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sábado, 27 de febrero de 2010

¿Quién se beneficia de la independencia de los bancos centrales?


Vicenç Navarro
Publicado en la revista digital SISTEMA, 26 de febrero 2010

Este artículo señala como la excesiva influencia de la banca en la vida política de la mayoría de países de la Unión Europea explica la independencia de los Bancos Centrales, incluyendo del Banco Central Europeo. Esta independencia determina que la Unión Europea esté siguiendo políticas de austeridad de gasto público (incluyendo gasto público social) que dañan a las clases populares.

Existe casi consenso en la sabiduría convencional del país y de la UE (dominada por el pensamiento liberal), de que los Bancos Centrales deben ser independientes, no sujetos a las influencias políticas. El argumento de que es bueno que los bancos centrales sean independientes, está basado en el supuesto de que los temas sobre los cuales tales bancos deciden –los intereses bancarios y la cantidad de dinero existente en circulación en un país- son muy complejos y fuera del alcance de los políticos y de sus representados, es decir, de la población. De ahí la conclusión de que se dejen tales decisiones en manos de aquellos que entienden de estos temas. Dejarlos en manos de la población y de sus representantes es demasiado arriesgado.

Este argumento, además de ser claramente elitista y antidemocrático, es poco convincente, pues hay otros temas, tan o más importantes que la política monetaria (de la cual se encargan los Bancos Centrales), como son las políticas fiscales y económicas, igualmente complejas e importantes, que se desarrollan según los dictados políticos de los representantes de la población. Los temas presupuestarios y de carga fiscal son tan importantes y relevantes (con impactos sobre la economía iguales o incluso mayores que la tasa de los intereses bancarios) como las políticas monetarias, y nadie en su sano juicio ha propuesto que la Agencia Tributaria o que las Agencias presupuestarias del gobierno sean independientes de las autoridades políticas.

¿Por qué, pues, los Bancos Centrales son independientes? La respuesta es fácil de ver. Se debe al enorme poder de la banca, de la que el Banco Central depende. El Banco Central Europeo, por ejemplo, es independiente porque el Banco Central Alemán así lo decidió e impuso al gobierno alemán, pues era también el deseo de la banca alemana. Incluso la sede está en el mismo lugar que la sede del capital financiero alemán: Fránkfort del Meno.

Y, como era de esperar, las políticas del Banco Central Europeo son las políticas que favorecen al capital financiero, que pueden o no coincidir con los intereses del capital productivo (es decir, del mundo empresarial que produce bienes o servicios) o de la población. En realidad, raramente coinciden. Un ejemplo es la situación actual. En este momento de gran recesión, consecuencia del comportamiento especulativo de la banca y de la falta de supervisión de ésta por los Bancos Centrales de cada país, el Banco Central Europeo (y el Banco de España), en lugar de favorecer políticas de estímulo económico y de creación de empleo, están exigiendo una reducción de los déficits y de la deuda pública a base de reducir muy sustancialmente el gasto público, y con ello el crecimiento económico y la creación de empleo. Tales políticas de austeridad del gasto público social son suicidas para los países de la UE. Y, en cambio, los gobiernos las están siguiendo, resultado del excesivo poder del capital financiero. No hay duda de que si el Banco Central Europeo y/o los Bancos Centrales de cada país dependieran de los políticos serían mucho más sensibles, de lo que lo son ahora, a la creación de empleo, aunque ello fuera a costa de una mayor inflación.

Aquí, de nuevo, el BCE ha puesto como objetivo el mantener una inflación excesivamente baja en momentos de recesión. Es importante señalar que, incluso el Director económico del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Sr. Olivier Blanchard, ha reconocido que el objetivo de mantener un nivel de inflación de un 2% (propuesto por la mayoría de Bancos Centrales) puede que sea demasiado bajo y debiera permitirse un nivel mayor. Este señor también ha reconocido, en un artículo, con el significativo título de “Rethinking Macro Economic Policy”, que debiera haber un mayor control de los flujos financieros, terminando su excesiva movilidad especulativa. Cuando hace años algunos de nosotros sugerimos lo mismo, se nos llamó “trotskistas”, mostrando una vez más que ser radical no quiere decir más que avanzarse diez años al pensamiento de los demás.

Una última observación. Los países emergentes, cuyo crecimiento ha sido muy notable en los últimos años (China e India), no han tenido Bancos Centrales independientes. ¿Hasta cuándo continuaremos aceptando el excesivo dominio de la banca en nuestras vidas? Hoy, una de las mayores causas de la crisis económica es la escasez de crédito, debido a la crisis financiera, resultado de la especulación y escasa regulación del sistema bancario. La evidencia de ello es contundente. De ahí que las medidas que se están proponiendo sean tan insuficientes. Lo que se requiere es una banca pública y un Banco Central Europeo dependiente del poder público. En España, el Instituto de Crédito Oficial (ICO) es insuficiente. Debiera multiplicarse por cuatro, convirtiéndose en una entidad pública de crédito que hiciera lo que la banca ha dejado de hacer. Seguro que los liberales llamarán a la propuesta “trostkista”. Esperemos que no tengamos que esperar diez años más para que se vea lo lógico y razonable que es tal propuesta.

