
04-06-2010
Alain Gresh
Le Monde Diplomatique
Traducido para Rebelión por LB
El asalto realizado por el ejército israelí en la madrugada del 31 de mayo a la flotilla de buques que transportaba ayuda humanitaria a Gaza habría provocado una veintena de muertos. El ataque se produjo en aguas internacionales y ha suscitado numerosas condenas, incluyendo las de los países europeos y las del gobierno francés. Bernard Kouchner ha declarado que "nada puede justificar el uso de semejante violencia, que condenamos". Varios países, entre ellos Suecia, España, Turquía y Francia, han llamado a consultas al embajador israelí. Grecia ha suspendido unas maniobras aéreas que tenía previsto desarrollar con Israel y ha cancelado una visita del jefe de la Fuerza Aérea Israelí.
Por supuesto, estas condenas son bienvenidas. Sin embargo todavía hay algunas personas que se atreven a buscar justificaciones a la acción israelí. Así, el portavoz de la UMP, el inefable Frédéric Lefebvre ha dicho, según AFP, que su partido "lamenta" los muertos, pero ha denunciado las “provocaciones” de “quienes se llaman amigos de los palestinos”.
La víspera del ataque militar, haciendo gala de una clarividencia que forma parte de sus innumerables cualidades, Bernard-Henri Levy dijo en Tel Aviv: "Nunca he visto un ejército tan democrático y que se plantee tantas cuestiones morales”. (Haaretz.com, 31 de mayo). Es cierto que durante la guerra de Gaza nuestro filósofo, encaramado a lomos de un tanque israelí, entró pavoneándose en territorio gazatí. En respuesta al ataque de hoy, Levy lo ha calificado, según refiere AFP, como "estúpido", porque amenaza con empañar la imagen de Israel. Ni una sola palabra de condena, ni una palabra de condolencia por los muertos...
La única pregunta pertinente ahora es qué precio deberá pagar el gobierno israelí por su crimen. Durante años la ONU ha adoptado decenas de resoluciones ("Resoluciones de la ONU que Israel no ha respetado”, Le Monde diplomatique, febrero de 2009), la Unión Europea ha votado infinidad de textos exhortando a Israel a cumplir el derecho internacional, o simplemente la legislación humanitaria, levantando, por ejemplo, el bloqueo de Gaza. Estos textos no tienen nunca ninguna consecuencia práctica. En lugar de ello, la Unión Europea y los Estados Unidos recompensan a Israel.
Esto quedó demostrado la semana pasada con la admisión de Israel en la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), y con la visita a Francia del Primer Ministro israelí Netanyahu para asistir a la entronización de su país. Como señaló un comunicado de la Asociación Solidaridad Franco-Palestina (AFPS) del 30 de abril ("¿Israel en la OCDE? Un duro golpe contra la paz!"), esta adhesión equivale a aceptar la inclusión de Cisjordania y los Altos del Golán en el "perímetro" de Israel. El hecho de que a los pocos días Israel se haya permitido atacar a la Flotilla de la Paz confirma que ese Estado interpreta esos gestos de cortesía como una carta blanca para sus acciones.
Ese fue el caso en diciembre de 2008. Entonces fue la Unión Europea la que decidió "aumentar" las relaciones bilaterales con Israel, otorgando a ese Estado privilegios de los que hasta entonces sólo disfrutaban unas pocas grandes potencias. Pocos días después los tanques israelíes se lanzaron al asalto de Gaza y cometieron con total impunidad "crímenes de guerra" y "crímenes contra la humanidad".
Richard Falk, enviado especial de la ONU para los Territorios Ocupados, escribió en Le Monde Diplomatique (marzo 2009) un texto titulado "Hay que llevar al banquillo a los responsables de la agresión contra Gaza". Unos meses más tarde, la Comisión de la ONU presidida por el juez sudafricano Richard Goldstone entregó sus conclusiones. Resultaron devastadoras para Israel, aunque tampoco eximían a Hamás. El texto del informe Goldstone confirma que fue efectivamente el ejército israelí el que rompió el alto el fuego, y arrojó luz sobre los crímenes cometidos. Este texto confirmó muchos de los informes ya publicados por Amnistía Internacional y Human Rights Watch.
