El francés Régis Debray, seudo-revolucionario y auténtico informador-topo saboteador de los servicios de inteligencia
por Claude Ribbe*
En 2004, Francia se reconcilia con los Estados Unidos participando en el derrocamiento del presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide. El intelectual seudo-revolucionario francés Regis Debray organizaba el golpe de Estado por cuenta del gobierno francés. Testigo excepcional de aquel drama, el escritor francés Claude Ribbe, quien fue miembro de la Comisión Internacional de Expertos sobre la Deuda de Haití, describe aquí la conspiración, la campaña de difamación desatada contra el presidente Aristide, su secuestro y su detención fuera de su país. París había previsto el regreso al poder del ex dictador Duvalier. Pero en el último momento, Estados Unidos impuso a sus propios títeres, Boniface Alexandre y Gerard Latortue.
Regis Debray, el «compañero» bocón del Che Guevara
Yo lo sabía! Yo lo sabía muy bien que el olor emanando de los cadáveres de Haití en descomposición atraería [al escritor francés] Régis Debray, el hombre que cree que el Sr. Villepin [antiguo Primer Ministro del presidente francés Chirac] será coronado emperador de los Franceses en marzo de 2012. Régis Debray sueña con ser ministro de Cultura de Napoleón IV (el último de la descendencia fue Napoleón III, el autor se refiere de manera irónica, cuando habla de Napoleón IV, nota de la redacción).
Tiene razón. Todas las ocasiones son buenas. Por eso estoy seguro que Régis Debray tiene colgado el retrato de Villepin en su cuartito, justo encima de su cama.
Sólo han hecho falta diez días para que olor a muerte lo atraiga.
!Qué olfato tan bueno el de Régis!
Después de los consejos dados por Villepin a Nicolás Sarkozy [actual presidente francés], Régis Debray sube al pódium para declarar en la antena de la radio internacional France Inter que es imperativo poner Haití bajo tutela.
Entonces, vamos, hablemos de este Régis Debray que yo admiro mucho, es necesario que yo lo diga. Me gustaría mucho tener su estilo retenido, y esa elevación que me recuerda por otro lado el estilo del Sr. Villepin. Es verdad, no lo había dado cuenta antes: hay algo de común en los escritos de ambos, de estos dos personajes. Yo me pregunto por qué. Será necesario que yo reflexione cuando tenga un poco de tiempo.
Yo nunca me hubiese interesado en ese viejo reaccionario un poco arrogante [Régis Debray], pero tan enternecedor en sus certitudes, este viejo guerrillero cuyas ideas están pasadas de moda, es cierto (sus trajes también, preciso), yo nunca me hubiese interesado en él sino lo hubiera encontrado en mi camino y de una manera sorprendente que yo voy a narrar en detalles. Inútil de volver a contar otra vez su heroico rol en el arresto del Ché Guevara en Bolivia. Él había sido su compañero y tiene razón de vanagloriarse de esto.
Los antiguos activistas franceses de los años 68’ lo consideran como un verdadero y ejemplar revolucionario. !Todo lo que yo siempre quise ser!
Pero las «malas lenguas» —y entre ellas hay que incluir a la misma hija del Ché Guevara que seguramente no es ninguna loca afectada por la pena— dicen que es un traidor vendido a los Estados Unidos. Estas palabras que podrían ser viles calumnias, evidentemente y simplemente están fundadas sobre el hecho que el mismo Ché Guevara —que se encontraba secretamente en Bolivia en 1967 y que un espía-topo infiltrado de la CIA indicó su presencia— escribió cosas en su diario de campaña respecto a Régis Debray...
Pero yo ya veo a los lectores de este gran escritor francés (y seguramente futuro miembro de la Academia, en todo caso futuro ministro de la Cultura de Francia), yo los veo indignarse [de mi acusación]. Ellos reclaman los detalles de esta acusación. ¿Detalles? Muy bien, pero esto va alargar mi discurso. Que vamos hacer. Volvamos entonces al año 1967.
He aquí lo que escribió el Ché Guevara en su diario el 28 de marzo:
«El francés ha defendido con mucha vehemencia el deseo de partir precisando que él sería más útil afuera.»
Yo no veo allí más que sospechas infundadas. Debray, joven intelectual gaulliste disfrazado en guerrillero, hijo de una senadora gaulliste y de... yo no sé que quien más, otro gaulliste, creo, estaba en esa época en Bolivia con el Ché Guevara [1]. Pero estaba apurado en irse. El Ché Guevara desconfiaba de esta actitud precipitada de irse así de repente. Casualidad positiva o negativa (no sabemos mucho), Debray fue arrestado por las fuerzas militares bolivianas que trabajaban con la CIA.
Una vez en las manos de esta gente, yo no dudo que un intelectual del temple de Debray haya sido discreto. En cambio el Ché tenía dudas al respecto. Después del arresto de Debray y de su compañero Bustos, otro emérito intelectual, tan fiable como Debray, que los bolivianos y la CIA fueron informados que el Ché Guevara estaba en Bolivia. Después de este arresto, he aquí lo que el Ché Guevara escribió con fecha del 30 de junio de 1967:
«...En el plano político, lo más importante es la declaración oficial de Ovando que dice que yo estoy aquí [en Bolivia]. Además, él dice que el ejército se enfrenta a guerrilleros perfectamente entrenados y que incluso, cuentan con comandos vietcongs que han vencido a los mejores regimientos norteamericanos. Él se apoya en las declaraciones de [Régis] Debray que al parecer, ha hablado más que necesario a pesar que nosotros no podamos saber qué consecuencias tendrá esto, ni cuales han sido las circunstancias en las cuales él [Debray] ha dicho lo que ha dicho...»
Debray fue interrogado por las fuerzas militares bolivianas y la CIA, más exactamente los días 8 y 14 de mayo de 1967. Yo no dudo de él, estoy seguro que se comportó como un héroe, a pesar de haber recibido sin duda algunas bofetadas. ¡Pobre Régis!
También vemos que el Ché Guevara ha escrito en su diario, con fecha del 10 de julio:
«Por otro lado, las declaraciones de Debray... no están bien; sobre todo porque ellos [Debray y Bustos] han hecho confesiones respecto al objetivo continental de la guerrilla, cosa que ellos no debieron haber dicho.»
¿Han hecho «confesiones»? ¿Y qué otras cosas más? Ahí, yo comienzo a dudar de la honestidad del Ché Guevara.
Pero como son Ustedes los que quieren saber todo acerca del futuro Ministro de la Cultura de Napoleón IV, estoy obligado de precisar que, veinte años después de estos acontecimientos históricos, un general boliviano, el Gral. Arnaldo Saucedo Parada, jefe de los Servicios Secretos del 8vo Regimiento, el mismo regimiento que operaba contra la guerrilla del Ché Guevara [en Bolivia], dio su versión de los hechos y publicó incluso algunos documentos al respecto, es decir informaciones obtenidas por el ejército sobre la guerrilla en esa época [2].
¿Tenemos que creer lo que dice este militar? No lo pienso. Pero para ser justos y honestos, yo les muestro a continuación in extenso lo que este General boliviano escribió:
«La existencia de la guerrilla fue señalada al ejército [boliviano] el 11 de marzo, cuando los guerrilleros desertores Vicente Rocabado Terras y Pastor Barrera Quintana fueron capturados y puestos en manos de la Dirección Provincial de Investigaciones —DIP— donde fueron posteriormente entregados a las autoridades militares de Camiri. Estos desertores han claramente informado el hecho que la guerrilla se preparaba cerca del río Ñancahuazu con elementos cubanos, peruanos, argentinos y bolivianos y que el jefe era Ché Guevara, bajo la protección de Fidel Castro desde Cuba; además, esta información fue completada por otro guerrillero arrestado el 18 de marzo, Salustio Choque Choque y confirmada por [el francés] Régis Debray y Ciro Roberto Bustos, el 8 de mayo de 1967, en el transcurso del interrogatorio efectuado por el J-2 del Comandante de las Fuerzas Armadas, Federico Arana Cerudo, quien relata lo dicho, también por el teniente coronel de los carabineros Roberto Quintanilla y por Mario González, [agente] de la CIA.
Cuando leeremos las memorias de Bustos [que yo muestro] en este libro, veremos que con que apuro los teóricos Debray y Bustos querían irse de la zona de peligro [de combate] y este comportamiento fue la causa principal del rápido fracaso de la guerrilla del Ché [en Bolivia], porque esto obligó a toda la tropa [guerrillera] a irse a Muyupampa y pasar por el Yuque, a causa de un enfermo, el Ché dejó a Joaquín con la retaguardia y al regreso no se encontraron, y el hecho de buscarse unos y otros, acaparó toda la atención del Ché y de Joaquín ,esto " les ató las manos” impidiéndoles de efectuar otras acciones militares, que tal vez les habría dado alguna ventaja con resultados imprevisibles cuando se trata de este tipo de lucha, porque mientras el enemigo no ha sido aplastado y no se haya rendido sin condición la guerra no ha terminado [«incluso tres personas pueden continuar la pelea en la guerrilla», Régis Debray en su libro Revolución en la Revolución] y los resultados pueden variar en función de los análisis que se hacen de la situación, al interior del Comando Conjunto Militar, lo que es cierto, es que esta separación de la guerrilla fue un accidente que les quitó fuerza y fue el comienzo del fin. Esto fue el preludio en los sitios llamados Gué del Yeso y del Churo.
Con la captura de Régis Debray y Bustos en Muyupampa el 20 de abril [1967], nosotros tuvimos [primera vez] un panorama más amplio y preciso de la guerrilla [del Ché Guevara], su plan de batalla, su organización y otras interrogantes que no sabíamos hasta ese momento, como la confirmación de la presencia del Ché y del grupo de cubanos, gracias por un lado a las declaraciones de Debray y Bustos, gracias por otro lado por el carnet de memorias escrito por este último y que fue inmediatamente dado al conocimiento del Comando Conjunto, así que el retrato dibujado a lápiz de los 20 guerrilleros, incluso una descripción escrita bien detallada de las características físicas de cada uno de los guerrilleros y posteriormente un croquis detallado de la ubicación de sus campamentos y escondites que permitieron descubrir las "grutas" y otras guaridas donde escondías sus armas y sus materiales etc...
La Sección-2 de la 8va División [del Ejército] obtuvo igualmente de Debray una carta escrita de su puño y letra el 14 de mayo [1967] y en la cual él confirma la presencia del Ché Guevara en Bolivia y precisa que es Fidel Castro en persona que lo ha enviado para que él [Debray] se vea con el Ché. El original de esta carta fue enviada al Comandante del Ejército [boliviano]. Indudablemente, es con la captura de Debray y Bustos que el ejército boliviano tiene la prueba que efectivamente el Ché está en Bolivia. Los dos [Debray y Bustos] confirman el hecho a los servicios secretos que el Ché está aquí.
Otro hecho tuvo una influencia muy importante y esto fue la separación del grupo de Vilo con la fuerzas de retaguardia. Esto fue una separación involuntaria, pero que se debió precisamente a la insistencia de Debrayque no paraba de pedir para irse. Frente a esta situación —día y noche Debray hablaba con el Ché— señalándole que él sería más útil en la ciudad, desarrollando contactos, que [por otro lado] físicamente él no era un guerrillero, que él deseaba irse, que podía ser de gran ayuda afuera (...)
En la guerrilla, él [Debray] no hizo nada excepcional. Debray pasó su tiempo diciendo que quería irse de la guerrilla. Para mí, teniendo en cuenta todo lo que escribió, lo que él buscó fue ganarse la confianza de la Revolución Cubana y la confianza del Ché. Yo no sé cuál era su objetivo. Pero con lo que ha hecho, su toma de posición estos últimos tiempos, yo no excluyo que él [Debray] haya podido jugar sobre dos tableros.
El Ché actuó de manera consecuente hacía el mismo [y sus convicciones], incluso el Ché fue muy comprensivo cuando Debray le habló de su deseo de tener un niño (...) Yo les digo que la separación en dos grupos (...) Es algo que nadie ha dicho y que yo se lo digo a Debray, que sea más honesto consigo mismo, que diga que la guerrilla [del Ché Guevara] tuvo más problemas por su culpa, que lo diga al menos una vez, de que él [Debray] fue el causante de la separación de la guerrilla (...) Cuando los hombres no tienen la capacidad [ni la envergadura] necesaria, pueden cambiar de vista [opinión] y Ciro Bustos cambió de vista, se vio hecho prisionero —parece que lo amenazaron— y esto le hizo perder su color, se descolorió [su piel, se puso blanco como un papel]. Es lo que pienso respecto a Ciro Bustos y de Régis Debray —lo repito— pienso que él [Debray] jugaba sobre dos tableros.»
Todo el mundo se habrá dado cuenta que este General boliviano es un cuentista.
«Debray jugaba sobre dos tablero» ¡Insensato! ¡Impensable! Tales acusaciones no merecen que sean desmentidas. Esto es todo en cuanto al año 1967 [3]. Cerremos este capítulo. No hay nada de grave. «Debray que al parecer, ha hablado más que necesario» pero es el Ché Guevara que lo dice.
«Debray ha hecho confesiones cosa que no debió haber dicho». Es otra vez Ché Guevara que lo dice. Yo me pregunto si el fondo el Ché Guevara no estaba un poco celoso de nuestro gran intelectual, de nuestro maravilloso escritor francés, para dudar así de su amigo.
¿El rol menor jugado por el Ché Guevara en la Revolución Cubana puede ser comparado un instante con las hazañas de Régis Debray [en Bolivia]?
¡Evidentemente no! Para convencerse basta con admitir la verdad: Ché Guevara no era más que un perdedor. ¿La prueba? El Ché ha muerto, capturado y ejecutado sin mayor proceso el 9 de octubre de 1967, mientras que el valiente Debray, el mismo, sobrevivió a esta prueba, incluso se ha hecho famoso contando durante 43 años, sus gloriosas aventuras en la selva boliviana. ¡Cómo lo envidio! Todo esto no prueba nada. Solamente que el Ché era paranoico o en peor de los casos, que a nuestro amigo Debray le gusta la conversación y habla a todo el mundo. Incluso a la gente de la CIA. Pero, ¿qué hay de malo en todo esto? Es sin ninguna duda a causa de ese don natural hablador que el [periodista francés] Nicolás Demorand lo invitó el 22 de enero de 2010 a la antena de la radio France Inter en París.
¿Habló mucho nuestro amigo Debray? No, solamente dijo que habría que poner Haití bajo [control] tutela.
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Debray, niega históricamente la esclavitud
Desde el año 2002 yo intentaba llamar la atención a un cierto número de responsables [políticos franceses] de diversos sectores, acerca del interés que habría para Francia de participar de manera digna a la celebración y conmemoración del bicentenario de Haití, prevista para el 1 de mayo de 2004. Entres los responsables que yo contacté se encontraba la Srta. Valérie Terranova, muy cercana [al ex-presidente francés de esa época] Jacques Chirac y oficialmente consejera a la Presidencia de la República para la Francofonía. Y de manera no oficial, Terranova se ocupaba también del Japón y de las buenas obras de caridad [del hoy fallecido presidente africano de Gabón] de Omar Bongo. Valérie Terranova se me presentó el día que se trasladaban las cenizas [del famoso escritor francés] Alexandre Dumas al Panteón [monumento mausoleo donde Francia deposita los restos mortales de los héroes de la nación].
Era ella la que había tenido la idea de esta transferencia y se la había impuesto a Chirac, el cual se interesa tanto a Dumas como yo me intereso al fútbol o al queso de cerdo. Terranova me había propuesto de almorzar juntos. Yo había intentado explicar a esta joven mujer bastante superficial e inculta —cuya única ambición— aparte de servir al presidente, era la de lograr encontrar un productor de Hollywood para que acepten un escenario que ella había escrito con su hermano acerca de los orígenes haitianos de [la familia] Dumas. Yo me esforzaba entonces de explicarle la necesidad de asumir [y afrontar] con dignidad nuestro pasado de país [colonizador] habiendo empleado [masivamente] la esclavitud [como la trata de esclavos] en Haití, esto era además una buena manera de luchar contra el racismo. También era una manera de ayudar a los haitianos, a sacarlos del marasmo en el que se encontraban, en donde Francia era en gran parte la causante o la culpable.
Del informe que ella redactó de nuestro encuentro, lo único que fue tomado en cuenta por el Gobierno [francés] era la inminencia de las celebraciones del Bicentenario [en Haití] y que por razones de ignorancia, nadie dentro de la administración gubernamental [francesa] había pensado. El hecho de que los [haitianos] los «anti-Napoleón» se organizaban en Puerto Príncipe [capital de Haití], la peligrosidad de ciertos negros franceses, más inteligentes de lo que uno se podía imaginar y la urgencia de cortar corto y rápido con estas [celebraciones] reivindicatorias, parar a toda costo estas conmemoraciones, la urgencia [para Francia] de crear rápidamente une expedición punitiva. Y para ello se eligió a un «general» [francés].
Se escogió a Régis Debray y se le asignó una doble misión.
- Primero, constituir un grupo de intelectuales para frenar [el debate histórico] de reivindicaciones «memoriales» [de la historia de Haití] en Francia.
- La segunda misión era la de sabotear el bicentenario de la independencia de Haití y dar apoyo a un probable Golpe de Estado decidido por Washington contra el presidente Aristide, que era el primer presidente democráticamente elegido en la historia de Haití y que había tenido la audacia de denunciar el vergonzoso pasado de Francia en Haití: 150 años de esclavitud, 1 millón de africanos deportados, 5 millones de muertos en África a consecuencia de este tráfico de esclavos y de otro lado, la extorsión de 21,000 millones de dólares, impuesto por fuerza militar por París a Haití en el año 1825 como pago por su independencia. [4].
Régis Debray era ahora adulón y amigo intimo de la hermana de Dominique de Villepin [el Primer Ministro de Jacques Chirac en esa época], es decir amigo intimo de Véronique Albanel, mujer casada con un general de la Fuerza Aérea [francesa] y que Villepin pensaba nombrarlo [algún día] como jefe del Comando Conjunto de las fuerzas armadas.
Este general animaba una misteriosa asociación conjuntamente con el Vaticano, llamada Fraternidad-Universal, disponiendo al parecer de grandes medios [financieros], y que actuaba bajo pretexto [o cobertura] de un intervencionismo humanitario, en todos los lugares «calientes» de los países en desarrollo, en particular en Haití. Esta Mata-Hari [5] religiosa reclutaba sus colaboradores [en las facultades] de Ciencias Políticas por intermediario [y recomendación] de la capellanía. Debray estaba feliz de poder prosternarse a los pies de los poderosos del momento: Chirac, Villepin. Se iba a convertir como en la época del [presidente francés] Mitterrand, en el consejero del «príncipe».
Podría pedir ahora cualquier cosa, que den armas y pistolas a sus viejos amigos sin tener que utilizar los requerimientos [estatales] necesarios acostumbrados. Tal vez le darían una oficina en el Elíseo —el palacio presidencial— en París.
Utilizando su imagen, completamente traficada, la del intelectual de izquierda y su cierta influencia en el sector de la edición [casas editoriales], donde más era admirado a medida que no se le entendía nada, como él mismo, que no entendía nada a lo que escribía.. pues sí, nuestro valiente Régis Debray es el fundador e inventor de una ciencia la «médiología», su acción tuvo más fuerza y eco que el llamado [histórico] que debieron hacer los escritores haitianos y antillanos, y en ese sentido los venció. Porque nadie en tales circunstancias es insensible a un contrato para que le publiquen su libro que acaba de escribir, a un auspicio e invitación en los medios de comunicación, en los coloquios y otras presentaciones culturales, a un puesto en la universidad como profesor, a un cheque para las obras de la asociación, a una medalla o condecoración, a una visa para un pariente, un amigo, un permiso de residencia para la amante, a una nacionalización, al pasaporte que falta conseguir. Por eso solo faltaba encontrar ahora a los historiadores que tendrían que minimizar históricamente los nefastos recuerdos de la esclavitud trasatlántica [hecha por Francia].
Y para ello se escogió a Olivier Pétré-Grenouilleau, oscuro profesor en la Universidad de Lorient, que acababa de sustentar una tesis más que rarísima y repudiada que explicaba a groso modo que los peores amos de la esclavitud o traficantes «negreros» fueron los mismos Africanos y los Árabes y que el tráfico de esclavos cruzando el [océano] Atlántico era una obra de caridad, en el fondo bastante costosa y ruinosa [económicamente] para los «negreros» franceses y para los colonizadores establecidos en las Antillas. La obra de Debray fue publicada en la famosa casa editorial parisina Gallimard, gracias sin duda a la ayuda más que necesaria de Pierre Nora, un viejo que dirige en esa casa editora una colección de Historia y cuyo racismo hacia los negros, —su «negrofobía» es patológica—, apoyó igualmente la publicación del libro de Pétré-Grenouilleau.
El contrato fue firmado entonces con la casa editorial. Pero a pesar de todo se temía que los intelectuales «negros» protesten. Para ayudar a Pétré-Grenouilleau, se escogió también a un dócil profesor universitario en el Instituto Práctico de Altos Estudios, un tal Pap Ndiaye, relacionado por su esposa con Yves Kamani, encargado oficial en el CRIF [6] de una oficina para ocuparse de los «negros». Pap Ndiaye tenía la ventaja de estar en contacto con los neo-reaccionarios estadounidenses. Él era el animador de la extraña asociación, el CAPDIV. [7]
Se le encargó y preparó para que al momento necesario pueda acaparar el espacio mediático para defender lo que no es posible, y, si además podía crear discretamente una organización de "negros" y a la cual se le daría todo el apoyo y medios necesarios para que ocupe el espacio y legitimada [por las autoridades francesas] como la [sola] representativa. El mejor amigo de Jacques Chirac, el magnate François Pinault, que había comenzado haciendo fortuna con la explotación de los bosques tropicales africanos sería solicitado [para que apoye]. También era dueño de las ediciones Tallandier, especializados en la glorificación de Napoleón, propietario además de tres revistas: Le Point (comprada en 1997 para escapar al ISF) Historia et L’Histoire. Estas dos últimas [revistas] promovían y divulgaban un contenido histórico. Se decidió de dedicar un número especial a la esclavitud, y que promocionaría, publicitaría los trabajos Pétré-Grenouilleau y al mismo tiempo aquellos de Pap Ndiaye.
