jueves, 18 de junio de 2009

La revolución en directo


Entre la multitud de cosas que en estos días se están escribiendo sobre Irán, el blog Karbalā’ / كربلاء
http://shiahispania.blogspot.com/ recomienda la lectura de este artículo que reproducimos a continuación.
El honesto intento de acercamiento a la realidad de Irán, se ve en él, claramente mediatizado por el aluvión de mentiras y falsificaciones que los lectores reciben como información objetiva, como fácilmente podrán ver quienes hayan realizado un acercamiento a la revolución islámica de Irán desde fuentes islámicas. Ver, por ejemplo El Gobierno Islámico, http://www.islam-shia.org/biblioteca/libros/autor/jomeini.htm y la Constitución de la R.I. de Irán
http://www.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/3/REPNE_020_103.pdf


Pareciera que no se sabe, por ejemplo, que Seyed Ali Jameneí es el representante del Estado Islámico, una especie de Rey con plenos poderes, pero elegido democráticamente,para garantizar la naturaleza Islámica y Shiita del Estado elegido por la inmensa mayoría de la población iraní, musulmanes shiitas, termino que, como decía Jean Braudillar en su "La despresurización de Occidente" no se debe entender únicamente en sentido religiosos, sino en sentido político y social, y que no tiene nada que ver- son sus palabras- con el Islam medieval, y que por tanto, no le corresponde tomar posición a favor de una u otra tendencia o partido, entre otras cosas porque eso "quemaría" su posición como árbitro y guía del proceso revolucionario.
Se ignora, por ejemplo que "basiyis" fue un llamamiento hecho por el Imam Jomeini a la población al principio de la invasión iraquí, para defender la revolución y que en cuestión de pocos meses, organizó a cerca de veinte millones de iraníes, aproximadamente el 50% de la población de aquel momento. Que es un movimiento de voluntarios (basiyi significa movilizado)en defensa de la revolución (lo cual, treinta años después del triunfo de la misma, no le deja a salvo de una cierta institucionalización y anquilosamiento, algo inherente a toda organización, que como acertadamente dice el pensamiento taoista: genera Karma negativo)
Y sobre todo, se ignora, que en Irán triunfó hace treinta años una revolución de caracter antiimperialista, anti colonialista y antisionista que es, hoy por hoy, el único Estado en el mundo que denuncia continua y sistemáticamente la política imperial sionista y que apoya material, moralmente y políticamente la lucha del pueblo palestino y a sus organizaciones de liberación, a pesar de que ideologicamente no pertenezcan a la misma tendencia islámica y las luchas de liberación antiimperialistas de todos los países, Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Sudáfrica, Líbano, etc. Naturalmente eso le molesta a USA, a los Sionistas, a Francia a Inglaterra a Bélgica y a todos los imperialistas y colonialistas, quienes, curiosamente, detentan el monopolio de los medios de comunicación.
Se magnifican las medidas coercitivas del Estado Islámico en términos absolutos, desde una especie de limbo neutro que olvida la realidad cotidiana de las supuestas democracias occidentales, con Bush o con Obama, con Berlusconi o con Craxi, con Sarkozy o con Chirac, con Peres o con Netanyahu...para que seguir la lista.
Se olvida la mercenarización de la justicia en las sociedades llamadas occidentales, el recorte sistemático a la poca libertad de la que se disfrutaba, la tortura, la realidad de las prisiones, de los reformatorios, el encarcelamiento de niños, sí, de niños, en definitiva, la brutal monetarización de todo y de todos y, la agresividad militarista.
Pareciera que el hecho de reivindicar la dimensión espiritual del ser humano fuese "de facto" un pecado mayor que toda la brutalidad policiaca y militarista en la que se vive en Occidente.
Se olvida o se ignora que a los pocos meses del triunfo de la Revolución Islámica en Irán, los poderes imperialistas lanzaron una verdadera guerra mundial, y no sólo en el terreno militar, contra el Irán islámico y revolucionario. Guerra que duró más de ocho años y en la que participaron prácticamente todos los países del mundo del lado de Saddam, incluidas las tiranías pro-occidentales que gobiernan en los países llamados islámicos y se olvida cada día que el terrorismo islámico, es de fabricación USA-CIA-MOSAD y que el atentado del 11-S fue un autoatentado.
¿Qué es lo que despierta esa animosidad contra el Irán revolucionario que contagia incluso a los que se consideran revolucionarios en Occidente? ¿Sus excesos revolucionarios? ¿Sus defectos revolucionarios? ¿Su falta de suficiente atención a las clases más desfavorecidad? ¿Su creciente proceso de diferenciación pobres-ricos?
¿Todo? ¿O el hecho de ser prescisamente "Islámica"?
Sin duda, la izquierda europea, no consigue librarse del paradigma revolucionario=ateo; religioso=reaccionario, introducido subliminalmente por los sionistas en el movimiento comunista durante el siglo pasado y parte del anterior.
Ahmadineyad o Musawi, Redaí o Karrubí, representan diferentes tendencias de cómo llevar adelante el proyecto revolucionario e islámico de Irán, pero, por la esencia misma del Sistema del que hablaba Rafsanyani en su carta, todos ellos defienden un sistema de valores radicalemente opuesto al que gobierna "de facto" en Occidente.
Habría mucho más que decir, pero en estos tiempos casi nadie tiene tiempo para nada.
A continuación el artículo:

