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martes, 24 de noviembre de 2009

El ataque de Arabia Saudí contra el Yemen


Aventurerismo, oportunismo y temeridad

Rannie Amiri
CounterPunch
24-11-2009
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

“Ante los recientes bombardeos del ejército saudí contra el muy amado pueblo yemení, sentimos un gran disgusto y tristeza. La intervención de Arabia Saudí no hace más que alimentar un inútil baño de sangre en su frontera con el Yemen”.

Mahdi Akef, Presidente de los Hermanos Musulmanes de Egipto, 9 de noviembre de 2009.
“¿Cómo puede el Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas del Islam [el rey Abdullah de Arabia Saudí] permitir el asesinato de musulmanes inocentes en los meses prohibidos?”.
Ali Larijani, Portavoz del Parlamento iraní, 15 de noviembre de 2009. (El Islam prohíbe emprender la guerra durante cuatro meses a lo largo del calendario lunar, uno de ellos es el de Dhu al-Qidah, que coincide este año con el mes de noviembre).
Si es que había algún interrogante acerca de cuál era el país que estaba interfiriendo en la guerra civil del Yemen, Arabia Saudí proporcionó la respuesta cuando sus aviones de combate F-15 y Tornado atacaron hace dos semanas las posiciones rebeldes Zaidi en la montañosa región fronteriza entre los dos países y más allá.
Los combatientes Zaidi, conocidos como Houthis, se han visto envueltos desde 2004 en luchas esporádicas con el gobierno del Yemen; un conflicto que volvió recientemente a estallar de nuevo el pasado mes de agosto (Para más información, véase “Saada Ander Siege”).
Al parecer, el ataque saudí se produjo en venganza del asesinato de un guardia fronterizo cometido por los rebeldes a primeros de noviembre. Sin embargo, los Houthis acusan a Arabia Saudí de permitir que el ejército del Yemen lance ataques desde territorio saudí y de que ellos mismos participen en asaltos transfronterizos
¿Irán o Arabia Saudí?
En efecto, la acusación que más se intercambia entre los Houthis y el gobierno del Presidente yemení Ali Abdullah Saleh gira alrededor de qué país está proporcionando apoyo material al otro. Una acusación que viene ya de largo –aunque aún no se ha comprobado-, y que tanto el Yemen como Arabia Saudí formulan es que Irán está financiando a la insurgencia Houthi, proporcionándole dinero, armas y entrenamiento.
En realidad, la mayor parte de las armas que han encontrado su camino hacia el norte del gobernorado de Saada y hacia manos rebeldes es muy probable que provengan de soldados yemeníes desafectos (muchos de los cuales son Zaidi), que no desean combatir a sus paisanos, o de quienes sencillamente han abandonado sus puestos y han huido.
El pasado octubre, supuestamente, Yemen apresó a un buque iraní que llevaba armas a los Houthis, arrestando a cinco miembros de su tripulación. Aunque se prometió dar públicamente detalles de la subsiguiente investigación, desde entonces no se ha sabido prácticamente nada. El gobierno iraní negó que ninguno de sus buques hubiera sido capturado en aguas yemeníes, describiendo todo el incidente como una “fabricación de los medios”.
El 11 de noviembre, en un artículo del Christian Science Monitor titulado “¿Está jugando Irán algún papel en el conflicto del Yemen?”, Joost Hilterman, director adjunto del programa para Oriente Medio del International Crisis Group en Washington D.C., dijo: “Probablemente, no hay nada que se parezca a una implicación iraní. No he visto pruebas de ello y es realmente querer llegar un poco demasiado lejos”. Seguía diciendo: “Los iraníes son francamente brillantes. No juegan ningún papel en absoluto, pero consiguen todo el reconocimiento…”
Pero si hay alguien que con toda certeza se lleva el reconocimiento por su intromisión es Arabia Saudí.
Preocupada de que los Houthis –en su búsqueda por poner fin a la discriminación política y socioeconómica de la comunidad Zaidi como consecuencia de la invasión wahabi y de la presencia de Al-Qaida- pudieran ellos mismos transformarse en un grupo parecido a Hizbollah, los saudíes han decidido utilizar todo su sofisticado armamento contra ellos y el empobrecido pueblo del norte del Yemen. Esas armas incluyen aviones y helicópteros de combate, misiles tierra-aire y posiblemente algo más siniestro.
¿Fósforo blanco?
Los Houthis aseguran ahora que el ejército saudí ha estado disparando proyectiles de fósforo blanco contra zonas civiles. Como AFP informó, un asesor no identificado del gobierno saudí dijo que eran meramente bengalas (lo mismo que dijeron los israelíes en la guerra contra Gaza).
En respuesta, Amnistía Internacional emitió el siguiente comunicado:
