
InSurGente.-
La Eurocámara creó, a finales de la década de 1.990, un registro de lobbistas acreditados ante el parlamento mediante una tarjeta de acceso total, incluidos plenos y comisiones. En la actualidad son 4,435 los lobbistas oficialmente registrados en el parlamento Europeo, lo que , con un foro de 732 escaños, da una proporción de ¡seis lobbistas por diputado!.
Increíble y encima oficialmente, se les acredita. Es decir, que verdaderamente en Bruselas no hay representantes de los ciudadanos europeos, sino sólo representantes de las multinacionales que manejan a su gusto e interés el parlamento europeo. Muchos eurodiputados después se pasan a trabajar a las empresas privadas como pago por sus servicios realizados. Todo y más en el libro “Conspiraciones tóxicas”.
Rafael Carrasco, Miguel Jara y Joaquín Vidal, buenos investigadores nos desvelan en su libro “Conspiraciones Tóxicas”, además de numerosas manipulaciones e intereses que podremos tratar en otra ocasión, la vida de los lobbies, sus funciones y como consiguen que los informes que defienden ellos y sus empresas, lleguen a los Eurodiputados y consigan que una determinada Ley sea paralizada o modificada según la conveniencia de las multinacionales.
Sus autores nos dicen si alguna vez nos hemos preguntado por qué se tolera la creciente contaminación química del aire, o los alimentos, la pérdida de recursos vitales como el agua, los bosques o el suelo fértil y hasta catástrofes que se cobran vidas, como las riadas, los incendios o los escapes radiactivos. La respuesta tiene mucho que ver con la presión de ciertos intereses privados sobre quienes deciden las políticas medioambientales y sobre otros agentes (asociaciones y medios de comunicación) con capacidad de influir sobre esos decidores públicos. Es un trabajo en la sombra de organizaciones creadas exclusivamente con ese fin “influidor” para proteger los negocios de ciertos sectores económicos, aunque sea al precio de degradar nuestro entorno y, por tanto, nuestra salud, nuestra seguridad y nuestros recursos.
En nuestro país, los lobbies operan al margen de toda regulación, están cada vez más asentados y cuentan con más organizaciones que actúan en nombre de poderosos sectores económicos ante las administraciones públicas, el mundo científico o los medios de comunicación.
Bruselas es el paraíso del lobbista y el más importante centro de poder mundial después de Washington. Las actuales instituciones comunitarias, por el contrario, se definen más bien según este informe publicado, por el “pasotismo” a la hora de regular sectores como la incineración de residuos, el plástico PVC o infinidad de pesticidas tóxicos, sobre los que existen claras sospechas de estar dañando nuestra salud, y protege descaradamente a industrias tan controvertidas como la de los transgénicos, la energía nuclear, los envases, el automóvil, las líneas aéreas o las plantas térmicas de electricidad. Mientras, sectores considerados unánimemente “benignos” para el medio y para la economía europeos, como la energía solar, energía libre, agricultura ecológica, el ferrocarril, Agenda 21, Carta de la Tierra; esperan y esperan un apoyo decidido de la UE que nunca llega.
Los datos que nos da este informe son sobrecogedores. Existen unos 2.000 lobbies que dan empleo a 15.000 personas, repartidos por los departamentos de “asuntos regulatorios” de las empresas multinacionales, las asociaciones empresariales, agencias de relaciones públicas, ONGs, consultoras de “asuntos públicos”, bufetes legales y lo último, institutos de ideas denominados think tanks y asociaciones fantasmas dedicadas supuestamente a la protección del medio ambiente, pero que en realidad están financiadas y dirigidas por intereses nada ecológicos. Semejante ejército, nos cuentan, permite al poder económico conocer las intenciones de los “burócratas” poco menos que desde que las ideas salen de sus cabezas. Según el Obervatorio de la Europa de las Corporaciones (CEO), una fundación antilobbies con sede en Amsnterdam (Holanda), unas 200 multinacionales han abierto oficina en las cercanías de la Comisión Europea o de la Eurocámara para tratar con ellas asuntos de su incumbencia.
