficialmente que no se trata de un equipo bienvenido en nuestro país.
Las acciones contra Israel que promueven diversos grupos solidarios, entre ellos la Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina, se enmarcan en la Campaña Global de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el Estado de Israel, lanzada ya en 2005 por la sociedad civil palestina y que ha adquirido dimensiones preocupantes para las autoridades israelíes especialmente a partir de la última campaña militar israelí contra Gaza a principios de este año.
La Campaña por el Boicot, las Desinversiones y Sanciones contra el Estado de Israel es una campaña global, no violenta y basada en el enfoque de derechos. Sólo reclama que Israel cumpla el derecho internacional que le compete en cuanto a finalizar con la ocupación militar de palestina, la construcción del muro, el sistema de discriminación racial, el asedio de Gaza y la negativa del derecho al retorno para los refugiados. Mientras esto no suceda, buscará la aplicación de medidas punitivas noviolentas que aumenten la conciencia de la sociedad civil respecto a los crímenes israelíes, manifestándose frente a las Embajadas culturales en el desarrollo de sus funciones. Su equipo nacional de tenis es sólo una de ellas.
Al igual que ha sucedido en anteriores visitas de equipos israelíes al Estado español, los partidos se encontrarán con protestas, siempre noviolentas y basadas en la defensa de los derechos humanos y el derecho internacional que Israel viola desde 1948. No pueden ponerles puertas al mar. No pueden conseguir nada blindando Murcia con agentes de seguridad israelí. Si los partidos tienen que jugarse, la sociedad civil se manifestará, como viene haciendo y como continuará haciendo, en defensa de la legalidad internacional. Como sucedió en Suecia y como sucederá allí donde los representantes del apartheid israelí, bajo su himno y su bandera, traten de lavarle la cara de su Estado, un Estado que debe ser sancionado y presionado a nivel internacional hasta que decida comportarse como una nación civilizada.
Súmense a la Campaña Global por el Boicot, Desinversiones y Sanciones al Estado de Israel, tal y como han propuesto la Sociedad civil Palestina y como ha recogido y multiplicado, hace pocas semanas, el Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas,“Hace veinte años jugamos un papel fundamental cuando nos sumamos a la sociedad civil y decidimos que era necesario aplicar sanciones para presionar de manera noviolenta a Sudáfrica. Hoy deberíamos seguir el ejemplo de una nueva generación de la sociedad civil que convoca una campaña noviolenta similar, para el Boicot, las Desinversiones y las Sanciones que presione a Israel”.

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jueves, 6 de agosto de 2009

¿Es legal el boicot contra los productos israelíes?


Entrevista con Jean-Claude Willem, ex-alcalde del pueblo francés de Seclin

06-08-2009
Silvia Cattori
Red voltaire

Jean-Claude Willem, de 75 años, cuenta en esta entrevista como, siendo alcalde (PCF) de Seclin, un pueblo francés de 12.000 habitantes, se vio envuelto en una tormenta jurídica de 7 años y fue condenado a pagar una multa de 1.000 euros por haber expresado su intención de eliminar de los comedores de la escuela comunal los jugos de fruta provenientes de las colonias israelíes ilegalemente implantadas en Palestina.

Finalmente, la Corte Europea de Derechos Humanos de Estrasburgo (CEDH) acaba de rechazar la acción jurídica que había emprendido Jean-Claude Willem.


 Aunque reconoció como legítima la intención de Jean-Claude Willem de luchar contra el apartheid, la justicia francesa consideró por su parte que la acción de boicot contra cualquier producto del apartheid israelí representaba una forma de discriminación económica contra los productores israelíes. Así que la justicia francesa condenó a Jean-Claude Willem, al mismo tiempo como ciudadano que estaba llamando a ejercer una forma de discriminación basada en la nacionalidad y como autoridad local electa que estaba violando la neutralidad en el ejercicio de su función. 
 En cuanto a la Corte Europea, ésta última acusó además a Willem de querer tomarse la justicia por su mano al asumir, en lugar de las autoridades gubernamentales, la responsabilidad de establecer un boicot.

En momentos en que los partidarios del apartheid ejercen todo tipo de presiones para lograr que la ley francesa considere el antisionismo como antisemitismo, la Corte Europea acaba de publicar un veredicto traído por los pelos que presenta el antisionismo como una forma odio a los israelíes. 


A pesar de lo anterior, la Corte reconoció la supremacia de la libertad de expresión sobre la prohibición del boicot. La Corte indicó también que el llamado al boicot contra los productos del apartheid es legal cuando se produce en el marco de una «discusión libre sobre un tema de interés general».


Silvia Cattori: ¿Pudiera usted resumir brevemente lo sucedido desde el día que usted anunció, durante una reunión del consejo municipal de la comuna de Seclin, su intención de boicotear los productos israelíes provenientes de las colonias judías que explotan tierras pertenecientes al pueblo palestino?


Jean-Claude Willem: Todo comenzó en octubre de 2002. Yo era, en aquel entonces, alcalde de Seclin. Una noche tuve una reacción de cólera cuando vi en la televisión como las tropas israelíes intervenían en Nablus ejerciendo la violencia, tanto sobre los habitantes como sobre sus casas. Aquella misma noche teníamos una reunión del Consejo Municipal. Teníamos que discutir una serie de medidas vinculadas a la crisis de las vacas locas en Gran Bretaña. Al término de la discusión, en la que habíamos decidido mantener el rechazo gubernamental a la entrada de carne inglesa en Francia, en el marco de esa medida de boicot, yo agregué, como reacción a los actos israelíes de violencia contra el pueblo palestino, que yo había decidido que la cocina municipal de Seclin dejara de comprar productos provenientes de Israel, específicamente los jugos de frutas, que sabíamos que venían de las colonias implantadas en tierras palestinas. El boicot era una forma de protesta contra los actos de violencia, protesta a la que ya habíamos recurrido anteriormente, en otras circunstancias.

