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lunes, 27 de julio de 2009

Crítica de la izquierda europea. Pensamientos fuera de temporada


17-04-2009
Hisham Bustani
Senza Censura/Rebelión
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Todo Estado es una expresión de interés de clase, una expresión de falta de neutralidad hacia la clase dirigente. Con tales parámetros, todo el proceso (desde las leyes hasta las instituciones) se formula en beneficio de la clase dirigente y este proceso adopta una transformación radical cuando la clase dirigente es básicamente neoliberal con un proyecto transfronterizo de hegemonía.

La izquierda de todo el mundo está en movimiento, en alza en algunas regiones, bajando en picado en otras. En América del Sur la izquierda parece estar en un firme y potente arco ascendente.
Esto es igualmente evidente en algunas regiones remotas de Asia como Nepal, donde los maoístas lograron derrocar democráticamente a la monarquía tras años de revolución armada. En India la izquierda ha logrado el poder ejecutivo en algunas regiones. La izquierda militante siguen siendo eficaz e influyente en Colombia (FARC), Filipinas (el Partido Comunista de Filipinas) y México (EZLN). Por otra parte, la izquierda árabe parece estar encerrada en sí misma, ser marginal y sufrir gran cantidad de crisis (http://www.monthlyreview.org/mrzine/bustani191107.html ).

En Europa la izquierda parece estarse deteriorando sin cesar, muchas de sus principales organizaciones (Partidos Laboristas y Socialdemócratas) ya no pertenecen a la izquierda: han adoptado políticas económicas liberales, han reducido los valores sociales (sanidad, educación, vivienda), han restringido las libertades públicas y han seguido, sin tener una meta, la vía estadounidense, su cruda personificación del capitalismo neoliberal y su objetivo de subordinar al mundo por la fuerza.
Este breve ensayo comparte algunos pensamientos sobre la izquierda en su conjunto en la Europa de hoy vista desde mi atalaya situada en el este árabe.

Europa y su izquierda: expresiones de la misma crisis

La crisis de la izquierda en Europa es una de las expresiones de la crisis de la propia Europa.

Cuando hablamos de la izquierda en Europa tenemos que ser específicos al referirnos a aquellos grupos y partidos que siguen propugnando un programa de socialismo y justicia social, cuyos límites serían algunos partidos comunistas europeos, y aquellos que están a su izquierda. Laboristas y socialdemócratas ya no son izquierda ni en la teoría ni en la práctica. En sus peores versiones, algunos pueden ser considerados completamente de derecha.

Históricamente Europa estaba orgullosa de una larga historia de libertades, derechos humanos y de un Estado basado en el imperio de la ley, orgullosa de que eso fuera la primera línea de defensa contra el nazismo y el fascismo; orgullosa de haber derrotado al nazismo y al fascismo y a la ideología humanamente degradante que estos representaban; y orgullosa de su modelo económico: un capitalismo que era uno pero en el que se había insertado la suficiente adición de socialismo para lograr un cierto grado de bienestar.

Toda esta historia se vino abajo bajo el precipitado embate estadounidense-británico hacia el neoliberalismo. El programa Reagan-Thatcher de desregularización-privatización pronto barrió todo el continente tras el derrumbamiento de la Unión Soviética y del bloque socialista.

Entonces, dado que Washington había utilizado el 11 de septiembre como pretexto para extinguir las relativamente estables constantes de las libertades públicas y de los derechos humanos, Europa se precipitó hacia vías similares activando leyes “contra el terrorismo”, formulando listas negras, facilitando los “vuelos secretos” de la CIA y las interpretaciones extrajudiciales, creando presiones secretas y oprimiendo clara e inflexiblemente a organizaciones políticas e individuos de izquierda que todavía mantienen el socialismo revolucionario y apoyan las luchas de liberación en todo el mundo.

La ilusión de la neutralidad de la ley y del Estado “democrático”

Uno de los principales problemas de la izquierda europea es su pertinaz ilusión de que el Estado europeo, con su seguridad, sus cuerpos ejecutivo y judicial, es un Estado neutro, un Estado que permanece a igual distancia de todos sus constituyentes.

Todo Estado es una expresión de interés de clase, una expresión de falta de neutralidad hacia la clase dirigente. Con tales parámetros, todo el proceso (desde las leyes hasta las instituciones) se formula en beneficio de la clase dirigente y este proceso adopta una transformación radical cuando la clase dirigente es básicamente neoliberal con un proyecto transfronterizo de hegemonía.

La izquierda Europa no quiere reconocer que el Estado de derechos civiles y de derecho se ha desmoronado en Europa y que la clase, cuyos intereses representa el Estado, se está moviendo para superarlo. Las democracias burguesas en las que ha funcionado la izquierda europea convenciéndose a sí misma de que eran verdaderas democracias con verdaderas oportunidades de cambio, no eran sino un sistema preventivo ante el socialismo: menos coste para el Estado capitalista que la probabilidad de hacer frente a malestar laboral que puede tomar sus raíces profundas en el corazón de ese “otro polo”, la Unión Soviética.

Un vez que ésta se desmoronó ya no había necesidad de mantener esos costes extras. El Estado de derechos civiles y de derecho ya no era rentable, ahora está siendo descartado a una velocidad tremenda: en Francia nuevas leyes laborales y sobre la seguridad social han sacado a manifestarse en la calle a estudiantes y trabajadores, mientras que las enmiendas constitucionales propuestas para permitir el establecimiento de universidades privadas en Grecia como un preludio de la privatización del sistema educativo provocaron una respuesta similar. A nivel de las libertades, cotidianamente se está deteniendo, juzgando y/o condenando a militantes de izquierdas.

Éste es el caso de la detención y vigilancia de activistas de izquierda en Alemania

(http://einstellung.so36.net/en/soli/992), del juicio y la revisión de la causa del activista Bahar Kimyongur y sus amigos en Bélgica (http://www.aboujahjah.com/?p=124), el caso del juicio de la Liga Árabe Europea (http://www.arabeuropean.org) y de sus activistas Dyab Abou-Jahjah y Ahmad Azzuz (http://www.aboujahjah.com/?p=118), la interposición de un proceso judicial contra el (nuevo) Partido Comunista Italiano (nPCI) y los Comités de Apoyo a la Resistencia por el Comunismo (CARC) en Italia (http://www.carc.it/index.php?option=com_content&view=article&id=64&Itemid=28) y la condena por parte de los tribunales daneses de activista que vendían camisetas con logos de las FARC y PFLP. (http://www.wtopnews.com/?nid=383&sid=1480812).

Todos estos ejemplos son pruebas de la cada vez mayor intolerancia en Europa hacia individuos y/o organizaciones que apoyan luchas de liberación y contra la opresión, que están contra el intervencionismo e imperialismo militar o político, y que se oponen al capitalismo.

No obstante, la izquierda militante en Euskal Herria (el País Vasco) es otra clara excepción y una cruda ilustración de la tendencia al deterioro [de la izquierda] en Europa: A) Es una excepción respecto al resto de la izquierda europea ya que mantiene su militancia y su radicalismo al tiempo que un amplio respaldo popular, lo que demuestra la falta, en general, de la de ellos. Y B) Demuestra la intolerancia del Estado "democrático" europeo hacia movimientos que buscan un cambio concreto en las relaciones de poder, en las estructuras económicas y en lo marcos políticos que los albergan. A diferencia de sus homólogas europeas, la izquierda en Euskal Herria sigue siendo militante y anti-sistema en su insistencia en separarse del resto de Estado español (los partidos que plantean en sus discursos y proclamas la independencia de Euskal Herria siguen obteniendo más del 60% del apoyo electoral), en su insistencia en que la independencia sólo es posible en un modelo socialista y, a su vez, el socialismo sólo es posible si se garantiza el derecho de autodeterminación y, finalmente, su insistencia en la no-condena de la "lucha armada" y por tanto, la consideración de ésta como una opción legítima para lograr un marco democrático que garantice el derecho de autodeterminación y la posibilidad real de todas las opciones políticas incluida la de la creación de un Estado vasco independiente, si así lo decide democráticamente la mayoría de la sociedad que vive en el territorio de Euskal Herria . En un Estado democrático el derecho básico a la autodeterminación se debería mantener y respetar estrictamente, pero las organizaciones de izquierda de Euskal Herría que buscan activamente este derecho básico son simplemente prohibidas y criminalizadas por el Estado por medio de la legislación "anti-terrorista" y de relevantes acciones represivas, y son aisladas de la "corriente dominante" de las organizaciones políticas (incluyendo a las que están en la "izquierda").

Bajo el capitalismo la ley es una herramienta pragmática para uso el uso selectivo y flexible de la clase dirigente, ya no sirve como garantía contra explosiones sociales como fue el caso durante la Guerra Fría y tampoco es ya la encarnación de la libertad y la igualdad como se pretendía en los estadios tempranos de las revoluciones burguesas.

Con el lanzamiento de las leyes “anti-terroristas” y de las listas negras se está reescribiendo la ley en Europa para acomodarla a la nueva era. La izquierda europea es incapaz de hacer frente a este proceso ya que está siendo aplicado por las mismas instituciones no neutrales (los parlamentos locales, el Parlamento Europeo, la Unión Europea) que esta izquierda supone que constituye un terreno justo para un “juego democrático”.

La izquierda europea debe entender que “ley” y “democracia” (como la definen sus antagonistas) son términos y mecanismos engañosos. No puede jugar este juego y al mismo tiempo existir como izquierda obligándose a acatar las reglas no neutrales del juego.

La ley es un medio de conseguir un interés, un valor o un derecho. No es un valor en sí misma ni es correcta sólo por estar formulada en un conveniente lenguaje comedido y ser aprobada por los canales adecuados. Los sistemas legales son generalmente el reflejo del deseo de la clase dominante y una personificación de sus intereses, no son sagradas escrituras. La izquierda no reconoce un presencia ultracrítica a ningún texto o institución, por lo tanto, ¿por qué en Europa está acatando ahora las nuevas reglas del neoliberalismo formuladas como “legislación”?

¿Una izquierda subconscientemente supremacista?

El segundo problema en la izquierda europea es su tendencia a menospreciar a los demás habitantes del resto del mundo, en especial del sur global. Quiere hacer respetar sus puntos de vista y forma de entender luchas y soluciones en una obvia contradicción con los rudimentos de la dialéctica y la objetividad.

En muchas ocasiones se han hecho esfuerzos para crear o patrocinar política e ideológicamente a grupos subordinados, una recreación a pequeña escala de la experiencia soviética y de sus relaciones con comunistas e izquierdistas en general por todo el mundo (una experiencia devastadora, como estaría de acuerdo la mayoría).

¿Es posible afirmar que hay tendencias subconscientes de racismo y de chovinismo dentro de organizaciones e individuos de la izquierda europea? ¿Cómo explicar la firme postura de apoyo de las enormes manifestaciones “blancas” en Francia contra enmiendas de la ley que afectarían al trabajo a principios de 2006, mientras que la misma izquierda permaneció observando despreocupadamente los “disturbios de color” en los banlieus parisinos y en toda Francia en otoño de 2005, sólo unos meses antes? Muchos de mis amigos europeos de izquierda estarían de acuerdo en que en ello hay un racismo latente.

Otro ejemplo que lo prueba: la izquierda europea quiere fomentar su propio punto de vista en relación a la lucha árabo-sionista y su “resolución”. A consecuencia de su vergonzosa aceptación de proyectos previos de colonización colonial en vastos territorios poblados por naciones indígenas y colonizados por Europa occidental y que se convirtieron en Estados Unidos, Canadá, América de sur, Australia, Sudáfrica y otros, a la izquierda en Europa le cuesta mucho aceptar que la principal solución a la colonización es la descolonización, no su “naturalización”. La primera solución absolutamente clara a la ocupación nazi de Francia fue eliminar completamente esta ocupación, sin hacerse preguntas. Excepto si esa ocupación era, por ejemplo, en el norte de África tras la Segunda Guerra Mundial, como fue el caso de Argelia (téngase en cuenta la vergonzosa posición del Partido Comunista Francés en apoyo del imperialismo francés, http://www.marxists.org/reference/subject/philosophy/works/fr/defeat-french-humanism.htm ) y actualmente en la Palestina histórica.

