viernes, 4 de septiembre de 2009

Homenaje a Indochina (II)


Rafael Poch-de-Feliu
La Vanguardia.
Laos


Si Vietnam es un país de pujanza y optimismo, un país de esperanza y voluntad, su vecino Laos es como una relajada y amable siesta. En esta época del año, al finalizar la temporada seca, el Mekong fluye apacible a su paso por la plácida capital de la nación. Para alcanzar el agua hay que caminar un buen trecho por la arena, lo que los locales llaman "la playa", un espacio inmenso repleto de chavales jugando al fútbol y de adolescentes paseando.

Admirando la puesta de sol sobre el río, entre la luz difuminada del atardecer desde una terraza con olor a pinchitos de pescado y carne, se puede hacer la lista de lo que no hay en Vientian.

No hay vuelos directos desde Pekín. Tampoco trenes, en Laos no hay ferrocarril. En la prensa de Bangkok, Vientian no figura en la columna de las temperaturas y los pronósticos metereológicos para Asia. Una frase repetidamente escuchada a varios expatriados aquí residentes reza así; "en Vientian... no hay nada que ver". Y otra cosa que no hay es prisa, ese ingrediente necesario de la estupidez humana. Quien llega aquí con planes y adrenalina en el cuerpo se frustra, a menos que se deje llevar por el magnífico ambiente provinciano y el clima ideal.

Vientian es un pueblo grande, capital de un país remoto y montañoso, el único sin salida al mar de Asia sudoriental, con pocas carreteras y habitantes. En esta ciudad, todo el mundo se conoce. En los turbulentos sesenta, cuando la CIA ponía las bases de una guerra genocida, las principales corrientes políticas locales; comunistas, neutralistas, monárquicos y reaccionarios, estaban lideradas por príncipes que eran primos hermanos. Hoy, se genera cierta familiaridad entre los mochileros que hacen escala aquí, después de que sus caminos de lectores gregarios de la misma guía "Lonely Planet" se crucen cuatro o cinco veces en una mañana, por las rutas del nada que ver local, salpicadas de agradables restaurantes. La vida es, sin embargo, imprevisible. ¿Quién habría dicho que, hace unos años, uno podía haberse topado en estas calles hasta con un ex director general de la española guardia civil, sin tricornio, fugado de Madrid por corrupción?

Los periodistas que trabajan en Asia vienen poco a Laos -"noticias", es otra cosa que no hay-. Siendo un régimen de partido único, tampoco hay gran cosa que "denunciar". Los teléfonos no están pinchados, ni se vigila a los extranjeros. Es verdad que a los periodistas se les pone un "acompañante", pero aquí no se palpa gran vocación policial. Hay algún informe de Amnistía Internacional, pero no parecen cosas de mucho calibre para un país en desarrollo. A falta de noticias, está el menú anglosajón vía Internet: aquello que dicen que ocurre en Laos quienes dominan el mercado de la realidad. Desde hace varios años, los dos principales platos de ese menú son la fantasmagórica actividad de los rebeldes Hmong, la etnia montañesa que la CIA utilizó como carne de cañón anticomunista para luego abandonarla, y los proyectos, ecológicamente desastrosos, que los perversos chinos planean, o están realizando, para cargarse el Mekong.

¿Existe una guerrilla Hmong? Oficialmente, no. Sólo algunos "bandidos". Hace cuatro años, hubo una explosión en un bar de Vientian con 13 heridos y en abril del 2003 un ataque contra un autobús en el norte con diez muertos. De vez en cuando se oye alguna explosión en Vientian. La explicación estándar es que son petardos, alguna fiesta. "Debió ser una juerga impresionante, porque la explosión se escuchó a milla y media de distancia", dice un local, recordando la última... Por lo demás, no es que en Laos no pasen cosas, lo que ocurre es que no se entera nadie. Un expatriado con nueve años de residencia, casado con una local y padre de familia numerosa, reconoce que no se entera de nada de lo que se cuece en el país. Le pregunto si entiende su enigmático entorno asiático. "Así", dice señalando una pizca con los dedos.

Como en otros lugares de la región, los chinos están incrementando su presencia, de acuerdo con su creciente peso especifico. El edificio más grande y suntuoso recientemente construido en Vientian, el feo Centro Cultural inaugurado en el 2000, fue sufragado por ellos con 7 millones de dólares. La pujanza china, que según algunos, amenaza el mercado agrario de Laos con precios más bajos que los locales, "nos va a permitir diversificar una dependencia comercial que antes teníamos hacia Tailandia casi en exclusiva", dice un funcionario. En cualquier caso, China está abriendo su puerta sur para desarrollar su provincia de Yunnan, con varios grandes proyectos de navegación en el Mekong y trazados de nuevas carreteras hacia Birmania y Laos. Esos nuevos ejes van a tener un gran impacto en la transformación de Laos, que hoy exporta fundamentalmente, electricidad, madera y oro, y conoce un crecimiento que ronda el 6%.

Desde que Estados Unidos arrasara Laos con sus bombas, hace 30 años, la mortalidad infantil se ha dividido por tres y los menores de 15 años representan hoy el 45% del censo nacional, por lo que hay niños por doquier, casi siempre con el uniforme colegial azul y blanco. Es un mundo pobre pero aparentemente feliz, en el que salvo catástrofe natural no falta para comer, y en el que la gente sonríe.

La herencia de las bombas

Nahin Long es un remoto pueblo de 500 habitantes del sur de Laos, en la provincia de Saraván, que queda a 800 kilómetros al sur de Vientian. La provincia solo tiene 317.000 habitantes, divididos en 14 etnias y de sus 724 pueblos, 130 están aún por debajo del nivel de pobreza. Es frecuente encontrar lenguas distintas entre pueblos vecinos, y muchas veces los funcionarios de la capital provincial necesitan intérprete. La televisión llegó a Laos en diciembre de 1983, pero en Nahin Long, lo que llegó, el año pasado, fue la electricidad. Los vecinos del pueblo, cuyo nombre significa "Piedra funeraria", disponen de un televisor comunal con el que ven la tele tailandesa, la más popular en Laos. La aldea está compuesta por una sucesión de casas de bambú y madera montadas sobre palafitos, y un templo budista. En la estación seca, la mayor parte del tiempo libre de los campesinos transcurre a la sombra, entre los pilares que sostienen sus casas. El 60% de los campesinos de Laos viven fuera de la economía monetaria. Los pueblos, e incluso las provincias, practican la autosuficiencia.

La agricultura (café y arroz) representa el 70% del ingreso de la provincia de Saraván, que es un microcosmos autosuficiente, excepto en obras públicas, pagadas a medias con el gobierno central. Una sola pequeña central eléctrica en el río Xeset, basta y sobra para el abastecimiento de toda la provincia. Los distritos montañosos del este sólo son accesibles en la estación seca. Dentro de ellos, "a veces los caminos son transitables todo el año", explica el vicegobernador de la provincia, Bounthiam Phommasathit. Es una clara mejora: en los ochenta, toda la provincia, que resultó literalmente arrasada durante la guerra, era una isla mal comunicada.

La mayoría de los mochileros occidentales y australianos que pasan por Laos ignoran que, entre 1964 y 1973, Estados Unidos lanzó sobre el país unos 800 kilos de explosivos por cada uno de los 2,5 millones de habitantes, hombres, mujeres, niños y ancianos, que contaba entonces su población. El motivo de su ignorancia es el mismo por el que sus padres ignoraron en su día la "guerra secreta" del Pentágono contra Laos; no fue declarada, y los medios de comunicación no la mencionaban.

"Querían destruirlo todo", dice Bounpone Sayasenh, 52 años, cinco de ellos destinado en la Ucrania soviética, Director de la agencia nacional UXO-LAO, responsable de la limpieza del territorio nacional de bombas no explosionadas.

"No quedará nada vivo o en pie, que los comunistas puedan heredar", observaba en 1970 el periodista australiano, John Everigham. Se equivocaba; quedaron las bombas.

Cada avión B-52 arrojaba 32.000 kilos de bombas de hasta 1.500 kilos, además de napalm, fósforo o defoliantes. Las bombas de fragmentación, todavía en uso en Irak y Afganistán, estaban especialmente diseñadas para multiplicar las víctimas indiscriminadas. Cada una de ellas se descomponía en 670 pequeñas bombas del tamaño de una pelota de tenis ("bombitas") y cada "bombita" contenía 370 proyectiles.

En Laos se lanzaron unos 80 millones de esas "bombitas", pero entre el 10% y el 30% de ellas no estallaron, por lo que en tierra quedaron entre 8 y 25 millones de unidades. Dos terceras partes del territorio de Laos están actualmente "contaminadas" por esos y otros artefactos. Su presencia determina la vida del 25% de las aldeas del país, el más pobre de Asia sudoriental.

"Antes de construir una escuela, o un puente, o de trazar una carretera, o de cultivar una zona, hay que limpiarla palmo a palmo", explica Bounpone. "En 1996 hicimos un estudio de impacto según el cual supimos que 15 de las 18 provincias del país están contaminadas. Hasta el 2013 queremos limpiar las zonas agrícolas más productivas para incrementar la producción de arroz, pero el problema persistirá durante 50 o 100 años", dice.

En el restaurante del Señor Soulideth, en los alrededores de Saraván, las chuletas se asan sobre la carcasa de una bomba de fragmentación estadounidense de más de dos metros de largo. La barbacoa no es el único uso que los campesinos de Laos han aprendido a hacer de la munición que la guerra les dejó en herencia. El herrero de Nonsavad, otro pueblo de los alrededores, usa como yunque un proyectil de artillería de 155 milímetros. En otros lugares, se confeccionan lámparas de petróleo con minas, o se usan los proyectiles de mortero como lastre en los tejados vegetales, o las carcasas de las grandes bombas de hasta 1.200 kilos dispuestas verticalmente sostienen como pilares las casas de madera y bambú.

Las provincias de Saraván y Xiang Juang recibieron el grueso de aquella lluvia de bombas de nueve años. De la capital de Saraván, que lleva el mismo nombre y hoy cuenta con 80.000 habitantes, "solo quedó en pie una casa". En Xiang Juang, "no quedó nada que el hombre hubiera construido", explica Liam Mesxavy, coordinador provincial de UXO-LAO.

Desde 1997 la organización, ayudada por la ONG MAG (Mines Advisory Group), ha destruido 77.432 artefactos, entre ellos: 30.000 mortíferas "bombitas", 783 minas y 200 grandes bombas de aviación de entre 100 y 1.250 kilos de peso. El Señor Vilisack, 39 años, padre de tres hijos, un técnico de UXO-LAO de Saraván, es, probablemente, la persona que más bombas grandes ha desactivado y detonado del mundo. Ha participado en la desactivación de 235 bombas y detonado 57.

"Por destruir un petardo del IRA, en Inglaterra te convocan al palacio de Buckingham y te condecoran, pero este hombre lo hace cada semana desde hace siete años con artefactos tremendos", observa Paul Standford, un ex sargento artificiero del ejército británico que trabaja para MAG en Laos. En 1997, MAG recibió el premio Nobel de la paz, y ha venido formando los equipos de UXO-LAO en las dos provincias mártires de Laos. El trabajo de estos experimentados equipos ha conseguido reducir la mortandad ocasionada por la munición no explosionada. Hasta 1997, cuando comenzaron su trabajo, en Saraván se registraban entre 50 y 70 víctimas por año, actualmente son alrededor de una docena, pero es una labor tan meritoria como desesperante. Desde 1997 han limpiado 416 hectáreas en Saraván, pero la provincia tiene un millón de hectáreas, y la mayor parte de ella está contaminada por la munición. Es tanta la cantidad de bombas y artefactos explosivos no detonados que hay en el suelo, que, treinta años después del fin de la guerra, los campesinos siguen cultivándola entre bombas, mientras sus hijos van al colegio y juegan, entre munición no explotada.

Senderos de guerra

El puente de bambú está ahí, atravesando el río de rápidas aguas, pasada la impetuosa cascada, en medio de la jungla. ¡Qué elegante es!, con su base vegetal trenzada y su pasamanos de caña. ¡Y qué frágil parece! Tiene unos 150 metros, y, cuando se inicia el cruce, se diría demasiado largo para ser estable, pues basta el peso de una persona para que se balancee. Pero, enseguida, uno suelta la barandilla, que al principio agarra con prevención, al constatar que, pese a su flexibilidad y balanceo, es una construcción sólida, que no va a ceder.

Un entramado similar permitió a éste pueblo soportar tanto sufrimiento, entrelazando su férrea voluntad y su gran capacidad de resistencia. La naturaleza campesina y la general predisposición a sacrificar sus vidas, hacían invencibles a aquellos soldados y guerrilleros de Indochina en su lucha contra la última tecnología de destrucción. Suena poético, pero el precio pagado fue terrible.

En las carreteras de los distritos de Ta Oi y Samouai de Saraván, al sur de la "Carretera número 9" se revela un paisaje devastado; los bosques no crecen, o son raquíticos, por la acción de los defoliantes y los cráteres de las bombas aun recrean un panorama lunar. Apartarse de la carretera es peligroso por la cantidad de proyectiles y bombas sin explotar que hay. Los dos distritos son la zona más pobre de la provincia precisamente porque hace treinta años la "Ruta Ho Chi Minh" pasaba por aquí.

La ruta fue un laberíntico corredor de caminos y senderos de miles de kilómetros que iba del norte al sur de Vietnam, a través del territorio de Laos, protegido por los bosques, selvas y alturas de la Cordillera Annamita. Por esa red circulaba el tráfico de tropas, combustible, armas y suministros, para los combatientes del sur, por lo que fue uno de los principales objetivos de los bombardeos en Indochina. Para la población local, frecuentemente empleada en su mantenimiento, la vida bajo las bombas se hizo rutina.

Vilisack, que entonces era un niño de seis años, recuerda que los bombardeos aéreos destruyeron su pueblo. Todos tenían que huir hacia las montañas, vivir en agujeros y recoger el arroz de noche, entre las incursiones de los B-52. Su hermano mayor de diez años, sufrió quemaduras de una bengala de aviación, y ocho de los quince muertos registrados en el pueblo eran familiares suyos.

"Nuestros padres nos decían que habíamos nacido en una época maldita", recuerda Vilisack, un hombre de mirada risueña y bondadosa, que se formó como soldador tres años en Halle, una ciudad de la antigua Alemania Oriental.

En la ruta se desarrolló toda una artesanía de astucias para eludir, despistar y confundir a los aviones, sus sofisticados sensores, radares, ordenadores y visores. La "cocina sin humo, Hoang Cam", que llevaba el nombre de su inventor, enterrada y con toda una serie de chimeneas subterráneas que diluían el humo para no ser advertida desde el aire. Los simuladores de ruido, que burlaban a los bombarderos, recreando el sonido de los motores de los camiones, o de voces humanas, junto a las "orejas electrónicas", los sensores que los estadounidenses lanzaban en paracaídas para escuchar los ruidos de la jungla y orientar a sus aviones.