Para que esta operación negrofóbica [de] Villepin-Debray sea todo un éxito, se buscó una persona para que haga el rol de «malo», en ese sentido el humorista negro francés Dieudonné se encontró embarcado en esta historia, sea conscientemente o inconscientemente por intermediario de un activista: Alain Sorel. Todos aquellos que dirían lo contrario de lo que diría Pétré-Grenouilleau serían tildados de antisemitas, locos furiosos inspirados por Dieudonné. «Cuanto más gruesa es la cuerda más difícilmente esta se rompe» (Chirac). El día que Dieudonné ya no asusté o sirva de «malo», se sacaría otro joker, por ejemplo: Kémi Séba. [8]
En Haití, Villepin dio funciones oficiales a Debray y los medios financieros nombrándolo presidente de una Comisión encargada de «reflexionar» sobre las relaciones franco-haitianas. Pero la verdadera misión [objetivo] era la de preparar un Golpe de Estado [en Haití]. La parte diplomática de esta operación fue confiada a tres hombres:
- Phillipe Selz, antiguo embajador [francés] en Gabón, colocado para secundar a Debray y para desestabilizar Haití.
- Thierry Burkard, cuñado de un entrenador de caballos de carrera en Chantilly, Burkard fue nombrado embajador [francés] en Puerto Príncipe [capital de Haití] para dirigir como jefe de orquesta a toda la gentuza local vendida al Golpe de Estado.
- Eric Bosc, secretario en la embajada de Francia, encargado de desinformar a la prensa francesa desde Puerto Príncipe y de otorgar las visas solamente a los «buenos» haitianos, es decir a todos los vendidos que aceptaban de viajar a París para escupir y denunciar al presidente [Aristide] elegido democráticamente. Bosc (quien fue posteriormente expulsado de Togo por injerencia) era alguien tan paranoico, tan racista y negrófobo que lo había convertido casi como un loco. Veía bazukas apuntadas en dirección de la embajada de Francia desde las oficinas presidenciales de Aristide, quien según Bosc, celebraba misas negras con sacrificios de niños cortados en pedazos. Estos eran los «scoop» que Bosc daba a la prensa y los corresponsales extranjeros, sobre todo a Jean Michel Caroit corresponsal del diario parisino Le Monde establecido en Santo Domingo y cercano a los Duvalieristas. [9]
Las reuniones se llevaban a cabo en París en casa de Véronique Rossillon, una [rica] heredera de la familia Seydoux-Schlimberger, que se había dado el gusto de tener un colegio en Jacmel [Haití] el colegio Alcibiade-Pomayrac que ella financiaba de sus rentas, motivo que le daba una posición para interesarse en los asuntos del país e interferir en la diplomacia francesa. Yo estuve en contacto con ella porque un amigo mío francés me la presentó, pero yo ignoraba en esa época, que este amigo había hecho parte del movimiento Jean-Claudista de Baby-Doc.
Porque Jean-Claude Duvalier, clandestinamente recibido y con residencia gracias a la ayuda de Francia desde 1986, estaba siempre activo [por sus intereses en Haití]. Y fue reintegrado en el operativo en curso.
¿No fue Debray que se había encargado de su llegada [y de recibirlo] en Francia en 1986?
Duvalier no llegó con las manos vacías. En el avión de los servicios secretos de EEUU que lo sacó de Haití para dejarlo en Grenoble [ciudad al sur de Francia] había 900 millones de dólares de «ahorros», por tal razón comprendemos hoy porque su estadía temporaria en Francia, prevista para quedarse 6 meses, se ha prolongado 24 años con alta vigilancia policial. Todos los ministros [franceses] del Interior que se han sucedido en el puesto durante un cuarto de siglo han jurado, poniendo su mano sobre el fuego, que no sabían donde Duvalier se encontraba.
La señora Rossillon, que yo no me imaginaba ni sospechaba el rol que ella jugaba en todo esto, me recibió para almorzar en su hotel particular situado en la calle Las-Cases, y pensando tal vez impresionarme, me hizo un show de vieja millonaria caprichosa, show bastante patético. Y en lugar de un postre, recibí de la millonaria una letanía de quejas respecto al presidente Aristide así como de sus principales consejeros. Esta mujer fue hasta imitar el acento haitiano con un desprecio tan racista que me aterrorizó. Enseguida la señora me habló de las condecoraciones que Duvalier le había otorgado. Y como yo no estaba de acuerdo de sus propósitos, me dijo que mi testarudez le recordaba aquella de su difunto marido, el señor Phillip Rossillon, que había fundado el grupo Patria y Progreso, del cual el antiguo ministro [francés] Jean-Pierre Chevènement había sido miembro, militando para ganar a su causa los gaullistas de izquierda en el asunto de [conservar] la Argelia francesa [durante la lucha de independencia de ese país]. En 1968, los canadienses lo acusaron de ser un espía-saboteador cuya misión era fomentar la cizaña en el Quebec [región de habla francesa en Canadá]. Yo no sé si su comparación era un elogio para mí. Algunos días más tarde yo recibí una llamada del embajador Selz, diciéndome que Debray quería verme, a pedido de la Sra. Rossillon.
Para poder componer su Comisión, el guerrillero hablador había reunido un grupo muy unido [«el núcleo duro»] de universitarios cuyo trabajo era la de validar y aplaudir las tesis de Pétré-Grenouilleau y de desacreditar a todos aquellos que lo criticasen. Esa Comisión contaba con la presencia de: Myriam Cottias y Jean-Marc Masseaut, «negrólogos» autorizados por el gobierno, Marcel Dorigny, un representante del ala de Chirac en el Partido Comunista, encargado de vigilar y controlar los trabajos universitarios realizados sobre la esclavitud bajo el auspicio de una asociación reuniendo ingenuos bachilleres preparando sus tesis, como Yvon Chotard, un socialista que se cambiaría de camiseta para pasarse a la derecha, animando una asociación: «Los anillos de la Memoria», una antena del Ministerio de Relaciones Exteriores. Para dar buena impresión y colorear un poco esta Comisión compuesta de únicamente de caras pálidas, se designó a Jacky Dahomay, un profesor de filosofía de las islas Guadalupe, incapaz de conseguir su doctorado pero que beneficiaba de otras concesiones ya que era el protegido de Blandine Kriegel, una maoísta, que aburguesada con el tiempo, se convirtió en consejera del presidente Chirac y presidenta del Alto Consejo para la Integración.
Régis Debray, para hacerse perdonar los pecados que iba a cometer y para bendecir su Golpe de Estado, embarcó en esta nueva aventura al religioso [el padre] Gilles Danroc y a Serge Robert, director del Banco de las Antillas Francesas y que representaba los intereses de los descendientes de los colonos blancos en Martinica [territorio francés] en el Caribe y que la señora de Villepin pertenecía secretamente. El sociólogo Gérard Barthélémy debía asistir a Debray dándole numerosos contactos y direcciones en Haití. En cuanto a François Blancpain. especialista en extorsión y racket [chantaje] impuesto a los haitianos por Francia en 1825, se encargaría de elaborar una estrategia para no pagar lo que había sido robado.
Las funciones exactas de cada miembro de la Comisión fueron rápidamente repartidos. El grupo fue informado del Golpe de Estado y de lo que se preparaba. Algunos quedaron alejados o se hicieron como que no sabían nada. Se les pidió simplemente que sabotearan el bicentenario [de la independencia de Haití] difamándolo a través de sus redes. Bastaba con decir que [el presidente haitiano] era un dictador perverso y corrupto, es decir, propaganda elaborada y programada en las oficinas de la CIA, para que la prensa francesa lo repita a todo pulmón. El papel clave de esta Comisión lo llevaba alguien que no aparecía en el organigrama, la generala Albanel, de su verdadero nombre: Véronique de Villepin, que era enviada por su hermano como una nueva Pauline Bonaparte acompañando al general Leclerc, venido para restablecer la esclavitud [en la isla] y ese rol era jugado en ese momento por Régis Debray. Una esclavitud que la llamaba ahora «tutela».
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Jean-Bertrand Aristide
Siete de abril de 2003. El mundo entero celebraba el bicentenario de la muerte de Toussaint-Louverture, secuestrado y asesinado por Napoleón. En Francia, una sola manifestación [conmemorativa] organizada por el Fort de Joux [museo castillo histórico en Francia]. En representación del gobierno vinieron Hamlaoui Makachera, ¡ministro de los Antiguos Combatientes! La ley Taubira existía desde hace dos años pero el gobierno rechazaba obstinadamente de aplicarla por decreto cosa que permitiría a esa ley otra cosa que ser una palabra hueca. Toussaint Louverture removía el pasado, un pasado que molestaba y que los responsables políticos [franceses] comprendían muy bien que tenía una influencia sobre la política interior y exterior.
Desenterrar ese pasado de la historia de la esclavitud [en Haití] constituye un paso más en la lucha contra el racismo y la lucha contra el racismo es en sí, —y sobre todo—, es tomar una postura y decisión eminentemente política, una mirada revolucionaria y enérgica acerca de nuestro mundo. Se ha dicho incluso que una operación secreta completamente «negrófobica» fue organizada por los más importantes dirigentes políticos franceses bajo el código de operación «Source». Villepin habría sido bien capaz de hacerlo.
Yo decidí de ir a Fort de Joux para saludar la memoria del mártir de la libertad y para ello había reservado un billete. Viajando en el tren, me encontré curiosamente sentado al lado de la diplomática, rubia por supuesto, encargada de Haití en el Ministerio de Relaciones Exteriores [del Quai d’Orsay]. Era sin duda la casualidad. Ella aprovechó el momento para presentarse y entablar una conversación. Me dio su tarjeta de visita. Se llamaba Dominique Waag-Makaïa. De manera natural, me hizo una invitación para que pasara por su oficina. Y lo que fue más curioso, es que al regreso también estaba en el tren junto a mí. Se lo hice comprender y ella me respondió con una pequeña sonrisa llena de insinuación. Un consejero de la presidencia de la República de Haití, el Sr. Pierre Claude, a quien echamos de menos, conversó conmigo en Fort de Joux.
Él me expresó, en nombre de todos los haitianos, su agradecimiento por el combate que yo llevaba a favor del general Dumas. Pierre Claude que tenía que regresar a su país [Haití] me pidió un ejemplar de mi último libro, L’Expédition [10], que él entregaría al presidente Aristide. Yo no conocía al presidente de Haití, lo poco que sabía de él era por medio de todas las mentiras y calumnias que había escuchado. Lo que me parecía bien feo era que los periodistas franceses se encolerizaban contra Aristide pero no decían nunca nada de Duvalier, protegido y refugiado en Francia. Pero hay que saber también, que el 7 de abril de 2003, el presidente Aristide tuvo la audacia de hacer saber a los franceses, el cálculo financiero que él había hecho de lo que había costado finalmente, —prestamos incluidos—, el chantaje y robo impuesto por Francia en el año 1825. Aristide llegaba a la suma de 21,000 millones de dólares. Con la perspectiva de un proceso judicial realizado por Haití, —un pequeño país— pero queriendo hacer respectar sus derechos, puso en efervescencia al gobierno francés. y sobre todo a Villepin, ministro bonapartista de Relaciones Exteriores, y que se veía ya presidente de la República Francesa en 2007 [en 2007 ganó la presidencia Nicolas Sarkozy, Ndlr.].
A mi gran sorpresa, Aristide, no solamente tuvo el tiempo de leer mi libro sino que incluso me telefoneó. Él me invitaba para que yo vaya a verlo y conversar de la historia de Haití. Yo aprovechaba la ocasión para proponerle a mi editor, el Sr. Jean-Paul Bertrand, un libro de entrevistas [con Aristide], editor que publica mis obras desde hace ocho años. Y mi editor me envió a Haití. Fue en esa ocasión que yo pude conversar durante casi treinta horas, cara a cara, con aquel que era presentado por la prensa golpista, como un monstruoso dictador y perverso. Yo he guardado —en lugar seguro por supuesto—, todas las grabaciones que realicé [con Aristide] y que anuncian exactamente todo lo que pasó posteriormente. Mi impresión. corroborada por una minuciosa investigación sobre el terreno, fue muy diferente de todo lo que yo había escuchado en París. Yo descubrí un hombre simpático, suave y culto, que no había renunciado a [realizar] sus objetivos sociales [en Haití], y por dos veces consecutivas, el pueblo lo había elegido a una amplia mayoría. Solamente, como era inflexible en cuanto a la independencia de su país, los EEUU habían puesto a este país [Haití] bajo embargo y lanzado una campaña de propaganda para denigrarlo, lo que se llama en lenguaje técnico: guerra psicológica "character assassination" En vez de matar la persona y hacer de ella un héroe, se mata primero su imagen en los medios de comunicación, lo que permite de eliminarlo físicamente más tarde de manera discreta.
En Haití, un grupo de «opositores» [políticos] había aparecido, grupo creado artificialmente por un personaje sirio-norteamericano (y que no tenía la nacionalidad haitiana): André Apaid, multimillonario, blanco de piel, actuando de manera notoria a cuenta de la CIA, pero presentado por la prensa francesa como haitiano negro representando los trabajadores [11]. ¿Qué es lo que todo esto escondía?
El subsuelo de Haití, hasta ahora inexplotado recela: petróleo, uranio, oro, cobre, iridio. Aristide estaba al corriente de las potenciales riquezas de su país. Los Estados Unidos también. Ellos sabían que él lo sabía. Como yo había simpatizado con el presidente el me había dicho estas confidencias. Aristide no sólo se preocupaba de los intereses de su país sino que era además consciente del rol que podía y debía desempeñar para todos los africanos de la diaspora [descendientes de África], todos aquellos —cómo yo— que eran desdeñados, despreciados en su país de nacimiento a causa del color de su piel.
Él era consciente de lo que pasaba en los suburbios [y guetos] de Francia, en las islas [coloniales] de Guadalupe, en Martinica, en Guyana [francesa]. Desde 1804 su empobrecido y pequeño país había hecho el juramento de enviar comandos, en cualquier parte del mundo, en donde se encontrara un sólo negro retenido como esclavo. Y esta política estaba siempre válida y de actualidad [por el gobierno de Haití].
Sin conocernos, habíamos llegado a la misma conclusión.
Yo me sentía como en mi casa en Puerto Príncipe. Lo había sentido —anocheciendo— apenas el avión había comenzado su fase aterrizaje en el aeropuerto internacional de Puerto Príncipe. Haití estaba desprovista y pelada de todo, pero los humildes tenían un orgullo en la mirada y en el comportamiento que asombraba incluso a los muy pocos observadores. Esta llama que yo vi brillar en los ojos del primer haitiano que encontré en tierra, borró por completo, como un rayo, el amargo recuerdo de todas las humillaciones que yo padecí en mi propio país desde hace ya casi medio siglo.
Aristide no era más que la encarnación política, de toda evidencia legítima, de esta mirada. Los pobres estaban dispuestos a morir por él y ellos representaban una clara mayoría. Por eso comprendí, porque este nuevo Toussaint Louverture era considerado como extremadamente peligroso por todos los "negrófobicos" del planeta. El problema no era de saber si lo que decía de él era verdadero o falso, sino de saber si se le lograría eliminar antes de la celebración del bicentenario de Haití.
A mi regreso [a París] yo tenía una cita con la Sra. Waag-Makaïa, al secretaria de Relaciones Exteriores que yo encontré en el tren «por casualidad», yendo y viviendo de Fort de Joux, y quería darle mi apreciación y sentimiento acerca de Aristide: era evidente que todo lo que se decía de él tenía la marca de una fabricación saboteadora y grosera. Decía yo además, que Francia tenía interés de tenderle la mano a los haitianos y juntarse a ellos en los honrosos esfuerzos para celebrar el bicentenario de la República negra. Que la Historia lo imponía.
Cuando me encontré en los corredores del Ministerio de Relaciones Exteriores [Quai d’Orsay], la joven mujer vino a mi encuentro y se puso a tocar todas las puertas [de las oficinas] de la dirección administrativa para las Américas, como para anunciar y advertir que todos los ministerios se encontraban en peligro, el monstruo contaminado por Aristide se encontraba allí. ¡El monstruo era yo!
Así pues, me encontraba un momento después en una oficina, rodeado de cuatro diplomáticos [franceses], donde más de uno se mostraban altamente agresivos conmigo, hostigándome de preguntas idiotas y en donde se encontraban ya todas las respuestas. Incluso me reprocharon de haberle hablado a Aristide, porque decían ellos, «hechizaba» a todos los que se acercaban a él. En Francia, a eso lo llaman ser carismático, pero cuando se trata de negros, el racista pierde toda racionalidad y reprocha a los demás con su pensamiento primitivo que no está con la realidad con su propio pensamiento. El odio que chispeaba de sus miradas me impactó mucho. Yo era un francés como ellos y sólo venía a darles mis mi opinión como intelectual en un asunto que les correspondía a ellos decidir [como funcionarios del gobierno francés].
Sin embargo, estos tecnócratas que me rodeaban, no hacían ningún esfuerzo para disimular un racismo que yo no hubiese sospechado encontrar en una administración francesa de ese nivel. Para esa gente, yo era un extranjero en mi propio país. Era simple, yo era un negro y en el Quai d’Orsay [Ministerio de Relaciones Exteriores], por tradición, el rol de los negros es de hacer la limpieza en las oficinas antes que lleguen los diplomáticos blancos de piel. Pero de negro despreciable que yo era y a priori sin calificación [sin profesión], yo me había transformado en negro revoltoso y peligroso. Yo me había convertido, trasformado en haitiano. Y a los haitianos ellos los odian. Simplemente porque yo había osado decir que mi país [Francia], después de 150 años de odiosa opresión y de esclavitud impuesta [a los haitianos], había además estafado, robado y chantajeado a una joven República, que se encontraba debilitada por la tentativa francesa de exterminación, que era tiempo de cambiar esa política, no solamente por razones morales, sino porque también Francia tenía un interés geopolítico estratégico y económico evidente. Se suponía que yo debía discutir tranquilamente de Haití con un compatriota a priori equilibrado.
Yo me encontraba así pues con cinco individuos completamente alterados, que yo no conocía y que eran los superiores jerárquicos [de la Sra. Waag-Makaïa]. Mi cita parecía más bien a un control militar. Uno de los diplomáticos, que no se aguantaba más, se puso a gritarme. Yo pensé que había llegado el momento en que me comenzarían a pegar.
¿Qué crimen había yo cometido para desestabilizar de esa manera a esa gente? Gente que debería estar más segura de sí misma ya que durante todos los tiempos, siempre han tenido razón, tanto por su color y por el hecho de estar allí en el ministerio, cumpliendo una función oficial [del gobierno], mientras que yo, cuales fuesen mis diplomas o su valor, o era más bien a causa de mis diplomas y de mi valor precisamente, ¿sería yo más que un perturbador, una monstruosidad, un traidor y un asqueroso a quien Francia no le debería darle jamás nada, [darme] solamente golpes bajos?
Yo era el granito de arena que dificultaba el engranaje de un plan del cual yo evidentemente ignoraba todo. Era un viernes. Viendo que ellos no lograrían cambiar mi punto de vista, mis «huéspedes» en su alocamiento, antes de «liberarme», decidieron delante mío, que une reunión de crisis y urgencia sería llevada a cabo temprano el lunes, en la oficina del Director de las Américas [en el Ministerio de Relaciones Exteriores].
Los Villepin
Noviembre de 2003. El ditirámbico dossier destinado a elogiar a Petré-Grenouilleau, al extremo que presentaba como un nuevo Tucídides, acababa de salir publicado en la revista L’Histoire, propiedad de Pinault, el hombre de la madera exótica. Los autores no se atrevieron a presentar a los esclavos como gente verdaderamente despreciable, pero no andaban muy lejos. Eran cuando menos imbéciles. Si habían llegado a ser esclavos era porque no habían sido lo bastante inteligentes como para vender a sus propios congéneres, como siempre habían hecho los africanos.
En cambio, los negreros y los dueños de plantaciones eran gente muy correcta. Y no eran tan ricos como se dice. Había que relativizar. Por supuesto, no era el dinero proveniente de la trata de negros lo que había financiado el capitalismo. Y cada uno de los autores trataba de demostrar aquello en su artículo. Hasta Francoise Chandernagor, de quien no se sabe qué hacía entre aquellos autores, decía ser descendiente de esclavos.
Por fin un esclavo. Aunque sea uno. Todo el mundo sabe que Francoise Chandernagor vivía en una gran residencia en París y, fuera de la capital, en un castillo, así que aquello quería decir que se trataba para ella de una decisión de identidad. El asunto era que si los negros se atrevían a presentarse alguna vez como descendientes de esclavos, los estaban esperando.
Me encontraba yo en el salón del libro de Brive para firmar L’Expédition (La Expedición), y dedicar a los lectores mi segunda novela (y mi tercera obra), que relataba, desde el punto de vista de Pauline Bonaparte, lo sucedido en Haití en 1802-1803. Dado que la edición de ese libro se agotó, puedo decir sin falsa modestia que se trataba, a mi entender, de un buen libro y, con la ingenuidad del principiante, esperaba yo que me permitiera obtener un poco de publicidad en la prensa, cosa que no sucedió, exceptuando un programa en [la radio francesa] RTL.