Ya sea propugnando una solución de “dos Estados” o una solución de “un Estado democrático” (las dos únicas actualmente “aceptables” para las diferentes fuerzas en la izquierda europea) e ignorando completamente realidades y mecanismos de lucha objetivos, la izquierda europea quiere presionar y empujar a los árabes a adoptar las políticas que quiere la izquierda de conservar prácticamente intacto el colonialismo de colonos en la región árabe como el “retorno de los judíos de la diáspora a su antigua tierra”. La historiografía revisionista en el Estado israelí ( http://palestinethinktank.com/2008/09/02/gilad-atzmon-the-wandering-who/ ) está poniendo en duda de manera convincente el carácter mítico del sionismo y la propia existencia de un pueblo judío.

Pero entre las clases dirigentes en Europa e incluso en gran parte de la izquierda organizada, la cuestión de Palestina ya no es un caso de algo correcto o incorrecto, un caso de ilegítimo colonialismo de colonos, la creación de un enclave de colonos en una zona que pertenecía a otros, una fundamental e incluso clásica lucha contra el imperialismo occidental y sus diferentes manifestaciones. No, Palestina ahora es un mero conflicto “localizado”, que necesita benignas y localizadas medidas de gestión, medidas de un gobierno “estatal” en una región dividida por un colonialismo vivo y vehemente. ¿Fue éste el caso en la batalla contra el fascismo español hace 75 años? Es ilustrativo aunque en algunos aspectos sea muy diferente. ¿Se consideró un conflicto “localizado”? ¿Dónde está la herencia de los internacionalistas que hace décadas se unieron a la revolución palestina? Perece haber una especie de amnesia en la izquierda europea cuando se trata de la configuración básica de Israel, un Estado construido con capital y colonos extranjeros en una zona que pertenecía a otros y contra la voluntad de su población, en su mayoría expulsada.

Lo mismo se aplica en el caso de la resistencia iraquí: la izquierda europea sigue siendo indiferente a menos que la resistencia se adapte a sus propios principios en vez de a los de la evolución y la objetividad. La izquierda parece decir: “queremos una resistencia que sea, progresista, laica, no islamista, que no tenga relación con el régimen anterior, defienda la igualdad de género, sea democrática y clara en sus planes de futuro. ¡Ah, sí, y preferiblemente que esté a favor de los gays! … si no, no podemos apoyar a la resistencia iraquí”. Bueno, yo también deseo todo eso, pero, ¡para qué si nosotros no podemos realizarlo! La realidad es que en Iraq hay una ocupación ilegal opresiva, muchos analistas (incluido yo mismo) creen que Iraq es un punto de inflexión para Washington y su proyecto de dominación global, un especie de Waterloo. O bien nos damos el lujo de esperar a que una resistencia evolucione hasta que la consideremos aceptable o bien apoyamos a quienes están luchando sobre el terreno contra la ocupación.

La izquierda europea debe hacer una seria autocrítica de esta actitud de “nosotros lo sabemos mejor” y de su tendencia a considerar ideológica y políticamente inferiores a las fuerzas populares del sur.

La falta de claridad política

El tercer problema de la izquierda en Europa es la falta de claridad política.

Su posición en relación al “Estado” y al “imperio de la ley” en Europa está pobremente definida y llevará al estrangulamiento de la izquierda con la cuerda de la legislación neoliberal si continúa posicionada dentro de su círculo que cada vez se estrecha más.
A pesar del hecho de que la izquierda europea ha establecido tradiciones de resistencia militar (la izquierda encabezó la resistencia militar contra el nazismo y el fascismo), la vasta mayoría de ella se ha girado hoy hacia el pacifismo y la no violencia, y se ha vuelto extremadamente dubitativa a la hora de apoyar abiertamente a la resistencia militar en Palestina, Iraq y Líbano, como si la lucha contra un imperialismo fuertemente armado, armado hasta los dientes con aviación, flota naval y misiles, y que no tiene respeto alguno por ninguna consideración “legal”, se pudiera resolver no violentamente. Desde mi punto de vista, el pacifismo como dogma es un activismo suicida que cede más terreno al opresor. Estos mecanismos de lucha no producen nada. ¿Se derrotó al fascismo y al nazismo en Europa no violentamente o acaso el lavado de cerebro del capitalismo ha logrado transformar la lucha de clases en cuestiones de la “sociedad civil”, “derechos Humanos”, “derechos de la mujer” y “derechos de la infancia”, en una militancia fuera de contexto?
Como he explicado antes, Palestina es también una prueba decisiva, por así decirlo, en lo que se refiere a la falta de claridad sobre lo que constituye un típico colonialismo en su forma más contemporánea y violenta.
Incluso los socialdemócratas (que ya no son“izquierda”) están diagnosticando como causa de su declive su falta de claridad política y el abandono de sus posturas originales en favor de políticas más cercanas al neoliberalismo. Al informar sobre una conferencia de los socialdemócratas celebrada recientemente en Hertfordshire para discutir sobre su crisis actual (http://dissentmagazine.org/article/?article=1221), Robert Taylor cita el análisis del dirigente del Partido Laboristas danés Wouter Bos, pronunciado en esta conferencia y que gira en torno a resucitar la consigna “Retorno al futuro”, la cual defiende una vuelta a la “moralidad de los primeros pioneros de la socialdemocracia europea”. Más adelante Taylor afirma: “[Bos] no es el único pensador socialdemócrata reflexivo en Europa que pone en duda si sus partidos no han ido demasiado lejos en incorporar al pensamiento socialdemócrata mercados, iniciativas privadas, libre mercado, globalización, empoderamiento y elección personal. Ahora tiene que haber una re-evaluación de los fundamentos. Hay que traer de vuelta a la política de la corriente dominante las viejas cuestiones de la izquierda europea de distribución e igualdad, protección del trabajador y justicia social”.

Taylor indica más adelante que lo que preocupa actualmente a los socialdemócratas “es la inesperada emergencia de lo que parece una grave amenaza de nuevas fuerzas a su izquierda”, esto es, la verdadera izquierda, una entidad política más claramente definida si se compara con los socialdemócratas. Pero amenazar a los socialdemócratas, aunque sea un signo positivo del declive de su catastrófico y falso monopolio de la representación de la izquierda, obviamente no es lo suficientemente bueno para una verdadera izquierda cuyo objetivo es interrogar, desafiar y confrontar al propio capitalismo y a sus poderosas estructuras, y no sólo amenazar a secreciones marginales de éste. Esto refuerza una vez más mi punto de vista referente a la importancia fundamental de la claridad política para lograr este objetivo superior.

En Europa el Estado “liberal” se está pareciendo cada vez más a un Estado policial, en el que se están socavando, de forma lenta pero segura, las libertades, sacrificadas en el altar de la guerra contra el “terrorismo”. Al mismo tiempo, se enfrenta a una pequeña o no organizada resistencia de una izquierda que se ha desviado por un camino de falsos procesos y de detalles democráticos, y que al mismo tiempo teme la represión y la criminalización de sus oponentes. Las perspectivas son que la extrema derecha sea el principal beneficiario gracias a su retórica populista y dogmática, mientras que la izquierda sigue languideciendo en la periferia de la vida pública.

La izquierda tiene la función histórica de ser revolucionaria, clara, objetiva e internacionalista. La izquierda europea ha traicionado en cierto modo estos valores al haberse ONGizado y participar en los falsos y cooptativos procesos democráticos del Estado y de la UE. En vez de proponer una alternativa revolucionaria, se centra en las opciones de los oponentes y opera de acuerdo con sus normas mientras que subconscientemente alberga el mismo sentimiento racista respecto al sur. La izquierda europea debería enfrentarse a las realidades presentes y a la debacle sistémica de acuerdo con una agenda y un análisis revolucionarios, y volver a contextos claros y definidos. Si no, no habrá demasiado horizonte y en vez de ser una opción política en Europa la derecha fascista populista llenará el espacio dejado por una oposición que, en efecto, ha sufrido una especie de mutación genética y se ha metamorfoseado en un formato más fácil de un sistema duro o en un pálido recuerdo de un pasado lejano que ha sido transformado en un vago sueño por la impronta de hegemonía.

Hisham Bustani es un escritor árabe marxista jordano.

El autor quiere agradecer a Bill Templer su asistencia editorial y a Bea Morales por su perspicacia.

Este artículo se publicó originalmente en italiano en la revista progresista, Senza Censura (Italia), No. 28, marzo – junio de 2009, páginas 4 – 6, y ha sido actualizado expresamente para Rebelión.

Enlace con el original

http://www.senzacensura.org/public/pdf/SC_28_09_it.pdf

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viernes, 12 de junio de 2009

Reñidas elecciones fuera del mundo


Elecciones europeas 2009
12-06-2009
Santiago Alba Rico
Diagonal

La izquierda europea, que decidió jugar con las cartas marcadas del Sistema, contempla entre ingenua y sorprendida como su supuesto "enemigo de clase" la despluma sin entender lo que está pasando. Esperemos que si se deciden a empujar todos juntos sea para hacer descarrilar el tren en el que un día no muy lejano, más o menos cuando Stalin disolvió la 3ª Internacional y Dolores y todos los demás firmaron dócilmente, todos ellos se subieron. Incluyendo la 4ª, auque lo hicera sin billete.

Una vieja película de la primera década del siglo XXI: eso es, en realidad, la primera década del siglo XXI. Pero habrá que esperar unos años, e introducir algunas transformaciones radicales, para que nuestros vestidos y nuestras ideas nos parezcan de época . El cine nos permite percibir, como escribía hace unos días Asor Rosa en Il Manifesto , todo el ridículo trágico de los discursos de Mussolini desde el balcón del Palacio Venecia en la Roma de los años veinte. “¿Cómo es posible que, ante un espectáculo así, la muchedumbre que atestaba la histórica plaza, en lugar de aclamarlo rabiosamente, no lo despachara de inmediato con una carcajada colosal?”, se pregunta el periodista italiano. Es que entonces Mussolini estaba en el mismo mundo que los que lo aclamaban; juntos, de hecho, formaban el mundo dentro del cual las palabras del fascismo, lejos de sonar altisonantes y vacías, recogían y consolidaban una realidad seria, evidente e incontestable. Mussolini fue sacado de ahí no por el tiempo -ni siquiera por el cine, para el que todo es siempre ya pasado- sino por el antifascismo, la resistencia y la guerra.
Esa atmósfera compartida que Gramsci llamaba “hegemonía” no se agota en los medios coercitivos o fraudulentos con los que se construye: evidencias ancladas en la experiencia del mercado laboral, monopolio de las imágenes y las frases, saturación digestiva de las mercancías. Una vez se ha formado, porque se han formado allí, todos corren a sostenerla, de manera que el aire mismo se reproduce por aclamación o por votación. El mundo real, aunque no sea ni bueno ni verdadero, tiene siempre la ventaja de que es real, y se impone -y lo reclamamos- precisamente por eso: su realidad es el campo gravitatorio que nos atrae de manera irresistible y hacia el que nos lanzamos con entusiasmo. Mussolini estaba en el mundo y nadie se reía de él. Por el mismo motivo, en los periódicos de Europa resulta hoy mucho menos risible Berlusconi, que se burla de sus votantes, cuando no los acosa sexualmente, que el presidente de Venezuela Hugo Chávez, aunque cumpla sus promesas electorales; y parecen mucho más reales, mucho más consistentes, mucho más maduras las complacidas adolescentes manoseadas por el sátiro que las amas de casa cincuentonas, tocadas de gorra roja, que blanden en las calles de Caracas la constitución bolivariana. Fuera del agua, ni las verdades ni los peces sobreviven; fuera de la atmósfera, ni la sensatez ni los cuerpos tienen peso. ¿Cuál es el “mundo” europeo del año 2009? Digamos que la intersección estadística entre el PP y el PSOE; es decir, ese 70% de leyes votadas de común acuerdo en el parlamento de la UE durante la última legislatura; ese 70% de afinidad (una visión de la banca, el trabajo, la educación, la inmigración) refrendado en votación el pasado 7 de junio por los electores.