Recursos para el descanso descubiertos por los combatientes, como las flores y raíces de "rosa canina", la marijuana de la selva. Mezcladas con tabaco, colocaban a los soldados, diluyendo en los vapores de la imaginación los horrores y sufrimientos de la jornada. La sopa de larvas de termita y gusanos de tierra, un remedio contra la malaria que el ejército popular aprendió de los indígenas de Laos.

Hazañas legendarias, como la del soldado de comunicaciones, Tran Van Tang, una especie de correo de la ruta. En diez años caminó 20.000 kilómetros por la cordillera Annamita, sobreviviendo a todo tipo de peligros, entre ellos dos ataques... de tigre. En el primero se encaramó a un árbol, mientras el animal rondaba abajo rugiendo hasta que se cansó; en el segundo se lanzó directamente al río desde su hamaca, cuando la fiera se abalanzó sobre él mientras dormitaba.

Todo un cuerpo de ejército, el 559, se dedicaba a mantener el transporte a lo largo de la ruta, a mantener sus senderos, carreteras y puentes, frecuentemente construidos como calzadas de piedra sumergidas bajo el lecho de los ríos para no ser vistos desde el aire.

Del millar de misiones de B-52 realizadas mensualmente -más de treinta misiones diarias-, la mayoría tenían como objetivo la "Ruta Ho Chi Minh". Lo que se destruía durante el día se reparaba por la noche o bajo la protección de la niebla. Si no había niebla, se creaba. Quemando bosque, rastrojos o utilizando un líquido llamado C-4, se levantaban grandes cortinas de humo contra la aviación, capaces de cubrir artificialmente el cielo durante cuarenta minutos para facilitar el paso de convoyes por zonas visualmente desprotegidas.

Centenares de miles de toneladas transportadas a pie, en bici, en camión o a lomos de elefante, con más de dos millones de hombres y mujeres trabajando para mantener abiertas las comunicaciones. La ruta, su continuidad operativa pese a los miles de toneladas de bombas lanzadas, su trazado, múltiple y repleto de falsas pistas para despistar a los aviones, era un misterio para el enemigo. Se enviaron decenas de comandos para revelarlo, pero muy pocos de ellos regresaban y los testimonios de quienes lo hacían, apenas aclaraban el asunto.

Ngo Ban, hoy un anciano, sirvió 31 años en el ejército, desde 1950 hasta 1981, casi siempre en tiempo de guerra. Durante la "guerra de América", que es como aquí se llama a la "guerra de Vietnam", para distinguirla de la de los franceses, los chinos y los jmers, fue comisario político. Formaba soldados y guerrilleros en el norte y los acompañaba al frente para entregarlos a sus camaradas del Viet Cong. Para llegar a Vietnam del Sur, iban por la Ruta Ho Chi Minh. Primero en tren hasta 300 kilómetros al sur de Hanoi, luego montaban en los camiones "Zil", conducidos por una compañía femenina que los llevaba hasta cerca del Paralelo 17, la frontera con Vietnam del Sur. Allí comenzaba un viaje a pie de tres meses, una verdadera odisea.

La marcha se iniciaba a las siete de la mañana, con un guía al frente de la columna que habría el paso. El que cerraba la columna se encargaba de volver a colocar las ramas y el follaje en su posición natural, para borrar trazos del sendero. Avanzaban 20 kilómetros al día, hasta alcanzar el siguiente punto de etapa, donde cambiaban de guía y se comía.

"Lo primero que se hacía al llegar, era cavar, cavar y cavar. Cuanto más profundo más seguro. A veces aprovechábamos las trincheras y refugios del contingente precedente, pero frecuentemente estaban destruidas por el anterior bombardeo y había que rehacerlas". Solo después de cavar, se podía comer y descansar.

Cada soldado cargaba entre 35 y 40 kilos; arroz, una mosquitera, la hamaca, un impermeable, el arma y las municiones, y un botiquín que contenía: venda, desinfectante, repelente contra los mosquitos y un antitérmico para la malaria. Los oficiales cargaban menos.

"A siete días de nuestro destino tuvimos que parar porque cada 15 minutos había una oleada de B-52. En los minutos entre bombardeo y bombardeo cavábamos más profundo. Así desde las ocho de la tarde, hasta las cuatro de la mañana. Los que morían era porque no se enterraban bien, porque abandonaban su refugio para cambiar de posición en pleno bombardeo, o por impacto directo".

Los nichos de cada soldado se cavaban en círculo. En el centro del círculo en el que se encontraba Ngo Ban y otros diez soldados enterrados, cayó una bomba de 500 kilos, pero no explotó. "Quedó clavada en el suelo, de lo contrario, habríamos muerto todos. A la mañana siguiente, vi que entre los 600 hombres del batallón sólo habíamos tenido ocho muertos y once heridos". De esos 600, solo llegaron a destino 450, no por los bombardeos, sino por la malaria.

"La malaria era mucho más peligrosa que las bombas, los hombres caían como moscas, algunos se restablecían y podían continuar. Otros quedaban postrados en las etapas en sus hamacas. Por la mañana, los oficiales pasaban la mano por el fondo de las hamacas para ver si estaba caliente y húmedo, del sudor, las heces y orines, señal de que los usuarios estaban vivos. Muchos morían allá. En otro transporte, de los 600 solo llegaron a destino 28, todos enfermos, incluidos los oficiales. Cuando llegamos hasta la zona B-2, no muy lejos de Saigón, recibimos la noticia de que Ho Chi Minh había fallecido, era el 2 de septiembre de 1969".

Retengo una frase del relato de Ngo Ban. "La vida en la ruta era muy alegre", dice, "unos bajaban (al frente) y otros regresaban, hombres y mujeres, todos jóvenes, en las etapas se intercambiaba información, se hacían amistades y amores, pero la política era evitar el contacto entre los que iban a entrar en combate y los que salían..." ¿Por qué "evitar el contacto"?

Lo aclara el escritor ex combatiente, Bao Ninh. Los que "salían" del frente, eran hombres rotos, casi siempre supervivientes de unidades diezmadas, que habían perdido, diariamente, compañeros, presenciado escenas horribles de cuerpos destrozados, quemados vivos por el napalm. Hombres que llevaban las súplicas de camaradas queridos pidiendo que los remataran para dejar de sufrir, metidas en los sesos. Soldados heridos que arrastraban a otros heridos, hambrientos, agotados, enfermos, con las ropas hechas jirones... con el mal de guerra en el cuerpo y en la mente. Su contacto con los "nuevos" se evitaba para evitar el contagio de esa terrible enfermedad llamada "mal de guerra", la enfermedad de las almas rotas y la desmoralización.

Bao Ninh fue uno de los diez raros supervivientes de los 500 jóvenes que componían su brigada, la gloriosa 27 Brigada del ejército regular del norte. Su novela "El mal de guerra" ("The Sorrow of War", no traducida al español), es fundamental para entender la historia. Leyéndola se comprende que, si a uno le importa la historia, hay que empezar por remitirse a las fuentes locales y olvidarse de la anecdótica producción cinematográfica estadounidense. Supuestas "joyas" como "Apocalypse Now", de Francis Ford Coppola, son bien poca cosa. ¡Cuánto dinero y talento artístico para eludir la realidad esencial! ¿Cómo es posible perder el tiempo con los éxtasis de aquel coronel loco, con las escenas de cama de una francesa y un oficial estadounidense, o con el estúpido surf en la playa? Los vietnamitas, las verdaderas víctimas y los verdaderos héroes, son paisaje. Pura calderilla. La experiencia de un simple estudiante adolescente de Hanoi movilizado, supera con creces todos aquellos sofisticados infiernos.

El relato de Bao Ninh no precisa la menor imaginación ni fantasía, porque el autor descarga, página tras página, su propia experiencia. Su trama presenta el caótico desorden propio de una mente atormentada. En esa novela, "cualquier página podría ser la primera o la última", porque el texto fluye solo. La juventud no vivida, sus fantasías sexuales, el hombre roto... El autor no la ha escrito para ganar dinero u obtener éxitos, reconocimiento, un premio, sino animado por el más genuino impulso creador; para liberarse de sus propios demonios y porque debe cumplir, con ella, "su última aventura como soldado", una misión sagrada, encargada por los mismos espíritus y fuerzas que le eligieron a él como absurdo superviviente de "batallas en las que, aparentemente, era imposible salir con vida". Bao Ninh ha presenciado más cadáveres, cuerpos destrozados y carnicerías, ha perdido más compañeros, que cualquier otro escritor -como Víktor Nekrasov en su "En las trincheras de Stalingrado", otra obra maestra- y descarga, frase a frase, todo el daño que la guerra le ha dejado en el alma. De ahí su enorme fuerza dramática, su gran calado humano, multiplicado por la sencillez. Una de las mejores novelas de guerra jamás escritas.

Relevo imperial

Song Thap, el pueblo del hoy anciano de manos temblorosas y fresca memoria, Teniente Coronel retirado, Ngo Ban, está situado a unos 40 kilómetros de Hanoi. Sus mil habitantes generan un tremendo trajín de pequeños talleres metalúrgicos, en los que trabajan la tercera parte de ellos, pese a que el censo nacional los contabiliza como "campesinos". Al anochecer, bajo la lluvia, las calles del pueblo son iluminadas por los resplandores de los soldadores, en medio de un tráfico, motorizado y animal, que acarrea planchas y barras de acero. Toda la escoria que sobra de las fundiciones, la compran los chinos, me explican, y a buen precio.

La casa de Ngo Ban es un viejo y gracioso edificio de piedra y madera, perteneciente a la familia desde el siglo XVII. Durante toda su larga vida militar de 31 años, Ngo Ban siempre sintió nostalgia y ansiedad por esta noble casa. Hoy vive en ella, rodeado de sus hijos y nietos, y contempla desde ella su vida como un amplio paisaje que se observa desde las alturas.

La casa sobrevivió a los bombardeos con bombas de fragmentación que el pueblo sufrió en 1968. "Todas las familias del pueblo tuvieron bajas, más de cincuenta heridos entre los seiscientos habitantes con que contaba entonces, pero solo tres muertos", explica. El objetivo no era el pueblo, sino una estación ferroviaria situada a tres kilómetros. "Fue un error", dice.

La guerra de Ngo Ban comenzó en 1950 contra los franceses. En aquella época, todas las casas del pueblo tenían un escondite/refugio y una salida secreta trasera que daba al callejón contiguo, por si había que huir precipitadamente.

El colonialismo francés, tuvo episodios muy crueles en Vietnam. Incluso después de vivir la experiencia de la ocupación alemana de su propio territorio nacional, la democracia francesa empleó en su desmoronado imperio, métodos que no desmerecían a los nazis. En noviembre de 1946, para escarmentar a los vietnamitas tras un incidente aduanero, tres barcos de la armada bombardearon Haiphong, sólo los barrios chino y vietnamita, matando a 6.000 personas, según la estimación francesa (En, Yves Benot, Massacres coloniaux, 1944-1950: La IV République et la mise au pas des colonies françaises. París, 2001)

En 1954 Ngo Ban asistió a los combates de la debacle francesa en Dien Bien Phu, al noreste de Hanoi, donde 15.000 franceses murieron o cayeron prisioneros. Los franceses estaban convencidos de que la artillería vietnamita era "insignificante" y se instalaron en un amplio valle rodeado de alturas. Los vietnamitas llevaron sus cañones a esas alturas a fuerza de brazos, "más de cien hombres arrastraban cada pieza por el bosque montaña arriba". Cuando se dieron cuenta, los cañones disparaban desde arriba convirtiendo el valle en una ratonera. Las piezas de artillería se guardaban en túneles y cuevas para preservarlos de la aviación. También se simularon posiciones de artillería, con cañones de cartón y disparos simulados que atraían el fuego francés. Fue una victoria, una victoria dura con 25.000 soldados vietnamitas caídos -entre ellos la mitad de los 2.500 hombres del regimiento de Ngo Ban- que abrió paso a los acuerdos de Ginebra, la división en dos del país sobre la línea del paralelo 17 y al paulatino relevo del francés por el estadounidense.

En 1954, Graham Greene, había descrito aquel relevo en su novela "El americano tranquilo", que evoca el atentado con coches bomba organizado por la CIA frente al hotel "Continental" de Saigón, en 1952, en el que murieron 8 personas y otras 32 resultaron heridas. En vísperas del 11-S, la versión cinematográfica de "El americano impasible" estaba lista para su distribución en Estados Unidos, pero después del ataque contra las torres gemelas y el Pentágono, en Nueva York y Washington, el presidente de los estudios "Miramax", Harvey Weinstein, decidió archivarla por considerarla "antipatriótica", y los medios de comunicación anglosajones presentaban su estreno como "polémico". El director de la película, el australiano Phillip Noyce, explicó en Hanoi -donde la obra fue estrenada y celebrada como una película occidental rara, por su veracidad y temática- que la mera evocación de un acto terrorista de los que no se suele hablar, entre los muchos perpetrados por la CIA o auspiciados por la Casa Blanca en diversos países del mundo en el último medio siglo, había tenido una hostil recepción durante el pase en Estados Unidos y que los periodistas locales habían estado sondeándole para desenmascarar sus ocultos "sentimientos antiamericanos".

Después de Dien Bien Phu, Ngo Ban, estudió en la academia militar e ingresó, en 1959, en una brigada especializada en la radiación nuclear y la guerra química, creada en previsión de la próxima guerra con los estadounidenses. Los trajes y máscaras especiales utilizados en la brigada, que eran de fabricación soviética, no estaban hechos para el verano local. "En solo una hora, los hombres se deshidrataban", recuerda Ngo Ban. En 1959, los vietnamitas ya se preparaban para lo peor.

Dos años antes, Henry Kissinger, luego Secretario de Estado de Nixon, había escrito un libro en el que se declaraba a favor de la "guerra nuclear limitada" como instrumento de la política exterior de EEUU (en, "Nuclear Weapons and Foreign Policy", 1957). Nixon, que entonces era vicepresidente, había leído y elogiado el libro. El uso del arma nuclear en Asia formaba parte del debate corriente entre militares y políticos en Estados Unidos, especialmente en la hipótesis de una entrada de China en la guerra, lo que explica la prevención vietnamita.

Los documentos que salieron a la luz años más tarde permiten comprobar la presencia del "debate nuclear" sobre el uso de la bomba atómica a lo largo de la guerra, en conversaciones muy útiles para dibujar el perfil moral de sus autores.

