
05-05-2010
Paco Carreño, Ignacio Castro, Chus Martín y Elena Garrido
Rebelión
Permítasenos una pregunta en medio de este universo del pluralismo. ¿No es un poco sospechosa en sí misma esta convergencia casi unánime de izquierda y derecha, de cristianos y ateos, de feministas de ayer y machistas de toda la vida en torno a esta cuestión de las chicas musulmanas que aparecen con el velo en nuestras escuelas? La ideología democrática, ésta que ha entronizado lo público como el reino de ciertos poderes privados, ¿se ha convertido ahora en religión verdadera ?
Al condenar el pañuelo descubrimos nuevas supersticiones, propias de una religión que no admite ningún signo de espiritualidad. Desconociendo en profundidad los motivos culturales para cubrirse la cabeza, el velo es interpretado a toda prisa como una manifestación de la sumisión de la mujer frente al hombre. Nos arrogamos una interpretación casera de una prenda que, en principio, no debería molestar a nadie, sobre todo porque la mayoría no conocemos de su significado más que habladurías refritas en tertulias y artículos de opinión sobe el tema.
La campaña de intolerancia que se extiende por nuestro país nos hace dudar de que la condena del uso del velo esté cargada con alguna razón. Sinceramente, detrás de todo el debate que se ha generado a propósito de la expulsión de una niña musulmana –y conocemos casos anteriores que no se airearon- sólo encontramos, y no hay una palabra más precisa, superstición. Escuchamos falsos razonamientos dominados por el miedo a la pobreza, a la resistencia de una cultura que lucha por mantener su identidad al margen de la ideología occidental.
Este arrebato de xenofobia no lo habíamos conocido en España ni siquiera en los momentos de libertad más restringida en la época de Franco. ¿Se ve realmente nuestra democracia amenazada por una prenda que han llevado nuestras madres hasta hace bien poco?
La ideología desde la que se condena el uso del “velo” está emparentada con una Ilustración algo tendenciosa. No estaría mal, a estas alturas del despropósito, recordar el sensus communis que para Kant era “lo menos que se puede esperar siempre del que pretende el nombre de hombre”. Su primera máxima le obligaba a pensar por sí mismo, libre de prejuicios, desde una razón autónoma. Por la segunda máxima, especialmente indicada en este caso, tendríamos que pensar siempre en lugar de cualquier otro, pensando en los demás como fines en sí mismos, sin utilizarlos como medio para nuestros fines. ¿Se está cumpliendo en ese triste caso?
Nos preguntamos si entre la mayoría de los “racionalistas” a ultranza que se han pronunciado sobre el tema (profesores, políticos, periodistas) hay alguien que no se haya dejado llevar en estos días por la corriente de opinión, conformada por el griterío de los medios. Difícilmente encontraremos, entre los que se han opuesto a la entrada de la muchacha del velo en las aulas, a alguien que haya tenido el valor de ponerse en la situación de una joven que se encuentra a dos meses de alcanzar el título de la ESO.
Queremos ser europeos, parecernos a los belgas, a los franceses, a los suizos. Si ellos lo hacen nosotros también debemos hacerlo. Pero Europa no es necesariamente una garantía: ha apoyado en otras ocasiones iniciativas más que dudosas. Además, aunque parezca increíble, Francia no es el único modelo, ni Bélgica, ni Suiza. Existen otras naciones europeas: sin ir más lejos, Inglaterra. Y además, no hace mucho nos quejábamos de la manera que se trataba a los españoles en Francia, a los hispanos en Estados Unidos.
Claro, el caso de España es un poco más delicado que el del resto de Europa, pues ellos están al lado. Pero toda Europa está aquí, al lado y encima de ellos. Y Marruecos y Turquía están, conservando su diferencia, prácticamente asociados a una UE que presume de multicultural. Por favor, no sigamos el ejemplo de la distancia fría y la xenofobia suiza. Se empieza prohibiendo los minaretes y se acaba podando todo lo que sobra de una media aritmética que, además, nadie sabe cómo y por quién ha sido establecida.