El problema no fue que mi novela no llamara la atención –llamó al menos la de los miles de lectores que la compraron– sino que el tema parecía muy escabroso ya que ponía en tela de juicio a Napoleón. El político de moda –Villepin, ministro de Relaciones Exteriores, hombre con una alta opinión de sí mismo y que se las daba de ser capaz de escribir– era un fanático de aquel tirano.
¿Y qué periodista podía atreverse en aquel entonces a hacer algo que no le gustara a Villepin?
Estaba yo firmando mis libros, esperando algo tristemente a los compradores, cuando recibí la llamada del embajador Selz, el especialista en asuntos africanos de la comisión Debray, anunciándome que el guerrillero parlanchín quería verme de parte de la vieja dama de la calle Las Cases, quien, al parecer, había insistido mucho.
Poco después se sintió un clamor. Era la llegada del escritor-ministro Villepin, que acababa de «escribir» algo. Según uno de sus editores, seguramente un malintencionado, «había que ayudarlo mucho», como se dice en la jerga de la profesión. Era tanta la adulación que, para agasajar a aquel incomparable hombre de letras, nada más llegar se le entregó el gran premio del salón de Brive.
Para garantizar la presencia de gente en su stand, que por ironía del destino estaba casi frente al mío, Villepin llegó acompañado de Bernadette Chirac. Una jauría de periodistas corría detrás del príncipe heredero. Las señoronas de la burguesía local, blandían el opus del ministro estremeciéndose de impaciencia y emoción, dispuestas a pelearse entre sí por una mirada del nuevo Talleyrand. En mi stand, la situación era mucho más tranquila.
Mientras soportaba yo la indecente escena, y a pesar del tumulto, se me acercó una admiradora. Era una mujer rubia de unos 40 años. Inició la conversación mientras tomaba un ejemplar de mi libro. Mi obra le parecía muy interesante. Le gustaban mucho las Antillas en general, en particular Haití. Había visto Monsieur Toussaint, la obra de teatro de Edouard Glissant, bajo la dirección de Greg Germain, en Pontarlier, cerca del fuerte de Joux. Acabó diciéndome que era amiga de Glissant y que incluso tenía previsto ir con su esposo a pasar las navidades en casa del escritor, en Martinica. Empezamos a conversar sobre Haití.
La dama parecía tan interesada en lo que yo le estaba diciendo que se había agachado. Yo me había olvidado de Villepin y del tumulto que él estaba ocasionando, cerca de nosotros, con sus fanáticas señoronas. Después de unos 30 minutos, mi admiradora me dijo que tenía que irse pero que le gustaría que yo le dedicara mi libro. Cuando tuve el bolígrafo en la mano, me dijo que era para su esposo. Le pregunté el nombre para incluirlo en alguna frase amistosa. Me respondió, con una sonrisita y bajando un poco la voz: «Dominique de Villepin».
Todo aquel tiempo había estado yo conversando con Marie-Laure Leguay, la esposa de Villepin, nacida en Martinica. Por supuesto, no era una casualidad ya que yo acababa de recibir a través de mi teléfono móvil la llamada del embajador Selz invitándome a reunirme con Regis Debray.
Escribí mi dedicatoria para Dominique de Villepin «con la esperanza de que esta lectura le estimule a celebrar dignamente el bicentenario de Haití.»
La señora me pidió mis coordenadas y yo se las di.
¿Cómo podía yo imaginarme que, durante las vacaciones de navidad en la residencia de Edouard Glissant en Martinica, su esposo iba a preparar un golpe de Estado contra Haití y que ella estaba seguramente al tanto?
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Burkard y Debray, los contrarrevolucionarios
El nuevo embajador de Francia, Thierry Burkard, había sido nombrado en el verano de 2003 y su misión consistía en fomentar un golpe de Estado contra el presidente Aristide. Antes de dejar [Puerto Princiipe], su predecesor incluso había anunciado una «tempestad». Ignorante de todo aquello, yo había enviado a Burkard un ejemplar de mi libro L’Expédition, con la esperanza de hacerle entender la situación un poco mejor. Burkard me propuso que tomáramos un café en París el día anterior a su partida, lo cual acepté. Era visible que lo habían predispuesto en contra de Haití, pero se esforzó por disimularlo, lo cual le imponía una especie de rictus. Como nuestra formación universitaria era muy similar, Burkard no podía utilizar conmigo el tono al que seguramente hubiese recurrido frente a otro [negro]. Pero no por ello sus sentimientos eran diferentes, lo cual explicaba las muecas de su rostro.
Me preguntó si era verdad que el presidente Aristide organizaba «misas negras» en su palacio. Eso demuestra lo «diplomático» que era aquel embajador. Le pedí que me repitiera la pregunta y le respondí que si se estaba refiriendo al vudú, se trataba –según lo que yo sabía– de una religión como cualquier otra. En cuanto a las «misas negras», le precisé que yo nunca había hablar de nada parecido en Haití y que incluso me sorprendía que él me hiciera aquella pregunta.
Era evidente que, dada la naturaleza de su misión en Haití, misión que yo desconocía en aquel entonces, el hombre tenía mucho miedo de ser blanco de alguna «brujería» de Aristide. Por otro lado, estaba muy molesto porque le habían impuesto al tal Debray, como una piedra en su jardín. Cuando me despedí de él, después de haberle aconsejado que se buscara un exorcista en cuanto llegara a Puerto Príncipe, el embajador insistió en pagar los dos cafés con un billete de 500 euros acabado de salir de la imprenta del Banco de Francia, lo cual me pareció raro ya que el hombre parecía más bien tacaño.
Debray me recibió en pleno mes de noviembre en su casa, en la calle del Odeon, un viejo apartamento burgués, sucio, al igual que su ocupante. Se esforzó en ser amable y por disimular una sonrisa de extrema autosuficiencia bajo su grueso bigote que, es lo menos que se puede decir de él, no le daba el mismo aire de simpatía que a Georges Brassens, personaje que [Debray] había considerado su modelo en su juventud. Mientras yo me preguntaba si me atrevería a pedirle que me cantara aunque fuera una estrofa de Gare au gorille [En español, «Cuidado con el gorila», título de una conocidísima canción del compositor y cantante francés Georges Brassens. NdT.], sonó el teléfono.
El contestador automático estaba conectado, al igual que la bocina. Una voz de mujer bastante joven dejó un mensaje bastante personal que me hizo sentir algo incómodo. Debray podía haber tratado de quitar el sonido, pero al parecer le había gustado que se supiera que una mujer joven le dejaba aquel tipo de mensaje, algo que parecía bastante improbable tratándose de aquel arisco sexagenario cuyos trajes parecen de los años 1970. A posteriori, me convencí de que aquella voz de mujer joven era seguramente la de Veronique de Villepin-Albanel, la hermana del ministro Dominique de Villepin, cosa que probablemente henchía de orgullo al guerrillero parlanchín.
Sacrificando a los haitianos para reconciliarse con Washington
A finales del año 2003, Dominique de Villepin pensaba que lo mejor que podía hacer era desestabilizar Haití y derrocar a Aristide. Lo que quería, en primer lugar, era reconciliarse con los estadounidenses, con quienes se había enzarzado desde la primavera en una prueba de fuerza. Las relaciones [entre Francia y Estados Unidos] se habían deteriorado por causa de Irak (ya que Villepin se oponía a la invasión) y del caso Executive life.
Según la justicia californiana, el banco francés Credit lyonnais, cuyo accionista era el Estado francés, había tomado ilegalmente el control de la compañía de seguros Executive Life. Para los estadounidenses, Francia se había comportado en aquel asunto como un Estado renegado y el caso había sido llevado a los tribunales. París se exponía a verse condenado a una multa de proporciones astronómicas. La prensa americana había desatado una violenta campaña sobre el caso.
La embajada de Francia en Washington recibía diariamente decenas de miles de correos electrónicos con insultos. Francois Pinault, el amigo multimillonario de Chirac y Villepin, había comprado la compañía de seguros al Credit lyonnais, a través de su firma Artemis. Y había ganado unos mil millones de dólares al revenderla. Por lo tanto, el propio Pinault también estaba siendo blanco de acciones legales. Un tribunal popular lo había condenado a pagar una multa de 700 millones de euros. Es fácil imaginar que todo aquello «se arregló» posteriormente.
Para Villepin era por lo tanto muy importante apaciguar a los estadounidenses. Pero los estadounidenses querían derrocar a Aristide. Por consiguiente, nada mejor que una buena reconciliación… a costa de Haití, sobre todo si se tiene en cuenta que la Francia reaccionaria tenía otras dos razones para participar en el golpe de Estado.
En Francia, los ciudadanos de origen africano y antillano eran, y siguen siendo, tratados como inferiores (sobre todo, están completamente ausentes de la televisión y de la vida política). Existía por lo tanto gran temor por las consecuencias de un bicentenario de Haití al que seguramente se asociarían los países africanos teóricamente independientes, pero bajo el control real de la llamada Françafrique [Juego de palabras intraducible en el que “Afrique”, en español “África”, se asocia con el término francés «fric», o sea «dinero». NdT.], en el marco de una celebración que glorificaría a los esclavos negros sublevados.
París temía por sobre todo que se retomara la cuestión de la deuda de Francia con Haití (por el rescate impuesto por la fuerza a Haití en 1825), deuda que el presidente Aristide evaluaba en 21 000 millones de dólares. Además, paralelamente a la restitución de la suma entregada a Francia, Aristide había mencionado la indemnización que Haití pudiera exigir por 150 años de régimen esclavista. Aunque el gobierno del primer ministro francés Raffarin se esforzaba por enterrar la ley Taubira evitando la adopción del decreto que permitiría aplicarla, la esclavitud se había convertido ya en un crimen contra la humanidad con carácter imprescriptible. Un pedido de reparación proveniente de un Estado víctima de ese crimen tenía por lo tanto posibilidades de prosperar ante un tribunal internacional.
De pronunciarse una condena, otros Estados podían, en África, verse tentados de emprender acciones similares y reclamar reparaciones. Era incluso previsible que los descendientes de los esclavos de los franceses en las islas de Guadalupe y Martinica, en la Guayana francesa y en la isla de la Reunión también exigiesen indemnizaciones. Después de todo, en el momento de la abolición de la esclavitud en 1848, el Estado había pagado indemnizaciones a los colonos (entre 400 y 500 francos de oro, o sea unos 4 000 euros por cada esclavo liberado) mientras que los esclavos no habían recibido ningún tipo de reparación ya que la libertad que les era «concedida» (a pesar de ser un bien inalienable de todo ser humano) se consideró hipócritamente como una especie de caridad que eximía al Estado de tener que indemnizarlos.
En pocas palabras, la pesadilla era que pudiese repetirse aquello a lo que los países antiguamente esclavistas ya habían logrado escapar en Durban en septiembre del año 2001.
El gobierno de Puerto Príncipe había puesto el expediente de la deuda en manos del ministro a cargo de los haitianos residentes en el exterior, Leslie Voltaire. Este último reunió una comisión internacional de expertos en la que yo acepté gustosamente participar. Mi posición era muy sencilla. Era evidente que Francia tenía una deuda con Haití debido al rescate [que París había impuesto a los haitianos] en 1825. Pero había tres interrogantes. La primera tenía que ver con el monto de aquella deuda.
La cifra que mencionaba el gobierno haitiano merecía un análisis. Después estaba la legalidad de la demanda: ¿Era viable en el plano legal? ¿No sería mejor buscar un arreglo amistoso? Y, para terminar, estaba la manera cómo Francia podía saldar aquella deuda, si llegaba a reconocerla. Desde mi punto de vista, había varias soluciones. París podía avalar una serie de empréstitos. También era posible una ayuda en especies, por ejemplo, fortaleciendo la cooperación.
Los intereses de Francia no sufrirían así daño alguno ya que las empresas francesas se beneficiarían de lo que se hiciera en el marco de una cooperación reforzada. Carreteras, telecomunicaciones, redes hidráulicas, recogida de basura, construcción de inmuebles, infraestructura turística, mi país [Francia] sabía hacer todo eso. Podíamos ayudar a Haití sin dejar de beneficiarnos.
La misión de Regis Debray, con el secreto apoyo de la hermana de Dominique de Villepin, iba en sentido exactamente contrario al de mis ideas de equidad: [Consistía en] trabajar en Puerto Príncipe, en París y en África para sabotear el bicentenario de la independencia [haitiana] y eliminar a Aristide. No importaba que el golpe de Estado provocara miles o incluso decenas de miles de muertos.
Un té en la residencia de Lauriers
A mi llegada a Haití, para trabajar con el ministro Leslie Voltaire en el expediente de la restitución de la deuda, me puse en contacto con el embajador [francés] Burkard, quien había asumido sus funciones semanas antes. La antecámara de la embajada estaba al lado de la oficina del servicio de prensa de Eric Bosc, un diplomático que se comportaba como un verdadero agente del golpe de Estado que se estaba preparando. Un amplio ventanal acristalado que daba al pasillo iluminaba su oficina. Bosc había cubierto enteramente las paredes con recortes de artículos hostiles al presidente Aristide e incluso de caricaturas abiertamente racistas colocadas de forma bien visible, de manera que las personas que visitaban al embajador no tenían otro remedio que verlas.
Burkard se tomaba ahora a sí mismo muy en serio. Como no le oculté en lo más mínimo mi posición favorable, si no a la restitución, por lo menos a la necesidad de analizar la cuestión de forma seria y objetiva, llegó a preguntarme, con un dejo de insolencia destinado a poner a prueba mi ecuanimidad, si finalmente yo era francés o haitiano.
Con toda calma le respondí que desde 1804 todos los franceses que habían sido víctimas de la esclavitud, personalmente o a través de sus ancestros, eran haitianos por derecho propio si expresaban su voluntad en ese sentido y que, por mi parte, yo era haitiano de corazón, lo cual no me impedía ser tan francés como él. Quizás más que él, hubiese podido agregar de haber querido ser más duro con él. Como francés, yo consideraba que era interés de mi país analizar con la mayor atención la cuestión de la deuda en vez de rechazar toda discusión sobre el tema.
Para impresionarme, Burkard me invitó a tomar el té en su residencia, una espléndida casona colonial situada en Lauriers, donde vivía él bajo la protección de gendarmes armados hasta los dientes y rodeado de una cantidad de sirvientes «de color» similar a la que hubiera podido reunir el más rico dueño de plantación esclavista de la isla en el siglo XVIII.
Burkard se había arrimado a las más opulentas familias de piel clara de Petionville, que vivían en un lujo inimaginable y eran, casi todas, los más activos puntales de los golpistas.
En las residencias de aquellas familias, cuyo secreto sueño era codearse con franceses que pudieran atestiguar que ellas descendían de los peores colonos de Saint-Domingue, el foie gras, el caviar y el champaña eran cosa de todos los días. Se daban espléndidas fiestas, bajo la protección de milicias privadas armadas con fusiles M16.
Los llamados «mulatos» se hubiesen sentido deshonrados por tener menos de 12 sirvientes. Cada niño tenía su propio chofer y su niñera. Pero lo más sorprendente era ver los fuegos encendidos en las chimeneas, durante la noche, en aquellas residencias dignas de Hollywood construidas en lo alto de frescas colinas, cuando se sabe que no hay leña en Haití. Mientras tanto, aquellos a quienes la prensa occidental designaba como «quimeras», una extraña forma de llamar a los pobres que habían votado por Aristide, esperaban en las favelas por las reformas decididas por su presidente, quien luchaba por imponer a los ricos «mulatos» un salario mínimo y el pago normal de los impuestos. Quiero señalar aquí que, a pesar de la pobreza, no existía en aquel momento ningún tipo de hambruna en Haití.
Y me fui a la residencia del embajador de Francia. Sentía Burkard un gozo nada disimulado, sobre todo en mi presencia, en hacerse servir por Francois-Joseph, un viejo sirviente negro al que él le imponía el uso de guantes blancos. Me parecía estar viviendo una novela bien racista de Margareth Mitchell. El embajador se sentía bastante nervioso debido a la próxima llegada de Debray y su comisión. Quiso saber mi opinión en cuanto a cómo tratar la cuestión franco-haitiana. Le dije que me parecía apropiado que el presidente francés se reuniera con su homólogo de Puerto Príncipe.
Burkard respondió con una mueca de desprecio que el presidente de la República Francesa no se «arrimaba a cualquiera». Era increíble oír aquella frase en boca de un diplomático que hubiese debido mostrar al menos una aparente neutralidad. Pero resultaba especialmente cómica cuando se sabe quiénes son los amigos de Chirac y Villepin.
En todo caso, aquella frase puso fin a nuestra entrevista. Bajo su aparente tranquilidad, Burkard estaba extremadamente preocupado por el asunto de la restitución.
Bosc estaba muy orgulloso de haber conseguido, a través del director general del ministerio de los haitianos residentes en el exterior, Gabriel Frederic, colaborador del ministro Leslie Voltaire, la argumentación jurídica que habían desarrollado los haitianos. A pesar de aquello, Frederic era muy amigo de Aristide, quien a su vez estaba perfectamente al tanto de aquella «traición», pero aquel alto funcionario haitiano necesitaba una visa para que su amante pudiera viajar a París. Era ese el ambiente que reinaba en Puerto Príncipe en aquel fin de año de 2003.
Después de nuestra entrevista, el embajador se apresuró a redactar un despacho explicándole a su jefe, o sea a Villepin, que yo estaba «pagado» por el presidente Aristide. Se decía que este último era un dictador. De ser verdad, Aristide probablemente hubiese acabado con Frederic y hubiese metido a Burkard, a Bosc y sus compinches en el primer avión con destino a Francia.
La Commisión Debray en Haití
Cuando la comisión Debray fue a Haití, yo residía en el mismo hotel. Regis Debray y Veronique Albanel (su apellido de soltera era De Villepin), que acababa de hacer su aparición en aquella comisión y de quien nadie sospechaba que se trataba de la hermana del ministro francés de Relaciones Exteriores, tenían el privilegio de alojarse en la residencia del embajador Burkard, sin que nadie supiera por qué. Era algo surrealista ver a gente como Chotard, Dorigny o Dahomay conspirando todo el día en el bar del hotel y preparando tranquilamente un golpe de Estado mientras vaciaban una cerveza tras otra. Lo que sí daba lástima era verlos impacientarse mientras esperaban al funcionario del ministerio francés de Relaciones Exteriores que se encargaba de pagar la cuenta, incapaces de dejarle a los haitianos ni un solo centavo que no saliera de los bolsillos del contribuyente francés.
Los empleados del hotel conocían mi forma de pensar. Los miembros de la comisión Debray los creían simplemente estúpidos, los veían como objetos que les traían de beber, así que los golpistas no se cohibían de hablar en su presencia, lo cual era un error. El personal del bar me advirtió varias veces que yo era el tema favorito de conversación en el seno de la comisión, que sus miembros querían perjudicarme y que yo tenía que ser extremadamente prudente porque aquella gente era, según ellos, capaz de lo peor. Yo me decía que durante las revueltas de esclavos, sobre todo en 1802, los negros domésticos, que asistían a todas las conversaciones de los esclavistas, seguramente habían avisado a menudo a los abolicionistas sobre los planes que se urdían contra ellos.
Aquella muestra de confianza de compañeros para mí insospechados es uno de los recuerdos más intensos que conservo de aquel periodo. Tuve la ocasión de ver a Debray en el aeropuerto y de comprobar que había adoptado una indumentaria que a él debía parecerle apropiada para aquellas circunstancias: botas y uniforme de campaña. Al verlo con aquella especie de disfraz, no quedaba la menor duda de que estaba preparando un golpe de Estado y que ni siquiera se escondía para hacerlo.
Sus idas y venidas eran incesantes, a la llanura central y sin dudas a la República Dominicana, donde un ejército de asesinos bajo las órdenes, según parece, de Guy Philippe, se estaba preparando para sembrar el terror. Por una cuestión de principio, envié un correo electrónico en el que expresaba mi indignación a Valerie Terranova, la consejera de Chirac, el más probable responsable del envío del guerrillero parlanchín a Haití: «Estoy extremadamente sorprendido, después de las conversaciones que sostuvimos, de encontrarme aquí con un Regis Debray ¡en uniforme de campaña y preparando un golpe de Estado! Es imposible que no estén ustedes al corriente.
En todo caso, ahora sí lo están y de no producirse una reacción de parte de ustedes, yo sabré a qué atenerme.»
Aquella pobre mujer, hoy empleada de la fundación Chirac (máquina de guerra concebida para poner a Villepin en la presidencia [en Francia]), me contestó de forma que no dejaba duda en cuanto a su implicación y, naturalmente, hizo llegar una copia de mi correo electrónico a Debray.
Para entender quién era Valerie Terranova y lo que hacía al servicio del presidente de Francia basta con decir que cuando le hablé del interés que implicaba para Francia la construcción de una estatua en memoria del general Dumas, ella me respondió que no había más que hablarle del asunto a [Omar] Bongo —presidente de Gabón por 42 años consecutivos— y que Bongo pagaría al contado. Bongo tenía que pagar muchas cosas. Así funcionaba la Francia de Chirac y de Villepin: Bongo pagaba [cash] al contado.
Al día siguiente, el guerrillero parlanchín apareció en el hotel donde se hospedaban sus tropas. Venía custodiado por cuatro gendarmes que no se separaban de él. Como la Terranova le había avisado que yo había descubierto su juego, aquel tipejo comenzó a ladrar en el pasillo con increíble ferocidad. Yo le respondí con desdén que no estábamos en África, y mucho menos en Bolivia.