“Hay informaciones que acusan a la fuerza aérea saudí de arrojar bombas de fósforo blanco. No está claro si ha muerto alguien en esos bombardeos y, si así fuera, si hay civiles entre los muertos, pero sí sabemos que alrededor de 300 familias huyeron después de la zona.
Las bombas de fósforo blanco son armas altamente incendiarias y suponen graves riesgos para los civiles. Nunca deberían utilizarse cerca de lugares donde haya civiles”.
El día posterior al mencionado ataque, Amnistía Internacional escribió al Ministro saudí de Defensa, S.A.R. el Príncipe Sultan bin Abdul Aziz Al-Saud, preguntándole si se habían utilizado bombas de fósforo y, si lo habían hecho, de qué forma y qué tipo de precauciones se adoptaron para asegurar no poner en riesgo las vidas de los civiles. Hasta el momento, la organización no ha recibido respuesta alguna.
Las cifras de muertos
El ataque saudí contra el norte del Yemen es el epítome del aventurerismo y oportunismo militar. Les permite utilizar –por vez primera- armas avanzadas compradas en Estados Unidos contra un grupo de rebeldes mal equipados en medio de una población destituida, desnutrida y desplazada. Las consecuencias humanitarias de esta temeraria ofensiva están ya a la vista.
UNICEF indica que han sido evacuados alrededor de 240 pueblos del lado saudí de la frontera y que los residentes civiles se han visto forzados a dirigirse a campamentos de refugiados. En la parte yemení, el número de personas internamente desplazadas aumentó, en cuestión de semanas, hasta 25.000, y alcanza ya la cifra de 175.000 desde que el conflicto comenzó. Es imposible saber el número de personas asesinadas debido al apagón mediático impuesto por el gobierno saudí.
A pesar de esa falta de información, todas las señales avisan de un desastre inminente. Signad Kaag, Director Regional de UNICEF para Oriente Medio y Norte de África dijo: “Durante los pasados tres meses, los niños afectados por el conflicto en el norte han visto como se violaban todos sus derechos básicos. La falta de agua potable, nutrición e higiene están atacando su salud y bienestar y amenazan su misma supervivencia, una situación que sólo puede empeorar con la llegada del invierno”.
Arabia Saudí no da señales de amainar sus ánimos. Sus autoridades han declarado que van a intentar crear una “zona-tapón” de unos diez kilómetros de profundidad en territorio yemení y han impuesto un bloqueo naval contra su costa norte.
Tomando partido
Poco después de los ataques aéreos saudíes, el portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Ian Nelly, afirmó:
“Bajo nuestro punto de vista, no puede haber una solución militar a largo plazo en el conflicto entre el gobierno yemení y los rebeldes”.
Pero, la pasada semana, EEUU firmó un acuerdo de cooperación sobre inteligencia militar y entrenamiento con el gobierno de Saleh, convirtiéndose así en parte en el conflicto. Esto les coloca, para colmo de ironías, en el mismo lado que los elementos de Al-Qaida utilizados por Saleh para combatir a los Houthis.
Aunque las monarquías del Golfo y otras dictaduras árabes han proclamado su apoyo al Yemen y a la “integridad territorial de Arabia Saudí”, el tono adoptado tanto por los grupos musulmanes sunníes como chiíes de Oriente Medio, como la Sociedad del Seminario de Profesores de Qum de Irán y los Hermanos Musulmanes de Egipto, ha sido el de lamentar las hostilidades y subrayar la necesidad de la reconciliación (esto en agudo contraste con el vitriolo abiertamente hostil anti-iraní y anti-chií del establishment religioso saudí, que hizo un llamamiento a que su gobierno combatiera a los “desviados” Houthis “con mano de hierro”).
Esta irresponsable demostración de poderío por parte de Arabia Saudí sólo sirve para exacerbar las tensiones sectarias y regionales, colocando la solución al conflicto aún más fuera del alcance. Está claro que la única solución tiene que ser la diplomática. Hace tiempo ya que la Liga Árabe, la Organización de la Conferencia Islámica y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas deberían haber intervenido en el conflicto para evitar que su concomitante espiral de costes humanitarios escape de todo control.
Y si los saudíes están preocupados de que los Houthis se hayan convertido, o se puedan convertir, en otro Hizbollah, deberían ser prudentes y recordar lo que Hizbollah le hizo al ejército israelí cuando éste decidió su demente ataque y dejar al Yemen en paz.
Rannie Amiri es un comentarista independiente de cuestiones sobre Oriente Medio. Puede contactarse con él en: rbamiri@yahoo.com
Fuente: http://www.counterpunch.org/amiri11232009.html