La revolución en directo
16 de junio de 2009
http://carlos-enestemundo.blogspot.com/2009/06/la-revolucion-en-directo.html

Han transcurrido tres días desde que se celebraron las elecciones presidenciales iraníes, cientos de miles de partidarios del candidato llamado “reformista” Musavi han salido a protestar a las calles, la represión policial ha dejado ocho muertos y las autoridades iraníes han anunciado un nuevo recuento de votos, que es poco probable que pueda acallar las acusaciones de fraude (muchas de ellas dirigidas no contra Ahmadineyad, sino contra la máxima autoridad iraní, el ayatolá Jamenei).


Numerosos “ciberactivistas” están jaleando desde la comodidad de sus casas la llamada “revolución verde”, mientras son los iraníes quienes se enfrentan a la represión y la violencia de los basijs. Sería interesante analizar ese extraño fenómeno moderno ligado a las “revoluciones de colores”, que consiste en “solidarizarse” con ellas desde los países desarrollados de Europa y Estados Unidos cuando, curiosamente, aquí nadie parece estar dispuesto a levantarse de su sillón por motivos políticos (y no es que falten razones para ello bastante más cercanas. Eso no impide que muchos se apresuren a jalear desde la barrera unas revoluciones lejanas que ni siquiera entienden, lo que en realidad sólo sirve para difundir rumores y hacer un ruido que no hace más que aumentar la confusión. Además, esos “ciberrevolucionarios” de salón son enormemente selectivos: mientras miles de internautas occidentales apoyan la “revolución verde”, ¿cuántos se han movilizado por los indígenas de Perú asesinados recientemente por las fuerzas de Alan García, por poner sólo un ejemplo?