Puse especial énfasis en la palabra Bolivia, mirándolo directamente a los ojos. Agregué que no siempre estaría él rodeado de gendarmes cuando se cruzara en mi camino, y que el futuro podía durar mucho tiempo. Todavía debe acordarse de aquello porque desde entonces, cada vez que me ve, baja la vista y trata de que yo no lo vea, e incluso cambia de acera.
Para entender debidamente el ambiente de aquel fin del año 2003 en Puerto Príncipe hay que saber que el presidente Aristide permitía que las numerosas radios privadas y los diarios dijeran contra él todo lo que se les ocurría. Los miembros de la comisión Debray no tenían reparos en dar rienda suelta a su enfermiza «negrofobia» ante los micrófonos de aquellas estaciones financiadas por la clase dirigente haitiana, de piel clara y racista hasta la médula. La prensa gozaba de una libertad inimaginable en las supuestas democracias occidentales.
El embajador Burkard tenía que reunirse con el ministro Voltaire y con su homólogo de Relaciones Exteriores, quienes me invitaron a aquella reunión. Siendo yo ciudadano francés, le informé al embajador que estaría presente en calidad de experto sobre la cuestión de la restitución. Burkard aprovechó la circunstancia para venir con todos los miembros de la comisión Debray, lo cual no estaba previsto en lo absoluto. En realidad no vinieron todos porque al «negro de guardia», Dahomay, no lo trajeron. Lo excusaron diciendo que le dolía la barriga.
El encuentro fue digno de contarse. Tuvo lugar en la oficina del ministro de Relaciones Exteriores de Haití. El ministro estaba presente, al igual que Leslie Voltaire, ministro de los Haitianos del Extranjero, a cargo de la cuestión de la restitución. Asistían a la reunión Ira Kurzban, abogado del gobierno de Puerto Príncipe; Francis Saint-Hubert, brillante economista haitiano, y un consejero martiniqués de Leslie Voltaire. Aquel consejero era un amigo de Aimé Cesaire. Los miembros de la comisión Debray entraron en la oficina en fila india y se sentaron, por invitación del ministro, del otro lado de la gran mesa a la que nosotros ya nos habíamos instalado anteriormente.
Extrañamente, dos «miembros» de la comisión se quedaron de pie. El ministro los invitó a sentarse también, pero no lo hicieron. Escrutaban el lugar con aire inquisitivo y se posicionaron ante las dos puertas de la oficina, con la mano en el pecho. Estaba claro que aquellos dos señores, vestidos como los demás de cuello y corbata, eran en realidad gendarmes franceses de civil y encargados de garantizar la protección de los «blancos» contra los «negros», obligatoriamente peligrosos, que éramos nosotros (con excepción de Kurzban).
Ya que mantenían la mano sobre el 357 magnun que escondían debajo de la chaqueta, era evidente que tenían órdenes de disparar sobre nosotros –dos compatriotas franceses, dos ministros haitianos y un abogado estadounidense– al menor gesto que pudiera parecerles sospechoso.
Esto puede parecer una escena sacada de una novela. Pero sucedió tal y como lo estoy contando y nadie, empezando por el propio Debray, se atrevería a desmentirme. A menudo vuelvo pensar en todo aquello. Fue para mí una cruel humillación el ver a mis compatriotas franceses comportarse de aquella manera ante una joven democracia que no deseaba otra cosa que mantener relaciones normales con la antigua potencia colonizadora y esclavista.
Era realmente doloroso sentirse francés en aquellas circunstancias. Y yo me hallaba precisamente en ese caso, por lo que estuve a punto de llorar y confieso que todavía hoy –más 6 años después– no puedo recordar aquello sin emoción. No le deseo nadie el tener que avergonzarse de su país tanto como yo tuve que avergonzarme por el mío en aquella oficina que los ventiladores no lograban refrescar, a 8 000 kilómetros de París.
¿Puede alguien imaginarse una comisión nombrada por el ministro de Relaciones Exteriores de la República de Haití llegando a París para sostener una reunión en la oficina del ministro de Relaciones Exteriores de Francia acompañada por dos guardaespaldas armados que bloquearan la puerta de la oficina de Bernard Kouchner—[actual ministro de Relaciones Exteriores]—, con la mano sobre el revólver?
Si la comisión Debray era capaz de comportarse de esa manera en público, ¿es posible imaginar lo que sucedía cuando se hallaba al abrigo de miradas indiscretas? Hice un esfuerzo por poner las cosas en perspectiva y tratar de ver lo que podía haber de cómico en aquella situación.
De un lado de la mesa, Ribbe, graduado «negro», como diría Finkielkraut, de la Escuela Normal Superior de París y profesor de filosofía. Del otro lado de la mesa, Burkard, graduado «blanco» de la Escuela Normal Superior de París y profesor de letras, y Debray, graduado «blanco» de la Escuela Normal Superior de París y también profesor de filosofía.
Los dos graduados «blancos» tenían cargos oficiales. El graduado «negro», por su parte, estaba defendiendo una joven democracia y, en definitiva, el honor de Francia, ya que Francia –felizmente, la Francia de la Declaración de Derechos Humanos– no estaba aquel día del lado de la comisión Debray.
Debray tomó la palabra y preguntó con arrogancia, señalándonos al abogado Kurzban y a mí, quiénes éramos y qué hacíamos en aquella oficina. Con una sonrisa, el ministro le respondió que éramos miembros de la comisión ampliada encargada de analizar la restitución de la deuda de Francia y que estábamos allí en calidad de expertos. Agregó que el señor Debray seguramente me conocía.
Debray ladró: «¡Con tal de que no halla venido a decir cualquier cosa!» Veronique de Villepin, que se escondía bajo el apellido de su marido
–Albanel– estaba al lado de Debray, con cara de mujer de colono que no tiene más remedio que acompañar a su marido al mercado de esclavos y aguantar el mal olor.
El embajador se hallaba al lado mío, con un aspecto tan franco como el de un burro que se niega a caminar. Marcel Dorigny, el comunista bueno y amigo de los negros, también estaba en el grupo, y bajaba la vista cada vez que su mirada se cruzaba con la mía.
Sin prestar atención a las idioteces del guerrillero parlanchín, me dirigí a la hermana del ministro De Villepin:
— ¡Vaya! ¡Qué sorpresa! Me parece que nos conocemos. — ¡Oh! ¡Me extrañaría muchísimo!, respondió con desprecio la pretenciosa mujercita. — ¡Claro que sí! Haga un esfuerzo por recordar. ¿No se acuerda?
Veronique de Villepin empezó a descomponerse. Debray la miraba con inquietud. Los dos guardaespaldas ya no entendían nada. Les habían dicho que iban a reunirse con unos negros muy peligrosos, con «monstruos» a los iban a tener que dispararles sin vacilación y resultaba que uno de los negros, en vez de sacar un machete de debajo de la mesa, se expresaba civilizadamente, en perfecto francés, y utilizando un vocabulario que ellos jamás habían imaginado oír en boca de un salvaje.
Después de marcar un pequeño intervalo, dije:
— ¿No es usted Veronique Galouzeau de Villepin? — Sí, ¿Por qué?, dijo ella poniéndose roja hasta las orejas. La nueva Pauline Bonaparte se veía así públicamente desenmascarada. Los dos ministros estaban muertos de risa. — Yo me acuerdo de usted, agregué, porque fuimos condiscípulos en Ciencias Políticas.
Era cierto. Siendo yo estudiante de la Escuela Normal Superior de París, también estuve asistiendo al mismo tiempo a la facultad de Ciencias Políticas (sólo para ver cómo era, porque no me atraían los compromisos y la fastidiosa vida que, a mi forma de ver, se imponían a quien quisiera hacer carrera en la alta administración). Y me acordaba perfectamente de aquella chiquilla tonta que se preparaba para la ENA (Escuela Nacional de Administración) y cuyo hermano, en aquella época, todavía no se había a conocer como el «Fouché» de Chirac, el hombre del «gabinete negro».
— ¡Qué memoria!, exclamó ella. O quizás buscó usted esa información.
— No, no tengo por costumbre, como sin duda hace usted, «buscar información» sobre la gente. Es que simplemente hay en usted algo que me impresionó y que 25 años no han podido borrar de mi memoria.
— ¿Ah sí? ¿Y qué fue?
— Su amabilidad y su sonrisa.
Veronique de Villepin, que no esperaba de mi parte aquella respuesta, se encerró entonces en el más completo mutismo. Para salvarla del ridículo, Debray tomó entonces la palabra con un tono que trataba de ser amenazante:
— Estoy aquí en nombre del presidente de la República Francesa, eructó desde debajo de su mostacho. Voy comenzar por advertirles una cosa.
Que quede claro, aunque ese presidente fuese mi amigo Alain Krivine, ustedes no obtendrían de Francia ni un solo centavo.
¿Me oyen bien? ¡Ni un solo centavo! !Nunca! ¡Nunca!
Lo raro era que la cuestión de la restitución de la suma que Francia le había sacado en 1825 a los haitianos a través de la extorsión había sido excluida de la misión de Regis Debray de forma totalmente explícita. El ministerio francés de Relaciones Exteriores ya lo había dejado bien en claro en un comunicado. Por lo tanto, era lícito imaginarse cualquier cosa sobre el verdadero objetivo de aquella misión. Por lo pronto, Debray acababa de probar dos cosas:
- 1) Que contaba con el aval de Chirac.
- 2) Que era verdad que hablaba demasiado.
Los haitianos ya le habían puesto a Debray como sobrenombre «Le Konzé». Konzé era el apellido del odiado compañero de Charlemagne Peralte, aquel que, en la época de la ocupación estadounidense, había traicionado a su amigo Peralte –jefe de la resistencia haitiana– entregándolo a los yanquis. Peralte fue ejecutado de forma sumaria y sus verdugos clavaron su cadáver a una puerta para que sirviera de ejemplo.
Desde entonces, todos los Konzé de Haití se habían cambiado el apellido.
El ultimátum de Debray a Aristide
El golpe de Estado estaba previsto para antes de la celebración de las ceremonias del bicentenario de la independencia de Haití, o sea antes del 1º de enero de 2004. Aquella era la mejor solución para Francia, que sentía especial temor por la celebración de aquel bicentenario. Regis Debray fue reuniéndose, uno por uno, con los responsables de los países africanos controlados por Francia, probablemente para amenazarlos en cuanto a participar en el bicentenario de la independencia de Haití.
Cuando me recibió en París, Debray ni siquiera había tratado de disimular. Incluso expresó su sorpresa por la firme posición de la ministra de Relaciones Exteriores de Sudáfrica a favor de los haitianos.
«Qué raro. Lo que me dice usted me recuerda lo que me dijo la ministra en su mal inglés», me lanzó con desprecio.
Hay que recordar que, desde la época de sus aventuras en Bolivia, Regis Debray hablaba muy bien inglés.
El 11 de diciembre de 2003, estando yo de paso en el aeropuerto de Pointe-a-Pitre, para tomar el avión hacia Puerto Príncipe, un amigo haitiano me había presentado al jefe de escala de Air France en Puerto Príncipe. Aquel jefe de escala parecía cualquier cosa menos un jefe de escala.
Lo acompañaba una mujer, originaria de un país ex comunista, que él nos presentó como su pareja y de la que se podía decir, sin pecar de chismoso, que no parecía muy recomendable. Aquel imprudente se jactaba de haber obtenido la ciudadanía francesa de la muchacha. No nos dijo cómo lo había hecho, pero uno podía sentir que tenía muchas ganas de hacerlo. Mi amigo estaba haciendo un simple viaje de ida y vuelta y tenía que salir de Puerto Príncipe el 15 de diciembre.
El jefe de escala le anunció, muy seguro de sí, que no habría vuelos para esa fecha. Yo le pedí que repitiera lo que acababa de decir. Y me repitió, con una sonrisa de complicidad:
«No, el 15 de diciembre no habrá vuelos en Puerto Príncipe. ¡Ningún vuelo!»
En efecto, el 15 de diciembre fue un día muy movido. Andy Apaid, jefe de la «oposición» al presidente Aristide, organizó una serie de manifestaciones esporádicas en las que unos cuantos infelices quemaban tres tristes neumáticos por unos pocos dólares para la mayor satisfacción de los periodistas franceses que Eric Bosc, de la embajada de Francia, llamaba para que fueran a fotografiar el «caos» cada día creciente en aquel país maldito gobernado por un «asesino», un «traficante de droga» y «psicópata perverso».
Eran esos los epítetos que utilizaba la prensa francesa contra el primer presidente democráticamente electo en Haití. Un periodista llegó incluso a escribir en Le Figaro: «El fracaso de Haití demuestra la incapacidad de los pueblos negros de gobernarse a sí mismos.» Nadie contradijo aquello. Yo recibí una ráfaga de correos electrónicos de un escritor haitiano que vivía en París y que, por descuido, me había olvidado en su libreta de direcciones. Aquel nuevo Camille Desmoulins llamaba a los intelectuales haitianos a lanzarse inmediatamente a la calle para derrocar al «tirano sanguinario».
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Mientras tanto, en un lujoso hotel parisino, Jean-Claude Duvalier concedía a la prensa estadounidense una entrevista en la que anunciaba que Aristide era el peor dictador que Haití había conocido. Sí, no estoy inventando nada. El que decía aquello era el jefe de los tontons macoutes. La periodista estadounidense, un poco incómoda, se refirió (muy discretamente) al pasado. Y Bebé Doc respondió olímpicamente: «No digo que yo no haya cometido algunos errores...» Si el propio Duvalier salía así a la palestra, estaba claro que lo hacía con la autorización de quienes lo acogían en Francia, o sea el señor De Villepin, de quien mucho me sorprendería que nunca se haya reunido con el ex jefe de los «voluntarios de la seguridad nacional» que ahora se las daba de opositor político y lanzaba aquel extraño llamado desde París. Algunas mentes enfermas sostenían, en el ministerio francés de Relaciones Exteriores, que el regreso de Duvalier era la mejor solución. Lo decían espontáneamente, sin que Duvalier los hubiese «incitado» a ello… claro está.
Al mismo tiempo, el 15 de diciembre de 2003 a las 15 horas de Haití, Regis Debray se presentó en el Palacio Nacional de Puerto Príncipe con Veronique de Villepin-Albanel. Los dos insistieron en ser recibidos y anunciaron que tenían un mensaje urgente para el presidente de parte del gobierno francés. Primeramente, los recibió la doctora Maryse Narcisse, consejera de Aristide. Ellos insistieron, con mucha insolencia, en ver a Jean-Bertrand Aristide. La doctora Narcisse informó al presidente, quien finalmente decidió recibirlos en presencia de la doctora. Debray y su amiga exigieron que la doctora saliera de la habitación. El presidente expresó su asombro. Pero ellos querían hablarle sin testigos. El presidente cedió. Y el tono fue entonces muy diferente.
Aquello no tenía nada que ver con el «momento de fraternidad» del que tanto habla el buen apóstol Debray en las conferencias que ofrece a los masones para promover la venta de sus propios libros. El estilo fue mucho más directo. La señora patrona de las Ciencias Políticas se dio el lujo de vomitar las amenazas de su hermano.
El ex guerrillero, con los ojos inyectados en sangre, fue más lejos. ¡Fuera de aquí, negro! ¡La dimisión o la vida! ¡Es el amo blanco quien te lo ordena! ¡Fuera de aquí, inmediatamente! ¡Quítate del medio para meternos nosotros! Ese fue más o menos el mensaje de París, el mensaje del hombre que nos decía que Francia era una chica fácil que soñaba con que los inútiles como él la tomaran por la fuerza, como soldados violadores. ¡Bello programa!
Los emisarios le dijeron concretamente al presidente Aristide, en nombre de Francia, que si no dimitía inmediatamente, «iban» a asesinarlo.
Ellos no podían disponer de ese tipo de información sin saber quiénes eran los asesinos. «¿Usted tiene vocación de mártir?», berreaba la piadosa esposa del general Albanel. Regis Debray ha admitido que él estuvo aquel día en el Palacio Nacional y que se reunió con el presidente. Pero siempre ha negado haberlo hecho en compañía de Veronique de Villepin. Para Debray ya no importa una mentira de más o de menos. Y esta mentira en particular, especialmente descarada, sólo nos confirma que el guerrillero parlanchín tenía especial interés en cubrir a Veronique de Villepin.
Tenemos que preguntarnos por qué. Desgraciadamente para Debray, hay testigos: los empleados del Palacio Nacional, que los vieron llegar juntos; la doctora Narcisse, quien me contó lo sucedido, y el propio presidente Aristide, quien me lo confirmó en una entrevista filmada en enero de 2005 [12]. Mejor todavía, el embajador de Francia, Thierry Burkard, para salvar su propia responsabilidad, redactó un telegrama diplomático en el que dejaba constancia de aquella visita y de las amenazas que habían proferido Veronique de Villepin y Debray, mensaje que hizo circular lo suficiente como para que un periodista del diario francés Le Monde, el señor Paolo Paranagua, hiciera una clara alusión, que hizo temblar a Villepin.
Durante la primavera de 2004, después del golpe de Estado, el indiscreto jefe de escala de Air France regresaba a su casa, en Puerto Príncipe, cuando dos hombres que circulaban en moto se le acercaron y le metieron una bala en la cabeza. Nadie expresó sorpresa por aquel asesinato, rápidamente atribuido a la «inseguridad» reinante.
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El bicentenario de la independencia de Haití y el golpe de Estado
El 1º de enero de 2004, Francia y Estados Unidos no escatimaron esfuerzos para evitar la conmemoración de la fundación del Estado de Haití. Había que separar a toda costa a Haití de los países africanos, por temor a que la pequeña república caribeña pudiera convertirse algún día en eje del renacimiento africano. Regis Debray, Dominique de Villepin y Edouard Glissant, presionaron a Aimé Cesaire –aprovechándose de su avanzada edad– para que se negara a asistir a la ceremonia, dando así de hecho su bendición al golpe de Estado ya programado. Se le dijo que Aristide era un dictador y él lo creyó. Sudáfrica no se dejó influenciar por aquellas mentiras. Un portahelicópteros [sudafricano] apareció en la bahía de Puerto Príncipe unos 10 días antes de las celebraciones.
No sin emoción vi llegar los grandes helicópteros enviados por Thabo Mbeki[presidente de África del Sur en esa época.] y que ronroneaban sobre la ciudad, como mostrando que África venía en ayuda de los descendientes de aquellos que habían sido arrancados a su tierra por monstruosos depredadores. Fue un día de duelo para Regis Debray y sus amigos.
Los sudafricanos habían enviado un equipo para organizar la logística de la ceremonia. Fueron ellos quienes organizaron el sistema de acreditación y el sistema de ingreso al espectáculo que se montó apresuradamente. Yo escribí un pequeño texto teatral que sería representado aquella noche.
Las ceremonias del 1º de enero de 2004 comenzaron por la mañana, en presencia de Thabo Mbeki; del primer ministro de jamaica; de Maxime Waters, miembro de la Cámara de Representantes de Estados Unidos por el Estado de California, quien llegó a Haití como representante del Black Caucus; de Danny Glover; de Randall Robinson, y sobre todo en presencia de más de 100 000 haitianos que agitaban banderas mientras cantaban el himno nacional.
Eran tantos que se subieron a las rejas que rodean el jardín del Palacio Nacional y las rejas cedieron de pronto bajo el peso de la muchedumbre, y los más humildes pudieron mezclarse entonces con los invitados oficiales. Una breve ceremonia iba a tener lugar en Gonaives. El organizador era Gabriel Frederic, el mismo que le había entregado al embajador Burkard la copia del expediente jurídico sobre la restitución de la deuda de Francia el 9 de noviembre. Así que ya pueden imaginarse que la ceremonia fue saboteada, y con ayuda de quién. Hubo varios disparos de armas automáticas contra el presidente Aristide y Thabo Mbeki, que felizmente no fueron alcanzados.
Por la noche se presentó un espectáculo en el Palacio Nacional. Participaron los violines de la orquesta de aficionados de Sainte-Trinité y el Ballet Nacional de Cuba. Danny Glover y Jean-Michel Martial representaron el texto que yo había escrito, titulado «El sueño de Mandela». Se esperaba la participación de Christiane Taubira, pero no vino. Algún día explicará seguramente por qué no apareció.
Ninguno de los que se ganan la vida en Francia con el tema de la esclavitud estaba allí. Ningún periodista de la prensa occidental reportó aquella celebración que, oficialmente, nunca existió. Como tampoco existió oficialmente la batalla de Vertieres, que dio lugar a la capitulación francesa el 18 de noviembre de 1803.
Yo me fui de Puerto Príncipe unos días después de la ceremonia, no sin antes haber ido a saludar al presidente. Aristide pensaba que algún día se negarían aquellos hechos y que había que testimoniar sobre lo que realmente había sucedido. Después de mi partida, Burkard, los Villepin (el hermano y la hermana), Debray y los demás prosiguieron su labor de zapa, en contacto permanente con los estadounidenses. Supuestos rebeldes, bajo las órdenes de un notorio asesino, penetraron en el país para desviar la atención hacia el norte de Haití. El presidente envió a París una delegación que debía reunirse con Villepin y solicitar la ayuda de Francia contra aquellos mercenarios en aras de salvar la democracia haitiana.
Aquella delegación se componía del ministro de Relaciones Exteriores, la ministra de Cultura y el director del gabinete del presidente Aristide. Yo tuve la oportunidad de verlos a los tres antes de que se reunieran con Villepin, reunión que se produjo en la tarde del viernes 27 de febrero de 2004. Villepin los recibió muy brevemente y les dio a entender que la suerte del presidente Aristide ya estaba echada. Confesó que el propio Colin Powell se lo había confirmado personalmente. «Valdría más que dimitiera. Siempre es mejor eso a que lo obliguen a montarse en un helicóptero, de noche, en el fondo de un jardín.»