Según un lobbista que trabaja en una Asociación de empresas productoras de electricidad, dice que su especialidad es el Parlamento Europeo y a él acude en Bruselas o en Estrasburgo, cada vez que hay plenos, comisiones, seminarios o entrevistas con diputados, asistentes y asesores para tener buenas conexiones con ellos, tenerlos informados de lo que hacen y estar a su vez informados de lo que ellos hacen. Si por ejemplo se esta preparando una directiva, mandan un informe con el punto de vista de la multinacional a quien representa o piden una reunión con el ponente principal y con los ponentes de los principales grupos políticos cuando la propuesta de la Comisión entra en el Parlamento. Es decir, les comen el coco con lo que les interesa, con buenas palabras, con cócteles, comidas, meriendas, fiestas cuyo objetivo final después de tanta amabilidad gratuita, es la entrega del informe que interesa para que esta enmienda o tal articulo o ese decreto no salga o se modifique por el interés del lobbie a quien representa. Este despliegue de medios y de dinero solo se lo puede permitir las multinacionales y encima están en contacto directo continuo de quien va a votar o legislar, los eurodiputados y asesores, con lo cual no es difícil comprender por cual opción al final de decantará el eurodiputado de turno. Los ciudadanos o los grupos que se oponen a estas manipulaciones, sólo pueden poner el grito bajo sus palabras, ya que no tienen medios de tener oficinas y lobbistas profesionales en el mismo centro de Bruselas para velar por los intereses reales del ciudadano europeo.
El 90 por ciento de las oficinas del Barrio Europeo están ocupadas por este nutrido grupo de presión, pared con pared con las diferentes direcciones generales de la Comisión Europea, del Parlamento y del Consejo. Según el informe, cuando luce el sol, se ven por todas partes funcionarios, parlamentarios o asistentes de los parlamentarios comiendo con uno o varios lobbistas o tomando una copa en alguna de las terrazas de la plaza de Luxemburgo y sus alrededores.
Según Raúl Romera, eurodiputado de Iniciativa per Catalunya, adscrito al Grupo Verde del Europarlamento, conoce bien esta situación. “Votamos entre 200 y 400 enmiendas en una hora, mediante listas de voto; esa lista se prepara una hora antes y lo suelen hacer los asesores de los grupos parlamentarios, aunque luego el eurodiputado lo matiza, al final uno no sabe lo que vota y, en ocasiones, recibimos de los lobbies la lista de voto con sus recomendaciones y me consta que algunos siguen esas indicaciones”. Graves declaraciones de un representante público contra lo que creíamos que el Parlamento Europeo era la máxima representación de la libertad por los intereses de los ciudadanos europeos. La verdad es que debemos reflexionar seriamente sobre estos graves hechos porque lo único que demuestran es que no existe democracia alguna ya que las multinacionales nos quitan la única esperanza que teníamos los ciudadanos por defender nuestros intereses a través de nuestros representantes. Unos eurodiputados que como hemos visto, votan sin saber que votan, quedando a la merced de verdaderas hienas que representan los intereses de las empresas y que camelan a “nuestros representantes” con comidas, almuerzos y fiestas.
No tiene desperdicio alguno este libro que nos abre los ojos a las “conspiraciones tóxicas”. Ya no me extraña muchas cosas que no se entendía bien como por ejemplo, porque tardan diez años a más en reconocer que un tipo de sustancia es tóxica para los seres humanos y prohibirla o la aprobación de unas determinadas legislaciones que no impide el uso de los transgénicos. Los lobbies se han encargado de maquillar, de utilizar y manipular a su conveniencia todas estas legislaciones que se decantan muchas veces a favor de las multinacionales. Estamos por tanto en un mundo donde nos hacen ver que existe la democracia, pero que sin embargo la realidad es bien distinta y estamos gobernados por verdaderas mafias de poder que se encuentran por encima de los políticos.
