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sábado, 24 de octubre de 2009

Emergen armas químicas abandonadas en lecho marino


Matthew Berger
IPS24-10-2009

El 24 de septiembre, una persona que caminaba por la playa cerca de la ciudad galesa de Swansea, en Gran Bretaña, informó haber encontrado una pieza de equipamiento militar abandonada en la orilla.
Tres días después, dos miembros del equipo que acudió a deshacerse del artefacto mostraron síntomas compatibles con los efectos del gas mostaza, un agente químico usado en las dos guerras mundiales y otros conflictos.

La preocupación sobre las armas químicas abandonadas en el lecho marino aumenta, particularmente en el mar Báltico, donde fueron volcadas 40.000 toneladas de este tipo de armamentos excedentes o incautados tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y donde hoy se prevé construir un gasoducto entre Rusia y Alemania.

Tras una serie de presentaciones en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la semana pasada y en el Congreso legislativo de Estados Unidos esta semana, el embajador de Lituania en Holanda y ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, Vaidotas Verba, espera crear conciencia sobre este problema y presentar el borrador de una resolución en el foro mundial al respecto.

"El completo alcance de las armas químicas lanzadas (al mar) nunca se conocerá debido a que los registros son inadecuados y otros fueron destruidos", dijo Verba el lunes a funcionarios y expertos en las oficinas en Washington de la organización ambientalista Global Green USA.

Además del Báltico, han sido vertidas armas químicas en los océanos Atlántico y Pacífico, en los mares del Norte y Mediterráneo y en las costas de Australia y de la isla hawaiana de Oahu.

El proyecto del gasoducto, llamado "Nord Stream", ha vuelto a poner esta problemática en el tapete.

La Comisión Helsinki, encargada de proteger el Báltico de la contaminación, no detectó grandes amenazas a la vida marina por parte de armas químicas abandonas en 1994, y determinó que la mejor forma de tratar esos materiales en el suelo marino es simplemente identificar dónde están y no tocarlos.

Pero la instalación del gasoducto podría causar problemas en al menos dos vertederos submarinos, a pesar de los continuos esfuerzos de la compañía constructora para desviar la ruta de sitios donde se sepa existen arsenales abandonados.

Verba explicó que es difícil detectar los lugares donde están las armas debido a que muchos objetos se amontonan en el suelo marino.

En 1995, unas 4.500 bombas incendiarias aparecieron flotando a lo largo de la costa occidental de Escocia pocos días después de que comenzaran las excavaciones para un ducto hacia Irlanda.

"Muchas personas piensan que si están en el agua, están fuera de nuestra vista, fuera de nuestra mente", dijo el lunes Rick Stauber, técnico retirado en tratamiento de bombas. Pero los acontecimientos en Gales y el occidente de Escocia sugieren otra cosa.

La pesca de arrastre, las obras de dragado y la extracción de arena y gravilla suponen serios riesgos, dijo Verba, así como la instalación de ductos y cables submarinos. El caso de Nord Stream es sólo el más destacado, señaló.

Si bien algunos agentes se descomponen y finalmente se hacen inofensivos en el agua salada, otros se mantienen vigentes y peligrosos. El gas mostaza por ejemplo, sufre un proceso por el cual sus capas superiores se solidifican mientras el líquido dentro permanece activo. Si un pescador extrae una porción de este agente solidificado podría sufrir serios problemas de salud.

"Como ni el agua ni el aire alcanzan el interior del químico, sigue siendo peligroso", explicó Stauber.

En Estados Unidos, el periódico Daily Press desató una ola de preocupación y de investigaciones en 2005 tras informar que 29.000 toneladas de armas químicas y 400.000 bombas con agentes peligrosos fueron vertidas cerca de las costas de Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial.

"Los artículos publicados en 2005 generaron interés en el Departamento de Defensa", dijo Stauber, "porque había dudas y nadie realmente tenía ninguna respuesta".

Uno de los muchos descubrimientos que ésta y otras investigaciones hicieron fue que, en 1919, del barco de guerra USS Elinor realizó un viaje de Baltimore a Nueva York lanzando armas excedentes por la borda. La ubicación actual de algunas de estas armas es conocida, de otras no.

En la llamada Operación Davy Jones Locker, Estados Unidos lanzó toneladas de armas químicas alemanas que se acumulaban en depósitos, especialmente en el estrecho de Skagerrak, en el norte de Dinamarca, donde también fueron hundidos barcos alemanes cargados de gas mostaza y agentes nerviosos.

Pero el tema más preocupante hoy es el proyecto Nord Stream, aprobado el martes en Dinamarca pero que todavía necesita el aval de Finlandia y Suecia, a través de cuyas aguas pasará el ducto.

Markus Binder, analista independiente y ex vicedirector del Programa contra la Proliferación de Armas Químicas y Biológicas del estadounidense Centro James Martin de Estudios contra la Proliferación, expresó algunas reservas sobre los motivos de los estados como Lituania para traer sobre el tapete este tema.

Lituania ha expresado preocupación por la posibilidad de que un gasoducto hacia Europa occidental atraviese su territorio y por tanto que Rusia pueda tomar de sus recursos gasíferos.

El gobierno lituano podría estar citando el peligro de las armas químicas para disuadir este proyecto y defender así sus intereses económicos. Es probable que las armas sean de preocupación para Lituania, "pero el hecho por el cual le preocupan seguramente es más estratégico", evaluó Binder.

Cuando uno escucha a los países bálticos, parece que cualquier movimiento en los lugares donde están las armas provocaría una explosión de gas, pero la amenaza en realidad no es más grave que un problema ambiental o de salud causado por las viejas fábricas de la ahora desaparecida Unión Soviética, dijo Binder. "Es un tema manejable", añadió.

Sin embargo, aún está por verse cómo será manejado. Los estados no están obligados a declarar arsenales abandonadas antes 1985. Por tanto, casos como el de una serie de armas alemanas lanzadas por un barco ruso al Báltico en 1946 y desplazadas al año siguiente por una empresa constructora italiana suponen una gran incertidumbre sobre quién tiene la responsabilidad sobre esos peligrosos desechos.

Lo más probable, señaló Stauber, es que las armas permanezcan en el mar para evitar demoras y complicaciones legales de una operación de limpieza.

No obstante, la preocupación de Lituania sobre los potenciales peligros de los químicos es al menos lo suficientemente genuina como para presionar por una resolución en la ONU, e impulsar nuevos proyectos de investigación para educar al público sobre los peligros de las armas abandonadas.

"El mayor objetivo de nuestros esfuerzos es estimular el diálogo entre los países afectados", dijo Verba.