MUSAVI HABLA A UNA MULTITUD DE PARTIDARIOS, AYER EN TEHERÁN.
No creo tener más conocimientos sobre Irán que muchos de esos “ciberrevolucionarios”, pero considero que no es el momento de tomar partido, sino de observar los acontecimientos con cierta distancia y tratar de hacer algo muchísimo más difícil, comprender qué está sucediendo allí.
La primera acusación de pucherazo la lanzó el portavoz de Musavi, el cineasta radicado en París Mohsen Makhbalbaf, quien dijo que pocas horas después de las elecciones el Ministerio del Interior había llamado a la sede de campaña de Musavi para informar de que había ganado las elecciones y que debía preparar la declaración de victoria. Sin embargo, a medida que avanzaba el recuento, Ahmadineyad iba remontando posiciones hasta darse la curiosa situación de que ambos candidatos se proclamaran vencedores.
Los resultados finales fueron divulgados al día siguiente: con una participación record del 85 % de electores, Mahmud Ahmadineyad había ganado las elecciones con un 64 % de los votos frente al 32 % obtenido por Mir Hossein Musavi. El ayatolá Jamenei dio por válidos los resultados: la victoria de Ahmadineyad ya era oficial. Desde el momento en que Makhbalbaf lanzó las acusaciones de fraude, crecerían como una bola de nieve y en muy poco tiempo pasó a considerarse un hecho demostrado que Ahmadineyad, el candidato favorito de Jamenei, había robado las elecciones, probablemente con la ayuda del ayatolá. Un día después de las elecciones, Juan Cole, un reputado experto en Oriente Medio e Irán, publicó un post en su blog en el que ofrecía las principales “pruebas” de que las elecciones habían sido robadas y señalaba con el dedo directamente al líder supremo Jameneí.
Unos indicios son más convincentes que otros y algunos de ellos ya han sido rebatidos por otros analistas. La primera “prueba” de fraude que menciona Cole es que Ahmadineyad ganara con el 57 % de los votos en la ciudad de Musavi, Tabriz, de mayoría azerí como el propio Musavi. Sin embargo, según una encuesta realizada un mes antes de las elecciones por las organizaciones estadounidenses Terror Free Tomorrow y New American Foundation, a Ahmadineyad le apoyaban el doble de azeríes (un 31 %) que a Musavi (un 16 %). Además, como señala un artículo publicado en Politico, dedicado a refutar las acusaciones de fraude, Ahmadineyad habla azerí con fluidez tras haber sido gobernador durante sus ocho años de dos provincias de mayoría azerí. El sábado, Robert Fisk nos contaba desde Teherán que “un viejo amigo suyo” que “no le había mentido nunca” le decía que los resultados eran correctos y que no era sorprendente el triunfo de Ahmadineyad en Tabriz, dónde creó cursos y títulos universitarios en lengua azerí. Tampoco hay que olvidar que el mismo ayatolá Jamenei (el “padrino” del actual presidente) es azerí. Cole también afirma que es poco creíble que Ahmadineyad haya ganado en Teherán. Sin embargo, éste ganó en las elecciones de 2005 en la capital y fue alcalde de la ciudad entre 2003 y 2005. Cuando le señalé este hecho en los comentarios de su blog, Cole añadió una frase en el post que dice: “Se cree ampliamente que Ahmadineyad sólo consiguió la victoria en Teherán en 2005 porque los sectores reformistas estaban desmotivados y se quedaron en casa en lugar de ir a votar”. Independientemente del valor explicativo que se quiera conceder a esta frase, Juan Cole parece olvidar los multitudinarios mítines de Ahmadineyad en Teherán durante la campaña electoral. De hecho, pocos días antes de las elecciones, el presidente se vio obligado a no comparecer en uno de ellos porque se habían congregado tantos partidarios suyos que los guardaespaldas le avisaron de que no podían garantizar su seguridad.

PARTIDARIOS DE AHMADINEYAD EL ÚTIMO DÍA DE CAMPAÑA.
Otro supuesto en el que se basan quienes sostienen la teoría del fraude la elevada participación electoral. Los autores del artículo publicado en Politico ya mencionado afirman que ese argumento se basa únicamente en conjeturas. En cualquier caso, sería igualmente razonable especular que la alta participación beneficia a Ahmadineyad, que quizá tenga más seguidores entre las clases humildes, más numerosas que las clases medias y altas que apoyarían a Musavi.Frente a los análisis que presentan el enfrentamiento entre Musavi y Ahmadineyad en términos “culturales” como una oposición entre “reformistas” y “conservadores”, otros consideran que la auténtica división es una división de clases. Y es que durante la campaña, Musavi se ha mostrado partidario de políticas económicas más neoliberales que las de su contrincante.
En cualquier caso, es muy probable que una información bastante sesgada de la campaña electoral por parte de los medios de comunicación internacionales explique la sorpresa que ha causado fuera de Irán el triunfo de Ahmadineyad, y la razón de que haya tanta gente predispuesta a creer unas acusaciones de fraude que, por muy razonables que suenen, todavía no ha demostrado nadie fehacientemente.
Como señalaba el sábado el iraní Abbas Barzegar en The Guardian, la campaña de Musavi ha recibido una atención muchísimo mayor que la de Ahmadineyad en los medios de comunicación no iraníes y se ha sobredimensionado enormemente su popularidad.
Lo mismo está sucediendo ahora: las manifestaciones en apoyo a Musavi están recibiendo una atención mediática mucho mayor que las de apoyo a Ahmadineyad.
Haya habido fraude electoral o no, lo que es más que evidente es que Ahmadineyad tenía muchísimas posibilidades de ganar, y probablemente más que Musavi. Ken Ballen y Peter Doherty, los principales responsables de la encuesta antes mencionada (ver, en pdf), publicaron el lunes un artículo en el Washington Post en el que argumentaban que es perfectamente posible que el resultado electoral refleje la voluntad popular iraní. Según la encuesta, realizada un mes antes de las elecciones, el número de iraníes que tenía la intención de votar a Ahmadineyad (un 34 % de los encuestados) duplicaba al de los que tenían previsto votar a Musavi (un 14 %). Un 27 % de encuestados no sabía aún a quién iba a votar; si se extrapola ese número a los porcentajes de cada candidato, el resultado es muy similar a los votos emitidos finalmente en las elecciones.

