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viernes, 5 de febrero de 2010

El paso atrás de Obama ante la esperada reforma sanitaria


EL GOBIERNO RENUNCIA A PROPORCIONAR UN PLAN PÚBLICO DE SALUD PARA TODA LA POBLACIÓN

La promesa del presidente de los EE UU de reformar la sanidad, en el único país industrializado del mundo sin cobertura universal, se desvanece. El “Yes, we can” retrocede ante el poder de las aseguradoras médicas.

Alsi Canales
San Francisco (EE UU)
4 de febrero de 2010.
Elaboración: DIAGONAL

La reforma del sistema sanitario estadounidense fue un punto central en la campaña electoral de Barack Obama. En noviembre de 2009, la Cámara de Representantes aprobó una versión del anteproyecto de ley para una reforma, que fue seguida por la aprobación de la versión del Senado el pasado 24 de diciembre, en esta cámara los demócratas acaban de perder la mayoría absoluta. Si bien no se conocerá el proyecto definitivo hasta que finalice la negociación entre ambas cámaras (que ahora deberán armonizar ambos textos en uno sólo o ponerse de acuerdo en aprobar una de las dos versiones), la posibilidad de un plan público de salud para el pueblo estadounidense ya ha quedado descartada, lo que podría explicar parcialmente la decepción de buena parte de las bases y votantes del partido demócrata. La sanidad universal, promesa electoral de Obama muy aclamada por buena parte de los medios de comunicación, se convertirá finalmente en una obligación jurídica de comprar un producto privado: la ciudadanía deberá adquirir uno de los seguros médicos que ofrecen muchas de las compañías aseguradoras que operan en el país. Todo ello a pesar de que Obama y el vicepresidente Biden se expresaron en contra de esta medida hace un año. A partir de ahora, quien no obtenga una póliza médica recibirá una multa.

El Gobierno de EE UU ha renunciado también, como explica el catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas Vincenç Navarro, a la medida muy popular de financiar la reforma con los impuestos sobre los grupos más pudientes. Gana terreno, por el contrario, la propuesta republicana de que la expansión de la cobertura a las personas sin prestaciones médicas se realice a base de aumentar los impuestos de los trabajadores que tenían un aseguramiento colectivo, lo que penaliza a los colectivos de trabajadores mejor organizados.

Enemigos de lo público
En el único país industrializado del mundo que sigue sin contar con una asistencia sanitaria universal, los conservadores y las aseguradoras, que con la reforma verán ampliado su mercado, se han opuesto de manera ferviente a la opción pública, que temen pueda servir de ‘caballo de Troya’ para sustituir el modelo actual de pagadores múltiples por un modelo de pagador único (single-payer), un seguro social universal. Este último, que viene siendo reivindicado desde hace tiempo por diferentes asociaciones de profesionales médicos y colectivos de los movimientos sociales, ha pasado a ser un tema del que los políticos han evitado hablar durante los meses que ha durado el debate de la reforma sanitaria. En mayo de 2009, ocho activistas fueron detenidos durante una vista que celebraba la Comisión Financiera del Senado sobre la reforma sanitaria. Esta vista incluía un panel de invitados de 41 expertos, entre los cuales no se encontraba ningún representante de las asociaciones médicas que defienden el sistema de pagador único, a pesar de que habían solicitado una invitación de forma insistente. El suceso ha pasado a ser conocido como el caso de Baucus 8.

La OMS, en su Informe sobre la salud en el mundo 2000 - Mejorar el desempeño de los sistemas de salud, dice que los objetivos de los sistemas sanitarios deben ser la buena salud, la receptividad ante las expectativas de la población y una contribución financiera justa. Sin embargo, en EE UU cada año mueren 100.000 personas por no poder sufragar los gastos de los servicios sanitarios, según un estudio de la Universidad de Harvard. Unos 47 millones de estadounidenses carecen de cobertura médica por ser rechazada por las compañías aseguradoras, por no poder pagar una póliza privada o por no cumplir con suficientes requisitos para entrar en uno de los programas médicos que ofrece el Estado a determinados grupos. Un dato más: la bancarrota por el alto precio de las facturas médicas conforma la primera causa de quiebra personal.

A la hora de intentar explicar el motivo de estos datos en el país que es considerado primera potencia económica, la mayoría de expertos no dudan en señalar hacia el poder de las compañías de seguros privados, que mueven un negocio de 400.000 millones de dólares al año. Las mismas compañías que controlan el sistema sanitario invierten también grandes sumas de dinero para financiar las campañas electorales de los candidatos (seis millones de dólares en el caso de la campaña de Barack Obama). Hace unos días aparecía en los titulares de varios medios de comunicación la decisión del Tribunal Supremo de eliminar restricciones en la financiación privada de las elecciones, por lo que no resulta difícil interpretar que la influencia de este sector seguirá creciendo, no sólo en la financiación de las carreras políticas sino además ejerciendo presión como potentes lobbies.
LAS POSIBILIDADES DE TENER COBERTURA SANITARIA EN ESTADOS UNIDOS

Si eres ’pobre’
Si puedes demostrar, según los requisitos del Estado, muy bajos ingresos los planes públicos principales son Medicare y Medicaid: para personas mayores de 65 años (con suficiente historial laboral), personas con alguna discapacidad, indígenas y nativos de Alaska, en algunos casos.

Como empleado
Seguro privado costeado (total o parcialmente) por el empleador: para personas empleadas por cuenta ajena, según la antigüedad en el puesto y el tipo de contrato. No todos los empleadores lo ofrecen. Suele tratarse de una cobertura general (con ‘agujeros’ según las necesidades de cada persona) y se cancela al perder el empleo.

Autónomo
Seguro privado abonado de forma individual: para trabajadores autónomos y personas que no entren en las categorías anteriores. La póliza aseguradora debe antes valorar y aprobar si el posible cliente es aceptable, según su edad, sexo e historial clínico, entre otros requisitos.

ENTREVISTA // CLAUDIA CHAUFAN, DEL GRUPO DE MÉDICOS PARA UN PROGRAMA NACIONAL DE SALUD
“Los políticos clave en la reforma han recibido millones de los lobbies”

Más de 17.000 profesionales de la salud defienden desde 1989 en Médicos para un Programa Nacional de Salud un seguro social universal y público.

Claudia Chaufan es médica, socióloga y vicepresidenta de la Alianza de Médicos de California, la división californiana del grupo Médicos para un Programa Nacional de Salud (Physicians for a National Health Program), una organización de 17.000 médicos, estudiantes y profesionales de la salud que desde 1989 defienden un seguro de salud universal, público y sin fines de lucro.