El 25 de abril de 1972, siete meses antes de que arrojaran 20.000 toneladas de bombas sobre Hanoi (equivalente a la potencia lanzada sobre Nagasaki), Kissinger y Nixon hablan en el despacho oval:

Nixon: "Tenemos que dejar de pensar en términos de golpes de tres días (contra la zona Hanoi-Haiphong), para pensar en términos de bombardeos de gran escala mantenidos hasta que... bombardeos sin límite, estoy pensando en cosas que van mucho más allá..., en los diques, en los ferrocarriles, por supuesto en los muelles...
Kissinger: ...estoy de acuerdo.
Nixon: ...debemos emplear una fuerza masiva... (...) ¿cuántos matamos en Laos?
Kissinger: En el asunto laosiano matamos unos diez mil, quince mil....
Nixon: Mira, el ataque contra el norte que tenemos en mente.... centrales eléctricas, todo lo que quede, instalaciones de petróleo, los muelles... y sigo pensando que debemos eliminar los diques ya, ¿cuánta gente se ahogará?
Kissinger: Alrededor de doscientas mil personas.
Nixon: No, no, no... antes usaría la bomba atómica, ¿cómo lo ves Henry?
Kissinger: Me parece que eso sería demasiado.
Nixon: ¿Te preocupa la bomba atómica....? Sólo quiero que pienses a lo grande, Henry, por lo clavos de Cristo."

Días después, cuando Nixon ya había aprobado al detalle la estrategia de bombardeos masivos y bloqueo del norte, con la intención de, en sus palabras, "hacer papilla a ese pequeño país de mierda", el Presidente aborda de nuevo a Kissinger:

Nixon: El único punto en el que no estamos de acuerdo es en lo de los bombardeos. Estás condenadamente preocupado por los civiles y a mí, maldita sea lo que me importan, me traen sin cuidado.
Kissinger: Estoy preocupado por los civiles porque no quiero que el mundo se movilice contra ti como carnicero..."

(En, "Secrets", A memoir of Vietnam and the Pentagon Papers, de Daniel Ellsberg, Nueva York, 2002 - Hay edición vietnamita).

Al final, las bombas atómicas no se emplearon en Vietnam y la "Brigada especial" de Ngo Ban no tuvo que emplearse, pero lo que sí sufrió Vietnam fue la guerra química.

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A treinta años del final de la guerra de Vietnam


Homenaje a Indochina (III)
Rafael Poch-de-Feliu
La lluvia que sigue quemando

Vietnam recibió 83 millones de litros de defoliantes, entre 1961, cuando Kennedy aprobó su uso, y 1971. Fue una verdadera lluvia química de diez años destinada a destruir el entorno natural que protegía y daba alimento al ejército regular del norte y a las fuerzas del Viet Cong. Según la cifra del la Universidad de Columbia, el 65% de esos herbicidas contenían dioxina, una conocida sustancia cancerígena que se transmite a las siguientes generaciones a través de la leche materna.