Fuera de ese mundo, ¿qué hay? ¿La sensatez, la ética, la lucha? ¿O el no-mundo? ¿O las dos cosas juntas? Si la realidad realiza sin escrúpulos todo lo que toca, la irrealidad irrealiza por igual cuanto se precipita en su vacío. La ausencia de mundo tiene consecuencias trágicas para los que viven en ella.

En ausencia de mundo, todo es polemós . Cuanto más se enrarece el aire más se enrarece el aire; cuanto menos poder hay en juego, con más saña se disputa.

En ausencia de mundo, todo es psicología. Cuanto menos decidimos los conflictos reales, más se activan nuestros egos; cuanto menos se puede intervenir en las causas, más intervienen los motivos .

En ausencia de mundo, todo es doctrina. Cuanto menos puede ponerse a prueba, más se carga uno de razón ; y cuanta más razón tiene uno, menos se negocia.

En ausencia de mundo, todo es voluntad. A mayor impotencia, mayor susceptibilidad; a mayor semejanza con el compañero acósmico , mayor obstinación en distinguirse de él.

Reconozcamos que el problema de la izquierda europea es que no tiene mundo. Que carezca de él tiene que ver, claro, con una derrota histórica, pero una de las consecuencias de su ausencia es precisamente que, una vez sin él, el acosmismo escoge y acelera su propia ingravidez, también porque, en estas circunstancias, sólo puede pesarse , como lo demuestra la deriva de IU, del lado malo. Eso ha pasado en España en las recientes elecciones europeas. Al menos cuatro fuerzas de izquierdas decidieron presentar su candidatura, para desesperación de los asnos de Buridán que nos hemos quedado paralizados frente a ellas. Pero este acto, que podría interpretarse ingenuamente como un abandono del acosmismo, en realidad ha sido todo lo contrario. IU, II, IA y el PCPE, al presentarse a las elecciones aceptaban en mayor o menor medida renunciar a la realidad del balcón mussoliniano; lo hacían dando por perdidos, como no podía ser de otro modo, los 20 millones de votos potenciales dirigidos a la intersección cósmica PP-PSOE. Lo hacían, por lo tanto, aceptando también -y esto quizás sí podía ser de otro modo- disputarse entre ellos los tres millones residuales, sin conexiones, que flotan a la deriva, como todos nosotros, lejos del mundo. Presentarse a las elecciones, fuese o no una buena idea, significaba renunciar públicamente al mundo; significaba resignarse, sí, a hacer campaña en intersticios cerrados y habitaciones mal ventiladas. Presentarse además por separado, significaba -como así ha ocurrido- remedar fuera del mundo, sin poder intervenir en él, a pequeña escala y entre aliados potenciales, la campaña electoral que los grandes partidos capitalistas han escenificado a la luz del día (de los grandes medios de comunicación). Al final, hemos tenido dos campañas idénticas, paralelas, en el espejo, muy reñidas ambas; sólo que una real (en una realidad abierta muy mala) y la otra irreal (en una irrealidad cerrada que, a fuerza de imitar la realidad mala, tampoco ha invitado mucho a la esperanza). En una, el PP y el PSOE se disputaban con electoralismo y mezquindad los votos reales de la mayoría; en otra, IU, IA, II y PCPE se disputaban, también con electoralismo y también a veces con mezquindad, los votos irreales de la minoría. La diferencia entre la realidad y la irrealidad, en cualquier caso, no tiene nada que ver con la verdad o la ética; es que la realidad siempre parece seria y la irrealidad da siempre un poco de vergüenza.

Como dice Belén Gopegui, el pesimismo puede ser de izquierdas, pero el desánimo nunca. Pero pesimismo: no cabe otro mundo real dentro de éste; no cabe tampoco una realidad fuera del mundo. Pero sin desánimo: una realidad debe desplazar a otra, a codazos, a empujones, por debajo de la línea de flotación; y conviene, claro, que todos empujemos en la misma dirección.


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Esta reproducida aquí es la versión completa del artículo publicado en:

http://www.diagonalperiodico.net/spip.php?article8244



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jueves, 21 de mayo de 2009

“Queremos superar el capitalismo”


Entrevista con Oskar Lafontaine, líder del partido alemán La Izquierda

21-05-2009
Björn Hengst y Claus Christian Malzahn
Der Spiegel Online
Traducido del alemán para Rebelión por Germán Leyens

SPIEGEL ONLINE: Señor Lafontaine, ¿Se encuentra Alemania en lucha de clases?

Lafontaine: Esa pregunta la respondió mucho mejor el billonario estadounidense Warren Buffett de lo que puede hacerlo La Izquierda. Tenemos lucha de clases, mi clase gana, dice. Yo agrego: Ahora comienza a movilizarse de nuevo la clase que lleva años perdiendo.

SPIEGEL ONLINE: “Conductores suicidas radicales del mercado,” “Avaricia, tacañería e irresponsabilidad de los gobernantes,” ricos, que “quieren ganar mucho dinero con demasiado dinero”: el proyecto de programa de su partido para las elecciones parlamentarias suena a Marx y Engels. ¿Cree verdaderamente que impresiona al elector con declaraciones contundentes?

Lafontaine: Cuando el presidente alemán habla de “monstruos” y Franz Müntefering [vicecanciller alemán, N. del T.] de “saltamontes y fracasados,” significa que hemos dado justo en el corazón de la sociedad.

SPIEGEL ONLINE: El primer proyecto era mucho más comedido. Tan moderado, que sus compañeros de la extrema izquierda protestaron y hablaron de un texto blanqueado con sonido al estilo SPD. ¿Ya no tienen voz los partidarios de una política ‘realista’?

Lafontaine: Reforzamos el proyecto, y al hacerlo quedó más clara una u otra cosa. Y después de todo es algo normal, que las diferentes tendencias en un partido escriban documentos diferentes. Eso ya lo he vivido desde hace más de 40 años.

SPIEGEL ONLINE: En su proyecto incluso aceptaron el socialismo democrático como concepto.

Lafontaine: Nadie en la dirección del partido tiene la opinión ingenua de que vayamos a cambiar tanto la sociedad en los próximas cuatro años, que podamos llegar a llamarla democrática-socialista. Pero cuando el SPD mantiene en alto el socialismo democrático, supongo que se le perdonará a La Izquierda que lo haga (ríe).

SPIEGEL ONLINE: Su compañera de partido, Sahra Wagenknecht, no quiere reparar el capitalismo, sino superarlo. ¿Qué piensa al respecto?

Lafontaine: Así lo ve toda la izquierda. Queremos superar el capitalismo.

SPIEGEL ONLINE: ¿Cómo se lograría?

Lafontaine: Lo lograremos cambiando el régimen económico. Comienza por la regulación de los mercados financieros internacionales. Cuando colocamos ese tema en el orden del día, nuestros críticos todavía estaban ocupados extendiendo la alfombra roja para el capitalismo financiero. El capitalismo financiero ha fracasado. Tenemos que democratizar la economía. El personal tiene que participar mucho más que antes en las empresas.

SPIEGEL ONLINE: ¿Qué nos espera entonces, cuando hayán superado el capitalismo?

Lafontaine: Una estructura social, en la que se realice el máximo de libertad para cada ser humano…

SPIEGEL ONLINE: ¿Piensa seriamente, que nuestra sociedad no ofrece suficiente libertad?

Lafontaine: Una sociedad en la que excluye a la gente del trabajo y tienen que vivir de Hartz IV [subsidios de desempleo, N. del T.], y en la cual la desigualdad social es reforzada por el sistema educacional – una sociedad semejante no es en realidad una sociedad libre.

SPIEGEL ONLINE: Sus listas de candidatos para la elección parlamentarias muestran una clara tendencia hacia la extrema izquierda en su partido. Carl Wechselberg, su experto presupuestario en la Cámara de Representantes de Berlín, lo critica por llevar a La Izquierda hacia el aislamiento. Que usted protege a los sectarios. ¿Qué le responde?

Lafontaine: Las decisiones de La Izquierda son adoptadas por grandes mayorías. Siempre hay opiniones discrepantes. En cuanto a la composición de las listas: Nuestras fuerzas reformistas hablan de un giro a la izquierda, el ala izquierda cree notar un giro a la derecha.

SPIEGEL ONLINE: En Renania del Norte-Westfalia colocaron directamente a numerosos candidatos de la extrema izquierda muy arriba en la lista.

Lafontaine: Sí, por otra parte hay corporaciones regionales, donde todos los candidatos del ala izquierda son calificados de derechistas.

SPIEGEL ONLINE: ¿Dónde?

Lafontaine: Estoy convencido: La mezcla de candidatos de nuestras listas muestra la amplitud del partido.

SPIEGEL ONLINE: Su proyecto de programa para la elección parlamentaria no suena demasiado equilibrado: Terminar con Hartz IV, volver a la jubilación con 65 años, retiro del ejército alemán de Afganistán, salario mínimo de 10 euros, un programa de inversiones de 100.000 millones de euros, aumento de la tasa legal de Hartz IV a 500 euros. De esa manera La Izquierda nunca estará en condiciones de formar una coalición.

Lafontaine: Siempre hemos mencionado posiciones claras, bajo las cuales estaríamos dispuestos a una coalición. En Hartz IV la SPD y los Verdes han mostrado un claro cambio, también en los temas salario mínimo y pensiones ambas organizaciones están cambiando. En cuanto a la retirada de las tropas de Afganistán: SPD y los Verdes recién entenderán cuando el presidente de EE.UU., Barack Obama, retire sus tropas, porque sabe que no es posible ganar la guerra de Afganistán.

SPIEGEL ONLINE: Usted se limita a exigencias máximas, pero en la política hay que hacer compromisos.

Lafontaine: También estamos dispuestos a hacer compromisos, pero para cada partido existen condiciones que hay que mantener. Los Verdes, por ejemplo nunca votarían por la energía nuclear.

SPIEGEL ONLINE: Hace poco usted solicitó el aumento de la tasa máxima de impuestos para ingresos a un 80%. ¿Quiere que lo tomen en serio?

Lafontaine: No es lo que dice nuestro proyecto de programa para las elecciones, pero yo lo solicito hace tiempo para ingresos que lleguen a 20 veces el ingreso promedio. Nadie rinde tanto como para que reciba 20 veces el salario de un obrero especializado.

SPIEGEL ONLINE: Sus resultados en los sondeos eran mejores anteriormente. La izquierda crítica del capitalismo está estancada o pierde aprobación precisamente en la peor crisis desde 1929. ¿Cómo lo explica?

Lafontaine: En realidad La Izquierda debería ser más fuerte, pero las experiencias del pasado también lo muestran: En tiempos de crisis hay ligeras ventajas para los gobernantes. El FDP [partido liberal, N. del T.] aumenta todavía momentáneamente, pero ya me atrevo a pronosticar, que la CDU (democristianos, N. del T.] y el FDP ya no tendrán una mayoría después de la elección al parlamento.

SPIEGEL ONLINE: ¿Y entonces?

Lafontaine: Aunque la CDU está estacionaria en comparación con la última elección al parlamento federal y el SPD muestra considerables pérdidas, amenaza una continuación de la Gran Coalición entre los dos. La dirigencia de la SPD lo ve precisamente como una salvación y lo que hace ahora no es más que teatro electoralista.

SPIEGEL ONLINE: Usted dijo una vez que Kurt Beck [presidente del SPD, N. del T.] podría llegar a ser canciller de inmediato, si impusiera el salario mínimo, volviera a imponer la fórmula para las jubilaciones, revisara Hartz IV y retirara al ejército de Afganistán. ¿Valdría esa oferta también para el candidato a canciller del SPD, Frank-Walter Steinmeier?

Lafontaine: Naturalmente. Nuestras posiciones no dependen de personas, sino de contenidos. Si el señor Steinmeier apoya esos contenidos, puede ser canciller mañana mismo.

SPIEGEL ONLINE: La canciller Angela Merkel sigue en su posición de medir a La Izquierda según su pasado en la República Democrática Alemana [DDR].

Lafontaine: Es un caso psicológico interesante. La gente tiende a culpar a otros por sus propios errores. La señora Merkel debería reconciliarse con su propio pasado en la DDR, y el de su propio partido. Fue funcionaria de la Juventud Libre Alemana [FDJ, organización juvenil de la DDR] encargada de Agitación y Propaganda. Al serlo, pertenecía a la reserva combativa del Partido.