Estos textos no han dado lugar a ninguna sanción contra el Gobierno israelí. Uno de los argumentos esgrimidos para justificar esta inacción es que los hechos denunciados han sido objeto de investigaciones serias por parte de Israel, extremo que desmintió de forma argumentada el abogado Sharon Weill en Le Monde Diplomatique (septiembre 2009, "Desde Gaza a Madrid: el asesinato selectivo de Salah Shehadeh”).
Además se está desarrollando en Israel una ofensiva sin precedentes contra las organizaciones defensoras de los derechos humanos, tanto internacionales como israelíes, consideradas ahora como una amenaza estratégica para el Estado israelí a la que sólo supera en importancia la amenaza de Irán, Hamas e Hizbulá. Una auténtica campaña de deslegitimación de esas organizaciones se está llevando a cabo a través de grupos apoyados por el Gobierno y la extrema derecha israelíes, tales como NGO Monitor (Monitor de ONG). Paralelamente, se está librando una guerra de propaganda para justificar lo injustificable (véase Dominique Vidal, "Cuanto más grande es la mentira…”, Le Monde Diplomatique, febrero de 2009). En semejante contexto apenas sorprende que los soldados israelíes consideren a los militantes que transportan suministros a Gaza como "terroristas" y los traten como a tales.
¿La impunidad continuará, o algunos gobiernos se atreverán a adoptar medidas para sancionar a Israel, para hacer comprender a su Gobierno (y a su gente) que su política tiene un precio, que la represión tiene un precio y que la ocupación tiene un precio?
Dentro de la Unión Europea París podría sugerir a sus socios suspender el Acuerdo de Asociación en virtud del artículo 2, que establece explícitamente que Israel está obligado a garantizar la protección de los derechos humanos (léase Isabelle Avran, "Los retrasos de la UE con respecto a Israel”, La Valija diplomática, 25 de junio de 2009).
Francia podría adoptar tres medidas desde ahora mismo, sin esperar a llegar a un acuerdo con sus socios europeos:
- En primer lugar –y en estricto cumplimiento de la legalidad y de las decisiones de la Unión Europea–, iniciar una campaña para determinar el origen de los productos israelíes exportados a Francia, y prohibir (no sólo gravar) la importación de productos procedentes de los asentamientos;
- En segundo lugar, declarar que la instalación de colonos en los territorios palestinos ocupados es inaceptable y que tales colonos quedarán sujetos a un régimen de visado si desean viajar a Francia, una medida muy fácil de aplicar a partir de las direcciones de las personas que desean visitar nuestro país;
- Por último, decretar que los ciudadanos franceses que hagan su servicio militar en Israel no están autorizados a servir en los territorios ocupados, y que si colaboran con las acciones de un ejército de ocupación pueden sufrir consecuencias penales.
Bernard Kouchner ha anunciado que no hay ningún ciudadano francés entre los muertos de la flotilla humanitaria. Pero ¿sabe acaso si hay ciudadanos franceses entre los responsables de ese crimen?
Fuente: http://blog.mondediplo.net/2010-05-31-Israel-l-impunite-jusqu-a-quand
jueves, 3 de junio de 2010
¿Hasta cuándo la impunidad de Israel?
miércoles, 21 de abril de 2010
Elie Wiesel el impostor y Jerusalén

21-04-2010
Alain Gresh
Traducido para Rebelión por Juan Vivanco Gefaell
En una publicidad titulada «For Jerusalem» y publicada en el International Herald Tribune (16 de abril de 2010), Elie Wiesel, premio Nobel de la Paz, vuelve a las andadas. El texto afirma abiertamente que «Jerusalén está por encima de la política». Lo cual, para el autor, significa que debe… seguir siendo israelí.
