lunes, 1 de junio de 2009

EL BIMARISTÁN EN EL MUNDO ISLÁMICO


UN PRECEDENTE DE LOS HOSPITALES MODERNOS [1]

Redacción Alif Nûn

Introducción
La palabra bimaristán proviene de la lengua persa y significa “hospital”. Está formada por el vocablo vīmār o vemār, que significa “enfermo”, y el sufijo stan , que indica lugar. De este modo, bimaristán vendría a significar literalmente “lugar de los enfermos”.

En el mundo islámico medieval –sobre todo en el oriente musulmán– la palabra bimaristán se empleó para designar un hospital en la acepción moderna del término, es decir, un establecimiento donde los enfermos eran acogidos y cuidados por personal cualificado. En este sentido, los médicos musulmanes fueron los primeros en distinguir entre el hospital y otro tipo de instituciones como hospicios, asilos o leproserías, que en la antigüedad servían para aislar de la sociedad a los enfermos y a los perturbados y deficientes mentales, en lugar de ofrecerles una verdadera cura. De este modo, los bimaristanes medievales pueden ser considerados como los primeros hospitales en el sentido moderno de la palabra. Los primeros hospitales públicos, hospitales psiquiátricos y facultades de medicina también fueron introducidos por los médicos musulmanes medievales.

Resumen histórico
El primer bimaristán del que existen referencias históricas fue inaugurado en el siglo III d.C. por el monarca sasánida Shapur I en Yundishapur, localidad situada en Juzestán, en el actual Irán. Tras la conquista del Irán sasánida a manos de los ejércitos arabo-musulmanes en el año 638, el bimaristán sobrevivió al cambio de gobernantes y evolucionó hacia un hospital público dotado, entre otras cosas, de facultad de medicina y atención psiquiátrica.
Al margen de estas instituciones sanitarias, existen indicios de que ya en época del Profeta Muhammad los ejércitos musulmanes contaban con dispensarios médicos móviles para el tratamiento de los soldados en el mismo campo de batalla. En concreto, una mujer musulmana llamada Amina bint Qais se convirtió a la edad de diecisiete años en la mujer más joven en dirigir un equipo médico en una de aquellas primeras batallas. [2]
El califa Walîd bin Abdel Malek fundó en Damasco, en el año 707, el segundo bimaristán después del de Jundishapur. En esa época ya existía otro tipo de centros médicos con personal que diagnosticaba y trataba a todos los pacientes, pero el bimaristán era el único donde había doctores especializados en ciertas enfermedades. En su origen, estos centros de salud estaban destinados a pacientes con afecciones específicas como la peste o la ceguera, y todos los servicios que ofrecían eran gratuitos.
En la primera mitad del siglo IX, durante el gobierno del califa Al-Ma'mun, las facultades de medicina tenían una gran actividad en Bagdad. El primer hospital público en esa ciudad fue inaugurado durante el califato de Harûn al-Rashid (r. 786-809). Se implantó un sistema por el cual cirujanos y médicos eran designados para impartir sus enseñanzas a los estudiantes de medicina y extender diplomas a aquellos que eran considerados aptos para ejercerla. Es decir, se organizó todo un sistema de estudios, en el sentido moderno del término. El primer bimaristán de Egipto se inauguró el año 872 d.C y desde entonces los bimaristanes públicos se extendieron por todo el imperio, desde Persia hasta Al-Andalus y el Magreb.
Antes de la época moderna, el mayor hospital del mundo –podía atender a 8.000 pacientes– se encontraba en El Cairo, Egipto, y había sido construido por el sultán Qalaun al-Mansur en 1285. El hospital constaba de un amplio recinto cuadrangular con cuatro edificios alrededor de un patio adornado con soportales y refrigerado con fuentes y arroyos. Disponía de pabellones separados para las diversas enfermedades y para los pacientes convalecientes. También poseía laboratorios, una farmacia, consultas para pacientes externos, cocinas, baños públicos, una biblioteca, una sala de oración, salas de lectura y otras diversas comodidades para los enfermos. En este hospital se llevaron acabo investigaciones que permitieron avances científicos como la mejora en el tratamiento de ciertas enfermedades contagiosas, la investigación en óptica y el descubrimiento del funcionamiento del ojo, lo que permitió, por ejemplo, que los médicos musulmanes operasen las cataratas con agujas huecas mil años antes de que ni siquiera se intentase en Europa.
Desde épocas muy tempranas, las ciudades islámicas también poseían una importante y compleja infraestructura sanitaria. Además de los muchos hospitales, la gran cantidad de baños públicos y la extensa y compleja red de alcantarillado y de suministro de agua dulce contribuyeron a mejorar la salud de la población. De este modo, en los territorios bajo gobierno islámico la población experimentó un significativo aumento de la esperanza de vida. Mientras que ésta era de entre 22 y 28 años en el mundo grecorromano [3] , a comienzos del califato islámico, en el siglo VII, ya había aumentado hasta los 35 años. [4] Pero el incremento espectacular se produjo a lo largo de los siguientes siglos, en particular entre las clases musulmanas cultas y acomodadas: 84.3 años en Iraq y Persia durante los siglos X y XI [5] ; 72.8 años en Oriente Medio, y entre 69 y 75 años en Al-Andalus, durante el siglo XI [6] ; 75 años en Persia durante el siglo XII [7] ; y entre 59 y 72 años en Persia durante el siglo XIII. [8] Se puede apreciar un descenso progresivo en la esperanza de vida desde el siglo X al XIII, fenómeno que algunos autores achacan a la alta mortalidad provocada por la peste, unida a las invasiones mongolas y la actividad militar de las Cruzadas.
Paradójicamente, un acontecimiento tan terrible como el de las Cruzadas sirvió sin embargo para que en Europa comenzaran a construirse los primeros hospitales inspirados en los bimaristanes del mundo islámico. Así, Luis IX ordenó construir el primer hospital de Paris, Les Quinze-Vingt, a su regreso de la séptima cruzada en 1254. [9]

Organización, financiación e instalaciones de los bimaristanes
Los primeros bimaristanes de los que existe constancia histórica en el mundo islámico medieval ampliaron sus servicios con respecto a los de origen persa, pues también atendían a leprosos, inválidos e indigentes, y entre los siglos VIII y XII alcanzaron un alto nivel de atención médica. Estaban divididos en dos zonas, una para los hombres y otra para las mujeres, cada una de las cuales disponía de salas de espera y áreas destinadas a las distintas enfermedades, supervisadas por uno o varios médicos –por ejemplo, en algunos bimaristanes del Bagdad del siglo IX y X llegaron a emplearse hasta a veinticinco. Como ejemplo de las áreas especializadas tenemos las dedicadas a la medicina interna, a las enfermedades contagiosas o a las fracturas de huesos. Los empleados del bimaristán se dividían entre la plantilla de médicos y enfermeros, que se encargaba de mantener limpio el hospital y de cuidar y atender a los pacientes, y el director, llamado al-saûr . Los empleados hacían turnos de media jornada –mañana o noche– para garantizar su adecuado descanso. Unas instalaciones anexas al bimaristán, conocidas como al-sharabjana , desempeñaban la función de farmacia y permitían a los médicos distribuir con facilidad los medicamentos. Entre éstos se incluía el hachís y otros tipos de drogas, pues aunque la ley islámica fue la primera en prohibir el consumo de ciertas drogas con fines puramente lúdicos, la jurisprudencia islámica admitió su uso con fines médicos y terapéuticos. Por ejemplo, en el siglo XIV, el erudito musulmán Az-Zarkashi decía que el uso del hachís para fines médicos es lícito si se demuestra que resulta beneficioso. [10]
Una vez admitidos en el bimaristán, los pacientes permanecían en él todo el tiempo que lo necesitasen, y el tratamiento era gratuito para todos ellos, cualquiera que fuese su sexo, raza, religión o condición económica. Además de ropa limpia, los convalecientes recibían dinero a su partida para que no tuvieran que regresar al trabajo de manera inmediata. [11] Se trata, sin duda, del primer intento de establecer un sistema ordenado de pensiones a nivel oficial. No sólo se atendía a pacientes de todas las religiones y razas, sino que era habitual tener empleados cristianos, judíos y miembros de otras minorías religiosas y étnicas.
Al igual que los hospitales modernos, los bimaristanes medievales en el mundo islámico a menudo eran unas grandes estructuras que servían para distintos propósitos: desde un centro médico para el tratamiento de los enfermos hasta un hogar donde los pacientes podían recuperarse de las enfermedades o los accidentes; desde un centro psiquiátrico para las personas que sufrían enfermedades mentales hasta una residencia de ancianos, una facultad de medicina para los estudiantes o una gran farmacia donde se dispensaban los medicamentos. [12]
Otra característica única de los bimaristanes medievales en el mundo islámico fue el papel desempeñado por el personal femenino, raramente empleado en el resto del mundo por otras instituciones como hospicios, asilos o leproserías de la Edad Media y Antigua. Los bimaristanes del Oriente Medio islámico solían emplear a enfermeras, en algunos casos procedentes de lugares tan lejanos como el Sudán. Debido a la segregación sexual de los pacientes dentro de los hospitales islámicos, éstos también fueron los primeros en emplear a médicas, entre las que destacan dos doctoras de la familia Banu Zuhr de Sevilla, que no se limitaron a atender a pacientes de su mismo sexo sino que fueron médicas personales del gobernante almohade Abu Yusuf Ya'qub al-Mansur (r. 1184-1199). Más tarde, en el siglo XV, el médico y cirujano otomano Şerafeddin Sabuncuoğlu (1385-1468) fue el primero en informar sobre la existencia de cirujanas, en su libro titulado Cerrahiyyetu'l-Haniyye (“Cirugía imperial”).
Además de los médicos que atendían con regularidad a los enfermos, también existían los llamados fuqaha al-badan , una especie de psicoterapeutas religiosos cuyos servicios médicos, aparte de los psicológicos y espirituales [13] , también incluían sangrías, arreglo de huesos y cauterizaciones. A diferencia de sus contemporáneos en otros lugares del mundo o de los dioses griegos de la curación en la antigüedad clásica, los religiosos musulmanes trabajaban en estas instalaciones empleando métodos científicos para el tratamiento de sus pacientes. [14]
Una vez que instituciones como los awqāf (sg. waqf) se asentaron a partir del siglo X, los bimaristanes proliferaron en todo el mundo islámico. [15] El wakf es una donación religiosa, habitualmente un edificio o unas tierras ofrecidas por una persona a los religiosos musulmanes o para obras de utilidad pública o caritativa. Su explotación económica sirvió para financiar la construcción de los bimaristanes y sus diversos gastos, tales como los salarios del personal, la compra de alimentos y medicinas o el equipamiento hospitalario –camas, instrumental quirúrgico, vestuario del personal, etc. Los awqāf también sufragaron la construcción y mantenimiento de facultades de medicina, en las que no sólo se pagaba a los profesores, sino también a los estudiantes. [16]

Tratamiento de las enfermedades mentales
En las sociedades grecorromanas y judeocristianas de la Antigüedad y la Edad Media se creía que las enfermedades mentales estaban provocadas por posesiones demoníacas o por un castigo de Dios, lo que provocada una actitud negativa hacia las mismas. En contraste, el mundo islámico desarrolló una actitud más compasiva hacia este tipo de enfermedades, como queda claro en Corán, 4.5:
“No confiéis a los faltos de juicio los bienes que Dios os ha asignado: alimentadles y vestidles con ellos, y habladles con cariño.”
Este versículo del Corán resume la actitud del Islam hacia los enfermos mentales, quienes no eran considerados aptos para gestionar propiedades, aunque debían ser tratados con humanidad y debían permanecer bajo el cuidado de un tutor, de acuerdo a la ley islámica. [17] En consecuencia, esta actitud positiva condujo a la creación de toda una red de hospitales psiquiátricos en el mundo islámico medieval a partir del siglo VIII, y al estudio científico y psicológico de estos enfermos por parte de los médicos musulmanes, quienes descubrieron que los desórdenes mentales estaban provocados por disfunciones en el cerebro. [18]
Ya en el año 705 se fundó en Bagdad el primer hospital psiquiátrico del mundo. Otros importantes hospitales psiquiátricos fueron el de El Cairo, fundado en el año 800, el de Fez, a comienzos del siglo VIII, y los de Damasco y Alepo, en 1270. En lo que respecta al mundo otomano, destaca el hospital psiquiátrico fundado por el sultán Bayazid II (r. 1481-1512) en la ciudad turca de Edirne, donde además construyó una facultad de medicina y toda una serie de bimaristanes para medicina general a lo largo y ancho el Imperio Otomano. Además de todos estos centros especializados en problemas psiquiátricos, muchos otros bimaristanes de medicina general a menudo poseían sus propios pabellones dedicados a la salud mental.