RESULTADOS DE LA ENCUESTA.

El artículo contiene otros apuntes enormemente interesantes. La gran mayoría de los encuestados se manifestaron a favor de un sistema más democrático y de normalizar las relaciones y el comercio con Estados Unidos. Los iraníes, según dicen Ballen y Doherty, consideran que esas aspiraciones son coherentes con su apoyo a Ahmadineyad, aunque “no desean que continúe sus políticas conservadoras. Antes bien, aparentemente los iraníes consideran a Ahmadineyad su negociador más duro, la persona mejor posicionada para llegar a un acuerdo más favorable para ellos; cómo un Nixon persa viajando a China”.
El hecho de que muchos iraníes consideren compatible apoyar a Ahmadineyad y las reformas democráticas, sin duda chocará a muchos occidentales que han creído a pies juntillas, sin ningún matiz, el reparto de papeles que otorga a Musavi el personaje “bueno reformista” y a Ahmadineyad el de “malo ultraconservador”.
Es cierto que el tono de Musavi en asuntos internacionales suena más conciliador que el de Ahmadineyad y que ha prometido relajar el férreo control estatal sobre algunos de los aspectos de la vida de los iraníes u otorgar un mayor protagonismo público a las mujeres, pero no hay que olvidar que es, ante todo, un hombre del régimen, en cuya consolidación tuvo un papel protagonista como primer ministro entre los años 1981 y 1989, los años más duros del mandato del ayatolá Jomeini. Tiene algo de excéntrico que medio Occidente esté aclamando como un adalid de la democracia al hombre que en 1981 inició una persecución encarnizada contra las facciones de la izquierda que habían contribuido al triunfo de la revolución islámica.
Quizá lo que estamos presenciando en Irán sea en realidad el pulso de poder entre dos fuertes personalidades de la vida pública iraní: el encabezado por el despiadado ex-presidente (1989-1997) Akbar Hashemi Rafsanjani en el bando de Musavi y el del ayatolá Jamenei en el de Ahmadineyad.
“Rafsanjani no ha mantenido en secreto su opinión de que las políticas exterior y económica aplicadas en los últimos cuatro años siguiendo las directrices de Jamenei han perjudicado gravemente a la República Islámica. […] En una airada carta acusaba a Jamenei de no honrar la dignidad nacional. En un desafío sin precedentes a la autoridad de Jameneí, insinuaba que el Líder Supremo, que normalmente no es objeto de críticas, era negligente, parcial y posiblemente estaba involucrado en un complot para robar las elecciones”, escribía ayer Simon Tisdall en The Guardian.

Sea como fuere, todo parece indicar que las protestas han tomado un impulso propio cuyo desenlace es totalmente imprevisible, entre otras cosas porque, más allá del supuesto fraude electoral, es imposible saber qué es lo que realmente quieren los manifestantes. ¿Más libertades? ¿Cambiar el sistema político? Uno intuye, en cualquier caso, que los manifestantes pro Musavi no son un grupo ni mucho menos homogéneo y que se están expresando innumerables reivindicaciones, algunas de ellas incluso contradictorias entre sí.
En el año 1978, el filósofo francés Michel Foucault viajó a Irán en dos ocasiones desencantado por el fracaso del proyecto ilustrado en Europa.
El autor de Vigilar y castigar publicó en la revista francesa Le Nouvel Observateur un famoso artículo titulado “¿Con qué sueñan los iraníes?”, en el que exponía su fascinación por la revolución iraní, en la que vio el “movimiento que permitiría introducir en la vida política una dimensión espiritual”, y hacía diagnósticos tan atinados como éste: “Un hecho debe quedar claro: por ‘Gobierno islámico’ nadie en Irán entiende un régimen político en el que el clero juegue un papel de gobierno o control”. Uno sospecha que en su intento de interpretar los sueños del pueblo iraní, Foucault proyectó los suyos propios. ¿Cuántos de nosotros en Occidente no estaremos viendo ahora en la “revolución verde” nada más que aquello que deseamos ver?


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