DIAGONAL: ¿Cómo se explica que el gasto en sanidad de EE UU duplique el de otros países industrializados y, sin embargo, esté a la cola de estos en la media de esperanza de vida y cuente con los índices más altos en mortalidad infantil?
CLAUDIA CHAUFAN: El sistema actual es un modelo de pagadores múltiples con fines de lucro: es decir, se dan servicios médicos a través de las compañías aseguradoras. El motivo principal por el que hay un gasto en salud tan elevado son los gastos administrativos excesivos y la burocracia. Cada paciente tiene un tipo de seguro distinto. Cada seguro conforma un grupo de papeles diferentes y cada médico debe negociar con cada aseguradora para poder justificar lo que recomendó a cada paciente. Todo este papeleo es lo que llamamos gasto administrativo. El sistema estadounidense gasta de 30 a 40 centavos por dólar moviendo papel. Otro motivo es que aquí se pagan los precios más altos del mundo por unos servicios que en otras partes cuestan mucho menos. Los médicos y hospitales se han convertido en empresarios. Algunas personas tienen un seguro privado a través de sus empleadores. Otras compran un seguro de forma individual. El 62% de la gente que se declara en bancarrota lo hace por culpa de los servicios médicos. Lo más interesante es que de ese 62% que se declara en quiebra, el 78% tiene un seguro de salud. El problema es que el seguro no cubre suficientes necesidades porque está lleno de agujeros.

D.: ¿Qué es lo que impide que se pueda implantar el modelo de asistencia sanitaria universal, de un pagador único y público, conocido como sistema single-payer?
C.CH.: Hay que seguir el trayecto que recorre el dinero y ver dónde va a parar el de las aseguradoras y las compañías farmacéuticas: a los bolsillos de los legisladores, de los senadores y del presidente. Obama era un activista comunitario que defendía el modelo de pagador único. Cuando consiguió el Senado, la Cámara de Representantes y la Casa Blanca, cambió de idea. Entre otros motivos, porque las corporaciones multinacionales le han dado dinero, a él y a los legisladores de su partido. Y los políticos clave en todo este debate de reforma sanitaria, nombrados por el presidente para, por ejemplo, presidir los comités donde se decide el destino de millones de personas, como el senador Max Baucus, han recibido sumas millonarias del lobby medico- farmacológico. Y en este país todo esto es legal.

D.: ¿Se puede entonces decir que los anteproyectos de ley que se han aprobado hasta ahora beneficiarán más a las compañías aseguradoras que a la población?
C.CH.: Totalmente. Esto no es un derecho a la salud. Esto es venderse a las compañías aseguradoras porque les garantizan millones de clientes. Quien no quiera o pueda comprar una póliza tendrá que pagar una multa. Dicen que darán subsidios a quien no pueda comprar un seguro, pero esos subsidios vendrán de los impuestos. Lo van a sacar de un bolsillo para dártelo en el otro. Además, habrá que probar que se es suficientemente pobre para no poder pagarlo. Habrá que ir a un tribunal, con un abogado, para demostrar que no se puede pagar. ¿Pero si no tienes dinero para pagar un seguro, cómo vas a pagar a un abogado? Es maquiavélico. Te pone entre la espada y la pared.
Lo interesante es que los políticos en este país han convencido a muchos, aunque no tantos como la prensa oficial quiere hacerte creer, de que los problemas sociales se resuelven yendo de compras, como si lo que faltase fuese competitividad. Además, las personas empleadas por cuenta ajena no podrán elegir su seguro sino que tendrán que conformarse con el seguro que escoja el empleador, con las características de la cobertura que elija éste, que es la situación que ya se estaba dando. Y si pierden el empleo, se quedarán sin ese seguro médico y tendrán que salir de compras.
La propuesta de los demócratas ha sido mantener el sistema cuya base es el seguro de salud con fines de lucro para cubrir necesidades básicas. Obama dice que al final lo han dejado así para que te puedas quedar con tu plan si te gusta. Lo que no dijo es que si no te gusta, tendrás que quedártelo igual. No hay elección. Esa explicación no me convence. Se trata de un paso atrás en el derecho a la salud: las aseguradoras tienen un poder económico, ergo, un poder político, extraordinario en este país.
“El aborto ha quedado fuera de los cambios”

D.: ¿Cómo afecta que no se lleve a cabo esta reforma del sistema sanitario a la salud y los derechos de las mujeres?
C.CH.: Dentro de las reformas y cambios que se están introduciendo, el aborto ha quedado explícitamente fuera de ellas. Las mujeres, durante la época reproductiva, tenemos más gastos que los hombres. Ahora, por ley, las aseguradoras no podrán cobrar más por ser mujer. Pero los gastos que no entren en el paquete básico se los tendrán que costear las mujeres de todos modos. El hecho de que una necesidad no entre en el paquete no significa que no vaya a existir esa necesidad. Las mujeres siempre salen mal paradas con estas cosas, sobre todo las mujeres pobres, porque las mujeres de una cierta condición económica nunca dejaron de practicar una interrupción voluntaria del embarazo o atender sus necesidades, sean las que fueren. Este país tiene un índice de embarazos no deseados mucho más elevado que el europeo porque prohíbe que el dinero público se destine a programas de educación sexual, a menos que sólo hablen de abstinencia.

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viernes, 8 de enero de 2010

Enfermos de terror


08-01-2010
Amy Goodman
Democracy Now

En los últimos días, los medios de comunicación se han visto inundados con informes acerca del frustrado atentado al vuelo 253 de Nothwest Airlines el día de Navidad. Cuando Umar Farouk Abdulmutallab, ahora conocido como “el hombre del explosivo en la ropa interior”, falló en su presunto ataque, casi 300 personas se salvaron de lo que muy posiblemente habría sido un horrible y violento final. A partir de este incidente aéreo, se ha reiniciado el debate en torno al terrorismo y la mejor manera de proteger al pueblo estadounidense.

Al mismo tiempo, otro asesino acecha a los estadounidenses. Según cifras estimativas recientes este asesino se cobra la vida de 45.000 estadounidenses al año (uno cada 10 minutos) pero aún así pasa desapercibido. Esto significa que 3.750 personas que mueren cada mes —más de las que murieron en los atentados del 11S— podrían salvarse con una simple firma.

Este asesino es la falta de una adecuada cobertura médica en Estados Unidos. A finales de 2009, investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard llegaron a la conclusión de que 45.000 personas mueren innecesariamente cada año a causa de la falta de seguro de salud. Los investigadores revelaron además otro hecho sorprendente: en 2008 murieron cuatro veces más veteranos del ejército estadounidense porque no tenían seguro de salud que el número total de soldados caídos en Iraq y Afganistán en el mismo período. El dato es correcto: 2.266 veteranos de menos de 65 años murieron porque no tenían seguro médico.