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=93678

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viernes, 4 de septiembre de 2009

A treinta años del final de la guerra de Vietnam


Homenaje a Indochina (III)
Rafael Poch-de-Feliu
La lluvia que sigue quemando

Vietnam recibió 83 millones de litros de defoliantes, entre 1961, cuando Kennedy aprobó su uso, y 1971. Fue una verdadera lluvia química de diez años destinada a destruir el entorno natural que protegía y daba alimento al ejército regular del norte y a las fuerzas del Viet Cong. Según la cifra del la Universidad de Columbia, el 65% de esos herbicidas contenían dioxina, una conocida sustancia cancerígena que se transmite a las siguientes generaciones a través de la leche materna.

"El cielo quedaba invadido por una especie de bruma, por la mañana veíamos caer las hojas y los brotes quemados. Poco a poco los árboles alrededor de nuestra posición se morían, completamente quemados y cada vez nuestra unidad buscaba un nuevo boque para esconderse. La escena se repetía por doquier", recuerda Vo Ta Huong, un combatiente de la provincia de Quang Tri, citado por el dossier sobre el agente naranja publicado en marzo del 2005 por la Asociación de periodistas de Vietnam. (La versión del dossier en francés, inglés y vietnamita, en: www.esj-lille.fr/article.php3?id_article=125)
Resultó afectado entre el 10% y el 25% del territorio de Vietnam, especialmente en la zona centro y sur. El ministro de trabajo, Nguyen Thi Hang, reconoce que no disponen de una cifra concreta de afectados, en el 2000 se estimaba en un millón, hoy se habla de hasta cinco millones. La estimación de la Cruz Roja es de que "hay tres millones de personas sufriendo varias enfermedades e incapacidades relacionadas con el agente naranja", dice su representante en Haiphong, Marianne van den Berg. En el país hay cinco grupos de malformaciones congénitas particularmente frecuentes; en la columna vertebral, miembros, senos, siameses, el labio leporino y la raja palatina. Las víctimas de primera, segunda y hasta tercera generación, es decir hijos y nietos de personas contaminadas durante la guerra, se cuentan por miles. En Da Nang 7.500 victimas, incluidos 2.400 niños de segunda generación y 43 de la tercera, según Cruz Roja; en Quan Nam, 20.000 contaminados o sospechosos de estarlo; 28.000 ex combatientes enfermos en Thai Binh, la provincia del delta del Río Rojo, según la asociación de veteranos local; 27.500 víctimas estimadas en la de Quang Nam...
Mas de 3,3 millones de hectáreas, mayormente de bosque, fueron afectadas por agentes tóxicos y más de un millón de hectáreas resultaron áridas o no aptas para el cultivo, cuando todo el territorio de Vietnam del Sur asciende a 17 millones de hectáreas.
"Después de la guerra la reforestación de las zonas destruidas por los agentes químicos dio buenos resultados, pero para que el medio ambiente se restablezca totalmente todavía harán falta ochenta o cien años", dice Phung Tuu Boi, director del Centro de protección de la naturaleza.
Ni reparaciones, ni disculpas
A diferencia de Irak, obligado a pagar en petróleo todas las indemnizaciones por la guerra de 1990-1991 contra Kuwait, Estados Unidos no ha pagado un céntimo en concepto de reparaciones por la guerra contra Vietnam de 1964-1975. Los acuerdos de París del 27 de enero de 1973, que formalmente pusieron fin a la guerra, estipularon una fórmula algo ambigua al respecto ("de acuerdo a su política tradicional, Estados Unidos aportará su contribución a la labor de curar las heridas de guerra") que incluía la formación de una comisión mixta. Los vietnamitas hablaban de "reparaciones de guerra", mientras que los estadounidenses sólo admitían contribuciones voluntarias delimitadas por ellos mismos. En julio de 1973, la comisión suspendió sus reuniones, que no volvieron a celebrarse más.
En 1994, Estados Unidos levantó el embargo comercial contra Vietnam y un año después restableció relaciones diplomáticas, pero en el 2005 el Departamento de Estado ha vuelto a amenazar a Vietnam con sanciones económicas alegando, "restricciones a la libertad religiosa".
"Los estadounidenses critican a Vietnam por su aplicación de la democracia y de los derechos del hombre, pero la cuestión de las víctimas del agente naranja es un atentado mucho mayor a los derechos humanos", dice la señora Nguyen Thi Binh, ex vicepresidenta de la República.
En Estados Unidos no existe nada parecido, a nivel oficial o en la prensa, a una polémica sobre las responsabilidades de guerra. No ha habido disculpas. En vísperas de la primera gira asiática de la secretaria de Estado, Condoleeza Rice, en marzo de 2005, sus colaboradores explicaban a la prensa en Washington que el compromiso de Estados Unidos con la libertad en Asia se había manifestado históricamente con "tres guerras libradas en ese continente en el siglo XX". Una era la Segunda Guerra Mundial, la otra la de Corea y la otra la de Vietnam.
La del entonces vicesecretario de Estado Strobe Talbot de finales de los noventa, fue la última visita de un alto funcionario estadounidense a Laos. Talbot estuvo en la provincia de Xiang Juang, donde los B-52 no dejaron en pie "ni una sola construcción humana". "Le explicamos la situación y cuando intervino dijo: "hay que olvidar el pasado y orientarse al futuro", explica un cooperante británico que participó en aquella sesión. Para Laos, olvidar la guerra bíblica que vivió, sería algo comparable al olvido de armenios o judíos de las masacres sufridas en el siglo XX.
Ex funcionario del Departamento de Estado en Saigón, el veterano profesor de la Universidad de Pennsylvania está considerado como uno de los grandes expertos estadounidenses en Vietnam. Es un erudito, pero en su "Diccionario Histórico de Vietnam" de 350 páginas, rico en todo tipo de detalles, no hay lugar para conceptos como "Napalm", "B-52", "Agent Orange", "Vietnam War", "Casualties", o "Bombing". (William Duiker, "Historical Dictionary of Vietnam", Londres 1998)
"Nunca han pedido excusas, ni mucho menos han pagado compensaciones, la mayoría de los estadounidenses no saben nada de esta guerra. Puede que oyeran algo sobre la de Vietnam, pero no de ésta, porque fue una guerra secreta. Cuando vienen estadounidenses, incluido delegaciones oficiales y les explico nuestra situación con la munición no explosionada, quedan sorprendidos", dice el director de UXO-LAO, Bounpone Sayasenh.
En nueve años, EE.UU. lanzó en Laos bombas por valor de 7.200 millones de dólares, una media de más de 2 millones de dólares diarios. Hoy UXO-LAO, cuyo presupuesto anual es de 4 millones de dólares, recibe 1,2 millones anuales de Estados Unidos. Washington se gasta 100 millones de dólares al año en busca de restos de sus soldados caídos en todo el mundo. Frecuentemente algunos de esos equipos de buscadores visitan Laos. "Vienen hasta con máquinas de hacer helados, a provincias en las que no hay ni electricidad y la gente es verdaderamente pobre", explica un cooperante.