Encima, por si fuera poco, la Eurocámara creó, a finales de la década de 1.990, un registro de lobbistas acreditados ante el parlamento mediante una tarjeta de acceso total, incluidos plenos y comisiones. En la actualidad son 4,435 los lobbistas oficialmente registrados en el parlamento Europeo, lo que , con un foro de 732 escaños, da una proporción de ¡seis lobbistas por diputado!. Increíble y encima oficialmente, se les acredita. Es decir, que verdaderamente en Bruselas no hay representantes de los ciudadanos europeos, sino sólo representantes de las multinacionales que manejan a su gusto e interés el parlamento europeo. Muchos eurodiputados después se pasan a trabajar a las empresas privadas como pago por sus servicios realizados.
Pedro Pozas Terrados (Nemo) / ECOticias.com
martes, 12 de enero de 2010
Los 'Lobbies' manipulan el Parlamento Europeo en beneficio de las multinacionales
martes, 22 de septiembre de 2009
La última maniobra extrajudicial de la farmacéutica Pfizer
1.600 MILLONES DE EUROS PARA NO IR A JUICIO
La historia de la mayor farmacéutica del mundo está cuajada de actuaciones fuera de la legalidad. A golpe de chequera, el laboratorio se ha sacudido todas las causas judiciales pendientes por la promoción comercial fraudulenta de cuatro de sus medicamentos. No ha sido juzgado por los posibles daños en la salud de las personas que los ingirieron.
MIGUEL JARA
(Autor de Traficantes de salud y del blog migueljara.wordpress.com)
17 de septiembre de 2009.
Ilustración: Irene Cuesta
Tiene algo de obsceno esto de la compra de ‘injusticia’ por parte de Pfizer. Al fin y al cabo, pagar para que no se produzcan juicios es comprar la Injusticia. Tiene algo de medieval, de un tiempo en que los señores feudales imponían su ley por el simple hecho de ser los más fuertes económicamente. Éste ha sido el acuerdo extrajudicial alcanzado entre una administración pública y la multinacional farmacéutica de mayor monto en la historia: 1.600 millones de euros. No será el último. En realidad, es costumbre en el sector que cuando un laboratorio o grupo de ellos ha creado los suficientes problemas como para enfrentar la Justicia el primero prefiera llegar a un acuerdo previo a los tribunales. Se buscan dos objetivos principales. El primero, ahorrarse dinero: por alta que sea la cifra a pagar suele ser menor que la que deberían asumir en caso de celebrarse los juicios. Segundo, cuidar la imagen corporativa: aparecer una sola vez en la prensa por motivos que socavan con tanta claridad la imagen de una empresa es menos malo que exponerse a ser ’percha informativa’ de los periodistas durante los muchos meses que, de celebrarse, dura un pleito de estas características.
Uno de los medicamentos por los que Pfizer se ha visto obligada a pagar al Departamento de Justicia del Gobierno de EE UU para evitar juicios por realizar propaganda engañosa y prescribir el medicamento para otros usos es Bextra (valdecoxib). Conocido como la ‘superaspirina’, este medicamento para la artritis, la artrosis y el dolor agudo, multiplicaba al menos por dos el riesgo de infartos de miocardio y cerebrales. Un estudio de la la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) en EE UU, indica que lo triplicaba. Pertenece a la familia de los coxib, como Celebrex, un grupo de medicamentos modernos muy conocido entre médicos, y sobre todo farmacéuticos y farmacólogos, por ser especialmente peligroso para la salud.
Fíjense que el acuerdo entre el Gobierno estadounidense y Pfizer es por propaganda fraudulenta de varios medicamentos, no por los daños que pueda haber provocado en la salud Bextra, cuando su fórmula es básicamente la misma que la de un medicamento retirado por mortal en 2004: Vioxx.