El martes, el Presidente Barak Obama se mostró vehemente en su declaración pública tras la reunión que mantuvo con el equipo de seguridad nacional para tratar el tema del atentado. Obama afirmó: “No fue un error al recabar información de inteligencia, fue un error al integrar y entender la información que ya poseíamos. La información existía. Las agencias y analistas que la necesitaban tenían acceso a ella y nuestros profesionales estaban entrenados para buscar y compilar ese tipo de información. Voy a aceptar que por su naturaleza, la información de inteligencia es imperfecta, pero está cada vez más claro que en este caso, la información de inteligencia no fue analizada por completo ni aprovechada al máximo. Esto no es aceptable y no voy a tolerarlo. Una y otra vez hemos visto que es crucial compilar información y actuar en forma inmediata para permanecer un paso por delante de hábiles adversarios. Como consecuencia, debemos actuar mejor y actuaremos mejor. Es imperativo que lo hagamos rápidamente. Están en riesgo vidas estadounidenses.”

Todo lo cual es realmente admirable. Imagínense si se tratara con la misma urgencia el tema del resquebrajado sistema de salud que innecesariamente causa la muerte de 45.000 personas por año. Y ya que ahora se destinarán fondos de estímulo para proveer a los aeropuertos con más equipos de escaneo, ¿por qué no destinar dinero a garantizar que en todos los centros de salud comunitarios se puedan realizar mamografías y exámenes de próstata?

Está también el tema de la investigación acerca de quién es responsable por el atentado fallido de Navidad y el intento de obtener del presunto atacante “información de inteligencia procesable” a fin de prevenir futuros ataques. Todo eso está muy bien.

Sin embargo, tenemos “información procesable” acerca de por qué la gente muere por falta de seguro médico y de cómo las compañías de seguros de salud privan sistemáticamente de cobertura a sus afiliados para aumentar sus ganancias, y ¿qué se ha hecho acerca de este tema?

El día anterior al incidente de la bomba escondida debajo de la ropa interior, en vísperas de Navidad, el Senado de Estados Unidos aprobó el Proyecto de ley de Reforma del Sistema de Salud con 60 votos a favor y 39 en contra. Obama describió el proyecto como “la legislación social más importante desde la Ley de Seguridad Social aprobada en la década de 1930”. Sin embargo, para llegar a ese mágico número de 60 votos en el Senado, el ya debilitado proyecto de esa cámara tuvo que ponerse de rodillas ante los gustos del Senador Joe Lieberman de Connecticut, el Estado conocido como la meca de las empresas de los seguros de salud, y del demócrata conservador Ben Nelson de Nebraska. Las versiones de la reforma del sistema de salud del Senado y de la Cámara de Representes deben ahora ser conciliadas en un Comité bicameral especial.

En Estados Unidos, el proceso de los comités bicamerales especiales es poco conocido. Es frecuente que durante este proceso los proyectos de ley sufran cambios importantes que pasan casi o totalmente desapercibidos. Es por este motivo que Brian Lamb, Director General de C-SPAN envió una carta a los líderes del Congreso el 30 de diciembre solicitando autorización para televisar el proceso. En ella escribió: “Respetuosamente solicitamos a ustedes permitan que el público tenga acceso total, a través de la televisión, al proceso de definición de esta legislación, que afectará la vida de cada uno de los estadounidenses.” Pero en lugar de simplemente permitir el acceso, la Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, afirmó que “nunca ha habido un proceso más abierto que este”.

Además, Pelosi y los demócratas dicen ahora que el proyecto ni siquiera pasará por un comité bicameral formal, sino que más bien se negociará en sesiones informales a puertas cerradas entre los presidentes de los comité claves. De esta manera los republicanos no tendrían oportunidades de obstruir el proceso, pero al mismo tiempo esto daría a unos pocos individuos un enorme poder para hacer tratos, tal como hicieron los senadores Nelson y Lieberman. Dado que las industrias de seguros, de equipos médicos y las farmacéuticas gastaron cerca de 1,4 millones de dólares por día para ejercer influencia en el debate acerca de la reforma de la salud, debemos preguntarnos: ¿quién tendrá acceso a los pocos legisladores detrás de esas puertas cerradas?

Wendell Potter, el ex portavoz de la aseguradora CIGNA y quien se ha convertido en denunciante de la industria de los seguros de salud dice saber “dónde se sepulta a los muertos”. Seamos consistentes. Si nos preocupamos por salvar vidas estadounidenses, pongámonos en acción ahora.

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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Fuente: http://www.democracynow.org/es/blog/2010/1/7/enfermos_de_terror

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lunes, 24 de agosto de 2009

¡Eh! Obama. ¿Cómo van las cosas?


23-08-2009
David Michael Green
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Tanto el plan de reforma del sistema de salud como la presidencia del presidente Obama se van por el desagüe.
Está bien, y es justo, y es exactamente como debería ser.
Resulta que Obama es un presidente desastroso, totalmente inadecuado para los tiempos y para los desafíos nacionales y globales de EE.UU., y sus tasas de aprobación lo reflejan.

Con Obama, viene toda la adulación corporativa del último presidente demócrata, junto con una renuencia aún mayor que Clinton - ¿quién lo hubiera creído posible? – a citar nombres, mencionar enemigos, y lanzar una maldita trompada de vez en cuando. (También vemos una continuación de las políticas de derechos civiles y de libertades civiles de Dick Cheney, como un extra, pero esa es otra historia.) Lo que lo hace aún más sorprendente esta vez, sin embargo, es que hemos visto esta película antes, y sabemos cómo termina. Aparentemente no puede caer más bajo – como lo han reconfirmado los eventos de las últimas semanas – en el pozo de crueles mentiras, tácticas brutales, y trucos demoledores de la democracia que serán utilizadas por los retrógrados en su práctica de la política estadounidense contemporánea. Además de no estar preparado para ello, Barack Obama es aparentemente incapaz de elevar su voz un decibel o dos contra la gente misma que le ayuda a destruir su propia presidencia. Por cierto, está negociando acuerdos “bipartidarios” con ellos (léase: una capitulación total), incluso mientras lo ponen por los suelos ante una audiencia nacional.

¿Está tan embaucado este presidente que llega a creer que hay límites en lo que la derecha hará no sólo a la república, por lo que Obama parece tener sólo una consideración pasajera, sino también a su presidencia, por lo cual por lo menos debiera preocuparse un poco? ¿Piensa Kumbaya Kid que los retrógrados no tratarán de aniquilarlo exactamente como lo hicieron con Bill Clinton, incluso mientras se obsesionan ahora mismo con atolondradas historias conspirativas que cuestionan incluso su derecho legal a ser presidente, su propia ciudadanía? ¿Cree todavía realmente en el bipartidismo, este individuo que parece querer, más que cualquier otra cosa, que todos estén contentos y canten en el mismo tono, en el mismo momento en el que la misma gente con la que está negociando refuerza las mentiras más absurdas e incendiarias en las que alegan intenciones ancianicidas de su reforma del sistema de salud?