SPIEGEL ONLINE: Además, se trata de la cuestión, de la posición de cada cual hacia la DDR, 20 años después de la caída del muro. Se tiene la impresión, de que el tema no está definitivamente aclarado en su partido.

Lafontaine: El PDS ha estudiado cuidadosamente la DDR en numerosos congresos y documentos, como partido predecesor a La Izquierda. Sólo la CDU no lo ha hecho. Se tragó las posesiones de dos partidos del bloque del SED [Partido Socialista Unificado de Alemania – partido gobernante en la DDR, N. del T.] y en lo demás cubre su pasado con el manto del silencio.

SPIEGEL ONLINE: ¿Fue la DDR un Estado de injusticia?

Lafontaine: La DDR no fue un Estado de justicia, es una respuesta mucho más precisa.

SPIEGEL ONLINE: En pocos días se elegirá al presidente de Alemania. ¿Puede contar con su voto la candidata del SPD Gesine Schwan en una posible segunda o tercera vuelta?

Lafontaine: Todavía no hemos decidido ese tema. Discutiremos después de la primera vuelta nuestro procedimiento futuro, salvo si no confirman en su cargo Horst Köhler.

SPIEGEL ONLINE: ¿Fue su propio candidato, Peter Sodann, el adecuado para La Izquierda?

Lafontaine: Fue descalificado por muchos medios de un modo aborrecible. Mantenemos la opinión de que debe haber un candidato para el más alto puesto en el Estado, quien critique Hartz IV y las guerras contrarias al derecho internacional.

SPIEGEL ONLINE: Usted quiere ser Primer Ministro del Sarre. También allí La Izquierda ha perdido un 5% en un sondeo y ahora tiene 18%. ¿Ya no seduce el compañero Lafontaine como atracción electoral?

Lafontaine: Otros sondeos dicen otra cosa. Mantengo lo dicho: En el Sarre obtendremos un resultado de más de un 20%.

http://www.spiegel.de/politik/deutschland/0,1518,624475,00.html

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martes, 12 de mayo de 2009

Izquierda Anticapitalista realiza un importante acto en Madrid con la presencia del líder francés Oliver Besancenot


11-05-2009
Público/ Kaos/ inSurGente

La división y hundimiento del Partido Socialista Francés, la casi desaparición del PCF, ha colocado a la organización Nuevo Partido Anticapitalista en boca de buena parte de la izquierda gala. Su portavoz, el cartero Oliver Besancenot, goza de una popularidad muy importante, y preoucpa a la socialdemocracia y demás defensores del capitalismo. El sábado estuvo en Madrid y más de 500 personas se dieron cita para escucharlo. Sus propuestas de izquierda parecen claras y profundas.

No tiene pinta de agitador de masas. Ni de icono iconoclasta, ni tan siquiera de líder de un movimiento radical que pretende remover las costuras políticas de la vieja Francia y de paso estallar los cánones de la izquierda "institucional y gestionaria". Olivier Besancenot parece un joven más, un chaval con camisa, vaqueros y deportivas. Un cartero de 35 años recién cumplidos.


Eso es, precisamente. Y de eso predica, de la conquista, casi de la invasión, de la gente normal a la política. Con un discurso y un rostro fresco, pero con ideas claras, básicas, de combate contra un capitalismo que lo engulle y lo "destruye" todo. El cartero de Francia ya ha conseguido hacerse un hueco en la parrilla mediática, ha escalado en popularidad. Y ha exportado el producto, su creación política: el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), descendiente directo de los trotskistas de la Liga Comunista Revolucionaria.


Ayer aterrizó en España, en Barcelona y Madrid, luciendo su tarjeta de líder global, de imán mediático, para apoyar a sus compañeros de Izquierda Anticapitalista (IA), la escisión de IU. Despachó una entrevista tras otra y luego se sentó, quieto, atento, junto a sus colegas de IA en el escenario del Instituto Cardenal Cisneros de la capital, ante una grada de 500 personas apiñadas y entusiastas.


IA quiso mostrar el peso de sus lazos con los movimientos callejeros. Con la erupción social que se rebela contra la crisis. A la tribuna saltó la revuelta de los trabajadores de Telemadrid, la denuncia del "terrorismo patronal" de los empleados de Iveco, la organización sindical de los McDonalds, la rebelión contra la "privatización de la universidad" de estudiantes y profesores. "El capitalismo ha destruido absolutamente todo en este planeta", planteó el filósofo Carlos Fernández Liria, número cuatro de la lista de IA a las europeas.


A la izquierda de lo posible

Sí, las europeas, el "partido y la batalla" que los anticapitalistas van a disputar, levantando un muro contra la izquierda "institucional". Llámese PCE o llámese IU. "No jugamos a refundarnos, a rebautizarnos, Estamos a la izquierda de lo posible", gritó el número tres de IA el 7-J, Raúl Camargo. "Aprendemos de los errores. Tratamos de articular la rabia contra el sistema". Hay que conjurar el "desencanto", añadió Esther Vivas, la cabeza de lista.


Besancenot fue el último. El de las sentencias lapidarias. "No hay campaña real, sino virtual", "Europa no existe, se la han imaginado", "Utilicemos la campaña para la lucha y para construir un partido anticapitalista europeo". Se trataba de insuflar energía, de desterrar el desánimo, de olvidar las quimeras. Porque "si la utopía es pensar que se puede cambiar esta sociedad de mierda, entonces merece la pena ser utópicos". Pura ruptura.

Video en:


http://www.kaosenlared.net/noticia/kaosenlared-retransmitio-directo-acto-central-izquierda-anticapitalist

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viernes, 3 de abril de 2009

El fundamentalismo de Hizbolá adelanta por la izquierda al progresismo cristiano





03-04-2009
El pasado día 28 de marzo se pudo leer en un diario de tirada nacional el artículo titulado: “La izquierda, a salvar el mercado”. Los protagonistas del salvamento son considerados por el diario como los líderes progresistas de Occidente, entre ellos Joseph Biden, Gordon Brown, Michelle Bachelet y José Luís Rodríguez Zapatero.
Se reunieron en la Cumbre Progresista custodiados por 3.000 policías. Esto es realmente un hecho histórico por varias razones. Por vez primera se envía a la policía a custodiar izquierdistas, pues si hay algo tan seguro como que el sol sale cada día es que aquélla, el ejército y otros grupos afines como fuerzas de seguridad, paramilitares y pistoleros a sueldo son enviados para reprimir y asesinar izquierdistas.
Resulta algo raro, por tanto, que ese diario no haya destacado este profundo cambio, que es digno de celebrarse por todo lo alto. Quizás lo ha considerado algo menor ante otro cambio radical en los usos políticos que ha marcado el encuentro. Los líderes izquierdistas solían dirigirse a sus seguidores desde la cárcel, desde un escondite en la selva, desde la trinchera e incluso camino del martirio.
Los participantes en la cumbre lo han hecho en una cena de gala en el Palacio de Cerro Castillo. A la vista de la suntuosidad del edificio, de la añada del vino y de lo exquisito del menú, a partir de ahora habrá tortas para ser el primero en salvar al mundo.
El periódico comunica a sus lectores el aspecto fundamental del acontecimiento: “el progresismo vive un momento único en su historia, con el Gobierno demócrata de Barack Obama en Estados Unidos y presidentes de signo progresista en la mayoría de los países de América Latina y algunos de Europa”.
Con motivo de la cumbre El País ha decidido que ni el asalto al Cuartel Moncada en Cuba, ni la batalla de Dien Bien Phu en Indochina, ni la Guerra de Julio en Líbano son acontecimientos únicos en la historia de la izquierda. Desde ahora los hitos del progresismo más aguerrido van a tener lugar en francachelas, fratrías y fanfarrias.
Gracias a este diario, que con su posición sobre la cumbre se convierte en el primer faro de la izquierda mundial, se sabe que ni Ho Chi Minh, ni Castro, ni Lumumba han hecho tanto por el progresismo como Biden, espejo de progresistas, Brown, azote de los conservadores, y Zapatero, guía de revolucionarios. El Palacio Cerro Castillo es ya el sagrado templo de la grey progresista mundial.
Donde Castro dijo respecto del opresor: “si Batista entró por la fuerza, por la fuerza tendremos que derrocarlo”, Biden afirma: “soy un sionista, uno no necesita ser judío para ser un sionista”.
Donde Lumumba dijo sobre el poderoso: “debemos arrancar el poder y los privilegios de las elites tradicionales, la mejora de las condiciones de vida es el verdadero significado que tiene la independencia”, Zapatero se reúne con los banqueros para solicitarles un “esfuerzo adicional a la banca”.
Donde Ho Chi Minh dijo del imperialista: “nuestro país tendrá el señalado honor de ser una pequeña nación que, a través de una lucha heroica, ha derrotado a dos grandes imperialismos, el francés y el norteamericano”, Brown anuncia en el parlamento británico que “hemos de mantener y reforzar lo conseguido, así que el Reino Unido mantendrá una poderosa fuerza militar en Afganistán”.
El mismo día, sin policía, publicidad ni merienda, el profesor libanés Ali Fayyad estuvo en un colegio mayor en la Ciudad Universitaria de Madrid para dar una charla sobre la situación en Palestina.
Como veterano miembro del Comité Ejecutivo de Hizbolá expuso las ideas de su formación política sobre el imperialismo y también sobre el papel de la izquierda y las relaciones de ésta con el islamismo político.

La charla fue grabada por algunos asistentes y también por las cámaras de varias televisiones, así que es de suponer que su contenido se hará público próximamente.
Su lectura será muy edificante para los que todavía creen que los líderes citados tienen alguna relación con la izquierda –aparte de la que les atribuye el diario, tan progresista como ellos- y que los líderes del islamismo político de hoy -denostados como fundamentalistas, extremistas y antidemocráticos- no representan los ideales de ésta.


Mientras tanto, un adelanto de algunas de sus ideas puede ser de utilidad para calibrar el izquierdismo de nuestros líderes comparado con el de los “barbudos”.


Fayyad señaló el fracaso de Estados Unidos en Iraq, Palestina y Líbano, algo que ignoran los “líderes progresistas”, quienes son firmes aliados de aquél y del otro gran agresor en la actualidad, Israel.


También hizo notar el cambio de fuerzas en Oriente Medio, en concreto en lo que se refiere al aumento del peso de la resistencia y en paralelo la disminución del peso del campo imperialista.
Desprecia como es natural la consideración de Hamas, partido que obtuvo el gobierno de forma legítima en Palestina en 2006, como movimiento terrorista por parte de la Unión Europea, algo que ni siquiera creen los propios políticos europeos, quienes mantienen negociaciones con Hamas, aunque lo hacen a espaldas de sus ciudadanos.


Fayyad conoce sobradamente, aunque de nuevo desprecia, la mala imagen que tienen en Occidente las fuerzas islámicas, pero afirma que se debe a que son víctimas de la propaganda. Esto es evidente para cualquiera, ya que no es la prensa occidental la que legitima a las fuerzas antiimperialistas árabes y musulmanas, sino las urnas, las acciones de aquellas en Medio Oriente. Unas y otras han hablado claro en varias ocasiones.


Por si hubiera alguna duda asegura que Hizbolá no quiere un Estado sectario en Líbano y que no existe un problema de religión en la zona, sino un problema político.


Al mismo tiempo considera que el choque de civilizaciones es un error: “no hay oposición de valores y si la hay no tiene que ocasionar guerras, es el apoyo de Estados Unidos a Israel la causa del problema, no hay un problema religioso”.


Añade que “como islamista estoy más cerca de activistas de izquierdas que de ciertos islamistas que no luchan igual contra el imperialismo”.

Concede menos importancia a lo ideológico que los occidentales, quienes usan la conveniente etiqueta de “fundamentalismo” aplicada a la resistencia para evitar tomar una posición realmente izquierdista respecto del imperialismo del siglo XXI, en particular en Oriente Medio.
Fayyad dice: “me interesa si combates el imperialismo o no, pero no que seas marxista o islamista”. Con otras palabras: “¿estás a favor del colonialismo o no, estás a favor de las dictaduras de la zona?”


Para resistir, afirma, tiene que haber valores compartidos y por ello Hizbolá trabaja por un bloque internacional que supere las ideologías y admita todas las tendencias en esta tarea histórica”.