Villepin estaba por lo tanto perfectamente al tanto, por lo menos desde el 27 de febrero, sobre el futuro secuestro, en realidad activamente preparado por Francia y Estados Unidos con varios meses de antelación. Tres testigos pueden dar fe de ello.
Durante la noche del 28 al 29 de febrero de 2004, después de una última reunión entre el embajador de Estados Unidos, Foley, y su homólogo francés, Burkard, tropas estadounidenses (y probablemente también francesas) penetraron secretamente en Haití. En medio de la noche, Luís Moreno, jefe de la CIA en Puerto Príncipe, se presentó en el domicilio privado del presidente Aristide con una veintena de hombres de las fuerzas especiales [13]. Varias decenas de soldados, armados con fusiles equipados de visores láser y sistemas de visión nocturna, asaltaron el lugar. Los estadounidenses obligaron al presidente Aristide y a su esposa a abordar un vehículo que los llevó al aeropuerto.
Sus dos hijas se encontraban en casa de sus abuelos, en Estados Unidos, lo cual las convertía en rehenes, así que el presidente y su esposa no tenían opción. Un gran avión blanco los esperaba en la pista. No tenía ninguna marca de inmatriculación, con excepción de la bandera estadounidense pintada en la cola. Moreno obligó a la pareja a abordar el aparato. El avión despegó inmediatamente y aterrizó después en Antigua. Aristide se mantenía muy digno.
Su mujer lloraba en silencio. No tenían ropa para cambiarse e intuían que su casa había sido saqueada. Quizás iban a morir sin volver a ver a sus hijos. El avión estuvo estacionado durante 5 horas en Antigua. Se les negó a los pasajeros toda información sobre dónde se encontraban y lo que iba a pasar con ellos. Finalmente, el avión despegó nuevamente y cruzó el Atlántico.
Dominique de Villepin había negociado con Bongo para que éste último sirviera de intermediario ante Francois Bozizé, quien acababa de dar un golpe de Estado en la República Centroafricana con ayuda de Francia. Los estadounidenses habían recibido garantías de que Aristide se mantendría detenido en una «prisión militar francesa». Aquella prisión militar francesa era en realidad el palacio del «presidente» Bozizé, controlado en efecto por un importante destacamento francés. El «amigo» que me había presentado a la señora Rossillon era también (como el mundo es tan pequeño) amigo de Bozizé. Al enterarme por la prensa de la llegada de Aristide a la República Centroafricana, le supliqué a aquel «amigo» que me pusiera en contacto con el dictador de Bangui. Sólo logré conseguir un número de fax a través del cual pude enviar una carta para que Bozizé me autorizara ponerme en contacto con Aristide.
Al cabo de varios días de esfuerzos logré hablar con el teniente Francois, el carcelero del presidente, y acabé convenciéndolo de que me autorizara a hablar con él. Aristide sólo me dijo las siguientes palabras: «¡Esto es el fuerte de Joux número 2!» El mensaje era bastante claro, ya que el fuerte de Joux fue el lugar donde los franceses, después de secuestrarlo, encarcelaron y ejecutaron a Toussaint Louverture (oficialmente muerto de frío y de tristeza). Aquellas palabras eran un pedido de ayuda.
Le pregunté [a Aristide] si tenía cómo hablar con la prensa. Pero le era imposible. Fijé con el presidente una nueva cita telefónica para las 17 horas. A aquella hora, me encontraba yo en los estudios de la estación de radio RTL, cuya independencia tengo que reconocer aquí, y se grabó la entrevista. El presidente Aristide declaró que lo habían secuestrado con la complicidad de Dominique de Villepin, de la hermana de éste último –Veronique de Villepin-Albanel–, de Regis Debray y del embajador [de Francia] Thierry Burkard. La conversación que sostuve con el presidente Aristide salió al aire a la mañana siguiente, sin censura, en el noticiero de las 7. En la noche de aquel mismo día volví a entrevistar al presidente, pero en el canal de televisión [francés] TF1, gracias a la amistosa complicidad de Patrick Poivre d’Arvor, a quien también tengo que agradecer su coraje ya que logró, no sin dificultad, como pueden imaginar, imponer aquel tema en el noticiero de televisión de las 20 horas [08.00 p.m.].
Un tercer encuentro [telefónico] se organizó a través de mi persona, esta vez con Marc-Olivier Fogiel. Fogiel quería hacer la entrevista él mismo. Esta iba a transmitirse, en mi presencia, desde los estudios del canal de televisión France 3. Yo logré que esas condiciones se establecieran por escrito. Establecí el contacto y Fogiel hizo su entrevista. Sus colaboradores le habían preparado preguntas del siguiente corte: «Señor Aristide, usted es un dictador, traficante de droga y asesino, y se ha dado a la fuga para escapar a la cólera del pueblo que usted ha traicionado, ¿no es así?»
Aristide le respondió a Fogiel de forma tan convincente y con tanta calma que se hacía evidente que había sido calumniado y secuestrado. Toda la prensa había anunciado la entrevista del presidente Aristide y mi presencia para la transmisión en vivo de la noche del domingo.
Estaba previsto que un taxi me llevara a los estudio. Una hora antes de la cita fijada, el periodista que había montado el tema me llamó para decirme que la transmisión y la entrevista exclusiva con el presidente, al igual que mi presencia en el estudio, habían sido «desprogramadas».
Era un joven que estaba haciendo una pasantía y que todavía tenía ciertas ilusiones. Después de haber trabajado durante todo el fin de semana [en aquella historia], estaba asqueado por lo que él mismo calificó de censura. Nunca recibí la menor explicación de parte de Fogiel, pero me imagino que Villepin se opuso a la transmisión y que intervino directamente ante Marc Tessier, en aquel entonces presidente de France Télévisions. Sin embargo, y en parte gracias a las entrevistas que se habían transmitido a través de RTL y TF1, entrevistas que dieron mucho que hablar, Bozizé no tuvo más remedio que dejar ir a Aristide cuando un avión fletado por los amigos demócratas del presidente (avión en el que llegaron Maxime Waters y Randall Robinson) aterrizó en Bangui días más tarde. A pesar de los deseos de estadounidenses y franceses, Aristide pudo irse a Jamaica y reunirse allí con sus dos hijas.
Supe posteriormente que estaba previsto que el presidente –como yo lo presentía, seguramente al igual que él mismo– encontrara la muerte en su prisión de Bangui. No puedo afirmar que Villepin estuviese implicado en la preparación de ese asesinato. Pero, en la medida en que he obtenido la confirmación y la prueba irrefutable de que el asesinato estaba efectivamente programado, me imagino que no es difícil que el ministro francés de Relaciones Exteriores estuviera por lo menos informado de lo que iba a suceder.
Semanas más tarde recibí una llamada telefónica desde Jamaica. Era Aristide. Me dijo que un «gran pájaro» venía a buscarlo aquella misma tarde y que él iba a regresar al país originario bajo la protección del hombre con quien yo me había reunido para el bicentenario. Aquello quería decir que Thabo Mbeki le enviaba un avión y que él saldría para Pretoria [14]. Aquellos hechos propiciaron el nacimiento de una amistad entre nosotros. Hace 6 años que Aristide vive en Pretoria, bajo la protección de los Estados africanos y de la CARICOM (o sea, de todos los Estados negros del planeta, de los que nunca se habla como miembros de la «comunidad internacional») y, su única fuente de ingresos es el salario que gana impartiendo clases en la universidad de Sudáfrica.
Yo he podido pagarme un solo viaje para ir a verlo, ocasión que aproveché para entrevistarlo. Nunca hemos dejado pasar un mes sin conversar por teléfono. Nuestra última conversación tuvo lugar hace 3 días. Aristide ha resistido a todo, sin la menor queja. Nunca se ha doblegado.
Después de haber derrocado al presidente Aristide, Villepin y Bush, violando impunemente la constitución del país, instauraron [en Haití] una nueva dictadura dirigida por un ciudadano estadounidense, Gerard Latortue, un crápula al que los antiguos países esclavistas nombraron «primer ministro de transición». La primera medida que tomó Latortue fue anular la demanda presentada a Francia para obtener la restitución de los 21 000 millones de dólares, producto de la extorsión de la que Haití fue víctima a partir de 1825.
Dos años después, los partidarios de Aristide elegían presidente a René Preval, con la esperanza de que éste último permitiera el regreso de Aristide. El día de aquella elección, yo me encontraba en la oficina del ministro francés de Turismo, Leon Bertrand, quien se sorprendió mucho de que yo le dijera el nombre del presidente que iba a salir electo, ya que no se trataba del candidato de Francia. Actualmente, Leon Bertrand, íntimo amigo de Chirac, está en la cárcel por corrupción. Así anda el mundo.
En 4 años como presidente, René Preval no ha podido, no ha querido o no se ha atrevido a traer de regreso a quien fuera su amigo. Los haitianos nunca han dejado de manifestarse a favor del regreso de su presidente, al que Estados Unidos y Francia secuestraron de forma vergonzosa. Quizás algún día, que puede no estar lejano, otro «pájaro» proveniente de África traiga de regreso a su país al hombre que nunca debió salir de allí. Y en ese avión, el presidente Aristide llegará en compañía de algunos amigos estadounidenses: Danny Glover, Randall Robinson y Maxime Waters.
También habrá seguramente un francés en ese avión y quizás sea yo. Regis Debray ha escrito un libro sobre la «fraternidad». Es probable que se esté preparando para hacer campaña a favor de la elección de Villepin en 2012, con la esperanza de convertirse en ministro de Cultura. Ya no tiene gendarmes que lo escolten en la calle.
Nunca le propiné el par de bofetadas que ciertamente se merece. Prefiero dejarlo sólo con su conciencia y con el recuerdo de los miles de muertos, quizás de los cientos de miles de muertos, que dejó como saldo el golpe de Estado del que él mismo fue artífice.
Bajo el régimen de Latortue, encerraban a los partidarios de Aristide en contenedores y los tiraban al mar. Veronique de Villepin-Albanel prosigue su actividad en la capellanía de la facultad de Ciencias Políticas. Nunca ha hecho declaraciones sobre aquellos acontecimientos. Pero, siendo al parecer una buena cristiana, supongo que me perdonará por haber dicho la verdad y que rezará por la salvación de mi alma.
Dominique de Villepin, convertido en ministro del Interior y posteriormente en primer ministro, envió [a Haití], precisamente en el año del bicentenario [de la independencia de ese país], un cuerpo expedicionario de 1 000 soldados franceses.
No se habían visto soldados franceses en Haití desde la capitulación [francesa] de 1803. Los soldados de Villepin pusieron a secar sus calzoncillos no en la línea Sigfried sino en las rejas del palacio presidencial [de Puerto Príncipe]. El envío de aquel contingente fue bautizado como «Operación Rochambeau», apellido del general [francés] que utilizó perros amaestrados para que se comieran a los negros y que emprendió el exterminio de todos los haitianos de más de 12 años asfixiándolos con azufre en las calas de los barcos.
El día de la partida de aquellos soldados, Paris Match publicó una entrevista de una haitiana que supuestamente había asistido a una «misa negra», en la que el presidente Aristide «probablemente» había sacrificado un bebé cortándolo en pedazos. El único crimen que no le atribuyeron a Aristide fue la pedofilia. Todavía me asombra que no se les haya ocurrido eso. Burkard pasó a retiro con rango de embajador. Regresó a Alsacia, su lugar de origen, de donde había salido cuando era un joven, seguramente lleno de sueños.
El tiempo le pasó la cuenta. Hoy parece un anciano y le ha dado por escribir novelas policíacas regionalistas. En 2009, vino a verme al stand en la feria del libro de París, un poco avergonzado, como para hacer las paces. Yo blandí el libro que estaba firmando, Le nègre vous emmerde [15] y él dio media vuelta. En cuanto a Villepin, en septiembre de 2005, siendo él primer ministro, recibí una llamada telefónica de su oficina. Quería nombrarme miembro de la Comisión Nacional de Consulta sobre los Derechos Humanos (CNCDH), por mi compromiso con los derechos humanos. Siendo de público conocimiento que yo soy amigo de una persona que él acusa de haber violado esos mismos derechos humanos, aquella nominación resultaba muy extraña. Como expresión de mi gratitud publiqué, dos meses más tarde, un libro sobre Haití, titulado Le crime de Napoléon [16]. Cuando se renovó la CNCDH, a mí no volvieron a nombrarme como miembro. Por cierto, el aeropuerto de Cayena se llama Rochambeau. Me sorprende que Christiane Taubira, diputada por la Guayana Francesa, nunca se le haya ocurrido pedir que se le cambie el nombre.
Un libro de Randall Robinson que relata en detalle todos aquellos acontecimientos se encuentra en proceso con vistas a su publicación para el 18 de febrero de 2010. Se titula Haïti, l’insupportable souffrance (Haití el insoportable sufrimiento [17].
He tenido el honor de publicarlo y de redactar el prólogo.
Será esa mi modesta contribución a la reconstrucción de Haití. No he escrito más que la verdad. La historia rendirá su veredicto.
Claude Ribbe
Escritor y filósofo.
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Traducción para la Red Voltaire a partir del original en francés por:
HV & SC Asociados.
[1] Régis Debray es el hijo de abogado Georges Debray y de Janine Alexandre-Debray. Esta última fue vice-presidenta del Consejo Municipal de París (1947-67) y senadora de París (1976-77).
[2] No disparen— soy el Che, por Arnaldo Saucedo Parada. 1980.
[3] Régis Debray fue excluido de las Juventudes Comunistas por su supuesta incorporación a los servicios secretos franceses, indica el diario parisino Le Monde du 1ro de marzo de 1968. Él viaja a Cuba a título de cooperante, y posteriormente a Bolivia a pedido del editor francés François Maspero para realizar un reportaje sobre Ernesto Ché Guevara. Simultáneamente, el presidente De Gaulle nombra a un amigo (de la familia Debray) su fiel guardaespaldas Dominique Ponchardier (el célebre "Gorila"), embajador en Bolivia. Después de haber logrado entrar en contacto con el Ché, Debray desea regresar a Francia, pero el Ché le prohíbe a fin de conservar el secreto de su presencia en Bolivia. Finalmente, Debray es apresado por los militares bolivianos y la CIA, el 17 de marzo de 1967. Un mes más tarde, De Gaulle escribe al presidente Barrientos para que la vida de Debray sea protegida. Diversas personalidades de la izquierda y de derecha se movilizan en Francia y en los EEUU para pedir su liberación. Alain Geismar y Jean-Paul Sartre crean el comité Debray. Las fuerzas bolivianas y la CIA rodean el campamento del Ché Guevara el 8 de octubre de 1967, lo capturan y lo matan. Régis Debray es amnistiado por el nuevo presidente boliviano Juan José Torres y liberado en las vísperas de Navidad en 1970.
[4] La orden de Charles X que obliga a los haitianos a comprar y pagar por su libertad.
[5] Margaretha Geertruida Zelle (Leeuwarden, Países Bajos, 7 de agosto de 1876 - 15 de octubre de 1917), fue una famosa bailarina de striptease, condenada a muerte por espionaje y ejecutada durante la I Guerra Mundial (1914-1918). fuente: wikipedia.
[6] CRIF significa: Consejo Representatativo de las Instituciones Judías de Francia, una organizació que representa y regrupas las diversas asociaciones judías.
[7] Asociación que pretende trabajar para la promoción de la diversidad cultural.
[8] Activista Pan Africano viviendo en Francia, y preside una organización llamada: Movimiento de los Condenados del Capitalismo.
[9] En referencia a Jean-Claude Duvalier, sanguinario dictador haitiano trabajando y gobernando para las potencias neocoloniales, especialmente Francia.
[10] L’Expédition, por Claude Ribbe (Le Rocher, 2003).
[11] La CIA déstabilise Haïti», Réseau Voltaire, 14 de enero de 2004.
[12] «Jean-Bertrand Aristide, un año después del Golpe de Estado», por Claude Ribbe, Red Voltaire, 22 de febrero de 2005.
[13] «Golpe de Estado en Haití», por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 1º de marzo de 2004.
[14] «Paris relâche le président haïtien», por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 16 de marzo de 2004.
[15] Le nègre vous emmerde, por Claude Ribbe (Buchet-Chastel, 2008).
[16] Le Crime de Napoléon, por Claude Ribbe (Privé, 2006).
[17] Haïti, l’insupportable souffrance, por Randall Robinson (Editions Alphé/Jean-Paul Bertrand, 2010).
martes, 23 de febrero de 2010
Muerte del Ché Guevara: testimonio y reflexiones
La Bolivia de Morales
Vicenç Navarro
Publicado en el diario digital EL PLURAL, 22 de febrero de 2010
Este artículo critica la cobertura mediática de América Latina por parte de los medios de información con mayor difusión en España. Su sesgo liberal y escasa diversidad ideológica determina que importantes logros económicos y sociales de países como la Bolivia de Morales, pasen desapercibidos en España.
Los gobiernos de Venezuela y de Bolivia tienen muy mala prensa en España. Los rotativos que tienen mayor difusión en el país publican con gran frecuencia artículos sumamente críticos de los gobiernos presididos por Hugo Chávez y por Evo Morales, acusándoles de todo, incluso de tener un deseo oculto por establecer regimenes semejantes al cubano. Tales rotativos hacen constante referencia a una supuesta reducción de la libertad de prensa en aquellos países, ignorando que existe y continúa existiendo mayor libertad y diversidad de prensa en aquellos países que en España, realidad que es fácil de ver por aquellas personas que conozcan bien tales países. Sólo un ejemplo. Cuando el Rey de España insultó al Presidente Chávez en la reunión de dirigentes de América Latina en 2007, la prensa venezolana estuvo dividida, mientras algunos medios defendieron a Chávez, otros defendieron al Rey de España. Había, y continúa habiendo, diversidad de opiniones. No así en España. Todos los medios de mayor difusión aplaudieron al Rey, y ni uno solo (repito, ni uno) defendió a Chávez. Existe mucha menos diversidad informativa en España que en Venezuela o Bolivia. No se ha publicado ningún artículo en aquellos medios favorables a la situación en Bolivia.
En realidad, Bolivia es uno de los países que, últimamente, ha estado creciendo económicamente más rápidamente en América Latina. El crecimiento promedio anual de su PIB es del 5,2% desde que el Gobierno de Evo Morales inició su mandato. Y es probable que este año tenga el mayor crecimiento económico de aquel continente. Esta situación es, como el informe sobre Bolivia del prestigioso Center for Economic and Policy Research de Washington indica, particularmente meritoria debido a la enorme crisis que está afectando a toda América Latina, incluyendo Bolivia, donde EEUU retiró gran parte de sus inversiones en aquel país, atravesando, además un periodo de gran convulsión política, resultado de las intentonas golpistas de la oposición, con el predecible apoyo del gobierno federal de EEUU.
Lo importante a señalar sobre este dato económico es que el gobierno Morales ha roto con las políticas neoliberales de sus antecesores, siguiendo políticas opuestas al Pensamiento Único que dominaba (y continúa dominando) gran parte de las instituciones internacionales, como el FMI y el Banco Mundial. Así, aumentó, en lugar de disminuir, su déficit fiscal pasando de tener un superávit de un 5% del PIB en 2008, a un déficit de 0,7 en 2009, añadiendo un estímulo económico de casi 6 puntos del PIB. Este déficit se utilizó para incrementar la inversión pública que alcanzó el 10,5% del PIB en 2009 (en 2005 había sido de un 6,3% del PIB). Este gran estímulo económico permitió que Bolivia no cayera en la recesión que han sufrido muchos países en Latino América.
Otro cambio que ha hecho el Presidente Morales ha sido el de controlar el gas natural, tanto su producción como los beneficios que derivan de su explotación. Como consecuencia, los ingresos al estado han crecido desde 2004, alcanzando un porcentaje, 20% del PIB, desconocido hasta entonces. Parte de estos ingresos han sido invertidos en el sistema escolar, en servicios de atención a la infancia y a sus madres (en un programa extenso que tiene como objetivo reducir la mortalidad infantil) y en aumentar las pensiones para prevenir la pobreza entre los ancianos. Estos gastos benefician sobretodo a las clases populares y muy en especial a los sectores más desproveídos de recursos, lo cual ha contribuido a que las desigualdades sociales (medidas por el índice Gini) se hayan reducido. También hubo un notable incremento en servicios de saneamiento (la recogida y tratamientos de basuras), pasando de cubrir el 68% al 80% de la población. Ni que decir tiene que Bolivia continúa siendo uno de los países más pobres de América Latina. Pero, por primera vez, desde hace ya muchos años, los cambios introducidos por el gobierno Morales han supuesto un cambio de rumbo muy importante.
Es paradójico que medios y fuerzas políticas que dicen estar preocupadas por la enorme pobreza que existe a nivel internacional, movilizándose para proveer ayuda humanitaria a los países pobres -como ahora en Haití-, se opongan tan violentamente a aquellas fuerzas que están disminuyendo exitosamente la pobreza.
¡Gracias, sindicatos!

Vicenç Navarro
Una vez más, los sindicatos mayoritarios del país han convocado una manifestación y han salido a la calle para defender los derechos sociales y laborales de la población trabajadora de nuestro país.
Esta vez ha sido para rechazar la propuesta hecha por el gobierno español de retrasar obligatoriamente la edad de jubilación de 65 a 67 años. En varios artículos he mostrado que tal medida es una medida injusta, además de innecesaria. A tales artículos, publicados en varios forums y colgados en mi blog (Es un error retrasar obligatoriamente la edad de jubilación), remito al lector.