Lo siento. ¿Dije “su reforma del sistema de salud”? El problema número uno es que no existe nada semejante. Como en todas las cosas de importancia en las que ha estado involucrado este gobierno, parece estar bastante satisfecho con ceder ante el Congreso y permitir que su proceso de amaño genere precisamente la abominación política que se podría esperar, con todas las obligaciones políticas que hemos llegado a conocer y adorar de parte de una semejante colección deprimente de 535 (menos dos o tres) enanos morales.

Perdón. ¿Dije “ceder ante el Congreso”? Parece que de nuevo metí la pata. Lo que quiero decir en realidad – y es el problema número dos – es ceder ante un grupo selecto de miembros del Congreso. En particular, demócratas conservadores y republicanos supuestamente moderados (ya sabéis, como inmensas camionetas todo terreno con bajo consumo de gasolina). Ahora mismo, por ejemplo, probablemente los dos protagonistas más importantes en EE.UU. en el tema de la atención sanitaria sean Max Baucus y Chuck Grassley. Ambos han recibido masivas donaciones para su campaña de las industrias que tienen más que perder en esta legislación. Indudablemente, sin embargo, es pura coincidencia. Lo que están haciendo ahora mismo, y lo que Obama les permite que hagan, no es nada menos que castrar todos los aspectos serios de la reforma del sistema de salud. Finalmente, al tener éxito en lo que hacen, y al ser la cola que menea a todo el perro en este país de 300 millones de personas, Grassley ni siquiera votará por la ley, ni ningún republicano. Como en el caso de la ley de estímulo, Obama sigue permitiendo que la legislación sea asesinada mediante mil recortes. Todo en nombre de algún dios del bipartidismo que ahora adora, incluso a pesar de que ninguno de los cuchilleros estará presentes cerca del cadáver maloliente que han creado cuando termine por ser tirado a la suerte en la votación del Congreso. Me parece bastante chiflado, pero supongo que si uno se pone a pensar en el tema, la definición de Obama de participación bipartidaria en el proceso en el proceso legislativo tiene realmente sentido, después de todo: los republicanos asesinan la ley, luego los demócratas votan por ella. Cada cual tiene su papel. Todos contribuyen.

Por lo que se puede ver hasta ahora, la legislación logrará muy poco en términos de verdadera reforma, disminuirá los programas de atención sanitaria existentes, a pesar de ello exacerbará la explosión de la deuda nacional, y ni siquiera comenzará a tener efecto hasta 2013. Vaya, para lo que les va a servir a los estadounidenses, ¿por qué no hacer bien el trabajo y enviar todas las prestaciones a la gente que vive en Kuala Lumpur?

¿Será universal la atención sanitaria en EE.UU., poniendo a este país al nivel de lo que todas las demás democracias industrializadas han practicado durante la mayor parte de un siglo? No. ¿Aumentaremos masivamente la cantidad de atención sanitaria real que proveemos, mientras eliminamos la increíble inflación en costes de nuestro depredado sistema basado en intereses especiales, adoptando la elección perfectamente obvia del modelo de un solo pagador? No hay probabilidad alguna. ¿Se creará incluso una verdadera opción pública, que mostraría instantáneamente la increíble especulación y derroche en la industria de los seguros, mientras al mismo tiempo desmentiría la interminable retórica sobre la eficiencia del sector privado y la chapucería del gobierno? No, no la habrá (pero el presidente Obama quiere que sepas que aprecia la pregunta). El Gobierno de la Capitulación señalizó esta semana que también renuncia a eso. Por supuesto, debido a la oposición republicana. ¿Te acuerdas de esos sujetos, verdad? Son los que tienen minorías tan pequeñas en el Congreso que ni siquiera pueden reunir un cuarenta por ciento de los votos del Senado para bloquear la consideración de legislación mediante tácticas obstructivas.

Es la gente ante la cual claudica Obama. Son los que mandan. Parece que nosotros, los de a pie, estamos recibiendo una nueva educación sobre cómo funciona realmente la política de EE.UU. Evidentemente, existe un nuevo algoritmo que no conocía. Es el siguiente: Cuando los republicanos controlan el Congreso y la Casa Blanca, ellos son los que gobiernan. Cuando los demócratas controlan el Congreso y la Casa Blanca… los republicanos siguen gobernando. Bueno. Por lo menos sabemos cómo funciona la cosa. Y tampoco es necesariamente una mala noticia. ¡Ya no tiene sentido seguirse complicando la vida con esas confusas elecciones!

Mientras tanto, ya no es necesario compenetrarse del texto de los miles de páginas de jerigonza legal contenido en las cinco propuestas separadas de reforma del sistema de salud que ahora pasan por el Congreso a fin de descubrir si contienen buenas noticias o no. Puedes saber mucho sobre alguien o algo sólo por la compañía en la que está. Baste decir que las industrias de los seguros y de la industria farmacéutica están gastando ahora cientos de millones de dólares en anuncios en la televisión a favor de la “reforma” del sistema de salud. Me cuesta pensar en una prueba de fuego más fácil o más pura para determinar si es una legislación buena o no. Si esos sujetos están a favor, especialmente si gastan millones para que sea aprobada, es seguro que yo estaré en contra. Y si esas industrias están a favor, es seguro que con el asunto se enriquecerán y que nosotros no obtengamos nada. Excepto tal vez más pobreza. Y más enfermedad.

Los anuncios farmacéuticos son especialmente irritantes, ya que prueban que realmente nada es suficientemente inmoral como para ser excluido del discurso de la política estadounidense. Esos spots publicitarios muestran a dos actores que representaron a Harry y Louise – las mismísimas marionetas que volvieron en 1993 y recibieron un cheque a cambio de asegurar que a decenas de millones de estadounidenses se les negara la atención sanitaria desde entonces. Ahora vuelven, propugnando esta vez la legislación en lugar de oponerse a ella, y diciéndonos con mojigatería: “Ya es hora” de que “finalmente tengamos una reforma del sistema de salud.” Cuando “Sally” – asesina de la atención sanitaria estadounidense por unas monedas – entona correctamente que: “con un poco más de cooperación, un poco menos de política y esta vez podemos terminar la tarea,” quisiera meterme en el televisor y arrancarle la cabeza. Ciertamente no la está utilizando. Trataría de hacerlo con su corazón, pero ya se lo extirparon hace tiempo. ¿Hay algún motivo para que a esa gente no la hayan sacado y la hayan pegado un tiro? Y a falta de eso, ¿tienen algún tipo de nuevas almohadas especiales, de alta tecnología, que permitan que gente semejante duerma de noche a pesar de que una conciencia de 40.000 toneladas pesa sobre sus cráneos?