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lunes, 28 de septiembre de 2009

Yemen afronta una situación muy delicada


28-09-2009

Txente Rekondo
Rebelión
Los ataques contra los refugiados del norte del país y los enfrentamientos armados del gobierno central con rebeldes en esa región han sacado a Yemen del ostracismo informativo al que se le suele someter. Noticias relacionadas con violencia o conflictos armados son las únicas ocasiones en que este país accede a las primeras páginas de los medios de comunicación occidentales.

Uno de los estados más pobres del mundo árabe, con un 27% de inflación, cerca del 45% de desempleo y unas cifras de malnutrición cercanas al 50% entre la población infantil (más de la mitad de la población es menor de dieciséis años), son algunos datos que prefieren ocultarse a la hora de acercarnos a aquella realidad.
Sin embargo, para comprender mejor la situación es necesario reconocer la existencia de toda una serie de factores, internos y externos a Yemen, que interrelacionados entre sí están condicionando el desarrollo y el futuro de la población yemení. La organización tribal de la sociedad y las consiguientes subdivisiones de dicho sistema, la presencia de un importante movimiento jihadista, los conflictos religiosos, la corrupción, la ausencia efectiva de gobierno central en buena parte del país; unido todo ello a las consecuencias de la crisis económica, con unas perspectivas muy negativas en torno a los recursos petrolíferos, la cada vez mayor dependencia social del qat (y sus consecuencias en torno al acceso al agua y al desarrollo agrícola), el imparable crecimiento demográfico (se espera que dentro de veinte años se duplique la población actual), conforman un difícil panorama venidero.
Tres focos mediáticos centran la actuaidad. Uno de ellos lo encontramos en torno a los enfrenamientos de estos meses entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes del norte de Yemen. Desde hace cuatro años, en la zona montañosa de Sa´dah los miembros de la familia Houthi mantienen un violento pulso con el gobierno central. Diferencias religiosas (los rebeldes son chiíes, frente a la mayoría suní del país), marginación económica, privados de servicios e infraestructuras, y posturas políticas abiertamente enfrentadas (los Houthi rechazan la alianza de Yemen con Estados Unidos) han convertido el norte yemení en un foco de violentos enfrentamientos.
Desde la capital se ha respondido con inusitada violencia contra los rebeldes, poniendo al frente de las tropas militares a un destacado salafista y no dudando en atacar objetivos civiles, como hace unos días contra el campamento de desplazados.
Aunque de una intensidad menor, pero con consecuencias futuras impredecibles, el sur de Yemen también ha asistido a un rechazo hacia el gobierno central. Durante el verano del 2007 se sucedieron las protestas en Aden, el motivo esgrimido era las bajas pensiones que percibían los miembros del antiguo ejército del sur. Sin embargo, esa era la punta de un iceberg mucho más complejo. Los agravios hacia el sur englobaban los problemas en torno a la confiscación de tierras, el retiro obligatorio para los oficiales del sur, la exclusión de la población de las redes de influencia y de los beneficios del gobierno central. Además, teniendo en cuenta que la riqueza petrolífera se encuentra en esta zona de Yemen, sus habitantes protestan por el reparto de los beneficios de esa riqueza, que van a parar en su casi totalidad a los bolsillos del gobierno central y sus aliados tribales.