Como consecuencia hubo muchas reacciones positivas o negativas en el sitio de la alcaldía. Después de recibir un aviso de la asociación «Action Culturelle Israélite du Nord» [1], el fiscal decidió emprender una acción legal contra mí.

En marzo de 2003 tuve que comparecer ante el tribunal correccional que, al cabo de 8 días, me declaró inocente señalando que yo no había cometido ningún delito al expresar la intención de emprender un boicot, que eso formaba parte de mi libertad de expresión. En pocas horas, después de ese veredicto, el ministro de Justicia, Dominique Prevén, le ordenó a la Fiscalía que apelara. En junio de 2003 comparecí ante el Tribunal de Apelación, que me condenó en septiembre de 2003 a pagar una multa de 1 000 euros. En septiembre de 2004, la Cámara Criminal del Tribunal de Casación rechazó mi apelación [2]. Llevé entonces el caso a la Corte Europea por violación de la libertad de expresión y ésta última rechazó mi demanda el 16 de julio de 2009.

Silvia Cattori: ¿Le sorprendió el veredicto de la CEDH? [3]

Jean-Claude Willem: No, porque no me había hecho ilusiones al respecto. Usted sabe, la Unión Europea es cómplice de Israel. Incluso después de la agresión israelí contra Gaza (en diciembre de 2008 y enero de 2009), la posición de la Unión Europea sigue siendo la misma, la UE nunca ha condenado a Israel. Todo hacía pensar que la Corte Europea no iba a contradecir a los 27 países de la Unión Europea [4]. De los 7 jueces, sólo me apoyó el juez checo Karen Jungwiert. Este juez estimó que las declaraciones utilizadas para incriminarme reflejaban la expresión de una «opinión o de una posición política de un [responsable local] electo sobre una cuestión de actualidad internacional».

Silvia Cattori: La Corte europea no lo condenó a usted como ciudadano sino como [responsable] local electo cuya función lo obliga a «mantener cierta neutralidad». ¿Es así?

Jean-Claude Willem: Yo fui enviado a los tribunales como alcalde, y también como ciudadano. En la argumentación presentada a la Corte Europea como respuesta a mi demanda, el gobierno francés afirmó que mi libertad de expresión como ciudadano y mi libertad de expresión complementaria como [responsable] electo no se había visto disminuida. La Corte Europea retomó esos mismos argumentos para rechazar mi demanda, y me condenó al mismo tiempo como [responsable local] electo y como ciudadano.

Silvia Cattori: ¿Entonces, no se trata solamente de prohibir la práctica del boicot en el marco de una colectividad pública sino de un juicio que prohíbe, de forma general, el llamado al boicot contra productos israelíes?

Jean-Claude Willem: Eso es lo chocante en la decisión de la Corte Europea. Es realmente escandaloso que ese órgano se pronuncie contra la libertad de expresión, no sólo de un ciudadano de la Unión Europea sino de un [responsable local] electo por el pueblo de un país miembro de la Unión Europea.

Quiero recalcar que, en lo que me concierne, no he hecho nada que esté en contradicción ni con la ley francesa ni con la ley de la Unión Europea ya que la misma Unión Europea se opone a la importación de frutas, de legumbres, de materiales provenientes de las colonias [5]. Si la Unión Europea respetara sus propias decisiones, tendría que suspender inmediatamente el comercio con Israel. Pero nadie lo hace.

Es importante recordar aquí que, cuando este caso fue llevado a los tribunales, yo no había hecho más que expresar la intención de boicotear productos provenientes de las colonias ilegales que violan el derecho internacional, o sea [boicotear] cultivos que los colonos israelíes obtienen de las tierras palestinas.

Silvia Cattori: ¿En su opinión, ese veredicto de la Corte Europea es entonces un veredicto político?

Jean-Claude Willem: Sí, es una condena política porque no apunta solamente contra mi persona sino contra todo el que se decida a anunciar su intención de boicotear a Israel. Es la confirmación de una violación de la libertad de expresión y de la libertad en general.

Se trata de un juicio político porque no soy yo el único que está en la mirilla. Yo soy el pretexto para esta sentencia, pero detrás de todo eso se les está diciendo a todos los franceses y, por ende, a todos los ciudadanos de la Unión Europea que si quieren condenar a Israel por sus violaciones, van a tener problemas.

Silvia Cattori: ¡Es el mundo al revés! ¡Se castiga al ciudadano que no acepta la impunidad en la que se mantiene el Estado colonial de Israel! ¿Le resulta a usted chocante que ningún medio de prensa europeo haya comentado ese sorprendente veredicto?

Jean-Claude Willem: Claro que sí. Pero, sabe usted, esto no se mencionó ni siquiera en el diario comunista L’Humanité, siendo yo miembro del Partido Comunista. ¡Desde 2002, L’Humanité no hablado nunca de este caso! ¡Incluso yo escribí [a L’Humanité] expresándole mi asombro!

Silvia Cattori: El argumento de los tribunales franceses, avalado por la Corte Europea,es que un [responsable local] electo no puede reemplazar a las autoridades gubernamentales para declarar un boicot contra un Estado. ¿Puede servir ese punto de vista como justificación al veredicto de la Corte que afirma que la libertad de expresión de usted no fue violada?

Jean-Claude Willem: No, no lo justifica. Primeramente, es cierto que mediante mi llamado al boicot yo estaba implicando a la colectividad. Pero no hubo desaprobación por parte de los habitantes de Seclin. Por el contrario, la mayoría me dio su aprobación.

En segundo lugar, un alcalde es una figura política. En una ciudad industrial como Seclin, el alcalde ocupa un lugar político importante. Yo era también vicepresidente de la comunidad urbana de Lille. Es por eso que yo estaba llamado a tomar posiciones políticas.