Washington no da información precisa sobre localización de bombas no explotadas en Laos: "Si para encontrar los restos de sus soldados excavan en lugares precisos que conocen, hay que suponer que también disponen de la misma información sobre las bombas. Puede que no tengan esa información o puede que no quieran darla. Cuando nos dirigimos a la embajada estadounidense para que informe del contenido de una bomba, una información importante para desactivarla, no vemos voluntad de ayuda", dice Sayasenh.
En diciembre del 2003 en Vietnam se creó una Asociación de víctimas del agente naranja y la dioxina. El 30 de enero del 2004, la asociación interpuso pleito contra 37 compañías químicas de EEUU en el tribunal federal de Brooklin, el mismo que en mayo de 1984 anunció un arbitraje por el que las compañías Dow Chemical, Monsanto, Occidental Chemical y otras, indemnizaron a los excombatientes estadounidenses víctimas del agente naranja.
"Cuando los fabricantes de defoliantes aceptaron indemnizar a los veteranos estadounidenses en 1984, nos planteamos la pregunta: ¿y por qué no las víctimas?", dice Luu Van Dat, 84 años, abogado de la Asociación vietnamita. La Asociación era consciente de que un pleito contra sociedades estadounidenses, ante un tribunal estadounidense y bajo la dirección de un juez estadounidense es, "una batalla librada en el terreno del adversario". A pesar de todo, hubo decepción cuando, el 20 de marzo de 2005, el tribunal rechazó el pleito. Ex combatiente, hoy residente en Haiphong, con un cáncer hepático diagnosticado en el 2003, Nguyen Van Quy, explica a los periodistas de la Asociación profesional vietnamita su reacción a la decisión judicial.
"Cuando me enteré, estaba triste y decepcionado. Es injusta, pero no nos rendimos. En nombre de la justicia y de la igualdad, apelaremos, podrá durar un año o dos, incluso después de mi muerte mis compañeros, mis hijos continuarán reclamando justicia porque nuestra causa es justa".
A su lado sus dos hijos inválidos. El varón, de 17 años, emite gruñidos inarticulados desde su silla de ruedas. La hija, sordomuda de 16 años, sonríe enajenada, abriendo su gran boca y mostrando una dentadura mal implantada. Hace 35 años, el padre, entonces un soldado adolescente, bebía agua y comía raíces de yuca contaminadas en el frente de las provincias centrales del país.
Secretos y mentiras imperiales
El 4 de agosto de 1964 por la mañana, Daniel Ellsberg, ex oficial de marines y antiguo analista de la "Rand Corporation" que había sido contratado como adjunto al vicesecretario de Estado para trabajar en el Pentágono, recibió en su oficina un cablegrama del Capitán John Herrick, Comandante de la flotilla de dos destructores que patrullaban el Golfo de Tonkin, en el extremo norte de Vietnam. Dos torpedos habían sido lanzados contra sus barcos, el "Maddox" y el "Turner Joy", por patrulleras norvietnamitas. Diez minutos después, un nuevo mensaje: "estoy bajo continuo ataque de torpedos". Los barcos habían respondido disparando por radar, sin contacto visual, pues era noche cerrada, y, al parecer, habían destruido una embarcación atacante. Dos días antes, patrulleras vietnamitas habían "atacado" al "Maddox" lanzándole torpedos que no le alcanzaron. La noche del día 4, el Secretario de Defensa McNamara anunció a la prensa que Vietnam del Norte había atacado, "por segunda vez en dos días" a buques estadounidenses que realizaban "patrullas de rutina en aguas internacionales", lo que constituía, "un acto de cruda agresión no provocada". El 7 de agosto, el Congreso adoptaba la "Resolución del Golfo de Tonkin" autorizando al Presidente a tomar "todas las medidas necesarias para prevenir más agresiones". Todo era mentira.
El 4 de agosto no había ocurrido nada en el Golfo de Tonkin. Al mensaje de Herrick, sucedieron otros desconcertantes, en los que el Capitán se desdecía de todo lo anterior, citaba errores en el sonar de a bordo, y proponía una investigación. Lo del día 2 había sido una provocación, absolutamente real. Una misión de inteligencia llamada "DeSoto" en la que los barcos estadounidenses se habían metido deliberadamente a ocho millas de la costa (las aguas vietnamitas se extendían hasta 14 millas) en busca de pretextos para la guerra. Días antes, el 30 y el 31 de julio, barcos estadounidenses habían bombardeado dos islas costeras vietnamitas, al sur del Río Rojo, en otro operativo organizado por la CIA. Los objetivos de los bombardeos aéreos de la "legítima respuesta a la provocación de Tonkin", ya estaban preparados desde el mes de mayo.
En 1964, los "casus belli" cocinados por la CIA, como el falso "incidente del Golfo de Tonkin", daban unánimes titulares en prensa y televisión, como hoy ocurre con la "amenaza norcoreana", el "peligro chino", o las "armas de destrucción masiva" de Irak.
Alrededor de aquella mentira concreta y puntual, había un aparato conceptual más complejo, sobre el que políticos, intelectuales y periodistas, fabricaban o hacían sus aportaciones a un consenso belicista. Como hoy ocurre con la "lucha contra el terrorismo", los "estados fallidos", o el "eje del mal", los conceptos de entonces tenían poco que ver con la realidad, con los problemas reales de la humanidad, pero funcionaban.
Enunciada por primera vez por Eisenhower, la teoría del "efecto dominó" advertía que si se perdía Vietnam, toda Asia seria conquistada por el comunismo. El "expansionismo chino", que fustigaba el complejo de fortaleza asediada de Mao, convencido de la inevitabilidad de un ataque contra su país con armas nucleares, era el peligro regional en Asia. El "expansionismo soviético" era su homólogo global. El Profesor de Harvard Samuel P. Huntington, que hoy habla del "conflicto de civilizaciones", proponía entonces la "urbanización" forzada de Vietnam del Sur, "dirigida a convertir aquellas partes del país no controladas por el ejército de Estados Unidos, en desiertos marcados por los cráteres de las bombas, en los que no crecía vegetación, con lo que, privados de medios de sustento, millones de campesinos tuvieron que buscar refugio en las ciudades sin más remedio que engrosar las filas del ejército títere y de la policía", recuerda el historiador vietnamita Nguyen Khac Vien. (En, Vietnam, a long History, Hanoi, 2004).
Uno de los aspectos más interesantes del libro de Ellsberg es su descripción de lo que hoy ocurre... hace 30 años. Todo ese mundo administrativo de Washington en el Pentágono y el Departamento de Estado, sus mecanismos políticos y sicológicos; "un aparato de secretismo construido sobre eficaces procedimientos, prácticas e incentivos carreristas, que permitían al Presidente elaborar y ejecutar una política exterior secreta, hasta un nivel que va mucho más allá de lo que cualquier ajeno relativamente bien informado, incluidos periodistas y miembros del congreso podían imaginar".
