viernes, 28 de mayo de 2010

Irán: el otro vertido de petróleo de Obama


29-05-2010
Pepe Escobar
Asia Times Online
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan debía reunirse con el presidente brasileño Luis Inacio Lula da Silva este jueves en Brasilia. Por mucho que el gobierno de Barack Obama haya estado moviendo montañas para perjudicar el acuerdo de intercambio de combustible nuclear iraní negociado por Brasil y Turquía, ambos dirigentes (y aliados de EE.UU.) están lejos de abandonar.

Puede que la tarea sea muy difícil, pero su caso ha resonado por gran parte del mundo; si no fuera por la intervención de dos potencias emergentes y mediadores, Irán nunca habría aceptado lo que en realidad era una propuesta ligeramente modificada de EE.UU. hecha en octubre de 2009.

En términos del acuerdo, Irán se compromete a enviar la parte principal de su uranio bajamente enriquecido (LEU, por sus siglas en inglés) a Turquía para ser almacenada hasta que una masa equivalente de uranio altamente enriquecido sea entregada a Irán, en apariencia por Rusia y Francia, más barras de combustible nuclear a ser utilizadas en un reactor médico.

Con la vista puesta en la dominación de espectro completo, el control de Eurasia y el cambio de régimen en Irán, el gobierno de Obama ha perdido el control del expediente nuclear iraní, y Brasil y Turquía colmaron la brecha al lanzarse por la pista diplomática. La verdadera “comunidad internacional” ha interpretado la secuela por lo que es –Washington que sabotea la emergencia de una diplomacia global independiente, no centrada en EE.UU., y ataca preventivamente tanto a Brasil como a Turquía, esas molestas “amenazas” al principal ‘club platino’ de potencias.

¿Quién busca la confrontación?

Obama envió una carta a Lula a fines de abril en la que dice que seguirá presionando por más sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a menos que Irán abandone todo su enriquecimiento de uranio (al cual tiene derecho según el Tratado de No Proliferación Nuclear (TPN); EE.UU. ha intentado enérgicamente de modificar posteriormente el TPN). La carta –no filtrada en su integridad– confirma la versión del gobierno brasileño de que el acuerdo realizado en Teherán correspondió a los pedidos de Washington.

Esta semana, Lula envió otra carta a Obama, en la que subraya que Irán aceptó “por escrito” lo que otrora fue rechazado, y que nuevas sanciones del Consejo de Seguridad sólo debilitarían la posibilidad de un acuerdo general negociado. Lula sugiere que todos los protagonistas debieran esperar el momento oportuno antes de cualquier votación sobre sanciones. Cartas similares fueron enviadas al presidente ruso Dmitry Medvedev y al presidente francés Nicolás Sarkozy.

Por más que Lula y Erdogan saben que EE.UU. tienen el poder para convertir en cenizas con sus bombas sus esfuerzos diplomáticos, simplemente no pueden echar marcha atrás. También puede surgir peligro desde Irán. Después que Irán notificó oficialmente al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) esta semana del acuerdo de intercambio de combustible nuclear, Ali Larijani, portavoz del parlamento iraní, no pudo ser más claro. Irán no ratificará el acuerdo a menos que sea aprobado por los 15 miembros del Consejo de Seguridad, y no se impongan más sanciones.

La semana pasada, el ministro de exteriores brasileño Celso Amorim dijo: “Colocamos el balón en el área del gol, pero el gol lo tendrán que meter los miembros permanentes del consejo y los representantes del OIEA”.

El problema es que Washington no quiere participar en el juego. Tampoco quieren hacerlo los medios corporativos de EE.UU. Titulares de confrontación van desde “El papel de enfrentamiento de Turquía sobre Irán molesta a aliados” (Associated Press) a “Occidente resta importancia al gesto de Irán, insiste en campaña de sanciones” (Reuters). Para no mencionar un informe del New York Times que criminaliza a Lula por ser diplomático (“Acuerdo en Irán visto como mancha en el legado de dirigente brasileño”).

El poderoso lobby por la guerra en Washington, con toda su miríada de ramificaciones, no quiere ningún acuerdo con Teherán. Neoconservadores fracasados, aliados con el poderoso Lobby de Israel, quieren volver a los tiempos de George W. Bush, con Irán como un miembro acreditado del “eje del mal” destinado a ser conmocionado y empavorecido. Algunos sujetos en el Pentágono quieren abrumadoramente por lo menos sanciones duras. Los realistas y el ala izquierda del Partido Demócrata están en la minoría –a favor de negociaciones.