Otros también lo hicieron. Tomaron conmigo decisiones que quizás no estén en conformidad con la ley tal y como se la concibe ahora. Poco antes de este asunto del boicot, yo había tenido que comparecer ante el tribunal correccional con otros cuatro alcaldes de la región Nord Pas-de-Calais porque nos negábamos a convocar a las empresas a que nos hicieran ofertas para la organización de las vacaciones de los niños. Nosotros estimábamos que no era posible organizar las vacaciones infantiles con el mismo método que se utiliza para determinar qué empresa va a realizar un trabajo de construcción, y que en ese caso no debíamos llamar a las empresas a presentarnos ofertas. Y fuimos declarados inocentes. Ese ejemplo demuestra que no hay que plegarse enteramente a la ley cuando el buen sentido y la justicia están de nuestro lado.

Silvia Cattori: El veredicto de la Corte Europea ayuda a proteger a Israel de algo que constituye el mayor temor de ese país: un boicot que siga el ejemplo del que se aplicó a Sudáfrica en otra época. ¡Usted actuó honorablemente cuando llamó al boicot contra un Estado que se cree por encima de las leyes –lo que sucede, desgraciadamente, con la complicidad de nuestras democracias! Hay que plantearse la siguiente interrogante: ¿No subestimó usted la fuerza aplastante del adversario?

Jean-Claude Willem: No lo creo. En primer lugar, porque no me considero derrotado. Mi posición recogió un amplio apoyo, no sólo en Francia [6], sino a través del mundo. Y recibí mucho apoyo en el momento de mi primera condena en la corte de apelación [7]. De todas partes me están llegando numerosos mensajes de gente que se moviliza a favor de la justicia en Palestina. Es posible que mi posición de alcalde, en aquel momento, haya contribuido a hacer que las reacciones fueran tan numerosas.

Por otra parte, yo siempre repito que esta posición de la Corte Europea no me hará abandonar la lucha que he emprendido. Tengo cada vez más gente que me rodea y que está dispuesta a proseguirla esa lucha.

Silvia Cattori: ¿El objetivo de los proisraelíes que lo llevaron a usted ante los tribunales no era quizás lanzar una advertencia a cualquier colectividad local que pudiera sentir la tentación de seguir su ejemplo? ¿Y hacerle pagar caro a usted mismo esta intención de boicot que usted había expresado?

Jean-Claude Willem: Por supuesto. Hace 14 años que yo soy Caballero del Honor Académico. Se trata de una condecoración que se otorga a las personas que se destacan por su actividad con la infancia y en el sector de la educación. Normalmente, ya tendrían que haberme promovido a la categoría de Oficial. Cuando un inspector de la Academia propuso que me promovieran a esa categoría, el ministerio se negó a hacerlo porque me habían condenado por este asunto del boicot. Peor aún, normalmente al cabo de 30 años de actividad como autoridad local electa uno tiene derecho a una medalla de honor que conceden las autoridades departamentales y regionales. En el pasado mes de abril, el prefecto se negó a concederme esa medalla argumentando que yo tenía antecedentes penales. Esto no tiene para cuando acabar.

Ese veredicto afirma que, debido a ese gesto de boicot, yo estaba perjudicando –como alcalde– la actividad comercial de los agricultores israelíes. El elemento principal que justificaba mi posición hacia Israel era que los frutos y legumbres provienen de las colonias ilegalmente implantadas en las tierras de los palestinos y que, conforme a la ley de la Unión Europea, [esos productos] están prohibidos en los Estados [miembros] de la UE.

Lo queda claramente demostrado es que todo esto se hace para evitar que se toque el fondo del problema: la cuestión política. Por eso se enfatiza en la defensa de la actividad comercial de Israel.

Silvia Cattori: ¿Tenía ese prefecto una posición previa a favor de Israel?

Jean-Claude Willem: Sí. Ese prefecto es conocido como amigo de Nicolas Sarkozy. Cuando el actual alcalde de Seclin anunció que no podía entregarme la medalla por la oposición del prefecto, yo fui ovacionado por todo el personal presente –300 trabajadores de los servicios de la alcaldía. Eso vale más que la medalla que me negó el prefecto.

Silvia Cattori: Es indudable que ese veredicto no podrá evitar que la gente que está en desacuerdo con los crímenes del Estado israelí siga implicándose individualmente en acciones de boicot. Pero, ¿no es posible que evite que las autoridades locales electas, que no han querido implicarse hasta ahora, respondan eficazmente a la campaña «Boicot, Retiro de Inversiones, Sanciones» convocada por la sociedad civil palestina desde el año 2004 [8]?

Jean-Claude Willem: Yo creo que soy el primer [responsable local] electo que ha sido condenado. Pero hay mucha gente que practica el boicot, gente que cuando compra un producto mira de dónde viene y no lo compra si viene de Israel.

Silvia Cattori: Mediante este valeroso gesto, usted ha puesto a las autoridades de la Unión Europea ante sus propias responsabilidades. Teniendo en cuenta el veredicto de la Corte Europea, ¿no exhortaría usted a las autoridades electas locales a presentar a sus consejos municipales mociones que comprometan a la ciudadanía a practicar el boicot y a intervenir en nombre de esa libertad de expresión que usted quiso ejercer?

Jean-Claude Willem: En este momento son más bien las asociaciones implicadas en la lucha por la paz y la justicia en el Medio Oriente las que pudieran hacer eso. Yo no dispongo ya de esa posibilidad.

Existen Consejos Municipales que han tomado claramente posición en cuanto a la injusticia contra los palestinos, que han exigido que la Unión Europea aplique a Israel las sanciones previstas por la ley. Hay responsables de las autoridades locales electas que viajan periódicamente a Palestina para expresar su apoyo a los palestinos.

Como ya le dije anteriormente, a veces hay que saber no respetar la ley cuando ésta contradice nuestra moral, cuando se opone a nuestros ideales de justicia y de fraternidad.

Y sobre todo, cuando no queda espacio para el optimismo. Las cosas no han hecho más que empeorar desde la llegada de Sarkozy. Francia no marcha por el camino correcto.