"El cielo quedaba invadido por una especie de bruma, por la mañana veíamos caer las hojas y los brotes quemados. Poco a poco los árboles alrededor de nuestra posición se morían, completamente quemados y cada vez nuestra unidad buscaba un nuevo boque para esconderse. La escena se repetía por doquier", recuerda Vo Ta Huong, un combatiente de la provincia de Quang Tri, citado por el dossier sobre el agente naranja publicado en marzo del 2005 por la Asociación de periodistas de Vietnam. (La versión del dossier en francés, inglés y vietnamita, en: www.esj-lille.fr/article.php3?id_article=125)
Resultó afectado entre el 10% y el 25% del territorio de Vietnam, especialmente en la zona centro y sur. El ministro de trabajo, Nguyen Thi Hang, reconoce que no disponen de una cifra concreta de afectados, en el 2000 se estimaba en un millón, hoy se habla de hasta cinco millones. La estimación de la Cruz Roja es de que "hay tres millones de personas sufriendo varias enfermedades e incapacidades relacionadas con el agente naranja", dice su representante en Haiphong, Marianne van den Berg. En el país hay cinco grupos de malformaciones congénitas particularmente frecuentes; en la columna vertebral, miembros, senos, siameses, el labio leporino y la raja palatina. Las víctimas de primera, segunda y hasta tercera generación, es decir hijos y nietos de personas contaminadas durante la guerra, se cuentan por miles. En Da Nang 7.500 victimas, incluidos 2.400 niños de segunda generación y 43 de la tercera, según Cruz Roja; en Quan Nam, 20.000 contaminados o sospechosos de estarlo; 28.000 ex combatientes enfermos en Thai Binh, la provincia del delta del Río Rojo, según la asociación de veteranos local; 27.500 víctimas estimadas en la de Quang Nam...
Mas de 3,3 millones de hectáreas, mayormente de bosque, fueron afectadas por agentes tóxicos y más de un millón de hectáreas resultaron áridas o no aptas para el cultivo, cuando todo el territorio de Vietnam del Sur asciende a 17 millones de hectáreas.
"Después de la guerra la reforestación de las zonas destruidas por los agentes químicos dio buenos resultados, pero para que el medio ambiente se restablezca totalmente todavía harán falta ochenta o cien años", dice Phung Tuu Boi, director del Centro de protección de la naturaleza.
Ni reparaciones, ni disculpas
A diferencia de Irak, obligado a pagar en petróleo todas las indemnizaciones por la guerra de 1990-1991 contra Kuwait, Estados Unidos no ha pagado un céntimo en concepto de reparaciones por la guerra contra Vietnam de 1964-1975. Los acuerdos de París del 27 de enero de 1973, que formalmente pusieron fin a la guerra, estipularon una fórmula algo ambigua al respecto ("de acuerdo a su política tradicional, Estados Unidos aportará su contribución a la labor de curar las heridas de guerra") que incluía la formación de una comisión mixta. Los vietnamitas hablaban de "reparaciones de guerra", mientras que los estadounidenses sólo admitían contribuciones voluntarias delimitadas por ellos mismos. En julio de 1973, la comisión suspendió sus reuniones, que no volvieron a celebrarse más.
En 1994, Estados Unidos levantó el embargo comercial contra Vietnam y un año después restableció relaciones diplomáticas, pero en el 2005 el Departamento de Estado ha vuelto a amenazar a Vietnam con sanciones económicas alegando, "restricciones a la libertad religiosa".
"Los estadounidenses critican a Vietnam por su aplicación de la democracia y de los derechos del hombre, pero la cuestión de las víctimas del agente naranja es un atentado mucho mayor a los derechos humanos", dice la señora Nguyen Thi Binh, ex vicepresidenta de la República.
En Estados Unidos no existe nada parecido, a nivel oficial o en la prensa, a una polémica sobre las responsabilidades de guerra. No ha habido disculpas. En vísperas de la primera gira asiática de la secretaria de Estado, Condoleeza Rice, en marzo de 2005, sus colaboradores explicaban a la prensa en Washington que el compromiso de Estados Unidos con la libertad en Asia se había manifestado históricamente con "tres guerras libradas en ese continente en el siglo XX". Una era la Segunda Guerra Mundial, la otra la de Corea y la otra la de Vietnam.
La del entonces vicesecretario de Estado Strobe Talbot de finales de los noventa, fue la última visita de un alto funcionario estadounidense a Laos. Talbot estuvo en la provincia de Xiang Juang, donde los B-52 no dejaron en pie "ni una sola construcción humana". "Le explicamos la situación y cuando intervino dijo: "hay que olvidar el pasado y orientarse al futuro", explica un cooperante británico que participó en aquella sesión. Para Laos, olvidar la guerra bíblica que vivió, sería algo comparable al olvido de armenios o judíos de las masacres sufridas en el siglo XX.
Ex funcionario del Departamento de Estado en Saigón, el veterano profesor de la Universidad de Pennsylvania está considerado como uno de los grandes expertos estadounidenses en Vietnam. Es un erudito, pero en su "Diccionario Histórico de Vietnam" de 350 páginas, rico en todo tipo de detalles, no hay lugar para conceptos como "Napalm", "B-52", "Agent Orange", "Vietnam War", "Casualties", o "Bombing". (William Duiker, "Historical Dictionary of Vietnam", Londres 1998)
"Nunca han pedido excusas, ni mucho menos han pagado compensaciones, la mayoría de los estadounidenses no saben nada de esta guerra. Puede que oyeran algo sobre la de Vietnam, pero no de ésta, porque fue una guerra secreta. Cuando vienen estadounidenses, incluido delegaciones oficiales y les explico nuestra situación con la munición no explosionada, quedan sorprendidos", dice el director de UXO-LAO, Bounpone Sayasenh.
En nueve años, EE.UU. lanzó en Laos bombas por valor de 7.200 millones de dólares, una media de más de 2 millones de dólares diarios. Hoy UXO-LAO, cuyo presupuesto anual es de 4 millones de dólares, recibe 1,2 millones anuales de Estados Unidos. Washington se gasta 100 millones de dólares al año en busca de restos de sus soldados caídos en todo el mundo. Frecuentemente algunos de esos equipos de buscadores visitan Laos. "Vienen hasta con máquinas de hacer helados, a provincias en las que no hay ni electricidad y la gente es verdaderamente pobre", explica un cooperante.
Washington no da información precisa sobre localización de bombas no explotadas en Laos: "Si para encontrar los restos de sus soldados excavan en lugares precisos que conocen, hay que suponer que también disponen de la misma información sobre las bombas. Puede que no tengan esa información o puede que no quieran darla. Cuando nos dirigimos a la embajada estadounidense para que informe del contenido de una bomba, una información importante para desactivarla, no vemos voluntad de ayuda", dice Sayasenh.
En diciembre del 2003 en Vietnam se creó una Asociación de víctimas del agente naranja y la dioxina. El 30 de enero del 2004, la asociación interpuso pleito contra 37 compañías químicas de EEUU en el tribunal federal de Brooklin, el mismo que en mayo de 1984 anunció un arbitraje por el que las compañías Dow Chemical, Monsanto, Occidental Chemical y otras, indemnizaron a los excombatientes estadounidenses víctimas del agente naranja.
"Cuando los fabricantes de defoliantes aceptaron indemnizar a los veteranos estadounidenses en 1984, nos planteamos la pregunta: ¿y por qué no las víctimas?", dice Luu Van Dat, 84 años, abogado de la Asociación vietnamita. La Asociación era consciente de que un pleito contra sociedades estadounidenses, ante un tribunal estadounidense y bajo la dirección de un juez estadounidense es, "una batalla librada en el terreno del adversario". A pesar de todo, hubo decepción cuando, el 20 de marzo de 2005, el tribunal rechazó el pleito. Ex combatiente, hoy residente en Haiphong, con un cáncer hepático diagnosticado en el 2003, Nguyen Van Quy, explica a los periodistas de la Asociación profesional vietnamita su reacción a la decisión judicial.
"Cuando me enteré, estaba triste y decepcionado. Es injusta, pero no nos rendimos. En nombre de la justicia y de la igualdad, apelaremos, podrá durar un año o dos, incluso después de mi muerte mis compañeros, mis hijos continuarán reclamando justicia porque nuestra causa es justa".
A su lado sus dos hijos inválidos. El varón, de 17 años, emite gruñidos inarticulados desde su silla de ruedas. La hija, sordomuda de 16 años, sonríe enajenada, abriendo su gran boca y mostrando una dentadura mal implantada. Hace 35 años, el padre, entonces un soldado adolescente, bebía agua y comía raíces de yuca contaminadas en el frente de las provincias centrales del país.
Secretos y mentiras imperiales
El 4 de agosto de 1964 por la mañana, Daniel Ellsberg, ex oficial de marines y antiguo analista de la "Rand Corporation" que había sido contratado como adjunto al vicesecretario de Estado para trabajar en el Pentágono, recibió en su oficina un cablegrama del Capitán John Herrick, Comandante de la flotilla de dos destructores que patrullaban el Golfo de Tonkin, en el extremo norte de Vietnam. Dos torpedos habían sido lanzados contra sus barcos, el "Maddox" y el "Turner Joy", por patrulleras norvietnamitas. Diez minutos después, un nuevo mensaje: "estoy bajo continuo ataque de torpedos". Los barcos habían respondido disparando por radar, sin contacto visual, pues era noche cerrada, y, al parecer, habían destruido una embarcación atacante. Dos días antes, patrulleras vietnamitas habían "atacado" al "Maddox" lanzándole torpedos que no le alcanzaron. La noche del día 4, el Secretario de Defensa McNamara anunció a la prensa que Vietnam del Norte había atacado, "por segunda vez en dos días" a buques estadounidenses que realizaban "patrullas de rutina en aguas internacionales", lo que constituía, "un acto de cruda agresión no provocada". El 7 de agosto, el Congreso adoptaba la "Resolución del Golfo de Tonkin" autorizando al Presidente a tomar "todas las medidas necesarias para prevenir más agresiones". Todo era mentira.
El 4 de agosto no había ocurrido nada en el Golfo de Tonkin. Al mensaje de Herrick, sucedieron otros desconcertantes, en los que el Capitán se desdecía de todo lo anterior, citaba errores en el sonar de a bordo, y proponía una investigación. Lo del día 2 había sido una provocación, absolutamente real. Una misión de inteligencia llamada "DeSoto" en la que los barcos estadounidenses se habían metido deliberadamente a ocho millas de la costa (las aguas vietnamitas se extendían hasta 14 millas) en busca de pretextos para la guerra. Días antes, el 30 y el 31 de julio, barcos estadounidenses habían bombardeado dos islas costeras vietnamitas, al sur del Río Rojo, en otro operativo organizado por la CIA. Los objetivos de los bombardeos aéreos de la "legítima respuesta a la provocación de Tonkin", ya estaban preparados desde el mes de mayo.
En 1964, los "casus belli" cocinados por la CIA, como el falso "incidente del Golfo de Tonkin", daban unánimes titulares en prensa y televisión, como hoy ocurre con la "amenaza norcoreana", el "peligro chino", o las "armas de destrucción masiva" de Irak.
Alrededor de aquella mentira concreta y puntual, había un aparato conceptual más complejo, sobre el que políticos, intelectuales y periodistas, fabricaban o hacían sus aportaciones a un consenso belicista. Como hoy ocurre con la "lucha contra el terrorismo", los "estados fallidos", o el "eje del mal", los conceptos de entonces tenían poco que ver con la realidad, con los problemas reales de la humanidad, pero funcionaban.
Enunciada por primera vez por Eisenhower, la teoría del "efecto dominó" advertía que si se perdía Vietnam, toda Asia seria conquistada por el comunismo. El "expansionismo chino", que fustigaba el complejo de fortaleza asediada de Mao, convencido de la inevitabilidad de un ataque contra su país con armas nucleares, era el peligro regional en Asia. El "expansionismo soviético" era su homólogo global. El Profesor de Harvard Samuel P. Huntington, que hoy habla del "conflicto de civilizaciones", proponía entonces la "urbanización" forzada de Vietnam del Sur, "dirigida a convertir aquellas partes del país no controladas por el ejército de Estados Unidos, en desiertos marcados por los cráteres de las bombas, en los que no crecía vegetación, con lo que, privados de medios de sustento, millones de campesinos tuvieron que buscar refugio en las ciudades sin más remedio que engrosar las filas del ejército títere y de la policía", recuerda el historiador vietnamita Nguyen Khac Vien. (En, Vietnam, a long History, Hanoi, 2004).
Uno de los aspectos más interesantes del libro de Ellsberg es su descripción de lo que hoy ocurre... hace 30 años. Todo ese mundo administrativo de Washington en el Pentágono y el Departamento de Estado, sus mecanismos políticos y sicológicos; "un aparato de secretismo construido sobre eficaces procedimientos, prácticas e incentivos carreristas, que permitían al Presidente elaborar y ejecutar una política exterior secreta, hasta un nivel que va mucho más allá de lo que cualquier ajeno relativamente bien informado, incluidos periodistas y miembros del congreso podían imaginar".
"Se ha convertido en lugar común", dice Ellsberg, "afirmar que, "en Washington no se puede guardar secretos", o que, "en democracia, por muy delicado que sea el secreto, acabas conociéndolo al día siguiente en el "New York Times". Estos tópicos son completamente falsos. De hecho hay maniobras encubiertas, modos de engañar y despistar a los periodistas y a sus lectores, que forman parte del proceso de mantener bien guardados los secretos. Claro que de vez en cuando algunos secretos afloran, lo que no ocurriría en una sociedad completamente totalitaria, pero el hecho es que la abrumadora mayoría de los secretos no se filtran al público americano". Para el funcionario que trabaja dentro de esa máquina, sometido a un trabajo exhaustivo y disciplinado, con un ritmo de trabajo trepidante que salta constantemente de un asunto de estado a otro, en una sucesión de crisis a dedicación completa con poco tiempo libre para la reflexión y la vida familiar, toda esa dinámica resulta en una particular actitud sicológica y en una especie de "erótica laboral-intelectual". En primer lugar, está la sensación de pertenecer a una casta aparte, la de quienes tienen acceso a la "información clasificada", en segundo la inutilidad de discutir los asuntos generales de la política con la gente común, ignorante de datos esenciales de cada situación, explica Ellsberg.
"Una vez dentro del gobierno, mi conciencia de la facilidad y reiteración con la que el Congreso, la opinión pública y los periodistas eran burlados y despistados, contribuyó a una falta de respeto hacia ellos y su potencial contribución a una política mejor" (...) "Todo era emocionante, el increíble ritmo y la narcosis interna, te hacían sentir importante, plenamente comprometido y con una gran dosis de adrenalina. Producía una clara adicción. Pese a las semanas de setenta horas laborales y a la ausencia de vida familiar que imponía, la gente se enganchaba a ese tipo de trabajo. Si un cambio de administración los hacía saltar, la mayoría procuraba mantenerse disponible para poder regresar, a esos cablegramas y crisis. (...) Era muy difícil que alguien sin acceso a esas informaciones te aportara algo. Cuando escuchabas sus argumentos, pensabas para tus adentros: "¿qué me diría éste si supiera lo que yo se?, ¿me daría el mismo consejo, o cambiaría por completo sus planteamientos?". Y ese ejercicio mental es tan tortuoso que al cabo de un tiempo dejas de escuchar a los otros. Eso era lo que hacían mis superiores, mis colegas y lo que hacía yo mismo".
Ellsberg fue una pieza imperfecta de un orwelliano engranaje, infinitamente más sofisticado, eficaz y engrasado, que todo lo que pudimos percibir en los pasillos del poder soviético y ruso en los años ochenta y noventa, cuando el otro gran imperio del mundo bipolar reventó, enseñándonos sus tripas y más ocultas vergüenzas. Ellsberg decidió arriesgarlo todo y divulgar los secretos, mentiras y engaños contenidos en los papeles a los que tenía acceso. El 1 de octubre de 1969 comenzó a fotocopiar el informe secreto de 7.000 páginas sobre la guerra del Pentágono. En junio de 1971 después de que varios senadores por él consultados eludieran meterse en asunto tan espinoso, entregó los documentos al "New York Times". Quince días después fue detenido por el FBI, acusado de 12 delitos y enfrentado a una condena de 115 años de cárcel. Cintas divulgadas posteriormente revelaron que Nixon encargó a una banda de matones para que "incapacitaran" y "rompieran las dos piernas" al "bastardo". Las cintas muestran conversaciones entre Nixon y Kissinger sobre Ellsberg que recuerdan a las de dos truhanes hablando de un adversario al que hay que "eliminar". Con ayuda de la prensa, los servicios secretos iniciaron una campaña de acoso y desprestigio, entraron en la consulta de su psicoanalista en busca de datos comprometedores, lo presentaron como un mujeriego, lo dejaron sin trabajo, pero los cálculos no salieron. El escándalo "Watergate", no un escándalo por crímenes de guerra o contra la humanidad, sino un asunto banal de escuchas a adversarios políticos, acabó hundiendo a la administración Nixon, y salvó a Ellsberg. El juez encargado del caso acabó poniéndole en libertad sin cargos. Desde entonces, Ellsberg es considerado un "traidor" por el establishment que continua utilizando y perfeccionando todo aquello que este hombre honrado, digno representante de lo mejor de su país, denunció con valentía hace más de treinta años.
EEUU, la república enferma
Todo lo dicho conduce a la cuestión esencial. La pregunta sobre la lógica que dio lugar a una guerra tan cruel y a la mayor serie de bombardeos de la historia. Preguntas también sobre la sociedad y sobre un aparato: ¿Cómo se aceptaba aquella política que masacró a centenares de miles de campesinos asiáticos en nombre de abstractos conceptos geopolíticos y nobles causas, utilizando mentiras y engaños? ¿Cómo la "sociedad más libre del mundo" se comía esos sapos, y cómo los intelectuales y burócratas de la administración podían participar, con entusiasta y eficaz dedicación, en algo así?
La Escuela (de filósofos) de Francfort analizó cosas parecidas respecto a la Alemania nazi. Sobre la URSS, cuyos mecanismos internos eran mucho más simples y tradicionales, también se ha escrito mucho. Lo que está por hacer es el psicoanálisis de Estados Unidos, un esfuerzo particularmente importante ahora, cuando tantos autores coinciden en que el ocaso imperial de Estados Unidos comenzó, precisamente en Vietnam, hace treinta años. (Véase, entre otros, Immanuel Wallerstein en "The Decline of American Power", 2003; Emmanuel Todd, en "After the Empire", 2003, o Chalmers Jonson, en "The Sorrow of Empire. Militarism, Secrecy and the End of the Republic", 2004).
Parte de la respuesta está en una sociedad fragmentada, asustada y violenta. Una sociedad provinciana e integrista, ajena a las grandes decisiones que una oligarquía empresarial-militar e imperialista toma en su nombre, lo que el profesor Noam Chomsky ha bautizado como "poliarquía" para distinguirlo de "democracia". El público ratifica esas decisiones, adoctrinado por unos intelectuales bien pagados y con un sentido enfermo de la moral y la justicia, así como por unos medios de comunicación, dominados por magnates y vinculados a grandes intereses. Todo ello es sumamente eficaz a la hora de presentar a la gente los nuevos peligros del momento, que requieren enormes gastos militares y continuas guerras para ser conjurados. Al mismo tiempo, en ese sistema hay un fondo de violencia dirigido hacia el interior, que en el caso de Vietnam vio como, en 1968, fueron asesinadas las dos principales figuras políticas antibelicistas de la nación: Martín Luther King, partidario de la "retirada militar inmediata", y Robert Kennedy, partidario de "detener los bombardeos".
Cuando ese psicoanálisis nacional se haga será inevitable detenerse en el concepto "imperialismo", siempre desagradable para la dominante publicística conservadora, pero absolutamente concreto y vigente para describir nuestro mundo, por mucho que la izquierda haya abusado de él, e incluso encubierto sus propios crímenes, dictaduras y vergüenzas con él.
Su definición más simple es el dominio y explotación de estados débiles por los más fuertes. El imperialismo es la causa raíz del racismo: para la gente que está en una posición de poder superior, "hay un salto mental muy corto hasta llegar a pensar que también son superiores en intelecto, moralidad y civilización", explica el historiador del imperialismo europeo David Abernethy. Por eso, el imperialismo ha emparentado históricamente a democracias con regímenes fascistas que afirmaban la "superioridad" de unas razas y naciones sobre otras, y permite que un sistema democrático en lo interno sea fascistoide en su conducta exterior.
En un libro escrito en una prisión británica entre abril y septiembre de 1944, Jawaharlal Nehru, fundador de la nueva India, constataba que, antes de la Segunda Guerra Mundial, "la política británica había sido casi ininterrumpidamente profascista y pronazi", y explicaba así la duplicidad europea: "Tras algunas de aquellas democracias había imperios en los que no había democracia alguna y donde reinaba el mismo tipo de autoritarismo racista que se asocia con el fascismo, así que era natural que aquellas democracias occidentales sintieran algún tipo de unión ideológica con el fascismo, por mucho que les disgustara algunas de sus expresiones más vulgares y brutales".
Hoy, sesenta años después de la consideración de Nehru, ya no hay regímenes fascistas declarados, pero la degeneración del estado de derecho y del pluralismo en las democracias por obra de la lógica imperialista y de los mecanismos descritos por Ellsberg, tiene una enorme actualidad.
Treinta años después de Vietnam, los más altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos han extraído un nuevo arsenal conceptual surrealista de los atentados del 11-S -cuyo autor fue uno de sus antiguos peones de la estrategia antisoviética y antiraní de los años ochenta- y han falsificado los pretextos para la segunda guerra de Irak, cometiendo fraude contra el Congreso y el pueblo de Estados Unidos.
"El hecho de que tal conducta ni siquiera haya sido mencionada, es una muestra más de la decadencia política generada por el imperialismo y el militarismo", observa Chalmers Jonson. Esa decadencia elevó a la categoría de suceso excepcional la indignación popular ocasionada en España por un gobierno mentiroso, el 11 de marzo de 2005. El gobierno cuya política exterior cómplice del belicismo se mantenía en contra de la opinión mayoritaria de la sociedad, ocultó la autoría de un atentado y fue castigado. Sólo la degeneración de las democracias actualmente en curso, pudo hacer pasar por excepcional lo que no fue más que un elemental ejercicio de democracia: la población echa al gobierno que le engaña.
Desde el cambio de siglo, en sólo cinco años, Estados Unidos ha librado dos guerras imperialistas, en Afganistán e Irak, y está contemplando la posibilidad de librar otras dos, en Irán y Corea del Norte. Su doctrina militar contempla el uso preventivo de armas nucleares en conflictos convencionales y fomenta la proliferación nuclear. El sistema cuyo norte es el beneficio privado, y el imperialismo, convierten más que nunca las democracias en regímenes degenerados. En ningún lugar de mundo es más necesaria que en Estados Unidos una de esas "revoluciones naranja" de la sociedad civil, sugiere el mismo autor.
"Una revuelta popular que retome el control del Congreso, que lo reforme junto con las corruptas leyes electorales que lo han convertido en un forum de intereses especiales, que lo convierta en una genuina asamblea de representantes democráticos, y que corte la provisión de dinero al Pentágono y a los servicios secretos. Tenemos una sociedad civil fuerte que, en teoría podría imponerse sobre los atrincherados intereses del ejército y del complejo militar industrial. A estas alturas, resulta difícil imaginar (al igual que el Senado romano de los últimos días de la república), de qué forma podría el Congreso ser resucitado y limpiado de su endémica corrupción. En defecto de tal reforma, Némesis, la diosa del desquite y de la venganza, castigadora del orgullo y la soberbia, espera, impaciente, para venir a nuestro encuentro".
Memoria sin rencor
Alguien me narra el siguiente diálogo entre el veterano estadounidense y el taxista en el aeropuerto de Saigón:
- "¿Americano?". "¿Primera visita a Vietnam?"- "No, la segunda". - ¿En qué año fue la primera? - "En 1967..."
Y ya con todo aclarado; "Bienvenido a Vietnam, señor".
Incluso en Hanoi, muchos taxistas y conductores usan una almohadilla en sus asientos con los colores de la bandera estadounidense. ¿Por qué no hay rencor ni resentimiento en Vietnam?
"Bueno, los jóvenes tienen cosas mejores en qué pensar y a los mayores no siempre les gusta recordar aquella época tan dura y desgraciada", me dicen.
En Laos, la impresión es que se ha impuesto el puro olvido. En Vientian, el único libro sobre la guerra que se encuentra en inglés en las librerías es "Air América", de Christopher Robbins, una obra más bien apologética centrada en los pilotos de la CIA, que presenta sus acciones en un ambiente desenfadado, y que inspiró la película, casi humorística, de Hollywood del mismo título, con Mel Gibson como protagonista.
¿Hay olvido en Vietnam?
"No olvidamos, pero perdonamos", dice el profesor de Hanoi, Le Van Hao. El estado se encarga de mantener viva la memoria. La guerra ha sido incorporada a la industria turística nacional, hay una gran diferencia con Laos. En el Museo militar de Hanoi, las visitas de las escuelas se suceden una tras otra. Los niños y los jóvenes escuchan con atención y respeto. "Están bastante bien informados", dice el teniente coronel Ngo Ban, que, tras pensar un rato, responde así a la pregunta sobre la ausencia de rencor y resentimiento:
"Hoy queremos paz y desarrollo, ¿para qué necesitamos odio?"."Nunca hay que responder al castigo con el castigo, pues en ese caso el odio no se acabaría nunca. Eso nos viene de muy lejos", dice. Esa es la actitud psicológica general. Respecto a la posición política: "No habrá reconciliación real hasta que Estados Unidos adopte otra actitud", dice el profesor.
Treinta años después, los vietnamitas siguen dando lecciones de alcance universal.

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El equipo iosraelí de la Copa Davis no es bienvenido en Murcial


Comunicado de la red estatal contra la ocupación de palestina
Con el apartheid y la ocupación no se juega: El Equipo israelí de la Copa Davis no es bienvenido en Murcia.

04-09-2009
La Opinión de Murcia

Con motivo de la celebración de la semifinal de la Copa Davis en Murcia los próximos 18 y 19 de septiembre, el presidente de la Federación de Tenis de la Región de Murcia, Antonio García Alarcón, hizo una serie de declaraciones a la prensa en las que se mostraba orgulloso del un dispositivo de seguridad que garantiza el control de acceso al lugar en el que se celebrarán los partidos. Como ha afirmado Pacheco, “el criterio de la seguridad ha sido fundamental para acoger esta ronda dada la especial atención que precisa el equipo visitante".