El islamismo político tiene perfectamente claro su papel en la actualidad. La izquierda occidental debería tenerlo igualmente a la vista del empuje creciente del imperialismo, aunque éste fracase gracias a la resistencia en Oriente Medio y otros lugares.

Este fracaso cuesta vidas por millares allí y aquí un deterioro social y político generalizado.


Es un triste ridículo el que hacen los “izquierdistas” cuando son superados ampliamente por los “fundamentalistas” en objetivos políticos, en estrategia y en sacrificio. Es tanto el relajo al que se ha llegado en las filas progresistas, que ser de izquierdas carece de valor alguno.

Hoy sigue siendo cierto con otras palabras aquello de “vive como piensas o acabarás pensando como un progresista”.
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domingo, 15 de marzo de 2009

Sobre Temps sionista




Es muy significativo que el movimiento comunista haya unido históricamente los conceptos izquierda y laicismo militante.Las revoluciones o los procesos revolucionarios que se dan en Irán, Venezuela o Paraguay, por poner unos pocos ejemplos, no todos, demuestran claramente que esa ecuación es falsa. Se puede ser antiimperialista y anticapitalista y al mismo tiempo ser creyente. Es más, la revolución social está abocada a un callejón sin salida si no contempla la dimensión espiritual del ser humano y el contenido moral del mensaje divino. Todo el paradigma revolucionario esta modificándose.La posición actual anti islámica de los intelectuales de izquierda históricos no puede llegar a ser entendida si se desconoce el papel fundacional que los ideólogos judíos laicistas han tenido en el mismo.Cuando los viejos intelectuales de “izquierda” se posicionan contra los movimientos islámicos revolucionarios, precisamente por ser islámicos, están sacando a la luz su verdadera y principal lealtad al sionismo ateo, laicista y anti islámico.Coinciden en ello con la actitud vaticana contra la teología de la liberación.Es evidente que, en este nuevo siglo, se está produciendo un nuevo alineamiento de las fuerzas revolucionarias caracterizado por su defensa de valores morales y religiosos y de las fuerzas reaccionarias, caracterizado por su posicionamiento antirreligioso y, sobre todo, anti islámico. Aquí, desde luego habría que hacer una precisión en el sentido que la hizo Imam Jomeini: existe un Islam revolucionario y un Islam americanizado, que el sistema acepta como un mal menor. Ese análisis también podría hacerse extensible al cristianismo y, parece, parece, que a un incipiente judaísmo antisionista.Para compensar el carácter telegráfico de mi nota, he rescatado de mi archivo de noticias este artículo, bastante esclarecedor de una militante de izquierdas europea:


Intervención en el Foro Internacional de Beirut para la resistencia, el antiimperialismo, la solidaridad de los pueblos y las alternativas.


La posición de la izquierda europea ante las resistencias al imperialismo



Rebelión27-01-2009


La pregunta clave de este foro es el apoyo a las resistencias al imperialismo en todas partes del mundo. Como militante comunista belga, independiente, quisiera abordar el problema de la posición de la izquierda europea ante este tema.Las manifestaciones masivas en las capitales y en las grandes ciudades de Europa en apoyo al pueblo de Gaza han puesto de relieve otra vez el problema central: la gran mayoría de la izquierda, incluyendo a los comunistas, acepta apoyar al pueblo de Gaza ante la agresión israelí pero se niega a apoyar sus expresiones políticas como son Hamas en Palestina o Hezbollah en el Líbano.No solamente la izquierda no las apoya sino que las denuncia y las enfrenta. Su apoyo al pueblo de Gaza se sitúa en el plan humanitario y no en el plan político. En cuanto a Hamas y a Hezbollah, la principal preocupación de la izquierda es el apoyo de las masas árabes a estas formaciones y no la intención deliberada y altamente proclamada de Israel de aniquilarlas.En el plan político podemos afirmar sin exagerar que el deseo (más o menos confesado) de la izquierda se ubica en la misma línea que la del gobierno israelí: liquidar el apoyo popular a Hamas o a Hezbollah. Este asunto no solamente se debate en Medio Oriente sino en el seno de las capitales europeas, ya que la gran masa de los manifestantes de Bruselas, Londres o París la constituye poblaciones provenientes de la inmigración marroquí.Las reacciones de la izquierda ante estas manifestaciones son todo un síntoma. Les citaré tan solo algunas, si bien son decenas los ejemplos. El sitio de Res Publica, en Francia, titulaba así después de la gran manifestación parisina del 3 de enero :«¡Nos negamos a ser engañados por los islamistas del Hamas, del Jihad islamista y del Hezbollah!».«Algunos militantes de izquierda o de ultraizquierda (quienes movilizaron a muy poca gente) se encontraron literalmente ahogados por una muchedumbre cuyas opiniones están en las antípodas de lo que encarna el movimiento republicano francés y de lo que pregona la izquierda del siglo XXI. Más del 90% de los manifestantes defendían una visión del mundo integrista, comunitarista, fundada en la guerra de civilizaciones, antilaica, anti-republicana, y han pregonado un relativismo cultural del cual ya conocemos todas las derivas nefastas, incluyendo en Inglaterra».Res Publica no es marxista ni tampoco comunista, pero buscaríamos en vano en los sitios marxistas una sola palabra positiva sobre Hamas. Encontraremos afirmaciones tales como «Sea lo que sea que uno pueda pensar sobre Hamas, hay algo indiscutible: la población lo eligió democráticamente para dirigir Gaza en elecciones que se desarrollaron bajo control internacional (1).» Y cuando uno busca más lejos sobre «lo que se puede pensar de Hamas», encontramos tanto en el sitio del Partido Comunista Francés como del Partido del Trabajo de Bélgica un artículo titulado «Cómo Israel puso a Hamas en el poder». Nos explican que Hamas fue apoyado por Israel, los EEUU y la Unión Europea, punto y raya. Subrayo que este artículo fue puesto en línea el 2 de enero al cabo de una semana de bombardeos de Israel intensivos y en vísperas de una ofensiva terrestre cuyo objetivo proclamado era la destrucción de Hamas.Vuelvo sobre la cita de Res Publica ya que resume bastante bien la actitud general de la izquierda no solo en relación con la resistencia palestina sino también con las masas árabes musulmanes en Europa.Lo más interesante de esta cita se encuentra en el paréntesis: la izquierda y la ultraizquierda (que movilizaron a muy poca gente). Podríamos esperar, tras tal confesión, un balance algo autocrítico de esta ausencia de movilización en plena masacre del pueblo palestino.Pero no, toda la carga se dirige contra la masa de los manifestantes (90%) a quienes se les reclama por llevar a cabo la «guerra de civilizaciones».En todas las manifestaciones en las cuales participé en Bruselas, pedí a los manifestantes que me tradujeran los lemas en árabe y lo hicieron cada vez con gusto. Escuché mucho apoyo a la resistencia palestina y mucha denuncia a los gobiernos árabes, en particular al gobierno del presidente egipcio Mubarak, a los crímenes de Israel, al silencio ensordecedor de la comunidad internacional o a la complicidad de la Unión Europea. A mi juicio son lemas perfectamente apropiados a la situación. Pero a lo mejor algunos solo escuchan «¡Allahu Akbar !» y se forjan su opinión en base a este solo elemento.El hecho mismo de que los lemas sean gritados en árabe basta a veces para enfadar a la izquierda. Así el comité organizador de la manifestación del 11 de enero estaba preocupado por los idiomas que se fueran a usar. ¡Pero no se podría simplemente difundir las traducciones de estos lemas ¿Seria un posible primer paso en la comprensión mutua. Cuando marchábamos e 1973 contra el golpe militar pro-norteamericano de Pinochet en Chile, nadie se habría preocupado por decir a los manifestantes latinoamericanos “Griten en francés por favor¡” Para llevar a cabo ese combate habíamos aprendido algunos lemas en castellano y aquello no chocaba a nadie.El problema si está dentro del paréntesis: ¿por qué la izquierda y la ultraizquierda movilizan a tan poca gente? O para ser más claro ¿serán la izquierda y la ultraizquierda aún capaces de movilizar sobre estos temas?El problema ya era obvio cuando se produjo la invasión israelí del Líbano en el verano 2006. Me gustaría citar a un israelí anti sionista que encontró un refugio en Londres, el músico de jazz Gilad Atzmon, quien ya decía a seis meses de la invasión : «Desde hace bastante tiempo queda claro que la ideología de izquierda se debate desesperadamente para encontrar su vía en medio de la batalla que emerge entre Occidente y Medio Oriente. Los parámetros de lo que se suele llamar el "choque de civilizaciones" están tan claramente instalados que el militante de izquierda “racional” y “ateo” se ve condenado sin lugar a dudas a encontrarse más cercano a Donald Rumsfeld que a un religioso musulmán».Sería difícil plantear el problema con mayor claridad.Entre los parámetros quisiera considerar brevemente dos que paraliza literalmente a la izquierda en su apoyo a la resistencia palestina, libanesa y más generalmente árabe y/o musulmana: la religión y el terrorismo.La izquierda y la religiónAterrada por los sentimientos religiosos presentes entre las masas populares provenientes de la inmigración, la izquierda, marxista o no, cita a menudo la frase famosa de Marx «La religión es el opio del pueblo». Piensa así agotar el tema. Procede a someter al pueblo a una seria cura de desintoxicación y ello antes de cualquier otra cosa. Voy a leerles la cita de Marx quien llega a esa conclusión y si cito a Marx no es para esconderme detrás de su autoridad sagrada sino porque espero poder llevar a reflexionar al menos a los que lo reivindican.«La religión es la teoría general de este mundo, (..) su lógica bajo la forma popular, su punto de honor espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su comportamiento solemne, su razón general de consuelo y de justificación (…) La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y por otra parte la protesta contra esa miseria. La religión es el suspiro del ser afligido, el corazón de un hombre sin corazón como es el espíritu de los tiempos desprovistos de espíritu. Es el opio del pueblo … ».Siempre fui atea y lo sigo siendo pero no me asombra para nada el auge de los sentimientos religiosos entre los pueblos. En el mundo de hoy, a la mayoría de los políticos, incluyendo a los de izquierda, les gusta proclamar su impotencia: nada pueden en contra de la superioridad militar de los EEUU, no pueden nada, o cuasi nada, contra las especulaciones financieras o la lógica de la ganancia que arruinan, reduce al hambre y matan a miles y miles de seres humanos de este planeta. Todo aquello es «la mano invisible del mercado». Pero cual será la diferencia entre una «mano invisible» y «la intervención divina»? La única diferencia está en que la teoría de la «mano invisible» desarma totalmente las masas en su sed de justicia social y económica y que la «intervención divina» parece a menudo ayudarlos a aguantar y a resistir. Nos guste o no, no es escupiendo a los millardos de seres humanos que vamos a acercarnos a ellos.La izquierda hace exactamente lo mismo que lo que critica a los islamistas: no analiza la situación sino en términos religiosos. Se niega a escuchar a los discursos religiosos como «una protesta contra la miseria». Y podríamos añadir hoy en día contra el imperialismo, el colonialismo y el neo-colonialismo. Y con este rechazo se corta totalmente de una inmensa parte de las masas populares. Y no puedo decir mejor que Gilad Atzmon cuando afirma «En lugar de imponer nuestras creencias a los demás deberíamos mejor aprender a entender en que creen los demás.» Porque si seguimos negándonos a aprender a entender pasaremos el resto de nuestras vidas lamentándonos sobre los sentimientos religiosos de las masas en lugar de juntarnos a ellas en su lucha por la paz, la independencia y la justicia social y económica.Hablando de la religión es importante añadir que la suerte reservada a la religión musulmana es muy diferente de la que se reserva, aun por la izquierda, a la religión cristiana.. Nunca he percibido ninguna reticencia de parte de la izquierda para solidarizarse con los obispos latinoamericanos de la teología de la liberación en la lucha contra el imperialismo yankee en los años 70 o con el catolicismo declarado de la resistencia irlandesa en lucha contra el imperialismo británico. Nuca escuché a la izquierda criticar a Martin Luther King por sus referencias al evangelio que fueron una poderosa palanca para movilizar a las masas de trabajadores norteamericanos privados de todos los derechos políticos, económicos y sociales en los EEUU de los años sesenta. La diferencia de tratamiento, la desconfianza sistemática hacia los musulmanes, todos sospechados, sin distinción, de querer imponernos la Sharia, no se puede explicar sino por la impronta indeleble del colonialismo en nuestras conciencias. Nunca olvidemos que los comunistas, como los del Partido Comunista Belga, llegaron a valorar los méritos de la colonización comportados con entusiasmo por los misioneros cristianos. Así en 1948, al salir de una resistencia heroica de los partidos comunistas contra el ocupante nazi, podíamos leer en el programa del Partido Comunista de Bélgica para Congo :a) Realización de una entidad única Bélgica-Congo ;b) Desarrollo de los intercambios con la colonia y valoración de sus recursos nacionales ;c) Nacionalización de las riquezas y de los trusts empresarios en Congo ;d) Desarrollo del colonato blanco, del campesinado y de la artesanía negros ;e) Extensión progresiva a las poblaciones negras de los derechos y de las libertades democráticas ;Fue esta clase de educación política de los trabajadores que llevó a la cuasi total ausencia de reacción ante el asesinato de Patrice Lumumba y de Pierre Mulele, como de decenas de dirigentes y militantes africanos antiimperialistas. Pues nuestra “civilización cristiana” es algo civilizada, no es así ? Y no podemos extender los derechos y libertades democráticas a las masas del tercer mudo sino de forma «progresiva», ya que son demasiado bárbaras para hacer un buen uso de ellas.Es exactamente este tipo de razonamiento político colonial que hace que la izquierda se muerda los dedos hoy en día por haber apoyado unas elecciones democráticas en Palestina. Qué lástima. Debió ser más «progresivo» ya que la mayoría votó a favor de Hamas. Peor aún, la izquierda critica a Occidente por haber «forzado la mano de la OLP para organizar elecciones legislativas en 2006 cuando todo indicaba que Hamas iba a triunfar». Es lo que podemos leer hoy en el sitio del Partido Comunista Francés y del Partido del Trabajo de Bélgica.Si dejáramos de focalizarnos sobre las convicciones religiosas podríamos quizás «aprender a entender» porque las masas árabes y musulmanas que marchan hoy en día gritan «cero» a un dirigente árabe y musulmán como Mubarak y vitorea el nombre de Chávez, un dirigente latinoamericano y cristiano. No será que la lectura que expresan esas masas no es, en primer lugar, la religión sino la posición ante el imperialismo norteamericano y sionista?¡Y si la izquierda plantease radicalmente el problema en esos términos, no podría volver a encontrar algo del apoyo popular que hizo su fuerza?La izquierda y el terrorismoLa segunda causa mayor de parálisis de la izquierda en el combate antiimperialista es la angustia ante la idea de ser asimilada al terrorismo.El presidente de la Cámara de representantes alemana, Walter Momper, dirigente de la fracción de los verdes, Franziska Eichstädt-Bohlig, un jefe del Linke, Klaus Lederer, y otros más marcharon en Berlín en apoyo a Israel bajo el lema «Alto al terror del Hamas». Hay que saber que la formación alemana de izquierda Die Linke es considerada por muchos como una alternativa creíble y novedosa para la izquierda.Toda la historia de la colonización y de la descolonización es una historia de tierras robadas por la fuerza militar y reconquistadas por la fuerza. De Argelia a Vietnam, de Cuba a Sudáfrica, de Congo a Palestina, ninguna potencia colonizadora renunció a través de la negociación o del diálogo político a su dominación. Este es también el sentido que Gilad Atzmon acaba de dar la semana pasada a los disparos de cohetes de Hamas : «Esta semana supimos algo mas sobre el arsenal balístico de Hamas. Es obvio que Hamas ha demostrado cierta moderación en relación a Israel desde hace mucho tiempo. Hamas se abstuvo de extender el conflicto al conjunto del Sur de Israel. Me vino a la mente que los vuelos de cohetes que se abatieron esporádicamente sobre Sderot y Ashkelon no eran en realidad nada sino un mensaje de los palestinos encarcelados. Era primero un mensaje a la tierra, a los campos y a los vergeles robados: ’Nuestra tierra adorada, no te hemos olvidado, seguimos combatiendo por ti, volveremos lo antes posible, retornaremos en el punto donde nos detuvimos». Lo que puede entender un judío nacido en el suelo de Israel permanece incomprensible y en todo caso indefendible para la izquierda europea: la necesidad y el derecho de los pueblos a recuperar por la fuerza lo que les fue quitado por la fuerza..Porque desde el 11 de septiembre 2001, todo uso de la fuerza en la lucha anticolonial y antiimperialista entra en la categoría del «terrorismo» ; ya no cabe la duda al respecto.Habría que recordar que Hamas fue colocado por los EEUU en la lista de las organizaciones terroristas mucho antes del 11 de septiembre. Fue en 1995. En enero 1995 los EEUU elaboraron la «Specially designated terrorist List (SDT)» en la cual se volvía a encontrar prácticamente a todos los movimientos, partidos y organizaciones del tercer mundo que recurrieron a la lucha armada contra el imperialismo. Pero fue sobre todo después del 11 de septiembre, y con el lanzamiento de la «global war on terror (GWAT)», la guerra global contra el terrorismo, de la administración Bush, que la capitulación de gran parte de la izquierda empezó. El temor de ser catalogado entre los terroristas o de ser considerado como simpatizantes del mismo ya no es solamente política o ideológica, también es práctica. La directiva de la Unión europea sobre la lucha contra las organizaciones terroristas fue traducida en la mayoría de las legislaciones nacionales por un «cortar-pegar» que permite a los tribunales perseguir a un número de militantes de los que se sospecha que puedan apoyar el terrorismo. En Londres, militantes que vendían folletines incluyendo un análisis marxista de Hamas fueron detenidos y sus publicaciones decomisadas. En otros términos, informarse o informar a los demás sobre el programa político o las actividades de Hamas o de Hezbollah se vuelve una empresa ilegal.Cada uno se ve pues invitado, para vivir en paz, a tomar sus distancias como mínimo y si es posible a condenar sin reservas estas formaciones políticas. En estas condiciones se ve mal como la lucha política entre la izquierda y estas corrientes podría llevarse de forma sana.Tengo `pues una propuesta muy concreta que hacer: tenemos que lanzar un llamado para sacar a Hamas de la lista de las organizaciones terroristas. Tenemos que oponernos a los actuales intentos europeos de añadir Hezbollah a la lista. Es lo menos que podemos hacer si pretendemos apoyar la resistencia palestina, libanesa y árabe. Es la condición democrática mínima para que un apoyo a la resistencia sea posible y que una confrontación de las corrientes políticas diferentes en el seno de la resistencia al imperialismo se vuelva posible. Es la condición política indispensable para que la izquierda tenga la oportunidad mínima de hacerse escuchar por las masas en lucha contra el imperialismo.Tengo plena conciencia de que mis convicciones políticas son minoritarias en la izquierda y en particular entre los comunistas europeos. Esto me preocupa profundamente, no tanto por mi propia suerte, pues no soy sino una militante entre otras, sino por el porvenir del ideal comunista que significa abolir la explotación del hombre por el hombre, y desde luego, ineluctablemente, la abolición de la opresión imperialista, colonialista y neo-colonialista.