Facultades de medicina
Las primeras universidades y facultades de medicina se fundaron en el mundo islámico medieval, donde se expedían títulos y diplomas académicos (iyazah ) para aquellos estudiantes que demostraran estar capacitados para ejercer la medicina. Los hospitales, las facultades de medicina y las universidades poseían métodos para nominar y elegir a sus directores o decanos, quienes debían “liderar el yihad” que suponía la enseñanza de ciencias como la medicina, la jurisprudencia ( fiqh), el hadiz o el Corán. [19]
En el siglo XII, el médico andalusí Ibn Zuhr (el Avenzoar latino) estableció la cirugía como una disciplina independiente dentro de la medicina, para lo cual introdujo un curso de capacitación diseñado específicamente para los futuros cirujanos, con el fin de que éstos pudieran obtener un titulo que les permitiera llevar a cabo intervenciones quirúrgicas. [20] También en el siglo XII, el gobernante de Egipto, Nur ad-Din Zanqi, fundó en este país el hospital Al-Nuri, un famoso hospital universitario donde estudiaron muchos médicos importantes, entre los que destacan Ibn Abi Usaybi'ah (1203-1270), famoso historiador de la medicina, y 'Ala ad-Din Ibn al-Nafis (m. 1289), cuyo descubrimiento de la circulación pulmonar o sistema circulatorio menor fue fundamental para una mejor comprensión de la fisiología humana. Se dice que la facultad de medicina de este hospital disponía de elegantes estancias y de una biblioteca donde muchos de sus libros habían sido donados por el médico de Zanqi, Abu al-Mayid al-Bahili.
Aunque la medicina casi siempre se enseñaba en los hospitales universitarios, también hubo algunas madrazas que se dedicaron a esta misma tarea, como en el caso del Imperio Otomano bajo el gobierno del sultán Suleimán I (r. 1520-1566), o en el Damasco del siglo XV, donde 3 de las 155 madrazas que había en la ciudad se dedicaban a la enseñanza de la medicina. [21]

Ética médica
Una de las características de los hospitales del mundo islámico medieval que los distinguía de sus contemporáneos en otros lugares del mundo era su mayor nivel de exigencia respecto a la ética médica. Los médicos musulmanes tenían una serie de obligaciones hacia sus pacientes, al margen de la riqueza o el origen de éstos. Ishaq bin Ali Rahawi (854-931) fijó por primera vez las normas éticas de los médicos musulmanes en su libro Adab al-Tabib (“La conducta del médico”), escrito en el siglo IX. Consideraba a los médicos como “guardianes del cuerpo y del alma”, y dedicó veinte capítulos del libro a diversos temas relacionados con la ética médica. [22] En esta obra, al igual que en diversos manuales médicos posteriores, se explica cómo el médico debe redactar un informe del estado de su paciente cada vez que lo examine. Cuando finalice el tratamiento, ya sea porque el enfermo haya sanado o haya fallecido, los informes redactados por el médico deben ser revisados por un consejo médico local que decide si la actuación profesional ha cumplido con los estándares exigidos. Si el consejo decide que no se cumplen los citados estándares, el médico en cuestión podía enfrentarse a una demanda por parte del paciente que se sintiera perjudicado. [23] Un extracto del libro de Ibn Al-Ukhwah, Al-Hisbah , lo explica del siguiente modo:
“El médico pregunta al paciente sobre la causa de su enfermedad y el dolor que siente. Prepara los jarabes y otros medicamentos y, a continuación, escribe una copia de la receta para los familiares que acudieron con el paciente. Al día siguiente vuelve a examinar al paciente, revisa el tratamiento, le pregunta cómo se siente y, de acuerdo a todo ello, le asesora. Este procedimiento se repite cada día hasta que el paciente sana o fallece. Si sana, el medico recibe su paga; si fallece, los familiares acuden al director y le muestran las recetas prescritas por el médico. Si el director considera que el médico ha realizado su trabajo correctamente, informa a los familiares de que la muerte estaba dentro de la lógica; si juzga lo contrario, les informa de que pueden pedir al médico el “precio de sangre”, pues la muerte del enfermo fue el resultado de la mala praxis y la negligencia. [24] De esta digna manera está asegurado que la medicina es practicada por un personal capacitado y con experiencia.” [25]
Por su parte, el famoso químico y médico Al-Razi (865-925) introdujo muchas ideas progresistas en la práctica de la medicina. Criticó a los charlatanes y a los falsos médicos que recorrían los pueblos y las ciudades vendiendo sus curas y remedios, y a su vez advirtió de que ni siquiera los doctores con una gran formación tenían las respuestas a todos los problemas médicos ni eran capaces de curar todas las enfermedades, algunas de las cuales consideraba incurables, como los casos avanzados de cáncer o de lepra. En estas circunstancias, consideraba que los médicos no debían sentirse culpables si no eran capaces de curar al paciente y éste moría, pues se trataba de enfermos que estaban más allá de toda ayuda. Sin embargo, Razi aconsejaba a los profesionales que se mantuvieran al día respecto a los nuevos avances médicos a través de la lectura de libros y el contacto con sus colegas de profesión. También demostraba cierto sentido del humor cuando afirmaba que sentía pena por los médicos que ofrecían sus servicios a los príncipes, la nobleza o las mujeres, pues este tipo de pacientes no solía obedecer las órdenes del doctor respecto al tratamiento médico o la reducción de la dieta, y de este modo complicaban el ejercicio de la profesión.

Conclusión
Podemos concluir diciendo que el sistema de salud en el mundo islámico medieval fue el primer intento serio a lo largo de la historia de la humanidad de establecer un sistema sanitario universal. A pesar de las limitaciones científicas y materiales de la época, los médicos musulmanes y las instituciones de caridad islámicas como los awqāf se esforzaron para que los servicios médicos alcanzaran a la mayoría de la población, y de manera planificada se llevaron a cabo los esfuerzos institucionales y económicos necesarios para alcanzar este objetivo. A su vez, las investigaciones permitieron importantes avances en terreno médico, lo que sirvió, por un lado, para mejorar la calidad de vida del ciudadano medio, y por otro, más a largo plazo, para sentar las bases de buena parte de los avances médicos posteriores llevados a cabo en Occidente.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

- Carles G. Bárcena, “El bimaristán, un modelo de hospital islámico”, en revista Alif Nûn nos 14 (marzo de 2003) y 15 (abril de 2003).
- Hasan Bize, “ Islam y salud: la medicina profética ”, en revista Alif Nûn nº 62, julio de 2008.
- Ibn Sina, Al-qânûn fî-l-tibb (3 vol.) (en árabe), Al-Ilmiyah, Líbano, 1999.
- Ibn al-Baytâr al-Mâlaqî, Colección de medicamentos y alimentos -letra Sîn- (Bilingüe árabe/español), Editorial Merglablum, Sevilla, 2005.
- Ibn al-Baytâr al-Mâlaqî, Colección de medicamentos y alimentos -letras Sâd y Dâd- (Bilingüe árabe/español), Editorial Merglablum, Sevilla, 2005.
- Ibn Habib, Compendio de medicina , CSIC, Madrid, 1992.
- Ibn Wâfid, Libro de la almohada sobre medicina (Bilingüe árabe/español), Diputación de Toledo, Madrid, 2006.
- Averroes, Libro de las generalidades de la medicina , Editorial Trotta, Madrid, 2002.
- Cristina de la Puente, Médicos de al-Andalus. Perfumes, ungüentos y jarabes , Editorial Nivola, Madrid, 2003.

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NOTAS.-


[1] Adaptación del texto aparecido en http://en.wikipedia.org/wiki/Bimaristan

[2] Doreen Insgrams, The Awakened: Women in Iraq, Third World Centre for Research and Publishing Ltd., Líbano, 1983, p. 21.

[3] http://www.uwyo.edu/WINWyoming/bullets/2004/bullets11-04.htm (Universidad de Wyoming).

[4] Lawrence I. Conrad, The Western Medical Tradition, Cambridge University Press, 2006, p. 137.

[5] Richard W Bulliet, “The Age Structure of Medieval Islamic Education”, en Studia Islamica nº 57, 1983, p. 105-117 [111].

[6] Maya Shatzmiller, Labour in the Medieval Islamic World, Brill Publishers, 1994, p. 66.

[7] Richard W. Bulliet, “A Quantitative Approach to Medieval Muslim Biographical Dictionaries”, en Journal of the Economic and Social History of the Orient Brill Publishers nº 13 (2), abril de 1970, p. 195-211 [200].

[8] Ahmad Atif Ahmad, “Authority, Conflict, and the Transmission of Diversity in Medieval Islamic Law by R. Kevin Jaques”, en Journal of Islamic Studies nº 18 (2), 2007, 246-248 [246].

[9] George Sarton, Introduction to the History of Science.

[10] Mary Lynn Mathre, Cannabis in Medical Practice: A Legal, Historical and Pharmacological Overview of the Therapeutic Use of Marijuana, McFarland, 1997, p. 40.

[11] Al-Hassani, Woodcock and Saoud, “Muslim heritage in Our World”, FSTC Publishing, 2007, pp.154-156

[12] Emilie Savage-Smith, “Medicine”, pp. 933–934, en Régis Morelón & Rashed Roshdi, Encyclopedia of the History of Arabic Science , vol. 3, Routledge , 1996, pp. 903-962.

[13] Para más información sobre la relación entre la dimensión psíquica y la espiritual del ser humano, véase Javad Nurbakhsh “Sufismo y psicoanálisis”, en revista Sufí nos 3 (primavera de 2002) y 4 (otoño / invierno de 2002) .

[14] Aydin Sayili, “Turkish Contributions to Scientific Work in Islam”, en Foundation For Science, Technology and Civilisation, septiembre de 2004, p. 9.

[15] Por ejemplo, sólo en la Córdoba califal del siglo X había al menos cincuenta hospitales. Para más información, véase http://muslimheritage.com/topics/default.cfm?ArticleID=364

[16] Francoise Micheau, “The Scientific Institutions in the Medieval Near East”, pp. 999–1001, en Régis Morelón & Rashed Roshdi, Encyclopedia of the History of Arabic Science, vol. 3, Routledge , 1996, pp. 985-1007.

[17] A.Vanzan Paladin, "Ethics and neurology in the islamic world: Continuity and change", en Italial Journal of Neurological Science nº 19, Springer-Verlag, 1998, pp. 255-258 [257].

[18] Hanafy A. Youssef; Fatma A. Youssef & T. R. Dening, “Evidence for the existence of schizophrenia in medieval Islamic society”, en History of Psychiatry nº 7, 1996, p. 59.

[19] Francoise Micheau, “The Scientific Institutions in the Medieval Near East”, ob.cit.

[20] Rabie E. Abdel-Halim, “Contributions of Ibn Zuhr (Avenzoar) to the progress of surgery: A study and translations from his book Al-Taisir”, en Saudi Medical Journal 2005; Vol. 26 (9): 1333-1339.