La sombra alargada de Vioxx
En 2004, el laboratorio Merck retiró ’voluntariamente’ su antiartrítico Vioxx (rofecoxib), dado que se demostró que Vioxx podía causar infartos de corazón y cerebrales en sus consumidores, como así fue en cientos de miles de personas con los resultados funestos que pueden imaginar. Vioxx se lanzó al mercado en EE UU en 1999 y fue comercializado en más de 80 países. Las ventas mundiales en 2003 fueron de 2.500 millones de dólares, según datos de la propia corporación. La prohibición del preparado de Merck puso en el punto de mira a sus primos hermanos: Celebrex, del que la Agencia Española de Medicamentos emitió en diciembre de 2004 una nota desaconsejando su uso en personas con problemas cardiacos, pero sin retirarlo; o Bextra, que en España no llegó a venderse y fue retirado en 2005 del mercado por los riesgos de infarto ya comentados. Ambos medicamentos eran fabricados por Pfizer con el mismo principio activo (coxib). Es muy difícil entender entonces cómo Celebrex continúa ofreciéndose en las farmacias de medio mundo para “aliviar el dolor”. ¿Cuándo se decidirán las autoridades sanitarias a promover pleitos por los daños en la salud que pueda estar provocando el Celebrex de Pfizer?
El fabricante de Vioxx conocía sus riesgos tras realizar el ensayo APROVe, siglas en inglés de Prevención de Pólipo Adenomatoso con Vioxx, pero ocultó a la FDA esos trabajos para poder comercializarlo. Las agencias del medicamento, como la estadounidense o la europea, aunque parezca mentira, no realizan estudios independientes sobre los fármacos para los que los laboratorios les solicitan licencia, se limitan a revisar la documentación sobre dichos medicamentos que les presentan los fabricantes. La FDA ha calculado que por la ingesta de Vioxx se produjeron 27.000 casos de infarto y muertes súbitas desde 1999 sólo en EE UU.
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Cobayas humanas
En 1996, la farmacéutica más poderosa del mundo ensayó ilegalmente su nuevo antibiótico Trovan (trovafloxacino) en 200 niños del Estado nigeriano de Kano, durante una epidemia de meningitis. Un total de 11 niños murieron y decenas sufrieron daños graves, incluso cerebrales. Más de 11 años después las autoridades de Kano y el Gobierno nigeriano iniciaron una demanda judicial (civil y penal) por la que pedían 7.000 millones de dólares y sentar en el banquillo a tres directivos de la compañía. El acuerdo extrajudicial del caso, que casi con toda seguridad inspiró la novela de John Le carré El jardinero fiel, se estancó por los desacuerdos sobre las responsabilidades y compensaciones a las víctimas. En abril de este año, el diario The Independent informó de un posible acuerdo final, pero éste no fue confirmado.
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El caso Neurontin
Pfizer ya fue hallado culpable y pagó 430 millones de dólares en 2004 por promocionar el antiepiléptico Neurontin (gabapentina) para patologías tan dispares como el déficit de atención, las migrañas o el trastorno bipolar. En un solo año, sin embargo, Neurontin llegó a recaudar para la compañía 2.700 millones de dólares: el 90% de las recetas no correspondían a ninguna de las indicaciones aprobadas por la FDA. Según IMS Health, una compañía que compila datos de venta del mercado farmacéutico en todo el mundo, en el Estado español, entre abril y junio de 2002, Neurontin fue recetado sobre todo para dolencias psicológicas, como la depresión y las fobias, y para otros trastornos, como la adicción al alcohol e incluso el tratamiento de ciertos herpes y diabetes. Recetas médicas, se entiende, con ‘premio’ para el facultativo que las firma.
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A dios rogando...