Traducción : Thierry Deronne

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sábado, 7 de marzo de 2009

Sobre Temps sionista




Es muy significativo que el movimiento comunista haya unido históricamente los conceptos izquierda y laicismo militante.
Las revoluciones o los procesos revolucionarios que se dan en Irán, Venezuela o Paraguay, por poner unos pocos ejemplos, no todos, demuestran claramente que esa ecuación es falsa. Se puede ser antiimperialista y anticapitalista y al mismo tiempo ser creyente. Es más, la revolución social está abocada a un callejón sin salida si no contempla la dimensión espiritual del ser humano y el contenido moral del mensaje divino. Todo el paradigma revolucionario esta modificándose.
La posición actual anti islámica de los intelectuales de izquierda históricos no puede llegar a ser entendida si se desconoce el papel fundacional que los ideólogos judíos laicistas han tenido en el mismo.
Cuando los viejos intelectuales de “izquierda” se posicionan contra los movimientos islámicos revolucionarios, precisamente por ser islámicos, están sacando a la luz su verdadera y principal lealtad al sionismo ateo, laicista y anti islámico.
Coinciden en ello con la actitud vaticana contra la teología de la liberación.
Es evidente que, en este nuevo siglo, se está produciendo un nuevo alineamiento de las fuerzas revolucionarias caracterizado por su defensa de valores morales y religiosos y de las fuerzas reaccionarias, caracterizado por su posicionamiento antirreligioso y, sobre todo, anti islámico. Aquí, desde luego habría que hacer una precisión en el sentido que la hizo Imam Jomeini: existe un Islam revolucionario y un Islam americanizado, que el sistema acepta como un mal menor. Ese análisis también podría hacerse extensible al cristianismo y, parece, parece, que a un incipiente judaísmo antisionista.

Para compensar el carácter telegráfico de mi nota, he rescatado de mi archivo de noticias este artículo, bastante esclarecedor de una militante de izquierdas europea:


Intervención en el Foro Internacional de Beirut para la resistencia, el antiimperialismo, la solidaridad de los pueblos y las alternativas.
La posición de la izquierda europea ante las resistencias al imperialismo