[21] H. A. R. Gibb, “The University in the Arab-Moslem World”, en Edward Bradby, The University Outside Europe: Essays on the Development of University , Ayer Publishing, 1970, pp. 281-298.

[22] Howard R. Turner, Science in Medieval Islam: An Illustrated Introduction , University of Texas Press, 1997, p. 134

[23] Ray Spier, “The history of the peer-review process”, en Trends in Biotechnology nº 20, 2002, p. 357-358 [357].

[24] En caso de delito contra la vida de las personas, el llamado “precio de sangre”es una compensación económica que debía pagar el condenado a la familia de la víctima, para así evitar ser ejecutado. Este procedimiento todavía hoy está vigente en caso de asesinato en algunos países como Arabia Saudita o Irán.

[25] Ibn Al-Ukhwah, Ma'alem al-Qurba fi Talab al-Hisbah (“The Features of Relations in al-Hisbah”), Cambridge, 1937, p. 167.


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domingo, 31 de mayo de 2009

Subidas en el precio del petróleo y las hambrunas por venir


29 DE MAYO DE 2009
Eduardo Andrade Bone (especial para ARGENPRESS.info)
Desde el corazón mismo de la especulación financiera y el origen de la crisis económica del sistema capitalista mundial, los Estados Unidos, nuevamente se procede a la manipulación de los precios del petróleo.

A los responsables de la actual crisis económica del mundo capitalista, vale decir los especuladores y las mafias económicas y financieras del Imperio, ya no les basta con el actual caos reinante en el manejo de la economía mundial. Ahora han resuelto nuevamente elevar los precios del petróleo de forma gradual, tensionando así los mercados energéticos.

Al escribir esta nota el barril de West Texas, de referencia en Estados Unidos, supera ya de forma holgada los 63 dólares por barril, lo que nos indica que en el transcurso del año este podría llegar entre los 75 y 80 dólares el barril. El precio del vital energético seguirá subiendo paulatinamente, generando así nuevos problemas a la presunta recuperación económica del sistema capitalista mundial.

Ahora la caída de las reservas en Estados Unidos, que han bajado en 5,4 millones de barriles durante la semana pasada hasta los 363,1 millones, ha encendido nuevamente las alarmas y la subida gradual en el precio del oro negro.

Arabia Saudí ha advertido hace algunos días atrás que los precios del crudo podrían superar el récord de casi 150 dólares (unos 107 euros) el barril alcanzado en 2008. El ministro de Petróleo de Arabia Saudí, Ali al Naimi, señalo que el mundo se dirige a una nueva alza del crudo después de la actual fase de débil demanda y precios significativamente más bajos, pero que el mercado más bien refleja la crisis económica del sistema capitalista mundial, no lo que está por venir.

Ahora sin duda que el panorama es cada vez más sombrío, en donde se vera afectado el escenario de la inversión, y dijo que “los bajos precios, la débil demanda, los altos costos, agudos mercados crediticios y políticas energéticas centradas en fuentes alternativas de combustible, todas combinadas, afectan la inversión en nuevos proyectos”. Lo que ha sido ratificado además por voceros del FMI los cuales han expresado que el crudo seguirá con alzas a medio plazo.

Recordemos que el máximo alcanzado en el precio del barril del crudo, llego a los 148 dólares por barril lo que de inmediatito significo el aumento de precios de una infinidad de productos, así como los de “la canasta básica alimenticia”. Posteriormente se vuelve ve a producir una caída en los precios del petróleo, pero los precios en especial de la canasta básica, se quedaron pegados arriba.

Ya en ese entonces se reduce el poder adquisitivo de los consumidores, producto del contubernio establecido entre productores, distribuidores y comerciantes en lo relativo a la designación de precios. Hoy con productos básicos alimentarios que ya se encuentran caros y con esta nuevas subidas del valor del petróleo el sistema capitalista global se encamina ha desatar la “hambruna” en los más diversos lugares del mundo.

Pascal Lamy, jefe de la organización mundial de comercio (OMC) señaló recientemente que se espera que siga aumentando el desempleo, incluso después de que las economías comiencen a salir de la crisis. De manera similar, los precios de los bienes de primera necesidad se elevarán antes de que eventualmente la economía se recupere, han advertido además las agencias de las Naciones Unidas.

Las informaciones procedentes del sector económico de la prensa mundial, nos indican que en lo que va corrido del año, el crudo se ha encarecido en un 39%, ahora desde su caída en febrero pasado (33,98 dólares) viene acumulando una subida de la que ya se remonta al 81%.

Ahora cuando los ciudadanos se ven enfrentados a la inseguridad laboral, a un creciente desempleo y cuando el poder adquisitivo de los consumidores no remonta por ningún lado, la nueva subida del valor del petróleo generara nuevas contracciones en el consumo, afectara una vez más a la industria manufacturera y volverá a desatar la inflación en el valor de innumerables productos y en especial de los alimenticios, empeorando aún más las condiciones de vida de los que viven con salarios de sobrevivencia.

Ahora la hambrunas que generara el sistema capitalista mundial con sus crisis, se expresará con mayor fuerza en los llamados países en vías de desarrollo o emergentes. Sin contar con el continente Africano que producto del saqueo desarrollado por las ex colonias europeas, vienen padeciendo de hambre y hambrunas desde hace ya bastante tiempo. Ahora recientemente en entrevista concedida a la prensa española por el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, señalo que” hay una crisis alimentaria larvada, que no se ha calmado tanto como la gente cree” afirma, y que se puede transformar en graves consecuencia para la mayoría de los pueblos mundo.

Ahora cuando observamos que la industria manufacturera ha sido duramente golpeada por la crisis económica generada por su propio sistema, y cuando no se observan signos claros y reales de recuperación y crecimiento económico, surge una vez más la amenaza de un nuevo aumento gradual de los precios del crudo, lo que impedirá un mejoramiento del PIB y se puede transformar en una situación más catastrófica aún, cuyas consecuencias mayores la seguirán pagando los estratos sociales de menores ingresos y las capas medias endeudadas y empobrecidas.

Lo cierto es que la actual subida en los precios del crudo, influirá en una recuperación más bien negativa de la “economía real”, pues los especuladores y las mafias financieras son los que determinan las reglas del juego, cuyas consecuencias mayores se expresara en un deterioro de la situación de los mercados, en un aumento del valor del dinero, nuevas bajadas en los tipos de interés y una inflación galopante y difícil de controlar, con todas las consecuencias económicas y sociales de lo que ello significa, y que poco les importa a los grandes empresarios y las castas políticas de centro derecha.

Mientras tanto continua creciendo el ejército de cesantes en el mundo, se deterioran las condiciones de vida de pueblos enteros y las injusticias y desigualdades sociales son cada vez más abismantes.

Ahora los personajes más ricos del mundo y que suman una fortuna de más de 120.000 millones de dólares, se reunieron recientemente en una de las mansiones del potentado Rockefeller con la intención de seguir planificando el saqueo del mundo. En dicho encuentro y como una forma de buscar soluciones a la crisis económica actual y que se le ha escapado de las manos, discutieron acercas de la búsqueda de nuevas ideas para seguir expoliando a la clase trabajadora y los pueblos del mundo, como tener a buen recaudo los recursos naturales del planeta, en la medida que ellos tienen el control de la economía mundial y todas sus conductas especulativas y mafiosas.

Encuentros similares se han realizado recientemente en Atenas (Grecia), con el objeto de delinear el curso de la crisis económica mundial, y hasta donde esta afectando las arcas de los más ricos del mundo, para luego proceder en cuestión. Como podemos apreciar una situación de crisis económica como la que vive el sistema capitalista mundial y sus principales epicentro (EE.UU., UE, Japón), no se resuelve en organismos como la ONU, ahora la resuelven directamente las oligarquías económicamente dominante del mundo. Es en estos grupos donde se resuelve el precio del petróleo, el aumento del desempleo, las hambrunas y el deterioro de las condiciones de vida de pueblos entero.

En los dos encuentros de los oligarcas del mundo y los organismos que los representan como el BM, FMI ,el BID, la OMC y otros de la misma estirpe , han llegado a la conclusión que el panorama económico, alimenticio y ecológico mundial, se ira deteriorando paulatinamente y que en los próximos cien años, solo habrá cabida para sostener a 2200 millones de personas en el planeta , y que el resto debe desaparecer vía hambrunas, guerras regionales, cataclismos naturales producidos por los avance alcanzados en el terreno de la ciencia, o una diabólica guerra nuclear, que pretenden encender vía Corea del Norte.

De allí que la subida una vez más del precio de barril de petróleo, no es otra cosa que un eslabón más de la larga lista de tragedias que deberán enfrentar los habitantes del globo terráqueo, producto de un sistema capitalista mundial en crisis, que ha sido incapaz de resolver los problemas más apremiantes de la humanidad.


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Cinco países postsoviéticos crean Alianza Militar en Asia Central


RIA NOVOSTI
29 DE MAYO DE 2009

Cinco países postsoviéticos - Kazajstán, Kirguizia, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán - crearán un poderoso grupo de tropas en el Asia Central, escribe hoy el diario ruso Kommersant.

"Será una estructura estrictamente militar formada para garantizar la seguridad del Asia Central ante una agresión externa", explicó a este diario una fuente del Ministerio ruso de Exteriores. El periódico recalca que el plan contribuirá a reforzar el potencial bélico de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y transformar esta alianza, que incluye a las cinco naciones citadas más Armenia y Bielorrusia, en una entidad similar a la OTAN que es el objetivo marcado por el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev.

El futuro "grupo centroasiático" estará conformado por unidades blindadas y de artillería de Kazajstán, Kirguizia, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán, así como por las fuerzas navales presentes en el Mar Caspio, precisó Vitali Strugovéts, portavoz de la OTSC. El núcleo de este grupo, agregó, será la Fuerza Colectiva de Reacción Rápida que los siete países miembros de la OTSC decidieron crear en febrero pasado.

Su composición numérica se mantiene por ahora en secreto pero Strugovéts dio a entender que será una fuerza impresionante. En el marco de la OTSC, recordó, ya existen grupos militares integrados por Armenia y Rusia, así como por Bielorrusia y Rusia. Este último, por ejemplo, incluye al conjunto de las Fuerzas Armadas de Bielorrusia más todo lo que Rusia tiene en la zona occidental.



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Los principios de neolengua


George Orwell, seudónimo de Eric Arthur Blair, ciudadano inglés. Nace en la India el 25 de Junio del 1903 y muere en Londres el 21 de enero de 1950). Escritor y periodista, profundamente comprometido con la lucha antiimperialista, regresa de la guerra civil española, en la que participó como voluntario del lado de la República, profundamente afectado por la represión sangrienta que el Partido Comunista Estalinista realizó, en mitad del asedio franquista de Cataluña, contra los anarquistas y los trotskistas catalanes, el año 1937.
El año 1848 escribe su famosa obra 1984, el epílogo de la cual titulará Los Principios de la Neolengua.

En relación con la reescritura de la Historia, Orwell decía en su libro Mi Guerra Civil Española: "Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca con fidelidad cómo suceden las cosas, pero en España vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente. En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas «líneas de partido». Estas cosas me parecen aterradoras, porque me hacen creer que incluso la idea de verdad objetiva está desapareciendo del mundo. A fin de cuentas, es muy probable que estas mentiras, o en cualquier caso otras equivalentes, pasen a la historia. ¿Cómo se escribirá la historia de la guerra civil española? (...) Sin embargo, es evidente que se escribirá una historia, la que sea, y cuando hayan muerto los que recuerden la guerra, se aceptará universalmente. Así que, a todos los efectos prácticos, la mentira se habrá convertido en verdad. (...) El objetivo tácito de esa argumentación es un mundo de pesadilla en el que el jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado. Si el jefe dice de tal o cual acontecimiento que no ha sucedido, pues no ha sucedido; si dice que dos y dos son cinco, dos y dos serán cinco. Esta perspectiva me asusta mucho más que las bombas, y después de las experiencias de los últimos años no es una conjetura hecha a tontas y a locas."
***
LOS PRINCIPIOS DE LA NEOLENGUA

Neolengua era la lengua oficial de Oceanía y fue creada
para solucionar las necesidades ideológicas del Ingsoc
o Socialismo Inglés.
En el año 1984 aún no había nadie
que utilizara la neolengua como elemento único de comunicación,
ni hablado ni escrito. Los editoriales del
Times estaban escritos en neolengua, pero era un tour
de force que solamente un especialista podía llevar a cabo.

