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miércoles, 17 de febrero de 2010

Israel acusado de llevar a cabo una Guerra encubierta en Oriente Próximo


17-02-2010
Times on line
Traducido para Rebelión por Loles Oliván

Israel está llevando a cabo una campaña de asesinatos encubiertos en todo Oriente Próximo con la intención de impedir que sus principales enemigos coordinen sus acciones. Agentes israelíes han elegido como blanco las reuniones entre miembros de Hamas, de la dirección del grupo militante Hezbolá y de la Guardia Revolucionaria iraní. También son sospechosos de asesinatos recientes en Dubai, Damasco y Beirut. Aunque se sospecha que la agencia de espionaje israelí Mossad ha llevado a cabo asesinatos en todo el mundo desde la década de 1970, oficialmente no reconoce ni admite sus actividades.

La actual oleada de asesinatos comenzó en diciembre cuando un autobús “turístico” que transportaba a funcionarios iraníes y a miembros de Hamas explotó a las afueras de Damasco. El informe oficial sirio afirmó que había explotado un neumático pero las fotografías que muestran los restos calcinados del vehículo provocaron especulaciones acerca de que la explosión fue mucho mayor.
Varias semanas después se produjo otro ataque en una reunión entre miembros de Hamas, que controla Gaza, y sus homólogos de Hezbolá en su bastión del sur de Beirut en Líbano, con resultado de varias muertes. Según ha declarado un alto funcionario palestino en Ramala a The Times, “Hamas ha tratado de encubrir el incidente porque estaba avergonzado.Ha habido una creciente cooperación entre Gaza e Irán. Israel percibe las advertencias y sabe que con la ayuda de Irán, el gobierno de Hamas en Gaza se hará más fuerte y luchará mejor. Pero Israel se está sobrepasando. Los países no quieren convertirse en un campo de batalla del conflicto israelo-palestino”.

Más recientemente, el dirigente de Hamas, Mahmud al Mabhuh fue asesinado en Dubai el 19 de enero de 2010. Se cree que fue envenenado por una mujer que le visitó en su habitación en el Hotel al Bustan Rotana de Dubai. Responsables israelíes manifestaron que Mabhuh había sido una figura clave en la adquisición de cohetes de largo alcance de fabricación iraní para Hamas que podían dispararse contra objetivos en centro de Israel.

El exiliado líder de Hamas, Jaled Mashaal, ha prometido venganza por la muerte de Mabhuh. También ha sugerido que los actuales combates entre Hamas e Israel se trasladarán a la región. En una entrevista en el periódico Al Hayat de Londres Mashaal afirmó que las guerras futuras con Israel no se combatirán únicamente en la Franja de Gaza.

Al parecer Israel ha redoblado los esfuerzos para matar a oponentes de alto nivel bajo la dirección del actual jefe del Mossad Meir Dagan. Sólo meses después de que este ex paracaidista asumiera la dirección del servicio de inteligencia en octubre de 2002, se convirtieron en objetivos de la agencia agentes de alto rango de Hezbolá en Líbano. A él se debe haber ordenado el asesinato de dos miembros relativamente importantes de Hezbolá que murieron en el sur de Beirut en julio de 2003 y agosto de 2004.

Más recientemente, se ha acusado a Israel de haber colocado una bomba en Damasco que mató al destacado dirigente de Hezbolá Imad Mughniyah en febrero de 2008. El ministro de Gabinete israelí Daniel Herschkowitz elogió la semana pasada al jefe del Mossad como uno de los dirigentes más exitosos de la agencia. Cuando se le preguntó acerca de la participación del Mossad en el asesinato de Dubai, Eli Yishai, ministro de Interior, sonrió y dijo: "Todos los servicios de seguridad hacen, gracias a Dios, grandes esfuerzos para salvaguardar la seguridad del Estado de Israel".

Mientras que algunos países se preguntan si Israel no se estará atribuyendo el mérito para aumentar la reputación de su aparato defensivo, otros Estados árabes moderados describen los asesinatos como una “guerra secreta” entre Israel y Hamas.