"Se ha convertido en lugar común", dice Ellsberg, "afirmar que, "en Washington no se puede guardar secretos", o que, "en democracia, por muy delicado que sea el secreto, acabas conociéndolo al día siguiente en el "New York Times". Estos tópicos son completamente falsos. De hecho hay maniobras encubiertas, modos de engañar y despistar a los periodistas y a sus lectores, que forman parte del proceso de mantener bien guardados los secretos. Claro que de vez en cuando algunos secretos afloran, lo que no ocurriría en una sociedad completamente totalitaria, pero el hecho es que la abrumadora mayoría de los secretos no se filtran al público americano". Para el funcionario que trabaja dentro de esa máquina, sometido a un trabajo exhaustivo y disciplinado, con un ritmo de trabajo trepidante que salta constantemente de un asunto de estado a otro, en una sucesión de crisis a dedicación completa con poco tiempo libre para la reflexión y la vida familiar, toda esa dinámica resulta en una particular actitud sicológica y en una especie de "erótica laboral-intelectual". En primer lugar, está la sensación de pertenecer a una casta aparte, la de quienes tienen acceso a la "información clasificada", en segundo la inutilidad de discutir los asuntos generales de la política con la gente común, ignorante de datos esenciales de cada situación, explica Ellsberg.
"Una vez dentro del gobierno, mi conciencia de la facilidad y reiteración con la que el Congreso, la opinión pública y los periodistas eran burlados y despistados, contribuyó a una falta de respeto hacia ellos y su potencial contribución a una política mejor" (...) "Todo era emocionante, el increíble ritmo y la narcosis interna, te hacían sentir importante, plenamente comprometido y con una gran dosis de adrenalina. Producía una clara adicción. Pese a las semanas de setenta horas laborales y a la ausencia de vida familiar que imponía, la gente se enganchaba a ese tipo de trabajo. Si un cambio de administración los hacía saltar, la mayoría procuraba mantenerse disponible para poder regresar, a esos cablegramas y crisis. (...) Era muy difícil que alguien sin acceso a esas informaciones te aportara algo. Cuando escuchabas sus argumentos, pensabas para tus adentros: "¿qué me diría éste si supiera lo que yo se?, ¿me daría el mismo consejo, o cambiaría por completo sus planteamientos?". Y ese ejercicio mental es tan tortuoso que al cabo de un tiempo dejas de escuchar a los otros. Eso era lo que hacían mis superiores, mis colegas y lo que hacía yo mismo".
Ellsberg fue una pieza imperfecta de un orwelliano engranaje, infinitamente más sofisticado, eficaz y engrasado, que todo lo que pudimos percibir en los pasillos del poder soviético y ruso en los años ochenta y noventa, cuando el otro gran imperio del mundo bipolar reventó, enseñándonos sus tripas y más ocultas vergüenzas. Ellsberg decidió arriesgarlo todo y divulgar los secretos, mentiras y engaños contenidos en los papeles a los que tenía acceso. El 1 de octubre de 1969 comenzó a fotocopiar el informe secreto de 7.000 páginas sobre la guerra del Pentágono. En junio de 1971 después de que varios senadores por él consultados eludieran meterse en asunto tan espinoso, entregó los documentos al "New York Times". Quince días después fue detenido por el FBI, acusado de 12 delitos y enfrentado a una condena de 115 años de cárcel. Cintas divulgadas posteriormente revelaron que Nixon encargó a una banda de matones para que "incapacitaran" y "rompieran las dos piernas" al "bastardo". Las cintas muestran conversaciones entre Nixon y Kissinger sobre Ellsberg que recuerdan a las de dos truhanes hablando de un adversario al que hay que "eliminar". Con ayuda de la prensa, los servicios secretos iniciaron una campaña de acoso y desprestigio, entraron en la consulta de su psicoanalista en busca de datos comprometedores, lo presentaron como un mujeriego, lo dejaron sin trabajo, pero los cálculos no salieron. El escándalo "Watergate", no un escándalo por crímenes de guerra o contra la humanidad, sino un asunto banal de escuchas a adversarios políticos, acabó hundiendo a la administración Nixon, y salvó a Ellsberg. El juez encargado del caso acabó poniéndole en libertad sin cargos. Desde entonces, Ellsberg es considerado un "traidor" por el establishment que continua utilizando y perfeccionando todo aquello que este hombre honrado, digno representante de lo mejor de su país, denunció con valentía hace más de treinta años.
EEUU, la república enferma
Todo lo dicho conduce a la cuestión esencial. La pregunta sobre la lógica que dio lugar a una guerra tan cruel y a la mayor serie de bombardeos de la historia. Preguntas también sobre la sociedad y sobre un aparato: ¿Cómo se aceptaba aquella política que masacró a centenares de miles de campesinos asiáticos en nombre de abstractos conceptos geopolíticos y nobles causas, utilizando mentiras y engaños? ¿Cómo la "sociedad más libre del mundo" se comía esos sapos, y cómo los intelectuales y burócratas de la administración podían participar, con entusiasta y eficaz dedicación, en algo así?
La Escuela (de filósofos) de Francfort analizó cosas parecidas respecto a la Alemania nazi. Sobre la URSS, cuyos mecanismos internos eran mucho más simples y tradicionales, también se ha escrito mucho. Lo que está por hacer es el psicoanálisis de Estados Unidos, un esfuerzo particularmente importante ahora, cuando tantos autores coinciden en que el ocaso imperial de Estados Unidos comenzó, precisamente en Vietnam, hace treinta años. (Véase, entre otros, Immanuel Wallerstein en "The Decline of American Power", 2003; Emmanuel Todd, en "After the Empire", 2003, o Chalmers Jonson, en "The Sorrow of Empire. Militarism, Secrecy and the End of the Republic", 2004).
Parte de la respuesta está en una sociedad fragmentada, asustada y violenta. Una sociedad provinciana e integrista, ajena a las grandes decisiones que una oligarquía empresarial-militar e imperialista toma en su nombre, lo que el profesor Noam Chomsky ha bautizado como "poliarquía" para distinguirlo de "democracia". El público ratifica esas decisiones, adoctrinado por unos intelectuales bien pagados y con un sentido enfermo de la moral y la justicia, así como por unos medios de comunicación, dominados por magnates y vinculados a grandes intereses. Todo ello es sumamente eficaz a la hora de presentar a la gente los nuevos peligros del momento, que requieren enormes gastos militares y continuas guerras para ser conjurados. Al mismo tiempo, en ese sistema hay un fondo de violencia dirigido hacia el interior, que en el caso de Vietnam vio como, en 1968, fueron asesinadas las dos principales figuras políticas antibelicistas de la nación: Martín Luther King, partidario de la "retirada militar inmediata", y Robert Kennedy, partidario de "detener los bombardeos".