Se esperaba que la neolengua reemplazara a la vieja lengua
(o inglés corriente, diríamos nosotros) hacia el año
2050. Entretanto iba ganando terreno de una manera
segura y todos los miembros del Partido tendían, cada
vez más, a usar palabras y construcciones gramaticales
de neolengua en el lenguaje ordinario. La versión utilizada
en 1984, comprendida en las ediciones novena y
décima del Diccionario de Neolengua, era provisional, y
contenía muchas palabras superfluas y formaciones arcaicas
que más tarde se suprimirían. Aquí nos referiremos
a la última versión, la más perfeccionada, tal como
aparece en la onceava edición del Diccionario.
La intención de la neolengua no era solamente proveer
un medio de expresión a la cosmovisión y hábitos
mentales propios de los devotos del Ingsoc, sino también
imposibilitar otras formas de pensamiento. Lo que
se pretendía era que una vez la neolengua fuera adoptada
de una vez por todas y la vieja lengua olvidada, cualquier
pensamiento herético, es decir, un pensamiento
divergente de los principios del Ingsoc, fuera literalmente
impensable, o por lo menos en tanto que el pensamiento
depende de las palabras. Su vocabulario estaba
construido de tal modo que diera la expresión exacta y a
menudo de un modo muy sutil a cada significado que
un miembro del Partido quisiera expresar, excluyendo
todos los demás sentidos, así como la posibilidad de llegar
a otros sentidos por métodos indirectos. Esto se con-
seguía inventando nuevas palabras y desvistiendo a las
palabras restantes de cualquier significado heterodoxo,
y a ser posible de cualquier significado secundario. Por
ejemplo: la palabra libre aún existía en neolengua, pero
sólo se podía utilizar enafirmaciones como «este perro
está libre de piojos», o «este prado está libre de malas
hierbas». No se podía usar en su viejo sentido de «políticamente
libre» o «intelectualmente libre», ya que la libertad
política e intelectual ya no existían como conceptos
y por lo tanto necesariamente no tenían nombre. Aparte
de la supresión de palabras definitivamente heréticas,
la reducción. del vocabulario por sí sola se consideraba
como un objetivo deseable, y no sobrevivía ninguna palabra
de la que se pudiera prescindir. La finalidad de la
neolengua no era aumentar, sino disminuir el área del
pensamiento, objetivo que podía conseguirse reduciendo
el número de palabras al mínimo indispensable.
La neolengua se basaba en la lengua inglesa tal como
ahora la conocemos, aunque muchas frases de
neolengua, incluso sin contener nuevas palabras, serían
apenas inteligibles para el que hablara el inglés actual.
Las palabras de neolengua se dividían en tres clases distintas,
conocidas por los nombres de vocabulario A, vocabulario
B (también llamado de palabras compuestas)
y vocabulario C. Lo más simple sería discutir cada clase
separadamente, pero las peculiaridades gramaticales de
la lengua pueden ser tratadas en la sección dedicada al
vocabulario A, ya que las mismas reglas se aplicaban a
las tres categorías.
El vocabulario A. El vocabulario A consistía en las palabras
de uso cotidiano: cosas como comer, beber, trabajar,
vestirse, subir y bajar escaleras, conducir vehículos,
cuidar el jardín, cocinar y cosas por el estilo. Se
componía prácticamente de palabras que ya poseemos -
palabras como golpear, correr, perro, árbol, azúcar, casa,
campo—; pero en comparación con el vocabulario inglés
de hoy en día, su número era extremadamente pequeño,
al mismo tiempo que sus significados eran más rigurosamente
restringidos. Todas las ambigüedades y distintas
variaciones de significado habían sido purgadas. En
tanto que fuera posible, una palabra de neolengua de
este tipo quedaba reducida simplemente a un sonido
preciso que expresaba un concepto claramente entendido.
Hubiera sido totalmente inconcebible utilizar el vocabulario
A para propósitos literarios o para discusiones
políticas o filosóficas. Su intención era la de expresar
pensamientos simples y objetivos, casi siempre relacionados
con objetos concretos o acciones físicas.
La gramática de la neolengua tenía dos grandes peculiaridades.
La primera era una intercambiabilidad casi
total entre las distintas partes de la oración. Cualquier
palabra de la lengua (en principio esto era aplicable incluso
a palabras abstractas como si o cuando) se podía
usar como verbo, nombre, adjetivo o adverbio. Entre la
forma del verbo y la del nombre, cuando eran de la misma
raíz, no había nunca ninguna variación y así esta
regla por sí misma suponía la destrucción de muchas de
las formas arcaicas. La palabra pensamiento, por ejemplo,
no existía en neolengua. En su lugar existía pensar,
que hacía la función de verbo y de nombre. Aquí no se
seguía ningún principio etimológico. En otros casos se
conservaba el sustantivo original y en otros casos el verbo.
Incluso cuando un nombre y un verbo de significado
parecido no tenían una relación etimológica, con frecuencia
se suprimía el uno o el otro. No existía, por ejemplo,
una palabra como cortar, ya que su significado quedaba
lo suficientemente cubierto por el nombre-verbo cuchillo.
Los adjetivos se formaban añadiendo el sufijo lleno
al nombre-verbo, y los adverbios añadiendo demodo. Así,
por ejemplo, rapidolleno quería decir rapidez, y
rapidodemodo significaba rápidamente. Se conservaron
algunos adjetivos de hoy en día como bueno, fuerte, gran-
de, negro, blando, pero en un número muy reducido.
Por otra parte, su necesidad era mínima, ya que se llegaba
a cualquier significado adjetival añadiendo lleno a
un sustantivo-verbo. No se conservaron ninguno de los
adverbios hoy existentes exceptuando algunos que acababan
en demodo; la terminación demodo era invariable.
La palabra bien, por ejemplo, se sustituyó por
buenmodo. Además, a cualquier palabra -y esto, como
principio, se aplicaba a todas las palabras del idioma-,
se le daba sentido de negación añadiendo el prefijo in o
se le daba fuerza con el. sufijo plus, o para aumentar el
énfasis, dobleplus. Así por ejemplo, infrio, significaba
«caliente», mientras que plusfrio y doblepulsfrio significaban
respectivamente «muy frío» y «extraordinariamente
frío». También era posible, como en el inglés de hoy en
día, modificar el significado de casi todas las palabras
con preposiciones afijas como, ante, post, sobre, sub, etc.
A base de este método fue posible disminuir enormemente
el vocabulario. Poniendo por caso la palabra bueno,
ya no habría necesidad de la palabra malo ya que el
significado requerido se expresaba tan bien o incluso
mejor por inbueno. Lo único necesario, en el caso de que
dos palabras formaran una pareja de significación opuesta,
era decidir cuál suprimir. Oscuridad, por ejemplo,
podia ser reemplazada por inluz o luz por inoscuro, según
lo que se prefiera. La segunda característica de la
gramática de la neolengua era su regularidad. Aparte de
algunas excepciones abajo mencionadas, todas las
inflexiones seguían las mismas reglas. Así, en todos los
verbos el pretérito y el participio pasado eran el mismo y
terminaban en ed (En Inglés. En español acabarían con
la misma letra o seguirían como los verbos regulares,
ejemplo: robé, hace, pensé, comer, comí. Los ejemplos
ingleses robar, pensar en español ya son verbos y no
justifican el ejemplo). El pretérito de pensar, pensé, de
robar, robé, y así en toda la lengua; todas las otras for-
mas: mandó, dio, habló, trajo, cogido, etc. fueron abolidas.
Los plurales de hombre, buey, vida eran hombres,
bueys, vidas.
La única clase de palabras a las que todavía se les
permitía inflexiones irregulares eran los pronombres, los
relativos, los adjetivos demostrativos y los verbos auxiliares.
Todos estos seguían su uso antiguo excepto que
«quien» había sido suprimido por innecesario y los tiempos
condicionales de deber, debería, habían caído en
desuso ya que habían sido cubiertos por «haría, habría
hecho». Había también ciertas irregularidades en la formación
de palabras creadas por la necesidad del habla
fácil y rápida.
Una palabra que fuese difícil de pronunciar o que podía
entenderse incorrectamente, se estimaba ipso
facto una mala palabra; así que ocasionalmente, por
la eufonía, se insertaban letras en una palabra o se conservaba
una forma arcaica. Pero esta necesidad tenía
más relación sobre todo con el vocabulario B. La razón
de la importancia concedida a la facilidad de la pronunciación,
se aclarará más tarde en este ensayo.
El vocabulario B: El vocabulario B consistía en palabras
que habían sido construidas deliberadamente con
propósitos políticos. Es decir, palabras que no solamente
tenían en todos los casos implicaciones políticas sino
que además poseían la intención de imponer una deseable
actitud mental en la persona que las utilizaba. Sin
una compresión total de los principios del Ingsoc era
difícil usar estas palabras correctamente. En algunos
casos se podían traducir a la vieja lengua o incluso a
palabras tomadas del vocabulario A, pero ello exigía una
larga parrafada y siempre se perdían ciertos énfasis. Las
palabras del vocabulario B eran una especie de taquigrafía
verbal que a menudo englobaban toda una serie
de ideas expresadas en unas pocas sílabas y a la vez con
un sentido más exacto y más fuerte que en el lenguaje
ordinario. Las palabras B eran en todos los casos palabras
compuestas. (Palabras compuestas corno «hablarsubir
» también se encontraban, claro está, en el vocabulario
A, pero no eran más que abreviaciones de conveniencia
y no tenían ideología de ningún color en especial).
Consistían en dos o más palabras juntadas de un
modo fácilmente pronunciable. El resultado era siempre
un verbo-nombre y se utilizaba según las reglas normales.
Pongamos un único ejemplo: la palabra bienpensar,
que significa de un modo general «ortodoxia», o si uno
quiere tomarla como verbo, «pensar de un modo ortodoxo
». Su declinación era la siguiente: nombre-verbo,
bienpensar; pretérito y participio pasado, bienpensado;
participio presente, bienpensante; adjetivo, bienpensadolleno;
adverbio, bienpensadamente; nombre verbal,
bienpensado.
Las palabras B no se construían de acuerdo con ningún
plan etimológico. Las palabras podían ser de cualquier
parte de la lengua, se podían poner en un orden
cualquiera y ser mutiladas de modo que las hiciera de
fácil pronunciación a la vez que indicaban su derivación.
En la palabra crimenpensar (pensamientocrimen),
por ejemplo, el pensar iba detrás mientras que en
pensarpol (Policía del Pensamiento) iba primero y en la
última palabra, policía había perdido las tres sílabas finales.
Dada la dificultad de asegurar la eufonía, las formaciones
irregulares eran más comunes en el vocabulario
B que en el vocabulario A. Por ejemplo, las formas
adjetivadas de Miniver, Minipax y Minimor eran, respectivamente,
Miniverlleno, Minipaxlleno y Minimorlleno, simplemente
porque verdadlleno, pazlleno y amorlleno eran
algo difíciles de pronunciar. En principio, de todos modos,
todas las palabras B se modulaban del mismo modo.
Algunas de las palabras B tenían significados muy
sutiles, apenas inteligibles para quien no dominara la
lengua en su totalidad. Consideremos, por ejemplo, una
frase típica del editorial del Times como ésta: «Viejos pensadores
incorazonsentir Ingsoc». El modo más sencillo
de entender esto en la Viejalengua sería: «Como que se
formaron con las ideas de antes de la Revolución, no
pueden tener una comprensión emocional de los principios
del socialismo Inglés». Pero ésta no es una traducción
adecuada. En primer lugar, para lograr captar el
significado de la frase arriba mencionada, habría que
tener una idea clara de lo que se entiende por Ingsoc. Y
además, sólo una persona totalmente educada en el
Ingsoc podía apreciar toda la fuerza de la palabra
corazonsentir, que implicaba una ciega y entusiasta aceptación
difícil de imaginar hoy; de la palabra viejopensar,
que estaba inextricablemente mezclada con la idea de
maldad y decadencia. Pero la función especial de ciertas
palabras de neolengua, de las que viejopensar era una,
no era tanto expresar su significado como destruirlos.
Estas palabras, pocas en número, por supuesto, habían
extendido su significado hasta el punto de contener,
dentro de ellas mismas, toda una serie de palabras que
como quedaban englobadas por un solo término comprensivo,
ahora podían ser relegadas y olvidadas. La
mayor dificultad con la que se encontraban los
compiladores del Diccionario de Neolengua no era inventar
nuevas palabras, sino la de precisar, una vez inventadas
aquéllas, cuál era su significado. Es decir, precisar
qué series de palabras quedaban invalidadas con
su existencia. Tal como ya hemos visto con la palabra
libre, las palabras que en su día hubieran tenido un significado
herético, a veces se conservaban por conveniencia
pero limpias de los significados indeseables.
Innombrables palabras como honor, justicia, moralidad,
internacionalismo, democracia, ciencia y religión simplemente
habían dejado de existir. Unas cuantas palabras
hacían de tapadera y, al encubrirlas, las abolían.
Todas las palabras agrupadas bajo los conceptos de li-
bertad e igualdad, por ejemplo, se contenían en una sola,
bienpensar, mientras que todas las palabras reunidas
bajo los conceptos de objetividad y racionalismo quedaban
comprendidas en la única palabra viejopensar. Mayor
precisión hubiera sido peligrosa. Lo que se requería
de un miembro del Partido era un punto de vista similar
al de los antiguos hebreos que sabían, sin saber mucho
más, que todas las naciones aparte de la suya adoraban