Fuentes diplomáticas admiten ser conscientes de que han aumentado las operaciones encubiertas de Israel. "Vemos sus idas y venidas, somos conscientes de que hay más actividad tanto en nuestro suelo como en otros países de la región", afirma un diplomático egipcio. "Nos están tratando de implicar a todos en su conflicto".

Las tensiones entre Israel y Hamas se han mantenido de manera importante a pesar de la relativa calma que se ha producido desde el final de la ofensiva israelí contra Gaza el invierno pasado. Las tropas israelíes han sido puestas en alerta ayer [14 de enero] después de que los servicios de inteligencia israelíes sugirieran que Hamas planea secuestrar soldados. Israel dijo esta semana que había frustrado un secuestro en diciembre tras detener a Abu Atiq Slaman, agente de Hamas, en la frontera de Gaza con Israel. Según el Shin Bet, servicio de seguridad interna israelí, tenía previsto entrar en Israel a través de Egipto.

Fuente: www.timesonline.co.uk/tol/news/world/middle_east/article7025821.ece

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martes, 2 de febrero de 2010

Feltman: No Existe Seriedad en la Aplicación de la Resolución 1701


Al-Manar
31/01/2010

En una entrevista publicada por el periódico Al Hayat el domingo, el secretario de Estado adjunto para los Temas del Cercano Oriente, Jeffrey Feltman, dijo que los informes señalan que “grandes cantidades de armas están siendo introducidas de contrabando en Líbano con destino a Hezbollah en el Sur del país, lo que supone una violación de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad.”

“No veo ninguna seriedad en la aplicación de esta resolución en el sur de Líbano. Esto es una fuente de preocupación (para nosotros),” señaló.

Feltman dijo que estaba preocupado por la posibilidad de que Israel lance una guerra contra el sur de Líbano debido al incremento del contrabando de armas hacia Hezbollah.

Con respecto al Tribunal Especial para Líbano (TEL), Feltman dijo que EEUU estaba distanciado del TEL porque no quiere interferirse en el trabajo del tribunal. “No sabemos y no queremos saber o interferirnos en el trabajo del tribunal,” señaló.

Sin embargo, el primer ministro libanés, Saad Hariri, ha señalado que Líbano continúa comprometido en la aplicación de la Resolución 1701 y rechazó las amenazas israelíes contra el país. Hariri dijo en una entrevista con el periódico egipcio

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jueves, 1 de octubre de 2009

¿Se dirige Oriente Próximo hacia la octava guerra?


01-10-2009
Salim Nazzal
Uruknet
Traducción para Rebelión de Loles Oliván

Los resultados obtenidos por el enviado especial estadounidense a Oriente Próximo, George Mitchell, no han sido inesperados para la mayoría de los observadores árabes. En opinión del pensador árabe Klofis Maksoud, el verdadero objetivo de Netanyahu es congelar la paz y no los asentamientos. El rechazo israelí a congelar temporalmente los asentamientos significa lo que Netanyahu subrayó en todo momento: que Israel reanudará la política de robar tierras palestinas para construir más asentamientos para los judíos en la tierra del futuro Estado palestino. Ello, obviamente, está en contradicción con el compromiso de la comunidad internacional que vincula el establecimiento de un Estado palestino viable con la paz.


Sin embargo, la cuestión Palestina es mucho más compleja que el asunto de los asentamientos, que representa sólo una parte de la cuestión. Pero si utilizamos este ejemplo como un barómetro para medir la intención de Israel de integrarse en la región, la conclusión es más que evidente: Israel, como todos los estados racistas y fascistas de la historia no puede vivir sin oprimir y sin robar tierras indígenas y, por lo tanto, no puede vivir sin guerra. En el análisis final, la esencia de la cuestión palestina radica en el desplazamiento de los palestinos nativos mediante [el apoyo de] una ideología racista y asesina, con el objeto de traer gente de todo el mundo que no comparte vínculo alguno entre sí salvo el de ser judíos. Sin embargo, lo que el mundo pasa por alto es que es la falta de un enfoque integral que aglutine todos los elementos del conflicto, lo que hace difícil ver una señal de esperanza para un arreglo político.