Según recoge el Diario “La Opinión de Murcia” en su edición del 24 de agosto, “agentes del Mossad (una de las agencias de inteligencia de Israel, responsable de la recopilación de información de inteligencia, acción encubierta, espionaje y contraterrorismo) 'peinarán' la región de Murcia para extremar las medidas y preservar la seguridad de sus tenistas
“La especial atención que precisa el equipo visitante” si nos ceñimos a la experiencia más reciente, se debe a que el equipo israelí de la Copa Davis, que ejerce la representación del Estado de Israel en tanto selección nacional israelí, no es un equipo bienvenido en nuestro país. La Federación y las autoridades lo saben, blindando el partido ante una ola de protestas que conocen de antemano. E invitando a agentes de seguridad israelíes a peinar Murcia.
El motivo del rechazo, y el porqué las autoridades israelíes reclaman seguridad, en este caso servida por autoridades españolas es debido a la continuidad del proceso de colonización israelí de la tierra Palestina, a la matanza y asedio de Gaza, a la continua expansión de los asentamientos judíos en tierra ocupada, a la construcción del Muro, al encierro de los palestinos en Bantustanes, a la negativa israelí a permitir el ejercicio del derecho al retorno de los millones de refugiados que esperan desde hace décadas en los países vecinos y, como olvidarlo, al sistema de apartheid efectivo en marcha.
¿Va a confiar el Gobierno español al Mossad las competencias de seguridad interna del Estado?. Sin lugar a dudas. Cada vez que el Maccabi de Tel Aviv juega en nuestras canchas, éstas se llenan de agentes israelíes. Si alguien pretende tomar un avión con objetivo de visitar Palestina, agentes de seguridad israelíes serán los encargados de interrogarle, humillarle, incluso desnudarle en instalaciones de Barajas o El Prat y para impedirle finalmente subir al avión. La colaboración entre las cuerpos de seguridad del Estado de España e Israel es habitual. Y en este caso, se anuncia públicamente que agentes israelíes vigilarán en nuestro territorio las manifestaciones de protesta de la sociedad civil organizada contra la presencia del equipo israelí de Tenis en Murcia.
Israel no es bienvenido en Murcia por los mismos motivos por los tampoco fue bienvenido en Suecia en la eliminatoria previa. Los partidos que Israel jugó contra Suecia en Malmoe el pasado mes de marzo tuvieron lugar a puerta cerrada, sin público, en medio de un increíble dispositivo de seguridad mientras miles de personas se manifestaban en las calles contra el partido. Rechazamos la invitación a la selección del apartheid israelí. Rechazamos que se consideren ¡normales' las relaciones deportivas con un Estado ocupante que desprecia las Resoluciones de las Naciones Unidas. Proponemos, por contra, que nuestro Gobierno rectifique y que Israel juegue en Murcia a puerta cerrada para explicitar pública y oficialmente que no se trata de un equipo bienvenido en nuestro país.
Las acciones contra Israel que promueven diversos grupos solidarios, entre ellos la Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina, se enmarcan en la Campaña Global de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el Estado de Israel, lanzada ya en 2005 por la sociedad civil palestina y que ha adquirido dimensiones preocupantes para las autoridades israelíes especialmente a partir de la última campaña militar israelí contra Gaza a principios de este año.
La Campaña por el Boicot, las Desinversiones y Sanciones contra el Estado de Israel es una campaña global, no violenta y basada en el enfoque de derechos. Sólo reclama que Israel cumpla el derecho internacional que le compete en cuanto a finalizar con la ocupación militar de palestina, la construcción del muro, el sistema de discriminación racial, el asedio de Gaza y la negativa del derecho al retorno para los refugiados. Mientras esto no suceda, buscará la aplicación de medidas punitivas noviolentas que aumenten la conciencia de la sociedad civil respecto a los crímenes israelíes, manifestándose frente a las Embajadas culturales en el desarrollo de sus funciones. Su equipo nacional de tenis es sólo una de ellas.
Al igual que ha sucedido en anteriores visitas de equipos israelíes al Estado español, los partidos se encontrarán con protestas, siempre noviolentas y basadas en la defensa de los derechos humanos y el derecho internacional que Israel viola desde 1948. No pueden ponerles puertas al mar. No pueden conseguir nada blindando Murcia con agentes de seguridad israelí. Si los partidos tienen que jugarse, la sociedad civil se manifestará, como viene haciendo y como continuará haciendo, en defensa de la legalidad internacional. Como sucedió en Suecia y como sucederá allí donde los representantes del apartheid israelí, bajo su himno y su bandera, traten de lavarle la cara de su Estado, un Estado que debe ser sancionado y presionado a nivel internacional hasta que decida comportarse como una nación civilizada.
Súmense a la Campaña Global por el Boicot, Desinversiones y Sanciones al Estado de Israel, tal y como han propuesto la Sociedad civil Palestina y como ha recogido y multiplicado, hace pocas semanas, el Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas,“Hace veinte años jugamos un papel fundamental cuando nos sumamos a la sociedad civil y decidimos que era necesario aplicar sanciones para presionar de manera noviolenta a Sudáfrica. Hoy deberíamos seguir el ejemplo de una nueva generación de la sociedad civil que convoca una campaña noviolenta similar, para el Boicot, las Desinversiones y las Sanciones que presione a Israel”.

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La verdad de la ciudad iraquí con tantos bebés nacidos con deformaciones


04-09-2009
Sky News
uk.news
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Un doctor iraquí ha declarado a Sky News que la cifra de bebés nacidos con deformaciones en la zona de Faluya, que tan duros bombardeos ha padecido, sigue aumentando .
Hace quince meses, una investigación efectuada por Sky News revelaba que en Faluya cada vez estaban naciendo más niños con deformaciones. Había gran preocupación por ese aumento en tanto en cuanto podía estar vinculado con las armas químicas utilizadas contra la población por las fuerzas estadounidenses.

Hemos regresado allí r ecientemente para averiguar cuál es la situación actual y qué ha sido de los niños afectados que conocimos .
En mayo del pasado año, contamos la historia de una niña de tres años llamada Fátima Ahmed que había nacido con dos cabezas. Cuando la filmamos parecía un fardo inerte, yacía sin apenas poder respirar e incapaz de moverse.
Incluso ahora , cuando la miro, aunque hemos visto las fotos muchas veces, me sigo sintiendo conmocionada y profundamente apenada .
Los pronósticos sobre Fátima no eran nada alentadores y , como me temía, no consiguió alcanzar su cuarto cumpleaños.
Su madre, Shukriya, nos habló de la noche en que murió. Secándose las lágrimas, nos dijo que una noche dejó a su hija como siempre en la cama pero que se despertó con l a terrible sensación de que algo andaba mal. Nos dijo que siempre había presentido que su hija no viviría mucho , pero que su pena no fue por eso menor .
El padre de Fátima había tomado la manita de la niña entre las s uyas y la había encontrado fría. “Se ha ido”, le dijo a su consternada mujer.
Otra niña que conocimos el pasado año fue Tiba Aftan, que había nacido con una inmensa protuberancia en el rostro. Es aún casi un bebé pero su futuro parece más esperanzador porque han ido con ella a Jordania para que se la quiten.
La protuberancia había cubierto la mitad de la frente de Tiba y estaba invadiendo ya uno de sus ojos, haciéndose cada vez más grande.
Aunque la operación ha sido un éxito, Tiba necesitará más intervenciones pero ese viaje le costó a su familia hasta el último penique de sus ahorros.
Desde nuestra investigación or i gi n al, hemos ido acumulando un nuevo dossier de casos de niños que han nacido con deformidades en Faluya en los últimos ocho meses.
Hay una amplia gama de problemas, desde anormalidades en el abdomen a rostros desfigurados. También hemos visto fotos de todo tipo de fetos con deformaciones que no lograron sobrevivir.
No hay una explicación precisa en cuanto a qué es lo que ha causado las deformaciones y no hay cifras para comparar los casos con los de hace una década o más porque no se conservan los archivos de la época de Saddam Hussein.
Todas nuestras pruebas son anecdóticas, pero la gente nos repite que creen que las deformidades van unidas a los duros bombardeos sobre Faluya –un baluarte de la insurgencia sunní- llevados a cabo por Estados Unidos en 2004.
La gente quiere que se lleve a cabo una investigación independiente sobre el impacto de todos los tipos de armamento utilizados, incluido el controvertido fósforo blanco.
Desde que empezamos a hacernos eco de los llamamientos de ayuda del pueblo de Faluya , las cosas han ido a peor.
El Dr. Ahmed Uraibi, un médico especializado en pediatría de Faluya, nos dijo que el número de deformidades que había tenido que tratar durante este último año había aumentado.
El pueblo de Faluya quiere saber cuantos niños con deformidades es preciso que nazcan allí para que alguien se decida a escuchar, a tomar nota y a actuar.
Enlace con texto original:
http://uk.news.yahoo.com/5/20090901/twl-the-truth-of-iraq-s-city-of-deformed-3fd0ae9.html

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El juez estrella Garzón marca otro gol a la ya de por sí mermada democracia española


04-09-2009
Pablo A. Martín Bosch
Rebelión

Poner en duda que el reino de España sea una verdadera democracia o un Estado de Derecho homologable a otras de su entorno, o si se trata más bien de una dictadura blanda o disfrazada de cordero es algo que ya no se le escapa ni tan siquiera –aunque se deba más a motivos electorales y propagandísticos– a la tan manida “derechona” de Alfonso Guerra.

El PP ha venido denunciando en las últimas semanas el “estado policial” al que nos vemos sometidos por las supuestas escuchas a dirigentes del partido. No se quiere hablar de los intentos de infiltración del CNI en NaBai, y mucho menos de los fehacientemente demostrados actos de espionaje a formaciones como HB, hoy en día ilegales, pero con todos los derechos cuando se cometieron los delitos. Delitos que, por cierto, no tuvieron condena.

Dejo, pues, en manos del Partido Popular su denuncia a la falta de libertades en el reino. Les cedo esa lid, y sólo espero que su resultado sea de aplicación tan universal cual exige el cumplimiento de la Ley, que, si bien es dura, es Ley, y no pueda ser reinterpretada o reconducida ad hoc en función de los supuestos delincuentes a los que se deba aplicar –como se hizo con De Juana Chaos, del cual se afirmó que si tenía más delitos habría que inventárselos; o con la llamada Doctrina Parrot, de aplicar las condenas en su totalidad, sin atender a los beneficios penitenciarios; o el Caso Botín, que permite personarse a la acusación particular en unos casos y en otros no; o a la Ley Garaikoetxea, que prohíbe al presidente de una Comunidad (la CAV) estar empadronado en otra (CFN)–. ¿Se han dado cuenta de que ciertas Leyes del reino poseen nombre propio?

Así, desde la Ley de Extranjería, pasando por los cierres de medios de comunicación, leyes de excepción encubiertas y persecuciones de índole político –y no sólo judicial–, hasta la retirada de carteles pro-amnistía –algo que denunciamos como propio de la dictadura de Birmania, pero que sufrimos en nuestro país sin pestañear, la estancia preventiva en las cárceles durante años sin celebrarse juicio alguno, y un largo etcétera, el reino de España ha dejado de ser un Estado de Derecho incluso para la extrema derecha, eso sí, si toca la Justicia a sus peones.

Hoy en día la mesa Nacional de HB sigue encarcelada, representantes parlamentarios de EHAK se ven sometidos al enjuiciamiento y al pago de multas y fianzas de gran cuantía para evitar su paso por las prisiones del Estado. El delito de opinión se va extendiendo peligrosamente a lo largo de la geografía española, y la sospecha de connivencia con el terrorismo se amplía a sectores ajenos a la lucha armada.

A su vez, la Falange Española y el Cristo Rey renace con fuerza. Realizan pintadas, agreden a inmigrantes, destrozan mobiliario de las víctimas del franquismo, amenazan de muerte y actúan con total impunidad ante la indiferencia de las autoridades, que prefieren mirar hacia otro lado antes de tomar partido, si no aplauden sus reivindicaciones como respuesta “patriótica” frente a “amenazas” externas. El peligro del “pensamiento único” va tomando forma poco a poco, sin que nos enteremos y con el beneplácito de una población despolitizada.

En los últimos quince días se ha dado un nuevo paso en favor del Estado Autoritario de Derechas (fascismo). El Gobierno francés ha concedido y ejecutado la orden de extradición de la militante de ETA Maite Aranalde. No es cuestión plantear si dicha medida responde o no al derecho de asilo que le asiste a la detenida en éste caso, eso les corresponde a los jueces internacionales y no ha de ponerse en duda su imparcialidad.

El hecho es que Maite Aranalde es extraditada al reino de España, y es puesta en manos de una policía cuyas prácticas de torturas han sido repetidamente denunciadas por AI. El juez de instrucción de turno –Eloy Velasco– decide, vista la situación de la detenida, su caso y sus circunstancias, dejarla en libertad bajo fianza. La activista (o terrorista, como se prefiera) queda libre por decisión de un juez que interpreta las leyes.

A continuación, el juez estrella Baltasar Garzón decide que las medidas anteriores no le complacen –a él–, y propone su encarcelamiento inminente. La policía no la encuentra, la da por huída, y da orden de busca y captura. Hasta aquí nada extraño en un Estado de Derecho.

Pero el juez Garzón va más allá, y hace declaraciones en contra de su homólogo, Velasco, a quien acusa veladamente de favorecer la huída de la reclusa, sin mencionar que no estaba siquiera sometida a la vigilancia preceptiva por parte de la policía. La crítica la hace en los medios de comunicación –no en los órganos competentes de la Judicatura– dando así un doble mensaje: nadie se puede oponer a lo que él dicta, y él dicta la línea –política– que deben seguir los jueces en lo sucesivo. La crítica, así, pasa de ser judicial –que se debería dirimir en los órganos competentes– a política –lo que conlleva la identidad de los poderes político y judicial impropio de los Estados de Derecho–.

Si el Consejero de Interior del Gobierno Vasco (Ares) y el Ministro de Interior del Gobierno Español (Rubalcaba, el defensor de los GAL, tal y como denuncia el PP) han criminalizado la mera exhibición de carteles de solidaridad con los presos (no de apoyo o apología del terrorismo), ahora el juez Garzón aprieta la tuerca un poco más en favor del régimen fascista que se nos quiere imponer al politizar la Judicatura, que ya no atiende a la universalidad de la Ley, sino al capricho del gobernante.

¡Basta ya de arbitrariedades! ¡No al fascismo encubierto! ¡No a las Leyes de Excepción!

Pablo A. Martín Bosch (Aritz) es Doctor en Filosofía por la UPV/EHU, Licenciado en Filosofía por la UD, Licenciado en Antropología Social y Cultural por la UD, Especialista Universitario en Ciencia, tecnología y sociedad por la UNED.

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YEMEN: La guerra silenciosa




Huseyn Badr al-Din al-Huthi

Yahya Badr al-Din al-Huthi



Tras el 11S, el régimen yemení se ha plegado a las exigencias de la administración estadounidense en su “guerra contra el terror”, que en Yemen se ha traducido en un endurecimiento del control y de la seguridad. Quizás el mejor ejemplo haya sido el conflicto entre el régimen y el grupo de los Huthiyin, que iniciándose como un proceso de agitación y contestación política contra la invasión estadounidense de Iraq y contra el apoyo del gobierno yemení, se acabó convirtiendo en una guerra abierta que ha durado cuatro años.