Enlace original: http://www.voltairenet.org/article161496.html

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domingo, 7 de junio de 2009

Antisionismo no es antisemitismo


Ezequiel Adamovsky (LA VACA)
viernes 5 de junio de 2009
En estos días, una acción de una agrupación de izquierda en denuncia a los crímenes del Estado de Israel fue presentada en los medios como una “agresión antisemita” o “antisionista”, como si ambos términos fueran sinónimos.

Fue evidente la intención de los diarios y canales de TV de presentar a la izquierda en general como “antisemita” y violenta, sin la menor preocupación por contrastar la dudosa información que se filtró inicialmente.No puede aceptarse esta igualación, que muchos defensores de Israel pretenden imponer para silenciar cualquier crítica. La izquierda tiene una larga tradición de rechazo al sionismo y, al mismo tiempo, de defensa de los judíos contra toda discriminación. Nadie como la tradición de izquierda defendió y acogió en su seno a los judíos. La historia aporta muchos ejemplos. Hacia fines de la década de 1920 el Partido Comunista en Argentina tenía una importante proporción de afiliados judíos, que en Capital superaban el 14% (ninguna otra fuerza política podía mostrar en esa época un porcentaje similar). Los comunistas controlaban por entonces varios sindicatos de gremios en los que la mayoría de trabajadores eran judíos, como los de sastres, parquetistas, gorreros y panaderos israelitas. Obreros judíos animaban una Sección Judía del PC, que editaba periódicos y revistas en idisch de amplia circulación. Crearon además numerosas escuelas de expresión idish y otras entidades de apoyo a los judíos de todo el mundo. En los actos y conferencias partidarias el dirigente Máximo Rosen solía dar sus discursos en esa lengua, un signo de amistad hacia los judíos que ninguna otra fuerza acostumbraba mostrar. Ellos, sin embargo, estaban convencidos de que el sionismo era una forma de nacionalismo agresivo emparentada con el fascismo y el imperialismo. Por eso, el apoyo a los puntos de vista del PC palestino y la lucha contra el sionismo fueron preocupaciones centrales de las organizaciones de los judíos comunistas argentinos en esos años, que en varias ocasiones se enfrentaron incluso físicamente con los que pertenecían a organizaciones sionistas, a los que veían como enemigos. En una publicación de 1929, por ejemplo, se refirieron a ellos con los términos más duros:Los ‘fascistas sionistas’ se reagrupan llevando la ofensiva de brutales provocaciones a los camaradas comunistas, y escudados en el sentimiento nacionalista arraigado en la mentalidad de ciertas capas de obreros israelitas, continúan su labor de engaños y sofismas, de colectas por las cuales esquilman desde hace cuarenta años el bolsillo de los crédulos, y llevando a cabo la propaganda castradora y chauvinista al seno de las masas judías. (Véase H. Camarero: A la conquista de la clase obrera: los comunistas y el mundo del trabajo en la Argentina 1920-1935, Bs As, Siglo veintiuno, 2007, p. 311)Si los judíos comunistas de entonces hubieran tenido la ocasión de ver la violencia que el Estado de Israel ejercería mucho después contra los palestinos, el racismo abierto que profesan algunos de los líderes israelíes hoy en el gobierno y su íntima alianza con las tropelías del imperialismo norteamericano en Medio Oriente, no caben dudas que habrían visto confirmados sus peores pronósticos.La reciente difamación de la prensa no es un hecho puntual: forma parte de una verdadera campaña. En los últimos meses en varias ocasiones los representantes de las organizaciones más importantes de la comunidad judía han denunciado supuestos “brotes antisemitas” en Argentina. Que el antisemitismo existe y debe ser combatido, no cabe ninguna duda. Pero no ayuda a ello el uso político que de este tema realizan quienes apoyan las políticas israelíes. El mote de “antisemita” se viene usando con creciente intensidad con la sola finalidad de silenciar a aquellos que se atreven a criticar las injusticias que el estado de Israel viene cometiendo contra los palestinos. Es vergonzosa en este sentido la actitud del INADI de convalidar ese uso, confirmando la sospecha de “antisemitismo” que las organizaciones por-israelíes pretenden echar sobre todos los que no están de acuerdo con su línea política. La parcialidad de su titular, María José Lubertino, contrasta con la buena labor que viene realizando en otras áreas, y no es casual. En enero de este año tuvo el atrevimiento de acusar a Israel de “violar el derecho internacional” con su invasión a la Franja de Gaza, una afirmación de sentido común por la que, sin embargo, recibió durísimos ataques de los líderes de las entidades representativas de la colectividad judía y también del Jefe de Gabinete. Tras el incidente, que casi le cuesta su cargo, Lubertino parece haber aprendido la lección: no se puede ir en contra de la política del sionismo sin exponerse a serias consecuencias.Son sin embargo cada vez más los judíos que comprenden que el legado cultural milenario de un pueblo no puede atarse a los intereses de un estado militarista. Prominentes intelectuales como Naomi Klein vienen denunciando un nuevo “apartheid” contra los palestinos y llamando a un boicot contra Israel. Incluso rabinos y soldados israelíes han hecho pública su oposición. Pero además se han hecho oír voces de hartazgo frente a la manipulación de la denuncia “antisemita” y de la memoria del Holocausto. Sir Gerald Kaufman, miembro del Parlamento británico, se quejó públicamente de que el gobierno israelí “explota cínicamente el sentimiento de culpa que hay entre los cristianos por la masacre de judíos durante el Holocausto”, con el sólo fin de “justificar el asesinato de palestinos”. Su voz se suma a la de otros, como la del filósofo Michael Neumann, que viene protestando por lo mismo desde hace años. Para Neumann resulta un “escándalo” la atención que recibe el problema del antisemitismo en relación con otras formas de racismo de igual o mayor importancia. Más aún, opina que, teniendo en cuenta que quienes defienden la causa israelí sistemáticamente la relacionan con la identidad judía, no es sino comprensible que haya reacciones antijudías como parte del rechazo de la política del sionismo. Tanto Kaufman como Neumann son descendientes de víctimas del nazismo. En Argentina son varios los que alzaron su voz contra el uso político de la memoria de los sufrimientos del pueblo judío. Entre otros, lo hizo Laura Ginsberg, familiar de una víctima del atentado a la AMIA. Más recientemente lo han hecho Néstor Kohan y el grupo “No en Nuestro Nombre”.Es preciso reconocer que la forma más preocupante y extendida de discriminación a nivel global no es hoy la que afecta a los judíos. Los árabes y musulmanes vienen siendo objeto de ataques de odio racial en numerosos países. Los prejuicios antimusulmanes son moneda corriente en la cultura de masas (basta ver la cantidad de films en los que se los relaciona con la irracionalidad y el terrorismo). El racismo antiárabe está arraigado en la propia sociedad israelí. Como informó la BBC en 2007, encuestas llevadas a cabo entre jóvenes de ese país mostraron que un 75% opinaba que los árabes eran menos inteligentes y más “sucios” que otros pueblos. Indudablemente, la tolerancia que la opinión pública internacional viene mostrando frente a las sistemáticas violaciones de derechos humanos que afectan a musulmanes se explica en buena medida por esos prejuicios. En el mundo de Guantánamo y Abu Ghraib, de las cárceles clandestinas de la CIA en Europa y del fósforo blanco cayendo sobre niños en Palestina, combatir el racismo antiárabe debería aparecer como la prioridad principal para cualquier persona justa. No debe llamar la atención que la tradición de izquierda denuncie hoy el sionismo, como lo ha hecho siempre. Y tampoco puede nadie asombrarse de que hoy defienda a los árabes y musulmanes de las discriminaciones y agresiones que reciben, tal como lo hizo en el pasado cuando los judíos eran las principales víctimas de ese tipo de ataques. El odio contra árabes y musulmanes es el nuevo antisemitismo