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lunes, 19 de octubre de 2009

Los problemas económicos y políticos de Obama y Zapatero


19-10-2009
Vicenç Navarro
Sistema Digital

La aparición de los brotes verdes en la economía de EE.UU. y en la de España ha reavivado la llamada, por parte de gran número de voces liberales y conservadoras en ambos países, a la austeridad de gasto público incluyendo el gasto público social, a fin de reducir el déficit del estado. Esta llamada está encontrando una respuesta positiva por parte de la Administración Obama y del gobierno Zapatero, que han iniciado políticas públicas orientadas a reducir el gasto público, medidas que no sólo son erróneas desde el punto de vista económico, sino también (para los gobiernos Obama y Zapatero) desde el político.


Tales políticas podrían suponer su derrota electoral enlos próximos comicios. Primero analicemos por qué tales políticas son un error económico. En contra de lo que claman voces ultraliberales, el crecimiento del déficit en las cuentas del estado a costa del aumento del gasto público, tanto en EE. UU. como en España, ha tenido un gran efecto estimulante de la economía en ambos países. Sólo un fundamentalismo liberal, como el que predomina en las derechas españolas, puede negar esta realidad evidente, y el hecho de que los brotes se hayan iniciado antes en EE.UU. que en Europa (y en España) se debe a que el estímulo en EE.UU. ha sido mucho mayor (un 5% del PIB) que en España (un 2% del PIB). Es más, la naturaleza del estímulo en EE.UU. ha estado más orientado hacia la inversión pública y creación de empleo que en España, donde tal estímulo se ha centrado más en la reducción de impuestos y ofrecimiento de ventajas fiscales para la creación de empleo (ver mi artículo “El insuficiente estímulo económico” en Público, 30.04.09). El componente más orientado hacia la creación de empleo en España han sido los 8.000 millones de euros a las autoridades locales (que el PP ridiculiza como empleo baladí “para aumentar las aceras de las calles”), una cantidad muy menor para estimular la economía en momento de profunda crisis. Lo que tanto Obama y todavía más Zapatero debieran hacer es aprobar un segundo estímulo económico con el objeto de crear empleo en las áreas donde existen mayores déficits de empleo (por ejemplo, en los servicios públicos del estado del bienestar –sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, servicios sociales y otros-), tal como hizo Obama en el primer estímulo aprobado por el Congreso de EE. UU. Este déficit de empleo está especialmente acentuado en España, donde el porcentaje de la población que trabaja en tales servicios es sólo un 10%, cuando en el promedio de la UE-15 es ya un 15% y en Suecia es un 25%. El que parezca que la economía se está recuperando se debe, en parte, a este estímulo. Reducirlo ahora implicaría un retroceso, tal como ocurrió en la situación más semejante a la hoy existente, es decir, durante la Gran Depresión. Cuando el Presidente Roosevelt comenzó su mandato, en 1933, el desempleo había alcanzado el 25%. A través de una enorme inversión pública, encaminada directamente a crear empleo (gran parte de la infraestructura física y social del país se estableció en aquella época, con el New Deal), el desempleo descendió a un 14% en el año 1936 (lo que le valió la mayor mayoría electoral conocida en la historia del Congreso de aquel país). Pero, bajo la enorme presión de las derechas y del mundo empresarial, que creían (tal como ahora) que la economía ya se había recuperado, el Presidente Roosevelt decidió reducir el déficit a base de reducir el gasto público y el aumento de los impuestos, lo cual creó un bajón enorme de la actividad económica en 1937-1938, forzándole a corregir su error y continuar el gasto expansivo que culminó con los preparativos de la II Guerra Mundial, que exigió un enorme crecimiento del gasto público y que resolvió la Gran Depresión. El error políticoEl error político de reducir el déficit del estado reduciendo el gasto público radica en una realidad fácil de ver. Para las clases populares, la recuperación económica no se mide por los “brotes verdes”, es decir, por indicadores de actividad macroeconómica. Estos indicadores pueden estar mejorando y en cambio la situación de las clases populares se puede estar deteriorando. Lo que cuenta para las clases populares (clases trabajadoras y clases medias de rentas medias y bajas) es el empleo, las condiciones de trabajo y el salario. Y todos estos indicadores se recuperan mucho más tarde que los indicadores macroeconómicos. Y ahí está el error político de reducir ahora el déficit del estado. Aunque la economía se recupere, el mejoramiento a nivel de calle no será inmediato. Pasarán uno o dos años hasta que las bases electorales de los partidos gobernantes en ambos países noten un mejoramiento. Si se retrasa la recuperación económica –y se retrasará si el déficit se reduce- entonces se retrasará todavía más la recuperación laboral, con el consiguiente coste humano y político. La experiencia en ambos países es que para explicar el comportamiento electoral de las clases populares de un país la evolución del desempleo es más importante políticamente que su nivel. Si la situación laboral y social está mejorando, las clases populares votarán a los partidos gobernantes. Si se está deteriorando votarán a la oposición. La evidencia de ello es clara (ver John B. Judis, “Job One”, New Republic, Oct. 7, 2009). Se podría dar el caso de que la economía podría estar mejorando y las condiciones laborales y sociales podrían estar deteriorándose y con ello el gobierno responsable del mejoramiento económico podría ser castigado por lo segundo, que es lo más determinante para explicar el comportamiento de las clases populares, la base electoral de Obama y Zapatero. De ahí que sea necesario y urgente que, no sólo se renueve el estímulo económico (a costa de mantener e incluso aumentar el déficit del estado), sino que se utilice tal estímulo para crear empleo, cubriéndose a la vez los enormes déficits existentes en los servicios públicos del estado del bienestar a ambos lados del Atlántico.

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