Cuando ese psicoanálisis nacional se haga será inevitable detenerse en el concepto "imperialismo", siempre desagradable para la dominante publicística conservadora, pero absolutamente concreto y vigente para describir nuestro mundo, por mucho que la izquierda haya abusado de él, e incluso encubierto sus propios crímenes, dictaduras y vergüenzas con él.
Su definición más simple es el dominio y explotación de estados débiles por los más fuertes. El imperialismo es la causa raíz del racismo: para la gente que está en una posición de poder superior, "hay un salto mental muy corto hasta llegar a pensar que también son superiores en intelecto, moralidad y civilización", explica el historiador del imperialismo europeo David Abernethy. Por eso, el imperialismo ha emparentado históricamente a democracias con regímenes fascistas que afirmaban la "superioridad" de unas razas y naciones sobre otras, y permite que un sistema democrático en lo interno sea fascistoide en su conducta exterior.
En un libro escrito en una prisión británica entre abril y septiembre de 1944, Jawaharlal Nehru, fundador de la nueva India, constataba que, antes de la Segunda Guerra Mundial, "la política británica había sido casi ininterrumpidamente profascista y pronazi", y explicaba así la duplicidad europea: "Tras algunas de aquellas democracias había imperios en los que no había democracia alguna y donde reinaba el mismo tipo de autoritarismo racista que se asocia con el fascismo, así que era natural que aquellas democracias occidentales sintieran algún tipo de unión ideológica con el fascismo, por mucho que les disgustara algunas de sus expresiones más vulgares y brutales".
Hoy, sesenta años después de la consideración de Nehru, ya no hay regímenes fascistas declarados, pero la degeneración del estado de derecho y del pluralismo en las democracias por obra de la lógica imperialista y de los mecanismos descritos por Ellsberg, tiene una enorme actualidad.
Treinta años después de Vietnam, los más altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos han extraído un nuevo arsenal conceptual surrealista de los atentados del 11-S -cuyo autor fue uno de sus antiguos peones de la estrategia antisoviética y antiraní de los años ochenta- y han falsificado los pretextos para la segunda guerra de Irak, cometiendo fraude contra el Congreso y el pueblo de Estados Unidos.
"El hecho de que tal conducta ni siquiera haya sido mencionada, es una muestra más de la decadencia política generada por el imperialismo y el militarismo", observa Chalmers Jonson. Esa decadencia elevó a la categoría de suceso excepcional la indignación popular ocasionada en España por un gobierno mentiroso, el 11 de marzo de 2005. El gobierno cuya política exterior cómplice del belicismo se mantenía en contra de la opinión mayoritaria de la sociedad, ocultó la autoría de un atentado y fue castigado. Sólo la degeneración de las democracias actualmente en curso, pudo hacer pasar por excepcional lo que no fue más que un elemental ejercicio de democracia: la población echa al gobierno que le engaña.
Desde el cambio de siglo, en sólo cinco años, Estados Unidos ha librado dos guerras imperialistas, en Afganistán e Irak, y está contemplando la posibilidad de librar otras dos, en Irán y Corea del Norte. Su doctrina militar contempla el uso preventivo de armas nucleares en conflictos convencionales y fomenta la proliferación nuclear. El sistema cuyo norte es el beneficio privado, y el imperialismo, convierten más que nunca las democracias en regímenes degenerados. En ningún lugar de mundo es más necesaria que en Estados Unidos una de esas "revoluciones naranja" de la sociedad civil, sugiere el mismo autor.
"Una revuelta popular que retome el control del Congreso, que lo reforme junto con las corruptas leyes electorales que lo han convertido en un forum de intereses especiales, que lo convierta en una genuina asamblea de representantes democráticos, y que corte la provisión de dinero al Pentágono y a los servicios secretos. Tenemos una sociedad civil fuerte que, en teoría podría imponerse sobre los atrincherados intereses del ejército y del complejo militar industrial. A estas alturas, resulta difícil imaginar (al igual que el Senado romano de los últimos días de la república), de qué forma podría el Congreso ser resucitado y limpiado de su endémica corrupción. En defecto de tal reforma, Némesis, la diosa del desquite y de la venganza, castigadora del orgullo y la soberbia, espera, impaciente, para venir a nuestro encuentro".
Memoria sin rencor
Alguien me narra el siguiente diálogo entre el veterano estadounidense y el taxista en el aeropuerto de Saigón:
- "¿Americano?". "¿Primera visita a Vietnam?"- "No, la segunda". - ¿En qué año fue la primera? - "En 1967..."
Y ya con todo aclarado; "Bienvenido a Vietnam, señor".
Incluso en Hanoi, muchos taxistas y conductores usan una almohadilla en sus asientos con los colores de la bandera estadounidense. ¿Por qué no hay rencor ni resentimiento en Vietnam?
"Bueno, los jóvenes tienen cosas mejores en qué pensar y a los mayores no siempre les gusta recordar aquella época tan dura y desgraciada", me dicen.
En Laos, la impresión es que se ha impuesto el puro olvido. En Vientian, el único libro sobre la guerra que se encuentra en inglés en las librerías es "Air América", de Christopher Robbins, una obra más bien apologética centrada en los pilotos de la CIA, que presenta sus acciones en un ambiente desenfadado, y que inspiró la película, casi humorística, de Hollywood del mismo título, con Mel Gibson como protagonista.
¿Hay olvido en Vietnam?
"No olvidamos, pero perdonamos", dice el profesor de Hanoi, Le Van Hao. El estado se encarga de mantener viva la memoria. La guerra ha sido incorporada a la industria turística nacional, hay una gran diferencia con Laos. En el Museo militar de Hanoi, las visitas de las escuelas se suceden una tras otra. Los niños y los jóvenes escuchan con atención y respeto. "Están bastante bien informados", dice el teniente coronel Ngo Ban, que, tras pensar un rato, responde así a la pregunta sobre la ausencia de rencor y resentimiento:
"Hoy queremos paz y desarrollo, ¿para qué necesitamos odio?"."Nunca hay que responder al castigo con el castigo, pues en ese caso el odio no se acabaría nunca. Eso nos viene de muy lejos", dice. Esa es la actitud psicológica general. Respecto a la posición política: "No habrá reconciliación real hasta que Estados Unidos adopte otra actitud", dice el profesor.
Treinta años después, los vietnamitas siguen dando lecciones de alcance universal.