a «dioses falsos». No necesitaban saber que estos dioses
se llamaban Baal, Osiris, Moloch, Ashtaroth, etc. Probablemente
cuanto menos supiesen sobre ellos, mejor para
su ortodoxia. Conocían a Jehová y sus mandamientos;
sabían, por lo tanto, que todos los dioses con otros nombres
y atributos eran dioses falsos. De manera parecida,
el miembro del Partido sabía lo que constituía la correcta
norma de conducta, y de un modo increíblemente vago
y general lo que podía apartarle de ella. Su vida sexual,
por ejemplo, estaba totalmente regulada por las dos palabras
de neolengua sexocrimen (inmoralidad sexual) y
buensexo (castidad). El sexocrimen cubría infracciones
de todo tipo: fornicación, adulterio, homosexualidad y
otras perversiones y, además, el coito normal practicado
por placer. No había necesidad de nombrarlos separadamente,
ya que todos eran igualmente culpables y merecían
la muerte. En el vocabulario C, que consistía en
palabras técnicas y científicas, existía la necesidad de
dar nombres especializados a ciertas aberraciones sexuales,
pero el ciudadano normal no las necesitaba. Éste
sabía lo que se quería decir buensexo, es decir, el coito
normal entre marido y mujer con el solo propósito de
engendrar hijos y sin placer físico por parte de la mujer;
todo lo demás era sexocrimen. En neolengua era casi
imposible seguir un pensamiento herético más allá de la
percepción de su carácter herético; a partir de este punto
faltaban las palabras necesarias. Ninguna palabra en
el vocabulario B era ideológicamente neutral. Muchas
eran eufemismos. Palabras como, por ejemplo,
gozocampo (campo de trabajos forzados) o Minipax (Ministerio
de la Paz, es decir, Ministerio de la Guerra) significaban
exactamente lo opuesto de lo que parecían indicar.
Algunas palabras, por otro lado, traducían una
franca y despreciativa comprensión por la naturaleza real
de la sociedad de Oceanía. Por ejemplo, prolealimento
significaba la porquería de entretenimiento y falsas noticias
que el Partido daba a las masas. Otras palabras
además eran ambivalentes, teniendo la connotación de
«bueno» cuando eran aplicadas al Partido y de «malo»
cuando eran aplicadas al enemigo. Pero además había
gran cantidad de palabras que a primera vista parecían
meras abreviaciones y que extraían su color ideológico
no de su significado sino de su estructura. Hasta donde
fuera posible todo lo que pudiera tener un significado
político de cualquier tipo entraba en el vocabulario B.
Los nombres de organizaciones, grupos de personas,
doctrinas, países o instituciones o edificios públicos,
habían quedado recortados de forma muy sencilla, es
decir, una sola palabra fácilmente pronunciable con el
menor número de sílabas y que conservaba la derivación
original. En el Ministerio de la Verdad, por ejemplo,
el Departamento de Registro donde trabajaba Winston
Smith se llamaba Regdep, el Departamento de Ficción
se llamaba Ficdep, el Departamento de Teleprogramas
se llamaba Teledep, etc. La finalidad no era sólo ganar
tiempo. Incluso en las primeras décadas del siglo veinte,
las palabras y frases abreviadas habían sido uno de los
rasgos característicos del lenguaje político y era notorio
que la tendencia a usar abreviaturas de este tipo era
más marcada en países y organizaciones totalitarias.
Ejemplos de ello son palabras tales como Nazi, Gestapo,
Comintern, Imprecorr y Agitrop. Al principio esta práctica
se había adoptado instintivamente, pero en neolengua
se utilizaba con un propósito consciente. Habían obser-
vado que abreviando un nombre se estrechaba y alteraba
sutilmente su significado, perdiendo la mayoría de
asociaciones de ideas que de otra manera habría mantenido.
Las palabras Internacional Comunista, por ejemplo,
evocan la imagen polifacético de solidaridad humana,
banderas rojas, barricadas, Karl Marx y la Comuna
de París. La palabra Comintern, por otro lado, sólo sugiere
una organización tupida y cerrada, con una doctrina
concreta. Se refiere a algo tan fácilmente reconocible
y limitado en su propósito como una silla o una mesa.
Comintern es una palabra que se puede pronunciar casi
sin pensar, mientras que Internacional Comunista, es una
frase en la que uno tiene que detenerse por lo menos
unos momentos. Del mismo modo. las asociaciones ideológicas
que la palabra Miniver evoca son menores y más
controlables que las sugeridas por Ministerio de la Verdad.
Ésta era la razón del hábito de abreviar siempre
que fuera posible, así como también el casi exagerado
cuidado que dedicaban a facilitar la pronunciación de
las palabras. En neolengua, la obsesión de la euforia
pesaba más que cualquier otra consideración, salvo la
exactitud del significado. Si era necesario, siempre se
sacrificaba la regularidad de la gramática en aras de la
euforia. Y con razón, ya que lo que se requería, sobre
todo por razones políticas, eran palabras cortas y de significado
inequívoco que pudieran pronunciarse rápidamente
y que despertaran el mínimo de sugerencias en la
mente del parlante. Las palabras del vocabulario B incluso
ganaban en fuerza por el hecho de ser tan parecidas.
Casi invariablemente estas palabras bienpensar,
Minipax, prolealimento sexocrimem, gozocampo, Ingsoc,
corazonsentir, pensarpol y muchas otras eran palabras
de dos o tres sílabas con el acento tónico igualmente
distribuido entre la primera sílaba y la última. Su uso
fomentaba una especie de conversación similar a un
cotorreo, a la vez roto y monótono; era esto precisamen-
te lo que pretendían. La intención era formar un lenguaje,
sobre todo el que versaba sobre materias no neutrales
ideológicamente, tan independiente como fuera posible
de la conciencia. En asuntos, de la vida cotidiana,
sin duda era necesario, o algunas veces necesario, reflexionar
antes de hablar, pero un miembro del Partido,
llamado a emitir un juicio político o ético, debía ser capaz
de disparar las opiniones correctas tan automáticamente
corno una ametralladora las balas. Su entrenamiento
lo preparaba para ello, el lenguaje le daba un
instrumento casi infalible y la textura de las palabras,
con su sonido duro y una especie de fealdad salvaje de
acuerdo con el espíritu del Ingsoc, acababan de completar
el proceso. Además contribuía el hecho de tener pocas
palabras donde escoger. En relación con el nuestro,
el vocabulario de la neolengua era mínimo, y continuamente
inventaban nuevos modos de reducirlo. Desde
luego, la neolengua difería de la mayoría de otros lenguajes
en que su vocabulario se empequeñecía en vez de
agrandarse. Cada reducción era una ganancia, ya que
cuanto menor era el área para escoger, más pequeña
era la tentación de pensar. En definitiva, se esperaba
construir un lenguaje articulado que surgiera de la laringe
sin involucrar en absoluto a los centros del cerebro.
Este objetivo se explicita francamente en la palabra
de neolengua hablapato, que significa «cuacuar como un
pato»; como otras palabras de neolengua, hablapato era
de significado ambivalente. Si las opiniones cuacuadas
eran ortodoxas, sólo implicaban alabanza y cuando el
Times se refería a uno de los oradores del Partido como a
un dobleplusbueno cuacuador estaba emitiendo un caluroso
y valioso cumplido.
El vocabulario C. El vocabulario C era complementario
de los otros dos y contenía totalmente términos científicos
y técnicos. Éstos se parecían a los términos científicos
en uso hoy en día y procedían de las mismas raíces,
pero se tomó el cuidado habitual para definirlos rápidamente,
y despojarlos de los significados indeseables.
Se atenían a las mismas reglas gramaticales que las
palabras de los otros dos vocabularios. Muy pocas palabras
C tenían uso en las conversaciones cotidianas o en
el lenguaje político. Cualquier científico o técnico podía
encontrar todas las palabras necesarias en la lista dedicada
a su especialidad, pero sólo tenía una mínima idea
de las palabras de las otras listas. Solamente unas cuantas
palabras eran comunes a todas las listas y no existía
un vocabulario que expresase la función de la ciencia
como actitud mental o como método intelectual independiente
de sus ramas particulares. No había, de hecho,
palabra para designar la «Ciencia», quedando cualquier
significado que pudiera tener suficientemente cubierto
por la palabra Ingsoc.
Por lo que se ha explicado, podrá verse que en
neolengua la expresión de opiniones heterodoxas de bajo
nivel era casi imposible. Era factible, claro está, emitir
herejías de un tono muy crudo y elemental, como una
especie de blasfemia. Hubiera sido posible, por ejemplo,
decir el «Gran Hermano inbueno». Pero esta aseveración,
que a un oído, ortodoxo le sonaba como una manifiesta
absurdidad, no podría haber sido sostenida con argumentos
racionales, ya que faltaban las palabras necesarias.
Sólo podían sostenerse ideas contrarias al Ingsoc
de una manera vaga y sin palabras, y formularlas en
unos términos muy genéricos que mezclaban y condenaban
todo tipo de herejías, sin definirlas particularmente.
De hecho, sólo podía utilizarse la neolengua para
fines heterodoxos traduciendo de un modo ilegítimo algunas
de las palabras a la Viejalengua. Por ejemplo, «Todos
los hombres son iguales» era una afirmación posible
en neolengua, pero en el mismo sentido en que «Todos
los hombres tienen el pelo rojo» pudiera serlo en
Viejalengua. No contiene ningún error gramatical, pero
expresa una no-verdad palpable como que todos los hombres
son de la misma estatura, peso o fuerza. El concepto
de igualdad política ya no existía y por lo tanto esta
significación secundaria había sido limpiada de la palabra
igual. En 1984, cuando Viejalengua era todavía el
medio normal de comunicación, teóricamente existía el
peligro de que al usar palabras de neolengua uno recordara
sus significados originales. En la práctica no era
dificil, para alguien bien versado en el doblepensar, evitar
que esto ocurriera, pero dentro de dos generaciones
se evitaría incluso la posibilidad de este peligro. Una
persona creciendo con neolengua como único lenguaje,
no sabría nunca que había tenido antes la acepción de
«igualdad política», o que «libre» había significado anteriormente
«intelectualmente libre», del mismo modo que,
por ejemplo, una persona que no hubiera oído hablar
nunca de ajedrez, podría saber los segundos significados
aplicables a la reina y a la torre. Por lo tanto, quedaría
descartada la posibilidad de cometer muchos crímenes
y errores simplemente porque no tenían nombre y,
en consecuencia, son inimaginables. Y era de esperar
que con el paso del tiempo las características que distinguían
a la neolengua, se volverían más y más acusadas:
sus palabras irían disminuyendo, sus significados
cada vez más restringidos y más remoto el peligro de
utilizarlos impropiamente. Al desaparecer la Viejalengua
se habría roto el último lazo con el pasado. La historia
ya se había reescrito, pero algunos fragmentos de la vieja
literatura sobrevivían aquí y allá, imperfectamente
censurados, y mientras persistiera el conocimiento de la
Viejalengua era posible leerlos. En el futuro tales fragmentos,
incluso si sobrevivieran, serían inteligibles e
intraducibles. Era imposible traducir un pasaje de
Viejalengua a Neolengua, salvo que se refiriera a algún
proceso técnico, a hechos de la vida cotidiana o bien
fuese ya de tendencia ortodoxa (bienpensante sería la
expresión en neolengua). En la práctica, esto suponía
que ningún libro escrito antes de 1960 podía traducirse
por completo. La literatura anterior a la Revolución sólo
podía estar sujeta a una traducción ideológica, o sea, a
una alteración tanto de las palabras como del sentido.
Tomemos por ejemplo el tan conocido pasaje de la Declaración
de la Independencia:
Entendemos que son verdades evidentes el que todos
los hombres han sido creados iguales, que han sido dotados
por su Creador con ciertos derechos: inalienables,
entre los que se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda
de la felicidad. Y que, para asegurar estos derechos,
se han instituido entre los hombres los gobiernos,
cuyo poder depende del consentimiento de los Gobernados.
Y que cuando cualquier forma de gobierno perjudica
estos fines, el pueblo tiene derecho a alterarla o abolirla
e instituir una nueva ...
Hubiera sido imposible traducir este párrafo a
neolengua conservando el sentido del original. La traducción
más aproximada consistiría en tragarse todo el
pasaje como crimental. Una traducción completa sólo
podía ser ideológica, con lo que las palabras de Jefferson
se habrían convertido en un panegírico sobre el gobierno
absoluto.
Buena parte de la literatura del pasado ya se había
transformado en esto. Consideraciones de prestigio aconsejaban
conservar el recuerdo de algunas figuras históricas,
poniendo al mismo tiempo algunas de sus grandes
acciones en relación con la filosofía del Ingsoc. Varios
escritores como Shakespeare, Milton, Swift, Byron,
Dickens y otros estaban en proceso de traducción. Una
vez terminado este trabajo, sus escritos originales, junto
con el resto que hubiera sobrevivido de la literatura
del pasado, sería destruido. Estas traducciones eran un
proceso lento y difícil y no se esperaba que fueran terminadas
antes de la primera o segunda década del siglo
veintiuno. Había también gran cantidad de literatura
meramente utilitaria -manuales técnicos indispensables
y cosas por el estilo- que debían ser tratados del mismo
modo. Para dar tiempo a este trabajo preliminar, se fijó
una fecha tan lejana como el año 2050 para la adopción
definitiva de la neolengua.