En julio de 2008, el presidente yemení, Ali Abdallah Saleh, anunciaba “el fin de la guerra” y la intención de calmar la situación, quizás pensando en las elecciones legislativas previstas para abril de 2009. Puede que ciertamente sea el final, pero no hay que olvidar que este conflicto, que comenzó en 2004, ha conocido periodos de alto el fuego y cinco etapas de combates.
A partir de la invasión estadounidense de Iraq, las protestas por parte de la comunidad zaydí yemení contra la política de la administración Bush se dejaron oír en los lugares de culto, especialmente en la Gran Mezquita de la capital, Sanaa, en la que se gritaban eslóganes contra EEUU, contra Israel y, además, contra la corrupción del gobierno yemení, su política aliada de EEUU y su cooperación en la indiscriminada “guerra contra el terror”. El líder de estas protestas era un imam ex-parlamentario del Partido al-Haqq, promonárquico e islamista, Huseyn Badr al-Din al-Huthi, acusado de crear ilegalmente centros religiosos y formar un grupo armado Juventud Creyente (al-Shabab al-Muumin). Este grupo no reconocía el régimen republicano que había acabado en 1962 con el sistema del imamato zaydí que había regido el norte del país. Como consecuencia, al igual que tras la unificación de la República Árabe del Yemen y la República Democrática de Yemen, en mayo de 1990, y la posterior guerra civil (mayo-julio de 1994) el régimen endureció la represión contra las fuerzas políticas del sur, una década después el régimen comenzó a perseguir la contestación política surgida en algunos círculos del zaydismo, doctrina que, curiosamente, sigue el propio presidente. El régimen justificó esa represión con argumentos como que el grupo de al-Huthi había abandonado el zaydismo y abrazado, por influencia iraní, el shiismo duodecimano y que ideológicamente se había acercado a Hizbullah.
La organización Juventud Creyente surgió con la unificación del Yemen y el pluripartidismo político en 1990, cristalizó en 1994 y comenzó creando centros educativos de verano en los que se estudiaban ciencias religiosas de la doctrina zaydí, bajo la supervisión de ulemas zaydíes, en la gobernación septentrional de Saada, y a los que llegaban jóvenes procedentes de otras gobernaciones. Todo era legal en aquellos inicios, cuando no era más que un foro religioso, cultural y educativo sin relación alguna con la acción militar o política y que lo único que pretendía era preparar espiritual y culturalmente a los jóvenes y protegerlos de los “peligros” derivados de su politización, y que quizás surgió para frenar la expansión del pensamiento salafí en la zona de Saada de la mano del fundador del movimiento salafí en Yemen, el sheyj saudí Muqbil al-Wadi‘i.
La organización estaba dirigida por el sheyj Muhammad Yahya Salem Azzam. Sin embargo, el grupo de al-Huthi, cuya máxima autoridad residía en el ulema Badr al-Din al-Huthi, no creía en ese método educativo y comenzó a interferir en las actividades del foro hasta llegar a controlarlo, imponer una nueva jefatura y convertirlo en un grupo con ideología política y dispuesto a recurrir a la violencia. Las diferencias y la división interna surgieron a partir de 1996 centradas en el método educativo, hasta el punto de que los ulemas de Saada intervinieron en la revisión del método. Una sección, la de los fundadores, se inclinaba por ampliar los aspectos científicos y por el estudio del legado intelectual, mientras que otro grupo se centraba en las relaciones entre los estudiantes y la instrucción espiritual. Las diferencias estallaron en 1999 y tras negociaciones entre ambas partes se aceptaron cambios en al-Shabab al-Muumin, entre ellos ampliar sus actividades, de manera que los cursos de verano sólo serían una parte de sus actividades y de ellos se encargaría un grupo diferente cada año. En 2001, el grupo de al-Huthi se negó a devolver la administración de los centros al grupo de Azzam, violando el acuerdo al que habían llegado en 1999. Así, la ruptura interna quedó totalmente plasmada. Un año después, Huseyn Badr al-Din al-Huthi comenzó a lanzar sus eslóganes (¡Muerte a América y muerte a Israel!) para atraerse un mayor número de jóvenes y a radicalizarse. Entonces se sucedieron los conflictos entre las dos tendencias, la de Azzam y la de al-Huthi, por el control de los centros educativos, hasta que estalló el primer acto de la guerra con el gobierno en 2004. Azzam y sus seguidores rechazaron el enfrentamiento con el régimen, que quedó circunscrito a los seguidores de al-Huthi, tanto de dentro del al-Shabab al-Muumin como de fuera de la organización.
Según Muhammad Azzam, las diferencias también fueron ideológicas: los huthíes pensaban que bastaba con tener un imam que enseñara a la comunidad lo que ésta precisara, sin necesidad de estudiar El Corán o la Tradición del Profeta, bastaba con tener un imam, un jefe, un dirigente o un “modelo”, por ejemplo Huseyn al-Huthi quien se autocalificaba no como imam sino como “modelo” (qidwa).
Durante décadas, el Estado yemení ha sido incapaz de extender su autoridad a muchas zonas rurales, sujetas al control tribal, en un país en el que según las estadísticas hay entre 50 y 60 millones de armas; y tampoco ha podido ejercer un control sobre la educación religiosa. Las penurias económicas, el descontento social, la falta de identificación con el régimen o la política exterior del gobierno han empujado a muchos jóvenes hacia la contestación islamista al tiempo que el gobierno intentaba la no politización de los lugares de culto.
Cronología de una crisisEn 2004, estalló la crisis política en la provincia septentrional de Saada, fronteriza con Arabia Saudí y con unos 700.000 habitantes, entre la oposición y las autoridades gubernamentales cuando el disidente Huseyn al-Huthi encabezó un alzamiento contra el gobierno que fue respondido rápida y contundentemente por el ejército y la policía. Las autoridades clausuraron las escuelas religiosas a las que vinculaba con los actos de violencia.
La rebelión también traslucía un conflicto interno de la élite zaydí: el propio Presidente, Abdallah Saleh, es zaydí, aunque de una categoría inferior a la de Huseyn al-Huthi, que es un sayyed, es decir descendiente del Profeta, y por lo tanto podía poner en duda la legitimidad del Presidente. Al mismo tiempo, las críticas procedentes de círculos shiíes y sunníes sobre la no aplicación de la sharia, a pesar de ser la fuente de la legislación, se sumaban a esta “rebelión”. El grupo de al-Huthi decía luchar contra la discriminación sufrida y por la agresión del gobierno.
Todo comenzó como una contestación popular contra la invasión estadounidense de Iraq. Al-Huthi encabezaba esa protesta vertiendo duras críticas contra la administración Bush y contra la corrupción del gobierno yemení. El 4 de junio de 2004, al-Huthi y sus seguidores organizaron una manifestación ante la embajada de EEUU en Sanaa que fue duramente reprimida por las fuerzas de seguridad, provocando dos muertos, uno de ellos un adolescente. Este suceso marcó el inicio de la primera guerra entre el régimen y las milicias armadas del grupo al-Shabab al-Muumin, dirigidas por el sheyj Huseyn Badr al-Din al-Huthi, el 18 de junio de 2004 en la zona montañosa de Marran y en otras zonas de Saada.
Ese mismo mes, las fuerzas de seguridad asediaron a al-Huthi y a sus seguidores, tras fracasar la comisión de mediación propuesta por el Presidente para convencer a al-Huthi de que se entregara a las autoridades. Tres semanas después el régimen ofreció una recompensa de 54.000 dólares por la captura de al-Huthi, que en esos momentos contaba con unos 3.000 hombres armados. En tres meses de combate los muertos llegaban ya a 600, la mediación había fracasado y el Presidente, que intentaba reunir en torno suyo a los ulemas e imames, afirmó que al-Huthi se había desviado de los valores del islam y que sus ideas eran sectarias y racistas.
En septiembre de 2004, Huseyn al-Huthi murió, junto con su hermano Ibrahim, en la ofensiva lanzada por el ejército y el conflicto armado se interrumpió temporalmente. Debido a la imposición por parte del régimen de un rígido cerco informativo sobre lo que ocurría en Saada, las cifras de muertos eran meras conjeturas, aunque se hablaba entonces de unos mil muertos en esos tres meses.
En marzo de 2005 estalló la segunda guerra. Los “rebeldes” estaban dirigidos por Abdelmalik al-Huthi, hermano de Huseyn, apoyado por otro hermano, Yahya, y por Abdallah Aydh al-Razami y Yusuf Madani, mientras que el padre, Badr al-Din al-Huthi, ya octogenario, ejercía como guía espiritual. El gobierno respondió con artillería pesada y la cifra de muertos aumentó (400 en dos semanas, según Amnistía Internacional), centenares de personas fueron detenidas y cientos de escuelas religiosas cerradas. Dos meses después, el Presidente anunció que el líder de la rebelión renunciaba a la violencia y llamó a celebrar un diálogo nacional para pasar página. El líder militar de Juventud Creyente, Abdallah al- Razami, se rindió el 23 de junio de 2005 tras una mediación de líderes tribales, acogiéndose a una amnistía a cambio del cese de hostilidades. Esta segunda guerra acabó con una tregua entre ambas partes: en septiembre de 2005 el Presidente anunció una amnistía general a cambio de que entregaran las armas y bajaran de las montañas; así, fueron puestos en libertad varios cientos de seguidores de al-Huthi y el Estado se dispuso a pagar compensaciones a los afectados por los combates.
Esta tregua duró poco tiempo, ya que el 1 de noviembre de 2005 se reanudaron los enfrentamientos, la tercera guerra, que duraron hasta principios de febrero de 2006. La liberación de 627 rebeldes un mes después a cambio de afirmar su lealtad al gobierno y prometer buena conducta, contribuyó a una cierta distensión que fue rota por el gobierno el 18 de agosto de 2006, cuando el ejército lanzó un ataque con taques y artillería pesada contra posiciones de los huthíes.
Tras enfrentamientos esporádicos, la cuarta guerra se desencadenó el 27 de enero de 2007, cuando los militantes huthíes utilizaron lanzagranadas para atacar instalaciones gubernamentales en pleno proceso de las elecciones presidenciales. En febrero hubo mediaciones de imames de la zona y también de Qatar. Gracias a esa mediación, el 16 de junio de 2007 se firmó un acuerdo entre el gobierno y el grupo de al-Huthi que, aunque no puso fin a la violencia, incluía un alto el fuego y autorizaba a los huthíes a tener el control de grandes zonas de las que quedaba marginado el Estado. El acuerdo comprometía al gobierno a ejecutar un programa de reconstrucción con financiación extranjera, especialmente qatarí, a cambio de la entrega de las armas pesadas, del exilio temporal de los líderes de la revuelta y del reconocimiento por parte de los huthíes del sistema republicano. En virtud de este acuerdo los partidarios de al-Huthi podrían formar un partido político. El 9 de agosto, y mientras seguía habiendo cierta tensión entre ambas partes por la ralentización en la aplicación del acuerdo, Abdallah al-Huthi envió un mensaje de reconciliación al presidente yemení en el que comparaba la ideología del grupo con la de Hizbullah. Sin embargo, los enfrentamientos se reanudaron y se siguieron de forma esporádica, al tiempo que la comisión mediadora mantenía paralizadas sus actividades y el gobierno iba progresivamente concentrando cada vez más tropas en la gobernación.
El acuerdo de DohaHubo negociaciones para la aplicación del acuerdo en julio de 2007 pero llegaron a un callejón sin salida en noviembre, hasta el punto de que la delegación qatarí se retiró de las conversaciones. Sin embargo, a principios de febrero de 2008 Qatar acogió una nueva ronda de conversaciones tras la reanudación de los enfrentamientos. Las negociaciones culminaron en la firma de un nuevo acuerdo en Doha para su aplicación en junio, lo que provocó un revuelo en el Parlamento en el que la mayoría había votado por la solución militar del conflicto, por considerar que cualquier solución política mermaba la soberanía del Estado y por las sospechas generadas sobre el texto del acuerdo ya que en ningún momento se hicieron públicas las cláusulas del mismo. En virtud del Acuerdo, ambas partes se comprometían a su aplicación: retirada del ejército de las zonas habitadas, abandono por parte de los rebeldes de sus refugios en las montañas y la entrega de las armas; amnistía general que incluiría a todos los seguidores de al-Huthi, salvo los detenidos por delitos de sangre; se garantizaría el regreso a sus hogares; los rebeldes deberían liberar a los retenidos; Abdelmalik y sus seguidores podrían refugiarse en Doha a cambio de no realizar ninguna actividad política o informativa en contra del gobierno yemení. El gobierno se comprometía a reconstruir la gobernación y pagar compensaciones a los afectados por la guerra con ayuda financiera de Qatar; respetar la libertad de expresión y el derecho de los huthíes a crear un partido político, si bien Abdelmalik al- Huthi no ha mostrado un interés especial por la creación de un partido y sí por el cese de la represión política, intelectual, económica y de seguridad que sufre el grupo, al que no se le permite publicar sus libros, ni abrir sus escuelas religiosas.
Por otro lado, ambas partes se comprometían a no revelar los detalles del acuerdo. Ese acuerdo fue firmado por Abdelkarim al-Eriani, consejero político del Presidente, por el jefe de la zona militar del norte, el general Ali Muhsin al-Ahmar, y por el sheyj Saleh Hibra y Yahya al-Huthi en representación de los huthíes. A pesar de la firma, el ejército continuaba con acciones armadas, según denunció Abdelmalik al- Huthi el mismo mes de febrero.
El 21 de marzo de 2008, el gobierno yemení publicó el texto del acuerdo firmado en Doha el 1 de febrero de ese mismo año. En marzo, la Comisión encargada de la aplicación del Acuerdo proseguía sus esfuerzos para que se aplicara la cláusula referida al abandono, por parte del grupo de al-Huthi, de las zonas pactadas y la entrega de las armas pesadas y medias, y también el despliegue del ejército en las zonas abandonadas por los huthíes.
Pero en mayo de 2008 estalló la quinta guerra. En julio se puso en marcha una nueva comisión para resucitar el Acuerdo de Doha, tras un pacto entre el gobierno y los jefes tribales en medio de otras iniciativas para pacificar la zona encabezadas por jefes tribales de las gobernaciones de Saada y también de Amrán y de la zona de Bani Hashish próxima a la capital, a las cuales se había extendido el conflicto armado. La nueva comisión estaba formada por representantes de partidos de oposición, ulemas, parlamentarios, senadores y miembros de organizaciones de la sociedad civil.
El fin de la guerra El 17 de julio, el presidente yemení anunció el fin de las operaciones militares en la gobernación de Saada contra los “rebeldes huthíes”, prometiendo que la guerra no volvería a estallar de nuevo. Esta vez hubo un canal de comunicación directa entre Abdelmalik y el Presidente durante las semanas previas a la declaración. Según algunos analistas se llegó a ese acuerdo entre ambas partes porque el gobierno quería evitar a toda costa una posible injerencia saudí, ya que los rumores apuntaban a que el vecino del norte pretendía crear una especie de ejército popular en Yemen para combatir a los huthíes, lo cual podría representar un peligro para el gobierno yemení a corto o medio plazo. Quizás el Presidente puso fin a la guerra, para utilizar a los huthíes en su próximo enfrentamiento con la Agrupación al-Islah en las próximas elecciones. Además puede haber otros enemigos en perspectiva: las tendencias salafíes (lo que estaría bien visto por Occidente), la corriente liberal (ajustes de cuentas locales), el ejército (sustituir a la vieja jefatura, y de hecho la guerra contra los huthíes ha servido para destituir a un jefe militar de alta graduación que dirigió los combates en Saada).