La pregunta hoy es, ¿qué hará EEUU a la luz del rechazo de Israel a los planes de paz estadounidenses?, ¿se dará cuenta Obama por fin de que apoyar a un Estado de apartheid es absolutamente contrario a los intereses estadounidenses, cuya imagen ya está muy dañada en todo el mundo?, ¿o aumentará la presión sobre Israel para que cumpla con los planes de paz?

La mayoría de los círculos políticos árabes temen que EEUU, que no ha podido ejercer presión sobre Israel para que congele la construcción de asentamientos durante un año, presione a la parte árabe para que haga más concesiones con el fin de normalizar la relación con el Estado del apartheid judío. La reunión que tuvo lugar en Nueva York esta semana entre Obama, Abbas y Netanyahu se considera un éxito para Netanyahu, que ha podido jactarse de que ha desafiado a Obama y de que se niega a cumplir con las propuestas estadounidenses.

Los Estados árabes dicen que han formulado propuestas concretas y que la pelota está ahora en terreno israelí. La Cumbre de Beirut de 2002, que Israel ignoró, propuso relaciones diplomáticas plenas con el Estado de Israel a cambio de una completa retirada de Cisjordania. Por esa razón, algunos círculos árabes de Oriente Próximo están preocupados por las exigencias de Obama a algunos países árabes del norte de África y de la región del Golfo para que concedan algunos “gestos de normalización” con Israel, que a cambio, seguirá construyendo “únicamente” 3000 viviendas en Palestina ocupada. En el seno de estos círculos árabes han comenzado a plantearse cuestiones sobre la capacidad de la nueva Administración de romper con la sesgada posición anterior. Un político palestino con quien hablé después del discurso de Obama en NNUU, se preguntaba a qué se refiere Obama cuando utiliza el término detener la agitación palestina contra Israel. Se preguntaba: "¿Acaso los palestinos necesitan a alguien que los agite contra Israel cuando ven con sus ojos cómo Israel convierte su vida en un infierno a diario?, ¿tal vez Obama espera que los palestinos bailen cuando los judíos sionistas roban sus tierras y les humillan a diario en 600 puestos de control cuya mayor parte carece de relevancia para la seguridad de Israel y están más bien [concebidos] para humillar a los palestinos y para quebrar su voluntad de libertad?”

El histórico discurso del dirigente libio en NNUU ha planteado serios interrogantes sobre el papel de la agencia internacional en varios casos del tercer mundo; Palestina es uno de ellos. La mayoría de los observadores árabes considera que este discurso ha sido la más clara manifestación árabe ante NNUU, que ha sido incapaz de evitar más de 65 guerras y no ha hecho justicia con los palestinos. No podemos considerar que NNUU sea [igual] para todo el mundo, manifestó Gadafi. De hecho, los estados fuertes hacen lo que quieren y nadie les pregunta, mientras que NNUU es fuerte en los estados pequeños. La cuestión palestina constituye el ejemplo más nítido: Israel ocupa, asesina y roba tierras palestinas bajo la sombra del veto estadounidense, lo que consolida el argumento de Gadafi sobre la posición sesgada de NNUU. Sin embargo, el punto de vista político sobre Palestina ocupada no ha experimentado cambio alguno sobre el terreno.

El Estado de apartheid de Israel cambia su táctica de propaganda de vez en cuando, pero la estrategia sigue siendo la misma. Robar tanto como se pueda de Palestina y reducir lo más posible el número de palestinos mediante diversas formas de terror, que son los métodos preferidos del Estado sionista de apartheid. La realidad sobre el terreno es la que habla, y esta realidad demuestra claramente que el aumento de los asentamientos judíos incrementa la creación de hechos consumados sobre el terreno, que hacen imposible el establecimiento de un pequeño Estado palestino. Las principales ciudades palestinas como Kalkilia, rodeada por un muro de tres direcciones que deja sólo una entrada para acceder a la ciudad, [convertida] en una de las mayores cárceles de la historia moderna, es un pequeño ejemplo de la enorme destrucción que ha causado Israel y que sigue causando a la tierra y a la vida palestinas. Si un terremoto o cualquier otra catástrofe natural golpease la ciudad, cientos de miles de sus habitantes se encontrarían sin salida para escapar porque los muros sionistas que rodean la ciudad van en tres direcciones. Según una fuente de la defensa civil palestina a quien conocí hace poco ya ha habido varios incendios que no se pudieron extinguir porque durante una hora y media los coches de bomberos palestinos fueron retenidos en los puestos de control israelí con el resultado de que los vehículos llegaron al lugar cuando el fuego ya lo había destruido todo. El fascismo judío se hace cada día más fuerte y las esperanzas de llegar a una solución razonable van desapareciendo también. Todo ello está contribuyendo a crear un ambiente de desesperanza y pesimismo en la región y consolidando la idea de que la comunidad internacional no puede o no quiere hacer que Israel respete el derecho internacional.