Les invitamos, o les dejamos, que vengan a trabajar. Pero han de dejar en la puerta sus pertenencias, como en prisión: ¿no dice esto algo de las condiciones reales en que trabajan? Sufrimos con el sufrimiento de esas chicas y de sus padres. Como laicos, no nos parece muy tolerante. Como cristianos, no nos parece muy caritativo. Si lo prefieren, en cualquier caso, como demócratas no nos parece solidario, respetuoso con la diferencia de otro.
¿Las normas? Las normas no son eternas; se aplican o no, laxa o taxativamente. Se cambian o no; se permiten casos particulares, circunstancias atenuantes… Ahora mismo se está pidiendo, en función de sus virtudes probadas, que se pase de puntillas sobre tal o cual caso.
¿Temor al contagio, al libertinaje, al pañuelo y las gorras para todos y todas? No, nuestra cultura juvenil es la de la transparencia y la desnudez, no la de la opacidad. Además, no hemos visto ni un solo chico –y tenemos de todo- que pretenda equiparar su marca de ropa, o la gorrita que le gustaría lucir a todas horas, a la prenda de una chica que pertenece a otra cultura, a otra religión.
Queda en el aire la sospecha del sometimiento de la mujer islámica y la voluntad real de las chicas. Pero en los casos que tenemos en mente fue precisamente la voluntad de las chicas la que ha sido lesionada, humillada. ¿Nuestro pluralismo no puede imaginar que no piensen como nosotros, que no quieran lo que queremos nosotros? Y si sospechamos que su voluntad está secuestrada, abducida por la presión de su cultura “machista”, ¿qué decir de nuestras hijas, de nuestros jóvenes en general? ¿Acaso no están presionados, acaso son completamente “libres” para elegir cualquier cosa que tenga que ver con el aspecto exterior o con las ideas? ¿No hay una presión constante, mercantil y cultural para que nuestros jóvenes estén al día, sigan la moda y lo que se lleva?
¿No practicamos también nosotros una presión comunitaria hacia la transparencia, hacia la desnudez obligatoria? Hay que expresarse, manifestarse, participar, conectarse, salir de todos los armarios, tener éxito social, ser “populares”, etc., etc. Nada de vello ni de velos, nada de opacidad, nada de barbas, nada de secretos: ¿no es también un poco dogmática nuestra cultura, invertida en relación a la que decimos que es obligatoria entre ellos? Todo al descubierto, hasta las ideas: y a veces los profesores dudamos que quede alguna, después de tanta publicidad obligada.
Para terminar, dos preguntas más. Si fuéramos un poco más permisivos, un poco más honestos con nuestro secreto, con el inevitable misterio de cada persona, ¿no seríamos un poco menos alarmistas con el secreto –con o sin velo- del otro, con las costumbres opacas de los otros?
Si fuéramos un poco más felices, queremos decir, si estuviéramos menos frustrados y viviéramos un poco más seguros con nuestras vidas , ¿no tendríamos menos necesidad de absolutizar nuestras instituciones, de sacralizar unas creencias políticas –la democracia, la separación de poderes, los derechos individuales- perfectamente respetables en sus límites, pero un poco peligrosas cuando se convierten en idea fija de una regla universal?
Paco Carreño, Ignacio Castro, Chus Martín y Elena Garrido son profesores de Enseñanza Secundaria.
miércoles, 5 de mayo de 2010
La polémica del velo ¿Por qué no?
martes, 27 de abril de 2010
Cabellos velados, miradas veladas

El de la chica del 'hiyab' de Pozuelo es otro caso de tremendismo al abordar los asuntos islámicos. Entretanto, España tiene pendiente una tarea crucial: la completa separación del Estado y la Iglesia católica
Javier Valenzuela
26/04/2010
El pasado 7 de abril, los ministros de Interior y Justicia presentaron una encuesta de Metroscopia sobre el estado de ánimo de los inmigrantes musulmanes en España. El resultado no podía ser más positivo. El 89% de los encuestados declaraba que es posible ser a la vez buen musulmán y buen español; el 87% que el islam es compatible con la democracia y los derechos humanos, y el 83% que el Estado debe ser neutral en el terreno religioso. Una gran mayoría se felicitaba porque en España haya más libertad y tolerancia y menos discriminación de la mujer que en sus países de origen. La conclusión era que los inmigrantes musulmanes se están integrando a buen ritmo en los derechos y deberes de nuestra democracia.