El grupo de al-Huthi aceptó la propuesta porque incluía varias de sus peticiones: retirada de las tropas y alto el fuego, condiciones que permitirán al movimiento tomarse un respiro y recuperarse.
A principios de agosto el jefe de los huthíes, Abdelmalik Badr al-Din al-Huthi, envió un mensaje al presidente yemení que contenía el compromiso del grupo con los diez puntos impuestos por el presidente tras el anuncio del fin de la guerra:
Alto el fuego.
Apertura de los caminos, desactivación de las minas y entrega de las mismas al Estado.
Abandono de los refugios en las zonas montañosas, las granjas y las viviendas de los ciudadanos.
Poner punto final a las manifestaciones armadas y a las provocaciones en todas las provincias de la gobernación de Saada.
Entrega de armas medianas y pesadas al Estado.
Permitir el regreso de los desplazados.
Salida de los huthíes llegados a Saada procedentes de otras gobernaciones.
La entrega de los militares y civiles rehenes a las autoridades locales de Saada.
La devolución de los bienes saqueados durante la revuelta a las autoridades locales y a las fuerzas armadas.
Abdelmalik reconoce en el mensaje que el Estado es el único responsable de imponer la autoridad y la ley en la gobernación.
El grupo se comprometió entonces a preservar la seguridad, la estabilidad y la tranquilidad en la zona. Ya ha comenzado la liberación de presos huthíes y de rehenes, y tanto los huthíes como el ejército han empezado a retirarse de sus posiciones.
Las causas La crisis entre el régimen y el movimiento de los huthíes ha venido dada por motivaciones tanto políticas como religiosas. El grupo considera que la oposición que realiza su “organización cultural”, Juventud Creyente, al control estadounidense y contra Israel, manifestada en sus eslóganes le convirtió en objetivo de ataques y detenciones por parte del régimen, a pesar de que, según manifiesta el propio grupo, respetan la Ley y la Constitución. Acusan al régimen yemení de plegarse a las exigencias de EEUU. Así, su actividad militar es vista como una acción en defensa de sus bienes y posesiones. Piden más libertad doctrinal, y aseguran que el régimen les persigue porque representan políticamente a los hashemíes. Los enemigos de los huthíes les acusan de haber abandonado el zaydismo y haberse pasado a la shia duodecimana, argumento rechazado por los huthíes, que su referente ideológico es Hizbullah, a pesar de que este partido ha negado tener cualquier vínculo con los huthíes, y la revolución islámica iraní. Según los enemigos de al-Huthi, Huseyn Badr el- Din comenzó a cambiar su doctrina, del zaydismo al shiismo ducodecimano, prácticamente desconocido en Yemen, debido a las repetidas visitas que realizó a Irán. En cualquier caso, hay quien opina que Irán utiliza a al-Huthi y a sus seguidores para desestabilizar a un país como Yemen, aliado de EEUU, y también crear turbulencias en esa zona limítrofe con Arabia Saudí con quien las relaciones habían llegado a ser muy tensas, y también hay quien piensa que Yemen agita el fantasma de la influencia iraní en el norte del Yemen para obtener más ayudas de Arabia Saudí.
El régimen les ve como fuera de la ley, considera que se han rebelado contra el sistema republicano y que intentan imponer de nuevo el antiguo régimen del imamato, algo negado por la jefatura del movimiento.
¿Se trata de un conflicto ideológico? Es indudable la existencia de un trasfondo ideológico en el conflicto, dado que han mediado entre las partes personalidades políticas, parlamentarios de diferente signo, con propuestas del régimen como una amnistía general, las compensaciones por los daños y la renuncia a eslóganes como “Muerte a América y muerte a Israel”.
Pero también es cierto que el régimen optó por la solución militar, desoyendo las iniciativas presentadas por los ulemas zaydíes para solucionar los problemas de la gobernación de Saada, como se quejaba un ulema zaydí, el Doctor Murtada Zayd al-Mahturi, presidente del Centro Badr.
Los huthíes han justificado su alzamiento por la marginación que sufre la zona en lo que a proyectos de desarrollo se refiere. La guerra de cuatro años, con periodos de paz intermedios y cinco períodos de enfrentamientos armados, ha dejado tras de sí, según un primer estudio elaborado por la Comisión de Reconstrucción de la Gobernación de Saada creada por el consejo de ministros yemení, graves pérdidas: 4141 viviendas destruidas, total o parcialmente, 64 plantaciones de árboles frutales y 24 granjas avícolas han sufrido daños, 21 instalaciones gubernamentales se han visto afectadas total o parcialmente (escuelas, centros de salud, lugares de culto). Sobre pérdidas humanas no hay todavía datos oficiales, pero se habla de unos mil muertos y varios miles de heridos, entre soldados y civiles, y más de 55.000 desplazados internos, según el Comité Internacional de la Cruz Roja.
Tal vez, el régimen haya llegado a solucionar la crisis con los huthíes, pero le esperan otras: la ola de conservadurismo, manifestada en la creación de la Organización al-Fadila, una organización casi parapolicial encargada de velar por las buenas costumbres y que ha contado con la bendición de uno de los máximos dirigentes del islamismo yemení, Abdelmeyid al-Zendani; el enfrentamiento con la oposición, reagrupada en el Bloque del Encuentro Común (Takattul al-Liqa al- Mushtarak) que incluye al-Islah, el Partido Socialista, la Organización Unionista Popular Naserista (al-Tanzim al-Wahdawi al-Shaabi al-Naseri), la Unión de Fuerzas Populares (Ittihad al-Qiwa al-Shaabiyya) y el Partido de la Verdad (Hizb al-Haqq), y con el debate sobre la ley electoral y las elecciones legislativas previstas para el 2009 como caballo de batalla. A ello hay que añadir el reto que supone la presencia de células al-qaedistas y los disturbios en el sur como resultado del ostracismo al que han sido condenadas las fuerzas políticas sureñas y la cada vez mayor presencia de la corriente salafí en el país. Además, nada garantiza la estabilidad, el abandono definitivo de las armas y de la solución militar en Saada. Es más, hay una “tensión verbal” entre ambas partes que se acusan de incumplir el Acuerdo de Doha y quedan muchos aspectos pendientes: las compensaciones a los afectados, la retirada de las zonas montañosas y de las instalaciones estatales ocupadas por los huthíes, la reconstrucción y la recuperación de los servicios fundamentales prestados a los ciudadanos, la entrega del armamento pesado de los huthíes, la liberación de los rehenes y el esclarecimiento del paradero de los detenidos o desaparecidos (la Organización Yemení de Defensa de los Derechos y las Libertades asegura, en un comunicado del 19 de agosto, que hay 135 detenidos y varias decenas de desaparecidos desde que acabó la guerra).
Huseyn Badr al-Din al-Huthi nació en 1956 en la aldea de Al al-Sayfi, en la zona de Hydan, en la gobernación de Saada (240 kms. al noroeste de Sanaa), seis años antes de la revolución que acabó con el imamato. El imamato había gobernado el país como prolongación del Estado zaydí que pervivió once siglos y se había fundado en las montañas de Saada para posteriormente extender su influencia por el país. Perteneciente a una familia que remonta su linaje a los hashemíes (descendientes del Profeta), su padre, Badr al-Din al-Huthi, está considerado como una de las máximas autoridades de la shia zaydí en Yemen. Estudió en las escuelas sunníes de Saada que gestionaban los islamistas yemeníes que luego se transformarían, en 1990, en la Agrupación al-Islah, en la órbita de los Hermanos Musulmanes, aunque también recibió enseñanza religiosa de la mano de su padre y de los ulemas zaydíes. Después estudió Legislación Islámica y Derecho en la Facultad de Sharia de la Universidad de Sanaa, pero en 1992 se decidió por el activismo político y fue uno de los fundadores del Partido al- Haqq (La Verdad), partido de oposición creado por ulemas, intelectuales y jefes tribales pertenecientes a la corriente zaydí, que contó con el apoyo de otras fuerzas políticas para contrarrestar la influencia y poder de al-Islah, entonces aliado del partido gubernamental, el Congreso Popular General. En 1993 fue diputado por la gobernación de Saada, pero renunció a presentarse en las elecciones de 1997, dejándole paso a su hermano Yahya Badr al-Din, que se presentaba por el Congreso Popular General, un año después de que Huseyn, su padre y centenares de seguidores se dieran de baja del Partido al-Haqq. Se dedicó entonces a la gestión de la actividad del Foro al-Shabab al- Muumin (Juventud Creyente) y se trasladó a Sudán para cursar estudios de postgrado y doctorarse en Ciencias del Corán. Los que le conocieron dicen que era brillante, con amplios conocimientos islámicos pero con puntos de vista extremistas. En 2000 dimitió de la gestión de al-Shabab al-Muumin. En 2003, cuando comenzó a expandirse el activismo del grupo por diferentes ciudades yemeníes, empezó a encabezar manifestaciones y lanzar eslóganes en las mezquitas (Muerte a América y muerte a Israel) lo que provocó los primeros enfrentamientos con las fuerzas de Seguridad. Fue entonces cuando arrancó el proceso de radicalización, favorecido por la cada vez mayor intransigencia del régimen, lo que desembocó en el conflicto armado que estalló el 18 de junio de 2004. Huseyn Badr al-Din al-Huthi murió en la primera fase bélica del conflicto, en septiembre de 2004.
Yahya Badr al-Din al-Huthi, hermano de Huseyn, el primer dirigente de la revuelta, y de Abdelmalik, al actual líder del movimiento, es diputado por el Congreso Popular General, el partido gobernante, desde 1997. Desde finales de 2004 se encuentra exiliado en Alemania. En junio de 2008, el Parlamento decidió por segunda vez (la primera fue en febrero de 2007) retirarle la inmunidad parlamentaria para ser llevado ante la justicia. El Ministro de Justicia, en una nota dirigida al Parlamento, le acusó de participar en la creación de una banda armada, incitar a la revuelta armada, a desobedecer la Ley, a la rebelión contra el régimen, apoyar actos terroristas y de sabotaje en algunas provincias de la gobernación de Saada y de espionaje a favor de terceros países.
El Zaydismo es un movimiento shií que se separó de la corriente principal en el siglo IX después de la muerte del cuarto imam, Ali Zayn al-Abidin, ya que los zaydíes reconocieron como sucesor a su hijo menor, Zayd Ibn Ali, y no al hermano mayor Muhammad al-Baqir que fue aceptado por la mayoría como quinto imam. Zayd fundó su movimiento inicialmente en la ciudad iraquí de Kufa. Después de tomar parte en varias rebeliones shiíes encabezadas por los descendientes de Ali, en la segunda mitad del siglo IX los zaydíes fundaron dos Estados en regiones montañosas alejadas del poder central: en las montañas de la costa meridional del Mar Caspio y en las montañas septentrionales de Yemen, en la zona de Saada. Este último fue fundado en el 897 por el Imam al-Hayy. Aunque intentaron varias veces extender su dominio a otras regiones, a lo largo de su gobierno los imames lucharon, sobretodo, para defenderse de las otras dinastías (Abbasíes, Fatimíes, Ayyubíes y Mamelucos) sobreviviendo a todas ellas. Lucharon también contra los Otomanos, que invadieron el país en 1536, hasta expulsarlos en 1635 conquistando el sur del país y realizando la expansión territorial más amplia de su historia.
En el siglo XVII la capital se movió de Saada a Sanaa y los imames zaydíes siguieron gobernando Yemen como un Estado islámico aislándolo lo más posible de las influencias extranjeras. Los Otomanos invadieron de nuevo el país a mitad del siglo XIX pero nunca llegaron a completar la ocupación del norte, ya que en las áreas de influencia zaydí los imames conservaron su autonomía política y espiritual. El imam Muhammad (1891-1904) cambió el milenario imamato electivo por una dinastía hereditaria y su hijo, el imam Yahya (1904-1948), prosiguió la lucha de su padre contra los otomanos. El moderno Estado de Yemen adquirió su independencia en 1918 y el imam pudo gobernar todo el país. Los últimos años de su gobierno vivieron una fase de crisis, con el estancamiento de la economía, el aumento de la emigración y la formación de los “Yemeníes Libres”, un movimiento nacionalista en el exilio que en 1948 asesinó al imam. El alzamiento fue derrotado por su hijo, el imam Ahmad (1948-62) que venció otra revuelta en 1955. Con la muerte del imam Ahmad en 1962, un grupo de oficiales nacionalistas tomó el poder en Sanaa y proclamó la Republica Árabe de Yemen. Los monárquicos se solidarizaron con el imam al-Badr, el hijo de Ahmad que escapó de Sanaa, y estalló una guerra civil entre el gobierno republicano, apoyado por Egipto, y las tribus promonárquicas apoyadas por Arabia Saudí. Tras la retirada de Egipto, a raíz de la derrota de 1967 ante Israel, y tras varios magnicidios, en 1979 Ali Abdallah Saleh se convirtió en Presidente y consiguió reconciliar a los diferentes grupos. Aunque Yemen se había convertido en una República, el baluarte zaydí se mantenía en las montañas autogobernándose bajo el paraguas del gobierno central.
La cuestión de la sucesión del Profeta, el califato o el imamato, es el punto central de la separación entre zaydíes y sunníes. Los zaydíes consideran que el Profeta designó secretamente a Ali como su sucesor, así pues el nombramiento de Abubakr, primero, y Omar, después, como califas es considerado un acto de infidelidad. Cualquier descendiente de Ali puede ser elegido imam por sus meritos personales, no se reconoce esta figura como infalible, sino todo lo contrario, debe demostrar sus habilidades para gobernar, debe ser una persona íntegra, piadosa y valerosa, y si es injusto es legítima la rebelión para restablecer el derecho y la justicia.
FuentesBonnefoy, Laurent. “Entre pressions extérieures et tensions internes, un équilibre instable au Yémen”. Le Monde Diplomatique, Octubre 2006 http://www.monde-diplomatique.fr/2006/10/BONNEFOY/14054
Burgat, Francois. L´islamisme à l´heure d´Al-Qaida. Paris: La Découverte, 2005.
Fisas, Vicenc. Anuario 2008 de procesos de paz. Barcelona: Icaria Editorial, 2008.http://www.pangea.org/unescopau/img/programas/procesos/08anuarie.pdf
Leveau, Remy, Mermier, Franck y Steinbach, Ugo. Le Yémen contemporain. Paris: Karthala, 1999.
Sharp, Jeremy M.. “Yemen: Where is the Stability Tipping Point”. Arab Reform Bulletin, Julio 2008, vol. 6, nº 6.http://www.carnegieendowment.org/files/sharp2.pdf
Shuqayr, Shafiq. Al-Yaman…Azmat wa-tahaddiyyat (Yemen…crisis y desafíos). Shabaka al-Jazeera. Mayo, 2008.http://www.aljazeera.net/mritems/streams/2008/5/19/1_798017_1_51.pdfhttp://www.bippi.org/bippi/menu_left/conflicts/Yemen/Yemen.htm (el conflicto de Saada)http://www.yemennow.net/index.php?action=showNews&id=434 (texto del Acuerdo de Doha)
Observatorio Mediterraneo e Medioriente. Contributi di Istituti di Ricerca Specializzati, nº 19, enero-febrero-marzo, 2007.http://www.senato.it/documenti/repository/lavori/affariinternazionali/osservatoriomediterraneo/n.%2019.pdf
Páginas Web más utilizadas:
http://www.aljazeera.net/http://www.alarab.co.uk/http://www.alquds.co.uk/http://www.aawsat.com/http://www.jamestown.org/http://www.internal-displacement.org/http://www.alarabiya.net/http://www.alwasat-ye.net/http://forum.sh3bwah.maktoob.com/t63178.htmlhttp://www.alriyadh.com/http://www.middle-east-online.com/http://www.yemennow.net/