En opinión de muchos observadores árabes el fracaso del plan estadounidense llevará a la región, tarde o temprano, hacia una guerra global que será el resultado lógico de la agresiva política sionista. Si nos dirigimos a la octava guerra árabe-israelí es difícil decir, pero lo que es seguro es que la ausencia de una fuerte presión sobre Israel está creando una atmósfera de desesperación y de militancia que tarde o temprano, conducirá a esa octava guerra árabe-israelí, la cual, muchos observadores predicen, será catastrófica.

*Salim Nazzal es un historiador palestino-noruego que ha escrito abundantemente sobre cuestiones sociales y políticas de la región de Oriente Próximo.

Fuente: http://www.amin.org/articles.php?t=ENews&id=3045

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miércoles, 4 de junio de 2008

Condolezza Rice tenía razón: nace un nuevo Oriente Próximo




Alberto Cruz
CEPRID
03-06-2008


El acuerdo de Doha para Líbano ha puesto de manifiesto una nueva reordenación del mapa en Oriente Próximo. Tenía razón la Secretaria de Estado de EEUU, Condolezza Rice, cuando en plena guerra de Israel contra Líbano, en el verano de 2006, mientras la aviación israelí bombardeaba las zonas civiles del país árabe, especialmente los barrios shíies de Beirut y las ciudades del sur del país, justificaba la masacre afirmando que se estaba asistiendo “a los dolores del parto de un nuevo Oriente Próximo”. Lo que no soñaba la Rice es que con la victoria de Hizbulá sobre Israel ese nuevo Oriente Próximo iba a ser diferente del diseño imperialista y que, poco a poco, se iba a ir distanciando de la tutela estadounidense y sus agentes en la zona: Arabia Saudita, Egipto y Jordania.
Al igual que está sucediendo en América Latina, en el mundo árabe hay un despertar. A la lucha de los iraquíes, palestinos y libaneses se suma la de los trabajadores egipcios y, en menor medida, pero también merece ser resaltado la de los jordanos en contra de las políticas neoliberales y fondomonetaristas de sus gobiernos. Es el parto del nuevo Oriente Próximo, el de los pueblos.
En política exterior no hay verdades inmutables y quien es hoy un fiel aliado mañana puede verse convertido en un paria. Y al revés. Por lo tanto, si bien no se puede hablar de que la estrategia imperialista en Oriente Próximo haya sido derrotada, sí se puede afirmar que está seriamente debilitada. El mérito inicial hay que atribuírselo a los patriotas iraquíes, que lograron una paralización de la reordenación geopolítica y neocolonial de la zona iniciada con la invasión y ocupación de Irak. Pero el golpe definitivo fue asestado con la derrota de Israel en la guerra del verano de 2006. Desde entonces, Hamás se ha hecho fuerte en Gaza y ahora en Líbano los vencedores son las organizaciones de la alianza patriótica y nacionalista que forman Hizbulá, el Movimiento Patriótico Libre, Amal y toda una pléyade de organizaciones de izquierda que forman parte de la resistencia.
Los EEUU y sus agentes en la zona, como Arabia Saudí, han intentado convertir Líbano en el espejo árabe en el que debían reflejarse el resto de países tras el fracaso de esta estrategia en Irak. En el mes de marzo, el embajador estadounidense en Beirut, Jeffrey Feltman, mostraba sin recato alguno su “disgusto por los continuos y descarados ataques contra las instituciones democráticas de Líbano por aquellos que buscan restaurar la toma de decisiones en Siria” [en referencia a las fuerzas patrióticas y nacionalistas, unánimemente calificadas como pro-sirias por la famosa “comunidad internacional” y sus medios de choque informativos]. El mismísimo George Bush ha venido insistiendo hasta la saciedad, y así lo ha repetido durante su última gira por la zona que vino a coincidir casi en el tiempo con la toma de Beirut por los militantes de Hizbulá y sus aliados, que Líbano es un país en el que “las fuerzas que reciben apoyo de Irán y Siria deben ser enfrentadas y derrotadas”. Ha sido justamente al revés. Las fuerzas prooccidentales, pro estadounidenses y pro saudíes han sido derrotadas en todos los terrenos, en el militar y en el político (1).