Mientras tanto, Obama se ahoga en el propio vertido de petróleo de su gobierno –cuando Hillary ‘dominatrix’ Clinton, su secretaria de Estado, (vea “Irán, Sun Tzu y la dominatrix”, Rebelión, 27 de mayo de 2010) y el supremo del Pentágono Robert Gates fueron soltados para que siguieran martillando el sonsonete (falso) de que Irán es un desafío importante para la seguridad de EE.UU.

Bajo la presión del ciclo permanente de noticias, pocos recordaron cómo Obama, a comienzos de 2009, quería emprender negociaciones directas con Irán. La lógica es ahora una campaña general por sanciones como medio para apaciguar al gobierno de Benjamin Netanyahu en Israel, (tal vez) impedir que realice un bombardeo unilateral de las instalaciones nucleares iraníes, y como señuelo para negociaciones sobre Palestina. En pocas palabras, es lo que pasa con la política del gobierno de Obama respecto a Irán.

La ruleta rusa

Otra fuente de desconcierto generalizado es lo que se propone realmente Rusia con su apoyo al actual borrador de resolución de sanciones en el Consejo de Seguridad. El analista ruso Konstantin Makiyenko dijo la semana pasada que otra vuelta de sanciones torpedearía la cooperación militar-técnica entre Irán y Rusia, incluida la entrega a Irán de misiles tierra-aire S-300. “El primer contrato para la entrega de los sistemas de misiles de defensa aérea Tor M-1 fue firmado en 2006, y para entregas del S-300, en 2007, pero el contrato todavía no ha sido cumplimentado. Rusia habla de problemas técnicos.”

Sin los S-300 le sería mucho más difícil a Irán contrarrestar un posible ataque israelí. Diplomáticos occidentales insisten en que Moscú ha dado garantías privadas de que no entregará los S-300 a Irán. Lo probable es que esté demorando la entrega como peón en una negociación con tanto EE.UU. como Irán. Especialmente el gobierno de Obama está tocando todos los registros para seducir a los rusos. La semana pasada, EE.UU. suspendió una prohibición de comercio para cuatro fabricantes rusos de armas –como lo había solicitado Moscú. Por otra parte, la primera estación de energía nuclear de Irán, la planta construida por los rusos en Bushehr, finalmente hará partir su reactor en agosto –a pesar de la alarma de Washington.

Podría decirse que China y Rusia –ansiosas propugnadoras de un mundo multipolar– permitirán que las tácticas duras del gobierno de Obama triunfen en el Consejo de Seguridad por sobre el camino diplomático de Brasil y Turquía. Esto se agrava por el antagonismo suscitado por el gobierno de Obama en Brasil y Turquía. Las elites de Washington simplemente no pueden soportar el hecho de que Brasil trate de posicionarse para competir con EE.UU. como mediador en Oriente Próximo. Árabes, persas, palestinos pueden oler a un buen mediador en cuanto lo ven.

El panorama global es aún más suculento. Tiene que ver con la selva tropical amazónica y las enormes reservas de petróleo halladas recientemente en el sudeste de Brasil –que, a juicio de los militares brasileños– son magnetos para los propósitos imperiales de EE.UU. Brasil está invirtiendo fuertemente en la modernización de su complejo industrial-militar fuera de la esfera de Washington –comprando de Francia y Rusia, incluida la transferencia de tecnología.

Las fuerzas militares brasileñas se introducen en la zona del Amazonas como una manera de contrarrestar las nuevas bases militares de EE.UU. en Colombia. No es exagerado imaginar un escenario a largo plazo de un inevitable rumbo de colisión entre EE.UU. y Brasil centrado en la inmensa riqueza natural de la zona del Amazonas.

Mientras tanto, el hecho –notado por el mundo en desarrollo– es que el Premio Nobel de la Paz Obama apuñaló en la espalda tanto a Lula de Brasil como a Erdogan de Turquía al torpedear el acuerdo con Irán mediante la presentación de un borrador de resolución para una cuarta vuelta de sanciones de las Naciones Unidas contra Irán, después de hacer que ambos aliados tomaran un inmenso riesgo y pusieran en juego su prestigio por su cuenta.

Todo esto a cambio de un paquete de sanciones totalmente diluido que no hará absolutamente nada por cambiar la conducta del régimen iraní (para no hablar del “cambio de régimen” en sí). ¿Quién gana? Los neoconservadores fracasados, el Lobby de Israel y los fanáticos de la dominación de espectro completo. Irán es ahora el gemelo político del vertido de petróleo del Golfo.

Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Acaba de publicar su nuevo libro “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com