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jueves, 25 de junio de 2009

Bélgica: Veta armas con uranio


19 de junio de 2009

Bélgica vetó la producción, uso, almacenamiento y comercio de armas con uranio, constatan hoy los medios de comunicación locales.

La víspera, el Senado belga aprobó por unanimidad la ley correspondiente que entrará en vigor el próximo sábado, 20 de junio, aunque al Ejército nacional se le reserva un año de plazo para deshacerse del material bélico que contiene uranio.

Las armas que contienen uranio, según demuestran diversos estudios, afectan en primer término al medio ambiente y a la población civil, pues influyen en el sistema nervioso, provocan enfermedades oncológicas y graves alteraciones genéticas.

Dirk Van der Maelen, uno de los autores de la ley, señaló que ya se debaten proyectos similares en Costa Rica, Japón, Nueva Zelanda y algunos países escandinavos, por lo cual sugirió al ministro belga de Asuntos Exteriores, Karel De Gucht, a "buscar aliados para la redacción del respectivo tratado internacional".

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miércoles, 13 de mayo de 2009

La guerra contra el terror: La cruzada contra los niños


13-05-2009
Chris Floyd
Empire Burlesque
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

I.
Día tras día, semana tras semana, las “Operaciones de Emergencia en el Exterior” siguen triturando los cuerpos de los niños: algunas veces con armas químicas que abrasan su carne y les dejan mutilados y desfigurados de por vida; otras con balas cuidadosamente dirigidas a desgarrar todos sus órganos y dejarles muertos en el sitio, allí mismo.

Y en todos esos casos, nuestros valientes y nobles Guerreros del Terror –que, a menos que lo olvidemos, sostienen los valores más altos de la civilización mundial, llevando esperanza y cambio a territorios tenebrosos, defendiendo nuestro sagrado modo de vida- se ponen a gritar como locos y a hacer pucheros ante la menor alusión de responsabilidad por sus acciones. Su primera respuesta, siempre, es culpar al otro: o al designado como enemigo del día o hasta a los mismos abrasados y machacados niños.

Esta tendencia se desplegó vívidamente esta semana en dos historias desde frentes distintos en la cada vez más extendida Guerra contra el Terror. (Ambos artículos, de McClatchy y Reuters, llegan a través de The Angry Arab, quien señala correctamente que la propiedad moral de las balas y bombas de las campañas militaristas le corresponde a Obama).

Podemos encontrar en Iraq uno de los ejemplos más estridentes, donde unos soldados estadounidenses dispararon contra un niño de doce años en las calles de Mosul, una de las ciudades más problemáticas en la tierra conquistada. Mosul, pueden recordarlo, fue donde el Generalísimo David Petraeus –ahora al mando militar de toda la Guerra contra el Terror- construyó su vanagloriada aunque vaporosa reputación en “técnicas eficaces de contrainsurgencia” en los primeros momentos de la guerra. Fue un modelo en miniatura del posterior “incremento”: utilizando una afluencia masiva de tropas estadounidenses, junto con sobornos a determinadas fuerzas locales favorecidas, para suprimir el caos endémico y la violencia desencadenados por la invasión durante el tiempo necesario para poder establecer una narrativa de relaciones públicas de “éxito”. Una vez que los focos de los medios se trasladan, lo maligno, los inevitables frutos del crimen –el acto hitleriano de la agresión militar- florece una vez más.

Pasa con Mosul lo mismo que con todo Iraq. El pasado miércoles, las tropas ocupantes estadounidenses que rodaban por la ciudad recibieron un ataque de granada. En respuesta, le dispararon a un niño de doce años, Omar Musa Salih, que se encontraba allí, a un lado de la carretera, vendiendo zumos de fruta. Aunque los testigos de la escena dijeron que el niño no había lanzado la granada –habían visto, con sus propios ojos, a un hombre más adulto arrojándosela a los estadounidenses- el Pentágono del Presidente Obama insistió en que el niño muerto era un “insurgente” que merecía morir. ¿Qué prueba tenían de ello? Tenía un puñado de dinares iraquíes en la mano –menos de 9 dólares- cuando inspeccionaron su cadáver. Así pues, eso significa que estaba en la nómina de los terroristas, para que vean…

“Tenemos todas las razones para creer que los insurgentes están pagando a los niños para que lleven a cabo esos ataques o ayuden de algún modo a los atacantes, situando indudablemente a los niños en situación de riesgo, comunicó a McClatchy, por correo electrónico, un anónimo “portavoz del ejército estadounidense” . Difamar a la víctima: un niño muerto, oh ¡qué acción tan noble, tan civilizada, tan honorable! Pueden realmente entender por qué uno no querría unir su rostro o su nombre –ni siquiera su voz- a una apología tan depravada, desvergonzada y cobarde”.

Como McClatchy señala, no hay pruebas en absoluto de que el joven Omar estuviera implicado en el ataque; muy al contrario, de hecho:

… los testigos dijeron que el niño, identificado como Omar Musa Salih, estaba junto a la carretera vendiendo zumos de fruta –una práctica corriente en Iraq- y no tenía nada que ver con el ataque.

Un amigo, Ahmed Yasim, de quince años, dijo que se encontraba vendiendo latas de Pepsi cerca de allí cuando escuchó la explosión de una granada. Se refugió detrás de un coche aparcado y después escuchó el estruendo de una ametralladora. “Cuando acabó el tiroteo y la patrulla se fue, me levanté y vi a Omar en el suelo cubierto de sangre”, dijo Yasim.

Otro testigo, Ahmed IzAldin, de cincuenta y seis años, dijo que vio a la persona que lanzó la granada. Que no era el niño sino un hombre de unos veintitantos años, dijo. IzAldin manifestó que vio al hombre de pie detrás de un camión sujetando la granada cuando la patrulla estadounidense se acercaba…

“Los estadounidenses abrieron fuego contra el ataque, ya fuera contra el pistolero o indiscriminadamente”, dijo Usama Al Nuyaifi, miembro del Parlamento de Mosul. “La presencia en las ciudades de los estadounidenses es un error, desde el principio les pedimos que se quedaran fuera”.

Se supone que las fuerzas de combate estadounidenses deben retirarse de todas las ciudades el 30 de junio, al amparo de un acuerdo firmado el pasado año por el que se traspasan las tareas de seguridad a las fuerzas iraquíes. Pero las dos partes han discutido la posibilidad de aplazar ese límite, especialmente en las ciudades con más violencia, como Mosul.

Oh, sí, se probará cómo esas “fechas tope” se volverán infinitamente flexibles, fácilmente ampliables; después de todo, el Presidente Obama ha reiterado sistemáticamente su determinación a dejarse guiar por el consejo de sus oficiales del ejército y por “los hechos sobre el terreno” a la hora de poner en marcha su esquema para sacar algunas tropas estadounidenses de Iraq, aunque deja decenas de miles detrás: un proceso de ocupación racionalizada que por alguna razón recibe el nombre de “retirada”.

Pero las vidas de los niños no son tan flexibles, no son tan ampliables. Omar Salih no se levantará más. “Amigos de la familia Salih dijeron que era el mayor de seis hermanos”, escribe McClatchy. “Dejó la escuela en la enseñanza primaria, cuando tenía seis o siete años. Era bien conocido en la barriada Ras Al-Yadda, donde se produjo el ataque”.