¿Por qué demonios iban a publicar anuncios a favor de la reforma del sistema de salud las industrias aseguradoras y farmacéuticas? Estoy pensando en voz alta, pero me pregunto si tiene algo que ver con los acuerdos que un cierto Barack Obama hizo con ellas entre bastidores, prometiendo limitar a montos patéticamente mínimos cualesquiera futuras inhibiciones de los festines a los que se habían acostumbrado. En acuerdos que el New York Times ha caracterizado delicadamente como “potencialmente en conflicto con la retórica del presidente,” Obama se ha comprado el apoyo de esas industrias por una miseria. Por lo menos, por una miseria de su capital. Los verdaderos costes seguirán cayendo sobre decenas de millones de estadounidenses sin ninguna o pésima atención sanitaria, incluidos las decenas de miles que mueren cada año por ese simple hecho. A cambio de su apoyo político, nuestro presidente “socialista” prometió en secreto a las industrias farmacéuticas y aseguradoras que sus costes bajo cualquiera nueva legislación se limitarían a 80.000 y 155.000 millones de dólares respectivamente, durante diez años. En breve – pequeñeces.

Tal vez me perdonen por comenzar a sentir que lo que Obama realmente quiere de la reforma del sistema de salud es simplemente que pueda decir que la hizo. No importa que prácticamente no haya reforma en esta legislación de reforma del sistema de salud. No importa que ni siquiera tenga su propia propuesta, sino que esté cediendo ante los peores elementos de un cuerpo legislador que es una subsidiaria en propiedad absoluta de los intereses corporativos estadounidenses. No importa que cualquier pequeño efecto que dicha legislación vaya a tener ni siquiera comience a ser visto durante otros cuatro años, y entonces será introducido paulatinamente durante otro período de varios años. Y no importa que, incluso después que la ley entre en vigor, este país siga sufriendo de todas las principales enfermedades de un sistema diseñado principalmente para suministrar beneficios para unos pocos, en lugar de atención sanitaria para todos.

Lo que me sigue asombrando, sin embargo, es lo que pasa por ser cálculo político en la Casa Blanca estos días. Nunca supuse que Obama sería necesariamente muy diferente de Bill Clinton, en el sentido de que realmente tuviera un conjunto de buenas políticas progresistas o de que realmente le importara un comino el público estadounidense. No hubo desilusiones al respecto (aunque ¿por qué tuvo que ser aún peor, más parecido a Bush que a Clinton?). Sin embargo, siempre supongo que a casi todos los políticos los consume por completo lo que verdaderamente apasionaba a Clinton: el interés propio.

Pero, incluso sólo desde la más estrecha de las perspectivas, ¿cree realmente el equipo de Obama que su estrategia ayude políticamente al sujeto? ¿Les gusta realmente que su incapacidad de articular un plan, o incluso un conjunto de principios fundamentales, hayan llevado a conformar el debate sobre la reforma de la salud? ¿Creen realmente que podrán ir ante los votantes en 2012 y conquistar sus corazones con un plan de salud que no vale nada, aprobado tres años antes, y que deberá entrar en funciones a full tres años después? Odio más que nada si sueno como uno de los retrógrados a quienes tanto desprecio, pero si éste es el nivel de sofisticación política en el que se encuentra en la Casa Blanca de Obama, entonces, de hecho, no quiero realmente que este payaso negocie con Vladimir Putin.

Barack Obama nos ha dado el peor de todos los mundos. La aprobación de una ley de reforma del sistema de salud – incluso algo que remotamente merezca el nombre – parece ser ahora una proposición dudosa. Si es aprobada, no valdrá ni el papel en el que está escrita. Mientras tanto, todas las tácticas más desagradables y engañosas han salido a la superficie en el sumidero del discurso político estadounidense, opuestas débilmente en el mejor de los casos por una Casa Blanca que haría que Bob Esponja parezca por comparación el hijo natural de Genghis Khan y José Stalin, y que tiene tan poco peso que no fue capaz de anticipar e inocular contra esos ataques que cualquier idiota que no haya estado totalmente comatoso durante las últimas décadas pudo haber previsto que sobrevendrían. Lo peor de todo, cuando finalmente se despeje el humo, esta debacle conllevará un masivo desprestigio del así llamado liberalismo, y una severa puesta en peligro del Partido Demócrata (no es que tenga mucha importancia) en los dos próximos ciclos electorales. Pensemos un segundo en eso. ¿Cuán absolutamente, terriblemente, magnificentemente inepto hay que ser para haber reanimado las esperanzas de un Partido Republicano, a sólo 200 días desde la partida del poder de George W. Bush y Dick Cheney? No basta un idiota para hacer algo semejante, os lo digo. Una tal tarea requiere un tarado de calidad mundial.

Lo que Obama debería haber hecho es simple, y es tanto más sorprendente que no lo haya hecho. Primero, debería haber formulado un plan serio (tal vez en falsas negociaciones con ciertos dirigentes clave del Congreso, para hacer que se sintieran poderosos e incluidos, tal vez no), y haberse adherido a él. Por lo menos, debería haber articulado tres o cuatro principios esenciales no negociables que exigiría de cualquier legislación de reforma del sistema de salud. Deberían haber girado alrededor de ideas simples de comprender y claramente beneficiosas para los estadounidenses que no pertenezcan a la elite. Debería haber propagado ese plan en grandes eventos, como ser discursos televisados a ambas cámaras del Congreso – en lugar de esas patéticas conferencias de prensa que hace todo el tiempo, donde la prensa puede formular cualquier pregunta, y donde un improvisado Profesor Wonk divaga dando respuestas de diez minutos, totalmente llenas de pausas y cláusulas, que garantizan una audiencia anestesiada o que distraen su atención por completo, a otro tema del todo diferente.

Debería haber nombrado enemigos, desde el comienzo. Debería haber advertido a los estadounidenses ante lo que esa gente haría en las semanas y meses siguientes. Y debería haberlos denunciado, airadamente y por su nombre cuando lo hicieron realmente. Cuando comenzaron a mentir y a atemorizar a los ciudadanos mayores a fin de proteger contra la reforma sus estafas legalizadas, debería haberlos golpeado tan duro que hubieran caído sobre sus gordos traseros corporativos, para no volver a levantarse. Debería haberlos llamados codiciosos, egoístas, traidores dispuestos a mentir y robar para enriquecer aún más sus infladas personas, mientras decenas de miles de estadounidenses mueren cada año por falta de atención sanitaria.

Sobre todo, lo que Obama debería haber hecho es mostrar algo de pasión. Tiene que dejar de lado el espectáculo del abúlico profesor conciliador. Una noticia (evidentemente) para la Casa Blanca de Obama: Si el presidente tiene el menor deseo de vender sus políticas, tiene que vender sus políticas. Si quiere dirigir, tiene que dirigir. Y si quiere nuestro apoyo, tiene que decirnos por qué es importante. Con fuerza. Míster Popular no lo entiende – lejos de eso.