Ezequiel Adamovsky es historiador e investigador del CONICET.

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jueves, 28 de mayo de 2009

Del antisionismo


28-05-2009
Rudolf Bkouche
Rebelión
Traducido para Rebelión por S. Seguí

Pregunta: ¿por qué la “J” en el nombre de la la UJFP o la IJAN?* ¿Por qué razón tenemos que destacar en nuestro apoyo a los palestinos el hecho de que somos judíos?

Hay varias respuestas posibles a esta pregunta, y es lo que proponemos examinar en este texto. Se pueden dar razones de orden moral, como la que consiste en el grito de protesta No en nuestro nombre para demostrar así que no todos los judíos somos incondicionales del sionismo; o también la de que aporta a los movimientos de apoyo a la lucha de los palestinos una garantía de no-antisemitismo. Pero estas razones están basadas más en el deseo de emitir un certificado de buena conciencia, tanto para los judíos que afirman su judaísmo en un combate en el que los malos pretenden ser los representantes del conjunto de los judíos, como para los que, luchando contra la política israelí, sienten la necesidad de declarar su rechazo del antisemitismo. En los dos casos, se ocultan las razones políticas del apoyo a la lucha de los palestinos, es decir, la injusticia cometida contra ellos en 1948.

Se trata pues de aclarar las razones políticas para destacar la "J" en nuestro compromiso, y estas razones sólo tienen sentido si se cuestiona la ideología subyacente al Estado de Israel, es decir, el sionismo. No sólo porque condujo a la destrucción de la sociedad palestina, sino también porque esta destrucción se realizó en nombre de las persecuciones antijudías sufridas en Europa. Es este doble cuestionamiento lo que conduce al antisionismo judío.

Para explicar esto, comenzaremos por un breve resumen histórico del sionismo y de la creación del Estado de Israel. Volveremos de nuevo a continuación sobre el significado del antisionismo considerado como una crítica de la ideología fundadora del Estado de Israel.

¿Qué el sionismo?

El sionismo es un movimiento judío laico que quiso ser una respuesta al antisemitismo europeo del siglo XIX. Decir que es judío significa que lo han fundado judíos, decir que es laico significa que se construyó independientemente de toda referencia religiosa.

En una reacción al antisemitismo europeo del siglo XIX, el sionismo se propuso plantear la cuestión judía como cuestión nacional. Entonces se presentó como un movimiento de liberación nacional en la esfera de influencia de los movimientos nacionalitarios europeos, inscribiéndose así en la concepción de Herder que establece, para definir la nación, la tierra y la lengua. Esta concepción deja entrever el hecho de que los primeros promotores del sionismo son judíos de cultura germánica.

Pero como escribió Jacob Klatzkin, redactor jefe del diario del movimiento sionista Die Welt:

"Pero nuestra tierra no es la nuestra y nuestra lengua no es hoy la lengua de nuestro pueblo. Sí, estas son realizaciones que deben ser realizadas por nuestro movimiento nacional."[1]

Es pues misión del movimiento sionista definir una tierra y una lengua que no existían.

Para definir la tierra y la lengua de una nación judía por construir, o incluso podríamos decir reconstruir, el sionismo va a basarse en la historia mediante una lectura laica de la Biblia definida como el libro de la historia de la nación judía. Es esta lectura laica que va a materializar la ideología sionista.

La cuestión de la lengua será solucionada por la modernización de la lengua hebrea, obra de Ben Yehuda.

La cuestión de la tierra, por su parte, va a chocar con el hecho de que la tierra de la antigua nación judía, Palestina, está poblada. Ante esta realidad, van a desarrollarse dos tendencias en el seno del movimiento sionista, los territorialistas que buscan "una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra" [2] y los palestinocentristas para quienes el Estado judío sólo puede situarse en Palestina. Estos últimos tienen a su favor la ventaja de la historia y triunfarán en el Congreso sionista de 1903.