¿Recuerdan haber leído esa información? Probablemente no, apenas ocupó espacio en los periódicos.
En febrero, con un acto en la Casa de la Panadería y una feria en Lavapiés, se celebraron en Madrid unas jornadas de divulgación de las actividades de las comunidades musulmanas españolas. Políticos del PSOE y del PP, representantes de la sociedad civil y portavoces musulmanes coincidieron en hablar de un islam instalado en España para quedarse, un islam respetuoso del marco laico y democrático.
¿Les suena? Lo más seguro es que no. En estas páginas de Opinión, el teólogo católico Juan José Tamayo glosó esas jornadas el 12 de marzo, pero poco más.
Y sin embargo, los medios llevan días destacando la noticia de la expulsión de un instituto público de Pozuelo de una alumna musulmana que pretendía acudir a clase con el cabello cubierto por un pañuelo. Las tertulias le han dado ya cien vueltas al caso y la mayoría de los comentarios se han inclinado por condenar la actitud de la chica y satanizar el hiyab.
Como en el resto de Occidente, el rechazo a esa prenda amalgama en España una amplia coalición de ideas y sentimientos. Las feministas la consideran un funesto signo de discriminación de la mujer; los laicistas, una intolerable manifestación de religiosidad; los ultraderechistas, otra muestra de que España está siendo reconquistada por los sarracenos; los xenófobos, la prueba de que los inmigrantes se niegan a adoptar las costumbres carpetovetónicas. Aquí como en otras partes, el resultado de tal amalgama es la islamofobia, convertida en el sucesor de lo que durante siglos fue el antisemitismo: el catalizador del rechazo al que es diferente y la expresión de toda suerte de miedos y angustias.
Conviene también desvelar las miradas. Así que vayamos por partes:
1. Un argumento muy escuchado estos días reza así: si los progresistas proponen eliminar los crucifijos de las aulas de las escuelas e institutos públicos, ¿cómo podrían tolerar que en ellas hubiera alumnas con hiyab? La comparación es grosera: el aula en sí es un espacio público, pagado con el dinero de todos los contribuyentes, gestionado por representantes del Estado y en el que trabajan profesores y alumnos de creencias muy diferentes. Y se supone que nuestro Estado no es confesional. No debería, pues, haber símbolos de religión alguna en ninguno de sus ámbitos.
En cuanto a llevar un hiyab, un crucifijo o una kipá judía, esto pertenece a la esfera individual. Es la expresión estrictamente personal de una pertenencia religiosa (un pariente de cosas como llevar la camiseta de tal o cual equipo de fútbol o la ropa de tal o cual moda o tribu urbana).
En Estados Unidos el aula es completamente aséptica, pero los alumnos son libres de llevar los símbolos de identidad -religiosos o de otro tipo- que deseen. En Francia, por el contrario, los alumnos no están autorizados a llevar muestras de identidad, deben ser tan asépticos como las aulas. Uno y otro país representan tanto modelos diferentes de laicismo, de separación de religión y Estado, como de integración de la diversidad cultural.
Así que, para empezar, dejemos sólidamente asentado el principio de neutralidad del ámbito público en un Estado democrático y discutamos a continuación los límites, si los hay, de la libertad individual de expresión de una identidad religiosa.
2. El velo es una manifestación de discriminación y opresión de la mujer, se dice mayoritariamente. No voy a discutir que los monoteísmos -judaísmo, cristianismo e islam- tienen un fuerte componente original misógino. El dios de Abraham es duro con las mujeres. Interpretado de modo tradicional y/o fundamentalista, les impone un papel secundario: el de esposa fiel, madre y ama de casa abnegada y creyente modesta y piadosa. Aún hoy, el catolicismo de las epístolas de San Pablo, oportunamente recordadas por el filme Ágora, impide a las mujeres ser sacerdotes.
Pero, bueno, si el hiyab (al que se confunde con esas auténticas cárceles que son el burka y el niqab) es una intolerable muestra de segregación de la mujer, ¿por qué no aplicamos ese mismo razonamiento a las monjas católicas? Ellas también cubren sus cabellos con tocas. Incluso en lugares públicos pagados por todos los contribuyentes como las aulas o los hospitales.