En el aspecto militar, tal y como recoge el diario libanés de izquierda As Safir, la toma de Beirut por los militantes de Hizbulá y sus aliados ha tenido, además de un claro mensaje interno demostrando la fragilidad de las estructuras militares de las fuerzas prooccidentales que con tanto empeño estadounidenses, saudíes y jordanos intentaban convertir en el contrapeso de Hizbulá, una vertiente externa: “ha recordado a americanos e israelíes que las aventuras militares tendrían funestas consecuencias” (2). Un hecho que se ha producido, y eso es digno de recordar, pocos días más tarde de que Bush visitase Oriente Próximo y que para este diario ha significado “el último clavo en el ataúd en el que reposa el diseño americano en Oriente Próximo” (3).
En el aspecto político, el hecho de que las fuerzas políticas libanesas hayan alcanzado un acuerdo en Doha para poner fin a la crisis pone de manifiesto que existe una clara voluntad de organizaciones políticas, e incluso de gobiernos, de desafiar, resistir y oponerse al diseño neocolonial y sectario que EEUU, Israel y los aliados reaccionarios árabes intentan imponer en la zona. El nacionalismo árabe, adormecido durante años, vuelve a despertar y ello atisba un nuevo diseño de Oriente Próximo muy alejado de las pretensiones imperialistas.
El fin de la era saudí
El acuerdo al que han llegado las fuerzas prooccidentales libanesas y las patrióticas y nacionalistas ha supuesto una derrota de los intereses de EEUU y sus aliados en la zona, especialmente de Arabia Saudita. Ya durante la reunión de urgencia que celebró la Liga Árabe para tratar el tema, como consecuencia de la toma de Beirut por los militantes de Hizbulá y sus aliados, se produjo un desmarque significativo de las tesis saudíes –que consideraban único responsable a Hizbulá, abogaban por su desarme y pedían una condena expresa de la lucha armada- por parte de varios países árabes como Qatar, Yemen y Argelia.
Mientras la coalición prooccidental “14 de Marzo” insistía en que Hizbulá y sus aliados habían dado “un golpe de Estado”, los saudíes, por boca de su ministro de Asuntos Exteriores, Saud al-Faisal, utilizaban el mismo lenguaje y añadían un nuevo elemento: la comparación entre la invasión por Israel de Beirut en 1982 y lo que estaba sucediendo entre los días 7 y 11 de mayo de este año. El saudí fue más allá de lo que nadie había ido hasta entonces: comparó al secretario general de Hizbulá con el ex primer ministro israelí Ariel Sharon. La coincidencia de argumentos tenía como finalidad crear el clima de opinión necesario para hacer aceptable el envío de fuerzas militares árabes a Líbano (4) ante la debacle de las fuerzas que apoyaban a la coalición que sustentaba al gobierno prooccidental dirigido por Fouad Siniora, rápidamente derrotadas y puestas en ridículo por los militantes de Hizbulá y sus aliados. Los prooccidentales y pro saudíes, de forma especial los representados por el clan Hariri, demostraron lo que realmente son: una impresionante potencia financiera conseguida al calor de la corrupción que conllevó la reconstrucción de Beirut tras la guerra civil pero desprovista de apoyo popular fuera de sus clanes partidarios. A este sector sólo le queda una baza y no es descartable que la utilicen: el reforzamiento de los islamistas, ligados o no a Al Qaeda, y la desestabilización de Líbano utilizando los ataques a las fuerzas de la FINUL como principal factor.
Ante esta situación Qatar, un país que está adquiriendo un papel cada vez más relevante en Oriente Próximo, contando con el apoyo de otros países árabes como los anteriormente mencionados logró neutralizar la escalada intervencionista proponiendo una reunión en su capital, para lo que logró el apoyo formal de la Liga Árabe.