Finalmente, Obama debería haber hecho tragar su plan a la fuerza al Congreso, donde – aunque no se diría que sea así – su partido tiene mayorías masivas y a prueba de obstaculización. No sé lo que piensan los demás, pero no creo que el modelo de presidencia del Siglo XIX sea particularmente apropiado para el Siglo XXI. Tenemos Seguridad Social y el resto de los programas del Nuevo Trato porque Franklin Roosevelt hizo mucha presión en el Congreso. Tenemos Medicare y Medicaid y derechos civiles porque Lyndon Johnson casi les arranca los brazos, forzando sus leyes por un Congreso renuente mediante zanahorias grandes, garrotes aún mayores, y una estrategia incisiva.

¿Qué logró Millard Fillmore? ¿James Buchanan? Si no lo recuerdas, no te preocupes – no significa que seas un estudiante deficiente de historia estadounidense. Sólo significa que no lograron nada que valga la pena recordar. ¿Por qué será que, en nuestros días, Ronald Reagan y George W. Bush consiguieron todo lo que querían del Congreso, mientras Bill Clinton y Barack Obama – incluso cuando se rindieron totalmente ante Wall Street, e incluso si tienen masivas mayorías en el Congreso – terminan como si fueran la principal fuente de entretención de los sujetos en Cell Block D? Ni Franklin Roosevelt ni Harry Truman ni Lyndon Johnson volverían a reconocer al Partido Demócrata. A menos que inadvertidamente lo confundieran con un chinche aplastado en el vestíbulo de la sede del Partido Republicano.

Después de haber vivido los años increíblemente inánimes de la era Clinton, no me sorprende tener otro presidente demócrata cuyos verdaderos electores se encuentran en las salas de consejo corporativas. Sin embargo, me horroriza tener a otro que al parecer no aprendió nada de la experiencia de los años de Clinton, quien parece ser aún más conciliador que el necio “Por favor señor, ¿puedo tomar uno más?” que fue el propio Clinton, y quien aparentemente carece de todo instinto real aunque fuera para la propia preservación política.

De modo que tengo que preguntar: ¡Eh! Obama. ¿Cómo van las cosas? En ocho meses has desperdiciado una oportunidad masiva e histórica. Has resucitado un partido político criminalmente malo que, con un pequeño empujón en la dirección apropiada, podría estar enterrado para siempre. Has permitido que casi cualquiera diga casi cualquier cosa sobre tu persona y tus políticas, sin consecuencias. La gente anda por ahí diciendo que vas a matar a abuelas, y millones les creen. Te están poniendo en la picota por fracasos falsos del sistema de atención sanitaria británica, y tu propuesta desabrida, tibia, descompuesta – si es que llegas a tenerla – no tiene siquiera el menor parecido con el NHS [sistema de salud británico].

No has producido nada de importancia en tus Cien Días, ni siquiera en doscientos. Los historiadores no te mencionarán en el mismo suspiro que a Franklin Roosevelt, sino más bien junto al maravilloso señor Fillmore. Has respondido a crisis épicas con medias tintas que han producido resultados de un cuarto. En el breve período de tu presidencia, tus tasas de aprobación han caído de bien arriba de sesenta a poco más de cincuenta. Aparte de que esas cifras comienzan a parecerse al tipo con un bastón que sube a tu escena, representan el doble de la caída que un idiota llamado George W. Bush sufrió en los primeros ocho meses en su puesto. Tal vez porque hizo mucho más en esos días. Mucho más (por horrible que haya sido), en los hechos, de lo que probablemente hagas en cuatro año, si sigues al mismo ritmo. Mucho más, incluso con un Congreso dividido. ¿Qué te parece, Hermano Barack? Te persigue el peor presidente de toda la historia de EE.UU.

De modo que, ¿cómo van las cosas?

¿Mis cosas? No muy bien. Esperaba otra cosa. ¿Sabes lo que quiero decir?

Te diré, sin embargo, que pareces un joven muy, muy simpático. Sí, sí – muy simpático, por cierto. Seguro.

Tanto que te lo prometo. Si alguna vez quiero a alguien como presidente que sea tan simpático que permita que malignos salvajes políticos lo desgarren mientras al mismo tiempo arruinan al país…

Prometo que tendrás mi voto.

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martes, 18 de agosto de 2009

La reforma del sistema de salud necesita un héroe


15-08-2009
Amy Goodman
Democracy Now

Imaginemos la siguiente escena. Estados Unidos, 2009. Dieciocho mil personas murieron en un año, un promedio de casi 50 al día. ¿Quién los está eliminando? ¿Qué los está matando?
Para investigarlo, el Presidente Barack Obama podría verse tentado a llamar a Jack Bauer, el agente de inteligencia inescrupuloso de la exitosa serie de televisión “24”, que siempre emplea la tortura y una serie de otras tácticas ilegales para ayudar al presidente a combatir el terrorismo. Pero el terrorismo no es el culpable aquí:
Es la falta de asistencia médica adecuada.