Esta nota no es, pues, para repetir los argumentos y la evidencia científica que detallé en aquellos artículos. La nota es para, además de agradecer a los sindicatos su coherencia y defensa de esta conquista social, invitar a todos los lectores de este blog a que se sumen a las manifestaciones en Barcelona, Valencia y Madrid y que aquellos que no puedan asistir a las manifestaciones reenvíen artículos colgados en mi blog (donde explico porque es un error desarrollar tal política) al máximo número de personas, incluyendo a los portavoces liberales en los medios de información que predeciblemente menospreciarán y marginarán tales movilizaciones.
Es un gran error que el gobierno socialista está cometiendo, al proponer esta medida del retraso obligatorio de la edad de jubilación, adaptándose a esta avalancha liberal en lugar de liderar una respuesta de rechazo a tales presiones liberales, esté sucumbiendo a ellas. Sus propuestas son respuestas a la presión de los mercados financieros especulativos y a las políticas liberales que promueven las instituciones de la UE, desde el Banco Central Europeo a la Comisión Europea y al Consejo Europeo, tal como también documento en la serie de artículos que he ido publicando y cuelgo hoy en el blog, en el apartado: La crisis financiera, el euro y España.
Encuentro no, despedida
21/02/2010
La Jiribilla
En el más reciente informe sobre el presupuesto militar presentado ante el Congreso norteamericano alarman los datos sobre los 517,8 mil millones de dólares previstos por este concepto para 2010, e inquieta también la solicitud de unos 708 millardos de dólares para 2011 anunciada por el presidente Barack Obama.
A propósito del tema, el periodista David Brooks expone en un artículo para La Jornada que "Robert Gates, secretario de Defensa, declaró a reporteros que al desarrollar estrategias militares se debe tomar en cuenta que se enfrenta un mundo donde las amenazas más probables y letales emanarán de estados fracasados o fracturados. Gates y los jefes del estado mayor enfatizaron que hay una gama de nuevos desafíos que van más allá de los marcos tradicionales. De hecho, elevaron el universo del ciberespacio como un nuevo terreno de conflicto".
Mientras los analistas tratan de explicar las razones para la aprobación del gasto militar más grande de la historia, según un estudio comparativo hecho por Doug Bandow del Cato Institute de Washington publicado en El Universal, y teniendo en cuenta el contexto de una crisis económica global, que ya está registrando profundas huellas sociales, en el cual esto ocurre, algunos se detienen en tratar de descifrar el significado de la noticia sobre la posibilidad de que el sitio digital Cubaencuentro.com se despidiera de sus seguidores, la cual circuló en Internet, convenientemente poco replicada aunque con las consiguientes versiones sobre posibles causas y azares.
Por un lado, el Presupuesto de Defensa de los EE.UU. parece una gran fuente que no cesa de manar, y por el otro se anuncian cierres imputados a faltas de financiamiento. Con tan cuantiosas sumas de dinero previstas para gastos militares podría pensarse que todos los proyectos posibles destinatarios de estos fondos para la subversión de los órdenes establecidos por otros estados o grupos sociales, sobre todo aquellos que habitan en el "peligroso" mundo digital, gozan de buena salud; pero una vez más se constata que en tiempos de crisis se vuelve recurrente la alegoría del barco que se hunde y quiénes son los primeros en abandonarlo.
El escritor Pablo Díaz Espí, ex director editorial de la versión digital de Encuentro, en una carta dirigida a los lectores, afirmaba que su renuncia se debía a "la falta de visión del proyecto", que "se ha desvirtuado". Qué visión y quién lo desvirtuó nunca se dejó muy claro en el mencionado anuncio; pero según adelantaron los editores, tras su renuncia, el equipo del sitio comenzaría a trabajar para presentar Diario de Cuba que, al decir del propio Espí, nace sin ninguna ayuda institucional y aspira a constituirse en "un espacio de opinión plural que contribuya a enriquecer la cultura y la política cubanas".
El otrora directivo de Cubaencuentro afirma también que "Diario de Cuba garantizará el periodismo honesto y la pluralidad de opiniones, promoviendo, además de la información, el análisis, la opinión y el entretenimiento". Habría que preguntarse cuánto de diferente como propuesta editorial tendrá realmente este sitio y si realmente unos redactores que abandonaron el anterior por falta de financiamiento serán capaces de sostener esta "nueva publicación" a través del, "¡oh terrible término!", trabajo voluntario.
Cubaencuentro surgió en el año 2000 como un modo de poner en la red la revista Encuentro que se editaba en Madrid desde el año 1995 y pertenecía a la Asociación Encuentro de la Cultura Cubana (AECC), con lo cual sus objetivos y propuestas "culturales" con respecto a Cuba seguían los mismos lineamientos que los de esta asociación base.
En esa dirección apuntan los resultados de una investigación de José Antonio García Miranda publicada en 2002 en un dossier de La Jiribilla titulado "Encuentros, desencuentros" en la cual se aseveraba que "Un análisis de los contenidos de los dieciséis números de Encuentro (algunos de ellos dobles), revela que el 52,4% de su espacio, el 45,9% de los textos, y prácticamente todos sus trabajos de fondo, son absolutamente políticos… Esta politización resulta aún más descarnada en la versión digital de la revista Encuentro en la Red… Si se despojara a Encuentro de su barniz cultural, quedaría al desnudo una agenda política completamente coincidente con la del gobierno norteamericano y la ultraderecha de origen cubano".
García Miranda recordaba también que una revista llamada Encounter (Encuentro) aparecida entre 1953 y 1967 fue financiada por la Fundación Farfield con dinero que recibió de la CIA. Aquella "primera temporada" ocupó, según Frances Stonor Saunders en su libro La CIA y la guerra fría cultural, “una posición clave en la historia intelectual de la posguerra”.
Varias décadas después el ecuménico nombre intentó posicionarse nuevamente en la palestra; pero su financiamiento despertó también la suspicacia de unos y las sospechas de otros. Pronto comenzaron a aparecer las primeras revelaciones acerca de quiénes verdaderamente financiaban estos "encuentros". En el citado artículo, Miranda explica: "Años después, aparece otra revista Encuentro, esta vez en español y de mucha menos calidad que su antecesora, que recibe también fondos procedentes del gobierno de EE.UU., a través de la National Endowment for Democracy y la Fundación Ford, junto a contribuciones del Instituto de Cooperación Iberoamericana de España, y el Instituto Open Society, de EE.UU. Inicialmente, Encuentro había recibido fondos del Centro Internacional Olof Palme y del Partido Socialdemócrata, de Suecia."
Según refiere el periodista español Pascual Serrano en su texto "Sin dinero no": "la revista Encuentro lleva recibiendo fondos de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) al menos desde el año 2000. Solo en 2008 recibió 500 mil euros de esta institución perteneciente al gobierno de España. A esta cifra hay que añadir el dinero recibido de la Dirección General del Libro del Ministerio de Cultura español; gobiernos regionales españoles (Junta de Andalucía, Comunidad Autónoma de Cantabria, gobierno de Aragón); una institución europea (Iniciativa Europea para la Democracia y los Derechos Humanos, Comisión Europea); banca pública española (Fundación ICO, Fundación Caja Madrid); instituciones ligadas al gobierno estadounidense (National Endowment for Democracy ―1.033.135 dólares entre 2000 y 2007―, The Ford Foundation ―400 mil en 2008―, The Open Society Institute, Cuba Study Group) y organizaciones ligadas a la internacional socialdemócrata (Centro Internacional Olof Palme de Suecia y Fundación Pablo Iglesias de España)."
Afirma Pascual Serrano que "Encuentro se creó en España de la mano del periódico El País en el año 1995. Muchas de las informaciones de la revista son rebotadas posteriormente en el diario del grupo Prisa (ver 30 y 31 de julio 2003). Ambos medios coordinaron un manifiesto contra Cuba en abril del año 2003." Muchas otras coberturas pueden dar fe de la estrategia editorial del Grupo Prisa respecto a la Isla. Valdría preguntarse: ¿casualidad o comunidad de intereses?
Con tanto dinero y apoyo de por medio, nadie logra una explicación convincente para entender los verdaderos porqués sobre los despidos que en octubre del pasado año comenzaron a sucederse. Fue mayor la sorpresa cuando el 4 de diciembre de 2009 apareció en la web de la revista el comunicado a los lectores donde se informaba que el equipo completo de la publicación abandonaba el proyecto, precisamente por falta de… ¡¿dinero?!
El texto señalaba que desde el 7 de octubre el equipo de redacción y el de la revista impresa habían dejado de cobrar y estaban trabajando —ya desde entonces— de forma voluntaria, y junto a ellos muchos de sus colaboradores también continuaban "entregando sus textos sin recibir honorarios a cambio".
Y afirmaba: "un proyecto como este solo puede continuar exitosamente desde otro modelo de gestión", por lo cual, "ante esta situación, nos vemos obligados a interrumpir definitivamente nuestro trabajo en este portal". En otras palabras: la desbandada.
Habría que preguntarse cómo hubiera sorteado estos vaivenes el gestor principal del proyecto, el cineasta, escritor y periodista Jesús Díaz quien defendía lo que rezaba en el editorial del primer número de la revista impresa: "ENCUENTRO DE LA CULTURA CUBANA no representa ni está vinculada en modo alguno a ningún partido u organización política de Cuba o del exilio". Ya se ha podido constatar quiénes han estado detrás de cada cheque o intereses editoriales. No obstante, el "crédulo" Jesús seguía afirmando que la publicación "solo aplicará el criterio de calidad en la selección de sus colaboraciones" y que "A partir de estas premisas (…) estará abierta a puntos de vista contradictorios e incluso opuestos, dará acogida y aun estimulará las polémicas". Lo que nunca imaginó JD es que las contradicciones estuvieran en el propio seno de quienes estaban predestinados a sostener su añorado Encuentro. El chiste de turno en los pasillos de Internet es: "Dios los cría y Anabell los desjunta".
No hay duda de que desde aquellas reuniones y textos fundacionales trataron de encubrir bajo una apariencia loable los objetivos de Encuentro. Insistían en hacernos creer que se proponían reunir en una misma publicación autores cubanos de dentro y fuera de la Isla, pero ya se sabe que de buenas intenciones está empedrado el camino hacia el Dinero. Ni siquiera algunos de sus colaboradores o los autores reaccionarios del "exilio" comulgaban con esta revista; algunos se olían el gato, aunque no estuviera encerrado.
Dentro de un artículo lleno de acusaciones a la publicación en el cual pretendía desmontar los motivos de su nacimiento, la escritora Zoé Valdés reclamaba y aseveraba a un tiempo: "El móvil más peligroso, y el tercero ―igual me equivoco en el orden― ha sido el del dinero. Recibieron ayudas y subvenciones inimaginables, como no ha recibido ninguna revista en el exilio, que se perdieron en la noche de los tiempos. ¿A dónde fueron a parar esas ayudas?".
A propósito de la estampida anunciada, el antiguo codirector de Cubaencuentro, Antonio José Ponte, explica que renunciaba a sus responsabilidades porque la presidenta, Annabelle Rodríguez, "antepone su interés personal al interés general del proyecto". En una carta distribuida a los miembros del Consejo Editorial, Ponte cuestiona que se despidiera a la totalidad de los empleados de la revista y el diario, excepto a la presidenta de la Asociación, y se mantuviera la oficina en funcionamiento, "con todos los gastos que ello supone". O sea, que el dinero no fuera repartido a partes iguales como en las películas del oeste, sino que solo una persona se lo embolsillara.
En un blog habitual en Internet se publicó un comentario sobre la noticia del cierre que afirmaba lapidariamente que ante una situación similar la cucarachita "Martina, más realista, se preguntaba naturalmente ‘¿Qué me compraré?’ aceptando que el dinero establece las fronteras del mundo y de las cosas". En conclusión: No money, no work. Si no hay dinero, no hay encuentro.
Entre quienes abandonaron el barco, ahora que hace aguas, estuvieron también el poeta y periodista Raúl Rivero, el profesor de la Universidad de Kentucky Enrico Mario Santí y el ex director de la revista Unión, el escritor Jorge Luis Arcos. Este último afirmó además en una carta que "después de los últimos y amargos sucesos" tiene la "suficiente información como para no querer participar" en la "resurrección" de Encuentro "bajo la actual presidencia". Hasta para ellos que ya tienen cierta experiencia en eso de abandonar posiciones también es válido el viejo grito de: ante el desastre, sálvese quien pueda.
De cualquier manera, lo cierto es que las noticias acerca de que la salud del sitio venía quebrantándose, rondaba hacía rato. En febrero de 2008 el activo blogger Jorge A. Pomar avisaba: "el cadáver de Encuentro hiede" en un artículo titulado premonitoriamente ¡Encuentro ha muerto!... ¿Viva Encuentro?" y que terminaba con las satíricas estrofas:
¿'Encuentro' ya falleció?
¿Y de qué habrá muerto 'Encuentro'?
Ha muerto de desencuentro.
Del desencuentro murió.
Fuente: http://www.lajiribilla.cu/2010/n458_02/458_00.html
Amman: Estudio sobre la alimentación sana desde la óptica del glorioso Corán
La alimentación sana desde la óptica del glorioso Corán, ha sido examinada el martes 16 de febrero en Amman, capital jordana durante una reunión organizada por la Asociación de la Lucha contra la Meningitis y el tratamiento para los discapacitados jordanos.
De acuerdo a la Agencia Internacional de Noticias Coránicas (IQNA), citando al periódico jordano ‘Addostour’, Jamil al Qodssi, experto jordano en alimentación, examinado los milagros científicos del glorioso Corán relacionados a la alimentación, evocó los versículos que tratan sobre la alimentación sana y su importancia sobre la salud humana.
Al Qodssi, ha examinado el tratamiento de algunas enfermedades siguiendo un modo de alimentación sana y equilibrada, basándose en el glorioso Corán y los hadices.
Este experto de alimentación ha precisado: «Podemos curar algunas enfermedades, entre ellas el asma, las enfermedades relacionadas a las glándulas endocrinas, las renales y las enfermedades del corazón, siguiendo un modo de alimentación correcta.»
El líder de la Asociación de Lucha contra la Meningitis y el tratamiento para los discapacitados jordanos, hizo énfasis en el inicio de la reunión sobre la importancia de sensibilizar al público sobre los principios de una alimentación sana en la prevención de diferentes enfermedades y el bajo consumo de medicamentos.
Ataque aéreo de la OTAN en Afganistán mata a 27 civiles
Agencias | Kabul
22/02/2010
Al menos 27 civiles, entre ellos mujeres y niños, han muerto en un ataque aéreo de la OTAN contra tres vehículos en el sur de Afganistán, informó el gobernador de la provincia de Dai Kundi, Sultan Ali Urusgani. Según el Ministerio del Interior, el número de fallecidos sería 21.
Este no es primer ataque de la OTAN que acaba por error con la vida de civiles. Desde que comenzara la gran ofensiva de las fuerzas internacionales en la provincia de Helmand (al sur del país) los ataque 'erróneos' han sido una constante.
La semana pasada siete policías murieron en una de estas ofensivas sumándose a otros 12 civiles muertos en Helmand por las mismas circunstancias. La ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad) también ha dado parte de bajas civiles, con cinco fallecidos en la provincia de Kandahar.
La ONU ya ha pedido a las partes en conflicto que eviten las bajas civiles y respeten al personal humanitario que se ha desplegado en la zona para atender a los desplazados a causa de la ofensiva.
El enorme operativo en el sur de Afganistán, con 15.000 efectivos desplegados, pretende proteger en mayor medida a la población civil, y se ha impuesto el control por tierra y puerta a puerta frente a los ataques aéreos, menos selectivos.
En la memoria colectiva permanece el triste recuerdo del ataque a Faluya, en Irak, en noviembre del 2004, en el que perecieron cientos de civiles en un ataque masivo, que provocó más de 200.000 desplazados.
Se calcula que entre los 80.000 habitantes de la zona, que lleva cinco años bajo control talibán, habría alrededor de 1.000 insurgentes camuflados.
fuente:elmundo.es
domingo, 21 de febrero de 2010
Gobierno de EEUU sugirió "justificación" para el golpe en Níger
Mientras el mundo condena a los golpistas
Febrero 19, 2010
El portavoz del Departamento de Estado, P. J. Crowley, dejó en entredicho al gobierno de Obama, cuando dijo que el golpe podría haber sido "justificado" por una supuesta decisión del presidente derrocado de "extender su mandato"
Washington / Estados Unidos sugirió anoche que el golpe contra el presidente de Níger podía ser una "reacción" a lo que llamaron "intento de Mamadou Tandja de permanecer en el poder", en una insólita justificación.
El portavoz del Departamento de Estado, P. J. Crowley, agregó que el golpe podría haber sido "motivado" a la decisión de Tandja del año pasado de "extender su mandato", lo que impulsó a Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y otros países a imponer sanciones.
Crowley dijo que "evidentemente" hubo un intento de asesinato contra Tandja, aunque dijo no tener información sobre su paradero, según reportó la agencia italiana Ansa.
El portavoz norteamericano dijo que la situación sigue siendo "incierta" y que afirmó que su país aún investiga "quién está detrás del golpe".
Finalizó diciendo que, aunque EEEUU no aprueba el uso de la violencia, "claramente pensamos que esto subraya la necesidad de que Níger avance con las elecciones y la formación de un nuevo gobierno".
La declaración de Crowley, evidenciando la insólita justificación, contrasta con el rechazo unánime del resto de los países del mundo, que han condenado el derrocamiento militar, y pone en entredicho al gobierno de Obama.
Preparan movilizaciones contra ineficiencia del Estado haitiano
Priman la corrupción y el robo según un activista
21-02-2010
Sofía Yáñez
Pan y Rosas México
En la ciudad de Leogane a 17 kilómetros de Puerto Príncipe, Julio García, voluntario del campamento de jóvenes dominicanos y haitianos “Kiskeya Action”, y Mirla Hernández, feminista, denunciaron la corrupción que priva en el flujo de la ayuda humanitaria para el pueblo haitiano, que viene del exterior y la tardanza en su reparto.
En el marco de la campaña que la organización internacional “Pan y Rosas” desarrolla en distintos países de América Latina y el Caribe, en solidaridad con las mujeres y el pueblo de Haití, los activistas dijeron a Pan y Rosas México, que a más de un mes del terremoto que devastó a Haití, se preparan “movilizaciones masivas contra la ineficiencia del Estado haitiano, una ineficiencia que ha existido desde siempre pero que ahora es más evidente”.
Detallaron que las organizaciones han mantenido el flujo de ayuda, pero ha existido mucho ‘cuello de botella’ provocado tanto por el Estado haitiano como por las Organizaciones No Gubernamentales (OGN) es decir, que la ayuda tiene que pasar por muchos ‘controles’. Hay mucha corrupción y robo.
"Acá, en República Dominicana, por ejemplo, se perdieron unos contenedores. Claro que estos hechos no son los que salen a la luz en los grandes medios", precisa Julio, y agrega Mirla: "Supimos de algunas movilizaciones de gente que estuvo protestando para que se distribuya la ayuda; pero, tomando en cuenta cómo se manejan los medios, eso no lo han publicado. Julio comenta que en el campamento de los jóvenes dominicanos y haitianos en el que él colabora, ayudan a más de dos mil personas, pero que el ritmo con que llega esa ayuda ha bajado".
¿Dónde está, entonces, todo aquello que va llegando a la isla? No duda en responsabilizar a los controles militares de acaparar y distribuir a su antojo.
"Todos los cargamentos grandes los están controlando los militares: la comida, el agua, el control de la construcción de mercados… ¡todo!" Y también denuncia los operativos montados por las tropas norteamericanas: "En nuestro campamento vimos que, para ‘entregar ayuda’, se realizó un despliegue militar parecido a las escoltas de Obama, iban tres camionetas Hummer, cada una con unas 6 personas, todos fuertemente armados y un posicionamiento territorial espectacular para crear un ambiente de hostilidad, de guerra. ¿Para qué? ¿Para un pueblo hambriento?"
Pero no sólo las tropas que ocupan militarmente Haití son repudiadas por Julio y Mirla, sino también las organizaciones que vienen a lucrar con la tragedia.
Mirla dice que "muchas organizaciones vienen a hacer mérito para ganarse los patrocinios; sólo a eso. Y luego, con los presupuestos obtenidos, dedicarse a vivir bien, a costa de decir ‘ayudamos a haitianos’. Cuando la alternativa debe ser que sean ellos (el pueblo haitiano) los que decidan, los que levanten su país. Con nuestra ayuda, pero ellos al mando". Julio agrega que, "además, estas organizaciones repiten el discurso de que los daños del terremoto son algo ‘natural’, cuando todos sabemos que las consecuencias del fenómeno natural en Haití fueron más profundas por la pobreza que ya había en el país. Este sismo no hubiese tenido las mismas consecuencias ni siquiera en República Dominicana. El colmo es que hay niños que están muriendo deshidratados, cuando mucha de la ayuda que llega es agua".
Mirla destacó la importancia de seguir denunciando la situación y de levantar la voz para que los capitalistas y las empresas que, históricamente han saqueado Haití, sean los que ahora se hagan cargo. Además de pronunció a favor de que sea condonada la deuda de Haití y que el Fondo Monetario Internacional no les implante nuevos préstamos.
También es necesario levantar la voz para que salgan las tropas de Haití, porque es claro que tienen la intención de invadir y explotar al país. Por eso es muy importante la campaña que hace Pan y Rosas, porque hace una denuncia clara de las que ningún grupo se ha atrevido a hacer, porque se han enfocado en el asistencialismo.