No ha sido una reunión cualquiera, sino que ha sido un sutil y ambicioso toque de atención a las intenciones de Arabia Saudita de convertirse en potencia regional (con la aquiescencia de los EEUU). El acuerdo que ha puesto fin a la crisis libanesa se ha negociado en Doha, la capital, con los qataríes como principales mediadores. El texto del acuerdo comienza de la siguiente manera: “Bajo los auspicios del Emir de Qatar (…) y de los esfuerzos del secretario general de la Liga Árabe (…) y los ministros de Asuntos Exteriores de Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Argelia, Yibuti, Omán, Marruecos y Yemen (…)” (5). Obsérvese que no hay mención de dos países claves hasta ahora en Oriente Próximo, Arabia Saudita y Egipto, y fieles aliados de EEUU, junto con Jordania aunque este país sí estuvo presente en Doha.
Arabia Saudita está herida en su orgullo y derrotada militar –las milicias de sus patrocinados se disolvieron como un azucarcillo en una taza de café ante el empuje de los militantes de Hizbulá y sus aliados- y políticamente. El Acuerdo de Taif de 1990, que puso fin a la guerra civil que durante 15 años ensangrentó Líbano –al margen de la ocupación israelí del sur del país, que terminó en el año 2000 como consecuencia de la guerra de desgaste impuesta por la resistencia liderada por Hizbulá- se alcanzó en esa ciudad saudita y ellos, los saudíes, han venido considerando desde entonces Líbano como un feudo logrando convertir este país en un rehén de su enfrentamiento con Irán. Si alguien debía supervisar lo que sucede en Líbano, tenían que ser ellos. Eso es algo que se ha roto ahora y que va a tener una repercusión importante en el futuro.
Ha sido sintomático que mientras la mayoría de los participantes en la conferencia de Doha retornasen a Beirut uno eligió un destino distinto: Riad. ¿Cuál fue el único dirigente libanés que no retornó a su país para explicar a sus bases el acuerdo? Pues Saad Hariri, el principal dirigente del Movimiento al Futuro (6). Hariri ha dejado claro que quien le mueve es el dinero saudita y que toda su actuación no es otra cosa que la prolongación de la estrategia saudita en Líbano. Tal vez sea el primer ministro del futuro, una vez se celebren las elecciones tal y como ha quedado reflejado en el acuerdo de Doha, de lo que se hablará más adelante, pero su actuación prosaudí queda maniatada y sin margen de maniobra.
La derrota de Arabia Saudita no llega sola. Con la finalidad de impedir, o dificultar la cumbre de Doha los EEUU, junto a Francia y Gran Bretaña, intentaron imponer una nueva resolución al Consejo de Seguridad de la ONU en contra de Hizbulá y su organización armada. Rusia, China, Sudáfrica y Libia se opusieron no solo a esa nueva resolución, sino a cualquier intento de modificación de las resoluciones 1559 (que trata sobre la retirada de las tropas sirias de Líbano y el desarme de Hizbulá y las organizaciones palestinas existentes en los campos de refugiados) y la 1701 (por la que se sancionó el cese el fuego entre Hizbulá e Israel tras la guerra del verano de 2006 y que, también, habla del desarme del movimiento político-militar libanés y los palestinos) como pretendieron los promotores de la fallida iniciativa tras constatar que no contaban con el plácet de estos países para una nueva resolución.
El Consejo de Seguridad ha tenido que contentarse con aprobar una “declaración no vinculante” (7) en la que se acoge con satisfacción el acuerdo de Doha y se recuerdan las anteriores resoluciones el CS de la ONU en las que, aún sin nombrarlas expresamente en esta declaración de la presidencia, se pedía el desmantelamiento y el desarme de todos los libaneses y las milicias extranjeras, término con el que la ONU se refiere a los palestinos de los campos de refugiados.
Los términos del acuerdo