Entonces, quizá la solución del presidente no sea Jack Bauer, sino el actor que interpreta ese papel.
El protagonista de “24” es representado por Kiefer Sutherland, cuya familia tiene conexiones muy fuertes con la reforma del sistema de asistencia médica en Canadá. Sutherland es nieto del fallecido Tommy Douglas, el político canadiense pionero a quien se le atribuye la creación del moderno sistema de asistencia de salud canadiense. De joven, Tommy Douglas casi pierde una pierna. Su familia no podía pagar el tratamiento, pero un médico lo atendió en forma gratuita, con la condición de que sus estudiantes pudieran observar. De adulto, Douglas vio el impacto de la pobreza generalizada provocada por la Gran Depresión. Entrenado como pastor de la iglesia, tenía un estilo de oratoria popular.
Incursionó en la política, y formó parte del partido Federación Cooperativa del Commonwealth. Tras varios años en el Parlamento, lideró la decisiva victoria de su partido en la provincia de Saskatchewan, que llevó al poder al primer gobierno social-demócrata de América del Norte.
Douglas se convirtió en gobernador de Saskatchewan y fue pionero en la implementación de políticas progresistas allí, como la expansión de los servicios públicos, la sindicalización y el seguro público de los automóviles. Pero la mayor batalla de Douglas, por la cual es más recordado, es la creación de un seguro de salud público universal, denominado Medicare, que fue aprobado en Saskatchewan en 1962 y garantizó asistencia médica para todos los habitantes. Los médicos de la provincia hicieron una huelga que duró 23 días y que contó con el apoyo de la Asociación de Médicos de Estados Unidos. A pesar de la oposición de la industria, el programa Medicare de Saskatchewan fue tan exitoso y popular que fue adoptado en todo Canadá.
Tommy Douglas dijo: «La medida del valor de un gobierno no es solamente el Producto Nacional Bruto, tampoco el equilibro de la balanza internacional de pagos, no está solamente en la cantidad de reservas de oro. Seguramente el valor de un gobierno está en lo que hace por su gente, la medida en que mejora su calidad de vida, mejora la asistencia de salud, les da mejores medidas de seguridad, mejores estándares de valores morales. Eso es lo que hace grande a una nación».
Mientras Tommy Douglas luchaba por el sistema de salud en Canadá, una batalla similar se libraba en Estados Unidos. Esa batalla tuvo como consecuencia la aprobación de los programas Medicare y Medicaid, que garantizaron cobertura médica a los ciudadanos de tercera edad y a los pobres, a través de un sistema de pagador único.
Rush Limbaugh, Glenn Beck de Fox News y grupos financiados por la industria de los seguros están alentando a la gente a que interrumpa las reuniones con miembros del Congreso en las sedes de los gobiernos locales. Algunos de los enfrentamientos se han tornado violentos, o al menos amenazadores. Fuera de un evento encabezado por el Presidente Obama en Portsmouth, New Hampshire, un manifestante con una pistola atada a la pierna llamó la atención con un cartel que decía “Es hora de regar el árbol de la Libertad”. La cita completa de Thomas Jefferson, que no fue incluida en el cartel, prosigue así “…con la sangre de los tiranos y de los patriotas”. Rush Limbaugh dice que “24” es uno de sus programas preferidos. Hasta visitó el set de filmación. Rush debería aprender del actor que representa a su héroe, Jack Bauer. Limbaugh y su séquito pueden descubrir que la verdad no es tan satisfactoria como la ficción.
En 2004, un encuesta realizada por la Canadian Broadcasting Corporation nombró a Tommy Douglas como “El canadiense más grande” de todos los tiempos. En una manifestación en el año 2000 contra los esfuerzos por echar atrás el sistema de Medicare en la provincia de Alberta, Kiefer Sutherland defendió al sistema público de pagador único de Canadá.
Dijo: “El sistema de asistencia médica privada no funciona. Estados Unidos está intentando cambiar su sistema. Es demasiado caro conseguir asistencia médica total en Estados Unidos. ¿Por qué razón vamos a emular su sistema aquí?", se preguntó Sutherland. Y continuó "Considero que es un tema humanitario. Este es un tema sobre lo que está bien y lo que está mal, lo que es decente y lo que no”.

Quizá Jack Bauer pueda ser nuestra salvación.
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2009 Amy Goodman
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la presentadora de “Democracy Now!”, un noticiero internacional diario de una hora que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en 200 emisoras en español. Es coautora del libro “Standing Up to the Madness: Ordinary Heroes in Extraordinary Times,” recientemente publicado en edición de bolsillo.

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La problemática reforma sanitaria en Estados Unidos


18 de agosto de 2009
Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)

Un insólito evento reúne este año, del 15 al 23 de agosto, a millares de estadounidenses en el Fórum de Los Angeles, donde se ofrece algo jamás visto en este país: atención médica gratuita.
Inglewood, California, el distrito donde se encuentra el coliseo, está ubicado a pocas millas del lujoso barrio de Beverly Hills y de Hollywood, la meca del cine, aunque su nivel de vida está a enorme distancia de aquellos. Largas colas de personas llegan a pie o esperan muchas horas durmiendo en autos para tomarse la presión arterial, examinarse la vista, vacunar a sus hijos o hacerse practicar una mamografía.

En los dos primeros días del ejercicio, se brindó atención a 1500 hombres, mujeres y menores que habrían tenido que pagar $509,000. Treinta dentistas hicieron 471 extracciones, recibieron espejuelos graduados 320 pacientes, se hicieron mamografías 80 mujeres, se practicaron decenas de acupunturas y muchas decenas de personas más fueron vistas por especialistas. Lo proyectado para los ocho días de duración de este “mágico” evento era atender a 10,000 pacientes, quienes se habrían ahorrado $2 millones.

Estos servicios, que constituyen derechos cotidianos de los ciudadanos en países con menos recursos económicos pero mayor desarrollo social, se brindaron como parte de una campaña oficial por exponer la situación desastrosa que presenta el actual sistema sanitario que el presidente Obama ha prometido reformar, situando este propósito como el objetivo de máxima prioridad de su gobierno en materia de política interna. Pero esto es solo un ángulo de la problemática.

Las gigantescas corporaciones farmacéuticas y biotecnológicas estadounidenses, que fueran señaladas por Obama como fuente de los graves males que padece la atención de salud en el país, han sido -obviamente- los principales obstáculos para la reforma.

Solo que ahora la industria farmacéutica se ha mostrado dispuesta a ayudar a Obama en su programa de reforma sanitaria e invertirá en ello entre 150 y 200 millones de dólares. Esto, lejos de tranquilizar, alarma a los partidarios de la reforma que, por ello, la ven en peligro.

“La Casa Blanca y sus aliados del Congreso están conscientes de que estos esfuerzos de la PhaRMA (Pharmaceutical Research and Manufacturers of America, organización que integran 50 consorcios biotecnológicos y farmacéuticos, con una veintena de lobistas en el Congreso), representan una alianza política asombrosa, dada la tradicional parcialización de esta industria con los republicanos y su desdén por los demócratas”, dice un despacho de la Associated Press fechado en Washington el 4 de agosto, con la firma de su reportero David Espo y publicado en varios diarios y emisoras de radio y TV.

En el mismo sentido se manifestó el propio día 4 el periódico Los Angeles Times en un reportaje de su corresponsal en Washington, Tom Hamburger, quien recuerda que, como candidato, Obama condenó con dureza la influencia que detentaba el lobby de la industria farmacéutica en Washington e incluso apareció en un anuncio televisivo acusando al ex congresista por Luisiana Bill Tauzin, actual presidente y cabildero principal de esa poderosísima industria, por su papel en los denuedos por impedir la rebaja de los precios de las medicinas.

“Pero después de asumir Obama, Tauzin ha metamorfoseado. Se ha convertido en socio del Presidente y ha sido invitado media docena de veces a la Casa Blanca, donde dice haber conseguido un acuerdo en virtud del cual la Administración no intentará desmontar la política farmacéutica del Medicare que tanto criticara el Presidente durante la campaña electoral”, señala el trabajo de Hamburger.

Tauzin ha asegurado que la industria que representa ofrece ahora apoyo político y financiero a las iniciativas del Presidente en el campo de la salud y, a cambio, la Casa Blanca ha prometido, no solo la renuncia a regatear los precios de los medicamentos de Medicare sino también a no continuar apoyando la idea de importar medicinas a menor precio de Canadá o de Europa.