Según Wiesel, la presencia de la ciudad en la historia judía es apabullante, pues se menciona «600 veces en las escrituras y ni una sola vez en el Corán». Aparte de que esta afirmación es discutible (no voy a entrar ahora en una interpretación del texto coránico), no vemos a santo de qué la mención de una ciudad en un texto que tiene varios miles de años de antigüedad puede otorgar a alguien un derecho de propiedad. Porque entonces habría que volver a trazar las fronteras de Europa con arreglo a los textos latinos de la Edad Media o los textos griegos de la Antigüedad.
«No hay plegaria más emotiva en la historia judía ―prosigue Wiesel― que la que expresa nuestro [de los judíos] deseo ardiente de volver a Jerusalén». Esta interpretación política de un rezo no tiene ni pies ni cabeza. Durante siglos, los judíos practicantes pronunciaron, efectivamente, esta plegaria, pero sin intención de llevarla a cabo. Hasta 1948 los judíos podían ir a Jerusalén (a algunos los enterraban allí). Sólo cuando surge el movimiento sionista pasa a ser una meta política. Como escribe acertadamente Gilles Perrault en su biografía de Henri Curiel, Un homme à part (ed. Fayard), «a excepción de la minoría sionista, nadie sentía la necesidad de un Estado judío, ni de salmodiar “el año que viene en Jerusalén”, cuando bastaba con subirse al tren de las 9.45 para viajar hasta allí».
«Hoy en día ―prosigue Wiesel―, por primera vez en la historia, judíos, cristianos y musulmanes pueden celebrar sus ritos religiosos libremente. Y, pese a ciertas afirmaciones de los medios, judíos, cristianos y musulmanes TIENEN [en mayúsculas] autorización para construir sus casas en cualquier parte de la ciudad.»
No hay otra forma de decirlo: es una mentira infame. No sólo se impide constantemente el acceso de los cristianos y los musulmanes a sus santos lugares, no sólo se les niega el derecho a construir en Jerusalén, sino que se derriban sus casas, como han reconocido un sinfín de informes de distintas organizaciones, pero también los gobiernos. Incluso Estados Unidos se ha molestado por la destrucción de casas árabes («U.S. furious over Israel’s demolition of East Jerusalem homes», por Barak Ravid y Natasha Mozgovaya, Haaretz, 22 de marzo de 2009). Y basta con leer el informe de los cónsules europeos en Jerusalén («Jérusalem, le rapport occulté»). ¿Wiesel no sabe nada de esto?
En una respuesta a este escrito, «For Jerusalem, a response to Elie Wiesel» (Haaretz, 18 avril), Yossi Sarid dice:
«Alguien le ha engañado, querido amigo. Un árabe, además de no tener permiso para construir “en cualquier parte”, puede dar gracias a Dios si no le echan de su casa y le arrojan a la calle con su familia y sus enseres. Quizá haya oído usted hablar de unos residentes árabes de Sheij Yarrá que vivían allí desde 1948 y ahora se han convertido otra vez en refugiados desarraigados, porque algunos judíos se saltan a la torera las limitaciones del espacio en Jerusalén.
»Esos judíos exaltados se empeñan incluso en atravesarse como huesos en las gargantas de los barrios árabes, para purificarlos y judaizarlos con la ayuda de sus acaudalados benefactores estadounidenses, a muchos de los cuales conoce usted personalmente. Entre bastidores, nuestro primer ministro y el alcalde de Jerusalén mueven los hilos de esta función de títeres, pero escurren el bulto para no parecer responsables de tanta anarquía y codicia. Esta es la verdadera razón por la que “las nuevas y viejas tensiones” de las que habla usted en su escrito rebrotan “con tanta rapidez”.»