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Expertos advierten de que la escalada de tensión en Yemen no es aislada


Reuters/EP
Analistas internacionales advierten, una vez más, del gravísimo conflicto en Yemen entre Gobierno e rebeldes huthi el cual ha sido integrado por las autoridades de Saná dentro de un triple enfrentamiento entre el Ejército, los combatientes islámicos del norte y los secesionistas del sur del país, que ha causado hasta el momento miles de víctimas y más de 100.000 desplazados ante la incapacidad de la comunidad internacional para detener el derramamiento de sangre.

De momento, la tensión persiste entre el Gobierno yemení y los rebeldes chiíes huthi, denominados como Shabab al Muomineen (La Juventud Creyente) que a pesar del alto el fuego unilateral declarado este mes por el Ejecutivo del presidente yemení, Ali Abdulá Saleh, mantienen su ofensiva contra las autoridades, incrementando la inestabilidad en uno de los países más pobres de la península arábiga, que ve cómo sus reservas de petróleo se están agotando a gran velocidad, proporcionalmente a su explosivo aumento de población.
Los rebeldes, que operan resguardados en terreno montañoso, están liderados por Abdul Malek Al Huthi. Los huthi abrazan la rama zaydista del Islam, no excesivamente radical. En realidad, se declaran como un grupo nacionalista que lucha contra "la política de discriminación" de contra los ciudadanos del norte de Yemen, en la frontera con Arabia Saudí. Las autoridades acusan a los rebeldes de querer restaurar un régimen clerical como el que prevaleció en Yemen hasta los 1960.
"El Gobierno ha intentado relacionar las tres crisis, los secesionistas en el sur, los Huthis y Al Qaeda, como si fueran un eje doméstico del mal", según el experto de la universidad de Princeton, Gregory Johnsen, quien no advierte evidencia alguna de una posible conexión entre los rebeldes y la red terrorista internacional, salvo en algunas exhibiciones "puramente retóricas y de propaganda".
PROBLEMA HUMANITARIO
La provincia norte de Saada, cerca de la frontera saudí, es absolutamente inaccesible para todos los foráneos exceptuando a las agencias de ayuda. Todos los días, la población de la región vive atemorizada por el vuelo de los aviones de combate MiG durante sus misiones de bombardeo.
Son dos millones de personas cuya crítica situación rara vez sale a la luz dado el "apagón mediático" que impide conocer con precisión la escala de la violencia que tienen lugar diariamente en la frontera. Sólo se tiene constancia de vagas cifras que hablan de "centenares de muertos y heridos" en ambos bandos desde el reinicio de las hostilidades el mes pasado.
Naciones Unidas proporciona cifras de desplazados un poco más precisas. El pasado viernes anunció que más de 100.000 personas habían abandonado sus hogares, el prolegómeno de "una crisis humanitaria" en el país árabe, mientras los mediadores internacionales, con Qatar a la cabeza, parecen incapaces de poner fin al enfrentamiento.
La Unión Europea expresó esta semana su "preocupación" por la escalada de violencia en la región de Saada, y por el riesgo de que este conflicto se extienda al resto del país, por lo que instó a las partes implicadas a aceptar un alto el fuego "inmediato".
Y mientras, el Gobierno del presidente insistía esta semana en enviar refuerzos a la montañosa provincia de Saada para poner fin a lo que calificó de "guerra sistemática", que sólo el pasado domingo se cobró la vida de un centenar de rebeldes.
El ministro de Exteriores yemení, Abubakir Al Qirbi, acusa a los rebeldes de interpretar la declaración de alto el fuego del año pasado como un "signo de debilidad" que terminó desencadenando la última ronda de enfrentamientos. "Parece que han sido los huthis quienes han comenzado esta lucha, porque lo que menos necesita el Gobierno es otro conflicto con ellos", explicó, aduciendo el reinicio de los enfrentamientos a motivos puramente económicos. "Les hace falta dinero en efectivo (a los rebeldes)", indicó.
Los rebeldes yemeníes rechazaron este mes la oferta de alto el fuego presentada por el Gobierno y rechazó haber secuestrado a civiles, como se le acusa. El líder rebelde indicó que la oferta sólo tenía la intención de "incitar a error a la opinión pública", y acusó al Gobierno de no intentar buscar una verdadera solución al conflicto.
Al Huthi aseguró que su grupo "está comprometido con la opción de la paz", pero que "si las autoridades continúan con sus agresiones, la defensa propia es un derecho legítimo y sagrado". Asimismo, denunció que el Gobierno ha cometido "crímenes contra la Humanidad en las localidades de Saada".
Yemen anunció este mes seis condiciones para el establecimiento de un alto el fuego entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes chiíes que operan en el norte del país árabe, según anunció el Consejo Supremo de Seguridad yemení.
Las condiciones para la tregua en la provincia montañosa de Saada (norte) incluyen la retirada de los rebeldes de todos los distritos de esa provincia, la retirada de todos los puestos de control que dificultan el movimiento de los civiles y la clarificación del destino de los extranjeros que han sido secuestrados.
RECONSTRUCCIÓN INTERRUMPIDA
El Gobierno mantiene que, durante el período en vigor del alto el fuego, ha evitado en la medida de lo posible enfrentarse a los rebeldes. Y sin embargo, los analistas denuncian que el presidente ha ignorado las peticiones de la comunidad internacional para que detenga los bombardeos sobre el norte del país, que son ineficaces en su mayor parte ya que lo único que hay al descubierto en Saada son poblaciones civiles.
Además, ciertos oficiales yemeníes han responsabilizado, siempre desde el anonimato, al Gobierno iraní de apoyar a los rebeldes huthi. Irán, a su vez, responsabiliza a las Fuerzas Aéreas saudíes de atacar por aire a los rebeldes.
Tanto Teherán como Riad han negado estas acusaciones. De hecho, el Gobierno iraní solicitó el pasado lunes que se alcanzara una solución política al conflicto, que calificó de "problema interno de Yemen".
Dicho enfrentamiento tiene sus raíces históricas en 1962, cuando es derrocado el imamato zaydi. Desde entonces se han registrado en el país tensiones sectarias entre los chiíes zaydi y los salafistas suníes inspirados, y presuntamente financiados, por Arabia Saudí. Para complicar la situación, el propio presidente Saleh profesa la rama zayidi. Este nexo con los rebeldes no le impidió, en 2004, dar caza y muerte al entonces líder de los rebeldes, Hussein al Huthi, lo que desembocó en nuevos episodios de violencia.

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El Departamento de Estado financia jóvenes venezolanos para hablar mal de Chávez en EEUU


04-09-2009
Eva Golinger
Rebelión
En medio de una campaña internacional contra el Presidente Chávez, realizada por la extrema derecha desde Colombia y con el apoyo de Washington, el Departamento de Estado ha organizado y financiado un viaje de ocho jóvenes políticos venezolanos a EE.UU. para denunciar al gobierno venezolano y estrechar los vínculos entre jóvenes republicanos de ese país y la derecha venezolana.

Los ocho jóvenes venezolanos han sido seleccionados por el Departamento de Estado como parte del programa “La Democracia para los jóvenes líderes políticos” un proyecto del programa de intercambio “Líderes Visitantes Internacionales - Venezuela”, lo cual es utilizado por el gobierno de Washington para captar y formar actores políticos que luego promoverán la agenda norteamericana en Venezuela.
La visita a Estados Unidos, en la cual los jóvenes venezolanos estaban acompañados por representantes del Departamento de Estado, era de tres semanas, del 17 de Agosto hasta el 4 de Septiembre, y visitaron diferentes ciudades del país para realizar reuniones con grupos e instituciones políticas, además de medios de comunicación y agencias de Washington. El programa Líderes Visitantes Internacionales del Departamento de Estado fue creado como parte de una iniciativa de propaganda de Washington, con el objetivo de reclutar voceros y actores políticos internacionales dispuestos a promover la agenda imperial. Durante el program, los participantes asistieron a talleres de formación conducidos por representantes políticos de EE.UU. en democracia representativa, libertad de prensa (según EEUU), y fortalecimiento de partidos políticos y liderazgo, entre otros temas.
Pero este viaje en particular viene durante un momento en que la derecha internacional junto a Washington está ejecutando una campaña sucia contra el gobierno venezolano y la revolución bolivariana, con énfasis en la figura del Presidente Chávez. En ese contexto, los jóvenes venezolanos, pagados y acompañados por el Departamento de Estado durante su visita, dieron declaraciones a la prensa estadounidense, atacando, denunciando e intentando desacreditar al Presidente Chávez y las políticas del gobierno venezolano. Uno de los estudiantes venezolanos, Gabriel Alejandro Gallo Garrido, Director y Coordinador del Parlimento Nacional Estudiantil del Distrito Capital, declaró a la prensa de EE.UU que “Nosotros [en Venezuela] no sabemos como funciona una democracia…el modelo socialista del Presidente Hugo Chávez es un chiste, y el [Chávez] miente cuando dice que garantiza la atención médica y la salud para todos los ciudadanos…Los médicos cubanos no son especialistas y sólo dan atención preventiva”.
También José Igancio Cayetaño Güedez Yépez, jóven Vicepresidente del partido Un Nuevo Tiempo en el Estado Lara, declaró a la prensa estadounidense que “Estados Unidos tiene el mejor modelo de democracia en el mundo…por lo menos tienen un sistema…en Venezuela para alguien como yo que se opone a Chávez, no tenemos nada…”
La visita de los jóvenes venezolanos apoyados por el Departamento de Estado viene justamente cuando la oposición venezolana está intentando promover la desestabilización nuevamente en el país con la intención de atraer la atención internacional. Han realizado varias protestas violentas contra la recién aprobada Ley Orgánica de Educación y una marcha con el título “NO MÁS CHÁVEZ” que busca incitar al odio, la violencia, la desestabilización y el magnicidio contra el Presidente Chávez.
Es de alta preocupación que a éstas alturas el Departamento de Estado abiertamente está financiando a jóvenes de la oposición venezolana para ir a Estados Unidos y hablar mal de su país y su presidente. De hecho, es un acto que convierte a éstos ocho muchachos en agentes de Washington, ejecutando una campaña de desestabilización contra el gobierno venezolano financiada por el Departamento de Estado. Los jóvenes venezolanos también han estado promoviendo la marcha NO MÁS CHÁVEZ desde Estados Unidos durante su visita. Este vínculo confirma sin duda que Washington actualmente está detrás de la campaña internacional para satanizar al Presidente Chávez y promover odio, violencia y magnicidio en su contra. Adicionalmente, confirma que el Departamento de Estado sigue financiando activamente al movimiento estudiantil de la oposición en Venezuela y el partido político Un Nuevo Tiempo. Estas dos organizaciones son los principales promotores de la desestabilización en el país.
Los ocho jóvenes venezolanos financiados por el Departamento de Estado en esta ocasión incluyen a Zaimar Yulieth Castillo Carvajal, Secretaria de Asuntos Inter-Institucionales de la Federación de Estudiantes de Derecho de Venezuela (FEDEVE); Gabriel Alejandro Gallo Garrido, Director y Coordinador del Parlimento Nacional Estudiantil por el Distrito Capital; José Ignacio Cayetano Guedez Yépez, Vicepresidente de Un Nuevo Tiempo en el Estado Lara; Angel de Jesús Paredes Monsalve, Miembro del Consejo de Estudiantes de Ciencias Políticas, Universidad de los Andes; Victor Martin Pérez Moreno, Líder Fundador y Coordinador del Movimiento Estudiantíl en la Universidad de Oriente; Anais de los Ángeles Plaza Izquierdo, Coordinadora de Organización del Movimiento Estudiantil Nacional, Un Nuevo Tiempo; Danny Alejandro Ramirez Contrera, Asesor, Programa Especial de Seguridad, San Cristóbal, Estado Táchira; y Aimara Tibisay Rivas Palacios, Asistente Presidente de la Federación de Centros Estudiantiles Universitarios de la Universidad de los Andes, Mérida.

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La Mayoría de Estadounidenses se Opone a la Guerra de Afganistán


02/09/2009
http://www.almanar.com.lb/NewsSite/NewsDetails.aspx?id=101681&language=es

Un 57% de los estadounidenses se oponen ahora a la guerra de Afganistán y un 40% la considera inganable, según una encuesta publicada por la CNN el martes.
La encuesta mostró niveles record de oposición al conflicto, que se prolonga ya durante ocho años, en un momento en que el presidente de EEUU, Barack Obama, lucha para revigorizar la estrategia y ampliar el apoyo de la opinión pública a la guerra.

La Casa Blanca ha reconocido que la situación en Afganistán es “seria”, pero ha insistido en que el éxito se puede lograr. Según la encuesta, que ha sido encargada por la CNN, el 40% de los 1.010 norteamericanos entrevistados no comparten ese optimismo y señalan que la guerra no puede ser ganada. Éste es la última de una serie de malas noticias para la Administración Obama, que ha sido fuertemente criticada por los legisladores por no lograr conseguir un respaldo popular para la guerra.

En julio, el 54% de los encuestados dijeron que estaban contra la guerra, lo que supuso una caída del 46% con respecto al mes de abril. Se espera que Obama reciba pronto un informe de sus jefes militares de campo sobre cómo proceder en el conflicto, que él ha calificado como el más vital en la lucha de EEUU contra el “terrorismo.”

En julio, el 54% de los entrevistados dijeron que estaban en contra de la guerra, lo que suponía un incremento con respecto a abril, cuando dicho porcentaje fue del 46%. Se espera que Obama reciba un informe de sus jefes de campo sobre como proceder en el conflicto que él ha calificado de “el más vital en la lucha de EEUU en contra del terrorismo.” La encuesta fue realizada en los cuatro últimos días de agosto y tiene un margen de error de un 3%.


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