Nadine Rosa-Rosso
Rebelión
27-01-2009

La pregunta clave de este foro es el apoyo a las resistencias al imperialismo en todas partes del mundo. Como militante comunista belga, independiente, quisiera abordar el problema de la posición de la izquierda europea ante este tema.
Las manifestaciones masivas en las capitales y en las grandes ciudades de Europa en apoyo al pueblo de Gaza han puesto de relieve otra vez el problema central: la gran mayoría de la izquierda, incluyendo a los comunistas, acepta apoyar al pueblo de Gaza ante la agresión israelí pero se niega a apoyar sus expresiones políticas como son Hamas en Palestina o Hezbollah en el Líbano.
No solamente la izquierda no las apoya sino que las denuncia y las enfrenta. Su apoyo al pueblo de Gaza se sitúa en el plan humanitario y no en el plan político. En cuanto a Hamas y a Hezbollah, la principal preocupación de la izquierda es el apoyo de las masas árabes a estas formaciones y no la intención deliberada y altamente proclamada de Israel de aniquilarlas.
En el plan político podemos afirmar sin exagerar que el deseo (más o menos confesado) de la izquierda se ubica en la misma línea que la del gobierno israelí: liquidar el apoyo popular a Hamas o a Hezbollah. Este asunto no solamente se debate en Medio Oriente sino en el seno de las capitales europeas, ya que la gran masa de los manifestantes de Bruselas, Londres o París la constituye poblaciones provenientes de la inmigración marroquí.
Las reacciones de la izquierda ante estas manifestaciones son todo un síntoma. Les citaré tan solo algunas, si bien son decenas los ejemplos. El sitio de Res Publica, en Francia, titulaba así después de la gran manifestación parisina del 3 de enero :
«¡Nos negamos a ser engañados por los islamistas del Hamas, del Jihad islamista y del Hezbollah!».
«Algunos militantes de izquierda o de ultraizquierda (quienes movilizaron a muy poca gente) se encontraron literalmente ahogados por una muchedumbre cuyas opiniones están en las antípodas de lo que encarna el movimiento republicano francés y de lo que pregona la izquierda del siglo XXI. Más del 90% de los manifestantes defendían una visión del mundo integrista, comunitarista, fundada en la guerra de civilizaciones, antilaica, anti-republicana, y han pregonado un relativismo cultural del cual ya conocemos todas las derivas nefastas, incluyendo en Inglaterra».
Res Publica no es marxista ni tampoco comunista, pero buscaríamos en vano en los sitios marxistas una sola palabra positiva sobre Hamas. Encontraremos afirmaciones tales como «Sea lo que sea que uno pueda pensar sobre Hamas, hay algo indiscutible: la población lo eligió democráticamente para dirigir Gaza en elecciones que se desarrollaron bajo control internacional (1).» Y cuando uno busca más lejos sobre «lo que se puede pensar de Hamas», encontramos tanto en el sitio del Partido Comunista Francés como del Partido del Trabajo de Bélgica un artículo titulado «Cómo Israel puso a Hamas en el poder». Nos explican que Hamas fue apoyado por Israel, los EEUU y la Unión Europea, punto y raya. Subrayo que este artículo fue puesto en línea el 2 de enero al cabo de una semana de bombardeos de Israel intensivos y en vísperas de una ofensiva terrestre cuyo objetivo proclamado era la destrucción de Hamas.
Vuelvo sobre la cita de Res Publica ya que resume bastante bien la actitud general de la izquierda no solo en relación con la resistencia palestina sino también con las masas árabes musulmanes en Europa.
Lo más interesante de esta cita se encuentra en el paréntesis: la izquierda y la ultraizquierda (que movilizaron a muy poca gente). Podríamos esperar, tras tal confesión, un balance algo autocrítico de esta ausencia de movilización en plena masacre del pueblo palestino.
Pero no, toda la carga se dirige contra la masa de los manifestantes (90%) a quienes se les reclama por llevar a cabo la «guerra de civilizaciones».
En todas las manifestaciones en las cuales participé en Bruselas, pedí a los manifestantes que me tradujeran los lemas en árabe y lo hicieron cada vez con gusto. Escuché mucho apoyo a la resistencia palestina y mucha denuncia a los gobiernos árabes, en particular al gobierno del presidente egipcio Mubarak, a los crímenes de Israel, al silencio ensordecedor de la comunidad internacional o a la complicidad de la Unión Europea. A mi juicio son lemas perfectamente apropiados a la situación. Pero a lo mejor algunos solo escuchan «¡Allahu Akbar !» y se forjan su opinión en base a este solo elemento.
El hecho mismo de que los lemas sean gritados en árabe basta a veces para enfadar a la izquierda. Así el comité organizador de la manifestación del 11 de enero estaba preocupado por los idiomas que se fueran a usar. ¡Pero no se podría simplemente difundir las traducciones de estos lemas ¿Seria un posible primer paso en la comprensión mutua. Cuando marchábamos e 1973 contra el golpe militar pro-norteamericano de Pinochet en Chile, nadie se habría preocupado por decir a los manifestantes latinoamericanos “Griten en francés por favor¡” Para llevar a cabo ese combate habíamos aprendido algunos lemas en castellano y aquello no chocaba a nadie.
El problema si está dentro del paréntesis: ¿por qué la izquierda y la ultraizquierda movilizan a tan poca gente? O para ser más claro ¿serán la izquierda y la ultraizquierda aún capaces de movilizar sobre estos temas?
El problema ya era obvio cuando se produjo la invasión israelí del Líbano en el verano 2006. Me gustaría citar a un israelí anti sionista que encontró un refugio en Londres, el músico de jazz Gilad Atzmon, quien ya decía a seis meses de la invasión : «Desde hace bastante tiempo queda claro que la ideología de izquierda se debate desesperadamente para encontrar su vía en medio de la batalla que emerge entre Occidente y Medio Oriente. Los parámetros de lo que se suele llamar el "choque de civilizaciones" están tan claramente instalados que el militante de izquierda “racional” y “ateo” se ve condenado sin lugar a dudas a encontrarse más cercano a Donald Rumsfeld que a un religioso musulmán».
Sería difícil plantear el problema con mayor claridad.
Entre los parámetros quisiera considerar brevemente dos que paraliza literalmente a la izquierda en su apoyo a la resistencia palestina, libanesa y más generalmente árabe y/o musulmana: la religión y el terrorismo.
La izquierda y la religión
Aterrada por los sentimientos religiosos presentes entre las masas populares provenientes de la inmigración, la izquierda, marxista o no, cita a menudo la frase famosa de Marx «La religión es el opio del pueblo». Piensa así agotar el tema. Procede a someter al pueblo a una seria cura de desintoxicación y ello antes de cualquier otra cosa. Voy a leerles la cita de Marx quien llega a esa conclusión y si cito a Marx no es para esconderme detrás de su autoridad sagrada sino porque espero poder llevar a reflexionar al menos a los que lo reivindican.
«La religión es la teoría general de este mundo, (..) su lógica bajo la forma popular, su punto de honor espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su comportamiento solemne, su razón general de consuelo y de justificación (…) La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y por otra parte la protesta contra esa miseria. La religión es el suspiro del ser afligido, el corazón de un hombre sin corazón como es el espíritu de los tiempos desprovistos de espíritu. Es el opio del pueblo … ».
Siempre fui atea y lo sigo siendo pero no me asombra para nada el auge de los sentimientos religiosos entre los pueblos. En el mundo de hoy, a la mayoría de los políticos, incluyendo a los de izquierda, les gusta proclamar su impotencia: nada pueden en contra de la superioridad militar de los EEUU, no pueden nada, o cuasi nada, contra las especulaciones financieras o la lógica de la ganancia que arruinan, reduce al hambre y matan a miles y miles de seres humanos de este planeta. Todo aquello es «la mano invisible del mercado». Pero cual será la diferencia entre una «mano invisible» y «la intervención divina»? La única diferencia está en que la teoría de la «mano invisible» desarma totalmente las masas en su sed de justicia social y económica y que la «intervención divina» parece a menudo ayudarlos a aguantar y a resistir. Nos guste o no, no es escupiendo a los millardos de seres humanos que vamos a acercarnos a ellos.
La izquierda hace exactamente lo mismo que lo que critica a los islamistas: no analiza la situación sino en términos religiosos. Se niega a escuchar a los discursos religiosos como «una protesta contra la miseria». Y podríamos añadir hoy en día contra el imperialismo, el colonialismo y el neo-colonialismo. Y con este rechazo se corta totalmente de una inmensa parte de las masas populares. Y no puedo decir mejor que Gilad Atzmon cuando afirma «En lugar de imponer nuestras creencias a los demás deberíamos mejor aprender a entender en que creen los demás.» Porque si seguimos negándonos a aprender a entender pasaremos el resto de nuestras vidas lamentándonos sobre los sentimientos religiosos de las masas en lugar de juntarnos a ellas en su lucha por la paz, la independencia y la justicia social y económica.
Hablando de la religión es importante añadir que la suerte reservada a la religión musulmana es muy diferente de la que se reserva, aun por la izquierda, a la religión cristiana.. Nunca he percibido ninguna reticencia de parte de la izquierda para solidarizarse con los obispos latinoamericanos de la teología de la liberación en la lucha contra el imperialismo yankee en los años 70 o con el catolicismo declarado de la resistencia irlandesa en lucha contra el imperialismo británico. Nuca escuché a la izquierda criticar a Martin Luther King por sus referencias al evangelio que fueron una poderosa palanca para movilizar a las masas de trabajadores norteamericanos privados de todos los derechos políticos, económicos y sociales en los EEUU de los años sesenta. La diferencia de tratamiento, la desconfianza sistemática hacia los musulmanes, todos sospechados, sin distinción, de querer imponernos la Sharia, no se puede explicar sino por la impronta indeleble del colonialismo en nuestras conciencias. Nunca olvidemos que los comunistas, como los del Partido Comunista Belga, llegaron a valorar los méritos de la colonización comportados con entusiasmo por los misioneros cristianos. Así en 1948, al salir de una resistencia heroica de los partidos comunistas contra el ocupante nazi, podíamos leer en el programa del Partido Comunista de Bélgica para Congo :
a) Realización de una entidad única Bélgica-Congo ;
b) Desarrollo de los intercambios con la colonia y valoración de sus recursos nacionales ;
c) Nacionalización de las riquezas y de los trusts empresarios en Congo ;
d) Desarrollo del colonato blanco, del campesinado y de la artesanía negros ;
e) Extensión progresiva a las poblaciones negras de los derechos y de las libertades democráticas ;
Fue esta clase de educación política de los trabajadores que llevó a la cuasi total ausencia de reacción ante el asesinato de Patrice Lumumba y de Pierre Mulele, como de decenas de dirigentes y militantes africanos antiimperialistas. Pues nuestra “civilización cristiana” es algo civilizada, no es así ? Y no podemos extender los derechos y libertades democráticas a las masas del tercer mudo sino de forma «progresiva», ya que son demasiado bárbaras para hacer un buen uso de ellas.
Es exactamente este tipo de razonamiento político colonial que hace que la izquierda se muerda los dedos hoy en día por haber apoyado unas elecciones democráticas en Palestina. Qué lástima. Debió ser más «progresivo» ya que la mayoría votó a favor de Hamas. Peor aún, la izquierda critica a Occidente por haber «forzado la mano de la OLP para organizar elecciones legislativas en 2006 cuando todo indicaba que Hamas iba a triunfar». Es lo que podemos leer hoy en el sitio del Partido Comunista Francés y del Partido del Trabajo de Bélgica.
Si dejáramos de focalizarnos sobre las convicciones religiosas podríamos quizás «aprender a entender» porque las masas árabes y musulmanas que marchan hoy en día gritan «cero» a un dirigente árabe y musulmán como Mubarak y vitorea el nombre de Chávez, un dirigente latinoamericano y cristiano. No será que la lectura que expresan esas masas no es, en primer lugar, la religión sino la posición ante el imperialismo norteamericano y sionista?
¡Y si la izquierda plantease radicalmente el problema en esos términos, no podría volver a encontrar algo del apoyo popular que hizo su fuerza?
La izquierda y el terrorismo
La segunda causa mayor de parálisis de la izquierda en el combate antiimperialista es la angustia ante la idea de ser asimilada al terrorismo.
El presidente de la Cámara de representantes alemana, Walter Momper, dirigente de la fracción de los verdes, Franziska Eichstädt-Bohlig, un jefe del Linke, Klaus Lederer, y otros más marcharon en Berlín en apoyo a Israel bajo el lema «Alto al terror del Hamas». Hay que saber que la formación alemana de izquierda Die Linke es considerada por muchos como una alternativa creíble y novedosa para la izquierda.
Toda la historia de la colonización y de la descolonización es una historia de tierras robadas por la fuerza militar y reconquistadas por la fuerza. De Argelia a Vietnam, de Cuba a Sudáfrica, de Congo a Palestina, ninguna potencia colonizadora renunció a través de la negociación o del diálogo político a su dominación. Este es también el sentido que Gilad Atzmon acaba de dar la semana pasada a los disparos de cohetes de Hamas : «Esta semana supimos algo mas sobre el arsenal balístico de Hamas. Es obvio que Hamas ha demostrado cierta moderación en relación a Israel desde hace mucho tiempo. Hamas se abstuvo de extender el conflicto al conjunto del Sur de Israel. Me vino a la mente que los vuelos de cohetes que se abatieron esporádicamente sobre Sderot y Ashkelon no eran en realidad nada sino un mensaje de los palestinos encarcelados. Era primero un mensaje a la tierra, a los campos y a los vergeles robados: ’Nuestra tierra adorada, no te hemos olvidado, seguimos combatiendo por ti, volveremos lo antes posible, retornaremos en el punto donde nos detuvimos». Lo que puede entender un judío nacido en el suelo de Israel permanece incomprensible y en todo caso indefendible para la izquierda europea: la necesidad y el derecho de los pueblos a recuperar por la fuerza lo que les fue quitado por la fuerza..
Porque desde el 11 de septiembre 2001, todo uso de la fuerza en la lucha anticolonial y antiimperialista entra en la categoría del «terrorismo» ; ya no cabe la duda al respecto.
Habría que recordar que Hamas fue colocado por los EEUU en la lista de las organizaciones terroristas mucho antes del 11 de septiembre. Fue en 1995. En enero 1995 los EEUU elaboraron la «Specially designated terrorist List (SDT)» en la cual se volvía a encontrar prácticamente a todos los movimientos, partidos y organizaciones del tercer mundo que recurrieron a la lucha armada contra el imperialismo. Pero fue sobre todo después del 11 de septiembre, y con el lanzamiento de la «global war on terror (GWAT)», la guerra global contra el terrorismo, de la administración Bush, que la capitulación de gran parte de la izquierda empezó. El temor de ser catalogado entre los terroristas o de ser considerado como simpatizantes del mismo ya no es solamente política o ideológica, también es práctica. La directiva de la Unión europea sobre la lucha contra las organizaciones terroristas fue traducida en la mayoría de las legislaciones nacionales por un «cortar-pegar» que permite a los tribunales perseguir a un número de militantes de los que se sospecha que puedan apoyar el terrorismo. En Londres, militantes que vendían folletines incluyendo un análisis marxista de Hamas fueron detenidos y sus publicaciones decomisadas. En otros términos, informarse o informar a los demás sobre el programa político o las actividades de Hamas o de Hezbollah se vuelve una empresa ilegal.
Cada uno se ve pues invitado, para vivir en paz, a tomar sus distancias como mínimo y si es posible a condenar sin reservas estas formaciones políticas. En estas condiciones se ve mal como la lucha política entre la izquierda y estas corrientes podría llevarse de forma sana.
Tengo `pues una propuesta muy concreta que hacer: tenemos que lanzar un llamado para sacar a Hamas de la lista de las organizaciones terroristas. Tenemos que oponernos a los actuales intentos europeos de añadir Hezbollah a la lista. Es lo menos que podemos hacer si pretendemos apoyar la resistencia palestina, libanesa y árabe. Es la condición democrática mínima para que un apoyo a la resistencia sea posible y que una confrontación de las corrientes políticas diferentes en el seno de la resistencia al imperialismo se vuelva posible. Es la condición política indispensable para que la izquierda tenga la oportunidad mínima de hacerse escuchar por las masas en lucha contra el imperialismo.
Tengo plena conciencia de que mis convicciones políticas son minoritarias en la izquierda y en particular entre los comunistas europeos. Esto me preocupa profundamente, no tanto por mi propia suerte, pues no soy sino una militante entre otras, sino por el porvenir del ideal comunista que significa abolir la explotación del hombre por el hombre, y desde luego, ineluctablemente, la abolición de la opresión imperialista, colonialista y neo-colonialista.