Una vez decidida la construcción del Estado judío en Palestina, el sionismo se convierte en movimiento de conquista: para reconstruir en Palestina la antigua nación de Israel es preciso conquistar la tierra y expulsar a sus habitantes, lo que implica la guerra, como explica Jabotinsky:

"Los habitantes autóctonos de un país (civilizados o salvajes, eso es indiferente) siempre han combatido con encarnizamiento a los extranjeros venidos a establecerse, civilizados o salvajes." [3]

Cabe tener en cuenta aquí que no se trata de una cuestión de racismo, sino sólo de una constatación brutal que implica la necesidad de la guerra y que conducirá más tarde al desarrollo de un racismo anti árabe [4]. Las concepciones de Jabotinsky son compartidas por todas las corrientes sionistas, en particular por la corriente dominante que se unificará después de muchas peripecias en torno a Ben Gurión [5].

Conquista de la tierra y pureza étnica, dos conceptos que definen al sionismo como un nacionalismo extremo.

Sionismo y colonialismo; intereses comunes
El sionismo no se inscribe a priori en el movimiento colonial. No hay metrópolis. El objetivo consiste en conquistar la tierra y expulsar a sus habitantes, no en explotarlos como fue el caso de las colonias conquistadas por las potencias coloniales. Se puede entender, y algunos lo hicieron, como una versión moderna de la conquista de Canaán.

Sin embargo, para aplicar su proyecto el sionismo necesita aliados e irá a buscarlos en las potencias imperialistas, principalmente Alemania y Gran Bretaña.

Gran Bretaña comprenderá el interés en apoyar el movimiento sionista. Un Estado judío, o al menos una fuerte presencia judía de origen europeo en Palestina, puede favorecer su influencia en la región. Es éste el sentido de la declaración Balfour.

El sionismo y los judíos
Al igual que todo otro movimiento nacionalista, el sionismo pretende en primer lugar extender su influencia entre aquéllos a los que pretende representar. Eso fue tanto más fácil cuanto que el antisemitismo progresó en Europa hasta su forma extrema: el nazismo.

En sus comienzos, el sionismo es un movimiento minoritario entre los judíos y se enfrenta a la oposición de los judíos ortodoxos (los primeros judíos antisionistas) y los judíos revolucionarios (comunistas y partidarios del Bund). Cabe destacar que la mayoría de los judíos que huyen del antisemitismo de la Europa Oriental no van a Palestina sino que van a establecerse en Francia (país mítico de los derechos humanos y de la emancipación de los judíos) o en Estados Unidos (el sueño americano).

El movimiento sionista tomará importancia a medida que se desarrolle el antisemitismo en Alemania, y que las democracias occidentales (Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos) adoptarán medidas para limitar la inmigración judía [6].

Tras la segunda Guerra Mundial y el genocidio, el sionismo se volverá mayoritario entre los judíos europeos por dos razones: por una parte, las corrientes opuestas al sionismo habían sido destruidas por el genocidio; por otra parte, el sionismo aparecerá a los ojos de los judíos como el movimiento de defensa de los judíos, y el Estado judío de reciente creación será visto como un refugio.

El sionismo está entonces en situación de aparecer como representante de los judíos en su conjunto; el Estado de Israel, como el último refugio y centro de la vida judía. Es esto lo que condujo a la ecuación judío = sionista, definición que señala la voluntad del sionismo de reunir bajo su férula el conjunto de los judíos del mundo, y de presentar el Estado de Israel como el Estado de los judíos [7].

La gran mayoría de éstos, incluso los que van a incorporarse al Estado de Israel, no verán o no querrán ver la injusticia perpetrada contra los habitantes de Palestina. Los judíos, convertidos en israelíes, se comportarán entonces frente a los palestinos como los petits-blancs de las colonias de poblamiento, y es este comportamiento, reforzado por el ideal de pureza étnica desarrollado por el movimiento sionista, el que lleva a definir el Estado de Israel como un Estado colonial.

Cabe tener en cuenta, sin embargo, que la construcción de colonias en Cisjordania y Gaza desarrollada desde 1967 se inscribe menos en la concepción colonial clásica que en la voluntad de acabar la conquista de Palestina y extender el territorio israelí a toda Palestina.

El sionismo, el Estado de Israel y las grandes potencias
Los vencedores de la segunda Guerra Mundial, esencialmente Estados Unidos y la Unión Soviética, verán en la creación de un Estado judío en Oriente Próximo un medio para introducirse en la región. Así, el Estado judío aparece a la vez como una respuesta al genocidio y como una baza geopolítica.

Estados Unidos y la Unión Soviética serán los primeros en reconocer el Estado de Israel después de su proclamación, el 14 de mayo de 1948. Es preciso, sin embargo, tener en cuenta las reticencias del Departamento de Estado estadounidense, que teme que, bajo la influencia del sionismo considerado como un movimiento socialista, el nuevo Estado se incorpore al campo soviético (estamos al principio de

la Guerra Fría). En cuanto a la Unión Soviética, suministrará armas al ejército israelí vía Checoslovaquia, garantizándole así la victoria sobre los ejércitos árabes. Pero la opción de Occidente realizada por Israel y razones geopolíticas llevarán a la URSS a buscar la alianza de los países árabes.

En cuanto a la ONU, que en esa época representa esencialmente a las grandes potencias, no puede ni quiere comprender que el plan de división consagra una injusticia contra los palestinos, y el Estado de Israel ingresará en la ONU bajo la promesa, no mantenida, de permitir el regreso de los palestinos expulsados.

La creación del Estado de Israel consagra una injusticia contra los habitantes de Palestina. Es la razón de la negativa árabe a reconocer al Estado de Israel, y serán necesarios cuarenta años para que los palestinos, reconociendo su derrota, acepten el principio de dos Estados sobre la tierra palestina con la declaración del Congreso Nacional Palestino en Argel en 1988, declaración de la que los distintos Gobiernos israelíes nunca han querido ni oír hablar. Esta negación israelí sigue siendo el principal obstáculo hoy a toda solución del conflicto.