Las demandas secesionistas siguen aumentando, a pesar de la represión gubernamental. Además, otro factor ha entrado en escena, la formación de una nueva alianza en torno al movimiento que puede poner en serios aprietos al gobierno de Sanaa. La frustración contra la élite de la capital ha logrado aglutinar a algunos líderes tribales, dirigentes sociales, antiguos oficiales del ejército del sur, e incluso de algunos destacados dirigentes de la izquierda que viven en el exilio. A todo ello habría que añadir el apoyo público de un antiguo aliado presidencial y con un importante pasado como mujaidin en Afganistán, e incluso las manifestaciones de un alto dirigente local de al Qaeda que habría dado su respaldo a las demandas del sur.
El gobierno yemení ha estado centrado en estos dos conflictos, dejando de lado el tercer foco de violencia. Y éste no sería otro que el resurgir de la segunda generación de al Qaeda. A finales del 2003, tanto Sanaa como Washington pregonaron el final de esa organización en Yemen, con la muerte de sus dirigentes, con buena parte de sus miembros en prisión, los nuevos reclutas de al Qaeda optaban por luchar en otras zonas como Iraq.
Sin embargo, las cosas cambiarán rápidamente. La formación de una nueva dirección de al Qaeda (en parte facilitada por la fuga de prisión de varios de ellos en 2006), y el uso de mensajes adecuados para la audiencia local (desde Palestina hasta Iraq) han posibilitado que esta organización anunciase en 2007 (tras un ataque contra turistas occidentales) su vuelta al país, lo que certificó con una serie de ataques contra la embajada de EEUU o contra turistas extranjeros.
Tras meses preparando y tejiendo toda una red por el país (algunos analistas apuntan que a día de hoy puede ser la organización “más representativa” del país, ya que ha sido capaz de superar las diferencias e identidades tribales, de clase o regionales) el pasado mes de enero anunció la confluencia de sus ramas de Yemen y Arabia Saudí en una sola organización, “al Qaeda de la Península Arábiga”. Este grupo tendría su centro en Yemen, pero su campo de actuación se extendería por los países vecinos también. De hecho, el reciente ataque contra un destacado miembro de la familia real saudí hay que enmarcarlo en esa nueva coyuntura.
Algunos señalan que el presidente Saleh “está bailando con serpientes”, y su alianza estratégica con Washington no ha hecho sino aumentar la peligrosidad de la situación. Para Occidente, Yemen es un “estado en la línea del frente en la guerra contra el terror”, si acaba convirtiéndose en un “estado fallido” las consecuencias para esa estrategia serían nefastas. Por ello muchos analistas coinciden en señalar que si la situación sigue deteriorándose uno de los escenarios posibles sería una repetición de lo que acontece en Afganistán o en Somalia.
La importancia geoestratégica de Yemen (si a todo lo anterior añadimos además el conflicto de la piratería) es más que evidente, y el país está haciendo frente a un abanico de múltiples problemas, interrelacionados entre sí. Por ello, no es de recibo señalar que con la “solución a esos tres focos mediáticos” se resuelve el problema. Esos mismos análisis evitan afrontar las consecuencias de la política de intervención mundial impulsada por Occidente, y tampoco hacen hincapié en los obstáculos domésticos mencionados anteriormente.
Las próximas elecciones presidenciales deberían tener lugar en 2013, y si el actual presidente ha gobernado desde la unificación del país en 1990, todavía no ha anticipado su posición de cara a las mismas. De aquí a entonces la situación yemení puede entrar en una vía sin retorno, y las consecuencias de la explosiva situación son difíciles de anticipar.
TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)

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