El acuerdo de Doha mantiene la actual estructura de poder en Líbano: un cristiano maronita en la presidencia del país y en la jefatura del Ejército, un musulmán sunita como primer ministro y un musulmán shíi como presidente del Parlamento. Eso ha satisfecho a franceses y estadounidenses pese a que la evolución demográfica del país haya hecho de los shiíes la parte mayoritaria de la población, con un 40% del total de los casi 5 millones de habitantes del país. Aunque esa estructura de poder no se toca, hay una significativa variación que pone al descubierto con toda crudeza cómo los hasta ahora aliados en la coalición prooccidental se abandonan unos a otros para garantizar su parcela de poder.
El acuerdo recoge una nueva reformulación de los distritos electorales de Beirut, lo que aparentemente otorga una cierta ventaja a la fracción suní, prooccidental y prosaudí, que representa Saad Hariri y su Movimiento al Futuro. Eso hace que, muy posiblemente, este personaje se convierta en el próximo primer ministro. Sin embargo, la reordenación de los distritos electorales deja al descubierto un flanco importante: el voto cristiano.
Los cristianos están divididos, unos forman parte de la coalición “14 de Marzo”, la que apoya al gobierno, y otros a la coalición “8 de Marzo”, la que forma parte de la oposición patriótica y nacionalista. La reordenación de los distritos electorales perjudica a los cristianos aliados de Hariri y se sienten traicionados. De forma especial la formación que lidera Samir Yayá, las Fuerzas Libanesas, que con esta nueva formulación apenas conseguiría 2-3 escaños en las próximas elecciones. El bloque prooccidental comienza a hacer agua y eso lo sabe ya todo el mundo.
Las fuerzas patrióticas y nacionalistas son las claras vencedoras. Consiguen menos puestos en el gobierno, pero se garantizan una minoría de bloqueo que hará imposible cualquier medida que no cuente con su aprobación. No se va a discutir el tema de las armas de Hizbulá, lo que invalida cualquier pretensión occidental, amparada por las resoluciones de la ONU o no, de insistir en ese extremo (y aquí hay que reseñar que el nuevo presidente libanés, Michel Suleiman, haya dicho en su discurso de posesión que “es necesaria una fuerte estrategia de defensa para hacer frente a la agresión israelí” y que esta estrategia “debe utilizar las capacidades de la resistencia” (8).
Y, como ha dicho gráficamente en la sesión de investidura de Suleiman el presidente del parlamento libanés, Nabib Berri, “el plan de EEUU [en referencia a lo dicho por Condolezza Rice sobre el parto de un nuevo Oriemte Próximo] no tiene cabida en ningún lugar de Oriente Próximo” (9). Como dato clarificador de ello, la fecha elegida para nombrar a Suleiman nuevo presidente de Líbano ha sido el 25 de mayo. Ese día del año 2000 los soldados israelíes abandonaban el sur de Líbano empujados por una heroica resistencia patriótica liderada por Hizbulá. Ya sólo queda como territorio ocupado en Líbano las granjas de la Shebaa y las colinas de Kafar Shuba.
No es extraño, por tanto, que Israel sienta el hecho como una nueva derrota. Después de preguntarse, y al mundo que quién sería capaz de parar a Hizbulá cuando esta organización y sus aliados tomaron Beirut (10), ahora considera que el precio que se ha pagado a Hizbulá es demasiado alto: “el control a largo plazo, de facto, de Líbano” (11).
Notas:
Alberto Cruz, “Egipto y Líbano: dos huelgas, una estrategia y una realidad” http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article128
As Safir, 22 de mayo de 2008.
Ibid.
Alberto Cruz, Cuatro días que estremecieron Oriente Medio” http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article132
The Daily Star, 22 de mayo de 2008.
Ibid.
Declaración de la Presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU S/ PRST/2008/17, 22 de mayo de 2008.
The Daily Star, 26 de marzo de 2008.
Ibid.
Haaretz, 12 de mayo de 2008.
Haaretz, 26 de mayo de 2008.
Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Especializado en Relaciones Internacionales.
albercruz@eresmas.com

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