Traducción : Thierry Deronne

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El Temps sionista


El Temps sionista




Pepe Gutiérrez-Álvarez (Para Kaos en la Red) 2009-02-15 14:26:28


Resulta inquietante que una revista catalanista, situada en el área de la izquierda tripartita, redoble sus alegatos sionistas. Y que estos además vengan de una señora tan respetable como Marta Pessarrodona
No hay que decir lo que El Temps significa para la cultura catalana, y aunque habría mucho que hablar de su vocación de izquierda (lejana y cada vez más adaptada), pero, aún y así, uno no puede por menos que reconocer que representa una tradición, que se trata de la única editada en lengua catalana con caras y ojos, que se pueden leer con interés muchos de sus colaboradores y colaboradores, y sobre todo porque de tanto en tanto hace uno gesto memorable como que el de darle un apoyo inequívoco a la Comisió de la Veritat, y todo ello desde la Baviera española, esa Valencia gobernada por neoliberales corruptos capaces de arrasar territorios enteros.
Cierto que alo tendrá que ver esa izquierda que es como la otra mano de la derecha, discretamente instalada en las instituciones, incapaz de movilizar por las cuestiones más elementales, ni tan siquiera por algo tan clamoroso como el "Guernica" de Gaza, y de ahí también que El Temps puede hacer gala de las mejore relaciones con las autoridades sionistas, y que, invariablemente, de su amplio espacio derechista cubierto por personajes de la estirpe de Pilar Rahola, a la que cedió el monopolio acostumbrado para su diatriba incluso en casos tan ignominioso como el de la acusación de "judeofobia al trabajo…"Els republicans i les republicanes en els camps de concentració nazis. Testimonis i recursos didáctics per a l'ensenyament secundari, escrito por Joan Pagès junto con Montserrat Casas, ambos profesores de DCS de la UAB, libro –insisto- que recopila didácticamente los testimonios republicanos en los campos de exterminio, y que por la gracia de "lobby" sionista ha acabado en los sótanos perdidos del Ayuntamiento barcelonés.
Y todo hay que decirlo: con muy pocas voces con ganas de defender la causa de los republicanos…
Dicho "lobby" no está solamente ubicado en el área convergente. También tiene sus poderosas ramificaciones en el PSC, y de ahí que su principal órgano de expresión, La Vanguardia, aprovechara que el Pisuerga pasa por Valladolid para entrevistar (17-1-09) a uno de sus "barones", José Zaragoza, secretario de organización, primero para explicar que la "sociovergencia" es posible, pero también para que los periodistas dejaran claro que "Usted no estuvo en la manifestación del sábado bajo el lema "Paremos la masacre en Gaza. Boicot a Israel", a lo que el Señor Zaragoza respondió: "En este tema comparto las posiciones de Joan B. Cullá (defensor de las tesis israelitas). A Cullá le amenazan por lo que dice: Lo sé es, inaceptable". La verdad es que no sé de qué amenazan al Sr. Cullá, un antiguo militante del PSUC ahora convertido en un historiador conservador, más anticomunista que cualquier otra cosa. Zaragoza viene a decir que apoya el "derecho" de Israel a defenderse, lo que es lo mismo que afirmar que apoya el terrorismo de Estado y su total impunidad. El señor Zaragoza se tendría que preocupar de Cullá sí este señor fuera un mero palestino de Gaza.
Leyendo estas cosas, uno se pregunta, ¿pero es que no hay dentro de la intelligentzia catalana nadie que hable por las víctimas? Pues para que no, que no la hay, es más que las plumas que escriben en El Temps no parece diferenciarse de la señora Rahola, y la muestra la tuvimos el 3 de febrero con un articulo (Memòria personal de l´exili) la escritora Marta Pessarrodona, con un "curriculum" cultural de primera como "Poetessa i crítica literària", autora de una vasta producción literaria que no he tenido tiempo de cultivar, y de la que únicamente guardo en casa un Homenatge a Walter Benjamin (1988), amén de sus biografías de mujeres radicales y emblemáticas, estoy hablando concretamente de Montserrat Roig: un retrat, Maria Aurèlia Capmany: un retrat i Frederica Montseny: un retrat. Trazos que en mi pequeña configuración, me hacía relacionarla con posiciones políticas y sociales avanzadas, aunque la verdad es que dicha memoria data de los setenta, y que luego mis atenciones han pasado por otros lugares.
Algo ha cambiado, pongo su nombre en el Google, y aparece una entrevista de Marta sobre Doris Lessing, y me encuentro de súbito con unas notas sobre el "comunismo" en la que responde que no se podía decir que fuese comunista porque había denunciado a Stalin en 1962. Deliro cuando además leo que esto entonces no lo hacía casi nadie. Debo de venir de otro planeta, primero porque las denuncias de stalin y desde el estalinismo se dieron ya "en el huevo", y la Marta debe haber oído hablar en familia de un tal Andreu Nin aunque solamente fuese porque tuvo un efímero y tórrido romance con Mercè Rodoreda, o porque influyó en la evolución de Joan Sales al que, según contaba su viuda en El Temps, informó sobre lo que se estaba convirtiendo la URSS. Y en consecuencia debería saber que ser comunista implica ser antiestalinista al igual que ser cristiano significa ser antifranquista, o ser liberal ser antibush…Al menos en el buen sentido de las palabras.
Marta nos recuerda que el aniversario de la ocupación franquista de Barcelona es el 26 de enero, un día antes del día del Holocausto. La entiendo cuando habla de aquel tiempo en el que temía que no se le viera demasiado la estrella de David, no me tiene que convencer que "hace medio siglo, era tan tabú hablar de aquella guerra como del genocidio nazi". Ciertamente, bajo el franquismo la judeofobia formaba parte de las tradicionales que se tanto se exaltaban. En mi infancia, sentí muchas veces la expresión "judiada" como equivalente a una canallada sucia, la empleaba mi santa abuelita que no sabía lo que significaba. Nosotros jugábamos a la cántara, un divertimento infantil que encerraba a las víctimas en un círculo en el suelo, y los que quedaban dentro tenían que escapar a los salivazos de los quedaban fuera. Cuando el salivazo le alcanzaba, entonces los de fuera le "chuleaban": ¡judío, judío, judío¡.
El antisemitismo era una seña de identidad de las tradiciones del régimen, y quizás alguien lo pueda comprobar leyendo la biografía que un joven Pedro Laín Entralgo dedicó a Marcelino Menéndez Pelayo y que estaba en la magnifica colección Austral. No he tenido ocasión de repasar su contenido, pero recuerdo que en sus páginas se exaltaba al ilustre conservador (al final parece que dejó bastante de serlo), al látigo de los heterodoxos, porque ya él había planteado algunas de las ideas que estaban haciendo grande Alemania…
Esta lectura coincidió con mi descubrimiento del holocausto a través del cine, concretamente de dos películas emblemáticas, El diario de Ana Frank, y El juicio de Nüremberg, que aquí se tituló ambiguamente ¿Vencedores o vencidos?. Películas que me dejaron clavados en el asiento, y que me llevaron a la lectura de dos obras sobre la cuestión, de las primeras que llegaron a nuestras librerías: Treblinka, de Jean-François Steiner, y sobre todo, La indagación, de Peter Weiss. En 1966, este sentimiento me llevó a dirigir (sin apenas experiencia teatral) dos capítulos de Terror y miseria en el III Reich, de Brecht, que habían sido editadas por la revista Primer Acto. No fue hasta por entonces que el régimen aflojó un poco la censura, y se pudieron ver películas antinazis, no sin censura. Si echamos un vistazo a algunas producciones cinematográficas "nacional-católicas" como Alba de América, se podrá comprobar el antisemitismo dominante. Marta no olvida aquellas "carracas" con que "picaban en los bancos eclesiásticos, mientras nos predicaban que los judíos eran malísimos, porque habían crucificado a Cristo. La explicación no incluía que Cristo era también judío, claro está".
Peo sí bien es verdad que lo que cuenta Marta va a misa, como lo es que la derecha española se manifestó como negacionista (recuerdo un debate televisivo con ocasión del pase de la serie Holocausto, y la intervención del insigne representante de la "España nacional" Vizcaíno Casas), un discurso que, ¡oh sorpresa¡ ha cambiado radicalmente como ha cambiado el de la Francia antiDreyfus, y ahí está Le Pen, admirando el Estado de Israel. Mata pasa por encima de este cambio como sobra ascuas, y sin mayores análisis desemboca en la "judeofobia occidental que padecemos actualmente", una judeofobia sobre la que no ofrece ninguna precisión, pero que, obviamente, no puede ser la de los gobiernos, de Estados Unidos o de la Unión Europea. No puede referirse a Bush, Berlusconi, Sarkozy o Aznar. Solamente puede referirse a los que se manifiestan contra el "Guernica" de Gaza.
Como una profesional de la política cualquiera, como una émula de Pilar Rahola, la biógrafa de Montserrat Roig y Federica Montseny, dice lamentar "el gran número de muertos palestinos en Gaza", pero indica que los muertos israelitas han sido "silenciados", lo que me recuerda aquel periodista de la Vanguardia que hablando sobre los muertos de la guerra del Vietnam se había olvidado…de los vietnamitas. Lo mismo es uno que mil. Mark Twain escribió en una ocasión, "Malditos judíos, son tan canallas como nosotros", y esa es la clave de la cuestión. Hablar de los asesinos de Cristo, o incluso del Holocausto para legitimar el Estado sionista erigido sobre la expulsión de los "fariseos", me parece obsceno. Primero, porque el Holocausto fue una coproducción europea con el consentimiento del Vaticano y la abierta complicidad de las democracias imperiales. Segundo, porque los palestinos no pusieron ni un grano de arena en su ejecución. Tercero, porque haber sido victima (los que lo fueron, una minoría exigua en la población del actual Israel), no le da derecho a apoderarse de tierras ajenas, y menos a practicar el genocidio.
Marta nos dice que Israel es un "Estado que hace tres años que soporta ataques que, seguramente, no elevaría ninguno de los nuestros, por decirlo así". Olvida que los ataques palestinos son una bagatela comparado con la política de gran potencia en la zona, y olvida que ninguno de nuestros Estados se ha compuesto en base a la ocupación. Nadie imagina que os ocupantes de la Alemania derrotada se hubieran quedado y hubieran echado a los alemanes hacia tierras baldías…Efectivamente, estos judíos pueden ser tan canallas como nosotros.
Marta, la estrella de David la llevan hoy los palestinos. La tuya es la estrella de los privilegios.

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