Dejó la escuela a los seis o siete años…; es decir, en 2003 ó 2004, en medio o en las secuelas de la invasión estadounidense. Pasó su vida en la calle, tratando de ganar una miseria para su familia. Y ahora es condenado como terrorista por la nación más poderosa, más “avanzada” del mundo, porque tenía unas tiras de papel coloreado en la mano cuando le dispararon en su puesto de fruta.

Como he indicado en diversas ocasiones en los últimos días, esta es una consecuencia inevitable de las ocupaciones del ejército en tierras hostiles: todos los nativos son vistos como enemigos: incluidos niños, mujeres, ancianos y minusválidos. Los conquistadores pasan a considerarles a todos como inminentes y/o potenciales amenazas, reaccionando con temor, incomprensión y furia ante la “ingratitud” y hostilidad y obstinación de los locales. Y así, al final, cada muerte “civil” queda “justificada” porque no hay civiles. Son sólo Ellos –y Nosotros-, y todo lo que Nosotros hagamos para protegernos de Ellos –o para ponerles en su lugar- es legítimo y justo y no tiene por qué cuestionarse.

Esa es la lógica del conquistador, la lógica de la dominación. Y está en los fundamentos y en la filosofía de la Guerra contra el Terror que la bipartidista clase política estadounidense –pasada y presente, conservadora y “progresista”- ha abrazado de forma tan entusiasta.

II.

Durante esta semana van apareciendo informes sobre la posible utilización de proyectiles de fósforo blanco en los bombardeos estadounidenses de la pasada semana que mataron a más de 140 niños, mujeres y ancianos que se refugiaban de una batalla que se producía a unos cuantos kilómetros de distancia. Esas armas químicas son “legales” cuando se utilizan para “iluminar un objetivo o crear humo”, pero son ilegales para el derecho internacional si se utilizan deliberadamente como arma. Desde luego, en cuanto a los ataques sobre zonas pobladas –el corazón mismo de la “contrainsurgencia” de la Guerra contra el Terror”-, esa es una distinción que no puede hacerse. Los proyectiles explotan en medio de hogares y calles, lanzando su abrasador e insaciable gel químico por todas partes, causando una insoportable agonía y daños permanentes a las víctimas. Sin embargo, la inherente ambigüedad de lanzar operaciones militares en zonas civiles proporciona la cobertura conveniente para utilizar este armamento químico a la hora de poner a los nativos en su lugar. (Como vimos en Faluya, por ejemplo, y más recientemente en Gaza).

Como sucede siempre, los encargados de iluminar la maquinaria de guerra estadounidense culpan a otros por las extrañas y atroces quemaduras que los doctores han descubierto entre los supervivientes de la masacre. Tras negar por alguna razón el uso de fósforo blanco en el ataque, primero sugirieron que fueron los talibanes quienes lanzaron la avanzada arma química contra varios pueblos que, según han declarado funcionarios afganos y la Cruz Roja Internacional, resultaron devastados por las bombas estadounidenses. Después dijeron que las quemaduras podrían estar causadas por los tanques de propano que explotaron durante los bombardeos. Pero los doctores que trataron directamente a las víctimas ironizaron sobre eso, como informa AP:

El Dr. Mohammad Aref Yalali, el jefe de la unidad de quemados en el Hospital Regional de Herat, en el oeste de Afganistán, que ha tratado a cinco pacientes heridos en la batalla, describía las quemaduras como “poco comunes”.

“Creo que es el resultado de un agente químico utilizado en la bomba, pero no estoy seguro de qué clase de agente es. Pero si fuera consecuencia del incendio de una casa –por bombonas de gas o petróleo-, ese tipo de quemaduras serían diferentes”, dijo.

Gul Ahmad Ayubi, director adjunto del departamento de sanidad de Farah, dijo que el principal hospital de la ciudad había recibido catorce pacientes después de la batalla, todos con heridas de quemaduras. Cinco pacientes se enviaron a Herat. “Ha habido más ataques aéreos en Farah en el pasado. Recibimos heridos de esas batallas, pero es la primera vez que hemos visto ese tipo de quemaduras en los cuerpos. No estoy seguro de qué tipo de bomba se trata”, dijo.

Los investigadores de los derechos humanos de Naciones Unidas han visto también las “inmensas” quemaduras de las víctimas y se han preguntado qué causó esas heridas, dijo un funcionario de Naciones Unidas que pidió que no se le identificara refiriéndose a ciertas deliberaciones internas.

Todas esas preocupaciones se producen en medio de nuevos llamamientos para investigar un anterior ataque con armas químicas que dejó a una niña de ocho años, Razia, con “la cara convertida en una masa casi irreconocible de tejido abrasado y medio cuero cabelludo calvo y plagado de marcas de cicatrices”. Ella fue la primera víctima civil conocida del fósforo blanco en Afganistán. Como informa Reuters:

“Los niños gritaban que se estaban abrasando pero la explosión fue tan fuerte que por un momento me quedé sordo y no podía oír nada”, dijo a Reuters su padre, Aziz Rahman. “Y entonces mi mujer chilló ‘los niños se queman’ y ella estaba también ardiendo”, añadió, con el rostro ensombrecido por los recuerdos.

Las llamas que consumieron a su familia estaban alimentados por un agente químico llamado fósforo blanco, que el equipo médico estadounidense en Bagram manifestó había encontrado en el rostro y cuello de Razia. Estalla con un fuego feroz en contacto con el aire y puede alcanzar y penetrar en la carne mientras se calcina…

El coronel Gregory Julian, portavoz del comandante de las fuerzas de EEUU y la OTAN en Afganistán, el General David McKiernan [recién cesado], confirmó que las fuerzas extranjeras presentes en el país utilizan ese elemento químico.

“En el caso del fósforo blanco, se utiliza en el campo de batalla en determinadas aplicaciones… Se utiliza como bomba incendiaria para destruir búnkeres y equipamiento del enemigo; se utiliza para iluminar…”

Razia y su familia son las primeras víctimas civiles conocidas del uso del fósforo blanco en Afganistán.

Como en la reciente masacre, las oficiales de la ocupación señalan a los talibanes como culpables del ataque con armas químicas, una afirmación que los expertos en la región no aciertan a creerse. Pero en la historia de AP sobre la masacre, Julian aparece de repente afirmando que los “oficiales creen que los combatientes talibanes han utilizado fósforo blanco en Afganistán al menos en cuatro ocasiones en los últimos dos años”. No hemos oído nada de eso antes ni tampoco lo ha afirmado ningún funcionario del gobierno afgano ni reconocidos especialistas. Esas acusaciones a las armas químicas de los talibanes aparecieron sólo después de que Human Rights Watch empezara a difundir la terrible historia de Razia y de que los doctores en Herat encontraran extrañas quemaduras en los supervivientes de la masacre. Como informa Reuters:

La mayor del ejército estadounidense Jennifer Willis fue quien sugirió que los talibanes habían efectuado los disparos: “Un equipo de lanzamiento de morteros enemigo, conocido por estar operando en esa zona, puede que haya sido el responsable”.