3. También se escucha este argumento zafio: puesto que a las españolas se les obliga a cubrirse el cabello en los países musulmanes, nosotros debemos hacer lo contrario en nuestra patria. Amén de que responder a una barbaridad con otra no parece propio de gentes civilizadas, los que esto dicen ni tan siquiera se han bajado al moro más cercano: Marruecos. Allí nadie obliga a las españolas a cubrirse.
Y es que ni siquiera está claro que el islam establezca la obligatoriedad del hiyab. A favor de la misma pueden citarse varias aleyas del Corán, pero muchos pensadores musulmanes creen que lo que de ellas se desprende es más bien una recomendación. Como del Antiguo y el Nuevo Testamento, de El Corán puede efectuarse una lectura literal o una lectura racional.
Hay países musulmanes que imponen a las mujeres distintas variedades del velo, tal es el caso de Arabia Saudí e Irán. Pero hay otros en que esto no ocurre: Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto, Jordania, Siria... En Marruecos el hiyab no es obligatorio desde que Mohamed V, el abuelo del actual monarca, así lo decidió en su condición de Amir al Muminin o Príncipe de los Creyentes. No lo llevan ni la esposa del rey ni las princesas. Lo mismo en Jordania. ¿No han visto ustedes a Rania con el cabello descubierto en la portada de ¡Hola!?
4. Se argumenta que la prohibición del hiyab en el instituto de Pozuelo es fruto de un reglamento interno. Dicho así, suena indiscutible. Pero supongo que no estamos aceptando a priori que pueda haber reglamentos contrarios a la Constitución y las leyes españolas sobre educación y libertad religiosa y a la Declaración Universal de Derechos Humanos. No sé si es el caso de Pozuelo, lo apunto sólo para señalar el terreno de la discusión. Lo que lleva a pensar que sí que hay un principio superior a cualquier reglamento interno: el derecho -y la obligación- de todo niño y adolescente español, o residente en España, a recibir educación, a ser escolarizado. Máxime si se trata de un centro público, esto es, pagado con el dinero de los contribuyentes. Es lo que sobre este caso ha dicho el siempre razonable ministro Gabilondo.
5. El libre arbitrio, la autonomía personal, es la base de la civilización democrática occidental. Su único límite es ese momento en que empieza a dañar a los demás. Y resulta difícil ver en qué puede dañar a otros alumnos el que una chica lleve tal o cual prenda, sea el hiyab o un look a lo Lady Gaga. Ah, dicen muchos, es que la chica de Pozuelo, de 16 años, se ve forzada a llevar el hiyab por su padre. Pues, bien, preguntémoslo. Sólo los que no tienen hijos de esas edades pueden pensar que en un país como la España actual los padres pueden imponerles algo. Pero, en fin, nunca se sabe. En todo caso, cabe recordar que la carga de la prueba recae siempre en el acusador.
Podemos, pues, optar por el modelo estadounidense o por el francés. Pero en uno y otro caso, no debería haber crucifijos en las escuelas y, permitidos o prohibidos, el crucifijo y la kipá deberían acompañar el hiyab. Y si el problema de esta última prensa es su condición de humillante para la mujer, entonces seamos coherentes y empecemos prohibiendo que las monjas católicas se cubran la cabeza en ámbitos públicos.
En cuanto a los musulmanes, se trata de que terminen siendo ciudadanos españoles. Eso sí, de la España democrática, la que dice no tener una religión oficial, la que dice garantizar las libertades y derechos de todos. No de la España nacionalcatólica.
Una última reflexión: ¿por qué importamos de Francia polémicas como ésta, como si en España no tuviéramos ya suficientes problemas? ¿Por qué, puestos a importar debates foráneos, no lo hacemos, por ejemplo, sobre la ecotasa?