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LQR - La propaganda de cada día, de Eric Hazan


Eric Hazan es uno de esos personajes que parecen gozar de varias vidas: en su caso han transcurrido desde la cirugía hasta la edición, pasando por la traducción y sin dejar nunca de lado un intenso compromiso político. En la década de 1950, mientras cursaba estudios de medicina, participó en las redes clandestinas de apoyo al FLN argelino y, lograda ya la independencia, prestó su colaboración como médico para intentar paliar el vacío sanitario dejado por la administración colonial. De nuevo en Francia, dirigió una unidad de cirugía durante varios años y, a principios de la década de 1970, participó en la creación de una asociación médica franco-palestina que le condujo hasta un Líbano en guerra. En 1983 dejó la medicina para hacerse cargo de la editorial de arte fundada por su padre. A finales de siglo, diferentes problemas financieros le obligaron a venderla al mayor grupo editorial francés y en 1998 fundó una nueva editorial independiente junto a varios amigos: La Fabrique, donde ha publicado obras de Jacques Rancière, Edward Saïd y André Schiffrin, entre otros. En 2002 sumó una nueva vida a su ya dilatado bagaje: la de vida de escritor.

144 páginas, formato 135 x 190 mm, encuadernación rústica cosida
PVP: 12 euros (IVA incluido)
ISBN: 978-84-935829-0-6

Las palabras, las expresiones que repiten un día tras otro nuestros políticos, nuestros «creadores opinión», esconden un significado ideológico, una voluntad social que pocas veces se confiesa. Eric Hazan desentraña aquí ese lenguaje oculto y cotidiano.

Páginas interiores

Cada día acechan cientos de mensajes en una lengua nueva. Nadie la habla en la calle ni la utiliza al charlar con los amigos. Y pese a todo, consigue colarse en los carteles del metro, insinuarse en la radio, exhibirse en los periódicos. Eric Hazan la ha bautizado LQR, Lingua Quintae Respublicae, por su adaptación en la Quinta República francesa de nuestros días, pero la LQR trasciende con mucho aquellas fronteras: es la lengua preferida por los políticos, economistas y publicistas occidentales; la lengua del Nuevo Orden; la lengua que emana de Bruselas y de los «laboratorios de ideas» liberales.
Con ella han llegado los «excluidos» por la «modernidad», las rimas de «islamismo» y «terrorismo», la «gobernanza» de la «mundialización», la «sociedad civil» con su «diversidad» y sus «valores democráticos», la exaltación del «ciudadano», aunque sea de «orígenes modestos»...
Puede que la LQR sea el vehículo de la propaganda actual, pero a diferencia de otras propagandas del pasado, nadie la controla desde organismos de seguridad, sino que evoluciona bajo una especie de darwinismo semántico. Con ella se intenta dar un barniz de respetabilidadad al racismo ordinario, asegurar la apatía, predicar el multi-todo-lo-que-quieras siempre que el orden liberal no se vea amenazado. Es un arma posmoderna, muy bien adaptada a estas condiciones «democráticas» en las que ya no es cuestión de ganar la guerra civil sino de escamotear el conflicto, de volverlo invisible e inaudible. Y como un prestidigitador que terminara su número desapareciendo bajo su propio sombrero, la LQR consigue extenderse sin que nadie, o prácticamente nadie, parezca darse cuenta de sus avances –sin tan siquiera hablar de denunciarlos–. Lo que aquí sigue es una tentativa de identificar y descifrar esta nueva versión de la banalidad del mal.

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TIQQUN - ¿C ó m o h a c e r?*


Don't know what I want,
but I know how to get it.
Sex Pistols, Anarchy in the UK
No se lo que quiero
pero se como conseguirlo.
Sex Pistols. Anarquía en el Reino Unido


* Texto escrito con vistas a una publicación italiana, en la primavera de 2001. (Nota de la versión francesa del texto en Tiqqun2)

Veinte años. Veinte años de contra-revolución. De contra-revolución preventiva.
En Italia.
Y fuera de Italia.
Veinte años de un sueño de alambre de espino, poblado de vigías. De un sueño de los cuerpos,
impuesto por el toque de queda.
Veinte años. El pasado no pasa. Porque la guerra continúa. Se ramifica. Se prolonga.
En una articulación mundial de dispositivos locales. En un calibrado inédito de las
subjetividades. En una nueva paz de superficie.
Una paz armada
bien hecha para cubrir el desarrollo de una imperceptible
guerra civil.

Hace veinte años, era
el punk, el movimiento del 77, el área de la Autonomía,
los Indios metropolitanos y la guerrilla difusa.
De un golpe surgía,
como salido de alguna región subterránea de la civilización,
todo un contra-mundo de subjetividades
que ya no querían consumir, que ya no querían producir,
que ya no querían ni siquiera ser subjetividades.
La revolución era molecular, la contra-revolución no lo fue menos.
SE dispuso ofensivamente,
después duraderamente,
toda una compleja máquina para neutralizar lo que era portador de intensidad. Una máquina para desactivar todo lo que podría explotar.
Todos los (in)dividuos de riesgo,
los cuerpos indóciles,
las agregaciones humanas autónomas.
Luego fueron veinte años de estupidez, de vulgaridad, de aislamiento y de desolación.
¿Cómo hacer?

Alzarse. Alzar la cabeza. Por elección o por necesidad. Poco importa, en verdad, desde ahora.
Mirarse a los ojos y decir que volvemos a comenzar. Que todo el mundo lo sepa, lo más rápido posible.
Volvemos a comenzar.
Se acabó la resistencia pasiva, el exilio interior, el conflicto por sustracción, la supervivencia. Volvemos a comenzar. En veinte años, hemos tenido tiempo para ver. Hemos comprendido. La demokracia para
todos, la lucha "anti-terrorista", las masacres de Estado, la reestructuración capitalista y su
Gran Obra de depuración social,
por selección,
por precarización,
por normalización,
por "modernización".
Hemos visto, hemos comprendido. Los métodos y los objetivos. El destino que SE nos reserva. El que SE nos niega. El estado de excepción. Las leyes que ponen a la policía, a la administración, a la magistratura por encima de las leyes. La judicialización, la psiquiatrización, la medicalización de todo lo que se sale del cuadro. De todo lo que huye.
Hemos visto. Hemos comprendido. Los métodos y los objetivos.

Cuando el poder establece en tiempo real su propia legitimidad,
cuando su violencia se vuelve preventiva
y su derecho es un "derecho de injerencia",
entonces ya no sirve de nada tener razón. Tener razón contra él.
Hay que ser más fuerte, o más astuto. Es por esto
también
por lo que volvemos a comenzar.

Volver a comenzar no es nunca volver a comenzar algo. Ni retomar un asunto justo donde lo habíamos dejado. Lo que vuelve a comenzar siempre es otra cosa. Siempre es inaudito. Porque no es el pasado lo que nos empuja, sino precisamente lo que en él
no ha
advenido.
Y porque somos también nosotros mismos, entonces, quienes volvemos a comenzar.
Volver a comenzar quiere decir: salir de la suspensión. Restablecer el contacto entre nuestros devenires.
Partir,
de nuevo,
desde donde estamos,
ahora.

Por ejemplo, hay golpes
que ya no SE nos darán.
El golpe de la "sociedad". Por transformar. Por destruir. Por volver mejor.
El golpe del pacto social. Que algunos quebrarían mientras que otros pueden fingir
"restaurarlo".
Estos golpes, no SE nos darán más.
Hay que ser un elemento militante de la pequeño-burguesía planetaria,
un ciudadano verdaderamente
para no ver que ya no existe,
la sociedad.
Que ha implosionado. Que ya no es más que un argumento para el terror de los que dicen
re/presentarla.
A ella que se ha ausentado.

Todo lo que es social se nos ha vuelto extranjero.
Nosotros nos consideramos absolutamente desligados de toda obligación, de toda prerrogativa, de toda pertenencia
social.
"La sociedad",
es el nombre que ha recibido a menudo lo Irreparable,
entre aquéllos que querían que también fuera
lo Inasumible.
Quien rechaza este cebo deberá dar
un paso de distancia.
Operar
un ligero desplazamiento
respecto de la lógica común del Imperio y de su contestación,
la de la movilización,
respecto de su común temporalidad,
la de la urgencia.