En Leogane, donde se registró el epicentro del terremoto, miles de personas quedaron sepultadas bajo los escombros. Ahí el 90 por ciento de los edificios fueron destruidos y, como la ayuda se concentra en la capital haitiana, los sobrevivientes de la tragedia, se ven obligados a esperar más de lo humanamente posible por víveres, agua, atención médica…
Y continúa el recuerdo de las palabras de Mirla… "sigamos levantando la voz, porque tienen que irse las tropas". Aquí ya nadie cree que son necesarios tantos equipos militares, tantos miles de soldados y armas de fuego para brindar "ayuda humanitaria" a un pueblo que, antes de este terremoto, ya sabía que la peor catástrofe era el dominio imperialista.
Chávez: El Estado burgués debe extinguirse en el continente para que nazca un Estado Socialista de justicia e igualdad
Enero 22, 2010
"Vamos por el camino correcto, como Bolivia y Ecuador van por el camino correcto, como Cuba desde hace rato: el camino del Socialismo, el camino del derrumbe del capitalismo salvaje" / Así lo ratificó el presidente venezolano en fiesta popular en La Paz, por inicio del segundo mandato de Evo Morales
En un acto multitudinario en la capital de Bolivia, el Presidente Chávez abogó este viernes por la necesidad de terminar de desmontar las bases del Estado burgués y capitalistas en las naciones del continente americano, y construir el Socialismo, para que la justicia social y la igualdad entre los ciudadanos sean los principios que guíen los destinos de los pueblos.
"Al Estado Burgués tenemos que terminar de desmontarlo, tiene que extinguirse y nacer el nuevo Estado Social, Proletario y Socialista. Sólo así lograremos las grandes metas que nos hemos trazado", dijo el Jefe de Estado venezolano, ante más de 30 mil bolivianos y bolivianas que participaron en la Fiesta Plurinacional en el estadio Hernando Siles, en La Paz, tras la ceremonia de asunción por el segundo gobierno del Presidente Evo Morales.
El Presidente Chávez extendió lo que llamó la felicitación "más esplendorosa y solidaria" del pueblo venezolano a los ciudadanos de Bolivia por este día histórico.
Acompañado por sus homólogos de Ecuador, Rafael Correa, y de Bolivia, Evo Morales; así como del vicepresidente de Cuba, el comandante Ramiro Valdés, dijo que los pueblos suramericanos son -además de hermanos- el mismo pueblo.
"Es necesario insistir en este código: nosotros somos el mismo pueblo, conformamos la misma y única patria, esta patria nuestra; de nuestra-américa decía Martí; de esta Suramérica, de este Caribe. Una sola patria que había muerto porque la habían decapitado", explicó ante los miles de espectadores que apludían la presencia del mandatario venezolano.
Recordó que en esta segunda década del siglo 21, casi todas las repúblicas liberadas del yugo imperialista español festejarán el Bicentenario de su libertad política. "Conmemorando ahora los 200 años de una independencia que no ha terminado desde entonces".
Haciendo un breve resumen de la historia de liberación de Bolivia, gracias a los esfuerzos de próceres venezolanos como Bolívar y Sucre, advirtió que el Gran Mariscal de Ayacucho debió chocar con la oligarquía boliviana que frenaba todo intento de revolución social. "Entonces Sucre lo dijo en una frase memorable: cuando los pueblos de nuestra América se fueron a la guerra para lograr su independencia, además de su libertad también lo hicieron por la justicia, por la igualdad; porque ambas, la libertad, justicia y la igualdad son hermanas inseparables. La una sin las otras no tendría sentido, y se hubiera perdido entonces todo el inmenso esfuerzo de la independencia".
"Y eso fue lo que ocurrió y el Padre Bolívar, en su tragedia, lo dijo también: he arado en el mar".
Chávez manifestó que el visionario Bolívar dejó un gran reto a los pueblos americanos: "en sus discursos, llenos de frustración, dijo que el gran día de nuestra América aún no ha llegado, pero agregó: volando por entre las próximas edades veo a estas inmensas tierras libres, igualitarias, prósperas, mostrarle al mundo antiguo la majestad del mundo moderno".
Fracaso del Estado burgués produjo miseria y pobreza:
Chávez recordó que actualmente, gran parte de los pueblos suramericanos han girado hacia la izquierda progresista, eligiendo a gobiernos no capitalistas, que están trabajando por sus ciudadanos, en un esfuerzo histórico por sacarlos de la pobreza y la miseria en que se encontraban.
Alabó los logros de la Revolución indígena boliviana, entre otros por la disminución de la pobreza. "Cómo el pueblo excluido tiene ahora un gobierno que lo atiende en salud, educación, empleo, seguridad social", señaló.
Comparó la situación con Venezuela, país que desde finales del siglo 19 descubrió el petróleo y comenzó a contar a partir de 1925 con una riqueza petrolera sin precedentes, pero que no redundó en su beneficio. "A partir de 1925 y hasta 1970 fue el primer exportador mundial de petróleo, y a pesar de todo eso, en 1996, en Venezuela de cada 100 personas, 70 vivían en pobreza y casi 40 en situación de miseria".
"Hoy, después de 11 años de Revolución Bolivariana y Socialista, hemos disminuido a menos de la mitad: vamos rumbo al 20% y la miseria cerca del 6%. Estamos lejos de la meta, pero sin duda vamos por el camino correcto. Como Bolivia y Ecuador van por el camino correcto; como Cuba va por el camino correcto desde hace rato: el camino del Socialismo, del derrumbe del capitalismo salvaje".
La lucha Bicentenaria del Siglo 21:
Ovacionado por miles de gargantas, Chávez dijo que en este nuevo siglo, tras 200 años de la lucha independentista, los próceres latinoamericanos han vuelto para enfrentar ahora otros yugos y contra un modelo capitalista que suplantó al viejo imperio español. "Hoy han resucitado en colectivo, y aquí están, en el pueblo de Bolivia, en el pueblo de Cuba, en el pueblo de Ecuador y de Venezuela".
Aseguró que con las Revoluciones de Bolivia, Ecuador y Cuba, los pueblos no caerán en la misma situación en la que se diluyó el proceso independentista de hace 2 siglos. "Llegamos aquí para vencer", frase que tronó en el inmenso estadio.
"Me despido con el corazón, con el grito del Ché y de Fidel: ¡Patria, Socialismo o muerte: nosotros venceremos!", puntualizó en medio del aplauso general.
Gaza: pisando fragmentos
Sara Roy
The Nation
Traducido para Rebelión por Loles Oliván
“¿Sabe lo que significa vivir en Gaza?”, me preguntó un amigo. “Es como caminar sobre cristales rotos que desgarran los pies”.
El 21 de enero cincuenta y cuatro parlamentarios demócratas firmaron una carta dirigida al presidente Obama para pedirle que si no levantaba el asedio a Gaza presionara para paliarlo tanto como fuera posible. Escribieron:
“[…] El pueblo de Gaza ha sufrido enormemente desde la imposición del bloqueo por parte de Israel y Egipto tras el golpe de Hamas y, particularmente, tras la Operación Plomo Fundido. […]El sufrimiento sin tregua de los civiles de Gaza pone de manifiesto la urgencia de llegar a una solución del conflicto israelo-palestino y le pedimos que la presión en pos del alivio inmediato de los ciudadanos de Gaza forme parte urgente de su esfuerzo global por la paz en Oriente Próximo. […] A pesar de aliviar el bloqueo ad hoc, no ha habido ninguna mejora significativa ni en la cantidad ni en el alcance de las mercancías admitidas en Gaza. La crisis ha devastado los medios de vida, ha consolidado una tasa de pobreza de más del 70%, ha aumentado la dependencia de una ayuda internacional errática, ha permitido el deterioro de la infraestructura pública, y ha conducido a una disminución marcada en la accesibilidad a los servicios esenciales”.
Esta carta es excepcional no sólo porque es un desafío directo a la política del lobby israelí —un reto, sin duda, nacido de la crisis extrema que afrontan los palestinos en la que Estados Unidos ha desempeñado un papel extremadamente perjudicial— sino también porque vincula la seguridad de Israel con el bienestar palestino. La carta concluye: "El pueblo de Gaza, junto con todos los pueblos de la región, deben ver que Estados Unidos se dedica a abordar las legítimas necesidades de seguridad del Estado de Israel y que se asegura de que las necesidades legítimas de la población palestina se satisfacen”.
La última vez que estuve en Gaza fue en agosto, era mi primer viaje al territorio desde la guerra israelí de hace un año. Me sentí abrumada por lo que vi en un lugar que he conocido íntimamente durante casi un cuarto de siglo: una tierra desgarrada y llena de cicatrices; las vidas de sus gentes, arruinadas. Gaza se pudre bajo el peso de la devastación continua incapaz de funcionar con normalidad. El vacío resultante se llena con vacío y con la desesperación que domina incluso esos actos de resistencia y optimismo que todavía encuentran alguna expresión. Lo que más me impresionó fue la inocencia de este pueblo, más de la mitad menores de edad, y la indecencia y la criminalidad de su mantenido castigo.
Planificación para acabar con Gaza
El declive y el desmantelamiento de la economía de Gaza y de la sociedad han sido deliberados: el resultado de una política de Estado conscientemente planificada, aplicada y cumplida. Aunque Israel tiene la mayor responsabilidad, Estados Unidos y la Unión Europea, entre otros, son también culpables, como lo es la Autoridad Palestina (AP) en Cisjordania. Todos son cómplices de la ruina de este lugar apacible. Y así como la desaparición de Gaza ha sido conscientemente organizada, lo son igualmente los obstáculos que impiden su recuperación.
Gaza tiene una larga historia de sometimiento que adquirió una nueva dimensión a partir de la victoria electoral de Hamas en enero de 2006. Inmediatamente después de esas elecciones, Israel y algunos países donantes suspendieron los contactos con la AP, a lo que pronto siguió la suspensión de las ayudas directas y la posterior imposición de un boicot financiero internacional contra la AP. En ese momento Israel ya retenía los ingresos mensuales de impuestos y aranceles recaudados en nombre de la AP, había dejado de emplear a [los trabajadores de] Gaza dentro de Israel y había reducido drásticamente el comercio exterior de la Franja.
Al aumentar la violencia palestino-israelí, que condujo a la muerte de dos soldados israelíes y al secuestro del soldado Gilad Shalit en junio de 2006, Israel cerró las fronteras de Gaza permitiendo únicamente la entrada de productos humanitarios, lo que marcó el comienzo del bloqueo que va ya por su cuarto año. El secuestro de Shalit precipitó un gran asalto militar israelí contra Gaza a finales de junio conocido como "Operación Lluvia de Verano” cuyo objetivo inicial fue la infraestructura de Gaza; más tarde se centró en la desestabilización del gobierno liderado por Hamas a través de huelgas intensas en los ministerios de la AP y una mayor reducción de combustible, electricidad, suministro de agua y tratamiento de aguas residuales. Esta operación terrestre conducida casi a diario no concluyó hasta octubre de 2006.
En junio de 2007, después de que Hamas se hiciera con el poder en la Franja de Gaza (tras meses de violencia interna y un intento de golpe de Fatah contra Hamas) y se disolviera el gobierno de unidad nacional, la AP se dividió, de hecho, en dos: un gobierno de facto encabezado por Hamas —rechazado por Israel y por Occidente— formado en Gaza, y el gobierno reconocido oficialmente encabezado por el presidente Mahmud Abbas, establecido en Cisjordania. El boicot contra la AP en Cisjordania se levantó pero se intensificó contra Gaza.
Dividir al pueblo palestino
A la miseria de Gaza se sumó la decisión del ministerio de Seguridad israelí el 19 de septiembre de 2007 de declarar a la Franja "entidad enemiga" controlada por una "organización terrorista". Después de esta decisión, Israel impuso nuevas sanciones que incluyen una prohibición casi total sobre el comercio y sobre la libertad de circulación de la mayoría de los habitantes de Gaza, incluida la mano de obra. En el otoño de 2008 se impuso una prohibición de las importaciones de combustible a la Franja. Estas políticas han contribuido a que los habitantes de Gaza hayan pasado de ser un pueblo con derechos políticos y nacionales a ser un problema humanitario —una cuestión de indigencia y caridad que es ahora responsabilidad de la comunidad internacional.
Los principales donantes internacionales, de manera destacada Estados Unidos y la Unión Europea, no sólo han participado en el régimen de sanciones contra Gaza sino que han privilegiado a Cisjordania en sus programas de trabajo [1]. La estrategia actual de los donantes es apoyar y fortalecer la fragmentación y el aislamiento de Cisjordania y de la Franja de Gaza —un objetivo político israelí en el proceso de Oslo— y dividir a los palestinos en dos entidades distintas, ofreciendo generosidad a una parte mientras se penaliza y se priva a la otra. Este comportamiento de los principales países donantes refleja un cambio fundamental en el enfoque del conflicto palestino-israelí que han pasado de oponerse a la ocupación israelí a reconocerla de hecho. Ello se aprecia en la aceptación ampliamente indiscutida de la política de asentamientos de Israel y de la profundización de la separación de Cisjordania y Gaza con el aislamiento de esta última. Este cambio de actitud de los donantes también puede apreciarse en su falta de voluntad para hacer frente a la anexión de facto israelí de tierras palestinas y a la remodelación israelí del conflicto que lo centra únicamente en Gaza y que ahora lo identifica exclusivamente con Hamas y por lo tanto lo enajena.
Contra la resistencia: aislamiento
Por lo tanto, dentro del paradigma de la anexión (de Cisjordania) / y de lo ajeno (la Franja de Gaza), toda resistencia palestina en Cisjordania o en Gaza a la ocupación represiva de Israel, incluidos los intentos de una mejora económica significativa, es considerada por Israel y por algunos de los donantes como ilegítima e ilegal. Es en este contexto en el que se justifica el régimen de sanciones contra Gaza, un régimen que no se ha mitigado desde el final de la guerra. El comercio normal (del que la diminuta economía de Gaza depende desesperadamente) sigue estando prohibido; las importaciones y las exportaciones tradicionales han desaparecido prácticamente de la Franja. De hecho, con ciertas excepciones limitadas, los materiales de construcción o las materias primas no han sido autorizados a entrar en la Franja desde el 14 de junio de 2007. Tanto es así que, según Amnistía Internacional [2], desde el final de la ofensiva israelí a mediados de enero hasta diciembre de 2009 sólo 41 camiones cargados de materiales de construcción fueron autorizados a entrar en Gaza, a pesar de que el sector industrial gazí necesita en la actualidad 55.000 camiones de materias primas indispensables para la reconstrucción. Además, en el año transcurrido desde que se prohibieron las importaciones de gasóleo y de gasolina desde Israel hasta Gaza para uso privado o comercial, únicamente se permitió su entrada en cantidades pequeñas en cuatro ocasiones (aunque la UNRWA recibe periódicamente suministro de gas y de gasolina). En el mes de agosto pasado, el 90% de la población total de Gaza sufrió cortes de electricidad entre cuatro y ocho horas por día [3], mientras que el restante 10% no tenía acceso a la electricidad, una realidad que se ha mantenido prácticamente invariable.
Colapso del sector económico
El prolongado bloqueo de Gaza ha provocado el colapso casi total del sector privado. Al menos el 95% de los establecimientos industriales de Gaza (3.750 empresas) han tenido que cerrar o han sido destruidos durante los últimos cuatro años habiéndose perdido entre 100.000 y 120.000 puestos de trabajo. El restante 5% opera entre un 20% y un 50% de su capacidad. Las enormes restricciones sobre el comercio han contribuido asimismo a erosionar el sector agrícola de Gaza de manera constante, lo que se ha visto agravado por la destrucción de cinco mil hectáreas de tierras agrícolas y 305 pozos agrícolas durante la guerra. Estas pérdidas también incluyen la destrucción de 140.965 olivos, 136.217 cítricos, 22.745 árboles frutales, 10.365 palmeras y 8.822 árboles de otros tipos.
Las tierras que antes eran de regadío se han secado mientras que los vertidos de aguas residuales se filtran al agua subterránea y al mar haciendo que mucha extensión de tierra sea inservible. Buena parte de los intentos de los agricultores gazíes de plantar el año pasado han fracasado a causa del agotamiento y la contaminación del agua y del alto nivel de nitratos en el suelo. El sector agrícola de Gaza se ha visto socavado por la zona de seguridad impuesta por Israel en los perímetros norte y este de la Franja (y por Egipto en la frontera sur), que contiene algunas de las tierras más fértiles de la Franja. La zona tiene oficialmente 300 metros de ancho y 55 kilómetros de largo, pero según Naciones Unidas, los agricultores que se aproximan a un Km. de la frontera han sido a veces objeto de disparos por parte de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI). Aproximadamente entre el 30% y el 40% por ciento del total de las tierras agrícolas de Gaza se ubican en la zona de seguridad. Esto ha forzado de manera efectiva el colapso del sector agrícola en Gaza.
Llevará décadas cambiar estas profundas deformaciones de la economía de Gaza y de su sociedad incluso dándose las mejores condiciones posibles. Actualmente la economía depende en gran medida del empleo en el sector público, de la ayuda asistencial y del contrabando, lo que ilustra la creciente informalización de la economía. Incluso antes de la guerra, el Banco Mundial ya había observado una redistribución de la riqueza desde el sector privado formal hacia los operadores del mercado negro.
Desaparición del sistema bancario oficial
Hay muchos ejemplos pero uno que es particularmente alarmante se refiere a los cambios en el sector bancario. Pocos días después de que Gaza fuese declarada “entidad enemiga”, los bancos de Israel anunciaron su intención de poner fin a todas las transacciones directas con los bancos con sede en Gaza y ocuparse sólo de sus oficinas matrices en Ramala, en Cisjordania. En consecuencia, los bancos con sede en Ramala, pasaron a ser responsables de las transferencias de divisas a sus sucursales en la Franja de Gaza. Sin embargo, los reglamentos israelíes prohíben la transferencia de grandes cantidades de dinero sin la aprobación del Ministerio de Defensa y otras fuerzas de seguridad israelíes. En consecuencia, durante los dos últimos años el sector bancario de Gaza ha tenido serios problemas [4] para dar curso a las demandas de efectivo de sus clientes. Ello a su vez ha dado lugar al florecimiento de un sector informal de banca controlado en gran parte por personas vinculadas al gobierno, lo que hace de Hamas el intermediario financiero clave en Gaza. En consecuencia, los cambistas, que pueden generar capital fácilmente, son ahora más fuertes que el sistema bancario oficial en Gaza, que no puede.
La economía del túnel: el mercado negro
Otro ejemplo de la informalidad económica de Gaza es la economía del túnel que surgió hace mucho tiempo en respuesta al asedio para proporcionar un medio vital a una población encarcelada. Según economistas locales, en la actualidad alrededor de dos tercios de la actividad económica en Gaza se dedica exclusivamente a las mercancías de contrabando para (pero no fuera de) Gaza. Incluso esta tabla de salvamento puede verse reducida ya que Egipto, al parecer con la asistencia de ingenieros del gobierno de Estados Unidos, ha comenzado la construcción de un impenetrable muro de acero subterráneo a lo largo de su frontera con Gaza en un intento de reducir el contrabando y de controlar la circulación de personas. Cuando esté acabado, el muro tendrá algo más de 1 km. de largo y unos 16 m. de alto.
Los túneles, que Israel tolera para poder mantener el bloqueo intacto, también se han convertido asimismo en una fuente importante de ingresos para el gobierno de Hamas y sus empresas afiliadas debilitando de manera eficaz a las empresas tradicionales formales e impidiendo la rehabilitación de un sector empresarial viable. De esta manera, el bloqueo de Gaza ha llevado a la sustitución lenta pero constante del sector empresarial por un sector nuevo, en gran parte de mercado negro, que rechaza el registro, la regulación o la transparencia y que, lamentablemente, tiene un interés particular en que se mantenga el statu quo.
Al menos dos nuevas clases económicas han surgido en Gaza, un fenómeno con precedentes en el período de Oslo: una que se ha hecho extremadamente rica con la economía del mercado negro del túnel; la otra la integran ciertos funcionarios del sector público a los que la AP desde Cisjordania les paga por no trabajar (para el gobierno de Hamas). Por lo tanto, no sólo muchos trabajadores de Gaza se han visto obligados a dejar de producir por presiones externas sino que ahora hay una categoría de personas a las que se recompensa por su falta de productividad, una cruda ilustración de la cada vez más distorsionada realidad de Gaza. Esto a su vez ha dado lugar a disparidades económicas entre ricos y pobres que son enormes y visibles como se ve en el consumismo casi perverso en restaurantes y tiendas que son del dominio de los ricos.
Depauperación e indicadores de desarrollo
La economía de Gaza carece en gran parte de actividad productiva a favor de un tipo de consumo desesperado entre los pobres y los ricos, pero son los primeros los que no pueden satisfacer sus necesidades. Los miles de millones en promesas de ayuda internacional todavía tienen que materializarse así que la inmensa mayoría de los habitantes de Gaza sigue en la pobreza. La combinación de un debilitamiento del sector privado y del estancamiento de la economía ha provocado una alta tasa de desempleo que oscila entre el 31,6% en la ciudad de Gaza, hasta el 44,1% en Jan Yunis. Según la Cámara de Comercio de Palestina, la tasa de desempleo está cerca del 65%. Al menos el 75% de los 1,5 millones de habitantes de Gaza dependen en la actualidad de la ayuda humanitaria [5] para satisfacer sus necesidades básicas alimenticias, en comparación con el 30% de hace diez años. Los informes de Naciones Unidas, además, establecen que el número de habitantes de Gaza que viven en la pobreza extrema —es decir, aquellos que son totalmente incapaces de alimentar a sus familias— se ha triplicado hasta 300.000, o sea, aproximadamente el 20% de la población.