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Asociaciones musulmanas llaman a la unión contra la prohibición del 'hiyab'
I. CEMBRERO / P. ÁLVAREZ
Las asociaciones de musulmanes residentes en España han decidido hacer causa común contra la prohibición del uso del hiyab (velo islámico) en las escuelas. Miembros de diferentes colectivos han distribuido un argumentario entre las asociaciones para lograr "una actuación conjunta de todos los musulmanes de España". Pedirán a todos los imanes de las mezquitas españolas que el viernes 30 de abril dediquen el sermón a hablar de hiyab como precepto religioso. Quieren evitar que el asunto parezca "una guerra entre moros y cristianos" e implicar a intelectuales laicos en la causa.
La movilización surge tras el rechazo de un instituto madrileño a dejar entrar a clase a una alumna con hiyab. El caso de Najwa Malha, alumna del instituto Camilo José Cela (Pozuelo de Alarcón), sienta "un precedente peligroso y trágico", según el argumentario al que ha tenido acceso EL PAÍS, en el que los colectivos manifiestan el temor a que otros colegios, institutos y universidades sigan "el mismo ejemplo". Hasta la fecha, la hoja de ruta cuenta con el respaldo de 37 asociaciones islámicas de distintos puntos de España, entre las que hay siete de mujeres musulmanas. Todas se comprometen a "dejar de lado" sus diferencias internas" para hacer frente común.
Para evitar que cunda el ejemplo, las asociaciones están dispuestas a plantar batalla hasta el Tribunal Constitucional. Proponen abrir "una caja de solidaridad" con fondos para que la familia agote la vía judicial "sin que el dinero sea un obstáculo". "El hiyab no es un símbolo ni religioso ni machista, forma parte de la práctica religiosa de la mujer musulmana", manifiestan. Y así lo dirán también en las mezquitas. "Existe un gran desconocimiento del velo islámico que a veces afecta a los propios musulmanes", señala Amparo Sánchez Rosell, miembro del Centro Cultural Islámico de Valencia y una de las promotoras de la hoja de ruta. "El hiyab no es un símbolo, es un precepto, una obligación religiosa", según Sánchez Rosell que, como musulmana, promete ser la primera en combatir que el hiyab se imponga a la fuerza. "Si una musulmana se pone el velo contra su voluntad, el precepto no serviría de nada", añade.
Los colectivos musulmanes temen además que el asunto se politice. Aluden al enfrentamiento de posturas entre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre (PP), partidaria de que el velo no entre en clase, y el ministro de Educación, Ángel Gabilondo (PSOE) que pide que prevalezca el derecho a la educación. Consideran que si el asunto del velo se convierte en un arma electoral "puede suponer un adiós a la libertad religiosa". "No podemos permitir que esto aparezca como una guerra entre moros y cristianos y que unos partidos defiendan a los españoles cristianos y otros partidos defiendan a los moros 'invasores", según el texto.
El caso de Najwa es "una prueba" enviada por Dios "para comprobar quiénes estamos realmente por Alá en defensa del Islam y de los musulmanes y quiénes en defensa de intereses personales y partidistas".
Las asociaciones musulmanas buscan el respaldo de colectivos laicos -movimientos sociales, ONGs, universidades, intelectuales, ...- y al mismo tiempo proponen "alejar la cuestión de los medios de comunicación" con argumentos que se centren en la Constitución, a la libertad religiosa y al derecho a la educación y a la propia imagen.
Najwa Malha, española de 16 años, fue apartada de clase en el instituto Camilo José Cela por ponerse el velo y contravenir las normas del centro que impiden cubrirse la cabeza en clase. La semana pasada se quedó en casa, mientras el Consejo Escolar de su centro aprobó por 15 votos a dos mantener el reglamento como hasta ahora, con el respaldo de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. Pero la alumna vuelve hoy al instituto, según Said Bourhim, amigo y portavoz de la familia.
El padre de la alumna, Mohamed Malha, que preside el Centro Cultural Islámico de Pozuelo y la asociación musulmana que regenta la mezquita local de Al Gohfran, rechaza la solución adoptada por el centro y la propuesta de traslado a un instituto cercano, tal como ha comunicado al director del Camilo José Cela. Najwa no tendrá hoy problemas para estar con el resto de sus compañeros. Su clase sale de excursión. El reglamento no prohíbe cubrirse la cabeza en las actividades extraescolares.