Volver a comenzar quiere decir: habitar esta distancia. Asumir la esquizofrenia capitalista en el sentido de una facultad creciente de desubjetivación.
Desertar pero guardando las armas.
Huir, imperceptiblemente.
Volver a comenzar quiere decir: sumarse a la secesión social, a la opacidad, entrar
en desmovilización,
sustrayendo hoy a tal o tal red imperial de producción-consumo los
medios de vivir y de luchar para, en el momento elegido,
barrenarla.

Nosotros hablamos de una nueva guerra,
de una nueva guerra de partisanos. Sin frente ni uniforme, sin ejército ni batalla
decisiva.
Una guerra cuyos focos se despliegan a distancia de los flujos mercantiles aunque conectados a ellos.
Hablamos de una guerra totalmente en latencia. Que tiene el tiempo.
De una guerra de posición.
Que se libra ahí donde estamos.
En el nombre de nadie.
En el nombre de la existencia misma,
que no tiene nombre.

Operar ese ligero desplazamiento.
Ya no temer a su tiempo.
"No temer a su tiempo es una cuestión de espacio".
En la okupa. En la orgía. En la revuelta. En el tren o el pueblo ocupado. En la búsqueda, en medio de desconocidos, de una free party inencontrable. Hago la experiencia de ese ligero desplazamiento. La experiencia
de mi desubjetivación. Yo devengo, me vuelvo
una singularidad cualquiera. Un juego se insinúa entre mi presencia y todo el aparato de cualidades que me están ordinariamente vinculadas.
En los ojos de un ser que, presente, quiere estimarme por lo que yo soy, saboreo la decepción, su decepción al ver que he devenido tan común, tan perfectamente accesible. En los gestos de otro, una inesperada complicidad.
Todo lo que me aísla como sujeto, como cuerpo dotado de una configuración pública de atributos, siento que se derrite. Los cuerpos se deshilachan en su límite. En su límite, se indistinguen. Barrio tras barrio, lo cualquiera arruina la equivalencia. Y yo alcanzo
una desnudez nueva,
una desnudez impropia, como vestida de amor.
¿Se evade uno alguna vez solo de la prisión del Yo?

En la okupa. En la orgía. En la revuelta. En el tren o el pueblo ocupado. Nos volvemos a encontrar.
Nos volvemos a encontrar
como singularidades cualquiera. Esto es,
no sobre la base de una común pertenencia,
sino de una común presencia.
Esta es
nuestra necesidad de comunismo. La necesidad de espacios de noche, donde podamos reencontrarnos
más allá
de nuestros predicados.
Más allá de la tiranía del reconocimiento. Que impone el re/conocimiento como distancia final entre los cuerpos. Como ineluctable separación.
Todo lo que SE –el novio, la familia, el entorno, la empresa, el Estado, la opinión– me reconoce, es por ahí por donde uno cree que SE me tiene.
Por el recuerdo constante de lo que soy, de mis cualidades, SE querría abstraerme de cada situación. SE me querría exigir en toda circunstancia una fidelidad a mí mismo que es una fidelidad a mis predicados.
SE espera de mí que me comporte como hombre, empleado, parado, madre, militante o filósofo.
SE quiere contener entre los bordes de una identidad el curso imprevisible de mis devenires.
SE me quiere convertir a la religión de una coherencia que SE ha escogido para mí.

Cuanto más soy reconocida, más mis gestos se encuentran trabados, interiormente trabados. Heme aquí capturada por la malla ultra-ajustada del nuevo poder. En las redes impalpables de la nueva policía:
LA POLICÍA IMPERIAL DE LAS CUALIDADES.
Hay toda una red de dispositivos en los que me hundo para "integrarme", y que me incorporan esas cualidades.
Todo un pequeño sistema de fichaje, de identificación y de ‘policiaje’ mutuos.
Toda una prescripción difusa de la ausencia.
Todo un aparato de control comporta/mental, que apunta al panoptismo, a la privatización transparencial, a la atomización.
Y en el cual yo forcejeo.

Necesito devenir anónima. Para estar presente.
Cuanto más anónima soy, más estoy presente.
Necesito zonas de indistinción
para acceder a lo Común.
Para no reconocerme ya en mi nombre. Para no escuchar en mi nombre sino la voz que lo llama.
Para hacer consistir el cómo de los seres, no lo que son, sino cómo son lo que son. Su forma-de-vida.
Necesito zonas de opacidad en donde los atributos,
incluso criminales, incluso geniales,
ya no se separen de los cuerpos.

Devenir cualquiera. Devenir una singularidad cualquiera, no está dado.
Siempre posible, pero nunca dado.
Hay una política de la singularidad cualquiera.
Que consiste en arrancar al Imperio
las condiciones y los medios,
incluso intersticiales,
de experimentarse como tal.
Es una política, porque supone una capacidad de enfrentamiento,
y porque una nueva agregación humana
le corresponde.
Política de la singularidad cualquiera: liberar esos espacios en los que ningún acto es ya asignable a ningún cuerpo dado.
Donde los cuerpos reencuentran la aptitud al gesto que la sabia disposición de los dispositivos metropolitanos –ordenadores, automóviles, escuelas, cámaras, portátiles, gimnasios, hospitales, televisiones, cines, etc.– les había disimulado.
Reconociéndolos.
Inmovilizándolos.
Haciendo que giren en el vacío.
Haciendo existir la cabeza separadamente del cuerpo.

Política de la singularidad cualquiera.
Un devenir-cualquiera es más revolucionario que todo ser-cualquiera.
Liberar los espacios nos libera cien veces más que todo "espacio liberado".
Más que de poner en acto un poder, gozo de la puesta en circulación de mi potencia.
La política de la singularidad cualquiera reside en la ofensiva. En las circunstancias, los momentos y los lugares en los que serán arrancados
las circunstancias, los momentos y los lugares
de un anonimato tal,
de una parada momentánea en un estado de simplicidad,
de un anonimato tal,
la ocasión de extraer de todas nuestras formas la pura adecuación a la presencia,
la ocasión de estar y ser, al fin,
ahí.



II

¿CÓMO HACER? No ¿Qué hacer? ¿Cómo hacer? La cuestión de los medios. No la de los fines, la de los objetivos,
de lo que hay qué hacer, estratégicamente, en abstracto.
La cuestión de lo que podemos hacer, tácticamente, en situación,
y de la adquisición de esta potencia.
¿Cómo hacer? ¿Cómo desertar? ¿Cómo funciona? ¿Cómo conjugar mis heridas y el comunismo? ¿Cómo permanecer en guerra sin perder la ternura?
La cuestión es técnica. No un problema. Los problemas son rentables.
Alimentan a los expertos.
Una cuestión.
Técnica. Que se redobla en cuestión de las técnicas de transmisión de esas técnicas.
¿Cómo hacer? El resultado contradice siempre al fin. Porque plantear un fin
es todavía un medio,
otro medio.

¿Qué hacer? Babeuf, Tchernychevski, Lenin. La virilidad clásica reclama un analgésico, un espejismo, cualquier cosa. Un medio para ignorarse un poco. En tanto que presencia.
En tanto que forma-de-vida. En tanto que ser en situación, dotado de inclinaciones.
De inclinaciones determinadas.
¿Qué hacer? El voluntarismo como último nihilismo. Como nihilismo propio
a la virilidad clásica.
¿Qué hacer? La respuesta es simple: someterse una vez más a la lógica de la movilización, a la temporalidad de la urgencia. Bajo pretexto de rebelión. Plantear fines, palabras. Tender hacia su cumplimiento. Hacia el cumplimiento de las palabras. Mientras tanto, dejar la existencia para más tarde. Ponerse entre paréntesis. Alojarse en la excepción de sí. A distancia del tiempo. Que pase. Que no pase. Que se pare. Hasta... Hasta el próximo. Fin.

¿Qué hacer? Dicho de otra manera: vivir es inútil. Todo lo que no habéis vivido, la Historia os lo devolverá.
¿Qué hacer? Es el olvido de sí que se proyecta sobre el mundo.
Como olvido del mundo.

¿Cómo hacer? La cuestión del cómo. No de eso que un ser, un gesto o una cosa es, sino de cómo es eso que es. De cómo sus predicados se relacionan con él.
Y él con ellos.
Dejar ser. Dejar ser la abertura entre el sujeto y sus predicados. El abismo de la presencia. Un hombre no es "un hombre". "Caballo blanco" no es "caballo".
La cuestión del cómo. La atención al cómo. La atención a la manera en que una
mujer es, y no es,
una mujer –hacen falta dispositivos para hacer de un ser de sexo femenino "una mujer",
o de un hombre con la piel negra "un negro".
La atención a la diferencia ética. Al elemento ético. A las irreductibilidades que lo atraviesan. Lo que pasa entre los cuerpos en una ocupación es más interesante que la ocupación misma.
¿Cómo hacer? quiere decir que el enfrentamiento militar con el Imperio debe ser subordinado a la intensificación de las relaciones en el interior de nuestro partido. Que lo político no es más que cierto grado de intensidad en el seno del elemento ético. Que la guerra revolucionaria no debe ser ya confundida con su representación: el movimiento bruto del combate.

La cuestión del cómo. Volverse atento al tener-lugar de las cosas, de los seres. A su acontecimiento. A la obstinada y silenciosa prominencia de su temporalidad propia
bajo el aplastamiento planetario de todas las temporalidades
por la de la urgencia.
El ¿Qué hacer? como ignorancia programática de esto. Como fórmula inaugural
del desamor atareado.

El ¿Qué hacer? vuelve. Desde hace varios años. Desde mitad de los años 90, más que
desde Seattle. Un revival de la crítica hace como si se enfrentara al Imperio con slogans, con las recetas de los años 60. Salvo que esta vez se simula. Se simula la inocencia, la indignación, la buena conciencia y la necesidad de sociedad. Se vuelve a poner en circulación toda la vieja gama de los afectos social-demócratas. De los afectos cristianos.
Y de nuevo, las manifestaciones. Las manifestaciones mata-deseos. Donde no pasa nada.
Y que ya no manifiestan
sino la ausencia colectiva.
Hasta el fin.

Para los que tienen nostalgia de Woodstock, de la ganja, de mayo del 68 y del militantismo, están las contracumbres. SE ha reconstruido el decorado, falta lo posible.
He aquí lo que ordena el ¿Qué hacer? hoy: ir a la otra parte del mundo a contestar
la mercancía global
para volver, tras un baño de unanimidad y de separación mediatizada,
a someterse a la mercancía local.
A la vuelta, está la foto en el periódico... ¡Todos solos juntos!... Érase una vez...
¡Qué juventud!...
Lástima para esos cuantos cuerpos vivos perdidos allí, buscando en vano un espacio
para su deseo.
Vuelven un poco más fastidiados. Un poco más vaciados. Reducidos.
De contracumbre en contracumbre, acabarán por fin comprendiendo. O no.

No se contesta al Imperio por su gestión. No criticamos al Imperio.
Nos oponemos a sus fuerzas.
Ahí donde estamos.
Decir lo que a uno le parece tal o tal alternativa, ir allí donde SE nos llama, todo esto ya no tiene sentido. No hay proyecto global alternativo al proyecto global del Imperio. Pues no hay proyecto global del Imperio. Hay una gestión imperial. Toda gestión es mala. Los que reclaman otra sociedad harían mejor comenzando por ver que ya no hay. Y tal vez cesarían entonces
de ser aprendices de gestores. Ciudadanos. Ciudadanos indignados.