Del antisionismo
Es preciso distinguir la crítica de la política del Estado de Israel, y de la crítica de la ideología sionista, considerada como un nacionalismo extremo. Pero, a diferencia de otras ideologías nacionalistas extremas (el fascismo en Italia, el nazismo en Alemania) que se desarrollaron en Estados constituidos, el sionismo es la ideología constitutiva del Estado de Israel. El antisionismo aparece así como un cuestionamiento del Estado de Israel. Y en realidad lo es. Si este cuestionamiento no implica necesariamente la destrucción del Estado de Israel, plantea la cuestión de su desionización. La pregunta se plantea entonces bajo la siguiente forma: ¿puede deshacerse el Estado de Israel de la ideología sionista? Esta desionización sigue siendo la condición sine qua non para que una solución negociada del conflicto sea posible, y esto por dos razones: en primer lugar, el reconocimiento de la injusticia de 1948, reconocimiento que implica reparación; en segundo lugar, el hecho de que una parte de la población del Estado de Israel sea palestina lo que contradice el lema "un Estado judío y democrático”.

El antisionismo puede pues definirse como la posición de los que rechazan la injusticia de 1948, poniendo en entredicho no solamente la política israelí sino el principio mismo de un Estado judío en Palestina. Es este cuestionamiento el que provoca que el movimiento sionista y sus simpatizantes vean en el antisionismo la forma moderna del antisemitismo.

No basta con declarar que la confusión entre antisionismo y antisemitismo es ilegítima, es preciso además explicar en qué es ilegítima. Tanto más cuanto que existen, entre los antisionistas tendencias antijudías entre las cuales hay que distinguir las que son resultado de la ignorancia y de una falta de reflexión, y las que se basan en doctrinas antijudías.

Antisionismo y antisemitismo
La voluntad sionista de representar al conjunto de los judíos del mundo y el hecho de que la gran mayoría de los judíos manifieste su simpatía por el sionismo y reconozca el carácter central del Estado de Israel en el mundo judío ha conducido a numerosos adversarios del sionismo a identificar a los judíos y los sionistas. Ante el unanimismo judío declarado por el sionismo y la simpatía indicada por la mayoría de los judíos, las víctimas del sionismo, es decir, los habitantes de Palestina, y sus aliados a menudo han considerado que el conjunto de los judíos apoyaba el sionismo lo que condujo algunos a desarrollar sentimientos anti judíos (el racismo de guerra del que habla Maxime Rodinson). Así, la amalgama se da en ambas partes. El antisionismo puede aparecer entonces como la forma moderna del antisemitismo.

Luchar contra esta amalgama no puede reducirse a algunos discursos más o menos explicativos que afirmen que el judaísmo no es el sionismo, dado que la cuestión se complica debido a que el judaísmo no se reduce, por razones de carácter histórico, a la religión.

Se puede comprender, basándose en el discurso del ortodoxos de Neturai Karta, que la religión judía no solamente no implica el sionismo sino que además lo condena; se sigue estando en la visión religiosa del conflicto. ¿Pero qué sucede con los ateos que se declaran judíos y no sionistas? ¿Qué significa "ser judío" si se rechazan a la vez la religión y el sionismo?

No hay que abordar la compleja cuestión del judaísmo, se trata sólo de explicar la necesidad de dar una respuesta clara a la cuestión de un judaísmo que pretende definirse al margen de la religión y del sionismo. Y esta respuesta clara se sitúa en el antisionismo, y precisamente, en el antisionismo judío.

Del antisionismo judío
¿Por qué un antisionismo judío?

El apoyo a la lucha contra la política israelí y la ideología que la sostiene se sitúa en un marco general: la lucha por el reconocimiento de los derechos del pueblo palestino. ¿Cuál es la relación entre el hecho de que judíos participen en este apoyo y el hecho de que sean judíos?

Los movimientos israelíes de apoyo a los palestinos expresan el rechazo por parte de israelíes de la política efectuada por su Gobierno. Pero incluso en este caso, el objetivo de estos movimientos es doble: a la vez de apoyo a los palestinos oprimidos por el Gobierno y la negativa a participar de esta opresión. ¿De qué manera afecta esto a los judíos del resto del mundo? Es por esta razón que abordaré la cuestión del antisionismo judío.

El sionismo, como ideología constitutiva del Estado de Israel, se define como un nacionalismo judío, y en este sentido se presenta como representante el conjunto de los judíos. El título de la obra de Herzl, Judenstadt (El Estado de los judíos) es significativo y la Ley de Retorno, que ofrece la ciudadanía israelí a todos los judíos del mundo, es uno de los principios fundamentales del Estado de Israel. En este sentido los judíos se ven afectados por la política israelí al margen de su voluntad.

No basta con protestar, decir No en nuestro nombre, y añadir que representamos otra voz judía. Esto es a lo sumo una manifestación de buena conciencia, necesaria sin duda, pero que nos sitúa en el mismo plano que el movimiento de rechazo israelí, lo que no corresponde a nada puesto que no somos israelíes.

Se pueden tener en cuenta dos maneras de destacar la "J" del movimiento de apoyo a la lucha de los palestinos. Una primera manera es presentarse como buenos judíos que se niegan a dejarse embarcar en la aventura sionista. Una segunda manera es aportar un reconocimiento al movimiento de apoyo a los palestinos, que con la presencia de los judíos se pone de manifiesto que este movimiento está libre de antisemitismo. En los dos casos se trata de garantizar un certificado de moralidad, sea ante nosotros mismos, sea ante el movimiento de apoyo. En realidad eso no nos compromete como judíos; lo mismo podrían continuar los que ya se habían comprometido en el movimiento de apoyo sin añadir una "J" de buena conciencia.

Si hay una "J" en el movimiento de apoyo, ésta debe tener un significado político y es este significado político el que queremos abordar.