La compañía que fabrica el medicamento más vendido del mundo, Lipitor, para el colesterol, y la famosa Viagra, tiene varios programas de acción social. Durante 2009 sorprendió con el ofrecimiento gratuito durante un año de medicamentos a los estadounidenses en paro. Cuidar la imagen corporativa es una prioridad para Pfizer. Por ello, en lugar de enfrentar cada una de las demandas pendientes prefiere pagar la última gran multa que, como ha señalado la propia compañía, no tendrá un impacto en su cuenta de resultados, porque ya fue descontada en el balance del ejercicio de 2008. La mayor multa de la historia de las farmacéuticas apenas ha despeinado al gigante. Los títulos del laboratorio estadounidense, en pleno proceso de consolidación y fusión con su rival Wyeth, no han sufrido casi variaciones.
domingo, 19 de abril de 2009
El lobby farmacéutico y transgénico en el Gobierno ZP
Publicado el 22 Abril 2008 por Miguel JaraPronto van cumpliéndose las peores expectativas en materia sanitaria y de medio ambiente con el nuevo Gobierno de Zapatero. La jugada de la desaparición de Cristina Narbona y el Ministerio de Medio Ambiente, o para mayor exactitud, la absorción por parte del Ministerio de Agricultura (ésta sobre todo química, industrial y con cesiones al lobby pro alimentos transgénicos) de la cartera de Medio Ambiente, ha sido muy comentada. Se interpreta, y los hechos comienzan a confirmarlo, como un intento de acabar con una voz y una política crítica, la de la propia Narbona, y con un Ministerio que podía ser un obstáculo al actual modelo desarrollista, insostenible ambientalmente y por lo tanto poco saludable que practica el Gobierno.
Puestos a gestionar una segunda legislatura, ganada la primera con una política “social”, el PSOE está optando por darle un perfil más mercantilista, más proempresas al nuevo Ejecutivo. Narbona molestaba, en muchos casos estaba consiguiendo que el suyo fuera un Ministerio pro ecología, y esto es necesariamente contrario a la lógica promercado del Gobierno, cualquier gobierno europeo en la actualidad.
Narbona molestaba y como “cargarse” de raíz un Ministerio entero, el de Medio Ambiente, hubiera sido demasiado chocante, se ha asimilado a Agricultura, que posee una tradición de favorecer a las grandes compañías frente a las pequeñas y medianas explotaciones; de fomentar la industrialización intensiva y con productos químicos tóxicos del campo; y que es en la actualidad el garante de los intereses de la gran industria biotecnológica, es decir, de los alimentos transgénicos (España es el país con mayor superficie de cultivos transgénicos de toda Europa).
El nuevo Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente de la ministra Elena Espinosa seguirá apoyando la inclusión en nuestros platos de productos transgénicos y por lo tanto poniendo en peligro nuestra salud y la del entorno. Y tendrá en sus manos toda la parte de Medio Ambiente que antes no gestionó y que Narbona llevaba con un aceptable resultado.
Pero el lobby pro transgénicos no sólo controlará buena parte de las decisiones de Agricultura, como viene haciéndolo durante los últimos lustros; el Gobierno ZP ha colocado a Cristina Garmendia al frente del Ministerio de Ciencia e Innovación. En el libro Conspiraciones tóxicas, explicamos con numerosos ejemplos el fenómeno de las “puertas giratorias” (trasvase de ejecutivos del sector público al privado o viceversa). Este vuelve a ser un caso de manual. Garmendia era, hasta entrar en el Gobierno de Zapatero, presidenta de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), el mayor lobby pro alimentos transgénicos y fármacos biotecnológicos que hay en España (en el que están otros lobbies como la Fundación Antama o las mayores multinacionales de transgénicos del mundo: Monsanto o Pioneer), y que también congrega a buena parte de la industria farmacéutica biotecnológica (Bayer, Merck, Bristol-Myers Squibb, Roche, Schering Plough, Esteve -que dirigen Farmaindustria-, o Gilead Sciencies -creadores de Tamiflú/Gripe aviar-).
Esta empresaria hasta hace unos días, en 2000 fundó Genetrix, una compañía privada del sector de la biotecnología. Garmendia, no pierde su tiempo y también es presidenta de la Fundación Inbiomed que, financiada con dinero público, está dedicada a la investigación genética con fines farmasanitarios.