El orden global no puede ser tomado por enemigo. Directamente.
Pues el orden global no tiene lugar. Al contrario. Es más bien del orden de los no-lugares.
Su perfección no es la de ser global, sino la de ser globalmente local. El orden global es la conjuración de todo acontecimiento porque es la ocupación acabada, autoritaria, de lo local.
Uno no se opone al orden global sino localmente. Por la extensión de las zonas de sombra sobre los mapas del Imperio. Por su puesta en contacto progresiva.
Subterránea.

La política que viene. Política de la insurrección local contra la gestión global. De la presencia recobrada sobre la ausencia de sí. Sobre la extrañeza ciudadana, imperial.
Recobrada por el robo, el fraude, el crimen, la amistad, la enemistad, la conspiración.
Por la elaboración de modos de vida que sean también
modos de lucha.
Política del tener-lugar.
El Imperio no tiene lugar. Administra la ausencia haciendo planear por todas partes la amenaza palpable de la intervención policial. Quien busca en el Imperio un adversario al que medirse encontrará el aniquilamiento preventivo.
Ser percibido, de aquí en adelante, es ser vencido.

Aprender a devenir indiscernibles. A confundirnos. Volver a degustar
el anonimato,
la promiscuidad.
Renunciar a la distinción,
Para desarticular la represión:
componer en el enfrentamiento las condiciones más favorables.
Volverse astutos. Devenir despiadados. Y para esto
devenir cualquieras.

¿Cómo hacer? es la cuestión de los niños perdidos. Aquéllos a los que no se ha dicho. Los que no son seguros en sus gestos. A los que nada ha sido dado. Cuya criaturalidad, cuya errancia, no deja de traicionarles.
La revuelta que viene es la revuelta de los niños perdidos.
El hilo de la transmisión histórica ha sido roto. Incluso la tradición revolucionaria nos deja huérfanos. El movimiento obrero sobre todo. El movimiento obrero que se ha vuelto instrumento de una integración superior al Proceso. Al nuevo Proceso, cibernético, de valorización social.
En 1978, el PCI, el "partido de manos limpias", lanzó en su nombre
la caza a la Autonomía.
En nombre de su concepción clasista del proletariado, de su mística de la sociedad,
del respeto del trabajo, de lo útil y de la decencia.
En nombre de la defensa de los "avances democráticos" y del Estado de derecho.
El movimiento obrero que se habrá sobrevivido en el operaísmo.
Única crítica existente del capitalismo desde el punto de vista de la Movilización Total.
Doctrina temible y paradójica,
que habrá salvado el objetivismo marxista no hablando más que de "subjetividad".
Que habrá llevado a un refinamiento inédito la denegación del cómo.
La reabsorción del gesto en su producto.
La urticaria del futuro anterior.
De eso que toda cosa habrá sido.

La crítica se ha vuelto vana. La crítica se ha vuelto vana porque equivale a una ausencia. En cuanto al orden dominante, todo el mundo sabe a qué atenerse. Nosotros no tenemos
ya necesidad de teoría crítica. No tenemos necesidad de profesores. La crítica gira a favor de la dominación, desde ahora. Incluso la crítica de la dominación.
Ella reproduce la ausencia. Nos habla desde donde no estamos. Nos propulsa a otra parte. Nos consume. Es cobarde. Y permanece al abrigo cuando nos envía a una carnicería.
Secretamente enamorada de su objeto, no cesa de mentirnos.
De ahí los idilios tan cortos entre proletarios e intelectuales comprometidos.
Esos matrimonios de razón donde no se tiene la misma idea ni del placer ni de la libertad.

Más que nuevas críticas, son nuevas cartografías las que necesitamos.
Cartografías no del Imperio, sino de las líneas de fuga hacia fuera de él.
¿Cómo hacer? Necesitamos mapas. No mapas de lo que está fuera del mapa.
Sino mapas de navegación. Mapas marítimos. Herramientas de orientación. Que no tratan de decir, de representar lo que hay en el interior de los diferentes archipiélagos de la deserción, sino que nos indican cómo llegar, cómo unirnos a ellos.
Portulanos.



III

Es martes 17 de Septiembre de 1996, poco antes del alba. El ROS (Reagrupamiento Operacional eSpecial) coordina en toda la península el arresto de 70 anarquistas italianos.
Se trata de poner término a 15 años de investigaciones infructuosas que tenían por objeto a anarquistas insurreccionalistas.
La técnica es conocida: fabricar un "arrepentido", hacerle denunciar la existencia de una vasta organización subversiva jerarquizada.
Después acusar sobre la base de esta creación quimérica a todos aquéllos a los que se quiere neutralizar de formar parte.
Una vez más, secar el mar para coger a los peces.
Incluso cuando no se trata más que de un estanque minúsculo.
Y de algunos gobios.

Una "nota informativa de servicio" escapó al ROS
en relación a este asunto.
Se expone su estrategia.
Fundada sobre los principios del general Dalla Chiesa, el ROS es el servicio imperial tipo de contra-insurrección.
Trabaja sobre la población.
Allí donde una intensidad se produce, allí donde algo ha pasado, él es el french doctor
de la situación. El que pone,
con el pretexto de profilaxis,
los cordones sanitarios cuyo objeto es aislar
el contagio.
Lo que teme, lo dice. En este documento, lo escribe. Lo que teme, es "el pantano
del anonimato político".
El Imperio tiene miedo.
El Imperio tiene miedo de que nos volvamos cualquieras. Un medio delimitado, una organización combatiente. No los teme. Pero una constelación expansiva de okupas, de granjas autogestionadas, de viviendas colectivas, de reuniones fine a se stesso, de radios, de técnicas y de ideas. El conjunto ligado por una intensa circulación de los cuerpos y de los afectos entre los cuerpos. Ese es otro asunto.

La conspiración de los cuerpos. No de los espíritus críticos, sino de las corporeidades críticas. He ahí lo que el Imperio teme. He ahí lo que lentamente adviene,
con el incremento de los flujos,
de la defección social.
Hay una opacidad inherente al contacto de los cuerpos. Y que no es compatible con el reino imperial de una luz que ya no ilumina las cosas
sino para desintegrarlas.
Las Zonas de Opacidad Ofensiva no están
por crear.
Están ya ahí, en todas las relaciones en las que sobreviene una verdadera
puesta en juego de los cuerpos.
Lo que hace falta es asumir que tomamos parte en esta opacidad. Y dotarse de los medios
de extenderla,
de defenderla.
Por todas partes donde se llega a desarticular los dispositivos imperiales, a arruinar todo el trabajo cotidiano del Biopoder y del Espectáculo para exceptuar de la población una fracción de ciudadanos. Para aislar nuevos untorelli. En esta indistinción reconquistada
se forma espontáneamente
un tejido ético autónomo,
un plan de consistencia
secesionista.
Los cuerpos se agregan. Recuperan el aliento. Conspiran.
Que tales zonas estén condenadas al aplastamiento militar importa poco. Lo que importa,
es cada vez
arreglar una vía de retirada bastante segura. Para volverse a agregar en otra parte.
Más tarde.
Lo que sustentaba el problema de ¿Qué hacer? era el mito de la huelga general.
Lo que responde a la pregunta ¿Cómo hacer? es la práctica de la HUELGA HUMANA.
La huelga general permitía interpretar que había una explotación limitada
en el tiempo y en el espacio,
una alienación parcelaria, debida a un enemigo reconocible, por tanto derrotable.
La huelga humana responde a una época en la que los límites entre el trabajo y la vida acaban por difuminarse.
Donde consumir y sobrevivir,
producir "textos subversivos" y precaverse de los efectos más nocivos de la civilización
industrial,
hacer deporte, el amor, ser padre o estar con el Prozac.
Todo es trabajo.
El Imperio gestiona, digiere, absorbe y reintegra
todo lo que vive.
Incluso "lo que yo soy", la subjetivación que no desmiento hic et nunc,
todo es productivo.
El Imperio ha puesto todo a trabajar.
Idealmente, mi perfil profesional coincidirá con mi propio rostro.
Incluso si no sonríe.
Las muecas del rebelde venden muy bien, después de todo.

Imperio, es decir que los medios de producción se han convertido en medios de control
al mismo tiempo que lo contrario se verificaba.
Imperio significa que de ahora en adelante el momento político domina
el momento económico.
Y contra esto, la huelga general no puede ya nada.
Lo que hay que oponer al Imperio es la huelga humana.
Que nunca ataca las relaciones de producción sin atacar al mismo tiempo
las relaciones afectivas que las sostienen.
Que socava la economía libidinal inadmisible,
restituye el elemento ético –el cómo– reprimido en cada contacto entre los cuerpos
neutralizados.
La huelga humana es la huelga que, allí donde SE esperaba
tal o cual reacción previsible,
tal o cual tono apenado o indignado,
PREFIERE NO.
Se disimula al dispositivo. Lo satura, o lo estalla.
Se recobra, prefiriendo
otra cosa.
Otra cosa que no está circunscrita en los posibles autorizados por el dispositivo.
En la ventanilla de tal o tal servicio social, en las cajas de tal o tal supermercado, en una conversación cortés, en una intervención de la poli,
según la relación de fuerzas,
la huelga humana hace consistir el espacio entre los cuerpos,
pulveriza el double bind en el que están capturados,
los conduce a la presencia.
Hay todo un luddismo por inventar, un luddismo de los engranajes humanos
que hacen girar el Capital.

En Italia, el feminismo radical ha sido una forma embrionaria de la huelga humana.
"¡Basta de madres, de mujeres y de hijas, destruyamos las familias!" era una invitación al gesto de romper los encadenamientos previstos,
de liberar los posibles comprimidos.
Era un atentado a los comercios afectivos fracasados, a la prostitución ordinaria.
Era una llamada a sobrepasar la pareja, como unidad elemental de gestión
de la alienación.
Llamada a una complicidad, pues.
Práctica insostenible sin circulación, sin contagio.
La huelga de las mujeres llamaba implícitamente a la de los hombres y los niños, llamaba a vaciar las fábricas, las escuelas, los despachos y las prisiones,
a reinventar para cada situación otra manera de ser, otro cómo.
La Italia de los años 70 era una gigantesca zona de huelga humana.
Las auto-reducciones, los atracos, los barrios okupados, las manifestaciones armadas, las radios libres, los innumerables casos de "Síndrome de Estocolmo",
incluso las famosas cartas de Moro detenido, hacia el final, eran
prácticas de huelga humana.
Los estalinistas hablaban entonces de "irracionalidad difusa", y ya es decir.

Hay autores también
en los que se está todo el tiempo
en huelga humana.
En Kafka, en Walser,
o en Michaux,
por ejemplo.

Adquirir colectivamente esa facultad de sacudir
las familiaridades.
Ese arte de frecuentar en sí-mismo
al huésped más inquietante.

En la guerra presente,
en la que el reformismo de urgencia del Capital debe tomar los hábitos del revolucionario para hacerse entender,
en la que los combates más demókratas, los de las contracumbres,
recurren a la acción directa,
un papel nos está reservado.
El papel de mártires del orden demokrático,
que golpea preventivamente todo cuerpo que podría golpear.
Yo debería dejarme inmovilizar ante un ordenador mientras las centrales
nucleares explotan, debería dejar que SE juegue con mis hormonas o a envenenarme.
Debería entonar la retórica de la víctima. Porque, está claro,
todo el mundo es víctima, también los opresores mismos.
Y saborear que una discreta circulación del masoquismo
vuelva a dar encanto a la situación.

La huelga humana, hoy, es
rechazar jugar el rol de la víctima.
Atacar ese rol.
Reapropiarse de la violencia.
Arrogarse la impunidad.
Hacer comprender a los ciudadanos pasmados
que aunque no entren en la guerra están de todos modos.
Que allí donde SE nos dice que es tal cosa o morir, es siempre
en realidad
tal cosa y morir.

Así,
de huelga humana
en huelga humana, propagar
la insurrección,
donde ya no hay sino,
donde somos todos
singularidades
cualquiera.

Traducido en la Fundación Straubinger




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