Wiesel termina proponiendo que no se resuelva el problema de Jerusalén, es decir, lisa y llanamente, que se mantenga la ciudad bajo ocupación.
No es la primera vez que se pronuncia sobre la cuestión de Jerusalén. Durante las negociaciones entre israelíes y palestinos, antes de la segunda intifada, cuando la prensa hablaba de un reparto de Jerusalén, ya había tomado la pluma para publicar una tribuna en el diario Le Monde («Jérusalem, il est urgent d’attendre», 17 de enero de 2001), en la que apercibía al primer ministro israelí por sus posibles concesiones. Este escrito, reproducido en las webs proisraelíes más extremistas, podría resumirse así: más vale el muro de las lamentaciones que la paz.
En ambos escritos, el de IHT y el de Le Monde, Wiesel cita al rabino jasídico Najman de Breslev (nacido en 1772) para justificar sus afirmaciones. ¿Qué diríamos de un intelectual musulmán que citara a una lumbrera religiosa de la época de los califas para justificar la reclamación musulmana de Jerusalén?
Esta «gran conciencia», pocas veces criticada en público, es sin embargo un impostor moral que merecería ser tratado de otro modo por los medios.
Recordemos que, además de sus posiciones sobre el conflicto palestino-israelí, ha elogiado la tortura: la del financiero Bernard Madoff, con el que había invertido parte de su fortuna (no le pareció inmoral ganar millones de dólares gracias a él cuando sus chanchullos financieros iban viento en popa), como recogía LeMonde.fr («Bernard Madoff est un “psychopathe”, selon Elie Wiesel», 27 de febrero de 2009):
«“Psicópata es una palabra demasiado suave para calificarle” ha declarado Wiesel. “Deberían encerrarle durante cinco años con una pantalla delante en la que aparecieran las fotos de sus víctimas. […] Habría que pensar en algo que le hiciera sufrir de verdad. […] Deberían llevarle ante unos jueces que encontraran la forma de castigarle” ha añadido este superviviente del Holocausto.»
Por otro lado, como recuerda Max Blumenthal, un miembro del lobi J-street, el 25 de octubre de 2009 Elie Wiesel habló ante 6.000 cristianos sionistas, secuaces del pastor John Hagee, un hombre de opiniones homofóbicas, pero también negacionistas y antisemitas (recordemos que una parte de los cristianos sionistas son antisemitas)(«Elie Wiesel’s “Dear Pastor” Hagee Trashes Obama (and my response to Goldfarb/Goldberg)», 29 de octubre de 2009). A cambio, por decirlo así, se embolsó un cheque de 500.000 dólares para su fundación. Una cantidad muy necesaria, ya que la crisis financiera había dejado sin blanca al pobre Wiesel, que no se ha repuesto todavía.
En otra ocasión hemos recordado lo que decía el gran autor de ciencia ficción Isaac Asimov de Wiesel, «que sobrevivió al Holocausto y desde entonces no sabe hablar de otra cosa. Aquel día me exasperó diciéndome que no se podía confiar en los científicos ni en los técnicos, porque habían contribuido a hacer posible el Holocausto. ¡Qué manera tan burda de generalizar! Es precisamente el tipo de argumentos que esgrimen los antisemitas: “No confío en los judíos porque antaño unos judíos crucificaron a mi Salvador”». Y añade Asimov: «Dejé que hablaran los demás durante un rato, mientras rumiaba mi enojo, y luego, sin poder contenerme más, intervine: “Se equivoca, señor Wiesel: el hecho de que un grupo humano haya sufrido persecuciones atroces no le hace bueno e inocente. Lo único que demuestran las persecuciones es que ese grupo estaba en una posición débil. Si los judíos hubieran estado en una posición fuerte, ¿quién nos dice que no habrían ocupado el lugar de sus perseguidores?”».
Fuente: http://blog.mondediplo.net/2010-04-18-Elie-Wiesel-l-imposteur-et-Jerusalem