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Otro instituto cambia sus reglas para dejar fuera a Najwa y su velo
La menor Nawja a su llegada esta mañana al IES Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón- CARLOS ROSILLO
Najwa Malha, de 16 años, regresó ayer a su instituto, con capucha y velo, pero no para asistir a clase sino para participar a una excursión. Fue, probablemente, su última actividad en el instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón (Madrid). Su madre, Fátima, le dio ayer de baja. La Consejería de Educación había anunciado ya en días previos un posible traslado a otro centro, el instituto San Juan de la Cruz, pero ayer cambió de forma urgente su normativa para impedir que se pueda dar clase con la cabeza cubierta, es decir, dejaron a la chica y a La Consejería de Educación anuncia que si persiste en su actitud puede ser expulsada definitivamente
AGENCIA ATLAS
Con una celeridad inhabitual la Consejería de Educación notificó, ayer mismo, el traslado de la alumna de cuarto de la ESO al Instituto Gerardo Diego, cuyo reglamento interno permite el uso del hiyab. Fue la propia consejería la que confirmó la reunión del consejo escolar en el centro San Juan de la Cruz. El cambio, que sorprendió a la administración, tuvo una respuesta tímida. Educación prepara una resolución para impedir a partir del próximo septiembre que los centros cambien sus reglamentos con el curso ya empezado.
La decisión del San Juan de la Cruz no sólo sorprendió a la consejería. "No sé qué argumento pueden esgrimir para hacer esta modificación ahora", señalaba anoche Mario López, portavoz de la Asociación de Directores de Instituto de Madrid (Adimad). "Esta decisión va a resultar muy difícil de explicar", admitía.
Los padres de la adolescente han aceptado el traslado para "no convertir a Najwa en una mártir", según Said Bourhim, amigo de la familia. Pero emprenderán acciones judiciales. La familia se reunió el viernes con Iván Jiménez-Aybar, de 38 años, abogado zaragozano de extranjería. Tiene experiencia en la materia. Aspectos institucionales del estatuto jurídico del islam en España fue el título de su tesis doctoral.
Hace ya tres años una treintena de comunidades islámicas de Valencia se dirigieron a él tras constatar que la renovación del DNI era denegada a mujeres que entregaban fotografías con hiyab o, en el mejor de los casos, se les pedía, para aceptarlas, una certificación de la mezquita de que eran musulmanas.
Antes incluso de que el asunto llegase a los tribunales, el Defensor del Pueblo emitió un informe tras recibir una queja de Jiménez-Aybar. El pronunciamiento de Enrique Múgica incitó, a su vez, a la Dirección General de la Policía a rectificar.
En una circular enviada a las comisarías ordenó que se dieran por válidas las fotos con hiyab siempre y cuando se viera el óvalo de la cara, desde el mentón hasta el nacimiento del cabello. "Aquella batalla se ganó sin ruido", recuerda el letrado. "Por culpa de la mediatización Najwa, en cambio, ha dejado ya de ser un caso para convertirse en una causa", añade. "Eso encrespa los ánimos y dificulta alcanzar acuerdos", sostiene.
El primero paso es un recurso de alzada contra la decisión de la Consejería de Educación que refrenda la actuación del colegio. Paralelamente será necesario recurrir al Defensor del Pueblo. Si la consejería ratifica de nuevo la decisión del centro, irá entonces al contencioso-administrativo. "Estamos dispuestos a llegar al Constitucional", recalca. Para entonces, Najwa ya podría estar realizando su sueño de estudiar la carrera de matemáticas en la universidad para convertirse en profesora.
jueves, 11 de febrero de 2010
Hipocresía y racismo: El velo islámico y el velo occidental

Antonio Cuesta
Rebelión
En la polémica del velo -ahora reavivada en Francia tras la propuesta presidencial de mayor prohibición- hay mucho de imperialismo cultural, poco de sensatez y nada de honestidad intelectual.
La decisión del presidente francés de prohibir el uso del burka y el niqab -extremadamente minoritario- en el Estado francés es el último episodio de una serie de decisiones adoptadas en Europa contra los valores culturales de la población musulmana, como la prohibición de minaretes en Suiza o el debate sobre la identidad francesa impulsado por el propio Sarkozy, en el que se arremetió contra los inmigrantes. Los defensores de esta medida se justifican en la protección de los derechos de la mujer.
