jueves, 14 de mayo de 2009

Pregunte a sus hijos


Gideon Levy
Haaretz
13-05-2009
Traducido del inglés por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.

Es un comportamiento bien conocido por cualquier investigador policial: Al principio el sospechoso lo niega todo, después ataca a sus interrogadores, luego admite una pequeña parte de las acusaciones (diciendo que sólo hizo lo que hace todo el mundo) y finalmente se derrumba y confiesa.


El ejército israelí regresó de la Operación Plomo Fundido y, por supuesto, lo negó todo. La gente lo aplaudió por su falsa victoria y nadie prestó mucha atención al pavoroso precio pagado por los palestinos. Pero después de que el humo (en este caso del fósforo blanco) aclarara una pizca, la sangre comenzó a clamar desde la tierra. Grupos extranjeros de derechos humanos y periodistas investigaron e informaron de sus hallazgos. Las Naciones Unidas dijeron que el ejercitó israelí atacó intencionadamente sus instalaciones, Human Rights Watch y Amnistía Internacional acusan al ejército israelí de usar ilegalmente bombas de fósforo, la Cruz Roja Internacional informó sobre heridos a los que se les denegó atención médica y sobre ataques a dotaciones médicas, los oficiales en un curso premilitar hablaron de matanzas de civiles, y Amira Hass escribió en Haaretz sobre la matanza de gente que enarbolaba banderas blancas, la utilización de bombas de racimo y la aniquilación de familias enteras.
La tierra comenzó a temblar bajo los pies de Israel cuando empezó a atacar a los emisarios de estas organizaciones. Las puertas del país se cerraron a la misión de investigación de la ONU dirigida por el judío sudafricano Richard Goldstone, como si fuera Zimbabwe o Corea del Norte, como si tuviera mucho que ocultar. El presidente reprendió bruscamente al Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon y le sugirió que visitara Auschwitz, hasta que con el tiempo fue forzado a inhibirse de apoyar el maldito informe de su organización.
A cualquiera que se atreviese a investigar e informar se le calificaba de antisemita. Poco ha cambiado desde que a principios de los años setenta un informe de un grupo de abogados estadounidenses sobre el servicio de seguridad, Shin Bet, afirmara la existencia de métodos de tortura. A esos abogados se les tachó inmediatamente de antisemitas. Lo negamos, reprimimos, mentimos, atacamos y nos comparamos con otros, y nuestra conciencia queda limpia. Incluso cuando el ejército israelí admite que ha matado a 300 civiles -90 de ellos niños, 50 mujeres y 160 cuyas identidades el ejército dice que son inciertas- nuestra historia permanece igual: el ejército más moral del mundo. Ni el tercero ni el segundo: el más. Después de todo, Yedioth Ahronoth dio su aprobación a esta visión en un suplemento de propaganda titulado "El más moral del mundo."
Pero asumamos que Amnistía miente, que Human Rights Watch inventa, que B’Tselem exagera, que la ONU es anti-Israel y que los medios de comunicación están llenos de odio contra nosotros. ¿No es suficiente con las propias cifras del ejército israelí para conmocionarnos hasta el alma? ¿Trescientos civiles aniquilados, incluyendo a 90 niños, no son suficientes para dejar al descubierto la mentira propagandística del ejército "más moral"? ¿A cuánta gente inocente hay que matar para que esto suceda?
El ejército israelí condujo cinco "investigaciones" (en las que, naturalmente, sólo se examinaron las acciones de soldados), lamentaron la tragedia de una familia y los corresponsales militares volvieron a aplaudir. La Oficina del Portavoz del ejército envió a los comandantes de batallón a recitar declaraciones sobre su propia nobleza ética de batalla, por supuesto con los rostros ocultos, como suelen ir los sospechosos, y los medios de comunicación no los agobiaron con preguntas. Nadie cree que esta guerra debería someterse a una investigación seria porque en esta guerra, a diferencia de sus predecesoras, no murieron los suficientes soldados para justificarla.
Pero la verdad clama incluso desde los escombros derrumbados y acribillados de lo que una vez fue un hogar: Los soldados que estuvieron en Gaza saben, como lo saben sus amigos, que algo terrible sucedió allí; igual que lo saben los que hicieron el servicio militar en Cisjordania. Pregunte a sus hijos; ellos saben la verdad; la verdad se sienta en su propio hogar. Y pregunte a los amigos de sus hijos, y a los hijos de sus amigos, ellos lo saben. Muchos de ellos tienen lavado el cerebro y por ahora permanecen mudos. Israel soporta de nuevo la marea de informes e investigaciones y esconde la cabeza en la arena de la propaganda y el engaño, pero al final emergerá la verdad.
Incluso la excusa "todos lo hacen" no servirá, como no le serviría a un conductor cazado yendo a toda velocidad. ¿Los estadounidenses matan más? ¿Los franceses masacraron más? Esto puede servir para hacer declaraciones automáticas para el Ministerio de Asuntos Exteriores. Nosotros merecemos más, merecemos toda la verdad; lo que hicieron exactamente nuestros soldados en nuestro nombre, en cada uno de nuestros nombres, sobre las calles de Gaza, prisionera y sangrante durante los 22 días de una guerra inútil.
Fuente: http://www.haaretz.com/hasen/spages/1084418.html


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