Funcionarios de la Casa Blanca reconocen haber discutido el asunto con Tauzin, pero no revelan si ha habido o no un acuerdo de bloquear negociaciones sobre los futuros precios de Medicare.

“Pero algo que todos reconocen es que ahora las compañías farmacéuticas –principal fuente del dinero de los lobbies- tienen asiento en las mesas de discusión de las iniciativas legislativas sobre asuntos de atención de salud que tienen lugar en la Casa Blanca y en la Colina del Capitolio”, apunta el artículo.

Otros propósitos de la reforma como son los de reducir el número de ciudadanos sin cobertura de seguro de salud y aportar mecanismos que eviten que las compañías aseguradoras de la salud cancelan la cobertura con cualquier pretexto burocrático o técnico, o le nieguen cobertura alegando requisitos preestablecidos, cuando el asegurado enferma, siguen sin una perspectiva halagüeña de lograrse.

En la medida que crecen las exigencias de la ciudadanía por que se cumplan las promesas, se multiplican las maniobras neoconservadoras con utilización de millonarios recursos financieros en publicidad y para la corrupción de funcionarios.

Se utilizan contra la reforma acusaciones de que promueve la socialización de la medicina, el aborto y la eutanasia, aprovechando prejuicios ultraconservadores de viejo manipulados en Estados Unidos.

Menuda tarea la que enfrenta el equipo de Obama que apoya las proyecciones populares que lo llevaron a la presidencia. Nada fácil es hacer compatible los intereses capitalistas con la justicia social y el bienestar humano.

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sábado, 18 de julio de 2009

Estados Unidos: De ejecutivo de relaciones públicas de la industria de seguros de salud a denunciante de sus atrocidades


17 de julio de 2009
Amy Goodman (DEMOCRACY NOW!)

Wendell Potter es la peor pesadilla de la industria de los seguros de salud. Se convirtió en informante. Potter, ex principal portavoz de la gigante aseguradora CIGNA, declaró recientemente ante el Congreso: “Mi nombre es Wendell Potter, durante veinte años trabajé como ejecutivo de empresas de seguros de salud y vi cómo confunden a sus clientes y abandonan a los enfermos, todo para dejar conformes a los inversores de Wall Street”.

Potter estuvo muy involucrado en su trabajo en el desarrollo de estrategias de CIGNA y de la industria de seguros en general para mantener su alto nivel de ganancias, obtenidas gracias al sistema de salud estadounidense. Me dijo: “A lo que más temen es a un sistema de pagador único. Pero temen incluso el hecho de que se proponga la opción de un seguro de salud público. Pondrán todas las trabas que puedan para frustrar eso, para tratar de asustar a la gente para que piense que apoyar una opción de seguro de salud público provocaría una rápida caída hacia el socialismo…poniendo a la burocracia gubernamental entre uno y el médico. Han utilizado estos argumentos durante años y siempre han funcionado”.

En 2007, CIGNA negó a una adolescente de California, Nataline Sarkisyan, cobertura médica para un transplante de hígado. Su familia denunció el hecho en los medios. La Asociación de Enfermeros (CNA, por sus siglas en inglés) en California apoyó la denuncia. Geri Jenkins es el director de la CNA. Dijo: «Y es realmente atroz que permitamos que se tomen decisiones pensando en el dinero y no en las vidas humanas y en lo que se necesita para mantener con vida a la gente. La familia Sarkisyan tenía seguro de salud. Y esa es la cuestión aquí. Tenían seguro. Habían hecho todo lo que se esperaba de ellos. Trabajaban mucho, pagaron por su seguro, y sin embargo, cuando lo necesitaron, no estaba allí para ellos». Bajo creciente presión, CIGNA finalmente le otorgó cobertura para realizar el transplante. Pero fue demasiado tarde. Dos horas después de la autorización, Nataline murió. Wendell Potter era el portavoz de CIGNA en aquel entonces.

De camino a visitar a unos familiares en Tennessee, Potter se detuvo en una “expedición médica” en Wise, Virginia. La gente manejaba durante horas para recibir asistencia gratuita en clínicas provisorias instaladas en establos para animales en el predio de un parque de atracciones local. Potter me dijo que semanas más tarde, mientras volaba en un avión de la empresa CIGNA junto a su director ejecutivo: “Me di cuenta de que las primas de algunas personas me estaban ayudando a viajar de ese modo, que pagarían mi almuerzo servido en vajillas de porcelana china. Y luego pensé en esos hombres y mujeres que había visto en el Condado de Wise, definitivamente no tenían ni idea de cómo viven los ejecutivos de las empresas de seguros”.

Los ejecutivos de la industria de seguros y los inversores de Wall Street son adictos a las enormes ganancias y a los aumentos de dos dígitos en las tasas anuales. Para acaparar más ganancias, dice Potter, si una persona hace una solicitud importante de cobertura, el asegurador a menudo inspeccionará la solicitud de cobertura original de la persona, en busca de cualquier error que permita cancelar la póliza. De manera similar, si los empleados de una pequeña empresa hacen demasiados reclamos de reembolso, la aseguradora, dice Potter, “muy probablemente aumente tanto las tasas que a su empleador no le quedará otra alternativa que dejarlo a Ud. y a sus compañeros de trabajo sin seguro médico”.

Esta semana, mientras la Cámara de Representantes y el Senado presentan sus proyectos de ley sobre el sistema de salud, Potter advierte: “Algo que hay que recordar es que la industria de los seguros de salud se ha venido anticipando a este debate sobre el sistema de salud desde hace muchos años…y se ha posicionado de manera de estar muy cerca de los miembros influyentes de ambos partidos en el Congreso”. El Senador de Montana Max Baucus preside el Comité de Finanzas del Senado, que es clave para la reforma del sistema de salud. Potter prosiguió: “La industria de seguros, la industria farmacéutica y otros involucrados en la industria de la asistencia médica han donado…millones de dólares a sus campañas en los últimos años. Pero además del dinero, son las relaciones las que cuentan, y es por eso que la industria de seguros contrató a muchos, pero muchos lobbistas, algunos de los cuales trabajaron para miembros del Congreso, y algunos que son ex miembros del Congreso para que hicieran lobby por ellos”.

La industria de los seguros y otros grupos que tienen intereses económicos en la industria de la salud están haciendo un fuerte lobby contra la opción de seguro de salud público sin fines de lucro que propone el gobierno, y están gastando, según el Washington Post, 1,4 millones de dólares al día para persuadir al Congreso y a la opinión pública.

No nos dejemos engañar. La negativa de las empresas de seguro médico a proporcionarles a sus clientes la cobertura requerida mata gente, y Wendell Potter conoce todos los secretos. Sus denuncias podrían ser justo lo que se necesita para abandonar por fin lo que está ‘enfermo’ en nuestro sistema de asistencia de salud.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

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