Creemos (nos hacen creer) que este debate es reciente, pero ya a finales del siglo XIX el administrador británico en Egipto, Lord Cromer, se erigió en emancipador de las mujeres egipcias al afirmar que la sociedad y la religión islámica estaban atrasadas y eran claramente inferiores a la cultura europea. Como signo de esta inferioridad evocó el uso del velo y la situación de las mujeres en Egipto. Aparentemente sin mayores contradicciones, mientras en su colonia se presentaba de ese modo como el defensor de los derechos de la mujer, en Londres destacó activamente en su tarea como presidente de la Liga de los Hombres Contra el Sufragio Femenino [Nash, 265].
Fue Leila Ahmed, relevante feminista egipcia, quien denunciaría un siglo después la continua fijación occidental contra el velo, como símbolo evocador del supuesto retraso cultural y de privación de las mujeres árabo-musulmanas. Una mirada deformada que fomentó una única lectura sobre el velo, negativa y de subalternidad. Una obsesión, además, falsa que no provoca problemas ni en los países de acogida ni en los de origen, salvo por el acicate que suponen las declaraciones xenófobas de la clase política y sus esfuerzos legislativos por generar tensiones allí donde no existían. Porque lo que es evidente es que el uso del velo puede tener numerosos significados, pero se han preferido ignorar así como otras múltiples manifestaciones de la cultura y la dinámica social musulmana.
El caso de Turquía es paradigmático de esta situación. Hace unos días Mayte Ciriza, directora de la Fundación Ibercaja en Logroño (y esposa del Consejero de Presidencia del Gobierno de La Rioja, para más señas), afirmaba en un artículo (Bajo el burka) que “en Turquía, donde estaba prohibido el velo en las universidades, al levantarse la prohibición, ha habido una enorme presión sobre las chicas que no lo llevaban para que se lo pusieran”. El problema no es la ignorancia de quien lo escribe, la cuestión es que ese tipo de discurso arraiga precisamente gracias a la mentira. Si bien en febrero de 2008 el Parlamento turco levantó la prohibición que pesaba sobre el velo en las universidades -una iniciativa por lo demás apoyada por muchos intelectuales liberales laicos, la mayoría de la población y asociaciones de derechos humanos internacionales-, cuatro meses después el Tribunal Constitucional de aquel país anuló la disposición. Fue precisamente durante el trámite parlamentario de aquella fallida ley cuando el ultracatólico presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE), el holandés René van der Linden, aseguró que Turquía podría ser expulsada del organismo paneuropeo si obligaba a sus ciudadanas a llevar el pañuelo islámico, e invitó a las mujeres turcas que se vieran obligadas a ponerse esta prenda a denunciar su caso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Alguien debería explicarle que permitir no es sinónimo de obligar (¿otro ignorante?). Curiosamente van der Linden, que se define como «un católico devoto» aunque sin permitir «que la religión interfiera en la política», había impedido meses antes que se debatiera en la institución que presidía un informe sobre los peligros de la enseñanza del creacionismo, ya que él mismo defendía el respeto a esa creencia y, al igual que los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, consideraba que la teoría de la evolución “no es más que una hipótesis”. En su país, Dinamarca, el gobierno liberal-conservador también analiza la conveniencia de elaborar una ley que prohíba el velo integral en la vía pública, las escuelas o los tribunales. Prohibir, prohibir y prohibir, parece ser la máxima del ultracatolicismo radical.
Pero volviendo a la propuesta francesa de incrementar la prohibición (pues el velo islámico ya estaba prohibido en los colegios públicos desde 2004), habría que recordar que tampoco estamos ante una iniciativa tan novedosa. Ya lo intentaron contra Argelia en la década de los 50 del pasado siglo XX, y el resultado fue que el pañuelo pasó a convertirse en bandera de la resistencia anticolonial como señaló el pensador antiimperialista Franz Fanon. Entonces, la vestimenta femenina se convirtió en una demostración de cohesión identitaria y de lucha contra el imperialismo francés [Fanon, 65].