Con más o menos entusiasmo, pero sin llegar rechazar nuestro judaísmo, nos hemos comprometido en la aventura sionista simplemente porque el sionismo se define no como un movimiento judío entre otros sino como el movimiento nacional judío. Sigue funcionando como un movimiento nacional judío por las ramificaciones que ha construido en el mundo judío mediante distintas organizaciones judías, ramificaciones que tienen por objeto mantener una presión sobre los gobiernos a fin de apoyar la política israelí. Se habló de grupo de presión judío, o por eufemismo de grupo de presión sionista [8]. Pienso que el término de grupo de presión judío es más adecuado a condición de dar al término grupo de presión su sentido exacto como tal, y de no definir el grupo de presión judío como una conspiración a la manera de los Protocolos de los Sabios de Sión, y asignarle así un poder diabólico. Un grupo de presión funciona a la luz del día y el grupo de presión judío no es diferente. Es necesario pues hablar como se habla de los otros grupos de presión y criticarlo, o incluso luchar contra él, cuando sea necesario.

¿Por qué llamarlo grupo de presión judío? Porque se constituye, en los países en que opera, en torno a las asociaciones judías representativas, como la CRIF en Francia [9]. Estas asociaciones no se contentan con un trabajo de cabildeo, se definen como representativas del conjunto de los judíos de los países donde operan, y son aceptadas como tales tanto por las autoridades públicas como por los medios de comunicación. Todo eso no puede sino reforzar las amalgamas. Pero se puede considerar que estas amalgamas participan de la estrategia de las organizaciones en cuestión, mezclando el apoyo al Estado de Israel y la lucha contra el antisemitismo, afirmando así que toda crítica del sionismo y de la política israelí equivale a antisemitismo, y que la lucha contra el antisemitismo pasa por el apoyo a la política israelí. Que eso pueda conducir a la definición judío = sionista forma parte de la voluntad de reunir a los judíos en torno al sionismo; que los judíos en su conjunto puedan aparecer como objetivos para algunos antisionistas no pueden sino reforzar la influencia del sionismo sobre los judíos.

Si el sionismo se constituyó en reacción contra el antisemitismo, hoy éste tiene necesidad del antisemitismo, por una parte para reunir en torno él la mayoría de los judíos en el mundo, por otra parte para mantener su presión sobre los gobiernos amigos mezclando el apoyo a la política israelí y lucha contra el antisemitismo, de ahí el papel de las organizaciones judías pro sionistas. Se pueden pues considerar a estas organizaciones como un pulpo que se propone encerrar el conjunto de los judíos en la nasa sionista, consolidando así la amalgama judío = sionista. Las recientes intervenciones de la CRIF en apoyo al Estado de Israel durante los bombardeos de Gaza lo mostraron una vez más.

Estamos pues implicados como judíos. El antisionismo judío tiene por consiguiente dos objetivos a la vez distintos y complementarios: por una parte, apoyar la lucha de los palestinos por sus derechos; por otra parte, luchar contra la influencia sionista sobre los judíos.

Si bien el primer objetivo participa del antisionismo, el segundo objetivo es específico del antisionismo judío.

El antisionismo judío, es decir, la crítica judía del sionismo, no surge ni en la necesidad de una buena conciencia ni de un deseo de pureza ideológico: representa una necesidad existencial si se quiere evitar el desarrollo de nuevas formas de judeofobia, a las cuales conduce una ideología cuyo carácter catastrófico ha quedado probado históricamente. Si el sionismo se ubicó en el centro de la vida judía después del desastre del genocidio, hoy constituye un peligro para los judíos y es ya hora de que éstos se libren de él.



(*) Union juive française pour la paix (UJFP) e International Jewish Anti-Zionist Network (IJAN)



[1] Cf. Yohannan Manor, Nacimiento del Sionismo Político, (Pról. Annie Kriegel), Julliard, París 1981, p. 190

[2] Lema inventado por Israel Zangwill, uno de los líderes de los territorialistas.

[3] Zeev Jabotinsky, La muralla de hierro, en Denis Charbit, Sionismos (textos fundamentales), publicados por Denis Charbit, Presencia del Judaísmo, Albin Michel-Menorah, París 1998, p. 538

[4] Cabe destacar que, contrariamente a sus herederos, Jabotinsky no habla de superioridad de la raza judía, se limita a afirmar que si los judíos quieren reconstruir su Estado en Palestina, deben llevar una guerra contra sus habitantes, reconociendo que estos habitantes resistirán. Plantea así la cuestión, que a menudo resurgirá, de dos derechos que se oponen para la posesión de una misma tierra. La oposición entre las dos poblaciones y las condiciones de la guerra, en particular la voluntad de pureza étnica del nuevo Estado, conducirán al movimiento sionista a desarrollar una versión racista de esta guerra.

[5] Zeev Sernhell, Aux origines d'Israël (Entre nationalisme et socialisme), Gallimard, París 1996/2004

[6] Se puede recordar la conferencia de Evian, de 1938, organizada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia sobre la recepción de los judíos que huyen de la Alemania nazi. El proyecto de los organizadores era encontrar países de recepción con el fin de evitar que los refugiados se dirijan a los países organizadores de la conferencia.

[7] El Estado de los judíos es la traducción correcta de la obra de Herzl: Judenstadt

[8] Puede optarse por la expresión "grupo de presión sionista" o "grupo de presión pro israelí", pero es preciso reconocer que las asociaciones que las componen, aunque sus miembros no sean todos judíos, como es el caso del AIPAC en Estados Unidos, no sólo mantienen la amalgama judío = sionista, sino que se esfuerza en popularizarla.

[9] Si la CRIF, nacida de la Resistencia al final de la segunda Guerra Mundial, se inscribió en la esfera de influencia progresista, con el paso del tiempo se convirtió en un movimiento se apoyo al sionismo y a la política israelí.


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