El gobierno afgano, los especialistas militares y los expertos sobre los talibanes dijeron, sin embargo, a Reuters, que no se había visto nunca que los insurgentes utilizaran fósforo blanco. Las únicas fuerzas en el campo de batalla de las que se sabe que lo utilizan son los EEUU y la OTAN. “No tengo información de que los talibanes hayan utilizado ese arma en ninguno de sus ataques”, dijo Zaher Murad, portavoz del Ministerio de Defensa.

Ahmed Rashid, un escritor que vive en Pakistán y es autor de un libro muy apreciado sobre los islamistas de línea dura, dijo que él tampoco sabía nada de ese tipo de información.

“Pensar que [los talibanes] están utilizando fósforo blanco como arma en su arsenal es muy poco probable”, dijo Marc Garlasco, un importante analista militar en Human Rights Watch y antiguo y reconocido analista de inteligencia en el Pentágono. “EEUU tiene la idea de que les permitirá ver a través del humo, pero eso no tiene utilidad para los talibanes. No necesitan iluminar porque eso avisa inmediatamente a EEUU de dónde van a ir a luchar. Además conocen la zona. Quieren explosivos potentes para golpear y matar; las llamas lloviendo del cielo no van a asustar a las fuerzas estadounidenses”.

La portavoz de la OTAN Willis dijo que en el pasado se había observado a los insurgentes utilizando fósforo blanco. Al pedirle que proporcionara ejemplos de las situaciones en las que los talibanes hubieran utilizado el fósforo, se echó para atrás y dijo que no podía aportarlos.

Pero incluso aquí, al igual que en el caso de los “insurgentes niños” de Mosul, el Pentágono no puede hacer más que afirmar lánguidamente su “creencia” en que esas cosas pueden estar sucediendo. No se ofrece prueba alguna. Hay sólo un enojado intento de quitarse de encima responsabilidades, para desviar, distraer, difamar y confundir las ineludibles verdades de estar tratando de subyugar a otra nación por la fuerza.

Cualquiera que sean las buenas intenciones de este o aquel individuo normal que sirve en las fuerzas ocupantes –como los médicos militares que salvaron lo que quedaba de la vida de Razia-, la lógica subyacente de la dominación encontrará su camino, triturando sin piedad los cuerpos de los seres inocentes que atrape –deliberada o “colateralmente”- con todo el poder brutal de unas fuerzas extranjeras que no deberían estar en su territorio.

III.

Escribí un artículo el año pasado sobre los duraderos efectos de esas ineludibles realidades de la subyugación. Aunque trata de un aspecto diferente de la Guerra contra el Terror, me gustaría incluir un extracto de él porque, por desgracia, resulta tan importante como antes, cuando no más. En “Grabada en el cuerpo: La realidad de la guerra”, indicaba:

[En] esos acalorados debates sobre política, estrategia, financiación, etc. [de la Guerra contra el Terror], existe siempre el riesgo de perder de vista el más abrumadoramente importante aspecto del conflicto: sus efectos sobre los seres humanos que la están viviendo, el sufrimiento que causa a nuestro prójimo. La realidad de la guerra se graba en los cuerpos –abrasando las angustiadas psiques- de los individuos que la sufren. Eso es lo que es fundamentalmente la guerra, ahí es donde actualmente existe: en la sangre, en los huesos, en la sinapsis que conduce el fuego eléctrico de la conciencia humana.

Un nuevo informe desde Faluya –la Guernica de la Guerra de Iraq-. Dos de los grandes testigos de esta guerra –Dahr Jamail y su colaborador Ali al-Fadhily- presentan pruebas desoladoras de cómo el uso de armas químicas contra el pueblo de Faluya durante la brutal aniquilación de la ciudad en 2004 continúa produciendo hoy frutos horrendos:

Los bebés nacidos en Faluya están mostrando enfermedades y deformidades a una escala jamás vista antes, según declaran sus doctores y habitantes. Los nuevos casos, y la cifra de muertes entre los niños, han aumentado después de la utilización de “armamento especial” en las dos campañas de bombardeos masivos contra Faluya del año 2004.

Después de negarlo todo al principio, el Pentágono admitió en noviembre de 2005 que se había utilizado fósforo blanco, un arma incendiaria prohibida, un año antes en Faluya. Además, fue también allí, en esa ciudad, donde con toda generosidad se utilizó munición con uranio empobrecido (DU, en sus siglas en inglés), conteniendo residuos radioactivos de bajo nivel. El Pentágono admite, hasta el momento, haber usado 1.200 toneladas de DU en Iraq.

Muchos doctores creen que el DU es la causa del grave incremento de las enfermedades cancerígenas en Iraq, así como también entre los veteranos estadounidenses que sirvieron en la Guerra del Golfo de 1991 y en la actual ocupación.

“Vimos todos los colores del arco iris saliendo de los misiles y proyectiles estadounidenses que explotaban”, dijo a IPS Ali Sarhan, un profesor de 50 años que vivió los dos asedios estadounidenses de 2004. “Vi cuerpos reducidos a huesos carbonizados justo después de verse afectados por las bombas; más tarde supimos que era fósforo. Lo más preocupante es que muchas de nuestras mujeres han abortado y algunas han tenido bebés nacidos con malformaciones”.

“Tuve dos niños que presentaban daños cerebrales de nacimiento”, dijo a IPS Haifa Shukur. “Mi marido fue detenido por los estadounidenses en noviembre de 2004 y desde entonces he tenido que llevar yo sola a los niños a hospitales y clínicas privadas. Murieron. Gasté todos mis ahorros y tuve que pedir prestada una suma considerable de dinero…”.

Ese es el destino actual en Faluya de los seres humanos. Detrás de todos los debates y comentarios, de las estupideces de los think tank, de las retóricas de campaña, de los estudios académicos y de los insulsos despotriques de las cabezas parlantes de televisión, esto es la guerra: una mujer joven deambulando a través de una ciudad en ruinas, llevando a sus niños destrozados y moribundos a hospitales que no disponen de nada, ni medicinas ni equipamiento…

Terminaba aquel artículo de 2004 con una cita de Italo Calvino que ya había utilizado antes porque es, como dije entonces “uno de los mejores compendios del horror, y de la esperanza, de nuestra condición humana:

“El infierno… es lo que ya existe aquí, el infierno que habitamos cada día, el que formamos estando juntos. Hay dos formas de escapar de él. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y convertirse en parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es peligrosa y exige una atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y darle espacio”.

Enlace con texto original en inglés:

http://chris-floyd.com/component/content/article/3/1760-the-childrens-crusade.html

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