El acceso a cantidades suficientes de alimentos sigue siendo un problema crítico y parece haberse agudizado tras el cese de las hostilidades hace un año. Los datos internos desde septiembre de 2009 hasta principios de enero de 2010, por ejemplo, demuestran que Israel no permite a los habitantes de Gaza más que el 25% (y a veces menos) de las provisiones de alimentos necesarias, con niveles que han caído hasta el 16%. Durante las dos últimas semanas de enero estos niveles se redujeron aún más. Entre el 16 de enero y 29 de enero entraron en Gaza diariamente una media de 24,5 camiones de alimentos y provisiones, unos 171,5 camiones por semana. Teniendo en cuenta que Gaza requiere 400 camiones de alimentos a diario para mantener a la población, Israel no permitió más que un 6% de los las provisiones alimentarias necesarias durante este período de dos semanas. Dado que las necesidades de Gaza son de cerca de 240.000 camiones cargados de alimentos y suministros al año para "satisfacer las necesidades de la población y el esfuerzo de reconstrucción", según la Federación Palestina de Industrias, los niveles actuales son, en una palabra, obscenos.
Según la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos, "[…] la evidencia muestra que la población se mantiene en el nivel humanitario más básico o mínimo". Ello ha contribuido probablemente a la prevalencia de la desnutrición crónica (baja talla para la edad), un indicador de desnutrición crónica que se ha pronunciado entre los niños de Gaza menores de 5 años, pasando de un 8,2% en 1996 al 13,2% en 2006.
Contaminación acuífera y del subsuelo
La agonía de Gaza no acaba aquí. Según Amnistía Internacional, el 90% y el 95% del agua suministrada por los acuíferos de Gaza "no es apta para beber". La mayoría de los suministros de aguas subterráneas de Gaza están contaminados con nitratos muy por encima del nivel aceptable que establece la OMS —en algunas zonas es seis veces el estándar— o demasiado salinizada para su uso. Gaza ya no tiene ninguna fuente regular de agua limpia. Según el relato de un donante, "[…] En ninguna otra parte del mundo un número tan grande de personas ha estado nunca expuesto a niveles tan altos de nitratos durante un período tan largo de tiempo. No hay ningún precedente y no existen estudios que nos ayuden a comprender lo que ocurre a las personas en el transcurso de los años por la intoxicación por nitratos ", lo cual es especialmente grave para los niños. Según Travers Desmond, co-autor del Informe Goldstone, "Si estas cuestiones no se abordan, Gaza podría incluso no ser habitable según las normas de la Organización Mundial de la Salud”.
Mortalidad infantil
Es posible que los altos niveles de nitrato hayan contribuido a algunos cambios impactantes en la tasa de mortalidad infantil (TMI) entre los palestinos de la Franja de Gaza y de Cisjordania. La tasa de mortalidad infantil, ampliamente utilizada como un indicador de la salud de la población, se ha estancado entre los palestinos desde la década de 1990 y ahora muestra signos de aumento. Ello es así porque las principales causas de mortalidad infantil han cambiado de ser enfermedades infecciosas y enfermedades diarreicas a la prematurez, el bajo peso al nacer y las malformaciones congénitas. Estas tendencias son alarmantes (y raras en la región) porque las tasas de mortalidad infantil han disminuido en casi todos los países en desarrollo, incluyendo a Iraq.
El pueblo de Gaza sabe que ha sido abandonado. Alguien me dijo que la única vez que sintió esperanza fue cuando fueron bombardeados porque al menos entonces el mundo estaba prestando atención. Gaza es ahora un lugar donde la pobreza se disfraza de medio de vida y la caridad de negocio. Sin embargo, a pesar de los intentos de Israel y Occidente de caricaturizar a Gaza como un refugio de terroristas, los gazíes resisten. Tal vez a lo que más resisten es a la rendición: no a Israel, no a Hamas, sino al odio. Así que mucha gente aún habla de paz, de querer resolver el conflicto y de vivir una vida normal. Sin embargo, en Gaza hoy, ello no es un motivo de optimismo sino de desesperación.
Notas:
1. Véase: “Un año de ‘paz económica’ de Netanyahu y Fayyad” en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=100508&titular=un-año-de-“paz-económica”-de-netanyahu-y-fayyad- (N. de la T.)
2. Véase: http://www.amnesty.org.uk/news_details.asp?NewsID=18552]
3. Véase: http://www.maannews.net/eng/ViewDetails.aspx?ID=246552
4. Véase: http://www.palthink.org/en/Economy/46.html
5. Véase: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=14393
Fuente: www.thenation.com/doc/20100301/roy
Lección del Mossad: Servicios secretos y conspiraciones
21-02-2010
Giulietto Chiesa
www.antimafiaduemila.com
Traducido para Rebelión por Susana Merino
Cuántas veces discutiendo sobre el 11-S, me han preguntado sobre los servicios secretos y su posible conexión con los atentados terroristas.
Siempre es difícil explicar al público inexperto cómo funcionan las cosas. Ni siquiera lo comprenden muchos periodistas, quienes desde hace años corren detrás de Al Qaeda, un nombre que no tiene nada tras de sí, salvo la capacidad inventiva de la CIA, del MOSSAD y del MI-5.
No es algo fácil de comprender ni siquiera lo comprende, figúrense, ese digno y admirable crítico llamado Noam Chomsky,.
Por eso escribo este comentario a las instructivas revelaciones que emergen del escandaloso asesinato en Dubai de Mahmoud al Mabhouh uno de los principales dirigentes del brazo militar de Hamas.
En la escena, obviamente el Mossad, pero nunca se encontrará al responsable. Los imbéciles que siguen pensando que los complots no existen por supuesto no pueden comprender un mundo en el que el complot se ha convertido en regla general, incluso en las finanzas y la economía. Pero basta con echar una ojeada al montón de cosas que se ven para comprender cómo funcionan estas operaciones. Dejemos de lado los pasaportes robados verdaderos y las falsas fotografías. Además del truco que nos recuerda de cerca el que se usó para descubrir la identidad de los presuntos 19 terroristas del 11-S: es el abc del espionaje. Pero veamos en cambio quién participó en la operación de Dubai.
Nota 1 – El Mossad está lleno de agentes árabes. Como en todos los escenarios de cualquier otra nacionalidad imaginable. Pero éste es sólo el primer nivel. Hay muchos más. Por ejemplo en las investigaciones de Dubai han caído dos ex funcionarios de la policía política palestina (Ahmad Hasnain y Awar Shekhaiber). Prestar atención al “ex”. Eran. Actualmente son hombres de negocios en Jordania. Siempre se hace así. Es la forma del “outsourcing” (N. de T. tercerización de una actividad) del servicio secreto. Sabemos sin embargo que el Mossad tiene hombres directamente incrustados en los ganglios vitales de la autoridad Nacional Palestina de Abu Mazen. Totalmente pagada por la CIA. Se denomina infiltración. Y luego vayan a pedirle a Hamas que haga la paz con Al Fatah, se les reirán en la cara y eso sólo porque son amables.
Nota 2 – Pero no vayan a pensar tampoco que el Mossad tiene brazos tan cortos como para detenerse en los amigos de los amigos, también hay infiltrados dentro de Hamas. Terminó en la cárcel en Siria uno de los asesores más cercanos a Khaled Mashaal, el jefe de Hamas. Se le acusa de haber sido un topo en el asesinato de Mahmoud al Mabhouh
Nota 3 – (histórica) Además del extrañísimo “anarquista” Gianfranco Bertoli, que arrojó la bomba contra la multitud reunida ante la Jefatura de Policía de Milán luego de que pasara el premier Mariano Rumor (el “anarquista” procedía de un kibutz israelí, ex agente –por admisión explícita de Nicolo Pollari– primero en el SIFAR y luego en el SID) nos recuerda la revelación de que Giovanni Galoni, estrecho colaborador de Aldo Moro, hizo luego el asesinato del estadista democristiano. Son las mismas palabras que pronunció Aldo Moro en persona antes de ser secuestrado y asesinado. “Ésta es mi preocupación: sé que es cierto que los servicios secretos, tanto estadounidenses como israelíes, tienen infiltrados en las Brigadas Rojas, pero no lo advertimos porque si no hubiéramos encontrado sus madrigueras.”
Lo recuerdo para que todos (en particular los más jóvenes) se cuiden de las tonterías que circulan y no me pregunten más si pienso que la CIA y el Mossad tuvieron infiltrados en los grupos terroristas que participaron en el 11-S. ¡Por supuesto que los tenían! Y aún los tienen. De modo que recuérdenlo siempre y cada vez que un atentado produce muerte y terror. Como mínimo lo sabían y cómo máximo participaron. El porcentaje accionario varía en cada caso.
Tomado de giuliettochiesa.it
Giulietto Chiesa, periodista, fue corresponsal de El Manifesto y de Avvenimenti, y colaboró con múltiples emisoras de radio y televisión en Italia, Suiza, el Reino Unido, Rusia y el Vaticano. Autor de diversos títulos, su trabajo se ha centrado en la disolución de la URSS y en el imperialismo estadounidense. Comprometido en la lucha contra la participación de Italia en la invasión a Irak. En 2004, fue electo miembro del Parlamento Europeo (alianza de demócratas y liberales).
Fuente: http://www.antimafiaduemila.com/content/view/25308/48/
Entrevista a Issam al-Chalabi, ex ministro iraquí del Petróleo
"La UE está tirando millones de euros a la basura en proyectos imaginarios"
21-02-2010
Sigyn Meder
Brännpunkt Irak
Traducido para Rebelión por Paloma Valverde
“Es muy poco práctico decir que el gas iraquí llegará a Europa. […]La Unión Europea está tirando a la basura millones de euros en proyectos imaginarios y empleando decenas de miles en sus agencias sin ver el beneficio real para los europeos cuyo dinero y cuyos impuestos se están despilfarrando. La Unión europea sigue las políticas estadunidenses en el mundo”
En el informe de mayo de 2001, titulado “Cheney Energy Task Force”, el ex vicepresidente estadounidense Dick Cheney, explicó abiertamente que el objetivo de la política estadounidense en Iraq, era “[…] abrir áreas del sector energético iraquí a la inversión extranjera”. Una nueva ley del petróleo, propuesta por el gobierno estadounidense y las grandes compañías petroleras, sería el marco “legal” para la venta del petróleo iraquí.
Sin embargo, a pesar de los siete años de ocupación no han conseguido la aprobación de una nueva ley del petróleo. El régimen clientelista iraquí la aprobó, pero no el Parlamento. Pero ni al consejo de gobierno ni a las grandes compañías parece preocuparles por lo que han decidido seguir adelante con dos ventas públicas llevadas a cabo en junio y diciembre de 2009. La mayoría de las reservas confirmadas de Iraq fueron regaladas en forma de contratos de servicio a las compañías extranjeras debilitando y menospreciando de este modo el papel de la nación, que antes de 1972 se había fortalecido gracias a los decretos de nacionalización de las compañías extranjeras del petróleo.
Sigyn Meyer [P]: ¿Podría por favor, comentarnos los resultados de estos acuerdos y la naturaleza de los contratos que firmaron? La duración de los mismos parece un término excesivamente largo, de 20 a 25 años, para contratos de servicios técnicos.
Issam al-Chalabi [R]: Los contratos no se han dado a conocer ni siquiera al Parlamento iraquí, por lo que los detalles exactos se desconocen, no obstante se sabe que su duración es de 20 años, ampliable a otros cinco más. A pesar de que la denominación de los contratos es de “servicios” muchos lo dudamos. Hay un refrán que dice: “el demonio se oculta en los detalles”. Iraq, ciertamente perderá su capacidad para tomar decisiones acordes a los intereses nacionales.
[P]: ¿Qué nos puede decir sobre la legalidad y la transparencia de esos contratos? Parece que al menos el contrato de Rumaila ha sido impugnado ante los tribunales.
[R]: Desde que el actual gobierno fue incapaz de aprobar el proyecto de ley sobre petróleo y gas —debido a las diferencias con el gobierno regional del Kurdistán— decidió dar un paso más al declarar que podrían basar su política en anteriores leyes aprobadas en las décadas anteriores. Esas leyes especifican con términos muy claros que el desarrollo de las fuentes del petróleo se ha de realizar mediante la puesta en práctica de una política nacional, lo que significa que es la nación la que tiene que poner los medios y si fuera necesaria la intervención de una entidad extranjera, eso se haría estudiando caso por caso, mediante una ley que regularía específicamente cada caso. Eso está determinado por la ley 97 de 1967, en base a la cual se firmaron algunos contratos en 1968 y a principio de la década de 1970. Esta y otras leyes siguen en vigor, según el artículo 130 de la nueva constitución aprobada en 2005, la cual estipula que, a menos que se enmienden o deroguen, todas las leyes anteriores siguen en vigor. Sin embargo, el actual gobierno está saltándose el Parlamento y firmando contratos tras el acuerdo del gobierno, por lo tanto, todos esos contratos son ciertamente ilegales.
[P]: ¿Cuál es la relación entre el gobierno central y el gobierno regional del Kurdistán. Ellos afirman que les pertenece el petróleo de “su” parte de Iraq y por ello firman sus propios contratos de petróleo. Además se han producido escándalos como el de Peter Galbraith, que en Suecia ha pasado desapercibido casi por completo. ¿Puede darnos su opinión al respecto?
[R]: De acuerdo a todas las leyes en vigor, el petróleo y el gas de Iraq pertenecen a todos los iraquíes y puesto que el Parlamento central representa a los iraquíes y a falta de la nueva ley de petróleo y gas, esto significa que el Ministerio del Petróleo está autorizado para gestionar los asuntos del petróleo, por lo que las reivindicaciones y los actos del gobierno regional del Kurdistán y todos los acuerdos y contratos firmados por ellos son completamente ilegales. Por este mismo motivo, todas las compañías que firmaron acuerdos con el gobierno regional del Kurdistán, como la DNO de Noruega, son completamente responsables y tendrán que asumir las consecuencias.
Ha quedado demostrado que Peter Galbrith, ex embajador estadounidense y asesor del gobierno regional del Kurdistán, quien jugó un papel esencial en la formulación de la constitución de 2005 y más tarde en la redacción del proyecto de ley de petróleo y gas (sin aprobar todavía), recibió al menos un 5% del contrato firmado por la DNO. Actualmente el asunto está siendo investigado por los tribunales. En este asunto también han aparecido nombres de algunos altos cargos del gobierno regional kurdo.
[P]: El gobierno iraquí y las empresas hablan sobre una fabulosa producción de petróleo y que las exportaciones aumentarán en muy poco tiempo. Usted que conoce bien las infraestructuras petroleras de Iraq, ¿qué opina de estas afirmaciones?
[R]: El ministro de Petróleo habla sobre el incremento de la producción hasta alrededor de los 12 millones de barriles al día, pero admite que no se espera que Iraq exporte tanto puesto que el mercado no absorberá tales incrementos. Por tanto, para empezar, Iraq tendrá que pagar a las compañías por el coste de la capacidad adicional de seis millones de barriles al día que no se pueden utilizar y eso dando por sentado que Iraq pueda exportar los otros seis millones de barriles al día.
Muchos expertos iraquíes, entre ellos altos cargos del ministerio dudan de la capacidad de esos campos de petróleo para alcanzar los aumentos prometidos.
Voy a poner un ejemplo: Iraq actualmente produce alrededor de un millón de barriles de petróleo de los campos de petróleo del sur y del norte de Rumaila y en las ofertas y en las concesiones el Ministerio no espera que la producción supere los 1,7 millones de barriles al día como máximo de su capacidad sostenible. Las compañías adjudicatarias, la BP de Reino Unido y la CNPC de China, se comprometieron a 2,85 millones de barriles al día, cifra similar a la producción de otros campos adjudicados. Otra cuestión es que esas compañías se comprometen a incrementar la producción actual en un 10 por ciento (alrededor de 2,4 millones de barriles al día en 2009), por lo que no se espera un gran incremento de la producción hasta dentro de seis o siete años como poco. Además, Iraq es incapaz de llevar su capacidad exportadora hasta los 12 millones de barriles al día. Actualmente la cifra está en 1,5 millones de barriles exportados a través del Golfo en el Sur y en 700 millones de barriles exportados a través de Turquía.
[P]: Halliburton, KEB y otras compañías estadounidenses, conocidas por su corrupción y precios inflados, participan en la carrera por conseguir la bonanza del petróleo iraquí. Estos que se benefician de la guerra, y que ya han ganado fortunas en Iraq, ahora obtendrán nuevas fortunas con la reconstrucción. Ni siquiera parece que tengan que negociar porque obtienen subcontratas de las compañías petroleras. Se introducen subrepticiamente en ellas. ¿Qué opina sobre esto y quién va a pagar esas fabulosas sumas?
[R]: Todos los gastos en los que incurran las compañías petroleras serán pagados por Iraq, empezando por el día en el que las compañías petroleras alcancen el 10 por ciento. Sí, ciertamente las compañías petroleras insisten en contratar servicios a un precio muy superior al normal en función del tiempo y de las capacidades mencionadas, cuando Iraq lo podría hacer mucho más barato aunque la verdad es que tardaría más tiempo, pero como he dicho antes la mayoría de los [supuestos] incrementos adicionales serán nulos.
[P]: Europa también ha puesto los ojos en Iraq. “Iraq representa un nexo fundamental para la seguridad energética” ha dicho Andris Piebalgs, comisario para la energía de la Unión Europea, quien en enero firmó con Hussain al-Shahristani, actual ministro del petróleo iraquí, el memorando de entendimiento en Bagdad. Iraq, con las terceras reservas de petróleo del mundo, ya es un importante proveedor de petróleo y puede convertirse en un proveedor clave de gas para el corredor Sur, afirmó Piebalgs. David Cameron, el líder británico tory, afirmó recientemente en Chatham House que “[…] la OTAN, tiene que desarrollar, de forma ideológica y práctica, los conceptos de solidaridad y asistencia mutua en el contexto de la amenaza a la seguridad energética como parte de la operación de apuntalamiento de la seguridad [energética] colectiva en el siglo XXI”. Sin embargo, no se muestran tan entusiastas cuando se trata de condenar criminales de guerra. ¿Cómo ve usted el papel de la Unión Europea en Iraq?
[R]: Es muy poco práctico decir que el gas iraquí llegará a Europa. El último acuerdo entre la Unión Europea e Iraq no se llevará a cabo sencillamente porque no hay suficiente gas en Iraq y el que está disponible apenas es suficiente para el consumo local en Iraq. La Unión Europea está tirando a la basura millones de euros en proyectos imaginarios y empleando decenas de miles en sus agencias sin ver el beneficio real para los europeos cuyo dinero y cuyos impuestos se están despilfarrando. La Unión europea sigue las políticas estadunidenses en el mundo, lo que incluye Iraq y Afganistán.
[P]: Recientemente Irán envió soldados para ocupar el campo de petróleo de Fakka en el lado iraquí de la frontera con Irán, ¿qué opina al respecto?
[R]: Los iraníes afirman que las fronteras no están claramente definidas, lo que es absolutamente falso. Las fronteras se definieron en el Acuerdo de Argel de 1975 y según éste, las fronteras se definieron en los mapas y en el memorando de acuerdo final, que incluía especificaciones de los límites y los ministros de exteriores firmaron las coordenadas de cada uno de los límites establecidos. Fueron los iraníes quienes depositaron las copias de esos acuerdos, en inglés y en francés, en la sede de Naciones Unidas en 1976.
Los iraníes ocuparon el pozo número cuatro y tras multitudinarias manifestaciones contra los actuales dirigentes iraquíes conocidos por su lealtad a Irán, éste último retiró a los soldados del pozo pero los dejó dentro de las fronteras iraquíes. Este campo de petróleo es totalmente iraquí y está dentro de las fronteras iraquíes. Este es un ejemplo de las intenciones de Irán y de la interferencia de Irán en asuntos iraquíes.
[P]: Una gran publicación industrial sueca, “Dagens industria”, afirmó el 15 de enero que “Iraq destaca entre los países productores”. Los contratos han sido ejemplares porque predicen que puede ser posible producir mucho más petróleo de lo que puedan bajar los precios, al menos durante un par de años. “Quienes creen en una carencia de petróleo en los próximos diez años, tienen desde luego que asegurarse el suministro”.
[R]: Como he explicado antes, hay dudas legítimas sobre la posibilidad de que Iraq alcance tales niveles de producción, y eso sin tener en cuenta su capacidad para exportar. No podemos predecir correctamente los precios del petróleo mañana por lo tanto, ¡cómo hacerlo para los próximos siete años! Todas las declaraciones de las compañías internacionales de petróleo son engaños para el público y para justificar sus propios gastos y beneficios.
[P]: El mundo entero tiene puestos los ojos en el petróleo iraquí. Hay una lucha feroz en marcha, no solo Estados Unidos y las empresas occidentales compiten, sino que además algún Estado y algunas empresas privadas de países emergentes, como China, con importancia creciente importancia en el mundo de los negocios y con creciente necesidad energética. ¿Cuál es su consideración al respecto?
[R]: Lo que es importante para Estados Unidos, y para el libre comercio, es despojar a los pueblos y a las empresas nacionales petroleras el control sobre el petróleo y lo que no es tan importante es qué empresa internacional en concreto lo controla porque todas tienen los mismos objetivos. Además, parece que todo el mundo lucha por su trozo de pastel.
* Entrevista realizada para el número 4 de la revista Brännpunkt Irak (Iraq Solidarity Association en Estocolmo, www.iraksolidaritet.se) y cedida a la CEOSI y a la Red Internacional Antiocupación (IAON) antes de su publicación.
** Paloma Valverde es traductora y miembro de la CEOSI (Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq, www.iraqsolidaridad.org)