¿Alguien les preguntó a ellas?
Los bien pensantes varones blancos han decidido autoproclamarse defensores de la democracia, la libertad y los derechos femeninos (¿sin preguntar a las mujeres?) subyugados por el síndrome de Lord Cromer. Falseando el debate hacia las disyuntivas Islam-Democracia, imposición del velo-libertad de la mujer.
Desde la perspectiva de las mujeres árabo-musulmanas el uso del velo puede ser tributario de decisiones muy diversas: resistencia, reafirmación identitaria, estrategia de movilidad, y también de sumisión o como símbolo del islam político. En palabras de la feminista iraní Valentine Moghadam:
El velamiento voluntario no es necesariamente expresión de filiación con, o de apoyo a, un movimiento islámico político, sino más bien de forma paradójica representa el rechazo de la autoridad parental o patriarcal entre mujeres jóvenes rebeldes. Éste puede ser de modo especial el caso de las jóvenes de familias no tradicionales -por ejemplo, palestinas, argelinas o tunecinas- que al ponerse el hiyab aspiran a una autonomía personal y a una apariencia más seria, sobre todo en colegios mixtos. [Moghadam, 149]
Existen miles de mujeres musulmanas que visten hiyab y que estudian, trabajan y militan en formaciones de izquierda. Es el caso de Ilham Moussaïd, estudiante de 22 años que se presenta como candidata por el izquierdista NPA, que lidera Olivier Besancenot, en las elecciones regionales de marzo en Provenza-Alpes-Costa Azul. «Se puede ser laica y feminista llevando el velo», reivindica.
Pero la propuesta de Nicolas Sarkozy supone ir más allá, y prohibir el velo integral en cualquier espacio público, incluida la calle. Sorprende tanta actividad y propaganda desplegada ¿existía alarma social? ¿problemas de convivencia? Según el ministro de Interior, Brice Hortefeux, de los más de cinco millones de musulmanes que viven en el Estado francés sólo 1.900 mujeres llevan velo integral. ¿Cuándo dejarán de pensar y legislar por ellas?
Antonio Cuesta es corresponsal de Prensa Latina en Turquía
http://estambul.wordpress.com/
Referencias bibliográficas:
- Mary Nash, Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos. Alianza editorial, Madrid 2004.
- Frantz Fanon, A dying colonialism. Grove Press, Nueva York 1967.
- Valentine Moghadam, Modernizing women. Gender and social change in the Middle East. Lynne Rienner Publishers, Londres 1993.
sábado, 10 de octubre de 2009
Italia: El partido de coalición en el gobierno propone prohibir el velo islámico

7 de octubre de 2009
RIA NOVOSTI
El segundo partido gobernante de Italia, la Liga del Norte propone prohibir por ley en el país el uso del velo islámico o "burka" argumentando motivos de seguridad.
El proyecto de ley que preparan los parlamentarios de Liga del Norte establece enmiendas a la norma de 1975 sobre "la defensa del orden público e identificación de personas". El documento de 1975 prohíbe uso "no justificado" de cascos y otras vestimentas que puedan dificultar el reconocimiento de la persona, informó la agencia Ansa.
Según la agencia, los diputados de Liga del Norte proponen precisamente suprimir la palabra "uso no justificado" e incluir en la lista de objetos que impiden reconocer a la persona, "las vestimentas que se usan por afiliación religiosa", en este caso, el velo que cubre completamente el rostro de la mujer que profesa la religión islámica.
"No somos racistas ni tenemos nada contra los musulmanes, sin embargo la ley debe ser igual para todos", dijo el portavoz de Liga del Norte, Roberto Cota.
Los diputados del partido declaran también que el Corán no tiene indicaciones sobre el uso del velo islámico. "Queremos dejarlo claro para que todos sean reconocidos en lugares públicos".
El documento preparado por Liga del Norte no modifica sanciones contempladas por la ley de 1975 que prevé penas de dos años de cárcel y multa de hasta 2.000 euros.
Por su parte, la oposición italiana se pronunció contra la propuesta de Liga del Norte.
"Es una propuesta inconstitucional que afecta la libertad religiosa", declaró la portavoz del Partido Democrático, Donatella Ferranti.
